Demanda contra Ley SOAT por inconstitucionalidad
Demanda contra Ley SOAT por inconstitucionalidad
Expediente: D-14.628
Demandante: Juan José Ojeda Perdomo
Asunto: Demanda de inconstitucionalidad contra el
artículo 10 de la Ley 2161 de 2021[1]
Magistrado Ponente:
JORGE ENRIQUE IBÁÑEZ NAJAR
Bogotá D.C., catorce (14) de septiembre de dos mil veintidós (2022)
La Sala Plena de la Corte Constitucional, en ejercicio de sus competencias
constitucionales y legales, en particular de aquella que le confiere el artículo 241.4 de la
Constitución Política, profiere la siguiente
SENTENCIA
Dentro del proceso adelantado en los términos de los artículos 241.4 y 242 de la
Constitución Política y 40.6 del Decreto 2067 de 1991,[2] y con ocasión de la acción
pública de inconstitucionalidad interpuesta por el ciudadano Juan José Ojeda Perdomo
contra el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021.
I.
ANTECEDENTES
1. En ejercicio de la acción pública de inconstitucionalidad prevista en el artículo 241,
numeral 4 de la Constitución Política, el ciudadano Juan José Ojeda Perdomo, presentó
demanda de inconstitucionalidad contra el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 “[p]or la
cual se establecen medidas para promover la adquisición, renovación y no evasión del
seguro obligatorio de accidentes de tránsito (SOAT), se modifica la Ley 769 de 2002 y se
dictan otras disposiciones”, por cuanto, en su criterio, la disposición acusada vulnera los
artículos 6, 29 y 158 de la Constitución Política. A continuación, se presenta el texto de la
disposición acusada de inconstitucional, así como los argumentos presentados por el
demandante para justificar la demanda.
La disposición normativa demandada
2. El texto del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021, es el siguiente:
“LEY 2161 DE 2021
(noviembre 26)[3]
"Por la cual se establecen medidas para promover la adquisición, renovación y no
evasión del seguro obligatorio de accidentes de tránsito (SOAT), se modifica la ley
769 de 2002 y se dictan otras disposiciones
EL CONGRESO DE COLOMBIA
DECRETA:
[…]
“ARTICULO 10°. Medidas Antievasión. Los propietarios de los vehículos
automotores deberán velar porque los vehículos de su propiedad circulen:[4]
a. Habiendo adquirido el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito,
b. Habiendo realizado la revisión tecnicomecánica en los plazos previstos por la ley,
c. Por lugares y en horarios que estén permitidos,
d. Sin exceder los límites de velocidad permitidos,
e. Respetando la luz roja del semáforo.
“La violación de las anteriores obligaciones implicará la imposición de las sanciones
previstas en el Artículo 131 del Código Nacional de Tránsito modificado por la
Ley 1383 de 2010 para dichos comportamientos, previo el cumplimiento estricto del
procedimiento administrativo contravencional de tránsito.”
La demanda
3. La demanda se fundamentó en dos cargos. El primero de ellos, en que la disposición
acusada presuntamente contraría el artículo 158 de la Constitución en el que se establece el
principio de unidad de materia. A juicio del demandante, el artículo demandado excede el
objeto de la Ley 2161 de 2021, el cual, en consonancia con su artículo 1, corresponde a
promover medidas contra la evasión en la adquisición del Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito y hacer modificaciones “para los accidentes de tránsito”.[5] El
segundo cargo se sustenta en la presunta violación, por parte del artículo demandando, de
los artículos 6 y 29 de la Constitución, en tanto desconoce “el principio de responsabilidad
personal por [cuanto] presume que el propietario será quien deberá asumir las sanciones
derivadas del proceso administrativo sancionatorio, aunque este no hubiese cometido las
infracciones, lo cual a su vez vulnera el derecho fundamental a la presunción de
inocencia.”[6] Estos argumentos fueron desarrollados en la demanda, como se expone a
continuación.
4. Vulneración artículo 158 de la Constitución. El demandante expuso que el artículo
acusado transgrede el artículo 158 de la Constitución, porque el artículo 1 de la ley indica
que esta tiene por objeto “establecer medidas para la lucha contra la evasión en la
adquisición del SOAT mediante la adopción de incentivos que promuevan hábitos óptimos
de conducción y de seguridad vial”, por lo que no se advierte que este tenga relación
alguna con “el tema sancionatorio en materia de multas de tránsito”. Además, “las
infracciones que se contemplan en el Art. 10 de la Ley 2161 de 2021 no guardan relación
con el SOAT”, salvo la multa que se relaciona con la adquisición de este.[7]
5. Para sustentar su postura, el demandante citó el artículo 1 en el que se delimita el
objeto de la Ley 2161 de 2021 así:
“La presente Ley tiene por objeto establecer medidas que permitan luchar contra la evasión
en la adquisición del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT); mediante la
adopción de incentivos que promuevan hábitos óptimos de conducción y de seguridad vial.
Así mismo, como mecanismo contra las prácticas inadecuadas al momento de siniestrar la
póliza; se prevé el use de herramientas tecnológicas que garanticen la autenticidad,
integridad, conservación y posterior consulta y use probatorio de la información sobre el
siniestro. A su vez, con el fin de garantizar la sostenibilidad y optimizar la destinación y
eficiencia de los recursos del sistema; deberá implementarse la modernización de la
nomenclatura, clasificación y tarifas de los procedimientos médicos, quirúrgicos y
hospitalarios para la atención de los siniestros del SOAT. Como también, deberá efectuarse el
fortalecimiento técnico de la Administradora de los Recursos del SGSSS -ADRES- para
adelantar los procesos de recuperación de cartera par los pagos que efecta (sic) como
consecuencia de los accidentes de tránsito de vehículos no identificados y/o no asegurados”.
6. En esta línea, afirmó que el objeto de la Ley 2161 de 2021 “se encuentra
relacionado a la materia del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) y
aquellas actividades afines o derivadas a este, concretamente la ley refiere que su objeto
es: 1. Luchar contra la evasión en la adquisición del SOAT, 2. Referente a las prácticas
inadecuadas al momento de utilizar la póliza. 3. Garantizar la sostenibilidad y optimizar
la destinación y eficiencia de los recursos del sistema. 4. Implementar la modernización
de la nomenclatura, clasificación y tarifas de los procedimientos médicos, quirúrgicos y
hospitalarios para la atención de los siniestros del SOAT y 5. Fortalecimiento técnico de
la Administradora de los Recursos del SGSSS -ADRES para adelantar los procesos de
recuperación de cartera para los pagos que efecta (sic) como consecuencia de los
accidentes de tránsito de vehículos no identificados y/o no asegurados.”[8]
7. En virtud de lo anterior, anotó que “no se observa en el objeto que (sic) se trate
sobre el tema sancionatorio en materia de multas de tránsito”,[9] y que las infracciones
que se contemplan en el artículo acusado “no guardan relación con el SOAT”, salvo la que
se relaciona con la adquisición de este.[10] Además, el objeto de la ley “habla de incentivos
para promover hábitos”, mientras que el artículo acusado dispone sanciones, que no son
incentivos.[11]
8. Como corolario de lo anterior, concluyó que el artículo demandado no guarda
relación con el objeto de la Ley 2161 de 2021 y respalda esa afirmación mediante una cita
de la Sentencia C-133 de 2012 que señala que, en virtud de los artículos 158 y 163 de la
Constitución, “en toda ley debe existir correspondencia lógica entre el título y su
contenido normativo, así como también, una relación de conexidad interna entre las
distintas normas que la integran.”[12]
9. Vulneración de los artículos 6 y 29 de la Constitución. El demandante explicó que
conforme al artículo 6 de la Constitución los particulares solamente son responsables ante
las autoridades por infringir la Constitución y las leyes. Ello, a su juicio, significa que
“para la imposición de una sanción administrativa se debe garantizar el principio de
responsabilidad personal”, como “garantía obligatoria de cara al poder del Estado”,[13]
por lo que “el propietario de un vehículo no puede ser responsable administrativamente
por lo que realice el conductor (en el caso de que se trate de personas diferentes)”,
porque “materialmente le es imposible controlar que aquella persona que conduce el
vehículo de su propiedad conduzca respetando la luz roja del semáforo, sin exceder los
límites de velocidad permitidos, por lugares y en horarios que estén permitidos, habiendo
realizado la revisión tecnicomecánica en los plazos previstos o habiendo adquirido el
Seguro Obligatorio de Tránsito (estas dos, solamente en el evento que no tenga en su
posesión el vehículo”.[14]
10. Conforme a lo anterior, para el demandante, si bien el “propietario de un vehículo
automotor debe velar por el cumplimiento de las normas de tránsito mientras este se
encuentre en su poder”,[15] este “no puede responder administrativamente por las
conductas contrarias a la ley que ha cometido otra persona, pues la constitución (sic)
dispone que al ser particular, solamente responde por las contravenciones que este
cometa”.[16] Esa lectura, en su criterio es la que “guarda estrecha relación con el principio
de plena identificación contemplado en el Art. 1 del Código Nacional de Tránsito, así
como el parágrafo primero del artículo 129 de la misma normatividad, el cuál estipula
que las multas no pueden ser impuestas a persona distinta de quien cometió la
infracción”.[17]
11. Así pues, para el demandante, la disposición acusada vulnera el artículo 6 de la
Constitución porque “le impone una carga desproporcionada al propietario al obligarlo a
velar por el cumplimiento de las normas de tránsito, inclusive cuando [el vehículo] está
en posesión o uso de otra persona, pues en caso [de] violación de tales obligaciones, se
impondrán las sanciones previstas en el Código Nacional de Tránsito.”[18]
12. Asimismo, señaló que “si bien el artículo en mención no habla como tal de una
solidaridad entre propietario y conductor en materia de tránsito, existe una ambigüedad
que da lugar a (…) interpretar que existe una solidaridad entre estos”,[19] porque el
artículo “indica una obligación imputable a los propietarios consistente en ‘velar porque
los vehículos de su propiedad” circulen en cumplimiento de las cinco condiciones
referidas en los literales de dicha disposición. Además, la obligación “no hace mención a
una excepción ni circunstancia de modo, tiempo o lugar” y, luego, explicó que “la
violación de las anteriores obligaciones implicará la imposición de las sanciones
previstas en el artículo 121 del Código Nacional de Tránsito”.[20]
13. Así, pues, para el demandante, el artículo acusado “genera incertidumbre en cuanto
al respeto de garantías constitucionales ineludibles en el ejercicio del poder punitivo del
Estado, propiamente en cuanto al deber de identificar a la persona que está cometiendo la
infracción” [21] que exige a las autoridades de tránsito “presentar elementos materiales
probatorios claros y suficientes que permitan demostrar quien era la persona que iba
conduciendo un vehículo y con base, en ello proferir una resolución sancionatoria”.[22]
Esto, porque el artículo solamente “hace mención al propietario como sujeto de la
obligación y eventual responsable por la comisión de la conducta”,[23] lo que a juicio del
demandante implica que el artículo “no señala con claridad a quien se le impondrá la
sanción administrativa, por el contrario, refiere indirectamente que si el propietario del
vehículo no cumple con la obligación impuesta (…) se le impon[drán] las sanciones que
contempla el Código de Tránsito”.[24]
14. Al respecto aclaró que el problema central “no es la vinculación del propietario al
proceso contravencional sino que se imponga la sanción administrativa a este
argumentando el no cumplimiento a velar porque los vehículos de su prioridad” circulen
dando cumplimiento las cinco condiciones referidas en los literales a) a e) de ese mismo
artículo”.[25]
15. También indicó que la disposición acusada remite al artículo 131 del Código
Nacional de Tránsito “respecto a la tipificación de las sanciones”.[26] Sin embargo, en su
criterio, ello no esclarece quién es el sujeto sancionable por esas conductas, por lo tanto,
en su opinión, es posible concluir que si el “propietario no vela por las obligaciones
establecidas en ese artículo será acreedor de las sanciones contempladas en el Artículo
133 del Código Nacional de Tránsito” lo que “a su vez sería una responsabilidad
solidaria creada de forma indirecta por la normatividad”,[27] máxime si se considera que
“para las multas de tipo B, C, y D, [el artículo 133 del Código Nacional de Tránsito]
estipula que se les impone al conductor y/o propietario de un vehículo automotor, es decir,
que no define específicamente a uno”, lo cual tiene la consecuencia de que los
“organismos de tránsito tengan la obligación de identificar al conductor del vehículo.”[28]
16. Por otra parte, mencionó que la ambigüedad de la norma afecta el artículo 29 de la
Constitución Política, porque permite “inferir que aunque sea otra persona quien cometa
las infracciones, el propietario será sancionado por omitir su deber en velar que el
vehículo del cual es propietario, circule con las obligaciones contempladas en el Art. 10
de la Ley 2161 del 2021.”[29] En ese sentido, el demandante considera que el artículo
acusado permite sancionar “a una persona que no ha cometido la infracción”, por el
hecho de “no velar por las obligaciones como propietario”,[30] lo cual, además, desconoce
los presupuestos definidos para la solidaridad en materia sancionatoria administrativa y el
derecho fundamental a la presunción de inocencia contemplado en el art. 29 de la
Constitución Política, pues se estaría sancionando a una persona que no ha cometido la
infracción. De modo que, en palabras del actor, la norma acusada desconoce “el principio
de responsabilidad personal por cuando presume que el propietario será quien deberá
asumir las sanciones derivadas del proceso administrativo sancionatorio, aunque este no
hubiere cometido las infracciones, lo cual a su vez vulnera el derecho fundamental de
presunción de inocencia”.[31]
17. En virtud de lo anterior, afirmó que es necesario que la “Honorable Corte
Constitucional precise y aclare el alcance de este artículo, decidiendo sobre la
declaratoria de inexequibilidad o en forma subsidiaria, una exequibilidad condicionada
bajo el entendido de que la sanción no se puede imponer a persona distinta a quien
cometió la infracción y por tanto se debe identificar plenamente a la persona que
conducía el rodante al momento de la comisión de la infracción”.[32]
Trámite procesal
18. La demanda fue admitida mediante el Auto del 4 de marzo de 2022, en el que,
además, se dispuso: (i) la comunicación sobre el inicio del proceso a los Presidentes del
Senado de la República y de la Cámara de Representantes, al Presidente de la República,
al Ministro del Interior y al Ministro de Justicia y del Derecho; (ii) el traslado a la
Procuradora General de la Nación; (iii) la fijación en lista del asunto; y, (iv) la invitación a
diversas entidades públicas y privadas, para que rindieran su concepto técnico.[33]
19. En estricto orden cronológico, se recibieron en el proceso las intervenciones de: (i)
la Universidad Surcolombiana;[34] (ii) la Federación Colombiana de Municipios;[35] (iii) la
Federación Nacional de Departamentos;[36] (iv) el Ministerio de Transporte;[37] (v) la
Superintendencia de Transporte;[38] (vi) la Universidad de Caldas;[39] (vii) la Universidad
Pontificia Bolivariana;[40] (viii) la Defensoría del Pueblo;[41] (ix) el ciudadano Hernán
David Martínez Gómez; (x) la Secretaría de Movilidad de Medellín;[42] (xi) la Veeduría de
Movilidad de Pereira;[43] (xii) la Universidad Sergio Arboleda;[44] (xiii) la Academia
Colombiana de Jurisprudencia;[45] y, (xiv) la Secretaría Distrital de Movilidad.[46]
20. Según informe de la Secretaría General de la Corte Constitucional, la intervención
de la Procuraduría General de la Nación se remitió dentro de término legal previsto para
tal efecto, específicamente, el 3 de mayo de 2022.[47]
Las intervenciones
21. Por razones metodológicas, las intervenciones se agruparán a partir de su solicitud
principal, en cuatro categorías: (i) las que defienden la exequibilidad del artículo
demandado; (ii) las que consideran que el precepto acusado es compatible con la
Constitución, pero encuentran necesario un pronunciamiento en el que se condicione la
aplicación del mismo; (iii) las que solicitan que se declare la inexequibilidad parcial o
total de la disposición acusada; y (iv) las que solicitan a la Corte Constitucional declararse
inhibida para decidir de fondo respecto de uno u ambos cargos y presentan solicitudes
adicionales o subsidiarias.
Intervenciones que defienden la exequibilidad de la disposición demandada
22. La Federación Colombiana de Municipios solicitó a la Corte Constitucional “no
acceder al petitum de la demanda”, en tanto, a su juicio, la disposición demandada no sólo
no es violatoria de los artículos 6, 29 y 158 de la Constitución Política, sino que, por el
contrario, es acorde y consecuente con el artículo 95 de la Constitución que establece la
obligación a cargo de todo colombiano de cumplir la Constitución y las leyes lo cual exige
obrar conforme al principio de responsabilidad social. Precisó que la propiedad tiene una
función social que implica deberes dentro de la comunidad, tal como lo es el respeto al
derecho ajeno y el cumplimiento de “al menos” las exigencias dispuestas en el artículo
demandado.[48]
23. Asimismo, señaló que la disposición acusada contiene una medida que “reprime o
desincentiva la ocurrencia de 5 circunstancias que pueden generar peligro o riesgo de
lesiones o muerte, afectan la movilidad de los actores viales o su atención inmediata”.[49]
Al respecto, explicó que “las normas de carácter sancionatorio deben ser lo
suficientemente disuasivas para generar un efecto de prevención, de lo contrario, de nada
sirve establecer obligaciones o prohibiciones que fácilmente son incumplidas, como
cuando es imposible establecer la identidad de la persona que conduce un vehículo que
transita reiteradamente sin SOAT, sin revisión tecnicomecánica (sic), vulnerando los
límites de velocidad (…)”.[50] Es por lo anterior, que, en criterio de la Federación
Colombiana de Municipios, es necesario “establecer una SANCIÓN DIRECTA, no
solidaria, para el propietario de un vehículo”, que infrinja “obligaciones determinadas en
las normas de tránsito”, para cumplir con “una función preventiva que le infringe al
propietario la responsabilidad necesaria, respecto del uso adecuado del bien de su
propiedad, inclusive si lo entrega a otro, para conducirlo”.[51]
24. De otra parte, explicó que la disposición demandada no es violatoria del derecho al
debido proceso. Para justificar esa postura, analizó, de forma individual, los incisos del
artículo demandando. Respecto de la responsabilidad de adquirir el Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito, señaló que ese seguro “no es una póliza común de carácter
resarcitorio”, sino que “es todo un mecanismo que busca garantizar la atención inmediata
de los heridos en accidentes de tránsito, pero que también se ocupa de gastos funerarios,
incluso cuando se desconoce la identidad del conductor o el vehículo involucrado en un
accidente; es un seguro social que ‘sin ninguna discriminación’, opera de forma
automática e inmediata, cuya cobertura y amparos disminuyen en la medida que aumenta
la evasión, más aún, cuando la cantidad de heridos y víctimas fatales aumentan”.[52]
Además, “del valor cancelado por concepto del SOAT, el Estado recauda un porcentaje
con el que se garantizan los gastos de atención de víctimas y otro para la implementación
de la política de seguridad vial del país”.[53] Sin embargo, el RUNT reveló que “el 47% de
los vehículos culminó el año con una evasión al seguro obligatorio, es decir, 7,9 millones
de vehículos en todo el territorio nacional no cuentan con esta póliza”.[54] Por tanto,
señaló que es necesario “dar herramientas a las autoridades de tránsito para que hagan
cumplir, al propietario del vehículo, con la obligación contenida en la ley en este sentido”.
[55]
25. Respecto de la obligación de realizar la revisión técnico-mecánica en los plazos
previstos en la ley señaló que en Colombia “a finales del año 2021, el 57%, unos 8,1
millones de vehículos, no habían realizado” esa revisión.[56] Sin embargo, “solamente a
través de una revisión técnica y profesional, es posible determinar si un vehículo
representa peligro en las vías”, ya que “dicha revisión incluye la verificación de los
sistemas de frenos, de luces o señales, de los cinturones de seguridad, del estado de las
llantas (entre otros)”,[57] por lo que “es legítimo reclamar al propietario, que realice [esa
revisión] en los plazos previstos”, puesto que no es “una carga que el propietario no
pueda soportar”, sino que esa obligación “implica una mínima responsabilidad, no solo
frente a la seguridad vial, sino también de carácter ambiental”.[58]
26. En relación con las obligaciones consignadas en los literales c, d y e del artículo
objeto de control, señaló que no puede “desconocerse la función preventiva o disuasiva de
las sanciones legales”, y que, en este caso, “se busca de todas las formas posibles, que no
se violen los límites de velocidad, en tal sentido, es el propietario por su condición, el
llamado a tomar las medidas necesarias para evitar ser sancionado, (…) [como]
RESPONSABLE DIRECTO, no en forma solidaria”.[59]
27. Adicionalmente, indicó que la disposición demandada no vulnera los
pronunciamientos anteriores de la Corte Constitucional, porque es claro que “el legislador
con la norma demandada no buscó establecer un tipo de responsabilidad solidaria, todo
lo contrario, se trata de sanciones directas, por responsabilidad que, con esta nueva
norma, si se desprenden de las omisiones de los propietarios, no de sus acciones”.[60] De
modo que, “el proceso se adelantará directamente en contra del propietario y no en
calidad de solidario y es por ello por lo que la misma norma se encarga de aclarar que se
debe garantizar el debido proceso”.[61] Además, indicó que el principio de plena
identificación fue creado por la Ley 769 de 2002, la cual también “creó el registro
nacional automotor, que tiene por objeto mantener actualizados el registro de todos los
datos de los vehículos incluido su propietario (…)”.[62]
28. Por último, expuso que la disposición demandada no garantiza el recaudo de multas,
sino que procura el cumplimiento de las obligaciones contenidas en las normas de tránsito,
en tanto “se trata de una medida preventiva, que busca restringir el incumplimiento de
obligaciones mínimas de tránsito que buscan a su vez, la disminución de la cantidad de
accidentes, del número de heridos y víctimas fatales, y que evitan la situaciones que
afectan la movilidad de las personas, lo cual además también es un derecho
fundamental”.[63]
29. La Federación Nacional de Departamentos indicó que la disposición acusada “debe
ser declarada exequible”, porque “la sanción al propietario del vehículo por la violación
de las obligaciones previstas en la norma demandada, sólo puede darse cuando se
garantice el debido proceso”, es decir cuando “la autoridad correspondiente encuentre
plenamente acreditados los elementos de la responsabilidad, incluida la imputación
personal, respetando así la presunción de inocencia y el derecho a la defensa de quienes
se consideren solidariamente responsables, así como la plena demostración de que la
infracción fue cometida por quien la ley le atribuye responsabilidad solidaria o participó
de alguna manera efectiva en su realización”.[64] Al respecto, señaló que en el
procedimiento se deben proteger y respetar los derechos de los presuntos infractores, para
lo cual se deben aplicar las Sentencias C-530 de 2003, C-980 de 2010 y C-038 de 2020
proferidas por la Corte Constitucional.
30. Así pues, en criterio de la Federación Nacional de Departamentos la disposición
demandada “se aprecia razonable en cuanto a sus fines dado que persigue el
cumplimiento de unos mínimos exigidos a los propietarios de vehículos automotores en
aras de asegurar la vida e integridad de todos los actores viales”, ya que la disposición
“persigue el cumplimiento de reglas básicas de tránsito como el aseguramiento por la
ocurrencia de accidentes, la revisión periódica y técnica de las condiciones del vehículo,
el respeto por normas de seguridad vial relativas al límite de velocidad y atender reglas
derivadas de la semaforización, de suerte que desde esta perspectiva la constitucionalidad
de la norma resulta inobjetable”.[65]
31. El Ministerio de Transporte solicitó a la Corte Constitucional que “declare la
exequibilidad del artículo 10 de la ley 2061 de 2021”, porque (i) la “lectura sistemática
interna del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 (…) arroja unas muy diferentes
conclusiones interpretativas de las conclusiones (…) a las cuales llega la parte
accionante”,[66] y (ii) la supuesta “falta de Unidad de Materia del artículo 10 de la Ley
2161 de 2021 basada en esta imputación además [de] no ser cierta (…) se encuentra
desvirtuada con el mismo objeto de la Ley 2161”.[67]
32. Respecto de lo primero, el Ministerio de Transporte, después de analizar cada uno de
los incisos de la disposición demandada, señaló que esta “plantea una relación de deber
finalistico (sic) de uso del SOAT mediando hábitos de buen comportamiento tributantes de
la seguridad vial, con identificación de los escenarios sancionatorios que transitan por la
normativa de disposiciones distintitas de la Ley 2161 de 2021”.[68] Por tanto, en su
criterio, “[m]al se puede como lo hace la parte actora (…) reclamar tal premisa de
inexequibilidad, basándose en supuesta solidaridad de imputación por conducta
transgredente (sic) de la normativa de seguridad vial de Tránsito, dada la notoria
ausencia de imputaciones descriptivas que se plasmen en conductas típicas establecidas
en el citado artículo 10 de la ley 2161 de 2021, pues se observa de la literalidad misma
que no existe el menor elemento de técnica legislativa, que sea constructivo de imputación
al interior de esta disposición y menos existe elemento alguno de concreción en
consecuencias punitivas plasmados allí”.[69] Respecto de esto último, explicó que “no
puede existir en la disposición del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 descripción típica
de conductas infractoras del régimen de seguridad vial en tránsito, cuando dicho régimen
ya existe en el Artículo 131 del Código Nacional de Tránsito modificado por la Ley 1383
de 2010”.[70]
33. En relación con la unidad de materia, señaló que el artículo demandado corresponde
al objeto de la Ley, el cual consiste en “la adopción de incentivos que promuevan hábitos
óptimos de conducción y de seguridad vial” y en servir de “mecanismo contra las
practicas inadecuadas al momento de siniestrar la póliza”, porque el primer párrafo de la
disposición acusada “indica al propietario del vehículo automotor el deber de velar por
los buenos hábitos de comportamiento en el uso, funcionamiento, movilidad y disposición
con el fin de constituirse en condición medible de la no evasión en la adquisición del
SOAT, en el uso responsable y adecuado del SOAT evitando el respaldo a conductas
inadecuadas en contra de la seguridad Vial que incrementen la afectación de la misma y
que incremente siniestralidad a través de la Póliza”.[71] Lo anterior, según expuso, “se
conecta internamente con el Párrafo Segundo del artículo 10 de la Ley en el señalamiento
de los consecuenciales efectos de comportamientos contrarios a los buenos hábitos de
comportamiento de seguridad vial que establece el régimen sancionatorio del tránsito”.
[72]
34. Asimismo, afirmó que el artículo 2 de la Ley 2161 de 2021 regula “de manera clara
como incentivo el estímulo a los buenos hábitos de comportamiento social dirigidos a la
obtención de la seguridad vial protectora de la vida de los ciudadanos y dirigidos al uso
adecuado del SOAT como reflejos de comportamientos responsables con disminución de
siniestralidad que se traduce en disminución de accidentalidad en la vías y carreteras del
país; motivación y fines del artículo 10”.[73] Y añadió que el artículo 7 de esa misma Ley
“dispone en relación sistemática con el contenido de deber consagrado en el artículo 10,
que la seguridad vial, los planes de acción para la obtención de buenos comportamientos
dentro de la misma, la evasión y el fraude en la adquisición del SOAT, son variables de
revisión periódica por parte del Ministerio de Transporte, el Ministerio de Salud y
Protección Social, la Agencia Nacional de Seguridad Vial, la Superintendencia
Financiera de Colombia, la Superintendencia Nacional de Salud y la Dirección de
Tránsito de la Policía Nacional”.[74]
35. En consecuencia, concluyó que el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 “se encuentra
en Unidad de Materia no solamente con el objeto de la Ley 2161 de 2021 sino también
articulado temáticamente con el estimulo (sic) y las revisiones periódicas a los hábitos de
buenos comportamientos de seguridad vial, de uso adecuado del SOAT, con las revisiones
periódicas sobre los mismos de las autoridades de tránsito del orden nacional que
establece la misma ley en las disposiciones de los artículos 2 y 7”.[75]
36. La Superintendencia de Transporte solicitó “la declaración de constitucionalidad del
artículo 10 de la Ley 2161 de 2021”, porque, en su criterio esa disposición no “desconoce
el artículo 29 de la Constitución ni se consagran formas de responsabilidad objetiva o
automática, pues es necesario que en el procedimiento administrativo se le permita el
ejercicio del derecho de defensa al propietario y que se demuestre su responsabilidad”.[76]
Además, considera que la disposición tampoco crea una forma de responsabilidad
solidaria entre propietario y conductor, “toda vez que se trata de un sistema de
responsabilidad directa individual del propietario del vehículo cuando le sea atribuible el
incumplimiento de las obligaciones previstas en la norma, situación que como se dijo
deberá ser establecida en el procedimiento administrativo contravencional de tránsito”.
