HISTORIA DE LA IGLESIA
EVANGELICA EN EL PERÚ
ESPECIALIDAD :TEOLOGÍA BÍBLICA
ÁREA :HISTORIA DE LA IGLESIA
III
FORMADOR : OMAR ORTIZ
ESTUDIANTE : Jesús Roy Aliaga Gamarra
CICLO : VII
SEMESTRE : 2 018 - II
VITARTE - 2018
ÍNDICE
Pag.
Índice_____________________________________________________________________ 2
Dedicatoria_________________________________________________________________ 3
Introducción________________________________________________________________ 4
La etapa de los precursores evangélicos____________________________________________ 5
Diego Thomson______________________________________________________________ 5
La influencia de Francisco Penzotti_______________________________________________ 6
El desarrollo de las misiones protestantes___________________________________________ 7
La Iglesia Evangélica Peruana, las Misiones Presbiterianas______________________________ 7
Movimiento de Santidad, la Alianza Cristiana y Misionera______________________________ 8
Las Iglesias Pentecostales________________________________________________________ 8
El crecimiento cuantitativo de los evangélicos en el Perú_______________________________ 10
Conclusión___________________________________________________________________ 11
Bibliografía___________________________________________________________________ 12
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DEDICATORIA
Este trabajo lo dedico en primer lugar al Dios Todopoderoso
porque por su gracia estoy estudiando esta carrera.
A mis padres por su apoyo incondicional y a mis profesores por
sus sabías enseñanzas.
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INTRODUCCIÓN
Con respecto al crecimiento de la presencia evangélica en la sociedad peruana, queremos
responder dos preguntas fundamentales acerca del establecimiento del protestantismo
en el Perú. La primera de ellas tiene que ver con el tipo de protestantismo que llegó a
nuestras tierras, lo cual implica situarnos en el momento histórico del desarrollo de las
misiones protestantes hacia América Latina. De otro lado, queremos responder a la
pregunta de cómo se produce el avance del protestantismo desde la perspectiva de la
inculturación de la fe evangélica en el contexto nacional. Para ello presentamos una
propuesta de periodización de las etapas históricas de la Iglesia Evangélica en el Perú,
procurando correlacionar cada período de trabajo misionero, con la situación y el
contexto socio-político de nuestro país. Más que una cronología formal, procuramos
rescatar la evolución del protestantismo peruano desde las influencias foráneas, hacia un
proceso de nacionalización y de desarrollo relativamente autónomo de la fe evangélica
en nuestro país.
La fe evangélica llega al Perú en estrecha relación con dos procesos que acontecieron en
el mundo occidental: en primer lugar, el avivamiento religioso protestante del siglo XVIII
en los Estados Unidos e Inglaterra, y el fenómeno de la expansión del capitalismo,
primero europeo y británico en el siglo XIX, y luego anglosajón y americano en el siglo XX.
Antes del período republicano, no podemos dejar de mencionar la realidad de una
esporádica presencia protestante durante el período colonial en el Perú, manifestada
básicamente a través de piratas y otros viajeros llegados a nuestras tierras, que fueron
acusados y juzgados por la Inquisición bajo el cargo de vinculación con la "herejía
luterana" en el siglo XVI.
No sería sino hasta los siglos XVII y XVIII, que, con el proceso de deterioro del poderío
español en Europa y el desarrollo de las nuevas potencias como Inglaterra y Holanda, el
protestantismo iría tomando conciencia de las posibilidades de su propia expansión.
Cuando esto ocurrió, a partir de los siglos XIX y XX, las bases teológicas de la Reforma,
tales como el libre examen de las Escrituras y el sacerdocio universal de todos los
creyentes fueron empleadas como los soportes doctrinales de la nueva empresa que
llevaría al protestantismo hasta América Latina y el Perú.
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LA ETAPA DE LOS PRECURSORES EVANGÉLICOS
Diego Thomson
En los inicios de la vida republicana, destacan dos hitos importantes en el avance del
protestantismo: el primero de ellos es el trabajo educativo del pastor bautista escocés Diego
Thomson, y el segundo es el trabajo de los colportores bíblicos que recorrieron el país con un
fuerte sentido misionero, bajo los auspicios de la Sociedad Bíblica Británica (SBB) y la Sociedad
Bíblica Americana (SBA).
