Ponencia: El Mandato Fundacional: Continuidades y Rupturas en La Escuela Pública Hoy
Ponencia: El Mandato Fundacional: Continuidades y Rupturas en La Escuela Pública Hoy
una modernidad más tardía (segunda mitad s. XIX) desde esta perspectiva se pretenderá
superar el carácter tradicional, ‘atrasado’ o ‘bárbaro’ de las sociedades nativas.
Particularmente en el caso de la Argentina, conformada además por una masa inmigratoria –
empobrecida y analfabeta- que difería culturalmente del perfil poblacional esperado y
pretendido por la clase dirigente, la tarea de la escuela tendrá como propósito fundamental
superar las barreras de la ignorancia para transformar a la sociedad primitiva en una sociedad
moderna. Esta concepción teórica denominada ‘optimismo pedagógico’ o pedagogía
tradicional, concibe a la educación como un dispositivo por excelencia para la transformación
modernizadora de la sociedad.
En la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX, a diferencia de Europa, el
imperativo educativo moderno de la formación para el trabajo queda relegado de las metas
que se proponen desde la política educativa estatal (Tedesco, 1986; Puiggrós, 1991). Esta
particularidad en el mandato fundacional obedece a la necesidad de que la educación
desarrolle una función de carácter fundamentalmente político. La educación cumplió en este
sentido dos finalidades profundamente vinculadas entre sí: por un lado contribuir al logro de
la estabilidad política interna del país en un período en el que los sectores económicos y
políticos hegemónicos se planteaban la organización nacional. Por el otro la intención de
perpetuar a la clase política dirigente como tal, integrada a la ideología dominante, con el
objetivo de conservar el poder de la burguesía comercial agroexportadora en el manejo del
Estado.
La internalización y difusión de las nuevas pautas de ordenamiento social y político,
en un contexto que incluye además grandes movimientos inmigratorios en el último cuarto
del siglo XIX, se cimentará en la necesidad de la construcción de ciudadanía “convertir a los
súbditos en ciudadanos” (Tedesco, 1986; Oszlak, 1997) y en desplazar la concepción y
práctica del ejercicio del poder de un ámbito local-privado a un ámbito nacional-público que
requería necesariamente la centralización e institucionalización del control (Oszlak, 1997).
En este sentido, la educación de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo
XX tuvo un carácter oligárquico y segmentado, organizada y estructurada en niveles con
distintas escalas de gradualidad y destinado cada uno de ellos a diferentes sectores sociales.
Es así entonces que la Ley 1420 de Educación laica, gradual gratuita y obligatoria va a regular
a partir de 1884 el nivel primario destinado a toda la población, reservando el sistema el
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acceso a los niveles medio y superior a los sectores oligárquicos ya que éstos se orientaban a
la formación de las élites dirigentes.
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Dussel, I. y Pineau, P. (1995) De cuando la clase obrera entró al paraíso: La educación técnica estatal en el
primer peronismo. En: Puiggrós, Adriana (Dir.) (1995) Discursos pedagógicos e imaginario social en el
peronismo. Bs. As. Galerna.
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Puiggrós, Adriana (Dir.) (1995) Discursos pedagógicos e imaginario social en el peronismo. Bs. As. Galerna.
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Al respecto recuperamos la conceptualización de [Link] (1989) expresada en palabras de Peemas: "El
desarrollo es visto como ligado intrínsecamente a la capacidad de consolidar los lazos sociales al interior de
colectividades que tienen una base territorial definida. Está relacionado también a la capacidad de las
poblaciones de administrar su ambiente natural de una manera viable, a través de la construcción de un cuadro
institucional apropiado y de una identidad cultural que tiene su base material en la construcción misma del
territorio dado. El desarrollo se enriquece por la diversidad” (texto inédito, p. 8; en Valcarel, 2007:29).
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las estructuras que sostienen al capitalismo global (Cox, 1997, en García Delgado, 2003),
generando procesos de exclusión laboral y empobrecimiento generalizado. Al respecto
Guillermina Tiramonti (2001) especifica muy acertadamente que la globalización resignificó
las tradicionales desigualdades del capitalismo mundial que desde este momento comienzan
a fundamentarse en el control diferencial del cambio tecnológico. Así, los países con menos
posibilidades de incidir en la configuración del orden mundial como es el caso de los de
América Latina, se ven impelidos a la modernización que aparece como una exigencia
insoslayable para no quedar afuera de las definiciones determinadas por el desarrollo
tecnológico mundial. De este modo comienza a producirse una disminución progresiva de la
autonomía estatal a la que se suma la deslegitimación de la política como ordenadora del
conjunto social.
