UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA
FACULTAD DE FILOLOGÍA
MÁSTER EN EL MUNDO CLÁSICO
Y SU PROYECCIÓN EN LA CULTURA OCCIDENTAL
ASIGNATURA
LA TRADICIÓN CLÁSICA EN LA LITERATURA OCCIDENTAL
TRABAJO FINAL
CASANDRA DE CHRISTA WOLF
CURSO 2021-2022
Alumna: Yolanda Segura Sánchez
ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN: LA AUTORA, SU CONTEXTO Y SU OBRA
2. CASANDRA EN LA MITOLOGÍA GRIEGA
3. LA CASANDRA DE CHRISTA WOLF. LA DESMITIFICACIÓN DEL MITO
4. LA LUCHA CALLADA DE LA MUJER EN EL MUNDO MACHISTA
5. CONCLUSIÓN
6. VALORACIÓN PERSONAL
7. BIBLIOGRAFÍA
1. INTRODUCCIÓN: LA AUTORA, SU CONTEXTO Y SU OBRA
Christa Wolf fue una de las más destacadas escritoras de la extinta República
Democrática Alemana (RDA). Nacida en Polonia en 1929, abandonó todo para salir del
país junto a su familia en 1945 huyendo del Ejército Rojo soviético, instalándose en el
norte de la RDA. La futura escritora se afilió cuatro años más tarde al Partido Socialista
Unificado de Alemania (SED). La joven, que empezaría poco después sus estudios en
Jena y en Leipzig, era una convencida simpatizante del proyecto de Estado marxista-
leninista de la RDA. En 1951 se casó con el escritor Gerhard Wolf.
Tras sus estudios de germanística, Wolf trabajó como asesora científica de la
Asociación de escritores de la RDA. Allí publicaba críticas literarias y se vio rodeada de
gente muy interesante. Eran los izquierdistas y los opositores al régimen nazi,
regresados a casa tras la derrota del 45 con la experiencia del exilio o de los campos de
concentración. Así conoció a la escritora judía Anna Seghers, su gran modelo literario.
Pese a su entusiasmo juvenil, Wolf criticaría más tarde a algunos miembros de aquella
generación y, tras haberse enfrentado a la maquinaria del terror nazi, no levantaron la
voz contra el estalinismo.
Tras ganar Christa un premio literario, los Wolf se instalaron en Berlín oriental en
1962. Sus primeros libros son narraciones encomiásticas de la nueva sociedad
comunista. El cielo partido (1963) cuenta una historia de amor en el umbral de la
construcción del Muro de Berlín.
Mediada la década de los 60, el aparato del régimen la catalogaba como "disidente
leal" dentro del sistema. La escritora mantenía posiciones críticas con la RDA, pero
valoraba el socialismo como una alternativa preferible al capitalismo de la Alemania
occidental. Pese a todo, Wolf diría entonces sobre el Partido único SED: "no buscamos
lo mismo". Pero siguió militando en él hasta 1989.
La emancipación a la ideología oficial tiene un correlato en su desarrollo literario a
partir de su primera novela. Ella diría que este cambio fue parte de su "crecimiento". La
enorme fama de El cielo partido, llevado al cine por Konrad Wolf un año después de su
publicación, le permitía mantener las distancias con el aparato cultural del régimen. En
1968 se publicó Reflexiones sobre Christa T., cuando la escritora se veía sumida en una
crisis personal. El estilo del libro rompe del todo con lo publicado hasta entonces.
Contiene episodios oníricos y técnicas ajenas al realismo, como la corriente de
conciencia. La escritora rompía definitivamente con los cánones formales del realismo
socialista que promovía el régimen. Su ensayo Leer y escribir, que no pudo ser
publicado hasta 1972, ilustraba en esa época las inquietudes de una nueva generación de
literatos en la RDA.
Wolf tenía permiso para atravesar el Telón de Acero. Sus libros eran muy conocidos
en la otra Alemania. En la RFA encontró gran eco En ningún lugar. En ninguna
parte (1979), que narra un encuentro ficticio entre los poetas del Ochocientos Heinrich
von Kleist y Karoline von Günderrode. Cuatro años después publicaría Wolf su novela
corta Casandra en una editorial occidental antes que en la RDA. Esta nueva narración
de la Guerra de Troya causó gran impacto a ambos lados del Muro.
