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Pretensión

Este documento presenta una unidad sobre la clasificación de acciones y excepciones en el curso de Teoría General del Proceso. Explica conceptos clave como pretensión, acción, orígenes de la acción en el derecho romano, y teorías sobre la naturaleza de la acción. Define la acción como el derecho subjetivo procesal que permite promover un proceso ante un órgano jurisdiccional para obtener una sentencia sobre una pretensión litigiosa. También distingue entre la teoría clásica que identifica la

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Este documento presenta una unidad sobre la clasificación de acciones y excepciones en el curso de Teoría General del Proceso. Explica conceptos clave como pretensión, acción, orígenes de la acción en el derecho romano, y teorías sobre la naturaleza de la acción. Define la acción como el derecho subjetivo procesal que permite promover un proceso ante un órgano jurisdiccional para obtener una sentencia sobre una pretensión litigiosa. También distingue entre la teoría clásica que identifica la

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Universidad Autónoma de Yucatán

Facultad de Derecho. Segundo semestre.


Teoría General del Proceso

Alumno: Silvana Pavía Méndez

UNIDAD II. CLASIFICACIÓN DE LAS ACCIONES Y EXCEPCIONES

Pretensión
La pretensión es uno de los elementos necesarios para la existencia del litigio. Si no hay pretensión,
no puede haber litigio.
Carnelutti: Es “la exigencia de la subordinación del interés ajeno al interés propio”.
Es un querer, una voluntad, una intención exteriorizada para someter un interés ajeno al interés
propio.
De la existencia de un derecho subjetivo se puede derivar una pretensión y de la existencia de la
pretensión se puede llegar a la acción, como una de las formas de hacer valer la pretensión.

Acción -Orígenes
Tiene su origen en la expresión latina actio, que era un sinónimo de actus y aludía, en general, a los
actos jurídicos.
Su significado original era muy amplio, pues podía aplicarse a cualquier acto jurídico.
En el primer periodo del proceso civil romano se denominó legis actiones(actos o acciones de la ley) a
determinados actos solemnes establecidos en la ley que se debían cumplir para obtener la realización
de un juicio y la decisión sobre un punto controvertido.

Durante el segundo periodo del proceso civil romano –llamado del procedimiento formulario o per
formulas–, la actio tuvo también diversos significados: con la fórmula misma, es decir, con la
instrucción escrita en la que el magistrado designaba al juez que debía continuar conociendo del
litigio, ahora en la fase in iudicio, y en la que fijaba los elementos con base en los cuales el juez debía
emitir su decisión, condenando o absolviendo al demandado.

Más tarde, la palabra actio dejó de utilizarse para designar el aspecto exterior del acto, como era la
fórmula, y pasó a ser empleada para aludir a una parte del contenido de esta última: “el derecho que el
actor (hacía) valer contra el demandado”.
Este último significado fue precisamente el que sirvió de base para la teoría que identificó la acción
con el derecho subjetivo sustancial reclamado en juicio.

Una de las definiciones que mejor expresa la opinión predominante en la doctrina iberoamericana
sobre la acción es del destacado procesalista argentino.
Clariá Olmedo:“la acción procesal es el poder de presentar, y mantener ante el órgano
jurisdiccional una pretensión jurídica, postulando una decisión sobre su fundamento, y en su
caso la ejecución de lo resuelto”.
Acción -Concepto
De acuerdo con el pensamiento de Liebman, la acción es un verdadero derecho subjetivo procesal,
pues si bien confiere a la parte actora la facultad de promover la actividad del órgano jurisdiccional
para que, seguido el proceso correspondiente, emita una sentencia sobre la pretensión expresada en la
demanda o en la acusación, también impone al órgano jurisdiccional, cuando la acción cumple los
requisitos o las condiciones legales, el deber de dar trámite a la demanda o a la acusación, de llamar a
juicio a la contraparte, de cumplir con los actos del proceso, de dictar la sentencia y, en su caso,
ordenar su ejecución.

José Ovalle Favela: Acción es el derecho subjetivo procesal que se confiere a las personas para
promover un proceso ante el órgano jurisdiccional, obtener una sentencia de este sobre una pretensión
litigiosa y lograr, en su caso, la ejecución coactiva de la sentencia.
Cipriano G.L: Acción es el derecho, la potestad, la facultad o actividad, mediante la cual un sujeto de
derecho provoca la función jurisdiccional. Consideramos la acción como algo que provoca la función
jurisdiccional del estado.

