LA EUTANASIA
La eutanasia (del latín científico euthanasia y este del griego antiguo εὐθανασία /euthanasía/
'muerte dulce')1 es la intervención voluntaria que acelera la muerte de un paciente terminal con
la intención de evitar sufrimiento y dolor del individuo. La eutanasia está asociada al final de la
vida sin sufrimiento.1
En un sentido más contemporáneo y restringido, la eutanasia es aquel procedimiento
voluntario, intencionado, estudiado y consciente que realiza un médico para acelerar la muerte
de un paciente terminal de algún padecimiento incurable; a solicitud consciente, estudiada y
deliberada del enfermo o familiares, quienes, plenamente enterados de que no existe
tratamiento curativo para la dolencia; le solicitan al médico que la realice sobre el paciente
para así dar fin con el dolor y sufrimiento intolerables e intratables.2
Existen diferentes leyes sobre la eutanasia en cada país. El Comité selecto de Ética
médica de la Cámara de los Lores británica define la eutanasia como «una intervención
deliberada emprendida con la intención expresa de poner fin a una vida, para aliviar el
sufrimiento intratable».3 En los Países Bajos y en Bélgica, es entendida como «la terminación
de la vida por un médico a petición de un paciente».4 Sin embargo, la ley holandesa no usa el
término eutanasia, sino que lo incluye bajo la definición más amplia de «suicidio asistido y
finalización de la vida a petición».5 En Colombia la Corte Constitucional en su sentencia C 239
de 1997 manifiesta que el homicidio por piedad «es la acción de quien obra por la motivación
específica de poner fin a los intensos sufrimientos de otro», y que «doctrinariamente se le ha
denominado homicidio pietístico o eutanásico».6 Por medio de la resolución 1216 de 2015 se
reglamentó la eutanasia en Colombia y se creó el protocolo médico para la aplicación de la
eutanasia.7
La eutanasia está clasificada de diferentes formas: directa e indirecta según el accionar
médico, voluntaria e involuntaria si se cuenta o no con el consentimiento del paciente.8
Historia
La eutanasia se practicó en las antiguas Grecia y Roma. Por ejemplo, la cicuta se empleó en
la isla de Ceos como un medio para acelerar la muerte; técnica que también se empleaba
en Marsella. La eutanasia, en el sentido de la deliberada aceleración de la muerte de una
persona, fue apoyada por Sócrates, Platón y Séneca el Viejo en el mundo antiguo, aunque
parece que Hipócrates había hablado en contra de la práctica, cuando escribió: «no
prescribiré una droga mortal para complacer a alguien, ni dar consejos que puedan causar su
muerte», lo que indica que pudo haber un cierto debate en la literatura sobre si se pretendía o
no incluir la eutanasia.
Período moderno temprano
El término eutanasia en el sentido anterior de apoyar a alguien mientras moría, fue utilizado
por primera vez por el inglés Francis Bacon (1561-1626). En su trabajo Eutanasia
médica eligió esta antigua palabra griega y, al hacer esto, distinguió entre eutanasia interior o
la preparación del alma para la muerte, y eutanasia exterior que pretendía hacer el fin de la
vida más llevadero e indoloro, y en excepcionales circunstancias acortando la vida. Su cambio
de significado a una muerte fácil pasó a primer plano en el periodo moderno temprano como
puede ser visto en la definición que recoje el Grosses vollständiges universal-lexicon aller
wissenschafften und künste (en alemán Gran léxico universal completo de todas las ciencias y
artes) del siglo XVIII d. C.:
«Eutanasia: una muerte muy suave y tranquila, que ocurre sin convulsiones dolorosas. La palabra proviene de
ευ, bene, bueno y θανατος, mors, muerte.»
