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Principios Reguladores Del Control Penal: I. Introducción

Este documento resume los principios reguladores del control penal en el derecho penal peruano según el Código Penal de 1991. Explica que los principios incluyen la función preventiva de la sanción penal, el principio de legalidad, el principio de lesividad, el principio de jurisdiccionalidad y el principio de culpabilidad. También analiza el origen del Título Preliminar y explica diversos principios como la función preventiva de las sanciones penales y el principio de legalidad.
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Principios Reguladores Del Control Penal: I. Introducción

Este documento resume los principios reguladores del control penal en el derecho penal peruano según el Código Penal de 1991. Explica que los principios incluyen la función preventiva de la sanción penal, el principio de legalidad, el principio de lesividad, el principio de jurisdiccionalidad y el principio de culpabilidad. También analiza el origen del Título Preliminar y explica diversos principios como la función preventiva de las sanciones penales y el principio de legalidad.
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Derecho Penal Parte General

Docente: Elvis Oroz Figueroa

PRINCIPIOS REGULADORES DEL CONTROL PENAL

Autor: Dr. Luis Alberto Bramont Arias

I. INTRODUCCIÓN

Todo documento legislativo persigue un mínimo de coherencia y rigor conceptual.


El Derecho penal peruano presenta un conjunto de postulados fundamentales que hacen
posible su interpretación, sistematización y críticas. Esos postulados no han surgido de la
noche a la mañana; son el fruto de un largo proceso de gestación que han procurado
consolidar el respeto a la dignidad de la persona en sociedad abierta, pluralista y
democrática, la ley penal peruana, siguiendo lo señalada por el art. 43 de la Constitución
del Estado: como Estado de Derecho impone el postulado de un sometimiento de la
potestad punitiva al Derecho, lo que da lugar a los límites derivados del principio de
legalidad; como Estado Social sirve para legitimar la función de prevención en la medida
que sea necesaria para proteger la sociedad, lo que da lugar a los límites derivados de los
principios de utilidad de la intervención penal, de subsidiariedad y carácter fragmentario
del Derecho penal, y de protección de bienes jurídicos; y como Estado Democrático, está
al servicio efectivo de todos los ciudadanos, bajo la luz de los principios de humanidad, de
culpabilidad, de proporcionalidad y de resocialización.
Entre ellos figura el catálogo de directrices introducidas por el código penal de 1991,
en su Título Preliminar con el nombre de “Principios Generales”, que también ha podido
denominarse con mayor propiedad, con el nombre de “Principios reguladores del Control
Penal”, como lo propicia Víctor Prado Saldarriaga1.

II. ORIGEN DEL TÍTULO PRELIMINAR

Tiene dos tipos de antecedentes: remoto o general y próximo o particular. Dentro


del primero se ubica: la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789);
la declaración de los Derechos del Hombre de la Organización Naciones Unidas (ONU,
1948) y la convención Americana de Derechos Humanitarios (1969), que consagran los
principios de legalidad y humanidad como fuentes y directrices del Sistemas punitivo.
Dentro del segundo, tenemos la Declaración de Principios del Código Penal Tipo
Latinoamericano de 1963, el colombiano de 1980 y los proyectos españoles de 1982 y 1983.

III. DIVERSOS PRINCIPIOS

Los principios que rigen la ley penal peruana, no sólo el derecho penal fundamental
y el complementario, sino también la ley personal y la de ejecución penal, y también las
materias penales contenidos en otras leyes o regulaciones (art. X del Título Preliminar), son
los siguientes:

1
Prado Saldarriaga, Víctor. “comentarios al Código Penal de 1991”, Editorial Alternativas, Lima, 1993, p.19 y ss.
1
Derecho Penal Parte General
Docente: Elvis Oroz Figueroa

1. La función preventiva de la sanción penal (arts. I y IX).


2. El principio de legalidad (arts. II, III y VI),
3. El principio de lesividad (art. IV).
4. El principio de jurisdiccionalidad (art. V)
5. El principio de culpabilidad (art. VII y VIII)
6. El principio de extensión (art. X)

1. LA FUNCIÓN PREVENTIVA DE LA SANCIÓN PENAL (ARTS I Y IX)

Art. I: Este código tiene por objeto la prevención de delitos y faltas como medio protector
de la persona humana y de la sociedad.