[77]
37. Sobre estos aspectos, indicó que la disposición “en su inciso final, (…) remite a las
infracciones descritas en el artículo 131 del Código Nacional de Tránsito Terrestre y
señala expresamente que la imposición de la sanción se hará ‘previo el cumplimiento
estricto del procedimiento administrativo contravencional de tránsito’”,[78] lo cual implica
que: (i) en virtud de la sentencia C-980 de 2010 “la obligación atribuida al propietario de
tener que pagar la multa, solo puede tener lugar, como consecuencia de su vinculación
formal a la actuación administrativa, y luego de que se establezca plenamente su
culpabilidad en la infracción”; (ii) según lo preceptuado en el artículo 129 de la Ley 769
de 2002 y en atención a lo señalado por la Corte Constitucional en la Sentencia C-530 de
2003 “el propietario sólo será llamado a descargos, cuando existan elementos
probatorios que permitan inferir que probablemente es el responsable de la infracción”; y
(iii) según la Sentencia C-980 de 2010, “se requiere, entonces, que se garantice al
propietario la posibilidad de intervenir en la actuación y ejercer su derecho a la defensa,
pues, como lo prevé el artículo 129 del Código Nacional de Tránsito, las multas no
pueden ser impuestas sino a la persona que cometió la infracción”.[79]
38. De otra parte, en relación con el principio de unidad de materia, la Superintendencia
de Transporte adujo que la expedición de la Ley 2161 de 2021 “se derivó de tres proyectos
acumulados, entre ellos el Proyecto de Ley 155 de 2020 de la Cámara de Representantes,
cuyo objeto era (…) ‘incentivar el buen comportamiento vial de los propietarios de
motocicletas y/o usuarios de las mismas; aunado a lo anterior, las medidas previstas en el
presente proyecto de ley buscan la paridad frente a los costos del seguro SOAT entre los
propietarios de vehículos automotores’[80]”.[81]
39. Añadió que, en la exposición de motivos del informe de ponencia para primer debate
en la Cámara de Representantes, sobre la justificación y conveniencia del proyecto, se
señaló que “[e]l panorama colombiano en materia de seguridad vial es preocupante, no
sólo por los altos niveles de accidentalidad que se observan en el país sino porque, de
acuerdo con Fasecolda, son estos accidentes de tránsito una de las principales causas de
muertes violentas en Colombia. Este proyecto de ley propone incentivar un
comportamiento idóneo frente a la responsabilidad social que representa la acción de
conducir un vehículo, que es jurídicamente considerada como una actividad peligrosa, y
la necesidad de cuidado que se debe tener con respecto a los demás actores viales”.[82]
40. En consonancia con lo anterior, indicó que “desde las primeras etapas del trámite
legislativo en cuestión se previó la adopción de incentivos para promover hábitos óptimos
de conducción y seguridad vial”, por lo que el proyecto que derivó en la expedición de la
Ley 2161 de 2021 “no debe entenderse simplemente como la intención de introducir
cambios en la regulación del SOAT inspirada única y exclusivamente en aspectos técnicos
de los seguros, sino que debe analizarse en el contexto de la seguridad vial y de todas las
normas que regulan el comportamiento de los actores viales, así como de los requisitos
para transitar en el territorio nacional”.[83]
41. En consecuencia, concluyó que “se puede afirmar que existe un vínculo razonable
entre el contenido del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 y la materia de la ley analizada
en su conjunto, pues ésta versa como un todo en una modificación a las normas de
tránsito”.[84]
42. La Secretaría de Movilidad de Medellín solicitó a la Corte Constitucional declarar
“conforme con la Constitución el desarrollo normativo contenido en el artículo 10 de la
Ley 2161 de 2021”.[85] En relación con la ausencia de vulneración de los artículos 6 y 29
de la Constitución señaló que la disposición demandada “no consagra una
responsabilidad solidaria entre conductor y propietario (…) debido a que en el supuesto
de hecho de la disposición normativa no se establece una pluralidad de sujetos a los
cuales se les pueda atribuir la consecuencia jurídica”,[86] sino que “establece un régimen
de responsabilidad personal a título de culpa para los propietarios que incumplan con el
papel de garante o el deber de velar que con los vehículos de su propiedad no se cometan
las cinco (5) infracciones de tránsito descritas en el referido desarrollo legislativo, en
concordancia con el artículo 131 del Código Nacional de Tránsito Terrestre, modificado
por la Ley 1383 de 2010”.[87]
43. Indicó que la responsabilidad es a título de culpa porque la autoridad de tránsito en
el trámite del procedimiento contravencional “debe verificar de acuerdo con los principios
de responsabilidad jurídica, función social de la propiedad, buena fe y prohibición del
abuso del derecho consagrados en los artículos 1, 2, 6, 58, 83 y 95 numeral 1 de la
Constitución, en concordancia con el principio de debida diligencia establecido en el
artículo 63 del Código Civil, la existencia de la negligencia, descuido o despreocupación
por parte del propietario del vehículo de cumplir con el papel de garante asignado por el
Legislador en el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021”.[88]
44. De otra parte, señaló que la disposición acusada no vulnera el derecho fundamental
de presunción de inocencia, porque no genera “la posibilidad de que una persona pueda
ser sancionada por hechos cometidos por otra persona, debido a que para cada caso en
concreto la autoridad de tránsito deberá identificar si la infracción de tránsito se genera
por la actividad de conducir o son infracciones atribuibles directamente al propietario en
su condición de papel de garante, y de acuerdo con el trámite del procedimiento
administrativo resolver la situación contravencional mediante la valoración razonable de
las pruebas que reposen en el expediente administrativo, imputando la sanción que
normativamente corresponda o absolviendo en los casos que resulte procedente”.[89]
Además, la vinculación formal del propietario del vehículo al proceso administrativo
sancionatorio de acuerdo con el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 “no genera una
sanción automática en contra del referido propietario, por el contrario su vinculación
permite efectivizar el derecho fundamental al debido proceso consagrado en el artículo 29
de la Constitución”.[90]
45. Al respecto, aclaró que “el supuesto de hecho y la consecuencia jurídica regulada
por el Legislador en el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 es diferente al contenido
declarado inconstitucional en el parágrafo 1 del artículo 8 de la Ley 1843 de 2017”
mediante la Sentencia C-038 de 2020, porque mientras que el artículo 10 de la Ley 2161
de 2021 “establece un régimen de responsabilidad personal a título de culpa para los
propietarios que incumplan con el papel de garante asignado”, el parágrafo 1 del artículo
8 de la Ley 1843 de 2017 “regulaba una responsabilidad solidaria entre el conductor y el
propietario de vehículos de servicio particular por la detección electrónica de
infracciones de tránsito”. Por tanto, la Sentencia C-038 de 2020, aplica únicamente en
este último escenario.[91]
46. Posteriormente, señaló que la asignación expresa del papel de garante que realiza el
Legislador a los propietarios de vehículos por medio del artículo 10 de la Ley 2161 de
2021 no genera una carga desproporcionada a éstos, “debido a que el reconocimiento de
esta figura jurídica no es nueva con relación al derecho de propiedad, debido a que en
materia civil el Legislador ya la había utilizado para salvaguardar principios y derechos
constitucionales”.[92] Además, según la Secretaría de Movilidad de Medellín, la Corte
Constitucional “ha establecido que la conducción de vehículos automotores y no
motorizados representan una actividad objetivamente peligrosa por su alta potencialidad
y capacidad de generar un incidente de tránsito que genere la muerte, lesión personal o
daño de los bienes de los actores viales, el cual podrá concurrir con la afectación de la
infraestructura de transporte terrestre”.[93] En consecuencia, ha reconocido “que en
materia de tránsito el Legislador tiene una libertad de configuración legislativa de la
Constitución más amplia que en otras materias”.[94]
47. Por último, señaló que el demandante al construir el cargo que se fundamenta en la
supuesta ausencia de unidad de materia de la disposición acusada con la finalidad de la
Ley 2161 de 2021 “realiza una interpretación desarticulada del objeto y la finalidad
constitucional que el Congreso de la República asigno (sic) a la disposición normativa de
acuerdo con el principio de libertad de configuración legislativa de la Constitución”.[95]
48. Así pues, en su criterio, el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 no vulnera el principio
de unidad de materia legislativa, porque “consagra: (i) una medida coherente para evitar
la evasión en la adquisición y renovación del Seguro Obligatorio de Accidentes de
Tránsito – SOAT; (ii) un incentivo negativo representado en el efecto disuasivo, preventivo
y correctivo que contiene la sanción de tránsito, con el objetivo de promover en los
propietarios de vehículos la formación de hábitos, comportamientos y conductas seguras
en la vía, y, (ii) una modificación y complementación del Código Nacional de Tránsito
Terrestre porque asigna expresamente a los propietarios de los vehículos un papel de
garante con el objetivo de evitar la comisión de cinco (5) infracciones de tránsito
relacionadas con la evasión en la adquisición y renovación del SOAT, y comportamientos
que afectan el principio fundamental de seguridad vial porque colocan en riesgo la vida,
la integridad personal y los bienes de los actores viales”.[96]
49. La Secretaría Distrital de Movilidad de Bogotá solicitó “que sea declarado exequible
el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021”. Explicó que mediante la disposición acusada “se
establecieron obligaciones para que los propietarios de los vehículos velen por ciertas
condiciones en la circulación de estos, conductas que pueden ser objeto de control en vía
o a través de medios tecnológicos como la fotodetección”,[97] por lo que “no consagra una
responsabilidad solidaria entre el propietario del vehículo y el conductor del mismo”.[98]
50. Por otra parte, expuso que el hecho que inicia la posible sanción por infracción a las
normas de tránsito, “es el comparendo, definido en el artículo 2 del Código Nacional de
Tránsito como la ‘orden formal de notificación para que el presunto contraventor o
implicado se presente ante la autoridad de tránsito por la comisión de una infracción’”,
[99]
y la Sentencia C-530 de 2003 señaló que “el levantamiento de un comparendo no
puede asimilarse a la imposición de la sanción”. Además, explicó que “cuando se impone
una orden de comparendo por la comisión de una infracción detectada a través de ayudas
tecnológicas, éste documento constituye una notificación de su imposición y a la vez, una
orden formal al presunto contraventor de comparecer ante la autoridad de tránsito, por lo
que no es un medio de prueba o documento idóneo para demostrar la ocurrencia de los
hechos”.[100]
51. Posteriormente, explicó el proceso contravencional regulado en el artículo 135 de la
Ley 769 de 2002 y que la disposición acusada no introdujo modificación alguna “a los
procesos y garantías previamente establecidas en la Ley en el marco del proceso
contravencional”, por lo que “continúa garantizando al presunto infractor los
presupuestos esenciales del debido proceso”,[101] ya que es en el proceso contravencional
donde se debe determinar la responsabilidad o no del propietario en la comisión de la
infracción, respecto del incumplimiento de las obligaciones que le impone el artículo 10
de la Ley 2161 de 2021. Por lo tanto, únicamente se sanciona “cuando quiera que se logra
la identificación plena del infractor por cualquier medio de prueba válido dentro del
proceso contravencional correspondiente, otorgándole todas las garantías al debido
proceso que trata el artículo 29 de la Constitución Política”.[102]
52. Asimismo, indicó que si bien es cierto que el parágrafo 1 del artículo 8 de la Ley
1843 de 2017 fue declarado inexequible mediante la Sentencia C-038 de 2020, esa
sentencia no aplica para el caso del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021, teniendo en cuenta
que el parágrafo 1 del artículo 8 de la Ley 1843 de 2017 creaba una responsabilidad
solidaria entre el propietario y el conductor, lo que no ocurre con la disposición
demandada, pues “contiene el reflejo de la responsabilidad individual del propietario de
un automotor, con el fin de contribuir a un mejoramiento en el comportamiento vial de los
actores en la vía, según lo establecido en el artículo 7 de la misma Ley 2161 de 2021”.[103]
53. Por último, afirmó que la disposición accionada no vulnera el principio de unidad de
materia, en tanto “desarrolla el principio de ‘identidad relativa’, en razón al cual, no
cambia ni modifica la finalidad del proyecto; por el contrario, contribuye al cumplimiento
del objetivo de la Ley relacionado con ‘establecer medidas que permitan luchar contra la
evasión en la adquisición del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT)’”.[104]
Esto, porque “indica a los propietarios de automotores el deber de velar por los buenos
hábitos de comportamiento en el uso y movilidad, con el fin de convertirse en herramienta
para la evasión en la adquisición del SOAT”.[105] Además, el artículo 2 de esa misma Ley,
regula de manera expresa el incentivo de las buenas prácticas en el comportamiento social
de los propietarios de automotores, y la disposición demandada, “consagra el deber de los
propietarios de velar por los adecuados comportamientos sociales de seguridad vial en
relación con la adquisición del SOAT, la vigente revisión técnico mecánica y con el
respeto a las normas de tránsito”.[106]
54. Así pues, señaló que “se logra evidenciar la conexión entre el objeto general de la
Ley 2161 de 2021 y la finalidad que se encuentra en el artículo 10 de la Ley, y
adicionalmente, entre este artículo y el estímulo y revisiones periódicas respecto de las
buenas prácticas de comportamiento social establecidos en los artículos 2 y 7 de la Ley
2161 de 2021”
Intervenciones que solicitan declarar la exequibilidad condicionada de la
disposición acusada
55. La Universidad Sergio Arboleda solicitó a la Corte Constitucional declarar la
exequibilidad condicionada del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021, “para que sea
interpretada según los mandatos legales y constitucionales”. Al respecto, indicó que de la
norma demandada se desprenden dos tipos de obligaciones diferentes: (i) “obligaciones
directas, exclusivas y razonables en torno al derecho de propiedad, tales como la
adquisición del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito o la revisión
tecnicomecánica”; y (ii) “obligaciones que se infieren en razón al uso del bien (vehículo
automotor) y a quien lo despliegue que, según las circunstancias del caso, podría ser el
propietario o un tercero”.[107]
56. A partir de esa distinción de obligaciones, señaló que se debe reconocer la existencia
de las dos realidades esbozadas por la disposición y “proceder a imponer la sanción
determinada por la ley (artículo 131 del Código Nacional de Tránsito, modificado por la
Ley 1383 de 2010) a quien directamente ha infringido la norma, según el caso, y no
convertir al propietario del vehículo automotor en un simple responsable solidario”,
porque sancionar al propietario “por su simple calidad o condición”, aun cuando no haya
participado directamente en los hechos constitutivos de la infracción, iría “en contravía
del sentir constitucional, legal y jurisprudencial”.[108]
57. Afirmó que esa conclusión encuentra sustento en diversos fallos de la Corte
Constitucional y para evidenciarlo citó extractos de las Sentencias C-038 de 2020, C-341
de 2014 y T-712 de 2016. Al respecto, precisó que “se hace necesario la vinculación
formal del propietario del vehículo automotor al proceso, donde se le deben garantizar de
manera plena el debido proceso y las garantías procesales, donde, a su vez, deberá
demostrar su responsabilidad sobre el hecho (culpa, dolo) y sólo bajo la existencia de
esta última aplicará la sanción”.[109]
58. Por último, señaló que la disposición demandada se encuentra conforme al principio
de unidad de materia porque el título de la Ley 2161 de 2021 “incluye la frase ‘y se dictan
otras disposiciones’ dentro de las cuales se puede incluir el tema sancionatorio”.[110]
Además, la Ley, en general, “esboza la materialización de prácticas adecuadas al
momento de conducir, así como hábitos óptimos en torno a dicha actividad”, por lo que
“guardaría conexidad además de cumplir una función finalista con el objetivo planteado y
guarda relación con los antecedentes y debates que precedieron a la referida ley”, al
“promover buenos hábitos en las vías por parte de quienes ejercen la actividad de
conducción sobre las mismas, lo que implica claramente obligaciones claras no sólo para
el propietario del bien (vehículo automotor) sino para aquellos que conduzcan”.[111]
59. La Universidad de Caldas afirmó que la demanda de inconstitucionalidad “cumple
con todos los cargos (…) de procedencia a excepción del cargo de especificidad”.[112] Sin
embargo, solicitó a la Corte declarar la “exequibilidad condicionada” del artículo 10 de la
Ley 2161 de 2021, bajo el entendido que “en ningún momento habrá responsabilidad
solidaria u objetiva de la persona que maneje un vehículo y no sea el propietario de dicho
vehículo, como lo ha señalado la Sentencia C-038/20”.[113]
60. Para justificar su postura, hizo referencia a las Sentencias C-309 de 1997, C-540 de
2003, C-980 de 2010 y C-038 de 2020 como antecedentes jurisprudenciales relevantes que
se deben tener en cuenta al analizar la disposición, y que han observado a “la
imposibilidad de la existencia de la responsabilidad objetiva en materia sancionatoria,
además de la obligatoriedad de identificar al presunto infractor de una norma de tránsito,
con el fin de quien sea este quien responda por la contravención y no necesariamente el
propietario del vehículo”, y a “la inexequibilidad de la responsabilidad solidaria”. Sin
embargo, indicó que la responsabilidad solidaria a la que alude el demandante “no aplica
ni tiene efectos en aquello que cubre la póliza del SOAT por lo anterior se considera que
dichos argumentos son improcedentes para sostener la tesis de la parte demandante”.[114]
61. Asimismo, expresó que “no existe una carga desproporcionada” que pudiere afectar
el debido proceso “toda vez que la responsabilidad no se atañe al SOAT, por el contrario,
la responsabilidad civil extracontractual que se encuentra dentro de las repercusiones del
siniestro se vincula directamente con lo expuesto en la Ley 1876/17, es decir, con las
sanciones que se apliquen al conductor del automotor cuando haya habido un siniestro.
En este sentido, es imposible hablar de una carga desproporcionada para el dueño del
automotor, puesto que el SOAT no posee vinculación alguna con las cargas procesales
que seguirán el accidente de tránsito”.[115]
62. En consecuencia, solicitó la declaratoria de exequibilidad condicionada porque “si
bien el demandante encuentra un vacío válido con respecto al pago del SOAT, el artículo
10 de la disposición acusada no establece claramente quién será el responsable a la hora
del resarcimiento frente a un accidente de tránsito, dado que esto se entenderá como algo
que pertenece al procedimiento administrativo contravencional de tránsito”.[116]
63. Por último, indicó que “al no existir responsabilidad objetiva o solidaria en materia
sancionatoria, la disposición normativa demandada carecería de sentido, de fuerza
sancionatoria y coercitiva, teniendo a lo sumo una obligatoriedad dentro del plano ético y
moral”,[117] por lo que indica que “sería incluso posible declarar la inexequibilidad de
toda la disposición normativa en caso de que no se busque trazar estos parámetros de
conducta, donde los propietarios de los vehículos velen porque sus vehículos circulen con
las calidades exigidas por la normatividad ya establecida en la materia, entre ello, por el
Código Nacional de Tránsito”.[118]
Intervenciones que solicitan declarar la inexequibilidad parcial o total de la
disposición acusada
64. La Universidad Surcolombiana solicitó a la Corte Constitucional “[d]eclarar la
inconstitucionalidad parcial del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021”,[119] porque “genera
incertidumbre en cuanto al ejercicio del poder punitivo del Estado frente a infracciones de
tránsito que se comenten en vehículos automotores bien sea por el propietario o por el
conductor”.[120]
65. Explicó que la Ley 769 de 2002 contiene definiciones diferentes para distinguir entre
el “propietario” y el “conductor” del vehículo y que, la Corte Constitucional “ha indicado
que las multas por infracciones de tránsito no deben ser para el propietario del vehículo,
es decir, esas multas deben ser pagadas por las personas que cometan las infracciones y
no por los propietarios; tumbando así la disposición de solidaridad entre los dos”.[121]
Además, en el caso de las foto multas se debe “identificar quién come[te] la infracción”,
ya que “no se puede imponer responsabilidad sancionatoria sobre la persona que no ha
cometido falta alguna”.[122]
66. Sin embargo, adujo que la norma en cuestión crea una solidaridad que “implica que
el propietario deba responder por infracciones cometidas por otro, como normalmente
puede darse por el conductor”, lo cual “resulta inconstitucional en materia
sancionatoria”, ya que los artículos 6 y 29 de la Constitución y la Sentencia C-038 de
2020 exigen “la imputación personal de la infracción para que así surja la obligación de
responder frente a reproches por violación a la Constitución o las leyes”.[123] Así pues,
afirmó que “la imputabilidad o responsabilidad personal, se exige únicamente respecto de
las acciones u omisiones propias del infractor, pues esa exigencia transversal no admite
excepciones ni modulaciones en materia administrativa sancionatoria”.[124] Al respecto,
recordó que la Corte Constitucional ya señaló que exigir que las sanciones sean “asumidas
solidariamente entre el conductor y el propietario del automotor, resulta contradictorio a
la Constitución y a los pronunciamientos de la Corte Constitucional”.[125]
67. Con fundamento en lo anterior solicitó declarar inexequible el último inciso de la
disposición demandada que dispone que “[l]a violación de las obligaciones [contenidas en
ese artículo] implicará la imposición de las sanciones previstas en el Artículo 131 del
Código Nacional de Tránsito modificado por la Ley 1383 de 2010 para dichos
comportamientos, previo el cumplimiento estricto del procedimiento administrativo
contravencional de tránsito”, teniendo en cuenta que “la declaratoria de
inconstitucionalidad de todo el artículo 10 de la Ley 2161, implicaría dejar un vacío
normativo en cuanto la obligación de los propietarios de vehículos automotores a circular
por las vías, poseyendo: 1. El Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito; 2. La
revisión tecnicomecánica; 3. Circular por lugares y en horarios permitidos; 4. Sin exceder
los límites de velocidad y; 5. Respetando la luz roja del semáforo”.[126]
68. La Pontificia Universidad Bolivariana solicitó declarar inexequibles los literales b),
c), d) y e) del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 por desconocer los artículos 6 y 29 de la
Constitución; concretamente, “el derecho de defensa, la presunción de inocencia y el
principio de imputabilidad personal”.[127]
69. Precisó que el artículo accionado prevé “cinco supuestos de hecho que generan
responsabilidad administrativa en cabeza del propietario de un vehículo automotor, con
independencia de si es el propietario quien lo conduce o un tercero”, en atención a “una
supuesta infracción de los deberes de garantía en cabeza de quien ostenta el derecho real
de propiedad sobre el vehículo”.[128] Sin embargo, dado que la Corte Constitucional “ha
derivado el principio constitucional de imputabilidad personal en materia sancionatoria
de los artículos 6 y 29 de la Constitución Política”, resulta necesario “verificar cuáles de
los cinco deberes de garantía previstos como literales en el artículo 10 de la Ley 2161 de
2021 se encuentran dentro de la órbita de responsabilidad del propietario del vehículo,
por el solo hecho de ser propietario; y cuáles de ellos le son realmente ajenos y
atribuibles exclusiva y potencialmente a un tercero”. Esto, porque “[s]olo los deberes
imputables personalmente al propietario del vehículo pueden ser idóneos para estructurar
una responsabilidad personal fundamentada en la infracción culpable de las normas de
tránsito”.[129]
70. Así pues, afirma que en las circunstancias previstas en los literales b), c), d) y e) del
artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 “solo quien conduce en forma efectiva el vehículo
puede llevarlo a la revisión tecnicomecánica, circular por lugares y en horarios
permitidos, conducir respetando el límite de velocidad permitido y respetar la luz roja del
semáforo”, por lo que “no es claro cómo podrían los propietarios velar por su
cumplimiento, sobre todo cuando no cuenten con el control o la custodia material del
vehículo”.[130] Sin embargo, esos literales “por la forma en que están redactados”,
conducirán a que el Estado “sancione a una persona que no ha realizado la infracción,
por el solo hecho de ostentar el derecho real de propiedad sobre el vehículo, generando
así una responsabilidad objetiva por el hecho ajeno”.[131]
71. Según la Pontificia Universidad Bolivariana, esa “responsabilidad objetiva” prevista
en los literales b), c), d) y e) de la disposición acusada, vulnera el derecho defensa y
contraría la Sentencia C-038 de 2020 porque “el propietario, aunque puede concurrir
formalmente al proceso administrativo contravencional de tránsito, ser oído allí,
presentar y controvertir pruebas, materialmente no se puede defender frente al
incumplimiento de deberes que se encuentran por fuera de su órbita o esfera de
responsabilidad y que, por esta razón, no se le deberían imputar personalmente”.[132]
Asimismo, los mencionados literales desconocen la presunción de inocencia porque
“permite sanciones sin prueba de la culpabilidad y, además, invierte la carga de la
prueba, pues sería el propietario del vehículo el llamado a aportar evidencias sobre sus
gestiones para velar por el cumplimiento de los deberes previstos en los literales b), c), d)
y e) del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021, cuando esto, en realidad, le incumbe directa y
personalmente a quien ha cometido la infracción”. Ello, además, “descargaría al Estado
del deber mínimo de identificar al verdadero infractor de las normas de tránsito,
conforme lo ha exigido la jurisprudencia constitucional”.[133]
72. Conforme a lo anterior, señaló que una interpretación a partir de la Constitución
Política y la jurisprudencia de la Corte Constitucional debería llevar a concluir que “la
única sanción administrativa que se le puede imponer al propietario, por el solo hecho de
ser propietario, será aquella derivada del incumplimiento del deber de contar con el
seguro obligatorio de accidentes de tránsito (SOAT)”, porque esa obligación es la única
“que puede cumplir el propietario incluso en aquellos casos en los que no ostenta el uso y
goce sobre el vehículo”.[134]
73. Por último, señaló que la disposición acusada no vulnera el principio de unidad de
materia, porque el objeto de la Ley 2161 de 2021 “se refiere a la generación de incentivos
para promover comportamientos adecuados en materia de tránsito de vehículos” y las
sanciones jurídicas “al cumplir un efecto disuasorio, se pueden interpretar como
incentivos o motivos para fomentar un comportamiento debido en sus destinatarios”.[135]
74. La Defensoría del Pueblo solicitó declarar la inexequibilidad de la totalidad del
artículo demandado, al considerar que “vulnera la presunción de inocencia del propietario
del vehículo automotor, así como el principio de imputación personal, que establece en
cabeza de las autoridades la obligación y el deber de identificar plenamente, en rigor, al
autor de la infracción”.[136]
75. En el documento se planteó que la finalidad de la Ley 2161 de 2021 es “establecer
medidas que permitan luchar contra la evasión en la adquisición del Seguro Obligatorio
de Accidentes de Tránsito (SOAT), mediante la adopción de incentivos que promuevan
hábitos óptimos de conducción y de seguridad vial”, así como “ser un mecanismo contra
las practicas inadecuadas al momento de siniestrar la póliza y; prever el uso de
herramientas tecnológicas para garantizar las autenticidad, integridad, conservación y
posterior consulta y uso probatorio de la información sobre el siniestro”.
76. Por otro lado, se refirió a la responsabilidad solidaria en materia sancionatoria
administrativa. Al respecto explicó que mediante la Sentencia C-699 de 2015, la Corte
Constitucional observó que la responsabilidad solidaria en materia administrativa “no
vulnera prima facie el derecho fundamental al debido proceso”, pues las personas que no
hubiesen cometido directamente la infracción de tránsito al ser notificados podían acudir
al proceso y desvirtuar su vinculación con la infracción y la consecuente responsabilidad.
También mencionó que la Sentencia C-530 de 2003 determinó que “no era posible
atribuir al dueño del bien ningún tipo de responsabilidad objetiva, habida cuenta de que a
la luz de los principios y derechos incorporados en el texto superior de 1991, no era
factible imponer una sanción sin que el titular del derecho de dominio del rodante hubiera
realizado la actuación infractora”.[137]
77. Afirmó que la forma en la que está redactada la norma da a entender que los
propietarios de los vehículos automotores, “por el simple hecho de ostentar tal calidad,
deberían responder por hechos que se escapan de su control”. Como ejemplo indicó qu
“cuando el propietario de un automóvil le presta a un tercero el vehículo automotor para
que realice una determinada diligencia y ese tercero excede los límites de velocidad
permitidos en una vía de la ciudad y no respeta la luz roja de los semáforos”, se está en
presencia de un hecho que resulta ajeno al propietario del vehículo, pues “él no fue quien
cometió la infracción”.[138] En ese sentido, para la Defensoría del Pueblo “resulta
desproporcionado e irrazonable” que se le imponga la multa de manera automática “u
objetiva si se quiere” al propietario del vehículo cuando no sea la misma persona que
conducía al momento de la infracción, pues “las autoridades encargadas de imponer el
comparendo tienen el deber de identificar plenamente al infractor para garantizar así el
derecho constitucional al debido proceso”.[139]
78. En ese sentido, en criterio de la entidad, la disposición acusada vulnera la presunción
de inocencia porque “el propietario es responsable de la infracción de tránsito” por el
solo hecho “de ser el propietario del vehículo automotor”, y sin determinar si “el mismo
participó en la configuración de la infracción”.[140] Sin embargo, explicó que la Corte
Constitucional, en la Sentencia C-038 de 2020 reiteró que “los propietarios de los
vehículos automotores no deben responder por las infracciones cometidas por terceros; y
que le corresponde a las autoridades de tránsito, comprobar la responsabilidad de las
personas vinculadas al procedimiento, pues las multas no deben ser concebidas como un
instrumento de mero recaudo de recursos para las entidades estatales, sino como una
forma de incrementar la seguridad vial en el país y desincentivar conductas y
comportamientos que puedan afectar en alguna medida el bien jurídico de la seguridad
vial, contempladas en el Código Nacional de Tránsito”.[141]
79. La Veeduría de Movilidad de Pereira solicitó que se declare la inexequibilidad de la
disposición demandada, con base en las siguientes razones: (i) el demandante acierta
cuando advierte que el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 pasa por alto lo que la Corte
Constitucional decidió mediante la Sentencia C-038 de 2020; (ii) la norma acusada induce
a error al haberse titulado como “Medidas Antievasión, como si se tratara de un impuesto,
más cuando sabemos que, si bien, del SOAT, el Adres, recibe un minúsculo porcentaje,
dichos dineros pasan primero por el sistema financiero privado y nada controlado o
vigilado”; (iii) lo regulado en el precepto en cuestión ya estaba contenido en el Código
Nacional de Tránsito y ampliamente desarrollado por el precedente constitucional; y (iv)
la palabra “prioridad” contenida en el artículo “difiere del sentido común y pone al
divagar subjetivamente al sentenciador administrativo, en los procesos sancionatorios de
tránsito, puesto que la lógica de la experiencia, y echando mano a la ciencia antrópica de
los disímiles sentidos mundanos, lo que para unos, puede ser prioridad, para otros, no lo
es; este solo ejemplo, hace que se nuble la constitucionalidad de la norma demandada”.
