0% encontró este documento útil (0 votos)
84 vistas16 páginas

La Italia Fascista:: Mussolini

Mussolini estableció un régimen fascista en Italia, suprimiendo el parlamento y disolviendo todos los partidos políticos excepto el fascista. Los sindicatos estaban bajo control del partido fascista y todo el poder estaba centralizado en Mussolini como líder carismático. El Estado fascista promovió el orden y el desarrollo económico, pero también suprimió las libertades políticas y sometió a la población a un estricto control ideológico.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
84 vistas16 páginas

La Italia Fascista:: Mussolini

Mussolini estableció un régimen fascista en Italia, suprimiendo el parlamento y disolviendo todos los partidos políticos excepto el fascista. Los sindicatos estaban bajo control del partido fascista y todo el poder estaba centralizado en Mussolini como líder carismático. El Estado fascista promovió el orden y el desarrollo económico, pero también suprimió las libertades políticas y sometió a la población a un estricto control ideológico.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La Italia fascista: 

Una vez en el gobierno, Mussolini trabajó activamente


para establecer el nuevo régimen en Italia.
El parlamento fue suprimido; todos los partidos disueltos menos el oficial,
constituido en milicias llamadas "las camisas negras".

Los obreros y los patrones de cada industria se organizaron en sindicatos


sometidos a la "Carta del Lavoro ó Trabajo", que establece el arbritraje
obligatorio para todas las cuestiones que puedan surgir.
Los sindicatos, bajo el control del partido fascista, designan a los miembros de
la representación nacional (régimen corporativo).
En realidad, todo el poder está en manos del Duce (conductor) según la
fórmula: "Mussolini siempre tiene razón".
La juventud es sometida desde la más tierna infancia a una educación
eminentemente nacionalista y militar.

El Estado debe considerarse como la suprema entidad a la que han de


someterse las personas, simples células de su organismo.

El régimen fascista restableció el orden interior, persiguió la delincuencia,


exterminó ciertas asociaciones criminales muy poderosas como la mafia;
realizó grandes obras públicas, impulsó la producción industrial y agrícola.
En cambio, suprimió las libertades políticas y abrumó al pueblo con enormes
gastos destinados a aumentar la eficiencia bélica del reino.
El fascismo italiano: El nombre oficial del sistema político y económico de la
Italia fascista era el de Estado Corporativo. Italia continuaba siendo una
monarquía, pero el rey carecía de poderes.
Los organismos vitales eran el Ministerio, el Gran Consejo del Partido
Fascista y el Parlamento. El Ministerio ejercía funciones de gabinete.
El Gran Consejo asesoraba al primer ministro, aprobaba leyes y designaba a
ciertos miembros del Parlamento; estaba compuesto por altos funcionarios y
por miembros del partido único.
El Parlamento era bicameral, con un Senado vitalicio y una Cámara de
Diputados que representaba a las Corporaciones.
En la práctica, todo ese andamiaje respondía, pura y exclusivamente, a la
voluntad del ejecutivo y ese ejecutivo se llamaba, en último término,
Mussolini.
Porque éste desempeñaba el doble cargo de primer ministro y de jefe, Duce o
Conductor del partido.
El propio Duce era el que designaba a sus favoritos como miembros del Gran
Consejo. Y el Parlamento, mera fachada carente totalmente de independencia
en el ejercicio de sus funciones, era completamente dócil e inservible en la
práctica.
Debajo de todo ese estamento, sin partidos políticos que representaran una
pluralidad de opiniones, languidecía el pueblo, en medio de una uniformidad
mortal en el pensamiento y en la acción, tan gris que el propio Duce la
calificó, sinceramente, como de "aburrimiento e imbecilidad".
-------------  00000 ------------

►CARACTERÍSTICAS DE LA DOCTRINA FASCISTA:


En los años 20 aparecen en Europa, como reacción contra la marea ascendente
de los socialistas, una serie de movimientos ideológicos que con los medios de
la revolución de izquierdas hacen una revolución de derechas.

