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La Geopolítica Petrolera de Venezuela

Venezuela ha sido un importante productor de petróleo durante décadas debido a sus grandes reservas y ubicación cerca de los mercados de Estados Unidos y Europa. Venezuela ha jugado un papel clave como proveedor confiable de petróleo para los aliados durante la Segunda Guerra Mundial y en otras crisis energéticas. Sin embargo, la geopolítica mundial gira en torno al control de los territorios con mayores reservas de petróleo, y Estados Unidos busca asegurar su suministro de energía y mantener su supremacía a través de

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La Geopolítica Petrolera de Venezuela

Venezuela ha sido un importante productor de petróleo durante décadas debido a sus grandes reservas y ubicación cerca de los mercados de Estados Unidos y Europa. Venezuela ha jugado un papel clave como proveedor confiable de petróleo para los aliados durante la Segunda Guerra Mundial y en otras crisis energéticas. Sin embargo, la geopolítica mundial gira en torno al control de los territorios con mayores reservas de petróleo, y Estados Unidos busca asegurar su suministro de energía y mantener su supremacía a través de

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La Geopolítica Petrolera De Venezuela

La Geopolítica de Venezuela como papel importante de producción petrolera en el mundo

A lo largo de muchísimas décadas Venezuela afincó el desarrollo de su industria petrolera sobre un conjunto de

grandes ventajas estratégicas. La primera de esas ventajas es el inmenso volumen de nuestras reservas

probadas de petróleo, tanto convencional como de crudos extrapesados en la faja del Orinoco.

La segunda ventaja proviene de nuestra extraordinaria ubicación geográfica, al norte de Suramérica y muy

cerca de nuestros mercados naturales como lo son EEUU, Europa, el Caribe, Centro y Suramérica. Estábamos

cerca de los mercados y lejos de los conflictos.

La tercera ventaja es que éramos percibidos como un productor serio. No violábamos los contratos suscritos y,

cuando era necesario, los renegociábamos con firmeza, pero sin traumas para las partes. Éramos un país

democrático donde operaba el equilibrio de los poderes. Había seguridad jurídica.

Venezuela era percibida como el abastecedor de petróleo más seguro y confiable del mundo. Esa posición se la

ganó a lo largo de muchas décadas. Veamos:

A) Durante la II Guerra Mundial, Venezuela aportó cerca del 60% del petróleo utilizado por las fuerzas aliadas,

transformándose así en un factor determinante del triunfo. Mientras la maquinaria bélica del Eje se paralizaba

por falta de combustible, los aliados contaban con un suministro inagotable de petróleo que provenía del

subsuelo venezolano.

B) En las postrimerías de la Guerra en Corea, se produce la primera caída del Shah de Irán. El suministro

petrolero de aquel país se vio interrumpido a raíz de la nacionalización de la Anglo-Iranian por parte de

Mossadegh. Sin el petróleo iraní -que era requerido por el esfuerzo bélico- se pensó que el comunismo tomaría

el sureste asiático. En aquella ocasión, Venezuela incrementó su producción petrolera y ayudó a resolver la

crisis.

C) En junio de 1967 estalla la Guerra de los Seis días entre Israel y las naciones árabes....

La energía es tan fundamental para la supervivencia de la civilización contemporánea,


globalizada a través del sistema capitalista, como lo fueron el oro y las piedras preciosas
para el sistema mercantilista feudal.

Muchas son las fuentes energéticas de que se valen las naciones para satisfacer sus
necesidades de subsistencia; pero entre ellas, es sin duda el petróleo la más importante de
todas y, de acuerdo con todos los pronósticos, seguirá siéndolo por lo menos durante los
próximos 50 años, cuando quizás la energía proveniente de la fusión nuclear, que es energía
nuclear limpia, sea factiblemente explotable.

Y así como en la edad moderna renacentista, la geopolítica mundial giraba en torno al


dominio de los territorios con mayores “riquezas probadas”, en la edad contemporánea
post-industrial, la geopolítica mundial gira en torno al control (dominación indirecta) de los
territorios con mayores “reservas probadas” de petróleo. Incluso, en algunos casos, como
en el Medio Oriente y el Asia Central, ese control ha tenido episodios de dominación
mediante intervención militar directa (Guerra del Golfo, Invasión a Afganistán).

