Para educar leyendo
La fuerza y la dulzura
Cierta vez el sol y el agreste viento del norte se pusieron a discutir para saber cuál de
los dos era el más fuerte.
Estuvieron discutiendo mucho tiempo hasta que decidieron probar sus fuerzas en un
viajero que, en aquel momento, cabalgaba por el camino.
-Mira - dijo el viento -, voy a lanzarme sobre él y en un momento le arrancaré el abrigo.
El viento inmediatamente comenzó a poner en práctica sus propósitos. Empezó a soplar
con toda su fuerza. Pero cuanto más se esforzaba, más se embozaba en su abrigo el
viajero, y a la par que se enojaba contra el viento del norte, más se empeñaba en andar
hacia adelante.
El viento se enfureció y acabó cubriendo de nieve al pobre hombre. El caballero se
metió las mangas del abrigo, lo apretó contra su pecho y se abrochó bien el cinturón.
Entonces, el sol, viendo el fracaso de su rival, sonrió y apareciendo detrás de las nubes,
derramó sus rayos, secó la tierra y, al mismo tiempo calentó al pobre viajero ya casi
helado. Éste al notar el calor de los rayos solares se animó, se quitó el abrigo, lo dobló y
lo puso sobre la grupa de su montura.
-¿Lo ves? – Le dijo entonces el sol al viento perverso -, ¿ves como con dulzura y bondad
se puede hacer bastante más que con violencia y maldad?
Revista Educación en Valores. Universidad de Carabobo. Enero - Junio 2015 Vol. 1 N° 23 | 40