Es preciso recordar que el propio Diego Thomson, uno de los precursores del protestantismo, fue
él mismo un colportor de la SBB. La visión educativa de Thomson coincidió con una invitación
realizada por el general José de San Martín para que organizara el sistema educativo peruano a
partir del método lancasteriano aplicado en Inglaterra para el aprendizaje, a partir del texto de la
Biblia. El método funcionó incluso algunos años después que Thomson se retirara de nuestro país,
hasta el proceso de reorganización de la educación realizada por el presidente Ramón Castilla en
1850.
Thomson organizó Escuelas Mixtas de Educación popular con el sistema lancasteriano en varios
países del Continente: en Argentina (1818-1821), luego en Chile (1821-1822), de donde llega al
Perú para el período (1822-1824), de allí en la Gran Colombia (1824-1825) y finalmente en México
en dos períodos (1826-1830 y 1842-1844). La publicación de las cartas que forman parte de la
correspondencia entre Thomson y la SBB atestiguan de su doble objetivo educativo y
evangelizador, aunque haya quienes dentro del propio mundo evangélico, no identifiquen como
propiamente misionera la labor de Thomson.
Es así que el antropólogo Tito Paredes evalúa la labor del precursor evangélico en los siguientes
términos:
"Por más de 30 años los colegios de Thomson fueron en el Perú los primeros en ofrecer una
educación general para todas las clases de la sociedad peruana. Esto es particularmente
significativo puesto que hasta entonces la educación en el Perú era privilegio de los ricos”
Paralelo con el trabajo de educación no podemos dejar de lado la otra parte de la acción
misionera de Thomson: su fervor en la distribución de las Escrituras, primero como voluntario y
luego como agente de la SBB, fue encomiable. Contó para esto con el beneplácito del poder
político y de algunos sacerdotes católicos entusiasmados con su proyecto educativo. Es decir,
Thomson encontró las condiciones adecuadas para que la extensión de su proyecto misionero no
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se redujese a una labor de simple propaganda religiosa disfrazada de servicio educativo. En el
aspecto religioso, Thomson tenía una confianza plena que el trabajo de distribución de las
Escrituras era mucho más eficaz en ese momento, para la evangelización del Perú, que pretender
establecer una iglesia evangélica en el Continente. Este esfuerzo de distribución de la Biblia hizo
que otro misionero en el Perú, el señor Juan Ritchie, señale que "Thomson no era primeramente
pedagogo sino misionero
La influencia de Francisco Penzotti
El caso de Francisco Penzotti, se constituye en el hito más importante dentro de este primer
periodo de análisis de la presencia evangélica en el Perú. Penzotti, un emigrante italiano radicado
en Uruguay desde los trece años de edad, se convirtió al protestantismo en 1875. Desde esa
época, realizó una serie de trabajos para la SBA. Visitó el Perú varias veces con motivo de este
trabajo de colportaje de las Escrituras. Algunos años después, la SBA le encargó formar una
agencia para la distribución de la Biblia en el área andina. Es así que se establece en el Perú en
1888. Para ese entonces todos los trabajos misioneros protestantes anteriores habían cerrado.
Penzotti comenzó un trabajo de venta de Biblias y presentación del evangelio, casa por casa y en
lugares públicos. De esta manera logró formar un grupo de estudio bíblico y luego reunió
suficiente gente para iniciar servicios evangélicos.
Con el caso Penzotti se consiguieron por lo menos, los siguientes tres resultados para el avance
del protestantismo en nuestro país, según lo menciona el trabajo de Bahamonde:
1. Se demostró que era posible la realización de cultos evangélicos en privado, sin violación
de la ley.
2. Se facilitó el trabajo de los futuros colportores en nuestro país, al probar que la venta y
distribución de las Escrituras no podía ser considerada como un delito.
3. Se generó un movimiento de opinión pública en favor de la libertad de Penzotti, lo cual
logró granjear la simpatía de varios sectores del pueblo hacia el protestantismo.
Con la salida de Penzotti, se inició toda una nueva etapa para el avance del protestantismo en el
Perú, una oleada de despertar misionero se levantó desde Gran Bretaña y los Estados Unidos.
Misiones establecidas, así como individuos de manera independiente, comenzaron a poner su
mirada en las posibilidades de América Latina y el Perú como un nuevo campo misionero.
