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La Edad de Oro del Capitalismo (1945-1973)

Este documento describe el periodo de posguerra entre 1945 y 1973 conocido como la "Edad de Oro del Capitalismo". Durante este tiempo, hubo un rápido crecimiento económico en todo el mundo impulsado por la reconstrucción, la cooperación internacional y las políticas keynesianas. Sin embargo, persistieron las desigualdades entre los países desarrollados, que crecieron al 4% anual, y los países en desarrollo, cuyo crecimiento fue insuficiente para converger. Además, surgió la Guerra Fría entre el bloque capital

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Este documento describe el periodo de posguerra entre 1945 y 1973 conocido como la "Edad de Oro del Capitalismo". Durante este tiempo, hubo un rápido crecimiento económico en todo el mundo impulsado por la reconstrucción, la cooperación internacional y las políticas keynesianas. Sin embargo, persistieron las desigualdades entre los países desarrollados, que crecieron al 4% anual, y los países en desarrollo, cuyo crecimiento fue insuficiente para converger. Además, surgió la Guerra Fría entre el bloque capital

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TEMA 4

LA EDAD DE ORO DEL CAPITALISMO (1945-1973)


Tema 4. La edad de oro del capitalismo (1945-1973)

Índice

Introducción

4.1. Guerra y recosntrucción

4.1.1. Reconstrucción y concordia: el triunfo de la cooperación

4.1.2. El nuevo orden económico internacional: los acuerdos de Bretton

Woods y otras actuaciones

4.1.3. El nuevo papel del Estado y las políticas keynesianas

4.2. Un crecimiento económico sin precedentes

4.2.1. Un periodo de convergencia

4.2.2. El pleno empleo

4.2.3. Los cambios en la estructura productiva: crecimiento y cambio estructural

4.2.4. La estabilidad monetaria y cambiaria

4.2.5. La meora de los niveles de bienestar

4.3. Los fundamentos o las causas del crecimiento

4.3.1. La importación de tecnología y la convergencia hacia Estados Unidos

4.3.2. La relevancia de la cooperación internacional

4.3.3. Los círculos virtuosos del crecimiento o la expansión de la demanda

4.4. Las economías de planificación centralizada

4.4.1. Significación e importancia del bloque comunista

4.4.2. Guerra y reconstrucción en la URSS

4.4.3. El crecimiento desequilibrado de las economías del bloque comunista

4.4.4. Las causas del fracaso del modelo comunista

4.5. Los obstáculos al desarrollo económico del tercer mundo

5.5.1. El lastre de la herencia colonial tras la independencia política

5.5.2. Las causas del subdesarrollo

4.6. Las inversiones directas y las primeras multinacionales

4.6.1. El fracaso de la economía autárquica

4.6.2. La industrialización y la convergencia hacia la economía europea


Introducción

Los conflictos políticos y sociales del periodo de entreguerras (1918-1939), agravados por la

gran depresión económica de los años treinta (1929-1939), desembocaron en la Segunda Gue-

rra Mundial (1939-1945), un conflicto bélico que enfrentó a las potencias aliadas (que eran las

democracias capitalistas y el régimen comunista soviético) contra las potencias del eje (que eran

economías capitalistas gobernadas por dictaduras fascistas). Nada más terminar la guerra, una

vez derrotadas las potencias del eje, se planteó en Europa la opción entre dos sistemas econó-

micos diferentes: el capitalismo y el comunismo, que entablaron, pronto, una fuerte pugna ideo-

lógica y, poco después, ciertas hostilidades políticas, que dieron comienzo a la llamada guerra

fría (1947), que terminó por configurar dos bloques:

- El bloque capitalista, en el que predominaban las democracias, pero en el que se

integraron algunas dictaduras como la de Salazar en Portugal y la de Franco en

España. En este ámbito, como complemento de los mercados, las democracias

desarrollaron el Estado del Bienestar, que adquirió distintas manifestaciones en

Europa occidental, Estados Unidos o Japón.

- El bloque comunista, en el que se consolidaron las dictaduras de los partidos

comunistas y en el que sobresalió el modelo soviético, copiado con algunas va-

riantes, en la Europa del Este y en China, además de otros países (Corea, Vietnam

y la propia Cuba).

Entre 1947 y 1973, uno y otro bloque alcanzaron altas tasas de crecimiento, cuya explicación

desarrollaremos más adelante.

También tras la guerra, entre 1945 y 1973, adquirió creciente importancia el tercer mundo, consti-

tuido, en general por los países no alineados con ninguno de los dos bloques anteriores y ajenos,

en cierta forma, a la guerra fría (al menos inicialmente). Sus economías eran subdesarrolladas,

o como se las conoció más adelante, economías en vías de desarrollo. Muchos de estos países

mantuvieron políticas proteccionistas, lo que unido a su elevada incapacidad social para poder

aprovechar las modernas tecnologías (al carecer de las instituciones capitalistas que promovie-

1
ran el crecimiento económico) puede explicar el subdesarrollo o atraso económico. Con todo,

también aquí se produjeron tasas de crecimiento positivas, aunque insuficientes para generar

procesos de convergencia con las economías más desarrolladas.

Así, los años de 1945 a 1973 se caracterizaron por una rápida reconstrucción de las zonas más

afectadas por la guerra (1945-1950), por un nuevo orden económico internacional y por un creci-

miento continuado, que se extendió por la casi totalidad del planeta. Algunos indicadores fueron:

- El PIB mundial creció a una elevada tasa, cercana al 5 por ciento anual, promedio

alcanzado por casi todas las grandes regiones del planeta, exceptuando a Japón,

que se situó por encima del 9 por ciento. Esto quiere decir que las diferencias

interterritoriales en el desarrollo económico prácticamente se mantuvieron. Según

Barciela (2005), desde una perspectiva mundial, las diferencias interregionales se

estrecharon sólo ligeramente, aunque siguieron siendo elevadísimas, en propor-

ción de 13 a 1 en 1973, cuando habían sido de 15 a 1 en 1950.

- El comportamiento demográfico fue muy diferente entre los países desarrollados

y los del tercer mundo y en sentido opuesto al crecimiento del PIB. La población

aumentó a un ritmo superior a la media en América Latina, África y Asia y, menor

a la media, en las regiones avanzadas, particularmente en la Europa occidental.

- En consecuencia, el crecimiento en términos de PIB per cápita presentó una dis-

tribución todavía más favorable a los países avanzados, que se situaron por enci-

ma del 4 por ciento anual, mientras que otras regiones, menos avanzadas, apenas

llegaron al 3 por ciento.

2
Cuadro 4.1. Crecimiento del PIB, de la población y del PIB por habitante:

mundo y principales regiones, 1950-1973 (tasas de crecimiento anual medio)

PIB POB PIB/pc

Europa occidental 4,81 0,70 4,08

Paíse de inmigración europea 4,03 1,55 2,44

Japón 9,29 1,15 8,05

Asia (sin incluir Japón) 5,18 2,19 2,92

América Latina 5,33 2,73 2,52

Europa del Este y la URSS 4,84 1,31 3,49

África 4,45 2,33 2,07

Mundo 4,91 1,92 2,93

Fuente: Barciela (2005), p.340

Antes de referirnos a los pormenores de la reconstrucción y al propio devenir económico de las

tres grandes áreas (capitalista, comunista y tercer mundo), queremos anotar, siquiera brevemen-

te, las grandes consecuencias económicas y geopolíticas de la Segunda Guerra Mundial, que a

decir de Comín (2011) fueron:

1. La expansión del comunismo en Europa y Asia. Tras la guerra, la Unión Soviética

consolidó su control sobre la Europa del Este, estableciendo gobiernos comu-

nistas en los llamados países satélites (de la URSS), que se mantuvieron hasta

la caída del muro de Berlín (1989). También se extendió en Corea del Norte y en

Vietnam, además, claro, de en China en 1949, tras una larga guerra civil. A decir

de Comín (2011), al contrario de lo que sucedió con el Imperio Mongol, este blo-

que comunista, que dominó el norte de Eurasia, fue un factor de desintegración

económica.

2. La divergencia de Europa frente a América del Norte se amplió. Durante la guerra

y la inmediata posguerra (1939-1950), Europa occidental se alejó todavía más del

líder económico mundial.

3
n Por un lado, Estados Unidos, que no se vio afectado territorialmente por el

conflicto, llevó a cabo un enorme gasto militar que impulsó la actividad produc-

tiva y, sobre todo, generó importantes innovaciones tecnológicas en la energía

atómica, en la electrónica, en la química, en la industria farmacéutica, en el

transporte aéreo y en la obtención de determinados materiales. También tuvo

notables progresos, iniciados con anterioridad, en los métodos de montaje en

cadena y de producción en masa, así como en la gestión de personal dentro de

las empresas.

n Por otro, Europa occidental se vio muy afectada por la guerra en vidas huma-

nas, en infraestructuras, en viviendas y en fábricas. Incluso, al final de la guerra,

millones de europeos carecían de una alimentación básica, que sólo comenzó

a cambiar a partir del Plan Marshall (1947).

