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Ejercicios Espirituales Online

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio tienen como objetivo principal ayudar a las personas a conocer y hacer la voluntad de Dios en su vida. Para lograr este fin, los Ejercicios buscan primero que la persona venza sus pasiones desordenadas y gane dominio sobre sí misma; luego, ordenar su vida de acuerdo a la voluntad divina. Los Ejercicios no son simplemente meditaciones, sino un sistema pedagógico que guía a la persona paso a paso en su camino espiritual hacia la perfección.

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Ejercicios Espirituales Online

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio tienen como objetivo principal ayudar a las personas a conocer y hacer la voluntad de Dios en su vida. Para lograr este fin, los Ejercicios buscan primero que la persona venza sus pasiones desordenadas y gane dominio sobre sí misma; luego, ordenar su vida de acuerdo a la voluntad divina. Los Ejercicios no son simplemente meditaciones, sino un sistema pedagógico que guía a la persona paso a paso en su camino espiritual hacia la perfección.

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Ejercicios Espirituales por Internet 1

Los EE por Internet

EJERCICIOS IGNACIANOS POR INTERNET

Plática

Nunca imaginé que los ejercicios espirituales fueran a entrar en lo más


profundo de mi ser y hacerme ver que vivir una vida de fe es lo mejor que
nos puede pasar, el amor que Dios nos tiene no tiene comparación con nada
de esta tierra, y ver cómo el enemigo nos hace pensar que estar con Dios no
es fácil. Hoy y todos los días de mi vida deseo que Dios sea el centro de mi
vida junto a nuestra Madre la Santísima Virgen María porque sé que junto a
ellos todo obstáculo podré superarlo. (Jeniffer)

Trataremos de explicar en esta segunda plática introductoria, primero qué son los Ejercicios
Espirituales y en segundo lugar cómo se realizan por Internet.
Tengamos en cuenta que el libro de los Ejercicios de San Ignacio no está escrito para ser leído
–aunque suene paradójico– sino para hacer los Ejercicios. Además se ha dicho más de una vez
que el libro de los Ejercicios está escrito más para el que los da (director) que para quien los
recibe.
«No los comprenderán. Quedarán desilusionados. Les parecerá un libro árido y descarnado. Es
que no está hecho para una simple lectura. Es más bien un manual de táctica espiritual, un
indicador del método que hay que seguir, del sistema que se debe desarrollar. Fácilmente se ve
que un libro de esta índole—como sucede con los de aprendizaje de natación, ajedrez, etc.—no se
puede comprender en su verdadero significado mientras no se practique lo encerrado en sus reglas
y ordenaciones.
Lo intuyó certeramente el genio de Papini:
“San Ignacio... no se industria por proponer conceptos nuevos en forma bella. Se propone sólo
llevar por la mano, hora por hora y día por día, al alma ciega a la luz, al alma fría al fuego... Es un
prontuario pedagógico que se va llenando con las lecciones del maestro y las composiciones del
discípulo. El texto sólo se asemeja a la práctica integral como un mapa de geografía a la riqueza
efectiva y concreta del país representado. El que lo tomase como libro de lectura cometería el
mismo error que el que quisiera juzgar de la belleza y vida de un hombre a través de la
contemplación de su esqueleto”»1.
Es por esto que, aunque ofrecemos aquí en la página web el libro de los Ejercicios, bastaría
con los textos que vamos tratando en cada video –que se entregan también en pdf– para poder
hacer muy bien los Ejercicios.
Que quede claro: los Ejercicios Espirituales de san Ignacio no son un conjunto de
meditaciones, son mucho más que eso. Ya en sus tiempos (1560-1641) el padre La Palma que
por no darlos como se debía o por hacerlos con negligencia o sin un maestro o director:
«Han venido a degenerar en unas sencillas meditaciones de los pecados, y de la vida y pasión de
Cristo nuestro Señor, no advirtiendo que, entre estas meditaciones, están dispuestos con
maravilloso orden todos los grados de la perfección, y todos los pasos del camino espiritual, y
enseñados todos los modos de orar y de examinar la conciencia, y declaradas con grande luz las

1
IGNACIO DE LOYOLA, «Introducción de los editores a Ejercicios», en I. IPARRAGUIRRE - C. DE DALMASES - M.
RUIZ JURADO (edd.), Obras de San Ignacio de Loyola, BAC Maior, Madrid 2013, 109-146, 114-115.

