La importancia del bautismo
¿Qué es el bautismo?
A veces se justifica la práctica del bautismo diciendo solamente que es una
ordenanza de Jesús que se ha de cumplir o que es un acto de testimonio público,
dos cosas que son verdad, pero no nos comunican toda la riqueza de lo que es el
bautismo. El bautismo sirve para más. Un documento antiguo de enseñanza
protestante para jóvenes (el Catecismo de Heidelberg) apunta que los signos y
sellos son «[...] para sernos declarada mejor y sellada por ellos la promesa del
Evangelio; a saber, que la remisión de los pecados y la vida eterna, por aquel
único sacrificio de Cristo cumplido en la cruz, se nos da de gracia no solamente a
todos los creyentes en general, sino también a cada uno en particular».2 El
bautismo pues nos ayuda a creer ya que hace visible lo que es invisible.
Lo primero que tenemos que saber
El bautismo es parte de la predicación instruida por Jesús a sus discípulos (Mateo
28:19 – Marcos 16:16) y es un requisito fundamental para la salvación. 1 de Pedro
3:21 no hay un evangelio completo sino hay bautismo.
La Biblia menciona primero el bautismo en relación con Juan el Bautista. Esto fue
bajo el antiguo pacto, cuando el bautismo se realizaba para recibir perdón de
pecado. “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que
viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que
yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Mateo 3:11. Con el
establecimiento del nuevo pacto, por causa de la muerte de Jesús en la cruz,
ahora el bautismo es más que el perdón de pecados — es un pacto para vivir la
vida de un discípulo frente a Dios.
Pedro compara el bautismo con el diluvio en el tiempo de Noé. 1 Pedro 3:18-21.
La Biblia dice acerca del tiempo de Noé: “Y vio Jehová que la maldad de los
hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos
del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” Génesis 6:5. Así
como las aguas del diluvio pusieron fin a la maldad en el Antiguo Testamento, en
el Nuevo Testamento el bautismo representa el fin de vivir una vida egocéntrica
haciendo mi propia voluntad y el comienzo de una vida nueva haciendo la voluntad
de Dios.
¿Quién debiera ser bautizado?
Una persona que ha hecho un compromiso de dar su vida para seguir a Jesús, ser
obediente a la Palabra de Dios y vivir una vida nueva es un candidato para ser
bautizado. Tales personas se han arrepentido, y quieren ser libres de su pecado.
Este fue el caso de los judíos, que habían crucificado a Jesús, cuando oyeron a
Pedro. “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los
otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” Hechos 2:37. Fue a
estos a los que Pedro exhorto a ser bautizados. Verso 38.
Al igual que los judíos mencionados anteriormente, hoy hay mucha gente que se
lamenta por sus pecados y que se han propuesto vivir una vida agradable a Dios.
Aunque es evidente que se necesita de una cierta madurez para tomar tales
decisiones, una adecuada actitud en el corazón es el principal criterio para decidir
ser bautizado a cualquier edad. Las propias palabras de Jesús a sus discípulos
confirman la necesidad de muchos de ser bautizados: “Por tanto, id, y haced
discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo.” Mateo 28:19.
¿Qué significa el bautismo para mi vida?
Aunque el cristianismo consiste en una vida escondida con Dios, el bautismo es
un acto externo en el cual afirmamos nuestro deseo de seguir a Jesús en este
camino interior.
Pablo explica cómo debemos vivir esta nueva vida: “¿O no sabéis que todos los
que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su
muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el
bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del
Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” Romanos 6:3-4.
Esta “muerte” que Pablo menciona, es una muerte a mi vieja vida, donde yo
escojo parar de vivir de acuerdo con mi naturaleza humana y tendencias
pecadoras. Para empezar a caminar en “una vida nueva” siendo obediente a los
mandamientos de Dios.
Ser bautizados no nos libera de las tentaciones, pero podemos, como el escritor
de Hebreos declara, vencer en la tentación como Jesús lo hizo: “Porque no
tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras
debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza,
pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia,
para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Hebreos 4:15-16.
Podemos vivir el resto de nuestra vida haciendo la voluntad de Dios, así como
Jesús: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: ‘Sacrificio y ofrenda no quisiste;
Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te
agradaron. “Entonces dije: He aquí que vengo, oh, Dios, para hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.'”” Hebreos 10:5-7.
Con un tal propósito en el corazón, Dios abrirá su Palabra para con nosotros, para
que podamos correr en el camino de sus mandamientos. Esta nueva vida
producirá en nosotros que cosechemos las bendiciones de Dios en lugar de las
consecuencias del pecado.
Mi rechazo y mi resistencia al bautismo, milita a favor de que no
tengo conversión e implica a que yo no sepa qué es un discípulo
de Cristo… Miguel Núñez