[142]
Intervenciones que solicitan a la Corte Constitucional declararse inhibida para
proferir una decisión de fondo respecto de uno o ambos cargos y presentan
solicitudes adicionales o subsidiarias
80. El ciudadano Hernán David Martínez Gómez solicitó a la Corte que “se declare
inhibida para fallar por ineptitud de la demanda” y, subsidiariamente, que declare
exequible la disposición demandada.[143] Como argumentos para sustentar la falta de
aptitud sustantiva de la demanda, expuso que “el demandante no logró subsanar los
reparos advertidos desde el punto de vista argumentativo en relación con los cargos
propuestos”, porque aún en el escrito de corrección de la demanda presentó
“consideraciones que no se desprenden con claridad de la preceptiva acusada y que, por
el contrario, aluden más a su opinión personal sobre las eventuales consecuencias que
podría o no tener su aplicación que frente a las que indica la disposición misma”.[144]
81. Al respecto, advirtió que la demanda no cumple con el cargo de certeza, porque “no
se refiere a proposiciones reales y existentes que estén contenidas en las disposiciones
demandadas sino a opiniones o consideraciones particulares que no toman en
consideración la totalidad del texto demandado sino apartes que, fuera de contexto
ofrecen conclusiones imprecisas, tales como que el legislador pretendía un fin que no se
desprende necesariamente de la disposición, o como desconocer el debido proceso o
engañar a los ciudadanos, planteando supuestos no previstos en su texto”.[145] Asimismo,
señaló que la demanda carece de especificidad, por cuanto “no se evidencia cómo las
disposiciones acusadas vulneran concretamente las garantías constitucionales, sino que
se hacen afirmaciones vagas y abstractas sin mayor sustento”.[146]
82. De otra parte, afirmó que la demanda no contiene argumentos pertinentes, ya que
versan sobre “las eventuales consecuencias de la aplicación de las disposiciones
demandadas o sobre la aparente injusticia de los supuestos establecidos en ella. De este
modo, la presentación de los argumentos no crea una duda mínima sobre la
inconstitucionalidad de las disposiciones acusadas”.[147] Además, adujo que el cargo
sobre la supuesta violación del principio de unidad de materia “adolece de claridad,
certeza, especificidad, pertinencia y suficiencia”. Indicó que “el actor corrigió su
demanda sin exponer con claridad las razones por las cuáles considera que el artículo 10
de la Ley 2161 de 2021 no guarda relación objetiva y razonable alguna con la materia de
la ley y, por lo mismo, lesiona los artículos 158 y 169 Superiores, olvidando por completo
la realización de un análisis mínimo confrontacional o de tipo comparativo”.[148]
83. Ahora bien, en adición a los anteriores argumentos dirigidos a que la Corte se
declare inhibida, señaló razones por las que considera que, en cualquier caso, la
disposición debería ser declarada exequible. Luego de citar apartes de las Sentencias C-
530 de 2003, C-980 de 2010, C-089 de 2011 y C-038 de 2020, señaló que el presente caso
“no puede asimilarse a los casos estudiados en el pasado por la Corte Constitucional”, ya
que “[s]e trata de una disposición nueva y diferente que reitera medidas de prevención
ciudadana, las cuales ya habían sido implementadas en el literal C.14, C.29, C.35, D.2, y,
D.4 del artículo 131 del Código Nacional de Tránsito modificado por la Ley 1383 de
2010”.[149] Por tanto, “[a]nte las evidentes diferencias de las disposiciones demandadas en
las sentencias C-530 de 2003, C-980 de 2010, C-089 de 2011 y C-038 del 2020, queda
probado y en evidencia que la norma acusada no desconoce la orientación
jurisprudencial vigente relacionada con la prohibición de establecer una responsabilidad
solidaria entre el propietario del vehículo y el conductor, por concepto de las
contravenciones de tránsito detectadas por el sistema de ayudas tecnológicas”.[150]
84. A su juicio, incluso configurándose cualquiera de las situaciones previstas en el
artículo 10 de la Ley 2161 de 2021, el propietario del vehículo “tiene todas sus garantías
constitucionales para defenderse y aclarar las circunstancias que dieron origen al
proceso administrativo sancionatorio” y “la autoridad deberá decidir conforme el
material probatorio recaudado y, de ninguna manera, podrá condenar de manera
solidaria conforme con la Sentencia C-038 de 2020”.[151]
85. Por otra parte, indicó que la disposición acusada no establece ninguna
responsabilidad solidaria entre los propietarios de los vehículos y los conductores, sino
que, prevé unas obligaciones a cargo de los primeros y dispone una consecuencia jurídica
imputable directamente a estos por el incumplimiento de esas obligaciones de cuidado.[152]
86. En su criterio, esa obligación de cuidado sobre el vehículo “que es un artefacto con
el que se desarrolla una actividad peligrosa, no es desproporcionada ni irrazonable, y
mucho menos viola el derecho al debido proceso ni el principio de responsabilidad
subjetiva”,[153] porque: (i) “el poseedor de las cosas se presume dueño desde la
perspectiva de las normas civiles, y no es entonces irrazonable que las normas de
tránsito, que tienen como objetivo primario salvaguardar la seguridad vial, permitan la
imputación directa al dueño de los vehículos sobre el sentido común de que posee la cosa
y tiene dominio directo sobre ella”.[154] Además, (ii) la norma es razonable, porque no
viola el régimen subjetivo de responsabilidad, dado que “no pretende desobedecer las
decisiones de la Corte Constitucional en el sentido de que no hay solidaridad entre el
propietario del vehículo y su conductor en torno a la multa, sino definir que el propietario
tiene obligaciones surgidas de otras fuentes jurídicas que lo hacen responsable
subjetivamente respecto de lo que suceda con el bien de su propiedad, por su actuar
negligente o culposo”.[155]
87. Por último, mencionó que la norma atacada no contradice el principio de unidad de
materia legislativa, ya que está incluida en una Ley que tiene como objetivo directo
“luchar contra la evasión en la adquisición del SOAT”, con medidas que promuevan
“hábitos óptimos de conducción y de seguridad vial” y la disposición que se acusa de
violar la unidad de materia “justamente lo que hace es promover hábitos de conducción
adecuados que mejoren la seguridad en las vías”, para lo cual “dispone la posibilidad de
que se impongan sanciones por conductas de los propietarios, como no verificar que su
vehículo circule sin SOAT ni revisión técnico mecánica, o permitir que se movilice por
lugares no permitidos y sin respeto de los límites de velocidad ni las órdenes de parar
(como los semáforos en rojo). Esas conductas imputables directamente a los propietarios,
que son lesivas para la seguridad vial y la conducción óptima, el Legislador considera
que debe lucharse contra ellas mediante sanciones, justamente para impedir la evasión
del SOAT”.[156]
88. La Academia Colombiana de Jurisprudencia solicitó a la Corte Constitucional
inhibirse de pronunciarse de fondo sobre los numerales 1 y 2 del artículo 10 de la Ley
2161 de 2021, porque los argumentos “están construidos sobre una interpretación aislada,
subjetiva e indirecta de la norma, que no surge del tenor literal ni de la interpretación
sistemática de la disposición, sino de supuestos construidos por los demandantes que no
se adecuan a la realidad jurídica”.[157] Asimismo, solicitó inhibirse respecto del análisis
del cargo relacionado con la presunta violación del principio de unidad de materia, porque,
en su criterio, “los argumentos anunciados no resultan pertinentes ni suficientes, en tanto
que, a más de citar una sentencia de la Corte Constitucional que trata sobre el citado
principio, están construidos sobre una interpretación aislada y subjetiva”, por lo que “la
carencia del cumplimiento de los requisitos de certeza, pertinencia y suficiencia impide
activar la competencia de este tribunal para conocer de la demanda presentada”.[158]
89. Ahora bien, respecto de “los numerales 3º, 4º y 5º del artículo 10 de la Ley 2161 de
2021”, solicitó declarar la inexequibilidad, o la exequibilidad condicionada “en el
entendido que en el procedimiento administrativo sancionatorio la autoridad de tránsito
deberá determinar si el propietario del vehículo estaba conduciendo al momento de
cometer las conductas descritas en los numerales citados”.[159] Para sustentar esa
solicitud, explicó que el artículo demandado indica una serie de obligaciones para los
propietarios del vehículo, de las cuales, las establecidas en los numerales 3, 4 y 5,
aparentemente regulan comportamientos que, de acuerdo con el demandante, podría
cometer un tercero diferente al propietario. De modo que, aunque la disposición “no
indica que existe solidaridad entre el propietario del vehículo y el conductor del mismo”,
esta parece “partir del supuesto de que el propietario es el sujeto que siempre conduce el
vehículo, a pesar de que, para las conductas establecidas en los numerales 3º, 4º y 5º, (…)
podrían ser desarrolladas por una persona diferente a él”.[160]
90. Lo anterior, según expuso, podría ser contrario a las Sentencias C-530 de 2003, C-
980 de 2010 y C-038 de 2020 que analizaron normas de tránsito que establecían
solidaridad entre el propietario del vehículo y su conductor.[161] Además, aunque la
disposición señala que el propietario puede acudir a un proceso administrativo, advirtió,
los numerales en cuestión presuponen la culpa del propietario.[162]
Concepto de la Procuraduría General de la Nación
91. La Señora Procuradora General de la Nación solicitó a la Corte Constitucional
declarar la inexequibilidad de los literales b), c), d) y e) del artículo 10 de la Ley 2161 de
2021, porque (i) “establecen implícitamente la figura de la responsabilidad solidaria en
materia sancionatoria administrativa prohibida constitucionalmente”; y (ii) “desconocen
el principio de unidad de materia”.[163]
92. Primero, el Ministerio Público consideró que los literales b), c), d) y e) del artículo
10 de la Ley 2161 de 2021 son inconstitucionales por desconocer el principio de
responsabilidad personal, porque “contemplan la posibilidad de que se impongan
sanciones a los propietarios de vehículos por hechos que escapan su órbita de acción”.
[164]
Lo anterior, a su juicio, va “en contravía de la reiterada jurisprudencia constitucional
en la materia”, la cual, según anotó, ha señalado que (i) la responsabilidad personal “exige
que la sanción se predique únicamente respecto de las acciones u omisiones propias del
infractor” y “es una exigencia transversal que no admite excepciones ni modulaciones en
materia administrativa sancionatoria”; (ii) la responsabilidad solidaria “como forma de
garantizar el cumplimiento de las obligaciones contractuales o extracontractuales, no
puede penetrar en el ámbito del derecho sancionatorio (…) porque desconoce el
fundamento del sistema punitivo, basado en que cada persona responde por sus propios
actos y sin que en ningún caso pueda sustentarse que el interés público permite establecer
responsabilidad solidaria por actos ajenos”; y (iii) la solidaridad pasiva “es
inconstitucional si conduce a que la sanción recaiga sobre una persona diferentes a quien
realizó personalmente el acto reprochado”.[165]
93. Afirmó que “es claro que el artículo 10 acusado incorpora la responsabilidad del
propietario del vehículo por el incumplimiento de las cinco infracciones [previstas en esa
disposición], pues las mismas ya existían para el conductor del automotor”, y estaban
previstas en el artículo 131 de la Ley 769 de 2002. Así pues, señaló que la disposición
acusada es “una regulación que termina sólo siendo aplicable en los eventos en los que el
dueño del vehículo no es quien lo conduce”.[166]
94. En ese orden de ideas, indicó que en relación con los literales c), d) y e) del artículo
acusado “advierte una extralimitación en las facultades del legislador”, porque “en
aquellos se establece una responsabilidad por el hecho ajeno, que en materia
sancionatoria administrativa se encuentra proscrita”, en tanto, “las infracciones
relacionadas con transitar por lugares y horarios que no estén permitidos, así como
irrespetar los límites de velocidad y la luz roja del semáforo, son acciones relacionadas
directamente con el acto de conducir y, por ende, su sanción sólo puede recaer sobre el
conductor del vehículo, independientemente de si es o no el propietario del mismo”.[167]
95. Aunque el Ministerio Público no pretende “ignora[r] la intención legítima del
Congreso de la República de establecer medidas legislativas dirigidas a velar por el
cumplimiento de las normas de tránsito”, señaló que “dicha finalidad debe perseguirse a
través de medidas que respeten las garantías constitucionales asociadas al debido
proceso”. Sin embargo, la disposición acusada “más que procurar por el juzgamiento de
los infractores, buscan iniciar actuaciones automáticas contra sujetos particulares por
tener solamente la calidad de propietarios del vehículo”.[168]
96. Empero, aclaró que “los literales a) y b)” del artículo 10 no “desconocen la
prohibición constitucional de responsabilidad solidaria en materia sancionatoria, puesto
que castigan situaciones que son parcialmente imputables al propietario del vehículo,
pues no implican el acto de conducir”, si no que “se refieren al cumplimiento de
obligaciones jurídicas”.[169]
97. Segundo, el Ministerio Público afirmó que los literales b), c), d) y e) del artículo
demandado no atienden a las exigencias del principio de unidad de materia porque, en su
criterio, carecen de (i) conexidad causal, en tanto la Ley 2161 de 2021 “fue expedida a
efectos de garantizar la sostenibilidad y optimizar la destinación y eficiencia de los
recursos del sistema de Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito y, en cambio, las
razones que dieron origen a [esos literales] parecen estar dirigidas a reestablecer la
responsabilidad solidaria en materia sancionatoria declarada inexequible por la Corte
Constitucional, y, con ello, facilitar la operación de los mecanismos electrónicos de
captación de las infracciones de tránsito”;[170] (ii) conexidad temática porque “la
ordenación contenida en la Ley 2161 de 2021 gira en torno al Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito, lo cual no guarda relación intrínseca con las faltas consagradas
en [esos literales] (…)”; (iii) conexidad teleológica, porque el objetivo general de la Ley
es “luchar contra la evasión en la adquisición del Seguro Obligatorio de Accidentes de
Tránsito”, el cual difiere de la finalidad de los literales mencionados que “buscan mejorar
el comportamiento viola por medio del establecimiento del deber de supervisión de los
propietarios de los vehículos sobre quienes conducen”; y (iv) conexidad sistemática
porque esos literales de la disposición demandada “ordenan elementos extraños dentro de
los objetivos y temáticas de las demás disposiciones de la Ley 2161 de 2021”.[171]
98. Explicó que el literal a) de la norma, a su juicio, respeta las exigencias del principio
de unidad de materia, dado que al establecer el deber del propietario de velar porque el
automotor sólo circule si cuenta con el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito
vigente, so pena de la imposición de multas: (i) busca “evitar la evasión en la adquisición
del SOAT y, con ello, garantizar la sostenibilidad del sistema que lo administra, es decir,
la intención que buscó el legislador al expedir la Ley 2161 de 2021”; y (ii) se regula un
aspecto del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito que es tema central de la Ley
2161 de 2021 porque “ordena la sanción al propietario por permitir que el vehículo
transite sin seguro”.[172]
99. Con fundamento en lo anterior, solicitó a la Corte Constitucional declarar la
inexequibilidad de los literales b), c), d) y e) del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021.
Síntesis de las intervenciones
100. Las anteriores intervenciones se sintetizan en el siguiente cuadro tomando en
consideración su solicitud principal:
Federación Colombiana de Municipios
Federación Nacional de Departamentos
Ministerio de Transporte
Exequibilidad
Superintendencia de Transporte
Secretaría de Movilidad de Medellín
Secretaría Distrital de Movilidad
Universidad Sergio Arboleda
Exequibilidad condicionada
Universidad de Caldas
Universidad Surcolombiana
Pontificia Universidad Bolivariana
Inexequibilidad parcial o
Defensoría del Pueblo
total
Veeduría de Movilidad de Pereira
Procuraduría General de la Nación
Inhibición y otras solicitudes Hernán David Martínez Gómez
adicionales o subsidiarias Academia Colombiana de Jurisprudencia
II.
CONSIDERACIONES
A. Competencia
101. En virtud de lo previsto en el artículo 241.4 de la Constitución Política, la Corte
Constitucional es competente para pronunciarse sobre la constitucionalidad de las normas
demandadas, ya que se trata de disposiciones contenidas en una ley de la República.[173]
B. Cuestión previa
102. Antes de entrar en el correspondiente análisis de fondo sobre la constitucionalidad de
la disposición normativa acusada, la Sala Plena debe ocuparse de resolver si la demanda
tiene aptitud sustancial y, en consecuencia, es posible adelantar el juicio de
constitucionalidad. Lo anterior, en atención a que dos de los intervinientes en el proceso
consideraron que la Corte Constitucional debe inhibirse de un pronunciamiento de fondo.
[174]
103. Al respecto, resulta relevante aclarar que, si bien la demanda fue admitida, ello no es
óbice para que, al momento de dictar sentencia, la Corte Constitucional se pronuncie sobre
la aptitud sustantiva de la demanda. En efecto, durante la etapa de admisión de la demanda
se lleva a cabo “una primera evaluación sumaria que no compromete ni limita la
competencia de la Sala Plena de la Corte, para analizar la aptitud de la demanda” luego
de que esta hubiere sido admitida,[175] pues es en esta etapa es en la que la Corte cuenta
con “mayores elementos de juicio, puesto que aparte del contenido de la demanda,
también dispondrá de la apreciación de los distintos intervinientes y el concepto del
Ministerio Público, quienes, de acuerdo con el régimen legal aplicable al proceso de
inconstitucionalidad, participan en el debate una vez admitida la demanda”.[176]
104. Ahora bien, resulta pertinente reiterar que el artículo 2 del Decreto 2067 de 1991
“fija los requisitos mínimos de procedibilidad de las demandas de constitucionalidad” [177]
y exige a los ciudadanos: (i) señalar las normas que se cuestionan y transcribir literalmente
su contenido o aportar un ejemplar de su publicación oficial; (ii) especificar los preceptos
constitucionales que se consideran infringidos; (iii) presentar las razones por las cuales
dichos textos se estiman violados; (iv) establecer el trámite fijado en la Constitución para
expedirlo y la forma en que éste fue quebrantado, en caso que la acusación se base en un
vicio en el proceso de formación de la norma demandada; y (v) la razón por la cual la
Corte es competente para conocer de la demanda.
105. El tercero de los requisitos antedichos se conoce como “el concepto de la violación”,
[178]
e implica “una carga material y no meramente formal, que lejos de satisfacerse con la
presentación de cualquier tipo de razones o motivos, exige la formulación de unos
mínimos argumentativos, que se deben apreciar a la luz del principio pro actione”.[179]
106. Así, al explicar el “concepto de la violación” los cargos deben cumplir con tres
parámetros básicos: (i) el señalamiento de las normas constitucionales que consideren
infringidas;[180] (ii) “la exposición del contenido normativo de las disposiciones
constitucionales que riñe con las normas demandadas”;[181] y (iii) la presentación de “las
razones por las cuales los textos normativos demandados violan la Constitución”.[182]
Esas razones, además, “deben ser conducentes para hacer posible el diálogo
constitucional”,[183] lo cual exige que los ciudadanos formulen “por lo menos un cargo
concreto, específico y directo de inconstitucionalidad contra la norma acusada, que le
permita al juez establecer si en realidad existe un verdadero problema de índole
constitucional y, por tanto, una oposición objetiva y verificable entre el contenido literal
de la ley y la Carta Política”.[184] En particular, la jurisprudencia de la Corte[185] ha
determinado que el concepto de la violación requiere que los argumentos de
inconstitucionalidad contra las normas acusadas sean: claros, ciertos, específicos,
pertinentes, y suficientes.
107. La claridad hace relación a que los argumentos sean “entendibles, no
contradictorios, ilógicos ni anfibológicos”,[186] de modo que “permitan captar en qué
sentido el texto que se controvierte infringe la Carta”.[187] La exigencia de la certeza
implica, de una parte, revisar que “los cargos tengan por objeto un enunciado normativo
perteneciente al ordenamiento jurídico e ir dirigidos a impugnar la disposición señalada
en la demanda” y, de otra, que “la norma sea susceptible de inferirse del enunciado
acusado” y no ser consecuencia de “una construcción exclusivamente subjetiva, con base
en presunciones, conjeturas o sospechas” del demandante.[188] La especificidad de los
cargos supone “concreción y puntualidad en la censura, es decir, la demostración de que
el enunciado normativo exhibe un problema de validez constitucional y la explicación de
la manera en que esa consecuencia le es atribuible”.[189] Además, es necesario que los
argumentos sean pertinentes y, por lo tanto, “planteen un juicio de contradicción
normativa entre una disposición legal y una de jerarquía constitucional”[190] que
evidencie un problema “de naturaleza estrictamente constitucional y no de estirpe legal,
doctrinal, de conveniencia, de mera implementación”,[191] político o moral. Por último, los
argumentos deben ser suficientes lo implica revisar que el cargo brinde razones, por lo
menos básicas, “que logren poner en entredicho la presunción de constitucionalidad de
las leyes, derivada del principio democrático, que justifique llevar a cabo un control
jurídico sobre el resultado del acto político del legislador.”[192]
108. Con sujeción a estos requisitos, la Corte debe verificar si los argumentos contenidos
en la demanda satisfacen las cargas dispuestas en el artículo 2° del Decreto 2067 de 1991
y si, en desarrollo del concepto de la violación, han formulado materialmente un cargo,
pues de no ser así “existiría una ineptitud sustantiva de la demanda que, conforme con la
reiterada jurisprudencia de esta corporación, impediría un pronunciamiento de fondo y
conduciría a una decisión inhibitoria, ya que este tribunal carece de competencia para
adelantar de oficio el juicio de constitucionalidad”.[193] Sin embargo, al verificar el
cumplimiento de la carga mínima de argumentación no puede llegarse al punto de “hacer
nugatorio el derecho fundamental a interponer acciones públicas en defensa de la
Constitución, por lo que el análisis de los requisitos de la demanda debe atender el
principio pro actione de tal manera que ante una duda se debe resolver a favor de la
habilitación -regla general- y no de la inhibición -excepción-.”[194]
109. En la Sentencia C-100 de 2022 esta Corporación advirtió que los intervinientes que
propongan una decisión inhibitoria deben presentar “un análisis mínimo que permita
colegir las razones del incumplimiento de cada uno de los requisitos de la carga
argumentativa”.[195] En el caso de no acreditar dicha exigencia, tal como ocurrió en la
providencia citada, la Corte podría considerar que, en los mismos términos en que se
planteó en el auto admisorio, se cumplió con una carga argumentativa mínima que le
permite a la Corte avanzar en el estudio de fondo de los cargos. Para que se requiera
adelantar un análisis de la cuestión previa relativo a la aptitud de la demanda, quienes
propongan una inhibición, deberán presentar razones que generen dudas sobre la efectiva
acreditación de la carga argumentativa exigida en el numeral 3 del artículo 2 del Decreto
2067 de 1991 y en la jurisprudencia constitucional, los cuales fueron previamente
mencionados.
Análisis de la aptitud sustantiva de la demanda D-14.628
110. Como se anunciaba, en esta oportunidad, por una parte, la Academia Colombiana de
Jurisprudencia solicitó a la Corte inhibirse de pronunciarse de fondo respecto de los
numerales 1 y 2 del artículo demandado y respecto del cargo relacionado con la presunta
violación del principio de unidad de materia, porque, en su criterio, “los cargos carecen de
certeza y pertinencia, por cuanto están construidos sobre una interpretación aislada,
subjetiva e indirecta de la norma, que no surge del tenor literal ni de la interpretación
sistemática de la disposición, sino de supuestos construidos por los demandantes que no
se adecuan a la realidad jurídica”.[196] Por otra parte, el ciudadano Hernán David
Martínez Gómez solicitó a la Corte que “se declare inhibida para fallar por ineptitud de
la demanda”, pues, a su juicio, los argumentos contenidos en esta se sustentan en
“consideraciones que no se desprenden con claridad de la preceptiva acusada y que, por
el contrario, aluden más a [la] opinión personal [del demandante] sobre las eventuales
consecuencias que podría o no tener su aplicación.”[197]
111. Este ciudadano, en relación con la vulneración del artículo 158 de la Constitución,
señaló que “no solamente el cargo adolece de claridad, certeza, especificidad, pertinencia
y suficiencia, sino que el actor corrigió su demanda sin exponer con claridad las razones
por las cuáles considera que el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 no guarda relación
objetiva y razonable alguna con la materia de la ley y, por lo mismo, lesiona los artículos
158 y 169 Superiores, olvidando por completo la realización de un análisis mínimo
confrontacional o de tipo comparativo”.[198] Y respecto del cargo basado en la presunta
vulneración de los artículos 6 y 29 de la Constitución, precisó que “[l]a argumentación
ofrecida en la demanda incumple la carga de certeza (…) porque no se refiere a
proposiciones reales y existentes que estén contenidas en las disposiciones demandadas
sino a opiniones o consideraciones particulares que no toman en consideración la
totalidad del texto demandado sino apartes que, fuera de contexto ofrecen conclusiones
imprecisas”;[199] así como el requisito de especificidad “no se evidencia cómo las
disposiciones acusadas vulneran concretamente las garantías constitucionales, sino que
hacen afirmaciones vagas y abstractas sin mayor sustento”.[200] Asimismo, indicó que la
demanda no “supera la carga de pertinencia porque sus argumentos no versan sobre el
texto constitucional sino sobre las eventuales consecuencias de la aplicación” de la
disposición acusada. En consecuencia, afirmó que los argumentos no son suficientes pues,
no generan “una duda mínima sobre la inconstitucionalidad de las disposiciones
acusadas”.[201]
112. En el caso objeto de análisis la Sala considera que la Academia Colombiana de
Jurisprudencia presentó afirmaciones genéricas sobre una supuesta ineptitud de la
demanda, y más allá de eso no demostró cuál es el incumplimiento de carga de
argumentación que la jurisprudencia constitucional exige al demandante. En lo que se
refiere a la afectación de los artículos 6 y 29 de la Constitución, indicó que no se cumple
con la certeza y la pertinencia dado que realiza una “interpretación aislada, subjetiva e
indirecta de la norma, que no surge del tenor literal ni de la interpretación sistemática de
la disposición”.[202] Así pues, más allá de referirse al contenido de la norma y citar un
aparte de la Sentencia C-038 de 2020, no explicó las razones por las que la lectura que
plantea el accionante es descontextualizada o parcializada, ni precisó cuáles son esas otras
normas que darían lugar a realizar una interpretación sistemática de la norma. Respecto
del cargo por unidad de materia también se refirió a una “interpretación aislada y
subjetiva” sin precisar los elementos de la argumentación del accionante que se traducen
en dicha calificación. En consecuencia, se considera que respecto de esta intervención no
resulta exigible para la Corte realizar un nuevo análisis de la demanda, más allá de las
consideraciones que se realizaron en el auto admisorio.
113. Sin embargo, la Sala considera que el ciudadano Hernán David Martínez Gómez
presentó razones que generan dudas sobre la efectiva acreditación de la carga
argumentativa exigida en el numeral 3 del artículo 2 del Decreto 2067 de 1991 y en la
jurisprudencia constitucional, los cuales fueron previamente mencionados. Así pues, la
Sala Plena procederá a efectuar el análisis de la aptitud sustantiva de la demanda.
114. Al respecto se encuentra que, a diferencia de lo planteado por el interviniente, los
argumentos planteados por el demandante frente a la vulneración del artículo 158 de la
Constitución satisfacen el requisito de claridad y certeza porque son comprensibles y
lógicos y parten del contexto normativo acusado. Asimismo, los argumentos del
demandante son específicos, pertinentes y suficientes porque (i) explican de manera
precisa cómo el contenido de la disposición, prima facie, no se encuentra descrito o
comprendido dentro del objeto de la Ley 2161 de 2021, descrito en el artículo 1;[203] (ii)
desarrollan argumentos que buscan preservar la vigencia de la Constitución toda vez que
pretende resguardar el principio de unidad de materia, desarrollado en el artículo 158 de la
Constitución; y, en consecuencia, (iii) son suficientes para generar dudas mínimas de
inconstitucionalidad ante la presunta ausencia de relación y conexidad entre la disposición
acusada y la materia desarrollada por la Ley 2161 de 2021.
