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Fecha: 1-oct-2020
Producto: SOC,MJ
Sumario: I. Introducción. II. El grupo económico que integra el sistema de ahorro previo
para fines determinados. III. Categorización del contrato de ahorro previo para fines
determinados. IV. La problemática del aumento desmesurado de las cuotas: Acciones
judiciales de revisión del contrato y daños y perjuicios iniciadas por los ahorristas: IV. 1. El
denominado «valor móvil» como condición general de contratación vs. las precisiones
publicitarias y/o condiciones particulares. IV.2. Incumplimiento de la normativa de la
Inspección General de Justicia. IV.3. El abuso de posición dominante en el mercado. V.
Acciones de ejecución prendaria entabladas por las administradoras de los planes frente a la
falta de pago de las cuotas. VI. Prácticas abusivas en los sistemas de ahorro previo: Trato
indigno por hostigamiento en el cobro de deudas VII. Las resoluciones 14/2020 y 38/2020
dictadas por la Inspección General de Justicia durante la emergencia, ¿son beneficiosas o
perjudiciales para el ahorrista? VIII. A modo de colofón.
I. INTRODUCCIÓN.
La ley 25.561 de emergencia pública y reforma del régimen cambiario, que había sido
sancionada el 6 de enero de 2002 durante la presidencia interina de Eduardo Duhalde, tuvo
una vigencia de 16 años y no se renovó en el año 2018. Recién a fines del año 2019, se
sancionó la ley 27.541 de emergencia económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional,
tarifaria, energética, sanitaria y social por el plazo de un año a partir del 20 de marzo de 2020.
Sin perjuicio de ello, fue a partir de comienzos del año 2018 que empezaron a acrecentarse los
aumentos de las cuotas de los planes de ahorro hasta tornarse desmesurados. Estos
aumentos ocasionaron incumplimientos masivos en el pago de las cuotas por parte de los
ahorristas lo que produjo cataratas de reclamos extrajudiciales por parte de las administradoras
de los planes y posteriores ejecuciones prendarias en los casos en que los vehículos habían
sido adjudicados. En los supuestos en que los vehículos no se adjudicaron las administradoras
procedieron a dar de baja los planes con la eventual posibilidad que el ahorrista recupere parte
de su inversión al finalizar el plan.
El denominado «sistema de ahorro previo para fines determinados» incluye diversos contratos
que resultan conexos entre sí por una causa supracontractual común cual es la de colocar el
automóvil en el mercado. Así, a título de ejemplo encontramos los contratos de suministro que
celebra la administradora con la proveedora de los bienes a adjudicar -fabricante o
importadora-; los contratos de seguro con la empresa aseguradora de los bienes adjudicados y
de vida del suscriptor; los contratos de concesión con la intermediaria que es la concesionaria
y el contrato de ahorro previo con fines determinados entre la administradora y los ahorristas o
adherentes que conforman el grupo cerrado.
Así, como se ha considerado acertadamente los círculos de ahorro son sistemas contractuales
a los cuales debe aplicarse la tesis de la conexidad contractual, lo cual permite entre otras
consecuencias: expandir los efectos de lo que ocurre en uno de los contratos a los demás y
extender responsabilidades a todos los miembros de la red aunque con ellos no se hubiera
celebrado el negocio (1).
En tal sentido, el art.1073 del CCyC preceptúa que «hay conexidad cuando dos o más
contratos autónomos se hallan vinculados entre sí por una finalidad económica común
previamente establecida, de modo que uno de ellos ha sido determinante del otro para el logro
del resultado perseguido. Esta finalidad puede ser establecida por la ley, expresamente
pactada, o derivada de la interpretación, conforme con lo que se dispone en el art. 1074».
Seguidamente, el art. 1074 dispone que «los contratos conexos deben ser interpretados los
unos por medio de los otros, atribuyéndoles el sentido apropiado que surge del grupo de
contratos, su función económica y el resultado perseguido».
Se trata de una norma hermenéutica contextual superadora del art. 1064 del CCyC. Ello es así
porque esta última norma manda a interpretar el contrato en su conjunto. En cambio, el 1074
direcciona la interpretación de los contratos en forma sistémica los unos por medio de los otros
trasvasando las fronteras del efecto relativo (art. 1021 CCyC). En otras palabras, la
interpretación de los contratos se debe realizar de manera integrada con todos los acuerdos
que se incluyen en el negocio.
En esta línea de razonamiento se ha sostenido que la regla debe ser entendida como un
aggiornamiento de la regla de interpretación contextual; conforme a esta nueva formulación, la
interpretación de los diferentes contratos que forman parte del sistema de contratos conexos
debe ser realizada teniendo en cuenta el contexto que forman los demás textos contractuales
del sistema, considerando la unicidad de sentido del mismo (2).
A los efectos de interpretar contratos que se encuentren coligados en red, se impone entonces
conocer a fondo la realidad económica del negocio para ver si cada una de sus extensiones
contractuales responde u opera a modo de brazo del mismo cuerpo o si cada fragmento puede
tener vida propia y sentido fuera del cuerpo común.Si se diera este último caso, la conexidad
estaría en duda (3). Evidentemente, en el caso del sistema de ahorro previo ninguno de los
contratos que componen el mismo puede funcionar en forma individual y aislada, en
consecuencia, la coligación no podría cuestionarse. Es decir, la fabricante produce los bienes
objeto del contrato y crea la persona jurídica «administradora» quien se encarga de «colocar
dicha producción en el mercado». La concesionaria vende los planes de ahorro a los ahorristas
y es la que acerca a las partes del contrato de ahorro previo.
Uno de los efectos principales de la conexidad contractual está dado por la procedencia de
acciones directas de la parte de un contrato hacia la parte de otro contrato. Dos décadas antes
de la sanción del CCyC, en las XV Jornadas Nacionales de Derecho Civil realizadas en Mar del
Plata en el año 1995 se recomendó que «en los supuestos de conexidad contractual, la
responsabilidad puede extenderse más allá de los límites de un único contrato otorgando al
consumidor una acción directa contra el que formalmente no ha contratado con él, pero ha
participado en el contrato conexo, a fin de reclamar la prestación debida o la responsabilidad
por incumplimiento» (4).
En definitiva, la red contractual configurada en los sistemas de ahorro previo permite superar el
principio de la relatividad de los contratos prevista en el art. 1021 del CCyC y extender la
responsabilidad en forma solidaria tanto al fabricante como al distribuidor, comerciante,
administrador del plan de ahorro, concesionaria, etcétera (5).
Este criterio fue aplicado por la jurisprudencia.Así, se ha afirmado que «la comercialización de
bienes mediante sistemas de ahorro previo supone la integración de grupos de consumidores
que conforman un fondo común administrado por una sociedad especializada, la que al mismo
tiempo se vincula con el fabricante de los productos, con quien constituye un grupo
económico, por ello, la jurisprudencia ha develado el recurso de que se vale ordinariamente la
administradora, consistente en trasladar los riesgos al fabricante por la falta de entrega de las
unidades, extendiéndole incluso a éste la responsabilidad emergente» (6). De igual modo se ha
extendido la responsabilidad por incumplimientos de la concesionaria a la fabricante (7).
De esta manera, la concesionaria tiene como misión efectuar la oferta y/o publicidad comercial
y eventualmente proceder a la entrega del bien en el caso que la administradora así lo decida.
Es el agente colocador o productor de sistemas de venta mediante los planes de ahorro previo,
siendo agentes de comercio mandatarios de las empresas administradoras con facultad de
contratar en su representación, asumiendo de una manera estable el encargo de promover
ventas generalmente en una zona predeterminada, percibiendo una compensación
proporcional a la importancia de los negocios concluidos con su intervención.Por ello, es que si
bien la concesionaria no reviste el carácter de contratante directo con el consumidor, como
intermediaria en estos sistemas destinados a la colocación de planes de ahorro y a la entrega
de los rodados por cuenta de la sociedad administradora constituye un nexo insoslayable entre
ambas partes, participando de esa actividad y compartiendo un mismo interés económico (8).
En definitiva, la concesionaria integra la organización económica y obtiene beneficios, existe
actuación conjunta generadora de obligaciones ante terceros, y se aviene a efectuar en
conjunto una prestación de servicios.
A mayor abundamiento, se ha sostenido que «en las redes contractuales para la producción y
comercialización de bienes y servicios, las consecuencias jurídicas de la conducta abusiva de
una empresa pueden expandirse hacia el resto de las empresas integrantes de la red o grupo
económico» (9). En coherencia con ello, actualmente el nuevo CCyC dispone que «Los
efectos de la conexidad contractual son aplicables a las situaciones jurídicas abusivas que se
configuran a través de la predisposición de una pluralidad de actos jurídicos conexos (arts.
1120 y 1122 inc. d, CCyCN)».
Por último, como otros indicios que se dan en la realidad social que resultan acreditantes de la
conexidad contractual se pueden mencionar el hecho que la fabricante -en las solicitudes de
adhesión- garantiza el cumplimiento de las obligaciones de la administradora, tiene
participación mayoritaria en la sociedad administradora, posee el mismo domicilio de su sede
social y, generalmente, son patrocinadas y/o representadas judicialmente por los mismos
profesionales.
DETERMINADOS
El contrato de ahorro previo para fines determinados es aquel que se perfecciona entre la
administradora, en su carácter de mandataria del grupo, y el suscriptor, por el cual la primera
se obliga a la formación de un grupo cerrado y el suscriptor al pago de una cuota mensual,
igual para todos los miembros del grupo, durante un período determinado de tiempo, con miras
a que por sorteo o licitación se le adjudique en propiedad un bien adquirido con el fondo común
(10). En estos contratos usualmente se conviene que el reajuste de las cuotas de integración
estará en directa relación con el incremento del precio de lista -denominado valor móvil- de los
bienes cuya adquisición se pretende, lo que tiene su fundamento en la circunstancia de que los
grupos se forman de modo tal que la suma de las cuotas de cada periodo alcance para la
adjudicación de por lo menos un bien a uno de los miembros del grupo en cada periodo. En
general, el grupo cerrado está integrado por el doble de ahorristas que cuotas a pagar a los
fines que por mes puedan adquirirse dos bienes para adjudicar, uno por sorteo y otro por
licitación.Es decir, que si el plan es de 84 cuotas el grupo estará integrado por 168 ahorristas.
Una vez adjudicado el bien al ahorrista puede decirse que el mismo ha recibido un crédito por
la diferencia entre lo que ha pagado hasta ese momento y el precio del bien recibido, crédito
que se reajustara en la medida del incremento del precio del bien para posibilitar de esta
manera la continuidad de las adjudicaciones a los demás ahorristas. A su vez, a fin de
garantizar el pago de ese crédito que recibe, normalmente se constituye una prenda, sobre el
bien adjudicado, por lo que además en esta etapa el adherente pasará a ser deudor prendario.
Es decir, estamos frente a esquema contractual de alta complejidad que conjuga el ahorro y la
financiación para la compra de bienes de capital.
Esta cuestión no es menor para resolver los conflictos que se vienen suscitando entre el grupo
económico y los ahorristas en el marco de la emergencia y que se analizaran en los puntos
siguientes.
Por otro lado, las opiniones no son pacíficas en cuanto a si se trata de un contrato nominado o
innominado ya que si bien no ha sido regulado en el nuevo Código Civil y Comercial ni en una
ley especial, se encuentra reglamentado por el decreto 142.277/43 y toda la normativa dictada
por la Inspección General de Justicia que es el órgano de control y regulación del sistema.
En este sentido, cabe recordar que el art. 970 del CCyC dispone que «los contratos son
nominados e innominados según que la ley los regule especialmente o no.». Esto significa que
desde un punto de vista estricto el contrato de ahorro previo carece de tipicidad legal. No
obstante, ya sea que se considere que goza de una tipicidad legal en un sentido amplio (12) o
se trate de un contrato con fuerte tipicidad social, lo cierto es que para su integración no
debería recurrirse a las disposiciones correspondientes a los contratos nominados afines que
son compatibles y se adecuen con su finalidad (art. 970 inc.d CCyC). Ello es así, porque este
contrato tiene elementos particulares que le son propios gozando de reiteración en los usos y
prácticas y que lograron consagración en la doctrina y la jurisprudencia.
Por último, resulta relevante destacar el impacto que produce en la interpretación, en la
estructura y en el funcionamiento del contrato de ahorro previo el fraccionamiento de la
categoría contractual. Así, se trata de un contrato celebrado por adhesión a condiciones
generales predispuesta que, en general -aunque no necesariamente- será de consumo.
Realizado el encuadre precedente se procederán a analizar los conflictos que se han suscitado
entre los integrantes del grupo económico y los ahorristas en el marco de la emergencia
económica.
En las condiciones generales de las solicitudes de adhesión, el precio del bien tipo se
encuentra sujeto al denominado «valor móvil» que tiene injerencia directa sobre el valor de la
cuota pura y todos los restantes rubros que componen el valor de la cuota total. Esta cláusula
inserta en las llamadas «solicitudes de adhesión» no podría ser declarada abusiva en virtud de
la limitación dispuesta por el art. 1121 inc.a del CCyC que veda que sean declaradas abusivas
las cláusulas relativas a la relación entre el precio y el bien.
Sin embargo, la ilicitud radica en hacer caso omiso a las publicidades que indujeron al
ahorrista a contratar y que en virtud del art. 8 LDC y 1103 del CCyC integran el contrato y, en
muchos casos, constituyen condiciones particulares del mismo. Así, el art. 8 de la LDC y el art.
1103 del CCyC disponen expresamente que «las precisiones formuladas en la publicidad o en
anuncios, prospectos, circulares u otros medios de difusión se tienen por incluidas en el
contrato con el consumidor y obligan al oferente».
Esto significa que el consumidor o usuario puede exigir el cumplimiento en especie de las
precisiones formuladas en la publicidad ya que obligan al oferente y se consideran parte
integrante del contrato que se celebre. En este sentido, los inc. a) y b) del art. 730 del CCyC
establecen respectivamente la compulsión y la ejecución por tercero procurando al acreedor -
en este caso destinatario de la publicidad- el cumplimiento exacto de la prestación que se le
adeuda.
Los arts. 8 LDC y 1103 CCyC son verdaderas normas integradoras del contrato que implican
un claro reconocimiento por parte del legislador argentino de la finalidad persuasiva y, en
ocasiones manipuladora, de la publicidad comercial respecto de la voluntad de sus
destinatarios. Es decir, el legislador argentino reconoce que la publicidad comercial impacta,
determina y hasta condiciona el consentimiento del consumidor o usuario y, por ello, ordena
tener por incluidas en el contrato que se celebre las precisiones realizadas en ella.
Las precisiones contenidas en la oferta efectuada en la concesionaria deben primar por sobre
lo previsto en las condiciones generales predispuestas por la administradora. Ello es así
porque los arts. 8 LDC y 1103 CCyC ostentan carácter imperativo, y pueden aplicarse tanto en
casos en que las partes no hayan previsto contractualmente alguna circunstancia, que sí se
encontraba contenida en la publicidad comercial, como en supuestos, en que la parte fuerte del
contrato haya predispuesto alguna cláusula contraria a lo prometido en el anuncio publicitario.
Resulta ilegítimo el hecho que el grupo económico determine el valor móvil de los vehículos
muy por encima del valor en que se los comercializa en las concesionarias con descuentos y
bonificaciones por otros canales de comercialización en franca contradicción con el art. 32
apartado 2 de la Res. 8/2015 de la IGJ. Así dicha norma dispone expresamente que «Toda
bonificación o descuento que efectúe el fabricante a los agentes y concesionarios de su red de
comercialización, deberá trasladarse, en las mejores condiciones de su otorgamiento, al precio
del bien-tipo a los fines de la determinación de la cuota pura. Las entidades administradoras
deberán incluir dichas bonificaciones en la comunicación de precios que presenten en
cumplimiento del apartado 16.2. del artículo 16 del Capítulo I.»
Se justifica que así sea porque la administradora adquiere los vehículos de la fabricante
mensualmente al contado y, sus ganancias, no pueden consistir en el cobro de diferencias -por
un valor móvil engrosado-, sino en el cobro de honorarios en concepto de gastos de
administración en virtud del mandato irrevocable que le fue conferido por los ahorristas.
Como se ha dicho con acierto (16), el abuso de derecho sólo se restringe a limitar el ejercicio
de derechos ya otorgados, pues la descalificación de los derechos es un límite que proviene
del derecho mismo. El derecho debe ser ejercido de un modo regular, conforme a la buena fe,
las buenas costumbres, los fines de la ley. Es decir que el derecho en su nacimiento contiene
un perímetro que el ejercicio posterior no puede transgredir. La regularidad del ejercicio de los
derechos es una calidad que se agrega al ejercicio. Se trata de un standard amplio, susceptible
de subsumir el ejercicio doloso, culposo, sin interés y aun el antisocial. Es que la regularidad
es un concepto legal que surge de la interpretación de otros estándares, como lo son la buena
fe, la moral y las buenas costumbres.Este es el sentido en que ha interpretado el abuso de
derecho la jurisprudencia, al considerar que el instituto tiende a evitar e impedir excesos en
relación con los límites impuestos por la buena fe, la moral y las buenas costumbres, debiendo
reputarse que un acto es abusivo cuando es contrario al objeto de la institución del respectivo
derecho, a su espíritu y a su finalidad (17).
Sin embargo, para su reconocimiento no basta afirmar que existió un abuso del derecho, sino
que debe efectuarse un análisis razonado del «porqué el ejercicio del derecho no es regular», y
también del contraste que existe entre los fines que la ley tuvo en mira al reconocer el derecho,
y el actuar del sujeto que «contraría» o «excede» esos límites (18).
Para que haya abuso del derecho es necesario que medie una injusticia notoria, una
consecuencia no prevista por la ley y repugnante al sentimiento moral del juez para que éste
pueda negar su apoyo a quien esgrime en su favor una disposición legal (19).