De acuerdo con análisis futuristas adelantados por el Banco Mundial, así como el petróleo
fue la causa principal de la mayoría de las guerras ocurridas en el siglo XX, será el agua
dulce la principal causa de dichas guerras abiertas o encubiertas, militares o económicas,
durante el siglo XXI (Banco Mundial, 1995).

Naturalmente, los hilos y entretelones de la compleja geopolítica energética mundial,


específicamente petrolera, se tejen y desenvuelven entre las grandes potencias o bloques
mundiales: Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, China, Japón, entre otros.

No obstante, y muy especialmente a raíz del triunfo de Estados Unidos en la Guerra Fría, la
unipolaridad mundial hace que sea justamente esa única nación la que aparenta ejercer una
mayor determinación sobre los acontecimientos mundiales en torno a las fuentes de energía
y su aprovechamiento.

Geopolíticamente hablando, pareciera que los Estados Unidos tienen tres metas básicas: a)
sostener el dólar como moneda fuerte y simultáneamente mantener la competitividad de sus
exportaciones, b) asegurarse el suministro adecuado de energía, al menor costo posible, y c)
garantizar la seguridad nacional, a través de la supremacía naval.

Posiblemente para procurar el logro de esas tres metas esenciales, los Estados Unidos han
utilizado discrecionalmente su poder comercial (suministro y adquisición de bienes y
servicios), su poder militar (fuerza bélica), su poder financiero (capital) y su poder
mediático (información en medios de comunicación social tradicionales y telemáticos), con
una mezcla sui generis de cada uno de ellos en cada caso particular y según las
circunstancias.

Para sostener el dólar como moneda fuerte y simultáneamente mantener la competitividad


de sus exportaciones, los Estados Unidos, frente a la Unión Europea, sube sus tipos de
interés a fin de apreciar el dólar con respecto al euro y, paralelamente, promueve la
escalada de los precios petroleros que afecta mucho más a la competitividad de las
exportaciones europeas que a las norteamericanas, gracias al menor costo de mano de obra
en sus estructuras de producción (Arriola, 2000).

La manera como Estados Unidos promueven el alza de los precios del petróleo como
estrategia geopolítica, se evidencia según Arriola (2000), en las temporadas en las que no
ejerce presión alguna sobre Arabia Saudita o los restantes países de la OPEP para forzar los
precios a la baja, y además en la configuración de escenarios bélicos ampliamente
promocionados a nivel mundial, como la amenaza de atacar a Irak, y quizás también en
forma solapada al fomentar inestabilidades en países petroleros de importancia mundial,
como muchos analistas afirman que ha sido el caso con Venezuela en los últimos tiempos.
Al respecto, por ejemplo, cabe citar a Fazio (2002):
Venezuela es una pieza clave de la petropolítica global del gobierno de George W. Bush. El
golpe de Estado del 11 de abril estuvo monitoreado por intereses petroleros. Uno de los
objetivos de la conspiración era privatizar Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) en
beneficio de una sociedad estadounidense vinculada al clan Bush y a la compañía española
Repsol, vender la filial estadounidense de PDVSA, Citgo International, al magnate Gustavo
Cisneros y sus socios en Estados Unidos, y suprimir la reserva del Estado venezolano sobre
los recursos del subsuelo para entregárselos al capital trasnacional (p. 1).

Para garantizar la seguridad nacional, a través de la supremacía naval, tesis geopolítica


clásica que sigue estando vigente en el pensamiento y la acción política, militar y
económica del coloso del norte, los Estados Unidos han magistralmente distraído la
atención del gasto militar de las restantes potencias, como Rusia y China, hacia conflictos
bélicos territoriales geográficamente cercanos a dichas naciones (Benjamín, 2001).

Tal fue el caso de la invasión soviética a Afganistán, que desvió el armamentismo soviético
hacia tierra, lo que le trajo como consecuencia ser derrotado en la Guerra Fría. También es
el caso, en opinión de diversos analistas, con los ataques contra Afganistán y las tensiones
que siembra Estados Unidos entre los países del Asia Central (ex repúblicas soviéticas),
India, Pakistán, China, etc.