El Derecho penal de un Estado social se justifica como sistema de protección de la


sociedad. Los intereses sociales que por su importancia merecen la protección del derecho
se denominan “bienes jurídicos”, y como el Derecho democrático se apoya en el consenso
de sus ciudadanos, la prevención general ha de prevenirse no solo con el miedo al castigo,
sino poniendo la pena al servicio del sentimiento jurídico del pueblo. Dos son, pues los
aspectos que debe adoptar la prevención general en el Derecho penal de un Estado
social y democrático: junto al aspecto de prevención intimidatorio (también llamada
prevención general negativa), debe concurrir el aspecto de una prevención general
estabilizadora o integradora (también llamada prevención general positiva), La pena, en
este sentido, no debe ser usada arbitrariamente por el Estado como un medio perturbador
de la seguridad ciudadana, ni como instrumento de políticas autoritarias o totalitarias que
desconozcan la dignidad humana y el derecho de las personas de la pluralidad.

Art. IX: La pena tiene función preventiva, protectora y resocializadora. Las medidas de
seguridad persiguen fines de curación, tutela y rehabilitación.

Función preventiva de las sanciones penales (art. IX)


Gran importancia teórica y práctica ha de reconocerse al art. IX, que asigna las
funciones que deben cumplir penas y medidas de seguridad. Propiamente no se trata de
una declaración de principios, sino de una norma rectora destinada a poner de manifiesto
el sentido de la Teoría del delito y a transformar las instituciones de ejecución penal.

De las Teorías sobre la legitimidad de la pena (retributiva, de prevención general


por vía de intimidación negativa, esto es, inhibidora de la tendencia a delinquir, por vía de
afirmación positiva del Derecho penal; estabilizadora o integradora, como afirmación de
las emociones jurídicas fundamentales, y de prevención especial, el Código ha adoptado,
para las penas, una concepción mixta o de la unión, que no es una simple yuxtaposición
de fines. Si el art. IX se aprecia en sus relaciones con los art. 45° y 46° (criterios para la
aplicación de la pena) y si tiene en mente la Parte Especial de conminar las penas dentro
de los límites mínimos y máximos, con variaciones cualitativas y cuantitativas en atención a
la importancia del bien jurídico lesionado, la forma del ataque y la magnitud del daño o

2
Derecho Penal Parte General
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del peligro, se aceptaría que el Código concibe la pena fundada en la retribución (la pena
es legítima porque es la retribución de una lesión cometida culpablemente).
Se concibe la pena fundada en la retribución seguida de las funciones preventivas
(de la comisión de otros delitos, protectora de la sociedad de la capacidad delictiva del
culpable, a la víctima del redoblamiento del ataque y al propio delincuente de la
venganza pública y privada), y resocializadora del penado por medio de la ejecución
humanitaria de la pena, sin violentar su autonomía moral ni su dignidad y
proporcionándole, en cambio, la oportunidad de participar voluntariamente en estudios y
trabajos readaptadores remunerados.

Ahora bien, expresa Fernández Carrasquilla2, “la pena no está supeditada, para su
finalización, al cumplimiento de todas esas funciones. Solo la retribución es ineluctable
porque la pena misma en ejecución, cualquiera que sea el grado de humanitarismo de
que esta se halle impugnada”.

En cuanto a las medidas de seguridad poco se discute el carácter de prevención


especial como función. Desde su ideación por Stoos en el siglo XIX, tales medidas, están
relacionadas con el control de la peligrosidad del sujeto y solo por esto se explican como
medios de exclusiva prevención, no de represión de la delincuencia. No obstante, afirma
Velásquez Velásquez3, en los últimos años se viene afirmando que ellos cumplen dos tipos
de función; una de carácter primaria, cual es la prevención especial; y otra secundaria,
traducido en la prevención general. Incluso comienza a abrirse paso el planteamiento
según el cual también una función genérica: la prevención especial, y unas funciones
específicas determinables según la clase de medidas: la inocuizacion y la resocialización,
si se trata de internamiento en caso de custodia; la reeducación mediante la reclusión en
establecimiento educativo; y la internación en el internamiento psiquiátrico”.