—Universal Lexicon
El concepto de eutanasia en el sentido de aliviar el proceso de la muerte se remonta al
historiador médico, Karl Friedrich Heinrich Marx (1796-1877) quien se basó en las ideas
filosóficas de Bacon. Según Marx, un médico tenía el deber moral de aliviar el sufrimiento de
la muerte mediante el aliento, el apoyo y la mitigación mediante el uso de medicamentos. Tal
«alivio de la muerte» reflejó el espíritu de la época de la cual fue contemporáneo, pero Marx lo
colocó en el canon de la responsabilidad médica por primera vez. También hizo hincapié en la
distinción entre el cuidado teológico del alma de las personas enfermas desde el cuidado
físico y el tratamiento médico por parte de los galenos.1819
La eutanasia, en su sentido moderno, ha sido fuertemente opuesta a la
tradición judeocristiana. Tomás de Aquino (1225-1274) se opuso, y argumentó que la práctica
de la eutanasia contradecía nuestros instintos humanos naturales de supervivencia,20 así
como también lo hicieron François Ranchin (1565-1641), médico francés y profesor de
medicina y Michael Boudewijns (1601-1681), médico y profesor.2122 Otras voces abogaron por
la eutanasia, como el poeta inglés John Donne (1572-1631) en 1624,23 y la eutanasia continuó
en práctica. En 1678, la publicación del libro De pulvinari morientibus non-
subtrahend (del latín La almohada de los moribundos no debe ser sustraída) de Caspar
Questel, debate sobre el tema. Questel describió varias costumbres que eran usadas en ese
momento para traer la muerte a los moribundos, incluida el retiro de la almohada que, se
creía, aceleraba la muerte; argumentó en contra de tal práctica, pues hacerlo está «contra las
leyes de Dios y de natura».24 Este punto de vista fue compartido por otros que les siguieron,
inlcuidos Philipp Jakob Spener, Veit Riedlin y Johann Georg Krünitz.25 A pesar de la oposición,
la práctica de la eutanasia continuó, involucrando técnicas como la sangría, la asfixia y sacar a
las personas de sus camas para colocarlas en el suelo frío.26
Durante la Ilustración, el suicidio y la eutanasia comenzaron a ser más aceptados.27 Tomás
Moro (1478-1535) escribió sobre la eutanasia en Utopía:
«A los enfermos asisten con gran caridad, no dexando atras ningun medicamento y gobierno de vivir, que le
importe restituir la salud al que le falta. Si alguno padece enfermedad prolija, le entretienen hablando con él, y
sirviéndole aligeran su calamidad; mas si la enfermedad es incurable y de continuo dolor, los Sacerdotes y el
Magistrado le confortan, persuadiéndole que hallándose ya inépto á los oficios de la vida, molesto á los otros,
y pesado á sí mismo, que no quiera sobrepujar á la propia muerte, alimentando la maligna enfermedad, y que
siendo la vida un tormento, no dude el morir, ántes tenga esperanza de salir de tan acervo estado, ó
quitándose él propio la vida, ó dexándose matar; pues dexará, muriendo, aquella miseria, y no comodidades.
Ademas de esto, siguiendo el consejo de los Sacerdotes, intérpretes de la voluntad de Dios, executarán una
obra santa y pia los que se dexan persuadir, y con abstencia fenecen la vida, ó durmiendo se dexan matar;
mas no hacen morir á alguno contra su voluntad, ni faltan á administrarlos en la enfermedad, paraciéndoles
que esta sea una honesta ocupación. Mas si alguno se mata sin el consentimiento de los Sacerdortes y del
Magistrado, no le dan sepultura, y arrojan su cuerpo en una laguna.»
—Utopía28
Aunque para Stolberg no queda claro si Moro tenía la intención de respaldar la práctica.29
Otras culturas han adoptado diferentes enfoques: por ejemplo, en Japón el harakiri, o suicidio
ritual, no ha sido considerado tradicionalmente como pecado, ya que se usa en casos de
honor y, en consecuencia, las percepciones de la eutanasia son diferentes a de las de otras
partes del mundo.30
Inicios del debate moderno sobre la eutanasia
A mediados del siglo XIX d. C., surgió el uso de la morfina para tratar «los dolores de la
muerte». En 1848 el cirujano estadounidense John Collins Warren (1778-1856) recomendó su
empleo. En 1866, el médico británico Joseph Bullar (1815-¿?) reveló una utilización similar
para el cloroformo. Sin embargo ninguno de los dos recomendaba que la ocupación de este
fármaco debería ser para acelerar la muerte. En 1870, el inglés y maestro de escuela Samuel
Williams, inició el debate sobre la eutanasia contemporánea a través de un discurso en
el Birmingham Speculative Club, una sociedad cuyos miembros eran filósofos aficionados que
recopilaba sus trabajos.31 La propuesta de Williams fue usar cloroformo para acelerar
deliberadamente la muerte de pacientes con enfermedades terminales:
«Que en todos los casos de enfermedad desesperada y dolorosa, debe ser el deber reconocido del asistente
médico, siempre que así lo desee el paciente, administrar cloroformo, o cualquier otro anestésico que pueda
reemplazar a este, de forma gradual para destruir la conciencia al primer intento, y disponga al paciente a una
muerte rápida e indolora. Se deben tomar todas las precauciones necesarias para prevenir cualquier posible
abuso de tal deber; lo que implica que debe ser establecido, más allá de la posibilidad de duda o
cuestionamiento, que el remedio fue aplicado por el deseo expreso del paciente».
—Samuel Williams (1872), Euthanasia Williams y Northgate: Londres.31
El ensayo fue revisado favorablemente en el diario The Saturday Review de Londres; pero
apareció una editorial contra el ensayo en la revista semanal británica The Spectator.32 A partir
de ese momento, resultó ser influyente, y otros escritrores se manifestaron a favor de tales
puntos de vista: Lionel Tollemache, octavo conde de Dysart (1794-1878) escribió a favor de la
eutanasia, al igual que la británica Annie Besant (1847-1933), la ensayista y reformadora que
más tarde se involucró con la National Secular Society (Sociedad Nacional Laica),
considerando que era un deber con la sociedad que uno debe «morir voluntariamente y sin
dolor» cuando uno llega al punto de convertirse en una «carga».3233 La revista Popular
Science analizó el tema en mayo de 1873, evaluando ambos lados del argumento.34 Kemp
señala que, en ese momento, los médicos no participaron en la discusión; era «esencialmente
una empresa filosófica [..] vinculada inextricablemente a una serie de objeciones a la doctrina
cristiana de la santidad de la vida humana».32
Aktion T4
El Aktion T4 es el nombre que se le dio, en la posguerra, al asesinato en masa mediante
la eutanasia involuntaria durante la Alemania nazi.a La partícula T4 es una abreviación
de Tiergartenstraße 4, que era la dirección del departamento de la Cancillería, creado en la
primavera de 1940, en el barrio berlinés de Tiergarten, institución que reclutó y pagó al
personal asociado con el T4.b4849 Ciertos médicos alemanes fueron autorizados a seleccionar
pacientes «considerados incurablemente enfermos, después del examen médico más crítico»
y luego administrarles una «muerte por piedad» (Gnadentod).50 Después del final nominal del
programa, los médicos en instalaciones alemanas y austríacas continuaron con muchas de las
prácticas del Aktion T4, hasta la derrota de la Alemania en 1945.
Los asesinatos tuvieron lugar desde septiembre de 1939 hasta el final de la guerra Mundial en
1945, tiempo durante el cual fueron liquidadas entre 275 000 a 300 000 personasc en varios
centros de exterminio ubicados en hospitales psiquiátricos en Alemania y Austria, junto con los
de la Polonia dominada, y los del Protectorado de Bohemia y Moravia (ahora República
Checa).525354 El número de víctimas registradas inicialmente fue un desalentador total de 70
273 personas; el cual ha sido revisado, mostrándose notoriamente al alza, debido al
descubrimiento de víctimas adicionales que figuran en los archivos de la antigua Alemania
Oriental.55d Aproximadamente la mitad de los asesinados fueron tomados de los asilos de las
iglesias, a menudo con la aprobación de las autoridades protestantes o católicas de esas
instituciones.5758
A pesar de que la Santa Sede anunció el 2 de diciembre de 1940 que la política era contraria
a la ley divina natural y positiva y que «el asesinato directo de una persona inocente no esta
permitido, ya sea por defectos mentales o físicos», la declaración no fue confirmada por
algunas autoridades católicas en Alemania. Por otro lado, durante el verano de 1941, las
protestas fueron dirigidas en ese país por el obispo von Galen, cuya intervención, según
Richard J. Evans, condujo al «movimiento de protesta más fuerte, explícito y extendido contra
cualquier política desde el comienzo del Tercer Reich».59
Han sido ofrecidas varias razones para el programa, incluida la eugenesia, la compasión, la
reducción del sufrimiento, la higiene racial, la rentabilidad y la presión sobre el presupuesto de
beneficencia social.606162 La continuación no oficial de la política dio lugar a muertes
adicionales por medicamentos y medios similares, lo que resultó en 93 521 camas «vaciadas»
a finales de [Link] La tecnología que fue desarrollada bajo el programa Aktion T4,
particularmente el uso del gas letal para matar a un gran número de personas, fue
responsabilidad de la división médica del Ministerio del Interior del Reich, junto con el personal
que había participado en el desarrollo de la misma y luego participó en la Operación
Reinhard.66
La tecnología, el personal y las técnicas desarrollas fueron fundamentales para la
implementación de los genocidios nazis.47 Aunque el programa fue autorizado por Hitler, los