De esta manera, impide que potencias como China destinen su gasto militar hacia el mar y,
por otra parte, evita que ni Rusia, ni China ni ninguna otra potencia rival ejerzan control
sobre el segundo mayor reservorio de petróleo explotable del mundo, que se ubica
justamente en el Asia Central. “Asia Central es la segunda cuenca petrolera más grande del
mundo que tiene cerca de 200 mil millones de barriles de reservas de petróleo, después del
Golfo Pérsico que cuenta con 660 mil millones de barriles” (Castro, 2002, p. 2).

Hablando de petróleo, para asegurarse el suministro adecuado de energía, al menor costo


posible, que pareciera ser también una meta esencial de los Estados Unidos para garantizar
su supervivencia, dicha nación aparentemente (Arriola, 2000; Benjamín, 2001; Fazio,
2002): a) presiona a diversos países para que adopten políticas de apertura petrolera, b)
estimula la inversión de capitales de corporaciones petroleras norteamericanas o británicas
en las industrias petroleras de países estratégicos desde el punto de vista energético, c)
penetra de diversas maneras y ejerce control a nivel de toma de decisiones (gerencial) en
las industrias petroleras de países estratégicos, d) mantiene reservas estratégicas de
petróleo, e) fomenta e interviene de diversas formas en conflictos internos de países
petroleros, f) presiona a la OPEP para que baje los precios, g) adopta medidas de
racionamiento de combustible.

Llevando el análisis geopolítico al extremo, no resulta incluso temerario suponer que la


negativa de Estados Unidos de instrumentar las medidas de reducción de emanaciones
recomendadas en las Cumbres de La Tierra en pro del medio ambiente, podría quizás
obedecer al hecho de que el calentamiento global afecta más que todo a las naciones en vías
de desarrollo, a los países nórdicos europeos y a las naciones del Asia Central y Oriental;
mientras que el clima en los Estados Unidos se haría más caliente y, por lo tanto, ese país
necesitaría consumir menos energía durante sus inviernos, factor éste de vulnerabilidad en
la seguridad y defensa del coloso americano.

Al respecto, cabe citar al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático


(1997), en un análisis sobre los impactos del cambio climático por regiones, el cual afirma
para el caso de América del Norte lo siguiente:
Otros sectores y subregiones podrían también beneficiarse de las oportunidades creadas por
el aumento de temperatura y, potencialmente, de la fertilización por CO2, y en particular:
los bosques de coníferas de la costa oeste; algunos pastizales de la parte occidental; un
menor costo de la energía en calefacción en las latitudes septentrionales; un menor costo en
sal contra la nieve y en trabajos de quitanieves; una mayor duración de la estación sin
hielos en aguas de los canales y puertos septentrionales; y la agricultura en las latitudes
norte, en el interior del oeste y en la costa oeste (p. 23).

Resultaría bajo esta lógica también comprensible por qué los Estados Unidos en realidad no
toman ninguna acción concreta efectiva en pro de la disminución de la pobreza en los
países en vías de desarrollo, dado que ello implicaría necesariamente fomentar el aparato
productivo de esas naciones y, consecuentemente, el consumo energético de las mismas,
consumo éste que a la final se traduce en menor cantidad de reservas probadas de
hidrocarburos aprovechables directamente por los Estados Unidos, lo cual se desprende de
hechos como los expuestos por Klare (2000):
Se espera que el consumo en EEUU crezca otros 5 millones de barriles por día en los
próximos veinte años, y más de la mitad de ese petróleo tendrá que venir de fuentes
extranjeras. Esas cantidades podrían ser fácilmente proporcionadas por los países del Golfo
Pérsico, sobre todo por los gigantes petrolíferos como Irán, Irak y Arabia Saudita. Sin
embargo, los estrategas norteamericanos son reticentes a que crezca la dependencia de
EEUU de la región inestable (y siempre tensa) de Oriente Medio - y entonces, busca
vendedores más accesibles. Y Colombia y Venezuela entran en ese marco.

Las necesidades de consumo energético de los Estados Unidos y del mundo desarrollado en
general crecen sostenidamente, mientras que las reservas de petróleo probadas crecen a un
ritmo menor. En tal sentido, es obvio que la demanda supera a la oferta, sobre todo en una
perspectiva de largo plazo. Se trata de un hecho muy simple: en un mundo de recursos
limitados el crecimiento del consumo no puede ser ilimitado a menos que sólo una parte de
la población consuma esos recursos. O, en otras palabras, los recursos no alcanzan para
todos. Así lo señala lúcidamente Heinke (1999):
Las tres cuartas partes de la población mundial que ahora residen en las regiones menos
desarrolladas aspiran alcanzar el mismo nivel de vida que la cuarta parte que vive en las
regiones más desarrolladas, el consumo global de energía y recursos tendría que aumentar
aproximadamente diez veces para que eso sucediera. Sin embargo, al considerar las
reservas actuales de energía y su valor, es claro que esto es imposible.

