0% encontró este documento útil (0 votos)
107 vistas26 páginas

Wonder

El documento habla sobre la humanidad y su relación con el universo. La ciencia ha descubierto casi todo, haciendo que la gente deje de preguntarse y soñar. La Tierra está muriendo debido a la radiación de una supernova cercana, por lo que la humanidad envía 42 naves al espacio para buscar otras civilizaciones. Los ricos van en las primeras naves a lugares seguros, mientras que los pobres van al final en viajes más arriesgados. Dos amigos, Oliver e Ian, ven un partido de fútbol mientras

Cargado por

Mely Torres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
107 vistas26 páginas

Wonder

El documento habla sobre la humanidad y su relación con el universo. La ciencia ha descubierto casi todo, haciendo que la gente deje de preguntarse y soñar. La Tierra está muriendo debido a la radiación de una supernova cercana, por lo que la humanidad envía 42 naves al espacio para buscar otras civilizaciones. Los ricos van en las primeras naves a lugares seguros, mientras que los pobres van al final en viajes más arriesgados. Dos amigos, Oliver e Ian, ven un partido de fútbol mientras

Cargado por

Mely Torres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

WONDER

(dalraenimaus)

“Sabes, uno ama los atardeceres cuando está triste”

-El principito
Capítulo 1

Twinkle, twinkle, little star, how I wonder what you are…

Pero la cosa es que, ya no lo hacemos más, Wonder, ya no preguntamos. No lo hemos hecho por
un tiempo, ya que la ciencia ha descubierto todo lo que había por descubrir. La humanidad ha
llegado muy lejos, demasiado lejos, ha cruzado demasiados puntos sin retorno y siguió avanzando
hasta que los últimos fragmentos de Wonder se hicieron añicos. La gente ya no se pregunta. No
sueña. Simplemente lo sabe.

Sabemos que hay 42, no, 48 civilizaciones más en nuestra galaxia; Douglas Adams debe estar
malditamente orgulloso (Y la Ecuación de Drake siempre fue más como una estimativa, de ninguna
manera tan precisa como la Ciencia Ficción).
Entonces, la realidad siempre ha sido tan rara que la mente creo la capacidad de imaginar. Tal vez
por eso deje de imaginar, al cansarme de ser superado.

“¡Oli! ¡Ven! ¡Te vas a perder el juego!”

“¡Cállate de una vez, ya estoy yendo!” El rubio bajó escalón a escalón y saltó, golpeando el marco
de la puerta mientras se acercaba para chocar contra el viejo sofá en frente del proyector
holográfico. Ian estaba sentado a un lado suyo mientras se mordía las uñas. Oliver aplaudió frente
a él. “No hagas eso”.

“No eres mi mamá”

Oliver arqueó una ceja mientras miraba fijamente a castaño. “¿En serio? ¿Vas a empezar con
eso?”.

“Está bien, está bien, me detendré. ¡Espera! Está empezando- Juro por cada galaxia que hay en el
universo entero que si Rusia gana otro campeonato voy a meterme un maldito transbordador por
el culo”.

Oliver dejó escapar una carcajada y codeo a Ian, “¿Estás seguro de que entrará? Tu cabeza ocupa
mucho espacio ahí dentro”.

Ian empujó a Oliver a través del holograma haciendo parecer que el primer saque atravesara su
frente. Fútbol de Gravedad Cero, algunas personas solían decirle Soccer. Un poco anticuado, pero
seguía siendo el favorito de la multitud. Bueno, de la multitud que quedaba. La mayoría de las
personas habían dejado la tierra atrás y no podían captar la señal desde Júpiter, así que
literalmente no había chance de que la Clase Alta pudiera ver ese juego. Como si de verdad la
Clase Alta mirara fútbol sin gravedad. Probablemente habían encontrado algo más clásico e
indefinidamente caro a esas alturas.

“Quería ser un jugador de fútbol” Oliver se acomodó en el sofá, pasando sobre Ian para buscar
una bolsa de papas fritas.
“Creí que querías ser piloto”. Ian ni siquiera despegó la mirada del juego, pero sus dedos buscaron
la bolsa de papas para tomar un puñado y metérselo a la boca. Oliver se encogió de hombros. Los
dos gritaron cuando Corea tomó la pelota.

“No, tu querías ser piloto”. Oliver lo corrigió. Ian detuvo el puñado de papas a medio camino y
frunció el ceño.
“Ah, sí, era yo”. Dijo antes de meterse el puñado de papas en la boca y masticar.

“¡GOL!”. Ian golpeó el aire y Oliver arrugó la bolsa de papas, arrojándola sobre el holograma y
cayendo directamente en la basura. Se escuchó el pitido de la maquina al desintegrar la bolsa y
una pequeña nube de oxígeno escapó de ésta.

En el 22010, no había mucho que los humanos hubieran logrado, mucho menos de lo que habían
conquistado o destruido. Ni la última frontera de la ciencia, porque eso había pasado hace siglos,
literalmente. Pero una cosa no ha cambiado, las cosas viven y luego, mueren. Y bueno, si la tierra
fuera un cuerpo viviente, entonces los humanos serían el cáncer al cual no se le puede encontrar
cura. Entonces, estaba muriendo.

Pero no antes de que el universo empezara una buena pelea. ¿Cómo luchas el cáncer? Bueno, con
radiación, por supuesto.

Cuando la primera ola de rayos gamma golpeó Eta Carinae, la gente no estaba lista, aunque ellos
pensaban que sí. Billones de personas murieron, y miles más fueron diagnosticados con problemas
que terminaban de manera fatal. Las plantas se marchitaron y los animales se esparcían de a
cientos de miles en las calles, los pocos científicos que quedaron no solo tacharon las especies,
sino que arrancaron páginas completas y las quemaron. La población mundial disminuyó a menos
de la mitad, prácticamente en una noche, y los resultados no fueron nada menos que
devastadores. En los años siguientes, esa mitad se redujo a la mitad por las réplicas de la
radiación, y luego se redujo a la mitad por las réplicas de la radiación, y luego se redujo a la mitad
por las consecuencias, la población mundial apenas una octava parte de lo que solía ser.

Todos pensaron que era el momento de que los humanos se fueran, desaparecieran.

Pero el cáncer no es tan fácil de curar. Y la humanidad tampoco.

Podríamos llamarlo remanencia, el mundo podría llamarlo pestilencia. De todas formas, las
personas que sobrevivieron crearon planes, respuestas, caminos, como siempre lo habían hecho, y
la vida continuó, debajo de ropa hecha para desviar los rayos gamma. Mecánicos y científicos
encontraron la forma de convertir la radiación en energía reutilizable y la civilización prosperó.

Por encima del mundo, tan arriba.

Y en ese momento fue cuando comenzaron a ver hacia las estrellas. Eso cuando las personas se
dieron cuenta que realmente era la hora de darle fin, y si no nos íbamos, el mundo iba a morir, y
nosotros íbamos a morir con él. Algunas personas podrían decir que era noble irse, pero la
mayoría de las personas solo querían irse, la nobleza atornillada en el asiento trasero.
Así que, el Consulado Mundial hizo un plan, desesperado, descabellado, pero un plan, a fin de
cuentas. Mandar 42 naves al espacio, lanzarse hacia las civilizaciones conocidas de nuestra galaxia
y esperar que alguna lograse sobrevivir. Por supuesto, había civilizaciones seguras, con las cuales
la gente había hecho contacto, débil como las señales de radio, raro como era el mensaje, tanto
como tardaron en decodificarlo, pero el contacto se logró. Y, considerando la baja población en el
mundo, no sería muy difícil dividir lo que quedaba del mundo en 42 naves diferentes y enviarlas.
Eso fue exactamente lo que pasó.

Lo único, es que fue un poco más complicado que eso. Siempre es más complicado que eso,
¿Cómo decides quién va primero? ¿Quién va hacia las civilizaciones “más seguras”, y a quién se
envía en un viaje de ida al borde de nuestra galaxia sin saber si alguna vez la nave alcanzará alguna
civilización con la cual nunca ha hecho contacto?

Hace veinte mil años, un siglo o dos, antes o después, un barco con el nombre de Titanic se había
hundido al fondo del océano. Y bueno, la historia no se repetía, pero era seguro como el infierno
que rimaba.

Los ricos e influyentes iban primero, hacia lo seguro. Los menos afortunados iban al final. Así ha
sido para toda la humanidad y así debía ser hasta el final de los días. Literalmente. Oh, la belleza
de la jerarquía social.