El contenido doctrinal pasa a segundo piano, se da más importancia a los


hechos; así Hitler se resiste, al principio, a presentar un programa y Mussolini
exclama: “Nuestra doctrina es el hecho”.
Aunque el proceso afecta a varios países europeos sus realizaciones modélicas
se materializan en Italia y Alemania.

Algunas notas pueden resaltarse en unos movimientos que arguyen el valor


adjetivo de las ideas frente al sustantivo de los hechos:

 a) Omnipotencia del Estado. Los individuos están totalmente


subordinados al Estado; todo para el Estado, será la fórmula. El
Estado totalitario no tolera la separación ni el contrapeso de los
poderes, que es en cambio el símbolo de los Estados
democráticos. En el campo político se suprime toda oposición, a
la que se considera sólo como una perturbación para el buen
gobierno; en el campo intelectual el Estado monopoliza la verdad
y la propaganda, al tiempo que se rechaza cualquier crítica.
“Todo en el Estado, nada fuera del Estado”, sentencia Mussolini.
 b) Protagonismo de las “elites”. Una minoría debe gobernar. Se
parte de la desigualdad de los hombres, en contraposición al
liberalismo decimonónico, basado en la igualdad, y en
consecuencia se rechaza la democracia porque concede los
mismos derechos a [Link] elecciones se consideran un
espectáculo inútil, una “falacia democrática”; Mussolini niega
que el número pueda dirigir las sociedades humanas, y Hitler
afirma que “es más fácil ver a un camello pasar por el ojo de una
aguja que descubrir un gran hombre por medio de la elección”.
Esta desigualdad esencial de los seres humanos ofrece reflejos diversos.

En primer lugar una desvalorización de la mujer.


Las mujeres, dirán los ideólogos nazis, deben estar en su lugar, su objeto
deben ser las tres K (Kinder, Küche, Kirche: niños, cocina, iglesia).
Argumentando que las mujeres son
incapaces de usar las armas se convierten automáticamente en ciudadanos de
segunda clase y se procura evitar la mano de obra femenina; el papel de la
mujer se centra en el hogar, donde vive subordinada al marido.

Más dramáticas fueron las conclusiones racistas que se dedujeron de la


desigualdad de los hombres.

Mussolini habla de la superioridad de los gobernantes y de la grandeza del


pueblo italiano, llamado a regir y dominar a otros pueblos.
Hitler desarrolla en Mein Kampf su doctrina de la superioridad de la raza
[Link] igualdad democrática se basaba en la tradición judeocristiana, que
considera a todos los hombres hijos de Dios.
Para el fascismo, que rompe con esta tradición, la desigualdad no sólo es un
hecho, sino un ideal.
La dicotomía superioresinferiores ha sido bien resumida por Einstein:
“En el código fascista, los hombres son superiores a las mujeres, los soldados
a los civiles, los miembros del partido a los que no lo son, la propia nación a
las demás, los fuertes a los débiles, y (lo que quizás es más importante para el
punto de vista fascista), los vencedores en la guerra a los vencidos"
c) Exaltación del jefe carismático.
Llevando a sus últimas consecuencias el postulado de la desigualdad de los
hombres, una nación fuerte necesita encontrar al hombre excepcional, al
superhombre, según la doctrina de Nietzsche; cuando la Providencia lo pone
al frente de un pueblo debe prestársele obediencia ciega y seguirle sin
titubeos.

Max Fritsch presenta en una obra de teatro importante en la dramaturgia de


nuestra época, La muralla china, al emperador como “el que nunca se
equívoca”, “el que siempre tiene razón”; retrata así irónicamente la
concepción del jefe carismático, inspirado.
En escenografías grandiosas Mussolini invoca los estilos de la antigua Roma
imperial; es el hombre histórico, indiscutido.