Además, un aumento de diez veces en el consumo de energía y recursos podría significar


también el mismo incremento en la contaminación, el cual sería difícil o (lo que es más
probable) imposible de asimilar por el entorno. En último término, el nivel de vida de los
países más ricos tendrá que descender para dar cabida a un aumento en el nivel de vida de
los países más pobres. ¿Podrá suceder esto por medios pacíficos? (p. 45).

En tal sentido, no es una especulación que si los países en vías de desarrollo se


industrializaran, el nivel de consumo de energía y muy particularmente de petróleo, crecería
hasta un punto imposible de satisfacer con los niveles de producción actuales y previsibles
en el futuro, por lo cual resulta sencillamente imposible soportar la industrialización del
mundo en vías de desarrollo sobre el petróleo. Pero esa es justamente la principal fuente de
energía que viablemente puede mantener en funcionamiento el aparato productivo mundial,
cuando menos durante los próximos cincuenta años (Heinke, 1999), cuando fuentes como
la energía nuclear limpia (por fusión) alcancen su madurez tecnológica y comercial.

Naturalmente, siendo limitado y con una alta tasa de consumo, el petróleo y otras fuentes
de energía como el gas y la hidroelectricidad, irán disminuyendo su importancia dentro de
la ecuación energética mundial durante la primera mitad del siglo XXI, a la par que fuentes
alternativas como el carbón y la energía nuclear irán adquiriendo mayor relevancia. Al
respecto, Heinke (1999) expone:
...si el petróleo y el gas van a menguar en importancia como fuentes de energía en el siglo
XXI y más allá, ¿cómo será posible satisfacer las demandas de energía de una población
mundial todavía en crecimiento? Es claro que, para que se alcancen incrementos
importantes en la producción de energía, los recursos deben provenir del carbón y de
fuentes nucleares; las renovables, esto es, la energía hidroeléctrica, el petróleo y el gas no
convencionales (principalmente de arenas y esquistos), serán importantes también, pero
nunca en la misma medida. De forma similar, no se espera que las fuentes potencialmente
nuevas, como la fusión termonuclear, por ejemplo, contribuyan en un grado importante a
las necesidades energéticas del mundo antes del año 2050 (p. 63).

No obstante, la geopolítica energética mundial en el presente y durante las próximas


décadas está signada por el petróleo y, en tal sentido, resulta igualmente comprensible, bajo
esta lógica, por qué los Estados Unidos en realidad no toman ninguna acción concreta
efectiva en pro de la disminución de la pobreza en los países en vías de desarrollo, dado que
ello implicaría necesariamente fomentar el aparato productivo de esas naciones y,
consecuentemente, el consumo energético de las mismas, consumo éste que a la final se
traduce en menor cantidad de reservas probadas de petróleo aprovechables directamente
por los Estados Unidos.

No cabe duda de que importantes acontecimientos mundiales están signados por la


geopolítica energética, específicamente petrolera, y en la medida en que las necesidades de
consumo de energía aumentan, a la par que el desarrollo de fuentes alternativas de energía
se mantiene a un ritmo lento, seguirán muchos de esos acontecimientos siendo signados por
la geopolítica energética petrolera, principalmente de los Estados Unidos, primera potencia
mundial en la era de la globalización.

“En ese contexto, América Latina, tanto por su cercanía geográfica como por sus reservas
energéticas, es una de las regiones del mundo que estará bajo el ojo vigilante de
Washington. Actualmente, Venezuela es el tercer proveedor de Estados Unidos, México, el
cuarto y Colombia, el séptimo” (La Insignia, 2002, p. 1). "El éxito logrado por Venezuela
en volver comercialmente redituables sus depósitos de petróleo pesado sugiere que
contribuirá en forma sustancial a la diversidad de la oferta global de energía, y a nuestra
propia mezcla de abastecimiento energético a mediano o largo plazo" (Estados Unidos,
Plan Nacional de Energía, 17/05/2001, cp. La Insignia, 2002, p. 2).