Las medidas de seguridad están regidas prioritariamente por criterios utilitarios de


“curación, tutela y rehabilitación”. Curación si se trata de un enfermo y es ella posible en
sentido médico-psiquiátrico, pero en todo caso tratamientos correctivos de la peligrosidad
delictual. Tutela, esto es protección del propio inimputable y de la colectividad, la que se
hace necesaria porque representa un peligro para sí y para otros. Rehabilitación,
capacitación para la vida social productiva, adaptabilidad a las reglas ordinarias del juego
social en el medio, en que se desenvuelve la vida del sujeto.

2.- PRINCIPIO DE LEGALIDAD (ART. II, III, VI)

Art. II: Nadie será sancionado por un acto no previsto como delito o falta por la ley vigente
al momento de su comisión, ni sometido a pena o medida de seguridad que no se encuentren
establecidas en ella.

Principio de legalidad (art. II)

2
Fernández Carrasquilla, Juan. “Derecho penal fundamental”, Temis, Bogotá, 1989, pp. 375-376.
3
Velásquez Velásquez, Fernando. “Derecho Penal – Parte General”, 2° edición, Editorial Temis, Bogotá, p. 105-106.
3
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El principio de legalidad de los delitos y de las penas es el supremo postulado político-


criminal del Derecho penal moderno. Formalmente sostiene que solo la ley puede señalar
que conductas son delictivas y cuáles son las penas que se pueden imponer a tales delitos,
y asimismo que sólo puede sancionarse como autor del delito, a quien realizó un acto que
previamente la ley, de modo inequívoco, había calificado como delito. En su sentido
material, el principio de legalidad es una garantía de libertad personal y política de los
ciudadanos; se constituye en un límite jurídico importante para todo acto de poder Estatal,
como expresa Prado Saldarriaga4.

La formulación actual del Principio de Legalidad se concibe atendiendo:


a) Las garantías sustantivas.
b) Las garantías procesales.
c) Las garantías de ejecución penal5.

a) Garantías Sustantivas.- Como garantía sustantiva el principio de legalidad se


correspondía: “No hay tipo legal, pena, medida de seguridad, sin ley escrita, estricta
y previa”.

La ley tiene que ser escrita (lege scripta), esto es, la costumbre queda excluida,
como posible fuente del delito y penas o medidas de seguridad. Pero tampoco basta
cualquier norma escrita, debe tener el rango de ley emanado del Poder Legislativo,
como representante del pueblo. En consecuencia, no constituyen fuentes del
Derecho penal, las normas reglamentarias del Poder Ejecutivo como Decretos,
Resoluciones Ministeriales, etc.

La ley tiene que ser estricta, es decir está dotada de un cierto grado de precisión;
la analogía está proscrita en la ley penal, no se puede crear figuras penales por
analogía, así sea para agravar, atenuar o imponer las que ya ha contemplado la ley.
Este principio da lugar al llamado “mandato de determinación”, que exige que la ley
determine en forma diferenciada las distintas conductas punibles y las distintas penas,
por lo que es condenable que las leyes utilicen cláusulas generales indeterminadas.
El mandato de determinación afirma el profesor Mir Puig6 se concreta en la Teoría del
delito a través de la exigencia de tipicidad del hecho, y en la Teoría de la
determinación de la pena obliga a un cierto legalismo que limite al por otra parte
necesaria arbitro judicial.

El “mandato de determinación”, expresa Mir Puig 7, plantea especiales problemas


en relación a las medidas de seguridad, pues es difícil delimitar con una precisión
suficiente el presupuesto de la peligrosidad del sujeto y la duración y las características
concretas de las propias medidas. De ahí que convenga, por una parte exigir la
comisión de un delito previo que demuestra la peligrosidad (exclusión de las medidas
predelictuales) y, por otra parte, señalar límites máximos a la duración de las medidas,
de otro modo se hacen intolerables en un Estado de Derecho.

