RESUMEN:
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
POST-SINODAL
CHRISTIFIDELES LAICI
DE SU SANTIDAD
JUAN PABLO II
SOBRE VOCACIÓN Y MISIÓN DE LOS LAICOS
EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
INTEGRANTES:
• Gabriela Gallardo Gutierrez
• Nicole Vásquez Arnedo
CAPÍTULO I
YO SOY LA VID, VOSOTROS LOS SARMIENTOS
La dignidad de los fieles laicos en la Iglesia-Misterio
El misterio de la viña.
Los fieles laicos no son simplemente los obreros que trabajan en la viña, sino que forman
parte de la viña misma, y esta es la Iglesia, el pueblo elegido por Dios que vivimos en una
misma comunión manifestándola a través de las acciones y actitudes en la historia,
revelando nuestra identidad, así como la dignidad que nos sirve de guía para la vocación y
misión que tenemos en el mundo.
Quiénes son los fieles laicos
Se diferencian por el carácter peculiar de su vocación, que se encuentran incorporados a
Cristo por el Bautismo (nueva creación purificada del pecado y vivificada por la gracia), del
mismo modo a la Iglesia, ejerciendo su misión en ella. Fijándose como uno en Cristo por
medio de la fe y sacramentos de iniciación cristiana, para que este posea la riqueza que
brinda Dios y pueda ser la verdadera imagen de un católico comprometido con la Iglesia.
El Bautismo y la novedad cristiana
Todo fiel laico tiene como finalidad compartir su fe y que pueda cumplir con sus
compromisos dadas a un inicio del bautismo, sea el caso de la vocación otorgada por Dios.
Características del fiel laico: El Bautismo nos regenera a la vida de los hijos de Dios; nos
une a Jesucristo y a su Cuerpo que es la Iglesia; nos unge en el Espíritu Santo
constituyéndonos en templos espirituales.
Hijos en el Hijo
El Bautismo es, la forma de un nuevo nacimiento, tanto, así como una regeneración en
cuerpo, alma y espíritu, agradeciendo a Dios por esta oportunidad comparándola con la
resurrección de Jesús para la salvación del Mundo. Siendo reconocidos como hijos de Dios,
mandando a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo.
Un solo cuerpo en Cristo
Todos los bautizados son Iglesia, así como miembros de Cristo, puesto que mediante el
bautismo se produce una incorporación al cuerpo de Cristo, del mismo modo en la
resurrección como un cristiano nuevo, como una casa espiritual por el espíritu santo pues
este lo unge, para la participación en la misma misión de Jesús el Cristo, el Mesías Salvador.
Partícipes del oficio sacerdotal, profético y real de Jesucristo
Todos los fieles laicos tienen la posibilidad de participar en el triple oficio: sacerdotal,
profético y real de Jesucristo, desarrollado en la Confirmación, y su cumplimiento y dinámica
sustentación en la Eucaristía, porque todos nosotros somos bautizados y ungidos al igual
que Cristo, de este modo también puedan consagrar a Dios el mundo, comprometiéndose a
acoger con fe el evangelio para así compartirla con la Iglesia en la vida cotidiana, familiar y
social.
Los fieles laicos y la índole secular
Todos los fieles laicos tienen en común la dignidad bautismal que lo distingue sin
excluirlo, del presbítero, del religioso y de la religiosa. Índole Secular, participación del laico
en su propia modalidad de actuación y de función dentro de la Iglesia, en el sentido
sociológico y teológico.
El sentido propio y peculiar de la vocación divina dirigida a los fieles laicos, no es sacarlos ni
que abandonen su lugar en el mundo o en la sociedad si no que actúen en su situación
intramundana.
Llamados a la santidad
Todos estamos dirigidos por el espíritu santo al camino de la santidad para la renovación
evangélica de la vida cristiana, siendo esta de vital importancia en la Iglesia para la acogida
de la invitación del apóstol, sirviendo de fuente y origen de renovación en las circunstancias
más difíciles de toda la historia de la Iglesia.
