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Definición de Dependencia

La dependencia se define como un estado permanente en que las personas necesitan ayuda de otras para realizar las actividades básicas de la vida diaria debido a factores como la edad, enfermedad o discapacidad. La codependencia se refiere a una actitud obsesiva hacia el control de otras personas que surge de la propia inseguridad. Existen diferentes tipos de codependencia como la dependencia emocional de la familia, la pareja o el medio social.
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Definición de Dependencia

La dependencia se define como un estado permanente en que las personas necesitan ayuda de otras para realizar las actividades básicas de la vida diaria debido a factores como la edad, enfermedad o discapacidad. La codependencia se refiere a una actitud obsesiva hacia el control de otras personas que surge de la propia inseguridad. Existen diferentes tipos de codependencia como la dependencia emocional de la familia, la pareja o el medio social.
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Definición de dependencia

La dependencia es un estado permanente en que se encuentran las personas,


que por diversas razones (edad, enfermedad, discapacidad, etc.) necesitan la
atención de otra u otras personas o ayuda para realizar las Actividades Básicas de
la Vida Diaria.
El Consejo de Europa define la dependencia como «la necesidad de ayuda o
asistencia importante para las actividades de la vida cotidiana», o, de manera más
precisa, como «un estado en el que se encuentran las personas que por razones
ligadas a la falta o la pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual tienen
necesidad de asistencia y/o ayudas importantes a fin de realizar los actos
corrientes de la vida diaria y, de modo particular, los referentes al cuidado
personal».

Definición de Codependencia:

La codependencia hace referencia a una actitud obsesiva y compulsiva hacia el


control de otras personas y las relaciones, fruto de la propia inseguridad.

Tipos de codependencia:

1. Dependencia emocional de la familia


El primero de los tipos de dependencia emocional es una de las formas de
dependencia más difíciles de sortear. Generalmente corresponde a estructuras
familiares en donde los padres sufren fuertes estados de ansiedad y lo
transmiten a sus hijos. Estos últimos son educados con un excesivo temor
frente al mundo. Lo externo es visto como amenaza y el seno familiar como un
refugio.
2. Dependencia emocional de la pareja
Este segundo de los tipos de dependencia emocional es uno de los más
frecuentes. También es uno de los más nocivos. Parte de una creencia
errónea. En ella se supone que la pareja otorga sentido a la propia vida o
protege de una terrible soledad. Por eso la pareja se convierte en el eje de la
vida propia.

3. Dependencia del medio social


El tercer y último de los tipos de dependencia emocional es el medio social. Lo
más característico de esta condición es la excesiva necesidad de ser
reconocido y aprobado en cualquier entorno. Si el medio no da señales de
franca valoración y aceptación, el individuo entra en pánico. Además, hará lo
que sea necesario para lograr esa aparente compensación psicológica.
Sentirse rechazado, desde su perspectiva, equivale a que le ocurra lo peor que
le puede pasar.

Diferencias entre dependencia y codependencia:


Dependencia Codependencia
Obsesión del otro Centra su vida en los demás
No poder separar el yo del otro y su Busca su propio valor y felicidad
voluntad del otro fuera de sí mismo
Miedo de perder el amor Ayuda a los demás más de lo que
piensa en sí mismo.
Miedo al abandono, a la separación Desea la estima y amor de los demás
Miedo de mostrarse por lo que es Se siente atraído por las personas
que necesitan ayuda
Culpa Controla los comportamientos del
otro, y anticipa sus necesidades
Sensación de inferioridad con Atribuye a los demás su malestar
respecto a la pareja
Celos y posesiones Soporta los comportamientos ajenos
Resentimiento de ira si te dejan
¿Quién sufre la codependencia?

Quien lo padece confía más en la capacidad de los demás que en la suya, tienden
a cumplir las expectativas de los demás, son muy inseguros, extremadamente
serviciales y cooperadores.

Suelen pedir opinión con demasiada frecuencia a otros, hablan de forma negativa
de sí mismos y minimizan sus cualidades positivas, son sumisos, cuando una
relación íntima acaba buscan otra porque no creen poder estar solos, suelen
idealizar a los demás, tienen sentimientos de vacío, pesimismo y desánimo, con
miedo a expresar sentimientos negativos y les da miedo ser abandonados.

¿Cuáles son las causas que originan la dependencia emocional?