homicidios han sido vistos como asesinatos en Alemania. El número de muertos fue
aproximadamente unos 200 000g en Alemania y Austria; en otros países europeos,
aproximadamente 100 000 personas también fueron víctimas letales.5667
En el entendimiento actual, el uso del término «eutanasia» en el contexto del Aktion T4 se le
considera un eufemismo para ocultar un programa de genocidio, en el cual las personas
fueron asesinadas por «discapacidades, creencias religiosas y valores individuales
discordantes» con el régimen nazi.68 Comparado con las discusiones sobre eutanasia que
siguieron al finalizar la guerra, el programa Nazi pudo haber sido redactado en palabras que
parecen similares al uso moderno del término, la diferencia radica en que durante el T4 no
hubo «misericordia» y los pacientes no fueron necesariamente pacientes terminales.68 A pesar
de estas diferencias, el historiador y opositor a la eutanasia Ian Dowbigginescribe que «los
orígenes de la eutanasia Nazi, como los del movimiento estadounidense pro eutanasia,
preceden al Tercer Reich y se entrelazaron con la historia de la eugenesia y el darwinismo
social, como también con los esfuerzos para desacreditar la moralidad tradicional y la ética».69
Clasificaciones de eutanasia
Eutanasia activa legal. Eutanasia pasiva legal. Las leyes de eutanasia varían según la división
administrativa. Suicidio asistido legal. Eutanasia ilegal. Situación desconocida.
La eutanasia está clasificada de diferentes formas: directa e indirecta según el accionar
médico, y voluntaria e involuntaria si se cuenta o no con el consentimiento del paciente
informado y consciente.8
Según el accionar médico
Eutanasia directa: cuando existe una provocación intencional del médico que busca la
terminación de la vida del paciente.92 Esta a su vez posee dos formas:
o Activa o positiva: se le considera activa o positiva (acción) cuando existe un
despliegue médico para producir la muerte de una persona como suministrar
directamente algún tipo de fármaco o realizando intervenciones cuyo objetivo es
causar la muerte.93
o Pasiva o negativa: es pasiva o negativa (omisión) cuando la muerte es producida por
la omisión de tratamientos, medicamentos, terapias o alimentos. En este tipo de
eutanasia, la actuación del médico es negativa pues su conducta es de «no hacer».
En otras palabras se culmina todo tipo de actividad terapéutica para prolongar la vida
de una persona que se encuentre en fase terminal, pues se ha concluido que el
tratamiento es inútil para el mejoramiento del paciente.94
Eutanasia indirecta: es la que se verifica cuando se origina sin la intención de causar la
muerte del paciente. Según la definición de eutanasia la indirecta no lo sería pues uno de
los elementos de esta práctica es la provocación intencional de la muerte. En todo caso, la
indirecta se da como resultado de efectuar procedimientos médicos intensos, con
intención terapéutica, que pueden producir la muerte.95
Según la voluntad del paciente
Voluntaria: es aquella en la cual es el paciente quien toma la decisión o por terceras
personas obedeciendo los deseos que el paciente ha expresado con anterioridad en algún
tipo de documento o grabación.96
No voluntaria: ocurre cuando un tercero toma la decisión pues no es posible averiguar la
voluntad del paciente por la imposibilidad de expresarla o porque este no ha dejado
expresa su voluntad.97
Involuntaria: sucede cuando un tercero toma la decisión pues no es posible averiguar la
voluntad del paciente por la imposibilidad de expresarla, este no ha dejado expresa su
voluntad y no se le consulta a los parientes.98
Conceptos relacionados
Suicidio asistido: Significa proporcionar, en forma intencional y con conocimiento, a una
persona, los medios, procedimientos o ambos necesarios para suicidarse, incluidos el
asesoramiento sobre dosis letales de medicamentos, la prescripción de
dichos medicamentos letales o su suministro. Se plantea como deseo de extinción de
muerte inminenteporque la vida ha perdido razón de ser o se ha hecho dolorosamente
desesperanzada. Cabe destacar que en este caso es el paciente el que voluntaria y
activamente termina con su vida, de ahí el concepto de suicidio. Véase también Eutanasia
voluntaria.
Cacotanasia: Es la eutanasia que se impone sin el consentimiento del afectado. La
palabra apunta hacia una ‘mala muerte’ (siendo kakós: ‘malo’)99
Ortotanasia: Consiste en dejar morir a tiempo sin emplear medios desproporcionados y
extraordinarios para el mantenimiento de la vida. Se ha sustituido en la terminología
práctica por «muerte digna», para centrar el concepto en la condición (dignidad)
del paciente terminal y no en la voluntad de morir.
Distanasia: Consiste en el «encarnizamiento» o «ensañamiento» terapéutico, mediante el
cual se procura posponer el momento de la muerte recurriendo a cualquier medio artificial,
pese a que haya seguridad de que no hay opción alguna de recuperar la salud, con el fin
de prolongar la vida del enfermo a toda costa, llegando a la muerte en condiciones
inhumanas. Normalmente se hace según los deseos de otros (familiares, médicos) y no
según el verdadero interés del paciente.
Adistanasia o antidistanasia: cesación de la prolongación artificial de la vida dejando
que el proceso patológico termine con la existencia del enfermo.
Medicina paliativa: reafirma la importancia de la vida y considera a la muerte como la
etapa final de un proceso normal. La atención que brinda no acelera ni pospone la muerte,
proporciona alivio del dolor y de otros síntomas angustiosos e integra los aspectos
psicológicos y espirituales del tratamiento del enfermo. Le ofrece apoyo de modo que
pueda llevar una vida lo más activa posible hasta la muerte, y a la familia para que pueda
hacer frente a la enfermedad de su ser querido y al duelo.
Sufrimiento: Tener o padecer un daño o dolor físico o moral. Padecer habitualmente una
enfermedad o un trastorno físico o mental.
Tiro de gracia a un soldado con una herida mortal pero lenta y dolorosa. También a un
ejecutado por un pelotón que no muere.
Argumentos en pro y en contra
Históricamente, el debate sobre la eutanasia ha tendido a centrarse en una serie de
preocupaciones clave. Según el estadounidense oncólogo y bioético Ezekiel Emanuel (1957),
opositor a la eutanasia, los partidarios de esta han presentado cuatro argumentos principales:
a) que las personas tienen derecho a la autodeterminación y, por lo tanto, de
permitírseles elegir su destino;
b) ayudar a un sujeto a morir podría ser una mejor opción que requerir que continúen
sufriendo;
c) la distinción entre la eutanasia pasiva, que a menudo está permitida, y la eutanasia
activa, que no es sustantiva, o en la cual el principio subyacente —la doctrina
del doble efecto—, es irrazonable o poco sólida; y
d) permitir la eutanasia no conducirá, necesariamente, a consecuencias inaceptables.
Los activistas a favor de la eutanasia suelen indicar que en países como
Bélgica, Países Bajos, y que en estados de Estados Unidos como el de
Oregón, donde esta ha sido legalizada no ha sido problemático.
