SEMINARIO TEOLÓGICO GUATEMALTECO
TEOLOGIA LIBERAL
Catedrático Titular: Dr. Julio Cesar De León Barbero
RESUMEN CAPITULO II
Harnack, La esencia del cristianismo
Alumna: Ana Marisol Gómez Marroquín
Grado: Doctorado I Semestre.
Carnet: 1172596
Guatemala, 1 de abril del 2023
Siguen los datos Históricos
CAPITULO II
Los fundamentos de la revelación de Jesucristo, uno de los cuales estriba en la forma
que adopto para revelar su doctrina. Así veremos que en aquella forma se declara un elemento
esencial en el carácter de Cristo, quien “predicaba con autoridad, no a guisad escribas y
fariseos”.
Para conocer las fuentes de la relación de Jesucristo debemos conocer a los tres
Evangelios primeros y lo que de otras fuentes podemos sacar acerca de la historia y
predicaciones de Jesús, es tan poco, que sin esfuerzo se encerraría dentro de una página en
cuarto. El cuarto Evangelio que ostenta el nombre de Juan, cuando nada absolutamente le
pertenece. Por tales motivos, es de poco o ningún provecho el cuarto Evangelio como fuente
de la historia de Jesús; aun concediendo que contenga residuos de la tradición, muy difíciles
de encontrar. Lo que de este Evangelio puede sacarse en tal sentido es expuesto con extrema
cautela.
En cambio, es arsenal de importancia primordial para que el que trate de investigar
las ideas que surgieron del Evangelio, las imágenes de Jesús que suscitaron lo relatos de su
vida, las claridades que difundió y la llamarada de fe que encendió. Sesenta años hace que
David Federico Straus creyó haber resuelto casi por completo la cuestión de la autenticidad
histórica de los tres primeros Evangelios. La labor histórico-critica de dos generaciones ha
logrado reconstituirlos en gran parte. Esos tres Evangelios son obras de historia; porque no
fueron escritos para relatar exclusivamente los hechos, sino que son obras de propaganda,
destinados a suscitar la fe en la persona y en la misión de Jesucristo. A tal fin se explican los
dichos y hechos del Maestro, así como se repitan las citas del Antiguo Testamento.
A pesar de todo, los tres Evangelios conservan algún valor como fuentes históricas;
tanto más en cuanto su calidad no es extraña, sino que más bien concuerda con los intentos
de Jesucristo. Mas lo que alguien atribuyó a cierta tendencia predominante en los
evangelistas, no resiste a la crítica, si bien quizás en algún detalle pueden haber influido
tendencias de orden secundario. No son los Evangelios "escritos de partido", es verdad,
tampoco, que estén impregnados del espíritu helénico, pues corresponden, en cuanto atañe a
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su contenido substancial, a la época primitiva o hebraica del cristianismo; breve período que
podríamos llamar paleontológico.
El tercer Evangelio nos demuestra lo arraigada que en su forma estaba aquella
tradición. Fue redactado este Evangelio por un griego, probablemente en tiempo de
Domiciano. En la segunda parte –historia de los apóstoles- así corno en la introducción a la
primera, aparece evidente el conocimiento perfecto que el autor tenía del lenguaje literario
de su país, hasta el punto de mostrarse estilista notable. Más en la narración evangélica no se
atreve a separarse del modelo tradicional; en el vocabulario, en la estructura del período, en
el colorido y en otros detalles de menor cuantía, no se aparta el tercer evangelista de Marcos
o de Mateo, contentándose con pulir las palabras y las frases que le parecían indignas del
gusto más exquisito.
Vivía Jesús en religión penetrado del temor de Dios. Su vida entera, todos sus
pensamientos y sus sentimientos se encaminaban a Dios; y, sin embargo, jamás habla como
un arrebatado o un fanático, cuyos ojos, deslumbrados por la contemplación de un punto
fulgurante, no pueden ver el mundo ni lo que el mundo encierra. Pasó Jesús predicando por
la tierra y supo retener una visión clara y serena de la vida grande y pequeña que en tomo
suyo hervía. Solía decir que los tesoros del mundo entero no compensan la perdición del
alma, lo cual no le impedía derramar el amor de su corazón por todo cuanto vive en el mundo.
iCosa esta maravillosa y grande incomparablemente! Sus discursos, compuestos por lo
común mediante palabras y sentencias, son dechados de todos los géneros de la oratoria y de
toda la gradación de los afectos
Su predicación se eleva a las más grandiosas cimas, poniendo al hombre enfrente de
una resolución suprema; pero las ideas más sublimes, de quien hacen las más fuertes
conmociones, son para él verdades intuitivas, y como tales las expresa, vistiéndolas con el
lenguaje en que las madres hablan sus hijos.
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Bibliografía
Harnack, La esencia del cristianismo, Colección Sefer, Barcelona, 1904. P. 21-36