3. El desencadenamiento de la guerra fría. Las dos potencias mundiales que surgie-

ron tras la Segunda Guerra Mundial (EE.UU y URSS) no tardaron en percatarse de

que sus objetivos geoestratégicos eran totalmente incompatibles entre sí:

n Ya en 1946, el intento de mantener por parte de la URSS bases navales en Tur-

quía, Norte de Irán y en otros países del Levante fue contrarrestado por EE.UU,

desplegando la VI Flota por el Mediterráneo Oriental.

n El año de 1947 fue decisivo en el inicio de la guerra fría:

v En ese año se proclamó la Doctrina Truman, que permitía a Estados Uni-

dos defender a las naciones libres frente a invasiones extranjeras, en

respuesta a los intentos de la URSS de establecerse en Grecia y Turquía.

v El año de 1947 fue también un año de malas cosechas y de escasez de

divisas en Europa occidental, cuestionándose la capacidad de recons-

trucción y ampliándose la influencia de los partidos comunistas en el

occidente europeo. Ante esta situación, EE.UU puso en marcha el Plan

Marshall, que exigía (a cambio) a los países receptores liberalizar sus

mercados, excluir a los comunistas de sus gobiernos y coordinar sus

estrategias económicas.

4
n En 1948, Stalin impuso en Checoslovaquia un gobierno proclive a la URSS, al

tiempo que bloqueó el transporte terrestre en Berlín. En ese mismo año, Gran

Bretaña, Francia y el Benelux firmaron un tratado de ayuda mutua.

n En 1949, se firmó el Tratado del Atlántico Norte y Estados Unidos aprobó la

ley de control de las exportaciones para impedir que los países occidentales

pudieran vender mercancías a los países de Europa oriental.

n En 1950, estalló la Guerra de Corea, que no acabó hasta 1954.

Una vez iniciada la guerra fría, el comercio entre el este y el oeste europeos se

redujo bastante, situación que se mantuvo durante cuatro décadas.

4. Los procesos de descolonización en Asia y África. Pese a la intención declarada

de Francia y de Gran Bretaña de mantener sus colonias, la dominación colonial

europea se vio amenazada desde 1950 y sus imperios se esfumaron en las dos

décadas siguientes. El proceso de descolonización se debió a diversos facto-

res:La divergencia de Europa frente a América del Norte se amplió. Durante la

guerra y la inmediata posguerra (1939-1950), Europa occidental se alejó todavía

más del líder económico mundial.

n Debilitamiento económico y financiero de las metrópolis europeas, que dispu-

sieron de menos recursos para defender militarmente sus antiguas colonias.

n El desprestigio de dichas metrópolis durante la guerra al no poder defender a

sus colonias, que se vieron ocupadas por alemanes, italianos o japoneses.

Estados Unidos se mostró hostil al imperialismo de la Europa Occidental y

n apoyó la independencia de algunas de ellas (Marruecos, Argelia e Indonesia).

n Los éxitos independentistas de unas contagiaban los procesos de otras.

5. Las políticas de sustitución de importaciones y el proteccionismo en el tercer

mundo. La interrupción del comercio internacional durante la Segunda Guerra

Mundial perjudicó a unas naciones y favoreció a otras. Entre los países que pros-

peraron durante el conflicto destacaron los latinoamericanos. Éstos se habían

especializado en vender productos agrarios y primeras materias y en comprar

productos industriales, principalmente a los países de Europa Occidental. Debido

5
al bloqueo británico del transporte marítimo hacia la Europa ocupada por los na-

zis y a la reconversión de las industrias británica y alemana hacia la economía de

guerra, los países latinoamericanos, como Argentina o Brasil, se encontraron con

una protección exterior natural por la situación extraordinaria de la guerra, que fue

aprovechada por los gobiernos respectivos para impulsar la producción industrial

propia (política de sustitución de importaciones), que creció intensamente en mu-

chos países latinoamericanos entre 1939 y 1945.

Al finalizar la guerra, empresarios y asalariados exigieron a los gobiernos que le-

vantaran una protección arancelaria frente al exterior. Esto es, presionaron para

que se estableciera y se impulsara una política de sustitución de importaciones,

que se extendió a muchos países latinoamericanos y a otros de Asia y África. Así,

en la India, tras la guerra mundial, el proteccionismo fue impulsado por los indus-

triales, que apoyaban al partido del Congreso.

A decir de Comín (2011), estas fuerzas proteccionistas en los países del tercer

mundo, surgidas de las acciones de los empresarios y los funcionarios, fueron

reforzadas, a su vez, por las tendencias geopolíticas que dominaron el panorama

político de la posguerra.

6
4.1. Guerra y reconstrucción

A una guerra que fue muy costosa en términos de financiación y de destrucciones (materiales y

humanas) siguieron una rápida reconstrucción y un intenso periodo de crecimiento económico,

cuyas bases fueron la cooperación dentro de las naciones y entre las naciones, el nuevo orden

económico internacional y la mayor implicación del Estado en los asuntos económicos y sociales.

La Segunda guerra Mundial tuvo un elevado coste en vidas humanas. Las victimas alcanzaron

los 16 millones de combatientes, más otros 26 millones de civiles. A ello hay que añadir los mi-

llones de heridos e inválidos permanentes y la masiva movilización de recursos para la guerra.

Tal vez lo peor fue que, por primera vez en la historia, se produjo el aniquilamiento en masa de

población civil no combatiente y se desplegaron políticas de exterminio, planificadas por los go-

biernos totalitarios contra minorías raciales y opositores políticos.

En cuanto a los costes económicos, no haremos valoración alguna del conflicto bélico, aunque

no podemos desconocer el gigantesco esfuerzo financiero llevado a cabo por los contendientes.

Valgan dos ejemplos: en 1943, Alemania dedicaba el 70 por ciento de la renta a gastos militares,

la URSS el 61 por ciento, Japón el 43 y Estados Unidos el 42 por ciento. Por otro lado, la pro-

ducción norteamericana de aviones pasó de 5.856 unidades en 1939 a 96.318 en 1944. Todo un

ejemplo del esfuerzo productivo en torno al conflicto.

4.1.1. Reconstrucción y concordia: el triunfo de la cooperación

La recuperación económica y la paz se lograron de forma muy rápida. En 1950, el milagro de la re-

cuperación económica de Europa era una realidad. La mayoría de los países habían alcanzado el

nivel más alto del PIB anterior a la guerra, destacando el crecimiento productivo del sector industrial.

¿Cómo fue posible una recuperación tan rápida? La respuesta a esta pregunta es muy compleja,

pero tiene una clave: la voluntad (política) de cooperación entre todos los países y la ausencia

de medidas revanchistas. El triunfo de la concordia y de la paz. El convencimiento de que otra

Europa era posible, que la guerra era el mayor de los males y que había que evitar, a toda costa,

un nuevo conflicto. Comín (2011) al escribir sobre las nuevas estrategias económicas del mundo

occidental señala que “los cambios políticos e institucionales desarrollados en el mundo occi-

7
dental tras la Segunda Guerra Mundial fueron una reacción frente a las políticas practicadas en el

(calamitoso) periodo de entreguerras”. Especialmente significativo fue el viraje de la política eco-

nómica en la posguerra, cuyos principales acuerdos, tomados en Bretton Woods, fueron inspi-

rados por la cooperación y la concordia de los países occidentales y del propio Estados Unidos.

En lo que se refiere a Europa occidental, los cambios más sobresalientes fueron:

- Al finalizar la guerra, los vencedores no humillaron ni exigieron reparaciones a los

vencidos, sino que establecieron vías para ayudarles a recuperarse económica-

mente.

- Los gobiernos intervinieron de inmediato para proteger a los ciudadanos de la

inestabilidad de los mercados (inflación y desempleo) y para evitar situaciones

desastrosas como la hiperinflación de los primeros años veinte, después de la

Primera Guerra Mundial.

- Los gobiernos subvencionaron a los productores agrarios con el fin de evitar las

desastrosas consecuencias de la caída de los precios (agrarios) para miles de

explotaciones.

- Se produjo una rápida normalización de las relaciones económicas internaciona-

les a través de la liberalización del comercio exterior y del establecimiento de un

sistema monetario internacional con tipos de cambio fijos.

- Los partidos de izquierdas, sobre todo los poderosos partidos comunistas de

occidente, lucharon más por el pleno empleo, la estabilidad de los precios, la

reconstrucción y crecimiento económico que por “liquidar el capitalismo”. Una

política menos revolucionaria, que hacía frente al autoritarismo de Moscú y que

trataba de adaptarse a occidente, muy exigido por el Plan Marshall y la política de

Estados Unidos.

En cuanto a Estados Unidos hay que destacar:

- la “corrección de errores del pasado”. Esto es, tras la guerra, dicho país asumió

el liderazgo económico y político del mundo occidental, que le llevó a impulsar la

cooperación internacional en las cuestiones comerciales y financieras, a ayudar

8
a la reconstrucción europea y a evitar futuros enfrentamientos en el viejo conti-

nente. A través del Plan Marshall, EE.UU exigió reformas económicas y obtuvo

importantes concesiones militares.

4.1.1. Reconstrucción y concordia: el triunfo de la cooperación

El nuevo orden mundial se fue diseñando durante la guerra con una activa participación de Esta-

dos Unidos, cuya implicación fue decisiva para la rápida recuperación y el posterior crecimiento

económico. Algunas actuaciones fueron:

- En 1941, el Congreso de EE.UU aprobó la Ley de Préstamo y Arriendo, que pro-

porcionaba una generosa ayuda militar a todos los países cuya defensa se consi-

deraba vital para el propio país norteamericano y para la contienda bélica.