P. Gustavo Lombardo, IVE


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reglas de la prudencia y discreción espiritual, para conocer y distinguir los movimientos interiores
del buen espíritu y del malo; todo con tanta brevedad, que no es posible entender este camino si
no se anda, ni es posible andarle sin guía y sin maestro»2.
El P. Casanovas, por su parte comenta:
«Una vez más queremos advertir, que el sistema de San Ignacio no es una teoría especulativa,
filosófica, teológica, ascética o mística; es algo más: una pedagogía práctica de la perfección
evangélica. En él está encerrada toda la doctrina, pero además contiene algo más vivo y de mayor
eficacia; o sea, el conocimiento profundo del hombre y el arte sobrenatural de moldear a éste
según el ideal de toda perfección»3.

1- QUÉ SON LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES IGNACIANOS


Comienza el libro con 20 anotaciones introductorias que entre la plática de hoy y la de
mañana las comentaré a todas.
Así las titula el Santo:

[1] ANNOTACIONES PARA TOMAR ALGUNA INTELIGENCIA EN LOS EXERCICIOS


SPIRITUALES QUE SE SIGUEN, Y PARA AYUDARSE ASI EL QUE LOS HA DE DAR,
COMO EL QUE LOS HA DE RESCIBIR.

1ª annotación. La primera annotación es que, por este nombre, exercicios spirituales, se entiende
todo modo de examinar la consciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de
otras spirituales operaciones, según que adelante se dirá. Porque así como el pasear, caminar y
correr son exercicios corporales, por la mesma manera todo modo de preparar y disponer el
ánima, para quitar de sí todas las afecciones desordenadas, y después de quitadas para buscar y
hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman exercicios
spirituales.
Nos presenta aquí San Ignacio el fin/objetivo de los Ejercicios –las dificultades que debemos
sortear– y el modo para alcanzarlo.

A- Fin de los Ejercicios


Empezamos por aquí porque como bien dice la filosofía: «el fin es lo primero en la intención
y lo último en la ejecución»; dirá San Ignacio que es «buscar y hallar la voluntad divina en la
disposición de su vida». Busca que nuestra razón “aprehenda”, es decir, aferre, aprisione, haga
propia, lo que llama Santo Tomás “la verdad de la vida”, que no es otra cosa que el hombre «en lo
que dice y en lo que hace se muestra tal cual es»4, es decir, tal cual es en el intelecto divino, donde radica la
verdad suma, siendo Dios la misma Verdad. En definitiva, lo que Ignacio de Loyola busca y
produce con los santos Ejercicios es que hagamos quizás el acto más transcendental que nuestra
racionalidad puede realizar en la presente vida terrena: conocer y decidirse a hacer la voluntad de
Dios, que así expresará el Angélico Doctor: «“verdad de la vida” se dice particularmente del hombre que en
su vida cumple aquello a lo que está ordenado por el intelecto divino»5. En la voluntad de Dios está nuestra

2
L. DE LA PALMA, S.I., Camino Espiritual de la manera que lo enseña el bienaventurado Padre Ignacio en su
libro de los Ejercicios, Subirana, Barcelona 1887, 488.
3
I. CASANOVAS, S.I., Comentario y explanación de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, I y II,
Balmes, Barcelona 1954, 133.
4
“Homo in dictis et factis ostendit se ut est”. TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, Iª q. 16 a. 4 ad 3.
5
«Veritas autem vitae dicitur particulariter, secundum quod homo in vita sua implet illud ad quod ordinatur per
intellectum divinum».

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santidad –lo decíamos en la plática anterior citando a San Juan Pablo II–; es también quizás el
mayor ejemplo que nos dio Nuestro Señor, ya que toda su vida no fue otra cosa sino un
cumplimiento perfecto de la voluntad del Padre; justamente por esa importancia es por lo cual lo
pedimos cada día, y varias veces, en el Padrenuestro: “hágase tu voluntad…”.
¿Quiero hacer la voluntad de Dios? «Si alguno quiere cumplir Su voluntad, conocerá si esta doctrina
viene de Dios, o si Yo hablo por mi propia cuenta». ( Jn 7,17)
Podemos decir entonces que conocer y hacer la voluntad de Dios es el fin general de los
Ejercicios; pero a ese fin no se llega –o quizás mejor: ese fin presupone– otros fines intermedios,
uno de los cuales el mismo San Ignacio menciona en el título de los Ejercicios:

[21] EXERCICIOS SPIRITUALES PARA VENCER A SI MISMO Y ORDENAR SU VIDA,


SIN DETERMINARSE POR AFFECCION ALGUNA QUE DESORDENADA SEA.
“Ordenar su vida” ya lo había mencionado en la anotación aludida, pero aquí aclara el hecho
de “vencer a sí mismo”. Para hablar de estos “fines intermedios” nos vamos a servir del de un
comentario del P. Calveras sobre los frutos que se han de alcanzar en los Ejercicios6.

Vencerse a sí mismo:
El primer fruto que han de dar los Ejercicios completos consiste en la victoria de sí mismo,
según se desprende del título que les puso su autor: «Exercicios espirituales para vencer a sí
mismo» [21] , Vencerse a sí mismo significa conquistar el dominio del reino interior,
constituido por el cuerpo y el espíritu, con miembros, sentidos externos y potencias internas de
orden sensitivo y espiritual, volviendo por obra de la gracia en cuanto cabe en el estado de
nuestra caída naturaleza a la paz y armonía interna del estado de inocencia, fruto del don de la
integridad original. La perfecta victoria, dice el Kempis «es triunfar de sí mismo. Porque quien se tiene
sujeto y dominado, de manera que la sensualidad obedezca a la razón y la razón obedezca a Dios en todas las
cosas, éste es vencedor verdadero de sí y señor del mundo»7*. Dos partes, pues, encierra la victoria sobre sí
mismo: el dominio de la sensualidad y la sujeción de la razón a Dios. Comenzaremos por la
exposición de la segunda, la más importante en la conquista de si mismo para Dios.

- Conquista de la voluntad:
Para que la razón o parte superior del hombre esté habitualmente sujeta y
perfectamente ajustada a la divina voluntad, es menester conquistar la voluntad para el
divino servicio, porque la voluntad, como reina entre las potencias del alma, es quien ha de
imponer a las demás, superiores e inferiores, el orden y sujeción al divino beneplácito.
Ahora bien, existiendo en la voluntad, no sólo la parte libre y electiva de las
determinaciones y propósitos, sino también la parte impulsiva de los deseos y repugnancias
y la parte básica afectiva del amor y del aborrecimiento, es menester en la quita de la
voluntad para Dios llegar hasta la transformación de las disposiciones habituales o
transitorias de la parte afectiva e impulsiva, que llamamos corazón.
Ello se consigue mediante la ordenación perfecta del amor, la cual importa arrancar del
fondo del alma los amores y deseos malos o peligrosos hasta introducir el

6
Sigo libremente a: CALVERAS, J.. ¿Qué fruto se ha de sacar de los Ejercicios completos?. En: Manresa -
Revista de Espiritualidad Ignaciana. 1936, no. 12. pp. 224-245.
7
Lib. III, cap. III.
*: En el video correspondiente a este material, donde dice «en esto está citando también al padre La Palma»,
debería decir «(…) al Kempis».

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aborrecimiento contrario, y transformar en espirituales los amores y deseos


naturalmente honestos o indiferentes, para dar pleno lugar al amor de Dios, de manera
que con un mismo y único amor, purificado y ordenado, amemos a Dios en sí mismo y en
Él todas las criaturas y a todas las criaturas en Él, sin partir ni derramar nuestro afecto a
cosa alguna fuera de Dios.
Que esto y no otro significa «quitar de sí todas las affecciones desordenadas» [1], a
saber, «apartar cuanto es posible de sí el amor de todas las criaturas por ponerle en el
Criador dellas, a Él en todas amando y a todas en Él conforme a su santísima v divina
voluntad»8.
Éste es, entonces, el gran obstáculo a vencer: los “afectos desordenados”. Afecto:
«amor, poco o mucho…, del que a veces no nos damos cuenta, pero en la hora de las
deliberaciones nos inclina…, despertando en nosotros deseos o repugnancias inspiradas
por él, desde lo más oculto del corazón donde se asienta»9. Desordenado: Se entiende lo
que no es conforme a una norma, que también nos enseñará San Ignacio (el Principio y
Fundamento). Es «el amor a personas y cosas y a sí mismo que no se funda en motivos
espirituales. El quitarlas todas exige ordenar todos los amores naturales, espiritualizándolos,
si de ello son capaces»10.

