El caballo viejo
Un caballo que ya estaba muy
mayor fue vendido por su amo a un
molinero que lo empleó para que
diera vueltas a la piedra de un viejo
molino. El caballo no hacía otra
cosa desde la mañana hasta la
noche que girar y girar alrededor de aquella rueda, lo cual no solo le
cansaba mucho, sino que lo ponía muy triste. Y es que el viejo caballo
recordaba lo veloz y famoso que había sido en sus años de juventud,
en los que había vivido infinidad de aventuras y también cómo se
burlaba de los otros caballos que eran más viejos y lentos que él.
Ahora viéndose en esta situación en la que pasaba sus días atado y
dando vueltas a dicho molino, se arrepentía de aquella actitud que había
tenido cuando era poderoso:
– “Después de las grandiosas vueltas que di en las carreras durante mi
juventud, mira las vueltas que tengo que dar ahora. Este es un justo
castigo por burlarme de aquellos a los que veía más débiles e
inferiores”.
Moraleja: Mejor ser humilde cuando tienes poder, porque un día u otro
lo has de perder.
El sabio cordero
Érase rase una vez un lobo
hambriento que vagaba por la selva en
busca de comida. De repente vio a un
cordero que pastaba en la ladera de
una colina junto a un lago. Tenía el
lobo tanta hambre que no podía parar
de pensar en aquel apetitoso cordero.
Así que trató de subir la escarpada
colina, pero se resbaló y cayó al agua.
Entonces tuvo una buena idea... Se acercó nuevamente a la colina y
gritó: "Hola querido cordero, ¿Sabías que el pasto es más verde y tierno
aquí abajo que en la colina en la que estás? ¿Por qué no bajas hasta
aquí?" Pero el cordero, que era muy inteligente, comprendió la astucia
del lobo y le respondió: "No, gracias, querido amigo. Sé que vas a tratar
de comerme si bajo. Además, ya he llenado mi estómago con suficiente
comida por hoy, así que volveré a casa ahora". Diciendo esto, el cordero
se alejó y el lobo permaneció igual de hambriento...
Moraleja: Ten cuidado de los consejos que te da aquel de quien
desconfías.
Cuervo y la ostra
Existió una vez un cuervo hambriento
que vio una ostra sobre la arena de una
playa. Él quería comerse al sabroso
animal que había dentro de su dura
concha así que trató de abrirla con su
pico, pero sin éxito. La picoteó
continuadamente e incluso la golpeó
con una piedra, pero aun así no pudo
abrirla. Otro cuervo muy astuto pasaba
por ahí, y se dio cuenta de lo que su
compañero estaba tratando de hacer, por lo que a él también se le
antojo comerse la apetitosa ostra. Así que el cuervo astuto ideó un plan
y se acercó diciendo: "Hola amigo. Te vi tratando de abrir esa ostra.
¿Puedo darte un consejo? Toma la ostra en tu pico, vuela alto y lánzala
contra las rocas de la playa y así la concha se romperá y podrás obtener
tu comida". El cuervo hambriento pensó que era una buena idea y siguió
el consejo del cuervo astuto. Así pues, voló alto en el cielo con la ostra
en su pico. Tan pronto como la soltó desde las alturas y ésta golpeó las
rocas, efectivamente la concha se rompió. El cuervo astuto, que
esperaba detrás de las rocas, llegó rápidamente y se comió el interior
de la sabrosa ostra. El pobre y hambriento cuervo se dio cuenta
demasiado tarde de que había sido engañado.
Moraleja: Nunca pongas en riesgo lo que es tuyo, pues podrías
perderlo.
El granjero y la serpiente
Érase una vez un granjero que
tenía muy buen corazón. Él siempre
ayudaba a los demás y era amable
y respetuoso incluso con los
animales y las plantas. Un día se
encontró con una serpiente que
estaba herida. La serpiente estaba
tendida junto a un camino,
desmallada. "Esta pobre serpiente
debe haber sido atropellada por las
ruedas de un carro de caballos",
pensó el granjero. Así pues, la
agarró con cuidado, la cubrió con un trozo de tela, y se la llevó a su
casa. En cuanto llegó a su hogar, puso hierbas medicinales en las
heridas y poco a poco la serpiente comenzó a mejorar hasta despertar
después de algún tiempo. Al verla despierta, el granjero se puso muy
feliz y enseguida le trajo un tazón con comida. La serpiente, sin
embargo, al ver esto, pensó que el granjero trataba de matarla por lo
que le mordió y se escapó rápidamente. Aun así, el granjero entendió
que la serpiente no sabía que él le había salvado y no culpó al animal
por lo que había hecho.
Moraleja: Haz siempre el bien, aunque algunos no sean merecedores
de ello.