Una nave salía, aproximadamente, una vez cada medio año, o algo así, porque eso es lo que se
tardaba en recargar la planta de poder con energía suficiente para lanzar una nave al espacio, lo
suficientemente lejos como para que pudiese ir a donde necesitara ir. El anteúltimo embarco
había salido hace aproximadamente, seis meses.

“¡Tres puntos! ¡Vamos a la cabeza por tres puntos!” Ian sacudía a Oliver por los hombros. Los dos
estaban saltando arriba y abajo en el sofá, éste crujía y chillaba bajo su peso, pero aún aguantaba.

“¡Cinco minutos más y vamos a terminar el primer tiempo con tres puntos de diferencia’” Gritó
Oliver. Cinco minutos después, el par cayó fuera del sofá, riendo y gritando. Era la primera vez en
dos siglos completos que alguien, que no fuera Rusia, ganaba la Copa Mundial.

“Hay una fiesta en la casa de Lucas esta noche” Dijo Oliver mientras el juego iba al medio tiempo y
aparecían los comerciales. Viejas repeticiones de anuncios de cosas obsoletas como
teletransportadores, aerodeslizadores u otros.

“Siempre hay una fiesta en donde Lucas” Ian deambulaba por la cocina en busca de algún snack,
regresando sin éxito. “Tenemos que hacer las compras”

Oliver resopló “¿Con qué dinero?”

Ian rodó los ojos, “¿Quién necesita dinero cuando tienes un descuento de cinco dedos?”

Oliver dejó escapar un suspiro. Ian se detuvo dándole un último vistazo a la cocina, volteó y miró a
Oliver. “Oh vamos, no es que no hayamos estado haciendo esto durante años. Creí que ya te
habías acostumbrado a ello”
Oliver hizo un ruido incomprensible y se sentó nuevamente en el sofá, “Llámame anticuado, pero,
no lo sé, robar no va bien conmigo”

“¿Tenemos alguna otra opción?” Ian regreso en sus pasos hacia el sofá, apoyando sus brazos en el
respaldo. Sus ojos se encontraron con los de Oliver, alzó una ceja a la espera de una respuesta.

“Creo que no…” Oliver miró hacia el frente, y justo en ese momento Ian le lanzó una manzana a la
cabeza. “¡Ouch, que mier-… ¿Eh? ¿De dónde sacaste una manzana?” Oliver se levantó mientras se
frotaba la cabeza y sostenía la manzana. Ésta era firme, suave y brillante.

“El chico que vivía una calle abajo solía tener un invernadero -he estado cuidando de algunas cosas
ahí en la noche, los árboles están lo suficientemente cerca para poner la lona anti-gamma.
Además, dijiste que extrañabas las frutas y esas cosas, así que… eso” Se detuvo al final, arrugando
su nariz y arrastrando los pies contra el suelo.

“¿Cómo aprendiste a cultivar un huerto?” Preguntó Oliver extrañado, dio una mordida a la
manzana y gimió de satisfacción. La manzana era dulce y crujiente, por ahora era una de las
últimas cosas buenas dejadas en este maldito mundo, a excepción, por supuesto, de Ian.

Ian hizo un ademán para que Oliver lo siguiera. Se dirigieron a través del largo pasillo de la casa
abandonada, hacia la puerta la puerta del sótano. Por mucho tiempo, casi no habían ido ahí – fue
solo hace un par de semanas que se habían mudado y estirado la lona por, literalmente, cada
centímetro del techo, una tarea tediosa, pero completamente necesaria para casas antiguas como
esta.

El sótano era húmedo y oscuro. Ian apretó su fusible de bolsillo y la habitación se iluminó con un
suave brillo azul.

“Woah…” Dijo Oliver sorprendido, sus ojos abriéndose de par en par.

“¿Bien?” Ian dijo sonriendo mientras levantaba el fusible más alto para proyectar mejor la luz. El
sótano estaba lleno de libros. Encajonados y sellados herméticamente en cajas de aleación
transparente. Libros como los que solo habían visto en museos en proyectores holográficos
cuando aún se escabullían en los colegios públicos para tomar clases. Cientos y cientos de libros,
los títulos en apiladas letras, algunas de ellas reconocibles, otras en lenguajes perdidos en los
estragos del tiempo y el ritmo despiadado de cambio.

“Este de aquí es de jardinería. Lo encontré el otro día cuando me despertaste por roncar tan
fuerte” Dijo Ian agachándose para abrir la tapa de un estuche de plexiglás, sacó un volumen hecho
de jirones con una cubierta a rayas de color amarillo brillante y negro – Jardinería para tontos.

“¿Tontos?” Leyó Oliver sonriendo. Ian lo golpeó en un costado y bajó su mirada hacia el libro. Las
páginas olían a historia, historia apropiada, e historias. Muchas, muchas historias.

“Justo aquí está el capítulo de las manzanas, y por ahí… está el capítulo de estas frutas llamadas
cerezas, antes de la primera ola. Tú sabes”

“Lucen deliciosas”
“Seguro que sí” Dijo Ian mientras cambiaba de página. Los dos chicos se sentaron en el suelo
cubierto de polvo, el fusible de bolsillo entre los dos, acurrucados sobre las páginas de un libro que
contenía las historias de personas de hace miles de años.

Se perdieron el partido completo y la fiesta de Lucas, pero ninguno de los dos se preocupó por
recordarlo.

Like a diamond in the sky.

En la noche era el único momento en que era realmente seguro salir fuera sin la gruesa capa de
tela procesada encima. La noche normalmente encontraba a Ian y Oliver recostados sobre el
techo, observando las estrellas, y esa noche no era la excepción.

” ¿A cuál crees que vamos a ir?”. Preguntó Oliver.

"A aquella". Dijo Ian señalando.

"Hm... pero esa no se ve bien, ¿Qué tal aquella?". Oliver señaló otra.

"¿Qué está mal con la que elegí?". Preguntó Ian mientras dejaba caer su mano.

Oliver resopló "Nada, solo creo que aquella es mejor". Dejó caer su mano y entrelazó los dedos
con la mano de Ian.

"¿Qué pasa si quiero ir a la que elegí?".

"Entonces iré contigo".

"¿Incluso si te gusta más la otra?".

"Claro".

Silencio.

Ian apretó suavemente la mano de Oliver, girando la cabeza para verlo.

"Podemos ir a tu estrella".

"Creí que te gustaba más la otra". Oliver sonríe, girando su cabeza para atrapar la mirada de Ian.

"Nah, cambie de opinión".

Oliver devolvió el ligero apretón. Cerraron sus ojos y dormitaron con el sonido del viento, más
fuerte que antes, más sólido mientras se deslizaba por sus mejillas y su piel, tirando de sus
cabellos como dedos delgados y largos, tirando de los bordes de sus sueños. Se quedaron
dormidos con el sonido de la respiración del otro - la última canción que el mundo va a cantar.
La mañana llega con el extraño chirrido de los pájaros porque los humanos no fueron las únicas
criaturas que resistieron y el Darwinismo continua, radiación gamma o no. Las cosas aprenden y
mueren, se adaptan, y las cosas crecen, cambian y se convierten. Buscando más formas de
sobrevivir, de vivir.

"Despierta, vamos, el sol va a salir pronto y nos va a quemar si no entramos." Dijo Ian mientras
sacudía los hombros de Oliver. Quien se despereza con un enorme bostezo y parpadea hacia Ian,
una sonrisa suave en su cara.

"Buenos días". Su voz espesa y pegajosa.

"Buenos días". Dice Ian suavemente, antes de darle otro tirón al brazo de Oliver, mirando el
horizonte. Cada segundo más brillante, tienen que entrar rápido, ninguno de los dos quiere
quemaduras de segundo grado. La atmósfera se ha deteriorado tanto durante los últimos veinte
mil años que por la única razón de que el oxígeno es suficientemente abundante es por la delgada
red de nano-fibras trenzadas y colocadas en todo el mundo, para mantener los átomos de oxígeno
adentro. Pero no están diseñadas para mantener los dañinos rayos de sol fuera. Para eso son las
lonas y la ropa, quedarse bajo el sol por mucho tiempo, incluso lejanamente, como ahora, podía
ser fatal.

"Está bien, está bien, estoy despierto, ya me levanté". Oliver se pone de pie, recogiendo la colcha
debajo de él, casi tropezando cuando Ian lo empuja hacia el borde del techo, cuando salta de la
escalera al suelo, saltando los últimos dos peldaños y aterrizando como una gota y rodando. Oliver
lo sigue, sigue bostezando, descendiendo mucho más lento, Ian golpea su pie contra el suelo a una
milla por minuto, manteniendo la puerta abierta para Oliver cuando este pasa.