- Dominio sobre la sensualidad y partes inferiores del hombre:


Vencer a sí mismo, además de la conquista de la voluntad para el servicio divino, tal
como la acabamos de describir, importa dominar la sensualidad, para que obedezca
enteramente a la razón. Entendemos por sensualidad la parte sensitiva del hombre, a saber,
sentidos, imaginación y apetito sensitivo. En esta parte se muestra principalmente la
rebelión de la carne contra el espíritu, introducida por el pecado original. Establecer y
mantener el orden perfecto en esta parte con la reconquista del pleno dominio es tarea
difícil y larga, para lo cual hay trabajo para toda la vida. Es mucho, no obstante, lo que en
los santos Ejercicios se puede conseguir siempre y cuando cada uno ponga lo que esté de
su parte para eso.

Ordenar la vida:
El segundo fruto intermedio que han de dar los Ejercicios consiste en ordenar la propia vida,
según leíamos en el mismo título: «Exercicios espirituales para vencer a sí mismo y ordenar su
vida, sin determinarse por affección alguna que desordenada sea» [21].
Nuestra vida es la serie sucesiva de actos que desarrollan nuestras potencias y facultades
interiores y exteriores. Ordenar su vida equivale, pues, a poner orden en la actuación toda de
la propia persona, interna y externa, privada y de relación con los demás, en todo cuanto
directa o indirectamente depende de la propia voluntad, y en este concepto, como
complementos de la persona, entran también en cuenta las cosas que la rodean, como vestido,
casa, servicio, útiles de trabajo y esparcimiento, uso de los bienes de fortuna, etc. Ordenar
importa primeramente la parte negativa de quitar todo lo malo e imperfecto; pecados, graves
o leves, y faltas o desórdenes que no llegan a pecado; y luego la parte positiva de conformar
toda nuestra actividad con el ideal de la perfección cristiana, es decir buscar y decidirse a

8
Constituciones S. J., p. III. c. I, n. 26.
9
J. CALVERAS I SANTACANA, Oración y discernimiento ignaciano: Estudios sobre los Ejercicios de San
Ignacio, ed. J. P. B. STAMPA, Madrid 2017, 1101.
10
Ibid.

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hacer la voluntad de Dios, concretado para cada persona en el estado de vida, ocupaciones y
relaciones que la divina providencia le ha señalado. Es mucho de advertir que la norma del orden
a que hemos de amoldar nuestra conducta en muchas cosas está establecida de manera general,
porque siempre y para todos es malo o imperfecto lo que proscribe, y mejor lo que impone o
aconseja. En otras, al contrario, variando con las personas y circunstancias la más conforme al
servicio divino y al mayor provecho del alma, no existe norma general a que acomodar
invariablemente nuestra conducta.

Para los que repiten los Ejercicios ¿cuáles son los frutos a alcanzar?
Podemos distinguir dos hipótesis: que el ejercitante no haya desmerecido en las disposiciones
con que salió de los últimos ejercicios, manteniendo y llevando adelante el trabajo de la propia
santificación por los carriles y con el empuje con que lo enfocó; o al contrario, que haya
flaqueado en alguna, o en muchas de las disposiciones espirituales adquiridas, y en consecuencia
que el trabajo de la propia santificación se haya estancado o haya adelantado muy poco, o tal vez
sufrido retroceso.
En este segundo caso es evidente que el primer objetivo de la repetición ha de ser rehacer
las disposiciones fundamentales del mes de Ejercicios en el punto donde hayan flaqueado,
insistiendo particularmente en aquella parte de los Ejercicios que sea más propia para producir
otra vez las disposiciones perdidas.
En el caso primero de perseverancia normal en los frutos, la repetición ha de tener por
objeto: 1°) renovar y afirmar más las disposiciones fundamentales, 2º) adelantar positivamente en
el conocimiento de Dios y de sí mismo, dando un buen paso adelante en la perfecta victoria de
sí, en la ordenación de la vida y en la comunicación y unión con Dios.