ACCIÓN
Actualmente la palabra acción tiene numerosos significados, aún circunscribiendo el campo del
derecho procesal. De acuerdo a Couture, la acción, en sentido procesal, cuando menos tiene tres
acepciones: como sinónimo de derecho subjetivo, como sinónimo de pretensión o demanda y
como sinónimo de facultad de provocar la actividad de la jurisdicción.

Acción sinónimo de derecho subjetivo


Se utiliza como sinónimo del derecho subjetivo material que trata de hacerse valer en juicio. Es
común que la parte demandada afirme, al contestar la demanda, que la parte actora “carece de
acción”, es decir, que no tiene el derecho subjetivo material que reclama en juicio.
En el mismo sentido los juzgadores suelen expresar, en los puntos resolutivos de sus sentencias, que
“la parte actora no probó su acción”, fórmula tradicional con la que indican que dicha parte no probó
los hechos en que pretendió basar el derecho subjetivo material que alegó tener en el juicio; en pocas
palabras, que no demostró tener el derecho subjetivo material reclamado.

Acción sinónimo de pretensión o demanda


La palabra acción también suele ser usada para designar la pretensión o reclamación que la parte
actora o acusadora formula en su demanda o en su acusación. En este supuesto se interpreta como la
pretensión de que se tiene un derecho válido y en razón del cual se promueve la demanda respectiva,
de ahí que se hable de demanda fundada e infundada.
La pretensión es la reclamación concreta que la parte actora hace contra la parte demandada, en
relación con algún bien jurídico. Es “lo que pide” el actor en su demanda o el acusador en su
acusación.
En este segundo sentido, es común que se hable de acción fundada o infundada, de acción
reivindicatoria, de acción de pago de pesos, de acción de condena, etcétera.

Acción sinónimo de facultad de provocar la actividad jurisdiccional


Se alude aquí a un poder jurídico que tiene todo individuo como tal y en cuyo nombre es posible
acudir ante los jueces en demanda de amparo de su pretensión. El hecho de que esta pretensión sea
fundada o infundada no afecta la naturaleza del poder jurídico de accionar. Pueden promover sus
acciones en justicia aun aquellos que erróneamente se consideran asistidos de razón. Así, al igual que
Couture, entendemos por acción “no ya el derecho material del actor ni su pretensión a que ese
derecho sea tutelado por la jurisdicción, sino su poder jurídico de acudir ante los órganos
jurisdiccionales”.

TEORÍAS DE LA NATURALEZA DE LA ACCIÓN

En torno al concepto de acción surge la ciencia procesal moderna que se edifica sobre un concepto
autónomo de la acción. Hay dos tipos de doctrinas o de tendencias que tratan de dar respuesta al
interrogante sobre lo que es la acción: la teoría clásica (monolítica) y las teorías modernas o de
la autonomía de la acción.

TEORÍA CLÁSICA (MONOLÍTICA)


TEORÍAS MODERNAS (AUTONOMÍA DE LA ACCIÓN)

Teoría clásica de la Acción:


La teoría clásica es monolítica en el sentido de que no tiene variantes. Se llama clásica porque viene
del derecho romano, de la concepción que los romanos tenían de la acción, la que identificaban con el
derecho sustantivo. La clásica definición de Celso de que la acción es el “derecho de perseguir en
juicio lo que nos es debido”, completada con la adición posterior de los glosadores, dejó la definición
en los siguientes términos: La acción es el derecho de perseguir en juicio lo que nos es debido o lo que
nos pertenece. La adición de los glosadores fue para incluir los derechos reales. Esta identificación de
la acción con el derecho sustantivo o de fondo propició que desde Roma hasta el siglo XIX, las
acciones fueran una parte del estudio de las disciplinas sustantivas.