La dependencia emocional se produce cuando la persona tiene una serie


de necesidades afectivas no cubiertas que intenta llenar a través de otra persona,
normalmente la pareja.
La persona dependiente experimenta un sentimiento de vacío continuo, que
necesita que el otro le satisfaga. Por esta razón, se vive en continua vigilancia
para poder detectar cualquier señal que pueda indicar que la pareja pueda
rechazarlo o dejarlo.

Todo esto hace que se tengan unos esquemas mentales sobre las relaciones
totalmente desajustados y disfuncionales, donde prevalece sobre todo agradar al
otro y ser responsable de su bienestar.

El dependiente ha aprendido en su desarrollo emocional desde la infancia porque


sus experiencias vitales han sido así, que se obtiene el cariño y afecto de los
demás cuando cumplimos sus expectativas, y eso hace que se adquiera ese
patrón de cubrir necesidades a través de la aprobación de los demás.

La soledad genera angustia y malestar


Toda esta problemática hace que la persona dependiente sea mucho
más vulnerable a síntomas o trastornos depresivos y de ansiedad, que
generalmente suelen ser los síntomas que los llevan a consulta.
Por ejemplo, la desesperanza de sentirse incapaz de hacer las cosas por sí mismo
y de necesitar a alguien constantemente al lado puede producir angustia,
desasosiego, una profunda tristeza, etc.

Idealización de la pareja

La persona dependiente idealiza al otro, es decir ensalza lo positivo viendo


únicamente las cualidades, tienen una imagen de la pareja como si ésta fuera
perfecta. Esto es algo peligroso porque significa que se ven a sí mismos como
inferiores, y van a justificar los defectos o cosas mal hechas de la pareja, dándolas
por válidas y aceptables, adoptando una postura de sumisión al otro que dañará
la baja autoestima que ya se tiene.

Consecuencias de la dependencia emocional


 Deterioro de la autoestima
 Patrón de relaciones inestables
 Reducción significativa de la vida social
 Ansiedad, enfado, culpa, celos
 Trastornos psicológicos

Tipología de la codependencia 
Se han identificado cuatro tipos de codependientes:

El codependiente directo que presenta uno de los comportamientos que genera


más dificultades en el proceso terapéutico porque su conducta va desde
proporcionarle la droga hasta dinero o el lugar donde pueda consumir la droga.

El codependiente indirecto mantiene una conducta de oposición declarada y


objetiva a la adicción del familiar, pero, a la vez, protege al adicto, y evitan que se
responsabilice de sus acciones.

El codependiente tolerante desempeña el rol de sufridor. Su rol no es modificar el


comportamiento del adicto sino contemplar cómo se autodestruye, pero queriendo
sacar lo que queda de bueno y noble en él.

El codependiente perseguidor es el familiar más comprometido en controlar la


conducta autodestructiva del adicto. Despliega un sistema de conducta para
descubrirlo. Es el que opera con un control externo.

Desarrollo de la codependencia

El término vinculación hace referencia a una relación objetal específica y supone


una estructura neurofisiológica y la tendencia a buscar la relación con otro.

La madre, durante el embarazo, se prepara emocionalmente para recibir a su hijo,


desarrollando la preocupación materna primaria que la convierte en la persona
más indicada para establecer la interacción.

Esta relación se produce incluso antes del parto y adquiere una calidad que
depende de la madre y del hijo, de sus dotaciones específicas y de la modulación
y conjugación de ambos.
El recién nacido utiliza los diferentes estados: de vigilancia, de excitación, de
actividad motriz y de calidad afectiva para controlar las tensiones endógenas o
exógenas y organizar sus vivencias. Gran parte de los cuidados que le da la
madre consisten en modular su estado, proporcionándole estimulaciones o
protegiéndole contra dosis excesivas.

El lactante percibe la intensidad, el ritmo, la modulación de la voz, las posturas y el


tono muscular, y responde de una manera específica con la sonrisa, las
vocalizaciones y los movimientos coordinados de los ojos y de la cabeza. Este es
el modo de comunicación (38). De manera que madre e hijo se sumergen en la
llamada fase fusional de Winnicot. Esto ocurre cuando la madre hace una
identificación proyectiva con las necesidades del niño, lo que le permite realizar
satisfactoriamente todas las tareas del proceso de maternización, es decir, la
función materna es lo suficientemente buena.