Tras la Unificación de las dos Alemanias, Wolf se retiró de la escena pública. Se
había convertido en el blanco de multitud de críticas por su "oposición domesticada"
dentro del régimen y por sus convicciones socialistas.
Christa Wolf murió en Berlín en 2011 a los 82 años de edad.
2. CASANDRA EN LA MITOLOGÍA GRIEGA
Casandra nace de la mitología griega, y aparece o se la menciona, aunque de forma
muy secundaria en la Ilíada y la Odisea de Homero, y también en el Agamenón de
Esquilo, en este caso como un personaje algo más relevante y desarrollado.
El mito de Casandra es otra de esas historias fantásticas que nos legaron los
griegos y que nos permiten conocer un poco mejor la naturaleza del ser humano y de
la cultura.
Casandra es una profetisa troyana, hija del rey de Troya, Príamo, cuyas profecías
nunca eran creídas. El motivo, según los relatos mitológicos, se encuentra en una
maldición hecha por Apolo. Este le otorgó a Casandra el don de la profecía a cambio de
favores sexuales a los que, una vez conseguido lo que quería, Casandra se negó. Dice el
mito que Apolo entró en cólera. Despechado y herido por la afrenta, se le apareció en
sueños y le escupió en la boca. Con ese gesto, Casandra conservó el don de la
clarividencia, perdiendo el don de la persuasión. De este modo, ella sería capaz de
ver lo que iba a ocurrir en el futuro, pero nadie a su alrededor prestaría atención o
creería en sus vaticinios.
El mito de Casandra plantea entonces la paradoja de tener un don, pero no contar
con la posibilidad de sacarle provecho. Esta contradicción se hace especialmente
evidente en dos momentos de la historia de Troya. Ella logró prever que Paris traería
la ruina al reino y así lo hizo saber, pero nadie la creyó, y cuando Paris llega con
Helena de Troya, Casandra advierte de los grandes males que van a sobrevenir por
ese hecho. Sin embargo, nadie atiende a sus palabras.
Así mismo, ella se opone rotundamente a que el famoso caballo de madera entre en
la ciudad. Sabía de su contenido y quería evitar la tragedia, pero no fue escuchada.
Esa era su maldición.
Sin embargo hay un motivo más evidente para que tomaran a Casandra por una loca y
nunca la tuvieran en cuenta: era mujer. Era mujer en la antigua Grecia. De ahí que la
figura de Casandra se haya considerado posteriormente como el paradigma de la mujer
que se atrevió a hablar. Mientras los hombres intentaban silenciarla a ella y a todas las
mujeres.
Desde el inicio y, como fuese representado en la historia antigua, la mujer es vista
como un objeto, sufriendo la venganza propinada por hombres poderosos, en un mundo
que ellos mismos gobiernan.
No importará su posición como hija del rey Príamo, que en ese momento
gobernaba Troya. Al predecir la inutilidad de la guerra y la caída del reino,
inmediatamente es silenciada, jugando un papel muy importante su rol como mujer.
Para acallar su voz crítica, el rey Príamo, su padre, manda encerrarla. Si Príamo no la
mata es porque, pese a la opinión crítica de Casandra, que él considera traición contra el
reino y contra su autoridad, ama a su hija Casandra.
Esa forma de piedad de Príamo frente a su hija legítima puede parecer despiadada. La
decisión que toma es introducirla en una jaula de mimbre y meterla en el interior de un
pozo, con el fin de que nadie más pueda oírla. Su determinación es no acabar con su
vida, una decisión que no habría tomado el rey troyano ante las mismas circunstancias
con cualquier otra persona.
Sería sencillo que comprendiéramos la locura de Casandra, ante tal destierro. Pero
su don clarividente le permite alcanzar una sabiduría a la altura de una diosa. Poder
comprender su situación y el destino que le depara a ella y a su pueblo le permite
mantener su cordura.