"Que caballerosidad". Dice Oliver sonriendo, su voz aún adormilada y suave.

"Trato". Dice Ian rodando los ojos.

Oliver se acomoda en el sillón y se acurruca de nuevo, afuera el sol está ascendiendo, las ventanas
están tapadas para mantener los rayos dañinos fuera. Ian sacude el hombro de Oliver.

"¡Levántate! Creí que íbamos a leer hoy".

Oliver murmura algo y golpea con fuerza la mano de Ian, quien suspira y se inclina más cerca.

"Una vez más en un idioma que comprenda".

"Tú puedes... leer... yo voy a.… dormir".

"Ugh". Ian suelta un gruñido exasperado y se aleja del sofá. Oliver apenas registra el
thumpthumpthump de sus pasos mientras baja las escaleras al sótano, o el sonido definitivamente
más lento cuando vuelve a subir. Oliver espía a Ian con un ojo medio-abierto. Ian tiene una pila de
libro en su regazo, Jardinería para tontos apoyado sobre todos, su nariz enterrada en él.

Oliver cierra los ojos, "¿Qué dice?".


"Creí que querías dormir". La voz de Ian es plana, pero Oliver nota que se está regodeando. Le
encanta regodearse.

"Quiero".

"¿Entonces por qué quieres saber qué dice?".

"Curiosidad".

"¿Cómo vas a leer si estas durmiendo?".

"Lee en voz alta".

"¿Qué?".

Oliver abrió sus ojos de nuevo, una sonrisa deslizándose sobre sus labios. "Lee en voz alta. Así voy
a saber que dice, sin tener que leerlo yo mismo. Y me gusta tu voz - tienes una buena voz. Te
escucho cantar en las duchas publicas todo el tiempo".

Oliver no puede distinguir si es la luz de la mañana iluminando el rostro de Ian, o que él estaba
realmente sonrojado, pero el efecto era lindo. Las mejillas de Ian son de un suave tono rosado en
la mañana, sumergidas en oro mientras respira hondo y baja los ojos de nuevo a la página.

Oliver nunca supo muchas cosas en su vida acerca de las flores del cerezo, pero piensa que pueden
ser muy bellas, pero nunca serán tan bellas como el sonrojo de Ian esa mañana.

"He decidido que las flores del cerezo, son mis flores favoritas". Dijo Ian esa noche, sus hombros
rosándose, mirando el cielo nocturno.

"Ni siquiera has visto uno real antes".

"Si, lo sé, pero los vi en ese libro y son realmente hermosos. Quizás cuando lleguemos al nuevo
planeta y nos hagamos amigos de la gente que vive ahí, podríamos convencerlos de plantar
algunos".

"Ian, sabes que se extinguieron, ¿no? ¿Dónde vamos a conseguir las semillas?".

Ian se giró para ver a Oliver "Vas a decirme que pudimos engendrar humanos genéticamente,
controlar todo el genoma hasta la última letra, ¿Y que no seremos capaces de reproducir la semilla
del árbol de cerezo en el planeta o cualquier lugar donde aterricemos?".

Oliver resopló, "Está bien, buen punto". Y luego suspiro, con anhelo y suavidad. "¿Crees que va a
ser bueno allí? ¿Dónde quiera que vayamos?".

"Tiene que - estoy tratando de empezar el primer equipo de fútbol gravedad cero allí".

"Todo lo que necesitas es gravedad cero y una pelota. Eso puede hacerse, literalmente, en
cualquier lado en el espacio porque no hay gravedad en el espacio ¿Lo recuerdas?".
"Si, pero ¿Que tan genial seria tener, juegos de aliens versus humanos?". Ian sonrió demasiado
feliz.

"Eres tan extraño - un segundo estás hablando de plantar árboles de cerezas, y al siguiente estás
hablando de orquestar fútbol de gravedad cero entre dos especies". Oliver sacudió la cabeza y
dejo escapar una risa.

"¿Qué puedo decir? Soy un hombre de muchos intereses".

Oliver se burlaba de él, pero volvió a reír y luego asintió, "Por supuesto que lo eres - hey", levantó
la cabeza del edredón y lo rodea, sacando un libro, uno delgado, abriendo la tapa y sacando el
fusible de bolsillo para iluminar las páginas.

"¿Cuál es ese?". Preguntó Ian, girando sobre su estómago, su mentón apoyado en el hombro de
Oliver.

"El Principito". dijo Oliver, señalando la foto de un niño rubio y delgado, parado sobre un planeta
con flores y pequeñas montañas.

"¿Es bueno?". pregunto Ian mientras Oliver pasaba la primera página. Oliver se encogió de
hombros.

"Todavía no lo sé".

Para cuando terminan, los dos sienten que sus corazones van a salir disparados fuera de su pecho.
Se van a dormir prometiendo siempre amar más los amaneceres que los atardeceres. Y Oliver
decide que ese, es su libro favorito de todos los tiempos.

Las noticias aparecen en todos los proyectores holográficos en el mundo entero, la última nave se
va en dos días. Traigan solo lo necesario y nada más. Los suplementos serán provistos en la nave y
repartidos después de que el conteo de personas haya terminado. Por favor asegúrense de que
sus nombres están registrados en la lista para confirmar su lugar en la nave.

"Hemos confirmado, ¿No?". Preguntó Oliver, espiando sobre Las Aventuras de Sherlock Holmes.
Ian está del otro lado del sofá, sumergido en Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.

"¿Hm? Oh - sí, lo hemos hecho. También tenemos nuestros lugares asignados, el mismo
dormitorio. Pero use nuestros nombres de los certificados de nacimiento." Ian dijo mientras
sonreía vergonzoso. "Así que vamos a tener que entrar por diferentes líneas, pero nos podemos
encontrar adentro".

"Bueno". Dijo Oliver, sus ojos volviendo a la página.

Los dos días pasaron de forma borrosa, rápido, como darle vuelta a una página.

Los horarios de registro estaban bloqueados, principalmente para evitar que las estaciones de
tele-transportación se colapsen, demasiada gente tratando de acceder podría provocar
disfunciones en el sistema (horribles accidentes pueden pasar). Ian y Oliver forman parte del
último grupo de personas que se van.

"Huérfanos, duh". Dijo Ian cuando Oliver pregunto porque siempre eran los últimos para todo.

"Cierto, cierto...". Dijo Oliver, desplomándose junto a él, mirando el reloj de la pared marcando las
últimas horas en la tierra. Era extrañamente simbólico, que las últimas personas en dejar la tierra
fueran de la clase más baja, pobres y huérfanos.

Cuando el momento finalmente llego, decidieron dejar los libros. Son demasiado pesados y no
valía la pena el peso extra, al tele-transportarse podrían arruinar el algoritmo de sus masas al estar
demasiado cargados y no podían usar un boleto de tele-transportación completo solo para los
libros, solo tenían dos.

"Te veré adentro, ¿Okay?". Dijo Ian mientras saludaba con una mano y se dirigía hacia la línea de
los J.

"¡Okay!". Oliver se dirige en la dirección contraria, hacia la línea de los apellidos con M. Las líneas
son largas, pero se mueven a un ritmo decente. Pero, ha pasado una hora y Oliver siente que no se
han movido mucho. Algo crujió bajo sus pies mientras daba otro paso, miro hacia abajo. Un ticket
de tele-transportación. Se agacho y lo recogió, alisando el papel sobre su palma. Y fue cuando se le
ocurrió una idea, con una sonrisa en el rostro giro a ver al hombre viejo detrás de él.

"¿Podría guardar este lugar para mí? Olvidé algo en casa y tengo que correr para ir a buscarlo".

El viejo hombre asintió y le devolvió la sonrisa a Oliver, quien hizo una reverencia antes de correr
al tele-transportador más cercano.

Ian finalmente logro pasar entre la multitud de gente, empujando cuerpos hasta que llegó a su
dormitorio. Era pequeño, con un closet pequeño, con solo dos camas y una pequeña luz sobre la
cabeza de ambas, con los suplementos básicos para la vida cotidiana. Hay dos sets de ropa
inmaculada, descansando sobre las sábanas. Ninguna de las dos ha sido tocada. Ian rebota sobre
sus pies, mirando hacia arriba y abajo la curva del pasillo antes de decidir que se cambiaría ahora y
luego buscaría a Oliver.

