Génesis (mito judeocristiano)
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Cuando en el principio Dios creó los cielos y la tierra, reinaba el caos y no había nada
en ella. El abismo estaba sumido en la oscuridad y el Espíritu de Dios aleteaba sobre
las aguas. Entonces Dios dijo:
-Que haya luz -y hubo luz.
Al ver Dios que la luz era buena, la separó de la oscuridad. Dios llamó a la luz «día»
y a la oscuridad «noche». Llegó la tarde y después la mañana. Ese fue el primer día.
Entonces Dios dijo:
-¡Que haya un firmamento que separe las aguas en dos partes!
Así que Dios creó el firmamento y separó las aguas; unas quedaron arriba del
firmamento y otras debajo. Dios llamó al firmamento «cielo». Llegó la tarde y
después la mañana. Ese fue el segundo día.
Luego Dios dijo:
-Que las aguas debajo del cielo se junten en un solo lugar para que aparezca el suelo
seco.
Y así sucedió. Dios llamó a este suelo seco «tierra» y a las aguas que se habían
juntado las llamó «mar». Y Dios vio que estaba muy bien esto que había hecho.
Entonces Dios dijo:
-Que la tierra se cubra de vegetación: toda clase de plantas que den semillas y árboles
que den frutos con semilla.
Y así sucedió. La tierra se llenó de vegetación: toda clase de plantas que dan granos y
árboles que dan frutos con semilla. Y Dios vio que estaba muy bien esto que había
hecho.
Llegó la tarde y después la mañana. Ese fue el tercer día.
Después Dios dijo:
-Que haya luces en el firmamento del cielo para poder así separar el día de la noche y
para que sirvan para señalar los días, los años y las festividades. Que estas luces estén
en el firmamento para alumbrar la tierra.
Y así sucedió. Dios hizo dos grandes luces: la más grande para gobernar el día y la
más pequeña para gobernar la noche. También hizo las estrellas. Dios puso estas luces
en el cielo para darle iluminación a la tierra, para que las dos gobernaran, una durante
el día y la otra durante la noche; y para separar la luz de la oscuridad.
Y Dios vio que estaba muy bien esto que había hecho. Luego llegó la tarde y después
la mañana. Ese fue el cuarto día. Entonces Dios dijo:
-Que las aguas se llenen de seres vivientes y haya aves volando en el firmamento
sobre la tierra.
Así creó los animales gigantescos del mar y toda especie de los animales que viven en
el agua.
También creó todas las especies de aves. Y Dios vio que estaba muy bien esto que
había hecho.
Dios los bendijo diciendo:
-Tengan hijos y multiplíquense para llenar el agua de los mares y que haya muchas
aves en el mundo.
Llegó la tarde y después la mañana. Ese fue el quinto día. Después Dios dijo:
-Que la tierra produzca seres vivientes de todo tipo: animales domésticos y silvestres
y los que se arrastran por el suelo.
Y así sucedió. Dios hizo toda clase de animales: animales domésticos y silvestres y los
que se arrastran por el suelo. Y Dios vio que estaba muy bien esto que había hecho.
Luego Dios dijo:
-Ahora hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Tendrá poder sobre los
peces del mar, sobre las aves del cielo y en toda la tierra. Reinará sobre los animales
terrestres, y sobre todos los que se arrastran por el suelo.
Así que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, creó al varón y a la mujer.
Y los bendijo diciendo:
-Tengan muchos hijos para así poblar el mundo y ejercer control sobre él: sean jefes
de los peces del mar, de las aves del cielo y de toda criatura que se arrastra por el
suelo.
Y Dios dijo:
-Miren, les he dado todas las plantas que dan semillas y los árboles que dan frutos con
semilla. Ellos serán su comida. Pero a todo animal en la tierra, a todo pájaro en el
cielo, a toda criatura que se arrastra por el suelo; en fin, a todo lo que tiene vida le doy
la hierba como alimento.
Y así sucedió. Dios vio todo lo que había hecho, y todo había quedado muy, pero muy
bien. Luego llegó la tarde y después la mañana. Ese fue el sexto día. El séptimo día
Dios descansó.
El Popol Vuh (mito quiché)
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Al principio todo estaba en suspenso, en silencio, inmóvil, callado. Nada había sido
creado, solo existían el mar quieto y un cielo calmo. Todo era oscuro. Los
dioses zoomorfos* Gucumatz y Hurakan <<corazón de cielo>> decidieron alumbrar y
poblar la Tierra y crear el mundo, los árboles, las llanuras, la vida y el hombre. Así
que dijeron:
-¡Que el agua se retire! ¡Que se llene el vacío! ¡Que surja la Tierra!
Y así fue: crearon el día y la noche, de las aguas azules crecieron las montañas, los
valles, las quebradas, los llanos, las junglas, los ríos, los arroyos, los lagos. Después
crearon los animales pequeños y grandes: aves, serpientes, jaguares, coyotes, culebras,
víboras, leones, venados y muchos otros más y dijeron:
-Tú, venado, dormirás en las orillas de los ríos, en los barrancos y caminarás en cuatro
patas. Ustedes, pájaros, vivirán sobre los árboles, allí harán sus nidos y se
multiplicarán.