Según cuenta el mito de Casandra, los aqueos, que habían invadido a Troya
utilizando el famoso caballo de madera, iniciaron un saqueo inmisericorde. Casandra
fue capturada como botín de guerra. Se la entregaron al rey Agamenón, quien se
enamoró de ella. Con él perdió su virginidad, dándole un par de hijos gemelos.
Agamenón decidió volver a Grecia y Casandra tuvo una visión en la que se le
presentaba claramente su muerte y la de su esposo. Le pidió fervientemente que no
hicieran ese viaje, sin resultados en sus intentos de persuasión. Cuando llegaron a su
destino, la esposa oficial de Agamenón, Clitemnestra, les dio muerte a ambos.
3. LA CASANDRA DE CHRISTA WOLF. LA DESMITIFICACIÓN DEL MITO
Christa Wolf utiliza la mitología para reescribirla, para dar otra versión del mito, para
reinterpretar sus raíces. Utiliza el mito para analizar la historia y, con ello, para analizar
el presente y los hechos que han conducido a él. Para ello, utiliza figuras míticas
femeninas y las reescribe, con lo que busca la manera de decirnos algo sobre la realidad
actual.
La Casandra de Chista Wolf domina con sus palabras proféticas y su silueta trágica,
dotada de intenso patetismo, una inolvidable escena del Agamenón de Esquilo: ante las
murallas de Micenas, ante la muerte, sabiendo de su muerte. Y de ahí arranca toda la
novela de nuestra autora. Casandra se convierte en la única narradora de su penosa,
amarga, terrible y lúcida historia. Así nos introduce en la novela de una manera drástica,
y Christa Wolf reinterpreta la historia.
La obra es un largo monólogo en primera persona. Casandra es arrastrada como botín
de guerra hasta el sombrío palacio por Agamenón. La hija de Príamo rememora ante los
muros ciclópeos de Micenas toda su historia personal, mientras aguarda a que
Clitemnestra concluya el asesinato de su esposo y la ordene entrar para su propio
sacrificio.
La escena ya estaba en Esquilo. Allí Casandra profetiza la muerte del gran caudillo
del ejército aqueo y la suya propia. Aquí, en esta novela, habla para sí misma y para
otras mujeres lejanas. Pero sobre todo Casandra habla de mujeres. Esas mujeres que la
mitología escondió y que ella se empeña en darles voz. Clitemnestra, la que pondrá fin a
la vida de Casandra obligada por las circunstancias, Hécuba y su transformación a lo
largo de los años de una mujer fuerte y poderosa a una mujer doblegada por el poder
patriarcal. Pártena, Arisbe y Marpesa que la enseñan otra forma de vida donde las
mujeres son protagonistas. Y, por supuesto las amazonas, que acuden a la guerra como
aliadas de los troyanos y que tienen un único objetivo en la vida: “Vale más morir
luchando que vivir como esclavas”.
Siempre partiendo de esa escena, la novelista va a evocar el destino de Casandra,
sometida a su fatal castigo de prever la verdad y no ser jamás creída. Un destino cruel
de una mujer que quiso ser libre y que acabó arrastrada violentamente, en un mundo de
hombres, a su trágico final. Violada, exiliada, esclavizada, Casandra va a morir a manos
de Clitemnestra, en el sanguinolento castillo de Micenas.
Christa Wolf lo que hace es acomodar su lectura del mito a un momento propio y a
un contexto espiritual moderno, y, aún más, alemán. Ecos de la crítica feminista
moderna, pero también de los recelos y quejas de una Alemania vencida en la Segunda
Guerra Mundial, una guerra en la que también las mujeres, como las de Troya, llevaron
una carga añadida de dolores y sumisión, marginadas del ámbito heroico.
En la obra, es la propia Casandra la que nos cuenta su historia. Casandra no profetiza
en poético desvarío, sino que cuenta, reflexiona, revela una sórdida trama. También la
autora de la novela es una mujer, testigo de los límites impuestos a la condición
femenina. En el mundo griego. Y todavía, tal vez, en otros ámbitos.
