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Parte II: Actos de piedad en Semana Santa
Vía Crucis ......................................................................................................................... 170
Sermón de las siete Palabras ........................................................................................... 186
Descendimiento de la Cruz.............................................................................................. 194
Celebración penitencial ante el sepulcro ........................................................................ 197
Acto Mariano o procesión de la soledad ......................................................................... 199
Procesión con el resucitado ............................................................................................ 202
Parte III: Anexos
Biografía de los apóstoles ............................................................................................... 205
Elementos para preparar en las celebraciones .............................................................. 209
Pascua infantil ................................................................................................................. 212
Pascua juvenil .................................................................................................................. 217
Cantos
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PARTE I:
Manual
para celebraciones litúrgicas de
Semana Santa
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Ordinario de la Misa
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ORDINARIO DE LA MISA
Ritos iniciales
1. Reunido el pueblo, el sacerdote con los ministros va al altar mientras se entona el canto de
entrada.
Cuando llega al altar, el sacerdote con los ministros hace la debida reverencia, besa el altar
y, si se juzga oportuno, lo inciensa. Después se dirige con los ministros a la sede.
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan mientras el
sacerdote, de cara al pueblo, dice:
También pueden usarse las fórmulas de saludo propias de cada tiempo, como las
siguientes.
Tiempo de Cuaresma: Tiempo de Pascua:
La gracia y el amor de Jesucristo, El Dios de la vida,
Que nos llama a la conversión, que ha resucitado a Jesucristo,
Estén con todos ustedes. rompiendo las ataduras de la muerte,
esté con todos ustedes.
3. El sacerdote, o el diácono, u otro ministro puede hacer una monición muy breve para introducir
la Misa del día
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Acto Penitencial*1
4. A continuación se hace el acto penitencial, y el sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento
diciendo:
Hermanos:
para celebrar dignamente estos sagrados misterios
reconozcamos nuestros pecados.
O bien:
El Señor Jesús,
que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía,
nos llama ahora a la conversión.
Reconozcamos, pues, que somos pecadores
e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
O bien:
*El día domingo, especialmente en el Tiempo Pascual, en vez del acto penitencial acostumbrado,
en algunas ocasiones puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo.
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Fórmula I
5. Después, hacen todos en común la confesión de sus pecados:
Amén.
Fórmula II
6. Después el sacerdote dice:
Tú que borras nuestras culpas: Señor, ten piedad. (O bien: Kyrie, eléison).
El pueblo responde:
Señor, ten piedad. (O bien: Kyrie, eléison).
El sacerdote prosigue:
Tú que creas en nosotros un corazón puro: Cristo ten piedad. (O bien: Christe,
eléison).
El pueblo responde:
Cristo ten piedad. (O bien: Christe, eléison).
El sacerdote prosigue:
Tú que nos devuelves la alegría de la salvación: Señor, ten piedad. (O bien:
Kyrie, eléison).
El pueblo responde:
Señor, ten piedad. (O bien: Kyrie, eléison).
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.
8. Siguen las invocaciones Señor, ten piedad (Kyrie, eleison), a no ser que ya se hayan utilizado
en alguna de las fórmulas del acto penitencial.
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9. A continuación, si está prescrito, se canta o se dice el himno:
G
loria a Dios en el cielo*,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo Tú eres Santo,
sólo Tú Señor,
sólo Tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo,
en la Gloria de Dios Padre.
Amén.
10. Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta.
La colecta termina siempre con la conclusión larga (Hay tres formas de concluir la colecta:
si se dirige al Padre; si se dirige al Padre, pero al final se hace mención al Hijo; si la oración se
dirige al Hijo).
Al final de la oración el pueblo aclama:
Amén.
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Liturgia de la Palabra
11. El lector va al ambón y lee la primera lectura, que todos escuchan sentados (no se dice:
“PRIEMRA LECTURA”).
13. Si hay segunda lectura, se lee en el ambón, como la primera (no se dice: “SEGUNDA
LECTURA”). Para indicar el fin de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
14. Sigue el Aleluya o, en tiempo de Cuaresma, el canto antes del Evangelio.
15. Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, acompañado eventualmente por los
ministros que llevan el incienso y los cirios; ya en el ambón dice:
El Señor esté con ustedes.
Y el pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote):
Lectura del santo Evangelio según san N.
Y mientras tanto hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho. El
pueblo aclama:
Gloria a ti, Señor.
El diácono (o el sacerdote), si se usa incienso, inciensa el libro. Luego proclama el Evangelio.
Acabado el Evangelio el diácono (o el sacerdote) dice:
Palabra del Señor.
Todos aclaman:
Gloria a ti, Señor Jesús.
Después besa el libro, diciendo en secreto:
Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
16. Luego tiene lugar la homilía; ésta es obligatoria todos los domingos y fiestas de precepto y se
recomienda en los restantes días.
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17. Acabada la homilía, si la liturgia del día lo prescribe, se hace la profesión de fe:
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Liturgia Eucarística
19. Acabada la Liturgia de la palabra, los ministros colocan en el altar el corporal, el purificador,
el cáliz y el misal; mientras tanto puede ejecutarse un canto adecuado.
20. El sacerdote se acerca al altar, toma la patena con el pan y, manteniéndola un poco elevada
sobre el altar, dice en secreto:
21. El diácono, o el sacerdote, echa vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto:
22. Después el sacerdote toma el cáliz y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice en
secreto:
Si no se canta durante la presentación de las ofrendas, el sacerdote puede decir en voz alta
estas palabras; al final el pueblo puede aclamar:
24. Luego el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:
Oren, hermanos,
para que este sacrificio, mío y de ustedes,
sea agradable a Dios, Padre
todopoderoso.
El pueblo responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio,
para alabanza y gloria de su nombre,
para nuestro bien
y el de toda su santa Iglesia.
Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas (Hay
tres formas de concluir la colecta: si se dirige al Padre; si se dirige al Padre, pero al final se hace
mención al Hijo; si la oración se dirige al Hijo). Al final el pueblo aclama:
Amén.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
30. El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Con las manos extendidas dice:
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PREFACIO PASCUAL I
EL MISTERIO PASCUAL
32. Este prefacio se dice durante el tiempo pascual.
En la misa de la Vigilia pascual se dice en esta noche; el día de Pascua y durante la octava:
en este día; en las restantes misas: en este tiempo.
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PLEGARIA EUCARÍSTICA I
o CANON ROMANO
En la plegaria eucarística primera, o Canon Romano, pueden omitirse aquellas partes que están
incluidas dentro de corchetes.
33. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
adre misericordioso,
CP
P te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
Junta las manos y dice:
estos ✠ dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
Con las manos extendidas, prosigue:
Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el
día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne,
veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*
35. Con las manos extendidas prosigue:
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CP Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus siervos
y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.
Junta las manos.
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36. Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:
___________________________________
En la Misa Vespertina del Jueves santo:
El cual, hoy,
la víspera de padecer por nuestra salvación
y la de todos los hombres,
___________________________________
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
41. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Te pedimos humildemente,
Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo,
por manos tu ángel,
para que cuantos recibimos
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar,
Se endereza y se signa diciendo:
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Rito de la comunión
48. Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Señor Jesucristo,
que dijiste a tus Apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia,
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y conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Amén.
51. El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
Y con tu espíritu.
52. Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
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El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado
sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade una vez:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
55. El sacerdote dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Y comulga.
57. Después el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos
momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
58. Luego, de pie en la sede o en el altar, el sacerdote dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este
silencio ya se haya hecho antes.
59. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
La oración después de la comunión termina con la conclusión breve.
El pueblo aclama:
Amén.
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Rito de conclusión
60. En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o
advertencias al pueblo.
61. Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice:
Y con tu espíritu.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Amén.
62. Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, despide al pueblo con una de
las fórmulas siguientes:
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Domingo de Ramos
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Domingo de Ramos
EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
1. En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar
su Misterio pascual. Por esta razón, en todas las misas se hace memoria de la entrada del Señor
en la ciudad santa; esta memoria se hace o bien por la procesión o entrada solemne antes de la
misa principal, o bien por la entrada simple antes de las restantes misas. La entrada solemne, no
así la procesión, puede repetirse antes de aquellas misas que se celebran con gran asistencia de
fieles.
Cuando no se pueda hacer ni la procesión ni la entrada solemne, es conveniente que se
haga una celebración de la palabra de Dios con relación a la entrada mesiánica y a la pasión del
Señor, ya sea el sábado al atardecer, ya sea el domingo a la hora más oportuna.
Queridos hermanos:
Después de haber preparado nuestros corazones
desde el principio de la Cuaresma
con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad,
hoy nos reunimos para iniciar, unidos con toda la Iglesia,
la celebración anual del Misterio Pascual, es decir,
misterios que empezaron
con su entrada en Jerusalén, su ciudad.
Por eso, recordando con toda fe y devoción
esta entrada salvadora, sigamos al Señor,
para que, participando de su cruz,
tengamos parte con él en su resurrección y su vida.
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6. Después de la monición, el sacerdote dice una de las siguientes oraciones, con las manos
juntas:
Oremos.
ios todopoderoso y eterno,
A
umenta, Señor Dios, la fe de los que esperan en ti
y escucha con bondad las súplicas de quienes te invocan,
para que, al presentar hoy nuestros ramos a Cristo victorioso,
demos para ti en él frutos de buenas obras.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
A continuación, asperja con agua bendita los ramos sin decir nada.
7. Seguidamente, el diácono, o en su defecto, el sacerdote proclama, en la forma habitual,
el evangelio de la entrada del Señor, según uno de los cuatro Evangelios. Puede utilizarse incienso,
si se juzga oportuno.
Queridos hermanos:
Imitando a la multitud que aclamaba al Señor, avancemos en paz.
9. Y comienza la procesión hacia la iglesia donde se va a celebrar la misa. Si se
emplea el incienso, va delante el turiferario con el incensario humeante, seguidamente el
acólito u otro ministro que porta la cruz adornada con ramos o palmas según las
costumbres del lugar, en medio de dos ministros con velas encendidas. A continuación,
el diácono llevando el libro de los Evangelios, el sacerdote con los ministros y, detrás de
ellos, los fieles, que llevan los ramos en las manos.
Durante la procesión, los cantores, junto con el pueblo, entonan cantos apropiados
en honor de Cristo Rey.
10. El sacerdote, al llegar al altar, lo venera y, si lo juzga oportuno, lo inciensa. Después va
a la sede, se quita la capa pluvial si la ha usado, y se pone la casulla y, omitidos los demás ritos
iniciales de la misa y, según la oportunidad, el Señor ten piedad, dice la oración colecta de la misa
y continúa como de costumbre.
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se ha indicado más arriba (nn. 5-7). Después del evangelio, el sacerdote con los ministros y
algunos fieles se dirigen al presbiterio por la iglesia; mientras tanto se entona un canto apto.
14. Cuando ha llegado al altar, el sacerdote lo venera, después va a la sede, y, omitiendo
los ritos iniciales de la misa y, según la oportunidad, el Señor ten piedad, dice la oración colecta.
Después la misa continúa como de costumbre.
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Monición a la Liturgia de la Palabra
La Palabra de Dios nos invita a contemplar a Cristo como el siervo doliente que en
la pasión es condenado injustamente para otorgarnos la salvación. San Pablo nos
recuerda que Cristo siendo Hijo de Dios al sufrir la humillación, fue exaltado a la derecha
de Dios Padre. Que al escuchar la pasión de Cristo permanezcamos en actitud de silencio
para contemplar la obra salvífica de Dios que entregó a su Hijo para nuestra redención.
PRIMERA LECTURA
No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
Lectura del libro de Isaías. 50, 4-7
n aquel entonces, dijo Isaías: "El Señor me ha dado una lengua
E experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.
Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo,
como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he
opuesto resistencia ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me
tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos. Pero
el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endurecí mi
rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado".
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial
Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R.: 2ab)
R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
V/. Todos los que me ven, de mí se burlan;
me hacen gestos y dicen:
"Confiaba en el Señor, pues que Él lo salve;
si de veras lo ama, que lo libre". R/.
V/. Los malvados me cercan por doquiera
como rabiosos perros.
Mis manos y mis pies han taladrado
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y se pueden contar todos mis huesos. R/.
V/. Reparten entre sí mis vestiduras
y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayúdame,
no te quedes de mí tan alejado. R/.
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EVANGELIO
Ciclo A
✠ Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo. 26, 14 — 27, 66
Cronista:
n aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a
E los sumos sacerdotes y les dijo:
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C Luego tomó en sus manos una copa de vino, y pronunciada la acción de
gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo:
† "Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, Sangre de la nueva alianza,
que será derramada por todos, para el perdón de los pecados. Les digo que
ya no beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el
vino nuevo en el Reino de mi Padre".
C Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los Olivos.
Entonces Jesús les dijo:
† "Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche, porque está escrito:
Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después de que
yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea".
C Entonces Pedro le replicó:
S "Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré".
C Jesús le dijo:
† "Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me habrás
negado tres veces".
C Pedro le replicó:
S "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré".
C Y lo mismo dijeron todos los discípulos: Entonces Jesús fue con ellos a un
lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos:
† "Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá".
C Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir
tristeza y angustia. Entonces les dijo:
† "Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen
conmigo".
C Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó a orar,
diciendo:
† "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga
como yo quiero, sino como quieres tú".
C Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos.
Dijo a Pedro:
† "¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en
la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil".
C Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo:
† "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu
voluntad".
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C Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque
tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por
tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a donde
estaban los discípulos y les dijo:
† "Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el Hijo del hombre
va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está
aquí el que me va a entregar".
C Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce,
seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los
sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había
dado esta señal:
S "Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo".
C Al instante se acercó a Jesús y le dijo:
S "¡Buenas noches, Maestro!"
C Y lo besó. Jesús le dijo:
† "Amigo, ¿es esto a lo que has venido?"
C Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo apresaron. Uno de los
que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote
y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús:
† "Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá.
¿No crees que, si yo se lo pidiera a mi Padre, Él pondría ahora mismo a mi
disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían
entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?"
C Enseguida dijo Jesús a aquella chusma:
† "¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos?
Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron.
Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los
profetas".
C Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que
aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde
los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos
hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver
en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban
buscando un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero
no lo encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin
llegaron dos, que dijeron:
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S "Este dijo: 'Puedo derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días"'.
C Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo:
S "¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya?".
C Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo:
S "Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios".
C Jesús le respondió:
† "Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto verán al Hijo del
hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo".
C Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
S "¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos
han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?"
C Ellos respondieron:
S "Es reo de muerte".
C Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas. Otros lo
golpeaban, diciendo:
S "Adivina quién es el que te ha pegado".
C Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio. Una criada se le acercó
y le dijo:
S "Tú también estabas con Jesús, el Galileo".
C Pero él lo negó ante todos, diciendo:
S "No sé de qué me estás hablando".
C Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo a los que estaban
ahí:
S "También ése andaba con Jesús, el nazareno".
C Él de nuevo lo negó con juramento:
S "No conozco a ese hombre".
C Poco después se acercaron a Pedro los que estaban ahí y le dijeron:
S "No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta tu modo de
hablar te delata".
C Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a aquel
hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó Pedro de
que Jesús había dicho: "Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres
veces". Y saliendo de ahí se soltó a llorar amargamente. Llegada la mañana,
todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo
contra Jesús para darle muerte.
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Después de atarlo, lo llevaron ante el procurador, Poncio Pilato, y se lo
entregaron. Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús
había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las treinta monedas de
plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
S "Pequé, entregando la sangre de un inocente".
C Ellos dijeron:
S "¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú".
C Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se fue y se
ahorcó. Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron:
S "No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas, porque son precio de
sangre".
C Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para
sepultar ahí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de
hoy "Campo de sangre". Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías:
"Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien
pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo del
alfarero, según lo que me ordenó el Señor".
C Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó:
S "¿Eres tú el rey de los judíos?"
C Jesús respondió:
† "Tú lo has dicho".
C Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes
y los ancianos. Entonces le dijo Pilato:
S "¿No oyes todo lo que dicen contra ti?"
C Pero El nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy
extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder
a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso
famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos:
S "¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que
se dice el Mesías?".
C Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia. Estando él sentado en
el tribunal, su mujer mandó decirle:
S "No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños
por su causa".
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C Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la
muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
Así, cuando el procurador les preguntó:
S "¿A cuál de los dos quieren que les suelte?",
C ellos respondieron:
S "A Barrabás".
C Pilato les dijo:
S "¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?"
C Respondieron todos:
S "Crucifícalo".
C Pilato preguntó:
S "Pero, ¿qué mal ha hecho?"
C Más ellos seguían gritando cada vez con más fuerza:
S "¡Crucifícalo!"
C Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió
agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo:
S "Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá
ustedes".
C Todo el pueblo respondió:
S "¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!"
C Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio, a Jesús lo hizo
azotar y lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del procurador
llevaron a Jesús al pretorio reunieron alrededor de Él a todo el batallón. Lo
desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona
de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano
derecha, y arrodillándose ante Él, se burlaban diciendo:
S "¿Viva el rey de los judíos!",
C y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza.
Después de que se burlaron de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas
y lo llevaron a crucificar. Juntamente con Él crucificaron a dos ladrones. Al
salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a
llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, "Lugar de la
Calavera", le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; Él lo probó, pero
no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos,
echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo. Sobre su
cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: "Éste es Jesús, el rey de
los judíos". Juntamente con Él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha
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y El otro a su izquierda. Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la
cabeza y gritándole:
S "Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo;
si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz".
C También se burlaban de Él los sumos sacerdotes, los escribas y los
ancianos, diciendo: "Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es
el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en Él. Ha puesto su confianza
en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues Él ha dicho:
"Soy el Hijo de Dios".
C Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban. Desde
el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y
alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz:
† "Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?",
C que quiere decir: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S "Está llamando a Elías".
C Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en
vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le
dijeron:
S "Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo".
C Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.
Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes
42
22. Después de la lectura de la historia de la Pasión téngase, oportunamente, una breve
homilía. También puede observarse algún espacio de silencio.
Homilía
Benedicto XVI, papa
Domingo de Ramos (Año A).
Domingo 17 de abril del 2011.
Como cada año, en el Domingo de Ramos, nos conmueve subir junto a Jesús al
monte, al santuario, acompañarlo en su acenso. En este día, por toda la faz de la tierra y
a través de todos los siglos, jóvenes y gente de todas las edades lo aclaman gritando:
«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».
Pero, ¿qué hacemos realmente cuando nos unimos a la procesión, al cortejo de
aquellos que junto con Jesús subían a Jerusalén y lo aclamaban como rey de Israel? ¿Es
algo más que una ceremonia, que una bella tradición? ¿Tiene quizás algo que ver con la
verdadera realidad de nuestra vida, de nuestro mundo? Para encontrar la respuesta,
debemos clarificar ante todo qué es lo que en realidad ha querido y ha hecho Jesús mismo.
Tras la profesión de fe, que Pedro había realizado en Cesarea de Filipo, en el extremo
norte de la Tierra Santa, Jesús se había dirigido como peregrino hacia Jerusalén para la
fiesta de la Pascua. Es un camino hacia el templo en la Ciudad Santa, hacia aquel lugar
que aseguraba de modo particular a Israel la cercanía de Dios a su pueblo. Es un camino
hacia la fiesta común de la Pascua, memorial de la liberación de Egipto y signo de la
esperanza en la liberación definitiva. Él sabe que le espera una nueva Pascua, y que él
mismo ocupará el lugar de los corderos inmolados, ofreciéndose así mismo en la cruz.
Sabe que, en los dones misteriosos del pan y del vino, se entregará para siempre a los
suyos, les abrirá la puerta hacia un nuevo camino de liberación, hacia la comunión con el
Dios vivo. Es un camino hacia la altura de la Cruz, hacia el momento del amor que se
entrega. El fin último de su peregrinación es la altura de Dios mismo, a la cual él quiere
elevar al ser humano.
Nuestra procesión de hoy por tanto quiere ser imagen de algo más profundo,
imagen del hecho que, junto con Jesús, comenzamos la peregrinación: por el camino
elevado hacia el Dios vivo. Se trata de esta subida. Es el camino al que Jesús nos invita.