La vocación a la santidad esta principalmente en la Eucaristía que mediante ello quedamos
capacitados y comprometidos a manifestar la santidad
Santificarse en el mundo
Todo el Pueblo de Dios, y los fieles laicos en particular, encuentran nuevos modelos de santidad y
testimonios de virtudes heroicas vividas en las condiciones comunes y ordinarias de la existencia
humana.
La santidad garantiza y promueve el espíritu de comunión y de fraternidad en la sociedad, al
mismo tiempo, se convierte en el secreto y la fuerza del dinamismo apostólico y misionero
de los fieles laicos.
CAPÍTULO II
SARMIENTOS TODOS DE LA ÚNICA VID
La participación de los fieles laicos en la vida de la Iglesia-Comunión
El misterio de la Iglesia-Comunión
La misteriosa comunión vincula en unidad al Señor con los discípulos, a Cristo con los
bautizados; una comunión viva y vivificante, por la cual los cristianos ya no se pertenecen a
sí mismos, sino que son propiedad de Cristo, como los sarmientos unidos a la vid. Y si
estamos hablando de Cristo, estamos abarcando a tres personas, hecha posible por el
Espíritu Santo que inserta vital- mente en Jesucristo al renacido en el Bautismo, y comunión
de los bautizados entre sí, como hijos del Padre en el Hijo por el Espíritu Santo.
El Concilio y la eclesiología de comunión
La eclesiología de comunión es la idea central y fundamental de los documentos del Concilio
Vaticano II, Iglesia abierta y cercana como Jesús, esencialmente misionera y evangelizadora
en todos sus miembros, principalmente en la comunión con Dios por medio de Jesucristo, en
el Espíritu Santo.
Una comunión orgánica: diversidad y complementariedad
Se caracterizada por la simultánea presencia de la diversidad y de la complementariedad de
las vocaciones y condiciones de vida, de los ministerios, de los carismas y de las
responsabilidades, puesto se encuentra en relación con todo el cuerpo y ofrece su propia
aportación.
La comunión eclesial es un valioso don del Espíritu Santo, que los fieles laicos están
llamados a acoger con gratitud y responsabilidad, mostrándolo en la su vida y participación
de la Iglesia aportando con funciones y carismas. El fiel laico debe vivir en continuo
intercambio con los demás para que pueda enriquecerse logrando un vivió sentido de la
fraternidad.
Los ministerios y los carismas, dones del Espíritu a la Iglesia
La Iglesia, distribuye diversos dones jerárquicos y carismáticos entre todos los bautizados a
su participación en la vida de la Iglesia.
Los ministerios que derivan del Orden
La misión de los Apóstoles, esta en el genuino servicio, llamado «diaconía» en la Sagrada
Escritura. Mediante el sacramento del Orden; reciben la autoridad y el poder sacro para
servir a la Iglesia y para congregarla en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y de los
Sacramentos. Los fieles laicos deben reconocer, el sacerdocio ministerial como necesaria
para la vida y participación en la misión de la Iglesia
Ministerios, oficios y funciones de los laicos
Los pastores, reconocen y promueven los ministerios, oficios y funciones de los fieles laicos,
teniendo como fundamento sacramental en el Bautismo, Confirmación, y en muchos casos
en el Matrimonio.
Dentro de los oficios que pueden ejercer los laicos son: potestad de régimen, función
docente y función santificadora, tienen como función, ayudar a concretar las cuatro
dimensiones tradicionales de la Iglesia: caridad (diakonia), comunión (koinonia),
evangelización (martyria) y culto (leiturgia)
Los carismas
Enriquece a la Iglesia ya que son las gracias del Espíritu Santo que presentan una utilidad
eclesial, ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades
del mundo haciéndose presente como dones: el don de Asistencia, el carisma de Curación o
sanación, el carisma de milagro y la Fe Carismática. Pertenecen en aquellos que presiden en
la Iglesia, a quienes especialmente examinan todo y retienen lo que es bueno con el fin de
que todos los carismas cooperen, en su diversidad y complementariedad, para el bien
común
La participación de los fieles laicos en la vida de la Iglesia
Se encuentra en la expresión de vida y misión de las Iglesias correspondientes a las
diócesis, en la cual actúan en la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica.
