Los pueblos indios de México
Carlos Montemayor
¿Cómo pienso a los pueblos indios en la actualidad? Esta pregunta fue el punto de arranque
con el que inicie la lectura del libro de Montemayor. Escritor del cual el primer libro que
conocí fue el clásico de “Guerra en el paraíso”. Un libro dónde el autor nos acerca a la
historia de Lucio Cabañas, el Partido de los Pobres y la represión de los pueblos de la sierra
de Guerrero. Después, leí uno que hablaba sobre el movimiento zapatista en Chiapas. Con
ambas lecturas, pude conocer a un escritor mexicano que lograba transmitir de una manera
amena y detallada sobre los movimientos que desde abajo han tratado y que continúan
tratando de transformar las relaciones sociales bajo las cuales se produce la sociedad
actualmente.
Ahora, tengo la oportunidad, y la tarea, de leer Los pueblos indios de México, libro
publicado en 2001, el año de la Marcha del Color de la Tierra zapatista, en el que el autor
realiza un interesante un recorrido histórico e intelectual alrededor de los principales
acontecimientos que contribuyeron a desarrollar el concepto de indio, así como las
diferentes categorías desde las que los “no indios”, a lo largo y ancho de los quinientos
años que han transcurrido desde la llegada de Colón y sus hombres a estas tierras; a lo largo
y la ancho del territorio que llamamos México, se ha utilizado para producir nuestra
relación con los pueblos originarios. Así, los mexicanos actuales heredamos un
pensamiento y un discurso generado por los europeos en torno a estos pueblos y que
permea la manera en que tratamos a dichas poblaciones.
A través de los trece capítulos que conforman el libro, Montemayor pone en tela de
juicio muchas de las imágenes preconcebidas que existen alrededor de las consecuencias
tras el llamado el “encuentro de dos mundos”. De esta manera, el ensayo inicia su
disertación con el cambio del paradigma en la mentalidad del europeo, esto es, el
ensanchamiento de el mundo conocido hasta la fecha. Fuera de los continentes euroasiático
y africano nada existía. Por tanto, la “aparición” de tierras y de seres humanos al otro lado
del Atlántico viene a transformar la concepción que se tenía del cosmos en aquellas época.
El continente que hoy lleva el nombre de América dio paso a una diversidad de
visiones y concepciones sobres el ser es este. Una primera idea es la de su descubrimiento.
El autor referirá que no es correcto llamarlo de esta manera, esa no era la intención de
Colón, localizar un nuevo territorio fue fortuito; el plan del navegante genovés consistía en
encontrar una ruta comercial que uniera a Europa con China y Japón por el oeste, cruzando
el océano Atlántico.
Montemayor introduce la tesis, postulada por Edmundo O ‘Gorman en su libro “La
invención de América”, América es resultado, por un lado, de los avances en la navegación
del globo terráqueo, al recorrer nuevos territorios, la imagen del mundo que los europeos
crecía. Así lo atestigua el desarrollo cartográfico que corrige las imprecisiones pasadas e
incorpora las nuevas tierras alcanzadas. Los mapas deben ser actualizados constantemente.
Ahora bien, a pesar de no ser conscientes de la magnitud de su aventura, Colón y
sus huestes, en la seguridad de haber llegado a costas asiáticas, nombran indios a los
habitantes de estas tierras. Con esto, se inicia el proceso de formación del otro; un otro
diferente que al no ser europeo era inferior a este. Esto es, en un doble momento, se
produce, por un lado, a los indios según los parámetros europeos; por el otro, se produce al
europeo como criterio de superioridad. Al indio se le adjudican valores negativos:
antropófago, salvaje, perezoso, tonto, etc. Al europeo se les reconoce como modelo de
progreso y civilización al que todos los demás pueblos deben aspirar.
Pensar a los pueblos originarios en términos de indio es hacer una tabla rasa con la
diversidad cultural que todas y cada uno de los pueblos han logrado conservar hasta la
actualidad. Ellos no se piensan como indios, no son indios, no se saben tales. Ellos son
mayas, tzeltales, zoques, nahuas, yaquis, rarámuris, wirarikas, etc. Ellos lo saben y aun así
se aglomeran bajo la bandera de lo indígena. Si el discurso del poder solo los va a tener
presentes bajo esta denominación, lo mejor es hacer uso de sus palabras en la búsqueda de
su autonomía.
El indio nace negado. Es lo que los otros le dicen que debe ser. Su cultura ha sido
desgarrada. Sin embargo, esto no significa que se comporte como una actor pasivo. Al
contrario, a lo largo de los cinco siglos de dominación, los pueblos originarios idearon una
diversidad de estrategias que les permitieron resistir el embate civilizador que pretendió
eliminarlos del panorama, de una Nación independiente que apenas nacía, por medio de un
simple y llano decreto de ley.
El proyecto liberal, señala Montemayor, en su afán por crear una nación de
progreso, se valen de todos los medios legales que tenían a su alcance para fragmentar la
cohesión de las comunidades para con su territorio; también de los vacíos legales que se
pudieran encontrar. De esta manera, leyes como la Ley de Desamortización de las Fincas
Rústicas -Ley Lerdo, o la Ley de terrenos baldíos despojaron de las tierras que pertenecían
a los pueblos y que sustentaban su propiedad en lo comunal.
Ante estos embates y con las leyes negando su colectividad, los pueblos indígenas
optan por la rebelión armada. Las sublevaciones se dan por todo el territorio nacional a lo
largo del siglo XIX. Porfirio Díaz lanza una brutal represión contra los opositores a su
gobierno, los pueblos originarios no quedan exentos. Son despojados de sus tierras, sus
líderes son asesinados por los rurales, los más rebeldes son trasladados a las haciendas
henequeneras de Yucatán o de Valle Nacional en Oaxaca.
Durante la Revolución mexicana, los pueblos indígenas, en tanto campesinos que
luchan por la tierra, se incorporan a los principales ejércitos populares que encabezan
Emiliano Zapata y Francisco Villa. Su fuerza es tal que, a pesar de su derrota militar, logran
hacer que su objetivo, el de obtener tierra, debiera ser tomado en cuenta por el Congreso
constituyente de Querétaro al momento de redactar la Carta Magna nacional.
La situación en el México postrevolucionario no fue muy distinta para los pueblos,
ya que quedaron bajo la tutela del nuevo Estado. Esta entidad inició un esfuerzo colosal por
crear una identidad nacional que enaltecía el pasado indígena como la raíz de su ser en
tanto mexicano, pero que negaba el derecho a existir de los indígenas actuales. Campañas
de alfabetización, misiones educativas, internados, normales rurales fueron estrategias
utilizados por los gobiernos mexicanos para “mexicanizar” al indio.
Como ya mencioné arriba, los pueblos indios no son sujetos pasivos. Tras la lucha
el movimiento indígena en México ha pasado por distintas etapas de organización. A veces
más cercanas al gobierno, intentando por los cauces señalados en la ley; otras, más alejadas,
toman como bandera la autoorganización para satisfacer demandas propias. Con el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional, las demandas de autonomía y autodeterminación se
mantienen como demandas, pero también como realidades que se producen en las
comunidades de sus bases de apoyo. El movimiento de los pueblos indígenas es uno de los
más interesantes en cuánto a propuestas teóricas sobre el modo de pensar el mundo desde
una perspectiva no capitalista, también en propuestas prácticas donde la defensa de su
territorio, de su identidad y su derecho a existir son la lucha diaria.
Los pueblos indios de México es un libro de lectura obligada. No solo para los
académicos que se encuentran interesados en cuestiones en torno a los pueblos originarios.
Si no para todos los mexicanos y latinoamericanos que habitamos estas tierras. Se debe
reconocer la figura del indio no desde el folclore o de ideas preconcebidas sino desde el
reconocimiento de que los pueblos originarios no son más ni menos, son mexicanos como
el que escribe esto. México es un país racista, esto es algo que al leer estas páginas nos
queda claro. Leer a Carlos Montemayor es necesario para entender el origen de un discurso
paternalista, de una visión de “pobres indios” que se mantiene en nuestro inconsciente.
Cambiar esto implica un gran esfuerzo teórico y práctico en el cual los pueblos indios nos
llevan la delantera.