B- Modo: qué implica ejercitarse


Dirá el Santo: «examinar la consciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y
de otras spirituales operaciones, según que adelante se dirá». Se trata de ejercitarse, ¡realmente! Y
quizás podríamos usar aún con más precisión, para que se entienda hoy en día, decir más que
“ejercicio”, “entrenamiento”; porque el primero es para sentirse bien, estar bien, saludable;
entrenarse, en cambio, es por un objetivo: superarse físicamente, jugar mejor a tal o cual deporte,
etc.
«¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred
de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!;
nosotros, en cambio, por una incorruptible. Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el
pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que,
habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado». (1Co 8,24-27)
Tener bien presente, entonces, que hay un trabajo, ejercicio, entrenamiento personal que no
puede eludirse, que le toca a cada uno sí o sí y que si no está, si solo reducen los Ejercicios a ver
los videos, entonces sin duda algún bien les harán pero mucho menos de los que se espera.
Para obrar semejante transformación del corazón un solo camino existe, sentir a Dios
íntimamente dentro de sí, haciéndose presentes las cosas celestiales y experimentando los
consuelos divinos por medio de la oración prolongada y trato íntimo con Dios. El corazón
humano no se pega sino donde halla satisfacción, gustos, provechos, y naturalmente, sólo
en las cosas criadas los encuentra. Para pegarse a las cosas divinas ha de experimentar en ellas
satisfacciones, gustos, provechos de otro orden, lo cual sólo puede darse durante la oración y

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trato con Dios mediante el ejercicio de las propias potencias o recibiendo en ellas las divinas
consolaciones. Con mucha razón pone San Ignacio la fuerza de los Ejercicios en el trabajo
interior de la persona que se ejercita, porque «no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el
sentir y gustar de las cosas internamente» [2] , y tal sentir y gustar interno de Dios y las cosas
divinas es lo que ha de robar el amor de nuestro corazón y pasarlo de las criaturas a Dios.

2- EJERCICIOS ESPIRITUALES POR INTERNET

[19] 19ª La diecinueve: al que estuviere embarazado en cosas públicas o negocios convenientes,
quier letrado o ingenioso, tomando una hora y media para se exercitar…
Este tipo de adaptación haremos por Internet, de quien dedica una hora y media por día a
ejercitarse.
Iniciamos con tres pláticas introductorias por el medio que estamos usando; si fueran EE
en retiro, presenciales, también se hace una breve presentación de que son los EE ignacianos y
cual va a ser la dinámica del retiro, y se comparte un horario.
Hacerlos en la vida cotidiana y además online es otra dinámica que necesita un poco más de
explicación que un retiro presencial, pero todo se va a explicar paso a paso y como queda
grabado, se puede volver a escuchar para aclarar dudas.
Esta tanda durará 50 días: la Cuaresma y varios días tras la Resurrección.
No hay que conectarse a una hora dada sino que el material que se comparte es una
grabación que permite dos cosas: acomodar los horarios a la hora que pueda tener disponible el
ejercitante + poder escuchar más de una vez si algo nos llama la atención.
Igualmente, si un dia se complica la escucha del material, será posible escuchar al dia siguiente el
material de dos dias… o con toda libertad.
¿que no son los EE? no son charlas de espiritualidad, charlas formativas sino que se trata de
un recorrido diseñado por san ignacio para ordenar la vida y encontrar la voluntad del Señor para
cada uno. Eso implica escuchar primero unas indicaciones, y después “ejercitarse” cada uno.
Sin ese ejercicio personal el fruto será muy limitado.
Silencio/recogimiento:

«La “gran disciplina” requiere un clima adecuado. Ante todo, el recogimiento. Una vez sucedió en
la estación de Milán que vi a un maletero durmiendo pacíficamente junto a una columna y apoyada
la cabeza en un saco de carbón... Los trenes partían silbando y llegaban chirriando con las ruedas;
los altavoces daban sin cesar avisos que aturdían; en medio del jaleo y del ruido la gente iba y
venía, pero el hombre seguía durmiendo y parecía decir: “Haced lo que os plazca, porque yo tengo
necesidad de tranquilidad”. Algo parecido deberíamos hacer los sacerdotes: a nuestro alrededor
hay movimiento incesante y las personas, los periódicos, las radios, las televisiones no paran de
hablar. Con mesura y disciplina sacerdotal debemos decir: “Fuera de ciertos límites, para mí, que
soy sacerdote del Señor, vosotros no existís; yo tengo que reservarme un poco de silencio para mi
alma; me alejo de vosotros para unirme a mi Dios”»11. (JUAN PABLO I)
Pienso que, aunque excepcional, podría darse en algún caso particular, que se hiciese la
meditación en el tren, o tranvía, o metro, o avión…que nos llevan al trabajo... Dependerá de la
capacidad de concentración de cada ejercitante.