El Concilio anima a los fieles laicos que vivan y participen activamente en la Iglesia, y
puedan ayudar al sacerdote a mejorar la parroquia o diocesis a nivel general.
La parroquia
Es la familia de Dios, fraterna y acogedora en la comunidad de los fieles en otras palabras
comunidad eucarística. Hoy en día para mantener en acción a todas las parroquias del
mundo se necesita atención y renovación de estas, debido a escasos medios materiales o
ministros ordenados, incluyendo la ubicación geográfica de donde se encuentra y el
contexto social.
El compromiso apostólico en la parroquia.
Tomando importancia en la comunión y la participación de los fieles laicos en la vida de la
parroquia, los fieles deben estar convencidos del compromiso apostólico en su parroquia,
deben habituarse a trabajar en la parroquia en íntima unión con sus sacerdotes, deben
prestar una gran ayuda al crecimiento de la comunión eclesial en sus parroquias.
Formas de participación en la vida de la Iglesia.
Los fieles laicos, juntamente con los sacerdotes, religiosos y religiosas, constituyen el único
Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, de esta manera con su ser y con su obrar, se ponen al
servicio del crecimiento de la comunión eclesial, siendo este el bien de todos
transformándose en el bien de cada uno, y el bien de cada uno se convierte en el bien de
todos.
Formas personales de participación
En el apostolado personal descubriendo, el dinamismo misionero de cada uno de los fieles
laicos, compartiendo el evangelio, ligada a la coherencia de la vida personal con la fe;
llegando a tantos lugares y ambientes como a nuestros vecinos, amigos o colegas, dándole
sentido pleno de la existencia humana: la comunión con Dios y entre los hombres.
Formas agregativas de participación
Se ve reflejado en la acción solidaria que los laicos llevan a cabo en la responsabilidad en su
vida y misión de la Iglesia. Se caracteriza en la variedad y vivacidad en la iniciativa y
generosidad dentro de la comunidad para que puedan comprometerse en una acción
misionera y apostólica.
Criterios de eclesialidad para las asociaciones laicales
Para comprender siempre en la perspectiva de la comunión y misión de la Iglesia.
• Vocación de cada cristiano a la santidad, todos los laicos llamados para ser un
instrumento de santidad.
• La responsabilidad de confesar la fe católica, en la Iglesia.
• El testimonio de una comunión firme y convencida.
• La conformidad y la participación en el «fin apostólico de la Iglesia»
• El comprometerse en una presencia en la sociedad humana, que, a la luz de la
doctrina social de la Iglesia.
Dichos criterios se evidencian en los frutos de la vida y obras asociadas.
El servicio de los Pastores a la comunión
Acompañar al discernimiento y en el crecimiento de los fieles laicos en la comunión y misión
de la Iglesia, sirviendo con fidelidad y laboriosidad, según el modo de su vocación.
Todos, Pastores y fieles, están en obligación a beneficiar y nutrir los vínculos y relaciones
fraternas de estima, cordialidad y colaboración entre las diversas formas asociativas de los
laicos.
La vida de comunión eclesial sirve como modelo de fuerza que conduce a creer en Cristo.
CAPÍTULO III
OS HE DESTINADO PARA QUE VAYÁIS Y DEIS FRUTO
La corresponsabilidad de los fieles laicos en la Iglesia-Misión
Comunión misionera
Es la comunión de los cristianos entre sí, en conjunto del don de Cristo y de su Espíritu.
La comunión y la misión están mutuamente relacionadas, siendo esta el único e idéntico
Espíritu el que convoca y une la Iglesia, quien confiere Dios una gran responsabilidad en los
fieles laicos, para el bien de la Iglesia, reconociendo sus servicios y carismas.