El desastroso hall es solo eso, un desastre, Ian toma dos manzanas, guardando una en su bolsillo,
llevándose la otra a la boca mientras se movía entre las diferentes mesas y bandejas giratorias,
llenando sus brazos con más comida de la que había tenido... nunca. Lo pone todo en una mesa y
luego escanea la habitación, ni una señal de Oliver. Su estómago se tensa, pero lo borra de su
mente. Hay literalmente una docena de miles personas en la nave, por supuesto que no va a
encontrar a Oliver de inmediato. Aunque sería bueno.

Él va a estar ahí para la hora de dormir, él ama demasiado dormir como para saltearse eso, Ian
piensa mientras pule la manzana y procede a comer hasta que su estómago ya no puede más. La
nave retumba al dar comienzo, y la gente aplaude finalmente cuando esta despega. Ian toma la
comida que puede en sus brazos y vuelve a su dormitorio. Deja toda la comida en la cama inferior
antes de subir para espiar la cama de Oliver.
La ropa sigue doblada, la ropa de cama aun prístina y libre de arrugas.

Ian frunce el ceño. ¿Por qué Oliver no se ha cambiado todavía? Él no podría disfrutar con esas
ropas viejas y desgastadas que llevaban. Un pensamiento desagradable florecía en el fondo de la
mente de Ian, pero no podía ser posible. Respiro hondo y se dirigió al comando central.

La cabina del piloto estabag rodeada por un conjunto de cuerdas metálicas para que las personas
que se sentaran en el gigantesco salón pudieran ver todos los acontecimientos en el interior,
incluso podían hablar con la tripulación si lo deseaban, vigilar la ETA y verificar su progreso a
través de la galaxia. La nave iba despejando la atmósfera terrestre y avanzaba lentamente hacia
Marte. Hasta pasar por la última luna de Júpiter debían ir lento, solo entonces podían ir a la
velocidad de la luz. En cualquier momento anterior, la velocidad podía afectar la fuerza
gravitacional de los primeros cuatro planetas y el punto era dejar todo lo más intacto posible.

"Hey, ¿discúlpeme? Uhm, ¿Todos llegaron a alcanzar la nave?". Ian se paró sobre la plataforma
elevada donde estaba la cabina, donde fue recibido por un hombre de rostro amable y una sonrisa
severa.

"Todavía no ha sido posible hacer el recuento, pero no debería tardar más de un par de minutos
¿Estás buscando a alguien?".

"Si, a Oliver Murphy". Dijo Ian, llevándose la mano a la boca para comenzar a mordisquearse las
uñas, pero en el último segundo bajo la mano.

"Es un nombre bastante común". Dijo el hombre, mientras rebuscaba en una lista de nombres. Ian
lo miraba, sus pies hechos de plomo.

"¿Sabes su edad?".

"Uhm, ¿No? ...Somos huérfanos... realmente no llevamos la cuenta".

"Ah, siento oír eso". La voz del hombre haciéndose más suave junto con su mirada mientras volvía
a mirar la lista. Pequeñas marcas verdes junto a los nombres, Ian esperaba que una de esos fuera
de Oliver, su Oli.

"¿De dónde es?".

"De Busan. De un pequeño distrito - los dos somos de ahí -".

"Ah sí". dijo el hombre asintiendo, mientras seguía bajando por la lista de nombres, deteniéndose
ante un nombre con una pequeña marca roja, justo al lado de Oliver Murphy, Busan. Frunció el
ceño. "Parece que se perdió el chequeo, pero estoy seguro de que en la segunda ronda de
confirmaciones lo vamos a encontrar. Nadie ha perdido la nave desde que la tercera despego".

Ian respiro profundamente por la nariz. Su corazón latiendo fuerte, sus dedos se sentían fríos, su
cuello estaba demasiado caliente, el espacio que lo rodeaba no tenía suficiente oxígeno, su visión
deslizándose dentro y fuera de foco.
"Solo un minuto más antes de que la segunda ronda de confirmaciones entre en línea". Dijo el
hombre mientras apretaba el botón para refrescar la página con la lista.

Ian cerró los ojos y trato de mantenerse quieto, tratando de frenarse a sí mismo de comenzar a
golpear el pie contra el suelo y terminar cayendo de la plataforma. Esto no puede estar pasando.

"Ah...". la voz del hombre no sonaba bien.

"¿Qué?". Ian pregunto rápidamente, abriendo los ojos. La pequeña marca roja seguía junto al
nombre de Oliver.

"Parece... parece que él no logró abordar la nave. El conteo final revela que falta una persona".

"¿A qué te refieres con que él no logró abordar la nave?". Las manos de Ian convirtiéndose en
puños, su voz baja y quebrada mientras su mente vibraba y se ponía en blanco, un campo de
blancos, el ruido y el calor chocando y derritiéndose hasta que no podía pensar por el torrente de
sangre detrás de sus orejas.

"Él... él no está en la nave. Lo siento".

"¿Lo sientes? ¿Qué lamentas?". Ian pestañeo y se forzó a si mismo a volver a respirar, atrapando el
aire en el interior de su garganta, apretando con fuerza. "Solo tenemos que girar la nave e ir a
buscarlo".

"Yo... yo realmente lo siento, pero no podemos hacer eso".

"¿Por qué no?" Sus dientes tan apretados que las palabras apenas sonaban coherentes.

"No podemos simplemente dar la vuelta y aterrizar la nave de nuevo-".

"¿Por qué mierda no?". Ian se adelanta un paso e inmediatamente otro hombre aparece a su lado,
alto y de hombros anchos, presionando una mano fuerte en el brazo de Ian.

"Por favor, señor, seria inteligente de su parte tratar de calmarse".

"¡Dejaron a mi amigo atrás! ¡Mi amigo está ahí atrás! ¡En la Tierra, la última persona en la Tierra,
ustedes lo dejaron ahí!". La garganta de Ian dolía con las palabras que gritaba, pero el casi no
podía escuchar ni un poco de su miedo, su agitación, su incredulidad, cada emoción que el jamás
pensó sentir en sus arterias y huesos, subiendo y bajando por su espina, dando vueltas en su caja
torácica, aplastando sus pulmones, su garganta, su corazón.

Hay lágrimas bajando por sus mejillas. No se da cuenta de ello hasta que las siente en sus labios.

"¡Tenemos que volver! ¡Mi amigo-mi mejor amigo está ahí! ¡Tenemos que volver!". Tratando de
trepar su camino hasta el asiento del piloto, como si de alguna manera él pudiera dar vuelta la
nave por sí mismo, pero el segundo hombre lo tiene atrapado por los bíceps, sosteniéndolo con un
brazo alrededor de la cintura.
"No podemos". Dice el primer hombre, su voz flaqueando, pero finalmente vuelve a su tono,
"Porque nos tomaría otros seis meses para cargar la batería con energía de nuevo, y... y". Su voz se
apaga y luego traga- Ian deja escapar un sollozo roto-"Y apagamos los generadores atmosféricos
cuando salimos. Nosotros asumimos... asumimos que no serían necesarios, debido a las...
circunstancias. Así que el suplemento de oxígeno se terminara para mañana a la mañana".

"Us-ustedes... ustedes apagaron el...". El llanto de Ian queda atrapado en su garganta.

"De verdad lo siento... no hay nada que podamos hacer".

"Mierda esa-mierda esto- ¡vamos a volver! No me importa si toma otros seis meses-no podemos
quedarnos en esta maldita nave, si, tenemos que-". Sacudiendo la cabeza como si pudiera
deshacerse de las verdades que se derramaban sobre sus mejillas y en el suelo, sacudiendo la
cabeza como si eso lo ayudara a despejar la gran cantidad de recuerdos de Oliver. Oliver y su risa,
como ese espacio cuando cierra los ojos y se queda dormido. Oliver y sus manos que son tan
pequeñas, pero suficientemente fuertes como para sacar el aire del pecho de Ian una de las tantas
veces que estaba tratando de enseñarle boxeo de uno de los libros. Oliver con su sonrisa como el
amanecer y sus ojos como estrellas. Como diamantes en el cielo.

"Él es solo una persona". Dice el primer hombre, suena como si tratara de convencerse a sí mismo
más que a nadie más. "No podemos perjudicar la vida de miles de personas solo por una per-"

"Pero él es mi única persona-él es mi única persona...". El cuerpo de Ian se vuelve débil al igual que
el agarre en su cintura. Un grupo de personas se reúne alrededor, mirando la escena como si fuera
un maldito espectáculo.

"Él es la única familia que tengo... la única que he tenido". Apenas puede oír sus propias palabras
sobre el sonido de su respiración, apenas puede sentirlas por la tristeza sobre su lengua, el
después sabe aún peor, como una mala pesadilla que se niega a irse.

"T-tú no estás hablando del pequeño joven, más o menos de tu edad... más bajo, con redondas
mejillas, ¿No?". Un hombre viejo se hizo camino entre la multitud. La gente murmurando y
susurrando, haciendo espacio para el hombre.

Ian levanta la cabeza rápidamente, casi cayéndose por el borde de la plataforma. "¡Sí! ¡Es el! ¿Lo
ha visto? ¿Él está aquí? ¿Dónde está? Él está-".

"Él dijo que tenía que ir a buscar algo que olvido en casa... sonaba realmente importante, me dijo
que le guardara el lugar en la fila. Nunca lo vi volver". El viejo hombre se acomodó el sombrero en
la cabeza y soltó un profundo suspiro.

"¿Y simplemente lo dejo irse?". Ian se adelantó, pero nuevamente el segundo hombre encuentro
la forma de agarrarlo, apretándolo y sacándole el aire de los pulmones.

"Podemos intentar hacer radio contacto," la voz del primer hombre proviene detrás de Ian. Es
suave, implorando, casi desesperado. Aunque intenten, los corazones están hechos de cosas
suaves, como pañuelos, sangre y músculos. Cosas fáciles de lastimar. Cosas que tienden a herirse
más que a sanarse. "¿Eso estaría bien?".
Ian jadea por un poco de aire que no está ahí, pero asiente. Asiente una y otra vez.

Luego de una ráfaga de susurros en una lengua que Ian jura no conocer, y un desastre de beeps y
clicks, y estática suave, el primer hombre habla por un pequeño micrófono con una cuerda larga.

"¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Alguien me escucha?".

Y luego, como un fragmento de claridad penetrante, lo suficientemente dolorosa como para


despejar la mente, llega la voz de Oliver.

"¿Ho-Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Hola?".

"¡Oliver! Oliver, hay mierda, Oliver, ¿Puedes oírme? ¿Puedes oírme?". Ian agarra el micrófono de
las manos del hombre y lo acerca a su boca, aferrándose a él, como si no solo pudiera salvarlo a él,
sino que a toda la gente en la nave.

"No vamos a poder mantenerte en la línea por mucho tiempo, la señal es demasiado débil".
Susurra el hombre, cerca de la oreja de Ian, "Una vez que pasemos las lunas de Júpiter, vamos a
perder la transmisión, pero tienes un poco de tiempo."

Ian asiente sin realmente escuchar las palabras, las ganas de volver a respirar vienen desde los
parlantes sobre él. Podía prácticamente escuchar el latido del corazón de Oliver, sentirlo debajo de
su mejilla mientras presiona su cara contra la pared fría, tratando de mantener su hipo controlado.

"¿Ian? Oh mierda -- ¿Eres tú?".

"Sí, soy yo. ¿Qué mierda volviste a agarrar? ¿Sabes que perdiste la nave, no?".

"Si, lo descubrí por mí mismo...yo... yo encontré un ticket de tele-transportación en el suelo y


pensé... bueno, tu dijiste que querías plantar árboles de cerezo cuando llegáramos al nuevo
planeta ¿no? Así que... volví a agarrar tu libro de jardinería". Sonaba avergonzado; Ian casi podía
ver la pequeña sonrisa embarazosa en su cara mientras se rascaba la nuca.

"¿Volviste por un libro?". Ian soltó una risa estrangulada mientras dejaba que su cabeza golpeara
la pared una vez, apretándose contra esta, las rodillas junto al pecho.

"Quería sorprenderte...".

Ian sentía las lágrimas picar en los bordes de sus ojos de nuevamente mientras sacaba un pequeño
libro del bolsillo más grande de su pantalón. El Principito. "Yo también".

El silencio inundo la habitación, nadie estaba hablando, todos miraban al chico acurrucado junto a
la pared, rozando el altavoz con su mejilla, con un libro en el regazo y el océano entero atrapado
en sus pestañas.
"Vamos a volver por ti". Dijo Ian, limpiando sus lágrimas. El primer hombre se vuelve hacia Ian, a
punto de decir algo cuando Ian comenzó a hacer gestos con las manos, no lo hagas. El hombre
vacila, pero finalmente se queda quieto y callado.

"¿En serio?".

"Por supuesto que sí. Voy a manejar esta maldita nave si es necesario".

"Siempre quisiste ser piloto".

"Claro". Dijo Ian, una pequeña risa escapando entre sus labios. Oliver siempre recuerda, incluso
cuando Ian no lo hace, "Y ahora, creo-que mi sueño se hará realidad".

Esta vez, Oliver ríe. Y para Ian, suena como una condenación. Suena como la salvación.

"Va a tomar un tiempo, estamos bastante lejos, así que... deberías probablemente dormir un poco
o algo. Amas dormir...".

"Si..."

"¿Oli?".

"¿Si?".

"Vamos a... vamos a estar ahí en la mañana. El capitán lo prometió". Ian se muerde la lengua. El
capitán tiene un par de auriculares puestos, pero mira a Ian con una pequeña sonrisa triste antes
de que sus ojos vuelvan a las veinte pantallas frente a él. Un resbalón y todos en la nave estarían
perdidos. Ian piensa que eso no sería tan malo ahora.

"¿Lo hizo?".

"Sip, lo hizo, así que deberías descansar. Tienes que despertarte al amanecer, y eres malditamente
malo para despertar sin mí".

Oliver ríe nuevamente y Ian traga, dejando que sus ojos se cierren. "Es mejor que te aferres a ese
libro. Vamos a necesitarlo para cuando lleguemos al nuevo planeta".

"No lo perderé, lo prometo".

"Bien".

Otro silencio. Ian se empapa en el sonido de la respiración de Oliver y se pregunta si podría darle
la suya con tal de que Oliver siga respirando. Si mantiene la respiración lo suficiente, podría de
alguna manera mandar su respiración a través del parlante de Oliver, para mantenerlo vivo-

"¿Hacia que estrella van?". Pregunta Oliver, rompiendo el silencio. Su voz borrosa por la estática.
El hombre señala un punto en el mapa del sistema solar. La nave está cerca de la primera luna de
Júpiter.
"A tu estrella. Vamos a tu estrella". Dice Ian, dejando que su cabeza caiga sobre sus rodillas,
estabilizando su respiración. "La que elegiste cuando estábamos en el techo la otra noche".

"¿En serio?".

"Va a ser un camino realmente largo hasta allá, deberías-".

"Descansar, ya se, ya lo sé". La voz de Oliver indulgente, filtrándose en la piel de Ian, pegándose
como el jugo de manzana que resbala por tus dedos cuando le das un mordisco demasiado
grande.

"Es la puesta de sol, sabes...". Oliver dice después de otra pequeña respiración. La estática cada
vez peor, las silabas rompiéndose. Ian mira la pantalla, a mitad de camino por la primer luna de
Júpiter.

"¿Es lindo?". Pregunta Ian, pasando sus dedos sobre la portada de El Principito, remarcando el
título.

"Muy lindo".

"El amanecer sigue siendo más hermoso". Dice Ian, su voz se ahoga en un sollozo y debe tragar
nuevamente.

"Está poniéndose oscuro... y frío". Dice Oliver, y por primera vez Ian, se da cuenta que la voz de
Oliver está rota, y que no era la estática.

"Deberías dormir, cierra los ojos y descansa. Estas en casa ¿No?".

"Si... el sillón es realmente grande cuando no estás empujándome fuera de él".

Ian ríe entre dientes y aprieta su mano libre en un puño, sus nudillos se vuelven blancos. "Es todo
tuyo esta noche".

"¿Ian?".

"Estoy aquí".

"Tengo... tengo miedo".

"No lo tengas". Ian lucha, lucha y lucha por mantener su voz estable. Tres lunas más. "Estoy aquí,
¿Si? Justo aquí. Uhm...". Busca algo más que decir, sus ojos en la gran ventana, con vista hacia el
infinito y más allá. "Cierra tus ojos y trata de dormir ¿Okay? Dijiste que siempre quisiste
escucharme cantar".

La respiración de Oliver sale como un pequeño hipo fuera de su boca. "Si... supongo que los
sueños realmente se hacen realidad".
"Recuéstate y cierra los ojos, ¿Si?". Dos lunas más. La multitud se desplaza. El viejo hombre toma
su sombrero y lo aprieta junto a su pecho, la mirada agachada.

"Está bien".

"Estrellita ¿Dónde estás?-". A Ian se le escapa un pequeño sollozo. Están pasando por la última
luna. La voz de Oliver hace eco a través de la estática y el parlante.