- En 1944, tuvo lugar la creación de la UNRRA (United Nations Relief and Rehabili-

tation Administration) para la ayuda a Europa.

- También en 1994, en Bretton Woods, ingleses y norteamericanos, acompañados

por otros muchos representantes de diferentes países, diseñaron el futuro marco

de las relaciones económicas internacionales, creándose el Banco Internacional

para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD), el Fondo Monetario Internacional

(FMI) y pergeñando lo que había de ser el GATT (General Agreementon Tariffs and

Trade, Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio), que se reunió, por primera

vez, en 1947. Según Comín (2011), los acuerdos de Bretton Woods se basaron en

tres creencias generalizadas entre los economistas que habían vivido las catás-

trofes económicas del periodo de entreguerras:

n Primera, proponían constituir organismos que facilitaran la cooperación inter-

nacional: en la diplomacia (ONU), en el Sistema Monetario Internacional (FMI)

en el comercio mundial (GATT) y en la reconstrucción económica (BIRD).

n Segunda, eran partidarios de aplicar las políticas macroeconómicas discrecio-

nales (fiscales y monetarias) para estabilizar las economías nacionales.

n Tercera, preferían los tipos de cambio fijos, pero ajustables, que favorecían el

comercio (sistema patrón dólar oro).

9
Sin duda, la efectividad de estas nuevas políticas económicas se manifestó en la

rápida recuperación del comercio internacional tras la Segunda Guerra Mundial.

En 1949, ya se había recuperado el volumen de comercio de 1938.

- En 1945, en San Francisco, se creó Naciones Unidas (ONU), con el propósito de

erradicar la guerra como medio de la solución de conflictos.

- En 1947, se diseñó y aprobó el ERP (European Recovery Program), popularmente

conocido como el Plan Marshall, un proyecto que culminó la implicación de Esta-

dos Unidos en la reconstrucción de Europa occidental, al tiempo que la defendía

militarmente frente a la URSS. En este punto, Comín (2011) señala que las varia-

bles políticas fueron determinantes para la recuperación económica de Europa,

especialmente desde 1947, al iniciarse la guerra fría. A partir de entonces, ambas

potencias (EE.UU y URSS) exigieron a sus respectivos aliados que cerraran filas

en torno a sus bloques políticos, al tiempo que financiaban su reconstrucción y

favorecían su integración económica frente al otro.

n Los países de la Europa Occidental se decantaron hacía el capitalismo de mer-

cado y empezaron a recibir cuantiosas ayudas, principalmente a través del Plan

Marshall. Hasta entonces, las ayudas habían sido pequeñas, salvo las prove-

nientes del UNRRA (1944). Después de 1947, del inicio del Plan Marshall, los

americanos exigieron que los comunistas salieran de los gobiernos europeos,

impulsaron la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (1951)

y alentaron la creación de organismos de integración regional.

n Por su parte, en la zona bajo influencia de a Unión Soviética ocurrió algo pare-

cido. Entre 1945 y 1947, los países de la Europa del Este realizaron una política

de reconstrucción no muy dispar de la Europa Occidental, pero a partir de

la última fecha (1947), la URSS comenzó a prestar ayuda, vendiendo energía

y materias primas a precios reducidos, impulsando integraciones regionales,

prohibiendo cualquier participación en el Plan Marshall y, claro, estableciendo

En definitiva, el inicio de la guerra fría (1947) influyó poderosamente en la rápida

reconstrucción económica de las dos Europas, la del Oeste y la del Este.

10
4.1.3. El nuevo papel del Estado y las políticas keynesianas

La recuperación y el crecimiento económico posterior fueron resultado, también, de nuevos

planteamientos procedentes de la teoría keynesiana, que reivindicaba un papel activo del Estado

en el sostenimiento de la demanda efectiva y del empleo y en la lucha contra la crisis. Esto es,

se intensificó el papel de los gobiernos para corregir los fallos del mercado. En su intervención,

los Estados recurrieron a nuevas políticas macroeconómicas (fiscal y monetaria) y también a la

creación de empresas públicas. Puede decirse que el capitalismo liberal del siglo XIX y primeros

años del XX fue sustituido por las economías mixtas en las que el Estado tuvo un protagonismo

destacado junto al propio mercado.

- El sector público adquirió peso e importancia, creando empresas públicas y, so-

bre todo, nacionalizando sectores enteros, como los servicios de red (electrici-

dad, agua, gas, aviación, ferrocarriles, telefonía), algunas industrias básicas (si-

derurgia, construcción naval, aeronáutica, transformados metálicos, química) y

algunos sectores en crisis como la industria del carbón. Unos y otros siempre

orientados por el mercado.

La acción del Estado se desarrolló básicamente a través del presupuesto (política

fiscal) y de la concertación social (políticas de rentas), decisivos ambos para pro-

mover el crecimiento económico y garantizar el Estado del Bienestar.

Veamos, más detenidamente, estos dos últimos.

4.1.3.1 La política fiscal discrecional: el triunfo del keynesianismo

En la edad de oro, el tamaño del presupuesto público en relación al PIB aumentó de manera

notable. Es más, tras 10


la guerra, los europeos perdieron el temor al déficit presupuestario y utili-

zaron la política fiscal para combatir las crisis económicas, para promover el crecimiento y para

redistribuir la renta. También, claro, para asegurar la viabilidad del Estado del Bienestar, cuyos

objetivos prioritarios fueron la consecución del pleno empleo, el suministro de los seguros y ser-

vicios sociales básicos y, desde 1947, la lucha contra la inflación.

El Estado del Bienestar moderno fue creado en el Reino Unido, según la pautas del Informe

11
Breveridge de 1942. Todos los partidos apoyaron la implantación del Sistema Nacional de la Se-

guridad Social, que suministró los servicios sociales de sanidad, vivienda y educación gratuitos

a toda la población, además de los seguros sociales unificados (desempleo, enfermedad, viude-

dad, orfandad y jubilación). Todo ello exigía un aumento del gasto público y requería la instaura-

ción de un sistema tributario progresivo, que fueron utilizados como contrapartidas para que los

trabajadores firmaran los pactos sociales, que incluían moderación salarial y flexibilización del

mercado de trabajo. El gasto público subió, entonces, hasta el 40 por ciento del PIB.

La creación del Estado del Bienestar y el consiguiente aumento del gasto público requirieron

reformas fiscales que aumentaron la presión fiscal (impuestos/PIB) y generalizaron los impues-

tos progresivos sobre la renta, el patrimonio y las herencias en la Europa democrática. Estas

reformas tributarias acentuaron el efecto redistributivo (a favor de las rentas bajas) de los gastos

sociales y también contribuyeron a mitigar los ciclos económicos. En efecto, el impuesto de la

renta y el seguro de desempleo son considerados como estabilizadores automáticos del ciclo,

en el sentido de que amortiguan los incrementos o los descensos de la renta disponible de los

consumidores (la renta que les queda a los contribuyentes después de pagar los impuestos y

de recibir las transferencias del Estado), que es la que determina la demanda del consumo. De

hecho, los estabilizadores automáticos terminan moderando los ciclos. Por esta razón, muchos

autores explican la estabilidad macroeconómica y el pleno empleo de las décadas de 1950 y

1960 por la generalización de la política keynesiana, caracterizada por la aplicación discrecional

de la política fiscal. Una aplicación discrecional por parte del Estado, que podía actuar con un

sensible retraso o podía verse influida, en exceso, por el ciclo político, esto es, por las promesas

electorales cada cierto tiempo, contraviniendo lo sugerido por el propio Keynes (en las fases de

crecimiento económico, los gobiernos habían de conseguir superávits, para proceder a la amor-

tización de la deuda emitida durante la crisis).

4.1.3.2 La concertación social y la política de rentas.

Las políticas de concertación social favorecieron el crecimiento económico de las democracias

europeas, pues redujeron los conflictos laborables y afianzaron la estabilidad social, de la que se

había carecido durante el periodo de entreguerras. De hecho, consistieron en la negociación de

12
trabajadores y empresarios, bajo la tutela del gobierno, para limitar el crecimiento de los salarios,

por un lado, y para asegurar la reinversión de los beneficios, por otro.

- El ámbito empresarial se vio incentivado a la reinversión de beneficios a través de

subvenciones y desgravaciones fiscales, al tiempo que se veían beneficiados por

las políticas monetarias expansivas, con bajos tipos de interés.

- Los trabajadores obtuvieron compensaciones de los gobiernos por su colabora-

ción para mantener la moderación salarial, mediante su participación en consejos

de administración de las empresas y mediante la creación de una red de seguri-

dad social que les protegía de los riesgos laborales (Estado del Bienestar).

Dichos pactos sociales contaron con una extensa base política (la democratización de los regí-

menes políticos europeos y la acción de los partidos de masas) y su éxito se debió, en buena

medida, a la extensión de las clases medias.

4.2. Guerra y reconstrucción

Durante la edad de oro del capitalismo (1950-1973) se produjo una serie de fenómenos, de una

gran intensidad, desconocidos hasta entonces: convergencia real entre las economías desarro-

lladas, pleno empleo, cambios estructurales en la producción, estabilidad monetaria y cambiaria

y, finalmente, mejoras en los niveles de bienestar.