115. En esta misma línea, respecto de la presunta vulneración de los artículos 6 y 29 de la
Constitución, la Sala Plena encuentra que, tal como se indicó en el auto admisorio de la
demanda, estos argumentos presentados por el demandante satisfacen la carga
argumentativa exigida por el artículo 2 del Decreto 2067 de 1991, así como por la
jurisprudencia de la Corte.
116. El requisito de claridad se satisface, ya que los argumentos de la demanda son
comprensibles, siguen un hilo conductor que permite comprender con nitidez la pretensión
de inconstitucionalidad. Asimismo, se tiene por satisfecho el requisito de certeza pues, si
bien la disposición no establece una responsabilidad solidaria entre el propietario y el
conductor, de esta sí se puede inferir, razonablemente, que el propietario del vehículo
puede ser el destinatario de las sanciones previstas en el artículo 131 del Código Nacional
de Tránsito, cuando el vehículo transite sin el cumplimiento de las condiciones previstas
en los literales a) a e) de esa disposición. Esto, por el hecho de ser el titular del derecho de
propiedad que recae sobre el vehículo y al margen de quién fuera conduciendo al
momento de la infracción.
117. Además, se cumplen los requisitos de especificidad y pertinencia porque el
demandante explicó de manera precisa, cómo la disposición acusada se confronta con el
principio de responsabilidad personal que rige los procesos sancionatorios, y que se deriva
del artículo 6 y 29 de la Constitución, al señalar que el artículo demandando “vulnera el
principio de responsabilidad personal por cuando (sic) asume que el propietario será
quien deberá asumir las sanciones derivadas del proceso administrativo sancionatorio,
aunque este no hubiere cometido las infracciones, lo cual a su vez vulnera el derecho
fundamental de presunción de inocencia”.[204] Por último, el demandante brindó
suficientes elementos de juicio para generar dudas mínimas de inconstitucionalidad al
reiterar la posibilidad de imponerle sanciones al propietario por la infracción de normas de
tránsito, por el solo hecho de ser el titular del derecho de propiedad que recae sobre el
vehículo y al margen de si es quien iba conduciendo al momento de la infracción.
118. En consecuencia, la Sala Plena concluye que, de acuerdo con lo establecido en el
auto admisorio de la demanda, puede efectuarse el análisis de fondo sobre la
constitucionalidad de la disposición.
C. Problemas jurídicos y esquema de resolución
119. La demanda plantea dos grupos de argumentos dirigidos a justificar la
inconstitucionalidad del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021. El primero busca evidenciar
la supuesta inconstitucionalidad del artículo por presuntamente vulnerar el principio de
unidad de materia, previsto en los artículos 158 y 169 de la Constitución. El segundo está
encaminado a demostrar la supuesta inconstitucionalidad de la disposición por
presuntamente desconocer el principio de imputación personal que se aplica en materia
sancionatoria, el cual se deriva de los artículos 6 y 29 de la Constitución. En consecuencia,
le corresponde a la Sala Plena de Corte Constitucional resolver los siguientes problemas
jurídicos:
a. ¿El artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 desconoce el principio de unidad de materia
previsto en los artículos 158 y 169 de la Constitución, por no guardar una relación de
conexidad con la materia de la Ley 2161 de 2021?
b. ¿El artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 contraría el principio de responsabilidad
personal y el derecho a la presunción de inocencia en materia sancionatoria, consagrados
en los artículos 6 y 29 de la Constitución, al establecer la posibilidad de sancionar al
propietario por incumplir su obligación de velar porque el vehículo de su propiedad circule
(i) sin haber adquirido el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito; (ii) sin haber
realizado la revisión técnico mecánica en los plazos previstos por la ley; (iii) por lugares y
en horarios que no estén permitidos; (iv) excediendo los límites de velocidad permitidos;
(v) sin respetar la luz roja del semáforo?
120. Para resolver los anteriores problemas jurídicos, la Sala (i) delimitará el contenido y
alcance de la disposición demandada. Luego, (ii) analizará el primer cargo contra el
artículo 10 de la Ley 2161 de 2021, para lo cual (a) reiterará la jurisprudencia de la Corte
Constitucional en torno al principio de unidad de materia y, posteriormente; (b) resolverá
el cargo. Por último, (iii) analizará el segundo cargo, y para tal efecto (a) se referirá a la
propiedad como derecho y deber; (b) explicará la diferencia entre el transporte público y
el transporte privado; (c) reiterará la jurisprudencia constitucional en torno a la regulación
de las materias de tránsito y la potestad sancionatoria; (d) explicará las etapas del proceso
contravencional de tránsito; (e) hará referencia al debido proceso administrativo; (f)
describirá el principio de imputación personal en materia sancionatoria; (g) explicará el
derecho a la presunción de inocencia y, finalmente (h) resolverá el cargo.
D. Delimitación del alcance y contenido de la disposición demandada
121. El artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 se compone de tres apartados, respecto de los
cuales se procederá efectuar un análisis sobre su alcance.
122. El primero crea (i) una obligación[205] (ii) en cabeza de los “propietarios de los
vehículos automotores”[206] (iii) consistente en “velar porque los vehículos de su propiedad
circulen” cumpliendo unas exigencias particulares.
123. Una obligación se compone por tres elementos: (a) una o varias personas, sujetos
activos del vínculo jurídico, quienes se llaman acreedores —por ser los titulares del
derecho de crédito—, y que, en el caso objeto de análisis serían los integrantes de la
sociedad, bien sea como peatones, pasajeros o como conductores, pues a todos se les
busca proteger mediante las normas de tránsito; (b) otra persona, sujeto pasivo del vínculo
jurídico, denominada deudor, quien debe procurar a sus acreedores el beneficio del
derecho. En el caso sub examine, el sujeto pasivo de la obligación son los propietarios de
los vehículos automotores, es decir, aquellas personas naturales o jurídicas que ostentan
un derecho subjetivo[207] sobre determinado vehículo para gozar, explotar y disponer de él.
[208]
Y (c) la prestación u objeto de la obligación que, según el artículo 1945 del Código
Civil puede consistir en dar, hacer o no hacer alguna cosa.[209]
124. En cuanto a la prestación, la disposición objeto de análisis señala que los propietarios
de los vehículos automotores “deberán velar porque los vehículos de su propiedad
circulen” dando cumplimiento a las normas de tránsito que se especifican en el inciso
siguiente. La palabra “velar”, según la Real Academia Española (en adelante RAE), tiene
múltiples acepciones. Las más apropiadas para el contexto de la disposición son:
“observar atentamente algo”; o “cuidar solícitamente de algo”.[210] Observar, significa
“examinar atentamente” o “mirar con atención y recato”,[211] y cuidar significa “poner
diligencia, atención y solicitud en la ejecución de algo”.[212] Conforme a lo anterior, puede
concluirse que la obligación creada por el primer inciso de la disposición es una
obligación de hacer, pues exige una conducta positiva del propietario consistente en cuidar
que el o los vehículos de su propiedad circulen dando cumplimiento a las cinco
condiciones.
125. El segundo inciso de la disposición precisa las mencionadas condiciones que el
propietario deberá velar por que se cumplan cuando su vehículo esté en circulación, esto
es: (i) habiendo adquirido el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito; (ii) habiendo
realizado la revisión técnico-mecánica en los tiempos previstos por la ley; (iii) por lugares
y en horarios que estén permitidos; (iv) sin exceder los límites de velocidad y (v)
respetando la luz roja del semáforo.
126. Se advierte que dichas acciones corresponden al cumplimiento de normas de tránsito
que tienen como finalidad reducir la evasión del Seguro Obligatorio de Accidentes de
Tránsito y disminuir la accidentalidad, de manera que los vehículos automotores que
transiten lo hagan de acuerdo con las exigencias mecánicas y de convivencia dispuestas
por la ley para garantizar el bien común en el ejercicio de una actividad peligrosa como lo
es la conducción de un vehículo. Lo cierto es que en algunos casos el cumplimiento de
tales cargas impuestas al propietario puede depender directamente de este, pero en otras
puede tratarse de eventos que no están directamente bajo su control si no es el conductor
del vehículo. De modo que, en este punto, resulta oportuno recordar la diferencia entre las
obligaciones de medio y de resultado, así como de las obligaciones propter rem.
127. Para definir si la obligación en cuestión es una obligación de medio o de resultado,
debe considerarse que “en las obligaciones de medio el azar o el acaso es parte
constitutiva de su contenido, y el resultado no depende directa y necesariamente de la
actuación diligente del deudor, mientras que, por el contrario, en las obligaciones de
resultado lo contingente está presente en una mínima proporción”, de manera que “la
conducta del obligado debe ser suficiente para obtener el logro esperado por el titular del
derecho de crédito”.[213] Así pues, para diferenciar uno y otro tipo de obligación se tiene
en cuenta “la incidencia que en el concepto de cumplimiento pueda tener el que con la
conducta debida se realice el interés primario del acreedor, es decir, que éste
efectivamente obtenga el resultado útil o la finalidad práctica que espera lograr”.[214]
128. En algunas obligaciones, el deudor “asume el compromiso de desarrollar una
conducta determinada a favor del acreedor, con el propósito de satisfacer el resultado
esperado por éste”.[215] Sin embargo, si ese resultado “también depende de factores cuyo
control es ajeno al comportamiento del deudor, v. gr. elementos aleatorios o contingentes
la obligación, en dichos eventos, es de medio o de medios, y el deudor cumple su
compromiso si obra con la diligencia que corresponda, aunque no se produzca la
satisfacción del interés primario del acreedor”.[216] Así pues, la obligación de medio
exige que el deudor solamente ponga “la diligencia requerida para el logro de un
resultado cuya realización él no garantiza”.[217]
129. Por su parte, en las obligaciones de resultado el interés del acreedor “sí se puede
obtener con el comportamiento o conducta debida, toda vez que en ellas la presencia del
componente aleatorio o de azar es exigua, y por ende, el deudor sí puede garantizar que
el acreedor obtenga el resultado o logro concreto que constituye dicho interés primario”.
[218]
En consecuencia, la obligación es de resultado “cuando la obtención de este queda
incluida en el objeto de aquella”.[219]
130. A su turno, las obligaciones propter rem son las que se originan por el hecho de ser
propietario o dueño de un bien mueble o inmueble. Son obligaciones que surgen por la
existencia de un derecho real, por lo que se entienden como accesorias al derecho.[220]
Cuando el derecho real se transfiere, así mismo las obligaciones que se derivan de la
titularidad del derecho pasan al nuevo titular. En el marco de este concepto, es admisible
que la ley establezca obligaciones en cabeza del sujeto titular de un derecho real, de las
cuales se exija el cumplimiento de ciertas prestaciones o actuaciones por el hecho de
contar con un derecho. Este concepto encuentra pleno sustento en el concepto de la
función social de la propiedad, el cual será abordado más adelante en esta providencia.
131. Como se mencionó, el efectivo cumplimiento de las obligaciones especificadas en la
disposición sub examine impuestas a los propietarios de los vehículos, en algunos casos
están bajo el control directo de los propietarios y otras no. Veamos:
¿El propietario
Acciones que se deben ejecutar
del vehículo Tipo de
Contenido de la obligación para dar cumplimiento a la
tiene el control obligación
obligación
del resultado?
El propietario del vehículo Comprar el SOAT y renovarlo Sí Obligación de
debe velar porque este periódicamente antes del resultado y
circule habiendo adquirido vencimiento propter rem
el SOAT
El propietario del vehículo Asegurarse de que el vehículo Sí Obligación de
debe velar porque este haya aprobado la revisión resultado y
circule habiendo realizado la técnico-mecánica, así como propter rem
revisión técnico- mecánica renovar el permiso en los planos
en los plazos previstos por la que dispone la ley.
ley
El propietario del vehículo Si el vehículo se encuentra bajo Sí Obligación de
debe velar porque este la custodia del propietario: resultado y
circule por lugares y en transitar por lugares y en horarios propter rem
horarios que estén que estén permitidos
permitidos Si el vehículo esta fuera de la No Obligación de
custodia del propietario: medio
verificar que el conductor cuente
con las capacidades técnicas y
teóricas, así como con los
permisos exigidos por la ley para
conducir, exigir al conductor que
circule con el vehículo por
lugares y en horarios que están
permitidos, y que responda por
las infracciones de tránsito que
este cometa.
El propietario del vehículo Si el vehículo se encuentra bajo Sí Obligación de
debe velar porque este la custodia del propietario: No resultado y
circule sin exceder los exceder los límites de velocidad propter rem
límites de velocidad permitidos
permitidos Si el vehículo esta fuera de la No Obligación de
custodia del propietario: medio
verificar que el conductor cuente
con las capacidades técnicas y
teóricas, así como con los
permisos exigidos por la ley para
conducir, exigir al conductor que
circule con el vehículo por
lugares y en horarios que están
permitidos, y que responda por
las infracciones de tránsito que
este cometa.
El propietario del vehículo Si el vehículo se encuentra bajo Sí Obligación de
debe velar porque este la custodia del propietario resultado y
circule respetando la luz roja Respetar la luz roja del semáforo propter rem
del semáforo Si el vehículo esta fuera de la No Obligación de
custodia del propietario: medio
verificar que el conductor cuente
con las capacidades técnicas y
teóricas, así como con los
permisos exigidos por la ley para
conducir, exigir al conductor que
circule con el vehículo por
lugares y en horarios que están
permitidos, y que responda por
las infracciones de tránsito que
este cometa.
132. Así pues, la obligación en cabeza de los propietarios de velar porque el vehículo de
su propiedad circule dando cumplimiento a las normas señaladas de tránsito, es una
obligación propter rem. En el caso de adquirir y mantener el Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito, y de efectuar la revisión técnico- mecánica en el plazo estipulado
en la ley, claramente se trata de una obligación de resultado que deberá cumplir el
propietario por el solo hecho de ser el titular del derecho real del vehículo. Por su parte, en
lo relativo a cumplir con las normas tránsito, es necesario distinguir dos escenarios; el
primero, cuando el vehículo está bajo la custodia del propietario y el segundo, cuando el
vehículo es conducido por un tercero. En el primer caso se puede considerar que también
se trata de obligaciones que surgen por el solo hecho de ser el propietario y que, por ende,
tienen una naturaleza de obligaciones de resultado. Empero, puede entenderse que
razonablemente se trata de una obligación de medio, cuando el vehículo no está bajo la
custodia del propietario (segundo evento), como cuando este voluntariamente lo presta a
un tercero. En estos casos, el propietario cuenta con una serie de conductas a su alcance
para “velar” porque el vehículo circule dando cumplimiento a esas condiciones, como
exigir a quién conducirá el vehículo que se haga responsable por el cumplimiento de las
normas de tránsito, y que responda ante la autoridad administrativa en caso de la comisión
de una infracción, verificar que el conductor cuente con las capacidades técnicas y
teóricas, así como con los permisos exigidos por la ley para conducir, y exigir al conductor
que circule con el vehículo por lugares y en horarios que están permitidos, entre otras
cosas.
133. El tercer inciso de la disposición, contenido en el último inciso, señala que la
“violación de las anteriores obligaciones implicará la imposición de las sanciones
previstas en el Artículo 131 del Código Nacional de Tránsito (…) para dichos
comportamientos, previo el cumplimiento estricto del procedimiento administrativo
contravencional de tránsito”. El artículo 131 de la Ley 769 de 2002 regula las “multas”
que podrán imponerse a los “infractores de las normas de tránsito”.
134. Ahora bien, se advierte, que este inciso aclara que la remisión se efectúa a los
apartados del artículo 131 del Código Nacional de Tránsito (Ley 769 de 2002) que se
relacionan con los comportamientos regulados en ese mismo artículo. Es decir, que la
disposición remite, concretamente, a los numerales D.2., D.4, C.35 y C.14, C.29 del
artículo 131 de la Ley 769 de 2002. A continuación, se hará referencia al contenido
específico de cada uno de estos numerales.
135. El numeral D.2. del artículo 131 de la Ley 769 de 2002 dispone:
“D. Será sancionado con multa equivalente a treinta (30) salarios mínimos legales diarios vigentes
(smldv) el conductor y/o propietario de un vehículo automotor que incurra en cualquiera de las
siguientes infracciones:
(…)
D.2. Conducir sin portar los seguros ordenados por la ley. Además, el vehículo será inmovilizado”.
136. Respecto de las infracciones de tránsito que consisten en no asegurar los riesgos a los
que se somete a terceros al conducir, la Corte Constitucional en la Sentencia C-018 de
2004 señaló que “[c]onducir vehículos es una actividad peligrosa”, por lo que “quien usa
un carro se expone no sólo a sí mismo, sino también a los transeúntes y al público en
general por donde transita”. Por ello, “la ley exige a los conductores contar con un
seguro que cubra los eventuales perjuicios que se causen a terceros”. Así pues, está
prohibido “conducir un vehículo sin portar los seguros ordenados por la ley, pues de
llegar causársele un grave perjuicio a una persona, la víctima carecería de una garantía
real efectiva de que el daño será resarcido”.
137. Ahora bien, el numeral C.35 del artículo 131 la Ley 769 de 2002 dispone:
“C. Será sancionado con multa equivalente a quince (15) salarios mínimos legales diarios vigentes
(SMLDV) el conductor y/o propietario de un vehículo automotor que incurra en cualquiera de las
siguientes infracciones:
(…)
“C.35. No realizar la revisión técnico-mecánica en el plazo legal establecido o cuando el vehículo
no se encuentre en adecuadas condiciones técnico-mecánicas o de emisiones contaminantes, aun
cuando porte los certificados correspondientes, además el vehículo será inmovilizado”.
138. Según el artículo 51 de la Ley 769 de 2002, todos los vehículos automotores “deben
someterse anualmente a revisión técnico-mecánica (…)”. Sobre este procedimiento
unificado, la Sentencia C-502 de 2012 explicó que “representa una de las medidas con
que el legislador asegura las condiciones del vehículo automotor que circula por las vías,
tanto en cuanto a la salud y seguridad de su conductor, tripulantes, pasajeros, como a la
seguridad de quienes en vehículos o como pasajeros transitan próximos a aquél. Pero
también es una figura de control a la circulación de los vehículos, prevista para disminuir
el impacto que en el ambiente poseen las emisiones de gases que los automotores
producen”. Esa afirmación, según explicó la Corte, se sustenta en el artículo 50 de la Ley
769 de 2002 que dispone la obligación a los propietarios y tenedores de vehículos que
transiten en territorio nacional, de “mantenerlo[s] en óptimas condiciones mecánicas,
ambientales y de seguridad”.
139. Por otra parte, el numeral C.14, del artículo 131 de la Ley 769 señala que:
“C. Será sancionado con multa equivalente a quince (15) salarios mínimos legales diarios vigentes
(SMLDV) el conductor y/o propietario de un vehículo automotor que incurra en cualquiera de las
siguientes infracciones:
(…)
“C.14. Transitar por sitios restringido o en horas prohibidas por la autoridad competente. Además,
el vehículo será inmovilizado”.
140. En relación con la infracción que consiste en transitar por sitios restringidos o en
horas prohibidas, la Sentencia C-018 de 2004 señaló que “por razones de orden público,
se ha establecido zonas de la malla vial en las que permanentemente o temporalmente no
se puede circular”, lo cual busca “salvaguardar los derechos de las personas que se
encuentran en la calle”. Además, explicó que “la forma concreta como se impide que se
afecte el orden vial (…) es deteniendo el vehículo que cometa la infracción”, después de
lo cual “lo que corresponde es retirar el automóvil de la vía, pues lo contrario implica
autorizar a la persona a continuar realizando el acto por el cual precisamente fue
sancionado, esto es, transitar por una zona que le está vedada”.
141. El numeral C-29 del mismo artículo 131 dispone:
“C. Será sancionado con multa equivalente a quince (15) salarios mínimos legales diarios vigentes
(SMLDV) el conductor y/o propietario de un vehículo automotor que incurra en cualquiera de las
siguientes infracciones:
(…)
“C.29. Conducir un vehículo a velocidad superior a la máxima permitida”.
142. En la Sentencia C-144 de 2009, la Corte señaló que la velocidad es “uno de los
factores incidentes en el mayor número de accidentes de tránsito, por eso la Ley 769 de
2002 dedica varias disposiciones al establecimiento de límites máximos y mínimos a la
velocidad automotriz”. Ello, según la Corte, apunta a “la realización del primer principio
rector del Código Nacional de Tránsito Terrestre: la seguridad de los usuarios del
transporte terrestre en vías publica (sic) o privadas abiertas al público”.
143. Por último, el numeral D.4. del artículo 131 establece:
“D. Será sancionado con multa equivalente a treinta (30) salarios mínimos legales diarios vigentes
(smldv) el conductor y/o propietario de un vehículo automotor que incurra en cualquiera de las
siguientes infracciones:
(…)
“D.4. No detenerse ante una luz roja o amarilla de semáforo, una señal de “PARE” o un semáforo
intermitente en rojo. En el caso de motocicletas se procederá a su inmovilización hasta tanto no se
pague el valor de la multa o la autoridad competente decida sobre su imposición en los términos de
los artículos 135 y 136 del Código Nacional de Tránsito”.
144. En la Sentencia C-799 de 2003 la Corte señaló que “la severidad de las multas está
graduada según la gravedad de las infracciones”. En consecuencia, “las multas más
onerosas (equivalentes a treinta (30) salarios mínimos legales diarios vigentes) se
imponen por conductas que ponen en peligro grave la vida e integridad física de las
personas y usuarios de los sistemas de transporte”, como, por ejemplo, “no detenerse ante
una luz roja o amarilla de semáforo, una señal de PARE, o un semáforo intermitente en
rojo”.
145. Así pues, los numerales a los cuales remite el último inciso del artículo 10 de la Ley
2161 de 2021 prevén la posibilidad de imponer multas y, algunas otras sanciones, como la
inmovilización del vehículo, cuando se cometan las infracciones de tránsito en ellas
descritas.
146. Cabe agregar que la norma demandada también señala que la imposición de
cualquier sanción, en virtud de los numerales citados del artículo 131 de la Ley 769 de
2002, deberá darse como consecuencia de un proceso administrativo contravencional de
tránsito. Este trámite se encuentra regulado en los artículos 135 a 142 de la misma Ley
769.
147. En conclusión, la disposición acusada se divide en tres apartados. El primero crea (i)
una obligación[221] (ii) en cabeza de los “propietarios de los vehículos automotores” (iii)
consistente en “velar porque los vehículos de su propiedad circulen” cumpliendo ciertas
exigencias del tránsito. El segundo establece las 5 condiciones por las que el propietario
debe velar que se cumplan mientras su vehículo está en circulación. Y, el tercero remite a
los numerales D.2., D.4, C.35, C.14 y C.29 del artículo 131 de la Ley 769 de 2002, los
cuales regulan las multas para las infracciones de tránsito que se materializan al (i) no
adquirir o renovar oportunamente el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito; (ii) no
efectuar la revisión técnico-mecánica en los plazos previstos en la ley; (iii) transitar por
lugares y en horarios no permitidos; (iv) no respetar los límites de velocidad; y (v) no
respetar la luz roja del semáforo.
E. Análisis del primer cargo contra el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 por la
presunta vulneración del principio de unidad de materia
148. El demandante expone que el artículo acusado vulnera el artículo 158 de la
Constitución, dado que el objeto de la ley indica que esta “busca establecer medidas para
la lucha contra la evasión en la adquisición del SOAT mediante la adopción de incentivos
que promuevan hábitos óptimos de conducción y de seguridad vial”, por lo que no se
advierte que este tenga relación alguna con “el tema sancionatorio en materia de multas
de tránsito”. Además, “las infracciones que se contemplan en el Art. 10 de la Ley 2161 de
2021 no guardan relación con el SOAT”, salvo la multa que se relaciona con la
adquisición de este.[222]
149. Así pues, le corresponde a la Sala Plena de la Corte definir si el artículo 10 de la Ley
2161 de 2021 desconoce los artículos 158 y 169 de la Constitución que prevén el principio
de unidad de materia por no guardar una relación de conexidad con la materia principal o
dominante de la Ley 2161 de 2021. Para el efecto, (i) se reiterará la jurisprudencia relativa
al principio de unidad de materia, y, luego (ii) se analizará el cargo formulado.
a. El principio de unidad de materia
150. El artículo 158 de la Constitución Política dispone que “[t]odo proyecto de ley debe
referirse a una misma materia y serán inadmisibles las disposiciones o modificaciones
que no se relacionen con ella”. Por su parte, el artículo 169 indica que “[e]l título de las
leyes deberá corresponder precisamente a su contenido”.
151. De estos dos preceptos constitucionales “surge el principio de unidad de materia de
los cuerpos normativos”,[223] el cual se erige como “un instrumento de transparencia y
racionalidad del proceso legislativo, que materializa el principio democrático y el
principio de seguridad jurídica”.[224] El principio en comento tiene como finalidad
racionalizar y tecnificar el proceso de formación y aprobación de las leyes,[225] tanto “en el
momento de discusión de los proyectos en el Congreso, como respecto del producto final,
es decir, de la ley que finalmente llega a ser aprobada”.[226] En virtud de este, se exige que
las leyes se encuentren guiadas por un eje temático que podría identificarse, entre otras
cosas, por lo previsto en su título.[227] Así pues, el principio de unidad de materia “busca
que los contenidos de las leyes tengan conexidad con la materia principal de la misma, es
decir, que sean coherentes y congruentes”,[228] así como procurar que su contenido sea
sistemático e integrado, el cual debe recaer sobre un solo asunto o varios que se
encuentren relacionados entre sí.[229] De modo que, “las disposiciones extrañas e
inconexas deben ser declaradas inexequibles”.[230]
152. Por este motivo, la jurisprudencia de la Corte Constitucional ha señalado que la
violación del principio de unidad de materia se concibe como un vicio material, por lo que
a las acciones públicas de inconstitucionalidad en las que se alegue la violación de este
principio “no les es aplicable el término de caducidad previsto en el numeral 3º del
artículo 242 de la Carta Política”.[231]
153. Según ha explicado la Corte Constitucional,[232] la unidad de materia debe fundarse
en criterios de razonabilidad y objetividad, y en virtud a la libertad de configuración del
Legislador, el análisis debe basarse en criterios flexibles.[233] Un control rígido en relación
con el principio de unidad de materia resultaría contrario a la cláusula general de
competencia del Congreso de la República, así como a la vocación democrática que fue
consignada en la Constitución.[234] En ese sentido, “la intensidad con la cual se analiza si
se viola o no el principio de unidad de materia, es de nivel bajo en la medida en que, si es
posible encontrar alguna relación entre el tema tratado en un artículo y la materia de la
ley, entonces la disposición acusada es, por ese concepto, exequible”.[235]
154. En la Sentencia C-158 de 2021, se reiteraron los pronunciamientos realizados por
esta Corporación en las Sentencias C-016 de 2016 y C-507 de 2020, en las que se indicó
que para verificar el cumplimiento de este principio es posible revisar, entre otras fuentes,
los antecedentes legislativos o el título de la ley[236] a fin de identificar el núcleo temático
de la ley -conexidad temática- y la finalidad perseguida por el legislador con la expedición
de la norma -conexidad teleológica-.[237] Con el mismo propósito, se puede realizar una
lectura integral de la norma -conexidad sistemática-, bajo el supuesto de que aquella
constituye un todo, en principio ordenado.[238] Además, se puede revisar que las razones
que dieron nacimiento a la ley, en su conjunto, sean las mismas que justifican la inclusión
de cada uno de sus artículos -conexidad causal-, esto es, que cada norma, leída por
separado, sirva al mismo propósito general buscado por la ley.[239] Finalmente, es posible
verificar si los efectos de la disposición demandada coindicen con los efectos esperados de
la ley -conexidad consecuencial-.[240]
155. Ahora bien, cabe recordar que en lo que se refiere al proceso de formación de la ley
y a su resultado como norma aprobada en el ordenamiento jurídico y la jurisprudencia han
distinguido entre los principios de consecutividad, identidad flexible y unidad de materia.