Pero, ¿cómo podemos mantener el paso en esta subida? ¿No sobrepasa quizás nuestras
fuerzas? Sí, está por encima de nuestras posibilidades. Desde siempre los hombres están
llenos – y hoy más que nunca – del deseo de «ser como Dios», de alcanzar esa misma
altura de Dios. En todos los descubrimientos del espíritu humano se busca en último
término obtener alas, para poderse elevar a la altura del Ser, para ser independiente,
totalmente libre, como lo es Dios. Son tantas las cosas que ha podido llevar a cabo la
humanidad: tenemos la capacidad de volar. Podemos vernos, escucharnos y hablar de un
extremo al otro del mundo. Sin embargo, la fuerza de gravedad que nos tira hacía abajo
es poderosa. Junto con nuestras capacidades, no ha crecido solamente el bien. También
han aumentado las posibilidades del mal que se presentan como tempestades
43
amenazadoras sobre la historia. También permanecen nuestros límites: basta pensar en
las catástrofes que en estos meses han afligido y siguen afligiendo a la humanidad.
Los Santos Padres han dicho que el hombre se encuentra en el punto de
intersección entre dos campos de gravedad. Ante todo, está la fuerza que le atrae hacia
abajo – hacía el egoísmo, hacia la mentira y hacia el mal; la gravedad que nos abaja y nos
aleja de la altura de Dios. Por otro lado, está la fuerza de gravedad del amor de Dios: el
“ser amados” de Dios y la respuesta de nuestro amor que nos atrae hacia lo alto. El
hombre se encuentra en medio de esta doble fuerza de gravedad, y todo depende del
poder escapar del campo de gravedad del mal y ser libres de dejarse atraer totalmente por
la fuerza de gravedad de Dios, que nos hace auténticos, nos eleva, nos da la verdadera
libertad.
Tras la Liturgia de la Palabra, al inicio de la Plegaría eucarística durante la cual el
Señor entra en medio de nosotros, la Iglesia nos dirige la invitación: «Sursum corda –
levantemos el corazón». Según la concepción bíblica y la visión de los Santos Padres, el
corazón es ese centro del hombre en el que se unen el intelecto, la voluntad y el
sentimiento, el cuerpo y el alma. Ese centro en el que el espíritu se hace cuerpo y el cuerpo
se hace espíritu; en el que voluntad, sentimiento e intelecto se unen en el conocimiento
de Dios y en el amor por Él. Este «corazón» debe ser elevado. Pero repito: nosotros solos
somos demasiado débiles para elevar nuestro corazón hasta la altura de Dios. No somos
capaces. Precisamente la soberbia de querer hacerlo solos nos derrumba y nos aleja de
Dios. Dios mismo debe elevarnos, y esto es lo que Cristo comenzó en la cruz. Él ha
descendido hasta la extrema bajeza de la existencia humana, para elevarnos hacia Él,
hacia el Dios vivo. Se ha hecho humilde, dice hoy la segunda lectura. Solamente así
nuestra soberbia podía ser superada: la humildad de Dios es la forma extrema de su amor,
y este amor humilde atrae hacia lo alto.
El salmo procesional 23, que la Iglesia nos propone como «canto de subida» para
la liturgia de hoy, indica algunos elementos concretos que forman parte de nuestra
subida, y sin los cuales no podemos ser levantados: las manos inocentes, el corazón puro,
el rechazo de la mentira, la búsqueda del rostro de Dios. Las grandes conquistas de la
técnica nos hacen libres y son elementos del progreso de la humanidad sólo si están
unidas a estas actitudes; si nuestras manos se hacen inocentes y nuestro corazón puro; si
estamos en busca de la verdad, en busca de Dios mismo, y nos dejamos tocar e interpelar
por su amor. Todos estos elementos de la subida son eficaces sólo si reconocemos
humildemente que debemos ser atraídos hacia lo alto; si abandonamos la soberbia de
querer hacernos Dios a nosotros mismos. Le necesitamos. Él nos atrae hacia lo alto,
sosteniéndonos en sus manos –es decir, en la fe– nos da la justa orientación y la fuerza
interior que nos eleva. Tenemos necesidad de la humildad de la fe que busca el rostro de
Dios y se confía a la verdad de su amor.
La cuestión de cómo el hombre pueda llegar a lo alto, ser totalmente él mismo y
verdaderamente semejante a Dios, ha cuestionado siempre a la humanidad. Ha sido
discutida apasionadamente por los filósofos platónicos del tercer y cuarto siglo. Su
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pregunta central era cómo encontrar medios de purificación, mediante los cuales el
hombre pudiese liberarse del grave peso que lo abaja y poder ascender a la altura de su
verdadero ser, a la altura de su divinidad. San Agustín, en su búsqueda del camino recto,
buscó por algún tiempo apoyo en aquellas filosofías. Pero, al final, tuvo que reconocer
que su respuesta no era suficiente, que con sus métodos no habría alcanzado realmente a
Dios. Dijo a sus representantes: «reconoced por tanto que la fuerza del hombre y de todas
sus purificaciones no bastan para llevarlo realmente a la altura de lo divino, a la altura
adecuada». Y dijo que habría perdido la esperanza en sí mismo y en la existencia humana,
si no hubiese encontrado a Aquel que hace aquello que nosotros mismos no podemos
hacer; Aquel que nos eleva a la altura de Dios, a pesar de nuestra miseria: Jesucristo que,
desde Dios, ha bajado hasta nosotros, y en su amor crucificado, nos toma de la mano y
nos lleva hacia lo alto.
Subimos con el Señor en peregrinación. Buscamos el corazón puro y las manos
inocentes, buscamos la verdad, buscamos el rostro de Dios. Manifestemos al Señor
nuestro deseo de llegar a ser justos y le pedimos: ¡Llévanos Tú hacia lo alto! ¡Haznos
puros! Haz que nos sirva la Palabra que cantamos con el Salmo procesional, es decir que
podamos pertenecer a la generación que busca a Dios, «que busca tu rostro, Dios de
Jacob» (Sal 23, 6). Amén.
Se dice el Credo y se hace la oración universal.
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26. Oración después de la comunión
T
ú que nos has alimentado con esta Eucaristía,
y por medio de la muerte de tu Hijo
nos das la esperanza de alcanzar
lo que la fe nos promete,
concédenos, Señor, llegar,
por medio de su resurrección,
a la meta de nuestras esperanzas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
27. Oración sobre el pueblo
D
ios y Padre nuestro,
mira con bondad a esta familia tuya,
por la cual nuestro Señor Jesucristo
no dudó en entregarse a sus verdugos
y padecer el tormento de la cruz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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Ferias privilegiadas
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Lunes Santo
Monición inicial
Estamos a las puertas del Misterio Pascual, un tiempo sagrado que comenzamos a
experimentar desde el Domingo de Ramos. Este Lunes Santo, estamos convocados a
participar activamente en el camino de Jesús, en lugar de ser meros espectadores de su
sufrimiento. El Siervo sufriente es tanto el Señor como el hombre de nuestro tiempo, y
debemos empatizar con él y descubrir a Cristo en su sufrimiento. Continuemos con fe.
1. Oración colecta
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EVANGELIO
María de Betania le unge los pies a Jesús
✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan. 12, 1 – 11
eis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro,
S a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron
una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él
a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a
Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. y la casa se llenó de la
fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por
qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos
a los pobres?».
Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón;
y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo:
«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres
los tienen siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tienen». Una
muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no sólo por
Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los
muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos
judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Palabra del Señor.
Todos aclaman:
Gloria a ti, Señor Jesús.
Pistas para la reflexión
P. Fidel Oñoro cjm
El perfume de un amor que fecunda
‘Acompañamos’ a Jesús en las últimas horas de su vida terrena, en su camino de
pasión y muerte, que conduce a la gloria de su resurrección. Podemos ‘acompañar’ su
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pasión de varias maneras: leyendo el evangelio, participando en las ceremonias o sacando
tiempo para estar en silencio delante de un crucifijo. Pero si es verdad que Jesús, como
bien dijo Pascal, está en agonía hasta el final de los tiempos, entonces lo podemos
‘acompañar’ en cada persona que sufre o pasa necesidad. La cruz siempre es
contemporánea. Y podemos ponernos al pie de ella con la tenacidad de las discípulas
perseverantes, para llevar ayuda y consuelo.
EL EVANGELIO DEL PERFUME
El Evangelio de este lunes santo (Jn 12,1-11) comienza de una forma curiosa. El
narrador nos lleva de nuevo hasta Betania. Jesús está en casa de sus amigos. Sus tres
grandes amigos le ofrecen una comida especial (12,1-2). En la intimidad de esta casa
resulta que hay más personas. El narrador informa al final que allí había ‘un gran número
de judíos’ (12,9). Mucha gente. La escena está poblada por un mundo descompuesto,
agitado por los curiosos que quieren ver a Lázaro resucitado. También los sumos
sacerdotes, los guardianes de la fe, los delatores (12,9-10). Mucha gente. También se dice
que estaban los discípulos de Jesús, Judas entre ellos, el único que entrará en diálogo
directo con el Maestro (12,4-8). En medio este cuadro escénico tumultuoso, el narrador
apunta el reflector sólo sobre una persona: María de Betania. Y detalla cuidadosamente
sus gestos. Enseguida da voz a la reacción de Judas y finalmente al pronunciamiento de
Jesús. Todo en este relato gira en torno lo que ocurre con el perfume.
1. 1. Los detalles del amor de María
María de Betania ‘Tomó una libra de perfume… Ungió los pies de Jesús y los secó con sus
cabellos’ (12,3). Los pies de Jesús entre sus manos: María de Betania toma entre sus manos
los pies de Jesús, Dentro de cuatro días (ver 12,1, ya comienza el conteo para la Pascua)
este mismo Evangelio contará que Jesús, en otra cena, repite ese gesto: toma entre sus
manos los pies de los discípulos, casi como si hubiera aprendido de una mujer los gestos
para expresar su amor, ese amor que va hasta el extremo (13,1). Es uno de los encuentros
más sublimes del Evangelio. Una mujer y Dios se encuentran en los gestos inventados por
el amor. Un ser humano y Dios hablan el mismo lenguaje del amor. Es curioso que entre
tanta gente nadie más que tenga ojos para la ternura, para leer los secretos del corazón,
sólo María de Betania. En medio de tanta gente, nadie más entiende, sólo ella, María, la
amiga de Jesús que se roba el ‘show’ en esta escena extraordinaria. Tomar entre sus
manos los pies de Jesús para ungirlos implica acariciarlos. Los pies, la parte de nuestro
cuerpo más lejana del cielo y la más cercana al polvo de los caminos. Pies de Jesús que
han recorrido todos los caminos de Palestina, todos los senderos del corazón. Una caricia
que es como un ‘gracias’ sobre los pies del Verbo hecho carne, del Hijo de Dios. Dios no
vino con alas de ángeles, sino pies de hombre para conocer y recorrer mis mismos
senderos. Y el sendero más duro es el de la muerte. El gesto de María es una confesión de
amor. Como si le dijera: ‘Donde tú vayas, yo también iré; donde tú te detengas, yo también
lo haré. Te voy a acompañar’. Y después los cabellos sobre esos pies: La antropología
cultural nos ayuda a entender. Soltarse la cabellera por un hombre era un gesto que tenía
una carga afectiva enorme. Era un gesto de intimidad, de pertenencia, de encuentro. El
gesto de María también connota esponsalidad, es lenguaje de alianza.
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‘Y la casa se llenó del olor del perfume’ (12,3). De nuevo el evangelista de los
detalles de amor. No sólo el cuerpo de Jesús, el perfume se esparce en la casa entera.
Como ocurre con la amada del Cantar de los cantares, experta en aromas que se esparcen
en una nueva primavera. Esa casa es nuestra tierra que espera que llevemos el perfume
del Evangelio del amor que fecunda. ¿Es casualidad? ¿Para qué describir una casa llena
de perfume? ¿Qué cambia en el mundo un frasco de perfume? Nos recuerda dónde está
lo esencial. El perfume no es como el pan ni como la ropa que no se pueden dispensar.
Sin embargo, puesto que vivir no es sólo existir, la vida reclama abundancia de calidad.
Es como ocurre en las bodas de Caná: ¿era necesario tanto vino? Pues el perfume, como
el vino, lo que parece superfluo, resulta necesario para la calidad de vida, para la alegría.
¿Cuál es esa necesidad? El perfume es una declaración de amor siempre necesaria. El
diálogo silencioso, en la elocuencia de los gestos, deja traslucir: ‘Tú has enseñado que el
amor hace existir. Tú nos has llenado de tu amor. Tú nos amas demasiado, pequeños y
pecadores, así como somos. Y yo respondo a tu amor con este perfume’. Pero Judas tiene
otro punto de vista: no era necesario. Lo necesario es atender a los pobres, a quienes en
justicia se les debe ese dinero.
1. 2. ¿Un gasto innecesario y negado a los pobres?
El reclamo de Judas pone sobre el tapete otro punto de vista sobre la escena: ‘¿Por
qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?’
(12,5). Aquel recipiente de nardo valía diez veces las treinta monedas que darán a Judas
como precio por Jesús (Mt 26,14). Sale a la luz la valoración que cada uno tiene de Jesús:
la de María es diez veces más que la de Judas. María gasta un perfume avalado en
trecientos denarios como para decir: ‘¡Uno te traicionará por treinta monedas, pero yo te
amo diez veces más! ¡Uno te venderá, pero yo te rescataré diez veces más!’. Judas, el
hombre de los cálculos, queda mal. María derramó el perfume sin hacer cálculos. Jesús
derramará su sangre sin reservarse ni una gota. María y Jesús se entienden el uno al otro.
Judas no entiende ni al uno ni al otro. Es interesante que lo más importante de la cena
haya sido esto. Jesús va a morir y lo que necesita no es la comida, sino de gestos intensos,
de gratuidad y de ternura. Todo ser humano busca estas tres cosas: ternura, intensidad y
gratuidad. Son las tres cosas que tocan lo más profundo del corazón y fecundan la vida.
Jesús también lo necesitaba. Ahora irá camino a la pasión envuelto no sólo en el amor del
Padre que le amó primero, sino del amor tierno y apasionado de una discípula.
Judas, símbolo de la mentalidad concreta, que quiere dar un precio a cada cosa.
Imagen de esa mentalidad de tipo capitalista y egoísta que sacrifica las personas a la
economía, al dios dinero. Judas, quien conoce el precio de las cosas, pero no su valor,
critica la ternura: ‘Este perfume es dinero robado a los pobres’. Pero el ladrón era él, anota
el evangelista (12,6). Judas pensaba en él, en su bolsillo. Es que se puede trabajar al
servicio de pobres, pero con el riesgo de terminar trabajando para el sostenimiento de la
propia empresa de caridad. Y Jesús no se deja encerrar en este tipo de disyuntiva: o tú o
los pobres. No, Jesús no pone una prioridad contra la otra. No pide renuncia a un amor
en nombre de otro amor: ‘Los pobres siempre los tendrán con ustedes’. Es decir, se los
53
dejo en herencia, los tendrán como parte de mí, miembros de mi cuerpo que necesita
unción de perfume, protección, curación y valoración. Los puntos de vista cruzados entre
María de Betania y Judas de Cariot piden el pronunciamiento del lector. No hay que
mirar, como hace Judas, el precio del nardo, sino entrar en la mirada de María quien se
fija en el valor de la persona: este Jesús ungido por su grandiosa dignidad revelada en la
cruz y en su resurrección. Hay que mirar también el perfume de casa. Como quien dice:
No mires lo costoso del perfume, aprende la generosidad de la amistad e invierte todo lo
mejor de ti en tus seres amados. Quien ama siempre da más de lo que debiera.
A modo de conclusión:
También tú tienes un frasco de perfume nardo, es tu existencia. Cada día, minuto
a minuto, gota a gota, como se hace con el perfume más caro, aprende a ungir, a
esparciéndolo sobre un amigo o un pobre que hasta hoy era un desconocido para ti.
Esparce sobre Jesús el perfume de tu adoración, expresándole cuánto lo amas. ¿No sería
un buen ejercicio de oración en este día? Esparce tu perfume en el servicio. Tienes el
nardo valioso de tu inteligencia, de tu tiempo, de tu cultura, de tu afectividad, de tus
finanzas, de tus competencias. Tienes más de trescientos denarios. Rompe el frasco, no
te lo guardes, espárcelo en el Jesús que está en cada hermano. Pues sí, atrévete, ¡rompe
el frasco, deja que salga de dentro lo mejor de ti! Decía la Madre Teresa de Calcuta a quien
se sentía cohibido para dar: ‘No podemos hacer grandes cosas, pero sí pequeñas cosas
con un gran amor’. Hazlo y verás cómo tu casa se llena de perfume.
Oración Universal de los Fieles
Presidente:
Tanto amó Dios al mundo que entregó su único Hijo para salvarnos y
darnos vida con su muerte y resurrección. Roguemos al Padre por todos los
que sufren y digámosle:
R./ Sálvanos, Señor y ten piedad.
† Por la Iglesia, que quiere hacer suyos los sufrimientos de toda la
humanidad: para que asuma las actitudes de mansedumbre y bondad
del Siervo de Yahvé. Roguemos al Señor R./
† Por los responsables de las naciones, los que están al frente de las fuerzas
armadas y por los que tienen responsabilidades de gobierno en el
mundo; para que renuncien a cualquier interés egoísta y trabajen por la
justicia y la paz. Roguemos al Señor R/.
† Por quienes llevan en su carne las marcas de la Pasión de Cristo: para
que sean confortados con la generosidad y la ayuda de los hermanos.
Roguemos al Señor. Roguemos al Señor R/.
54
† Por los que tienen el corazón endurecido; para que el Espíritu Santo les
conceda el don de abrirse a una verdadera conversión. Roguemos al
Señor. R/.
† Por nosotros y nuestra comunidad; para que nos dispongamos con
corazón abierto y con fe viva a la celebración de la Pascual, ya cercana.
Roguemos al Señor. R/.
Presidente:
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EVANGELIO
“Uno de vosotros me va a traicionar.
Antes que canten gallo, me negarás tres veces”
✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan. 13, 21-33. 36-38
58
Pistas para la reflexión
P. Fidel Oñoro CJM
“Uno de vosotros me entregará... No cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces”
60
Entonces aparece la presunción de Pedro: “Yo daré mi vida por ti” (13,37). Aquí
Pedro utiliza los mismos términos del “Buen Pastor” (ver la repetición de “dar la vida por”
en 10,11-18), pero está confundiendo los roles. Pedro no ha comprendido el sentido de la
Pasión. Quiere salvar al Salvador, olvida que el discípulo debe dejar ir a Jesús primero,
que intentar seguir a Jesús por sí mismo es exponerse al fracaso en su seguimiento.
Paradójicamente y, a fin de cuentas, Pedro terminará negando a Jesús para poder salvar
su propia vida (13,38). Su presunción será derrotada cuando agotado en el límite de sus
fuerzas reconozca que Él necesitaba de esa Cruz. Entonces comenzará para él un nuevo
día (canto del gallo).
Oración Universal de los Fieles
Presidente:
61
2. Oración sobre las ofrendas
ue tu misericordia, Señor,
Q purifique de toda insidia del pecado
y haga capaz de una santa renovación
al pueblo de tu propiedad.
Por Jesucristo, Nuestro Señor.
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Miércoles Santo
Monición inicial
Reunidos alrededor del altar en este día santo para celebrar la Eucaristía, banquete
del amor y de la misericordia, que el Padre ha preparado para nosotros; tengamos en
cuenta que el Misterio Pascual: pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor
Jesucristo, nos invita a seguir en actitud de conversión, deseosos de perseverar en la fe y
la esperanza. Celebramos con corazón sincero.
1. Oración colecta
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El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso
endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría
defraudado. Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará? Que se me acerque.
Miren, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará?
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial
Sal 69(68), 8.9-10.21-22.31.33-34 (R. cf. 30)
R/. Señor, que te escuche tu gran bondad el día de tu favor
V/. Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.
V/. La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre. R/.
V/. Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Mírenlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá su corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.