4
Prado Saldarrriaga, Víctor. op. cit., p. 28.
5
Velásquez Velásquez, Fernando. op. cit., pp. 233-234.
6
Mir Puig, Santiago. “Derecho Penal – Parte General”, 5° edición, Tecfoto, Barcelona, 1998, pp.85-86.
7
Ibid. P. 86.
4
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Con la exigencia de una ley previa se expresa la consagración del principio de


irretroactividad de la ley penal. Si para que un hecho pueda ser castigado, la
conducta y la pena deben estar declaradas por una ley anterior a su comisión, es
claro que la ley dictada expost facto no puede tener aplicación retroactiva. El
contenido de la ley previa debe ser una regla general, en el sentido de que está
destinada a regir todos los casos que ocurran desde su entrada en vigencia hasta su
derogación: la sanción del hecho debe ser anterior al momento de su derogación.
En esta forma no se concibe como una disposición penal puede ser dictada por vía
individual, es decir, establecida en atención al caso ocurrido; y por otro lado, tal forma
legislativa contraviene la garantía constitucional de la igualdad ante la ley, que
prohíbe se establezcan excepciones o privilegios que excluyan a unos de lo que se
concede a otro en iguales circunstancias; en iguales circunstancias no se negaría a
un individuo el derecho de libertad concedido a los demás. Sin embargo, por
excepción, impera la aplicación retroactiva cuando la ley posterior es más favorable,
por suprimir algún delito o atenuar la pena. El principio se vincula a la aplicación de
la ley penal en relación al tiempo y allí nos ocuparemos de su alcance.

b) Garantías procesales

Las garantías procesales significan que nadie puede ser castigado sino en virtud de
un proceso legal, y que la ley penal solo puede ser aplicada por los jueces instituidos por
la ley para esa función.
Las garantías procesales reconocen dos principios: el debido proceso legal o
legalidad del proceso, y el juez natural o juez legal.

c) Garantías de Ejecución Penal

Esta garantía afirma: no hay pena ni medida de seguridad sin adecuado tratamiento
penitenciario y asistencia, sin tratamiento humanitario y sin resocialización.

Tratamiento penitenciario y asistencial.- significa que la ejecución debe rodearse la


máxima garantías, con miras a que el reo este protegido por el Estado, el cual no puede
dejarlo librado a su suerte propiciando su degradación y pérdida de identidad como
persona humana.

Tratamiento humanitario quiere decir que la ejecución de la pena y medida de


seguridad debe atender a la calidad de ser humano del reo, quien, dentro de las
limitaciones de sus bienes jurídicos, debe ser tratado acorde a su dignidad de persona,
sin que al Estado le esté permitido cosificar al individuo para sus fines.

Resocialización quiere decir rehabilitación del reo, curarlo cuando padezca de


anomalías físicas y mentales, reincorporarlo a la sociedad en condiciones aptas para la
convivencia social.

5
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Finalmente destacamos que el principio de legalidad es, a la vez, la base del principio
de culpabilidad, pues si no hay delito definido o una pena claramente amenazada no
habría cómo ni de qué ser culpable jurídicamente.

Art. III: No es permitida la analogía para calificar el hecho como delito o falta, definir un
estado de peligrosidad o determinar la pena o medida de seguridad que les corresponde.

Prohibición de la Analogía (art. III)

Un aspecto particular del principio de legalidad que merece atención especial, es


la prohibición de la analogía, o sea, como dice el art. 139 núm. 9 de la Constitución: “la
inaplicabilidad de la analogía de la ley penal”.

Se distingue la analogía de la interpretación extensiva y de la analogía. Se opone


al principio político liberal del nullum crimen nullum poena sine lege. Además, la analogía
no es propiamente forma de interpretación legal, sino de aplicación. Con la analogía se
procura aplicar un precepto a un caso que la ley no ha previsto. La interpretación se dirige
a buscar la voluntad de la ley, la analogía prescinde de la voluntad, o mejor dicho, esa
voluntad no existe. La analogía tiene, por lo tanto función integrante de la norma jurídica
y no interpretativa.

Se distingue la analogía de la interpretación extensiva porque cuando ella ocurre,


el caso que se examina no está regulado ni implícitamente, lo que no ocurre en la
interpretación extensiva, el intérprete se torna señor de la voluntad de la ley, la conoce,
dando un alcance más amplio a los vocablos empleados por el legislador, para que
corresponda a esa voluntad; en la analogía lo que se extiende y amplia es la propia
voluntad de la ley, con el fin de que se aplique a un caso concreto una norma que se
ocupa de un caso semejante. Puede resumirse la distinción, diciendo que en una falta la
expresión lexicológica adecuada en cuanto existe la voluntad legal; en la otra, falta
también la voluntad.