El camello burlón
Había una vez, en un bosque, un camello
que tenía la mala costumbre de burlarse
de los demás animales. Él se burlaba de
los rinocerontes diciendo: "¿Por qué tener
un cuerno en la nariz, cuando los otros
animales tienen sus cuernos en la
cabeza?" Al elefante le decía: "¡Oh, ¡qué
gordo y feo te ves con dos colas, una en
la espalda y la otra en la cara!" Cuando
conoció a la cebra, le dijo: "¿Por qué
tienes esas líneas negras en todo el cuerpo? ¿Son de alguna utilidad?".
Todos los animales se sentían insultados por los antipáticos
comentarios del camello. Un día, el camello se encontró con un mono.
El mono comenzó a burlarse de la apariencia del camello: "¿A dónde
vas con esa joroba tan fea en la espalda?", se reía el mono, "¿Qué
haces con un cuello tan largo y retorcido?", continuaba...Fue entonces,
en ese preciso instante, al haberse burlado de él como él se burlaba de
otros, que el camello entendió cómo se habían sentido los otros
animales al escuchar sus burlas. Desde ese día, el camello no insultó a
nadie nunca más.
Moraleja: No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran.
El chacal y el león
Existió una vez un chacal muy inteligente
que estaba caminando a través de un
rocoso y estrecho desfiladero que había
en la selva. De repente oyó el poderoso
rugido de un león que venía del otro lado
del sendero. "¡Oh no! el león me va a
comer si me ve. ¿Cómo haré para
librarme de él? ¡Tengo que pensar en un
plan para escapar o de lo contrario no me
va a ir nada bien...!" pensó preocupado.
Y entonces, cuando el león estaba lo
suficientemente cerca, el chacal miró
hacia lo alto del desfiladero y comenzó a gritar: "¡Ayuda, socorro!" Al escuchar
esto, el león se acercó corriendo y preguntó: "¿Qué ocurre? ¿Por qué estás
gritando, chacal?" El chacal, simulando estar muy asustado, respondió: "¡Oh
mi señor, nuestras vidas están en peligro! ¡El desfiladero se está
derrumbando y, si alguien no lo remedia, las rocas que hay en sus paredes y
hasta el bosque que hay sobre él, pueden caer sobre nosotros en cualquier
momento y aplastarnos! Solo tú, león, siendo el más fuerte y el rey de la selva,
puedes evitarlo si sujetas esta pared..." El león se sintió en ese momento tan
halagado por las palabras del chacal que comenzó a empujar la pared con
todas sus fuerzas creyendo que estaba deteniendo el desfiladero y evitando
que se cayera sobre sus cabezas. El inteligente chacal aprovechó entonces
la ocasión para alejarse del ingenuo león y escaparse.
Moraleja: Una inteligente idea te puede ayudar a salir de un gran problema.
El Granjero y el León
Érase una vez un pobre granjero que
tenía muy buen corazón, pero que vivía
en un reino en el que el rey era muy
malo. El granjero trabajaba día y noche
para pagar todos los impuestos que el
rey exigía, pero éste cada vez pedía
más y más, por lo que ya casi no le
quedaba suficiente dinero al granjero
para comprar comida. Un día, harto de
esta situación, decidió escapar del
reino y emigrar a otro que tuviera un
gobernante más benévolo, así que
recogió sus pocas pertenencias y se adentró en el bosque. Vio entonces a un
león que estaba sentado dentro de una cueva. Al ver al granjero, el león rugió
ferozmente. El granjero estaba aterrorizado, pero al aproximarse al animal,
vio que tenía una astilla clavada en su pata. El granjero entonces calmó al
león, se acercó y retiró suavemente la astilla de su pata, marchándose a
continuación. Al salir de la cueva, fue detenido por los soldados del malvado
rey y enviado a prisión. Como castigo por haber escapado del reino, el
granjero fue introducido en una gran jaula donde luego metieron a un feroz
león. Sin embargo, el león que fue puesto en la jaula con el granjero resultó
ser el mismo al que había curado en la cueva. Así que, en lugar de atacar al
granjero, el león empezó a lamerle los pies. El rey entonces, sorprendido del
respeto y cariño que el león y el granjero se tenían, liberó a ambos.
Moraleja: Una buena acción siempre es recompensada.