Se asiste así a un desplazamiento del Estado como agente central en la organización y
regulación societal a favor de una racionalidad de mercado que se presenta como la única
posible para lograr insertarse exitosamente en el nuevo orden mundial.
En la Patagonia Austral se concluye en la década del 90 el proceso de implantación de un
modelo de explotación flexible de la fuerza de trabajo e intensiva de los recursos naturales y
de mercados abiertos, que afecta la configuración de los enclaves existentes (Salvia, 1997).
Distintas empresas multinacionales extraen recursos mineros e hidrocarburíferos, destinados
mayormente a la exportación. En esta explotación pretenden aumentar sus ganancias de
manera incesante, y para ello introducen nuevas tecnologías orientadas a automatizar la
producción, y de este modo incrementar la productividad. Asimismo tercerizan tareas
asociadas a la extracción, y subcontratan otras fases del proceso de trabajo. En el caso de las
empresas privatizadas se anulan distintos servicios sociales que las empresas públicas
brindaban. Esta eliminación impacta directamente en la dinámica social, generando
fragmentación a distintos niveles y por la incidencia de distintos factores.
Ciciari (1997) observa que a mediados de los años ‘90 es particularmente en la zona norte
de la provincia de Santa Cruz donde se presentaban las tasas más altas de desocupación
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Datos elaborados por la autora en base a las siguientes fuentes: Encuesta Permanente de Hogares octubre de
1995, Encuesta Sociodemográfica Ocupacional UBA/UFPA-UACO julio de 1995, Sistema Provincial de
Información Municipal – Ministerio de Asuntos Sociales de la provincia de Santa Cruz diciembre de 1995.
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Las competencias reducen los saberes a su dimensión instrumental, vinculada a las demandas del mercado y
limitan la formación para el mundo del trabajo a una formación para un puesto de trabajo.
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En este sentido otros capitales, como el social, parecieran competir con el cultural en la
definición de numerosas trayectorias laborales, especialmente en el sector público. Es así que
los títulos obtenidos en la educación media, o la posibilidad de realizar estudios superiores,
demandan mayor inversión de tiempo y esfuerzo que otros mecanismos de ascenso social,
como la militancia. De este modo la escuela se presenta interpelada, o desfasada respecto a
otras dinámicas sociales.
Al respecto, Tenti Fanfani (2008) señala que uno de los principales problemas de la
escuela hoy consiste en que frente a las transformaciones de la economía, la familia, las
relaciones sociales, los modelos de distribución de la riqueza y las prácticas políticas, la
escuela parece mantenerse constante o al menos intentar reproducirse a sí misma. Este
desfasaje entre los cambios estructurales y las condiciones en las que las que subsiste la
escuela pública se materializa en un institución anacrónica que ya no posee el sentido de su
momento fundacional, a la vez que parece presentar grandes dificultades para encontrar un
nuevo sentido a la tarea de educar en el seno de una sociedad cada vez más fragmentada y
desigual.