Con la interpretación analógica o intra legem es más fácil la distinción, puesto que
ésta se hace en virtud de la ley, que determine se aplique analógicamente el precepto; o
sea, está permitida cuando a la fórmula casuística le sigue una genérica, debiéndose
admitir que ésta comprende casos semejantes o análogos a los mencionados por aquellos,
tal como ocurre en el art. 108 del Código Penal.

Art. VI: No puede ejecutarse pena alguna en otra forma que la prescrita por la ley y
reglamentos que la desarrollen. En todo caso, la ejecución de la pena será intervenida
judicialmente.

Principio de la teleología de las puniciones penales (art. VI).


El principio de legalidad preside todas las fases de la pena, amenaza, aplicación y
ejecución. Las penas impuestas por los jueces, no pueden ser llevadas a cabo en otra
forma que la prescrita por la ley y reglamentos. El art. 234 de la Constitución establece:
"Nadie puede ser sometido a torturas o tratos inhumanos o humillantes. Cualquiera puede
solicitar al juez que ordene de inmediato el examen médico de la persona privada de la
libertad, si cree que ésta es víctima de maltratos". En otros términos, la ejecución de una pena
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debe ejecutarse si media un adecuado tratamiento asistencial para el reo, por parte de
personal idóneo y mediante políticas penitenciarias orientadas a la readaptación,
rehabilitación y reincorporación del penado a la sociedad, como proclama el art. 139 núm. 22 de
la Constitución, debe observarse, de la misma manera el principio de humanidad prescrito en el
recordado art. 234 de la Constitución, para el cual la dignidad del individuo es un límite que se
debe respetar por parte del Estado y que controla el Poder Judicial.

Lo anterior explicar, porque el art.VI del Título Preliminar del Código Penal diseña una
teleológica de la sanción penal en armonía con la filosofía impuesta por un Estado social y
democrática de derecho.

3.- PRINCIPIO DE LESIVIDAD (ART. IV)

Art. IV: La pena, necesariamente, precisa de la lesión o puesta en peligro de bienes


jurídicos tutelados por la ley.
Principio de lesividad (art. IV).
Debe separarse el postulado de lesividad a que se refiere el art. IV del Título
Preliminar de la categoría dogmática emanada de él o antijuricidad, de la cual se ocupa
la teoría del hecho punible. En este lugar se hace referencia al principio de lesividad y no
a la categoría dogmática de la antijuricidad.

El axioma se deriva del art. IV del Título Preliminar del Código Penal que establece
que para que una conducta sea punible se requiere que "lesione o ponga en peligro los
bienes jurídicos tutelados por la ley".

El principio de lesividad del bien jurídico o de la objetividad jurídica del delito, se


sintetiza en el tradicional aforismo liberal "no hay delito sin daño", que traducido al lenguaje
actual, según Velásquez Velásquez8, "equivale a la no existencia de hecho punible sin
amenaza real o potencial para el bien jurídico tutelado". O sea que el referido art. IV no
sólo no declara punible la conducta que, con justa causa, daña o amenaza un bien
tutelado, sino también las que carezcan de potencialidad causal para ella.
Consecuentemente se excluyen de pena, por carecer de antijuricidad, las conductas
justificadas (falta de antijuricidad formal) y los hechos inocuos e inofensivos (falta de
antijuricidad material).

No obstante, parece que en ciertos casos el legislador ha olvidado tal exigencia del
art. IV como lo es la instalación de disposiciones que aluden a conductas que se refieren a
delitos de peligro abstracto o de mera desobediencia, por ejemplo, en el art. 274 del
Código Penal que sanciona la conducción de vehículos motorizados en estado de
embriaguez o drogadicción.

4.- PRINCIPIO DE JURISDICCIONALIDAD (ART. V)

Art. V: Sólo el Juez competente puede imponer penas o medidas de seguridad; y


no puede hacerlo sino en la forma establecida en la ley.
Principio de Jurisdiccionalidad (art. V).

8
Velásquez Velásquez, Fernando. Op. cit., p. 246.
7
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Es otro postulado de rango procesal, concebido como parte del debido proceso
legal. Aparece tutelado en el art. 138 de la Constitución, en cuanto establece que: "La
potestad de administrar justicia emana del pueblo y se ejerce por el Poder Judicial a través
de sus órganos jerárquicos con arreglo a la Constitución y las leyes". Se trata, pues, de la
aplicación de la actividad judicial del principio de legalidad. Además, al garantizar la
actividad judicial, se garantiza también al ciudadano.