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En este clima de efervescencia misionera y hasta antes de 1910, aparece en nuestro país el
trabajo de un misionero escocés, Carlos Bright, llegado en 1893, quien iniciaría una obra
independiente en el Callao, que luego con el apoyo de los misioneros Jarret, Peters y Stark,
llegaría a constituirse en lo que hoy conocemos como la Iglesia Evangélica Peruana (IEP), la
primera denominación evangélica de carácter nacional, formada en nuestro país.
El desarrollo de las misiones protestantes
La Iglesia Evangélica Peruana
En el caso de la Iglesia Evangélica Peruana, ésta tiene todo un proceso de formación que pasa por
varias etapas. En un primer momento, la obra surge como fruto del trabajo de un misionero
independiente, Carlos Bright, quien llegó al Perú en 1893 con la visión de establecer una iglesia
evangélica, para lo cual organizó reuniones que él mismo dirigió hasta 1902, siguiendo fielmente
la política de no permitir que ninguna misión extranjera intentara arrogarse la paternidad de la
obra peruana.
A partir de 1908 una nueva etapa se abre para la IEP con la llegada a Lima del misionero Juan
Ritchie, representante de la misión RMBU, la cual luego se uniría a la misión EUSA. El plan de
Ritchie consistía en tres aspectos básicos: el uso de la imprenta y los medios de comunicación, la
formación y capacitación de un cuerpo pastoral nacional y, en tercer lugar, "ayudar a los indios,
oprimidos y explotados"
Estos énfasis, unidos al desarrollo de una fuerte organización, fueron las características del
desarrollo de la IEP en esta etapa, en la zona sur y centro de la sierra del Perú, perfilando su
identidad como una iglesia popular, con un fuerte énfasis misionero en la evangelización y la
promoción humana. En este sentido, la visión de Ritchie y el trabajo desarrollado por los
misioneros nacionales, fue fundamental para obtener estos resultados.
Las misiones Presbiterianas
La segunda denominación que mencionaremos fue formada por el trabajo de la misión de la
Iglesia Libre de Escocia, que originó lo que hoy conocemos como la Iglesia Presbiteriana.
Tres fueron los polos de presencia presbiteriana en el Perú: Lima, Cajamarca y Moyobamba. En
los tres lugares se asocia este trabajo con el nombre de un misionero: John A. Mackay en Lima,
Calvin Mackay en Cajamarca y Ana Soper en Moyobamba.
El trabajo de John A. Mackay es bastante conocido por dos hechos: en primer lugar por el
proyecto de llegar con el mensaje del Evangelio a los sectores intelectuales y el liderazgo político
de la sociedad peruana a través de la creación del colegio evangélico Anglo-peruano, hoy "San
Andrés". Asimismo, a través de su inserción en la vida universitaria en San Marcos como
profesor, lo cual le permitió contactarse con muchos jóvenes a los cuales vincularía luego como
profesores en el Anglo-peruano. Uno de ellos fue Víctor Raúl Haya de la Torre. Este esfuerzo
misionero de Mackay no fue un hecho aislado, sino que hay un grato recuerdo de su figura en
intelectuales como Luis Alberto Sánchez, José Carlos Mariátegui y Raúl Porras Barrenechea.
En Cajamarca, la zona norte tradicionalmente asignada a los presbiterianos por el consejo del
Comité de Cooperación para América Latina, en la distribución del Perú entre las misiones
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evangélicas, correspondió a un trabajo más eclesiástico, representado por el misionero Calvin
Mackay llegado a Cajamarca en 1921.
Esta iglesia creció, pero en medio de un fuerte paternalismo y dependencia económica de las
misiones en Escocia. El liderazgo nacional no llegó a madurar como para asumir las funciones de
gobierno. Fruto de esto es que recién en 1940 fue ordenado el primer pastor presbiteriano, y que
luego de la salida de Calvin Mackay, y frente al avance de las otras obras misioneras en 1950, la
congregación de Cajamarca se vio dispersada entre las diferentes nuevas obras que se iniciaron,
hasta llegar casi a su desaparición para 1960.
El Movimiento de Santidad, la Alianza Cristiana y Misionera, las Iglesias Pentecostales.
Primero, el denominado "Movimiento de Santidad" de tradición puritano-pietístico, y
luego el fenómeno de la presencia pentecostal en nuestro país, cerrarían los grandes
énfasis evangélicos de este período.
