Fabulas
El águila, el cuervo y el pastor
Lanzándose desde una cima, un águila arrebató a un corderito. La vio un cuervo
y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal
conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al
máximo sus alas no logró soltarse. Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al
cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños. Le preguntaron
sus hijos acerca de qué clase de ave era aquella, y les dijo:
- Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.
Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente estás
preparado, no en lo que no te corresponde.
El León y la liebre
Sorprendió un león a una liebre que dormía tranquilamente. Pero cuando estaba a
punto de devorarla, vio pasar a un ciervo. Dejó entonces a la liebre por perseguir
al ciervo. Despertó la liebre ante los ruidos de la persecución, y no esperando
más, emprendió su huída. Mientras tanto el león, que no pudo dar alcance al
ciervo, ya cansado, regresó a tomar la liebre y se encontró con que también había
buscado su camino a salvo.
Entonces se dijo el león:
-- Bien me lo merezco, pues teniendo ya una presa en mis manos, la dejé para ir
tras la esperanza de obtener una mayor.
Si tienes en tus manos un pequeño beneficio, cuando
busques uno mayor, no abandones el pequeño que ya tienes,
hasta tanto no tengas realmente en tus manos el mayor.
Las ranas y el pantano seco
Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se secó, por lo cual
lo abandonaron para buscar otro con agua. Hallaron en su camino un profundo
pozo repleto de agua, y al verlo, dijo una rana a la otra:
-- Amiga, bajemos las dos a este pozo.
-- Pero, y si también se secara el agua de este pozo, -- repuso la compañera --,
¿ Cómo crees que subiremos entonces ?
Al tratar de emprender una acción, analiza primero las
consecuencias de ella.
El lobo y la cabra
Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio. Como no
podía llegar a donde estaba ella le dijo:
-- Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer. Además, mira este prado donde
estoy yo, está bien verde y crecido.
Pero la cabra le dijo:
-- Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a tí mismo, siendo yo tu plato.
Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con
sus engaños.
Los dos perros
Un hombre tenía dos perros. Uno era para la caza y otro para el cuido. Cuando
salía de cacería iba con el de caza, y si cogía alguna presa, al regresar, el amo le
regalaba un pedazo al perro guardián. Descontento por esto el perro de caza,
lanzó a su compañero algunos reproches: que sólo era él quien salía y sufría en
todo momento, mientras que el otro perro, el cuidador, sin hacer nada, disfrutaba
de su trabajo de caza.
El perro guardián le contestó:
-- ¡ No es a mí a quien debes de reclamar, sino a nuestro amo, ya que en lugar de
enseñarme a trabajar como a tí, me ha enseñado a vivir tranquilamente del trabajo
ajeno !
Pide siempre a tus mayores que te enseñen una preparación y
trabajo digno para afrontar tu futuro, y esfórzate en
aprenderlo correctamente.
El gallo y la comadreja
Una comadreja atrapó a un gallo y quizo tener una razón plausible para
comérselo. La primera acusación fue la de importunar a los hombres y de
impedirles dormir con sus molestos cantos por la noche. Se defendió el gallo
diciendo que lo hacía para servirles, pues despertándolos, les recordaba que
debían comenzar sus trabajos [Link] la comadreja buscó una segunda
acusación: que maltrataba a la Naturaleza por buscar como novias incluso a su
madre y a sus hermanas. Repuso el gallo que con ello también favorecía a sus
dueños, porque así las gallinas ponían más huevos.
-- ¡ Vaya -- exclamó la comadreja --, veo que bien sabes tener respuesta para
todo, pero no por eso voy a quedarme en ayunas ! -- y se lo sirvió de cena.
Para el malvado decidido a agredir, no lo para ninguna clase
de razones.
El buey y el mosquito
En el cuerno de un buey se posó un mosquito.
Luego de permanecer allí largo rato, al irse a su vuelo preguntó al buey si se
alegraba que por fin se marchase.