De manera similar, Emanuel argumenta que hay cuatro argumentos
principales presentados por los oponentes de la eutanasia:
a) no todas las muertes son dolorosas;
b) están disponibles alternativas como la interrupción del tratamiento activo
combinadas con el uso del alivio efectivo del dolor;
c) la distinción entre eutanasia activa y pasiva es moralmente significativa; y
d) la legalización de la eutanasia colocará a la sociedad en la falacia del efecto
dominó,100 lo que conducirá a consecuencias inaceptables.101
De hecho en el 2013 en Oregón, el dolor no era una de las
cinco razones principales por las cuales las personas
buscaban la eutanasia. Los principales motivos fueron la
pérdida de la dignidad y el temor a ser una carga para los
demás.102
Tomando en cuenta el sufrimiento
De acuerdo con los opositores a la eutanasia, actualmente los dolores son bien tenidos en
cuenta y a menudo son calmados de manera efectiva, especialmente en los servicios de
cuidados paliativos. Lo cual indica un sufrimiento significativo que no es el dolor, por ejemplo:
la pérdida progresiva de control sobre el propio cuerpo, como en el caso de las
enfermedades neurodegenerativas;
la sensación de sofocación;
la deformación del cuerpo y, especialmente, del rostro; y
la pérdida permanente de la autonomía.
La disminución de casos de eutanasia en los Países Bajos entre el 2001 y el 2005 parece ser
atribuible, según los autores de un informe basado en estadísticas sobre la eutanasia; a la
mejora de los cuidados paliativos.117
Algunos médicos y comentaristas objetan la necesidad de introducir la eutanasia en la ley,
debido al progreso, presente y futuro, de la medicina paliativa en la lucha contra el sufrimiento
en su totalidad. Por lo tanto, el genetista Axel Kahn dice: «solucionaría una ley de eutanasia si
esa fuera la única forma de calmar el sufrimiento».106
Argumentos sobre la necesidad y viabilidad de una
introducción controlada
Al enmendar la legislación belga, uno de los argumentos en la exposición de motivos es que la
eutanasia, en un entorno médico, evita prácticas que habrían sucedido de forma clandestina y
permite que los actores sean colocados en condiciones de buena supervisión de las prácticas
y seguridad jurídica.118
Por el contrario, el informe de Sicard publicado en el 2012 en Francia, considera que la
introducción de una forma enmarcada de eutanasia es una ilusión: «la práctica de la eutanasia
desarrolla su propia dinámica resistente al control efectivo y tiende a expandirse».112
Opinión médica
Las opiniones de los médicos sobre la legalización de la eutanasia están divididas. Así lo
muestra una encuesta realizada por el Institut national de la santé et de la recherche
médicale INSERM (Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica); efectuada en el 2003
que muestra que 45 % de los médicos de familia franceses, están a favor de una
despenalización de la eutanasia equiparable al porcentaje obtenido en los Países Bajos. Los
autores del estudio informan que «los médicos más involucrados y cómodos con los cuidados
paliativos y con el seguimiento al final de la vida son, a menudo, más hostiles a la legalización
de la eutanasia», en comparación con «aquellos que se sienten incómodos con los pacientes
al final de su vida». El mismo estudio apunta a una tendencia, particularmente entre los
médicos que no han recibido capacitación específica, en técnicas como la reanimación o la
sedación, equiparándolas con la eutanasia. Finalmente, indica una correlación estadística
entre la tendencia a hacer esta asimilación y el hecho de declararse a favor de la eutanasia.119
En todos los casos, independientemente de si la eutanasia está despenalizada o no, lo que
está en juego para los médicos y los equipos de atención sigue siendo lo ético: la ley no
prevalece sobre la reflexión ética y personal en la elección de los actos al final de la vida,
inyecciones letales, decisión de detener el tratamiento o sedación terminal. En el caso de la
eutanasia en particular, la cuestión de su legitimidad ética no se confunde con la cuestión de
su legalización o despenalización. En este sentido, la filósofa francesa Marta Spranzi señala
que «permitir explícitamente a que los miembros de la profesión médica den muerte, aunque
solo sea con el laudable propósito de aliviar los sufrimientos de los pacientes, incluso por
parte de los propios médicos, como más problemáticos que la realidad del gesto en sí, deber
cumplido en el silencio de la relación médica» a causa de posibles consecuencias.120
En el Reino Unido, el grupo en pro del suicidio asistido Dignity in Dying cita investigaciones
contradictorias sobre las actitudes de los médicos hacia la muerte asistida; en la encuesta
publicada en el 2009 sobre medicina paliativa la cual arroja que el 64 % de los encuestados
apoya la muerte asistida en los casos en los cuales el paciente tiene una enfermedad
incurable y dolorosa, mientras que el 34 % se opone.121 En un estudio revelado en BMC
Medical Ethics el 49 % de los médicos encuestados se opone a cambiar la ley para permitir la
muerte asistida y el 39 % está a favor de tal cambio legal.122
Una encuesta de 2010 realizada en los Estados Unidos de América entre más de 10
000 médicos, encontró que el 16.3 % de los médicos consideraría suspender la terapia para
mantener la vida si la familia lo exige, incluso en la creencia de ser prematuro.