Anunciar el Evangelio
Los integrantes de la Iglesia tienen la vocación y misión de anunciar el Evangelio: son
habilitados y comprometidos en esta tarea por los sacramentos de la iniciación cristiana y
por los dones del Espíritu Santo, puesto que en ella se concentra el núcleo principal la
identidad de la Iglesia, donde se actúa por la gracia y el mandato de Jesucristo; de esta
manera de construye y plasma la fe de los laicos, dentro de la moral cristiana ya que es
ejercida dentro del corazón y espíritu del laico.
Ha llegado la hora de emprender una nueva evangelización.
Dentro de los conflictos de los países de primer mundo surgen decadencias en los
momentos mas significativos del ser humano: del nacer, del sufrir y del morir; en
consecuencia, del continuo indiferentismo, secularismo, y del ateísmo dentro de la sociedad,
en comparación a otras naciones que se ven muy conservadoras en estos aspectos de
religiosidad popular cristiana, sin embargo, estas también corren el riesgo del patrimonio
moral y espiritual entrando a la secularización y difusión. Tenemos que, contra restar este
riesgo con la evangelización de una fe límpida y profunda, para crear tradiciones con
auténtica libertad.
Los fieles laicos tienen la responsabilidad de testificar con la fe cristiana del Evangelio y la
vida propia dentro del contexto social, evidenciándose en la participación activa y
responsable en su parroquia, trabajo y hogar.
Id por todo el mundo
La Iglesia es de vital importancia para la evangelización; esta debe entrar en constantes
cambios dentro de su dinamismo, relacionándose entre sí las diferentes comunidades para
poder lograr un intercambio de misiones que se encargan de anunciar el Evangelio y vivirla,
teniendo la ayuda de los jóvenes con su testimonio para que la Iglesia se pueda enriquecer.
Vivir el Evangelio sirviendo a la persona y a la sociedad
Los fieles laicos participan en la misión de servir a las personas y a la sociedad, de modo
que puedan liberar y salvar a los hombres, teniendo en cuenta que la Iglesia siempre está
relacionada con su historia, pues ellos van a manifestar el misterio de Dios con su misión
evangelizadora con singular claridad y fuerza.
Promover la dignidad de la persona
El origen de la dignidad proviene de la creación del hombre a su imagen y semejanza de
Dios, esta es la consecuencia del valor en sí mismo y por sí mismo y como tal exige ser
considerado y tratado, por ende, este es el fundamento de la igualdad de todos los
hombres, siendo una propiedad indestructible ante la mano del hombre, es decir la
colectividad, las instituciones, las estructuras, y los sistemas dentro de la sociedad.
Venerar el inviolable derecho a la vida
La dignidad personal de todo ser humano exige el respeto, la defensa y la
promoción de los derechos de la persona humana. Se trata de derechos naturales,
universales e inviolables. Nadie, ni la persona singular, ni el grupo, ni la autoridad, ni
el Estado pueden modificarlos y mucho menos eliminarlos, porque tales derechos
provienen de Dios mismo.
Libres Para Invocar El Nombre Del Señor
El respeto de la dignidad personal, que comporta la defensa y promoción de los
derechos humanos, exige el reconocimiento de la dimensión religiosa del hombre. Es
una exigencia que encuentra su raíz inextirpable en la realidad misma del hombre.
La Familia, Primer Campo En El Compromiso Social
El matrimonio y la familia constituyen el primer campo para el compromiso social de
los fieles laicos. Es un compromiso que sólo puede llevarse a cabo adecuadamente
teniendo la convicción del valor único e insustituible de la familia para el desarrollo
de la sociedad y de la misma Iglesia.
La Caridad, Alma Y Apoyo De La Solidaridad
La misericordia con los pobres y enfermos, así como las llamadas obras de caridad y
de ayuda mutua, dirigidas a aliviar las necesidades humanas de todo género, la
Iglesia las considera un especial honor y la caridad con el más alto don que el
Espíritu ofrece para la edificación de la Iglesia.