Protagonista, narradora, autora, voces femeninas, enfoque femenino de los sucesos,
vivencias de mujeres. Porque hay muchas otras siluetas de mujeres en la trama, en
contraste con la de Casandra, podemos hablar de un enfoque feminista de la trama. Se
trata de una queja y un testimonio contra la brutalidad masculina y la opresión. Es decir,
contra ese mundo clásico donde la mujer está condenada a la reclusión doméstica y al
silencio.
La riqueza de figuras femeninas resulta muy atractiva, Desfilan rápidas, pero cada
una de esas mujeres tiene su propia personalidad. Algunas valen más que sus maridos
(Clitemnestra es más inteligente que Agamenón, Hécuba más sabia que Príamo, Enone
más fiel que Paris), otras son víctimas extremas de la crueldad masculina, como la bella
Políxena. Todas están abocadas al sufrimiento y la destrucción violenta.
Sobre todo hay un contraste muy definido entre Clitemnestra y Casandra: la primera,
el verdugo, la segunda, la víctima. Las dos han compartido el trato sexual de
Agamenón, hecho que las une y las enfrenta al mismo tiempo. Nada tiene que
reprocharle Casandra a Clitemnestra. Solo lamenta que el destino la haya colocado
como su adversaria.
La novelista a través de la profetisa troyana, exculpa a Clitemnestra. Tiene que elegir
entre su propia vida y la de Agamenón, y ejecuta fríamente su venganza. En la tradición
mítica griega Clitemnestra siempre ha tenido mala fama, como la asesina de su marido,
la adúltera traidora y usurpadora del trono de Micenas. Desde Homero y la Ilíada, y aún
más en la Odisea, donde el destino de Agamenón y la infiel Clitemnestra se opone al de
Ulises y la fiel Penélope. Incluso se dice que la conducta de Clitemnestra ha atraído
mala fama sobre todas las mujeres. Pero en tiempos actuales, desde una óptica más
feminista cabe una cierta reivindicación de la actitud de Clitemnestra, como la que
intenta Maria José Ragué en su drama Clitemnestra. Es más se llega a decir que
Clitemnestra es la primera feminista, una mujer que ha elegido su destino.
En cuanto a Hécuba, vale más que Príamo. Pero cede ante él y va siendo apartada,
relegada, a medida que la guerra se impone y todo se va degradando.
Solo entre las mujeres encuentra Casandra comprensión y cariño. Es interesante que
sea en un círculo marginal donde las mujeres practiquen esa solidaridad y fraternidad, al
margen también de la sociedad burguesa. Hay un indudable eco ideológico marxista en
algunos de estos pasajes.
Wolf reconstruye, por tanto, la historia de Casandra como historia de una “mujer sin
nombre”, de una mujer “colonizada”. La vuelve a escribir como historia de una mujer
“al margen de la norma”. Sin embargo, el punto de perspectiva se traslada
decididamente a la desmitologización de lo femenino.
La mujer es la víctima de la narración masculina, insertándose en una lógica
radicalmente alternativa, puede reivindicar su ser anormal como ser salvaje, con una
fuerza que no sea violencia, sino antagonismo radical a la lógica masculina de la guerra.
Descolonización del mito, este es el intento de escritura de Casandra.
Para Wolf se trata de reconocer, desmitologizados, los orígenes auténticos de Europa
—la princesa oriental violada por los Cretenses— para cambiar su destino. Un acto de
violencia contra una mujer funda, en el mito griego, la historia de Europa. El sacrificio
humano —el de su hija, Ifigenia, por parte del padre, Agamenón; el de la madre,
Clitemnestra, por parte del hijo, Orestes— se expone a la luz como ritual político sobre
el que se estructura la civilización a la que aún pertenecemos. La política occidental se
fundamenta en un homicidio sacrificial, que es el homicidio de lo femenino.
Su recurso al mito está guiado por la intención de expresar una crítica contra la
guerra, los ideales heroicos y la condición de las mujeres. Hay que destacar la
originalidad de la reinterpretación del sentido del mito. No es solo importante lo que se
añade, sino también lo que se suprime.
