Revista de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales N° 20 - Octubre - 1995 90
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Acerca del objeto de la pulsión
Abel Langer
Si la pulsión no tiene objeto, el objeto
del deseo será oscuro e inalcanzable.
«Nuestros contemporáneos han llegado a tal punto en el dominio de las
fuerzas elementales, que con su ayuda les sería fácil exterminarse mutuamente
hasta el último hombre. Bien lo saben, y de ahí buena parte de su presente
agitación, de su infelicidad y su angustia».
Sigmund Freud
«El malestar en la cultura» (1930)1
I. Acerca de la elaboración freudiana del concepto de pulsión
I) En un primer acercamiento a la elaboración del concepto de pulsión
encontramos que en 1895, en el trabajo «Proyecto de una psicología para
neurólogos»,2 Freud plantea y establece la diferencia entre «excitación endógena»
y «excitación exógena» equivaliendo ésta al estímulo externo, diferenciándola de
la endógena y correspondiendo luego ésta a lo que denominará posteriormente
Trieb (*).
Es en el «Proyecto de una Psicología...» donde Freud habla de
prematuración y desamparo que provoca un llamado al otro que inaugura su
primer experiencia de satisfacción y que provocará la rememoración alucinatoria
como huella imperecedera. Esta huella mésica-desiderativa es en sí misma
objeto del deseo y condena al organismo a la desadaptación desde el inicio
dando lugar al surgimiento de la «Realidad Psíquica» freudiana que necesita,
en la estructura, del objeto perdido del deseo como condición de posibilidad.
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Es la huella amnésica originaria, primordial, que en sí misma, en tanto huella es
objeto del deseo: «deseo inconsciente que es eterno» dirá Freud.
II) Freud plantea en los «Tres ensayos sobre teoría sexual» (1905)3 que
-la libido es una expresión de la pulsión sexual» y es precisamente en «Tres
ensayos...» donde usa con amplitud la palabra Trieb; en sus anteriores trabajos
Freud la había utilizado en pocas oportunidades. Freud menciona el Trieb como
«pulsión sexual». Es en el primer ensayo, denominado «El Fetichismo», donde
denomina a éste la perversión sexual por antonomasia planteándose la pregunta:
¿cómo es que hay sujetos que se las arreglan mejor con un trapo que con una
persona? ¿Cómo pueden alcanzar el orgasmo con un objeto banal, un trapo, etc.,
pero siempre y cuando el objeto cumpla ciertas y determinadas condiciones?
A lo que Freud responde:
a) Que no es cierto que en la vida infantil no hay sexualidad.
b) Que la relación que une al Sujeto con sus objetos sexuales no es tan
fuerte, es una relación lábil, que el objeto es lo que más puede variar.
c) Que el fin buscado puede ser otro y distinto que el coito llamado
«normal».
Por lo tanto, Freud no expulsa a las perversiones de la elaboración teórica
acerca del psiquismo humano (hasta ese momento eran explicadas como
consecuencia de problemas genéticos u orgánicos) y le otorga un estatuto y
racionalidad a las mismas. Afirma que el niño es un «perverso polimorfo».
III) En «Acciones obsesivas y prácticas religiosas» (1907)4, Freud habla de
Triebegungen que podríamos traducir por «mociones pulsionales».
IV) «Concepto psicoanalítico de las perturbaciones psicógenas de la visión»
(1910)5, introduce el conflicto entre pulsiones yoicas versus libído o pulsión
sexual. A las primeras corresponderían las pulsiones de autoconservación y la
función represora. A este planteo dualista de las pulsiones, Freud va a suscribir
durante toda su vida, más allá de los cambios conceptuales que introduzca.
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V) En «Pulsiones y destinos de la pulsión- (1915)6, Freud diferencia el estímulo
como una fuerza que opera de un solo golpe, de la pulsión que actúa como una
fuerza constante. Dice Freud que la pulsión sería un «concepto fronterizo entre
lo anímico y lo somático»...«como un representante (reprasentänt) psíquico de
los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma, como una
medida de la exigencia de trabajo que le es impuesta a lo anímico a consecuencia
de su trabazón con lo corporal»; por lo tanto nos dice que: a) El estímulo pulsional
proviene del interior del propio cuerpo, b) Actúa como una fuerza constante. Por
lo tanto establece cuatro conceptos que acompañan al concepto de pulsión:
esfuerzo, meta, objeto y fuente de la pulsión.