Apróximadamente 54.5 % no lo haría, y el 29.2 % restante respondió «depende».123 El estudio
también encontró que el 45.8 % de los médicos estuvieron de acuerdo en que el suicidio
asistido por un médico debería ser permitido en algunos casos, mientras que el 40.7 % no lo
estuvo; y el 13.5 % restante sintió que dependía.123
Puntos de vista religiosos
Los puntos de vista religiosos sobre la eutanasia son variados. Si bien el punto de vista sobre
el tema no necesariamente se entrelaza directamente con la religión, a menudo afecta la
opinión de una persona. Si bien la influencia de la religión en los puntos de vista de alguien
hacia los cuidados paliativos hace una diferencia, a menudo desempeñan una función más
pequeña de lo que podría esperarse. Se realizó un análisis de la conexión entre la religión de
los adultos estadounidenses y su punto de vista sobre la eutanasia para ver cómo se
combinan. Los hallazgos concluyeron que la afiliación religiosa con la que cada persona se
asocia no necesariamente se relaciona con su postura al respecto de la eutanasia.124 Las
investigaciones muestran que, si bien muchos pertenecen a una religión específica, es posible
que no siempre vean todos los aspectos de la eutanasia como relevantes para ellos.
Algunos análisis de metadatos han apoyado la hipótesis de que las actitudes de las
enfermeras hacia la eutanasia y el suicidio asistido por médicos están influenciadas por su
religión y su cosmovisión. Atribuir más importancia a la religión también parece hacer que sea
menos probable un acuerdo con la eutanasia y el suicidio asistido por un médico.125 Un estudio
de opinión pública realizado en 1995 encontró que la tendencia a ver una distinción entre la
eutanasia activa y el suicidio se ve claramente afectada por la afiliación religiosa y el nivel de
educación.126 En Australia, más médicos sin afiliación religiosa formal simpatizaron con la
eutanasia voluntaria activa, y reconocieron que la habían practicado a diferencia de los
médicos que dijeron tener alguna filiación religiosa. De aquellos que se identifican con una
religión e informan de una afiliación protestante fueron intermedios en sus actitudes y
prácticas entre los grupos agnóstico, ateo y católico. Los católicos registraron actitudes más
opuestas, pero aún así el 18 % de los médicos católicos encuestados registraron que habían
tomado medidas activas para provocar la muerte de aquellos pacientes que lo solicitaron.127
EN CONTRA ESTA:
Distanasia
La distanasia, encarnizamiento, obstinación o ensañamiento terapéutico es el empleo de
todos los medios posibles, sean proporcionados o no, para prolongar artificialmente la vida y
por tanto retrasar el advenimiento de la muerte en pacientes en el estado final de la vida, a
pesar de que no haya esperanza alguna de curación.1
ESTA RELACIONADO CON:
Ortotanasia
La ortotanasia o muerte digna designa la actuación correcta ante la muerte por parte de
quienes atienden al que sufre una enfermedad incurable o en fase terminal.
Por extensión se entiende como el derecho del paciente a morir dignamente, sin el empleo de
medios desproporcionados y extraordinarios para mantener la vida. En este sentido, ante
enfermedades incurables y terminales se debe procurar que se actúe con tratamientos
paliativos para evitar sufrimientos, recurriendo a medidas razonables hasta que llegue la
muerte.
La ortotanasia se distingue de la eutanasia en que la primera nunca pretende adelantar
deliberadamente la muerte del paciente.