SEMINARIO TEOLÓGICO GUATEMALTECO
TEOLOGIA LIBERAL
Catedrático Titular: Dr. Julio Cesar De León Barbero
RESUMEN
ESENCIA DEL CRISTIANISMO
CAPITULO I
Alumna: Ana Marisol Gómez Marroquín
Grado: Doctorado I Semestre.
Carnet: 1172596
Guatemala, 17 de Marzo del 2023
LA ESENCIA DEL CRISTIANISMO
CAPITULO I
Si nos proponemos saber quien fue en realidad Jesucristo y acudimos para lograrlo a
la literatura modernas, pronto nos encontraremos metidos en una selva de contradicciones.
Unos asemejan el cristianismo primitivo con el budismo, viendo la negación del mundo y en
el pesimismo sistemático de aquel su íntima esencia y sublimidad. Otros presentan el
cristianismo como religión, que debe ser tenida en cuanta exclusivamente como una
evolución superior del hebraísmo, con lo cual se figuran haber dicho algo muy profundo. En
cambio, hay quien afirma que el evangelio reniega de sus orígenes hebraicos, que es efecto
de recónditas influencias griegas, a modo de hijuela salida del tronco del helenismo. Y
finalmente a los ultra-modernos, quienes afirman que la religión, la moral y la filosofía son
en la historia meras formas externas, concentrada la verdadera fuerza eficaz en los fenómenos
económicos; con tal interpretación, el cristianismo se reduce en sus orígenes a un movimiento
social y Cristo a un redentor en el concepto social, el redentor de las clases inferiores
oprimidas y degradadas.
En nuestra época se ha intentado hermanar el Evangelio, no ya con las ideas de
Tolstoi, sino con la Nietzsche materia, a nuestro parecer, digna de estudio, con preferencia a
las relaciones entre ciertas especulaciones teológicas o filosóficas y la palabra de Cristo.
La ciencia de la religión no puede prescindir de la apologética, porque es en ella noble
y digno ofrecer las pruebas oportunas que corroboren el derecho de la religión cristiana y
poner de relieve la gran parte que esta tiene en nuestra vida intelectual y moral.
Pues bien, la religión se refiere al hombre tal como es, y persiste en medio de los
adelantos y transformaciones de todas las cosas. El cristianismo es un trascendente hecho
histórico que no se encierra en una sola época. Dentro del cristianismo y para el cristianismo,
se han ido desplegando insensatamente nuevas fuerzas, en todas las edades, y es obligación
ineludible tener igualmente en cuenta las manifestaciones posteriores y sucesivas del espíritu
cristiano. No es el cristianismo una doctrina propagada uniformemente por la tradición o
bien desviada y modificada de un modo arbitrario, es llama vital que sin cesar se reanima y
arde en nuestros días por propia virtud. El mismo Cristo y los Apóstoles preveían sin ambages
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la ascensión de la religión que fundaban a más compleja vida, a mayor altura de visión
intelectual, y la confiaron al Espíritu, para que la llevase a espacios cada vez más claros.
El cristianismo una época que podríamos llamar clásica y un fundador que
personifico en acción su doctrina: penetrar en el espíritu del fundador será siempre la labor
principal; pero limitarse a él, seria aprisionar la observación en un molde sobrado angosto.
Quiso Jesucristo iniciar, e inicio, efectivamente, una vida religiosa nueva, independiente de
cualquier otra; tanto que su grandeza verdadera consiste en haber llevado a los hombres hasta
Dios, en haber logrado que, finalmente, vivan los hombres la vida propia de Jesucristo.
Siendo así: ¿Cómo puede prescindir de la historia del Evangelio quien quiere conocer a Cristo
en todo su ser?
El Evangelio es idéntico en todas sus partes a la forma primitiva, y no ha escapado a
las leyes del tiempo, o bien contiene, en la variabilidad de las formas históricas, algo que
conserva su valor en todo tiempo. A nuestro parecer, la segunda es la buena vía. Pero
precisamente porque podemos considerar el cristianismo no solamente en sus comienzos,
sino en todo su desenvolvimiento histórico, será más firme y seguro el criterio que nos guiará
para discernir lo que sea esencial y verdaderamente precisos.
En el Evangelio, lo que es, por así decirlo, verdaderamente evangélico, nos habla con
tal sencillez y con tal fuerza, que no hay manera de alterar su significado, ni se requieren
amplios y metódicos estudios preparatorios para llegar a comprenderlo. El cristianismo no es
comprensible más que como religión de un pueblo presa de a la desesperación, como esfuerzo
postrero de una edad decadente, que, forzada a la renuncia de todos los bienes mundanales,
pone en el cielo sus deseos y en el cielo busca su patria.
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BIIBLIOGRAFIA
Harnack, A. La esencia del cristianismo, Biblioteca Sociológica Internacional
España:1904. P- 7-19