El buey le respondió:
-- Ni supe que habías venido. Tampoco notaré cuando te vayas.
Pasar por la vida, sin darle nada a la vida, es ser
insignificante.
El oso y la zorra
Se jactaba un oso de amar a los hombres por la razón de que no le gustaban los
cadáveres. La zorra le replicó:
-- ¡Quisieran los dioses que destrozaras a los muertos y no a los vivos !.
Nunca pienses en destruir lo que es útil. Si quieres mejorar
algo que funciona, tómalo como base inicial, sin dañarlo, y
no como material de desecho.
El sol y las ranas
Llegó el verano y se celebraban las bodas del Sol. Regocijábanse todos los
animales del acontecimiento, faltando poco para que también las ranas fueran de
la partida; pero una de ellas exclamó:
-¡Insensatas! ¿Qué motivo tenéis para regocijaros? Ahora que es él solo, seca
todos los pantanos; si toma mujer y tiene un hijo como él ¿qué nos quedará por
sufrir?
Antes de celebrar un acontecimiento, primero ve sus futuras
consecuencias.
El jardinero y las hortalizas
Un hombre se detuvo cerca de un jardinero que trabajaba con sus legumbres,
preguntándole por qué las legumbres silvestres crecían lozanas y vigorosas, y las
cultivadas flojas y desnutridas.
-Porque la tierra-repuso el jardinero-, para unos es dedicada madre y para otros
descuidada madrastra.
Del interés que se ponga en un asunto, así se desarrollará y
así será el fruto que se recoja.
Las gallinas y la comadreja
Supo una comadreja de que en un corral había unas gallinas enfermas, y
disfrazándose de médico, cogió los instrumentos del oficio y se acercó al
gallinero. Ya en la puerta, preguntó a las gallinas que cómo les iba con su salud.
-¡Mucho mejor si tú te largas!- le respondieron.
Sisomos precauciosos, podremos descubrir las falsas poses
de los malvados.
El ciego
Érase una vez un ciego muy hábil para reconocer al tacto cualquier
animal al alcance de su mano, diciendo de qué especie era. Le
presentaron un día un lobezno, lo palpó y quedó indeciso.
-No acierto - dijo, si es hijo de una loba, de una zorra o de otro animal de
su misma cualidad; pero lo que sí sé es que no ha nacido para vivir en un
rebaño de corderos.
La naturaleza de la maldad se puede notar en una sola de sus
características.
El negro
Cierto hombre llevó a trabajar a su propiedad a un negro, pensando que su color
provenía a causa de un descuido de su anterior propietario.
Una vez en su casa, probó todas las jabonadas posibles, intentó toda clase de
trucos para blanquearlo, pero de ninguna manera pudo cambiar su color y
terminó poniendo enfermo al negro a fuerza de tantos intentos.
Lo que la naturaleza diseña, se mantiene firme.
La liebre y la tortuga
Cierto día una liebre se burlaba de las cortas patas y lentitud al caminar de una
tortuga. Pero ésta, riéndose, le replicó:
-Puede que seas veloz como el viento, pero yo te ganaría en una competencia. Y
la liebre, totalmente segura de que aquello era imposible, aceptó el reto, y
propusieron a la zorra que señalara el camino y la meta.
Llegado el día de la carrera, arrancaron ambas al mismo tiempo. La tortuga nunca
dejó de caminar y a su lento paso pero constante, avanzaba tranquila hacia la
meta. En cambio, la liebre, que a ratos se echaba a descansar en el camino, se
quedó dormida. Cuando despertó, y moviéndose lo más veloz que pudo, vió
como la tortuga había llegado de primera al final y obtenido la victoria.
Con seguridad, constancia y paciencia, aunque a veces
parezcamos lentos, obtendremos siempre el éxito.
El joven y el escorpión
Un joven andaba cazando saltamontes. Ya había capturado un buen número
cuando trató de tomar a un escorpión equivocadamente.
