Sabiduría qsueños de un príncipe iudío en el exilio
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Printed in Colombia
l' edición: febrero 2008
EL ÁRBOL
EN MEDIO
DELATIERRA
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sonriente. Hasta'ahora. su expresión siempre había sidG
de enojo. En el capitulo 1, Nabucodonosor ataca y sitia Jerusalén
(vers. 1). El rey amenaza con cortar a las personas en "pedazos" 'Y
con convertirlas "en muladares" en el capítulo 2 (vers. 5). Luego, en el
capítulo 3, ordena que todos se inclinen y adoren, amenazándolos con un
"horno de fuego ardiendo" (vers. 1-6). Ese mismo rey, que una vez fue el
terror de su pueblo, ahora los saluda con un generoso shalom: "Paz os sea
multiplicada" (Dan. 4: 1).
Por primera vez evqca al "Dios Altísimo" (vers. 2). Hasta entonces,
Nabucodonosor se habia referido a él solamente en forma indirecta, a tra"
vés de la persona de Daniel. Ahora, por primera vez, reconoce al Dios de
los hebreos en un sentido absoluto, como una deidad superior a los otros
diose¡, e incluso como up Dios personal: "señales y milagros que el Dios
Altísimo ha hecho conmigo".
En los capitulos anteriores, Nabucodonosor aparecía únicamente para
dar órdenes. Ahora, por primera vez, sus palabras no arremeten con órde-
nes. Al contrario, representan un testimonio espontáneo de lo que Dios ha
hecho por él. Por una vez, el rey está de buen humor: "Me es grato (•..)"
(vers. 2, NVI). Nabucodonosor no habla porque deba hacerlo, sino porque
SECRETOS DE DANIEL
quiere. El gobernante cruel y vengativo a quien hemos aprendido a temer
se ha convertido en poeta, y se pone a cantar acerca del Altísimo.
l. Señales y milagros
Con el corazón aún lleno de los milagros que había experimentado, Na-
bucodonosor permite que su alma rebose de alabanzas. Es la tercera oración
del libro de Daniel. Aunque compuesta por un rey pagano, la oración de todas
maneras es ejemplar y hermosa. Al leer el pasaje, los rabinos talmúdicos ex-
clamaron: "El rey le ha robado todos los cantos y las alabanzas a David".1
Sus primeras palabras son un clamor, una exclamación repetida en un
ritmo de tres palabras:
"¡Señales, cuán grandiosas!
¡Maravillas, cuán potentes!" (traducción literal de la primera parte del verso 3).
La sintaxis de la frase aramea enfatiza cada primera palabra ("señales",
"maravillas"), para transmitir mejor la admiración del rey.
Por definición, la función de las señales y los milagros es captar la aten-
ción por su carácter extraordinario, y así evocar otra realidad invisible
para la percepción humana.
Al ver esos milagros, el rey intuitivamente percibe esa realidad. Nabu-
codonosor no solo se maravilla con los milagros; también percibe, a tra-
vés del milagro del presente, el milagro del futuro, el Reino de Dios. Para
él, el milagro no solo es una señal de que él es bendecido y exitoso en la
tierra, sino también un indicador de otro mundo, un reino venidero.
El poema, aquí, desarrolla un doble paralelismo en un ritmo de tres palabras:
"Su reino (es) un reino sempiterno
Su señorío de generación en generación" (vers. 3, traducción literal).
Esta verdad probablemente sea la más difícil de aceptar para Nabuco-
donosor. Desde su sueño de la estatua, el gobernante babilónico nunca
pudo admitir que su reino únicamente era la cabeza. Como hijo del dios
Marduk, quiere que su reino sea eterno. Por primera vez, entiende que la
eternidad es una característica del Reino de Dios solamente. Es el único
reino duradero. Aunque es el rey de Babilonia, Nabucodonosor reconoce
por primera vez la existencia de una autoridad por encima de él. E inclu-
so va más allá, cuando reconoce que el dominio de Dios se extiende de
"generación en generación". No solo la generación actual, sino también
todas las próximas se someten a su autoridad.
1\2
EL ÁRBOL EN MEDIO DE LA TIERRA
Pero el milagro fue nada más que un anticipo de las cosas venideras.
Nabucodonosor ahora anhelaba más, otra clase de gozo, otro reino. El mi-
lagro no había llevado consigo ninguna solución duradera. La enferme-
dad y los obstáculos volverían a aparecer en el próximo momento decisi-
vo. La razón de ser del milagro esencialmente es producir, en un destello
de conciencia, el reconocimiento de ese otro mundo.
La oración de Nabucodonosor anhela el Reino venidero. Al surgir de
un milagro, esta, al igual que todas las verdaderas oraciones, da testimo-
nio del Reino de Dios.
Un sueño por primera vez lo ha hecho comprender cuán efímero es todo.
