Tema 2
Para vivir la liturgia
2.1 Signo y Símbolo
Somos seres humanos, es decir, seres compuestos de cuerpo y espíritu, de elementos
externos y de elementos internos. Por consiguiente, nuestra actividad, también la liturgia,
ha de ser externa e interna. Por eso empleamos signos, gestos, palabras y diversas
acciones como expresión de la correspondiente actitud interior. La concurrencia de lo
externo con lo espiritual ayuda a captar mejor la realidad y a enriquecer la vivencia.
Signo y Símbolo.
Signo y símbolo son dos realidades distintas:
- El Signo es una señal, una realidad externa, que remite a otra realidad distinta, bien
determinada, clara, comprendida racionalmente.
Hay signos naturales y signos convencionales.
Los signos naturales llevan su significado en lo que son. Ejemplo: el humo, que indica
fuego; la sonrisa, que expresa alegría.
Los signos convencionales significan lo que las personas hemos convenido que signifiquen.
Ejemplo: señales de tránsito, de peligro (una calavera), etc.
- El Símbolo es un elemento sensible que remite a una realidad de otro orden, percibida en
forma más intuitiva que racional, es decir, a una realidad no captada plenamente en el
orden del razonamiento.
El motivo por el cual la realidad simbolizada no es percibida con precisión racional es que
tal realidad afecta a lo más radical de nuestra propia persona o a algo trascendente. Y lo
más radical, lo más profundo, escapa de nuestro raciocinio; esas realidades son
experimentadas, sentidas, vividas, pero no razonadas.
Al no estar situado en el plano ordinario de lo racional, el símbolo no emplea el lenguaje
corriente, sino un lenguaje figurado: el lenguaje simbólico. Pero no es ajeno a la razón,
porque signo y símbolo se corrigen mutuamente, es decir, evitan que caigamos en el
ámbito estrecho de lo que nosotros podemos razonar o en el exceso contrario: el ámbito
de lo imaginativo desligado de la razón. Y, al mismo tiempo, se complementan uniendo
esos dos mundos.
1
La liturgia necesita símbolos.
Puesto que el símbolo es el lenguaje propio de las experiencias profundas y de lo
trascendente, la liturgia los necesita. Sin símbolos no podría referirse ni experimentar o
vivir lo más profundo. Quedaría en lo superficial.
Cuando en la liturgia se quiere explicar todo (es decir, razonarlo), se elimina de ella la
mayor riqueza. Cuando se quiere tener todo muy claro, sólo se ve la superficie. En ese
caso, “el precio de la claridad es la pérdida de profundidad”. Lo que se muy claro es sólo la
corteza. “El racionalismo es un enemigo de la celebración y de la ciencia litúrgica”.
En algunas celebraciones se suceden sin cesar las explicaciones de todo. Eso perjudica
grandemente la vivencia de la liturgia.
2.2 Elementos naturales empleados en la Liturgia
La Iglesia, en su liturgia, muestra el sentido de misterio que envuelve a toda la creación; en
los elementos naturales ve el reflejo de Dios y a través de estos expresa su actitud ante las
tres personas de la Santísima Trinidad.
Luz:
La Luz es uno de los elementos simbólicos más importantes en el ámbito religioso. Expresa
la realidad de las cosas que son como recreadas al pasar de la oscuridad a la luz. Simboliza
al mismo Cristo –que dice de sí: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8, 12)– y la fe. San Juan habla
más de 30 veces de la luz en su Evangelio y en su primera carta. La liturgia menciona
muchas veces la luz y la emplea constantemente (Cirio Pascual, velas, otras lámparas)
Fuego:
El fuego habla de lo que consume (sacrificio), del calor que saca de la pesadez (acción del
Espíritu Santo) y de lo que hemos dicho de la luz.
Agua:
Simboliza ante todo la fecundidad (tierra regada contrapuesta al desierto) y limpieza. Jesús
habla del nacer “del agua y del Espíritu” (Jn 3, 5). Es otro de los elementos muy utilizados
en la Escritura, especialmente por San Juan (unas 20 veces en su Evangelio). La liturgia la
emplea en el Bautismo, en la Eucaristía, en el oficio de difuntos, en bendiciones y en
aspersiones varias.
2
Incienso:
Es una resina que al caer sobre ascuas o fuego desprende un olor agradable. También al
incienso se lo menciona numerosas veces en la Biblia. Se emplea en la Misa en días
solemnes incensando el altar, las ofrendas, el Santísimo, a los ministros y a la asamblea. Se
inciensan asimismo el Cirio Pascual, los cuerpos de los difuntos, la Cruz y las imágenes de
los santos, entre otros. Es signo de honor y de la oración que se eleva a Dios (Salmo 140).
Ceniza:
Es signo de la caducidad de las cosas (en eso queda lo que se ha quemado) y, por lo
mismo, invitación a la penitencia, a vivir teniendo como valor lo imperecedero. Se emplea
el Miércoles de Ceniza, al comienzo de la Cuaresma.
Ramos:
Expresan alegría y triunfo, vida y resurrección. Se bendicen el Domingo de Ramos para ser
utilizados en la procesión que recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén antes de
su Pasión.
Sal:
Sazona los alimentos y los conserva. De ahí que se la considere expresión de acogida y
hospitalidad y, sobre todo, de fidelidad. Por eso se empleaba al pactar las alianzas (cf. Lev
2, 13; Núm 18, 19). Jesús dice que los suyos son “sal de la tierra” (Mt 5, 13). San Pablo
aconseja que la palabra de los cristianos “sea siempre amable, sazonada con sal” (Col 4, 6).
2.3 Posturas y gestos en la Liturgia
Hablamos con todo el cuerpo. Gestos y movimientos son vehículo de comunicación. El ser
humano, por su misma constitución espiritual y corporal, sólo se expresa plenamente
cuando a la actitud interna se une el gesto externo.
Pero las posturas y los gestos no sólo expresan actitudes, sino que también las fomentan.
Esto se ha vivido en todas las épocas; en nuestros días la liturgia renovada da particular
importancia al cultivo de la interioridad, haciendo que el cuerpo no sólo no distraiga, sino
que ayude. El gesto que expresa una actitud es lenguaje simbólico. Dice otra cosa, dice
algo que está más allá de lo expresable con palabras.
Lo primero que ha de tenerse en cuenta es que todas las posturas señaladas para la
asamblea, ante todo significan y fomentan el sentido de comunidad y de unidad de todos
los participantes (cf. IGMR 20). [Instrucción General del Misal Romano]
3
De Pie:
La postura de pie expresa la dignidad del hombre como Señor. Es la postura del
resucitado, diferente al esclavo o al que está abatido por el mal. En los momentos más
importantes de la Eucaristía nos ponemos de pie.
Sentado:
La postura sentada representa la actitud de quien preside, de quien tiene autoridad y en
enseña. A la vez representa a quien escucha, medita y aprende. Es la actitud de María de
Betania, hermana de Lázaro que “se sentó a los pies del Señor” y estaba atenta a su
palabra escuchando y meditando lo que el Señor le decía (Lucas 10, 38-42).
De Rodillas:
Es una postura muy expresiva que nos hace ser pequeños ante Dios. Su sentido apunta a la
sencillez y la humildad. Expresa, además, el pedir perdón, tal como el hijo pródigo que se
arrodilló ante su padre (Lc 15). También es una postura penitencial y de adoración.
Expresa una actitud interior ante la grandeza de Dios. El mismo Jesús en el huerto de los
olivos “doblando las rodillas oraba al Padre” (Lucas 22, 41). San Pablo nos dice que: “al
nombre de Jesús toda rodilla se doble” (Filipenses 2, 10
Caminar:
Debiera ser un signo muy expresivo en nuestras celebraciones litúrgicas. Caminar, desde
los movimientos sencillos, hasta las marchas y procesiones, indica disponibilidad y
decisión. Como Iglesia vamos hacia delante, tal como dice el canto: “somos un pueblo que
camina y juntos caminando...”