Siendo, según DOE (2001), un proveedor crucial de petróleo para Estados Unidos y,
además, constituyendo bajo el actual gobierno un país que compromete los intereses
petroleros norteamericanos en América Latina, sobre todo tomando en cuenta que
Venezuela lidera un proceso de cambios sociopolíticos de trascendencia continental, y
tomando en cuenta así mismo que entre Venezuela, Colombia y Ecuador existe una cuenca
petrolera de grandes proporciones aún no calculada, aparte de las reservas probadas de
crudos livianos, pesados y extra-pesados en esta región, es indiscutible que Venezuela está
destinada a jugar un rol protagónico en la geopolítica energética petrolera mundial, como
de hecho lo ha venido jugando desde hace mucho tiempo, primero con la fundación de la
OPEP por iniciativa del venezolano Juan Pablo Pérez Alfonso, luego con su protagonismo
en los shoks petroleros de la década de los 70 y ahora con el relanzamiento de la OPEP
promovido por el Presidente Hugo Chávez y el aparente cese del control que sobre la
industria petrolera nacional ejercía los Estados Unidos a través de sus cuadros gerenciales
(control en la toma de decisiones corporativas).

En este último punto no debe perderse de vista que durante la gestión de Luis Giusti, actual
asesor energético para América Latina del Presidente Gorge Bush, se inició un proceso
intensivo de descapitalización de PDVSA, con miras a su privatización (al tener menos
activos, costaría menos a los inversionistas extranjeros adquirirla), así como un incremento
exorbitante de sus costos operativos, lo cual justificaría ante el Poder Legislativo Nacional
la necesidad de privatizar la industria por razones de ineficiencia en costos (Fazio, 2002).

La situación energética mundial y específicamente petrolera, se ve determinada


principalmente por los niveles de consumo de Estados Unidos, país que por sí solo quema
el 25% del petróleo y el gas que se produce a nivel mundial.

Las más sólidas evidencias científicas demuestran que el ritmo de nuevos descubrimientos
ya ha superado su punto medio y se encuentra en pleno declive de la curva normal. Por su
parte, el mundo está cercano a llegar a consumir la mitad de todo el petróleo que nos legó la
naturaleza y, comoquiera que el ritmo de consumo sigue un patrón de aceleración constante
debido al crecimiento poblacional y a la voracidad de economías prósperas como la de
Estados Unidos, la otra mitad del petróleo que nos queda en el planeta no superará la
barrera del siglo XXI, si acaso la del 2050.

Así que es un hecho científico, al margen de cualquier argumentación política o militar, que
el petróleo se agota rápidamente. Por otra parte, también es un hecho científico que las
fuentes alternativas de energía, como la solar, la eólica, la hidroeléctrica y la vegetal
(carbón y madera), no son suficientes, ni de lejos, para compensar la demanda energética
mundial, crecientemente voraz. Y, en relación con la energía nuclear, la misma no es viable
por los riesgos que entraña, excepto la energía nuclear limpia, obtenida por fusión (en lugar
de fisión), cuya viabilidad técnica y comercial sólo podrá obtenerse del 2050 en adelante,
según las mejores estimaciones.
De allí que la importancia geopolítica del petróleo y el gas se hará sentir con creciente peso
a lo largo de los próximos cincuenta años, momento a partir del cual los combustibles
fósiles serán historia.

Venezuela ha sabido manejar la creciente importancia del petróleo a través del


mantenimiento de una clara política de abastecimiento confiable y seguro a Estados
Unidos, e inclusive el mantenimiento de la apertura petrolera a capitales transnacionales,
principalmente de origen norteamericano o de países que gozan de su beneplácito.

No obstante, ha sabido también Venezuela apuntalar una política de precios petroleros


“justos”, a través de su participación decidida en la escena internacional como miembro
relevante de la OPEP.

Pese a lo que pudiera pensarse, Venezuela no ha perdido capacidad significativa de


explotación y sus planes de expansión de la misma están abiertos al capital privado
nacional e internacional. Así mismo, ha demostrado a Estados Unidos y al mundo que
posee suficientes recursos internos como para garantizar el funcionamiento de la industria
petrolera incluso frente a las más adversas circunstancias, como las ocurridas durante el
paro petrolero de diciembre de 2002 y enero de 2003.