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EVANGELIO
El Hijo del hombre se va como está escrito:
pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo. 26, 14-25
n aquel tiempo, uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los
E sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué están dispuestos a darme si
se lo entrego a ustedes?». Ellos se ajustaron con él en treinta
monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia
para entregarlo.
El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le
preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?». Él
contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de quien ustedes saben, y díganle: “El
Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con
mis discípulos”». Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y
prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «En
verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar». Ellos, muy
entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso,
Señor?». Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente,
ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él;
pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le
valdría a ese hombre no haber nacido!». Entonces preguntó Judas, el que
lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?». Él respondió: «Tú lo has
dicho».
Palabra del Señor.
Todos aclaman:
Gloria a ti, Señor Jesús.
65
Pistas para la reflexión
P. Fidel Oñoro CJM
El precio de una traición. “¿Acaso soy yo, Señor?”
El evangelio de hoy enfatiza el tema de la traición de Judas, según la versión del
evangelista Mateo. También aquí en tres escenas seguidas aparece la progresiva entrada
en la Pasión:
- El pacto comercial de Judas con los sumos sacerdotes para realizar la entrega de Jesús
(26,14-16).
- La preparación de la cena pascual (26,17-19).
- El comienzo de la cena, en cuyo contexto Jesús desvela la identidad del traidor (26,20-
25).
66
Judas sigue dando los pasos necesarios para consumar su traición: “andaba
buscando una oportunidad para entregarle” (26,16b). La “oportunidad” de que aquí se
habla tiene que ver con la frase que Jesús va a decir más adelante: “Mi tiempo está cerca”.
Casi irónicamente Jesús y Judas buscan el mismo “tiempo” (kairós): la entrega del Hijo
del hombre en las manos de los pecadores. Judas lo hace para ganarse treinta monedas
de plata, mientras que Jesús lo hace para dar la vida por la salvación de la humanidad.
68
2. Oración sobre las ofrendas
69
Sagrado Triduo
Pascual
70
Jueves Santo
MISA VESPERTINA DE LA CENA DEL SEÑOR
1. Por la tarde, en la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, en la que
participa plenamente toda la comunidad local y en la que todos los sacerdotes y ministros ejercen
su propio oficio.
2. Pueden concelebrar todos los sacerdotes, aunque en este día hayan celebrado la misa
crismal o deban celebrar otra misa para el bien de los fieles.
3. Donde lo exija el bien pastoral, el ordinario del lugar puede permitir la celebración de
otra misa, por la tarde, en las iglesias u oratorios públicos o semipúblicos, y en caso de verdadera
necesidad, incluso por la mañana, pero solamente para los fieles que de ningún modo puedan
participar en la misa vespertina. Cuídese que estas misas no se celebren solamente para bien de
personas privadas o pequeños grupos particulares y que nada perjudique la misa vespertina.
4. La sagrada comunión solamente se puede distribuir a los fieles dentro de la misa; a los
enfermos se les puede llevar a cualquier hora del día.
5. Adórnese con flores el altar con la moderación conveniente al carácter de este día. El
sagrario ha de estar completamente vacío; se ha de consagrar en esta misa suficiente pan para
que el clero y el pueblo puedan comulgar hoy y mañana.
6. Se dice Gloria. Mientras se canta el himno, se hacen sonar las campanas, que ya no se
vuelven a tocar hasta la Vigilia pascual, a no ser que el obispo diocesano juzgue oportuno
establecer otra cosa. Así mismo durante este tiempo puede usarse el órgano y otros instrumentos
musicales solo para sostener el canto.
Monición inicial
Con la celebración del Jueves Santo comienza el gran Triduo Pascual: tres días en
los cuales celebramos la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús. El Jueves Santo, en
la Cena del Señor, nos unimos a Jesús quien celebra con los suyos tres significativos
regalos de fe: en primer lugar, la institución de la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y
la Sangre de Cristo. En segundo lugar, Jesús nos entrega su testamento, el mandamiento
del amor. Y, por último, la institución del sacerdocio para servir a la comunidad, con el
testimonio, la palabra, el ministerio y los sacramentos. Dispongámonos para vivir esta
celebración como memorial de la última Cena y el lavatorio de los pies, celebrados por
Jesús antes de su pasión y muerte por nuestra salvación.
7. Oración colecta
72
Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los
primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados.
Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les
servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la
sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora,
cuando hiera yo la tierra de Egipto.
Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como
fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta
festividad, como institución perpetua' ".
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial
Sal 116(115), 12-13. 15 y 16bc. 17-18
R/. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
V/. ¿Cómo le pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de salvación
e invocaré el nombre del Señor. R/.
V/. A los ojos del Señor
es muy penoso que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado,
a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava. R/.
V/. Te ofreceré con gratitud
un sacrificio e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor
ante todo su pueblo. R/.
SEGUNDA LECTURA
Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor
Lectura de la Primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios 11, 23-26
Hermanos:
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o recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor
Y Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus
manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:
"Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria
mía".
Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz
es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria
mía siempre que beban de él".
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este
cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
EVANGELIO
Los amó hasta el extremo
✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan. 13, 1-15
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Lavatorio de los pies
9. Terminada la homilía, se procede al lavatorio de los pies donde lo aconseje el bien
pastoral.
Dios Padre, que entregas a tu Hijo por amor, mira con bondad estas súplicas
que te presentamos. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
R./ Amén.
Liturgia Eucarística
13. Al comienzo de la liturgia eucarística se puede organizar una procesión de los fieles en
la cual, con el pan y el vino, se pueden presentar dones para los pobres. Mientras tanto se entona
un canto apropiado.
14. Oración sobre las ofrendas
C oncédenos, Señor,
participar dignamente en estos misterios,
porque cada vez que se celebra el memorial de este sacrificio,
se realiza la obra de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
15. Prefacio de la Santísima Eucaristía I: El sacrificio y el sacramento de Cristo
P
CP adre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
Junta las manos y dice:
que aceptes
Traza, una sola vez, el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:
El cual, hoy,
la víspera de padecer por nuestra salvación
y la de todos los hombres,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
O bien:
CP Este es el misterio de la fe.
Cristo nos redimió
Y el pueblo prosigue, aclamando:
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C oncédenos, Dios todopoderoso,
que así como somos alimentados en esta vida
con la Cena pascual de tu Hijo,
así también merezcamos ser saciados
en el banquete eterno.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Traslado del Santísimo Sacramento
37. Dicha la oración después de la comunión, el sacerdote, de pie, pone incienso en el
incensario, y de rodillas inciensa tres veces el Santísimo Sacramento. Después, poniéndose el velo
humeral, de color blanco; se levanta, toma en sus manos el copón (la píxide) y la cubre con el
extremo del humeral.
38. Se organiza la procesión, en la que, en medio de cirios e incienso, se lleva el Santísimo
Sacramento por la iglesia hasta el lugar de la reserva, preparada en alguna parte de la iglesia o en
alguna capilla convenientemente ornamentada. Va delante un ministro laico con la cruz, en medio
de otros dos con cirios encendidos. Le siguen otros llevando velas encendidas. Delante del
sacerdote que lleva el Santísimo Sacramento va el turiferario con el incensario humeante.
Mientras tanto, se canta el himno Pange, lingua, u otro canto eucarístico.
39. Cuando la procesión ha llegado al lugar de la reserva, el sacerdote, con la ayuda del
diácono si es necesario, deposita la píxide en el tabernáculo dejando la puerta abierta. A
continuación, después de poner incienso, de rodillas, inciensa al Santísimo Sacramento, mientras
se canta el Tantum ergo, u otro canto eucarístico. Después, el diácono o el mismo sacerdote, cierra
la puerta del sagrario.
40. Después de un tiempo de adoración en silencio, el sacerdote y los ministros, hecha la
genuflexión, vuelven a la sacristía.
41. Oportunamente se despoja el altar y se quitan, si es posible, las cruces de la iglesia. Si
quedan algunas cruces en la iglesia, conviene que se cubran con un velo.
42. Los que han participado en la misa vespertina no celebran las Vísperas.
43. Exhórtese a los fieles a que dediquen algún tiempo de esta noche, según las
circunstancias y costumbres de cada lugar, a la adoración del Santísimo Sacramento. Esta
adoración, con todo, si se prolonga más allá de la medianoche, debe hacerse sin solemnidad.
44. Si en la misma iglesia no se celebra al día siguiente el Viernes Santo de la Pasión del
Señor, la misa se concluye de modo acostumbrado y se guarda en el tabernáculo el Santísimo
Sacramento.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA
1. Una vez expuesto el Santísimo Sacramento en la píxide, no en la custodia, dentro del
tabernáculo, se inicia la contemplación.
Se ha de evitar todo tipo de decoración que haga referencia a Jesucristo prisionero o
simule un carácter fúnebre. (Si en territorio misionero no hay ministros ordenados o acólitos
instituidos autorizados para la exposición del Santísimo, el ministro laico, con la debida
delegación, expone el copón de la reserva). Debe reinar la sobriedad como preparación al Viernes
Santo. Elíjanse 4 lectores idóneos (se recomienda que uno de ellos sea monaguillo).
Invocación
2. El ministro estando de rodillas dice las siguientes palabras:
¡Bendito, alabado y adorado
sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
La asamblea responde:
¡Sea para siempre bendito, alabado y adorado!
El ministro prosigue:
Mi Jesús sacramentado,
Mi dulce amor y mi consuelo
La asamblea responde:
Quién te amara tanto que de amor por ti muriera
3. Se procede a un momento de silencio. Como la asamblea no está acostumbrada a este
modo de oración, el ministro exhortará a los fieles para que guarden silencio debido, en estos
momentos se pueden colocar fondos musicales muy suaves.
Seguidamente, se procede a unas breves palabras que comenten sobre la dignidad del
tiempo que vive la Iglesia en esta noche. Como estas u otras semejantes:
Monición inicial
Es de noche, como aquella noche en que las tinieblas de la oscuridad rodeaban la faz de la
tierra en la era de Jesús y los suyos, nos encontramos en un panorama poco común, seguramente
el ambiente es incomprensible y algunos corazones se encuentran alterados, nacen preguntas y
nuestra mente está inquieta, ¿Qué pasa ahora? ¿Por qué las campanas que vibraban con
intensidad en la tarde este jueves santo han enmudecido?, aquí solo hay un misterio, Jesús
sacramentado que se ha entregado y le hemos venido acompañar para descansar junto a su divino
corazón, como el discípulo amado. Así, la Hora Santa, que viviremos queridos hermanos, será el
momento preciso para velar con Jesús oculto en las especies del pan, estar aquí y ahora, para
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permanecer con Jesús; agradezcamos pues, los tres grandes dones dados a la humanidad:
Eucaristía, sacerdocio y mandamiento del amor, vivamos en ambiente de recogimiento este
momento junto al Divino Sacramento.
4. Se entona un canto apropiado que conserve lo propio de esta Santa adoración. En
seguida se procede a recitar las siguientes preces:
℣/. Oremos.
h, Padre celestial, al invocar a tu Hijo, centro,
O criterio y ejemplo de nuestra vida religiosa, sacerdotal
y apostólica, concédenos progresar en el conocimiento del
misterio de Cristo para vivirlo en su plenitud. Por Jesucristo,
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nuestro Señor.
℟/. Amén.
Se entona un canto apropiado. Terminado este, se hace un momento de oración en
silencio.
Amor de Dios, Amor de Padre
8. Uno de los fieles lee la siguiente reflexión (Lector 1):
Dios ama a todos los hombres, pero también ama a cada uno de
manera personal, como cada uno necesita ser amado. Si tú fueras el único
habitante de todo el universo, Dios no podría amarte ya más de lo que te
ama, porque te ama con todo el amor de un Dios poderoso. Dios no nos ama
por lo que nosotros hacemos, sino porque Él es nuestro Padre: Cual la
ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es Yahveh para quienes
le buscan: Sal 103,13.
Tras un momento de silencio interior acompañado de un fondo musical muy suave. Luego,
el ministro lee la cita bíblica:
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ponerte mascara delante de Él. Él te ama porque eres su hijo y no por otra
cosa. No te ama porque tú seas bueno, sino porque el bueno es Él.
Fondo musical suave. Momento de silencio
Luego, un número determinados de fieles leen el siguiente salmo:
Salmo 50
Se canta la antífona:
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónales
Señor
Lector 2:
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónales
Señor
Lector 3:
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad en tu presencia.
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónales
Señor
Lector 2:
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónales
Señor
Lector 3:
Devuélveme la alegría de tu salvación,
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afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónales
Señor
9. Se entona un canto apropiado. Terminado este, se hace un momento de oración en
silencio. Fondo musical.
La solución de Dios al Pecado: Jesús
Lector 1:
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aceptó libremente la muerte como testimonio del amor que tenía por los
hombres, a quienes quería salvar, y por la verdad que había predicado.
Lector 1:
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Momento de silencio. Luego, el Lector 2, prosigue:
tra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es
O semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero,
mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña
entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció
entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle:
"Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene
cizaña?" Él les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Le dicen los siervos:
"¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" les dice: "No, no sea que, al
recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan
juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged
primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en
mi granero."»" (Mt 13, 24-30).
Se entona un canto apropiado. Momento de silencio.
10. Preces
Si se juzga oportuno, la asamblea realiza de manera espontánea cada una de las preces
(oración de alabanza, de bendición, de acción de gracias y de petición), o se puede seguir el
siguiente modelo:
Lector 1:
Te alabamos Padre de bondad, porque nos permites celebrar este año
del Kerigma. Que podamos experimentar la grandeza del amor de Dios.
La asamblea:
Te alabamos, Señor.
Lector 2:
Te alabamos Jesús, porque has permitido que nuestra Diócesis cuente
con el Seminario Mayor San Esteban, que es el corazón de esta Iglesia
Particular, donde se están preparando los futuros sacerdotes. Danos
aspirantes al sacerdocio según tu corazón y no permitas que las corrientes
de este mundo los contamine y dañe.
La asamblea:
Te alabamos, Señor.
Lector 3:
Te bendecimos Dios del cielo, por nuestra comunidad parroquial de (se
menciona la Parroquia), colmada de tu gracia y de fieles generosos que
colaboran, sosteniendo la Iglesia.
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La asamblea:
Te bendecimos, Señor.
Lector 4:
Te bendecimos Señor, por los grupos apostólicos que tu Espíritu ha
hecho brotas por los carismas en nuestra parroquia, porque por medio de
ellos se vive la unidad en la diversidad.
La asamblea:
Te bendecimos, Señor.
Lector 1:
Te bendecimos, Dios santo, por todos los sacerdotes de nuestra
Diócesis de Neiva, porque gracias al trabajo que cada uno realiza, se sigue
anunciando la Palabra, celebrando los sacramentos y haciendo obras de
caridad con los más necesitados.
La asamblea:
Te bendecimos, Señor.
Lector 2:
Te agradecemos Señor, por el don de la familia, reflejo de tu unidad y
comunión trinitaria, fundada en el amor.
La asamblea:
Te damos gracias, Señor.
Lector 3:
Te damos gracias por nuestros trabajos, por el cual nos dignificas y nos
santificas diariamente en el vivir cotidiano, haciendo de lo ordinario un
encuentro contigo en la fatiga y los frutos.
La asamblea:
Te damos gracias, Señor.
Lector 4:
Te pedimos que nos concedas vivir este tiempo santo de tal manera que
encarnemos en nosotros los Misterios de Cristo, y podamos dar diversos
frutos para nuestra vida cristiana.
La asamblea:
Te lo pedimos, Señor.
A continuación, se elevan todas las oraciones de petición que haya en la comunidad
parroquial, a las que la asamblea se une diciendo: Te lo pedimos, Señor.
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11. Oración del Padre Nuestro
El ministro:
Fieles al mandato del Señor, dirijámonos a nuestro Dios diciendo:
adre nuestro, que estás en el cielo,
P santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.
Se prosigue con un canto de adoración eucarística. El ministro inciensa el Santísimo
sacramento (con la debida delegación si se trata de un laico). Luego dice:
11. Letanías del Santísimo Sacramento
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Viernes Santo
EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
1. Según una antiquísima tradición, la Iglesia no celebra ningún sacramento ni en este día
ni en el siguiente, excepto el de la Penitencia y Unción de enfermos.
2. En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la
celebración de la Pasión del Señor; a los enfermos, que no pueden participar en dicha celebración,
se les puede llevar a cualquier hora del día.
3. El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candeleros, ni manteles.
Monición inicial
Esta tarde estamos reunidos para celebrar la muerte victoriosa de Cristo en la cruz.
Contemplemos y meditemos al Cordero sacrificado por nuestra liberación. La celebración
de hoy no es la Eucaristía, la Iglesia no celebra la Misa en este día. La liturgia de hoy tiene
cuatro partes: lectura de la Palabra de Dios, oración de los fieles, la adoración de la Cruz
y la distribución de la Sagrada Eucaristía reservada anoche. Comencemos hoy nuestra
celebración en silencio. Después nos arrodillaremos orando ante Jesús desde lo más
profundo de nuestro corazón.
5. El sacerdote, y el diácono si lo hay, revestidos de color rojo como para la misa, se dirigen
en silencio al altar, y, hecha la reverencia al mismo, se postran rostro en tierra o, si se juzga mejor,
se arrodillan, y oran en silencio durante algún espacio de tiempo. Todos los demás se postran de
rodillas.
Monición a la postración
La postración es el gesto más completo de humildad que una persona puede hacer
ante Dios, rico en misericordia. En este día lo hace el ministro que preside la celebración.
Nosotros lo acompañamos colocándonos de rodillas.
6. Después el sacerdote, con los ministros, se dirige a la sede, donde, vuelto hacia el
pueblo, que está de pie, con las manos juntas, dice una de las siguientes oraciones sin decir la
invitación Oremos.
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Oración
cuérdate, Señor, de tu gran misericordia,
A y santifica a tus siervos con tu constante protección,
ya que por ellos Cristo, tu Hijo, derramando su sangre,
instituyó el misterio pascual.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
O bien:
eñor Dios, que por la Pasión de nuestro Señor Jesucristo
S nos libraste de la muerte heredada del antiguo pecado,
concédenos asemejarnos a tu Hijo,
y haz que, así como naturalmente
llevamos en nosotros la imagen del hombre terreno,
por la gracia de la santificación,
llevemos también la imagen del hombre celestial.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
Primera parte:
LITURGIA DE LA PALABRA
Monición a la Palabra de Dios
Dispongámonos a escuchar las lecturas de hoy. La profecía de Isaías, el salmo, el
texto de la carta a los Hebreos, y sobre todo la Pasión según san Juan, nos ayudarán a
introducirnos en el misterio que hoy celebramos. Escuchemos, más todavía,
contemplemos, con atención y con el corazón bien dispuesto, la Palabra de Dios.
7. Luego todos se sientan y se proclama la lectura, del profeta Isaías (52, 13-53, 12), con su
salmo.
PRIMERA LECTURA
Él fue traspasado por nuestras rebeliones
Lectura del Libro de Isaías 52, 13 – 53, 12
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cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y
comprenderán lo que nunca se habían imaginado.
¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le
revelará el poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil,
como una raíz en el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él
ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres,
varón de dolores, habituado al sufrimiento; como uno del cual se aparta
la mirada, despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado,
traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Él
soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados.
Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su
camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo
maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado
a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se
preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo
hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo, le dieron sepultura
con los malhechores a la hora de su muerte, aunque no había cometido
crímenes, ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su
vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y
por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de
su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi
siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos.
Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes
repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue
contado entre los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos
e intercedió por los pecadores.
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
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Salmo responsorial
Sal 30, 2 y 6. 12–13.15–16. 17 y 25 (R/. Lc 23, 46)
R/. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
V/. A ti, Señor, me acojo,
que no quede yo nunca defraudado.
En tus manos encomiendo mi espíritu
y tú, mi Dios leal, me librarás R/.
V/. Se burlan de mí mis enemigos,
mis vecinos y parientes de mí se espantan,
los que me ven pasar huyen de mí.
Estoy en el olvido, como un muerto,
como un objeto tirado en la basura. R/.
V/. Pero yo, Señor, en ti confío.