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“La educación popular: una alternativa pedagógico-politica en los actuales escenarios. Posibles articulaciones
con el sistema educativo formal”, dirigido por la Mg Ma. Laura Acconcia. UNPA-UARG
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Y ahí surgieron unos interrogantes que tenemos, por ejemplo ¿Somos o no somos? ¿Qué es la
crisis? ¿Si es una vocación la docencia? ¿Qué es? ¿Qué hacemos con esta crisis? Ésta se supone
que es una docente que va a llegar a la jubilación (indica una imagen de China Zorrilla) en esta
escuela que está acá, con esta crisis y que dice “Stop”, porque ella ve la crisis que hay acá. Y ahí en
este “Stop” está el que hacemos como docentes, o qué cosas podemos hacer, qué podemos mejorar
Fulana hablaba de su realidad, a ella le toca trabajar con chicos que… es lo que nosotras
también vemos como mamá, que hay una pérdida de valores, una falta de interés de los chicos y que
sólo se preocupan por… en algunos momentos solamente por cosas, como ustedes dijeron, los
avances tecnológicos, la computadora, por cosas materiales y no por los contenidos mismos
“¿Para qué sirve la escuela?” y nosotros pusimos como figuras dentro, en el centro de la escuela,
a dos chicos, uno con un micrófono y otro con una red que está intentando cazar alguna, nosotros le
decimos conocimiento, y literalmente el desafío que nos ponen hoy los chicos es decir bueno “a ver
profe, sí yo le presto atención, ¿pero para qué me sirve esto?, ¿cómo lo utilizo hoy? en función de
que hay algo quiero utilizarlo pero no sé muy bien porque la televisión me dice una cosa, mis amigos
me dicen otra y yo creo que veo que no entiendo y no tiene nada que ver con lo que usted me está
enseñando”
Si bien los docentes advierten la crisis de la escuela, y los reclamos de los alumnos en
este sentido, la escuela pareciera disponer de escasas herramientas para reflexionar en torno
a la misma, y esbozar caminos alternativos de mediano o corto plazo. En este sentido,
señalamos junto con Ruiz (2009), que el formato escolar en sí mismo resulta un límite a la
autonomía escolar. Frecuentemente las tareas administrativas exigen una cantidad de tiempo
y esfuerzo que limita las condiciones de posibilidad que pueden aplicarse para reunirse,
dialogar con otros y generar diagnósticos. Del mismo modo esta problemática se expresa en
los bajos niveles de profesionalidad de la tarea docente, donde se deben atender múltiples
situaciones que exceden lo pedagógico, y que se superponen conflictivamente con una
concepción sobre el rol docente y la institución escuela como meros ejecutores. Asimismo
en los relatos emerge el autoritarismo como una práctica presente en las instituciones -que
garantiza niveles de gobernabilidad dentro del sistema-, y que es vivido por los docentes
como una fuente de angustia. Al afectarse directamente las posibilidades de participación se
dificulta la democratización en la generación de diagnósticos y de estrategias de abordaje,
que es reclamada como necesaria y pertinente por los propios docentes. Desde el punto de
vista de las condiciones laborales, se presenta claramente un proceso de precarización
creciente, asociado a la multiplicidad de tareas que deben cumplir y para las que no están
formados, las inadecuadas condiciones edilicias, escasez de recursos e inestabilidad laboral
por falta de titularizaciones, además del reclamo salarial.
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cargamos con los problemas, a veces tenemos que ser como robots, tenemos que hacer todo,
enseñar a los chicos, atender a los alumnos, complacer al directivo, hacer los actos, un sinfín de
cosas ¿no?, magia
un docente que piensa en sus alumnos, pero que está abajo con todos los papeles (señala la
imagen), la parte burocrática supera todo lo pedagógico
…. la escucha, no solamente desde el rol docente sino también desde el rol de directivo (…), que
por ahí le habla al Estado, a quien sea y por ahí no nos escuchan, como nos pasaba a los compañeros,
a veces la infraestructura, que nos quejamos, que no tenemos esto o aquello, que nos faltan bancos,
que la escuela no está en condiciones, es como que todo el tiempo hablamos y se hace oídos sordos
Una escuela muy estructurada, muy burocrática, muy verticalista, hay que hacer lo que ellos
dicen, es una cadena, el directivo baja lo que hay que hacer y el docente hace, después hay otro ojo
o muchos ojos que dicen que nosotros trabajamos cuatro horas y nada más, muchos que opinan y no
saben que la única persona que sabe es la que está adentro del aula, es la que conoce la verdadera
realidad
Nosotros lo veíamos como que es una rueda la educación (…) esta rueda tiene muchas cosas,
tiene los sueños, de ser una maestra titular, también tiene cosas como sueños posibles, por ejemplo,
que se pague el retroactivo a marzo y parte del aguinaldo (aplausos). También decíamos que esta
rueda es un caos adentro, en ese girar se genera un caos, hay miedos, adentro y fuera
En esta compleja realidad pareciera delimitarse un nuevo mandato escolar que cobraría
sentido a la luz de las nuevas condiciones socio-económicas donde la escuela se inscribe.
Este mandato impuesto se asocia a la contención y al cuidado de los alumnos, y colisiona, se
contrapone con el mandato fundante de la escuela en la modernidad, modelo desde el cual
la misma se organiza, y además se forma a los mismos docentes. En otras palabas la nueva
cuestión social se le impone a la escuela (Tenti Fanfani, 2008), con una demanda de
transformación que ésta pareciera no poder procesar con las herramientas que dispone. Este
nuevo mandato es el que nosotras denominamos el ‘mandato de la inclusión’.