Es claro, entonces, que Venezuela ha optado por una política de equilibrio en relación con
los intereses geopolíticos de Estados Unidos en nuestro petróleo y nuestro gas. Por una
parte, se mantiene como el mayor suplidor, confiable y seguro, de hidrocarburos hacia
Estados Unidos en el hemisferio occidental; al igual que respeta a los capitales
transnacionales invertidos en el país y continúa permitiendo su entrada, incluso a un ritmo
mayor que antes del gobierno del Presidente Hugo Chávez. Pero, por otra parte, ejerce un
rol de decidido liderazgo en la OPEP, incorporando incluso a productores No OPEP, como
México, a pactos de cuotas de producción para regular los precios del mercado.

Durante cuatro años consecutivos los precios del petróleo se han mantenido por encima de
la barrera de los 20 US$ por barril, lo cual constituye un hito en las últimas décadas, ya que
los booms petroleros de la década de los años 70 determinaron aumentos exorbitantes de
los precios, pero por sólo dos o tres años, antes de que volviesen a estabilizarse y bajar.

El hecho de que en otras partes del mundo se hagan nuevos descubrimientos, que entren
nuevos actores como Rusia, o que Arabia Saudita busque contrarrestar la tendencia hacia la
búsqueda de energías alternativas al petróleo mediante una política de precios moderados,
no es suficiente contrapeso para el más contundente hecho científico de que todo el petróleo
del mundo, incluyendo el de Arabia Saudita y el de todos los demás países OPEP y No
OPEP del planeta, sólo alcanza para el 2050, y eso suponiendo que el ritmo de consumo se
mantenga a los niveles actuales, lo cual es poco probable dado que la población se expande
a ritmo acelerado y las economías voraces del hemisferio norte también. Además, hay que
tomar en cuenta el detalle poco conocido, pero bien documentado, de que las reservas
probadas en determinadas regiones del planeta están sobreestimadas.

Esto determina una sola conclusión para Venezuela: el petróleo es y lo será cada vez más,
un negocio muy rentable, donde la demanda será creciente a lo largo de los próximos
cincuenta años, a la par que la oferta será decreciente, sencillamente porque se trata de un
recurso natural no renovable que se agota.

Ante esta realidad, es claro que la política más acertada para el país, y para cualquier país
petrolero, es la de precios altos y control de la producción, dado que una política de precios
bajos y aumento de la producción constituye un despilfarro de nuestra riqueza potencial, es
regalar nuestro petróleo a precio de gallina flaca. Si los precios del petróleo suben, ni
Estados Unidos ni Europa ni Japón tienen la tecnología ni los recursos para sustituirlo como
fuente de energía primaria, cuando menos a lo largo de los próximos cincuenta años,
momento a partir del cual ya ni siquiera importará porque probablemente ya no tendremos
más petróleo en nuestro subsuelo.

Así que la estrategia geopolítica para Venezuela es muy simple: continuar abasteciendo de
petróleo a Estados Unidos, todo lo que pida, y también de gas; pero, simultáneamente,
obtener por nuestro petróleo el mayor precio posible, dentro de las bandas fijadas por la
OPEP. Que de la riqueza mundial, nos toque la parte que nos corresponde como
suministradores de la energía que alimenta el desarrollo económico mundial. No regalar
nuestra principal riqueza potencial, sino explotarla y aprovecharla al máximo.

Venezuela es país petrolero. Esta frase ha sido tantas veces proferida que hemos dejado de
saber cuál es su verdadero significado. No obstante, la crisis de diciembre de 2002 y enero
de 2003 ha servido para constatar, contundentemente, que Venezuela vive del petróleo, que
su economía toda gira en torno al petróleo, que el petróleo es nuestra sangre y nuestro
aliento y, frente a la globalización, nuestra única esperanza de obtener el financiamiento
para el desarrollo sustentable de nuestra sociedad.

Si lograremos finalmente “sembrarlo”, es harina de otro costal. Lo importante de resaltar es


que el principal negocio de Venezuela es el petróleo y lo será cada vez más por la sencilla
razón de que se agota y la demanda mundial hacia el mismo crece con voracidad
desesperada. Tanta es la desesperación de nuestros clientes por el petróleo, que son incluso
capaces de hacer la guerra a otros países con tal de asegurarse un suministro confiable de
este recurso energético para las próximas décadas.