Si durante un tiempo, el movimiento evangélico, ya influenciado por el aporte de las
misiones de fe, se mantuvo distante del movimiento pentecostal, estas diferencias
comienzan a superarse con el correr de los años hasta que este último quedó plenamente
identificado como una de las variantes del amplio espectro denominacional que lo
evangélico podía asumir.
Esta es la razón por la que dos de las denominaciones más importantes en términos
cuantitativos en la Iglesia Evangélica en el Perú, como son en este período las Asambleas
de Dios del Perú, la principal denominación pentecostal, y la Iglesia Alianza Cristiana y
Misionera, mantuvieron su trabajo misionero en términos más bien tradicionales, vale
decir, concibiendo su propósito principal como el anuncio verbal del Evangelio y la
inclusión de nuevos convertidos a sus respectivas congregaciones, mientras que el
CONEP, en un contexto no exento de fricciones y discusiones teológicas y misiológicas,
siguió afirmando la inseparabilidad de las necesidades físicas de las espirituales en el
hombre.
Los primeros misioneros pentecostales en el Perú llegaron a nuestro país en 1911. En
1914, en los inicios de la Primera Guerra Mundial, se fundan las Asambleas de Dios en los
Estados Unidos, la más importante de las denominaciones pentecostales en el Perú.
Como parte de esta primera iniciativa de organización pentecostal a nivel internacional,
llegaron los primeros misioneros de Asambleas de Dios en 1919. Se establecieron
primero en la sierra del departamento de Ancash, y luego, por efecto de la dura oposición
que recibieron, llegaron a Lima y de allí a otras partes del país, generalizándose como una
de las denominaciones que más desarrolló un carácter nacional en las formas de
expresión de su vivencia religiosa. Es también el movimiento evangélico que más cismas
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ha experimentado en su historia. Prácticamente la totalidad de las denominaciones
pentecostales contemporáneas han surgido como parte de un proceso de ruptura con las
Asambleas de Dios.
Los énfasis de ambos movimientos (la Alianza y el Pentecostal) estuvieron en su país de
origen en la evangelización de las clases populares y la búsqueda de una vida de piedad
que fuese un rasgo distintivo del creyente "nacido de nuevo". Como fruto de la influencia
de las características del llamado Movimiento de Fe, ambas denominaciones conciben la
misión básicamente como la evangelización, entendida ésta como el anuncio verbal de un
conjunto de "verdades espirituales" que el hombre debe creer para ser un cristiano
verdadero.
El énfasis de ambos movimientos está, por tanto, en el crecimiento de la Iglesia, no
teniendo una práctica desarrollada en los campos de la acción social, ni en la reflexión
teológica formal. Ambos movimientos sin ser explícitamente fundamentalistas, asumen
buena parte de esta identidad, a partir de los presupuestos conservadores que tienen en
la lectura e interpretación de la Biblia, y en la ausencia de mayores niveles de
compromiso con la transformación de la realidad social del país.
Por su parte, el mundo Pentecostal, que ha estado menos vinculado al campo de una
fundamentación racional de su fe, no necesitó desde sus inicios un discurso elaborado
sobre la participación Pentecostal en el mundo. La negación de las realidades del mundo
en la vida de la Iglesia, llámese partidos políticos, sindicatos, organizaciones de base,
entre otros, y la saturación del tiempo libre de sus miembros, llevó a que la política de
relaciones con las realidades no eclesiales sea, evitarlas, no participar, o no considerarlas
importantes.
Esta situación de encierro social, que caracterizó los inicios del Pentecostalismo en
nuestro país ha ido modificándose a razón de dos fuertes corrientes dentro de la Iglesia
Evangélica en general. Por un lado, la necesidad de alcanzar otros sectores sociales, a
partir del fenómeno de ascenso social de los miembros del Movimiento Pentecostal, lo
cual lleva a realizar modificaciones en el discurso y la estrategia para llegar a estos
sectores. En nuestro país, este fenómeno ha ido acompañado por el auge del
Movimiento Carismático o neo-pentecostal que ha llevado a renovar los antiguos estilos y
concepciones misiológicas dentro del Pentecostalismo clásico.