Por lo tanto, según la garantía constitucional, nadie puede ser condenado a una
pena sin proceso legal seguido ante Tribunal competente y constituido de modo regular.
Además, todo sometido a proceso, tiene derecho a la defensa (art. 139 núm. 14 de la
Constitución), a ser informado y por escrito de la causa o razones de su detención (art. 139
núm. 15 de la Constitución), a un proceso público y oral (art. 139 núm. 4 de la Constitución),
a no declarar o reconocer culpabilidad en causa penal contra sí mismo y a la presunción
de inocencia (art. 2 núm. 24 de la Constitución), derechos que reitera la Declaración de
los Derechos del Hombre (art. 10 y 11) y el Convenio Europeo para la Protección de los
Derechos Humanos y Libertades Fundamentales (art. 6).

El principio del juicio legal comprende también la fase de la determinación de la


pena. Puede resultar que por la estructura de los tipos (tipos con elementos normativos),
por la naturaleza de la acción, por la necesidad de apreciar los deberes infringidos, la
extensión del daño o peligros causados y la peligrosidad del delincuente (art. 46 del Código
Penal), se produzcan situaciones de conflicto entre la determinación judicial de la pena y
los principios de la intervención estatal. En estos casos, sólo se cumplirá con las garantías
jurisdiccionales si las decisiones aparecen razonadas, pues de lo contrario predominaría la
arbitrariedad judicial.
Lo que persigue el principio jurisdiccional es que no puedan establecerse en el país
tribunales paralelos a la justicia ordinaria penal, para avocarse al juzgamiento de delitos
comunes; el no sometimiento de civiles al fuero castrense. Es menester, dice Prado
Saldarriaga9, recuperar el espacio perdido por la justicia ordinaria en las zonas de conflicto
No hacerlo implica renunciar al principio de jurisdiccionalidad y dejar al ciudadano en
situación de indefensión frente a la arbitrariedad.

5. PRINCIPIO DE CULPABILIDAD O RESPONSABILIDAD (ART. VII)

Art VII: La pena requiere de la responsabilidad penal del autor. Queda proscrita toda
forma de responsabilidad objetiva.
Principio de culpabilidad o responsabilidad (art. VII).
Aquí como en los casos anteriores, es preciso separar dos conceptos que la doctrina
suele confundir: de un lado, el principio de culpabilidad que se viene tratando; y de otro
lado, la categoría dogmática de la culpabilidad emanada de la definición del delito. Por
tanto, en este lugar se hace referencia al principio de culpabilidad y no a la categoría
dogmática de la culpabilidad, a la cual se hace referencia al exponer la Teoría del Delito.

Se discute si este principio se deriva del de legalidad o sucede lo contrario- incluso


se cuestiona, previa separación del de intervención legalizada si se deriva del Estado de

9
Prado Saldarriaga, Víctor. op.cit., p.38.
8
Derecho Penal Parte General
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Derecho o del de Humanidad. Partiendo del respeto a la dignidad de la persona, parece


que la razón está de parte de quienes defienden la última postura.

El apotegma de culpa: nullum pena sine culpa o de la responsabilidad subjetiva, se


enuncia diciendo que no hay pena sin culpabilidad: la sanción penal sólo debe fundarse
en la seguridad de que el hecho puede ser "reprochado" o "exigido" al autor, e implica dos
cosas distintas, según Velásquez Velásquez 10: "en primer lugar, no puede ser castigado
quien actúa sin culpabilidad pues toda pena la supone, de donde se deriva la exclusión
de la responsabilidad objetiva o responsabilidad por el mero resultado: y, en segundo lugar,
la pena no puede sobrepasar la medida de la culpabilidad y su imposición se hace
atendiendo al grado de culpabilidad. El autor, pues, no responde por un defecto de
carácter adquirido (derecho penal de autor, sino por su hacer: derecho penal de acto);
se trata de un derecho penal de culpabilidad por el hecho o por el acto cometido y no
por la forma como el autor conduzca su vida, pues no son posibles terceras opciones".
En suma del enunciado no hay pena sin culpabilidad, se derivan tres consecuencias
materiales:
A. No hay responsabilidad objetiva por el mero resultado.
B. La responsabilidad es por el acto y no por el autor.
C. La culpabilidad es la medida de la pena.