Para este trabajo abordaremos sólo el concepto de objeto (Objekt): es
aquello en o por lo cual puede la pulsión alcanzar su meta. Es lo más variable,
no está enlazado originariamente con ella sino que se le coordina sólo a
consecuencia de alcanzar su satisfacción. No necesariamente es un objeto
ajeno, también puede ser una parte del propio cuerpo. Por lo tanto el objeto es
separable del sujeto, cae en el campo del otro, pero la pulsión aparece, insiste
como la demanda de algún objeto.
El objeto de la pulsión es aquello en lo cual y mediante lo cual éste busca
alcanzar su fin, es decir, cierto tipo de satisfacción: puede tratarse de una persona
o de un objeto parcial, de un objeto real o de un objeto fantaseado. Vemos como
en la serie pulsional, el otro, el objeto de la satisfacción es tomado como su apoyo.
En lo referente al objeto pulsional, Freud hablará de contingencia o de fijación
pero nunca de elección y nombra cuatro objetos pulsionales: oral, anal, escópico,
invocante.
VI) En «Más allá del principio del placer» (1920)7, Freud modifica su
concepción dualista de las pulsiones. Ya el conflicto no será entre pulsiones yoicas
o de autoconservación y pulsiones sexuales, sino que introduce el concepto de
«pulsión de muerte» y reelabora su teoría en base al concepto anterior, al de
repetición y al conflicto entre pulsiones de vida y de muerte.
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II. Objeto de la pulsión y el estatuto de la falta en Freud
I) Para el psicoanálisis el concepto de pérdida constituye el núcleo central
en la constitución del psiquismo humano, dado que nombra la distancia que
media entre instinto (animal) y pulsión y marca la radicalidad estructurante de
la diferencia entre objeto de la satisfacción y objeto del deseo, estatuyendo a la
pulsión como lo que signa el deslinde entre el sujeto del significante y el mundo
animal.
II) El objeto de la pulsión no está determinado de antemano, mostrando la
labilidad del mismo. Por lo tanto el destino de la pulsión es no tener un objeto
determinado de antemano y en consecuencia su destino es no tener ni objeto
ni destino, es decir que no tiene ni destinatario ni punto de arribo y es el sujeto
quien intenta encontrar al objeto a través de las vicisitudes de su deseo. Objeto
siempre evanescente, inubicable, oscuro. Es a partir de esta «condición de
estructura», sustentada por y desde Freud, que el sujeto no quiere saber. ¿Qué es
lo que el sujeto no quiere saber?: que no hay saber sobre el objeto de la pulsión,
es decir que «El sujeto no quiere saber que no hay saber que garantice un
Saber sobre el objeto»8.
III) La prematuración (nacimiento anticipado que implica la falta de una
completa maduración neurológica y la indefensión del animal humano) exige,
promueve y propicia (nuevamente condición de estructura) la erogenización
del cuerpo en un «mal lugar», (a través de la madre o quien cumpla la función
materna). Cuando hacemos referencia al «mal lugar» afirmamos que éste se
refiere a un lugar necesario, imprescindible y equivocado a la vez, es el lugar del
equívoco por excelencia, es la grieta por donde se filtrará el juego del equívoco
significante y por donde irrumpe la palabra con su valor metafórico a la vez que
la imposibilidad de nombrarlo todo. (Por lo tanto el orden de la castración ya está,
previamente, inscripto en el lenguaje que recibirá a un sujeto).
IV) Entonces el orden de la falta y del equívoco está instalado en el lenguaje,
mas aún, es la esencia misma del lenguaje.
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Es decir: no solamente que el lenguaje es la causa de la perdición del objeto
que nunca estuvo, sino que en el lenguaje está instalada la falta que marcará al
sujeto con su falta y al mismo tiempo que el lenguaje pierde al objeto, al perder
a éste es la causa de la perdición del sujeto. Por esta razón se lo denomina sujeto
del lenguaje: por estar inmerso en él, perdido en él y sujetado a él y por él.
V) «Mal lugar» que debe cumplir «una madre», no importa el sexo que
se le adjudique a ésta, función materna necesaria e irreemplazable, y problema
que nos dice de la imposibilidad de un «buen lugar» moral, para que suceda la
necesariedad: erogenización de un cuerpo. Esto implica que la función se debe
cumplir por los bordes del mismo (epidermis) y por los bordes de sus agujeros
(labios, ano, orejas) para luego, vía interdicción paterna, desde el interior de la
estructura edípica de la madre o de su subrogado, perder irremediablemente el
objeto de amor ya perdido en la estructura del lenguaje.