El horrible sueño lo dejó abrumado en el momento cuando más se sentía a
sus anchas, sumergiéndolo en las profundidades de su existencia y de su ser.
n. La exposición del sueño
"Yo Nabucodonosor estaba tranquilo en mi casa, y floreciente en mi pa-
lacio. Vi un sueño [... ]" (vers. 4, 5). Su serenidad desde el comienzo es sos-
pechosa. La palabra aramea utilizada para denotar su paz (vers. 4) ya insi-
núa el sueño que 10 impresionará sobremanera. El adjetivo raanan, muy
a menudo, caracteriza un árbol en su plenitud (Deut. 12: 2; Isa. 57: 5). El
sueño compara a Nabucodonosor con un árbol en su plenitud. A simple
vista, no hay nada en el árbol que sugiera una tragedia inminente; y, sin
embargo, la tragedia lo alcanza. El sueño es bastante raro, y nadie se atre-
ve a interpretarlo. Consulta con todo tipo de sabios: los hartumayya, magos
egipcios expertos en la interpretación de sueños (Gén. 41: 8); los ashpayya,
sacerdotes y exorcistas acadios; los astrólogos caldeas, muy versados en el
arte de la predicción; los gazarayya, intérpretes de los decretos de los dio-
ses (gazar). Todos están condenados al fracaso (Dan. 4: 7). Como último
recurso (vers. 8), habla Daniel. Quizá nos preguntemos por qué Nabuco-
donosor no 10 mandó llamar inmediatamente, sabiendo que el "espíritu
de los dioses santos" estaba con el profeta hebreo y que "ningún misterio"
era "demasiado difícil" para él (vers. 9, NVI). Según el texto, parece que
el rey hasta ignoró a Daniel por un largo tiempo. Todos los sabios recibie-
ron una citación para presentarse delante del rey excepto Daniel, que fue
por iniciativa propia. Arrinconado, Nabucodonosor ahora no tenía otra
elección más que escuchar la interpretación del profeta hebreo. Al igual que
en el capítulo 2, el rey se rehúsa a enfrentar una realidad que no encaja
SECRETOS DE DANIEL
con sus aspiraciones. Una vez más, se topa con una realidad inesperada,
una verdad perturbadora como cualquiera de origen divino.
Pero, incluso entonces, Nabucodonosor tiende a rehuirlo. Su mayor
preocupación ahora es guardar las apariencias. Reconoce la superioridad
de Daniel ("hay en ti espíritu de los dioses santos"), pero se las arregla pa.-
ra agregar la frase: "cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios"
(vers. 8). El rey atribuye el poder de Daniel a su dios babilonio. Su humiJ...
dad solo oculta su orgullo.
Cuando se lo ve contrastado con el contexto de su orgullo y de su fel¡..
cidad inconsciente, el sueño de Nabucodonosor asume un significado
totalmente diferente. Su relato y su interpretación se desarrollan en dos
escenarios, ambos presentados por una referencia paralela de lo que vio
el rey (vers. 10, 13, 20, 23). El primer escenario es positivo e implica un
árbol en su plenitud. El segundo es negativo, y habla del destino del árbol.
ID: La explicación del sueño
l. El árbol en su plenitud
El simbolismo del árbol no era extraño para Nabucodonosor. Herodoto
habla del caso de Astiages, el cuñado de Nabucodonosor, que también había
soñado con un árbol que simbolizaba su dominio sobre parte del mundo.2
El mismo Nabucodonosor, en una inscripción, compara a Babilonia con un
gran árbol que protege a las naciones del mundo. 3 Por otra parte, el parale-
lo entre el árbol y la estatua del capítulo 2 es suficientemente claro como pa.-
ra que Nabucodonosor entienda algo del mensaje básico del sueño. El pasa--
je describe la protección brindada por el árbol en los mismos términos que
el capítulo 2. Daniel dice de Nabucodonosor, en el capítulo 2: "Donde-
quiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él
los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo" (vers.
38). El capítulo 4 declara del árbol: "Debajo de él se ponían a la sombra las
bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del cielo, y se man-
tenía de él toda carne" (vers. 12). Al igual que la cabeza de la estatua, el árbol
es visible desde "los confines de la tierra" (vers. 11). El narrador identifica
al árbol con la cabeza de la estatua, y esta representa a Nabucodonosor.
La metáfora del árbol hace alusión al carácter presuntuoso del rey, y
compara a Nabucodonosor con Adán, en su función de administrador del
universo (Gén. 1: 28). También hace referencia al árbol de la vida (o el ár-
EL ARBOL EN MEDIO DE LA TIERRA
bol del conocimiento del bien y del mal) en su ubicación en medio de la
tierra (Gén. 2: 9; 3: 3). El árbol se extiende hasta el cielo (Dan. 4: 11,20).
Evidentemente, no es un árbol común. Todo apunta a su superioridad.
Pero debajo de todo este follaje de alabanza hay una capa de duras críti-
cas. Porque es el orgullo de Nabucodonosor 10 que la imagen del árbol des-
cribe en realidad. Ezequiel utiliza la misma metáfora para representar el or-
gullo de Asiria (Eze. 31: 3-9). El pasaje de Ezequiel comparte muchos motivos
en común con Daniel 4. Allí también el árbol cobija a los pájaros y las bes-
tias (vers. 6). Además, el árbol está plantado en medio del jardín (vers. 9) y
sobrepasa a todos los demás en altura (vers. 2, 5). El texto de Daniel no es más
que un eco del pasaje de Ezequiel. El orgullo del reyes proporcional a la
altura del árbol: "Ya que por ser encumbrado en altura, y haber levantado
su cumbre entre densas ramas, su corazón se elevó con su altura" (vers. 10).