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EL CRECIMIENTO CUANTITATIVO DE LOS EVANGELICOS EN EL PERU
Para el Censo Nacional de Población de 1940, los evangélicos eran 54,818 personas, cifra que
representaba apenas el 0.88% de la población total. Para esa misma fecha, el Concilio Nacional
Evangélico del Perú, órgano representativo de buena parte de las iglesias y misiones evangélicas
en nuestro país, realizó su propia estimación obteniendo como resultado 22,277 creyentes
evangélicos, una cantidad aproximada al resultado oficial nacional si deducimos del Censo
Nacional de 1940 los 27,822 creyentes del departamento de Puno, mayormente vinculados a las
filas de la Iglesia Adventista que no están incluidos en los datos del Concilio, por no ser esta
agrupación religiosa parte de la tradición evangélica. En ese departamento, el Concilio sólo
registra 785 creyentes.
En términos generales ambas presentaciones estadísticas coinciden en que los tres
departamentos que tienen la mayor cantidad de evangélicos, en valores absolutos, son los
departamentos de Lima, Junín y Cajamarca.
Como podemos observar, en los departamentos con mayor población evangélica se encuentra el
trabajo de las siguientes denominaciones: En Cajamarca, la Misión de la Iglesia Libre de Escocia,
organizadora de la Iglesia Presbiteriana, denominación que para ese entonces mantenía un
trabajo sostenido en la zona nor-oriental del Perú. Esta denominación se caracterizaba por el
trabajo de acción social a través de sus servicios educativos y en salud. En menor proporción, y
como síntoma del período de cambios que estaban ocurriendo en el mundo evangélico tenemos
la presencia de la Iglesia del Nazareno, una denominación perteneciente al Movimiento de
Santidad, cuya labor se dejará sentir en la costa norte del país.
En el departamento de Junín se da la convergencia de tres denominaciones muy importantes
dentro del protestantismo, que refleja cada una de ellas un período de la historia de la Iglesia. En
primer lugar la Iglesia Metodista que corresponde a los inicios mismos del protestantismo
evangélico; en segundo lugar la Iglesia Evangélica Peruana (IEP), que responde a un segundo
momento dentro del primer período de establecimiento de los evangélicos en el Perú; y en tercer
lugar, las Asambleas de Dios del Perú, el movimiento emergente en este período dentro de la
composición interna del campo religioso protestante latinoamericano.
Finalmente, el departamento de Lima reproduce la misma dinámica de convergencia de varias
tradiciones: Metodistas por un lado; la Misión de la Iglesia Libre de Escocia, el Ejército de
Salvación y la Iglesia Evangélica Peruana en segundo lugar; y las Asambleas de Dios en tercer
lugar.
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CONCLUSIÓN
Hay un avivamiento de la maldad en proceso, y parece resultar triunfante. Pero la Biblia dice:
Cuando el pecado aumentó, Dios se mostró aún más bondadoso (Romanos 5.20). Es por eso que,
si bien hay un avivamiento satánico en marcha, Dios no se está quedando con los brazos
cruzados. Él está activo, a través de su Espíritu Santo, produciendo un maravilloso avivamiento
espiritual. Los mismos pasajes bíblicos que hablan de la apostasía y de un avivamiento del mal en
los días últimos, hablan también de un gran derramamiento del Espíritu Santo, que sobrepasará
de lejos la obra de Satanás en el mundo.
Entre luces y sombras, entre la ambigüedad y la ambivalencia, vez tras vez en medio de la
confusión y el caos, la Biblia nos deja vislumbrar un nuevo horizonte, no trazado por el ser
humano sino por la mano de Dios. Es un horizonte que nos infunde nueva vida y esperanza, pues
es el de un reino de justicia, paz y gozo, donde no hay discriminación sino un lugar para todos el
shalom de Dios, el bienestar integral del pueblo.
La palabra ilumina nuestra vivencia y nos lleva a Jesucristo fuente y destinatario de toda cultura.
La palabra está cerca de nosotros, en el idioma que queramos y nos invita a plenitud de vida.
Como dijera Unamuno, no sólo es vida, también vivifica.
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BIBLIOGRAFIA
La Biblia en la historia del Perú. Dr. William Mitchell
Presencia Evangélica en la Sociedad Peruana. Por Oscar Amat y León Pérez
Protestantismo en América Latina. Pablo Deiros.
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