Venezuela no puede igualarse a Estados Unidos. El Neoimperio muncial del siglo XXI
tiene que estar contento con Venezuela como suplidor confiable de petróleo, incluso pese al
disgusto que pueda causarle el tener que pagar precios altos por el mismo. Después de todo,
bussiness is bussiness.

Referencias Bibliograficas y Documentales

Arriola, Joaquín (2000). Geopolítica del petróleo. (Documento Internet). La Insignia,


Economía: 29/11/2000.

Banco Mundial (1995). Anuario Estadístico. Nueva York: autor.

Benjamín, César (2001). Geopolítica de la venganza. (Documento Internet). Río de


Janeiro. Foreign Policy in Focus.

Castro Soto, Gustavo E. (2002). La verdad sobre el conflicto con Irak. Petróleo, Gas,
Bancos, Narcotráfico, Bioeconomía y Militarización. (Documento Internet). Ecoportal:
23/11/2002.

Department of Energy (DOE) (2001). Energy National Plan. Estados Unidos: autor.
Fazio, Carlos (2002). El golpe a Chávez, con olor a petróleo. (Documento Internet).
México: La Jornada. 04/07/2002.

Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (1997). Impactos


regionales del cambio climático: evaluación de la vulnerabilidad. Resumen para
responsables de políticas. OMM/PNUMA.

Heinke, Gary W. (1999). Crecimiento poblacional y económico. En: Henry, J. Glynn y

Heinke, Gary W. (1999), Ingeniería Ambiental, 2da. ed., México: Prentice Hall. pp. 14-48.

Klare, Michael T. (2000). Detrás del petróleo colombiano: intenciones ocultas.


(Documento Internet). Servicio Informativo "alai-amlatina". ALAI [email protected].

La Insignia (2002). El petróleo venezolano, clave en la geopolítica de Estados Unidos.


México: Ciberoamérica. 15/04/2002.

Geopolitica Petrolera De Venezuela

Geografía Económica

      La geografía económica tiene como objeto especifico el estudio de las manifestaciones espaciales de la

naturaleza y el que hacer humano. Constituye el análisis   de las etapas del proceso económico producción,

circulación y consumo de los satisfactores en relación con el medio geográfico.

      Butler.

      Ayllón/ Chávez

      La geografía económica estudia las relaciones del medio con las actividades económicas. Es importante

saber que estudia la geografía económica porque nos permite identificar y conocer el campo económico en el

que nos debemos desarrollar como individuos de un territorio.

      Propio.

      ¿Como explica la Geografía Económica la organización de un territorio?

      La geografía económica enfoca dos aspectos interrelacionados de las realidades físicas fundamentales, el
aspecto espacial y el aspecto ambiental. El enfoque espacial trata de las regularidades espaciales y los esquemas

que resultarían de las fuerzas económicas y conductuales. El enfoque ambiental estudia la ubicación y el

carácter de la actividad económica tal como es influenciada por la distribución mundial real de los factores

ambientales.

      La geografía económica proporciona una base para campos de aplicación tales como la plantación regional,

el análisis del uso de la tierra, la administración de los recursos y la plantación y administración ambiental.

      La geografía económica se ha convertido en una disciplina altamente especializada y organiza un territorio

según:

        1. La agricultura

        2. La pesca

        3. La minería

        4. El comercio

        5. Los recursos naturales

        6. La ganadería

        7. Las reservas Forestales

        8. La industria

      La geografía económica tiene que ver con la propia evolución histórica de la realidad económica y espacial

que observan los geógrafos, así como el diverso interés o demanda social que suscitan las diferentes temáticas

en función de los...

Humberto Campodónico

......Supongamos que se pueda hacer una lectura de los sucesos en


Venezuela a partir de la geopolítica del petróleo. El ejercicio resulta
bastante interesante. Veamos algunos de los datos que permiten tener
una idea de conjunto de la situación.

1) Venezuela es miembro de la OPEP, organización que controla el 43%


de la producción mundial de petróleo y practica una política de cuotas
de producción de sus países miembros, con lo cual tiene un gran poder
para fijar el precio del petróleo. El Presidente Chávez está a favor de
mantenerse en la OPEP, limitando la capacidad de producción de
PDVSA, la empresa estatal de petróleo. Recientemente, Chávez visitó a
la mayoría de países del Golfo Pérsico miembros de la OPEP.