Tú eres mi Dios, y en tus manos está mi destino.
Líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.
V/. Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo
y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes y valientes de corazón,
ustedes, los que esperan en el Señor. R/.
8. Sigue la de la carta a los Hebreos (4, 14-16; 5, 7-9), y el canto antes del Evangelio.
SEGUNDA LECTURA
Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen,
en autor de salvación
Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9
Hermanos:
esús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha
J entrado en el cielo. Mantengamos firme la profesión de nuestra
fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz
de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha
pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado.
Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia,
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para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el
momento oportuno.
Precisamente por eso, Cristo, durante su vida mortal, ofreció
oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía
librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que
era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección,
se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo
obedecen.
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
9. Finalmente se lee la historia de la Pasión del Señor según san Juan (18, 1-19, 42).
Para la lectura de la historia de la Pasión del Señor no se llevan cirios ni incienso, ni se
hace al principio la salutación habitual, ni se signa el libro. Esta lectura la proclama el diácono o,
en su defecto, el mismo celebrante. Pero puede también ser proclamada por lectores laicos,
reservando, si es posible, al sacerdote la parte correspondiente a Cristo.
Si los lectores de la Pasión son diáconos, antes del canto de la Pasión piden la bendición
al celebrante, como en otras ocasiones antes del Evangelio; pero si los lectores no son diáconos se
omite esta bendición.
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EVANGELIO
Pasión de nuestro Señor Jesucristo
✠ Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan. 18, 1—19, 42
Cronista:
n aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente
E Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos.
Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a
menudo allí con sus discípulos.
Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos
sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y
armas. Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo:
† "¿A quién buscan?"
C. Le contestaron: "
S. A Jesús, el nazareno".
C. Les dijo Jesús:
† "Yo soy".
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles 'Yo soy',
retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar:
† "¿A quién buscan?"
C. Ellos dijeron:
S. "A Jesús, el nazareno".
C. Jesús contestó:
† "Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan".
C. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: "No he perdido a ninguno de
los que me diste".
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un
criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se
llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
†"Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi
Padre?"
C. El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús,
lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás,
sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este
consejo: 'Conviene que muera un solo hombre por el pueblo'.
Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era
conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo
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sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro
discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo
entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:
S. “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?"
C. Él dijo:
S. "No lo soy".
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía
frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su
doctrina. Jesús le contestó:
† "Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en
la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho
nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me
han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho".
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús,
diciéndole:
S. "¿Así contestas al sumo sacerdote?"
C. Jesús le respondió:
† "Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado
como se debe, ¿por qué me pegas?"
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. Simón Pedro
estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
S. ¿No eres tú también uno de sus discípulos?"
C. Él lo negó diciendo:
S. "No lo soy".
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro
le había cortado la oreja, le dijo: "
S. ¿Qué no te vi yo con él en el huerto?"
Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de
casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el
palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua.
Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo:
S. ¿De qué acusan a este hombre?"
C. Le contestaron:
S. "Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído".
C. Pilato les dijo:
S. "Pues llévenselo y júzguenlo según su ley".
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C. Los judíos le respondieron:
S. "No estamos autorizados para dar muerte a nadie".
C. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a
morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. "¿Eres tú el rey de los judíos?"
C. Jesús le contestó:
†"¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?"
C. Pilato le respondió:
S. "¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han
entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?"
C. Jesús le contestó:
†"Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis
servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos.
Pero mi Reino no es de aquí".
C. Pilato le dijo:
S. "¿Conque tú eres rey?"
C. Jesús le contestó:
†"Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la
verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz".
C. Pilato le dijo:
S. "¿Y qué es la verdad?"
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S. "No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por
Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los
judíos?"
C. Pero todos ellos gritaron:
S. "¡No, a ése no! ¡A Barrabás!"
C. (El tal Barrabás era un bandido).
Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados
trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron
encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían:
S. “Viva el rey de los judíos!",
C. Y le daban de bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. "Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna
culpa".
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C. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color
púrpura. Pilato les dijo:
S. "Aquí está el hombre".
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron:
S. "¡Crucifícalo, crucifícalo!"
C. Pilato les dijo:
S. "Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en
él".
C. Los judíos le contestaron:
S. "Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se
ha declarado Hijo de Dios".
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra
vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S. "¿De dónde eres tú?"
C. Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:
S. "¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y
autoridad para crucificarte?"
C. Jesús le contestó:
† "No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo
alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor".
C. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. "¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que pretende
ser rey, es enemigo del César".
C. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el
sitio que llaman "el Enlosado" (en hebreo Gábbata). Era el día de la
preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S. "Aquí tienen a su rey".
C. Ellos gritaron:
S. "¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!"
C. Pilato les dijo:
S. "¿A su rey voy a crucificar?"
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. "No tenemos más rey que el César".
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús y él,
cargando con la cruz, se dirigió hacia el sitio llamado "la Calavera" (que en
hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de
cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo
106
encima de la cruz; en él estaba escrito: 'Jesús el nazareno, el rey de los
judíos'. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar
donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:
S. "No escribas: 'El rey de los judíos', sino: 'Este ha dicho: Soy rey de
los judíos’”.
C. Pilato les contestó:
S. "Lo escrito, escrito está".
C. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron
cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica
sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo.
Por eso se dijeron:
S. "No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca".
C. Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron
a suerte mi túnica Y eso hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,
María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al
discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:
† "Mujer, ahí está tu hijo".
C. Luego dijo al discípulo:
† "Ahí está tu madre".
C. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término,
para que se cumpliera la Escritura dijo:
† "Tengo sed".
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja
empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca.
Jesús probó el vinagre y dijo:
† "Todo está cumplido",
C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa
108
10. Después de la lectura de la Pasión es oportuno hacer una breve homilía. Al final de la
misma, el sacerdote puede invitar a los fieles a que permanezcan en oración durante un breve
espacio de tiempo.
Oración Universal
11. La liturgia de la Palabra se concluye con la oración universal, que se hace de este modo:
el diácono, si lo hay, o en su ausencia un ministro laico, en pie y desde el ambón, pronuncia las
invitaciones que expresan la intención. Después todos oran en silencio durante un espacio de
tiempo, y seguidamente el sacerdote, desde la sede o, si parece más oportuno, desde el altar, con
las manos extendidas, dice la oración.
Los fieles pueden permanecer de rodillas o de pie durante todo el tiempo de las oraciones.
12. Antes de la oración del sacerdote se pueden emplear, según la tradición, las
invitaciones del diácono: Pongámonos de rodillas y: Pueden levantarse, con un espacio de oración
en silencio que todos hacen arrodillados.
110
D ios todopoderoso y eterno,
que sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia,
acrecienta la fe y el conocimiento a los (nuestros) catecúmenos,
para que, renacidos en la fuente bautismal,
los cuentes entre tus hijos de adopción.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
V. POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
Oremos también por todos los hermanos que creen en Cristo,
para que Dios nuestro Señor
se digne congregar y custodiar en la única Iglesia
a quienes procuran vivir en la verdad.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
111
VII. POR LOS QUE NO CREEN EN CRISTO
Oremos también por los que no creen en Cristo,
para que, iluminados por el Espíritu Santo,
puedan ellos encontrar el camino de la salvación.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
112
para que Dios nuestro Señor guíe sus mentes y corazones,
según su voluntad providente,
hacia la paz verdadera y la libertad de todos.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
113
Segunda parte:
ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ
14. Acabada la oración universal, tiene lugar la solemne adoración de la santa Cruz. De las
dos formas que se proponen a continuación para mostrar la cruz, elíjase la que se juzgue más
apropiada, según las exigencias pastorales.
Segunda forma
16. El sacerdote, o el diácono, con los ministros, o bien otro ministro idóneo, se dirige a la
puerta de la iglesia, donde toma la cruz ya descubierta; los ministros le acompañan con velas
encendidas, y van procesionalmente por la iglesia hacia el presbiterio. Cerca de la puerta, en
medio de la iglesia y antes de subir al presbiterio, el que lleva la cruz la eleva y canta la invitación
«Este es el árbol de la Cruz…», a la que todos responden «Vamos a adorarlo», y después de cada
una de las respuestas se arrodillan y la adoran en silencio durante unos momentos, como se ha
indicado antes.
El sacerdote:
Miren al árbol de la Cruz
donde estuvo clavado
el Salvador del mundo.
R/. Vengan y adoremos.
Adoración de la santa Cruz
17. Seguidamente, acompañado por dos ministros con velas encendidas, lleva la cruz al
comienzo del presbiterio o a otro lugar apto, y allí la deja o la entrega a los ministros para que la
sostengan, una vez dejadas las velas a ambos lados de la cruz.
114
Monición a la adoración de la Santa cruz
La Cruz del Señor es el símbolo de nuestra salvación. Nuestra fe en el Crucificado
es el fundamento de nuestra esperanza. Al acercarnos procesionalmente a la cruz,
reconozcamos a Jesús como nuestro único Salvador y Redentor, y adorémoslo.
18. Para la adoración de la cruz, primero se acerca solo el sacerdote celebrante que, si lo
juzga conveniente, puede quitarse la casulla y los zapatos. A continuación, el clero, los ministros
laicos y los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz mediante una genuflexión simple
o con algún otro signo de veneración (por ejemplo, besándola), según las costumbres de cada
lugar.
19. Para la adoración sólo debe exponerse una cruz. Si por el gran número de asistentes
resulta difícil que cada uno de los fieles adore individualmente la santa cruz, el sacerdote, después
que una parte de los fieles haya hecho la adoración, toma la cruz y, de pie ante el altar, invita al
pueblo con una breve monición a que adore la santa cruz. Luego la levanta en alto durante unos
momentos y los fieles la adoran en silencio.
20. Mientras tanto, se entonan cánticos apropiados que haga referencia al misterio de la
santa Cruz (como los Improperios). Los que ya han adorado la cruz, regresan a sus lugares y se
sientan.
Teniendo en cuenta las condiciones del lugar y las tradiciones del pueblo, según la
oportunidad pastoral, se puede cantar el Stabat Mater, según el Gradual Romano, u otro canto
apropiado en memoria de la compasión de santa María Virgen.
21. Terminada la adoración, el diácono, u otro ministro, lleva la Cruz a su lugar junto al
altar. Las velas encendidas se colocan cerca del altar, sobre el altar o junto a la Cruz.
Tercera parte:
SAGRADA COMUNIÓN
22. Sobre el altar se pone el mantel y sobre el mismo se coloca el corporal y el Misal.
Mientras tanto, el diácono, o en su defecto el mismo sacerdote, con el velo humeral, traslada el
Santísimo Sacramento desde el lugar de la reserva al altar, por el camino más corto, mientras
todos permanecen de pie y en silencio. Dos ministros con velas encendidas acompañan el
Santísimo Sacramento y dejan luego las velas cerca del altar o sobre el mismo.
Después que el diácono, si lo hay, ha colocado sobre el altar el Santísimo Sacramento y ha
destapado la píxide, el sacerdote se acerca al altar y hace genuflexión.
23. Después, el sacerdote, con voz clara y teniendo las manos juntas, dice:
115
adre nuestro, que estás en el cielo,
P santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
24. El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Señor Jesucristo,
la comunión de tu Cuerpo
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad,
me aproveche para defensa de alma y cuerpo
y como remedio saludable.
26. Seguidamente hace genuflexión, toma una partícula, la mantiene un poco elevada
sobre la píxide y, dirigiéndose al pueblo, dice con voz clara:
116
Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
27. Luego, comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo, diciendo en secreto: El Cuerpo
de Cristo.
28. Después distribuye la comunión a los fieles. Durante la comunión se puede cantar el
salmo 21 u otro canto apropiado.
29. Acabada la distribución de la comunión, el diácono u otro ministro idóneo lleva la
píxide a algún lugar especialmente preparado fuera de la iglesia, o bien, si lo exigen las
circunstancias, lo reserva en el sagrario.
30. Después, el sacerdote dice: Oremos, y guardado, si lo cree oportuno, un espacio de
sagrado silencio, dice la oración después de la comunión:
118
Domingo de Pascua
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
Hermanos:
En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la
vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se
reúnan para velar en oración. Conmemoremos, pues, juntos, la Pascua del
Señor, escuchando su palabra y participando en sus sacramentos, con la
esperanza cierta de participar también en su triunfo sobre la muerte y de
vivir con él para siempre en Dios.
10. Seguidamente el sacerdote, con las manos extendidas, bendice el fuego diciendo:
Oremos.
D
ios nuestro, que por medio de tu Hijo
comunicaste a tus fieles el fuego de tu luz,
santifica ✠ este fuego nuevo,
y concédenos que, al celebrar estas fiestas pascuales
se encienda en nosotros el deseo de las cosas celestiales,
para que podamos llegar con un espíritu renovado
a las fiestas de la eterna claridad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
11. Bendecido el fuego nuevo, un acólito, u otro ministro, lleva el cirio pascual ante el
celebrante; este, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después, traza en la parte superior de
esta cruz la letra griega alfa, y debajo de la misma la letra griega omega; en los ángulos que forman
los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso.
Mientras hace estos signos, dice:
120
1. Cristo ayer y hoy,
Traza la línea vertical de la cruz.
2. principio y fin,
Traza la línea horizontal.
3. alfa
Traza la letra alfa sobre el trazo vertical.
4. y omega.
Traza la letra omega debajo del trazo vertical.
5. Suyo es el tiempo
Traza el primer número del año en curso en el ángulo izquierdo superior de la cruz.
6. y la eternidad.
Traza el segundo número del año en curso en el ángulo derecho superior de la cruz.
7. A él la gloria y el poder,
Traza el tercer número del año en curso en el ángulo izquierdo inferior de la cruz.
12. Acabada la incisión de la cruz y de los otros signos, el sacerdote puede incrustar en el
cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, mientras dice:
122
Pregón pascual
18. Cuando el sacerdote ha llegado al altar, va a su sede, entrega la candela al ministro,
impone y bendice el incienso como para el Evangelio en la misa. El diácono va ante el sacerdote,
y diciendo: Padre, dame tu bendición, pide y recibe la bendición del sacerdote, que dice en voz
baja:
Amén.
Esta bendición se omite si el pregón pascual es anunciado por alguien que no sea diácono.
19. El diácono, una vez incensados el libro y el cirio, anuncia el pregón pascual en el ambón
o púlpito, estando todos de pie y con las velas encendidas en las manos.
El pregón pascual puede ser anunciado, en ausencia del diácono, por el mismo sacerdote
o por otro presbítero concelebrante. Si, por necesidad, anuncia el pregón un cantor laico, omite
las palabras: Por eso, queridos hermanos, hasta el fin de la invitación, y el saludo: El Señor esté
con vosotros.
El pregón puede ser cantado también en su forma más breve.
Hermanos:
Habiendo iniciado solemnemente la Vigilia Pascual, escuchemos con
recogimiento la Palabra de Dios. Meditemos cómo, en la antigua alianza,
Dios salvó a su pueblo y en la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su
Hijo para que nos redimiera. Oremos para que Dios lleve a su plenitud la
obra de la redención realizada por el misterio pascual.
23. Después siguen las lecturas. El lector se dirige al ambón y lee la primera de ellas.
Seguidamente el salmista o un cantor dice el salmo, proclamando el pueblo la respuesta. Acabado
el salmo, todos se levantan y el sacerdote dice: Oremos, y, después de que todos han orado en
silencio durante algún tiempo, dice la oración correspondiente a la lectura. En lugar del salmo
128
responsorial puede guardarse un espacio de silencio sagrado, omitiendo en este caso la pausa
después del Oremos.
PRIMERA LECTURA
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno
Lectura del Libro del Génesis. 1, 1 – 2, 2
n el principio creó Dios el cielo y la tierra. [La tierra era soledad
E y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El espíritu de
Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: "Que
exista la luz", y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la
luz de las tinieblas. Llamó a la luz "día" y a las tinieblas, "noche". Fue
la tarde y la mañana del primer día.
Dijo Dios: "Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas
aguas de otras". E hizo Dios una bóveda y separó con ella las aguas de
arriba, de las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda "cielo".
Fue la tarde y la mañana del segundo día.
Dijo Dios: "Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo
lugar y que aparezca el suelo seco". Y así fue. Llamó Dios "tierra" al
suelo seco y "mar" a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios: "Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles
que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra". Y así fue.
Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla, según su especie,
y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio
Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.
Dijo Dios: "Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que
separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y
luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra. Y así fue. Hizo Dios
las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la
menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las
lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el
día y la noche, y separar la luz de las tinieblas". Y vio Dios que era
bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.
Dijo Dios: "Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes
y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda del cielo". Creó Dios
129
los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan
y la pueblan, según su especie. Creó también el mundo de las aves,
según sus especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo:
"Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar; que las aves
se multipliquen en la tierra". Fue la tarde y la mañana del quinto día.
Dijo Dios: "Produzca la tierra vivientes, según sus especies:
animales domésticos, reptiles y fieras, según sus especies". Y así fue.
Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles, cada uno
según su especie. Y vio Dios que era bueno.]
Y dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza;
que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales
domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra". Y creó Dios
al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: "Sean fecundos y multiplíquense,
llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del
cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra".
Y dijo Dios: "He aquí que les entrego todas las plantas de semilla
que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen frutos
y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la
tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos
los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes
plantas". Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy
bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus
ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo
cuanto había hecho.
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
130
Salmo responsorial a la primera lectura
Sal 104 (103), 1-2a.5-6.10 y 12.13-14ab.24 y 35c (R. cf. 30)
R/. Envía tu espíritu, Señor y repuebla la faz de la tierra.
V/. Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.
V/. Sobre bases inconmovibles
asentaste la tierra para siempre.
Con un vestido de mares la cubriste
y las aguas en los montes concentraste. R/.
V/. En los valles haces brotar las fuentes,
que van corriendo entre montañas;
junto al arroyo vienen a vivir las aves,
que cantan entre las ramas. R/.
V/. Desde tu cielo riegas los montes
y sacias la tierra del fruto de tus manos;
haces brotar hierba para los ganados
y pasto para los que sirven al hombre. R/.
V/. ¡Qué numerosas son tus obras,
Señor, y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
Bendice al Señor, alma mía. R/.
24. Después de la primera lectura: (La creación: Gén 1, 1-2, 2 o 1, 1. 26-31a) y el
salmo (103 o 32).
Oremos.
Oremos.
132
Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo:
"¡Abraham, Abraham!" Él contestó: "Aquí estoy". El ángel le dijo: "No
descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas daño. Ya veo que temes
a Dios, porque no le has negado a tu hijo único". Abraham levantó los
ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el
carnero y lo ofreció en sacrificio, en lugar de su hijo. Abraham puso por
nombre a aquel sitio "el Señor provee", por lo que aun el día de hoy se
dice: "el monte donde el Señor provee".
El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo y le
dijo: "Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no
haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu
descendencia como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Tus
descendientes conquistarán las ciudades enemigas. En tu
descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque
obedeciste a mis palabras".
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial a la segunda lectura
Sal 15, 5 y 8. 9-10.11 (R/.: 1)
R/. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
V/. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia:
mi vida está en sus manos.
Tengo siempre presente al Señor
y con él a mi lado, jamás tropezaré. R/.
V/. Por eso se me alegran el corazón
y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo,
porque tú no me abandonarás a la muerte,
ni dejarás que sufra yo la corrupción. R/.
V/. Enséñame el camino de la vida,
sáciame de gozo en tu presencia
y de alegría perpetua junto a ti. R/.
133
25. Después de la segunda lectura (El sacrificio de Abrahán: Gén 22, 1-18; o 1-2. 9a. 10-13.
15- 18) y el salmo (15).
Oremos.
134
Los egipcios se lanzaron en su persecución y toda la caballería del
faraón, sus carros y jinetes, entraron tras ellos en el mar.
Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego y
humo al ejército de los egipcios y sembró entre ellos el pánico. Trabó
las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino
pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: "Huyamos de Israel,
porque el Señor lucha en su favor contra Egipto.
Entonces el Señor le dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el
mar, para que vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus
jinetes". Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al amanecer, las
aguas volvieron a su sitio, de suerte que al huir, los egipcios se
encontraron con ellas, y el Señor los derribó en medio del mar.
Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los jinetes y a todo el
ejército del faraón, que se había metido en el mar para perseguir a
Israel. Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar.
Las aguas les hacían muralla a derecha e izquierda. Aquel día salvó el
Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios, muertos
en la orilla del mar. Israel vio la mano fuerte del Señor sobre los
egipcios, y el pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su
siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al
Señor:
No se dice Palabra de Dios, se pasa directamente al Salmo.
135
V/. El Señor es un guerrero,
su nombre es “el Señor”.
Lanzó en el mar los carros del faraón y a sus guerreros;
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R/.
V/. Las olas los cubrieron,
Bajaron hasta el fondo como piedras
Tu diestra, Señor, es magnífica en poder
Tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R/.
V/. Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad
Lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. R/.
26. Después de la tercera lectura (El paso del mar Rojo: Ex 14, 15-15, 1) y su cántico (Éx
15)
Oremos.
eñor Dios, cuyos antiguos prodigios
S los percibimos resplandeciendo también
en nuestros tiempos,
puesto que aquello mismo que realizó la diestra de tu poder
para liberar a un solo pueblo de la esclavitud del faraón,
los sigues realizando también ahora,
por medio del agua del bautismo
para salvar a todas las naciones,
concede que todos los hombres del mundo
lleguen a contarse entre los hijos de Abraham
y participen de la dignidad del pueblo elegido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
O bien:
Oremos.
Oremos.
138
QUINTA LECTURA
Venid a mí, y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua
Lectura del Libro del Isaías. 55, 1-11
sto dice el Señor: "Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por
E agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman;
tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que
no es pan y el salario, en lo que no alimenta?
Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos
sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas
que hice a David. Como a él lo puse por testigo ante los pueblos, como
príncipe y soberano de las naciones, así tú reunirás a un pueblo
desconocido, y las naciones que no te conocían acudirán a ti, por amor
del Señor, tu Dios, por el Santo de Israel, que te ha honrado.
Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo
mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal,
sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios,
que es rico en perdón.
Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus
caminos no son mis caminos. Porque así como aventajan los cielos a la
tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos
a sus pensamientos.
Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino
después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin
de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra
que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi
voluntad y cumplirá su misión".
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
139
Salmo responsorial a la quinta lectura
Is 12, 2-3. 4bcde (R.: 3)
R/. Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
V/. «Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación»,
Y sacarán aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R/.
V/. «Den gracias al Señor,
invoquen su nombre,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
proclamen que su nombre es excelso». R/.
V/. Tañan para el Señor, que hizo proezas
anúncienlas a toda la tierra;
griten jubilosos, habitantes de Sion
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel. R/.
28. Después de la quinta lectura (La salvación que se ofrece gratuitamente a todos: Is55,
1-11) y el cántico (Is 12).
Oremos.
140
SEXTA LECTURA
Camina al resplandor del Señor
Lectura del Libro del Baruc. 55, 1-11
scucha, Israel, los mandatos de vida, presta oído para que
E adquieras prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés aún en
país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que te hayas
contaminado por el trato con los muertos, que te veas contado entre
los que descienden al abismo?
Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido
los senderos de Dios, habitarías en paz eternamente.
Aprende dónde están la prudencia, la inteligencia y la energía,
así aprenderás dónde se encuentra el secreto de vivir larga vida, y
dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién es el que halló el lugar de la
sabiduría y tuvo acceso a sus tesoros? El que todo lo sabe, la conoce;
con su inteligencia la ha escudriñado. El que cimentó la tierra para
todos los tiempos, y la pobló de animales cuadrúpedos; el que envía la
luz, y ella va, la llama, y temblorosa le obedece; llama a los astros, que
brillan jubilosos en sus puestos de guardia, y ellos le responden: "Aquí
estamos", y refulgen gozosos para aquel que los hizo. Él es nuestro Dios
y no hay otro como él; él ha escudriñado los caminos de la sabiduría y
se la dio a su hijo Jacob, a Israel, su predilecto. Después de esto, ella
apareció en el mundo y convivió con los hombres.
La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez
eterna; los que la guardan, vivirán, los que la abandonan, morirán.
Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala; camina hacia la claridad de su luz;
no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero.
Bienaventurados nosotros, Israel, porque lo que agrada al Señor nos
ha sido revelado.
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
141
Salmo responsorial a la sexta lectura
Sal 19(18),8. 9.10.11 (R. Jn 6,68c)
R/. Señor, ti tienes palabras de vida eterna.
V/. La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R/.
V/. Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.
V/. El temor del Señor es puro
y eternamente estable
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.
V/. Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.
29. Después de la sexta lectura (La fuente de la sabiduría: Bar 3, 9-15. 31-4, 4) y el salmo (18).
Oremos.
Oremos.
eñor Dios, que con las enseñanzas de ambos Testamentos
S nos instruyes para celebrar el sacramento de la pascua,
haz que comprendamos la hondura de tu misericordia,
para que los dones que hoy recibimos
afiancen en nosotros la esperanza de los bienes futuros.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
31. Después de la última lectura del Antiguo Testamento, con su salmo responsorial y
oración, se encienden los cirios del altar, y el sacerdote entona el himno Gloria a Dios, que todos
prosiguen mientras se hacen sonar las campanas, según las costumbres de cada lugar.
32. Acabado el himno, el sacerdote dice la oración colecta, como de costumbre.
Oremos.
EPÍSTOLA
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. 6, 3-11
Hermanos:
odos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por
T medio del bautismo, hemos sido incorporados a su
muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con
él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos
por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.
145
Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte
semejante a la suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos
que nuestro viejo yo fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo del
pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues
el que ha muerto queda libre del pecado.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que
también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado
de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio
sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y
al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense
muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial a la epístola
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.
V/. Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.
V/. «La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa»,
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.
V/. La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.
34. Acabada la epístola, todos se levantan, y el sacerdote entona solemnemente por tres
veces, elevando gradualmente el tono de la voz, el Aleluya, que repiten todos. Si fuese necesario,
el salmista entona el Aleluya.
146
Después el salmista o cantor proclama el salmo 117, y el pueblo intercala Aleluya en cada
una de sus estrofas.
35. El sacerdote, según el modo acostumbrado, pone el incienso y bendice al diácono. Para
el Evangelio no se llevan cirios, sino solamente incienso.
EVANGELIO
Ciclo A
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo. 28, 1— 10
147
Tercera parte:
LITURGIA BAUTISMAL
20. Después de la homilía se procede a la liturgia bautismal. El sacerdote, con los
ministros, se dirige a la fuente bautismal, si esta se encuentra situada a la vista de los fieles. Si no
es así, se coloca un recipiente con agua en el presbiterio.
38. Si hay catecúmenos, se los llama y sus padrinos los presentan; pero si los catecúmenos
son niños, son sus padres y padrinos quienes los llevan y presentan a toda la asamblea
congregada.
39. Si hay procesión al baptisterio o a la fuente, se organiza inmediatamente. Abre la
procesión un ministro con el cirio pascual, siguen los bautismos con los padrinos, luego los demás
ministros, el diácono y el sacerdote. Durante la procesión se cantan las letanías (n. 43).
Terminadas estas, el sacerdote hace la monición (n. 40).
40. Si la liturgia bautismal se desarrolla en el presbiterio, el sacerdote hace
inmediatamente la monición introductoria con estas palabras u otras parecidas.
A. Si hay bautismos:
149
Para que regeneres a estos elegidos
con la gracia del bautismo. Te rogamos, óyenos.
Si no hay bautizos:
D ios nuestro,
que con tu poder invisible realizas obras admirables
por medio de los signos sacramentales
y has hecho que tu creatura, el agua, signifique
de muchas maneras la gracia del bautismo;
Dios nuestro,
cuyo Espíritu aleteaba sobre la superficie de las aguas
en los mismos principios del mundo,
para que ya desde entonces
el agua recibiera el poder de dar la vida;
Dios nuestro,
que incluso en las aguas torrenciales del diluvio
150
prefiguraste el nuevo nacimiento de los hombres,
al hacer que de una manera misteriosa,
un mismo elemento diera fin al pecado y origen a la virtud;
Dios nuestro,
que hiciste pasar a pie, sin mojarse, el mar Rojo
a los hijos de Abraham,
a fin de que el pueblo
liberado de la esclavitud del faraón,
prefigurara al pueblo de los bautizados;
Dios nuestro,
cuyo Hijo, al ser bautizado por el Precursor
en el agua del Jordán,
fue ungido por el Espíritu Santo;
suspendido en la cruz,
quiso que brotaran de su costado sangre y agua;
y después de su resurrección mandó a sus apóstoles:
"Vayan y enseñen a todas las naciones,
bautizándolas en el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo":
mira ahora a tu Iglesia en oración
y abre para ella la fuente del bautismo.
Que por la obra del Espíritu Santo
esta agua adquiera la gracia de tu Unigénito,
para que el hombre, creado a tu imagen,
limpio de su antiguo pecado,
por el sacramento del bautismo,
renazca a la vida nueva por el agua y el Espíritu Santo.
Y, metiendo, si lo cree oportuno, el cirio pascual en el agua una o tres veces, prosigue:
Te pedimos, Señor, que por tu Hijo,
descienda sobre el agua de esta fuente
el poder del Espíritu Santo,
Y, teniendo el cirio en el agua, prosigue:
para que todos,
sepultados con Cristo en su muerte por el bautismo,
resuciten también con él a la vida nueva.
151
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
45. Seguidamente saca el cirio del agua, y el pueblo hace la siguiente aclamación:
154
*Prosigue el sacerdote:
¿Creen en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra?
Todos:
Sí, creo.
Sacerdote:
¿Creen en Jesucristo,
su Hijo único, nuestro Señor,
que nació de Santa María Virgen,
murió, fue sepultado,
resucitó de entre los muertos
y está sentado a la derecha del Padre?
Todos:
Sí, creo.
Sacerdote:
Sí, creo.
Y concluye el sacerdote:
Cuarta parte:
LITURGIA EUCARÍSTICA
57. El sacerdote va al altar y comienza la liturgia eucarística como de costumbre.
58. Conviene que el pan y el vino sean llevados por los neófitos, y si son niños, por sus
padres y padrinos.
59. Oración sobre las ofrendas
ue Dios todopoderoso,
Q los bendiga en este día solemnísimo de la Pascua
y, compadecido de ustedes,
los guarde de todo pecado.
R/. Amén.
Que les conceda el premio de la inmortalidad
aquel que los ha redimido para la vida eterna
con la resurrección de su Unigénito.
R/. Amén.
Que ustedes,
que una vez terminados los días de la Pasión,
celebran con gozo la fiesta de la Pascua del Señor,
157
puedan participar, con su gracia,
del júbilo de la Pascua eterna.
R/. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes
y permanezca para siempre.
R/. Amén.
Según las circunstancias, se puede emplear también la fórmula de bendición conclusiva
del Ritual del Bautismo de adultos y de niños.
66. Para despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, canta:
Pueden ir en paz, aleluya, aleluya.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.
Esto se observa durante toda la Octava de Pascua.
67. El cirio pascual se enciende en todas las celebraciones litúrgicas más solemnes de este
tiempo.
159
Salmo responsorial
Sal 118(117),1-2. 15c y 16a y 17.22-23 (R. 24)
R/. Este es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
O bien:
R/. Aleluya.
V/. Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.
V/. «La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.
V/. La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.
SEGUNDA LECTURA
Hemos comido y bebido con él
después de su resurrección de entre los muertos
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses. 3,1-4 (Opción 1)
Hermanos:
i han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba,
S donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspiren a los
bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque han muerto; y su vida está con Cristo escondida en Dios.
Cuando aparezca Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes
aparecerán gloriosos, juntamente con él.
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
160
O bien:
162
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de
resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Todos aclaman:
Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilia
Benedicto XVI, papa
Domingo de la Resurrección del Señor
Domingo 12 de abril del 2009.
Queridos hermanos y hermanas:
«Ha sido inmolado Cristo, nuestra Pascua» (1 Co 5,7). Resuena en este día la
exclamación de san Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura, tomada de la
primera Carta a los Corintios. Un texto que se remonta a veinte años apenas después de
la muerte y resurrección de Jesús y que, no obstante, contiene en una síntesis
impresionante —como es típico de algunas expresiones paulinas— la plena conciencia de
la novedad cristiana. El símbolo central de la historia de la salvación — el cordero pascual
— se identifica aquí con Jesús, llamado precisamente «nuestra Pascua». La Pascua judía,
memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto, prescribía el rito de la inmolación
del cordero, un cordero por familia, según la ley mosaica. En su pasión y muerte, Jesús
se revela como el Cordero de Dios «inmolado» en la cruz para quitar los pecados del
mundo; fue muerto justamente en la hora en que se acostumbraba a inmolar los corderos
en el Templo de Jerusalén. El sentido de este sacrificio suyo, lo había anticipado Él mismo
durante la Última Cena, poniéndose en el lugar —bajo las especies del pan y el vino— de
los elementos rituales de la cena de la Pascua. Así, podemos decir que Jesús, realmente,
ha llevado a cumplimiento la tradición de la antigua Pascua y la ha transformado en su
Pascua.
A partir de este nuevo sentido de la fiesta pascual, se comprende también la
interpretación de san Pablo sobre los «ázimos». El Apóstol se refiere a una antigua
costumbre judía, según la cual en la Pascua había que limpiar la casa hasta de las migajas
de pan fermentado. Eso formaba parte del recuerdo de lo que había pasado con los
antepasados en el momento de su huida de Egipto: teniendo que salir a toda prisa del
país, llevaron consigo solamente panes sin levadura. Pero, al mismo tiempo, «los ázimos»
eran un símbolo de purificación: eliminar lo viejo para dejar espacio a lo nuevo. Ahora,
como explica san Pablo, también esta antigua tradición adquiere un nuevo sentido,
precisamente a partir del nuevo «éxodo» que es el paso de Jesús de la muerte a la vida
eterna. Y puesto que Cristo, como el verdadero Cordero, se ha sacrificado a sí mismo por
nosotros, también nosotros, sus discípulos —gracias a Él y por medio de Él— podemos y
debemos ser «masa nueva», «ázimos», liberados de todo residuo del viejo fermento del
pecado: ya no más malicia y perversidad en nuestro corazón.
163
«Así, pues, celebremos la Pascua... con los panes ázimos de la sinceridad y la
verdad». Esta exhortación de san Pablo con que termina la breve lectura que se ha
proclamado hace poco, resuena aún más intensamente en el contexto del Año Paulino.
Queridos hermanos y hermanas, acojamos la invitación del Apóstol; abramos el corazón
a Cristo muerto y resucitado para que nos renueve, para que nos limpie del veneno del
pecado y de la muerte y nos infunda la savia vital del Espíritu Santo: la vida divina y
eterna. En la secuencia pascual, como haciendo eco a las palabras del Apóstol, hemos
cantado: «Scimus Christum surrexisse / a mortuis vere» —sabemos que estás resucitado,
la muerte en ti no manda. Sí, éste es precisamente el núcleo fundamental de nuestra
profesión de fe; éste es hoy el grito de victoria que nos une a todos. Y si Jesús ha
resucitado, y por tanto está vivo, ¿quién podrá jamás separarnos de Él? ¿Quién podrá
privarnos de su amor que ha vencido al odio y ha derrotado la muerte? Que el anuncio de
la Pascua se propague por el mundo con el jubiloso canto del aleluya. Cantémoslo con la
boca, cantémoslo sobre todo con el corazón y con la vida, con un estilo de vida «ázimo»,
simple, humilde, y fecundo de buenas obras. «Surrexit Christus spes mea: / precedet vos
in Galileam» — ¡Resucitó de veras mi esperanza! Venid a Galilea, el Señor allí aguarda.
El Resucitado nos precede y nos acompaña por las vías del mundo. Él es nuestra
esperanza, Él es la verdadera paz del mundo. Amén.
165
Ejemplo de Reflexión
Este es nuestro verdadero Sábado
Uriel Alejandro Franco Sánchez, Pbro.
Feliz domingo para todos, que es nuestro verdadero sábado (Benedicto XVI). Hoy
es el día del Señor el día de la resurrección, nuestro verdadero sábado, el verdadero
Shabat, el verdadero sábado es el señor quien resucita, es el verdadero día de descanso;
descanso, porque se rompen las cadenas del pecado, descanso, porque Cristo trae nueva
vida, descanso, porque es Dios que nos envía su Espíritu Santo, este es el verdadero
sábado, nuestro domingo, el primer día de la semana, gracias Señor por este gran día.
Nos encontramos en el día de Pascua, la resurrección, lo más grande que tenemos
nosotros los cristianos junto con la Encarnación en Navidad, por eso decimos: Pascua de
Navidad, y en este tiempo: Pascua de resurrección. Experimentamos hoy la fuerza y la
gracia De Dios, es Dios quien obra grandemente, es Dios quien resucita, no se queda en
la tumba vacía, sino que sale a nuestro encuentro; en todas las religiones del mundo, su
fundador ha muerto y se recuerda solo sus palabras, sus actitudes, sus enseñanzas; solo
nosotros los cristianos, podemos hablar de nuestro fundador que vive, está vivo, y que
sigue vivo entre nosotros, no solo sus enseñanzas y palabras, ejemplos y actitudes si no
toda su vida, su esencia, Cristo mismo, resucitado sigue en medio de nosotros; entra a
nuestra casa a nuestro corazón, se queda en la Eucaristía, en los sacramentos, en la
Palabra, Cristo está siempre con nosotros así lo prometió Él (Cfr. Mt28,20).
Cristo la Verdad, la Vida, el Camino (Cfr. Juan 14,6) sigue estando con nosotros,
sigue acompañándonos, Él es la resurrección, el verdadero sábado, el verdadero descanso
para nuestras almas “vengan a mí los que están cansados y agobiados” (Mateo 11 28)
Hermanos gocemos de estos 50 días de Pascua que inician, son 50 días hermosos
para contemplar, meditar, y vivir la Palabra en estos días; no perdamos este tiempo de
Pascua, no perdamos esta gracia de Dios; sigamos con la misma actitud, que veníamos en
cuaresma de oración de entrega de sacrificio de esfuerzo, sigamos orando. Estuvimos 40
días preparándonos, y ahora 50 días, gozando de la gran resurrección, de la gran Pascua
del gran sábado, el verdadero descanso para nuestras almas, el actuar de Dios en nuestras
vidas. Feliz pascua de Resurrección para todos.
Se dice Credo.
166
Oración Universal de los Fieles
Presidente:
Escucha, Padre, la invocación de tus hijos en este día de gozo para la santa
Iglesia y concede a todos conocer la fuerza de la gracia liberadora de tu Hijo
para poder gustar la gloria de los redimidos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R./ Amén.
69. Oración sobre las ofrendas
167
70. Prefacio pascual I
Actos
de piedad
Semana Santa
169
Vía Crucis
«Con el piadoso ejercicio del Vía Crucis se actualiza el recuerdo de los sufrimientos que
soportó el divino Redentor en el camino desde el pretorio de Pilato, donde fue condenado a
muerte, hasta el monte de la Calavera o Calvario, donde murió en la cruz por nuestra salvación»2.
En el transcurso entre una estación y otra se propone rezar el Padre Nuestro, el Ave María
y Gloria al Padre y al Hijo…, o/y también, se puede entonar cantos penitenciales.
El celebrante empieza diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos se santiguan y responden:
Amén.
El celebrante prosigue con la siguiente monición:
Hermanos, revivamos la experiencia del camino a la cruz: una experiencia
dolorosa y sublime, en la que Jesús ha condensado el ejemplo y la enseñanza más
preciosa para vivir nuestra vida en plenitud, según el modelo de su vida.
Se hace un breve silencio, y prosigue junto con la asamblea:
2
Penitenciaría Apostólica, Manual de indulgencias (16 de julio de 1999).
170
Quien preside:
Primera estación:
Jesús es condenado a muerte
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Yo, como manso cordero, era llevado al
matadero; desconocía los planes que estaban
urdiendo contra mí: «Talemos el árbol en su
lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos,
que jamás se pronuncie su nombre» (Jr 11, 19).