A cada animal correspondía un hábitat específico. Los dioses querían ser venerados,
por eso dijeron a los animales:
- ¡Hablen, griten, gorjeen, llamen, hable cada uno según su especie, según su
variedad, hablen, adórennos!
Pero los animales solo cacareaban, chillaban y bramaban.
-¡No saben decir nuestros nombres! Como castigo, de ahora en adelante, se matarán y
comerán entre ellos!
Luego decidieron probar suerte porque querían crear, antes del amanecer, un ser capaz
de adorarlos.
-¡Hagamos el hombre de barro!
Pero estos hombres se deshacían, estaban blandos, no tenían movimiento ni fuerza, se
caían, no movían la cabeza. Al principio hablaban, pero no tenían entendimiento.
Entonces, los dioses decidieron ahogarlos.
Entonces los dioses pensaron en hacer un hombre más fuerte: el hombre de madera.
-Crearemos al hombre de madera, que será más fuerte y resistente -dijeron los dioses.
Estos hombres hablaban y se multiplicaban, pero no tenían alma ni memoria, no
pensaban, no rezaban.
-¡Tampoco estos hombres saben adorarnos! Enviaremos otro diluvio para ahogarlos.
El diluvio ahogó a casi todos los hombres de madera, pero los que sobrevivieron se
convirtieron en monos.
Casi salía el sol, cuando cuatro animales -el zorro, el coyote, el loro y el corvo- se
presentaron ante los dioses y los acompañaron a un lugar donde crecía mucho maíz
amarillo y blanco. Los dioses empezaron a modelar este alimento que se convirtió en
la sangre y la carne de los seres humanos. Fueron así creados cuatro hombres: Balam
Quitzé, Balam Acab, Manucutah e Iqui Balam. Eran bellos, inteligentes y veían y
sabían todo. Eran muy sabios, tanto, que los dioses empezaron a molestarse.
-¡Ven demasiado, oyen demasiado, conocen el mundo como nosotros! ¡Parecen
dioses!
Entonces los dioses pusieron un velo* sobre los ojos de los hombres, soplando nubes
que les empañaron la vista y el oído. Durante la noche crearon a las mujeres y los
hombres fueron felices, se multiplicaron y por fin adoraron a los dioses.
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Zoomorfos: que tienen forma animal.
Velo: especie de tela que cubre los ojos y dificulta la visión.
El origen del universo (mito griego)
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Antes de que se formara el universo, la materia era una masa sin forma: el caos. Quien
primero salió de sus tenebrosas profundidades fue Gea, la Tierra de ancho pecho que
sería la morada eterna y segura de todos los seres vivos. Y luego surgió Eros, el amor,
el más bello de todos los dioses, que gobierna tanto los corazones de los dioses como
de los hombres.
Pronto Gea dio origen a Urano, el cielo estrellado, con el fin de que fuera una morada
segura y eterna para los dioses bienaventurados. También puso en el mundo las Altas
Montañas, agradables albergues de las ninfas que viven en los bosques. Más tarde,
Gea y Urano dieron origen al Océano de profundos remolinos, a los Cíclopes, a los
Gigantes de cien manos y a los Titanes, que eran de gran tamaño y poseían una fuerza
descomunal. El más astuto de los Titanes fue Cronos, el Tiempo, el más terrible de los
hijos de Urano y Gea, que se rebeló contra su padre y lo destronó.
Cronos tomó como esposa a Rea, que también pertenecía a la raza de los Titanes, y
reinó con ella. Pero Gea le pronosticó que sufriría la misma suerte que Urano: uno de
sus hijos sería más poderoso que él. Para evitar que se cumpliera esta profecía, Cronos
devoraba a sus hijos apenas nacían. Hasta que Rea, indignada, decidió poner fin a esa
situación y con la ayuda de Gea engañó a Cronos dándole una piedra envuelta en
pañales en lugar de su último hijo, el dios Zeus. Durante la oscura noche, ocultó a su
niño recién nacido en las entrañas de la Tierra, en una cueva en la que estuvo al
cuidado de la ninfa-cabra Amatea.
Cuando finalmente se convirtió en un adulto, Zeus fue ayudado por su propia madre,
Rea, para acercarse al trono de Cronos sin ser visto. El dios le puso a su padre una
pócima en la bebida que lo hizo vomitar primero la piedra y luego a sus hermanos
Hestia, Hades, Démeter, Hera, Quirón y Poseidón.
Luego, Zeus liberó a los demás titanes que Cronos había encadenado y ellos,
agradecidos, le regalaron el ardiente trueno, el rayo y el relámpago. Desde entonces,
Zeus se convirtió en el Padre de los dioses y reina sobre los mortales e inmortales.