EUROPA NAPOLEONICA (Ed.
Nª 43)
Francia hegemónica
Transformación de Europa:
Napoleón Bonaparte llevó a cabo una serie de reformas en política exterior
(1806): ordenó la ocupación de Nápoles (otorgando el trono a su hermano
José), convirtió a Holanda en un reino (colocando en este a su otro
hermano Luis), obligó al rey Francisco a disolver el Sacro Imperio Romano
de la nación germana y mandó a los prusianos a que ocupasen Hannover.
En 1806 el austriaco Metternich ocupó el cargo de embajador en Francia,
convirtiéndose en discípulo maquiavélico: de Talleyrand y Fouché, y
apreciado por varios en la corte.
Derrota de Prusia:
Federico Guillermo III, rey prusiano, confiado en el ejercito que le había
dejado su sucesor Federico II, se alió con los rusos en contra de Napoleón.
A ante esto Napoleón respondió con venganza hacia los dos imperios:
invasión a Sajonia (8 de octubre de 1806) y destrucción del ejercito
prusiano el 14 de octubre; finalmente se dirigió a territorios polacos para
verse cara a cara con los rusos (los derrotó en junio del 1807 en Friedland).
El mes siguiente firmó la paz de Tilsit, con el zar.
Consecuencias de la paz de Tilsit:
El bloqueo continental, impedía a aquellos aliados de Francia a no
comercializar con Inglaterra, lo cual perjudicó a esta. Esto motivó a Rusia a
atacar a Suecia (1808), por no cerrar sus puertos al reino inglés.
El bloqueo continental y sus repercusiones:
El ministro de relaciones exteriores en Francia renunció a su cargo (por
oposición al acuerdo en Tilsit). Mientras tanto, Inglaterra se anticipó a
Napoleón e invadió Copenhague (Dinamarca) el 7 de septiembre de 1807,
para evitar que cayese en manos francesas. Entonces Napoleón como
respuesta incitó a Portugal (antiguo aliado de Inglaterra en el S.XVIII) a
que cerrara sus puertos al imperio anglosajón.
LA GUERRA DE ESPAÑA:
Napoleón, España y Portugal:
A fines del S.XVIII Napoleón tuvo un importante aliado: el imperio
español, que tenía a un ministro vivaz (Manuel Godoy), quien le ofreció
tropas al frente francés, para luchar contra Inglaterra.
Pero a comienzos del S.XIX los soldados españoles volvieron para luchar
contra Francia.
Fontainebleau, un paso en falso:
El tratado de Fontainebleau, se firmó el 27 de octubre de 1807, y fue un
señuelo de Napoleón para el ministro Godoy.
Este documento “habilitaba” el libre paso hacia España y su colaboración,
para derrotar a Portugal. Napoleón cumplió con este último propósito en
noviembre de 1807; sin embargo a inicios de 1808 Bonaparte envió tropas
a la Península (a cargo de Murat), que se adjudicaron varios fuertes
españoles: San Sebastián, Pamplona, Barcelona, etc.
Los “fernandistas” (opuestos a Godoy), culparon a este de la invasión. El
ministro huyó, el rey Carlos IV abdicó en favor de su hijo Fernando; por
cierto, situación aristocrática complicada que favoreció a la corte francesa.
El emperador francés, dominador de la mayor parte de la Península, ocupó
los Estados Pontificios, (colocando un virrey en vez del Papa Pio VII).
Mientras que la ciudad Bayona (fronteriza entre España y Francia), fue el
escenario donde fueron obligados los monarcas española a acudir. Allí,
renuncio Fernando VII devolviéndole el trono a su padre Carlos IV.
Napoleón invade la Península Ibérica:
El episodio triste, español, en Bayona (renunciamiento de Fernando VII),
tuvo consecuencias negativas; para el gobierno: Carlos IV y su esposa
huyeron a Fontainebleau, Compiegne, y luego a Roma; Fernando VII fue
trasladado y quedó inactivo por algunos años en el castillo Valencay.
Napoleón aprovechó esta acefalia política, y colocó a su hermano José en el
trono español.
Esto no cayó bien en los madrileños, entonces Murat dirigió su ejército
(compuesto de mamelucos y polacos) hacia la multitud descontenta
(compuesta más que nada de humildes). Una junta de gobierno pidió al
pueblo que dejara las armas, a lo cual “se sumó” el general Murat;
finalmente en la madrugada continuó con la masacre, en el Prado, en el
Retiro, en la Moncloa, etc.