11
JUAN PABLO I, Discurso al clero de Roma (7 de septiembre de 1978).

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La Nomofobia (non-mobile-phone-phobia) puede entenderse como un miedo o ansiedad


extrema de carácter irracional que se origina cuando la persona permanece durante un período de
tiempo sin poder usar su teléfono móvil.
Además del video ofrecemos un material extra: Texto y audio de la Imitación de Cristo. Si no
lo pueden escuchar o leer no me pierdo nada sustancial.

GRANDE ÁNIMO Y LIBERALIDAD


[5] 5ª La quinta: al que rescibe los exercicios, mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y
liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su divina
majestad, así de su persona como de todo lo que tiene, se sirva conforme a su sanctíssima
voluntad.
«Necesidad de la disposición señalada en la quinta anotación.— En rigor es necesaria, sino muy
conveniente; “aprovecha mucho”, dice San Ignacio. Es decir, es muy conveniente para que los
Ejercicios produzcan, por lo menos desde el principio, un fruto proporcionado a su eficacia. Si se
tiene esa disposición antes de entrar en Ejercicios, pero no hay tampoco disposiciones positivas
contrarias, entonces con el favor divino prácticamente irá adquiriéndose durante los santos
Ejercicios, o en un momento dado en que Dios alumbre con luz particular muy viva, o
gradualmente, de modo que sea al mismo tiempo fruto y disposición de un ejercicio a otro. En
cambio, si hay disposiciones positivas contrarias, el fruto no es el de los Ejercicios, por regla general.
A este caso parece referirse el P. Meschler cuando dice que si no se tiene la disposición de la
quinta anotación, “casi sería mejor no empezar” los Ejercicios»12.

El P. Casanovas…
COMENTARIO. – La anotación vigésima nos da una fórmula algo diferente de ésta, pero que
encierra la misma disposición que se recomienda en la presente; a saber «el deseo de
aprovechar en todo lo posible». Quien posea la una, poseerá también la otra.
La anotación quinta es la principal entre todas las anotaciones y nos declara cuál ha de ser la
disposición de aquel ejercitante que quiere hacer los Ejercicios de San Ignacio con toda
perfección. Estas disposición es que el ejercitante no ponga ningún obstáculo al Espíritu Santo y
que le abra todas las puertas de su alma de par en par.
Nuestros deseos, en las materias que nos fuerzan por su bondad infinita evidentemente
propuesta, como suelen ser los que se refieren a los caminos de la santidad, dependen en gran
manera del esfuerzo de nuestra voluntad. Así desear ser santo, es casi lo mismo que querer serlo;
queriéndolo, se entiende, con firme y eficaz voluntad.
Los hombres generalmente quieren y desean las cosas espirituales sólo hasta cierto punto y
con intensidad limitada; si se trata de algo más elevado y que requiere mayores esfuerzos, las
voliciones suelen ser condicionadas por esta condición imposible: «si no costase tanto». Tal
vez esto no se lo diga el hombre a sí mismo claramente, pero en el fondo y, en la realidad éste
suele ser nuestro modo de querer y por lo tanto nuestro modo de desear la santidad (…)
El consabido proverbio de que «las cosas de los Santos son más para admirarlas que para
imitarlas» no sólo lo refieren los hombres a los prodigios o milagros que por ellos obra la
Omnipotencia de Dios, sino que lo aplican también indebidamente a las virtudes que los Santos
ejercitan para honra de su Divina Majestad y en la santificación de sus propias almas.

12
SEGARRA, F., Sobre la quinta Anotación. En: Manresa - Revista de Espiritualidad Ignaciana. 1929, no. 5. p.
145.

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Con decir «Dios no me llama por estos caminos», se queda el hombre tan satisfecho, aunque
no se haya tomado la menor molestia para investigar en serio si lo llama o no lo llama Dios13.

Ave María Purísima. Sin pecado concebida.

13
Ibid., 309.

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