En las diversas celebraciones litúrgicas de nuestra Iglesia, tanto los ministros como la
Asamblea han de darle importancia a este gesto. En el caso de nuestra Eucaristía se debe
cuidar este gesto ya sea en la procesión de entrada, al momento de salir a proclamar las
lecturas, en la presentación de ofrendas, en la procesión para recibir la Comunión y en la
despedida. “Somos la Iglesia peregrina de Dios”
La Señal de La Cruz:
Es uno de los gestos más repetidos por los cristianos y es, además nuestro símbolo
universal que se ha empleado desde los tiempos antiguos. Es un signo de pertenencia y
seguimiento a Jesucristo. El mismo extendió sus brazos en la cruz tal como lo señala la
segunda plegaria Eucarística. También este signo nos ha de recordar en algún modo
nuestro bautismo. Así lo hacemos al comenzar la Eucaristía, en el nombre del Padre, y del
Hijo y del Espíritu Santo como pueblo de bautizados, seguidores de Jesucristo.
4
También antes de la lectura del Evangelio como signo de acogida a la Palabra (decimos:
Purifica mi mente, mis labios y mi corazón) y al final de la Eucaristía.
Genuflexión:
Es un gesto de respeto, de humildad y de adoración. Es un símbolo de nuestra adoración al
Señor, especialmente ante su presencia en el Sagrario. Siempre, al entrar a una capilla o
donde se encuentre el Santísimo que nos recuerda la presencia viva y real de Cristo,
hemos de tener una actitud de fe y de respeto. El gesto que mejor expresa esta actitud es
la genuflexión.
Postración Total:
Postrarse en el suelo es, sin duda, una postura muy significativa. Este gesto lleva la
humildad y la adoración a su expresión máxima. Ya en el Antiguo Testamento, Moisés
había empleado este gesto postrándose delante del Dios de la Alianza. (Éxodo 34, 8)
Los mismos discípulos de Jesús “que estaban en la barca se postraron delante de El
diciéndole: ¡Verdaderamente, tú eres Hijo de Dios!” (Mateo 14, 33)
Actualmente, en nuestras liturgias, los que van a ser ordenados para recibir la gracia del
Espíritu se postran. También los Ministros Ordenados el Viernes Santo expresan su fe y
humildad postrándose en el suelo al comenzar la celebración.
La Imposición de Manos:
Es, sin duda un gesto muy hermoso y significativo. Expresa muchas cosas: bendición,
perdón, transmisión de una fuerza, poder de Dios, y consagración. Depende en algunos
casos de las palabras que se emplean al realizar el gesto. El mismo Jesús imponía sus
manos para sanar o resucitar (ver Lucas 4, 40). También lo hacía para bendecir, en este
caso a los niños, como lo describe el evangelista Marcos: “Jesús los abrazaba y luego ponía
sus manos sobre ellos para bendecidlos” (Mc 10, 16).
Elevar las Manos:
Es, también, un gesto importante dentro de nuestra liturgia. Aunque por lo general lo
emplea el que preside. San Pablo le da importancia a este gesto y nos aconseja diciendo:
“Quiero que los hombres oren en todo lugar; que levanten al cielo manos limpias, sin
enojos ni discusiones” (1° Timoteo 2, 8)
Golpearse el Pecho:
Es un gesto que expresa una actitud interior de arrepentimiento y humildad. Significa que
reconocemos nuestra propia culpa y que tenemos la intención de cambiar. Se hace en el
acto penitencial al rezar el “Yo confieso” diciendo “...por mi culpa, por mi gran culpa...”.
5
En el Evangelio de Lucas se muestra la actitud del publicano “que no se atrevía a levantar
los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, ten piedad de mí que
soy un pecador” (Lucas 18, 13).
Los Besos:
Los besos son señales de afecto, de gratitud, de adhesión, veneración y también de
reconciliación. Es un gesto muy expresivo, especialmente en nuestra cultura. En Cuanto a
la celebración Eucarística el Misal nos dice: “según la costumbre tradicional en la liturgia,
la veneración del Altar y del libro de los Evangelios se expresa con el beso” (IGMR 232).
En otras celebraciones, como el Viernes Santo, besamos la cruz como signo de adoración,
también en algunas ocasiones se besan las manos de los enfermos; en el sacramento de la
Reconciliación se emplea en señal de perdón, El Jueves Santo, a veces, el sacerdote o el
Obispo besa los pies de algunos fieles.