4.2.1. Un periodo de convergencia

Las tasas de crecimiento del PIB por habitante de las principales naciones desarrolladas del

mundo entre 1950 y 1973 (Europa Occidental más los países de inmigración europea) dejan ver:

- Un avance general en todos los países, aunque más intenso en Europa Occiden-

tal (4,08) que en los países de inmigración europea (2,44).

- Entre los europeos, el crecimiento fue mayor en los países atrasados del sur (Gre-

cia 6,21; España, 5,79; y Portugal, 5,66)) que en los del norte ya industrializados,

cuya tasa media fue del 3,93, si bien, las trayectorias de Alemania (5,02), Italia

(4,95) y Francia (4,05) fueron bastante intensas.

13
Cuadro 4.2. Tasas medias de crecimiento del PIB por habitante de los

principales países desarrollados, 1950-1973

Australia 4,94 Grecia 6,21

Bélgica 3,55 Irlanda 3,04

Dinamarca 3,08 Portugal 5,66

Finlandia 4,25 España 5,79

Francia 4,05

Alemania 5,02 Total Europa. Occ. 4,08

Italia 4,95

Países Bajos 3,45 Australia 2,34

Noruega 3,19 Nueva Zelanda 1,72

Suecia 3,07 Canadá 2,74

Suiza 3,08 Estados Unidos 2,45

Reino Unido 2,44 4 países de inm europea 2,44

12 países E.Occ.

Fuente: Barciela (2005), p.351

- La diversidad de tasas, esto es, de ritmos de crecimiento, tuvo como resultados:

n Un cambio relativo de cierta importancia en la distribución del PIB en el mundo,

pues Europa Occidental y Estados Unidos perdieron participación, ganada casi

en exclusiva por Japón, cuyas tasas fueron elevadas. Entre 1950 y 1973, la

participación relativa fue:

1950 1973

Europa Occidental 26,3 25,7

Estados Unidos 27,3 22,2

Japón 3,0 7,7

Subtotal 56,6 55,4

14
n Un proceso de convergencia entre países desarrollados, destacando el acerca-

miento de Europa Occidental a Estados Unidos, que empieza a cerrar la brecha

abierta en el periodo de entreguerras y en la propia Segunda Guerra Mundial, si

bien en 1973 dicho proceso no había alterado, en esencia, la desigualdad. Se-

gún Comín (2011), en los 15 países que formarían la Unión Europea después de

1986, el crecimiento económico fue intenso durante los años de 1950 a 1973,

durante los cuales el PIB por habitante europeo occidental tendió a converger

con el de Estados Unidos. En una visión de largo plazo, siendo 100 el PIB/h de

Estados Unidos, la Europa de los 15 evolucionó de la siguiente manera:

1913 57

1950 47

1973 65

2003 72

Esto es, en los años de guerras y de entreguerras, Europa Occidental divergió

de Estados Unidos, mientras que durante la segunda mitad del siglo XX se pro-

dujo una mayor convergencia, más intensa entre 1950 y 1973 que en el último

cuarto del siglo XX (1973-2003).

4.2.2. El pleno empleo

El número de empleados creció en todos los países desarrollados, aumentando también el por-

centaje de la población activa, fruto, en parte, de la incorporación de la mujer al mercado de

trabajo.

En este ámbito destaca el crecimiento del empleo en Japón, el alto nivel alcanzado por la URSS y

la mediocre trayectoria de España, que ya reflejaba la baja capacidad de generación de empleo,

hecho tradicional de la economía española. Asimismo, existieron diferencias entre los países de-

sarrollados de la Europa Occidental.

15
En consecuencia, las cifras de desempleo fueron bastante reducidas. La tasa media de paro del

periodo de 1950 a 1973 fue:

5
4,5
4
3,5
3
2,5
2
1,5
1
0,5
0
Europa Occidental Japón Estados Unidos

Al margen de otras diferencias y singularidades, el periodo de 1950 a 1973 se caracterizó por

unas excepcionales oportunidades que condujeron a una situación prácticamente de pleno em-

pleo, lo que contrasta vivamente con los problemas de paro que azotaron a la Europa de entre-

guerras y a lo que sucedió tras la crisis petrolífera de 1973.

4.2.3. Los cambios en la estructura productiva: crecimiento y cambio estructural

El crecimiento económico de la edad de oro estuvo acompañado de un notable cambio estruc-

tural, caracterizado por el declive del sector agrario (primario), un cierto reforzamiento del sector

industrial (secundario) y un notable avance de los servicios (terciario), que anunciaba la creciente

terciarización de la economía de los países desarrollados.

- El declive del sector agrario en los países desarrollados se muestra de forma clara

a través de la estructura del empleo. Los porcentajes de población activa agraria

en los principales países occidentales así parecen mostrarlo (véase cuadro).

Pese a este claro descenso de la mano de obra activa en el campo (también de la

aportación al PIB respectivo), el sector agrario no perdió su importancia en la eco-

nomía de los países desarrollados. Esto es, la pérdida de peso de la agricultura

no quiere decir que ésta permaneciera estancada. Más bien sucedió lo contrario,

pues durante la edad de oro se difundió en Europa la revolución verde.

Ésta incorporó a la agricultura nuevas variedades de semillas, más y mejores

maquinarias (principalmente tractores) y diversos productos químicos, desde los

16
abonos artificiales hasta los productos fitosanitarios. Tales innovaciones aumen-

taron la productividad agraria de la tierra y del trabajo por encima, incluso, de la

productividad industrial, aunque exigieron cuantiosas inversiones, que endeuda-

ron a la agricultura, obligada, desde entonces, a comprar a la industria la mayoría

de los inputs (semillas, máquinas y abonos). Además, a partir de entonces, la

agricultura comenzó a consumir fuertes dosis de energía fósil, como combusti-

ble o como nutrientes, con el resultado de que el sector agrario se convirtió en

contaminador neto del medio ambiente. También, los cambios descritos fueron

insuficientes para la autonomía financiera del sector, que requirió protección de la

competencia exterior y ayudas económicas, ya sea subvencionando la produc-

ción, ya primando las exportaciones.

Con todo, después de la revolución neolítica y de la revolución agraria del siglo

XVIII, la revolución verde del siglo XX, con los fertilizantes artificiales y las semillas

seleccionadas, constituyó otro avance importante en la producción y transforma-

ción de los alimentos, que permitió un nuevo crecimiento de la población

Cuadro 4.3. Estructura del empleo por sectores, 1950-1973. Porcentajes.

Primario Secundario Terciario

1950 1973 1950 1973 1950 1973

Francia 28,3 10,9 34,9 38,5 36,8 50,6

Gran Bretaña 5,1 2,9 46,5 41,7 48,4 55,4

Alemania 22,2 7,1 43,0 46,6 34,8 46,3

Japón 48,3 13,4 22,6 37,2 29,1 49,4

Estados Unidos 13,0 4,1 33,3 32,3 53,7 63,6

Fuente: Barciela (2005), p.354

- Paralelamente se produjo un cierto avance, no generalizado, de la mano de obra

activa en el sector industrial, paralelo a los cambios en la composición del pro-

ducto y en los mismos productos. El textil redujo presencia, mientras que au-

mentaban la química y los productos metálicos y salía reforzada la agroindustria.

17
- Por último, cabe señalar el crecimiento generalizado del sector servicios, que en

1973 empleaba ya a casi un 50 por ciento de la población activa, impulsado por

el desarrollo de los servicios tradicionales (bancarios, seguros comunicaciones y

telecomunicaciones) y también por el avance de nuevos servicios vinculados al

desarrollo del Estado del Bienestar.

4.2.4. Un periodo de convergencia

Todo este proceso de crecimiento y de cambios estructurales se produjo en un marco de gran

estabilidad monetaria y cambiaria. La inflación media del periodo fue reducida (%):

0
Europa Occidental Japón Estados Unidos

El contraste con el periodo de entreguerras y los lustros siguientes a 1973 resulta evidente, siendo

Alemania un ejemplo claro de la estabilidad de precios, después del ajetreado periodo de entre-

guerras. Asimismo, los cambios exteriores de las monedas tuvieron una gran estabilidad, facilitada

por los acuerdos de Bretton Woods y el adecuado funcionamiento del sistema de cambios fijos.

4.2.5. La mejora de los niveles de bienestar

El crecimiento económico de este periodo llegó a amplias capas de la sociedad, que mejoraron y

diversificaron su alimentación, que lograron más y mejores vestimentas y, sobre todo, que aumen-

taron los niveles de consumo de ciertos bienes duraderos, especialmente de los electrodomésti-

cos y del automóvil. También accedieron a servicios sanitarios y educativos generalizados. En de-

finitiva, en estos años, los europeos y occidentales trabajaron menos, tuvieron más tiempo libre y

enormes oportunidades para disfrutarlo, dispusieron de viviendas más confortables y equipadas,

se vistieron y alimentaron mejor, su educación se amplió y recibieron mayores atenciones sanitarias.

18
4.3. Los fundamentos o las causas del crecimiento

El crecimiento económico de esta época resultó excepcional, ahora toca entender sus causas.

En las últimas décadas, historiadores y economistas se han esforzado en determinarlas y, sobre

todo, en medir la importancia relativa de cada factor (tierra, trabajo y capital) y su impacto cuan-

titativo en el crecimiento.

Según Barciela (2005), el porcentaje del crecimiento explicable por los factores tierra, trabajo y

capital fue relativamente bajo en los países desarrollados y muy alto en los subdesarrollados y

en la URSS. En concreto, los tres factores, de forma conjunta, explican el 90 por ciento del cre-

cimiento de la URSS, el 74 por ciento del de Asia y el 66 por ciento del de América Latina, pero

sólo un 38 por ciento el de los países de la OCDE:

¿A qué se debió entonces el crecimiento de los países de la OCDE?

Unos y otros autores coinciden en señalar las mejoras no cuantificables de los propios factores

productivos como las principales responsables del crecimiento. Esto es, una amalgama de va-

riables de tipo cualitativo, de carácter institucional, como bien pueden ser la racionalización en la

organización empresarial y las innovaciones tecnológicas derivadas de la cooperación interna-

cional y de la americanización de Europa o las sucesivas reformas institucionales (internaciona-

les y nacionales) que permitieron mejorar la asignación de recursos, entre ellos la liberalización

de los mercados interiores y los mayores gastos del Estado del Bienestar. Por esta razón, dan

importancia a la masiva transferencia de tecnología desde Estados Unidos hacia Europa (y Ja-

pón) (3.1) y al espíritu de cooperación entre las naciones y en el interior de los distintos países

(3.2), como elementos a tener en cuenta para entender el crecimiento económico de los países

occidentales, sin desatender los círculos virtuosos del crecimiento (3.3), derivados del aumento

del consumo interno y de la expansión de la demanda externa.

Antes de referirnos a los diferentes epígrafes, queremos señalar algunos rasgos de la aportación

de los diversos factores de producción al crecimiento económico de la Europa occidental, que a

decir de Comín (2011) fue diversa:

19
- La contribución del factor tierra fue casi nula, porque no hubo ampliaciones de

la superficie cultivada, siendo el incremento de la producción resultado de una

intensificación de los cultivos, debido a las inversiones.

- El aumento de la oferta de trabajo sí fue apreciable, impulsado, sobre todo, por las

migraciones internacionales y por el masivo éxodo rural, del campo a la ciudad,

de la agricultura a la industria y a los servicios. A finales de los sesenta se incor-

poraron al mercado de trabajo, además, la masiva generación del baby boom y

las mujeres.

- También fue importante la aportación de la inversión en capital físico, fundamen-

talmente en maquinaria y equipos productivos, lo que incrementó la relación ca-

pital/trabajo y la contribución de la inversión en capital humano, que aumentó los

índices de escolarización.

Con todo, el aumento en la dotación de los tres factores anteriores sólo explica el 38

por ciento del crecimiento (como ya hemos anotado), quedando el porcentaje restan-

te relacionado con factores fundamentalmente institucionales, que veremos a continuación.

4.3.1. La importación tecnológica y la convergencia hacias los Estados Unidos

El rápido crecimiento de la Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial puede explicarse,

en parte, por la teoría de la convergencia, según la cual la importación de tecnología (nortea-

mericana) permitió el acercamiento de la productividad por trabajador (y de la renta per cápita)

de los países europeos (que partían con una tecnología obsoleta) hacia la economía líder (que

estaba en la frontera de posibilidades de producción). Esto es, la importación de tecnología y

de organización empresarial permitió recuperar terreno perdido a Europa frente a la nación que

tenía el liderazgo tecnológico, Estados Unidos. Se produjo, así, una reducción de la brecha tec-

nológica abierta entre 1918 y 1945. Para que ello tuviera lugar, hicieron falta dos situaciones que

lo favorecieran:

- Por un lado, Estados Unidos facilitó la exportación de tecnologías (con la excep-

ción de la tecnología nuclear), estimulando los viajes de los europeos (funciona-

rios, empresarios, sindicalistas, estudiantes, etc.) a este país para aprender las

20
- tecnologías y los métodos de producción y animando a las grandes empresas

multinacionales a realizar inversiones directas y a ceder tecnología a los países de

la Europa occidental.

- Por otro, Europa supo y pudo explotar con eficiencia dicha tecnología al disponer

de instituciones capitalistas adecuadas y al invertir en capital social fijo, principal-

mente en infraestructuras y en educación.

En suma, las ganancias de productividad en Europa derivaron de la adopción de los sistemas

de producción en masa y de la organización científica del trabajo, así como de la importación de

otras muchas innovaciones tecnológicas norteamericanas.

4.3.2. La relevancia de la cooperación internacional

El espíritu de cooperación entre naciones y en el seno de los propios países, así como su de-

sarrollo y consolidación institucional fue otro factor (crucial) del crecimiento económico tras la

Segunda Guerra Mundial. Dicha cooperación fue posible por el liderazgo de Estados Unidos, que

apoyó la creación de organismos internacionales y apadrinó la construcción de los organismos

de cooperación europeos. Los primeros se gestaron, principalmente, en los acuerdos de Bretton

Woods (sobre los que ya hemos escrito), mientras que los segundos nacieron bajo el impulso del

Plan Marshall.

La cooperación e integración europeas, apoyadas y casi exigidas por el empeño y desempeño

de los Estados Unidos, fueron imprescindibles para el surgimiento del capitalismo coordinado

en Europa, con diversos efectos positivos: impulso del comercio intraeuropeo, preparación de la

competencia frente a otros países y, en fin, estabilización política, económica y financiera.

La cooperación e integración europeas, que trataban de resolver problemas comunes, se fueron

concretando en las siguientes instituciones:

- En primer lugar, los gobiernos europeos cooperaron para la reconstrucción de la acti-

vidad comercial, creando la Unión Europea de Pagos (1950) y aceptando el código de

liberalización de la Organización Europea para Cooperación Económica (OECE), que

se había creado, en 1948, para coordinar la distribución de la ayuda norteamericana.

21
- En segundo lugar, los países europeos cooperaron para desarrollar sus indus-

trias básicas, creando en 1951, la Comunidad Económica del Carbón y del Acero

(CECA), que habría de coordinar la producción industrial de los países miembros.

- En tercer lugar, la CECA y sus organismos sirvieron de modelo para la creación

de la Comunidad Económica Europea (CEE), en 1957, una unión aduanera que

creaba un mercado común, protegido del exterior por un arancel colectivo y sin

aduanas interiores. Simultáneamente se creó la Comunidad Europea de la Energía

Atómica (EURATOM), organismo para el desarrollo de la industria nuclear.

En definitiva, la cooperación e integración europeas fueron factores claves del crecimiento eco-

nómico europeo durante las décadas de 1950 y 1960.

4.3.3. Los círculos virtuosos del crecimiento

Los países occidentales se beneficiaron, asimismo, de la acción de dos círculos virtuosos del

crecimiento, uno interno y otro internacional, ambos relacionados con el impulso de la demanda.

- El interno se manifestó como la expansión equilibrada del consumo, privado y

público, bien lubricado por el desarrollo del sistema crediticio. Así, el aumento de

la población, el crecimiento de las retribuciones, la disponibilidad del crédito y la

expansión de la demanda pública se convirtieron en factores determinantes del

crecimiento económico.
-
Otro círculo virtuoso afectó al comercio exterior. La demanda externa de produc-

tos impulsaba la aceleración de los planes de inversión de las empresas. En 1973,

las exportaciones constituían una parte fundamental de la producción de los paí-

ses europeos, como eran el caso de Holanda (40,7 por ciento del PIB), Alemania

(23,8) y Francia (15,2). Estados Unidos exportaba menos, pero tenía un mercado

interno amplio y profundo.

22
4.4. las economías socialistas planificadas

Tras la Segunda Guerra Mundial, y como consecuencia del avance del ejército soviético, en los

países de la Europa del Este se impuso un sistema económico socialista, radicalmente distinto

de las economías capitalistas occidentales. También en China (1949) y en algunas antiguas colo-

nias de Asia y África, además de en Cuba, se inauguraron regímenes comunistas que compartían

los principios básicos del sistema soviético:

- La abolición más o menos completa de la propiedad privada, sustituida por for-

mas de propiedad estatal o comunal.

- La implantación de sistemas de planificación centralizada, que pretendían reem-

plazar al mercado en la asignación de bienes y recursos.

- Programas de industrialización acelerada, de inspiración más o menos autárquica.

- Regímenes políticos dictatoriales, de partido único y con un fuerte control policial

e ideológico.

4.4.1. La relevancia de la cooperación internacional

Los principios básicos arriba reseñados comenzaron a esbozarse ya bajo la dirección de V.I. Le-

nin, pero se consolidaron con el ascenso al poder de J. Stalin (1922-1953). Esto es:

- Control completo de la sociedad (totalitarismo) por parte del partido comunista.

- Organización de la economía mediante el organismo de planificación centralizada

(Gosplan), cuyos planes quinquenales asignaban recursos, fijaban precios y esta-

blecían objetivos de producción.

Desde 1917 (Revolución Rusa), la historia de Europa y, en cierto modo, del mundo se escinde

en dos campos opuestos para los que no sirve, siquiera, una misma cronología: la edad de oro

capitalista apenas coincide con el ciclo vital del bloque comunista, cuya evolución concluye con

la caída del muro de Berlín de 1989 y el colapso de la URSS de 1991. Tampoco son adecuadas

las comparaciones del PIB (occidental) con el PSG (producto social global) de la zona del este de

Europa, pues no miden lo mismo, además de la escasa fiabilidad de este último.

En términos generales, tras la Segunda Guerra Mundial, pueden periodizarse dos fases en las

economías de planificación centralizada:

23
- 1945-1969: fase de expansión

- 1970-1989: fase de agotamiento y de colapso definitivo.

En estos años, la mera existencia de la URSS condicionó el comportamiento internacional y las

mismas relaciones sociales en el seno de los países capitalistas. Barciela (2005) señala que los

principales beneficiarios del comunismo no fueron los trabajadores sovieticos sino los de los

países capitalistas.

En suma, los años dorados del capitalismo coincidieron, en cierto modo, con los mejores años

de las economías de planificación centralizada, aunque la competencia entre los bloques terminó

con el inesperado y brutal colapso de un sistema que se había auto proclamado como el futuro

de la humanidad.

4.4.2. Guerrra y reconstrucción de la URSS

La Segunda Guerra Mundial fue enormemente destructiva y la URSS fue la nación que padeció

las peores consecuencias. Los costes de la guerra fueron enormes: 30 millones de muertos y

otros tantos de heridos y mutilados, además de un elevado coste material cifrado, en aquel en-

tonces, por encima de los 350.000 millones dólares. La victoria supuso la ampliación de la URSS

y el surgimiento de un intenso patriotismo, que reforzó al régimen comunista y al propio Stalin.

La calidad de los datos hace difícil saber cómo se recuperó la economía soviética, aunque pue-

den hacerse los siguientes comentarios:

- El IV Plan Quinquenal (1946-1950) daba absoluta prioridad al restablecimiento

de la base energética, de las empresas metalúrgicas, de los ferrocarriles y de

las carreteras, siempre según las practicas centralizadoras y autoritarias de la

planificación.

- Según fuentes soviéticas, hacia 1948, se había superado la producción anterior

a la guerra, previa creación de muchas empresas y la ampliación de la fuerza

de trabajo.

24
- Al margen de esta rapidez, todos los autores coinciden en señalar el altísimo

coste social, en términos de bienestar de la inmensa mayoría de la población, y el

fortalecimiento político y social del ejército rojo, que en 1949 dispuso de la bomba

atómica y en 1953 de la de hidrogeno.

4.4.3. El crecimiento desequilibrado de las economís del bloque comunista

Después de la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos impusieron, tras diversos avatares (elec-

ciones amañadas, golpes de estado, imposición militar, etc.), regímenes de corte comunista en

la Europa del Este, que conllevaron:

- Prioridad por la industria pesada, por la fabricación de maquinaria, por la química

básica y por la electrónica, en detrimento de la industria de bienes de consumo.

- Nacionalización económica y abolición de la propiedad privada, bastante acele-

rada en la industria y los servicios, y con muchos problemas en la agricultura en

la que se dieron resultados dispares: escasa colectivización en Polonia y Yugos-

lavia, más nacionalización y estatalización en los otros países.

- Plena instauración de la planificación centralizada, con ciertas diferencias según

países.

La Europa del Este, pues, desarrolló un sistema económico y político similar a la URSS. También,

en aquellos años, se instauró en China un régimen socialista de tipo soviético, tras el triunfo de

los comunistas dirigidos por Mao (1949). Después de un largo conflicto, entre 1953 y 1965, China

tuvo un importante auge económico, acompañado de un proceso de colectivización de la pro-

piedad muy similar al de la URSS.

En referencia a la Europa del Este, Barciela señala que es difícil valorar la magnitud del creci-

miento con los datos disponibles, si bien utiliza los aportados por Aldcroft, que dejan ver unos

resultados económicos aún mejores que los de la Europa Occidental en las décadas de 1950 y

1960. Las cifras del cuadro así lo muestran:

25
Albania 6,49 Hungría 4,10 Yugoslavia 5,62

Bulgaria 5,98 Polonia 4,78 Europa del Este 4,86

Checoslovaquia 3,81 Rumania 5,92 URSS 4,84

Puede decirse que el crecimiento, aunque con diferencias, fue generalizado en todos los países,

siempre marcado por el predominio de la producción industrial básica y por los malos resulta-

dos de la agricultura. Esto es, crecimiento económico, pero no bienestar, con bajo nivel de vida

y crisis alimentarias frecuentes, aunque con empleo y servicios básicos (sanidad y educación).

¿Cómo explicar esta situación o cómo caracterizar el crecimiento de estos países?

El crecimiento en los países de la Europa del Este, incluida la URSS, tuvo un carácter fundamen-

talmente extensivo en el uso de los factores productivos, principalmente trabajo y capital:

- El mayor crecimiento de la población, la ausencia legal de paro, la masiva incor-

poración de la mujer al mundo laboral y la larga duración de la jornada de trabajo

permitieron una masiva aportación de este factor al sistema productivo

- También experimentó un gran crecimiento el capital fijo en el sector industrial, con

una tasa anual cercana al 10 por ciento.

Con todo, tal vez como consecuencia de los anterior, en los cincuenta, mucho más en los sesen-

ta, eran visibles algunos problemas:

- El fracaso de la planificación, por exceso o por defecto y, desde luego, por escaso

éxito de la agricultura y de los sectores de equipamiento y consumo de las fami-

lias. También era evidente la baja productividad del trabajo, que apenas aumentó

en este periodo.

- El fracaso de la cooperación económica entre los países de economías comunis-

tas, dada su tendencia a la autarquía y su dependencia de la URSS. El COMECON

no logró impulsar la especialización y el comercio.

- Fracaso en los objetivos de bienestar. Hacia 1970, la renta nacional per cápita de

26
- la URSS era el 65 por ciento de la de Estados Unidos, estando el nivel alimen-

ticio y la difusión de algunos bienes de consumo por debajo de los de Europa

Occidental.

- Los problemas de la agricultura tal vez fueron el mejor paradigma del fracaso de

estos países. Ya en 1953, tras la muerte de Stalin, se aceptaba el estancamiento

de la agricultura, que sufría por la inadecuación de la política de precios, por la

escasez de inversiones, por la baja retribución de los agricultores de granjas co-

lectivizadas, por las carencias y antigüedad de la maquinaria, por las deficiencias

administrativas, etc. Dichos problemas no se solucionaron, de manera que, a par-

tir de 1965, la URSS y algunos países de la Europa del Este se vieron obligados

a importar alimentos básicos, con los correspondientes déficits comerciales e

importantes desembolsos en oro.

El declive y posterior derrumbe no se hicieron esperar.

4.4.4. Causas del fracaso del modelo comunista.

Aunque las causas son múltiples y difíciles de desentrañar, a modo de resumen pueden valer las

siguientes consideraciones:

- Las más importantes fueron el peso del gasto militar y los despilfarros e ineficien-

cias provocados por unos sistemas arbitrarios de asignación de los recursos y de

distribución de rentas.

- También fue importante la actitud negativa de los trabajadores frente a un siste-

ma económico totalitario e injusto, ante el continuo aplazamiento de mejorar los

niveles de bienestar.

- Por último, cabe señalar que la equidad fue un objetivo supremo, nunca conse-

guido y cada vez más irreal. El dominio de la nomenclatura llegó a desarrollar una

casta, convertida en “clase política, militar y social”.

27
4.5. Los obstáculos al desarrollo económico del tercer mundo

El término de tercer mundo se acuñó para referirse al resto de países del planeta, llamados tam-

bién subdesarrollados, países pobres y atrasados e, incluso, más eufemísticamente, países del

sur y en vías de desarrollo. Esto es, naciones más pobres y atrasadas que las del primer mundo y

que los países comunistas, pero enormemente diferentes entre sí en cuanto a riqueza, extensión,

población, recursos naturales o situación en las grandes áreas económicas y comerciales del

mundo, por no hablar de la heterogeneidad cultural y religiosa. Por lo general, en estos países, se

producen diferencias escandalosas en la distribución de la renta y de la riqueza, muy superiores

a las del primer mundo. En este punto, Barciela (2005) señala que la visión de un tercer mundo,

virtuoso por pobre, y un primer mundo desarrollado y rico y, por ello necesariamente explotador,

es una visión deformada, aunque difícil de desarraigar.

¿Cómo evolucionó la economía de estos países entre 1950 y 1973?

Los datos manejados indican que el mundo entero participó, aunque en muy diverso grado, de

la prosperidad de la edad de oro. Por grandes regiones, el crecimiento del PIB por empleado fue

mayor en Asia (2,9 %) que en América Latina (2,5), con África en última posición.

En América Latina se puede hablar de una fase favorable, aunque irregular: lento
-
crecimiento del cono sur (Argentina, Chile, Uruguay) y mayor dinamismo en paí-

ses como Brasil, México o algunos caribeños como Jamaica o Puerto Rico. Con

todo, en 1970, la renta media por persona era sólo el 25 por ciento de la francesa,

inferior ésta a la de Estados Unidos.

- En Asia, se da un claro contraste entre los países ribereños del pacífico y los del

Índico. Los primeros integran algunas pequeñas ciudades estado (Singapur, Hong

Kong) y países medianos como Taiwán, Corea del Sur y Tailandia. Los segundo

están nucleados, principalmente, en torno a la India, el país más grande y más

poblado

- Los países árabes, sobre todo los del Golfo Pérsico, crecieron gracias al petróleo.