CAPÍTULO IV
LOS OBREROS DE LA VIÑA DEL SEÑOR
Buenos administradores de la multiforme gracia de Dios
LA VARIEDAD DE LAS VOCACIONES
Hay variedad en la iglesia no sólo a la edad, sino también a las diferencias de sexo y a la diversidad de
dotes, a las vocaciones y condiciones de vida; es una variedad que hace más viva y concreta la riqueza
de la Iglesia.
JÓVENES, NIÑOS, ANCIANOS
Los jóvenes constituyen una fuerza excepcional y son un gran desafío para el futuro de la Iglesia. En
efecto, en los jóvenes la Iglesia percibe su caminar hacia el futuro que le espera y encuentra la imagen
y la llamada de aquella alegre juventud, con la que el Espíritu de Cristo incesantemente la enriquece.
En este sentido el Concilio ha definido a los jóvenes como «la esperanza de la Iglesia».
LOS NIÑOS Y EL REINO DE LOS CIELOS
Los pequeños tienen un papel importante en el Reino de Dios: son el símbolo elocuente y la espléndida
imagen de aquellas condiciones morales y espirituales, que son esenciales para entrar en el Reino de
Dios y para vivir la lógica del total abandono en el Señor.
LOS ANCIANOS Y EL DON DE LA SABIDURÍA
Los ancianos son símbolo de la persona rica en sabiduría y llena de respeto a Dios. En este
mismo sentido, el «don» del anciano podría calificarse como el de ser, en la Iglesia y en la
sociedad, el testigo de la tradición de fe, el maestro de vida, el que obra con caridad.
MUJERES Y HOMBRES
Es necesario que la Iglesia reconozca todos los dones de las mujeres y de los hombres, y los
traduzca en vida concreta, el reconocimiento y la utilización de estos dones, experiencias y
aptitudes de los hombres y de las mujeres, para que nuestra misión se haga más eficaz.
FUNDAMENTOS ANTROPOLÓGICOS Y TEOLÓGICOS
Tener la justa presencia de la mujer en la Iglesia y en la sociedad en una consideración de
los fundamentos antropológicos y teológicos de la condición masculina y femenina, destinada
a precisar la identidad y respeto de los dos sexos, recíproca complementariedad con el
hombre, no sólo por lo que se refiere a los papeles a asumir y las funciones a desempeñar,
sino también, y más profundamente, por lo que se refiere a su estructura y a su significado
personal.
MISIÓN EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
La mujer, lo mismo que el varón, es hecha partícipe del triple oficio de Jesucristo Sacerdote,
Profeta, Rey; y, por tanto, está habilitada y comprometida en el apostolado fundamental de
la Iglesia: la evangelización. Por otra parte, precisamente en la realización de este apostolado,
la mujer está llamada a ejercitar sus propios «dones», todo aquello que se refiere a la
recepción de la Palabra de Dios, su comprensión y su comunicación.
COMPARECENCIA Y COLABORACIÓN DE LOS HOMBRES Y DE LAS MUJERES
La razón fundamental que exige la presencia y la colaboración de los hombres y de las mujeres
es el designio originario del Creador que desde el «principio» ha querido al ser humano como
«unidad de los dos»; ha querido al hombre y a la mujer como primera comunidad de personas,
raíz de cualquier otra comunidad y, al mismo tiempo, como «signo» de aquella comunión
interpersonal de amor que constituye la misteriosa vida íntima de Dios Uno y Trino.
LOS ENFERMOS Y LOS QUE SUFREN
El hombre está llamado a la alegría, pero experimenta diariamente tantísimas formas de
sufrimiento y de dolo, dirijamos ahora la atención a los aquejados por la enfermedad en sus
más diversas formas. Los enfermos, en efecto, son la expresión más frecuente y más común
del sufrir humano.
ACCIÓN PASTORAL RENOVADA
Es una preciosísima herencia, que la Iglesia ha recibido de Jesucristo, que debe ser valorizada
y enriquecida cada vez más mediante una recuperación y acción capaz de sostener y de
promover atención, cercanía, presencia, escucha, diálogo, participación y ayuda concreta en
momentos en los que la enfermedad y el sufrimiento ponen a dura prueba, en la fe en Dios y
en su amor de Padre.