Teorías de la autonomía de la Acción:


Lo que permite la emancipación y autonomía de la ciencia procesal es la afirmación de que la acción
sea algo distinto y diverso del derecho sustantivo. Esta idea, sostenida con variantes, presenta como
las cinco principales teorías modernas a las que enseguida nos referiremos:
Teoría de la acción como tutela concreta
Teoría de la acción como derecho a la jurisdicción
Teoría de la acción como derecho potestativo
Teoría de la acción como derecho abstracto de obrar
Teoría de la acción como instancia proyectiva

Teoría de la acción como tutela concreta


Las teorías modernas de la acción, al aparecer, hacen al mismo tiempo surgir la ciencia procesal. El
procesalismo científico nace cuando se comienzan a sostener posiciones que preconizan la autonomía
de la acción.La elaboración del nuevo concepto de acción arranca del estudio de Windscheid Referido
a la actio romana y su polémica con Teodoro Muther, que contribuyeron a la diferenciación entre el
derecho a la prestación en su dirección personal y el derecho de acción, como derecho autónomo,
encaminado a la realización de la ley por la vía del proceso.

Muther en su libro “La teoría de la acción romana y el derecho moderno de obrar” concibe la acción
como un derecho público subjetivo mediante el cual se obtiene la tutela jurídica y se dirige
contra el Estado para la obtención de una sentencia favorable y contra el demandado para el
cumplimiento de una prestación insatisfecha. La acción tiene por presupuesto la existencia de un
derecho privado y su violación, pero aunque esté condicionada por el derecho subjetivo, es
independiente de éste y su regulación corresponde al derecho público... Siguiendo a Muther Pero
apartándose de él en ciertos aspectos, Wachen su Manual de derecho procesal y luego en su trabajo La
acción de declaración, considera a la acción como un derecho autónomo contra el Estado y frente al
demandado. De allí sus caracteres: es un derecho público al que corresponde por parte del
Estado la obligación de dispensar la “tutela de derecho”, pero es un derecho concreto en cuanto
su eficacia afecta sólo al adversario: la acción corresponde “a quien tiene derecho” a una
sentencia favorable (teoría de la acción concreta).

Teoría de la acción como derecho a la jurisdicción


Dentro de esta posición se estima que la acción es un acto provocatorio de la jurisdicción. Eduardo J.
Couture es uno de los exponentes más destacados.Distingue este autor entre los conceptos de derecho,
pretensión y acción, y define la acción como “el poder jurídico que faculta para acudir a los órganos
de la jurisdicción, la acción, como poder jurídico de acudir a la jurisdicción, existe siempre: con
derecho (material) o sin él; con pretensión o sin ella, pues todo individuo tiene ese poder jurídico, aun
antes de que nazca su pretensión concreta. El poder de accionar es un poder jurídico de todo individuo
en cuanto tal, existe aun cuando no se ejerza efectivamente”.

Couture: La acción es una forma característica del derecho de petición, es decir, como un derecho de
pedir “ante todas y cualesquiera autoridades”, sin que haya razón para que el poder judicial quede
excluido de los órganos y autoridades ante los cuales los particulares pueden ejercer el derecho de
petición.

Hugo Alsina, quien establece que:[...] si concebimos la acción como un derecho contra el Estado para
la protección de una pretensión jurídica fundada en el derecho privado, la solución aparecerá más
clara, porque el Estado será el sujeto pasivo de una obligación procesal: la que tiene sus órganos
jurisdiccionales de amparar en la sentencia, a quien lo merezca (actor o demandado); en tanto que el
demandado será el sujeto pasivo de la pretensión fundada en la relación sustancial [...] la acción tiene
como fundamento una doble pretensión: por una parte, una pretensión procesal, en la que el actor y el
demandado son los sujetos activos, en cuanto ambos pretenden que el juez, sujeto pasivo, haga actuar
la ley en su favor, admitiendo o rechazando la pretensión jurídica mediante la sentencia; por la otra,
esa pretensión dirigida contra el demandado, a fin de que éste cumpla la prestación a que se obligó o
para que se declare la inexistencia de una obligación, y para que en su caso el Estado actúe
coactivamente para la satisfacción del derecho.

Teoría de la acción como derecho potestativo


Esta tesis de la acción como un derecho potestativo es de Chiovenday se deriva de su definición de
acción como “el poder jurídico de dar vida a la condición para la actuación de la ley por el órgano
jurisdiccional”. Para examinar los puntos más importantes de esta concepción acudimos también a la
obra de Alsina, quien al considerarla expone que en muchos casos es indispensable para la actuación
de la norma, es decir, para la intervención del órgano jurisdiccional, la existencia de una
manifestación de voluntad del particular, porque el tribunal no actúa de oficio, y al modo de expresar
esa voluntad se designa con el nombre de acción. La acción, para Chiovenda, es un poder jurídico de
la categoría de los derechos potestativos, entendidos éstos como los derechos a los cuales no
corresponde una obligación, porque el sujeto a quien está dirigido dicho poder jurídico no es deudor
de una prestación ni debe hacer nada para satisfacer el interés de quien lo ejercita.

Ejemplos de derechos potestativos son: el poder del donante de revocar la donación; del vendedor
con pacto de retroventa, de retrotraer la propiedad; del propietario, de constituirse en
condómino del muro medianero; del condómino de hacer cesar el condominio; del mandante, de
revocar el mandato; etc.
Así, mediante la acción, el demandado queda sujeto, aun contra su voluntad, a la actuación de la ley,
que es lo que particulariza la función jurisdiccional. La acción se caracteriza, entonces, como un
derecho contra el adversario y frente al estado, y por cuyo medio el órgano jurisdiccional sustituye la
actividad del actor para la protección de su derecho y a la del demandado, en su caso, para el
cumplimiento de su obligación. En esta teoría la acción se concibe como un derecho a obtener una
sentencia favorable que se concede a quien tiene razón.

Teoría de la acción como derecho abstracto de obrar


Esta teoría es de gran significación porque representa el punto culminante del desenvolvimiento de la
ciencia procesal.
Así, si la primera teoría, o sea, la de la tutela concreta, aparece frente a las posiciones tradicionales
como pálida y débil, esta posición tiene caracteres de mayor intensidad y de una radicalidad definida.
•Esta posición se proyecta desde el siglo XIX con el autor Degenkolb, así como ya después en el siglo
XX con autores como Liebman, Alfredo Rocco y Ugo Rocco.

Ludovico Mortara, marcha por la senda de Plotxy de Degenkolb y aporta a la doctrina de ellos
algunas puntualizaciones interesantes. Mortara comienza por acoger dos conceptos de acción, uno de
ellos amplio, de acuerdo con el cual la acción sería una relación de derecho público entre las dos
partes y el juez, y otro, más restringido, como facultad de deducir la demanda judicial. De esos dos
conceptos o sentidos que Mortarale da a la palabra acción, el primero fue combatido en Italia, con
argumentos convincentes [...], la doctrina de la relación jurídica procesal sirve para explicar la
naturaleza del proceso, pero no propiamente la de la acción, entonces, de los dos conceptos de acción
que da Mortara, el amplio como sinónimo de relación jurídica entre las partes y el juez, y el
restringido como facultad deducida de demanda judicial, el que hay que utilizar es el segundo.
Para que exista acción basta la simple afirmación de la violación del derecho privado, sin que sea
necesario que esa afirmación sea de buena fe, con lo cual, con la doctrina de Mortara, encuentran
plena explicación las demandas de carácter temerario, o de mala fe [además se puede referir] el
concepto de pretensión a las dos partes [...] como la petición concreta que se formula ante un tribunal
de justicia [...] Mortara dice que en el proceso no hay una sola pretensión, sino dos pretensiones, una
positiva o atacante del actor y otra normalmente de signo contrario.

A nuestro entender esta teoría de la acción como un derecho abstracto de obrar representa el punto
máximo de autonomía de la acción. La acción es, en esta concepción, un derecho que se tiene para
provocar la función jurisdiccional, con o sin fundamento. Se tiene derecho a una sentencia,
independientemente de que sea favorable o desfavorable a los intereses de quien haya iniciado el
proceso.
En la tesis o teoría de la acción, en la cual ésta se considera una tutela concreta, se sostenía por el
contrario el derecho a una sentencia favorable.
En esta teoría de la acción como derecho abstracto de obrar, a la que Alsina llama teoría de la acción
abstracta, [...] la acción es dada no sólo a quien tiene razón, sino a cualquiera que se dirija al juez en
demanda de una decisión sobre una pretensión; la acción, por consiguiente, puede ser deducida aun
por quien esté equivocado y por ello es abstracta del fundamento de la demanda [...] los adversarios de
esta teoría dicen que ella confunde el derecho de acción con la mera facultad jurídica de obrar;
indudablemente para poder dar la razón a quien la tiene es necesario admitir que el que no tiene razón
puede pedir que el juez declare si la tiene o no la tiene, pero en cualquier caso la acción tiene como
fundamento una pretensión que, si prospera, hace que la acción sea admitida, y en caso contrario
determina su rechazo.