Este árbol que se eleva hasta los cielos, protector y majestuoso, en realidad
es un insulto abierto para Dios. (Es interesante notar que el Nuevo Testa-
mento emplea la misma imagen del árbol para representar el Reino de Dios
[Luc. 13: 19].) El árbol del sueño simboliza el orgullo de un rey que tiene in-
tenciones de reemplazar a Dios. Pero Nabucodonosor no tiene dudas en cuan-
to a 10 que representa el árbol. A la luz de su cultura babilónica, y más que
nada de su primer sueño, no puede menos que reconocer que el árbol lo
representa a él mismo. y, con esto en mente, no es de extrañarse que el rey
babilónico prefiera confiar en la explicación de sus astrólogos. Por lo tanto,
cuando Daniel entra en escena, tiembla y sus primeras palabras están carga-
das de tacto y buenos deseos: "Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y
su interpretación para los que mal te quieren" (Dan. 4: 19). Pero, la interpre-
tación que sigue es como una cuchillada: "tú mismo eres, oh rey" (vers. 22).
2. La caída del árbol
Un estrepitoso descenso de lo alto (vers. 23), al igual que la antigua histo-
ria de Babel (Gén. 11: 4-9), de repente detiene el crecimiento del árbol. La
primera escena del sueño era visual y estática en su descripción del espléndi-
do árbol. La segunda escena tiene sonido y es dinámica, ya que el rey mira
los movimientos de los seres celestiales y oye sus imperiosas voces. La pri-
mera escena, pacífica y majestuosa, contrasta con la segunda escena, em-
bravecida e inquietante. De la serenidad de la descripción inicial, ahora
pasamos a la actividad violenta.
65
SECRETOS DE DANIEL
La identidad de esos seres celestiales ya sugiere un cambio en el desti-
no del rey: "Uno de los que vigilaban" (traducción literal Dan. 4: 13, 17,
23). Es el único caso en la Biblia en que aparece ese ser. El sueño, aquí,
habla el idioma del rey. Según una antigua creencia babilónica, tal como
10 avala el comentario zoroástrico del Zend-Avesta, el gran dios había puesto
cuatro guardias celestiales sobre las cuatro esquinas de los cielos y sobre
los movimientos astrales. 4
Nabucodonosor entiende que la presencia de los seres celestiales signi-
fica que el gran Dios del cielo está determinando su destino. Sin embar-
go, el sueño describe a los seres según la tradición bíblica, presentándolos
como "santos", un término generalmente aplicado a los ángeles en mu-
chos textos bíblicos (Job 5: 1; 15: 15; Sal. 89: 7, 8; Zac. 14: 5). La Septua-
ginta sigue esta línea de interpretación en su traducción de la palabra "vi-
gilante" por la palabra "ángel". El "vigilante", o ángel celestial, anuncia el
destino del rey en dos oraciones.
La primera oración consiste en varias órdenes relacionadas con el árbol
(Dan. 4: 14, 23). Una vez cortado, el árbol desaparece de la vista. Des-
pojado de sus ramas, hojas y fruto, pierde su cuidado universal y su fun-
ción de refugio (vers. 14, 21). El oráculo significa que el rey sería "[echa-
do] de entre los hombres" (vers. 25).
La segunda oración contiene solo una orden con respecto al estado del
árbol después de su destrucción (vers. 15). El árbol, caído y despojado, es
sujetado a la tierra para evitar que siga creciendo. El uso de las cadenas
de hierro y de bronce, conocidas por su resistencia (2 Crón. 24: 12), ga-
rantiza que el árbol no crecerá mientras estén allí. El verbo utilizado su-
giere un árbol "aprisionado" (asar) en un estado animal. El lenguaje del
sueño identifica la cepa del árbol con una bestia. De hecho, realmente
tiene una apariencia horrorosa. Reside en medio de "las bestias del cam-
po" (Dan. 4: 25), duerme con ellas, es "mojado con el rocío del cielo" (vers.
15, 23), come "hierba del campo" como "los bueyes" (vers. 25), y hasta
piensa como ellos: "Deja que su mente humana se trastorne y se vuelva
como la de un animal" (vers. 16, NVI).
La sustitución de una mente humana por una animal, para Daniel, es
la clave de esta extraña metamorfosis. Nabucodonosor dejará de ser una
bestia solamente cuando reconozca que "el Altísimo tiene dominio en el
reino de los hombres" (vers. 25). En otras palabras, el estado animal del
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EL ÁRBOL EN MEDIO DE LA TIERRA
rey está vinculado con su inconciencia religiosa. El rey no tiene un cono-
cimiento verdadero de Dios.
Desde un punto de vista bíblico, el rey no podía caer más bajo. Con-
finado a un estado animal, no podía ser librado. Oye el oráculo como un
"decreto" de 10 alto (vers. 24, NVI). Y es definitivo y absoluto. Dios, inclu-
so, ha fijado el tiempo implicado: "siete tiempos" (vers. 25). El número es
sagrado, e indica el origen divino del decreto.
Pero el oráculo aún deja lugar para la esperanza. Después de todo, la
verdadera caída del árbol todavía no ha tenido lugar en el sueño. Nabu-
codonosor únicamente escucha órdenes al respecto. El momento de eje-
cutar la profecía todavía no ha llegado. De hecho, Nabucodonosor se
erige en alto, en su plenitud. Todavia tiene tiempo de revertir el oráculo.
"Tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericor-
dias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu
tranquilidad" (vers. 27). Dos veces Daniel le recuerda al rey que recono-
cer a Dios lo salvará (vers. 26). La solución es religiosa y tiene que ver con
su relación con el Dios del cielo. Pero también hay un aspecto ético que
involucra a los demás seres humanos. El profeta exhorta a Nabucodono-
sor a ser justo y compasivo (vers. 27). El arrepentimiento implica una di-
mensión horizontal tanto como vertical. Solo al reconocer a un Dios que
10 trasciende Nabucodonosor sabrá respetar a los pobres y practicar la jus-
ticia (tsedaqa). Es la conciencia de Alguien fuera de sí mismo lo que forma
la base del respeto a los demás. El temor de Dios, es decir, nuestra con-
ciencia de que Dios está vigilándonos, impide el libertinaje y nos obliga a ser
justos. Por otro lado, es impensable mantener una relación con Dios cuan-
do nos llevamos mal con los demás. El amor a Dios implica el amor al pró-
jimo. Asesinar a otra persona es asesinar la imagen de Dios (Gén. 9: 6). De
igual manera, ignorar a Dios es despreciar a los demás. La ética y la religión
están entrelazadas, una supone la otra. Según Daniel, el arrepentimiento
del rey aún es posible; todavia tiene una ventana de escape (Dan. 4: 27).
El resultado del decreto, entonces, es responsabilidad del rey. Su des-
tino descansa en sus propias manos. Nabucodonosor tiene libertad. Pero
ligue habiendo una nota de incertidumbre. El oráculo introduce la segu-
ridad de la prosperidad, en el caso de que se arrepienta, con la conjun-
ción hen, que significa "quizá". Incluso si el rey se arrepiente, la bendición
de Dios puede no ser segura. Dios también tiene libertad de actuar como
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SECRETOS DE DANIEL
desee. Nabucodonosor no debería arrepentirse a fin de recuperar su pros-
peridad, sino porque comprende la gravedad de su pecado. Si no, su res-
puesta no sería sincera ni de libre albedrío. Al tener en mente sus propios
intereses, Nabucodonosor no se arrepentiría porque quisiera, sino porque
tenía que hacerlo, a fin de preservar su bienestar. Para ser libre y, por lo
tanto, auténtico, el arrepentimiento debe ser incondicional.
Del mismo modo, no podemos forzar a que Dios bendiga y recompen-
se a los justos. No sería un Dios soberano entonces, sino una máquina
expendedora. Dios es libre, al igual que los seres humanos. Debiéramos
recibir sus bendiciones como un regalo, otorgado independientemente de
nuestras buenas obras.
Un rayo de esperanza ahora penetra la penumbra del sueño: todo es
posible. E incluso si el arrepentimiento no se traduce en perdón, incluso
si el oráculo acontece y el árbol se viene abajo antes del golpe del hacha,
aún entonces sigue habiendo una via de escape. La vida del árbol no está
amenazada, ni es arrancado de raíz. Quedan el tronco y las raíces (iqqar).
Si bien es cortado, el árbol tiene la posibilidad de brotar. El período fija-
do (siete tiempos), que implica que habrá un fin de la terrible experien-
cia, ofrece esperanza en sí mismo. Hasta en la hora más oscura, permane-
ce la esperanza.
IV. El cumplimiento del sueño
1. El orgullo del rey
Daniel narra tanto la interpretación del sueño como su cumplimiento.
En ambos casos, el rey no puede hablar, primero porque Daniel está hablan-
do, y en el segundo caso porque el rey ya no es capaz de hablar más. Este
segundo silencio también es parte del cumplimiento de la profecía. La ter-
cera persona singular del pasaje sugiere que el rey ya no puede hablar por
sí mismo. Se ha convertido en solo un objeto. El cumplimiento de la pro-
fecía se sitúa en el tiempo y el espacio, como un acontecimiento histórico.
'Sucede un año más tarde, en el aniversario del sueño, en el palacio real.
El rey se regodea en su satisfacción por sus logros, sin ser consciente
de lo que está a punto de sucederle. Lo encontramos dando "un paseo
por la terraza del palacio real", admirando los frutos de su prosperidad
(vers. 29, 30, NVI). Pero, esta vez el texto señala mucho más explicitamen-
EL ÁRBOL EN MEDIO DE LA TIERRA
te el orgullo subyacente del rey: "¿No es esta la gran Babilonia que yo edi-
fiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majes-
tad?" (vers. 30).
Y, en efecto, Babilonia era digna de alabanza. Nabucodonosor dejó hue-
lla en la historia como el mayor constructor de Babilonia, a diferencia de
sus predecesores, que fueron conquistadores fundamentalmente. Los mo-
narcas anteriores preferían vivir en la ciudad de su elección e iban a Babi-
lonia solo en ocasiones especiales. No obstante, para Nabucodonosor la ciu-
dad era su residencia real, "la ciudad de su orgullo".5 Y, de hecho, Babilo-
nia le debe sus mayores monumentos históricos. Con un despliegue de
más de cinco kilómetros cuadrados, con su palacio, los jardines colgantes
y los cincuenta templos, Babilonia tenía una de las siete maravillas del
mundo antiguo y era una de las ciudades más grandes de aquel entonces.
Según el testimonio del sacerdote babilónico Berossus y de las antiguas
tabletas cuneiformes, Nabucodonosor era el principal arquitecto de la ciu-
dad. 6 Además de los numerosos templos y murallas fortificadas. el rey
construyó su palacio, que según sus propias palabras era "un monumen-
to al genio y al poderío de los reyes de Babilonia".7 Los jardines colgantes
también eran creación suya, que a su esposa Amitis le recordaban los ár-
boles, las flores y las colinas de su Media natal. La belleza imponente de
la ciudad dejaba una impresión duradera en los viajeros y los poetas.
Pero, fue el orgullo el que impulsó a Nabucodonosor a emprender esta
obra. Y es a través de los ojos del orgullo que posteriormente contempla-
ría su creación, no solamente como lo relata la Biblia, sino también como
10 narran las inscripciones cuneiformes. Unas cincuenta tabletas escritas
por el mismo Nabucodonosor dan testimonio de sus sentimientos. Nabu-
codonosor escribe acerca del palacio: "Construí este palacio, sede de mi
realeza sobre los reyes poderosos [...] palacio de alegría, de regocijo [... ]. En
Babilonia, yo lo edifiqué, encima de la antigua hoya [...] con argamasa y
ladrillos fortifiqué sus cimientos".8 0, de la ciudad de Babilonia como un
todo: "Yo he hecho a Babilonia, la santa ciudad, la gloria de los grandes dio-
ses, más destacada que antes [... ]. Ningún otro rey [... ] jamás ha creado,
ningún otro rey anterior ha construido jamás, lo que yo he construido
magníficamente para Marduk".9 La profecía había predicho el orgullo del
rey al describirlo como un tremendo árbol, cuyas ramas llegaban hasta el
cielo, en su esfuerzo por alcanzar la divinidad.
69
SECRETOS DE DANIEL
._ - -- -- - - - - - - - - - - - - ---- -_._ -
Es interesante notar que el texto nos recuerda la historia de Babel. Al
igual que Nabucodonosor, los constructores de la torre de Babel querían
"[llegadal cielo". Al igual que el rey babilónico, procuraban "[hacerse] un
nombre" (Gén. 11: 4). Y, de la misma manera, una voz del cielo interrum-
pe su obra (vers 5-7), distorsionando su lengua en un bramido incompren-
sible (vers. 9).
2. La locura del rey
Los síntomas. El rey comienza a actuar como un animal: a comer, dormir
y pensar como un buey. Paradójicamente, al procurar superar a los demás
seres humanos, ha caído por debajo de la humanidad. Todo el que ambi:-
ciona el éxito debiera reflexionar cuidadosamente en su significado. Cuan-
do se llega a la cima, ¿qué otra alternativa existe más que irse a pique?
La pequeña aventura de Nabucodonosor parece tener otros paralelos
en la historia antigua. En el "Poema del justo doliente", corwcido como el
"Job babilónico" (1600-1150 a.E.C.), leemos: ''Al igual que una rútkim o un
demonio suku me hizo crecer los dedos de las manos". 10
La novela de Ahikar (siglo VII a.E.e.) tiene un personaje que dice: "Me
rebajé hasta la tierra, el cabello caía sobre mi espalda, la barba descendía
hasta el pecho, mi cuerpo estaba cubierto de polvo y mis uñas eran como
las del águila". 11
Los psiquiatras actuales han diagnosticado la conducta de Nabucodo-
nosor como una variante de la paranoia y la esquizofrenia. 12 El historia-
dor de la psiquiatría Gregory Zilboorg relata varios casos entre los siglos
III y VII a.E.e. 13
Por más rara y extraña que pueda parecer la enfermedad, ha sido una cons-
tante a 10 largo de la historia. Actualmente ha desaparecido prácticamente en
los paises industrializados, donde se la trata en forma adecuada, pero hay indi-
cios de ella en China, India, África y Sudamérica. En años recientes, varios
casos encontraron el camino a los hospitales de París y Burdeos.14
Los síntomas siempre son los mismos. El paciente imagina que se ha
convertido en un lobo (licantropía), un buey (boantropía) u otro animal
(perro, leopardo, serpiente, cocodrilo), y se comporta como tal hasta en
los detalles más íntimos. La ilusión del paciente es tan perfecta que hasta
afecta la manera de verse a sí mismo. Una mujer de 49 años estaba con-
vencida de que su cabeza era la de un lobo completo, con hocico y colmi-
70
EL ÁRBOL EN MEVIO DE LA TIERRA
llos. Y, cuando abría la boca para hablar, se la escuchaba gruñir y aullar al
igual que una bestia. 'í
Si hemos de creerles a los historiadores y a los psiquiatras menciona-
dos previamente, el "síndrome Nabucodonosor" parece haber existido ver-
daderamente. Por supuesto, nos encontramos con un silencio absoluto en
lo que respecta a las crónicas oficiales babilónicas. Aun así, una cantidad
de fuentes extrabíblicas parecen apoyar la historia bíblica.
Tres siglos después de la muerte de Nabucodonosor, el sacerdote babi-
lónico Beroso nos cuenta que "después de 43 años de reinado, Nabuco-
donosor se sintió enfermo en el sitio de construcción de una muralla [... ]
y murió".'6 Esta conexión entre la enfermedad del rey y la construcción
nos hace acordar al relato bíblico. Por otra parte, la mención especial de
un período de enfermedad anterior a la muerte insinúa el carácter espe-
cial que pudo haber tenido la enfermedad.
Un historiador griego, Abideno (siglo III a.E.C.), testifica que Nabuco-
donosor "fue poseído por un dios o algo por el estilo, se subió a la terraza
de su palacio pronunciando palabras proféticas, y de repente desapareció" .17
Una vez más encontramos varios motivos en común con el texto bíblico: la
ubicación del rey en la terraza, una profecía y su misteriosa desaparición.
Por último, el descubrimiento reciente de tabletas cuneiformes confir-
ma la narración bíblica. En 1975, el asiriólogo A. K. Grayson publicó un
texto cuneiforme, que ahora se conserva en el Museo Británico (BM
34113=sp213), que hace alusión a la locura de Nabucodonosor. Se dice
que, por un tiempo, "su vida parecía sin valor", daba órdenes sin sentido
y contradictorias, no les podía mostrar afecto ni a su hijo ni a su hija, no
podía reconocer a su clan y ni siquiera participar de la construcción de
Babilonia ni de su templo. lB
Si consideramos la historia y los diagnósticos psiquiátricos, el relato de
Daniel parece posible.
El tiempo. De acuerdo con el texto bíblico, Nabucodonosor permaneció
en su condición patológica por un período de "siete tiempos". Situar la
enfermedad en el tiempo le da cierto grado de historicidad. El texto ubi-
ca el acontecimiento justo después de que el rey terminara sus proyectos
especiales de construcción en Babilonia. Varios elementos sugieren que
debiéramos traducir la palabra aramea idan en el sentido de "años":
71
SECRETOS DE DANIEL
1. Es significativo que la enfermedad del rey comenzara precisamente
"después de doce meses", implicando que deberíamos seguir contan-
do en términos de períodos de doce meses adicionales. El año es la
unidad básica a la que debiéramos convertir los "tiempos" proféticos.
2. La relación entre esos dos períodos de tiempo (doce meses y siete años)
está esbozada al estilo del texto. Las dos expresiones "doce meses" y "sie-
te años" se hacen eco mutuamente, dado que ambas son presentadas con
términos arameos similares ("al fin del tiempo", liqsath [verso 29 y 34]).
3. La etimología de la palabra idan (tiempo) está relacionada con la pa-
labra od (repetir, regresar, rehacer), que indica una repetición del mis-
mo tiempo, o de alguna estación (Dan. 2: 21) de cada nuevo año.
4. Daniel 7: 25 define idan como un año, un concepto que encontramos
aún más explícito en el pasaje paralelo de Apocalipsis 12: 14 (ver capítu-
los siguientes).
5. La Septuaginta y los rabinos medievales (Rashi, Ibn Ezra, etc.) se quedan
con la interpretación basada en el sentido de "años".
Cuando el pasaje utiliza la palabra "tiempos" en vez de "años", es para lla-
mamos la atención al número siete, símbolo de lo divino. Y, en efecto, la
enfermedad no es por causas naturales, sino infligida divinamente. El fin
de la prueba de Nabucodonosor está "sellado" (Dan. 4: 16,34). Dios con-
trola su destino, y nadie puede cambiarlo.
V. Oración de los muertos
Nadie puede alterarlo, sino el propio rey. "Yo Nabucodonosor alcé mis
ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta" (vers. 34). No importa la gravedad
del caso de licantropía, el paciente siempre retiene un fragmento de con-
ciencia y experimenta momentos ocasionales de lucidez. Incluso en las
garras de la enfermedad mental, una persona sigue siendo humana, sin per-
der nunca su potencial para la libertad y el libre albedrío. Por ende, los psi-
quiatras, conscientes de esto, se niegan a clasificar a sus pacientes bajo el
nivel irrevocable de "locos". Al contrario, consideran que el paciente es una
persona enferma, implicando que siempre existe un potencial para mejorar.
Nuestro pasaje revela incluso que hasta el más rígido determinismo
puede verse influenciado por la libertad humana. Hasta en el foso de la
bestialidad, uno puede mirar hacia arriba y reunirse con la humanidad.
Todo lo que Nabucodonosor tuvo que hacer fue elevar sus ojos hacia el
72
EL ÁRBOL EN MEDIO DE LA TIERRA
cielo (vers. 34). Nabucodonosor se transformó en bestia cuando creyó que
era un dios y miraba hacia abajo, desde el techo de su palacio real. Pero
recuperó su humanidad cuando reconoció que era una bestia y miró ha-
cia arriba, desde el polvo de su morada animal. La paradoja es inestima-
ble, tanto en el nivel psicológico como en el teológico.
Es imposible que el yo humano se desarrolle sin primero conocer sus
limitaciones. Cualquiera que piense que es un pájaro se arrojará por una
ventana y aterrizará en muy malas condiciones sobre el pavimento de
abajo. Para poder volar, uno debe cultivar una conciencia de las leyes de la
gravedad y trabajar en ese sentido. Aquí encontramos el secreto de la li:-
bertad y de la felicidad. Pero, aún hay otra lección, esta vez relacionada
con la salvación. Solo quien es capaz de ver más allá de su propio yo pue-
de ser salvo. La salvación viene de afuera, no de adentro. Al igual que Na-
bucodonosor, debemos elevar nuestros ojos hacia el Cielo. Cuando el rey
descubre esta verdad en la profundidad de su propia alma, su cordura
vuelve con su fe, confirmando la tradición bíblica: "Dice el necio en su co-
razón: No hay Dios" (Sal. 53: 1; 14: 1). La ilusión es pensar que creer es
una ilusión. Para Daniel, la fe y la razón son compatibles. La fe surge de
la razón y es una característica fundamental de la razón.
La experiencia de Nabucodonosor tiene repercusiones universales. Más
allá de la curación del rey, percibimos el milagro de la resurrección. Ya las pri-
meras palabras de esta sección lo insinúan: ''Al final de los días" (traducción
literal, verso 34). Daniel 12: 13 utiliza las mismas palabras en relación con
la resurrección. La "resurrección" de Nabucodonosor allana el camino para la
resurrección "al final de los días". El rey babilónico se despierta de su estupor
y habla. Hasta ahora el pasaje se había referido a él en tercera persona. Al
haber recuperado la conciencia, nuevamente puede hablar en primera perso-
na. Sus primeras palabras son una oración: la cuarta oración del libro de Daniel.
Aún cubierto de polvo, con los ojos tratando de percibir los cielos, Na-
bucodonosor permite que sus pensamientos oscilen entre el cielo y la tie-
rra, la tierra y el cielo. Esto le da una estructura particular a su oración.
Una vez recuperada su cordura, el primer movimiento de Nabucodo-
nosor es en dirección al cielo. Las tres emociones de su alma ("bendije [... ]
y alabé y glorifiqué") son análogas a los tres atributos de Dios (predomina
para siempre, vive para siempre, reina para siempre) (vers. 34). Las tres
referencias a la eternidad de Dios encuentran su eco en las tres expresiones
73
SECRETe)S DE DANIEL
de adoración de Nabucodonosor. Todo comienza con el reconocimiento de
la eternidad de Dios, de su dominio, de su existencia y de su reino.
El resucitado pasa de muerte a vida. Al volver a la existencia, es cons-
tantemente impactado con la noción de la eternidad de Dios. Su oración
entonces es de adoración, centrada completamente en Dios. Nabucodo-
nosor expresa su sobrecogimiento (bendice a Dios), su agradecimiento
(alaba a Dios) y su admiración (glorifica a Dios). Al salir de la locura,
Nabucodonosor no ve nada excepto a Dios. De repente, es consciente de
que le debe todo. Sin Dios, no es nada.
Es la primera lección que aprende a su regreso. "Todos los habitantes
de la tierra son considerados como nada" (vers. 35). El texto original uti-
liza dos palabras: hshb, que significa "evaluar", "contar", y la, que significa
"nulo", "nada", o el adverbio de negación, "no". AlIado de Dios, los habi-
tantes de la tierra son como "nada".
La salvación, entonces, es posible solo a través del milagro de la creación.
Nabucodonosor hace una clara alusión a la creación en la asociación clásica
de "cielo y tierra" con el "hacer" y la "mano" de Dios (vers. 35). En las ma-
nos de Dios, los ejércitos del cielo, al igual que los habitantes de la tierra, son
impotentes. "No hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?" Esta es
una expresión que utiliza la Biblia en el contexto de la creación.
"¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tie-
rra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: ¿No tiene ma-
nos?" (Isa. 45: 9).
"Él es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas; [... ] Él manda al sol [... ];
y sella las estrellas; él solo extendió los cielos, y anda sobre las olas del mar;
él hizo la Osa [... ]. ¿Quién le dirá: ¿Qué haces?" Qob 9: 4-12).