28
Cuadro 4.4. Resultado económicos en algunos países de América Latina , 1950-1973.

(Crecimiento anual medio compuesto)

PIB/pc Inflación Exportaciones

Argentina 2,06 26,8 3,1

Brasil 3,73 28,4 4,7

Chile 1,26 48,1 2,4

México 3,17 5,6 4,3

Fuente: Barciela (2005), p.354

Cuadro 4.5. Variación del PIB por habitante en Asia, 1950-

1973. (Tasa de crecimiento anual compuesto)

Japón 8,1 Bangladesh -0,4

Birmania 2,0

China 2,9 India 1,4

Hong Kong 5,2 Indonesia 2,6

Malasia 2,2 Nepal 1,0

Singapur 4,4 Pakistán 1,7

Corea del Sur 5,8 Filipinas 2,7

Taiwan 6,7 Sri Lanka 1,9

Tailandia 3,7 Media 8 países 1,7

Media 7 países 3,4 Media de los 15 2,5

Fuente: Barciela (2005), p.378

29
Más allá de los datos cuantitativos, se plantea una pregunta crucial:

¿Hasta qué punto el crecimiento, ocasionalmente mayor en términos relativos que el del primer

mundo, ha logrado cambiar sustancialmente la situación de estos países?

Para encontrar una respuesta (las causas del subdesarrollo), es necesario examinar antes algu-

nos antecedentes históricos de muchos de estos países, especialmente los procesos de desco-

lonización y de independencia.

4.5.1. El lastre de la herenca coloial tras la independencia política

Tras la Segunda Guerra Mundial, la Conferencia de San Francisco (1945) impulsó la descoloniza-

ción, partiendo del principio de igualdad de todos los pueblos del mundo. Las dos superpoten-

cias, surgidas de la guerra (EE.UU y URSS), eran doctrinalmente anticolonialistas, aunque, en lo

sucesivo, tuvieron sus grandes áreas de influencia, prácticamente “áreas coloniales”.

En la década de 1950, más de 1.000 millones de asiáticos accedieron a la independencia y en los

sesenta fue el turno de los africanos, salvo las colonias de España (Sahara Occidental) y Portugal

(Angola y Mozambique). A decir de algunos (Barciela, 2005 y Comín, 2011), el proceso desco-

lonizador se saldó de forma relativamente satisfactoria, dadas las fuerzas e intereses en juego y

dada la magnitud del movimiento, si bien hubo errores y muchos conflictos. En líneas generales,

allí donde se produjeron guerras de liberalización nacional, las nuevas naciones rompieron lazos

con sus antiguas metrópolis; en cambio, donde la independencia fue negociada, se mantuvieron

estrechas relaciones políticas y económicas entre las metrópolis y las excolonias.

Los países (nuevos), nacidos de la descolonización, eran muy diversos, también en sus con-

diciones económicas, sociales y culturales, lo que afectó a su futuro desarrollo e, incluso, a su

supervivencia como naciones. En este sentido, Barciela (2005) señala algunos aspectos espe-

cialmente negativos de la descolonización y de los países resultantes:

- La artificialidad de las fronteras.

30
- La diversidad étnica, religiosa y cultural en muchos países, teñida a menudo de

fuertes rivalidades..

- La fragilidad o inexistencia de estructuras administrativas de muchos de los nue-

vos países..

- El bajísimo nivel educativo de gran parte de la población.

- La carencia de infraestructuras, en particular de infraestructuras higiénicas y sa-

nitarias..

- Ausencia generalizada de clases medias.

En definitiva, el proceso descolonizador alumbró un nuevo mapa político en Asia y África, repleto

de problemas e incertidumbres. El atraso y el subdesarrollo económicos estuvieron presentes, si

bien no faltaron iniciativas de organismos internacionales para salir de tal situación.

Así, en la década de 1950, Naciones Unidas trató de buscar salidas al problema del atraso a

través de la consolidación de las economías nacionales y del incremento de la producción, no

tanto de la distribución de la renta. Al finalizar el decenio, el Informe Pearson constataba una

gran diversidad de situaciones, englobadas bajo la denominación común de tercer mundo, y la

persistencia generalizada de graves problemas demográficos, económicos y financieros. Esto

es, el llamado tercer mundo apenas redujo distancias con los países desarrollados durante la

denominada edad de oro, que para ellos (los países atrasados) bien podría llamarse la edad de

plata. Algunos casos nos servirán de ejemplo, antes de analizar las causas del atraso y del sub-

desarrollo.

La inestabilidad política de África

Parte importante de la herencia colonial en África fueron las armas y los ejércitos que mantuvie-

ron al continente en un estado de guerra permanente: choque entre etnias, guerras fronterizas

y religiosas, golpes de estado militares y guerrillas de distinto signo, todo lo cual respondía a los

intereses estratégicos, militares y económicos de las grandes potencias o incluso a los de las

grandes empresas. Ejemplos no faltan:

31
- La guerra de Secesión de Biafra en la atrasada Nigeria o la de Katanga en el Con-

go, respondieron a luchas por el control del petróleo y de otros recursos minerales.

- La Unión Sudafricana fue un caso extremo de colonialismo racista, con el apartheid

que permitía a una minoría blanca beneficiarse de las inmensas riquezas naturales.

- Algo mejor les fue a las excolonias francesas e inglesas de la cos-

ta occidental africana, aunque sus resultados no fueran muy brillantes.

En definitiva, según Barciela (2005), para África, la riqueza de recursos naturales parece haber

sido más una maldición que una ventaja; es la llamada paradoja de la abundancia. En general,

la conjunción de un colonialismo especialmente explotador y de una situación interna particu-

larmente negativa condujo a África, tras la descolonización, a un callejón de muy difícil salida.

La heterogeneidad de los países asiáticos.

Asia gozó de mejor suerte, aunque también con grandes diferencias.

- El extremo oriente (de Corea a Filipinas) se benefició de su situación en el Pa-

cifico, una zona de intenso comercio marítimo dentro del área de influencia de

Estados Unidos y Japón. Precisamente de estos países llegaron las inversiones,

que unidas al éxito agrario propiciado por las sucesivas reformas y por la implan-

tación de la revolución verde, propiciaron un intenso desarrollo industrial.

- La zona del sudeste asiático tuvo enquistados problemas políticos y militares. Allí

se sucedieron conflictos internos civiles o padecieron regímenes genocidas como

el de los Jemeres Rojos de Camboya.

- Por su parte, la zona indostánica, siempre inestable, mostró un mejor comporta-

miento económico, especialmente la India. Este gran país registró un crecimiento

moderado, nada insatisfactorio dados su tamaño, población y la enorme comple-

jidad de los problemas planteados.

Llegados aquí, cabe escribir, siquiera de forma muy general, sobre las causas del atraso y sub-

desarrollo económicos.

32
4.5.2. Las causas del subdesarrollo

Las explicaciones sobre los orígenes y las condiciones del subdesarrollo oscilan, de forma es-

quemática, en torno a dos grandes corrientes:

- Por un lado, están quienes lo achacan a factores exógenos, externos a los propios

países atrasados, y especialmente generados por las antiguas potencias colonia-

les y por los países ricos. Para esta corriente, la herencia colonial, las relaciones

de intercambio económico desigual con los países ricos y la ineficacia de las ayu-

das o políticas de desarrollo promovidas por estos países son los responsables

del atraso.

- Por otro lado, hay quienes subrayan las causas endógenas, internas al país sub-

desarrollado, determinadas por la propia historia, las estructuras sociales, las ins-

tituciones políticas y las tradiciones culturales de los países tercermundistas. Los

segundos hacen hincapié en que las actitudes, costumbres e instituciones con-

trarias al desarrollo han sido, en general, autóctonas y anteriores a la colonización

y que han sido los gobernantes del tercer mundo quienes frecuentemente han

promovido políticas intervencionistas, antiliberales y autárquicas.

Barciela, (2005) señala que una visión más equilibrada (del atraso y del subdesarrollo) parece que

debería conjugar ambas perspectivas, aunque el propio autor ve más razonable la segunda ex-

plicación, esto es, atribuye mayor importancia a las causas endógenas. En esta línea expone dos

teorías del subdesarrollo, enfrentando los factores externos a los internos, al tiempo que critica

las reacciones (políticas) nacionalistas y la ineficacia de muchas de las ayudas internacionales

por la propia incompetencia de las instituciones locales:

- La primera teoría fue propuesta por los economistas R. Nurske y G. Myrdal en

1950, que observaban la existencia de “círculos viciosos”, que encadenaban

distintos tipos de problemas (internos), cuya superación o ruptura requeriría la

intervención externa. Así:

n La baja productividad (de la economía de los países subdesarrollados) se

debería a la insuficiente inversión, provocada por la escasez de ahorro, con-

secuencia, a su vez, de los bajos niveles de renta.

33
n El factor trabajo estaría limitado por el elevado analfabetismo, la desnutrición

y la enfermedad.

n La inexistencia de instituciones, normas o costumbres favorables al creci-

miento sería otra problema, al igual que el derivado de los desequilibrios

sectoriales, con fuerte dualismo entre el desarrollo de los sectores ligados

al comercio internacional y el práctico estancamiento de los demás sectores

básicos para el país

Unos y otros “círculos viciosos” requerirían la intervención externa, en forma de

capitales, ayudas para la educación, sanidad y alimentación, así como ayudas

y asesoramiento económicos.