2) A fines del 2000, Venezuela tenía el 7,3% de las reservas mundiales


de petróleo y EEUU y México el 2,8% y 2,7%, respectivamente. El Golfo
Pérsico concentra el 65%, con Arabia Saudita a la cabeza (25% del
total). Le siguen dos Estados tildados por George Bush como parte del
"eje del mal", Irak e Irán, con 10,8 y 8,6%, respectivamente. Las
reservas de Irak pasaron de 30,000 a 112,000 millones de barriles
entre 1980 y el 2000 (durante la guerra con Irán) y la mayor parte no
ha sido explotada pues existe un embargo desde 1991. ¿Boccato di
cardinale?

3) EEUU importó en el 2000 el 50% del petróleo que consume. El


Presidente Bush ha manifestado su preocupación por esta situación.
Dice su plan energético del 2001: "Actualmente producimos 39% menos
de petróleo que en 1970, lo que nos hace más dependientes de
proveedores externos. En el 2020, si todo continúa como hasta ahora, 2
de cada 3 barriles de nuestro consumo serán importados, lo que nos
pondría en condiciones de mayor dependencia de poderes extranjeros
que no siempre tienen nuestros intereses en el corazón". En el 2000, el
50% del petróleo importado por EEUU provino de la OPEP (OPEP
árabe, 27%; otros OPEP; 10%; Venezuela; 13%; y aunque sea difícil
creer, el 7% provino de Irak). México representó el 14% del total.

4) La mayor parte de las empresas petroleras de la OPEP son estatales,


por lo que casi no existe participación de inversión extranjera de las
petroleras privadas, norteamericanas y europeas. La apertura de la
OPEP a esta inversión sería, por tanto, bienvenida por estas empresas,
lo que, por lógica, debilitaría sustancialmente a este organismo. Las
últimas leyes petroleras promulgadas por Chávez (diciembre 2001)
refuerzan el rol central de PDVSA en la industria petrolera. También
PDVSA provee de petróleo a Cuba en condiciones favorables para este
último.

5) La defensa de los regímenes democráticos y de los derechos


humanos tiene un doble estándar. No sabemos de exigencias de
elecciones libres en Arabia Saudita, Kuwait o los Emiratos Arabes. El
jueves 11, día del golpe, el gobierno de EEUU dijo que el gobierno de
Chávez era responsable de la quiebra del orden constitucional.
"Business Week" asegura que la Embajada de EEUU en Caracas "sabía
desde febrero que había un golpe en marcha y trató de desalentar a los
golpistas". De otro lado, el viernes 12, el portavoz del FMI Thomas
Dawson dijo "estar dispuesto a colaborar con el nuevo gobierno de
Venezuela en todo aquello que pudiera ser conveniente". La ruptura del
orden constitucional y la seguridad jurídica de Venezuela no
parecieron importarle mucho a este organismo que, sin embargo, sí
insiste en estos temas en sus negociaciones con Argentina, sobre todo
en el respeto de los contratos con empresas extranjeras y en las reglas
de juego con la banca privada.

Como conclusión, se podría decir que para los intereses energéticos


globales de EEUU es importante que aumente la producción petrolera
de todos aquellos países que son sus aliados energéticos, sean o no
miembros de la OPEP. Es el caso de Venezuela. Todo ello en un
contexto de probable intento de derrocamiento de Saddam Hussein
anunciado por el Presidente Bush, lo que podría acarrear problemas en
el abastecimiento de petróleo de EEUU si los países árabes de la OPEP
se opusieran a ello.

Esta lectura tiene mucho de arbitraria y unilateral, claro está, pues


todo no es geopolítica petrolera (aunque cuenta). Hugo Chávez ha
tenido comportamientos autoritarios que le han granjeado, con razón,
las antipatías de amplios sectores de la población venezolana (y
peruana, debido a la protección a Montesinos). Pero ni los intereses
geopolíticos ni los comportamientos autoritarios pueden ser excusa
para golpes militares que terminen con la democracia, como aquí
sucedió en 1992, porque después todo va para peor. Al autoritarismo
hay que ganarle con más democracia. Esa es una lección que peruanos
y latinoamericanos debemos aprender de una vez por todas. Nos guste
o no Hugo Chávez.

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