Debe tenerse presente que el contrato de ahorro previo con fines determinados constituye un
contrato de larga duración resultándole aplicable lo normado en el art. 1011 del CCyC ya que
en este contrato el transcurrir temporal es esencial para el cumplimiento de su objeto. Así, la
mencionada disposición establece que «en los contratos de larga duración el tiempo es
esencial para el cumplimiento del objeto, de modo que se produzcan los efectos queridos por
las partes o se satisfaga la necesidad que las indujo a contratar. Las partes deben ejercitar sus
derechos conforme con un deber de colaboración, respetando la reciprocidad de las
obligaciones del contrato, considerada en relación a la duración total.La parte que decide la
rescisión debe dar a la otra la oportunidad razonable de renegociar de buena fe, sin incurrir en
ejercicio abusivo de derechos».
En este sentido, dicha norma manda a las partes en este tipo de contratos a mantener una
conducta colaborativa, basada en la buena fe y sin incurrir en ejercicio abusivo de derechos. El
grupo económico integrados por la administradora, la fabricante y la concesionaria son
formadoras de precios de los automóviles que comercializan y como tales si establecen un
valor móvil del bien superior al valor del mercado y sin respetar las variables económicas,
estarían abusando de su posición dominante o gestando una situación jurídica abusiva (art.
1120 CCyC).
Debe recordarse que, el art. 11 del CCyC sobre abuso de posición dominante reenvía a los
arts. 9 y 10 del CCyC. Así, esta última norma en su parte final dispone que «el juez debe
ordenar lo necesario para evitar los efectos del ejercicio abusivo o de la situación jurídica
abusiva y, si correspondiere, procurar la reposición al estado de hecho anterior y fijar una
indemnización».
Por otro lado, como expresamente dispone el art. 10 in fine del CCyC frente al acto abusivo se
torna procedente la tutela resarcitoria representada por las restituciones de todo aquello
percibido de más en concepto de daño patrimonial y el daño no patrimonial irrogado al
ahorrista.
Por último, la existencia del ejercicio abusivo permite la tutela inhibitoria.En este sentido, se ha
dicho con reiteración que «es una causa legítima de paralización del derecho desviado de sus
fines reguladores» (20). En esta línea el art. 10 del CCyC debe dialogar con los arts. 1710 y
subsiguientes del CCyC que establecen la función preventiva de la responsabilidad civil. En
consecuencia, cuando existe la posibilidad cierta de la continuación o agravamiento de los
daños ocasionados al ahorrista por el accionar del grupo económico resulta procedente el
mandato preventivo de daños que esta blece el Código hacia el juzgador (21) tornando
procedentes las medidas cautelares que se vienen planteado a lo largo y ancho del país.
Tal como lo ha señalado la doctrina «la prevención significa en esencia, el deber de actuar ex
ante del daño consumado o en curso, toda vez que una vez que el daño se produjo, solo
queda, ex post el resarcimiento, mediante las distintas formas de reparación que admite el
derecho privado. De tal modo, la prevención fue ganando terreno en el derecho privado
argentino: el evitar la ocurrencia del daño comenzó a convertirse también en el norte del
derecho privado, y en especial, de la responsabilidad civil. Ello así, puesto que a través de la
inclusión de un deber de anticipación neutralizador de un mal inminente, se exige a los
legitimados pasivos que -ante la inminencia de ocurrencia de un daño o del desarrollo de una
conducta que ya lo produjo- se detengan o corrijan su accionar» (22). Por último, cabe
recordar que: «La "irreparabilidad", a que refiere la exigencia de "daño irreparable"., no debe
ser entendida sólo con alcance patrimonial, descartándosela con la mera invocación de posible
reparación pecuniaria; porque dicha "Irreparabilidad" no es equiparable a "irresarcibilidad",
pues quien solicita la tutela cautelar, quiere que el bien tutelado permanezca íntegro, y no que
se le asegure una indemnización» (23).
El régimen aplicable en estas ejecuciones es el dispuesto por la ley de prenda con registro -
DECRETO-LEY Nº 15.348/46, ratificado por la Ley Nº 12.962 y sus modificatorias- en virtud
de la cual los mecanismos defensivos resultan muy limitados, a saber: 1) Incompetencia de
jurisdicción; 2) Falta de personería en el demandante, en el demandado o en su representante;
3) Renuncia del crédito o del privilegio prendario por parte del acreedor; 4) Pago; 5) Caducidad
de la inscripción; 6) Nulidad del contrato de prenda (art. 30).
Sin embargo, no puede dejarse de considerar la relación de consumo subyacente que torna
aplicable la normativa protectoria.
Así, si se estima configurada cualquier operación financiera para consumo y/o crédito para el
consumo -art. 36 de la LDC- a través de cualquier instrumento o título ejecutivo -pagaré,
cheque, letra hipotecaria, leasing, obligaciones negociables, hipoteca, prenda , entre otros- y
éste sea objeto de ejecución, la enunciada «relación jurídica» habilitará la aplicación de toda la
preceptiva tuitiva de la legislación consumeril e impondrá que el juez la jerarquice por encima
de las limitaciones que la legislación cambiaria o comercial -dirigida a agilizar el tráfico
comercial- establece a la hora de impedir indagar en la causa-fuente de la obligación. Por eso,
la relación de consumo, más allá que las partes puedan esgrimirla como defensa, en realidad
es débito y materia a indagar por el sentenciante (24).
El rango constitucional de los derechos consumeriles -art. 42 CN-, así como la estipulación
normativa de su carácter de orden público -art.65 LDC-, son las razones que explican la
prevalencia de esta específica regulación protectoria.
Por otro lado, considero que resulta viable la solicitud de ordinarización del proceso. Ello es así
como consecuencia de encontrarse en juego derechos de raigambre constitucional del
consumidor y el ámbito del juicio ejecutivo no satisfacer la tutela judicial efectiva del mismo que
exige nuestra Carta Magna en su art. 42, como así también resultar insoslayable el planteo de
defensas de índole causal.Dicha postura ha sido sostenida por reconocida doctrina (26).
Esta hermenéutica dirigida a conciliar las diferentes normas que integran nuestro sistema
jurídico, no es sino una de las pautas de interpretación expresamente introducidas por el
Código Civil y Comercial de la Nación, conforme a las cuales debe efectuarse una valoración
sistémica de todo el ordenamiento en su conjunto, donde prime la razonabilidad y el dialogo de
fuentes (arts. 1, 2 y 3 CCCN).
En concreto, debemos tener presente que en general, el crédito para el consumo se encuentra
en conexidad contractual (27) con el principal negocio de adquisición de bienes o servicios; y
bien pudiera suceder (de hecho sucede) que al consumidor no le baste con sólo intentar
repeler el reclamo ejecutivo originado en el crédito, sino que incluso pudiera pretender por vía
reconvencional el adecuado cumplimiento de la prestación contractual a la que tiene derecho o
el cumplimiento de la obligación de informar o solicitar daños y perjuicios o la aplicación de
daños punitivos por prácticas abusivas llevadas adelante por el proveedor.
En esas hipótesis, resulta evidente que dichas defensas, o más bien pretensiones, exorbitan el
estrecho marco procedimental del juicio ejecutivo. En esta tesitura, aún cuando se propugne y
reconozca la admisión de la discusión de cuestiones causales en juicio ejecutivo, incluso de
manera amplia, resulta claro que el eventual incumplimiento contractual del proveedor sólo
podría canalizarse por vía de reconvención en el marco de un juicio ordinario de conocimiento.
Y también es claro que la efectiva tutela del consumidor no podría aguardar al desarrollo de un
eventual juicio ordinario posterior.Es decir que, la armonización entre la reclamación del crédito
y la tutela del consumidor sólo se podría lograr con la ordinarización del proceso.
Por último, en cuanto a la orden de secuestro inaudita parte que generalmente se ordena en el
marco de los procesos de ejecución prendaria la CSJN ha resuelto que «.privar al deudor -en
la relación de consumo- de todo ejercicio de derecho de defensa, en forma previa al secuestro
del bien prendado, podría colocarlo en una situación que no se condice con la especial
protección que le confiere el artículo 42 de la Constitución Nacional.Si se acepta que las
disposiciones de la ley de defensa del consumidor debieron ser integradas en el análisis
efectuado por la alzada en la inteligencia de que, ante la duda respecto a la forma en que
debían ser articuladas con las normas prendarias debería primar la más favorable para el
consumidor, como expresión del favor debilis (artículo 3°de la ley 24.240), constituye lógica
derivación de lo anterior, que la cámara debió analizar y considerar la aplicación -bajo la
perspectiva de protección especial del consumidor que tanto la Constitución Nacional como el
sistema normativo del consumidor otorgan al usuario- de la regla prevista en el artículo 37,
inciso b, de la ley 24.240, en tanto permite tener por no convenidas las cláusulas «.que
importen renuncia o restricción de los derechos del consumidor o amplíen los derechos de la
otra parte» (28).
En general desde el momento que el ahorrista entra en mora con la primer cuota comienza a
recibir una serie de intimaciones por todas las vías -whatsapp, e-mail, mensajes de texto,
llamadas a su teléfono celular y fijo, misivas, etc.- y dirigidas tanto al mismo ahorrista, como a
su garantía, como a su familia y hasta sus empleadores.Esta situación coloca al ahorrista en
una situación vergonzante y vejatoria que puede encuadrar en el art. 8 bis de la LDC y que
habilita por disposición expresa de la norma a la imposición de daños punitivos.
La Resolución 14/2020 -que consta de 11 artículos y tres anexos (32) -fue dictada por la
Inspección General de Justicia como autoridad de contralor de los planes de ahorro el
10/04/2020 en el marco de la emergencia pública en materia económica, financiera, fiscal,
administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social declarada por la Ley N°
27.541. Luego, la mentada resolución fue ampliada y prorrogada por la Resolución 38/2020 de
fecha 26/08/2020.
A los fines de responder el interrogante del epígrafe se puede afirmar que las mencionadas
resoluciones proporcionan algunos beneficios al ahorrista pero en algunos aspectos pueden
resultar perjudiciales.
Así, las resoluciones resultan beneficiosas al establecer en el art. 7 en sus dos primeros
incisos que «Las sociedades administradoras deberán: 1. Suspender el inicio de las
ejecuciones prendarias hasta el 31 de diciembre de 2020 (Res. 38/2020 que mod. la Res.
14/2020). 2. Condonar los intereses punitorios por falta de pago en término devengados hasta
la entrada en vigencia de esta resolución y los que se devenguen desde entonces hasta el 31
de diciembre de 2020, siempre que el pago de la deuda se realice desde la entrada en vigor de
la presente y no más allá de la fecha recién indicada.» (Res. 14/2020).
Asimismo, el art. 6 de la Res. 14/2020 prevé otro beneficio que se puede considerar mínimo y
de aplicación bastante limitada. En este sentido, preceptúa que «las sociedades
administradoras otorgarán el beneficio de una bonificación del cincuenta y ocho coma treinta y
tres treinta y tres por ciento (58,3333%) del monto total del diferimiento, equivalente hasta un
máximo de un uno coma cuatro de cuota del plan de ahorro, a aquellos suscriptores que
cumplan con las condiciones siguientes: 1. Haber suscripto el contrato para la adjudicación de
un bien-tipo incluido en el Anexo 1 de la resolución.teniéndose asimismo por automáticamente
incluido en dicho Anexo a cualquier bien que sustituya a los allí especificados. 2. Haber
retirado el bien-tipo o el modelo del mismo inmediatamente superior a éste. 3. Haber pagado
en término todas las cuotapartes del plan a partir de su adhesión al diferimiento y las cuotas
suplementarias de recupero del porcentaje diferido y que no exista deuda anterior. 4. No haber
efectuado cancelaciones anticipadas de cuotas. Los suscriptores que resulten acreedores de la
bonificación cancelarán el saldo de deuda neto de la misma en un solo pago que no excederá
el valor equivalente a una una cuota -alícuota + carga administrativa-, salvo que existieran
recuperos de diferimientos anteriores, en cuyo caso mensualmente se cobrará un importe que
no exceda a una alícuota hasta recuperar dicho diferimiento». Como puede advertirse, además
de ser muy reducido el importe de la bonificación para acceder al mismo se exigen
innumerables recaudos tornando su aplicación excepcional.
Sin embargo, con respecto a la facultad del ahorrista de adherir al diferimiento previsto en los
arts. 1 a 5 de la Res. 14/2020 modificada por la Res. 38/2020 (33) considero que puede
resultar verdaderamente perjudicial para el suscriptor.
Es decir, si se toma como punto de partida que el problema del aumento desmesurado de las
cuotas radica en gran medida en que el precio fijado -valor móvil- por el grupo económico
resulta ilegítimo y abusivo, la Resolución 14/2020 y su modificatoria no resuelven dicha
cuestión ya que no establecen tope alguno ni ningún tipo de control en su fijación. Es decir,
que la capacidad de pago del suscriptor no se encuentra resguardada a pesar que ese es uno
de los objetivos tenidos en cuenta en los considerandos de las normas en análisis. En cambio,
la Res. 14/2020 mod. por la Res.38/2020 parten de la idea implícita que el precio fijado por el
grupo económico resulta legítimo pero que se tornó excesivamente oneroso para los
suscriptores en virtud del proceso inflacionario (34). Por ello, pretenden dar una solución a
través de la figura del «diferimiento».
En primer lugar, porque adherir a dicho diferimiento implica consentir implícitamente los
aumentos ilegítimos que se vienen produciendo y que exceden groseramente el proceso
inflacionario y el valor real del mercado del bien tipo.
Y en este sentido resulta importante hacer mención a la doctrina de los actos propios como
una manifestación del principio rector de buena fe establecida en el art. 1067 del CCyC, que
dispone: «La interpretación debe proteger la confianza y la lealtad que las partes se deben
recíprocamente, siendo inadmisible la contradicción con una conducta jurídicamente relevante,
previa y propia del mismo sujeto.»
Así, la doctrina del acto propio consiste en un principio del derecho que impide a un sujeto
colocarse en un proceso judicial en contradicción con su anterior conducta. De este modo,
para que resulte inadmisible el ejercicio contradictorio de un derecho subjetivo se han señalado
los siguientes requisitos: a) La conducta vinculante: es necesario que se haya practicado una
conducta determinada que afecte a una esfera de intereses. Esta conducta podrá ser expresa
o tácita, basada en hechos concluyentes o facta concludentia; b) la conducta contradictoria:
que necesariamente debe darse dentro de un proceso judicial; c) contradicción: las conductas
deben ser contradictorias, esto es excluyentes; d) dos sujetos identificables: resulta necesaria
la existencia de dos sujetos, uno activo o titular de la pretensión contradictoria y otro pasivo
destinatario de la pretensión (35).
En segundo lugar, adherir al diferimiento no obsta a que los aumentos excesivos se sigan
produciendo resultando muy probable que los descuentos producidos por el diferimiento se
licuen en el corto plazo, como ya ha ocurrido con el anterior diferimiento establecido en el año
2019. En este sentido, estas medidas provisorias de «diferimiento de alícuotas» ya fueron
implementadas también «opcionalmente a favor del ahorrista» mediante el art. 1 de la
Resolución N° 2/19 de IGJ de fecha 16/08/2019. Sin embargo, como se prevé que ocurra
nuevamente con las resoluciones que se analizan, luego de aplicarse dichos diferimientos
previstos en la resolución 2/2019 las cuotas siguieron aumentando, lo que trajo aparejado que
la disminución producida por el diferimiento se licue.
Ello es así porque, como resulta evidente, esos diferimientos no solucionan los problemas de
fondo ni la situación jurídica abusiva (arts. 1120 y 1122 inciso d CCyCN) que ejercen las
sociedades administradoras y las automotrices en los sistemas de ahorro previo al establecer
sobreprecios de los vehícul os objetos de los planes sin respetar el art. 32 de la Res. 8/2015 de
la IGJ que dispone que los descuentos y las bonificaciones otorgadas por otros canales de
comercialización deben volcarse a los planes de ahorro.En tercer lugar, adherir al diferimiento
resulta perjudicial porque conlleva el alongamiento del plazo contractual con los mayores
riesgos que ello significa. Como surge, del art. 5 de la resolución 14/2020, el recupero de los
porcentajes de las cuotas diferidas se producirá adicionando al plan doce cuotas
suplementarias, es decir, que un plan de 84 cuotas se transformará en un plan de 96. Como
es sabido, mayor sea la duración de cualquier contrato, mayores son los riesgos a afrontar.
Exigir al consumidor ahorrista que adhiera al diferimiento implica dar la espalda al principio
protectorio que la misma disposición realza reconociendo su valía. Así, no debe olvidarse que
las normas que regulan las relaciones de consumo deben ser aplicadas e interpretadas
conforme con el principio de protección del consumidor y, no resulta protectorio, dejar al
ahorrista a merced de los aumentos que efectué el grupo económico obligándolo a renunciar a
recibir una tutela judicial efectiva.
Dicha red contractual permite superar el principio de la relatividad de los contratos prevista en
el art. 1021 del CCyC y extender la responsabilidad en forma solidaria tanto al fabricante o
importador, administrador del plan de ahorro, y concesionaria.
3.En las condiciones generales de las solicitudes de adhesión, el precio del bien tipo se
encuentra sujeto al denominado «valor móvil» que tiene injerencia directa sobre el valor de la
cuota pura y todos los restantes rubros que componen el valor de la cuota total. Esta cláusula
inserta en las llamadas «solicitudes de adhesión» no podría ser declarada abusiva en virtud de
la limitación dispuesta por el art. 1121 inc. a del CCyC que veda que sean declaradas abusivas
las cláusulas relativas a la relación entre el precio y el bien.
Sin embargo, la ilicitud radica en hacer caso omiso a las publicidades que indujeron al
ahorrista a contratar y que en virtud del art. 8 LDC y 1103 del CCyC integran el contrato y, en
muchos casos, constituyen condiciones particulares del mismo que deben primar por sobre las
condiciones generales (art. 986 CCyC).
Resulta ilegítimo el hecho que el grupo económico determine el valor móvil de los vehículos
muy por encima del valor en que se los comercializa en las concesionarias con descuentos y
bonificaciones por otros canales de comercialización en franca contradicción con el art. 32
apartado 2 de la Res. 8/2015 de la IGJ.
Frente a estas conductas una herramienta que nos proporciona el ordenamiento jurídico es la
revisión o adecuación del contrato que tendrán por finalidad procurar la reposición del valor de
las cuotas del plan tomando en consideración el valor del vehículo en el mercado con
descuentos y bonificaciones tal como lo ordena la normativa específica.Por otro lado, como
expresamente dispone el art. 10 in fine del CCyC frente al acto abusivo se torna procedente la
tutela resarcitoria representada por las restituciones de todo aquello percibido de más en
concepto de daño patrimonial y el daño no patrimonial irrogado al ahorrista. Por último, la
existencia del ejercicio abusivo permite la tutela inhibitoria tornando procedentes las medidas
cautelares que se vienen planteado a lo largo y ancho del país (art. 1710 y ss CCyC).
5. La Res. 14/2020 mod. por la Res. 38/2020 de la IGJ establecen algunos beneficios para los
ahorristas en el marco de la emergencia económica. Así, se suspenden las ejecuciones
prendarias hasta el 31/12/2020, se condonan los intereses punitorios que se exigían frente a la
mora y se establece una bonificación muy reducida y de aplicación excepcional.
Sin embargo, para los ahorristas que vieron aumentadas desmesuradamente las cuotas,
adherir a las mismas resulta absolutamente perjudicial. En este sentido, las normas no
establecen ningún tipo de límite al aumento ni control, resultando probable que los descuentos
dados por el diferimiento se licuen con los aumentos que se siguen produciendo. Por su parte,
implica un alongamiento del plazo contractual en doce meses con los riesgos que ello
implica.Por último, constituye un valladar al acceso a la justicia y a la tutela judicial efectiva ya
que adherir al diferimiento requiere la renuncia a las medidas cautelares e impide el inicio de
prosecución de acciones judiciales en virtud del principio que consagra la prohibición de actuar
contra los propios actos.
Decía Josserand (37) que «a la concepción implacable, frenética de los derechos individuales,
se opone la teoría de la relatividad que lleva a admitir posibles abusos.» En esta última teoría,
«los derechos derivan en su origen de la comunidad y de ella reciben su espíritu y finalidad;
cada uno se encamina a un fin, del cual no puede el titular desviarlo; están hechos para la
sociedad y no la sociedad para ellos; su finalidad está por fuera y por encima de ellos mismos,
son pues, no absolutos, sino relativos, deben ejercerse en el plano de la institución y con
arreglo a su espíritu, o de lo contrario seguirán una dirección falsa».
Por ello, como lo ha sostenido Luis Moisset Espanés en su conocido trabajo «El abuso del
derecho», el juez, en razón de su tarea que lo pone a diario en contacto con los aspectos
patológicos del funcionamiento social, debe ser el primero en advertir el inadecuado uso que se
da al dispositivo legal y -con las herramientas que le brinda la teoría del abuso-, procurar poner
un correctivo; si lo logra, el cambio social se habrá encauzado por senderos que hacen
innecesario el cambio legislativo, pues las normas siguen brindando soluciones de justicia.
Pero si las prácticas desleales cunden y se multiplican, habrá llegado el momento de que
intervenga el legislador para consagrar nuevas fórmulas que atiendan adecuadamente a los
problemas que se plantean.
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(3) FISSORE, Diego M.: Los contratos conexos.Antecedentes y regulación en el Código Civil y
Comercial, Revista de Derecho Privado y Comunitario, 2016- 3, «Contratos - Parte General»,
Rubinzal Culzoni Editores, Santa Fe, 2016, pág. 351.
(4) Citado en GUASTAVINO, Elías P.: «Contrato de a horro previo», Buenos Aires La Rocca,
1988, página 31.
(5) JUNYENT BAS, Francisco y GARZINO, M. Constanza: «La tutela del consumidor en la
capitalización y ahorro previo para fines determinados», Diario La Ley, 04/06/2013 citado en el
fallo caratulado «Alegre, Paola Vanesa c/ Círculo de Inversores SA de Ahorro para Fines
Determinados y otro/a s/ Cumplimiento de contratos civiles/comerciales» Expte. N° 62.251 -
27/03/18, CCiv y Com. de Azul, Pcia. de Buenos Aires -Sala II.
(6) CNCom., Sala C, 26/02/08, «Guidobaldi, Julio c. Círculo de Inversores S.A.», JA, 2008-II,
fasc. N° 13.
(8) CN Com. Sala C, 12/02/2015, «Fernández, Héctor O. c. Volkswagen S.A. de Ahorro para
fines determinados y otros s/ sumarísimo», LA LEY 2015-D, 84, con nota de Florencia Nallar;
RCyS 2015-IX, 45, con nota de Jonathan M. Brodsky; la ley online:AR/JUR/4078/2015
(9) II Jornadas Rosarinas de Derecho Civil, Rosario, 2000, citado en ZENTNER, Diego
Hernán, «Contrato de Consumo», Capítulo VII, ‘Causa del Contrato de Consumo', La Ley, Bs.
As. 2016, página 199.
(10) NICOLAU, Noemí, L.: Contratos en el Código Civil y Comercial de la Nación, La Ley, Bs.
As., 2016, pág. 831.
(17) C. Civ. Capital, «Montegriffo, Néstor y otra c/ Asociación Civil Santísima Cruz», ED, 81-
452.
(18) C. Civ. Capital, Sala B, 21 de marzo de 1978: «González de Martí, Cirila C. c/ Masgoret,
Ángel, suc.», JA, 1978-II-552 y Cam. Civil y Com. Santa Fe, sala 10, 29 noviembre 1996,
«Pagliettini S.A. c/ Provincia de Santa Fe», Zeus, T. 75, R - 3, caso 17.660.