El niño nace con la tendencia al establecimiento del vínculo porque posee una
serie de capacidades sensoriales y se encuentra con una madre o sustituta
especialmente predispuesta para este proceso.

El fallo en el vínculo podría dar como resultado un trastorno de relación.

Con la combinación de las dimensiones de afecto y control se establecieron cuatro


tipos de vínculos (40) que equivalen a otros tantos de Bowlby. El vínculo I
(equilibrio de afecto y protección) equivale al vínculo óptimo o apego normal de
Bowlby. El vínculo II (afecto constrictivo) equivale al vínculo dependiente. El
vínculo III (afecto deficitario o ausente) equivale al desapego o ausencia vincular.
Y el vínculo IV (control sin afecto) equivale al vínculo ansioso. Entre los
codependientes pueden encontrarse los vínculos II, III y IV, aunque quizás el más
frecuente sea el vínculo IV (vinculación de poco afecto y sobreprotección
excesiva).

Los cambios que ocurren en la interacción entre le niño y la figura de apego puede
determinar la aparición del conflicto del vínculo. Este puede surgir cuando al niño
se le comienza a exigir un comportamiento más adecuado a lo que se considera
socialmente es deseable, instándole a adquirir mayor autonomía e independencia,
cuando al mismo tiempo no tiene con la figura de apego una relación íntima, cálida
y continua, en la que los dos encuentren alegría y satisfacción. El niño siente que
si se preocupa y le presta servicio a la figura de apego es correspondido y si no se
preocupa y no le sirve puede ser abandonado o rechazado.

El niño percibe el desinterés o desapego de la madre o figura sustituta. Y busca


apoyo y compañía sometiéndose, halagándola y satisfaciéndola por todos sus
medios. El niño permanece atento a sus señales que le informan sobre los gustos
de la madre, y por supuesto evita cualquier agresión. Lo que genera que el niño
sienta una particular debilidad centrada en la necesidad de protección que le hace
buscar la compañía de la madre.

También la vinculación defectuosa puede generar lo que ha venido en


denominarse la "absorción emocional" que tiene lugar cuando al niño no se le
permite separarse de la madre en el momento oportuno. Si una madre o figura
sustituta es sobreprotectora y no acaba de distanciarse y de aflojar los lazos para
permitir que el niño se convierta en una persona independiente, entonces el niño
no se vinculará adecuadamente.

De manera que la codependencia puede forjarse a partir de las necesidades no


satisfechas en el ser humano durante su infancia, las cuales han impedido una
maduración conveniente para poder adaptarse a situaciones de relaciones
interpersonales.

Los codependientes insisten en repetir las mismas conductas ineficaces que


utilizaron cuando eran niños para sentirse aceptados, queridos o importantes y
mediante esas conductas, buscan aliviar el dolor y la pena por sentirse
abandonados. Sin embargo, paradójicamente las conductas codependientes
perpetúan esos sentimientos.
Este vínculo defectuoso que establece el codependiente está colocado en la
preocupación por lo que el otro piensa, en el miedo a la pérdida de la relación,
sintiendo y vivenciando la culpa y siempre tratando de reparar. El codependiente
percibe un mundo interrelacional peligroso, entre la necesidad de proteger y el
temor a ser abandonado, anticipando la excesiva separación y sobre todo la
pérdida de amor.

Esta vulnerabilidad facilita el impacto de los factores precipitantes, que pueden ser
identificados como procesos de separación, pérdida de figuras significativas, sea
de forma real (muertes, separaciones, divorcios, abandonos de hogar) o simbólica.
Así como la ruptura brusca de la homeostasis familiar por un problema crónico que
provoca una situación estresante (adicción o enfermedad grave de un familiar). Y
también la presencia de nuevas demandas en el entorno que se presentan de
forma aguda o con escaso tiempo de elaboración y adaptación, pidiendo
respuestas concretas en espacios cortos de tiempo.

La acción de estos factores precipitantes sobre la vulnerabilidad previa genera los


síntomas que identifican a la codependencia.

Los factores de mantenimiento actúan sobre los factores precipitantes para que su
acción haga que perdure la codependencia. Estos factores mantenedores son
distorsiones cognitivas, tanto en su creencia de que su razonamiento es el que
contiene mayor nivel de certeza como en la negación de sus necesidades básicas
o en la confianza en una solución casi mágica de la adicción o enfermedad del
otro.