Lector 2:
Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó
afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en
hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y
dijo Pilato a los judíos: «He aquí a vuestro rey». Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera;
crucifícalo!». Pilato les dijo: «¿A vuestro rey voy a crucificar?». Contestaron los
sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que al César». Entonces se lo entregó
para que lo crucificaran (Jn 19, 13-16).
Quien preside:
Oremos.
D irige tu mirada, Señor, sobre esta familia tuya por la que nuestro Señor
Jesucristo no dudó en entregarse a los verdugos y padecer el tormento de
la cruz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
171
Quien preside:
Segunda estación:
Jesús con la cruz a cuestas
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Abrahán tomó la leña para el holocausto, se
la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el
cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a
Abrahán, su padre: «Padre». Él respondió: «Aquí
estoy, hijo mío». El muchacho dijo: «Tenemos
fuego y leña, pero ¿dónde está el cordero para el
holocausto?». Abrahán contestó: «Dios proveerá
el cordero para el holocausto, hijo mío». Y siguieron caminando juntos (Gn 22, 6-8).
Lector 2:
Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de
la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota) (Jn 19, 17).
Quien preside:
Oremos.
172
Quien preside:
Tercera estación:
Jesús cae bajo el peso de la cruz
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Creció en su presencia como brote, como
raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo
vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado
de los hombres, como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se
ocultaban los rostros, despreciado y desestimado
(Is 53, 2-3).
Lector 2:
Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser
reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar
a los tres días». Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte
y se puso a increparlo (Mc 8, 31-32).
Quien preside:
Oremos.
h, Dios, que en la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, concede a
O tus fieles una santa alegría, para que disfruten del gozo eterno los que liberaste de la
esclavitud del pecado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
173
Quien preside:
Cuarta estación:
Jesús se encuentra con su madre
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Mis ojos se deshacen en lágrimas, de día y
de noche no cesan: por la terrible desgracia que
padece la doncella, hija de mi pueblo, una herida
de fuertes dolores (Jr 14, 17).
Lector 2:
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
«Este ha sido puesto para que muchos en Israel
caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción –y a ti misma una
espada te traspasará el alma–, para que se pongan de manifiesto los pensamientos
de muchos corazones» (Lc 2, 34-35).
Quien preside:
Oremos.
174
Quien preside:
Quinta estación:
El cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
¿Quién es ese que viene de Edón, de Bosra,
con las ropas enrojecidas? ¿Quién es ese, vestido
de gala, que avanza lleno de fuerza? Yo, que
sentencio con justicia y soy poderoso para salvar.
¿Por qué están rojos tus vestidos, y la túnica como
quien pisa en el lagar? Yo solo he pisado el lagar,
y de los otros pueblos nadie me ayudaba. Los pisé
con mi cólera, los estrujé con mi furor; su sangre salpicó mis vestidos y me manché
toda la ropa. Porque es el día en que pienso vengarme; el año del rescate ha llegado.
Miraba sin encontrar un ayudante, espantado al no haber quien me apoyara (Is 63,
1-5).
Lector 2:
Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y
de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz (Mc 15, 21).
Quien preside:
Oremos.
adre eterno, vuelve hacia ti nuestros corazones para que, buscando
P siempre lo único necesario y realizando obras de caridad, nos dediquemos
a tu servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
175
Quien preside:
Sexta estación:
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Escuchad, montañas, el pleito del Señor, vosotros,
inalterables cimientos de la tierra: el Señor pleitea
con su pueblo, con Israel se querella. Pueblo mío,
¿qué te he hecho?, ¿en qué te he molestado?
¡Respóndeme! (Mi 6, 2-3).
Lector 2:
Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada
Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora
sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber»
(Jn 4, 5-7).
Quien preside:
Oremos.
176
Quien preside:
Séptima estación:
Jesús cae por segunda vez
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó
nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado
por nuestras rebeliones, triturado por nuestros
crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como
ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor
cargó sobre él todos nuestros crímenes (Is 53, 4-6).
Lector 2:
Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres
y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían
lo que decía, y les daba miedo preguntarle (Mc 9, 31-32).
Quien preside:
Oremos.
e pedimos, Señor, que seas propicio al recibir nuestras ofrendas y,
T compasivo, atraigas hacia ti nuestras voluntades rebeldes. Por Jesucristo,
nuestro Señor. Amén.
177
Quien preside:
Octava estación:
Jesús encuentra a las mujeres de
Jerusalén
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
David subía la cuesta de los Olivos llorando
con la cabeza cubierta y descalzo. Los que le
acompañaban llevaban cubierta la cabeza y subían
llorando (2 S 15, 30).
Lector 2:
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de
mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió ha-
cia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por
vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas
las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”.
Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas:
“Cubridnos”; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?».
Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él (Lc 23, 27-31).
Quien preside:
Oremos.
178
Quien preside:
Novena estación:
Jesús cae por tercera vez
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Maltratado, voluntariamente se humillaba y
no abría la boca: como cordero llevado al
matadero, como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin
justicia, se lo llevaron, ¿quién se preocupará de su
estirpe? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por
los pecados de mi pueblo lo hirieron (Is 53, 7-8).
Lector 2:
Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder:
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a
los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los
gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días
resucitará» (Mc 10, 32-34).
Quien preside:
Oremos.
scucha propicio, Señor, nuestras súplicas y perdona los pecados que
E confesamos ante ti, para que podamos recibir de tu misericordia el perdón
y la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
179
Quien preside:
Décima estación:
Jesús es despojado de sus vestiduras
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Me acorrala una jauría de mastines, me
cerca una banda de malhechores; me taladran las
manos y los pies, puedo contar mis huesos. Ellos
me miran triunfantes, se reparten mi ropa, echan
a suerte mi túnica (Sal 22, 17-19).
Lector 2:
Los soldados, cuando crucificaron a Jesús,
cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la
túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se
dijeron: «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca». Así se
cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica».
Esto hicieron los soldados (Jn 19, 23-24).
Quien preside:
Oremos.
O h, Dios, que por la pasión de Cristo has librado de la muerte, heredada del
pecado, a la humanidad; renuévanos a semejanza de tu Hijo, para que bo-
rrada por tu gracia la imagen del hombre viejo, brille en nosotros la imagen
de Jesucristo, el hombre nuevo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
180
Quien preside:
Undécima estación:
Jesús es clavado en la cruz
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Por los trabajos de su alma verá la luz, el
justo se saciará de conocimiento. Mi siervo
justificará a muchos, porque cargó con los
crímenes de ellos. Le daré una multitud como
parte, y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte y fue contado
entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores (Is 53, 11-12).
Lector 2:
Lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y
Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús,
el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba
cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego
(Jn 19, 18-20).
Quien preside:
Oremos.
O h, Dios, que para salvar al género humano has querido que tu Unigénito
soportara la cruz, concede, a quienes hemos conocido en la tierra este
misterio, alcanzar en el cielo los premios de su redención. Por Jesucristo,
nuestro Señor. Amén.
181
Quien preside:
Duodécima estación:
Jesús muere en la cruz
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no
te alcanza. Dios mío, de día te grito, y no
respondes; de noche, y no me haces caso. Del Se-
ñor es el reino, él gobierna a los pueblos. Ante él
se postrarán los que duermen en la tierra, ante él
se inclinarán los que bajan al polvo. Me hará vivir
para él, mi descendencia lo servirá; hablarán del
Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: «Todo
lo que hizo el Señor» (Sal 22, 2-3.29-32).
Lector 2:
Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona.
Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente: Eloí Eloí, lemá sabaqtaní (que
significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»). Algunos de los
presentes, al oírlo, decían: «Mira, llama a Elías». Y uno echó a correr y,
empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber
diciendo: «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo». Y Jesús, dando un fuerte grito,
expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba
enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo
de Dios» (Mc 15, 33-39).
Quien preside:
Oremos.
eñor Dios, cuya misericordia no tiene límites y cuya bondad es un tesoro
S inagotable, acrecienta la fe del pueblo a ti consagrado, para que todos
comprendan mejor qué amor nos ha creado, qué sangre nos ha redimido y
qué Espíritu nos ha hecho renacer. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
182
Quien preside:
Decimotercera estación:
Jesús es bajado de la cruz
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Derramaré sobre la casa de David y sobre
los habitantes de Jerusalén un espíritu de perdón
y de oración, y volverán sus ojos hacia mí, al que
traspasaron. Le harán duelo como de hijo único,
lo llorarán como se llora al primogénito. Aquel día
el duelo de Jerusalén será tan grande como el de
Hadad-Rimón, en los llanos de Meguido (Za 12, 10-
11).
Lector 2:
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se
quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande,
pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los sol-
dados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado
con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las
piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al
punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero,
y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que
se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura
dice: «Mirarán al que traspasaron» (Jn 19, 31-37).
Quien preside:
Oremos.
ira, Señor, el rostro de tu Cristo, que se entregó a la muerte para redimirnos
M a todos a fin de que, por su mediación, sea glorificado tu nombre en las
naciones, desde donde sale el sol hasta el ocaso, y se ofrezca en todo el
mundo un sacrificio a tu majestad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
183
Quien preside:
Decimocuarta estación:
Jesús es puesto en el sepulcro
℣. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos,
℟. porque con tu cruz has redimido al mundo.
Se inciensa el cristo, enseguida se procede a leer el texto del
Antiguo Testamento y luego, del Nuevo Testamento.
Lector 1:
Le dieron sepultura con los malvados y una
tumba con los malhechores, aunque no había
cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El
Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entre-
gar su vida como expiación: verá su descendencia,
prolongará sus años, lo que el Señor quiere
prosperará por su mano. Por los trabajos de su
alma verá la luz, el justo se saciará de cono-
cimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos
(Is 53, 9-11).
Lector 2:
Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino
José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino
de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se
extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía
mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver
a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo
puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del
sepulcro (Mc 15, 42-46).
Quien preside:
Oremos.
D ios todopoderoso y eterno, que nos has renovado con la gloriosa muerte y
resurrección de tu Ungido, continúa realizando en nosotros por la
participación de este misterio, la obra de tu misericordia, para que vivamos
siempre entregados a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Aclamación final:
Alabada sea la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, y los dolores de su
Santísima Madre al pie de la Cruz.
184
BENDICIÓN FINAL
℣. Que tu bendición, Señor, descienda con abundancia sobre este pueblo, que ha celebrado
la muerte de tu Hijo con la esperanza de su santa resurrección; venga sobre él tu perdón,
concédele tu consuelo, acrecienta su fe y guíalo a la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
℣. Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo † y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
℟. Amén.
185
Sermón
de las siete Palabras
Monición inicial
Ante la muerte de Cristo nos sentimos tristes, experimentamos el dolor de María
en su soledad, la ausencia del Maestro de Galilea que experimentaron los discípulos;
sentimos el abandono, la soledad, la amargura, y hemos llorado nuestros pecados. Hemos
contemplado las burlas de los espectadores, de los soldados echando a suerte la túnica de
Cristo, de los dos malhechores crucificados; hemos contemplado el dolor y el sufrimiento
de Jesús, pero también, hemos experimentado su amor y su bondad.
Jesús en sus últimas palabras nos consiente, nos anima, nos exhorta a caminar
bajo la sombra de la cruz redentora, por eso meditemos con amor en nuestros corazones
estas últimas palabras de Jesús en la cruz, que van dirigidas a todos nosotros, Jesús quiere
hoy que tu renueves tu vida y te enamores de Él, te enamore de tu prójimo pero, sobre
todo aprendas a caminar por la vida llevando amor a los demás, de tal modo que seas un
claro reflejo de su presencia en el mundo. Escuchemos con atención:
1. PADRE, PERDONALES PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN
Del evangelio de san Lucas 23,34
«Jesús decía: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”. Se
repartieron sus vestidos, echando a suertes».
† Reflexión: Puedes cerrar los ojos por un momento y pensar en aquella
persona te ha ofendido, los sentimientos que la agresión han producido en
ti, las rabias, las iras. ¿Pregúntate si le has deseado el mal? Y dile al Señor:
“Mi vida no puede seguir así. Hoy empezaré un proceso de liberación,
iniciaré un camino de perdón y reconciliación, Señor quiero perdonar para
comenzar una vida nueva, ayúdame porque me faltan fuerzas”. No
olvidemos…
Cuando hablamos de perdón, no debemos quedarnos en solo palabras,
Cristo nos invita tomar la iniciativa de trabajar continuamente por confiar
en el otro, esmera y perseverancia en la reconciliación, evitando lastimar a
186
quienes no hacen parte de nuestros conflictos. El cristiano de nuestro tiempo
ha olvidado el mandamiento del amor, su horizonte lo ha desvirtuado,
llenado su corazón de dolor, rabia, venganza. Pidamos a nuestro Padre Dios,
nos permita caminar por sendas de vida, conversión y paz, de esta manera
confiando en la Palabra antes mencionada y con el deseo de un cambio
radical, podamos alcanzar la patria celestial Que Tanto Anhelamos.
Canto. Renuévame Señor Jesús
188
abandonado?” Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: “A Elías
llama éste”».
† Reflexión: Cierra un instante tus ojos y piensa en los momentos en
que te has sentido solo y has experimentado que Dios no está a tu lado.
Piensa: ¿Cómo experimento la presencia de Dios? ¿Qué estará esperando
Dios de mí?, por un momento pensemos en el dolor, el desespero del Hijo
que espera a que Elías le salve; un grito que se convierte en acción y suplica
por el hombre que pasa necesidades, que no tiene oportunidades, que es
pisoteado, que trabaja y no alcanza a conseguir el sustento para su familia.
Este llamado se hace instrumento para el hombre que tiene en sus
manos las herramientas necesarias, para servir, amar, ser justo y entregado
a cumplir la voluntad del Padre; por eso quien realmente buscan hacer lo
correcto, se preocupan por realizar en la comunidad, una distribución
equitativa de los bienes; pues su tarea no termina con ser solo generoso,
comprensivo y honesto con la acción evangelizadora que tiene en frente, sino
que busca los medios necesarios para que, como cristiano se pueda vivir y
trabajar, haciendo lo correcto, no solo en la comunidad, la familia y trabajo,
sino ante los ojos de Dios.
Canto. Dios está aquí, está aquí, tan cierto como el aire que respiro…
5. TENGO SED
Del evangelio de san Juan 19, 28-29
«Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para
que se cumpliera la Escritura, dice: “Tengo sed”. Había allí una vasija
llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja
empapada en vinagre y se la acercaron a la boca».
† Reflexión: Hoy deberíamos exclamar con Cristo: Tenemos sed de
justicia, que podamos vencer los odios, la violencia y construir la paz,
superando todo asomo de impunidad e injusticia, tenemos sed de amor; que
en nuestras familias reine la unidad y el respeto. Tenemos sed de solidaridad,
que nuestros corazones sean sensibles al dolor de los hermanos y que
189
despierte en nosotros un deseo profundo por vivir como hermanos y no
sentirnos como enemigos.
Podríamos expresar también, que Cristo tiene sed de encontrar en
nuestro tiempo personas dispuestas a dar un cambio positivo al medio
ambiente, la cultura, el desarrollo industrial, la medicina, pero ante todo,
que se pueda despertar en cada uno de los fieles, el deseo de respetar la vida,
la libertad, el amor, la paz. La dignidad de la misma persona clama ser
respetada, pues encontramos muchos hermanos deseosos de conocer el
mensaje salvífico, de ser acogidos, motivados en un mundo donde solo vale
la influencia, los padrinos y lo fácil. La sed tiene un límite, es el de llegar a
romper la calma, despierta en la persona un descontrol, agresividad,
impotencia, ceguera y no permite ver en la persona lo especial y única que
es. Muchas personas tienen sed de surgir, de encontrar ese amor que le
pueda alegrar el corazón, sed de vivir tranquilos con la satisfacción de ser
útiles en la sociedad, también hay sed de construir, mejorar, tener un puesto
digno en la vida.
Jesucristo recibe vinagre, en un hisopo, pero eso no le duele tanto
como el vinagre que le ofrecemos con nuestros actos negativos, terquedades,
mentiras y vacíos. Insensibles e indiferentes, emprende el hombre su vida,
no mira en muchos casos a quien le rodea, no ve su oscuridad y pecado, todo
es perfecto para poder hacer de las suyas, todo se presta para lastimar, herir
y deteriorar lo que ha costado tiempo construir con el esfuerzo y el trabajo
de muchos. Pidamos a Cristo, nos de la valentía y la fuerza de poder iniciar
una nueva forma de vida, llena de valores, virtudes y más sensibles a los
cambios del mundo.
Canto. Tu fidelidad es grande, tu fidelidad incomparable…
190
† Reflexión: En nuestro camino de seguimiento a Jesús, a veces nos
sentimos cansados, y quisiéramos ceder a la tentación del desánimo, nuestra
fe tambalea anta los problemas de la vida. Pero precisamente en medio de
los obstáculos y dificultades, cuando tenemos que mantener firme nuestra
esperanza, fortalecer nuestra fe compartiendo lo que somos y tenemos con
nuestros hermanos. Cumplir nuestra misión aprovechando las herramientas
espirituales que el Señor nos ofrece: la Palabra de Dios, la Oración, la Cruz y
uno de los tesoros que un cristiano posee, la Eucaristía. Y quizás cuando
hayamos cumplido nuestra misión tendremos que decir: “Somos siervos
inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer” (Lc 17, 10).
Cuantos proyectos, metas y sueños iniciados, pero ninguno muchas
veces concluidos; somos personas de momento, nos comprometemos
cuando estamos alegres, pero cuando empiezan los retos, las dificultades,
dejamos tirado o a medias todo lo que un día se juró cumplir con esmero.
Jurar y mentir, son las palabras que más se unen en un mundo de
mentiras, pues el querer vivir de apariencias y desear tener hasta lo que no
se necesita, lleva al hombre querer obtener todo rápido, fácil y sin esfuerzo.
Jesucristo nos invita en esta palabra, ser coherentes con lo que se piensa y
hace, con lo que se propones y lo que hace por mejorar, pues el ejemplo que
nos de Jesús en la cruz, no es el de buscar formalismos, espectáculos, fama,
sino que la voluntad y la palabra dada, le ha llevado a dar lo mejor de su
existencia, solo por mostrarnos lo correcto y lo que tiene sentido. Amen
Canto. ¿Cuánto he esperado este momento?...
191
justo”. Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al
ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho».
† Reflexión: Ahora resuenan en nuestros oídos y en nuestro corazón las
últimas palabras de Cristo en la cruz: “Padre, en tus manos encomiendo mí
espíritu” (Lc 23, 46). Cristo ha muerto, pero no para quedarse en el Calvario,
ha muerto no para siempre, sino para resucitar a una vida nueva. Se ha
abandonado en las manos del Padre, ha puesto su obra en las manos del
Padre misericordioso. Con estas palabras, Jesús nos revela una vez más que
Dios tiene que ser el centro de nuestra historia y de nuestra vida. Como
Jesús, nosotros debemos abandonarnos en sus manos; nuestro dolor,
nuestra tristeza, nuestros problemas, dejarlo todo en sus manos.
El hombre en su afán de poder, vive feriando la vida, su cuerpo, el
alma; los consejos de mamá o papá sobre aquella persona, no resuena
nuestra vida; el buscar un trabajo digno que edifique, no toma la importancia
necesaria, pues no da, lo que busca el hombre de nuestro tiempo. El
desespero por salir de deudas, la pobreza y la miseria, lleva a muchas
personas convertirse en un objeto de múltiple uso, lo triste es que por más
que trate de conseguir lo que busca, la miseria le acompañará donde viaje,
pues su vida no la ha puesto en Dios, sino en sus propias fuerzas, no
olvidemos que el hombre por más fuerza que tenga, es limitado y necesita de
Dios para ser pleno. Muchos casos de una mendicidad sin sentido, ha llevado
a las personas de hoy, crear normas y formas de existencia tan marcadas,
que la satisfacción y el amor fingido que se muestra no es completo, por eso
siempre se tendrá sed y deseo de tener y pasar por encima del otro, sin
importar quien sea.