Sin embargo, esta Corporación ha considerado que se presenta una conexión instrumental
entre los principios de consecutividad e identidad flexible respecto de la unidad de
materia, en tanto que “es admisible introducir y discutir modificaciones al proyecto sin
necesidad de repetir el trámite legislativo, siempre que se demuestre su unidad temática
con el resto de la iniciativa”.[241]
156. Al respecto, esta Corporación precisó que el grado de flexibilidad con el que se debe
examinar el cumplimiento del principio de unidad de materia “depende de las
circunstancias concretas en las que se desenvuelve cada proyecto de ley”. Así, por
ejemplo, “es más flexible la apreciación de las relaciones de conexidad que puedan existir
entre las disposiciones que hagan parte de una ley, si las mismas estaban incluidas desde
el origen del proyecto de ley, su presencia se desprende claramente del texto y fueron
objeto de deliberación explícita, al paso que la flexibilidad es menor cuando se trata
disposiciones que se introducen después, sin clara advertencia y sin suficiente debate, o
cuyo contenido normativo no es fácilmente inteligible en una aproximación desprevenida
a la ley”.[242]
157. En ese contexto, puede ocurrir que ciertos asuntos “aparentemente faltos de
conexidad entre sí” tengan relación “en función del objetivo específico del legislador”,
considerando que “el concepto de ‘materia’ es definido por el propio ámbito del proyecto,
que puede incluir asuntos con diversos niveles de conexidad”. En sentido opuesto,
“materias que en principio parecerían ser afines y estrechamente relacionadas, pueden no
serlo, desde la perspectiva del principio de unidad de materia, si se incluyen en un
determinado proyecto, en razón, por ejemplo, del nivel de especificidad en el que el
mismo se desenvuelve”.[243]
b. Solución del primer cargo contra el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 por la
presunta vulneración del principio de unidad de materia
158. Resulta pertinente recordar que la Corte Constitucional ha utilizado una metodología
para determinar la afectación del principio de unidad de materia, el cual se compone de
dos etapas. En la primera etapa se precisa el “alcance material o contenido temático de la
ley que contiene la disposición demandada”.[244] En la segunda etapa, se deberá verificar
si el artículo objeto de la acción pública de inconstitucionalidad guarda relación de
conexidad causal, temática, sistemática o teleológica con la materia de la ley. Con esto se
advertirá si la inclusión de dicha norma estuvo o no justificada, en lo relaciona al principio
de unidad de materia.[245]
159. Bajo este panorama, la Sala Plena (i) procederá a dilucidar el núcleo temático de la
Ley 2161 de 2021 y, luego (ii) revisará y determinará si el artículo demandado, guarda
algún tipo de relación o conexidad causal, temática, sistemática, teleológica o
consecuencial con esa materia.
Identificación del núcleo temático de la Ley 2161 de 2021
160. En este punto se deberán identificar los núcleos temáticos de la ley sub examine,[246]
para lo cual podrán tomarse como referencia “los antecedentes legislativos, el epígrafe de
la respectiva ley, así como el contexto o contenido básico del ordenamiento legal que
incorpora el precepto acusado de desconocer la unidad temática”.[247] En lo relativo a los
antecedentes de la ley, la exposición de motivos cumple un rol importante dado que de ahí
se derivan elementos relevantes, porque “allí se exponen las razones por las cuales se
promueve el ejercicio de la función legislativa y se determinan los espacios de las
relaciones sociales que se pretenden interferir”,[248] así como “los informes de ponencia,
las actas de los debates en comisiones y en plenarias, y los textos originales modificados y
definitivos”.[249] Por su parte, el título o epígrafe son trascendentales en tanto es el espacio
de la ley en la que se define o enuncia la materia a tratar, de manera que es posible fijar el
contenido temático de la ley.[250]
161. En lo relativo a la Ley 2161 de 2021, se evidencia que el 20 de julio de 2020 fueron
presentados ante la Secretaría General de la Cámara de Representantes los siguientes tres
proyectos de ley que fueron acumulados por la Mesa Directiva de la Comisión Sexta
Constitucional Permanente de la Cámara de Representantes:
“1.1 Proyecto de ley Numero 019 de 2020 Cámara "Por medio de la cual se establece una
disminución porcentual en la tarifa del seguro obligatorio de accidentes de tránsito (SOAT)”
“El día 20 de julio del año 2020 fue presentado ante la Secretaría General de la Cámara de
Representantes el proyecto de ley en mención, suscrito por los honorables Representantes Nubia
López Morales, Rodrigo Arturo Rojas, Elizabeth Jay-PangDíaz, Alexander Bermúdez Lasso, Edgar
Alfonso Gómez Román, Fabio Fernando Arroyave y Adriana Gómez Millán, iniciativa que en su
parte general expresa su propósito establecer una disminución porcentual en la tarifa del Seguro
Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) cuando la póliza no haya sido afectada en el
anualidad anterior
“1.2 Proyecto de Ley No.155 de 2020 Cámara “Por medio de la cual se adiciona al artículo 42 de
la ley 769 de 2002 incentivos en el valor del SOAT y se dictan otras disposiciones”
“El día 20 de julio del año 2020 fue presentado ante la Secretaría General de la Cámara de
Representantes el proyecto de ley en mención, suscrito por los honorables Representantes Jaime
Rodríguez Contreras y Jairo Humberto Cristo Correa, iniciativa que en su parte general expresa su
propósito de incentivar el buen comportamiento vial de los propietarios de motocicletas y/o
usuarios de las mismas, así como buscar la paridad frente a los costos del seguro SOAT entre los
propietarios de vehículos automotores.
“1.3 proyecto de ley No. 221 de 2020 Cámara “Por la cual se modifica la ley 769 de 2002 y se
establecen medidas que permitan incrementar la adquisición y renovación del seguro obligatorio de
accidentes de tránsito -SOAT-, por parte de los propietarios y/o conductores de vehículos
motorizados a nivel nacional y se dictan otras disposiciones”.
“El día 20 de julio del año 2020 fue presentado ante la Secretaría General de la Cámara de
Representantes el proyecto de ley en mención, suscrito por los honorables Representantes Alejandro
Vega, Laura Ester Fortich, Andrés David Calle Aguas, Julián Peinado, Alejandro Carlos Chacón,
Nilton Córdoba Manyona, Juan Fernando Reyes Kuri, Adriana Gómez Millán, Carlos Ardila
Espinosa y Víctor Ortiz Joya, iniciativa que en su parte general expresa su propósito de establecer
medidas que permitan incrementar la adquisición y renovación del Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito -SOAT-, por parte de los propietarios y/o conductores de vehículos
motorizados a nivel nacional y fortalecer la capacidad institucional de la Administradora de los
Recursos del SGSSS -ADRES”.[251]
162. En el informe de ponencia para primer debate en la Comisión Sexta Constitucional
Permanente de la Cámara de Representantes los ponentes del proyecto de ley acumulado
hicieron un breve recuento de los objetivos de cada una de las iniciativas “con el propósito
de que se [tuviera] conocimiento de lo que [estas] contemplaban y de lo que quisieron
plasmar los autores en aras de una mejor comprensión para el desarrollo legislativo”,[252]
así:
Proyecto de Ley Objeto
Proyecto de Ley 019 “El objeto de la presente ley es establecer una disminución porcentual en la tarifa del
de 2020 de la Cámara Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) cuando la póliza no haya sido
“Por medio de la cual afectada en la anualidad anterior y el análisis de los factores de frecuencia y severidad de
se establece una la siniestralidad del parque automotor asegurado así lo permita.
disminución en la
tarifa del Seguro Se establece una disminución de hasta el 10% en el cobro de la tarifa para los vehículos
Obligatorio de que, en cualquier categoría, no hayan afectado la póliza en la anualidad inmediatamente
Accidentes de Tránsito anterior. La disminución de la que trata el proyecto de ley es considerada por los autores
(SOAT)”. como un incentivo para que los conductores contribuyan con la seguridad vial del país a
través de prácticas y actitudes responsables” (énfasis fuera del texto).
Proyecto de Ley 155 “El objeto del presente proyecto de ley es incentivar el buen comportamiento vial de los
de 2020 Cámara “Por propietarios de motocicletas y/o usuarios de las mismas; aunado a lo anterior, las
medio de la cual se medidas previstas en el presente proyecto de ley buscan la paridad frente a los costos del
adiciona el artículo 42 seguro SOAT entre los propietarios de vehículos automotores.
de la Ley 769 de 2002
incentivos en el valor Este proyecto propone que solamente las motos obtengan un descuento del SOAT así:
del SOAT y se dictan 1 año sin afectar la póliza: descuento del 15%
otras disposiciones”. 2 años seguidos sin afectar la póliza: descuento del 20%
3 años seguidos sin afectar la póliza: descuento del 25%
4 años seguidos sin afectar la póliza: descuento del 30%
5 o más años seguidos sin afectar la póliza: descuento del 35%
Propone también unos sobrecostos en el SOAT solo para las motos.
Si se afecta la póliza el año anterior, por una (1) sola vez: se recarga el 10%
Si se afecta la póliza el año anterior, por dos (2) o más veces: se recarga el 5% por cada
vez” (énfasis fuera del texto).
Proyecto de ley 22 de “Su objeto es establecer medidas para incrementar la adquisición y renovación del SOAT
2020, Cámara “Por la por propietarios y/o conductores de vehículos motorizados a nivel nacional y fortalecer la
cual se modifica la capacidad institucional de la Administradora de los Recursos del SGSSS –ADRES.
Ley 769 de 2002 y se
establecen medidas Si renueva el SOAT más de 30 días antes de su vencimiento: 15% descuento.
que permitan Si renueva entre 30 y 14 días antes del vencimiento: 10% descuento.
incrementar la Si renueva entre 15 y 7 días antes del vencimiento: 5% descuento.
adquisición y Si renueva entre 6 días antes del vencimiento y 14 días después: paga la tarifa plena
renovación del Seguro establecida.
Obligatorio de Si renueva pasados 15 días o más de su vencimiento: 10% de recargo en el SOAT.
Accidentes de Tránsito (excepto los vehículos antiguos y clásicos).
- SOAT-, por parte de Establece validez presentar el SOAT en documento físico o digital.
los propietarios y/o Establece suspender la licencia por 5 años cuando alguien porte un SOAT fraudulento e
conductores de ilegal.
vehículos motorizados
a nivel nacional y se Fortalecer al ADRES en su función de recuperación de cartera por los pagos de
dictan otras accidentes de tránsito por vehículos no asegurados. El DNP efectuará un estudio técnico
disposiciones” para verificar la capacidad de la ADRES para cumplir con dicha recuperación de
cartera. De acuerdo con ese estudio, se destinarán los recursos para su fortalecimiento
institucional y tecnológico”.
163. La anterior síntesis evidencia que uno de los propósitos perseguidos por el
Legislador con los proyectos de ley 019 de 2020 de la Cámara y 155 de 2020 también de
la Cámara era incentivar a los propietarios de vehículos y conductores para que
contribuyeran con la seguridad vial del país a través de prácticas y actitudes responsables
durante la circulación en las vías. Para concretar esa finalidad, se pensó como estrategia
reconocer un beneficio a quienes no afectaran el Seguro Obligatorio de Accidentes de
Tránsito durante cierto tiempo, que consistiría en la reducción del valor de la tarifa del
seguro en determinado porcentaje.
164. Conforme a lo anterior, en la exposición de motivos los ponentes señalaron que el
proyecto de ley 019 de 2020 - Cámara acumulado con los proyectos de ley 155 y 221 de
2020 - Cámara, se encaminaba a “establecer medidas que permitan incrementar la
adquisición y renovación del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT), por
parte de los propietarios y/o conductores de vehículos motorizados a nivel nacional
mediante la adopción de incentivos que apremien los hábitos óptimos de conducción y de
seguridad vial. Así mismo, establecer una nueva cobertura del Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito (SOAT), que en todo caso no incrementará el valor de la póliza”.
[253]
165. Al ahondar en la “Justificación y conveniencia” del proyecto de ley acumulado, se
explicó que el “panorama colombiano en materia de seguridad vial es preocupante, no
sólo por los altos niveles de accidentalidad que se observan en el país sino porque, de
acuerdo con Fasecolda, son estos accidentes de tránsito una de las principales causas de
muertes violentas en Colombia”.[254] Como corolario de lo anterior, se explicó que el
proyecto de ley acumulado tenía el propósito de (i) “incentivar un comportamiento idóneo
frente a la responsabilidad social que representa la acción de conducir un vehículo, que
es jurídicamente considerada como una actividad peligrosa, y la necesidad de cuidado
que se debe tener con respecto a los demás actores viales”; e (ii) incrementar el
“aseguramiento en el país y, de esta manera, el fortalecimiento del sistema de Seguro
Obligatorio de Daños Corporales Causados a las Personas en Accidentes de Tránsito –
SOAT-, como mecanismo de protección de los actores viales en Colombia”.[255] En otras
palabras, el proyecto de ley tenía el propósito de servir como herramienta legal que
motivara un “cambio real en la conducta de los actores viales, especialmente en lo
relativo a la adquisición del SOAT”.[256]
166. Posteriormente, en el acápite denominado “Sobre la sostenibilidad de los recursos
del SOAT”,[257] los ponentes explicaron que la Superintendencia Financiera de Colombia
“analiza periódicamente los factores de frecuencia y severidad de la siniestralidad del
parque automotor asegurado”, para lo cual “es necesario conocer el número de
accidentes de tránsito”, entre otros asuntos, pues “el incremento en el número de
accidentes de tránsito y los costos asociados a la atención de los lesionados frente a las
tarifas que actualmente se cobran pueden llegar a afectar la suficiencia de los recursos
del SOAT” (énfasis propio).[258]
167. Conforme a lo anterior, luego de exponer las razones por las cuales era posible
disminuir la tarifa sin afectar negativamente el sistema, se señaló la importancia del
proyecto como “una herramienta que impacte en mejores y responsables prácticas de
conducción en el país, contribuyendo a la seguridad vial”, en tanto, de acuerdo con “el
Observatorio de Logística, Movilidad y Territorio, en el ámbito de las políticas públicas
de transporte, los instrumentos de este tipo se configuran en incentivos para el buen
comportamiento en la vía”.[259]
168. Así pues, desde un inicio los ponentes buscaron hacer evidente su interés de
promover mejores prácticas de conducción y de seguridad vial, en tanto, los altos niveles
de accidentalidad en las vías y de muertes por esa causa les resultaban alarmantes.
Además, la siniestralidad en las vías se identificó como un factor que incide directamente
en la cantidad de eventos que se deben cubrir con los recursos recaudados por concepto
del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito, y, en consecuencia, en la tarifa y en la
sostenibilidad del sistema. También, como se anunció anteriormente, buscaron incentivar
a los propietarios de vehículos y conductores para que contribuyeran con la seguridad vial
del país a través de prácticas y actitudes responsables durante la circulación en las vías,
para lo cual, buscaron dar un beneficio a quienes no afectaran el Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito durante cierto tiempo, en concreto, al reducir en determinado
porcentaje de la tarifa del seguro.[260]
169. Conforme a lo anterior, los ponentes hicieron hincapié en que la iniciativa
legislativa, en esos términos, resultaba de “vital importancia” para “mejorar la seguridad
vial (…) a través de la generación de incentivos para que los propietarios de los
vehículos adquieran el SOAT, así como promover el buen comportamiento de los
conductores con descuentos por la no afectación de dichas pólizas”.[261]
170. En el informe de ponencia para segundo debate, el proyecto de ley se tituló “por la
cual se establecen medidas para promover la adquisición, renovación y no evasión del
Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT), se modifica la ley 769 de 2002 y se
dictan otras disposiciones”; y, en este, se reiteraron los motivos expuestos anteriormente,
como fundamento y justificación del proyecto de ley acumulado.
171. Asimismo, en los debates desarrollados en la Plenaria del Senado de la República se
reiteraron y complementaron estos motivos. En efecto, en la exposición sobre la
“Conveniencia del Proyecto” presentada en el informe de ponencia para primer debate en
el Senado de la República del proyecto de ley 458 de 2021 Senado – 019 de 2020 Cámara,
se reiteró la preocupación derivada del panorama colombiano en materia de seguridad vial
por los altos niveles de accidentalidad y mortalidad que se presentaban en las vías,[262] y la
necesidad de tomar medidas dirigidas a incrementar el aseguramiento en el país mediante
el fortalecimiento del sistema de Seguro Obligatorio de Accidentes Tránsito, para lo cual
se hizo referencia a las cifras de la concesión del Registro Único Nacional de Tránsito
(RUNT) que evidenciaban que, para ese momento un 48% del parque automotor nacional
no contaba con Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito.[263] Y, en los informes de
ponencia para los debates que se llevaron a cabo posteriormente en la Plenaria del Senado
de la República del proyecto de ley 458 de 2021 Senado - 019 de 2020 Cámara se
reiteraron y complementaron las anteriores consideraciones.[264]
172. Este esquema pone en evidencia que dentro del núcleo temático perseguido por el
Legislador al proferir la Ley 2161 de 2021 se encuentra establecer medidas que
promuevan la seguridad vial del país a través de prácticas y actitudes responsables durante
la circulación en las vías que a su vez fomenten la adquisición, renovación y no evasión
del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT). Esto, sin perjuicio de las demás
materias relacionadas que se evidencia que el Legislador buscó también desarrollar, como
el fortalecimiento de la ADRES, el fomento en el uso de herramientas tecnológicas que
garanticen la autenticidad, integridad, conservación y posterior consulta y uso probatorio
de la información sobre el siniestro, la modernización de la nomenclatura, clasificación y
tarifas de los procedimientos médicos, quirúrgicos y hospitalarios para la atención de los
siniestros del SOAT, la definición de una póliza complementaria para cubrir la
responsabilidad civil por daños materiales a terceros en casos de choques simples, entre
otras modificaciones a la Ley 769 de 2002.
173. Este contenido temático quedó plasmado en el epígrafe de la ley, el cual dispone:
“por la cual se establecen medidas para promover la adquisición, renovación y no
evasión del seguro obligatorio de accidentes de tránsito (SOAT), se modifica la Ley 769
de 2002 y se dictan otras disposiciones”.
174. Así pues, resulta relacionada con la materia de la Ley 2161 de 2021 toda disposición
que contenga medidas dirigidas a concretar alguno de esos propósitos. Cabe agregar que el
artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 fue introducido para el cuarto debate en la Plenaria del
Senado de la República, como consecuencia de una proposición de artículo nuevo
presentada por varios senadores,[265] y en las gacetas no existe constancia de la discusión o
deliberación que esa corporación tuvo respecto de esa nueva disposición, que resultó ser el
artículo 10 de la Ley 2161 de 2021. En esa medida, en consonancia con lo advertido
previamente, es necesario realizar un análisis con menor grado de flexibilidad frente a la
unidad de materia, en tanto que no parece haberse surtido un suficiente debate sobre este
contenido normativo.[266]
Análisis sobre la existencia de relación o conexidad entre el artículo 10 de la Ley
2161 de 2021 y el núcleo temático de esta
175. El demandante consideró que artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 vulnera el principio
de unidad de materia porque el artículo 1 que indica el objeto de la Ley no hace referencia
alguna al “tema sancionatorio en materia de multas de tránsito”,[267] sino que, por el
contrario, este “habla de incentivos para promover hábitos”.[268] Sin embargo, el artículo
acusado dispone sanciones, no incentivos, de modo que, a su juicio, no guarda relación
con el objeto de la Ley.[269] Además, señaló que las infracciones que se contemplan en el
artículo acusado “no guardan relación con el SOAT”, salvo la que se relaciona con la
adquisición de este.[270] Como corolario de lo anterior, señaló que el artículo demandado
no guarda relación con el objeto de la Ley 2161 de 2021.
176. Al respecto, el Ministerio Público afirmó que los literales b), c), d) y e) del artículo
demandado no atienden a las exigencias del principio de unidad de materia porque, en su
criterio, carecen de (i) conexidad causal, en tanto la Ley 2161 de 2021 “fue expedida a
efectos de garantizar la sostenibilidad y optimizar la destinación y eficiencia de los
recursos del sistema de Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito y, en cambio, las
razones que dieron origen a [esos literales] parecen estar dirigidas a reestablecer la
responsabilidad solidaria en materia sancionatoria declarada inexequible por la Corte
Constitucional, y, con ello, facilitar la operación de los mecanismos electrónicos de
captación de las infracciones de tránsito”;[271] (ii) conexidad temática porque “la
ordenación contenida en la Ley 2161 de 2021 gira en torno al Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito, lo cual no guarda relación intrínseca con las faltas consagradas
en [esos literales] (…)”; (iii) conexidad teleológica, porque el objetivo general de la Ley
es “luchar contra la evasión en la adquisición del Seguro Obligatorio de Accidentes de
Tránsito”, el cual difiere de la finalidad de los literales mencionados que “buscan mejorar
el comportamiento vial por medio del establecimiento del deber de supervisión de los
propietarios de los vehículos sobre quienes conducen”; y (iv) conexidad sistemática
porque esos literales de la disposición demandada “ordenan elementos extraños dentro de
los objetivos y temáticas de las demás disposiciones de la Ley 2161 de 2021”.[272]
177. Por otra parte, la mayoría de los intervinientes presentaron razones para justificar por
qué consideran que la disposición sub examine sí tiene un vínculo razonable con la
materia desarrollada por la Ley 2161 de 2021. Concretamente, el Ministerio de
Transporte, la Superintendencia de Transporte, la Secretaría de Movilidad de Medellín, la
Secretaría Distrital de Movilidad, la Universidad Sergio Arboleda, y el ciudadano Hernán
David Martínez Gómez señalaron que el artículo demandado no vulnera el principio de
unidad de materia, dado que “desde las primeras etapas del trámite legislativo en cuestión
se previó la adopción de incentivos para promover hábitos óptimos de conducción y
seguridad vial”, por lo que el proyecto que derivó en la expedición de la Ley 2161 de
2021 “no debe entenderse simplemente como la intención de introducir cambios en la
regulación del SOAT inspirada única y exclusivamente en aspectos técnicos de los
seguros, sino que debe analizarse en el contexto de la seguridad vial y de todas las
normas que regulan el comportamiento de los actores viales, así como de los requisitos
para transitar en el territorio nacional”.[273] Así pues, según los intervinientes, debe
considerarse que la Ley 2161 de 2021, en general, “esboza la materialización de prácticas
adecuadas al momento de conducir, así como hábitos óptimos en torno a dicha actividad”.
[274]
178. La Sala Plena de la Corte Constitucional considera que el artículo 10 guarda una
relación temática y una conexidad teleológica con la materia principal de la Ley 2161 de
2021, por lo que considera que al demandante no le asiste razón en su censura. Más allá
del grado de menor flexibilidad con el que se debe analizar este artículo, como se
demuestra a continuación, la relación con la materia general desarrollada por la
mencionada resulta evidente de manera que su introducción en el proyecto que resultó en
ley demandada no contrarió el principio de unidad de materia.
179. Por una parte, se evidencia que la disposición promueve los buenos hábitos de
conducción y de seguridad vial al obligar al propietario que cuide que su vehículo circule
(a) “[h]abiendo adquirido el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito”; (b)
“[h]abiendo realizado la revisión tecnicomecánica en los plazos previstos por la ley”; (c)
“[p]or lugares y en horarios que estén permitidos”; (d) “[s]in exceder los límites de
velocidad permitidos”; (e) “[r]espetando la luz roja del semáforo”.
180. Así pues, la disposición guarda una conexidad temática con la materia desarrollada
por la Ley 2161 de 2021. La conexidad temática “puede definirse como la vinculación
objetiva y razonable entre la materia o el asunto general sobre el que versa una ley y la
materia o el asunto sobre el que versa concretamente una disposición suya particular”.
[275]
Y, en este caso, en efecto se evidencia la existencia de una vinculación de la
disposición con la materia general de la Ley 2161 de 2021 que, aunque no es directa, sí es
objetiva y razonable, puesto que, por lo menos hipotéticamente es dable establecer que si
los propietarios de los vehículos velan porque estos circulen cumpliendo las enunciadas
normas de tránsito, puede que haya menos accidentes en las vías, y, en consecuencia,
menos pólizas del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito siniestradas. Como
corolario de lo anterior, más propietarios pueden buscar beneficiarse de la reducción en la
tarifa del seguro, y, por tanto, más propietarios se verán inclinados a renovarlo
oportunamente, e, incluso, adquirirlo por primera vez.
181. Asimismo, se evidencia una conexidad teleológica, la cual es entendida como “la
identidad de objetivos perseguidos por la ley vista en su conjunto general, y cada una de
sus disposiciones en particular”.[276] Esto, en tanto la disposición está alineada con el
propósito de los legisladores de incentivar a los propietarios de vehículos y conductores
para que contribuyan con la seguridad vial del país a través de prácticas y actitudes
responsables durante la circulación en las vías.[277] Así pues, la Corte encuentra que no es
necesario que los literales b), c), d) y e) de la disposición hagan referencia explícita al
Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito, o a cómo el cumplimiento de esas normas
de tránsito puede incidir en su adquisición, renovación y no evasión para determinar la
conexidad teleológica de esos literales general de la Ley 2161 de 2021, pues, la
disposición como medida dirigida al cumplimiento de las normas de tránsito, se encuentra
alineada con el propósito del legislador de promover los buenos hábitos de conducción y
la seguridad vial.
182. Ahora bien, como se expuso, para el demandante, el artículo acusado no guarda
unidad de materia con la Ley 2161 de 2021, principalmente, porque “no se observa en el
objeto [descrito en el artículo 1 de esa misma Ley] que se trate sobre el tema
sancionatorio en materia de multas de tránsito”,[278] por el contrario, el objeto de la ley
“habla de incentivos para promover hábitos”. Sin embargo, a su juicio, el artículo acusado
dispone sanciones, no incentivos, de modo que no guarda relación con el objeto.[279]
183. Al respecto, la Sala Plena advierte que en el informe de ponencia para segundo
debate en la Plenaria del Senado de la República del proyecto de ley 458 de 2021 Senado -
019 de 2020 Cámara, con el fin de incrementar la adquisición y renovación del Seguro
Obligatorio de Accidentes de Tránsito se propuso “hacer uso de dos herramientas
fundamentales: el incentivo y la sanción, partiendo de la base de la Teoría del
Condicionamiento Operante, según la cual, la coexistencia de esas, generan una
alteración o modificación del comportamiento humano como respuesta proporcional a sus
actuaciones en un determinado entorno (…)”.[280] Lo anterior, evidencia que es plausible
tener una concepción amplia de “incentivo”,[281] no sólo como un refuerzo positivo para
los destinatarios de las medidas, sino como cualquier estímulo dirigido a que las cifras de
adquisición y renovación del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito incrementen.
184. En efecto, desde la ciencia económica “incentivo” es un concepto amplio que
comprende todo aquello que motiva a hacer o no hacer algo, lo cual incluye tanto los
beneficios, como los castigos.[282] En ese sentido, puede considerarse que dentro del
concepto “incentivo” que se encuentra contenido dentro del artículo 1 de la Ley, se
encuentran comprendidos los efectos sancionatorios de la disposición acusada. Esta
interpretación se ampara también en el carácter flexible que caracteriza a este tipo de
análisis, con el fin de garantizar la libertad de configuración normativa del Legislador para
regular una actividad peligrosa como lo es la conducción.
185. En relación con este primer cargo procede concluir, entonces en este caso existe
vínculo suficiente entre lo regulado en el artículo acusado y la Ley 2161 de 2021 de la
cual hace parte, por lo que con su expedición no se materializó una vulneración al
principio de unidad de materia que se desprende de los artículos 158 y 169 de la
Constitución.
186. Así pues, para la Sala Plena de la Corte Constitucional, el primer cargo no está
llamado a prosperar.
G. Análisis del segundo cargo contra el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 por la
presunta vulneración de los artículos 6 y 29 de la Constitución Política, de los cuales
se deriva el principio de imputación personal en materia sancionatoria y el derecho a
la presunción de inocencia
187. El demandante considera que el artículo acusado es contrario a los artículos 6 y 29
de la Constitución Política y, por tanto, “vulnera el principio de responsabilidad personal
[porque] asume que el propietario será quien deberá asumir las sanciones derivadas del
proceso administrativo sancionatorio, aunque este no hubiere cometido las infracciones”.
[283]
En consecuencia, le corresponde a la Sala Plena de la Corte Constitucional determinar
si el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 es contrario a los artículos 6 y 29 de la
Constitución, de los cuales se deriva el principio de responsabilidad personal en materia
sancionatoria, al prever la posibilidad de sancionar al propietario por incumplir su
obligación de velar porque el vehículo de su propiedad circule (i) sin haber adquirido el
Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito; (ii) sin haber realizado la revisión técnico
mecánica en los plazos previstos por la ley; (iii) por lugares y en horarios que no estén
permitidos; (iv) excediendo los límites de velocidad permitidos; (v) sin respetar la luz roja
del semáforo.
a. La propiedad como derecho y deber
188. Desde 1936 el régimen constitucional colombiano admite que la propiedad privada
juega papel preponderante en desenvolvimiento social.[284] La reforma constitucional que
tuvo lugar en el mismo año “conllevó a que el Estado colombiano dejara de reconocer en
ella un derecho que ofrece sólo prerrogativas, para conferirle el carácter de facultad con
responsabilidades”.[285] Así, el artículo 30 de la Constitución de 1886 reconocía que la
“propiedad es una función social que implica obligaciones”. De modo que, desde
entonces se ha concebido que el derecho de propiedad “debe consultar los intereses
sociales para efectos de recibir la protección constitucional que el Estado le garantiza”.