De manera que el término codependencia hace referencia a que la dependencia


es cosa de dos: un sumiso (dependiente manifiesto) y un controlador (dependiente
larvado) que se necesitan mutuamente para la supervivencia emocional. Una
caricatura adulta de la simbiosis original madre-hijo.
Estrategias

Se organiza en tres fases:

En la fase primera se realiza un contrato o compromiso terapéutico explícito y se


trata de relacionar la codependencia con el contexto interpersonal, revisando
ordenadamente las relaciones interpersonales presentes y pasadas, ya que la
codependencia es un estilo de vida y de relación.

Después se determinan los objetivos del tratamiento que pasarían por:

• Reconocer la existencia de un problema, ya que experimentan emociones


negativas perturbadoras que les impiden dejar la relación insatisfactoria.

• Desprenderse emocionalmente de los problemas de los demás, porque no hay


motivo para ser abandonado.

• Responder con acciones y no únicamente con preocupación, renunciando al rol


de sufridor.

• Centrar la atención y la energía en su propia vida y no en otra relación.

• Asumir su responsabilidad no viviendo la situación con sentimiento de culpa,


porque los codependientes suelen sentirse responsables últimos de la adicción o
del problema del otro.

• Salir del ambiente familiar implica fortalecer las fronteras de la familia y abrir
otros círculos: asociaciones, trabajo o voluntariado.

En la fase segunda se parte del supuesto básico de que la codependencia tiene


que ver con problemas que se manifiestan en cuatro áreas-problemas:

• Duelo (porque pueden existir dificultades para la elaboración del duelo): se


abordan las relaciones perdidas porque pueden existir dificultades para la
elaboración de un duelo. Y se exploran los sentimientos asociados a la
codependencia, tanto positivos como negativos y se analizan las ventajas y
desventajas de esa relación.

• Disputas personales (porque pueden encontrarse situaciones interpersonales en


las que se den expectativas no recíprocas): se abordan las relaciones alteradas
porque pueden encontrarse situaciones interpersonales en las que se den
expectativas no recíprocas. Se renegocian las diferencias de su relación con el
adicto y con los demás miembros de la familia y de su red social. Y se intenta
recobrar la libertad de formar nuevos vínculos y realizar cambios activamente,
aunque no tengan éxito.

• Déficit interpersonales (porque puede haber una historia de empobrecimiento


social): se relaciona la codependencia con los problemas de aislamiento social o
de insatisfacción y se exploran las pautas repetitivas en las relaciones.

• Transiciones de rol (porque puede que haya cierto déficit para afrontar los
cambios requeridos para el desempeño de otro rol): se abordan los roles
perturbados porque puede que haya cierta dificultad para afrontar los cambios
requeridos para otro rol. Y consiste en explorar las posibilidades de un nuevo rol
más autónomo, en desarrollar nuevas habilidades para el desempeño del mismo y
evaluar de forma realista lo que puede perderse.

Finalmente, en la fase tercera se trata explícitamente de la finalización de la


relación terapéutica, se reconoce que este final es un periodo de separación,
despedida y duelo. Y se refuerzan los sentimientos de independencia del paciente
y la capacidad de estar dispuesto a abandonar y a ser abandonado.

El punto de vista psicoanalítico


La pauta, que con frecuencia seguimos, para entender la patología del ego del
codependiente es la del modelo provisto por las adicciones. Lo que es erróneo.

Primero es el caso de que la adicción es un fenómeno tan físico como lo es


psicológico.

En las adicciones, una vez que los circuitos reflejos, donde los centros del placer
se originan, se establecen, éstos se mantienen por medio de reacciones químicas
basadas en el metabolismo de ciertos neurotransmisores.

Desde ese mismo instante, el ejercicio y el poder de la voluntad se desvanecen.

En la codependencia, es esencial que la persona en su desarrollo psicosexual,


haya logrado, haber establecido la capacidad de formar relaciones íntimas,
aunque éstas sean primitivas e infantiles en sus esencias.

Esta capacidad de relacionarse con otros, no es madura, porque está matizada


con los tonos emocionales característicos de conflictos pasados e irresueltos.

El drogadicto no necesita para su enfermedad la reciprocidad de relaciones


humanas que son características del codependiente. El que de las drogas
depende, se conforma con su dosis o pinchazo y ahí concluye toda su ansiedad.