2.4 Colores en la Liturgia
La finalidad de los distintos colores en las vestiduras y ornamentos litúrgicos es expresar el
sentido propio de cada fiesta o celebración. En esa línea, podemos también incluirlos entre
los elementos simbólicos.
Blanco:
El blanco es un color de alegría y de fiesta. En la liturgia simboliza la luz, la gloria, la
inocencia. Es el color más adecuado para celebrar: La Navidad y Epifanía, los cincuenta
días de la Pascua, las fiestas de los Ángeles y Santos no mártires. Dentro de la Liturgia, el
blanco reemplazará a cualquier otro color.
Rojo:
Es el color más perecido a la sangre y al fuego y su simbolismo va en ese mismo sentido. El
color rojo expresa muy bien el martirio o sacrificio de Jesucristo. Es el más adecuado para
celebrar: - Domingo de ramos (pasión) y Viernes Santo, Pentecostés y las Fiestas de la
Santa Cruz, apóstoles, evangelistas y Santos Mártires.
Verde:
Es un color vivo que indica tranquilidad, paz, esperanza. El color verde es el más adecuado
para celebrar las 34 semanas del tiempo de la Iglesia (o tiempo ordinario como se llama).
Vale decir, después de Epifanía hasta miércoles de cenizas y después de Pentecostés hasta
Adviento.
6
Morado:
Este color es símbolo de penitencia, de sencillez y humildad. Es un color que invita al retiro
espiritual, al recogimiento, a una vida más austera y sencilla. El morado es el color más
adecuado para celebrar: El Adviento y la Cuaresma, las liturgias penitenciales, la unción de
los enfermos y también reemplaza al negro de los difuntos ya que este no se utiliza en la
liturgia actual.
Rosado:
Es un color poco empleado en nuestras celebraciones, simboliza la alegría, pero una
alegría pasajera, de ciertos días, de ciertos momentos. El Misal Romano lo recomienda
para ser empleado el tercer Domingo de Adviento (“Gaudete”) y el cuarto Domingo de
Cuaresma (“Laetare”). Ha costado para que entre en la Liturgia, pero su simbolismo es
necesario y útil ya que nos anuncia que una gran alegría se aproxima, sea entre la
Cuaresma para recordarnos la Pascua o entre el Adviento para anunciarnos la Navidad.
Azul – Celeste:
Estos colores, aunque no aparecen en el Misal Romano, lo utilizamos mucho para las
fiestas religiosas que tienen que ver con la Santísima Virgen.
Auto – Evaluación
A continuación, se presenta un enunciado o pregunta con tres posibilidades de
respuesta a escoger. Encierre en un círculo la que considere correcta.
En la Liturgia, el signo de honor y de la oración que se eleva a Dios, se expresa
mediante:
( ) 1. El Incienso
( ) 2. El Fuego
( ) 3. El Agua
Color que dentro de la liturgia, representa austeridad y sencillez:
( ) 1. Verde
( ) 2. Blanco
( ) 3. Morado
7
En la liturgia el gesto corporal que mejor representa la actitud de fe y de respeto es:
( ) 1. De rodillas
( ) 2. Genuflexión
( ) 3. Postración total
La Iglesia, en su liturgia, muestra el sentido de misterio que envuelve a toda:
( ) 1. La creación
( ) 2. La humanidad
( ) 3. La divinidad
El motivo por el cual la realidad simbolizada no es percibida con precisión racional es:
( ) 1. La realidad supera la razón
( ) 2. Lo radical y profundo del hombre, escapa de la razón
( ) 3. No hay compatibilidad entre la realidad y la razón
Es correcto afirmar que:
( ) 1. El racionalismo es un enemigo de la celebración y de la ciencia litúrgica
( ) 2. El símbolo emplea el lenguaje corriente, para entender el lenguaje figurado
( ) 3. Las explicaciones de los signos y símbolos en la liturgia son necesarias
Dentro de la liturgia, el color que puede reemplazar el uso de otro es:
( ) 1. Azul – Celeste
( ) 2. Rojo
( ) 3. Blanco