Aquí podemos hablar de la relación dialéctica de pérdida y aufhebung
como consecuencia de haber sido previamente nombrado (simbolizado) y, por
lo tanto, producto del deseo de madre. El puro cuerpo es un resto que se pierde
desde ésta para pasar a ser desde ese momento inaugural cuerpo erógeno - sujeto
de la pulsión. (Ya nombrado desde el deseo inconsciente de una madre).
VI) Digo aufhebung, palabra clave que corresponde al lenguaje de Hegel
y recuperada por Freud, al decir de Hyppolite9-10; porque en quien cumple la
función materna se deberá realizar la misma operación psíquica que deberá
efectuar el sujeto como momento inaugural de su psiquismo: operación de
expulsión (Auttossung) de aquello que considerará «lo malo» para conservar «lo
bueno» (primer intento de separación del sujeto y el mundo, de un interior y el
mundo externo) que decide míticamente la inauguración de la represión primaria
(ür-verdrangung) para que luego se instaure el sujeto del inconsciente donde la
represión propiamente dicha es levantada a condición de conservar lo reprimido
(momento de la aufhebung freudiana). En lo que nos ocupa, una madre deberá
eyectar (auttosung) al exterior el «puro cuerpo que ella generó para, vía deseo
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inconciente por darle un hijo a quien la nominó (Nombre del Padre), reprimir
el enunciado de su deseo y, levantando su represión mientras se conserva lo
reprimido (forma de funcionamiento de la aufhebung)10 darle a un hijo un lugar
en su deseo, imaginarizándolo, simbolizándolo y nominando a un padre para
éste. (Instaurándolo en la cadena generacional vía Nombre del Padre).
VII) Función de corte que se encuentra en la estructura del lenguaje y que
se encarna en quien o quienes cumplen la función materna y la transmisión
del Nombre del Padre. Recordemos que toda la obra freudiana es una reflexión
acerca del padre y un intento siempre renovado de pensar qué estatuto teórico
otorgarle al padre en la cultura y en la historia de ésta. Por lo tanto Freud
reflexiona sobre el lenguaje, los efectos de éste y articula la estructura del sujeto
en función de la nominación instalada en el lenguaje.
VIII) Este desfasaje esencial-constitutivo sumerge al animal humano en
la estructura simbólica que lo precede; red en la que quedará atrapado y se
jugará su destino, sujeto-destino del equívoco del lenguaje que lo traicionará al
nombrarlo (traición interna a la estructura del lenguaje humano) inaugurando
el orden de la falta que lo marcará para navegar, de ahí y para siempre en las
tormentosas aguas de la lengua y sus tropos así como en el desencanto por la
ausencia de objeto que dé satisfacción a su demanda.
IX) Freud establece, por lo tanto, la diferencia radical y absoluta entre
instinto y pulsión, en uno objeto, circuito y satisfacción prefijado por la especie,
en el otro por la falta de objeto originario que da como resultado la búsqueda de
objetos señuelos sustitutos y la no garantía del objeto que satisfaga la pulsión.
X) Lo real del objeto, la Cosa (das Ding) es siempre absolutamente
inabordable, siendo mordida por lo que denominamos los registros simbólico
e imaginario y originando la búsqueda insaciable del objeto, siempre sustituto
de lo que nunca estuvo (sustitución metonímica del objeto) y que aunque
la consideramos perdida, nos corroe la posibilidad de un encuentro que nos
«satisfaga».
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XI) El concepto de Falta tiene un estatuto privilegiado en la teoría
psicoanalítica que se corresponde a los conceptos de pérdida, falo y castración.
El «resguardo de la falta»* es la condición necesaria para la circulación del
deseo, pérdida originaria imposible de re-llenar a riesgo de perder la condición
humana.
XII) El «mal lugar» estructuralmente necesario de la erogenización
del sujeto abre la cuestión de pensar la ética del psicoanálisis puesto que
precisamente el deslizamiento que propicia la clínica psicoanalítica es el de
analizar en el sujeto la relación imaginaria con su primer objeto de amor: objeto
imposible de reencontrar que opone la necesariedad del «mal lugar, desde lo
moral», a la caída de la dimensión imaginaria como condición ética de la labor
psicoanalítica. Oposición irreductible que denuncia «la moral de las buenas
costumbres» a la Ética de la Cosa que enuncia el psicoanálisis desde Freud. Jaques
Lacan denomina a esta operación «Elevar el objeto a la dignidad de la Cosa».