Hitler utiliza los mitos del romanticismo alemán y organiza grandes


concentraciones de escenografía wagneriana, en las que el centro de todas las
atenciones y decisiones es el Führer.
d) Imperialismo.
A veces se ha definido el fascismo como un nacionalismo de vencidos,
engendrado por la humillación de la derrota.

Expresan sus mitos la desorientación de los antiguos combatientes.

En Francia los excombatientes se oponían a medidas democráticas, pero su


actitud fue menos desafiante que la de los alemanes; los vencidos adoptan
posturas de revancha, que la nueva ideología canaliza.

Del nacionalismo se pasa con facilidad al imperialismo, una gran nación


encuentra su verdadero horizonte en la formación de un imperio, y en relación
con él se defiende el principio del espacio vital.

Un pueblo superior tiene derecho a disponer de espacio para realizarse y a


conquistarlo; esta necesidad se coloca por encima del derecho internacional.

e) Desconfianza en la razón.
La tradición racionalista es uno de los más decisivos legados de Grecia a
Occidente; el fascismo rechaza esta tradición y adopta posturas
antirracionalistas, desconfiando de la razón y exaltando los elementos
irracionales de la conducta, los sentimientos intensos, el fanatismo.
En esta línea irracionalista se desenvuelven los dogmas, las ideas
indiscutibles, como la superioridad de la raza o del jefe.

En contraposición, la democracia estima que ningún tema debe dejar de ser


discutido.

El tabú, lo que debe aceptarse sin discusión, lo que no puede ser sometido a
análisis, es rasgo peculiar de los regímenes totalitarios.
Mussolini, proclamado Duce (guía o conductor) —al igual que los antiguos
gobernantes (dux) de Genova y Venecia— centralizó el poder en manos del
Estado en el campo social, económico, político y cultural.
Su partido monopolizó el poder. Ejerció un gran control sobre la prensa y la
educación con el fin de favorecer una amplia propaganda de adhesión al
régimen.
Así fue ganando adeptos ya que, por otra parte, la oposición interna había
sido desarraigada por métodos violentos. La política interna, durante todo
este período, estuvo circunscripta al sistema corporativo.
El corporativismo se oponía a la concepción marxista de la lucha de clases y
proponía una colaboración entre patronos y obreros.
Estos se agruparon en corporaciones sobre las cuales el Estado ejercía un
estricto control y regulaba las relaciones laborales entre los dos sectores.
Tanto la organización de patronos como la de obreros estaban dirigidas por
fascistas.
Así, la supremacía del Estado sobre las fuerzas sociales y económicas fue
total. Por otra parte, se intentó basar la representación parlamentaria en las
actividades y profesiones de los diversos sectores, reemplazando, de tal
manera, el sistema igualitario hasta entonces vigente.
► LAS RAÍCES DEL FASCISMO ITALIANO 
Otto Bauer ha señalado tres procesos sociales, relacionados entre sí, que
confluyen en la génesis del fascismo: la Guerra Mundial, la crisis económica
y la pérdida de beneficios de la gran industria.
a) La guerra de clases, es decir, separa de su grupo social, a grandes masas de
combatientes. Estos, incapaces de reincorporarse a los modos de vida
burgueses, nostálgicos de heroísmo, forman milicias.
En Italia se organizan en muchos pueblos tropas de choque, orgullosas de sus
condecoraciones y heridas, con hábitos de dar y recibir órdenes, de llevar
uniforme y organizar desfiles. Su ideología es militarista, exigen la disciplina
de las masas a los jefes.

Psicológicamente la guerra crea hábitos definidores del fascismo. Pero lo


hemos señalado antes como un nacionalismo de vencidos, e Italia se encuentra
en 1918 en el bando de los vencedores.

La antinomia es sólo aparente. Se ha hablado, certeramente, de una paz


perdida. Italia ha sufrido mucho en la guerra y considera que ha perdido la paz
porque no obtiene satisfacción a sus reivindicaciones territoriales.

b) La crisis económica es otra condición indispensable, hasta el punto de que


Angelo Tasca afirma que sin crisis económica no hay fascismo.
Las destrucciones de la guerra sumen en la miseria a masas de pequeños
burgueses y campesinos, que abandonan desengañadas a los partidos
parlamentarios; las devaluaciones de la moneda arruinan a los pequeños
propietarios.

Con las subidas de los precios se producen en cadena reivindicaciones


salariales.

A los pequeños burgueses les indigna que el proletariado, arrancando


constantes subidas de salarios, afronte la crisis mejor, y odia a los obreros
insumisos.

La situación económica es complicada. La guerra deja un aparato industrial


superior a las necesidades normales, y de esta forma la superproducción
coexiste con la escasez.

Ha de buscarse culpables de esta coyuntura paradójica; la agresividad empieza


a considerarse una virtud.

c) La pérdida de los beneficios de los grandes industriales es considerada por


Otto Bauer como una tercera raíz.
Ebenstein considera que el desarrollo industrial es una condición esencial para
el crecimiento del fascismo; en primer lugar porque pone a disposición de la
nueva ideología un aparato técnico indispensable para su propaganda y
actividad —radio, transportes—, y en segundo porque su apelación constante
a la guerra no puede sino basarse en la posesión de considerables recursos
industriales.

En la posguerra los beneficios, muy altos, que algunos empresarios han


conseguido disminuyen rápidamente. Para evitarlo es preciso romper la
resistencia obrera por medio de milicias; se comienza apoyándolas
financieramente y se termina por cederles el poder.

En el campo se producen enfrentamientos de colonos y terratenientes, éstos


recurren a los grupos de combate llamados fascios.
La clase capitalista había descubierto la forma de romper el impetuoso ataque
de la clase obrera.

El dinero con que contó el fascismo le atrajo un infraproletarjado de parados,


que así recibían un uniforme y una soldada.

Al final, lo mismo en Italia que en Alemania, había que destruir el fascismo y


ceder al empuje obrero, o entregarle el poder. Los capitalistas se inclinaron
por la segunda alternativa.

►LA MARCHA SOBRE ROMA


El desencanto ocasionado por los tratados de paz de Versalles, la depresión
económica y el avance de la izquierda revolucionaria que amenazaba con
desencadenar una guerra civil en Italia, sirvieron de pretexto a
Benito Mussolini para exigir en la última semana de octubre de 1922 la
formación de un gobierno fascista para salvar la patria de la amenaza
socialista y de la anarquía.
El 29 de octubre, Mussolini, invitado por el rey Víctor Manuel III, viajó por la
noche en tren expreso desde Milán a Roma acompañado por su séquito y al
día siguiente formó gobierno.

Apresuradamente, unos 25.000 camisas negras fueron transportados por


el Partido Nacional Fascista desde la ciudad de Nápoles a la de Roma, donde
el día 31 desfilaron aparatosamente en honor al Duce.
Por obra de la propaganda y la ampulosidad características del movimiento
fascista este desfile pasó a la épicamussoliniana como la Marcha sobre
Roma. (ampliar este tema)
► EL FASCISMO EN EL PODER 
Carente de un autentico programa de gobierno, sin otro bagaje que su ansia de
poder, Mussolini va a demostrar una astucia extraordinaria para hacer
evolucionar el sistema parlamentario italiano hacia un modelo de dictadura
personal.
La práctica constitucional exigía el voto favorable de la Cámara, pero
constituyendo los fascistas una minoría de una treintena de diputados,
resultaba imprescindible el apoyo de la derecha.

En conjunto se pueden distinguir dos fases en el proceso de sustitución de las


estructuras democráticas; hasta enero de 1925 se cubre una etapa de dictadura
solapada, desde esta fecha, de dictadura abierta.

El primer paso es la consecución de la ley de plenos poderes, a la que


solamente se oponen socialistas y comunistas.

Dotado de atribuciones que ningún jefe de gobierno anterior había tenido,


mientras se recrudecen las violencias de las bandas fascistas Mussolini se
consagra a la creación de órganos paralelos a los del Estado, como el
Gran Consejo del Fascismo, que puede tomar decisiones políticas y reduce al
gobierno a un simple papel administrativo; de manera similar la Milicia para
la seguridad del Estado suplanta a la Guardia Real —disuelta en enero de
1923—, y los comisarios políticos (“prefectos volantes”), reclutados entre los
“ras”, restan toda autoridad a los prefectos provinciales.
En un año Mussolini dispone de un Estado fascista paralelo.

Aunque populares y liberales se apartan recelosos y sus periódicos comienzan


a criticar a Mussolini, votan muchos de sus diputados la nueva ley electoral —
ley Acerbo—, que prevé una sobre representación de la lista más votada (los
2/3 de asientos de la Cámara).

Se trata de un suicidio parlamentario, solamente explicable por la capacidad


de convicción del líder fascista, que ofrece a algunos partidos presentarse con
una lista conjunta.

En las elecciones de 1924 los fascistas obtienen cinco de los siete millones de
votos, pero la resistencia antifascista aumenta por las irregularidades del
proceso electoral.

Al abrirse las sesiones del Parlamento el diputado socialista Matteotti hizo una
crítica demoledora del fascismo y de la gestión gubernamental de Mussolini.

El eco fue grande en toda Italia; el discurso de Matteotti desató las lenguas.

Unos días después el valeroso secretario del partido socialista es raptado y


asesinado.

La prensa publica artículos indignados contra el fascismo criminal.


Una parte de los diputados no fascistas, que colaboraban con Mussolini, como
Orlando y Albertini, se apartan de él.

En ese momento Mussolini lo tenía todo contra él; la Iglesia y el partido


populista de Dom Sturzo, los liberales, los socialistas, la corte, la diplomacia,
los universitarios.

Benedetto Croce niega al fascismo cualquier valor político o histórico y lo


califica de “doloroso incidente”.

lntelectuales y profesores firman un manifiesto antifascista.

Pero Mussolini se queda y sus fieles se dirigen a las provincias para dirigir
una campaña de violencia que le afirme en poder.

La oposición abandona el Parlamento; fue un error, no volvería a ocupar sus


escaños.

Mussolini declara que oposición es inútil.

Durante varios meses de 1924 y 19 parece que el rey va a dar el paso de


enfrentarse al di dor; los empresarios se muestran recelosos del giro del
acontecimientos; un grupo, dirigido por el senador

Ett Conti, intenta persuadir al rey para que despida al dictador; pero el
monarca teme el regreso a la anarquía anterior, sólo para poder contemplar
después otro tipo anarquía.

 Los partidos políticos desaparecen de la vida pública comenzando por los


populistas y socialistas; la prensa aherrojada, los libros subversivos quemados
en hogueras públicas, por plazas y aldeas se maltrata o asesina alos enemigos
del régimen.

Muchos abandonan Italia,  llega a haber 300.000 exiliados italianos, que


publican periódico en su idioma.

Al mismo tiempo, Mussolini, dando muestras de  extraordinarias dotes


políticas, prescinde de los extremis de su partido.
Cuando plantea un posible programa de vuelta a la normalidad, los
“escuadristas” amenazan con un golpe de Estado y precipitan un estallido de
violencia durante el año 1925.

Es su final; Mussolini otorga poder excepcionales a los prefectos de las


provincias y se de sembaraza de los que no le obedecen dentro del
movimiento.
Es ya la figura clave.

Uno de sus aciertos estriba en oponer ramas hostiles y disidentes del fascio;
contra los escuadristas, sector exaltado y demagógico, se lanzan los
sindicalistas, que soñaban con apoyarse en masas obreras, sector que tampoco
agrada a Mussolini.

Del choque de ambos sale robustecido el sector que encabezan Mussolini y


Farinacci.

Con toda la autoridad del Estado y del partido en un solo hombre, el Duce, se
declara la ilegalidad de los restantes partidos políticos y la obligatoriedad de
su programa para todos los funcionarios del Estado.
La educación se somete a un control riguroso. Se organizan numerosas
manifestaciones para demostrar la adhesión de las masas al Duce, en torno al
cual se suscita un culto desmedido; se le canta como estadista genial, como la
encarnación heroica de la nación.
Su palacio de la plaza Venecia se convierte en su cuartel general; de su
despacho salen nombramientos, ceses, condenas; algunos funcionarios se
suicidan al ser convocados. 
En referéndum y elecciones se refleja una paulatina y creciente docilidad
política del pueblo italiano.

En 1929, en una consulta al pueblo se recogen 8,5 millones de síes y 136.000


no es; en 1934 diez millones de respuestas afirmativas y sólo 15.000
negativas.

En las elecciones hay una sola lista que el elector tiene que aceptar o
rechazar. 
► LA GESTIÓN DE GOBIERNO
Frente al liberalismo, que propugna el libre juego de las fuerzas del mercado,
como había postulado Adam Smith, y frente al socialismo, que supone la
absorción de la vida económica por el Estado, el fascismo se presenta como
una tercera vía, en la que se apoya a la empresa privada pero con una
intervención estatal.

El corporativismo se inspira en los gremios o corporaciones medievales, en


los que, se afirmaba, se habían armonizado los intereses de patronos y
trabajadores.
De la misma manera el Estado corporativo suprimiría la lucha de clases,
constituyendo al Estado en árbitro de las disputas dentro de unas instituciones
comunes.

El intervencionismo estatal fue una construcción jurídica de Alfredo Rocco,


con las leyes laborales de los años 1926 y 1927, disposiciones que se resumen
en la Carta del Lavoro (1927), que organiza las profesiones en corporaciones
verticales de patronos y obreros.
El Estado se reserva la última disposición 
Los planes de aumento de la producción se bautizan con denominación bélica.

La “batalla del trigo” se inició en 1925; su objetivo era el autoabastecimiento


para frenar la pérdida de divisas que provocaba la importación. Se consiguió
con el cultivo de tierras marginales y convenciendo a los campesinos para que
abandonaran otros cultivos.

Una activa propaganda, en la que se presentaba a Mussolini con el torso


desnudo, trabajando como agricultor, movilizó a millones de italianos en una
empresa cuyo resultado feliz se identificaba con el prestigio de la nación.

Pero la batalla del trigo fue antieconómica.

Parte de lo que se ahorró en compra de cereales extranjeros se perdió por el


descenso en las ventas de otros productos, se abandonaron cultivos de huerta
lucrativos, y en el Sur se antepuso el cereal a los pastos y a la ganadería, cuyos
fertilizantes hubieran enriquecido el suelo.

La agricultura intensiva, más idónea para una población en aumento rápido,


provocado por la “batalla de los nacimientos’, fue olvidada.

 La “batalla de la lira” consistió en establecer una cotización excesivamente


alta para la moneda italiana, estableciendo una ecuación entre moneda fuerte y
prestigio internacional, pero tal cotización redujo la competitividad de los
productos italianos en el mercado exterior y produjo la quiebra de las
pequeñas empresas.

Con gran publicidad se acometió la desecación de pantanos y marismas, la


irrigación y la repoblación forestal.

El ejemplo más famoso es la desecación de los pantanos pontinos, cerca de


Roma; tras la recuperación de la tierra se trajeron colonos del Noreste, y se
construyeron ciudades como Latina y Sabaudia.
Obsesionado por hacer de esta tarea un escaparate de propaganda para los
visitantes extranjeros, el régimen se olvidó de las zonas más alejadas de
Roma.

