● Hernández González Alexa Valentina
● Benitez Gómez Veronica Montserrat
Alfonso: Deberíamos intentar después, se me hace bastante raro su nerviosismo porqué
descubramos qué es lo que hay debajo.
Diana: Estoy totalmente de acuerdo contigo, busquemos el momento más oportuno.
*Llega la noche*
Juana: Mis niños, iré a la panadería. Saldrá el pan en algunos minutos y quiero traerlo
fresco.
Diana: Claro que si Juana, con cuidado.
*Juana sale por la puerta*
Alfonso: (susurrando) Creo que es momento de descubrir lo que hay en el sótano.
Diana: (susurrando) Pero, ¿Cómo nos deshacemos de Humberto? Para que no nos descubra.
Alfonso: (susurrando) Creo que debemos mandarlo a hacer algo.
Diana: (asintió y caminó a en dónde Humberto se encontraba) Humberto, nos gustaría
mucho que nos consiguieras chocolate en la tienda.
Humberto: (asintiendo y obedeciendo) Claro que si, Señorita Diana. En seguida.
*Humberto emprende camino, mientras que Diana se asegura que se aleje. Cuándo se dió
cuenta que en realidad ya había desaparecido por el camino, regresó a dónde Alfonso
estaba.*
Alfonso: (nervioso) ¿Todo listo?
Diana: (dudosa) ¿Crees que sea buena idea?, no quiero arrepentirme después de las
decisiones que tomemos.
Alfonso: Estoy decidido a saber qué es lo que hay en el sótano.
*Alfonso abre la puerta del sótano, del cual inmediatamente sale polvo, haciendo toser a
ambos*
Diana: Creo que nadie había bajado.
Alfonso: Yo nunca había bajado.
*Sonidos de pasos*
Alfonso: (asustado) ¿Escuchaste eso?
Diana: (nerviosa) Claro que si.
Alfonso: (suspiró) No importa, bajemos.
*Ambos nerviosos bajaron por el sótano, sin embargo todo estaba oscuro. Así que los dos
se pegaron a la pared para encontrar a ciegas el interruptor de la luz. Humberto lo encontró
y prendió la luz, ambos atónitos miraron la escena.
Sobre el piso yacían las cenizas de la madre de Alfonso, junto a algunas cosas que
pertenecían a ella.*
Diana: (temblorosamente) ¿Que es esto?
*Abrió una de las cajas que estaban sobre el suelo, encontrándose con algunas fotos de la
madre de Alfonso.*
Alfonso: (atónito) No entiendo nada, pensé que mi mamá estaba muerta y desaparecida.
¿Como es que están sus cenizas aquí?
Juana: Yo puedo explicarlo.
*la voz de Juana los sorprendió, ambos soltaron lo que sostenían, y nerviosos asintieron.
Alado de Juana estaba Humberto, pálido, con la mirada perdida*
Juana: El día que llegaste aquí por primera vez tu madre descubrió que yo mantenía un
amorío con Humberto, sin embargo, por ser empleados ella nos dijo que teníamos que
terminar o ambos estábamos despedidos. Sabíamos que si éramos despedidos, se nos haría
difícil encontrar un nuevo empleo en dónde se nos proporcionara una vivienda, pero
también sabíamos que no podíamos separarnos por el gran amor que nos tenemos.
Días antes recibimos la noticia que no podíamos tener hijos, así que en el momento
decidimos deshacernos de tú madre para poder sentir un poco de la experiencia que tener
un hijo nos daría. Por eso, ese día por la noche decidimos matarla. Y así poder cuidar de ti
como nuestro propio hijo.
Fin.