"Me pregunto qué serás-".

Capítulo 2

"Si amas una flor que vive en una estrella, es dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas
en flor con flores...".

"Hay un planeta ahí afuera, con un niño y un libro de flores".

"Pero tu dijiste que eso fue hace mucho tiempo".

Ian mira al niño Glietian y extiende su mano para despeinar su cabello. Oscuro y espeso, se siente
como sarcillos de una noche larga, cuando las estrellas solían pintar los cielos.

"Lo fue". Responde Ian, y piensa que debe haber sido hace muchos años terrestres, todavía no se
puede recuperar del incidente del todo. Sus palabras son más redondas, más suaves y claras en
una forma que simplemente el Glietian no lo es.

"Entonces ¿Cómo sigue siendo un niño? No debería haber a-a...". El niño Glietian frunce el ceño,
sus facciones parecidas a las de los humanos. Ian se pregunta si alguno de sus padres seria
humano, pero de todas formas era raro, y las pruebas genéticas no habían progresado.
"¿Crecido?". Corrige Ian riendo, recostándose en su silla, su cabeza tocando uno de sus árboles de
cerezo. Señala el techo de la casa verde, una pequeña hoja de plasma mantiene el oxígeno dentro,
y el nitrógeno fuera, proyectando el universo en ese espacio en particular del cielo.

"Si, una de esas cosas".

"Porque no sé si él ha decidido crecer todavía". Dice Ian, "Yo todavía no. Sigo siendo un niño".

El niño frunce el ceño, "¿A qué te refieres?".

Ian presiona unos cuantos botones en su silla hasta que esta vuelve a la vida, moviéndose por el
borde de la enorme casa verde, hacia una pared llena de libros cuidadosamente encapsulados, en
caso de que decaigan. Busca uno y lo saca, un libro en particular, uno pequeño, con la foto de un
pequeño niño con flores en la portada.

"Nos has leído ese libro". Dice el niño Glietian, aplaudiendo y sonriendo.

"Es mi favorito, bueno, no mi favorito, es el favorito del niño en la tierra".

"¿Cómo se llama?".

Ian se detiene, el nombre de Oliver está en la punta de su lengua, como una plegaria y una perla,
una perpetua promesa de un tal vez. "Lo olvide...como decía, fue hace realmente mucho tiempo.
Pero como pienso en él, lo mantengo en mi memoria".

"El guardián de los recuerdos". Repite el niño, voz suave, estruendosa y redonda, tratando de
imitar el acento de Ian. Ian abre la tapa de El Principito y señala un pasaje donde habla de
corazones y flores, y lo lee en voz alta, traduciendo a medida que lee. El niño se queda quieto y
callado hasta que Ian termina.

"¿Entonces todas estas flores son para él? ¿Así no tiene que preocuparse de que la oveja se coma
las flores? ¡Hay demasiadas flores aquí para que cualquier oveja pueda comérselas!". como si
ilustrara, el niño movía sus manos señalando la extensión de la enorme casa, acres y acres de
tierra, acres y acres de cerezos.

Ian rió, "Muy inteligente, sí. Estas son para él. Así él puede mirar al cielo y ver las estrellas en flor
con flores".

"Debe sentirse solo, estando ahí por su cuenta...". Dijo el niño Glietian, arrugando la nariz cuando
un pétalo cae sobre ella. Se queda bizco brevemente, mirando fijamente la pequeña cosa rosa
antes de sacudir la cabeza y que el pétalo caiga al suelo. Ian suelta un suspiro y asiente, tratando
de no pensar en ello (como lo ha hecho tantas noches, tantos días, demasiadas semanas,
demasiados meses, y demasiados años) acerca de que tan pequeño habrá lucido Oliver acurrucado
sobre el sillón, preguntándose si su pequeño Oli se habrá cantando a sí mismo para dormir esa
noche, con los ojos cerrados, pretendiendo que era la voz de Ian. Si Ian tuviera que nombrar algo
que reprocharse en la vida (aparte de haber dejado a Oliver... si él solo se hubiera quedado con
él... si él solo...) era no haberle cantado a el pequeño rubio cuando tuvo la oportunidad de hacerlo.
No cantar para Oliver cuando él se lo pidió, no haberle cantado mientras estaba despierto, no
haberle cantado mientras estaba dormido. Cantándole a través del ritmo de cada día que pasaron
juntos como niños. Todavía siendo niños ahora.

"Él tiene mi libro favorito para hacerle compañía, y como puedes ver, todo este enorme jardín en
el cielo". Dice Ian y sonríe para sí mismo. Porque tiene que aferrarse a algo para mantenerse
cuerdo, es gracioso que sea a lo que la gente de antaño hubiera llamado locura: creer, engañarse a
sí mismo, no. Creer que tal vez, existía la posibilidad de que Oliver seguía vivo y mirara hacia las
estrellas, preguntándose si Ian también lo estaba. Si estaba ahí.

"Bueno, si todas estas flores son para él, entonces ¿Cuáles son tuyas?". Preguntó el niño Glietian.

Ian presiono sus dedos sobre el libro en sus manos, trazando el contorno andrajoso e intentando
imaginar el amanecer. Hay dos soles aquí, y demasiadas lunas para contarlas, no hay amaneceres
ni atardeceres, debido a la rotación de los soles y las lunas y todas las estrellas, es prácticamente
imposible trazarlos. Trata de imaginarse el amanecer tan hermoso como el de la tierra, pero no
puede, entonces se pregunta si los amaneceres por sí mismos eran hermosos, o si solo era por la
forma que iluminaban el rostro de Oliver cuando pasaban. Trata de recordar un amanecer sin
Oliver a su lado, y no puede. No hay ninguno para recordar.

"Él, él es mi flor". dice Ian, "La única".

"Oh". Dice el niño, manteniéndose en silencio, y luego, "Entonces, ¿Cómo sabes que él sigue ahí?
Que la oveja no se ha comido la flor, eso era lo que decía el libro, ¿No?".

Ian asiente y pone el libro de nuevo en su lugar, el sonido del bloqueo como un pequeño hiss.

Mira de nuevo hacia el improvisado cielo, proyectado en el techo de la gran casa verde y trata de
imaginarse el universo más allá, en dirección a la Tierra, y suspira, profunda y pesadamente,
entrelazando sus dedos sobre su regazo.

El suelo debajo de él cubierto de flores que caían de los árboles.

"Esa es la razón por la que sigo siendo un niño... porque me pregunto si mi flor aún sigue ahí. Y
como el libro dice, ese es el tipo de sufrimiento, el tipo de importancia que alguien que ha
madurado no entendería".
Capítulo 3

Los mechones de cabello rubio brillaban con la luz del sol, tan encandilante como su sonrisa... no.
Su sonrisa era más encandilante que cualquier estrella del basto universo. Mas brillante que
cualquier oferta, más dulce que cualquier caña de azúcar, más cálida que cualquier fogata.

Al alcance de su mano, solo debía estirarse un poco y sujetarlo, entrelazar sus dedos y esperar a
que él se riera de su expresión, siempre le había resultado gracioso cuando la preocupación
inundaba sus facciones. Solo eso bastaba, y todo se alejaría como un mal sueño, un extraño y
borroso recuerdo. Una mentira.

Los bordes de su vista estaban borrosos, no sabía si era por las lágrimas o por la falta de las
mismas, sentía que había recorrido un largo trecho bajo el sol, sin agua y sin comida, con los pies
entumecidos por el frío. Pero tenía que hacerlo, o se arrepentiría de ello por el resto de su vida, no
es como si no lo hiciera, pero de momento le parecía lo menos importante.

Como pequeñas gotas rodando por sus dedos, como humo escapando de sus palmas, rosó el
dorso de su mano y espero a ver su respuesta. Con el corazón deshecho observo como el mayor se
volteaba para mirarlo con el ceño fruncido.

"Sabes que todo se acaba cuando haces eso". Susurro, el sol se había apagado.

"Tenía que intentarlo". Admitió, aún mirando las suaves facciones, esta vez estaba completamente
seguro de que era él, los mismos ojos, la misma pequeña nariz y los mismos carnosos labios.

"Lo sé". Dijo haciendo una mueca. "La próxima solo disfruta de la vista". Sin ningún otro indicio
más, los bordes empezaron a crecer, las cosas se volvieron borrosas y poco a poco el fondo se
volvió negro, pero aun podía ver su expresión, aquella cuando algo no solo molestaba, pero
también lo heria. Incluso esa expresión, aquella devastadora recreación que su subconsciente le
había regalado lo era todo para él.

Se removió en su lugar y pestaño dos o tres veces para acostumbrarse a la luz, él ya se había ido.
Como la mayoría de sus sueños, Oliver siempre se enojaba y todo colapsaba a su alrededor cuando
Ian trataba de tocarlo, cuando trataba de salirse del guion impuesto por su subconsciente.

Suspiro mirando el techo del invernadero, donde todas las estrellas en flor lo observaban con
pena.

No había un solo habitante de ese planeta que no lo compadeciera, y eso era algo que lo volvía
loco, todos sabían, todos sabían y nadie hacia nada.

Sin más que hacer se quedó allí postrado, esperando a que la muerte inevitable le llegara. Habían
pasado unos cuantos años, así que, según sus cálculos, podía ser en cualquier momento. ¿Qué
diría Oliver si supiera sobre su nueva rutina?
Probablemente le diría que está actuando como un estúpido, que estaba desperdiciando su
segunda chance... pero ¿Qué más daba? Oliver no estaba allí para presenciarlo.

Ya había recorrido el planeta, había pasado incontables días observando como la vida continuaba,
había plantado algunos árboles, había aprendido algunas cosas sobre la cultura, ya hasta podía
hablar el idioma local. También había conocido gente muy interesante, sabía que muchos de ellos
podrían clasificarse como amigos, pero el término ya no le gustaba tanto, porque después de todo
sabía que el único amigo real que alguna vez tuvo o tendrá estaba a miles de millones de
kilómetros, probablemente recostado en aquel viejo sofá, con algo de suerte había encontrado
una cobija para taparse.

Su esbelto cuerpo, todas las noches de invierno que lo había oído tiritar de frío en sus profundos
sueños, aquellas noches donde solo su cuerpo le servía como fuente de calor, donde los límites de
aquel amor fraternal se fundían, donde solo le importaba su bienestar.

¿Aún temblaría de frío?

El sonido de los golpes en la puerta de cristal lo hicieron voltear la vista, por la claridad que
entraba el techo de la casa de invierno, suponía que pasaba el mediodía, o algo así, demasiados
cuerpos azules en la cercanía como para guiarse por algo tan trivial como la luz solar.

"Sabía que estarías aquí". Comentó el niño Glietian. Niño, creía que el termino probablemente ya
no aplicaba para Geralt, ya era un hombre maduro, bueno, hombre tampoco era un término que
aplicaba a su... a su amigo. "Sabes que esto no es sano, creí que aún eras un niño". Dijo
sentándose en la silla junto a la cama. Ian dejo de mirarlo para observar nuevamente el techo,
apretó la mandíbula y se golpeó a si mismo por sentirse de aquella forma.

"Aún lo soy". Exclamó Ian, su rostro permanecía firme, serio, pero por dentro sus entrañas se
removían, ya no podía distinguir si era nerviosismo o hambre.

"No lo sé, algo me dice que ya perdiste la fe". Ian volteo a mirarlo, los ojos enfurecidos ante tal
atroz comentario.

"¿Qué te hace pensar eso?". Preguntó sin pestañar. Geralt sonrió y ladeo la cabeza hacia el
costado.

"Cada día, por los últimos, no sé, ¿Seis años?". Pregunto retóricamente mientras entrecerraba los
ojos. "Si, por los últimos seis años cada día de la semana ha sido más difícil hacer esto".

"¿A qué te refieres con esto?".

"Levantarte".

Ian se mordió el labio inferior y miro al techo nuevamente.

"A veces lo haces en la mañana temprano, lo cual creo que es genial, pero cuando me acerco noto
que en realidad aun no has dormido, que no lo has hecho en días, pero aun así sigo intentando. Ni
hablar de aquellos días donde todo parece tan normal, pero luego te encuentro mirando el cielo,
esperando a que algo pase, perdido entre el polvo estelar, las estrellas y las flores, a miles de
kilómetros de aquí".

No había punto en tratar de defenderse, pero aun así lo intento, "Es que no tiene caso, ya hice
todo lo que tenía que hacer, vi todo lo que tenía que ver. Solo me queda esperar".

"¿Esperar qué?". Pregunto Geralt cruzando los brazos sobre su pecho.

"Ya sabes a que me refiero". Esta vez no pudo ni mirar el techo, giro su cabeza en dirección
opuesta. "A que venga por mí".

"Creí que tú eras el que tenía que ir por él". Dijo el joven Glietian. Pero Ian negó un par de veces
antes de mirarlo.

"No, él es el único que puede salvarme". Geralt lo miró como si le hubiera salido una segunda
cabeza o un tercer ojo, como si la demencia, la depresión y la soledad le hubieran arrebatado la
cordura. Bueno, no es como si todo aquello no hubiera pasado ya, bueno, lo de la segunda cabeza
y el tercer ojo no.

"Creo que realmente entiendo, supongo que es como una especie de metáfora o algo por el estilo,
pero bueno, también puede ser cosa de la edad". Dijo Geralt encogiéndose de hombros.

"Aún soy joven-".

"Lo sé, lo sé, aún eres un niño". Dijo Geralt rodando los ojos.

"Me refería a que apenas si tengo, ¿qué?, como... ¿unos cuantos meses más por delante?".
Preguntó Ian, Geralt suspiro exasperado y negó.

"Yo diría que aún no llegas a la madurez y teniendo en cuenta que la composición química del
oxígeno aquí es diferente, podría ser que vivas muchos más que unos cuarenta años más.
¿Recuerdas que los ancianos que llegaron con ustedes vivieron por lo menos hasta los ciento
veinte?". Ian sintió como el aire se le agolpaba en la garganta, ahogándose con su propia saliva.
Otros cuarenta años más.

"Aún no entiendo porque nunca lo intentaste, has estado aquí por lo menos dos décadas, podrías
haber trabajado con el grupo de exploración o algo así".

"¿Nunca has sentido que si dices algo en voz alta se vuelve más real de lo que es en tu cabeza?".
Ian se sentó en la cama, la cual había sido especialmente trasladada por sus vecinos y Geralt
cuando notaron que pasaba las noches en el invernadero hace ya más de quince años. Ian ahora
se encontraba a la altura de sus ojos, Geralt aún no podía creer que su viejo cuenta cuentos había
perdido tanta vida durante esos años, sus ojos grandes, aquellos que contenían brillo, sueños y
esperanzas, ahora se encontraban marchitos y tristes, con ojeras adornándolos.

Asintió, sabía que Ian por dentro, muy en el fondo, aún se encontraba ahí, debajo de ese aspecto
marchito. Su viejo amigo, aquel que había dejado atrás la juventud antes de que esta lo dejara a él.
Al mirarlo una vez más, notó que una vez más su vista estaba perdida en el cosmos. Geralt no
sabía cuánto daño o que tan bien podría llegar a hacerle esto. Solo había una mínima chance, pero
le parecía justo intentar. Él niño aún seguía ahí y él siempre lo apreciaría por ello.

“Jones” Geralt cortó el silencio, trató de darle tantas vueltas al asunto, no aún. "Encontramos una
vieja conexión, o una vieja nueva conexión, aún estoy tratando de identificar si es algo cierto, algo
seguro, tú sabes como funcionan las cosas con la velocidad de la luz". Ian lo miró, saliendo de su
ensoñación. Con él prestándole atención todo se volvía más difícil, en ese momento prefería que
divagara. "Si los cálculos son correctos, estaríamos viendo el lugar como era hace un par de
semanas atrás".

Ian asintió, trato de mantener la vista en Geralt, el cual se estrujaba las manos ansiosamente. "Creí
que tal vez querrías verlo... pero tal vez me adelanté, lo acabas de decir, se vuelve real". Dijo
atropelladamente, Ian le toco el brazo y vio como levantaba rápidamente la vista para encontrarse
con la suya, sonrió débilmente y asintió.

"Quiero verlo".

Capítulo 4

Aún caminaban por los pasillos de la estación de observaciones interplanetarias cuando Ian
comenzó a temblar. "¿Estás seguro de que es la ubicación correcta?". Preguntó apretando el paso,
esperando que todo sea mejor una vez que llegara al lugar.

"Sin ofender, pero llevo trabajando en este caso por algo así de, no sé, toda mi vida, de por si
obligue a mi padre a hacerlo cuando tu llegaste con tus historias". Ian sonrió al recordar a Geralt
de niño, al principio se veía asustado, pero luego de unos días estaba encima de él, desde ese
momento no se pudo librar de él.

"Gracias a eso tu padre me odia". Dijo sonriendo. Geralt lo miro de reojo.