Teoría de la acción como instancia proyectiva


Entendemos por instancia una conducta del particular o sujeto de derecho frente al estado, frente a los
órganos de autoridad, por la cual el particular o sujeto de derecho informa, pide, solicita o de
cualquier forma excita o activa las funciones de estos órganos. “El acto jurídico denominado instancia
tiene forzosamente como presupuesto el procedimiento [...] tener derecho de instar es [...] pretender
algo de alguien en un procedimiento.”
Siguiendo el criterio de Briseño Sierra, señalamos las instancias siguientes:
-La petición
-La denuncia
-La querella
-La queja
-El reacertamiento o recurso administrativo
-La acción

LA PETICIÓN es la forma de instar, o instancia, más simple y extendida, y consiste en una actitud
por la cual el ciudadano o gobernado solicita algo del gobernante.
El derecho de petición está consagrado genéricamente por nuestro texto constitucional, que establece
la garantía de la respuesta a la petición formulada por escrito, de manera pacífica y respetuosa,
limitando tal derecho en materia política sólo a los ciudadanos de la república. Por ello, si una
autoridad no responde al gobernado, viola el derecho de petición.

NO REGLADAS: Son aquellas en las cuales el órgano de autoridad no está limitado por ninguna
disposición y tiene un ámbito de discrecionalidad para contestarle al particular.
REGLADAS: Son aquellas que están enmarcadas dentro de un cuadro institucional preestablecido.

LA DENUNCIA: Participación de conocimiento que da el particular a los órganos estatales. Las


informaciones que los gobernados proporcionen de hechos que pueden ser importantes para algunos
aspectos de la administración pública. La denuncia puede ser escrita o verbal. En materia penal, en
todos los delitos que se persiguen de oficio, la denuncia cumple también un papel de suma
importancia, porque al participar los hechos delictivos al ministerio público, éste echa a andar la
maquinaria de investigación para, si procede, ejercitar la acción penal.

LA QUERELLA: La querella es una forma de instancia similar a la denuncia y también consiste en


dar parte a la autoridad. El carácter calificado radica en que la querella sólo puede ser hecha por la
parte directamente afectada por los actos o hechos o interesada en los resultados que éstos produzcan
y que van a ser objeto de la participación al órgano estatal. En materia penal, numerosos delitos se
persiguen precisamente a querella de parte. La querella se presenta ante el ministerio público y sólo la
parte interesada está legitimada para presentarla. En la querella el gobernado sí está legitimado para
presentarse nuevamente ante el órgano de autoridad y desistirse de la querella, haciendo imposible el
ulterior desenvolvimiento de la función o de la actividad estatal que había desencadenado.

La queja explica Briseño Sierra que “la queja tiene con la querella la similitud de la pretensión
sancionadora. Pero [...] en la queja se encuentra una disparidad [el sujeto pasivo es siempre] una
autoridad o persona que actúa en una función pública”
La queja se puede concebir como una instancia hecha ante el superior jerárquico para que imponga
una sanción a un funcionario inferior por algún incumplimiento o falta. Limitamos, pues, la queja a
una instancia ante el superior jerárquico de algún titular de órgano de autoridad, para que ese superior
sancione la falta o incumplimiento del inferior.

El reacertamiento o recurso administrativo

Briseño Sierra expone que la pretensión envuelta en el reacertamiento persigue la revocación de un


acto de autoridad y que, lo fundamental, es la conducta de reacertamiento, entendida aquella como el
examen ulterior de un acertamiento, el que supone la operación de la autoridad que determina los
hechos tipificados por una norma.
El particular, al interponer el reacertamiento, sostiene una inadecuación entre el acto y la norma, lo
cual amerita precisamente ese reacertamiento, o segundo acercamiento, para que, en caso de haber
algún error, corregirlo.