Estamos en pleno siglo XXI y lo triste es ver como personas buscan la
verdad, en lugares que no son adecuados o los indicados para obtener la
verdadera respuesta frente a la vida y la felicidad. Jesucristo nos dejó la
Iglesia, para que nos oriente y guie el Mensaje Salvífico, sin olvidar que es
Cristo quien nos habla y nos presenta la verdad que nos dará libertad y paz
definitiva.
Canto. Después de un breve silencio cantamos. Cuando yo esté angustiado y vacío.
192
Meditación Final
Ahora, ponte en las manos de Dios. Abre tus manos y piensa en todo lo
que has reflexionado durante estas siete Palabras, siente cómo Jesús pasa
por tu vida, no lo dejes pasar de largo. Pon en sus manos tus problemas, tus
desvelos, tus dificultades. No tengas miedo, siente su fuerza y su presencia,
descansa en Él que solo puede ayudarte no te agites demasiado entrégate
totalmente a Jesús y verás que todo te ira mejor, pero confía en Él, pues para
Él nada es imposible.
Oración final:
193
Descendimiento de la Cruz
Una vez terminado el Sermón de las diete palabras se procede al signo del descendimiento,
a medida que se haga la reflexión de los signos, se van quitando hasta bajar la imagen del Cristo
y ponerla en el sepulcro.
Monición
Hermanos el sacrificio de Cristo ha sido consumado. El Señor Jesús ha exhalado
su último suspiro. Ahora en este momento expectante, un grupo de piadosos varones, con
el respeto contenido de nuestras miradas, va a proceder a desclavar el cuerpo exánime de
la cruz.
Se reproduce en este instante aquí en el templo, aquel momento solemne de la
tarde del viernes Santo sobre la colina del Gólgota, cuando José de Arimatea, Nicodemo
y el discípulo Juan, en un esfuerzo supremo, antes de que cayera la noche sobre Jerusalén,
procedieron a bajar de la cruz el Cuerpo Sagrado del Divino Maestro. Ser desclavado de
la cruz debe dar el sentido de la esperanza de liberación para el hombre, clavado a las
cruces de la vida y de las estructuras de pecado en el mundo. La cruz de Jesús debe ser
vista como un símbolo de la redención más que de dolor o de muerte.
194
hemos pecado asimismo contra la Iglesia, de la cual Tú eres la persona más
excelente, y representas, después de la naturaleza humana de Cristo, lo más
bello que ha aparecido en la creación.
Desclavan la Mano derecha:
Mano derecha de Cristo. Mano que se levantó tantas veces para
perdonar. Mano que salvó a Pedro cuando se hundía en las aguas
encrespadas del mar de Galilea. Mano que bendijo a las madres y a los niños.
Mano que detuvo el cortejo de la viuda de Naím para devolver la vida a su
hijo. Mano que señalo a los discípulos el camino de su primera predicación.
Mano que secaron las lágrimas ante la tumba del amigo Lázaro.
Mano que hoy sufre el dolor de la indiferencia de tus hijos. Mano que
clavada en la cruz se da para redimirnos. Mano que necesitamos, para que
nos perdones, para que nos levantes, para que nos bendigas, para que nos
señales el camino para llegar hasta el Padre.
Desclavan la Mano izquierda:
Mano Izquierda del Señor. Mano olvidada, truncada. Mano con la cual
mientras con la derecha nos indicas el camino al Padre, con la izquierda
tómanos de la mano y camina con nosotros hacia el lugar de la
bienaventuranza, hacia la civilización del Amor.
Desclavan los pies de Cristo:
¡Pies lacerados de Jesús! Durante tres largas horas habéis estado con
el clavo del martirio. Y hoy aun te clavamos los pies cuando caminamos para
el mal, por eso Señor te pedimos que nos ayudes a caminar siempre bajo la
sombra de tu cruz y no solo nos acostumbremos a tenerla colgada en el pecho
o a verla en tantas Iglesia sino a tomarla y seguirte a cada instante de nuestra
vida.
Cristo colocado en el sepulcro:
¡Oh Cristo Jesús! Tú has muerto, pero sabemos que de nuevo estarás
con nosotros porque has de resucitar. Y no solo eso, sino que por medio de
195
tus sacerdotes te haces presente en la Eucaristía, para ser ese verdadero Pan
vivo que nos sacia y esa Sangre que nos limpia de toda mancha, por eso
alimentados con tu Cuerpo y con tu Sangre queremos testimoniar que,
aunque hoy has muerto estás vivo en nuestros corazones, y te queremos
acompañar esta noche en el frio sepulcro Señor, pero sabiendo que en
nuestros corazones preparamos una morada, para que entres en él y mores.
Seguidamente se lleva en procesión al santo sepulcro el cuerpo exánime del Señor, en
donde se pueden entonar algunos cantos penitenciales. Llegado al templo es adorado en el Santo
sepulcro.
196
Celebración penitencial
ante el sepulcro
NOTA: Esta celebración penitencial pretende resaltar la importancia de la
permanencia del cuerpo de Jesús durante tres días en el santo sepulcro y las enseñanzas
que ellos nos traen para la vida cristiana.
Monición inicial
Habiendo meditado los misterios de la pasión redentora de nuestro Señor,
reflexionemos sobre el sentido de la muerte de Cristo, y así prepararnos mejor para
celebrar esta noche, la gran alegría de la resurrección.
Canto penitencial.
Saludo del presidente:
Oración de fieles
Presidente:
198
Acto Mariano o
procesión de la soledad
1. La procesión de la soledad, se celebra generalmente al atardecer del Sábado Santo.
Presentamos un esquema que pueda ser de utilidad.
2. El sacerdote revestido con alba y estola morada (si lo desea, capa pluvial), se dirige al
sitio donde inicia la procesión. La procesión la precede la imagen de la Santísima Virgen María
(dolorosa).
Monición inicial
Quién ama sufre con el amado. Nadie ama a Jesús más que Su Madre Santísima y
por eso nadie sufre más por amor a Él. Siete de los sufrimientos de la Virgen se recogen
en el rosario a los Siete Dolores de la Santísima Virgen María.
Se reza un Padre nuestro, siete Ave Marías por cada dolor de la Virgen y el Gloria al
Padre…. Al mismo tiempo le pedimos que nos ayude a entender el mal que hemos cometido y nos
lleve a un verdadero arrepentimiento. Al unir nuestros dolores a los de María, tal como Ella unió
Sus dolores a los de su Hijo, participamos en la redención de nuestros pecados y los del mundo
entero.
O
h Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y
santidad, cubre mi alma con tu protección maternal a fin de que
siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a Su amor y obedezca
Su divina voluntad. Quiero, Madre mía, vivir íntimamente unido a
tu Corazón que está totalmente unido al Corazón de tu Divino Hijo. Átame a
tu Corazón y al Corazón de Jesús con tus virtudes y dolores. Protégeme
siempre. Amén.
201
Procesión con el resucitado
Es costumbre que el Domingo de Resurrección o de Pascua, se realice la procesión con el
resucitado. A medida que se avanza por las calles, los fieles entonan cantos de alegría, alusivos a
la resurrección de Jesús o puede acompañarse la procesión con una banda musical de
instrumentos de viento, que conserve la solemnidad en la música. La procesión se hace desde un
lugar adecuado, hasta llegar al templo para la celebración eucarística.
202
Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir
adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros,
porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos.
Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan,
pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les
abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se
dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de
nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las
Escrituras?».
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y
encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que
decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a
Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino
y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
Palabra del Señor.
Todos aclaman:
Gloria a ti, Señor Jesús.
203
PARTE III:
Anexos
204
Biografía de los apóstoles
En la celebración de la Misa Vespertina de la Cena del Señor- Lavatorio de los pies, se
puede utilizar el siguiente esquema para dar a conocer la vida de cada uno de los apóstoles, así:
206
8. PEDRO:
Jefe y cabeza de los Apóstoles, a quien Jesús concedió el primado de
honor sobre toda la Iglesia. Nació en Betsaida; gran pescador de Galilea.
Impulsivo, impetuoso, extrovertido. Ocupados en su oficio de pescadores,
lanzando las redes al mar, se encontraban Andrés y Pedro, cuando pasó
Jesús y los llamó para hacerlos pescadores de hombre. Ellos dejaron
inmediatamente las redes y lo siguieron (Mt 4,18-20). Cuando Jesús
preguntó a los Apóstoles, qué decían ellos que era el Hijo del hombre, Pedro
dio la respuesta acertada: el Hijo de Dios. Jesús correspondió otorgándole el
privilegio de ser piedra de la Iglesia y la promesa de otorgarle el poder de las
llaves, para atar y desatar (Mt 16,13-19).
Pedro se debate entre la fe y el miedo, dice, quién es Jesús y al poco
tiempo pretende desviarlo de la misión que el Padre le ha encomendado (Mt
16,21-24). Negó a Jesús tres veces, pero después de la resurrección proclama
tres veces su fe y amor en Jesús
9. SANTIAGO EL MAYOR:
Era hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano mayor de Juan. Junto con su
hermano y Pedro fueron los discípulos que presenciaron los momentos más
importantes y los principales milagros de Jesús; era pescador y trabajaba con
su padre. Llamado por el mismo Jesús como Boanerges (hijo del trueno), (Lc
9,52-56); de recia personalidad y temperamento ardiente, envidioso,
egoísta, codicioso, pero en su reino Él le cambió el corazón; Santiago fue el
primer apóstol que sello con su sangre la verdad de la religión cristiana.
10. SANTIAGO EL MENOR:
Parece que su apelativo de El Menor se debe a que era más joven que
el otro Santiago. Era primo hermano de Jesús, por eso se le conoce como el
hermano del Señor. Era hijo de Alfeo Cleofás y María (Mc 6,3), y hermano
de otros dos apóstoles, Judas Tadeo y Simón. Es el más desconocido de los
apóstoles; aparece en la lista de los doce; fue escogido para ver, oír, andar y
testificar.
11. SIMON:
Pertenece a la secta de los zelotes, partido político caracterizado por el
fanatismo, sus ambiciones políticas, se transforman en ambiciones pacíficas;
su mentalidad militar se transformó en mentalidad misionera, hizo suyas las
metas y motivos del maestro. De profesión agricultor y pastor. Prototipo de
207
tantos discípulos sin nombre, que trabajan durante toda su vida en la viña
del Señor.
12. TOMAS:
Su nombre de origen hebreo significa gemelo o mellizo. Fue el más
pesimista; el más melancólico, el más áspero y por lo tanto el más terco de
todos los discípulos. Juan lo menciona en cuatro pasajes de su evangelio:
primero; cuando Jesús quiere ir a Judea para resucitar a Lázaro, los
discípulos quieren disuadirlo, pero Tomás dijo: “vamos nosotros también,
para poder morir con él” (Jn 11,5-16). Segundo; la Ultima Cena preguntó a
Jesús cuál era el camino para llegar al Padre (Jn 14,1-7). Tercero;
inicialmente dudó en la resurrección de Jesús, pero luego que se apareció el
Resucitado a él y a los otros discípulos, exclamó: “Señor mío y Dios mío” (Jn
20,19-29). Y cuarto; al final del evangelio, Juan muestra a Tomás pescando
junto a otros discípulos (Jn 21,1-3).
208
Elementos para preparar en las
celebraciones
1. Domingo de Ramos
1.1 Para la procesión:
1.1.1 Caldereta e hisopo (con la suficiente agua para el momento de la
bendición de los ramos, puede llevarse una jarra con más agua para
surtir la caldereta).
1.1.2 Sonido móvil
1.1.3 Capa pluvial
1.1.4 Los ramos (uno para el ministro)
1.1.5 El sonido móvil
1.1.6 Los salmos y cantos que se entonarán durante la procesión.
1.1.7 Turiferario y naveta
1.1.8 Cirios y cruz alta
1.1.9 Misal, Leccionario (o este material que incluye todo lo de la celebración)
1.2 Para la Misa:
1.2.1 Prever el ornamento rojo sobre el altar o sobre otra mesa apropiada
1.2.2 Los vasos sagrados (el cáliz con el corporal, palia y purificador;
vinajeras; patenas; copones; lavabo)
1.2.3 Misal Romano, libro de la sede, leccionario y varios textos para la lectura
de la pasión (tres copias: cronista[C], voces [S], Cristo [†])
1.2.4 Lectores para la proclamación de la Palabra de Dios y la Pasión del
Señor.
1.2.5 La caldereta
1.2.6 Campana
2. Jueves Santo
2.1 Misa Vespertina de la cena del Señor:
2.1.1 Sillas (Presidente, Ministros [monaguillos, lectores] y apóstoles)
2.1.2 Jarra (con suficiente agua para el lavatorio), Palangana, toalla (estas tres
no deben ser las del lavabo), y jabón (opcional)
2.1.3 Cáliz, purificador, palia, corporal
2.1.4 Vinajeras
2.1.5 Copones con suficientes hostias para el jueves y viernes santo
2.1.6 Misal romano, libro de la sede y leccionario
2.1.7 Incensario y naveta
2.1.8 Cirios del altar bien dispuestos
2.1.9 En el altar todo debe estar dispuesto, con los cirios y el sonido
209
2.1.10 Capa pluvial y velo humeral, para la procesión con la santísima
Eucaristía hacia el lugar de la reserva.
2.1.11 Vara de palio (si lo hay), con los respectivos varones que la lleven
2.1.12 Matraca (si la hay)
2.1.13 Cruz alta y cirios para la procesión con el Santísimo Sacramento
2.2 Adoración Eucarística:
2.2.1 Capa pluvial (opcional)
2.2.2 Incensario y naveta (si es ministro ordenado)
2.2.3 Sonido
2.2.4 Preparar respectivos cantos y fondos musicales.
3. Viernes Santo
3.1 Celebración de la Pasión del Señor:
3.1.1 Misal, libro de la sede, leccionario y varios textos para la lectura de la
pasión (tres copias: cronista[C], voces [S], Cristo [†])
3.1.2 Lectores para la proclamación de la Palabra de Dios y la Pasión del Señor
3.1.3 Crucifijo(s) para el omento de la adoración de la Santa Cruz (si la
necesidad requiere más crucifijos)
3.1.4 Cruz que se llevará en procesión en la segunda parte de la celebración,
cubierta con un velo morado
3.1.5 Recolector de ofrendas para los lugares santos
3.1.6 Mantel para la distribución de la Sagrada comunión
3.1.7 Cojín o alfombra para el ministro en el momento de la postración
(opcional)
3.1.8 Ciriales para la procesión de la santa cruz y para acompañar el Santísimo
Sacramento desde su lugar de reserva hasta el altar
3.1.9 Ornamentos de color rojo
3.2 Santo Viacrucis:
3.2.1 Turiferario y naveta
3.2.2 Cruz y ceroferarios
3.2.3 Sonido
3.2.4 Cantos
3.2.5 Texto del viacrucis
Nota: Si el recorrido es extenso llevar agua para beber (opcional)
3.3 Sermón de las siete palabras:
3.3.1 Sonido
3.3.2 Textos (ver parte II de este manual: Actos de Piedad)
4. Sábado Santo
4.1 Procesión de la soledad:
4.1.1 Imagen de la dolorosa
4.1.2 Textos (ver parte II de este manual: Actos de Piedad)
5. Domingo de Pascua o de resurrección
5.1 Vigilia pascual en la noche santa:
5.1.1 Fogata
210
5.1.2 Cirio pascual (preparado con los agujeros) y una vela adicional para
encender de la fogata al cirio
5.1.3 Granos de incienso (bolas de incienso)
5.1.4 Ciriales apagados
5.1.5 Carbones apagados para poner en el incensario (preferiblemente que
sea carbón mágico, de lo contrario ver 5.1.6)
5.1.6 Turiferario sin encender (o puede llevarse carbones encendidos y
ponerse en la fogata durante la bendición del fuego, previendo que
tarden en encenderse)
5.1.7 Naveta
5.1.8 Pinzas para sacar los carbones del fuego nuevo para el incensario
5.1.9 Misal Romano
5.1.10 Sonido
5.1.11 Leccionario
5.1.12 Lectores escogidos para las lecturas que se quieran proclamar según la
oportunidad pastoral
5.1.13 Suficiente agua para bendecir y que alcance para el momento de la
aspersión.
5.1.14 Campana para el momento del “Gloria”
5.1.15 Vasos sagrados (ver 1.2.2)
5.2 Misa del día.
211
Pascua infantil
Lunes Santo
La creación Gn 1, 1 – 31; 2, 1 – 7
212
Martes Santo
Eucaristía
Jesús quiso dejar a la Iglesia un sacramento que perpetuase el
sacrificio de su muerte en la cruz. Por esto, antes de comenzar su pasión,
reunido con sus apóstoles en la última cena, instituyó el sacramento de la
Eucaristía, convirtiendo pan y vino en su mismo cuerpo vivo, y se lo dio a
comer; hizo participes de su sacerdocio a los apóstoles y les mandó que
hicieran lo mismo en memoria suya.
213
214
Miércoles Santo
Obras de Misericordia Mt 25 31-46
215
Dinámicas
1. PAREJAS BIEN "APAREJADAS"
Indicaciones: Se forma un círculo estando por parejas atados de una de
las manos. Una pareja corre igualmente atada de las manos, por fuera del
círculo. Se ponen de acuerdo a quien va a tocar, y aquella pareja con las
manos entrelazadas que toquen, deberá correr por el lado contrario al que
corre la primera pareja y deben llegar al espacio que dejaron; si no lo logran,
quedarán para hacer lo mismo que hizo la primera pareja: seguir tocando a
las demás.
2. SIGUEME
Indicaciones: Los jugadores de pie forman un círculo, fuera del cual
queda un jugador. Este es el director (a) del juego, quien camina alrededor
del círculo y toca a varios jugadores, diciendo: "Sígueme". Cuando ha tocado
a 6 o 7 jugadores, salta, brinca, galopa fuera del círculo, después de un
momento puede gritar: "A casa", todos corren hacia sus lugares. El que
llegue primero pasa a ser el nuevo director.
3. SUELA CON SUELA
Indicaciones: Un número impar de jugadores; se mueven por la cancha
durante largo rato. Cuando el director (a) da la señal, deben sentarse en el
suelo poniendo los pies "suela contra suela" con otra persona (del otro sexo).
Quien quede sin compañero (a) debe tratar de conseguir uno, si no, paga
"penitencia".
Variaciones: Van saliendo los perdedores (un hombre y una mujer cada vez).
216
Pascua juvenil
Lunes santo
Pasión de cristo
“Ya saben que dentro de dos días es la Pascua, y el Hijo del hombre va
a ser entregado para ser crucificado” Mateo 26, 2
Plan de trabajo:
• Bienvenida
• Oración inicial
• Dinámica de presentación: “La lana”
• Actividad 1: “Misericordiosos como el Padre”
• Reflexión
• Actividad 2: Camino de la vida (Pasado)
• Reflexión
• Oración final
221
abusar de la misericordia de Dios. Tenemos que controlarnos y domar
nuestra lengua.
Por otro lado, de nuestra boca pueden salir palabras dulces, de
consuelo, de perdón, palabras que edifican, aman, perdonan, piden perdón,
creando un impacto positivo tanto en el prójimo, como en nosotros mismos.
El otro se siente amado y creamos conciencia sobre su dolor y vamos
desarrollando el don de la palabra, al cual le daremos uso con los mensajes
que Dios ponga en nuestras bocas si somos dóciles a Él.
También, podríamos llegar a pecar de omisión, cuando mi deber como
cristiano debería ser, el denunciar lo que está mal, corregir al que se
encuentra en el error y, por el contrario, preferimos callar. Reflexionemos lo
siguiente: “con ello bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los
hombres, hechos a semejanza a Dios” (Santiago 3,9). ¿Eso tiene sentido? De
la misma boca salen bendición y maldición y no debe ser así.
Si no lo habían pensado, les invito a hacerlo ¿para qué utilizamos
nuestra lengua? ¿Para agradar a Dios o para pecar? Cada uno se conoce:
preguntémonos cómo estamos haciendo uso de la lengua y tomemos un
camino, el camino de Dios y expresemos palabras de amor como las de
Cristo.