189. Actualmente, el derecho a la propiedad está previsto en el artículo 58 de la
Constitución, el cual lo garantiza conforme a la ley y establece límites por motivos de
utilidad pública e interés social. Además, prevé su función social y ecológica, lo que
implica obligaciones para los titulares de este derecho. Del mismo modo, prevé la figura
de la expropiación por vía administrativa previa indemnización. En este orden de ideas, la
propiedad privada ha sido reconocida en la Constitución Política “no solo como un
derecho sino como un deber que implica obligaciones, y en esa medida el ordenamiento
jurídico garantiza no solo su núcleo esencial, sino su función social y ecológica (Art. 58
de la C.N.), que permite consolidar los derechos del propietario con las necesidades de la
colectividad, debidamente fundamentadas”.[286]
190. Además, la noción de propiedad privada está prevista en el inciso primero del
artículo 669 del Código Civil como “el derecho real en una cosa corporal, para gozar y
disponer de ella, no siendo contra ley o contra derecho ajeno”. Bajo ese entendido, la
Corte Constitucional ha desarrollado la noción del derecho a la propiedad privada como
un derecho constitucional subjetivo[287] que tiene una persona sobre una cosa corporal o
incorporal, cuyo núcleo esencial faculta al titular para usar, gozar, explotar y disponer de
esta.[288]
191. Ahora bien, la Corte Constitucional “– en perfecta correspondencia con su línea de
interpretación dominante en materia de Constitución económica – ha ligado la
interpretación del artículo 58 a la cláusula de Estado social, matizando el carácter de
derecho subjetivo de la propiedad, y acentuando la función social de la misma”.[289] Al
respecto, ha dicho que la garantía de la propiedad privada
“La garantía de la propiedad privada no puede desconocer que el criterio de la función social - con
mayor intensidad en el caso de los bienes económicos - afecta su estructura y determina su
ejercicio. En el Estado social de derecho, los derechos se atribuyen a la persona como miembro de
la comunidad y como tal vinculada por los principios de solidaridad y de prevalencia del interés
general (C.P art 1). Precisamente, la función social inherente a la propiedad se orienta a realizar el
interés de la comunidad y por ello busca atraer al sujeto de manera que, sin dejar de perseguir la
satisfacción de sus propios móviles, se logre la realización de intereses que trascienden la esfera
meramente individual, bajo la amenaza en caso de carencia de cooperación del titular de dar por
extinguido el derecho, al decaer el presupuesto social de la atribución. La necesidad de relaciones
equitativas de poder en la sociedad, impide que la propiedad se pueda escindir de la comunidad y
aislarse abstractamente de la misma. Por el contrario, la legislación da cuenta que en ella
convergen múltiples intereses que están llamados a encontrar equilibrio en la fórmula concreta de
función social que se adopte.
“Con el objeto de entender cabalmente el sentido de la garantía constitucional, es importante
advertir que la función social no es un dato externo a la propiedad. Se integra, por el contrario, a
su estructura. Las obligaciones, deberes y limitaciones de todo orden, derivados de la función
social de la propiedad, se introducen e incorporan en su propio ámbito. La naturaleza social de la
atribución del derecho determina que la misma esté condicionada a la realización de funciones y de
fines que traza la ley, los cuales señalan los comportamientos posibles, dentro de los cuales puede
moverse el propietario, siempre que al lado de su beneficio personal se utilice el bien según el más
alto patrón de sociabilidad, concebido en términos de bienestar colectivo y relaciones sociales más
equitativas e igualitarias. No es posible determinar de una vez para siempre las cosas del aludido
patrón de sociabilidad deseada. La función social como expresión del principio de solidaridad y
ecuación de los varios intereses en conflicto, es una cláusula general que sólo puede especificarse
en el contexto histórico de las relaciones económicas y sociales, y por el Legislador como máximo
mediador del conflicto social, sobre todo si se tiene en cuenta que la fórmula interviene entre los
intereses de la producción y los que se derivan de la justicia social y la igualdad”.[290]
192. En este sentido, desde tiempo atrás se ha entendido que “el contenido social de las
obligaciones limita internamente el contenido individual de facultades o poderes del
propietario”,[291] lo que implica que el propietario ejerza su titularidad para satisfacer sus
necesidades individuales, pero también las de la colectividad.[292] Así pues, el derecho de
propiedad “no tiene un carácter absoluto o intangible”[293] y puede ser “sometido a
restricciones por parte del legislador”[294] cuando “ello resulte necesario para satisfacer
los intereses sociales”.[295] Sin embargo, tales restricciones deben ser razonadas y
proporcionadas.[296]
193. Lo anterior significa que, en aras de garantizar que la propiedad cumpla la función
social, el Legislador no sólo está autorizado para restringir el derecho de propiedad, sino
que “también puede imponerle cargas o gravámenes necesarios para su adecuado
ejercicio”.[297] Sobre este particular, la Corte Constitucional ha señalado que el carácter
social del derecho de propiedad autoriza al Legislador para “obligar al propietario, ya no
sólo a abstenerse de realizar conductas que limiten el ejercicio de su derecho, sino a
desplegar acciones positivas que tiendan a efectivizarlo”.[298] En este sentido, la Corte ha
señalado que “[l]a configuración legal de la propiedad, entonces, puede apuntar
indistintamente a la supresión de ciertas facultades, a su ejercicio condicionado o, en
ciertos casos, al obligado ejercicio de algunas obligaciones” (subrayado fuera del texto
original).[299]
194. En consecuencia, la propiedad no solo debe ser entendida como un derecho, sino
también como un deber,[300] en atención a que la función social es un elemento
constitutivo y no externo a la misma,[301] el cual “compromete a los propietarios con el
deber de solidaridad plasmado en la [C]onstitución”.[302]
195. Con sustento en las anteriores consideraciones, en la Sentencia C-491 de 2002, la
Corte Constitucional declaró exequible el artículo 217 del Decreto 1355 de 1970, el cual
autorizaba a los alcaldes a imponer la obligación de construcción de obra a quienes
“mantengan los muros de sus antejardines o los frentes de su casa o edificio en mal estado
de conservación o de presentación”. En concreto, la Corte consideró que ese gravamen
“no constituye una imposición atentatoria del derecho de propiedad y, por ende, de la
Constitución Política, sino que más bien consiste en una medida que tiende a la
realización de la propiedad como función social y al reconocimiento de la primacía del
interés general sobre el interés particular”, ya que ese deber de cuidado del buen estado
de conservación de los inmuebles incumbe a toda la sociedad, pues “es factor
indispensable para el normal desenvolvimiento de la vida comunitaria, más todavía si se
habla de partes de inmuebles que podrían estar expuestas al público o que son aledañas a
espacios comúnmente transitados por personas”.
196. Por otra parte, la Corte Suprema de Justicia también ha señalado que los propietarios
de bienes muebles e inmuebles tienen deberes de diligencia y vigilancia respecto de la
destinación que se les dé a estos, incluso en los casos en que el bien se encuentra bajo la
administración o tenencia de un tercero.[303] Así, en la Sentencia STC15778-2017 del 2 de
octubre de 2017, la Sala de Casación Civil negó una acción de tutela formulada contra la
providencia judicial que declaró la extinción de dominio de un predio destinado a
actividades relacionadas con la comercialización de estupefacientes y en la que el
accionante señalaba que la propiedad era administrada por un tercero quien se encargaba
de arrendarla, por lo que no se encontraba acreditada su responsabilidad.[304]
197. Además, la Sala de Casación Penal ha fundado múltiples decisiones en
consideraciones similares. Concretamente, en la Sentencia STP13261-2019 del 24 de
septiembre de 2019,[305] dicha Sala estudió una acción de tutela en la que la accionante
manifestaba que su hijo desarrollaba la actividad ilegal (comercialización de
alucinógenos) en su predio sin que ella tuviera conocimiento. Sin embargo, la Sala de
Casación Penal negó la tutela al considerar que “el hecho de que fuera su hijo quien
desarrollaba la actividad ilegal, no la desliga del cuidado y observancia constante del
inmueble”, pues el derecho de propiedad conlleva ciertas obligaciones que “si bien se
mitigan por la confianza, se mantienen vigentes respecto del titular del derecho, a quien le
corresponde velar por la integridad y destinación legítima del inmueble. Máxime, cuando
no se acreditó ninguna circunstancia que impidiera el ejercicio del referido deber. Por
ende, concluyó que la incuria de la demandante no puede ser utilizada en su favor para
proteger el derecho a la propiedad”.[306]
198. En otro caso, la Sala de Casación Penal negó una acción de tutela presentada por una
empresa de transporte contra la sentencia que declaró la extinción de dominio de un bus
(bien mueble) de su propiedad con fundamento en la casual 5 del artículo 16 de la Ley
1708 de 2014 —por ser utilizado durante la comisión del delito de trashumancia electoral
—. Dicha Sala consideró que la decisión del a quem había sido razonable dado que en el
proceso de extinción de dominio, en efecto, no había sido probado de la accionante
hubiere cumplido con sus deberes de cuidado y vigilancia respecto del bus.[307]
199. Los pronunciamientos de la Corte Constitucional y de la Corte Suprema de Justicia
que se vienen de referenciar, evidencian que la propiedad en el Estado Social de Derecho
colombiano implica no sólo las facultades de uso, goce y disfrute, sino que, en virtud de la
función social que le es inherente, implica deberes y responsabilidades, entre los cuales, se
encuentran los deberes de cuidado y vigilancia del bien. Este tipo de deberes y exigencias
respecto del vehículo podrían variar dependiendo del tipo de transporte que se realice. Por
tal razón, se procede a distinguir entre las características del transporte público y privado.
b. La diferencia entre el transporte público y el transporte privado
200. El transporte es una actividad indispensable para la vida en sociedad y en particular
para las relaciones económicas, pues implica “movilizar personas o cosas de un lugar a
otro”, implementando para ello diferentes medios.[308] Dichos traslados “pueden
efectuarse dentro del marco de las relaciones privadas, bajo el amparo de la libertad de
locomoción (art. 24 Const.), o ejerciendo actividades económicas dirigidas a obtener
beneficios por la prestación del servicio (art. 333)”.[309]
201. Conforme al artículo 3º de la Ley 105 de 1993,[310] el transporte público es un
servicio público en virtud del cual se garantiza “la movilización de personas o cosas, por
medio de vehículos apropiados a cada una de las infraestructuras del sector, en
condiciones de libertad de acceso, calidad y seguridad de los usuarios sujeto a una
contraprestación económica”. Este, en consecuencia, debe ser regulado, controlado y
vigilado por el Estado. Al respecto, el artículo 5 de Ley 336 de 1996 señala que las
operaciones de las empresas de transporte público bajo la regulación del Estado tienen el
carácter de servicio público esencial, lo cual implica (i) la prevalencia del interés general
sobre el particular, (ii) la necesidad de garantizar su prestación, y (iii) el deber proteger a
los usuarios.
202. Para la prestación del servicio público de transporte “los operadores o empresas de
transporte, esto es, las personas naturales o jurídicas constituidas como unidad de
explotación económica permanente que cuenten con los equipos, instalaciones y órganos
de administración que les permitan prestar adecuadamente el servicio, deben tener
autorización del Estado”,[311] pues esa habilitación le permite al Estado cerciorarse del
cumplimiento de las condiciones legales y reglamentarias mínimas exigidas a quien
pretenda prestar el servicio público de transporte, para garantizar que se brindará en
condiciones de seguridad, continuidad, responsabilidad y eficiencia.[312]
203. Conforme a lo anterior, el Consejo de Estado y la Corte Constitucional han señalado
que el servicio público de transporte presenta las siguientes características:[313]
“Su objeto consiste en movilizar personas o cosas de un lugar a otro, a cambio a una
contraprestación pactada normalmente en dinero.
“- Cumple la función de satisfacer las necesidades de transporte de la comunidad, mediante el
ofrecimiento público en el contexto de la libre competencia;
“- El carácter de servicio público esencial implica la prevalencia del interés público sobre el
interés particular, especialmente en relación con la garantía de su prestación -la cual debe ser
óptima, eficiente, continua e ininterrumpida-, y la seguridad de los usuarios - que constituye
prioridad esencial en la actividad del sector y del sistema de transporte (Ley 336/96, art. 2°)-;
“- Constituye una actividad económica sujeta a un alto grado de intervención del Estado;
“- El servicio público se presta a través de empresas organizadas para ese fin y habilitadas por el
Estado.
“- Todas las empresas operadoras deben contar con una capacidad transportadora específica,
autorizada para la prestación del servicio, ya sea con vehículos propios o de terceros, para lo
cual la ley defiere al reglamento la determinación de la forma de vinculación de los equipos a las
empresas (Ley 336/96, art. 22), y
“- Su prestación sólo puede hacerse con equipos matriculados o registrados para dicho servicio;
“- Implica necesariamente la celebración de un contrato de transporte entre la empresa y el
usuario.
2- Cuando los equipos de transporte no son de propiedad de la empresa, deben incorporarse a su
parque automotor, a través de una forma contractual válida.” (Énfasis en el texto original)
204. Según lo establecido en el artículo 5 de la Ley 336 de 1996, el servicio de transporte
privado es aquel que tiende a satisfacer necesidades de movilización de personas o cosas,
dentro del ámbito de las actividades privadas de las personas naturales y/o jurídicas. De
efectuarse con equipos propios se requiere que estos cumplan con la normatividad
establecida por el Ministerio de Transporte y, en caso distinto, deberá realizarse con
empresas de transporte público legalmente habilitadas en los términos de dicha ley.
205. Acorde con la jurisprudencia de la Corte Constitucional, para distinguir el transporte
público y privado:“El elemento definitorio de la diferencia entre uno y otro tipo de
transporte es que, en el público, una persona presta el servicio a otra, a cambio de una
remuneración, al paso que en el privado, la persona se transporta, o transporta objetos,
en vehículos de su propiedad o que ha contratado con terceros” (énfasis propio).[314]
206. A diferencia del servicio de transporte público, el privado se caracteriza por las
siguientes particularidades:
“-La actividad de movilización de personas o cosas la realiza el particular dentro de su ámbito
exclusivamente privado;
“- Tiene por objeto la satisfacción de necesidades propias de la actividad del particular, y por
tanto, no se ofrece la prestación a la comunidad;
“- Puede realizarse con vehículos propios. Si el particular requiere contratar equipos, debe hacerlo
con empresas de transporte público legalmente habilitadas, como se estudia en el siguiente
capítulo.
“- No implica, en principio, la celebración de contratos de transporte, salvo cuando se utilizan
vehículos que no son de propiedad del particular;
“- Es una actividad sujeta a la inspección, vigilancia y control administrativo con el fin de
garantizar que la movilización cumpla con las normas de seguridad, las reglas técnicas de los
equipos y la protección de la ciudadanía”.[315] (énfasis en el texto original)
207. El hecho de que el transporte sea privado “no significa que no exista una
intervención del Estado, mediante la ley u otro tipo de normas contenidas en el
ordenamiento jurídico”.[316] Por el contrario, el Estado debe ejercer control sobre el
ejercicio de la actividad transportadora privada, pues “no solamente tiene una vital
importancia para el desarrollo de la sociedad en general, sino que guarda una estrecha
relación, como actividad riesgosa que es al emplear medios mecánicos de diversa índole”,
[317]
lo cual exige de medidas dirigidas a salvaguardar la vida e integridad de las personas,
bajo la máxima según la cual prima el interés general sobre el particular. Es por ello que el
Estado reglamenta no solo el servicio de transporte público como servicio público
esencial, sino que mediante el ejercicio de sus funciones de dirección, regulación y control
regula también las diferentes modalidades bajo las cuales se puede materializar la
movilización de personas o cosas.
208. En síntesis, siempre que se trate de la actividad de transporte, sea público o privado,
dada la prevalencia del interés general sobre el particular, es imperativa la intervención
estatal para reglamentar y controlar esa actividad, en procura de garantizar no sólo el
pleno ejercicio de actividades inherentes a la economía o el desarrollo de la sociedad, sino
principalmente para salvaguardar la seguridad tanto de los usuarios como de la
comunidad. En ello se ahondará en el capítulo siguiente.
c. La regulación de la actividad de tránsito y la potestad administrativa sancionadora.
Reiteración de jurisprudencia[318]
209. Al tránsito terrestre se encuentran ligados asuntos tan importantes como la libertad
de movimiento y circulación (CP art. 24) y el desarrollo económico. Sin embargo, esta
actividad implica también riesgos representativos para las cosas y las personas.[319] Por lo
anterior, procurar la seguridad vial es una de las cuestiones más importantes,[320] lo cual
supone una regulación rigurosa del tráfico automotor.[321]
210. La importancia y el carácter riesgoso del tránsito terrestre justifican que esta
actividad sea regulada “de manera intensa por el Legislador”,[322] señalando “reglas y
requisitos destinados a proteger la integridad de las personas y los bienes”.[323] Así pues,
el tránsito terrestre es una actividad “frente a la cual se ha considerado legítima una
amplia intervención policiva del Estado, con el fin de garantizar el orden y proteger los
derechos de las personas”,[324] lo cual implica que (i) el Legislador “tiene una amplia
libertad de configuración respecto de la misma”[325] y que, en consecuencia, (ii) el control
constitucional ejercido sobre las regulaciones de tránsito “no debe ser tan riguroso como
en otros campos a fin de no vulnerar esa amplitud de la libertad de configuración del
Legislador”.[326]
211. En cuanto a los fines de la regulación legal del tránsito terrestre en Colombia, “el
propio Legislador ha establecido (…) que los principios esenciales que orientan la
regulación de esta actividad, que es de suyo riesgosa, son la seguridad y la protección de
las personas o usuarios, y que por dicha razón el transporte público gozará de una
especial protección por parte del Estado e implicará una prelación del interés general
sobre el particular”.[327] En igual sentido, la jurisprudencia de esta Corte ha recabado que
“si no existiera una regulación adecuada de la circulación de personas y vehículos sobre
las vías públicas, los derechos de los particulares, así como el interés colectivo, se verían
gravemente afectados: la descoordinación de las fuerzas físicas que actúan en el
escenario del tránsito vehicular y peatonal, provocaría la accidentalidad constante de sus
elementos (…)”.[328]
212. Ahora bien, la regulación del tránsito se funda en gran medida en la “concesión a las
autoridades de tránsito de la facultad de imponer sanciones a quienes infrinjan las
normas que buscan proteger la seguridad de las personas”.[329] Por ello, es pertinente
hacer una breve referencia a las potestades sancionadoras de las autoridades estatales.
213. La jurisprudencia de la Corte ha señalado que “la potestad sancionatoria
administrativa, encuentra su fundamento en los artículos 2º, 4º, 29º, y en general en los
artículos 150.8, 189.21, 189.22, 189.24 y 26, 209, 334, 365, 366 y 370”[330] de la
Constitución Política. Esta constituye una clara manifestación del ius puniendi del Estado.
Así pues, el derecho administrativo sancionador es una manifestación de poder jurídico
necesaria para la regulación de la vida en sociedad y para que la administración pueda
cumplir adecuadamente sus funciones y realizar sus fines.[331] A través de su ejercicio es
posible “realizar los valores del orden jurídico institucional, mediante la asignación de
competencias a la administración que la habilitan para exigir el acatamiento, inclusive
por medios punitivos, de una disciplina”.[332] Además, tiene una cierta finalidad
preventiva, pues el simple hecho de proponer un efecto sancionador tiende a desincentivar
el incumplimiento de las prescripciones normativas.
214. La jurisprudencia de esta Corporación ha señalado que “uno de los temas en que al
Legislador le asiste libertad de configuración legislativa, es en materia de regulación de
sanciones y restricciones por la comisión de infracciones de las normas de tránsito”.[333]
En este sentido, se ha insistido en que el Legislador se encuentra ampliamente facultado
para “imponer aquellas restricciones necesarias en materia de tránsito para preservar la
seguridad, la movilidad, la salubridad, la preservación de la malla vial o ambiental, entre
otros aspectos”.[334] Sin embargo, ha expresado también, que dicha potestad restrictiva y
sancionatoria en materia de tránsito “no puede ejercerse de manera arbitraria, sino que
las restricciones o sanciones que se impongan deben compaginar con el principio general
de libertad, perseguir fines constitucionalmente legítimos, deben ser razonables y
proporcionales, y respetar en todo momento las garantías inherentes al debido proceso
administrativo”.[335]
215. Así las cosas, la potestad sancionadora del Estado tiene límites,[336] a saber: (i) el
principio de legalidad que se traduce en la existencia de una ley que la regule, es decir,
que corresponde sólo al Legislador ordinario o extraordinario su definición; (ii) el
principio de tipicidad que, si bien no es igual de riguroso al penal, sí obliga al Legislador a
hacer una descripción de la conducta o del comportamiento que da lugar a la aplicación de
la sanción y a determinar expresamente la sanción; (iii) el debido proceso que exige, entre
otros, la definición de un proceso, así sea sumario, que garantice el derecho de defensa, lo
que incluye la designación expresa de la autoridad competente para imponer la sanción;
(iv) el principio de proporcionalidad que se traduce en que la sanción debe ser
proporcional a la falta o infracción administrativa que se busca sancionar; y (v) la
independencia de la sanción penal, lo que significa que la sanción se puede imponer
independientemente de si el hecho que da lugar a ella también puede constituir infracción
al régimen penal.
216. En efecto, en la Sentencia C-922 de 2001, la Corte señaló que “en el derecho
administrativo sancionador son aplicables mutatis mutandi las garantías superiores que
rigen en materia penal”. Sin embargo, lo anterior no significa que los principios del
derecho penal se apliquen exactamente de la misma forma en todos los ámbitos en donde
se manifiesta el poder sancionador del Estado, ya que entre el derecho penal y los otros
derechos sancionadores existen diferencias importantes.[337] Así, en los procesos
administrativos sancionatorios, la Corte ha reconocido que los principios del debido
proceso se siguen aplicando, pero operan con una cierta flexibilidad en relación con el
derecho penal.[338]
217. En suma, puede afirmarse que la potestad punitiva del Estado agrupa el conjunto de
competencias asignadas a los diferentes órganos para imponer sanciones de variada
naturaleza jurídica. Por ello, la actuación administrativa requerida para la aplicación de
sanciones, en ejercicio de la potestad sancionadora de la administración —correctiva y
disciplinaria— está subordinada a las reglas del debido proceso conforme se explicará a
mayor profundidad más adelante, luego, de explicar las etapas del proceso
contravencional del tránsito.
d. El proceso contravencional de tránsito
218. De los artículos 134 a 142 del Código Nacional de Tránsito, se desprende que el
proceso contravencional por infracciones de tránsito está compuesto por cuatro etapas
fundamentales, a saber: (i) la orden de comparendo o de comparecer, (ii) la presentación
de la persona citada a comparecer ante la autoridad respectiva en los términos dispuestos
por la ley, (iii) la audiencia de pruebas y alegatos y (iv) la audiencia de fallo. A
continuación, de manera breve y a título de enunciación, se mencionará en que consiste
cada una de estas fases.
219. La orden de comparecer o comparendo. La orden de comparecer contenida en el
comparendo da inicio al trámite contravencional de tránsito. Este, se encuentra definido en
el artículo 2º del Código Nacional de Tránsito como la orden formal de citación ante la
autoridad competente que hace un agente de transporte y tránsito al presunto contraventor.
Así pues, la orden de comparecer o comparendo no consiste en la imposición de una
sanción, sino que ella tiene por objeto citar al presunto infractor para que se presente ante
la autoridad de tránsito competente dentro de los 5 días hábiles siguientes.[339] Una vez
surtida la orden de comparendo es admisible que el propio citado ponga fin al proceso
contravencional en su contra, aceptando la voluntariamente la comisión de la infracción y
“cancelando voluntariamente la sanción que corresponda a la infracción que se le
atribuye, con lo cual da lugar a que opere el fenómeno jurídico de la asunción de
obligaciones por la aceptación de la imputación realizada”.[340] Con ello, termina el
proceso contravencional de tránsito sin necesidad de que el citado concurra a las
siguientes etapas.
220. Audiencia de presentación del inculpado. La ley le otorga al citado el término de 5
días hábiles después de expedida la orden de comparendo para presentarse de manera
presencial o mediante el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, ante
las autoridades de tránsito. Este término debe ser anunciado en la respectiva orden.[341] En
el caso de que el citado presunto infractor no se presente en el tiempo previsto, el Código
Nacional de Tránsito concede un término de 30 días calendario después de ocurrida la
presunta infracción, tras el cual la autoridad de tránsito podrá (i) continuar el proceso
contravencional, en el cual se entenderá como vinculado al citado en la orden de
comparendo; (ii) fallar en audiencia pública; y, (iii) notificar la decisión en estrados.[342]
Ahora bien, puede ocurrir que el citado presunto infractor comparezca, como puede
ocurrir que no. En caso de presentarse, puede aceptar la comisión de la infracción y pagar
la respectiva sanción, o, negar los hechos, evento en el cual, se tendrá que fijar fecha y
hora para la audiencia pública.[343] Es decir que, la presentación del citado tiene por objeto
“su manifestación de aceptación o negación de los hechos que dieron lugar al su
requerimiento y, en caso de ser necesario, poner fecha y hora para la celebración de
audiencia pública”.[344] Pero, en caso de que el citado no se presente ante la autoridad de
tránsito respectiva “deberá asumir las consecuencias negativas que se deriven de su
inobservancia, entre otras, que la multa será aumentada y que el proceso seguirá su curso
hacia la celebración de la audiencia de fallo, y si es del caso, la imposición de la sanción
correlativa a la infracción realizada”.[345]
221. Audiencia de pruebas y alegatos. De acuerdo con lo expresado, cuando el citado
comparece ante la autoridad administrativa en virtud de la orden de comparendo y niega
los hechos, se debe fijar fecha y hora para la celebración de la audiencia de pruebas y de
alegatos. En esta, se le debe conceder al citado presunto infractor quien goza de la
presunción de inocencia, la oportunidad de ejercer sus derechos fundamentales de
audiencia, de defensa y contradicción y en tal virtud puede presentar sus argumentos,
controvertir las pruebas que existan en su contra y solicitar pruebas. Además, la autoridad
administrativa de la causa podrá decretar de oficio las pruebas pertinentes y conducentes y
disponer el término para la práctica de las mismas y el recaudo del material probatorio.[346]
222. Audiencia de fallo. Una vez practicadas las pruebas decretadas, la autoridad
administrativa de la causa deberá “celebrar una nueva audiencia pública para, con base
en la valoración del material probatorio recopilado en el proceso, dictar una resolución
motivada sobre la responsabilidad contravencional del inculpado, imponiendo las
sanciones a que haya lugar”[347] de conformidad con lo dispuesto en el Código Nacional
de Tránsito. En esta etapa, el citado presunto infractor podrá interponer los recursos
procedentes, los cuales deberá formular y sustentar oralmente antes de finalizada la
audiencia.[348]
223. En suma, el comparendo es la citación que realiza un agente de transporte y tránsito
al presunto contraventor para que acuda ante las autoridades de tránsito competentes, para
que de manera presencial o mediante el uso de las tecnologías de la información y la
comunicación, rinda versión sobre lo ocurrido y ejerza sus derechos fundamentales de
audiencia, defensa, contradicción, impugnación y, en general, el debido proceso, durante
el cual podrá aceptar o rechazar la presunta comisión de la infracción. Por su parte, la
sanción o multa corresponde a la fijación de la tarifa o monto de dinero que deberá
cancelar el responsable de una contravención, lo cual sólo puede decidirse por la autoridad
administrativa luego de surtido el proceso administrativo contravencional.
e. El debido proceso administrativo
224. El artículo 29 de la Constitución Política establece la garantía fundamental al debido
proceso, el cual es aplicable a toda clase de actuaciones judiciales y administrativas. Esa
prerrogativa ha sido definida por la jurisprudencia constitucional como un conjunto de
garantías que ofrece el ordenamiento jurídico en procura de proteger al individuo frente al
cual se inicia un proceso judicial o administrativo, para que se llegue a una decisión de
mérito respetando y garantizando en todo momento sus derechos fundamentales.[349] De
ahí la diferencia sustancial entre procedimiento administrativo y proceso administrativo; el
primero entendido como una sucesión ordenada y sucesiva de etapas para la adopción de
una decisión judicial o administrativa por la autoridad competente y, el segundo, como
una actuación judicial o administrativa en la cual se garantiza la efectividad de los
derechos fundamentales.
225. El respeto al derecho fundamental al debido proceso, le impone a quien asume la
dirección de la actuación judicial o administrativa, la obligación de observar, en todos sus
actos, el procedimiento previamente establecido en la ley o en los reglamentos, “con el fin
de preservar las garantías -derechos y obligaciones- de quienes se encuentran incursos en
una relación jurídica, en todos aquellos casos en que la actuación conduzca a la creación,
modificación o extinción de un derecho o a la imposición de una sanción”.[350] En este
sentido, el derecho al debido proceso se muestra como desarrollo del principio de
legalidad, pues representa un límite al ejercicio del poder público y, en particular, al
ejercicio del ius puniendi del Estado.
226. Como se anunció anteriormente, la Constitución Política extiende la garantía del
debido proceso no sólo a los procedimientos judiciales, sino también a todas las
actuaciones administrativas. Así pues, el debido proceso es una garantía dirigida también a
promover “la correcta producción de los actos administrativos, y por ello extiende su
cobertura a todo el ejercicio que debe desarrollar la administración pública, en la
realización de sus objetivos y fines estatales, es decir, cobija a todas sus manifestaciones
en cuanto a la formación y ejecución de los actos, a las peticiones que realicen los
particulares, a los procesos que por motivo y con ocasión de sus funciones cada entidad
administrativa debe desarrollar y desde luego, garantiza la defensa ciudadana al
señalarle los medios de impugnación previstos respecto de las providencias
administrativas, cuando crea el particular, que a través de ellas se hayan afectado sus
intereses”.[351] En ese sentido, el debido proceso administrativo busca equilibrar la
relación de la administración con el particular en los trámites que ante la primera se
inicien.[352]
227. Para tal fin, la garantía del debido proceso administrativo se encuentra, a su vez,
compuesta por múltiples elementos que constituyen por sí solos un derecho exigible y
que, conforme a la jurisprudencia, no son taxativos,[353] a saber: el derecho de audiencia, a
la defensa y la contradicción, al funcionario natural sea judicial o administrativo, a la
publicidad y comunicación del proceso, a la imparcialidad e independencia de la autoridad
competente y a un procedimiento previamente establecido.
228. El derecho a la audiencia y la defensa implica la garantía de que la persona frente a
la cual se inició el trámite administrativo conozca efectivamente la actuación, sea
escuchada en ella, tenga acceso a las pruebas recaudadas y la oportunidad procesal de
contradecirlas, así como la posibilidad de entender el asunto, de manera que la defensa no
sólo se garantice de manera formal sino también materialmente.[354] Por su parte, la
garantía del funcionario o juez natural hace referencia al derecho que tiene el individuo de
ser procesado por la autoridad que tiene la competencia legal para tal efecto, bajo las
garantías de imparcialidad e independencia.[355] Igualmente, en virtud del principio de
legalidad, la jurisprudencia ha exigido que el trámite impartido debe haber sido
consagrado descrito en las disposiciones normativas, de manera que el particular tenga
conocimiento de las etapas, términos y oportunidades procesales dentro del mismo, a
efectos de ejercer efectivamente sus derechos. Esto, a su vez, deviene en la necesidad de
que se lleven a cabo de manera adecuada las notificaciones y comunicaciones pertinentes
dentro del asunto.
229. Ahora bien, la garantía del debido proceso administrativo cobra mayor relevancia en
las actuaciones sancionatorias emprendidas por la Administración. Si bien el Estado
cuenta con potestad para ejercer las medidas coercitivas tendientes a reprochar el
incumplimiento del ordenamiento jurídico, lo cierto es que los ciudadanos también tienen
el derecho a que se les protejan y respeten sus derechos de audiencia, defensa,
contradicción, impugnación y demás aspectos ligados a su dignidad humana y el debido
proceso. Este tipo de garantías implican también un límite a los poderes coercitivos de la
Administración, lo que promueve que se controlen o eviten decisiones arbitrarias o
abusivas.
230. La Corte ha sido enfática en que, para la protección del debido proceso
administrativo sancionatorio, deben respetarse las prerrogativas mencionadas, así como
las que rigen el proceso penal, como la tipicidad y la culpabilidad. Se requiere entonces
que la conducta reprochada y la sanción se encuentren previamente establecidas en las
normas correspondientes, y que, de igual modo, se procure la proporcionalidad de la
sanción respecto del hecho o la omisión que generó la falta.
231. Así las cosas, las actuaciones sancionatorias emprendidas por la Administración se
sujetan a las reglas básicas del debido proceso, esto es, a una serie de prerrogativas
tendientes a proteger al individuo procesado y blindar la decisión que se adopte de cara al
respeto por la dignidad humana; especialmente habrá de tenerse en cuenta en aquellos
asuntos los principios de legalidad, tipicidad y culpabilidad, en el sentido de que los
procesos y las sanciones a imponer deberán estar previamente consagrados en la
normatividad pertinente y la responsabilidad no podrá derivarse exclusivamente de un
análisis objetivo de la situación, sino que atenderá al criterio personalísimo del juicio de
reproche, propio de los regímenes sancionatorios.
f. El principio de responsabilidad personal en materia sancionatoria. Reiteración de
jurisprudencia[356]
232. El principio de responsabilidad personal en materia sancionatoria —también
denominado principio de imputabilidad personal, de personalidad de las penas o sanciones
o de responsabilidad por el acto propio— “consiste en que un sujeto únicamente puede ser
sancionado por actos u omisiones propias”.[357] Por lo tanto, al momento de imponer una
sanción, “no es posible transferir la responsabilidad”.[358] En efecto, en materia
administrativa sancionatoria, la responsabilidad únicamente puede establecerse a partir de
juicios de reproche personalísimos, lo que implica que las sanciones administrativas
proceden respecto de quien cometió la infracción por acción o por omisión,[359] ya sea una
persona natural o una persona jurídica. Así pues, la responsabilidad administrativa es
personal e intransmisible y, en virtud del principio de responsabilidad personal, “no es
posible separar la autoría, de la responsabilidad”.[360]
233. El principio de responsabilidad personal en materia sancionatoria encuentra
fundamento en el artículo 6 de la Constitución, según el cual “[l]os particulares sólo son
responsables ante las autoridades por infringir la Constitución y las leyes. Los
servidores públicos lo son por la misma causa y por omisión o extralimitación en el
ejercicio de sus funciones” (énfasis propio) y en el artículo 29 Superior que establece:
“Nadie podrá ser juzgado sino conforme a leyes preexistentes al acto que se le imputa”
(énfasis propio).
234. Dichas normas constitucionales exigen que la infracción sea imputada a quien
cometió la infracción (imputación personal), como requisito para que surja la obligación
de responder frente a los reproches por violar la Constitución o las leyes (legalidad en
materia sancionatoria). La exigencia de imputación personal se deriva, además, del
principio constitucional de necesidad de las sanciones, que señala que “la facultad
sancionadora del Estado solo es legítima frente a sujetos que merecen un juicio de
reproche por sus actos u omisiones”.[361] En este sentido, “la venganza estatal o
retribución pública no constituye una razón suficiente para legitimar el ejercicio del
poder punitivo del Estado, lo que permitiría la extensión de la responsabilidad y la
sanción a los miembros de la familia, el clan, el grupo o la estirpe, por los hechos
cometidos por alguno de sus miembros”.[362] Por el contrario, en el Estado Constitucional
de Derecho, el poder de sanción “no se transmite por los vínculos que existan con el autor
de la infracción o con el objeto con el cual se cometió la misma, porque esto implicaría
un reproche por la relación o la situación jurídica, mas no por el acto, acción u omisión”.
[363]
235. Ahora bien, la imputabilidad o responsabilidad personal que exige que la sanción se
predique únicamente respecto de las acciones u omisiones propias del infractor “es una
exigencia transversal que no admite excepciones ni modulaciones en materia
administrativa sancionatoria”[364] y, por lo tanto, es predicable tanto de los regímenes
subjetivos de responsabilidad sancionatoria, como de los eventos en los que la
responsabilidad objetiva resulta constitucional. Así, aunque en algunas ocasiones se ha
utilizado como sinónimos la imputabilidad del hecho o responsabilidad personal del
infractor y la culpabilidad,[365] también se ha diferenciado entre ambas categorías. Al
respecto, se ha reiterado que la imputación personal del hecho es predicable tanto en
regímenes subjetivos ordinarios[366] y en los de presunción de dolo y culpa,[367] como en
los de responsabilidad objetiva.[368]
g. El derecho a la presunción de inocencia. Reiteración de jurisprudencia.[369]
236. La Constitución Política de 1991 estableció en su artículo 29 la presunción de
inocencia, como una de las garantías del derecho fundamental al debido proceso. Esta es
una garantía para evitar la arbitrariedad, que siempre está activa y con mayor razón en
todos aquellos eventos en los que el Estado pretende ejercer el poder de reprochar
comportamientos, por la vía judicial o administrativa, esencialmente en ejercicio de su
potestad sancionadora (ius puniendi).[370]
237. Aunque el artículo 29 de la Constitución dispone que “[t]oda persona se presume
inocente mientras no se la haya declarado judicialmente culpable”, la presunción de
inocencia es una garantía fundamental que es igualmente exigible en los procesos
administrativos. Al respecto, en la Sentencia C-495 de 2019, esta Corporación indicó que:
“(i) corresponde al Estado la carga de desvirtuar la inocencia, a través de la prueba de
los distintos elementos de la responsabilidad, incluida la culpabilidad.[371] (ii) A pesar de
existir libertad respecto de las pruebas para desvirtuar la presunción de inocencia, sólo
son admisibles medios de prueba respetuosos del debido proceso y acordes a la dignidad
humana[372]. (iii) Nadie puede ser obligado a contribuir para que la presunción de
inocencia que lo ampara, sea desvirtuada y sus silencios carecen de valor probatorio en
forma de confesión o indicio de su responsabilidad[373]; (iv) durante el desarrollo del
proceso o del procedimiento, la persona tiene derecho a ser tratada como inocente[374] y
(v) la prueba necesaria para demostrar la culpabilidad debe tener suficiente fuerza
demostrativa, más allá de toda duda razonable, la que, en caso de persistir, debe
resolverse mediante la confirmación de la presunción. Las anteriores, son ‘garantías
constitucionales que presiden la potestad sancionadora de la administración y el
procedimiento administrativo que se adelanta para ejercerla’[375]” (citas propias del texto
original).
238. La regla que ordena resolver las dudas razonables en favor del procesado (regla in
dubio pro reo, in dubio pro investigado, in dubio pro disciplinado) “es una consecuencia
natural de la presunción constitucional de inocencia y constituye la contracara misma de
la carga de la prueba que pesa sobre el Estado, a través de las entidades que ejercen el
poder público”.[376] La duda razonable resulta cuando del examen probatorio “no es
posible tener convicción racional respecto de los elementos de la responsabilidad y, por lo
tanto, no se cuenta con las pruebas requeridas para proferir una decisión condenatoria,
que desvirtúe plenamente la presunción de inocencia”.[377]
239. En suma, la presunción de inocencia es una de las garantías constitucionales del
derecho fundamental al debido proceso. Esta garantía es aplicable en los procesos
administrativos en los cuales se investiga y se juzga la conducta y que pueden conducir a
condenas o a sanciones administrativas, incluidas, entre otras, las sanciones por
infracciones de tránsito. En consecuencia, en este tipo de procesos administrativos
corresponde al Estado “la carga de probar los elementos de la responsabilidad y, por lo
tanto, ante el incumplimiento de dicha carga, por ausencia, contradicción objetiva o
insuficiencia de pruebas, la consecuencia natural de presumir la inocencia, consiste en
que las dudas razonables deben resolverse en favor del investigado”.[378]
h. Solución del segundo cargo contra el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 por la
presunta vulneración del principio de responsabilidad personal en materia
sancionatoria
240. Antes de iniciar con el análisis sobre los argumentos presentados por el demandante
para sustentar el segundo cargo, resulta necesario ahondar en la delimitación del sentido
de la disposición, en tanto que los intervinientes demostraron diversas lecturas sobre los
efectos de la norma.
241. A partir de la revisión del trámite legislativo no fue posible establecer cuál es la
lectura adecuada de la disposición y los numerales del artículo 131 de la Ley 769 de 2002
a los que esta remite, ya que el artículo fue introducido luego del trámite cumplido en la
Cámara de Representantes, al momento de efectuarse el segundo debate en la Plenaria del
Senado de la República, como consecuencia de una proposición de artículo nuevo
presentada por varios senadores.[379] Sin embargo, no existe constancia en las Gacetas del
Congreso acerca de la discusión o deliberación que esa Corporación pública tuvo respecto
de esa nueva disposición, que resultó ser el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021.
242. Al margen de lo anterior, según se explicó en el capítulo denominado “Delimitación
del alcance y contenido de la disposición demandada”, de la lectura del texto se advierte
que, por una parte, los incisos 1 y 2 de la disposición crean una obligación[380] en cabeza
de los “propietarios de los vehículos automotores”[381] que consiste en “velar” porque los
vehículos de su propiedad circulen cumpliendo ciertas normas de tránsito. Es decir que, la
prestación que se exige al propietario (como sujeto pasivo de la obligación) corresponde,
de manera general, a cuidar, vigilar u observar que las condiciones en las que el vehículo
de su propiedad circula, es decir que este circule: (a) “[h]abiendo adquirido el Seguro
Obligatorio de Accidentes de Tránsito”; (b) “[h]abiendo realizado la revisión
tecnicomecánica en los plazos previstos por la ley”; (c) “[p]or lugares y en horarios que
estén permitidos”; (d) “[s]in exceder los límites de velocidad permitidos”; (e)
“[r]espetando la luz roja del semáforo”.
243. Por otra parte, el inciso 3 de la disposición señala que la “violación de las anteriores
obligaciones (…) implicará la imposición de las sanciones previstas en el artículo 131 del
Código Nacional de Tránsito (…) para dichos comportamientos”. Así pues, según la
disposición, la violación -por acción o por omisión- de la obligación del propietario de
velar porque el vehículo de su propiedad circule cumpliendo las 5 condiciones señaladas
podrá implicar la imposición de las sanciones previstas en el artículo 131 del Código
Nacional de Tránsito, para lo cual debe surtirse un proceso contravencional de tránsito, en
el cual se cumplan las garantías propias del debido proceso.
244. En efecto, una lectura sistemática de la disposición y los mencionados numerales del
artículo 131 de la Ley 769 de 2002 a los que remite, tal y como lo señaló el demandante y
la Secretaría de Movilidad de Medellín, razonablemente, permite concluir que la conducta
que se le podría reprochar al propietario del vehículo es incumplir su obligación de velar
porque el vehículo de su propiedad circule respetando las normas de tránsito, lo cual,
implicaría la consecuencia de ser sancionado con multa de entre 15 y 30 salarios mínimos
legales diarios vigentes, según el resultado del incumplimiento de esa obligación de
cuidado, sea que el vehículo haya circulado (a) sin haber adquirido el Seguro Obligatorio
de Accidentes de Tránsito; (b) sin haber realizado la revisión técnico-mecánica en los
plazos previstos por la ley; (c) por lugares y en horarios que no están permitidos; (d)
excediendo los límites de velocidad permitidos; o, (e) sin respetar la luz roja del semáforo.
245. De conformidad con lo anterior, se advierte que la disposición no se refiere a una
responsabilidad objetiva, ni a una responsabilidad solidaria entre el propietario del
vehículo y el conductor, puesto que ambos tipos de responsabilidad se deducen de lo que
de manera expresa señale la ley, lo cual no ocurre en este caso.[382] Aquí , pues, se trata de
un tipo de responsabilidad subjetiva, que exige la prueba de la culpa del sujeto pasivo
como propietario del vehículo, sea o no el conductor del mismo. Además, se trata de una
responsabilidad individual, pues no se refiere de manera expresa a una pluralidad de
sujetos responsables, sino solamente al propietario en tanto se trata de obligaciones
propter rem.
246. Como corolario de la última conclusión, resulta pertinente aclarar que las
consideraciones y subreglas fijadas en la Sentencia C-038 de 2020 son relevantes para este
caso respecto del contenido y alcance del principio de responsabilidad personal en materia
sancionatoria, y, por ello, fueron reiteradas íntegramente en el acápite denominado “El
principio de responsabilidad personal en materia sancionatoria. Reiteración de
jurisprudencia”. Sin embargo, la parte resolutiva y la regla de decisión no constituyen
cosa juzgada o precedente respecto del presente caso, en tanto, la disposición objeto de
análisis tiene un contenido normativo distinto del analizado en esa ocasión. En efecto, la
disposición examinada mediante la Sentencia C-038 de 2020 establecía de manera
inequívoca que en materia de tránsito existiría una responsabilidad solidaria entre el
propietario del vehículo y el conductor,[383] lo cual, como se viene de explicar, no ocurre
en el presente caso.
247. Asimismo, las Sentencias C-530 de 2003 y C-980 de 2010 son relevantes en esta
ocasión para entender que la sola notificación del comparendo al propietario del vehículo
no lo hace, automáticamente, destinatario de una sanción, sino que la notificación de la
infracción al propietario del vehículo tiene el propósito de citarlo ante las autoridades de
tránsito competentes para que concurra “al proceso y tomar las medidas pertinentes para
aclarar su situación, no siendo posible atribuirle a éste algún tipo de responsabilidad
directa”.[384] En ese sentido, “la obligación atribuida al propietario de tener que pagar la
multa, solo puede tener lugar, como consecuencia de su vinculación formal a la actuación
administrativa, y luego de que se establezca plenamente su culpabilidad en la infracción”.
[385]
Sin embargo, esas Sentencias, en este caso tampoco constituyen cosa juzgada o
precedente porque analizaron disposiciones normativas que exigían notificar del
comparendo al propietario del vehículo en determinadas circunstancias y la disposición
que se analiza en esta ocasión nada dice o tiene que ver con esa notificación del
comparendo. De modo que, se trata de un contenido normativo distinto.
248. Una vez dilucidado el sentido de la disposición, la Corte Constitucional debe,
entonces, resolver el segundo cargo. Este, se dirige contra el artículo 10 de la Ley 2161 de
2021, por presuntamente violar los artículos 6 y 29 de la Constitución Política, de los
cuales, como se explicó anteriormente, se desprende el principio de responsabilidad
personal en materia sancionatoria y el derecho a la presunción de inocencia.
249. Sobre esta materia, la Federación Colombiana de Municipios, la Federación
Nacional de Departamentos, el Ministerio de Transporte, la Superintendencia de
Transporte, la Secretaría de Movilidad de Medellín y la Secretaría Distrital de Movilidad
señalaron que la disposición acusada no vulnera los artículos 6 y 29 de la Constitución y,
por tanto, es constitucional porque “en el derecho moderno la propiedad tiene una función
social que implica deberes dentro de la comunidad, como el respeto al derecho ajeno y el
cumplimiento de ‘al menos’, las exigencias dispuestas en el artículo demandado”.[386]
Además, consideraron que es necesario “establecer una SANCIÓN DIRECTA, no
solidaria, para el propietario de un vehículo”, que infrinja “obligaciones determinadas en
las normas de tránsito”, para cumplir con “una función preventiva que le infringe al
propietario la responsabilidad necesaria, respecto del uso adecuado del bien de su
propiedad, inclusive si lo entrega a otro, para conducirlo”.[387]
250. En cualquier caso, para la Federación Nacional de Departamentos y la Secretaría de
Movilidad de Medellín “la sanción al propietario del vehículo por la violación de las
obligaciones previstas en la norma demandada, sólo puede darse cuando se garantice el
debido proceso”, es decir cuando “la autoridad correspondiente encuentre plenamente
acreditados los elementos de la responsabilidad, incluida la imputación personal,
respetando así la presunción de inocencia y el derecho a la defensa (…), así como la
plena demostración de que la infracción fue cometida por quien la ley le atribuye
responsabilidad solidaria o participó de alguna manera efectiva en su realización”.[388]
De modo que, la notificación del comparendo al proceso administrativo sancionatorio de
acuerdo con el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 “no genera una sanción automática en
contra del referido propietario, por el contrario su vinculación permite efectivizar el
derecho fundamental al debido proceso consagrado en el artículo 29 de la Constitución”.
[389]
251. La Universidad Sergio Arboleda y la Universidad de Caldas solicitaron a la Corte
declarar la exequibilidad condicionada de la disposición “para que sea interpretada según
los mandatos legales y constitucionales” y, en particular, que para que se aclare que “en
ningún momento habrá responsabilidad solidaria u objetiva de la persona que maneje un
vehículo y no sea el propietario de dicho vehículo, como lo ha señalado la Sentencia C-
038/20”,[390] ya que sancionar al propietario “por su simple calidad o condición”, aun
cuando no haya participado directamente en los hechos constitutivos de la infracción, iría
“en contravía del sentir constitucional, legal y jurisprudencial”.[391]
252. Por otra parte, la Universidad Surcolombiana,[392] la Pontificia Universidad
Bolivariana,[393] la Defensoría del Pueblo y la Veeduría de Movilidad de Pereira,
solicitaron a la Corte declarar la inexequibilidad de la disposición porque esta “implica
que el propietario deba responder por infracciones cometidas por otro, como
normalmente puede darse por el conductor”, lo cual “resulta inconstitucional en materia
sancionatoria” ya que, los artículos 6 y 29 de la Constitución y la Sentencia C-038 de
2020, exigen “la imputación personal de la infracción para que así surja la obligación de
responder frente a reproches por violación a la Constitución o las leyes”.[394] Así pues,
“solo quien conduce en forma efectiva el vehículo puede llevarlo a la revisión
tecnicomecánica, circular por lugares y en horarios permitidos, conducir respetando el
límite de velocidad permitido y respetar la luz roja del semáforo”, por lo que “no es claro
cómo podrían los propietarios velar por su cumplimiento, sobre todo cuando no cuenten
con el control o la custodia material del vehículo”.[395] Sin embargo, esos literales “por la
forma en que están redactados”, conducirán a que el Estado “sancione a una persona que
no ha realizado la infracción, por el solo hecho de ostentar el derecho real de propiedad
sobre el vehículo, generando así una responsabilidad objetiva por el hecho ajeno”.[396] No
obstante, “los propietarios de los vehículos automotores no deben responder por las
infracciones cometidas por terceros; [ya] que le corresponde a las autoridades de
tránsito, comprobar la responsabilidad de las personas vinculadas al procedimiento, pues
las multas no deben ser concebidas como un instrumento de mero recaudo de recursos
para las entidades estatales, sino como una forma de incrementar la seguridad vial en el
país y desincentivar conductas y comportamientos que puedan afectar en alguna medida
el bien jurídico de la seguridad vial, contempladas en el Código Nacional de Tránsito”.
[397]
253. A partir de estos argumentos, la Sala Plena evidencia que (i) imponer una obligación
al propietario del vehículo para que “vele” porque el vehículo de su propiedad circule (a)
habiendo adquirido el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito; (b) habiendo
efectuado la revisión técnico-mecánica dentro del plazo establecido en la ley; (c) por
lugares y en horarios que estén permitidos; (d) sin exceder los límites de velocidad
permitidos; y (e) respetando la luz roja del semáforo, así como (ii) disponer la posibilidad
de que el propietario del vehículo sea sancionado al interior de un proceso administrativo
sancionatorio contravencional cuando esa obligación sea incumplida, se encuentra
conforme al principio de responsabilidad personal y al derecho a la presunción de
inocencia previstos en los artículos 6 y 29 de la Constitución. Además, desarrolla y
materializa la función social y ecológica que, en virtud del artículo 58 de la Constitución
tiene la propiedad, y se encuentra dentro del amplio margen de configuración del
Legislador en materia de tránsito y en materia sancionatoria.
254. Con todo, en lo relativo a los literales c), d) y e) (incluido los incisos 1 y 3 cuando se
relacionen con la aplicación de los mencionados literales), la Sala Plena encuentra
necesario aclarar que “el propietario del vehículo podrá ser sancionado cuando, al
interior del procedimiento administrativo sancionatorio, resulte probado que este, de
manera culposa incurrió en las infracciones de tránsito analizadas”. Es decir, cuando
resulte probado que el propietario incumplió, de manera culpable, su deber de velar
porque el vehículo circule (c) por lugares y en horarios que estén permitidos; (d) sin
exceder los límites de velocidad permitidos; y (e) respetando la luz roja del semáforo.
Estas conclusiones se sustentan en los siguientes razonamientos.
255. El inciso 3 de la disposición demandada aclara que la responsabilidad del propietario
por el incumplimiento de la obligación de velar por que el vehículo de su propiedad
circule en cumplimiento de las condiciones señaladas en los literales a, b, c, d y e, se debe
dar en el marco de un proceso administrativo contravencional de tránsito. Así pues, la
responsabilidad del propietario no es objetiva u automática. Por el contrario, el propietario
del vehículo que presuntamente haya incumplido las obligaciones objeto de análisis debe
ser notificado del comparendo, tener la oportunidad de concurrir al proceso y contar con la
posibilidad de ejercer entre otros sus derechos de audiencia, defensa, contradicción e
impugnación, por lo que, en general, la administración debe respetarle las garantías
propias del derecho fundamental al debido proceso.
256. En este punto, resulta relevante aclarar que el levantamiento de un comparendo “no
puede asimilarse a la imposición de la sanción”.[398] En efecto, como se explicó, el
comparendo es entendido como la “orden formal de notificación para que el presunto
contraventor o implicado se presente ante la autoridad de tránsito por la comisión de una
infracción”,[399] (ver acápite denominado “El proceso contravencional de tránsito”). Así
pues, el comparendo, tal y como su nombre lo indica, es una citación a comparecer o a
presentarse durante los cinco (5) días hábiles siguientes ante la autoridad competente. En
ese sentido, el comparendo “da inicio al trámite contravencional por infracciones de
tránsito cuyo objeto consiste en citar al presunto infractor para que acepte o niegue los
hechos que dieron lugar a su requerimiento, y en caso de ser necesario, proceder a fijar
fecha para la celebración de audiencia pública, en la cual podrá efectuar sus descargos y
explicaciones”.[400]
257. Por el contrario, la multa o sanción pecuniaria es la consecuencia jurídica que se le
atribuye a quien se le ha comprobado en el proceso contravencional que ha incumplido, de
manera culpable, una norma u obligación de tránsito, lo cual sólo puede decidirse por la
autoridad administrativa luego de surtido el proceso administrativo contravencional de
tránsito (ver el acápite denominado “El proceso contravencional de Tránsito”) conforme a
las garantías del debido proceso y siempre que resulten probados los elementos propios de
la responsabilidad (ver acápites “El debido proceso administrativo” y “El derecho a la
presunción de inocencia”).
258. Así pues, se evidencia que la disposición objeto de análisis se encuentra conforme
con el derecho a la presunción de inocencia, por cuanto, la sanción al propietario no podrá
expedirse de manera automática y por el sólo hecho de que se hubiese expedido un
comparendo. Por el contrario, la responsabilidad del propietario deberá probarse y
establecerse al interior de un proceso administrativo contravencional, al que debe ser
vinculado el propietario y que debe surtirse en cumplimiento de las garantías propias del
debido proceso. Así pues, solo cuando se prueben los elementos de la responsabilidad,
conforme se explicará más adelante, y el vinculado al proceso no logre desvirtuarlos, se
podrá sancionar con la multa correspondiente al propietario del vehículo.
259. Por otra parte, se evidencia que la disposición se encuentra conforme al principio de
responsabilidad personal, el cual dispone que “un sujeto únicamente puede ser sancionado
por actos u omisiones propias”,[401] (ver el acápite denominado “El principio de
responsabilidad personal en materia sancionatoria”). En el caso objeto de análisis, se
tiene que la causa de la posible sanción es una omisión imputable al propietario del
vehículo, a saber: que este incumpla, de manera culpable, con la obligación propter rem
de velar porque el vehículo de su propiedad circule conforme a las condiciones previstas
en los literales a, b, c, d, y e de la disposición. En ese sentido, la conducta reprochada
consiste en una omisión imputable al propietario del vehículo, que se sintetiza en “no
velar” o no satisfacer los deberes de cuidado y vigilancia respecto del bien de su
propiedad. Esta omisión del propietario del vehículo puede materializarse de manera
independiente y autónoma respecto de otras conductas ilegales o infracciones que
pudieren concretarse durante la conducción. En ese sentido, no puede afirmarse que la
norma pretenda imputarle al propietario las conductas de un tercero o de quien conduce el
vehículo. Por el contrario, esta establece una obligación al propietario por el mismo hecho
de serlo, y determina unas posibles consecuencias jurídicas por el incumplimiento de esa
determinación.
260. Ahora bien, la anterior conclusión, en modo alguno exime al conductor de su
responsabilidad de cumplir con las normas de tránsito. Aunque, las obligaciones del
conductor son objeto de otras disposiciones normativas que exceden el presente análisis de
constitucionalidad, resulta necesario establecer con claridad que la responsabilidad del
propietario no excluye o elimina la del conductor, quien, conforme al artículo 131 de la
Ley 769 de 2002 es titular de otras determinadas obligaciones en materia de tránsito y
puede también ser destinatario de sanciones proferidas en el marco de un proceso
administrativo contravencional de tránsito.
261. Estas conclusiones que se vienen de exponer consideran también que, como se
explicó en el acápite denominado “La propiedad como derecho y deber”, en virtud del
artículo 58 de la Constitución Política, la propiedad entraña una función social y
ecológica, lo que implica que los propietarios de los vehículos deben ejercer su titularidad
para satisfacer sus necesidades individuales, pero también las de la colectividad,[402] para
lo cual pueden ser destinatarios de obligaciones que se deben cumplir en ejercicio del
derecho de propiedad (propter rem).[403] Así pues, el Legislador puede someter el derecho
de propiedad a cargas, deberes, limitaciones y obligaciones en cabeza de los propietarios
con el fin de garantizar que el ejercicio del derecho de propiedad esté conforme al interés
general. Esto, siempre que se trate de medidas razonables y proporcionales.[404]
262. En ese sentido, establecer la obligación al propietario de velar porque el vehículo de
su propiedad circule dando cumplimiento a la condiciones señaladas concreta y
materializa, respecto de los vehículos, la función social y ecológica de la propiedad,
dispuesta en el artículo 58 de la Constitución Política, ya que garantiza que estos circulen
en cumplimiento de las condiciones jurídicas, técnicas y fácticas necesarias para promover
la protección del medio ambiente y la seguridad de los transeúntes, conductores y
pasajeros.
263. Además, el hecho de que los vehículos por naturaleza estén destinados a desarrollar
una actividad peligrosa, implica, por lo menos dos consecuencias:
Primero, que el Legislador tiene la facultad de regular de manera intensa la actividad de
tránsito, lo que, incluye la posibilidad imponer obligaciones a quienes intervienen en ella,
incluidos los propietarios de vehículos, con el fin de garantizar el orden público y proteger
los derechos de las personas (ver acápite denominado “La regulación de la actividad de
tránsito y la potestad administrativa sancionadora”). Ese amplio margen de
configuración, en este caso se suma a la “libertad de configuración legislativa en materia
de regulación de sanciones y restricciones por la comisión de infracciones de las normas
de tránsito”.[405] En efecto, el Legislador se encuentra ampliamente facultado para
“imponer aquellas restricciones necesarias en materia de tránsito para preservar la
seguridad, la movilidad, la salubridad, la preservación de la malla vial o ambiental, entre
otros aspectos”.[406]
Segundo, el propietario, por ser quien tiene un vínculo jurídico con el vehículo debe ser el
principal responsable de efectuar, de manera diligente, todas las actividades que estén a su
alcance para cerciorarse de que el vehículo respecto del cual ejerce derecho de dominio
cumpla con la función social y ecológica de la propiedad (ver acápite denominado “La
propiedad como derecho y deber”). En particular, de que el vehículo se encuentre en
condiciones técnicas y jurídicas óptimas para garantizar la seguridad de las personas y la
protección del medio ambiente, así como que el uso que se le da a este se encuentra
conforme a la ley. Dentro de ese margen de responsabilidad del propietario, sin duda, se
encuentra cumplir con las obligaciones de adquirir y mantener vigente el Seguro
Obligatorio de Accidentes de Tránsito, efectuar la revisión técnico-mecánica en los plazos
establecidos en la ley; y cumplir con un deber de cuidado y diligencia para cerciorarse que
el vehículo circule dando cumplimiento a las normas de tránsito, como circular por lugares
y en horarios que estén permitidos; sin exceder los límites de velocidad permitidos; y
respetando la luz roja del semáforo.
264. Así, pues, esa obligación en cabeza del propietario de velar porque el vehículo de su
propiedad circule dando cumplimiento a las condiciones señaladas, así como la
posibilidad de atribuirle una sanción al interior de un proceso administrativo
contravencional de tránsito que se adelante en cumplimiento de las garantías del debido
proceso, cuando quiera que este no cumpla con dicha obligación de cuidado y vigilancia,
es razonable y proporcional, pues no constituye una imposición que afecte o límite de
manera grave el ejercicio del derecho de propiedad, sino que más bien consiste en una
medida que tiende a la realización de la función social de la propiedad y al reconocimiento
de la primacía del interés general sobre el particular.[407] En ese sentido, la Sala Plena de la
Corte Constitucional encuentra que los argumentos del demandante no están llamados a
prosperar.
265. Sobre esta base, a continuación, la Sala Plena procederá a hacer algunas precisiones
respecto de la constitucionalidad de la disposición. Para ello, iniciará por referirse a las
conductas previstas en los literales a) y b) de la disposición. Luego, seguirá con el examen
de los literales c), d) y e).
266. Precisiones respecto de los literales a) y b) del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021.
El Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito, fue creado “bajo la filosofía de
solidaridad, equidad y sostenibilidad” con el propósito de garantizar la “atención a los
lesionados en accidentes de tránsito, con el fin de garantizar la atención oportuna y
procurando preservar la vida del ser humano afectado sin importar su nivel socio-
económico”.[408] Dicho seguro tiene, en todo caso, una múltiple dimensión. Por un lado se
constituye en una condición de seguridad vial en la medida que procura persuadir a los
actores de la circulación de cumplir a cabalidad los reglamentos de tránsito, garantiza la
atención a las víctimas de siniestros viales de manera inmediata como forma de aminorar
o anular los efectos de los mismos, es una herramienta de aseguramiento de una actividad
riesgosa y peligrosa y contribuye a la financiación de la atención de las víctimas de
siniestros viales. En suma, el SOAT se constituye en una herramienta social para la
atención de las víctimas de siniestros viales.
267. Esta multidimensionalidad trae consigo obligaciones para diferentes actores: (i) para
los propietarios de vehículos, en la medida que con fundamento en la función social de la
propiedad, esta implica cargas tales como la de velar porque los bienes sean empleados
con fines adecuados y sin generar daño a terceros cumpliendo con el ordenamiento
jurídico; (ii) para los conductores de vehículos automotores porque al realizar una
actividad peligrosa o riesgosa, deben hacerlo cumpliendo de manera estricta los
reglamentos para no generar daño a terceros; (iii) las autoridades de tránsito y sus cuerpos
operativos de control, porque ante el incumplimiento de los deberes y obligaciones
previstos en el Código Nacional de Tránsito, deben desplegar los medios dispuestos por el
ordenamiento jurídico para hacer cumplir las normas (inmovilización de vehículos,
imposición de sanciones, cobro coactivo de las multas, entre otras); (iv) las compañías
aseguradoras, porque al ser la actividad aseguradora una actividad de interés público y
obtener una autorización del Estado para realizarla según lo señala el artículo 335 de la
Constitución Política, tienen la obligación de prestar dicha actividad que al mismo tiempo
constituye un servicio público de manera universal e ininterrumpida; (v) las
Superintendencias, porque ante el incumplimiento por parte de las autoridades de tránsito
de ejercer sus funciones o de las compañías aseguradoras en prestar el servicio en la
expedición de la póliza de quienes están en el ramo, deben, en el marco del debido
proceso, aplicar las medidas preventivas, conminatorias o sancionatorias previstas por la
ley.
268. Sin embargo, en el primer semestre del año 2022, la Superintendencia Financiera de
Colombia señaló que del “total del parque automotor registrado en el RUNT, cerca del
47% es decir 8.133.557 (…) no cuentan con el SOAT vigente”.[409] Asimismo, evidenció
que existen cobros y fraudes irregulares con cargo a los recursos del sistema del Seguro
Obligatorio de Accidentes de Tránsito.[410]
269. Por su parte, en las intervenciones de las autoridades de tránsito en este proceso,
quedó demostrado que el fenómeno de la siniestralidad vial es un grave problema de salud
pública que afecta al país, razón por la cual consideran que deben emplearse todos los
medios que el ordenamiento jurídico disponga para erradicarlo y tal como quedó
consignado en el Plan Nacional de Seguridad Vial se transite hacia una visión de cero
siniestralidad vial a través de la prevención y el control operativo, sin perjuicio de la
concientización de cada uno de los actores viales.
270. En atención a esta circunstancia, el Legislador, al expedir la Ley 2161 de 2021 tuvo
el propósito de “incrementar del aseguramiento en el país y, de esta manera, al
fortalecimiento del sistema de Seguro Obligatorio de Daños Corporales Causados a las
Personas en Accidentes de Tránsito –SOAT-, como mecanismo de protección de los
actores viales en Colombia”, así como “mejorar la seguridad vial”.[411]
271. En ese marco, la Sala Plena de la Corte Constitucional evidencia que esa obligación
impuesta al propietario del vehículo de velar porque este circule habiendo adquirido el
Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito y habiendo efectuado la revisión técnico-
mecánica dentro del plazo establecido en la ley, materializa el principio constitucional de
solidaridad y el principio de seguridad vial y de protección a los usuarios que tiene gran
importancia en materia de tránsito.
272. El Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito, en caso de que un vehículo este
incurso en un accidente de tránsito, garantiza que los posibles afectados reciban atención
médica oportunamente y que se cubran los gastos de transporte, por incapacidades, y, de
ser el caso, los funerarios. Precisamente por ello, la Sentencia C-018 de 2004 explicó que
“[c]onducir vehículos es una actividad peligrosa”, por lo que “quien usa un carro se
expone no sólo a sí mismo, sino también a los transeúntes y al público en general por
donde transita”. Por ese motivo, “la ley exige a los conductores contar con un seguro que
cubra los eventuales perjuicios que se causen a terceros” y, está prohibido “conducir un
vehículo sin portar los seguros ordenados por la ley”.
273. Por otra parte, la mencionada Superintendencia Financiera corroboró que el
cincuenta y seis (56%) de las revisiones técnico-mecánicas no están vigentes. Es decir,
que más de la mitad de los vehículos que circulan en las vías —en su mayoría motos— no
han sido revisados para garantizar que se encuentren en condiciones técnicas y mecánicas
óptimas para circular. Ello, sin duda, también ha incidido en el incremento de la
siniestralidad en las vías.[412]
274. La obligación de efectuar la revisión técnico-mecánica en el plazo previsto en la ley
promueve la seguridad vial y la protección de los usuarios, los cuales, “constituyen
principios rectores de la regulación del tránsito terrestre y un fin constitucionalmente
válido y relevante, de conformidad con el artículo 2º Superior”.[413] En efecto, con la
revisión técnico-mecánica se verifica el estado y funcionamiento de los frenos, del sistema
de dirección, del sistema de suspensión, del sistema de señales visuales y audibles, del
sistema de escape de gases, de las llantas, del conjunto de vidrios de seguridad y que se
cumpla con las normas de emisiones contaminantes.[414] Así pues, esa revisión busca que
los vehículos circulen en condiciones técnicas y mecánicas óptimas y, en consecuencia,
promueve la seguridad de los conductores, pasajeros, y transeúntes.
275. Además, la adquisición y mantenimiento del Seguro de Accidentes de Tránsito y la
realización de la revisión técnico-mecánica son conductas que implican una carga racional
para el propietario. Actualmente, el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito es
ofrecido y comercializado en diferentes plataformas, virtuales y físicas, accesibles a los
ciudadanos.[415] Por su parte, la revisión técnico-mecánica puede efectuarse en cualquier
Centro de Diagnóstico Automotor, los cuales son talleres autorizados por el Ministerio de
Transporte para efectuar este tipo de certificaciones.[416] Además, estas obligaciones, por
lo general, se hacen exigibles una vez al año,[417] por lo que su cumplimiento no implica
una carga irrazonable para los propietarios de vehículos, y exige un mínimo nivel de
diligencia de su parte en virtud de la titularidad de ese derecho real.
276. Respecto de la obligación de efectuar la revisión técnico-mecánica en el plazo
previsto en la ley, la Pontificia Universidad Bolivariana señaló que “solo quien conduce en
forma efectiva el vehículo puede llevarlo a la revisión tecnicomecánica” por lo que “no es
claro cómo podrían los propietarios velar por su cumplimiento, sobre todo cuando no
cuenten con el control o la custodia material del vehículo”.[418] Para la Corte, este
argumento no es suficiente para desvincular al propietario de su responsabilidad de velar
porque el vehículo de su propiedad circule en condiciones técnicas óptimas para garantizar
la seguridad de las personas y el medio ambiente y, en consecuencia, llevar vehículo de su
propiedad para que se le efectué la revisión técnico-mecánica en el plazo previsto en la
ley. Esto, en tanto el hecho de que el vehículo se deba desplazar para efectuar la revisión
técnico-mecánica no elimina la característica de ser una obligación de resultado, pues su
cumplimiento sigue estando bajo el control del propietario, quien puede bien llevar el
vehículo él mismo a cualquier Centro de Diagnóstico Automotor, o programar con
suficiente diligencia y antelación que un tercero lo lleve en el plazo establecido en la ley.
En ese sentido, efectuar la revisión técnico-mecánica en el plazo establecido en la ley,
aunque implica el desplazamiento del vehículo, es una obligación de resultado a cargo del
propietario.
277. La Sala Plena considera que le asiste razón al Ministerio Público al señalar en su
intervención que “los literales a) y b)” del artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 no son
contrarios a la Constitución, porque “castigan situaciones que son parcialmente
imputables al propietario del vehículo, pues no implican el acto de conducir”, si no que
“se refieren al cumplimiento de obligaciones jurídicas”.[419]
278. Siendo entonces obligaciones del propietario del vehículo adquirir y mantener
vigente el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito y efectuar la revisión técnico-
mecánica en el plazo dispuesto en la ley, resulta también razonable y proporcional que el
Legislador haya previsto la posibilidad de sancionar al propietario del vehículo, con las
multas previstas en el artículo 131 del Código Nacional de Tránsito “para dichos
comportamientos”, cuando quiera que este no cumpla con la obligación de velar por su
cumplimiento, siempre que ello sea resultado de un proceso contravencional de tránsito
que se adelante garantizando los derechos de audiencia, defensa, contradicción y, en
general, el debido proceso.
279. Así, para efectos de establecer la responsabilidad del propietario, en el proceso
administrativo sancionatorio, la Administración deberá probar dos circunstancias: (i) que
el vinculado al proceso tiene la condición de ser propietario de un vehículo, y (ii) que este
vehículo circuló por las vías sin que se hubiese adquirido el Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito o sin haber efectuado la revisión técnico-mecánica en el plazo
establecido en la ley.
280. Por su parte, el propietario podrá probar dos situaciones en el marco de dicho
proceso para eximirse de responsabilidad: (i) que transfirió de manera efectiva el derecho
de propiedad sobre el vehículo a un tercero antes de que se hubiera incumplido alguna la
obligación, o que, (ii) aún siendo propietario del vehículo, adquirió oportunamente el
Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito y efectuó la revisión técnico-mecánica en
tiempo.
281. Si en el curso del proceso administrativo contravencional de tránsito, el propietario
no lograre desvirtuar su culpabilidad respecto del incumplimiento de las obligaciones
objeto de análisis, sólo podrá ser destinatario de las sanciones previstas en el artículo 131
del Código Nacional de Tránsito “para dichos comportamientos”, así:
Obligación incumplida Sanción
Velar porque el vehículo de El propietario del vehículo será sancionado con multa equivalente a treinta
su propiedad circule (30) salarios mínimos legales diarios vigentes y con la inmovilización del
habiendo adquirido el vehículo.[420]
Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito.
Velar porque el vehículo de El propietario del vehículo será sancionado con multa equivalente a quince
su propiedad circule (15) salarios mínimos legales diarios vigentes.[421]
habiendo realizado la
revisión técnico-mecánica
en los plazos previstos por la
ley
282. Conforme a lo anterior, la Sala Plena de la Corte Constitucional declarará exequible
el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 en lo relativo a los literales a) y b).
283. Precisiones respecto de los literales c), d) y e) del artículo 10 de la Ley 2161 de
2021. El deber de diligencia y vigilancia que comporta la función social de la propiedad,
implica, cuando menos, que el propietario del vehículo (i) use el vehículo dando
cumplimiento a las normas de tránsito; (ii) tome todas las medidas necesarias para
custodiar el vehículo cuando no está en uso; (iii) conozca la destinación que se le está
dando al vehículo; y (iv) sepa, en caso de que el vehículo vaya a ser conducido por un
tercero, si este tiene las habilidades y ha sido capacitado técnica y teóricamente para
operar el vehículo, así como, si cuenta con las licencias y permisos exigidos por la ley
para el efecto, entre otras verificaciones.
284. Así pues, resulta razonable y proporcional que el Legislador haya impuesto la
obligación al propietario del vehículo de velar porque este circule dando cumplimiento a
las normas de tránsito señaladas, pues con ello se promueve la seguridad vial y la
protección de los usuarios, los cuales “constituyen principios rectores de la regulación del
tránsito terrestre y un fin constitucionalmente válido y relevante, de conformidad con el
artículo 2º Superior”.[422] En efecto, “(…) si no existiera una regulación adecuada de la
circulación de personas y vehículos sobre las vías públicas, los derechos de los
particulares, así como el interés colectivo, se verían gravemente afectados: la
descoordinación de las fuerzas físicas que actúan en el escenario del tránsito vehicular y
peatonal, provocaría la accidentalidad constante de sus elementos (…)”.[423] En ese
sentido, resulta constitucionalmente legítimo que Legislador imponga a los propietarios de
vehículos la obligación de velar porque estos circulen dando cumplimiento a las normas
de tránsito objeto de análisis.
285. Esta conclusión, se refuerza al considerar que “más de 1,35 millones de vidas” se
pierden al año en siniestros viales, lo que “ha posicionado la seguridad vial como un tema
prioritario en la política pública mundial”.[424] En Colombia, la Agencia de Seguridad
Vial reportó que, durante el año 2021, fallecieron 3.934 personas por accidentes de
tránsito, mientras que, en lo que va del año 2022 han fallecido 4.550 personas. El 58,66%
de estos fallecimientos corresponde a usuarios de motos, seguido por peatones con un
22,15%. De acuerdo con Medicina Legal, “las principales causas de accidentes en las
vías del país obedecen al exceso de velocidad (45%), desobedecer señales de
tránsito (42%), embriaguez (4%) y conducir en contravía (3 %)”.[425]
286. Un estudio realizado por Fasecolda estimó que “las colisiones de vehículos cuestan
al menos un 1% del PIB del país, debido a los costos del tratamiento médico y la perdida
de productividad de quienes mueren o quedan discapacitados por su lesión”. Igualmente,
identificó que “las lesiones por accidentes de tránsito son la principal causa de muerte en
niños de 5 a 14 años y jóvenes de 15 a 29 años. Además, son la octava causa de muerte
para todos los grupos de edad”. Empero, según el vicepresidente técnico de esa
agremiación, en Colombia “solo el 16% de los usuarios de vehículo tienen en cuenta la
seguridad en su decisión de compra”.[426]
287. Al respecto, la Agencia de Seguridad Vial ha afirmado que “[l]a gestión de la
seguridad vial en Colombia no ha logrado ser efectiva en alcanzar su objetivo
fundamental de reducir la cantidad de siniestros viales, y sobre todo, las víctimas
resultantes de este tipo de eventos”, considerando que, “la fatalidad vial [para el año 2019
había] crecido 15% con respecto al inicio de la década (año 2010)”.[427] Sin embargo, “el
Observatorio Nacional de Seguridad Vial [ha estimado] que por cada 300 comparendos
más que puedan llegar a imponerse, se puede salvar la vida de un usuario vial”.[428] Así,
“el control de conductas riesgosas, sobre todo el exceso de velocidad y no saber conducir,
son el tipo de infracciones sobre las cuales es necesario imponer más multas que
efectivamente sean pagadas”.[429] Esto, porque “no basta con imponer el comparendo,
pues el efecto será completo cuando se paga la multa, y lo cierto es que, [para el 2019]
por cada 10 comparendos que se imponen en Colombia solo se pagan 3 multas”.[430]
288. Conforme a lo anterior, se tiene que la posibilidad de sancionar al propietario por no
velar porque el vehículo de su propiedad circule conforme a las normas más básicas de
tránsito, se encuentra conforme a la Constitución. No sólo porque esa regulación es propia
del amplio margen de configuración del Legislador para establecer sanciones por
infracciones a las normas de tránsito, sino porque estas persiguen fines
constitucionalmente legítimos como promover la seguridad vial y la protección de los
usuarios.
289. En cualquier caso, como se advirtió anteriormente, la responsabilidad del propietario
deberá establecerse al interior de un proceso administrativo contravencional de tránsito,
que deberá adelantarse garantizando derechos de audiencia, defensa, contradicción y, en
general, las garantías propias del derecho fundamental al debido proceso.
290. En ese sentido, el propietario podrá presentar pruebas de que existen causas que le
eximen de responsabilidad. Así, en el proceso administrativo sancionatorio el propietario
podrá probar que pese haber obrado con diligencia, el vehículo fue sustraído del ámbito de
su cuidado por la fuerza, mediante fraude o la comisión de un ilícito.
291. En efecto, puede ocurrir que el vehículo sea sustraído sin el permiso o
consentimiento del propietario o que sea hurtado o tomado por la fuerza y que en esas
circunstancias circule (c) por lugares y en horarios que no están permitidos; (d)
excediendo los límites de velocidad permitidos; y/o (e) sin respetar la luz roja del
semáforo. En ese caso, en el curso del proceso administrativo, el propietario del vehículo
deberá probar que actuó con diligencia al depositar el vehículo en un lugar seguro o que
circulaba con las puertas del vehículo aseguradas y en cumplimiento de las normas de
tránsito, entre otras, pese a lo cual “el vehículo (…) [fue] hurtado o sustraído a su
propietario”.[431]
292. Así pues, en el caso de los literales c), d) y e) de la disposición debe quedar probado
que el propietario de manera culposa incurrió en el incumplimiento de esas obligaciones,
en tanto, no existe ningún eximente de responsabilidad. En ese caso, el propietario del
vehículo podrá ser sancionado, así:
Obligación incumplida Sanción
Velar porque el vehículo El propietario del vehículo será sancionado con multa equivalente a quince
de su propiedad circule (15) salarios mínimos legales diarios vigentes. Además, el vehículo será
por lugares y en horarios inmovilizado.[432]
que estén permitidos
Velar porque el vehículo El propietario del vehículo será sancionado con multa equivalente a quince
de su propiedad circule (15) salarios mínimos legales diarios vigentes. Además, el vehículo será
sin exceder los límites de inmovilizado.[433]
velocidad permitidos
Velar porque el vehículo El propietario del vehículo será sancionado con multa equivalente a treinta
de su propiedad circule (30) salarios mínimos legales diarios vigentes y, en el caso de motocicletas,
respetando la luz roja del estas serán inmovilizadas.[434]
semáforo
293. De conformidad con lo anterior, el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021, en lo relativo
a los literales c), d) y e) será declarado exequible, bajo el entendido que el propietario del
vehículo podrá ser sancionado cuando, al interior del proceso administrativo
sancionatorio, resulte probado que este, de manera culposa incurrió en las infracciones de
tránsito analizadas.
H. Síntesis de la decisión
294. La Corte Constitucional decidió una demanda de inconstitucionalidad contra el
artículo 10 de la Ley 2161 de 2021 que se fundamentaba en dos cargos. Primero, en la
presunta violación del artículo 158 de la Constitución en el que se establece el principio
de unidad de materia. Segundo, en la presunta violación de artículos 6 y 29 de la
Constitución, de los que se deprenden el principio de responsabilidad personal en
materia sancionatoria y el derecho a la presunción de inocencia.
295. Para solucionar el primer planteamiento, la Corte reiteró la jurisprudencia
constitucional en torno al principio de unidad de materia y, luego, efectuó una revisión de
los antecedentes legislativos de la Ley 2161 de 2021. A partir de esto, señaló que dentro
del núcleo temático perseguido por el Legislador al proferir la Ley 2161 de 2021, se
encontraba establecer medidas que promovieran la seguridad vial del país a través de
prácticas y actitudes responsables durante la circulación en las vías que a su vez fomenten
la adquisición, renovación y no evasión del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito
(SOAT).
296. Con fundamento en lo anterior, concluyó que el artículo demandado guardaba
conexidad temática y teleológica con la Ley 2161 de 2021. En concreto, la conexidad
temática en razón a que la norma acusada, objetiva y razonablemente, permite establecer
que, si los propietarios de los vehículos velan porque estos circulen cumpliendo con las
normas de tránsito, se disminuirá la accidentalidad en las vías, se garantizará que las
víctimas de los accidentes de tránsito estén cubiertas con el Seguro Obligatorio de
Accidentes de Tránsito (SOAT) y disminuirían las pólizas del SOAT siniestradas. Como
corolario de lo anterior, más propietarios pueden buscar beneficiarse de la reducción en la
tarifa del seguro establecida en la misma Ley y, por tanto, más propietarios se verán
inclinados a renovarlo oportunamente, e, incluso, adquirirlo por primera vez. En relación
con la conexidad teleológica, la disposición acusada se encuentra alineada con el
propósito del Legislador encaminado a incentivar a los propietarios de vehículos y
conductores para que contribuyan con la seguridad vial del país mediante la
implementación de prácticas y actitudes responsables durante la circulación en las vías.
297. Con el fin de solucionar la segunda cuestión, la Corte (a) se refirió a la propiedad
como derecho y deber; (b) explicó la diferencia entre el transporte público y el transporte
privado; (c) reiteró la jurisprudencia constitucional en torno a la regulación de las materias
de tránsito y la potestad sancionatoria; (d) explicó las etapas del proceso contravencional
de tránsito, (e) hizo referencia al debido proceso administrativo; (f) describió el principio
de imputación personal; y (g) explicó el derecho a la presunción de inocencia.
298. Al respecto, concluyó que (i) imponer una obligación al propietario del vehículo para
que “vele” porque el vehículo de su propiedad circule (a) habiendo adquirido el Seguro
Obligatorio de Accidentes de Tránsito; (b) habiendo efectuado la revisión técnico-
mecánica dentro del plazo establecido en la ley; (c) por lugares y en horarios que estén
permitidos; (d) sin exceder los límites de velocidad permitidos; y (e) respetando la luz roja
del semáforo, así como (ii) disponer la posibilidad de que el propietario del vehículo sea
sancionado al interior de un proceso administrativo contravencional cuando esa obligación
sea incumplida, se encuentra conforme al principio de responsabilidad personal y al
derecho a la presunción de inocencia que se desprenden de los artículos 6 y 29 de la
Constitución. Además, desarrolla y materializa la función social y ecológica que, en virtud
del artículo 58 de la Constitución tiene la propiedad.
299. Con todo, la Sala Plena señaló que, en lo que se relaciona con los literales c, d y e del
artículo 10 de la Ley 2161 de 2021, el propietario del vehículo podrá ser sancionado
cuando, al interior del proceso administrativo sancionatorio, resulte probado que, de
manera culposa, incurrió en las infracciones de tránsito analizadas.
300. La Corte señaló que la disposición objeto de análisis se encontraba conforme al
derecho a la presunción de inocencia, porque la sanción al propietario no podrá imponerse
de manera automática y por el sólo hecho de que se hubiese expedido un comparendo, sino
que, la responsabilidad del propietario deberá probarse y establecerse al interior de un
proceso administrativo contravencional, al que debe ser vinculado el propietario y que
debe surtirse en cumplimiento de las garantías propias del debido proceso. Asimismo,
indicó que la disposición se encontraba conforme al principio de responsabilidad personal
porque la causa de la posible sanción es una omisión imputable al propietario del vehículo
que es que este incumpla, de manera culpable, con la obligación de velar porque el
vehículo de su propiedad circule conforme a las condiciones previstas en los literales a, b,
c, d, y e de la disposición.
301. Adicionalmente, la Corte explicó que al establecer la obligación al propietario de
velar porque el vehículo de su propiedad circule dando cumplimiento a la condiciones
señaladas, concreta y materializa la función social y ecológica de la propiedad, de
conformidad con lo consagrado en el artículo 58 de la Constitución Política, ya que
garantiza que estos circulen en cumplimiento de las condiciones jurídicas, técnicas y
fácticas necesarias para promover la protección del medio ambiente y la seguridad de los
transeúntes, conductores y pasajeros
302. Además, frente al incumplimiento de los deberes que la ley impone, para que haya
lugar a la sanción, deben respetarse las reglas propias del proceso administrativo
sancionatorio, en el cual se garanticen los derechos fundamentales de audiencia, defensa,
contradicción y, en general, del debido proceso.
303. En consecuencia, la Corte declaró la exequibilidad del artículo 10 de la Ley 2161 de
2021 por los cargos analizados, y en el caso de los literales c, d y e, fueron declarados
exequibles bajo el entendido que el propietario del vehículo podrá ser sancionado cuando,
al interior del proceso administrativo sancionatorio, resulte probado que este, de manera
culposa incurrió en las infracciones de tránsito analizadas.
III. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional, administrando justicia
en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,
RESUELVE
ÚNICO.- Declarar EXEQUIBLE el artículo 10 de la Ley 2161 de 2021, por los cargos
analizados, con excepción de los literales c, d y e, los cuales se declaran EXEQUIBLES
bajo el entendido que el propietario del vehículo podrá ser sancionado cuando, al interior
del procedimiento administrativo sancionatorio, resulte probado que este, de manera
culposa, incurrió en las infracciones de tránsito analizadas.
Notifíquese, comuníquese y cúmplase,
CRISTINA PARDO SCHLESINGER
Presidenta
NATALIA ÁNGEL CABO
Magistrada
Ausente con permiso
DIANA FAJARDO RIVERA
Magistrada
JORGE ENRIQUE IBÁÑEZ NAJAR
Magistrado
ALEJANDRO LINARES CANTILLO
Magistrado
ANTONIO JOSÉ LIZARAZO OCAMPO
Magistrado
Con aclaración de voto
PAOLA ANDREA MENESES MOSQUERA
Magistrada
HERNÁN CORREA CARDOZO
Magistrado (E)
JOSE FERNANDO REYES CUARTAS
Magistrado
Con salvamento de voto
MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ
Secretaria General