Y el escorpión, mostrándole su ponzoña le dijo:
- Si me hubieras tocado, me hubieras perdido, pero tú también a todos tus
saltamontes.
Cuando hayas hecho un capital con tu trabajo, cuida de no
perderlo por tratar de tomar lo que no debes.
El pastor y el mar
Un pastor que cuidaba su rebaño en las costas, veía al mar muy calmado y suave,
y planeaba con hacer un viaje de comercio. Entonces vendió todo su rebaño y lo
invirtió en un cargamento de dátiles, y se echó a la mar. Pero vino una fuerte
tempestad, y estando en peligro de hundirse la nave, tiro por la borda toda la
mercancía, y escasamente escapó con vida en la barca vacía. No mucho tiempo
después cuando alguien pasaba y observaba la ordenada calma del mar, él le
interrumpía y le decía:
-De nuevo está el mar deseando dátiles y por eso luce calmado.
Nunca generalices conclusiones basándote en un solo
suceso.
La mosca
Cayó una mosca en una olla llena de carne. A punto de ahogarse en la salsa,
exclamó para sí misma:
-- Comí, bebí y me bañé; puede venir la muerte, no me importa ahora.
Al irresponsable no le importa el fracaso si su llegada a él le depara buenos
momentos.
El buey y la rana
Un buey que llegó a beber a una charca donde había un grupo de ranas jóvenes,
pisó y aplastó a una de ellas matándola. Cuando llegó la madre y notó la ausencia
de una de sus hijas, preguntó a sus hermanas qué había pasado con ella. "Está
muerta, madre querida; ya que ahora mismo una bestia muy enorme con cuatro
grandes patas vino a la charca y la aplastó de muerte con su talón hendido."
La madre, hinchándose al máximo, preguntó,
-¿Si la bestia fuera tan grande como este tamaño?-
-Para, madre, de hincharte-, dijo una hija, -y no te enojes; ya que puedo
asegurarte que más pronto te reventarás que imitar con éxito la inmensidad de
aquel monstruo."
Cuando uno es maltratado, es mejor escuchar el consejo
prudente que actuar incorrectamente por el deseo de
venganza.
El ratón y el toro
Un toro fue mordido por un ratón, y enfadado por la herida, intentó
capturarlo. Pero el ratón alcanzó su seguridad en su agujero. Aunque el toro cavó
en las paredes con sus cuernos, se cansó antes de que pudiera alcanzar al ratón, y
poniéndose de cuclillas, se quedó durmiendo fuera del agujero. El ratón se
asomó, se arrastró furtivamente hacia su flanco, y mordiéndolo otra vez, se retiró
de nuevo a su agujero. El toro se levantó, y no sabiendo que hacer, quedó
tristemente perplejo.
Entonces el ratón dijo,
-Los grandes no siempre prevalecen. Hay momentos cuando los pequeños y
humildes son los más fuertes para hacer sus actuaciones.-
Nunca desprecies el valor de los pequeños.
El pavo real y Hera
El Pavo real hizo la queja a Hera que, mientras el ruiseñor complacía cada oído
con su canción, él mismo, apenas abría su boca, era el hazmerreír de todos
quienes lo oían. La diosa, para consolarlo, dijo.
-Pero tú eres excelentemente excedido en belleza y tamaño. El esplendor de la
esmeralda brilla en tu cuello y despliegas una cola magnífica con el plumaje
pintado.
--¿Pero con qué objetivo tengo yo,-- dijo la ave, --esta belleza muda mientras
que soy superado en el canto?
--La función de cada uno,-- contestó Hera, --ha sido adjudicada por la voluntad
de los destinos : a ti, belleza; al águila, fuerza; al ruiseñor, canto; al cuervo,
augurios favorables, y a la corneja, augurios desfavorables. Y todos deben estar
contentos por los atributos asignados.
Sé siempre conciente de cuáles son tus capacidades y
habilidades para saber emplearlas en lo mejor posible, con
plena satisfacción.