"Mi padre simplemente no es tu fan, pero no estoy seguro de que sea por eso". Ian hizo una
mueca y siguió caminando.

Al llegar al área de los observatorios, donde los telescopios intergalácticos se encontraban, se secó
las manos en el pantalón antes de que cualquier científico amigo de Geralt apareciera. Como era
de esperarse, medio lugar le tendió la mano, le sonrió con empatía y se apartó de su camino,
Geralt lo guio hasta un área de control, parecida a las de las viejas películas que repetían en la tele,
donde los científicos chequeaban la salida de los cohetes. Obviamente era mil veces más moderno
y mejor, está en particular se enfocaba en el cuadrante donde se encontraba la tierra, o eso es lo
que Geralt le contó.

Sentado junto a Geralt, miró la enorme pantalla frente a él, igual que las de los cines, pero sin las
telas que le daban las vibras de teatro.

"Okay, deja que termine de calibrar esto, en algo así de un minuto el telescopio estará sobre la
tierra". Aclaró Geralt. Ian sentía como se le rompía la piel del labio y las pequeñas gotas de sangre
le rosaban la lengua, el gusto del hierro deslizándose en su cavidad bucal. "En, tres..., dos..., uno".
La pantalla cambio a un paradigma de colores marrones, el mundo hacía mucho que había perdido
sus distintivos colores, ahora parecía que alguien hubiera puesto un filtro sepia sobre el mismo
constantemente.

Con la respiración atascada en la garganta y los pulmones picándole por la falta de oxígeno, rezó
para que el mundo por lo menos se pareciera un poco a lo que él había conocido alguna vez.

"¿Por dónde quieres empezar?". Ian observo los pedazos de tierra flotando en el océano y trato de
ubicar cada uno en lo que el recordaba como mapamundi.

"Allí". Señalo la pantalla, una pequeña península que apenas se unía con una gran masa
continental en el este. "¿Puedes hacer zoom?". Preguntó Ian, Geralt simplemente asintió y acercó
la imagen. "Más". Ian repitió un par de veces hasta que lo que alguna vez había sido Corea del Sur
cubría toda la pantalla.

De cerca la imagen parecía más verde, menos amarronada. Observo como la tierra había
empezado a sanar lentamente. Según los estudios que habían hecho algunos científicos antes de
rendirse con la tierra y pasar a otra cosa, la tierra tenía las mínimas chances de recuperarse y ser
lo que alguna vez había sido, lo cual era notablemente un progreso. Tal vez si vivía los siguientes
cuarenta años sería de ver un mayor cambio, después de todo ya habían pasado casi veinticinco
años desde que dejaron atrás aquella roca flotante a la que llamaban hogar, bueno, Ian había
dejado más que una roca detrás, él había dejado su mundo entero.

"Hacia la derecha y hacia abajo, aquel punto". Indicó Ian, Geralt simplemente acataba las órdenes
y hacia zoom. Había solo otros pocos científicos observando. Algunos le preguntaban a Ian cosas,
como el nombre de aquellos lugares. La mayoría de los terrestres que habían llegado a Glietian se
habían desligado de la tierra y todo lo relacionado a ella, por lo que la información sobre la misma
era escaza.

"Oh por dios". Exclamó Ian, ahogando un sollozo. Geralt miro rápidamente la pantalla. Un grupo
de tejados se agolpaban en el mismo, solo unos pocos lugares se mantenían en pie. "Es mi árbol".
Exclamo Ian dejando que las lágrimas rebalsaran y rodaran por sus mejillas.

El árbol de manzanas se sacudía levemente por lo que él suponía era una brisa. "Mi casa debe
estar a unas calles de aquí, hacía la derecha". Geralt movió el cursor y se detuvo abruptamente al
ver aquel objeto brillante sobre el tejado.

Toda la habitación quedo en silencio, el aire se volvió espeso y por un momento nadie parecía
respirar.

Habían pasado veinticuatro años, siete meses y doce días. Y aún estaba allí.

Ian se tapó la boca con una mano para ahogar sus sollozos, pero de todas formas el sonido
estrangulado se escapó.

Sobre aquel tejado rojo, lleno de polvo y hojas secas, su telescopio brillaba, junto a él una maceta
color terracota con algo de tierra y pasto sobre la misma. Un pequeño árbol de cerezo con flores
rosadas se sacudía como lo había hecho su árbol de manzanas tres calles atrás.

"No es posible". Exclamó Ian quien luchaba con sus lágrimas para poder observar con mayor
claridad la imagen en pantalla. "No es posible, estaban extintos, es imposible". Continúo
exclamando sin parar. "¿De cuándo es esta imagen?". Preguntó Ian. Geralt miró el marcador en su
consola, aun impactado. "Geralt, ¿Cuándo?".

"No lo sé, déjame, contar...".

"¡Geralt! No estamos jugando-".

"Lo sé, pero necesito que-".

"¡NO ME IMPORTA LO QUE NECESITES! ¡¿DE CUANDO ES LA MALDITA IMAGEN?!". Gritó Ian
levantándose de un salto y caminando hacia la pantalla. Geralt lo miró arrodillarse y sacudirse en
el suelo, levantando la mano, tratando de alcanzar las flores de la pantalla. "Necesito saber-".
Sollozó. "Necesito saber si es de él". Lloro mientras tocaba el material blanco del que estaba hecho
la lona.

"Es de hace dos semanas y media". Dijo Geralt finalmente.

"Dos semanas". Susurró Ian. "Él lo hizo para mí". Exclamo con una sonrisa triste.

"Jones...".

"Él sabía que lo vería. Tengo... tengo que volver". Dijo mientras se paraba entre tambaleos.
"Jones eso pudo haberlo hecho ese día, su día, el que el oxígeno estaba prendido". Explicó Geralt,
pero Ian lo ignoró y se acercó a los paneles de control sin saber muy bien que hacer.

"No, Oli lo hizo para mí, él sabía". Repitió. "Que tonto he sido, ¿por qué no pensé en ello antes?".
Preguntó con una sonrisa, aún las lágrimas corrían por sus mejillas. Geralt estaba muy confundido,
sus emociones estaban hechas un lio, si su amigo estaba en lo correcto, Oliver había estado allí por
años, solo.

Pero si él había hecho aquel regalo para Ian el día del despegue, entonces aquella planta hubiera
crecido de todas formas, simplemente esperando a ser vista por Ian, simplemente siendo otra
estrella en flor que apenas se notaba en el cielo de Glietian.

"Él no puede haber sobrevivido Jones, ¿de qué estás hablando?". Preguntó Geralt tratando de
traer algo de cordura a la situación, tratando de no perder a su amigo.

"El árbol es la clave, estaba allí cuando me fui, la manzana que comió de él estaba fresca, era
buena, cultivada por la mismísima madre tierra, llenando el espacio a su alrededor de oxígeno".
Geralt observó como Ian caminaba de arriba a abajo, corriendo las manos por su cabello.

"De todas formas es algo que no sabemos...". Dijo Geralt. Ian se detuvo un segundo.

"He sido un tonto, todo este tiempo tuve miedo de mirar y de encontrarlo allí recostado,
recostado bajo el mismo cielo, apenas una pila de huesos con ropa, si es que quedaba algo de él.
Pero no, debí haber confiado en mi Oli, el sabría que hacer en una situación así, él es astuto".
Siguió hablando Ian sin parar. Geralt lo miraba hundirse en las conclusiones y el remordimiento.

"Señor...". Exclamo uno de los científicos, pero ninguno de los dos prestaba atención, no fue hasta
que una de las científicas del recinto chilló, que Ian y Geralt miraron hacia arriba.

Poco a poco, escalón por escalón, subía una mancha. Ian se derrumbó en el suelo. Solo una mata
de pelo platinado y lo que parecía ropa gris, arrastrándose por el tejado, primero mirando el
pequeño árbol y luego a través del telescopio. Al mirar hacia arriba, su sonrisa brillaba como el sol,
sus ojos se volvían pequeñas lunas crecientes, movió la mano un par de veces saludando, sus
labios musitaban palabras que Ian interpreto como "Hola Ian".

Recostándose en las tejas. Mirando justo hacia ellos, mirando su estrella, Oliver esperaba a que
Ian volviera por él. Que lo viera, que viera aquella planta que había cultivado para él, mejor
sorpresa que el libro, suponía él. Después de todo, el árbol parecía inmarcesible. Con el libro entre
sus brazos, saludo nuevamente al cielo y espero el amanecer.

Espero por Ian Jones otro día más.

También podría gustarte