ESTADOS DE VIDA Y VOCACIONES
Todos los estados de vida y vocaciones, ya sea en su totalidad como cada uno de ellos en
relación con los otros, están al servicio del crecimiento de la Iglesia; son modalidades distintas
que se unifican profundamente en el «misterio de comunión» de la Iglesia y que se coordinan
dinámicamente en su única misión.
LAS DIVERSAS VOCACIONES LAICALES
Dentro de vida laical se dan diversas «vocaciones», o sea, diversos caminos espirituales y
apostólicos que afectan a cada uno de los fieles laicos. A los fieles laicos, y también a los
mismos sacerdotes, está abierta la posibilidad de profesar los consejos evangélicos de
pobreza, castidad y obediencia a través de los votos o las promesas.
CAPÍTULO V
PARA QUE DÉIS MÁS FRUTO
La formación de los fieles laicos
MADURAR CONTINUAMENTE
El hombre es interpelado en su libertad por la llamada de Dios a crecer, a madurar, a dar
fruto. No puede dejar de responder; no puede dejar de asumir su personal responsabilidad.
DESCUBRIR Y VIVIR LA PROPIA VOCACIÓN Y MISIÓN
Esta vocación y misión personal define la dignidad y la responsabilidad de cada fiel laico y
constituye el punto de apoyo de toda la obra formativa, ordenada al reconocimiento gozoso
y agradecido de tal dignidad y al desempeño fiel y generoso de tal responsabilidad.
UNA FORMACIÓN INTEGRAL PARA VIVIR EN LA UNIDAD
En el descubrir y vivir la propia vocación y misión, los fieles laicos han de ser formados para
vivir aquella unidad con la que está marcado. Toda actividad, toda situación, todo esfuerzo
concreto son ocasiones providenciales para un «continuo ejercicio de la fe, de la esperanza y
de la caridad».
ASPECTOS DE LA FORMACIÓN
Sin duda la formación espiritual ha de ocupar un puesto privilegiado en la vida de cada uno,
la formación integral y unitaria de los fieles laicos es particularmente significativo, por su
acción misionera y apostólica, el crecimiento personal en los valores humanos.
COLABORADORES DE DIOS EDUCADOR
Dios se revela y cumple en Jesús, el Maestro, y toca desde dentro el corazón de cada hombre
gracias a la presencia dinámica del Espíritu. La Iglesia madre está llamada a tomar parte en
la acción educadora divina, bien en sus distintas articulaciones y manifestaciones con la
colaboración de todos sus miembros: sacerdotes, religiosos y fieles laicos.
OTROS AMBIENTES EDUCATIVOS
La misma vida cotidiana de una familia auténticamente cristiana constituye la primera
«experiencia de Iglesia», las escuelas y universidades católicas, como también los centros de
renovación espiritual que hoy se van difundiendo cada vez más, los grupos, las asociaciones
y los movimientos. Juntando hombres y mujeres, que con espíritu cívico y cristiano desarrollan
una tarea educativa en la escuela y en los institutos de formación.
LA FORMACIÓN RECIBIDA Y DADA RECÍPROCAMENTE POR TODOS
La formación no es el privilegio de algunos, sino un derecho y un deber de todos, se debe de
ofrecer para todos la posibilidad de la formación, sobre todo a los pobres, los cuales pueden
ser fuente de formación para todos ayudando a cada uno a realizar la plena vocación humana
y cristiana.
LLAMAMIENTO Y ORACIÓN
Los trabajos sinodales han constituido para todos los participantes una gran experiencia
espiritual para discernir y acoger el renovado llamamiento de su Señor; presentando al mundo
de hoy el misterio de su comunión y el dinamismo de su misión de salvación. Estará en función
de la efectiva acogida que el llamamiento del Señor recibirá por parte del entero Pueblo de
Dios y, dentro de él, por parte de los fieles laicos.