“AÑO DE LA UNIDAD, LA PAZ Y EL DESARROLLO”
UNIVERSIDAD PRIVADA SAN JUAN BAUTISTA
ESCUELA DE PSICOLOGÍA
FACULTAD DE MEDICINA HUMANA Y CIENCIAS DE LA SALUD
TEMA:
TEORÍA SEXUAL - SIGMUND FREUD
INTEGRANTES (TERCER TURNO-GRUPO A):
● FUENTES FLORES, Maryane Alexandra.
● BUSTAMANTE TINOCO, Merilinn Jheraldinn.
● RUGGIERO TENORIO, Fiorella Pierina.
● VENTURA HUARANGA, Gonzalo Alonso.
● DONAYRE JIMENEZ, Alejandra Elena.
CURSO:
PSICOTERAPIA CONTEMPORÁNEA
DOCENTE:
Mg. CARLOS MANUEL ESPARZA MELO.
ICA-PERÚ
2023
En la vida adulta e incluso desde los inicios de la etapa de la pubertad, las personas
son reconocidas como seres sexuales, no obstante, desde la perspectiva de Freud
la sexualidad parte del nacimiento del ser humano, debido a que durante la
variación de las etapas psicosexuales el individuo se encuentra a sí mismo
experimentando sensaciones que le generan placer. La vida sexual del infante es
caracterizada por ser autoerótica, mencionado de otro modo, el niño busca el placer
por necesidad propia a través de las zonas erógenas. En la primera fase de la
evolución de la libido conocida como oral, la necesidad por saciar es la de
alimentación a través de líquidos y masticación por medio de la succión o
mordedura. En la segunda fase de la activacion de la zona anal, se origina de una
manera placentera en la que el niño retiene las heces, provocandole fuertes
contracciones musculares lo cual ocasiona que se produzca la estimulacion sobre la
mucosa. Por otro lado, las sensaciones placenteras también se vinculan con el
movimiento repetitivo rítmico que según el estímulo (aparato sensorial de los nervios
vestibulares, piel y partes profundas como músculo, aparato articular) y la intensidad
requerida logran convertirse en una fuente de excitación sexual bastante común.
Estas pulsiones parciales, provenientes de múltiples orígenes orgánicos, deben
pasar por un proceso que se relacione a la meta sexual de reproducción; por el
contrario, si estas diversas fuentes de excitación sexual causadas en el infante se
generan de manera excesiva pueden provocar una conmoción profunda del
mecanismo o un quimismo sexual que puede verse reflejado en la vida adulta.
Con la llegada de la pubertad, se observan cambios que constituyen por completo la
vida sexual infantil, las pulsiones sexuales que predominaban buscaban el placer
sexual del niño para sí mismo; sin embargo, en esta etapa se hallará el objeto
sexual bajo la meta de carácter genital debido a las funciones diferentes que se le
otorga a los dos sexos. Se pone en manifiesto que para el niño es elegir como
objetos sexuales a las mismas personas que ha amado desde la infancia. Sin
embargo, durante esta etapa (pubertad), la zona erógena femenina es el clítoris, de
modo que la zona erógena masculina es el glande. Cada vez que se transmite un
estímulo sexual del clítoris, este cambia la zona de inserción y se puede continuar
de esta manera la práctica sexual; mientras que la zona erógena masculina se ha
mantenido desde la infancia del niño. Los cambios en las zona erógena femenina se
inclina hacia la propensión de las tendencias neuróticas en la mujeres, como lo es la
histeria. Durante este proceso de pubertad y descubrimiento se confirma la prioridad
del área genital, y la erección masculina implica nuevos comportamientos sexuales
de penetración y estimulación de la cavidad corporal en la parte del área genital.
Por otra parte, acerca de las aberraciones sexuales, Freud señala que son
desviaciones de la sexualidad adulta normal de la época, la cual se caracteriza por
ser genital y reproductiva siendo el objeto sexual el sujeto del sexo opuesto y la
meta el acto sexual, es importante resaltar el distingo que se maneja entre objeto
sexual y meta sexual, siendo el primero relacionado al sujeto el cual recae la
atracción sexual, mientras que el otro conlleva la acción que activa dicha pulsión
sexual. Asimismo, las desviaciones vinculadas a dichos términos se diferencian de
manera evidente, siendo las desviaciones relacionadas con el objeto sexual donde
se sitúan a los invertidos o los que actualmente se le conoce como homosexuales,
los cuales, para dicho autor, si bien los sostiene como una desviación no lo cataloga
como una perversión, mencionando que puede contener un carácter innato
apoyándose en la idea que mayoría de casos estas personas tuvieron un primer
acercamiento con la sexualidad que los afectó desencadenando dicha inversión
hasta su vida adulta. Por otro lado, existen también desviaciones respecto a la meta
sexual, que impiden a la persona que las padece poder llevar al clímax sexual,
como es el voyerismo, fetichismo o sexo oral o anal, un ejemplo de fetiche común
seria el pelo o los pies de una mujer, ya que, estas representan la feminidad de la
misma, sin embargo, si se comienza a tener una fijación sobre estas partes ya se
consideraría una perversión, las cuales en la edad adulta serán inválidantes siendo
una regresión de la libido a un estadio anterior, impidiendo así un vida sexual adulta
normal. Otras perversiones mencionadas por Freud se relacionan con el sadismo y
masoquismo, siendo estas una inclinación de infringir dolor al objeto sexual y a su
contraparte, no obstante, existe una parte llamativa de este tipo de perversion en el
cual se reconoce su forma activa y pasiva que habitualmente se podría encontrar
dentro de una sola persona, ya que, la persona que es capaz de sentir placer
también goza al momento infligir dolor al otro en las relaciones sexuales. De este
modo, todo aquello que se reconoce bajo el nombre de aberraciones refiere, de
manera directa, a las perversiones.
Recapitulando, Freud empieza exhibiendo que la historia prevalece sobre la
naturaleza y características de la pulsión sexual: Estas están ausentes en la niñez,
pero aparecen en la pubertad donde inicia su maduracion y se manifiesta con la la
atraccion irresistible de un sexo hacia el otro, con el fin de la union sexual, salvo el
comportamiento que se dirige hacia el concepto de sexualidad mas allá de la
reproducción y los genitales. Dado que la sexualidad en sí es perversa, explica que
todo ser humano puede tener un acompañante (perversión) que complemente sus
fines sexuales. El ser humano en sí puede estar asfixiado inadecuadamente
(síntomas neuróticos) o contenido de manera efectiva (sexualidad normal), toda esta
constitución que contiene el inicio de las perversiones, solo se puede mostrar en el
niño; de este modo, Freud centró su atención en la vida sexual y la influencia del
juego del infante, enfatizando así nuevamente la idea de la perversión del niño
puede convertirse en la base de un desarrollo sexual normal o transformarse a una
perversión en la vida adulta.