Después las funciones que por ahí tienen que sufrir ahora o los papeles que tiene que sufrir el
docente por ejemplo la tarea de médico, de asistir a los niños y todo eso y… de psicólogo
Quisimos representar las partes o los miembros que compone la escuela: los docentes, los
alumnos, el Estado y el proceso. Y nos falta algo, ¿Qué nos falta? La familia, el papá que está ausente
y la mamá que está ausente, porque trabajan constantemente, porque piensan en cómo va a llevar el
alimento a sus hijos, y porque está ausente en la escuela.
Después decíamos que todo esto tiene que ver porque este rol docente está totalmente
desvalorizado, desde los padres como la habíamos planteado, de los propios compañeros que son
colegas que desvalorizan el trabajo del otro y no lo respetan, y también desde el Estado, cuando hace
oídos sordos a esta problemática que es la educación.
Este mandato de la escuela interpela a los docentes desde un saber hacer, un saber de
situación y un conocimiento teórico (Spinosa y Otero, 2008), incluso experiencial, que ellos
no tienen como parte de sus habilidades profesionales. De este modo la escuela es interpelada
con problemáticas de distinta índole, a los que ella puede sólo responder con estrategias y
prácticas originadas en el campo de la pedagogía.
Es así que, si bien desde la política educativa se interpela a la escuela desde la
profesionalidad, la transformación y el cambio, su formato constriñe la puesta en marcha de
esta posibilidad.
Abajo pusimos doble discurso; por un lado nos llaman a capacitarnos, en general, por estas
nuevas tecnologías que quieren ingresar a las escuelas como el uso de la netbook, los celulares,
internet, el uso de internet en la escuelas; por un lado nos llaman a eso, por un lado quieren
modernizar lo que es la educación, pero por el lado de las políticas que se están implementando, la
bajada que se está haciendo, es de un Estado lineal, a tal punto de que se da el premio-castigo, y ese
premio-castigo no es por “CÓMO” educar sino, “cómo” vos como empleado del estado te presentás,
entonces si vos tenés para cumplir todo lo que hace la burocracia como firmar circulares mediante
un régimen de tiempo, si no lo has firmado tenés sumario, si no firmás el libro de firmas tenés
sumario, pero nadie fue al aula a preguntar “¿necesitas esto o aquello nuevo?” ,o experiencias, o
querés compartir con tus otros compañeros lo que está dando resultado para llevar la actividad
diaria.
La obligatoriedad que plantea el artículo 16, premisa fundamental de la nueva ley, debe
cumplirse de modo tal de lograr la igualdad de oportunidades y resultados, a pesar de que las
condiciones de origen del alumnado sean desiguales. Pareciera que la escuela es quien debe
resolver esta difícil ecuación, cayendo lógicamente esta responsabilidad sobre los docentes,
que sabemos sobrecargados de tareas y con una autonomía limitada. Es difícil pensar que,
por ejemplo en aulas superpobladas, aún contando con una netbook cada uno de los alumnos,
puedan desplegarse estrategias orientadas a resolver la incidencia de inequidades
preexistentes. Al respecto un docente nos comentaba:
Éste es el extraño fenómeno que sé que en muchas escuelas hay hacinamiento, muchos chicos en
un aula y bueno, y entra un ojo que me dice “no, con estos chicos tenés que dibujar, si hay 40 cómo
que no vas a poder”, si hay 20, 25 es lo mismo.
ARTÍCULO 16.- La obligatoriedad escolar en todo el país se extiende desde la edad de cinco (5)
años hasta la finalización del nivel de la Educación Secundaria. El Ministerio de Educación,
Ciencia y Tecnología y las autoridades jurisdiccionales competentes asegurarán el cumplimiento
de la obligatoriedad escolar a través de alternativas institucionales, pedagógicas y de promoción
de derechos, que se ajusten a los requerimientos locales y comunitarios, urbanos y rurales, mediante
acciones que permitan alcanzar resultados de calidad equivalente en todo el país y en todas las
situaciones sociales. (…)
ARTÍCULO 32.- El Consejo Federal de Educación fijará las disposiciones necesarias para que
las distintas jurisdicciones garanticen: (…)
b) Las alternativas de acompañamiento de la trayectoria escolar de los/as jóvenes, tales como
tutores/as y coordinadores/as de curso, fortaleciendo el proceso educativo individual y/o grupal de
los/as alumnos/as.