Art. VIII: La pena no puede sobrepasar la responsabilidad por el hecho. La medida


de seguridad sólo puede ser ordenada por intereses públicos predominantes.
Principio de proporcionalidad de las penas (art. VIII).
La pena ha de guardar relación con el daño ocasionado y con el bien jurídico
protegido. Este principio encuentra tradicional explicación dentro del marco del sistema
retributivo, pero también en las Teorías preventivas, ya que, según Terradillos y Mapelli11, "la
adecuación de la gravedad de la pena al delito por ejemplo, castigando más la conducta
dolosa que la imprudente, o la consumación que las formas imperfectas de ejecución, o
los delitos que afectan a bienes jurídicos más importantes que los que no lo son tanto- es
requisito de aceptación social y de aplicación funcional".

Dos aspectos o exigencias hay que distinguir en el principio de proporcionalidad de


las penas, dice Mir Puig12, por una parte, la necesidad misma de que las penas sean
proporcional al delito. Por otra parte, la exigencia de que la medida de proporcionalidad
se establezca en base a la importancia social del hecho ("nocividad social"). Asimismo,
Bustos Ramírez, expresa que el principio de proporcionalidad en materia de penas
presupone que éstas deben estar en una determinada relación con el bien jurídico
afectado, esto es, no toda afección a un bien jurídico ha de suponer una pena privativa
de libertad pues, no habría proporción entre el bien jurídico afectado o la gravedad de su
afección y el significado de la pena para el sujeto.

En el art. 73 del Código Penal también implica el principio de proporcionalidad en


la imposición de medidas de seguridad, sosteniendo que debe ser establecido teniendo

10
Velásquez Velásquez, Fernando. op. cit., p.248.
11
Mapelli, Caffarena, Borja y Terradillos Basoco, Juan. “Las consecuencias jurídicas del delito”, 2° edición, Editorial CIVITAS S.A.,
Madrid, 1993, p.49.
12
Mir Puig, Santiago. Op. cit., p. 100.
9
Derecho Penal Parte General
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en cuenta la peligrosidad delictual del agente, la gravedad del hecho cometido y los que
probablemente cometería si no fuera tratado.

Un Estado democrático, expresa Mir Puig13, debe exigir, además, que la importancia
de las normas apoyadas por penas proporcionadas no se determina a espaldas de la
trascendencia social efectiva de dichas normas. Se sigue de ello que un Derecho penal
democrático debe ajustar la gravedad de las penas a la trascendencia que para la
sociedad tienen los hechos que se asignan, según el grado de la "nocividad social" del
ataque al bien jurídico. Conminar en la actualidad con la pena de muerte el "tercer hurto",
como se hizo en otras épocas históricas, contradice abiertamente el actual significación
del hurto. Tal pena no podría concitar el consenso social que exige la prevención general
positiva, ni resultaría admisible en un Derecho democrático.

6. PRINCIPIO DE EXTENSIÓN (ART. X)

Art. X: Las normas generales de este Código son aplicables a los hechos punibles
previstos en leyes especiales.
Principio de Extensión (art. X).
Los principios reguladores del control penal que prevé el Título Preliminar del Código
Penal no son sólo para la interpretación y aplicación del Código, sino que alcanzan a todas
las leyes penales, sea que éstas se incorporen al Código Penal (Derecho penal
fundamental), sea que se mantengan como Derecho penal complementario.
En caso de existir en leyes especiales preceptos que contradigan a las disposiciones
generales del Código Penal, se estará a lo dispuesto por éste. Este principio se deriva de la
necesaria unidad lógica del ordenamiento jurídico, la cual se quebraría al dar igual validez
a normas contradictorias.

El art. X se refiere a "normas generales de este Código" y no sólo a las disposiciones


contenidas en la Parte General del Código, o sea, en el Libro Segundo, sobre delitos, y en
el Libro Tercero, sobre faltas, tales como las de violencia sobre las cosas o personas,
amenazas, engaños, violación de morada, estado de guerra y otros. Las disposiciones
generales que se encuentran en la Parte General o en la Parte Especial del Código Penal
prevalecerán sobre las establecidas en leyes especiales.

13
Loc. cit.
10

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