4. Manos misericordiosas
Eclesiastés 9, 10 “Todo lo que encuentres a la mano, hazlo con
empeño, porque no hay obra, ni razón ni ciencia ni sabiduría en el abismo a
dónde irás.”
Materiales: hilo de tejer, vasos desechables, galones de agua, artículos
del diario (jarrón, bola, termo, cuadro, abanico), paños de limpiar.
Metodología: Los jóvenes se acomodarán en una línea hombro con
hombro. Se unirán los jóvenes atando sus manos a las del compañero que
está a su lado (la mano izquierda del primero con la mano derecha del joven
del lado y así sucesivamente). Quedan atados en la misma línea. Luego de
que cada uno esté atado, realizarán una tarea dada por el encargado de la
estación (sin soltarse). Para poder realizarla, ellos tendrán que ponerse de
acuerdo de cómo la van a ejecutar.
222
Las tareas pueden ser:
1. Limpiar los siguientes artículos jarrón, vasos, termo, cuadro, silla.
2. Hacer una torre de vasos y pasar un galón de agua de principio a fin.
La torre de vasos y pasar el galón lo hace el grupo entero y limpiar los
artículos cada dos jóvenes. Los artículos deben estar a diferentes alturas,
para hacer más difícil la tarea.
Reflexión: ¿Qué hicieron en esta estación?
Estaban atados unos a otros y las tareas no eran muy fáciles de realizar
en conjunto. ¿Qué nos quiere decir esto? En la estación, tal vez se les cayó
con un mal movimiento, tumbaron alguna cosa; o quizá lo hicieron bien. Las
manos son una parte importante de nuestro cuerpo, con ellas podemos hacer
o dañar. Las utilizamos mucho en nuestro diario vivir. Ellas pueden ser entes
de destrucción maltratando, señalando y no haciendo buen uso de nuestros
recursos. Podemos hacer mucho daño si nos lo proponemos.
No obstante, con ellas también podemos construir y es en lo que nos
debemos enfocar. Enfocarnos en que ellas sean entes de creación, llenas de
buenas obras, y con ánimo de ayudar. Con ellas damos vida cuando las
utilizamos para saludar, abrazar, acariciar. Damos ejemplo, cuando
decidimos cargar con las tareas difíciles y más penosas del otro. Debemos
mostrarnos disponibles para realizar aquel trabajo difícil, porque cuando la
tarea es de dos o más, aunque sea difícil se hace ligera y más llevadera.
Compartir solo en las alegrías y ayudar a realizar las tareas dificultosas no
conllevan el mismo mérito que, asumir con espíritu cristiano las penas y
dificultades del hermano.
No pensemos en el qué dirán y, sí pensemos en el alivio, empatía,
solidaridad y amor que transmitimos al prójimo cuando somos personas
dadas al servicio del necesitado -Y cuando hablamos de necesitado no solo
nos referimos al enfermo, al de la calle, al anciano, etc.- que se encuentra en
nuestra casa, parroquia, trabajo, colegio, universidad, etc. Nuestras manos
pueden crear vida cuando las ponemos a disposición del hermano, al servicio
de Dios. Que ellas, de ahora en adelante sean solo de Él y que con ellas todo
lo que realice sea según el actuar de Cristo.
223
5. Pies misericordiosos
Lucas 10, 30-35 “Jesús le respondió: Un hombre bajaba de Jerusalén
a Jericó, y cayó en manos de unos asaltantes que, después de despojarlo y
golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto.
Un sacerdote bajaba casualmente por aquel comino y, al verlo, se
desvió y pasó de largo. Igualmente, un levita que pasó por aquel lugar, al
verlo, se desvió y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar
junto a él y verlo, sintió lástima. Se acercó, y le vendó las heridas después de
habérselas limpiado con aceite y vino; luego lo montó en su cabalgadura, lo
llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó unas monedas y se las
dio al encargado, diciendo: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a
mi regreso".
Materiales: Papel de construcción, imagen de Jesús o de una cruz.
Metodología: Los jóvenes tendrán que buscar y hallar veintiséis (26)
huellas con tamaños diferentes que estarán pegadas alrededor del lugar
donde está la estación. AI encontrar las huellas tienen que parearlas. Luego,
con ellas, hacer un camino hacia el lugar que el animador escoja, ya sea hacia
una cruz o una imagen de Jesús.
Reflexión: ¿Qué hicieron en esta estación?
En grupo, tuvieron que buscar todas las huellas, parearlas y formar un
camino hacia el lugar indicado. Ese camino podemos asimilarlo al de
nuestras vidas, que, al ver necesidad en el otro, unas veces, nos quedamos
mirando y después de un tiempo salimos a su encuentro, pero a “paso de
tortuga”, y otras, salimos a ayudar con prontitud sin esperar nada.
En este momento nos podemos cuestionar del siguiente modo: ¿he
reaccionado indiferente ante la necesidad del prójimo? Si por el contrario le
atendí ¿cómo presté esa ayuda? Ya tenemos la respuesta, ahora debemos
tomar la decisión de reaccionar con prontitud y salir al encuentro del
prójimo rápidamente cuando identifiquemos su necesidad.
Nuestros pies deben apresurarse a socorrer al hermano. Tenemos que
demostrarle que nos importa, es decir, que es una prioridad para nosotros.
Somos conscientes de que a veces somos víctimas del cansancio y de las
preocupaciones, pero, para cuando nos necesiten, tenemos que procurar
vencer ese cansancio, olvidarnos del afán y la fatiga del día y actuar.
224
Tenemos que invertir de nuestro tiempo en el otro, no solo cuando nos
sobre. Tal vez pensemos que no habrá recompensa, pero estemos seguros de
que sí la tendremos, sobre todo en el cielo. También, se tendrá la
gratificación al contemplar el rostro lleno de alegría y satisfacción del
hermano que socorriste; será el rostro de quien se sabe importante para
alguien, para ti. El cansancio, luego, será mayor pero lleno de satisfacción,
porque brindaste ayuda, brindaste a Cristo en tus pies al salir al encuentro
del necesitado. Que nuestros pies sean de Él y lo que realicemos sea como lo
hizo Cristo.
Conclusión
Por eso joven, te comunicamos que el prójimo tiene necesidades físicas
y espirituales, pero la necesidad primordial es de ti, tiene ansia de ti. El
mundo y Dios tienen necesidad de ti, de que actúes, hables, no te quedes
callado, que seas un ser constructivo, escuches al necesitado, realicen obras
de amor y por amor. Y para lograr esto, debemos desear transformarnos
todos en su misericordia, sin embargo, esa decisión es tuya no de más nadie.
Toma la decisión y decídete por Cristo. Porque somos vía y canal de
misericordia, como te mencionaron en el tema anterior, y Dios te necesita
para llevarla y hacerla vida en el prójimo y en ti. Tenemos para nosotros un
supremo atributo de Dios, su misericordia, no lo desaprovechemos. Pidamos
a Dios ser misericordiosos como Él lo es, y que seamos reflejo vivo de Cristo
en la tierra.
Actividad 2: El camino de la vida (pasado)
Materiales: Hojas de block, colores, marcadores de colores.
Metodología: Dibujar un camino que represente su vida en el pasado,
con aquellos momentos positivos y negativos más relevantes que hayan
influido en su vida. Después de que cada uno dibuje su camino hacer mesa
redonda para que el que desee socialice su dibujo.
Nota: Esta actividad se realizará los tres días de la pascua juvenil,
primer día pasado, segundo día presente y tercer día futuro.
Oración Final: Motivar a los jóvenes para hacer una oración
espontánea en voz alta.
225
Martes santo
Muerte de cristo
“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su hijo único, para que
todo el que crea en Él, no perezca, sino que tenga vida eterna” Juan 3, 16
Oración final: Motivar a los jóvenes para hacer una oración espontánea
en voz alta.
228
Miércoles santo
Jesús dijo: ‘Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque
esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá
eternamente. ¿Crees esto?’. Juan 25-26
LA CACERÍA
Pon tu nombre: ___________________________________
1. Alguien que tenga el mismo color de tus zapatos:
_________________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
2. Alguien que viva en una casa donde nadie fume:
__________________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
3. Alguien que le guste cantar cuando se esté bañando:
______________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
4. Alguien que haya nacido en el mismo mes que tú:
_________________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
5. Alguien que tenga una familia con más de 4 integrantes:
___________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
6. Alguien que le guste cocinar:
__________________________________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
7. Alguien que tenga un animal en su casa:
________________________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
8. Alguien que tenga más de 6 letras en uno de sus nombres:
__________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
9. Alguien que le guste hacer deporte:
____________________________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
10. Alguien que ame a Dios y a María:
_____________________________________________
¿Qué prenda o accesorio te dio? ____________________________
230
Actividad 1: Obra de teatro
Cita bíblica:
(Mateo 28, 1-10): “Pasado el sábado, al amanecer el primer día de la
semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto
se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y,
acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era
como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias,
atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El
Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo:
232
Cantos
Domingo de Ramos – Procesión
Alabaré, alabaré Este gozo
/Alabaré, alabaré/ Este gozo no va a pasar (no va a pasar),
Alabaré a mi Señor (X2)
Juan vio el número de los
este gozo no va a pasar (no va a pasar),
redimidos este gozo no va a pasar,
Y todos alababan al Señor porque está en mi corazón.
Unos cantaban, otros oraban
Y todos alababan al Señor /El fuego cae, cae, cae,
/Alabaré, alabaré/ los males salen, salen, salen,
Alabaré a mi Señor (X2)
Todos unidos, alegres
y los creyentes alaban al Señor./
cantamos Esta obra no va a parar (no va a parar),
Gloria hacia la gracia del
Señor esta obra no va a parar (no va a parar),
Gloria al Padre, gloria al Hijo esta obra no va a parar,
Y gloria al espíritu de amor porque está en mi corazón.
/Alabaré, alabaré/
Alabaré a mi Señor (X2) Esta alegría no va a salir (no va a salir),
esta alegría no va a salir (no va a salir),
esta alegría no va a salir,
porque está en mi corazón.
¡Tú reinarás!
¡Tú reinarás! Este es el grito que ardiente exala nuestra fe
!Tú reinarás, oh Rey bendito! Pues tú dijiste: "reinaré"
Reine Jesús por siempre, reine su corazón
/En nuestra patria, en nuestro suelo
Que es de María la nación/
¡Tú reinarás! Dulce esperanza, que al alma llena de placer
Habrá por fin paz y bonanza, felicidad habrá doquier
!Tú reinarás! Dichosa era, dichoso pueblo con tal Rey
Será tu Cruz nuestra bandera, tu amor será, ya, nuestra ley
!Tú reinarás! En este suelo, te prometemos nuestro amor
Oh buen Jesús, danos consuelo en este valle de dolor
233
En el cielo se oye
/En el cielo se oye, en la tierra se canta/ Va bajando ya
/Vamos todos a alabar al Señor //Va bajando ya//
Con panderos y guitarras/ va bajando el Espíritu de Dios.
Cristo me dijo Si su pueblo empieza a orar
//Que luchara otra vez// (X2) y deja al Señor obrar
/Que no me desesperara va bajando el Espíritu de Dios.
Sino que tuviera fe/
/Y yo, y yo //Va sanando ya//
Y yo le estoy alabando/ va sanando el Espíritu de Dios.
/Nosotros no, Señor Si su pueblo empieza a orar
A ti es quien te toca/ y deja al Señor obrar
/Yo cantaré lo que pongas en mi boca/ va sanando el Espíritu de Dios.
Lo que pongas, lo que pongas
Lo que pongas en mi boca Ven a conocer a mi Salvador
/Así, así, así es que se alaba a Dios/ a mi Salvador ven a conocer
/Levanten todos, las palmas/ oh! ven a conocer a mi Salvador
Así se alaba a Dios y juntos alabemos la gloria del Señor.
/Y vamos cantando todos/ Yo te alabo con el corazón
Así se alaba a Dios /Yo le alabo de Corazón
No hay Dios tan grande como tú Yo le alabo con mi voz/
/No hay Dios tan grande como tú Y si me falta la voz
no lo hay, no lo hay/ Yo le alabo con las manos
Y si me faltan las manos
/No hay Dios que pueda hacer las obras Yo le alabo con los pies
como las que haces tú/ Y si me faltan los pies
Yo le alabo con el alma
/No es con espada Y si me faltara el alma
ni con ejércitos Es que ya me fui con El.
es con tu Santo Espíritu/ y juntos alabemos la gloria del Señor.
//Y la Iglesia se moverán// Yo te alabo con el corazón
con su Santo Espíritu //Viva la fe, viva la Esperanza, viva el
Jesús está pasando por aquí Amor//
/Jesús está pasando por aquí/ Que viva Cristo, que viva Cristo, que viva
Y cuando el pasa todo se transforma el rey
Se va la tristeza, llega la alegría //Que viva, que viva Cristo,//
Y cuando el pasa todo se transforma que viva el rey
Llega la alegría para ti y para mi
/Ahora mismo, señor ahora mismo,
Yo te pido que rompas las cadenas, /
Y que las puertas del cielo sean abiertas
Y de virtud mi alma sea llena.
234
Vamos a bendecir al Señor /Cerrad vuestros ojos, pensad solo en Él
/Vamos a bendecir al Señor y decidle que sólo Él es fiel/
nosotros los hijos de Dios/
/Abrid vuestra boca, cantad para Él
/Alzad vuestras manos, batidlas a Él y decidle que solo Él es fiel/
y decidle que sólo Él es fiel/
Lunes Santo
CANTO DE ENTRADA: Por el pecado del mundo
En su Mesa hay amor Cristo, ten piedad.
El Señor nos ha reunido junto a Él, Por tanta desigualdad
El Señor nos ha invitado a estar con Él en la repartición del pan.
/En su mesa hay amor Y por nuestra indiferencia,
La promesa del perdón Cristo, ten piedad.
y en el vino y pan su corazón/ ante el dolor del que sufre
sin amor techo ni hogar
Cuando, Señor, tu voz
llega en silencio a mí Perdón, Señor
y mis hermanos me hablan de ti de tu pueblo te piedad
sé que a mi lado estas, Perdón Señor
te sientas junto a mí, enséñanos a perdonar
acoges mi vida y mi oración.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO:
CANTO PENITENCIAL:
Perdón, Señor Aclamación: tu Palabra, Señor
Alfonso Franco A., Misa Colombiana Tu Palabra, Señor, da la vida,
Perdón, Señor tu Palabra, Señor, da la Paz,
de tu pueblo te piedad tu Palabra, Señor, es eterna,
Perdón Señor tu Palabra es la Verdad.
enséñanos a perdonar
236
PROCESIÓN DE OFRENDAS: Y viéndole sufrir llega al corazón
Una herida a causa de su amor
Entre Tus Manos
Entre tus manos está mi vida, Señor, Levántate, oh, Dios
Entre tus manos pongo mi existir. Mira la pena del mal herido
Que como cordero va al degüello
Hay que morir para vivir;
En el silencio del dolor
entre tus manos confío mi ser.
Siervo doliente enaltecido en cruz
Si el grano de trigo no muere,
Por los pecados
si no muere, sólo quedará.
Que ha soportado sobre sí
Pero si muere, en abundancia dará
Desfigurado, sediento de amor
un fruto eterno, que no morirá.
Suplica al hombre
SANTO: Sacie la sed del corazón
Santo de la creación SALIDA:
//Santo es el Señor, // Quisiera yo, Señora
que la creación, Quisiera yo, Señora,
con gloria y amor, oh, dulce Madre mía,
regalas al hombre. (X2) traerte en este día
en vez de humilde flor,
/Hosanna en el Cielo,
hosanna en la tierra Un himno tan ferviente
y que sea bendito que al entonarlo hiciera
quien venga en su Nombre. / que todo el mundo ardiera
(quien venga en su Nombre.) en tu divino amor.
CORDERO: Quisiera que las rosas,
los lirios y azahares
Cordero de Dios que cubren tus altares
J. Sánchez, A. Duque
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
y tu pulido pie,
El pecado del mundo. llevaran con su aroma,
Ten piedad, Señor, ten piedad, ¡Oh Virgen santa y pura!
de nosotros, Señor, ten piedad, la más grande ternura,
Ten piedad, Señor, ten piedad, la más activa fe.
de nosotros, y danos la paz.
Quisiera que el incienso
COMUNIÓN: que ante ese altar se quema,
Siervo doliente Fuera, más bien que emblema,
Varón de dolor, de Dios herido, Purísima oración,
por mí humillado. Que ardiente y fervorosa
Es el siervo de Dios Partiera de este suelo,
Que, sin reservas, todo lo ha dado Para llevar al Cielo
la voz del corazón.
237
Martes Santo
Miércoles Santo
CANTO DE ENTRADA: ACLAMACIÓN AL EVANGELIO:
Juntos, como hermanos
Juntos, como hermanos, miembros de la Iglesia, Escuchar tu Palabra
vamos caminando al encuentro del Señor. Escuchar tu Palabra
Es principio de fe en ti, Señor
Un largo caminar por el desierto, bajo el sol, Meditar tu Palabra, es captar tu mensaje de
no podemos avanzar sin la ayuda del Señor.
amor
Unidos al rezar, unidos en una oración, Proclamar tu Palabra, Señor
viviremos nuestra fe con la ayuda del Señor. es estar embebido de Ti
Proclamar tu palabra, Señor
La iglesia en marcha esta. A un mundo nuevo es ya dar testimonio de Ti, mi Dios.
vamos ya,
donde reinará el amor, donde reinará la paz. PROCESIÓN DE OFRENDAS:
CANTO PENITENCIAL: Recibe, oh Dios, el pan
Recibe, oh Dios, el pan que te ofrecemos.
Ten piedad Señor
Luego será el Cuerpo de Jesús.
/Ten piedad, Señor, ten piedad
También acepta nuestros sacrificios,
soy pecador, ten piedad/
nuestra oración y nuestro corazón.
/Y de mí, Cristo apiádate
Recibe, oh Dios, el vino que ofrecemos.
contra ti, yo pequé/
Luego será la Sangre de Jesús.
/Ten piedad, Señor, ten piedad También acepta nuestros sacrificios,
soy pecador, ten piedad/ nuestra oración y nuestro corazón.
Recíbelos, Señor, por nuestras faltas,
por los que están aquí, junto al altar,
por los cristianos vivos y difuntos,
por todo el mundo, por su salvación.
239
SANTO: COMUNIÓN:
Los ángeles cantan Bendigamos al Señor
Santo, santo, santo, santo, santo el Señor Bendigamos al señor
El cielo y la tierra están llenos de Ti. Que nos une en caridad
Y nos nutre con su amor
Hosanna, hosanna, hosanna los ángeles cantan En el pan de la unidad
Hosanna, hosanna, hosanna cantemos a Dios.
¡Oh, padre nuestro!
Bendito es Cristo que viene Conservemos la unidad
En nombre del Señor. Que el maestro nos mandó
Hosanna, hosanna, hosanna los ángeles cantan Donde hay guerra que haya paz
Hosanna, hosanna, hosanna cantemos a Dios. Donde hay odio que haya amor
¡Oh, padre nuestro!
CORDERO:
El señor nos ordenó
Cordero de Dios Devolver el bien por mal
Tomás Aragües, España Ser testigos de su amor
/Cordero de Dios, que quitas el pecado Perdonando de verdad
del mundo, ¡Oh, padre nuestro!
ten piedad de nosotros. /
Al que vive en el dolor
/Cordero de Dios, que quitas el pecado Y al que sufre en soledad
del mundo, Entreguemos nuestro amor
danos la paz. Y consuelo fraternal
¡Oh, padre nuestro!
El señor que nos llamó
A vivir en la unidad
Nos congregue con su amor
En feliz eternidad
¡Oh, padre nuestro!
SALIDA:
María es esa mujer
Quién será la mujer que a tantos inspiró
poemas bellos de amor.
Le rinden honor la música, la luz,
el mármol, la palabra y el color.
Quién será la mujer que el rey y el labrador
invocan en su dolor;
el sabio, el ignorante, el pobre y el señor,
el santo al igual que el pecador.
/María es esa mujer
que desde siempre el Señor se preparó,
para nacer como una flor
en el jardín que a Dios enamoró.
240
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