Nuestra sociedad no admite ya la antigua idea de ‘trabajar o estudiar’, y sabe que el único lugar
posible para un adolescente es la escuela; por fuera de ella solo están la explotación o la calle
(Pagina 12, 6/10/12)
Por otra parte de acuerdo a la legislación el alumno debe recibir atención médica y
psicológica en caso de necesitarlo dentro de la escuela (art. 32). Si bien de este modo se
reconoce que distintas problemáticas sociales forman parte de la vida escolar, es complejo
pensar que las mismas puedan resolverse solamente desde la política educativa. Más bien
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deben existir políticas sociales integrales, demanda también compleja habida cuenta de la
crisis que sufre hoy el sector público en general, y particularmente el provincial.
ARTÍCULO 32.- El Consejo Federal de Educación fijará las disposiciones necesarias para que
las distintas jurisdicciones garanticen: (…)
h) La atención psicológica, psicopedagógica y médica de aquellos adolescentes y jóvenes que la
necesiten, a través de la conformación de gabinetes interdisciplinarios en las escuelas y la
articulación intersectorial con las distintas áreas gubernamentales de políticas sociales y otras que
se consideren pertinentes.
Reflexiones finales
En las reflexiones que presentamos a continuación intentaremos dar cuenta de posibles
intersticios en la reflexividad docente desde donde puedan vislumbrarse nuevos significados
a la tarea de educar en la escuela pública hoy.
la palabra crisis, no sólo como algo negativo, como algo difícil sino como también una
oportunidad de reconocernos dentro de esa situación y ver qué podemos hacer al respecto.
En los debates de los docentes emergen críticas a la rigidez del formato escolar, incluso
a su diseño arquitectónico, pero también se proponen alternativas que operan como metáforas
de la necesidad de reflexionar sobre los problemas que tiene la escuela y la necesidad de
encontrarle sentido a la práctica docente, de manera articulada con otras instituciones que se
han reformulado, como por ejemplo la familia.
-pensando en el gráfico de las escuelas, que nos había quedado muy grabado el tema de la
escuela cárcel que sería un ejemplo muy gráfico; habíamos pensado en una escuela, ya que las
escuelas se siguen construyendo como hace muchos años atrás teniendo el mismo modelo, pensamos
(…)
- una escuela circular donde salir y entrar en los distintos aspectos espaciales, donde las distintas
instituciones puedan interactuar, esto es padres, alumnos, docentes, comunidad
-Un lugar donde todos puedan opinar, todos entrando, saliendo de los círculos.
Se visualiza una demanda de apertura de la escuela hacia la comunidad. Una apertura que
además es democrática, cuestionado implícitamente el verticalismo que está presente en las
prácticas escolares.
…revolución en cuanto a posibilidades de implementar cambios y que en realidad esta
posibilidad se puede dar desde los espacios singulares y particulares de cada persona, pero que es
importante ir encontrando en el camino la posibilidad de conectarse con otros, de construir cosas
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más comunitarias, más en conjunto, más popularizadas, para que puedan haber cambios a nivel
macro.
Pareciera que el sentido de educar la escuela no puede hallarlo sola, sino que debe
recontratar un mandato con su comunidad. Es desde aquí que se piensa la apertura
democrática.
Creemos que podemos hacer cambios, que tiene que ver con poder empoderarnos también de
determinados conocimientos, y que también es muy importante el marco institucional, que la escuela
por ahí está muy sola, y que hay ver que apoyo recibe de las otras instituciones, de la sociedad, de
la familia, los juzgados, los ministerios; digamos que todos podamos colaborar, porque de esto solo
no sale nadie.
Los testimonios de los docentes presentan algunas certezas que son importantes al
momento de reflexionar e iniciar el camino a transitar hacia un nuevo contrato escuela-
comunidad que resignifique saberes, valores, necesidades, prácticas, donde destacamos la
mirada privilegiada del docente que hemos retratado en tanto protagonista fundamental de la
dinámica escolar, que construye cotidianamente. Entre esas certezas se encuentran el
conocimiento como uno de los ejes centrales de la relación comunicacional, la necesidad de
apertura, y de instancias de reflexión dentro de la misma escuela, pudiendo lograr un tránsito
que permita transcender una lógica individual donde se intentar resolver aisladamente lo que
pasa en el aula, a una lógica colectiva, comunitaria, colaborativa, donde se puedan pensar las
cuestiones de manera estructural y los abordajes situacionales de manera consensuada y
articulada con todos los actores de la comunidad educativa.
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