DiSEÑADOR
nombre: Silvia
«Probablemente todo el mundo
corazonadas
EDITOR
debe de pensar que estoy loco, nombre: Marta, Mercé
pero creo que merecemos Encontré la caja por pura casualidad. Dentro podría
Benito Taibo
una vez en la vida, por lo menos, haber cualquier cosa: mariposas disecadas, un huevo de CORRECTOR
vivir una situación extraordinaria dinosaurio, el mapa de una isla misteriosa o una pluma nombre:
que valga la pena ser recordada de pájaro dodo. Sin embargo, contenía cuadernos.
para siempre.» Verdes y delgados, de esos que se podían comprar antes ESPECIFICACIONES
en cualquier papelería y que hoy ya no existen. También título: A 677 km de casa
encontré dos piedras. Una blanca y otra negra. Él y yo.
Nosotros. Una tarjeta firmada lo coronaba todo: encuadernación: Rústica con solapas
Benito Taibo
«Viernes: haz con ellos lo que quieras». medidas tripa: 14,5 x 22,5 mm
medidas frontal cubierta: 147 x 225
Hay personas que te cambian la vida.
En todas las historias, medidas contra cubierta: 147 x 225
Personas inesperadas, capaces de convertir Benito Taibo nació en ciudad de
lo ordinario en extraordinario.
siempre hay dos versiones medidas solapas: 100 mm
México en 1960. Su trabajo transita
ancho lomo definitivo : 9 mm
entre la poesía, el cómic, la televisión
Un libro sobre las personas y la publicidad. Algunos de sus libros ACABADOS
que nos hacen quienes somos. de poemas son: Siete primeros poemas, Nº de TINTAS: 4/0
Recetas para el desastre, Vivos y TINTAS DIRECTAS:
Si te gustó Persona normal, te encantarán suicidas y De la función social de las LAMINADO:
las Corazonadas que el tío Paco gitanas. Como novelista ha publicado PLASTIFICADO:
le regala a Sebastián. Polvo, Persona normal, Querido brillo mate
Escorpión, Desde mi muro, uvi brillo uvi mate
Los conspiradores y las vergüenzas
relieve
de México y Corazonadas.
falso relieve
purpurina:
estampación:
troquel
OBSERVACIONES:
[Link]
@teenplanetlibros
PVP 11,95 € 10212983
@teenplanetlibro
@teenplanetlibro
@teenplanetlibro Fecha:
tommy wallach
BENITO
y todos TAIBO al cielo
miramos
CORAZONADAS
Y TODOS MIRAMOS AL [Link] 3 12/04/16 10:31
[Link] 5 23/02/2018 11:55
CROSSBOOKS
infoinfantilyjuvenil@[Link]
[Link]
[Link]
Editado por Editorial Planeta, S. A.
© 2016, Benito Taibo
Diseño de la cubierta: Alma Núñez y Miguel Ángel Chávez /
Grupo Pictograma Ilustradores
© Editorial Planeta Mexicana, S. A. de C. V., 2017
Bajo el sello editorial PLANETA m.r.
Avenida Presidente Masarik núm. 111, Piso 2
Colonia Polanco V Sección
Delegación Miguel Hidalgo
C. P. 11560, Ciudad de México
[Link]
© Editorial Planeta S. A., 2018
Avda. Diagonal, 662-664, 08034 Barcelona
Primera edición: abril de 2018
ISBN: 978-84-08-18536-9
Depósito legal: B. 5.122-2018
Fotocomposición: Lozano Faisano, S. L.
Impreso en España – Printed in Spain
El papel utilizado para la impresión de este libro es cien por cien libre
de cloro y está calificado como papel ecológico.
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación
a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier
medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros
métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los
derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad
intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita
fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar con
CEDRO a través de la web [Link] o por teléfono en el
91 702 19 70 / 93 272 04 47.
[Link] 6 23/02/2018 11:55
EL PRINCIPIO
Nunca pensé en tener hijos.