Como el enfrentamiento entre Apolo y Casandra, que es la clave del destino de la
profetisa troyana en el relato griego, mientras que aquí se ha vuelto algo marginal y
secundario, ya que Apolo queda relegado a una figura onírica. Tampoco es el empeño
de Casandra en conservar su virginidad algo importante en su historia. Casandra ya no
es una princesa de singular y fatídico destino, sino que es, ante todo, el símbolo de la
mujer sabia que, en ese mundo belicoso y cruel, se atreve a decir lo que piensa, que se
atreve a decir que no, que se independiza con una profesión propia y que quiere hablar
con su propia voz.
Por el contrario, hay una función propagandística a la hora de heroizar a los hombres.
Dos son los ejemplos más relevantes que ilustran esa estrategia: el caso de Paris y el
de Aquiles. Dentro del mundo ficticio de la novela, la causa que provoca la guerra de
Troya es el rapto de Helena, la esposa del rey espartano Menelao. Paris es el
protagonista y se produce la mitificación de este como hijo de Apolo.
Por lo tanto, también Aquiles necesita un origen divino. Pero, muy al contrario,
Aquiles aparece como un ser cruel y despreciable, capaz de cometer las mayores
atrocidades.
Toda la guerra de Troya se basa en un sistema de mentiras propagandísticas que
Casandra irá descubriendo poco a poco. Se falsea el origen de Paris pero sobre todo se
falsea la historia. Desde el comienzo se trata de una guerra cimentada en una mentira,
ya que lo que se aduce como causa inmediata de la guerra, Helena, es una escusa
propagandística para encubrir el verdadero motivo de la guerra, la hegemonía del
Helesponto.
Para todos los héroes guarda Casandra sus reproches.
En una novela resulta tópico que se conceda notable espacio al amor. Pero, al
inventarse una relación sentimental con Eneas, la novelista no cede tan solo a una
tendencia del género, sino que la aprovecha para moldear mejor a su protagonista,
llevarla a su lado más femenino con ese toque pasional, que aún hace más patético su
destino final y su soledad. Así rememora Casandra la separación. Eneas se va hacia un
destino heroico como fundador de una nueva ciudad. Ella se queda en Troya, donde,
como la ciudad, será llevada a la destrucción.
4. LA LUCHA CALLADA DE LA MUJER EN EL MUNDO MACHISTA
Al leer la historia de Casandra, que nos propone Christa Wolf, nos acercamos no solo
al mito de este personaje femenino, sino a una comparación de la Antigüedad con el
mundo contemporáneo de la autora (en el momento en que escribió la obra) y que
mantiene toda su vigencia en la actualidad. El centro de esta novela es la opresión de la
mujer ante un mundo liderado por hombres.
La autora consigue realizar una perfecta analogía del encierro de Casandra con el
silencio de la mujer, que tiene que vivir en un mundo machista. Si la Ilíada narra la
guerra de Troya centrándose en un personaje masculino y victorioso, Aquiles, y desde
una perspectiva distante, Casandra narra la historia desde la perspectiva narrativa de
una mujer troyana, una vencida, la perspectiva de los inicios del patriarcado.
Hemos visto cómo la mujer occidental ha conseguido ganar terreno en sus derechos,
fundamentales para todos los seres humanos. Apenas en los años 80 del siglo XX, se
iniciaba tímidamente un progreso de la mujer en torno a la igualdad, siendo esta
obra, Casandra, una pieza clave.
La autora deja ver la importancia de la mujer en la cultura de todos los tiempos. Con
el castigo propinado a Casandra se resquebraja la cultura misma. Pero nuestra
protagonista, antes de aceptar su destino, deja en la mano del resto de mujeres su
historia, para que el futuro la conozca y pueda defender los derechos del género
femenino.
Respecto a su trabajo con Casandra escribía su propia autora:
“Me causó un shock ver que las mujeres no tienen voz en nuestra cultura desde hace
tres mil años […]. Este fue mi proceso de desmitologización: diluir los síndromes de
alienación que el patriarcado ha puesto sobre toda voz femenina de esta cultura. Así
constituyo yo misma de nuevo una figura desde mi experiencia de que en la civilización
actual toda mujer, si intenta ser activa en las instituciones que existen, es objetualizada”.