- La segunda teoría, encabezada por R. Prebisch, criticaba las inversiones ex-

tranjeras y los intercambios comerciales desiguales, pues implicaban nuevos

tipos de explotación económica, basados en la dependencia y subordinación

de los países atrasados.

En este punto, Barciela (2005) señala que el fuerte flujo de capitales (las inversiones extranjeras),

acompañado de transferencias de conocimiento, ha sido decisivo para el desarrollo de muchas

economías (aunque en algunas sólo haya desarrollado determinados enclaves) y que los inter-

cambios comerciales entre productos primarios (países atrasados) y productos industriales (paí-

ses desarrollados) tampoco permiten hablar, en el largo plazo, de dependencia y subordinación.

En cuanto a las reacciones políticas nacionalistas, Barciela (2005) critica el excesivo proteccio-

nismo (política de sustitución de importaciones), que no fomentó el crecimiento, y hace ver los

efectos negativos del intervencionismo y de la nacionalización de empresas (también de los es-

casos resultados de las ayudas) en países con gobiernos incompetentes y corruptos.

En definitiva, la explicación del atraso y del subdesarrollo no es univoca, si bien, en los últimos

años, se hace mayor hincapié en las causas endógenas y se muestra el fracaso de las políticas

de sustitución de importaciones.

34
4.6. España: de la autarquía a la industrialización

4.6.1. El fracaso de la economía autárquica

La guerra civil (1936-1939) y la larga posguerra (1939-1951) interrumpieron el continuado proce-

so de crecimiento económico del primer tercio del siglo XX. La evolución de la renta nacional y

la trayectoria del índice de la producción industrial reflejan un corte brusco, una intensa caída y

un largo estancamiento hasta configurar la denominada “larga noche de la industrialización es-

pañola”. Esta situación contrasta con la rapidez de recuperación y crecimiento de las restantes

economías europeas durante la posguerra.

No todo se debió a los “extraordinarios acontecimientos de aquella época” (las destrucciones

de la guerra, el aislamiento internacional y la pertinaz sequía) sino a la política económica de

la dictadura del general Franco que convirtió a España en un islote de economía corporativa e

intervenida. La exacerbación del nacionalismo económico, la autarquía y el proteccionismo a

ultranza, no sólo arancelario sino también a través de la política de limitación de la competencia,

constituyeron el eje sobre el que se asentaron la reglamentación, el ordenamiento, la burocracia

y la inevitable red de corruptelas que se tejieron sobre él. Fue el modelo autárquico más puro y

genuino.

- En la agricultura, la producción agraria disminuyó en relación al periodo anterior a

la guerra civil y con ella cayeron las disponibilidades alimenticias y el consumo de

los españoles. Fueron los años del racionamiento y del hambre. El sector agrario

se vio sometido a una intensa intervención estatal, llevando a cabo la contrarre-

forma agraria, una ineficaz colonización y, sobre todo, una estricta ordenación de

la producción por la que el estado fijaba las superficies de cultivo, las cantidades

de productos a entregar, los precios, se ordenaba la distribución, se racionaba el

consumo y se fijaban los precios finales de los productos, lo que terminó fomen-

tando el mercado negro, el llamado estraperlo.

- En la industria, la producción tuvo una recuperación vacilante y extraordinaria-

mente lenta, de manera que, en 1950, no se habían recuperado los niveles de

1935. España tardó 15 años en recuperar la producción prebélica, en claro con-

35
traste con la rápida recuperación de los países occidentales, que participaron en

la Segunda Guerra Mundial. Por ello, la década de 1940 ha sido bautizada como

“la noche de la industrialización española”. No todos los sectores evolucionaron

de igual manera. La industria pesada, base de la industria militar, se recuperó y

avanzó más que la de bienes de consumo. También el sector industrial estuvo so-

metido a numerosas normas y reglamentaciones, que despreciaban los criterios

económicos de especialización, costes, ventajas comparativas y competitividad

exterior. El Instituto Nacional de Industria (1941) nació como un instrumento para

la intervención directa del Estado, configurándose como un holding de empresas

de capital público, bien financiado, pero ahogado en un mar de ineficiencias y

regulaciones productivas.

- La autarquía también fracaso en el ámbito hacendístico y en el de la política mo-

netaria, manteniendo un cambio irreal (sobrevalorado) de la peseta en relación

con el dólar.

En definitiva, las causas del fracaso fueron variadas, aunque tuvieron un tronco común: la irracio-

nalidad de la política económica del régimen, con un casi completo intervencionismo de la vida

económica y una ilusa pretensión de autoabastecimiento.

A partir de 1951 el régimen franquista emprendió una política, ciertamente vacilante, de apertu-

ra exterior y de liberalización económica interior. Los acuerdos con EEUU (1953) establecían la

necesidad de llevar a cabo una progresiva normalización de la política económica española. La

ayuda norteamericana y la restauración de las relaciones económicas con una Europa que crecía

con gran fuerza, permitieron la recuperación de la economía española y un primer impulso in-

dustrializador. Sin embargo, las resistencias a las reformas por parte del aparato intervencionista

del franquismo resultaron muy fuertes y, a finales de la década de 1950, la delicada situación de

las cuentas exteriores, en práctica suspensión de pagos, forzó la adopción de un programa de

reformas: Plan de Estabilización de 1959.

Este plan recogía una serie de medidas de liberalización interior, eliminaba normas y organismos

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de intervención, saneaba las cuentas públicas, abría la economía al exterior y fijaba un tipo de

cambio realista de la peseta. En 1959 se producían en Europa importantes movimientos de inte-

gración de los que España quedaba apartada.

4.6.2. La industrialización y la convergencia hacia la economía europea

A pesar de quedar al margen del movimiento de integración europea, la economía española se

benefició ampliamente del espectacular crecimiento de Europa en los dorados años sesenta. Los

mecanismos de transmisión son bien conocidos. En primer lugar, la demanda europea provocó

un gran crecimiento de las exportaciones españolas, lo que permitió adquirir una amplia gama

de productos necesarios para el desarrollo industrial del país. En segundo lugar, se produjo un

intensísimo proceso de emigración de trabajadores con destino a los países industriales, a la vez

que España se convirtió en un destino cada vez más importante de vacaciones de los ciudada-

nos europeos. Finalmente, se produjo una amplia apertura a las inversiones de capital extranjero.

Estos cuatro fenómenos: crecimiento del comercio exterior, emigración, desarrollo turístico e

inversiones extranjeras fueron la base que sostuvo el definitivo proceso de industrialización es-

pañol durante la década de 1960.

El crecimiento económico español fue superior a la media europea, lo que permitió un proceso

de convergencia. El sector agrario sufrió un aceleradísimo proceso de modernización. La adop-

ción de todo tipo de innovaciones en los medios de producción agraria (maquinaria, abonos quí-

micos y productos fitosanitarios) fue paralela al proceso de emigración del campo a las ciudades

industriales y al extranjero. El desarrollo industrial, por su parte, sufrió algunos inconvenientes

derivados de la persistencia de las prácticas intervencionistas y proteccionistas del franquismo

y de sus prejuicios sobre los sectores que merecían una atención preferente.

Por otra parte, la propia naturaleza del régimen era un obstáculo para el progreso de la educación y

de la investigación y, en definitiva, para el desarrollo del capital humano. La ausencia de una refor-

ma tributaria y de una política keynesiana como las que se practicaron en Europa impidieron que

el Estado español gastase más en esos bienes preferentes como la educación y la sanidad, pero

también en infraestructuras de transportes y comunicaciones, y frenó el crecimiento económico.

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En estas condiciones, la industrialización española se basó en el desarrollo de los sectores tradi-

cionales y en la masiva utilización de mano de obra con escasa cualificación. Durante la década

de 1960 la jornada de trabajo, legalmente establecida en ocho horas, se elevaba a diez o doce

horas, por la generalización del sistema de horas extraordinarias. La causa de ello era la defi-

ciente estructura institucional del mercado de trabajo, donde el despido estaba prohibido. Por

ello, los empresarios preferían recurrir a las horas extraordinarias que arriesgarse a contratar a

nuevos trabajadores, que luego sería muy difícil despedir. Esta rigidez del mercado de trabajo

también limitó el crecimiento.

En conclusión, durante la década de 1960 España se convirtió en un país industrial gracias, fun-

damentalmente, a la favorable influencia exterior. Sin embargo, en muchos aspectos, la sociedad

española permanecía muy alejada de los patrones europeos, dado el programa franquista de

hacer compatible el crecimiento económico con los mayores niveles posibles de inmovilismo

político y social.

Bibliografía

- BARCIELA, C. (2005): “La edad de oro del capitalismo (1945-1973), Comín, F; Hernández, M y

Llopis, E. eds., Historia económica mundial. Siglos X-XX, Barcelona, Crítica, pp. 339-389.

- CALATAYUD, S. (2014): “La edad dorada del capitalismo, 1945-1973”, J. Palafox, ed., Los tiem-

pos cambian. Historia de la economía, Valencia, Tirant Humanidades, pp. 197-227.

- COMÍN, F. (2011): “La edad de oro del capitalismo y del comunismo, 1945-1973”, Historia eco-

nómica mundial. De los orígenes a la actualidad, Madrid, Alianza Editorial, pp. 561-643.

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