XIII) Lo que el sujeto reprime es lo sexual sólo en tanto la pulsión carece de
objeto dado de antemano. Por lo tanto: no hay saber del objeto que la pulsión
podría determinar y al mismo tiempo, potenciando la cualidad del enigma, la
pulsión no facilita la determinación del objeto. A partir del enunciado precedente
la sexualidad, lo sexual (usando el artículo indeterminado que nos permite hablar
de la indeterminación constitutiva de la sexualidad humana), sostenemos que
es un enigma para el sujeto y paradigma y motor de su vida, por los múltiples
interrogantes que le plantea las vicisitudes de su deseo.
Por lo afirmado anteriormente, el sujeto está condenado de antemano a
un perpetuo fracaso dado que se encuentra con que no quiere saber que no hay
saber sobre el objeto de la pulsión pero a su vez que ésta -la pulsión- no facilita
la determinación del objeto y que el objeto siempre es fallido.
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Bibliografía específica
Freud, Sigmund: «El malestar en la cultura». Santiago Rueda Editor, Vol. XIX,
1
pág. 90. Bs. As. 1955. Traducción del alemán, prólogo y notas Ludovico Rosenthal
2
Freud, Sigmund:«Proyecto de una psicología para neurólogos».
Santiago Rueda Editor, Vol. XXII, págs. 373-476. Bs. As. 1956. Traducción Ludovico
Rosenthal.
3
Freud, Sigmund: «Tres ensayos sobre teoría sexual». Santiago Rueda Editor,
Vol. II, págs.7-106. Bs. As. 1952. Traducción Luis López-Ballesteros.
4
Freud, Sigmund «Los actos obsesivos y las prácticas religiosas». Ed.
Biblioteca Nueva, Vol. I, pág. 956. Madrid, 1948.Traducción Luis López-Ballesteros.
5
Freud, Sigmund: «Concepto psicoanalítico de las perturbaciones
psicógenas de la visión». Santiago Rueda Editor. Vol. XIII, págs.151-57. Bs. As. 1953.
Trad. Luis López-Ballesteros.
6
Freud, Sigmund: «Pulsiones y destinos de pulsión». Amorrortu Editores.
Vol. XIV. Bs. As. 1979. Trad. José Luis Etcheverry.
Freud Sigmund: «Instintos y sus destinos» Editorial B. Nueva. Vol. I. Madrid
1948. Trad. Luis López-Ballesteros.
Freud Sigmund: «Más allá del principio del placer». Editorial Biblioteca
7
Nueva. Vol. I.1948. Págs. D) 89-III7. Trad. Luis López-Ballesteros.
8
Masotta, Oscar: «Lecciones de introducción al psicoanálisis». Editorial
Gedisa. Bs. As 1985. Pág. 29.
Freud Sigmund: «La Negación». Ed Biblioteca Nueva. Madrid. 1948 Vol. I,
9
pág. 1134. Trad. Luis López-Ballesteros.
10
Hyppolite, Jean: «Comentario hablado sobre la Verneinung de Freud» en Escritos
2 de Jacques Lacan. Siglo XXI Editores. Argentina. Bs. As. 1976.
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Bibliografía general
- Lacan, Jacques: «Los cuatros conceptos fundamentales del psicoanálisis».
Seminario XI. Texto establecido por J.A. Miller. Barral Editores. Trad. Francisco
Monge. España, 1977.
- Lacan, Jacques: El estadio del espejo como formador de la función del yo
tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica en «Lectura estructuralista
de Freud». Siglo XXI Editores S.A. México 1977.
- Masotta, Oscar: «Lecciones de Introducción al psicoanálisis». Volumen 1:
«El resguardo de la falta». Gedisa Editorial. Bs. As. 1985.
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Notas
Pulsión en la traducción al castellano, aunque en la traducción de López y Ballesteros
(*)
use éste la palabra instinto para traducir indistintamente la palabra instinto o trieb, por
ejemplo: «Instintos y sus destinos» de «Trieb und triebschicksale» mientras José Luis Echeverry
traducirá: «Pulsiones y destinos de pulsión». A su vez la edición inglesa de Strachey continuó
traduciendo instinto por las palabras alemanas instinto o Trieb.
* «...pensando, vía significante, tanto en el Sorge heideggeriano como en el significado
habitual en España de la palabra ‘resguardo’: boleta de pago, testimonio de inscripción, papel
que es prueba». Massota, Oscar. Lecciones de introducción al psicoanálisis. Edit. Gedisa Bs.
As. 1985. Pág. 16.
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