Los niños y las niñas me parecían pequeños mons-
truitos incomprensibles que gritaban a la menor pro-
vocación, caprichosos y egoístas, siempre tenían
hambre y despertaban en mitad de la noche llorando
porque había algo en el armario. No dejan escribir a
gusto y es raro que disfruten de la ópera o el jazz. Hay
que bañarlos, vestirlos, sonarlos, darles comida y medi-
cinas, enseñarles a hacer pipí en el excusado.
Los amigos que los tenían (por decisión o por casua-
lidad) habían cambiado todos sus sueños por una casa
segura, un trabajo seguro, una corbata segura, una ca-
dena segura y un montón de obligaciones acumuladas
que no les dejaban ver el bosque por andar contando
las hojas del árbol que estaba frente a sus narices. Para
ellos, los hijos eran una suerte de lastre que impedía
que el globo de la imaginación y la libertad se elevara,
por lo menos un poquito, por encima del suelo.
Así que yo había decidido, desde muy joven, cuan-
do entré en la escuela de antropología, que no traería
niños al mundo.
Quería andar a mi aire, sin ninguna clase de atadura,
15
[Link] 15 23/02/2018 11:55
durmiendo bajo las estrellas, comiendo lo que hubie-
ra, contando historias alrededor de la fogata, conocien-
do personas y culturas diferentes, besando al mayor nú-
mero posible de mujeres y no preocupado por cambiar
pañales o poner la mano sobre la frente de un enano
para ver si el motivo por el que lloraba sería fiebre.
Uno decide lo que quiere hacer en la vida. Punto.
Excepto cuando la vida decide por ti.
Y ese fue el caso.
Sin quererlo, de la noche a la mañana, de golpe y
porrazo, como dicen, Sebastián llegó para quedarse.
Por algún motivo que no alcanzo a discernir del todo,
mi hermana dejó una carta en la que pedía claramente
que si algo le pasaba yo me hiciera cargo de su único
hijo.
No sé en qué demonios pensaba cuando la escribió.
A lo mejor fue durante una fiesta en medio de una bo-
rrachera y le pareció la broma perfecta para su herma-
no oveja negra, el más loco de la familia. Ese que había
repetido tantas veces en las comidas familiares de los
domingos que no le gustaban los niños.
Pero algo debió de ver en mí que yo no vi nunca.
Era suspicaz, mi hermana, sabía cosas de los demás
que los demás ni siquiera se imaginaban en sus más
raros sueños. Y uno puede hacer cualquier cosa en la
vida excepto contradecir la última voluntad de una her-
mana que te deja a su hijo en prenda para que lo ayu-
des a transitar por los caminos de la vida. ¡Menuda
responsabilidad para alguien que no quiere tener nin-
gún tipo de responsabilidad!
16
[Link] 16 23/02/2018 11:55
Y de repente recordé una comida, hacía mil años, en
que ella me había dicho al oído:
—¿Serías capaz de hacer cualquier cosa por mí?
Y yo, sin dudarlo un instante, le respondí que sí, que
lo que fuera, que para eso sirven los hermanos.
Nunca me imaginé que «cualquier cosa» sería esto.
Pero tendría que ser a mi manera, con las reglas que
iría inventando en el camino, o rompiendo las reglas
que la sociedad impusiera y que no me parecieran jus-
tas ni correctas.
Sebastián es un caballerito salido de una novela
romántica del siglo xix; pide las cosas por favor, hace
caso a lo que le dices, se suena y va al baño solo y no se
despierta en mitad de la noche pensando que hay un
monstruo en el armario. Hace su cama todas las maña-
nas y tiene ese aire triste que le cruza la cara, como les
debe cruzar a todos los que pierden a sus padres en un
trágico y ridículo accidente automovilístico. Hace
muchas preguntas y espera muchas respuestas. De vez
en cuando lo oigo llorar quedamente en su habitación.
Y muchas veces no sé si debo entrar a consolarlo o
dejarlo vivir en plenitud su pena.
Tiene casi trece años. Va a una escuela horrenda
donde le enseñan cosas inútiles.
Pili, mi otra hermana, quiere llevarlo a vivir con ella.
Tal vez sería lo mejor. Se supone que las mujeres tienen
un instinto maternal innato que les hace saber qué ha-
cer en cada caso y obrar en consecuencia. Pero por al-
gún motivo fui yo el elegido. Tendremos que descubrir,
Sebastián y yo, juntos, ese motivo.
17
[Link] 17 23/02/2018 11:55
La relación no ha sido sencilla. Yo no quería tener
hijos y él no quería tener un padre-madre sustituto.
Y, sin embargo, eso nos tocó a los dos en la ruleta de
la vida. Y lentamente nos vamos amoldando.
El primer día, a pesar de que ya nos conocíamos, nos
miramos uno al otro durante largo rato, midiéndonos,
sopesando nuestras fortalezas y debilidades, calculan-
do hasta dónde podría el otro soportar los sueños, los
miedos, los más profundos secretos del que le tocó en
suerte para compartir la vida.
Yo no sabía que un niño podía mirar tan fija, tan
profundamente. Como si estuviera escudriñando den-
tro de mi alma para saber si en mi interior habría un co-
razón lo suficientemente poderoso para aceptar el ma-
yor reto de todos los tiempos.
E inmediatamente me di cuenta de que rescatar
princesas de las fauces de un dragón, organizar una
huelga, luchar a brazo partido contra la ballena blan-
ca que golpea en la quilla del barco, volar, aguantar
el aire en las profundidades hasta que los pulmones
te estallen, saltar sobre un río de lava o ser persegui-
do por un tigre hambriento; todo eso era una peque-
ñez, una tontería comparado con criar a un mucha-
chito de doce años que acababa de perder a sus
padres.
Y me dediqué, lo mejor que pude, a hacer que la
cosa funcionara.
Me mudé a su casa. Para que no sufriera una pérdi-
da más en tan poco tiempo. Rodeado de sus juguetes,
su ropa, su cama y todo aquello que le resultara fami-
18
[Link] 18 23/02/2018 11:55
liar y cotidiano haría, desde mi punto de vista, más fá-
cil la transición. Me queda claro que uno no olvida un
evento tan traumático como el que le tocó vivir al mu-
chacho y, sin embargo, el tiempo, ese sabio maestro,
que algunas veces puede ser cruel y terrible, otras es
como una suerte de bálsamo que va haciendo que las
cicatrices duelan menos, se hagan más pequeñas, que
te acostumbres a llevarlas contigo y sean una parte im-
prescindible de tu propia piel.
Lo primero que hice fue leer unos cuantos libros so-
bre la crianza de los hijos, de todos los sabores, colores,
tendencias y filosofías.
Tan solo para descubrir que no sirven para nada o
para muy poco. Están llenos de frases hechas y lugares
comunes.
Llamar al doctor si el niño tiene más de 39 grados
de fiebre es algo que haría por puro sentido común; no
necesito que me lo diga nadie. Además, estos libros tie-
nen un tonito de suficiencia y se dirigen a mí como si
yo fuera un inútil total.
«Mira, Paquito, si el niño monta un berrinche del
demonio y da patadas a las puertas, rompe jarrones
y tira por la ventana tus discos de Miles Davis, lo
que tienes que hacer es preguntarle si algo lo moles-
ta, si puedes hacer algo por él en el tono más sose-
gado y tranquilo posible, y en voz queda y serena
pedirle que se tranquilice.»
19
[Link] 19 23/02/2018 11:55
Y yo pienso que el estrangulamiento es un método
más efectivo en caso de que algo así ocurriera. Por si
acaso voy a poner mis discos bajo llave.
¡Voy a cuidar a un niño, no a Mr. Hyde!
Esos libros se venden como pan caliente. A padres
primerizos que están tan asustados que seguirían cual-
quier clase de instrucción, por más idiota que esta fue-
ra. Utilizaré tan solo los libros que yo considero impor-
tantes para construir una educación sentimental y el
máximo de sentido común.
Y en ese momento, como una iluminación, oí clara-
mente la voz del abuelo dentro de mi cabeza, viniendo
de lo más profundo de la noche de los tiempos; tan clara
como la mañana que empieza y que veo ahora mismo
por la ventana. Y yo, que no creo en absoluto en fantas-
mas o apariciones, tuve que rendirme ante ese acento
español que daba consejos como si fueran instruccio-
nes, o instrucciones que bien podrían parecer estupen-
dos consejos.
—A los niños no hay que educarlos. Hay que querer-
los.
Y me pareció lo más sensato que había oído en toda
mi vida. Ya recibiría la educación en el colegio (y por
cierto, habría que buscar uno mejor) y yo me dedicaría
a quererlo. En el fondo, es lo único que nos hace falta a
todos para ser un poco más felices, que alguien nos
quiera sin reservas y sin condiciones.
En esas estaba, en el cuarto que me agencié como
estudio, cuando apareció Sebastián enfundado en un
pijama de anciano, de franela a cuadros y con un mon-
20
[Link] 20 23/02/2018 11:55
tón de botones, incluyendo un bolsillo a la altura del
corazón. ¿Para qué demonios quieres tener un bolsi-
llo en el pijama? ¿Qué vas a guardar allí durante la no-
che, una pluma fuente por si alguien te pide un autó-
grafo?
Muy serio me miraba desde la puerta, sin atreverse
a cruzar la frontera invisible marcada por el inicio de
la habitación y la alfombra azul que cubría el suelo.
—Paco, ¿puedo pasar? —dijo muy serio.
—Adelante, colega —respondí, sin reírme de su pi-
jama, aunque ganas no me faltaban.
Se acomodó de golpe en un sillón, como un conejo.
Y se acurrucó. Empezó a hablar sin mirarme, con la vis-
ta fija en el marco de la ventana, donde la rama de un
árbol indicaba con su verdor que ya empezaba la pri-
mavera.
—Mis papás no van a volver, ¿verdad?
—No.
—¿He hecho algo malo?
—No. Los accidentes ocurren cuando menos los es-
peramos. Y la gente se muere. Ni tú ni nadie tiene la
culpa.
—¿Tú vas a ser mi papá?
—No. Yo soy tu tío Paco, a los padres no se los sus-
tituye, a menos que no los hayas conocido nunca o sean
tan malos que haya que cambiarlos por otros.
—¿Están en el cielo?
Y a Sebastián se le empezaron a llenar los ojos de
agua, lentamente, como las filtraciones que tienen las
paredes de las casas viejas.
21
[Link] 21 23/02/2018 11:55
Y yo, que no creo en los cielos ni los infiernos, dos
fórmulas místicas inventadas por las religiones para
asustar o premiar a los mortales, dudé unos instantes.
Si él quería creer en eso yo no era nadie para contra-
decirlo. Ya habría tiempo para hablar sobre el tema con
más calma.
—Nube 427. Subiendo a la izquierda —dije con una
sonrisa falsa de oreja a oreja y señalando con el dedo
hacia el techo.
Se enjugó las lágrimas con la manga de franela pa-
sando el brazo por los ojos. Y esbozó una breve, tímida
sonrisa.
Me levanté de la silla y lo abracé. Lo más fuerte que
pude. Dándole a entender con ese abrazo que no esta-
ba solo, que contaba conmigo, que yo no me moriría en
un accidente.
Y así sellamos nuestro pacto implícito. Sin una sola
palabra de por medio, sin contratos ni averiguaciones
ni dudas razonables.
Sentí cómo él me abrazaba, también con fuerza.
Eso no viene en ninguno de los libros que leí. Nadie
lo cuenta. Sucede y punto. Dos voluntades que se unen
de una manera inesperada.
—Te quiero —dijo.
—Te quiero —dije.
El principio.
22
[Link] 22 23/02/2018 11:55