(19) MÜLLER, Enrique C.: Ejercicio regular y ejercicio abusivo de los derechos: orden público
y buenas costumbres o moral social, en Revista de Derecho Privado y Comunitario 2007-3
Orden público y buenas costumbres, Rubinzal Culzoni Editores, Santa Fe, 26.
(23) CSJSF, Instituto Superior del Profesorado de Educación Física N° 36 «Brigadier General
Estanislao Lopez» c/ Provincia de Santa Fe s/ medida cautelar (Expte N° 837-96), 18/12/96, ID
SAIJ: fa96090205 y Labandera, Matilde Generosa c/ Provincia de Santa Fe s/ recurso
contencioso administrativo de plena jurisdicción incidente de suspensión de medida
administrativa (Expte nro 558-91), 13/03/92, ID SAIJ: fa92090019.
(24) FALCO, Guillermo E. y GARZINO, M. Constanza: «El juicio ejecutivo, las defensas
causales y la ley de defensa al consumidor», nota a fallo en diario LA LEY del 15/2/2011
(25) HERNANDEZ, Carlos A., «Anotaciones sobre un valioso precedente de la CSJN que
refuerza la tutela judicial efectiva de los consumidores.A propósito de las ejecuciones
prendarias», SJA 18/09/2019, 79; JA 2019-III.
(26) ABAD, Gabriel O.: «El derecho del consumidor de solicitar la ordinarización del trámite en
la ejecución del pagaré de consumo» publicado en Rubinzal on line, RC D 617/2019. Si bien el
articulo refiere al pagaré de consumo sus consideraciones resultan aplicables al caso de
prenda con registro por evidente analogía.
(27) El artículo 1073 del Código Civil y Comercial ha receptado el instituto disponiendo que
«.Hay conexidad cuando dos o más contratos autónomos se hallan vinculados entre si por una
finalidad económica común previamente establecida, de modo que uno de ellos ha sido
determinante del otro para el logro del resultado perseguido.» En pocas palabras podemos
afirmar que la conexidad o coligación es un fenómeno que vincula a dos o más negocios
jurídicos diferentes que se encuentran vinculados por una misma finalidad común. Y en el
caso del crédito para el acceso de bienes o servicios, resulta clara su interdependencia y
ligazón, razón por la cual el ordenamiento jurídico le impone particulares efectos. En particular
el artículo 1075 del Código Civil y Comercial dispone que un contratante podría oponer
excepciones de incumplimiento total, parcial o defectuoso, aún frente a la inejecución de
obligaciones ajenas a su contrato.
(28) CSJN, 11/06/2019, «HSBC Bank Argentina S.A. c/ Martínez, Ramón Vicente s/ secuestro
prendario», SAIJ: FA19000117.
(30) CN Com., Sala E, Lloyds TSB. Bank c.Frascara, María E., 10/02/2006, LA LEY
28/07/2006, 6, LA LEY 2006-D, 575.
(32) La Resolución 14/2020 de IGJ con sus tres Anexos puede consultarse en la página web
de Infoleg http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/335000-
339999/336218/norma.htm
Suscriptores comprendidos.
Artículo 2° - Podrán optar por el diferimiento los suscriptores con contratos vigentes, en
período de ahorro y adjudicados, y en este caso hayan o no recibido el vehículo, y también
aquellos cuyos contratos se hallen extinguidos por renuncia, rescisión o resolución desde el 1º
de abril de 2018 hasta la fecha de vigencia de la presente resolución, los cuales deberán al
momento de ser adjudicados cancelar el importe de las cuotas en mora. Si efectuaren oferta
de licitación y fueren adjudicados, el monto de la cantidad de cuotas puras licitadas se
imputará a la deuda vencida. (Res. 14/2020 mod. Res.38/2020)
No podrán optar los suscriptores que hayan promovido causas judiciales y obtenido medidas
cautelares con incidencia sobre el pago de sus cuotas y que se mantengan en tal situación a la
fecha de vencimiento del plazo para ejercer la opción previsto en el artículo anterior. Si
obtuvieren tales medidas después de haber optado por el diferimiento, éste quedará sin efecto.
Artículo 3° - De las doce (12) o menor cantidad de cuotas consecutivas por vencer sobre las
que podrá ejercerse la opción, se diferirán los porcentajes siguientes:
a) de las últimas cuatro (4) o menor cantidad se diferirá un diez por ciento (10%);
b) de las cuatro (4) anteriores o menor cantidad, un veinte por ciento (20%);
c) de las cuatro (4) primeras o menor cantidad, un treinta por ciento (30%).
Recupero.
(34) Así, en sus considerandos se expresa:«Que dicho régimen debe implementarse con
respecto a la cartera contractual integrada por contratos individuales agrupados en función de
su bien-tipo con anterioridad al 30 de septiembre de 2019, dado que la capacidad de pago de
los suscriptores se había agravado con anterioridad a esa fecha como consecuencia del
impacto de las devaluaciones de ese año y del anterior, no así con respecto a contratos
posteriores respecto de los cuales las posibles dificultades de cumplimiento ya eran a esa
altura de conocimiento de los interesados y podían ser evaluadas por éstos en orden a decidir
o no su concertación».
(35) COMPAGNUCCI DE CASO, Rubén H.: «La doctrina de los actos propios y la declaración
tácita de la voluntad», LA LEY, 1985-A, 1000 - RCyS 2017-III, 251, AR/DOC/12892/2001.
(36) BORDA, Alejandro: «La teoría de los actos propios», Ed. Abeledo-Perrot, Buenos Aires,
2000, p. 53.
(37) JOSSERAND, Louis: Del abuso de los derechos y otros ensayos, Temis, Bogotá, 1982, p.
4.
(*) Profesora Adjunta de Derecho de los Contratos y Derecho del Consumidor de la Facultad
de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, Presidente del Instituto de Protección
Jurídica del Consumidor del Colegio de Abogados de Rosario, Miembro del Instituto Argentino
de Derecho del Consumidor. Magister en Derecho Privado graduada en la Facultad de
Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. Abogada litigante en el ejercicio independiente
de la profesión.