Según un estudio de Mario Bandini, de los 2,6 millones de hectáreas en las


que se inició alguna tarea de recuperación sólo la décima parte mostró un
aumento significativo en la producción y en el número de personas que la
tierra podía sostener.
En un clima de falta de libertad muchos intelectuales tuvieron que abandonar
Italia.

Saludo entre los líderes Hitler y Mussolini- Firma de un pacto en Munich


-------------  00000 ------------

►PENSAMIENTO DE MUSSOLINI
La Omnipotencia del Estado
Texto de: La Doctrina del Fascismo , 1932
Como antiindividualista, el sistema de vida fascista pone de relieve la
importancia del Estado y reconoce al individuo sólo en a medida que sus
intereses coinciden con los del Estado, que representa la conciencia y la
universalidad del hombre como entidad histórica [...].
El liberalismo negó al Estado en nombre del individuo; el fascismo reafirma
los derechos del Estado como la expresión de la verdadera esencia de lo
individual [...].
La concepción fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden
existir valores humanos o espirituales. Entendido de esta forma, el fascismo
es totalitarismo y el Estado fascista [...] interpreta, desarrolla y otorga poder
adicional a toda la vida del pueblo [...].
Quien dice liberalismo dice individuo, y quien dice fascismo, dice Estado. El
fascismo desea que el Estado sea fuerte y orgánico y que se alce sobre
fundamentos sólidos que tengan el apoyo popular.
El Estado fascista pretende dirigir también el campo económico.
Quiere que su acción se oiga en todo el país mediante sus instituciones
corporativas, sociales y educacionales y todas las fuerzas políticas,
económicas y espirituales de la nación, organizadas en sus asociaciones
respectivas, difundidas por todo el Estado [...].
El Estado fascista es una voluntad de potencia y de imperio. La tradición
romana es aquí una idea: la fuerza. Según la doctrina fascista, el imperio no
es tan solo una expresión territorial, mercantil o militar, sino espiritual"...
Que el fascismo es una doctrina de vida lo demuestra el hecho de que se ha
creado una fe y que esta fe ha conquistado las almas; lo prueba el hecho de
que ha habido hombres que han muerto por el fascismo y que el fascismo ha
tenido sus mártires.
► MUSSOLINI LLEGA AL PODER, ITALIA SE ENAMORA....
[Luego de la Marcha sobre Roma de la columnas fascista]...Haciendo uso de
su derecho, el Rey, en vez de firmar el decreto, destituyó al débil Primer
Ministro De Facta e hizo llamar a Mussolini al despacho real. Horas
después, salían juntos. Benito Mussolini era el nuevo Jefe del Gobierno
Italiano.
Una muchedumbre lo vitoreó.
El paro general llegó a su término rápidamente y Mussolini tuvo su primer
encuentro con los parlamentarios.
Sus palabras fueron amenazantes. Comenzaría ahora un sistema de gobierno
autoritario, de reconstrucción nacional.
En verdad, el gobierno de Mussolini tuvo un sorprendente éxito en sus
programas de reconstrucción.
El país recobró rápidamente la disciplina y volvió a haber paz social, aunque
a costa de sangrientas persecuciones sobre los comunistas y la izquierda en
general. Más sorprendente aún fue el aumento de la popularidad de
Mussolini y el fascismo así como el portentoso aumento de su prestigio
internacional.
Quizás el testimonio más significativo respecto de la personalidad y el
gobierno de Mussolini, sea el que proporciona Sir Winston Churchill:
"Ya les conté el triste episodio de cómo la política de Baldwin-Chamberlain
respecto de Abisinia acarreó sobre nosotros lo peor de dos mundos, cómo se
produjo entonces un alejamiento respecto del dictador italiano..."