Briseño advierte que se conoce el reacertamiento con la denominación de recurso administrativo, lo


que, sin embargo, no debe llevarnos a la equivocación de pensar que dicha figura sólo se ve en el
campo del derecho administrativo, pues puede encontrar también en el campo procesal “ahí donde no
hay necesidad o posibilidad de instar bilateral como sucede cuando la demanda es desechada o bien en
los llamados procedimientos de jurisdicción voluntaria”
La acción tiene una nota distintiva de las demás instancias, es una instancia proyectiva:
La concepción dinámica del derecho (secuencia entre varias relaciones jurídicas eslabonadas en un
orden lógico y cronológico) este sentido jurídico de la acción permite hablar de una proyectividad,
pues la dirección del acto provocatorio lleva hasta un tercer sujeto, resultando finalmente vinculados
3: accionante, juez y reaccionante, acciona el actor cuando demanda, cuando prueba y alega, como
acciona el demandado cuando prueba, cuando recurre, cuando contrademanda y alega de su
reconvención, ninguna acción va final y definitivamente al juez, el proveimiento de éste es una
mediación, pero la acción se dirige, va directamente a la contraria, el proyectarse de la acción es
propio de la hipótesis normativa que regula el proceso, porque el autor de la norma ha querido que
tres sujetos colaboren en la graduación de una serie dinámica que progresa gradualmente desde la
demanda hasta el auto que cita para oír sentencia.

En la acción, como instancia proyectiva, surge de un gobernado, asciende hasta el órgano estatal
jurisdiccional, que es el juez y desciende hacia un tercer sujeto al que liga y vincula:esencia de la
proyectividad; y es que el acto provocatorio de la función jurisdiccional: la acción, es precisamente
una instancia proyectiva, ya que no se queda ni se detiene en el órgano judicial, sino que se proyecta
hacia un tercer sujeto, vinculándolo y trayéndolo a la relación procesal.

LA EXCEPCIÓN

Excepción-Origen
La palabra excepción ha tenido y tiene, en el derecho procesal, varios significados.
En el derecho romano la exceptio surgió en el periodo del proceso per formulas o formulario, como un
medio de defensa del demandado. Consistía en una cláusula que el magistrado, a petición del
demandado, insertaba en la fórmula para que el juez, si resultaban probadas las circunstancias de
hecho alegadas por el demandado, absolviera a este, aun cuando considerara fundada la intentio del
actor. La posición de la exceptio en la fórmula se ubicaba entre la intentio y la condemnatio.

Excepción-Concepto
Actualmente podemos destacar dos significados:
1. En un sentido amplio, por excepción se entiende el derecho subjetivo procesal que tiene el
demandado para contradecir u oponerse a la acción o a la pretensión hechas valer por la parte actora.
En este sentido, la excepción se identifica con el derecho de defensa en juicio; con lo que con todo
acierto Couture denomina “el derecho procesal de defenderse”. Dentro de este significado también se
designa a la excepción como derecho de contradicción.

Couture:“es el poder jurídico de que se halla investido el demandado, que lo habilita para oponerse a
la acción promovida por el actor”.
Clariá Olmedo: “un poder amplio cuyo ejercicio corresponde a quien es demandado o imputado en
un proceso judicial, y que se satisface mediante la presentación de cuestiones jurídicas (simples
negativas o afirmaciones) opuestas a las postuladas por el actor o acusador mediante el ejercicio de la
acción”.

2. En sentido concreto: Excepción suele designar las cuestiones concretas que el demandado plantea
frente a la acción o a la pretensión del actor. Dichas cuestiones pueden dirigirse a impugnar la
regularidad del proceso mismo (excepciones procesales), o bien a contradecir el fundamento de la
pretensión (excepciones sustanciales). En este sentido específico, se habla más de excepciones que de
excepciones.

Si el demandado alega que el juzgador que está conociendo del asunto no es competente (excepción
de incompetencia); que el supuesto apoderado de la parte actora no acreditó el carácter con que se
ostenta (excepción de falta de legitimación procesal o de personalidad); que el litigio planteado por el
actor ya es objeto de otro proceso (excepción de litispendencia), etc., estará oponiendo una excepción
procesal. En cambio, si el demandado afirma que ya pagó el adeudo (excepción de pago) o que la
obligación ya prescribió (excepción de prescripción), estará haciendo valer una excepción sustancial.

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