A este propósito responde el devolver voz y credibilidad a Casandra. Será princesa,
sacerdotisa y finalmente esclava de Agamenón. Los tres estados reproducen bien la
simultaneidad de presencia y ausencia de las mujeres en la vida pública y en la historia.
Casandra opta por la única profesión que supone una poderosa actividad social y que le
está permitida a la mujer. Sin embargo, el camino del saber es también el camino del
descenso social y de la marginación.
En palabras de su autora, “con Casandra se nos transmite una de las primeras figuras
femeninas cuyo destino anuncia lo que, durante tres mil años, les ocurrirá a las mujeres:
ser reducidas a objeto”.
Europa es una civilización patriarcal fundada en la guerra. La voz es la de Casandra,
pero está claro que aquí la referencia no es solo a aquella guerra de asalto que fue la
Guerra de Troya. Imposible no leerlo en la Guerra Fría y, antes incluso, en la Segunda
Guerra Mundial. No obstante, se puede proyectar el texto más allá de su tiempo, y leer
en él el choque de civilizaciones, el conflicto entre Occidente e Islam con el que hemos
entrado en el nuevo milenio.
Casandra es una metáfora sobre el poco valor que la sociedad ha concedido
históricamente a las opiniones de las mujeres y la escasa credibilidad que se le ha
atribuido a la palabra de una mujer en nuestro mundo. Con Casandra, Christa Wolf
consiguió una obra redonda, contemporánea y antigua que nos permite recordar a la
humanidad el importante papel de la mujer.
5. CONCLUSIÓN
La novela está construida sobre su largo soliloquio ante la puerta micénica de los
Leones. Es un acierto haber elegido esa forma y ese paisaje para el relato. Actualizado,
con muchos trazos novedosos, pero fiel, en su renovado sentido, al talante trágico de la
heroína, renacida alemana en el siglo de las dos Guerras mundiales.
Así reescribe Christa Wolf la figura de Casandra, reescribe el mito. Da voz a
Casandra como perdedora de la historia, como mujer en lucha con el saber y el poder.
Así le da a Casandra la opción de reescribir la historia desde la perspectiva individual y
colectiva del propio conocimiento.
La novela narra un proceso social irreversible, un proceso que deja atrás otras
posibilidades históricas. Describe cómo una sociedad evoluciona hacia un estado de
opinión en donde todas las argumentaciones desembocan inevitablemente en la
justificación de la necesidad de una guerra.
6. VALORACIÓN PERSONAL
En esta obra vemos la influencia de la literatura y la cultura clásica claramente
reflejada en una novela contemporánea. La autora trata de trasladar el mito de Casandra
a una actualidad cercana a ella, haciendo una comparación entre la ficción mítica, que al
final llega a desmitificar, y la realidad de los momentos vividos por la novelista (guerras
mundiales, la Guerra Fría…). Pero lo hace con un lenguaje poético y cargado de
simbolismo que nos hace vivir y sufrir la angustia de la protagonista de la obra.
7. BIBLIOGRAFÍA
Espinoza, N. Á.: El silencio femenino en el mito griego de Casandra. Revista de
Lenguas Modernas, (19), 2013.
García Gual, C.: Acerca de Casandra de Christa Wolf, Humanitas XLVII, 1995.
Vinale, A.: La destitución del mito. Christa Wolf y la reescritura de la memoria
histórica. Lectora. Revista de dones y textualitat, 2018.
Siguán M.: “’¿Es imaginable un mundo en que encuentre mi lugar?’ Christa
Wolf, Casandra y Medea”, en El perfil de les ombres. El teatre clàsic al marc de
la cultura grega i la seua pervivencia dins la cultura occidental. Levante editori,
2001.
Palma Ceballos, M.: “Kassandra de Christa Wolf: la búsqueda de un nuevo
lenguaje”, en Márgenes y minorías en la literatura. Ediciones del Orto, 2003.
Wolf, C.: Casandra. El País, novela histórica, 2005.