Para el codependiente, la ‘droga’ es aquella relación pasada, distorsionada y


abrumante, que, aunque ya muerta, hace sentir su presencia catastrófica en el
presente dinámico de quien la padece.
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%20codependencia%20hace%20referencia%20a,fruto%20de%20la%20propia%20inseguridad.

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10596/12391/14590904.pdf;jsessionid=18DB1C1DFDA33C7A403D6B892465DFD4.jvm1?
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Common questions

Con tecnología de IA

La dependencia emocional se forja a partir de necesidades emocionales insatisfechas en la infancia. Un vínculo defectuoso se da cuando la madre o figura de apego es sobreprotectora, impidiendo que el niño adquiera independencia, lo que les lleva a idealizar relaciones futuras y buscar su valor en los demás . Esta dinámica origina una necesidad constante de aprobación y satisfacción de las expectativas ajenas, perpetuando patrones sumisos y alimentando el miedo al rechazo .

La dependencia es una necesidad de asistencia para realizar actividades cotidianas debido a falta o pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual . En cambio, la codependencia se caracteriza por una compulsión a controlar a los demás, buscando valor y felicidad fuera de uno mismo. Se centran en los otros, temiendo la pérdida del amor y el abandono . Estos roles crean una relación de sumiso (dependiente manifiesto) y controlador (dependiente larvado), una dinámica más interpersonal y emocionalmente compleja .

La intervención terapéutica en codependencia incluye tres fases: un compromiso terapéutico inicial donde se reconocen los problemas interpersonales actuales, seguido por el tratamiento de cuatro áreas: elaboración del duelo, disputa personal, déficit interpersonal y transiciones de rol, y finalmente, la fase de cierre terapéutico que refuerza la independencia emocional . Las estrategias incluyen centrarse en necesidades propias, responder con acciones constructivas, y establecer nuevos roles autónomos .

Los factores de mantenimiento de la codependencia incluyen distorsiones cognitivas, como la creencia en soluciones mágicas a adicciones o problemas ajenos, la negación de necesidades personales y el miedo al abandono. Estas distorsiones permiten que la codependencia persista, ya que los individuos siguen patrones de comportamiento ineficaces aprendidos en la infancia para obtener amor y aceptación .

El vínculo familiar, especialmente el rol de la madre durante la infancia, es crucial en el desarrollo de la codependencia. Un vínculo inadecuado, caracterizado por sobreprotección y falta de afecto auténtico, puede llevar al niño a depender emocionalmente de la figura materna. La falta de independencia emocional fomenta patrones de complacencia y miedo al abandono, haciendo al individuo vulnerables a la codependencia en la adultez .

El vínculo afectivo se basa en un equilibrio de afecto y autonomía, permitiendo relaciones saludables y apoyo mutuo. En contraste, la codependencia implica una fusión emocional donde un individuo absorbe las necesidades del otro, priorizando la validación externa sobre el bienestar propio. Esto lleva a dinámicas insostenibles y ansiedades sobre el abandono .

El entorno social puede tanto originar como perpetuar la dependencia emocional, particularmente cuando valoraciones y aprobaciones externas son esenciales para el auto-concepto personal. Un medio que enfatiza el reconocimiento y la aceptación puede desencadenar ansiedad en el individuo cuando siente rechazo, llevándolo a conformidad ciega y sacrificio personal para mantener relaciones .

La dependencia emocional puede originarse por carencias afectivas en la infancia, donde el afecto se asociaba al cumplimiento de expectativas ajenas. Los niños aprenden que necesitan satisfacer a los demás para recibir amor y validación, gestionando un temor constante al rechazo y abandono. Estas experiencias configuran patrones de relaciones disfuncionales en la adultez, manteniendo una búsqueda de aprobación externa .

La idealización de la pareja en la dependencia emocional lleva a que el dependiente vea solo cualidades positivas mientras ignora defectos, creando una imagen irreal de perfección. Esto provoca una autoimagen inferior, justifica los defectos de la pareja y adopta un rol sumiso, lo cual perpetúa una baja autoestima y siente una constante necesidad de agradar .

Las personas codependientes son inseguras, extremadamente cooperadoras y suelen minimizar sus cualidades. Buscan constantemente la aprobación ajena y temen la soledad, a menudo idealizan a los demás y sienten miedo a expresar emociones negativas. Esto fomenta relaciones donde priorizan el bienestar de otros sobre el propio, perpetuando un ciclo de insatisfacción y dependencia emocional .

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