Fue necesario el milagro de la creación para que Nabucodonosor se
sanara. Había perdido todo, incluyendo su propia identidad. Ahora reci-
be todo de vuelta: "Mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino,
mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí" (Dan. 4: 36). La palabra tub
("devue1""to , restaura do ") aparece tres veces en el ' una vez en e1ver-
pasaje,
sículo 34, dos veces en el versículo 36. Hasta llegó a ser más próspero: "fui
restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida" (vers. 36). En
este sentido, podemos comparar la experiencia del rey con la resurrección.
El resucitado se despierta a la vida, sale de la tumba en un estado más
grandioso y glorioso que antes (ver 1 Coro 15: 35-50).
74
EL ARBOL EN MEDIO VE LA TIERRA
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Es en las alturas de su éxito que el rey pronuncia las últimas palabras
de su oración, que también son sus últimas palabras en el libro de Daniel.
La oración termina como había comenzado. La misma estructura triple
sustenta los atributos divinos al igual que el desahogo de su alma: "Yo Na-
bucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo" (Dan. 4: 37).
En contraposición con el satisfecho y próspero "Yo Nabucodonosor" del
versículo 4, este "Yo Nabucodonosor" está totalmente centrado en el cielo.
El nuevo rey ahora puede ver más allá de sí mismo, hacia Dios. El cuadro
de amar al Dios digno de honor, alabanza y gloria ahora se completa con
la dimensión de la justicia: "Todas sus obras son verdaderas, y sus caminos
justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia". Nabucodo-
nosor ha dejado atrás su orgullo ingenuo. Al madurar, se ha convertido
en una persona humilde. Lo que a otros les lleva toda una vida aprender,
Nabucodonosor lo entendió en siete años. Al haber experimentado la
precariedad de la vida, sabe ahora que no es eterno. Y, consciente de sus
limitaciones, decide seguir el camino del arrepentimiento y de la humil-
dad. El monarca finalmente experimentó la conversión.
ESTRUCTURA LITERARIA DE DANIEL 4
A: Confesión cantada (vers. 1-3)
B: El sueño (vers. 4-33)
Al: Confesión hímnica (vers. 34-37)
A: Confesión hímnica (primera persona; verso 1-3)
B I : Informe del sueño (primera persona; verso 4-18)
a. Sueño perturbador
b. El árbol
C. El vigilante celestial
B 2! Interpretación del sueño (tercera persona; verso 19-27)
a. Sueño perturbador
b. El árbol
C. El vigilante celestial
B3! Cumplimiento del sueño (tercera persona; verso 28-33)
a. El orgullo del rey
b. La voz celestial
C. El rey-buey
Al! Confesión hímnica (primera persona; verso 34-37)
75
SECRETOS DE DANIEL
NOTAS Y REFERENCIAS
1. Sanhedrin 92b.
2. Herodoto 1. 108.
3. Ver S. Langdon, Building Inscriptions o{ the Neo-Babylonian EmPire (1905), número 19: Wasi Brisa, B.
Col. VII 34.
4. Ver A. Bames, Notes on the Book o{ Daniel (Nueva York, 1881), p. 213.
5. S. Birch, ed., Records o{ the Past: Being English Translations o{ the AsS)'rian and Egyptian Monument.s
(Londres, 1888-1892), t. 7, p. 71.
6. Ver S. Langdon, Building Inscriptions o{ the Neo-Babylanian EmPire (París, 1905), Nabuchadnezzar, Nb.
XIV, col. n, 39: ver Antiquities 10. 223-226.
7. Ver Albert Champdor, Babylan, trad. Eisa Coult (Londres/Nueva York, 1958), p. 146.
8. Cilindro de Grotefend, KB 3, 2, 39.
9. En el Museo de Berlín (citado en Francis D. Nichol, Comentario bíblico adtlentista [Boise, Idaho,
19851, t. 4, p. 826).
10. Ver James A. Montgomery, A Critical and Exegetical Commentary on the Book uf Daniel (Nueva York,
1927), p. 244.
11. 21: 1 (Trad. Nau.).
12. Ver especialmente M. Benezech et. al., ''A propos d'une observation de Iycanthropie avec violences
mortelles", en Annales medico-pS)'chologiques 147, nO 4 (1989), p. 244.
13. Gregory Zilboorg y George W. Henry, A History o{ Medica! Psyclwlogy (Nueva York, 1941), pp. 105,
167, 171, 228, 261.
14. Ver J. P. Boulhaut, Lycanthropie et pathologie mentale (tesis, Université de Bordeaux n, 1988); compa-
rar con Ian Woodward, The Werewol{ Delusion (Nueva York, 1979), pp. 22-29.
15. Harvey A. Rosenstock y Kenneth R. Vincent, "A Case of Lycanthropy", en American Joumal o{
PS)'chiatry 134, n° 10 (1977), p. 1.148.
16. Josefo, Contra Apión 1. 146.
17. Citado por Eusebio, en Praeparatio etlangeUca 9. 11.
18. A. K. Grayson, Babylanian Historical-Uterary Texts (Toronto/Buffalo, 1975), pp. 87-92.
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