El perro travieso
Había una vez un perro muy
travieso que todo el tiempo ladraba
y mordía a la gente. Todo el que
visitaba la casa de su dueño le tenía
miedo. Cansado del
comportamiento del travieso
animal, su dueño le puso un collar
alrededor del cuello, del que
colgaba una campana que
advertiría a la gente de su presencia. Al perro le encantaba la campana
y estaba muy orgulloso de ella. Le gustaba su sonido tintineante y la
llevaba en su cuello como si se tratara de una medalla. Pero un día, un
perro viejo salió a su encuentro y le dijo: "No deberías estar tan orgulloso
de ti mismo. Crees que la campana te la dieron como una recompensa,
pero te equivocas. Te la han dado para hacer que otros sean
conscientes de tu presencia. Esto significa que eres famoso por tus
travesuras, pero no eres querido". El travieso perro se dio cuenta
entonces del error en el que se encontraba. Desde ese día se comportó
correctamente y, para su alegría, su dueño pronto le quitó la campana.
Moraleja: No confundas el ser famoso con ser querido.
El León y el Miedo
Vivió una vez en la selva un león que
no le temía a nada, excepto al canto
de los gallos. ¡El pobre león temblaba
de miedo cada vez que oía cacarear!
Un día le contó a su amigo, el
elefante, sobre su miedo. El elefante,
sorprendido, le dijo al león: "La
verdad, simplemente no puedo
entender cómo se puede tener miedo
de un simple quiquiriquí". Mientras
decía esto, un mosquito apareció
zumbando junto al elefante...En ese
instante, el enorme animal se asustó
mucho pues temía que el mosquito se metiera en su oído y le picara,
por lo que comenzó a agitar su trompa y orejas salvajemente. ¡Ahora
era el león el que se sorprendió al ver a un animal tan grande
asustándose de un diminuto insecto!
Moraleja: Todos tenemos alguna debilidad o algún miedo que debemos
vencer.
El elefante y los lobos
Había una vez un presumido elefante
que paseaba por la jungla de un lado
a otro tratando de encontrar comida.
De repente, una manada de lobos vio
al elefante solo y pensaron que
podrían darle una buena lección, así
pues, idearon un plan... Uno de los
lobos se acercó al elefante y dijo:
"Hola elefante, como eres tan grande
y poderoso, todos los animales de la
jungla hemos decidido hacerte
nuestro nuevo rey. Queremos que así
sea desde este momento. Por favor, sígueme, yo te mostraré el camino
hasta tu palacio". El elefante, ante estas palabras de halago, se dejó cegar
por su vanidad y, sin sospechar que pudiera haber algún peligro en ello,
siguió al lobo. Juntos llegaron hasta una gran roca que había al lado de un
río y fue ahí donde el lobo dijo: "Qué raro, aquí había un puente para cruzar
al otro lado del río y llegar a tu palacio. Pensemos qué podemos hacer..."
Esas palabras eran una señal para que el resto de lobos salieran y
rodearan al elefante para burlarse de él. Éste, al sentirse acorralado,
tropezó y cayó al río. Mientras los lobos se reían desde la roca, uno de
ellos se dirigió al elefante diciendo: "Tu vanidad no te permitió ver que todo
era un plan para burlarnos de ti. Alguien tan presumido como tú nunca
podría ser el rey de la jungla." El elefante, triste, se dio cuenta de que
tenían razón.
Moraleja: Nunca creas a los que te halagan sin merecértelo.
La paloma hospitalaria
Érase una vez una pareja de
palomas que vivía en un árbol. Al
amanecer, los dos se iban al mismo
tiempo en busca de comida y volvían
juntos al anochecer. Una tarde,
paloma regresó a su árbol más
temprano y esperó a que llegara el
palomo. De repente, empezó a llover
y la paloma comenzó a preocuparse
el palomo no aparecía. Justo en ese
momento, vio a un cazador llevando
una jaula, y sorprendida observó que
su compañero estaba atrapado
dentro de la misma. "¡Oh cielos! ¿Qué voy a hacer ahora?", pensó la paloma.
El cazador se sentó bajo el mismo árbol en el que tenían su hogar las palomas
y mientras, la pobre hembra, se posó en una de las ramas que había sobre
la jaula donde estaba el palomo y comenzó a llorar. Al oír esto, el palomo dijo:
"Querida, no llores. Este hombre en realidad no es malo. Solo tiene frío y
hambre. Por favor ayúdalo". Así que la paloma reunió unas cuantas ramas
secas y las dejó caer frente al hombre. El cazador, entonces encendió un
fuego con las ramitas y pudo entrar en calor. La paloma luego voló hacia él y
dejó caer unos frutos del bosque que traía en su pico mientras decía: "No
pude encontrar más comida para usted, pero estoy segura de que estos frutos
te quitarán el hambre". El cazador, al ver tan generoso gesto de la paloma se
vio abrumado y se dio cuenta de que estaba siendo cruel con su compañero,
así que abrió la jaula, dejó salir al palomo y se fue.
Moraleja: Hasta el mayor enemigo puede volverse tu amigo si le ayudas.