"En los años, a partir de 1924, hice todo cuanto estaba a mi alcance para
preservar la tradicional amistad de Gran Bretaña e Italia". "Más aún, en el
conflicto entre el fascismo y los bolcheviques, no cabía duda sobre hacia
dónde iban mis simpatías y mis convicciones".
El mismo día en que Sir Winston Churchill fue designado Primer Ministro y
Ministro de Defensa de Gran Bretaña, la primera carta que escribió, el 16 de
mayo de 1940, fue dirigida a Benito Mussolini.
Algunas de sus partes dicen:
"... recuerdo nuestras reuniones en Roma y siento el deseo de expresarle a
usted, como Jefe del Estado Italiano, mis deseos de buena voluntad por
encima de la creciente separación. ¿Es demasiado tarde para impedir que
corra un río de sangre entre los pueblos inglés e italiano?" "...
Yo declaro que nunca he sido adverso a la grandeza de Italia ni, en mi
corazón, he sido jamás enemigo del que dicta las leyes de Italia." ... "Escuche
mis palabras, se lo requiero con todo honor y respeto, antes de que la señal
terrible (de guerra) sea dada.
Y no seremos nosotros quienes demos esa señal".
De la ruina total, Italia había vuelto a alzarse como potencia.
El mismo Churchill afirma que, si Mussolini hubiera tenido el sentido común
que mostró Franco en España, y se hubiese mantenido neutral en la Segunda
Guerra Mundial, Italia habría resultado incólume y más poderosa que nunca.
Pero la respuesta de Mussolini, referida a la doctrina imperial de Italia, a los
rencores de la Primera Guerra y a los pactos de honor que lo unían a Hitler,
lanzó a Italia a la vorágine demencial.
Pero esa es otra historia. En 1924, Mussolini había enamorado a Italia y
comenzaban los 16 años de luna de miel.
► LOS MOVIMIENTOS FASCISTAS:
Además de hacerse con el poder en Italia y Alemania, el fascismo tuvo otras
muchas manifestaciones en Europa. En Francia varios partidos se
proclamaron fascistas, pero el más importante fue el Partido Popular
Francés (PPF), de Jacques Doriot.
En Gran Bretaña, el fascismo se encarnó en la Unión Británica de Fascistas
(BUF) de Oswald Mosley. Holanda conoció el Movimiento Nacionalsocialista
(NSB) de Antón Mussert, En Bélgica, dividida lingüísticamente, la versión
local del fascismo de la Valonia francófona -el rexismo de Léon Degrelle-
tuvo un éxito notable, aunque fugaz; en la Flandes neerlandófona, el fascismo
caló a fondo en el Movimiento Independentista.
En todos estos casos los movimientos fascistas lograron cierto respaldo, lo
que les permitió contar con diputados, concejales, etc.
Los únicos países de Europa Occidental donde las estadísticas electorales
muestran que el fascismo fue irrelevante son España y Portugal, si bien en
ambas se instauraron dictaduras con rasgos corporativistas.
Tampoco tuvo éxito el fascismo en Escandinavia, siendo la Unión Nacional
(NS) noruega de Quisling la única muestra de un relativo eco en los países
del Norte. Muy distinto fue lo ocurrido en Europa Oriental.
En Croacia, la fracción radical del nacionalismo separatista dio origen a un
movimiento fascista, los ustachi de Ante Pavelic.
La Guardia de Hierro rumana de Corneliu Codreanu y el movimiento de la
Cruz Flechada húngara de Ferenc Szalassi encontraron un masivo apoyo
popular, sobre todo el primero.
Sin embargo, la dictadura establecida en Rumania o el sistema de
democracia restringida de Hungría no tenían como objetivo evitar los
peligros del comunismo sino el avance del fascismo.
El fascismo también tuvo expresiones en América Latina, con agrupaciones
como la Falange Socialista Boliviana o la Liga Patriótica Argentina, entre
otras. (Fuente Consultada: Segunda Guerra Mundial Tomo N°1 El Rearme
Alemán y el Inicio de la Contienda)

También podría gustarte