Bailén, el primer revés:
Si bien las tropas francesas obtuvieron éxito, por ejemplo, en Catilla “la
Vieja”; el dominio sobre España iba a comenzar a pender de un hilo. Grupo
de campesinos armados, en Montserrat, hicieron regresar a Barcelona a las
columnas francesas de Schwartz y Chabran; por otra parte, un ejército
francés (al mando del general Dupont), perdió la batalla el 19 de julio de
1808, en la zona entre Bailen y el Rio Guadalquivir (norte de España).
Esta noticia llegó al trono madrileño, ocupado por José Bonaparte (desde el
20 de julio de 1808), y aquel decidió huir al norte español.
Mientras tanto, España fue hacia Londres a pedir ayuda, a lo cual muy
gustosos se la brindaron los británicos: un ejército hacia Portugal (al mando
de Arturo Wellesley), más conocido como duque de Wellington.
La interminable guerra de España:
La guerra parecía interminable en territorio español, los franceses luchaban
contra ingleses en distintos puntos, por ejemplo La Coruña. Ahora, bien no
se le hizo demasiado fácil a Francia, fundamentalmente por gente de
diversas ideologías y condición social que provocaban guerrillas
(aprovechando el terreno). Impedían la comunicación, encarcelaban a
convoyes, aparecían por sorpresa, etc.
Contraofensiva anglo-española:
Se podría decir que hasta los albores del 1812, las tropas francesas seguían
en la Península Ibérica con relativa “suerte”: ataque en Talavera de la
Reina (unión de los ríos Tajo y del Alberche), en julio de 1809; esto
provocó que Wellington se recluyese por un tiempo en Portugal. El
apoderamiento de las provincias andaluzas y levantinas; en 1811 Suchet
“obtenía” Tortosa y Tarragona.
Sin embargo, a partir de los primeros meses de 1812, se iniciaron las
contra-ofensivas anglo-españolas: derrota del ejército francés dirigido por
Marmont en julio de ese año; caída francesa en Arapiles (José, temeroso, se
dirigió a Burgos y el mariscal Soult a Andalucía). A todo esto, Wellington
(salido de su refugio en Portugal), era el gran protagonista de la campañas
victoriosas de 1813; de hecho, el mismo obtuvo una victoria decisiva en
Vitoria (sobre las tropas de Reille y Drouet). Finalmente el 7 de octubre de
1813, Wellington atravesaba la frontera por el Bidasoa y entraba en
Francia.
Y como si fuera poco, para Francia, Napoleón había sido vencido en tierras
rusas.
DEL APOGEO AL DESASTRE:
Las intrigas de Talleyrand:
En otoño de 1808 Napoleón, su vieja guardia y el ministro Talleyrand;
llegaron a Erfurt (Alemania) a reunirse con el zar Alejando, para pedirle
ayuda en pos de la “salvación de Europa”, pero específicamente por si
Austria atacaba a Francia. Napoleón, le ofreció a cambio la promesa de
otorgarle, parte de la actual Rumania (Moldavia y Valaquia) y Finlandia.
El barón de Stein:
El barón de Stein, Carlos (primer ministro prusiano), se convirtió en un
rival de la corona francesa y la Confederación del Rin. De hecho, Napoleón
había dado la orden de que se lo arrestara y confiscara sus bienes
territoriales en Francia o la Confederación.
La razón de este pedido de captura, era porque supuestamente, el duque
amenazaba con problemas en Alemania.
Fichte, Stein y el nacionalismo alemán:
Tras la invasión de las tropas revolucionarias francesas a Alemania y el
antiguo Sacro Imperio, surgieron algunos gobernantes y literarios
prusianos, con la idea del nacionalismo patriótico alemán, bajo su unión en
un único estado.
Este grupo estaba conformado por: el teórico Juan Teófilo Fichte, el
historiador y crítico Ernesto Mauricio Arndt, sociedades patriotas
(integradas por universitarios, oficiales y funcionarios); y por supuesto, el
“más grande arengador”, el ministro Stein. Quien, abolió la servidumbre,
estableció la libertad de oficios, el reclutamiento obligatorio militar al
servicio de la Nación y el deseo de establecer una Nueva Constitución para
Prusia, la cual sería la indicada para llevar de la mano a Alemania a su
fortalecimiento mediante la unidad nacional.
Regiones de Alemania, Austria y hasta la “Rusia del zar Alejandro I”
participarían. Sin embargo, unos espías franceses interceptaron una carta
comprometedora del zar hacia Stein, por lo cual este debió renunciar siendo
reemplazado por el hábil diplomático Carlos Augusto de Hardenberg (el
consiguió hábilmente las reformas propuestas por su antecesor).
La boda con María Luisa de Austria: