Etnohistoria del Hombre y el Caballo
Etnohistoria del Hombre y el Caballo
TESIS DOCTORAL.
EL HOMBRE Y EL CABALLO:
UNA REVISIÓN ETNOHISTÓRICA.
(Desde el Eoceno hasta la caída del Imperio
Romano de Occidente).
A la doctora María Belén Bañas Llanos, primero profesora y, ahora, amiga, que
sigue instruyéndome con su inmensa cultur..
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A María, que comparte mi afición.
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“…No buscaron la huida los cobardes, ni el combate los esforzados, y
menos en vista de que el caballo no golpea piafando la roca, excitado por
el toque de los clarines, ni frota la boca que tasca los rígidos frenos, ni
sacude la crinera, ni yergue las orejas y con inquieto agitar las patas
lucha por no estar parado; abatida pende su cerviz, transpiran de sudor
sus miembros y se le seca la boca sedienta con la lengua fuera, resuella
el pecho oprimido por palpitante anhélito, mientras recia sacudida agita
fuertemente sus ijares agotados y la espuma, reseca, se endurece en el
bocado sanguinolento. …”
Lucano.
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ÍNDICE.
A. RESUMEN. 27.
B. INTRODUCCIÓN. 29.
C. METODOLOGÍA. 35.
11
2 3. 1. Paleolítico Inferior. 83.
2. 3. 2. Paleolítico Medio. 85.
2. 3. 3. Paleolítico Superior. 87.
2. 3. 4. El arte en el Paleolítico. 90.
2. 3. 4. 1. Significado del arte paleolítico. 92.
2. 3. 4. 2. Extensión del arte paleolítico. 94.
2. 3. 4. 3. Tema preferido en las pinturas paleolíticas. 95.
2. 3. 4. 4. Ubicación de las pinturas paleolíticas. 97.
2. 3. 4. 5. Otros soportes artísticos. 98.
2. 4. MESOLÍTICO. 99.
2. 4. 1. El arte en el Mesolítico. 101.
2. 5. EL NEOLÍTICO. 102.
2 5. 1. El nuevo concepto del Neolítico. 103.
2 5. 2. Lugares de inicio del proceso neolítico. 104.
2 5. 3. Economía de subsistencia. 105.
2 5. 4. Influencia de la acción humana sobre los ecosistemas. 107.
2 5. 5. Teorías sobre los cambios en los modos de vida neolíticos.108
2 5. 6. El arte en el Neolítico. 111.
2 6. EDAD DE LOS METALES. 112.
2 6. 1. El Calcolítico o Edad del Cobre. 114.
2 6. 1. 1. Uso de la rueda. 115.
2 6. 1. 2. El carro ligero. 116.
2 6. 2. Edad del Bronce. 117.
2 6. 3. Edad del Hierro. 119.
2 6. 3. 1. Llegada de la cultura del caballo a Europa. 121.
2. 6. 4. El arte en la Edad de los Metales. 123.
2. 6. 4. 1. El arte en metal. 123.
2. 6. 4. 2. El arte en piedra. 126.
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14. 2. 2. Tiberio. 673.
14. 2. 3. Germánico. 677.
14. 2. 4. Calígula. 680.
14. 2. 5. Claudio. 685.
14. 2. 6. Nerón. 687.
14. 3. EL AÑO LOS CUATRO EMPERADORES (69 D. C). 694.
14. 3. 1. Galba. 694.
14. 3. 2. Otón. 695.
14. 3. 3. Vitelio. 697.
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17. 3. 2. 3. Alianza de Constantino y Licinio. 776.
17. 3. 2. 4. Constantino, dueño del Imperio y fundador de
Constantinopla. 777.
17. 3. 2. 5. Sucesores de Constantino. 778.
17. 4. DINASTÍA VALENTINIANA. 780.
17. 4. 1. Valentiniano. 780.
17. 4. 2. Valente. 781.
17. 5. CASA DE TEODOSIO. 782.
17. 5. 1. Teodosio y sus sucesores. 782.
17. 6. EMPERADORES BUENOS, EMPERADORES MALOS. 785.
18. CONCLUSIONES. 787.
19. BIBLIOGRAFÍA. 789.
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A. RESUMEN.
SUMMARY.
Since man and horse met in the Wordl, their paht like species has passed
toghether. First relation limited itself to that of hunters with their preys, but after the
taming of the horse and of the invention of horseback riding, their relationship
intensified up to turning the horse into an indispensable ally of men, so much in the
most risky undertakings as in the leisure time or glory days.
This is the history of a relationship that started thousands of years ago and that
has kept indelible for the period of our study.
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B. INTRODUCCIÓN.
El caballo tuvo su origen como especie en América del Norte; donde debido a
causas desconocidas, tal vez algún problema higiénico o alguna hecatombe natural,
acabó por extinguirse. Afortunadamente algunos ejemplares de estas poblaciones
americanas lograron atravesar el estrecho helado de Bering y arribar a las praderas
euroasiáticas, lugar en el que encontraron un hábitat adecuado a sus exigencias como
especie, amplias extensiones de tierra desarbolada y cubiertas de hierba. Allí
evolucionaron todos los ascendientes de los caballos actuales.
Sería en ese nuevo hábitat donde entraría en contacto con las poblaciones de
Homo sapiens que lo habitaban, que pronto lo incorporaron a su dieta omnívora.
Transcurrieron milenios en los que la relación entre el hombre y el caballo se limitó a la
propia del cazador con su presa.
Llegados al Neolítico, el hombre incorporó a su existencia la agricultura y la
domesticación de animales. Parece que fue en el Creciente Fértil donde los hombres
inventaron la agricultura y la ganadería. Observados las especies animales
domesticables, se eligieron aquellos que cumplieran los requisitos imprescindibles
para someterlos al proceso; los caballos los cumplían todos, con la excepción de que
eran más fuertes y más rápidos que los domesticadores; inconvenientes que fueron
aprovechados por el hombre.
Convertido en animal doméstico, alguien descubriría que, a horcajadas sobre
sus lomos, se podía desplazar sobre él y que, además, podía gobernarlo fácilmente.
Había nacido la equitación. Los hombres que la inventaron parece que fueron los
mismos que habitaban las estepas euroasiáticas a las que habían llegado los caballos
americanos y en las que prosperaron sin dificultad.
Con el nacimiento de la agricultura se generaron excedentes que había que
almacenar y repartir. Además, las poblaciones de cazadores y recolectores neolíticos
tuvieron que sedenterizarse al lado de sus campos de cultivo y de los graneros en los
que almacenaban esos excedentes. Así fue como nacieron las aldeas, la
jerarquización de la sociedad y los consiguientes estados. Era el jefe el encargado de
repartir la comida almacenada entre los integrantes de la aldea; pero también tenía la
importante misión de guardarlos contra las rapiñas de las demás aldeas que estarían
interesadas en hacerse con el botín. Estas escaramuzas entre aldeas vecinas fueron
el germen de lo que más tardes serían las guerras entre estados; y precisamente en
estas razias y en las guerras posteriores se hizo imprescindible el uso del caballo, que
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convertía al guerrero en mucho más poderoso y más rápido. Evidentemente no era
menor la importancia del caballo en la vida diaria de los domadores y en tareas
cotidianas como trasladarse rápidamente de unos lugares a otros o apacentar los
rebaños.
Otro hito importante en la evolución de la Humanidad lo marca la invención de la
rueda, que permitió la construcción de plataformas que, colocadas sobre ellas, podían
desplazarla sirviéndose de la fuerza animal. Había nacido el carro, que en sus
orígenes serviría para transportar materias agrícolas, pero que pronto se aprovechó
para trasladar a los guerreros al campo de batalla. El caballo que no es un animal
dotado para arrastrar pesadas cargas, para lo que en principio se utilizaban bueyes y
luego mulas, era un animal muy rápido y por tanto muy adecuado para engancharlos a
livianos carros de guerra.
Parece evidente que el caballo acabara por convertirse en auxiliar imprescindible
entre los habitantes de los grandes estados del Oriente, como los hititas, los sármatas,
los asirios, los egipcios, los hissos, los israelitas, los partos y los chinos. Desde estos
estados prístinos el uso del caballo como auxiliar del hombre en los campos de batalla,
se extendió hacia Occidente, que también lo incorporaron a sus ejércitos. Llegaron de
la mano de las tribus arias, que se presentaron en sus carros tirados por caballos.
Todos los pueblos de Occidente, entre los que podemos citar, en Italia, a los
etruscos, que tal vez trajeron con ellos al caballo desde sus probables orígenes en
Oriente, a los latinos, a los ligures, a los vénetos, a los oscos, a los umbríos y a los
samnitas, incorporaron a sus culturas el uso del caballo montado y enganchado. En
España fueron especialmente los celtíberos los que, por sus orígenes, estuvieron más
relacionados con el uso del caballo; aunque lógicamente estuvo presente en todos los
pueblos, como los íberos o los tartesios; que, según las fuentes, abrevaban a sus
caballos en pesebres de plata.
Entre los estados que se sumaron al uso del caballo destacan, por su
importancia Grecia, que no era una tierra apta ni para criar caballos ni para su
utilización en los campos de batalla, debido a lo abrupto de su suelo; y Roma, que si
en un principio basó, igual que había hecho Grecia con su falange hoplita, su defensa
en la todopoderosa legión, más tarde llegó a la conclusión que era importante
proveerse de una buena caballería. Parece que llegaron a esta conclusión tras
enfrentarse a los cartagineses en las famosas guerras púnicas y admirar la destreza,
la rapidez y la efectividad, en el campo de batalla, de guerreros como los númidas
africanos o los celtíberos e íberos hispanos. Roma se apresuró a ganarse a tan
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efectivos jinetes para incorporarlos a sus filas; hecho lo cual parece que la fortuna
comenzó a favorecer a los hijos de la Loba.
Especialmente significativo fue el papel de los caballos en los juegos romanos.
Si en Grecia se había competido por el placer de vencer, Roma convirtió las carreras
circenses en todo un fenómeno de masas, en un espectáculo con el que se pretendía
distraer al pueblo para que no fuera consciente de los verdaderos problemas que
acuciaban al estado. La problemática la resume perfectamente Juvenal, con su
famosa frase: “pan y circo”. Los emperadores se dedicaron a mantener alimentada a la
plebe mediante la anona, y ociosa, mediante los juegos circenses y gladiatorios, en los
que participaban los caballos cuando luchaban los essedarius.
La relación entre los hombres y los caballos se fue estrechando. Conocemos la
de los grandes generales con sus caballos, de los que son buenos ejemplos la de
Alejandro Magno con su Bucefalo, que lo sacó de mil peligros durante sus arriesgadas
campañas persas, las de los númidas que podían conducir sus monturas sin bridas,
con la sola presión de sus piernas sobre los flancos de los animales, la del enfermizo
Calígula con su famoso Incitatus, al que pretendió nombrar senador de Roma, o la del
loco Nerón, que soñaba con su caballo asturcón, su raza preferida.
Los historiadores, como ocurre en todas las épocas, sólo se han encargado de
recoger la vida de los humanos más sobresalientes, por ello podemos conocer la vida
de algunos emperadores, sobre todo la de los más particulares por sus aficiones, sus
bondades o sus vicios. De algunos apenas sabemos nada pero de otros es mucha la
bibliografía que tenemos a disposición. Entre estos últimos destacan el enfermizo
Augusto que abandonó pronto la práctica de la equitación en el Campo de Marte; y
entre los obsesionados por los caballos destacan Nerón, que además de tañedor de
lira quería mostrarse al pueblo como un aventajado auriga. A Séneca y a Burro les
costaba mantener alejado de los aplausos de las masas a tan testarudo discípulo; por
lo que le permitieron la construcción de un circo privado en los terrenos en los que hoy
se asienta la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, con la intención de que los hijos de
Roma no viesen competir en la arena a tan imperial artista.
Los enemigos más sobresalientes entre los que poblaban la periferia del Imperio
Romano eran los pueblos celtas, que criaban en sus poblados, diseminados en sus
territorios, entre otros animales, a los caballos. Monturas que, debido a la
infraestructura necesaria para su cría a la que había que sumar la doma y el
entrenamiento, eran un elemento de prestigio entre aquellos pueblos, lo mismo que lo
había sido entre los pueblos de Oriente, como muy bien pone de manifiesto el consejo
que Agesilao II, rey de Esparta, da a su hermana Cinisca, al aconsejarle que críe
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caballos para aumentar su prestigio; llegando los caballos de Cinisca a ganar alguna
medalla en los Juegos Olímpicos; logro que ella se encargó de inmortalizar con una
inscripción que colocó en el santuario de Olimpia. Herederos de esa tradición
ennoblecedora de criar caballos fueron muchos nobles romanos, como el más adorado
de todos los príncipes imperiales, Germánico, que se dedicaba a la cría de caballos en
sus inmensas posesiones africanas y a competir en los afamados Juegos de Olimpia.
Estaba claro que el caballo era un ser excepcionalmente útil que había que
domar y proteger. En Hatussas, la antigua capital del imperio hitita aparecieron unas
tablillas de barro, en las que el mitanio Kukkuli, describe el proceso, con todo detalle,
de doma de los caballos. De proteger con esmero la salud de los caballos se
encargaron los científicos de los pueblos orientales. En la ciudad de Ugarit se han
encontrado unas tablillas que son un tratado de veterinaria, escrito por el caballerizo
mayor de la ciudad, que contiene recetas para remedios como hinchazones y heridas
de los caballos, a base de sustancias naturales como plantas y frutos. Avanzado el
tiempo, serán autores clásicos, como Jenofonte, el que escriba un magnífico tratado
sobre equitación. De explicarnos la biología de los animales se encargarán Aristóteles,
el preceptor de Alejandro, y el enciclopedista romano Plinio el Viejo. Y del arte de curar
los caballos se ocuparán tanto Catón como, muy posteriormente, Paladio.
Tan útil y atractivo animal mereció la admiración de artistas, historiadores y
poetas. Si el arte aparece en la Humanidad hace, aproximadamente, 28.000 años;
desde sus albores, el caballo, ocupa un lugar de honor en las representaciones
artísticas de los humanos. Obras que nacen con la intención de evocar ideas y
sentimientos de placer, de miedo o de repulsión, pero que nunca dejarán indiferentes a
quienes las contemplan. Sentimientos como son capaces de inspirar, todavía en
nosotros, tanto las obras de los artistas prehistóricos como los refinados frisos del
Partenón o la realista figura del emperador Marco Aurelio, que podemos contemplar en
los romanos Museos Capitolinos. También los historiadores se encargaron de relatar
las hazañas de los mortales y las de seres mitológicos o semidivinos, como los
hermanos Castor y Pollux, que se pusieron de parte de los romanos en la batalla del
lago Regilo, participando en la lucha a lomos de sus albas monturas. Tampoco los
poetas dejaron de fijarse en los admirados y útiles caballos, destacando entre ellos el
genial Virgilio que, en su intento por convencer a los romanos de la necesidad de
mantener las tradiciones del origen campesino del pueblo romano, nos regala los más
sutiles versos que ningún poeta ha dedicado nunca a los bellos caballos.
Según declara Leslie A. White en su obra The Science of Culture, el símbolo es
la unidad básica de toda civilización y todo comportamiento humano. El caballo es,
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para los humanos símbolo de belleza, de nobleza, de fortaleza, de rapidez e, incluso,
de potencia sexual. Además, entre muchos pueblos, como los galos tiene valor,
también, aparte de como elemento de prestigio y riqueza, por su valor religioso y ritual.
Es el caballo ardientemente codiciado por todos, por lo que se convierte en un regalo
exclusivo que puede ablandar voluntades; bien lo sabía Escipión, cuando tras la
batalla de Baecula regaló 300 monturas a los hombres del hispano Indíbil. A los
dioses, que se comportan como humanos, no les desagrada que les regalen caballos.
Conocedores de ello los romanos sacrificaban un caballo a Marte, dios de la guerra,
en la ceremonia religiosa del October equus, con la que agradecían al dios la recogida
de las mieses. Festo se encarga de aclararnos que el caballo es un animal caro al dios
y Plutarco puntualiza que a los dioses se les debe sacrificar aquello que les resulte
grato.
El caballo se asocia, a lo largo del tiempo que abarca nuestro estudio, con el
poder. Parece indudable esta asociación durante toda la prehistoria y la historia; como
lo era por ejemplo, en la Edad del Hierro en Hispania y en todo el Mediterráneo,
debido, además de al alto coste de su mantenimiento, al aura de superioridad que
proporcionaba a los jinetes; aire aristocrático que los orfebres y los numismáticos
reflejarían en sus obras, como la fíbula de plata de Cañete de las Torres (Córdoba).
Prestancia del jinete sobre su montura que se tornaría, no pocas veces, en orgullo,
como cuando Horacio exclama que la tierra cederá a su orgullo cuando cabalgue
sobre los lomos de su montura. Adentrémonos es este trabajo de Etnohistoria.
33
34
C. METODOLOGÍA.
Los miembros de los grupos humanos siempre hemos sentido curiosidad por las
culturas de los grupos extraños; máxime si esas culturas están tan alejadas en el
tiempo como las tratadas en este estudio; así “… el hecho de que la gente que viva en
culturas diferentes construya tipos diferentes de refugios, lleve diferentes tipos de
vestidos, practique clases diferentes de matrimonios, venere diferentes tipos de
espíritus y dioses y hable lenguas diferentes ha sido siempre una fuente de
perplejidad. …” 1.
Estudiar holísticamente a los seres humanos es misión de la Antropología, que
es una disciplina de infinita curiosidad acerca de los mismos, por lo que su campo de
miras, tanto histórica como geográficamente, es más amplio que los de otras
disciplinas que estudian a los hombres 2.
Los antropólogos estudiamos diferentes características de las sociedades
humanas; así mientras unos se interesan por las físicas o biológicas de los hombres,
otros lo hacen por las características culturales de las sociedades; los primeros
estudios se englobarían dentro de la Bioantropología física y los segundos lo harían
dentro de la Antropología Cultural 3.
La Antropología cultural, pues, se interesa por las variaciones que se producen
en las características culturales de las diferentes sociedades. Cultura que podemos
definir, según lo hizo Edward Tylor en la primera página de su Primitive culture como:
“… ese todo complejo que comprende los conocimientos, creencias, artes, leyes,
moral, costumbres y cualquier otra capacidad o hábito adquiridos por el hombre en
tanto que miembro de la sociedad. …” 4; y que abarca aspectos tan diferentes como la
lengua, las diferencias religiosas, los hábitos de trabajo, los roles de ambos sexos, o la
utilización del caballo en aquellas sociedades que se sirven de él.
Parece que muchos consideran cultura, por ejemplo, al bagaje de los
conocimientos que hemos adquirido a lo largo de nuestro período académico, pero
esto es sólo instrucción; que por supuesto forma parte del todo cultural, pero
antropológicamente, el concepto de Cultura es mucho más amplio, como especifica
Ralph Linton: “… La cultura se refiere al estilo completo de vida de una sociedad, y no
1
Harris M: Introducción a la antropología general. Alianza Ed. Madrid. 2004. Pág. 623.
2
Ember, C. R. y otros: Antropología. Pearson educación S. A. Madrid. 2004. Págs. 2 y 3.
3
Ibídem. Pág. 3.
4
Citado. Laburthe-Tolra, P. y Warnier, J. P: Etnología y Antropología. Akal Ed. Tres Cantos
(Madrid) 1998. Pág. 14.
35
simplemente a aquellas partes de ésta a las que ésta sociedad considera como más
elevadas o deseables. […] En consecuencia, para el científico social no existen
sociedades incultas y ni siquiera individuos. Cada sociedad tiene una cultura, no
importa como de simple pueda ser esa cultura, y cada ser humano es cultural en el
sentido en que participa de una u otra cultura. …” 5. Lo que hace o piensa un solo
individuo no puede considerase cultura, esto sería un simple hábito personal; para que
podamos hablar de Cultura, esa acción o pensamiento debe ser compartido por
grupos de individuos 6.
Y para que algo pueda ser considerado cultural, debe ser aprendido, además de
compartido por los integrantes del grupo 7. Por ejemplo, a montar a caballo, entre los
númidas, era aprendido por los niños en edades tempranas, mientras perseguían
gacelas. Aprendizaje que podemos constatar también entre los grupos de animales, en
los que si la mayoría de sus conductas son innatas, parece que no está ausente el
aprendizaje por observación de los demás sujetos del grupo, así si un potrillo observa
el comportamiento noble de su madre ante el cuidador, aprenderá a no temer al
hombre.
La Antropología Cultural se divide en tres ramas diferentes, según el objeto de
su estudio. La Etnología estudia las culturas existentes en la actualidad; la
Antropología Lingüística estudia las sociedades a través de las lenguas; y la
Antropología arqueológica estudia las culturas pasadas, sirviéndose, sobre todo, de
los restos materiales que han quedado de ellas 8. Este estudio es un trabajo de
Antropología Arqueológica porque estudia la cultura de gente que ha vivido en el
pasado remoto, por lo que nuestro trabajo, como antropólogos, es parecido al de los
historiadores, aunque la Arqueología va más lejos, ya que si éstos se limitan al estudio
de las sociedades que han dejado restos escritos, los antropólogos, al extender
nuestros estudios a los restos materiales, podemos desplazarnos en el tiempo hasta
los albores del nacimiento de las especies que estudiamos, el hombre y el caballo.
La etnohistoria basa sus estudios en materiales descriptivos de las sociedades,
en distintos momentos del tiempo 9, que pueden extenderse, aparte de los registros
etnográficos preparados por los primeros antropólogos, a tratados tan variopintos
como las narraciones de los viajeros, de los comerciantes, de los geógrafos o de los
5
Ember, C. R. y otros. Opus cit. 2004. Pág. 258.
6
ibídem. Pág. 258.
7
Ibídem. Pág. 259.
8
Ibídem. Pág. 5.
9
Ibídem. Pág. 292.
36
funcionarios estatales. Disciplina que, no debemos olvidar, tiene el grave impedimento
de consumir muchísimo tiempo en la recopilación de los datos históricos 10.
El tiempo que abarca nuestro estudio incluye la Prehistoria, tiempo anterior a los
restos escritos, por lo que tenemos que reconstruir la historia de las culturas de este
período basándonos exclusivamente en los restos materiales que han sobrevivido,
como restos de cerámica, herramientas de piedra y metal o grandes montones de
desperdicios 11. Arribados a tiempos históricos, a los restos mencionados para la
Prehistoria, podemos agregarle los escritos que nos dejaron los historiadores, sobre
todo los clásicos griegos y romanos, entre los que destacaremos, sólo por citar
algunos, a Homero, Aristóteles, Jenofonte, Virgilio, Plinio o los anónimos autores de la
Historia Augusta. Especialidad, la Arqueología Histórica, que “…utiliza los métodos de
arqueólogos e historiadores para estudiar las sociedades recientes, ya sea aplicando
la información histórica o la arqueológica. …” 12.
Cuando no existen restos escritos sobre los hechos sucedidos hace miles o
millones de años, ¿cómo podemos los arqueólogos y los paleoantropólogos saber qué
sucedió en aquellas remotas fechas? Podemos recurrir a otras evidencias del pasado,
que podemos leer y que nos permitirán saber bastante sobre los protagonistas de
nuestro estudio: el hombre y el caballo. Evidencias que pueden facilitarnos una historia
detallada del objeto de nuestro estudio y que son: artefactos, ecofactos, fósiles y
estructuras.
Los artefactos los podemos definir como las cosas hechas por los seres
humanos 13, como por ejemplo, las herramientas de piedra utilizadas por los hombres
prehistóricos, o las piezas de cerámica en las que se plasmaron las escenas ecuestres
de Liria, o el bronce con el que se modeló el caballo de la Bastida o, más
recientemente, los estribos de las sillas de montar romanas o las hiposandalias con
las que Popea protegía los cascos de los équidos con los que viajaba.
Los ecofactos son materias naturales que han sido utilizadas por los hombres 14;
entre los que podemos citar las decenas de objetos que, a lo largo de su existencia,
los hombres han fabricado sirviéndose de los huesos de los animales, entre los que se
nos ocurre citar la figura de un caballo representado en la empuñadura de un cuchillo
que procede de Langa de Duero (Soria).
10
Ibídem. Pág. 292.
11
ibídem. Pág. 5.
12
Ibídem. Pág. 6.
13
Ibídem. Pág. 18.
14
Ibídem. Pág. 19.
37
Los fósiles tienen una importancia particular a la hora de reconstruir tanto la
historia humana como la de los caballos. Estas evidencias petrificadas pueden estar
constituidas por los restos actualmente fosilizados 15 como los de los caballos de la
Regenta (Burriana, Castellón), o los de los équidos aparecidos en Alcalá de Xivert,
también en Castellón, y pertenecientes a la zona ibérica de la antigua Hispania.
Las estructuras son los artefactos que no se pueden extraer de los yacimientos
arqueológicos 16. Los suelos vivos son un tipo de estructura en la que vivieron o
trabajaron los seres humanos o los caballos, que acabaron compactados por esa
actividad y sembrados de partículas que nos informan sobre sus moradores, como
diferentes tipos de semillas (con las que se alimentaban hombres o caballos) o
monedas u otros objetos diversos. Ejemplo de estos suelos vivos son los de las
cuadras donde se alojaron los équidos y que han dejado su pavimento enriquecido con
el nitrato procedente de sus heces y orinas. Entre las estructuras, destacan aquellas
construcciones que han perdurado en el tiempo, buen ejemplo de las cuales lo
constituyen los diferentes circos que se ha conservado, entre los que es necesario
mencionar el Circo Máximo de Roma y, en las provincias, el de Augusta Emerita,
donde los caballos que compitieron han dejado el suelo compactado por la actividad
de las carreras.
Definida la cultura y acotada la Antropología Arqueológica, dentro de la
Antropología Cultural, pasaremos al objeto de nuestro estudio, que es la relación
Hombre-Caballo a lo largo del período que transcurre desde el nacimiento de ambas
especies, su relación a lo largo de milenios, incluida la caza, la domesticación y la
doma del caballo por el hombre, todo ello hasta la caída del Imperio romano de
Occidente.
Pero describir una cultura es un asunto extremadamente complicado 17, sobre
todo cuando la misma ya no existe, como es el caso de nuestro estudio. Hubiese sido
interesante poder entrevistar a Masinisa o a Nerón, pero como eso no es posible
debemos analizar lo que de ellos y de sus culturas nos ha quedado, para intentar
reconstruirlas.
En dicho estudio, se hace necesario huir del etnocentrismo, que consiste en
estudiar a las otras culturas comparándolas con la nuestra, de tal forma que, si nos
dejamos arrastrar por esta actitud, se puede llegar a considerar que la gente que no
comparte nuestro modo de conducirnos no tiene moral o es una sociedad inferior. Si
15
Ibídem. Pág. 19.
16
Ibídem. Pág. 19.
17
Ibídem.. Pág. 264.
38
nos dejamos envolver por el etnocentrismo no podremos comprender las costumbres
de los demás, al mismo tiempo que dicha actitud puede impedirnos comprender
nuestra propia cultura 18. En el polo opuesto al etnocentrismo se halla la exaltación
gratuita de otras culturas, extremo en el que no se debe caer, ya que una y otra
actitudes dificultan los estudios antropológicos 19.
Pero el estudio de la Cultura tiene su historia y sus diferentes teorías,
pensamientos que debemos conocer antes de emprender cualquier estudio
antropológico. En tiempos de la Ilustración (mitad del siglo XVIII) se propugnaron
diversas teorías científicas, por parte estudiosos como Adam Smith, Jean Turgot, o
Denis Diderot, para explicar las diferencias culturales entre las sociedades,
llegándose, más o menos, a la conclusión de que las culturas eran diferentes porque
tenían diferentes niveles de conocimientos y de logros racionales; o lo que es lo
mismo, que los seres humanos habían progresado desde un estado de naturaleza a
un estado de civilización ilustrada 20.
Posteriormente, en el siglo XIX, apareció el evolucionismo, del que uno de los
antropólogos más influyentes fue Henry Morgan, que dividió la cultura en tres
importantes etapas: salvajismo, barbarie y civilización. Sostenía “ …que en la etapa
de ”salvajismo inferior” la subsistencia se conseguía exclusivamente recogiendo
alimentos salvajes, que la gente se apareaba promiscuamente y que la unidad básica
de la sociedad era la pequeña “horda” nómada, en la que la posesión de los recursos
era comunal. En el “salvajismo superior” se inventó el arco y la flecha, el matrimonio
hermano-hermana estaba prohibido y la filiación se reconocía principalmente a través
de las mujeres. Con la invención de la alfarería y el comienzo de la agricultura llegó la
transición al barbarismo. En la barbarie inferior, las prohibiciones sobre el incesto se
extendieron, incluyendo a todos los descendientes por línea femenina, y el clan y la
aldea se convirtieron en las unidades básicas.
El desarrollo de la metalurgia marcó la base superior de la barbarie; la filiación
cambió de la línea femenina a la masculina, los hombres se casaban con varias
mujeres a la vez (poliginia) y apareció la propiedad privada. La invención de la
escritura, el desarrollo del gobierno civil y la aparición de la familia monógama
marcaron el comienzo de la “civilización”. …” 21.
A la teoría evolucionista siguió el llamado darwinismo social, influenciada por el
Origen de las especies de Charles Darwin. Sus defensores creían que el progreso
18
Ibídem. Pág. 262.
19
Ibídem. Pág. 262.
20
Harris M. 2004. Opus cit. Págs. 623 y 624.
21
Ibídem. Pág. 624 y 625.
39
cultural y biológico de las sociedades dependía del libre juego de las fuerzas
competitivas entre los individuos, las naciones y las razas; siendo el darwinista social
más influyente Herbet Spencer 22.
A la anterior le siguió la teoría evolucionista marxista, que se apoyaba en la obra
del discípulo de Marx, Friederich Engels. Para Marx, toda la historia era el resultado de
la lucha de las clases sociales por la consecución de los medios de producción. Para
él, la clase proletaria, aparecida tras el capitalismo, tenía el destino de abolir la
propiedad privada para alcanzar la etapa final de la historia: el comunismo 23.
La reacción contra las teorías evolucionistas no se hizo esperar. Apareció el
particularismo histórico, defendido por Franz Boas, cuyo rasgo más característico es el
relativismo cultural, que postula que “…las costumbres e ideas de una sociedad se
deben describir de forma objetiva y atendiendo al contexto de los problemas y las
oportunidades de esa sociedad.. .” 24.
Otra reacción frente al evolucionismo fue llevada a cabo por los difusionistas,
que argumentaban que la principal fuente de las diferencias y semejanzas entre las
sociedades no se deben a la inventiva de la mente humana sino a la tendencia de los
humanos a imitarse los unos a los otros 25. Estos “…contemplan las culturas como un
mosaico de elementos derivados de series casuales de préstamos entre pueblos
cercanos y distantes. …” 26.
En Gran Bretaña dominaban las estrategias investigadoras defendidas por el
funcionalismo, del que una de las principales figuras fue Bronislaw Malinowski, que
decía que la tarea de la antropología cultural era describir las costumbres e
instituciones de las sociedades, más que explicar los orígenes de sus semejanzas y
diferencias culturales. Según el estructural-funcionalismo, teoría aparecida en el
mismo país, defendido por A. R. Radeliffe-Brown, era el bienestar biológico y
psicológico el encargado de mantener el sistema social; al intento de encontrar
orígenes, lo llamaron historia especulativa 27.
Los defensores de la teoría llamada cultura y personalidad, intentaron, influidos
por Sigmund Freud, explicar las culturas desde la perspectiva psicológica. Sus
defensores, entre los que destacan Ruth Benedict y Margaret Mead, “…relacionan las
22
Ibídem. Pág.625.
23
Ibídem. Pág. 626.
24
Ember, C. R. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 262.
25
Harris M. 2004. Opus cit. Pág. 627.
26
Ibídem. Pág. 627.
27
Ibídem. Pág. 627.
40
creencias y prácticas culturales con la personalidad del individuo, y la personalidad del
individuo con las creencias y prácticas culturales. …” 28.
Insatisfechos con el antievolucionismo, a mediados del siglo XX hizo su aparición
la teoría neoevolucionista, que abanderó Leslie White, postulando que “… la dirección
global de la evolución cultural estaba determinada, en gran medida, por las cantidades
de energía que se podían captar y poner a trabajar per cápita anualmente. …” 29.
Para los defensores del materialismo dialéctico, influenciados por el aroma
comunista, la historia se dirige, irremediablemente, hacia una sociedad sin clases; por
lo que, para comprender las causas de las diferencias y semejanzas entre las
sociedades, los antropólogos no sólo deben estudiar las contradicciones sino que
deben tomar parte en las luchas que conducen hacia el progreso, o, lo que es lo
mismo, hacia el comunismo 30.
La reacción contra aquellos que pretendían convertir la Antropología en un
movimiento político destinado a la destrucción del capitalismo, vino de la mano de los
defensores del materialismo cultural 31. Postulan que la tarea de los antropólogos debe
limitarse a dar explicaciones sobre las diferencias y las semejanzas de pensamiento y
conducta que se dan entre los grupos humanos; y para ello se hace necesario estudiar
los imperativos materiales a los que viven sujetos los humanos 32. Imperativos que
surgen de las necesidades humanas de alimentos, casas, y de reproducir la población
de sus sociedades, dentro de los límites establecidos por el hábitat 33.
La sociobiología humana, otra teoría antropológica, sostiene que “…los rasgos
culturales se seleccionan en caso de que maximicen el éxito reproductivo de un
individuo medio en términos de eficacia biológica inclusiva. La selección no procede
por medio de una correlación uno a uno entre los genes y la conducta, sino mediante
la correlación entre genes y tendencias a comportarse de ciertos modos y no de otros.
… 34”.
En Francia y de la mano de Claude Lèvi-Strauss, surgió el estructuralismo, a
cuyo defensor sólo preocupan las uniformidades psicológicas que subyacen en las
aparentes diferencias entre los pensamientos y las conductas humanas. Según este
autor, la mente humana tiende a dicotomizar (por ejemplo cultura frente a naturaleza),
por lo que “…cuanto más cambian las culturas, más siguen siendo iguales, ya que
28
Ibídem. Pág. 628.
29
Ibídem. Pág. 628.
30
Ibídem. Pág. 629.
31
Ibídem. Pág. 630.
32
Ibídem. Pág. 630.
33
Ibídem. Pág. 630.
34
Ibídem. Pág. 630.
41
todas son simples variaciones sobre el tema de las oposiciones recurrentes y sus
resoluciones. El estructuralismo se ocupa, entonces, de explicar las semejanzas entre
las culturas, pero no las diferencias. …” 35.
Pero, tal vez, la principal tarea de la antropología sea el estudio y la
interpretación de los aspectos emic de la cultura estudiada. Así para muchos
antropólogos contemporáneos, entre los que me incluyo, lo verdaderamente
importantes es familiarizarse con la cultura estudiada, para finalmente, componer
interpretaciones del “otro” y su cultura que sean, como dice Harris, “…elegantes y
convincentes. …” 36.
35
Ibídem. Pág. 631.
36
Ibídem. Pág. 631.
42
1. ORÍGENES Y DOMESTICACIÓN DEL CABALLO.
(Lucrecio).
1 . 1. ORÍGENES.
37
Lucrecio: De la Naturaleza I .CSIC. Madrid. 1997. Págs. 15 y 16.
38
Abad Gavin, M: El caballo en la Historia de España. Universidad de León. 2006. Pág. 23.
43
que se extinguieron los reptiles marinos y evolucionaron los mamíferos placentarios,
apareciendo sobre la tierra los ancestros del elefante, del rinoceronte, del cerdo, del
mono y del caballo. Parece que la aparición del caballo sobre la Tierra antecedió a la
del hombre en 50 millones de años, siendo su ancestro conocido más lejano el
Hyracotherium, que tenía una alzada aproximada de 30 centímetros y 4 dedos en las
extremidades anteriores y 3 en las posteriores. Durante los períodos Eoceno,
Oligoceno, Mioceno y Plioceno, parece que perdió un dedo; y el central de los
restantes se transformó en un casco rudimentario, a la vez que los demás regresaron
hasta convertirse en vestigios que ya no podían tocar el suelo 39. Los numerosos restos
de Hyracotherium hallados en el sur de Estados Unidos parecen determinar que la
familia de los mamíferos ungulados tuvo su origen en esa zona; desde la que se
dispersaría, en dirección Norte, cruzando el todavía transitable estrecho de Bering
hacia Asia y Europa. Cuando, pasado el tiempo, las aguas cubrieron estas regiones
árticas, las poblaciones americanas y las de Asia y Europa, siguieron caminos muy
diferentes 40. El Hyracotherium, también llamado Eohippus, desapareció del continente
americano hace aproximadamente 40 millones de años, debido probablemente a
cambios de origen geológicos en los ecosistemas que habitaba 41. Pero antes de su
extinción, y a lo largo de su evolución durante millones de años, desarrolló sus
mandíbulas, en la que se produjo la clásica separación entre los incisivos y los
molares propia del género Equus 42.
Al Eohippus le siguieron el Orohippus y el Epihippus, con una estructura ósea
semejante a su ancestro, pero con una dentadura mucho más eficiente. En el Plioceno
Inferior apareció el Pliohippus, que ya era un animal ungulado, con una alzada próxima
a los 130 cms; y que en la época en que apareció el Homo sapiens evoluciono al
Equus 43. Respecto al aumento progresivo de la talla, los científicos explican que el
aumento del tamaño de los équidos, a lo largo de la evolución, es debido a que un
organismo de mayor masa corporal necesita menos alimento, en relación con el peso
del cuerpo, para mantener, por ejemplo, su temperatura corporal, por lo que puede
trabajar con más economía de medios 44.
Según estas fuentes serían estos Equus ancestrales los que dieron origen a los
tres antepasados prehistóricos, que parecen haber dado origen a los distintos tipos de
caballos con los que contamos hoy: los caballos de la estepa, los caballos de los
bosques y los caballos de la meseta 47.
1º) Respecto a su anatomía, la cabeza de la forma mesetaria, según relata
Silver, era ancha y con largas orejas, con perfil convexo y cara muy alargada; su
cuerpo era corto y robusto y lo sostenían unas delgadas patas y unos cascos largos y
estrechos; quedando en nuestros días representantes de este caballo, aparentemente
48
inalterados, como el Equus Przewalskii Przewalskii Poliakov .
2º) Así mismo, el caballo de los bosques o forestal, menos inteligente y más
pesado que el tipo anterior, parece ser el predecesor de los actuales caballos “de
sangre fría” El forestal era un animal fuerte, de cuerpo sólido y largo y con patas cortas
y robustas que terminaban en unos cascos grandes y redondos, idóneos para transitar
por terrenos pantanosos 49.
3º) Por último, respecto al caballo de la meseta, parece que su prototipo todavía
se puede encontrar en las manadas de tarpanes 50 (Equus Przewalskii Gmelini Ant.).
45
Abad Gavin, M. 2006. Opus cit. Pág. 23
46
Silver, C. 1977. Opus cit. Pág. 12
47
Ibídem. Pág. 12.
48
Ibídem. Pág. 12.
49
Ibídem. Pág. 12.
50
El tarpán es un caballo de carácter independiente, intratable y tenaz. Su cabeza es alargada
y ancha, de perfil cóncavo, con los ollares amplios y un cuello corto y robusto que parte de
unos hombros muy poderosos. Son animales muy fuertes, fértiles y extremadamente
resistentes a las enfermedades. Se dice que el último ejemplar salvaje desapareció en 1879; y
que el último cautivo lo hizo en 1887. Cuando el gobierno polaco, preocupado por la suerte del
Tarpán, recogió un determinado número de ejemplares muy parecidos al mismo y los dejó en
libertad en los bosques de Bialowlieza y Popielno, surgió la controversia en cuanto a si la raza
fue preservada o restaurada (Ibídem. Pág. 84).
45
Aquel tenía la cabeza pequeña y ancha, orejas pequeñas, ojos grandes y cara
cóncava o recta. Es mucho más estilizado que los otros dos tipos y de peso inferior.
Sus extremidades son relativamente largas y delgadas y provistas de cascos
capacitados para circular tanto por el fango de la estepa como por el suelo de los
bosques. Es muy probable que este caballo sea el antepasado de nuestros ponis
ligeros y de los ejemplares más estilizados 51.
Llegados a este estadio, ya sólo quedaba que estos caballos primitivos
colonizaran los continentes que podían repoblar. Para Abad “… Las estimaciones
apuntan a dos zonas como lugares de partida para esta repoblación, una en Mongolia,
donde se tiene constancia de la aparición de un caballo de perfil convexo al que se le
llamó Prjewalskii 52, cuyos descendientes fueron dispersándose por el sur de Asia y
África; y otra en las estepas euroasiáticas, donde se originó el Tarpán de perfil recto
que se propagó por Europa. …”53.
Pero no todos los estudiosos están de acuerdo con el origen estepario de los
caballos europeos, ya que, para Villar, algunos de ellos han creído poder distinguir dos
variedades, una propia de las estepas y otra de Europa. Respecto a la europea, sería
detectada en nuestro continente desde finales del Paleolítico, y de ella parece que
derivarían los caballos europeos del Bronce y del Hierro 54. Efectivamente, son muchos
las autores que cuentan al caballo de Przewalskii entre los ancestros de nuestros
caballos domésticos: “…Nuestros caballos derivan de otros salvajes, de los cuales vive
aún el Equus Przewalskii en las regiones fronterizas ruso-mongólicas. El tarpán
(Equus gmelini) fue el último caballo salvaje europeo y vivía todavía en el segundo
tercio del siglo pasado en las estepas del Dniéper. … 55”. Así pues, si unos, como
Abad, apuntan a los Tarpanes y a los Przewalskii como los antepasados de nuestros
51
Ibídem. Pág. 14.
52
El caballo salvaje de Mongolia es el último superviviente del tipo mesetario. Los mongoles lo
conocían con el nombre de Taki y parece, hoy día, poco probable que quede algún ejemplar en
estado salvaje. La caza intensa a la que fueron sometidos los hizo retroceder a regiones
desérticas y montañosas y hacia el corazón de China. De constitución vigorosa mide de 120 a
140 cms de alzada. Su cabeza es pesada y de perfil recto o convexo; sus crines, desprovistas
del mechón frontal son cortas y erectas. De cruz poco destacada, sus extremidades son cortas
y fuertes, terminadas en grandes casco de notable dureza. Las marcas claras abundan en su
pelaje (alrededor de los ojos y el hocico) que fluctúa desde el bayo rojizo hasta el color arena.
Tiene una gran capacidad de aguante y su frugalidad le ha permitido vivir en las inhóspitas
regiones mongolas a base de una vegetación pobre y soportando la rigurosidad de su
climatología (Hartley Edwards, E: Enciclopedia del Caballo. Ed. Blume. Barcelona.1981.Pág
72).
53
Abad Gavin, M.. 2006. Opus cit. Pág. 24
54
Villar Liébana, F: Los indoeuropeos y los orígenes de Europa. Ed. Gredos. Madrid. 1996.
Pág. 113.
55
Nusshag. W: Anatomía y fisiología de los animales domésticos. Ed. Acribia. Zaragoza 1968.
Pág.11.
46
caballos domésticos, otros, como Hartley, reducen esta posibilidad tan solo al Tarpán,
el caballo salvaje del este de Europa y el oeste de Rusia, que se extinguió en su forma
pura en el siglo pasado, pero que se ha reconstituido hoy en Polonia. Este, según
Hartley, fue el animal utilizado por todos los pueblos del este del Mediterráneo que
hacían uso del carro, desde los hititas hasta los griegos, y anteriormente, por las tribus
celtas 56; y el caballo de Przewalskii quedaría excluido como ancestro de los actuales
caballos domésticos porque “...La dotación cromosómica del caballo de Przewalskii
difiere numéricamente de la que presentan los caballos domésticos…” 57.
Contrariamente, Ridgeway opina que “…el protoárabe era un híbrido, producto
de la unión del caballo salvaje asiático, o más bien de sus descendientes domésticos,
con ciertas especies de cebras que fueron domesticadas en otros tiempos, y que
semejante cruce sólo pudo tener lugar en el norte de África. La dotación cromosómica
de un híbrido es la suma de la de sus progenitores dividida por dos. Si el “promedio”
resulta un número impar (como ocurre en casi todos los casos factibles, el híbrido es
estéril (por ejemplo el mulo). Ahora bien, en los pocos casos en que resultan un
número par, el híbrido puede aparearse con otro híbrido y de su fructífera unión nacerá
una nueva especie o, cuando menos, una subespecie…” 58. Al mismo tiempo, el autor
húngaro Miklos Jankovich ha apuntado que no se conoce la dotación cromosómica de
todos los équidos actuales, pero de todos aquellos cuyo número se conocen, existe
una especie de cebra cuyo número de cromosomas, sumados a los del caballo de
Przevalski y dividido por dos, dan un número idéntico al del caballo doméstico actual,
demostrando de este modo que en términos genéticos la teoría del origen de los
equinos de Ridgeway es perfectamente factible 59.
A los autores que conceden a los caballos de Przewalski y al Tarpán el papel
de ser ancestros de nuestros caballos domésticos se suman estudiosos como Lión,
que señala como el lugar donde fueron tomando forma los actuales caballos, al final
del Pleistoceno, a las orillas del Mar Caspio y de los lagos Aral, Balkach y Baikal,
“…cuyos descendientes salvajes nos son perfectamente conocidos por haberse
conservado hasta fines del pasado siglo [IX] y a los que se asignó el nombre de
aquellos que les descubrieron y, por primera vez, estudiaron; nos referimos al Equus
caballus gmelini Antonius, tarpán o caballo salvaje de Ucrania y al Equus caballus
przewalski Poljakof, ferus o caballo salvaje de Mongolia. Ellos son, por tanto, los
56
Hartley Edwards, E. 1981. Opus cit. Pág. 14.
57
Ibídem. Pág. 14.
58
Ibídem. Pág. 18.
59
Ibídem. Pág. 18.
47
únicos elementos con que tendremos que contar para el estudio del origen de las
actuales razas caballares. …” 60.
El Tarpán pervivió en las praderas de Ucrania hasta que se extinguió, en 1876;
pero antes había sido domesticado por las tribus de lenguas arias, dando lugar a dos
tipos de caballos diferentes morfológicamente: arios (procedentes de la zona más
templada y meridional de Rusia) y célticos (procedentes de la zona más septentrional
y fría), que conservan más parecido con el auténtico Tarpán 61. A su vez, el Przewalski
fue domesticado en las montañas de Kobdo (Mongolia) por las tribus de la zona; y
cuando ambos caballos se expandieron hacia la zona central, la realidad nos
presentaría una extensa región esteparia próxima al lago Balkach, habitada por
caballos descendientes del cruce de ambas subespecies, en los que los caracteres
dominantes del Przewalski se impusieron con más o menos intensidad sobre los del
Tarpán 62. Aunque Lión sigue exponiendo que otros autores, como D´Ancona
consideran que las razas caballares domésticas actuales derivan del Przewalski o del
Tarpán y muy probablemente, de otro caballo ya extinguido de Europa Occidental 63,
Lión afirma, con rotundidad, que ambos caballos son los únicos équidos de los que
debemos partir para el estudiar el origen de las actuales razas de caballos 64. Por la
misma teoría que Lión se decanta Scortecci que afirma que el Eq. C. gmelini y el Eq.
C. przewalski constituyen el tronco originario del que proceden los caballos
domésticos actuales 65. Otros, como Marín, simplemente, declaran ignorar su origen:
…No se sabe cual es la forma ancestral que ha dado lugar al caballo doméstico… 66”.
60
Lión Valderrábano, R: El caballo y su origen. Introducción a la historia de la caballería.
Diputación Provincial. Santander.1970. Pág. 20.
61
Ibídem. Pág. 52.
62
Ibídem. Pág. 52.
63
Ibídem. Pág. 20.
64
Ibídem. Pág. 20.
65
Ibídem. Pág. 29.
66
Marín Correa, M: Historia Natural Marín Tomo IV. Ed. Marín. Barcelona. 1975. Pág. 381.
67
Fuentes García; F. C y otros.2006. Opus cit. Pág. 26
48
Península Ibérica y noroeste de África). Los representantes de esta primera
subespecie aparecen en la población caballar andaluza, en el antiguo caballo español
de Kladruby 68 y en el caballo bereber 69. En referencia a los caballos africanos, el autor
considera al bereber 70 como el más destacado entre aquella población “cuyo primer
descendiente fue el caballo de Iberia…” 71.
2º). Eq. c. abeli, Antonius: Caballo pesado y con gran masa, de perfil recto y
cuya alzada rondaba los 173 cms. Sus caracteres aparecen en el caballo de Shire 72 y
en el alpino de Pingau, lo que indicaría “…que en la 2ª época glaciar de grandes
tundras, extendidas por la parte sur de las Islas Británicas hasta la mitad de Europa y
norte de los Montes Alpinos, cubiertos de nieve, formaban el medio donde se
desarrolló el abeli….” 73.
3º). Eq. c. muninensis, Skorkowski: Caballo ligero y veloz, de silueta recta o
ligeramente convexa, de capa castaña, con tronco estrecho y corto, cruz saliente,
extremidades largas y una alzada de 155 cms 74. Muchos de estos caracteres,
aparecen en los caballos ligeros franceses que habitan en las regiones del Sena,
Loira y Garona 75. Para Aparicio Macarro “…el español 76 estaría cerca de éstos
caracteres…” 77.
4º). Eq. c. ewarti, Skork: Caballo ligero y sólido, de alzada próxima a los 148
cms. Su cabeza es ancha y su perfil convexo; de extremidades largas, su capa era
baya 78. “…Los caracteres de esta subespecie aparecen en la población caballar ligera
68
Caballo de origen checoslovaco y de aspecto casi idéntico al lipizzano y al español, con la
cara convexa. Con gran personalidad, es orgulloso, obediente e inteligente (Silver, C. 1977.
Opus cit. Pág. 145).
69
Fuentes García; F. C y otros. Opus cit.Pág. 26
70
El caballo berberisco procede de Argelia y de Marruecos. Tiene la cabeza larga y refinada,
con la cara recta. Sus hombros son rectos, sus cuartos traseros en declive y la implantación de
la cola es baja. Se ha utilizado a lo largo de la historia para mejorar otras muchas razas, como
el Pura Sangre Inglés, al que le dio vigor y velocidad (Silver, C. 1977. Opus cit. Pág. 140).
71
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26
72
El Shire procede de Inglaterra. Tiene una cabeza bien proporcionada, de tamaño medio y
con el perfil convexo; con la frente ancha, las orejas largas y delgadas, y el cuello largo y
arqueado. Sus cuartos traseros son poderosos y su grupa en declive. Posee gran fuerza y
vigor, siendo dócil, activo, paciente y bondadoso (Silver, C.1977. Opus cit. Pág. 212).
73
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26
74
Ibídem. Pág. 26
75
Ibídem. Pág. 26
76
De origen español, parece que su ancestro no hay que buscarlo en el caballo que
desapareció de la Península Ibérica en el Paleolítico, sino en el que volvió a la misma en la
Edad del Bronce. Su cabeza es proporcionada y su perfil subconvexo, con la nuca destacada,
tupé abundante y frente amplia y larga. Su pecho es profundo y con buen desarrollo muscular.
Es una raza ideal para la silla, con especial predisposición para la doma en sus diferentes
modalidades (Ibídem. Págs. 41, 42 y 43)
77
Ibídem. Pág. 26.
78
Ibídem. Pág. 26.
49
de Polonia 79. El biotopo estepario del 3º período glaciar del Oder y Vístula representa
el medio ambiente del origen del ewarti… 80”.
5º). Eq. c. cracoviensis. Shork: Caballo pequeño, de alzada próxima a los 139
cms. Su pelo era bayo y sus caracteres se encontrarían en el Shetland 81, Konik 82 y
poni de los Balcanes. Se desarrolló durante el 3º período interglaciar en el centro de
Europa 83.
6º). Eq. c. nordicus. Skork: Es un poni de perfil cóncavo y con una alza
aproximada de 143 cms. Esta subespecie parece que se desarrolla en el 2º período
glaciar en la tundra del noroeste europeo, preponderando esta especie en los caballos
de Islandia 84 y en los ponis de Siberia 85.
Por lo expuesto parece que “…cualquier caballo o población actual puede ser
clasificado como perteneciente a una de estas 6 subespecies, o por combinación entre
varias…” 86. Nobis, tras el estudio de los fósiles encontrados en gran parte de Europa,
desde Siberia al sur de Francia, considera al caballo de Mosbach como el más antiguo
entre las formas salvajes y le atribuye un fenotipo parecido al actual Trakehnen 87.
Primitivamente este caballo parece que poblaba toda Eurasia, pero las glaciaciones lo
aislaron en dos refugios; uno occidental, reducido, donde las condiciones ecológicas
imperantes favorecieron la disminución de su talla, y otro oriental donde un ecosistema
más favorable potenció el aumento de su alzada y el agrandamiento de su masa
79
Como el Huçul que es muy parecido al Konik. El Huçul es originario de los Cárpatos polacos.
Se cree que es un descendiente directo del Tarpán, al que se parece. Es un pony de carga y
de tiro ideal; lo utilizan los campesinos polacos en sus granjas de las regiones montañosas del
sur de Polonia. Con una alzada que va de 121 a 131 cms. su cabeza es corta (característica
común de las razas primitivas). (Hartley Edwards, E. 1981. Opus cit. Pág. 79).
80
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26
81
Originario de las Islas Shetland, de Escocia del Norte y de las Orcadas, su cabeza es
pequeña y, en ocasiones, de perfil cóncavo. Sus ojos son grandes y bondadosos y las orejas
pequeñas. Su alzada ronda el metro. Buena disposición de carácter y gran valentía, siendo de
entrenamiento fácil (Silver, C. 1977. Opus cit. Págs. 48 y 49).
82
De origen polaco su alzada fluctúa alrededor de los 130 cm. Es un pony fuerte y bien
proporcionado. Extremadamente robusto, es muy longevo y fértil. Descendiente del Tarpán,
combina la viveza y la frugalidad de éste, con una disposición amable y voluntariosa,
aprendiendo con celeridad y convirtiéndose pronto en un trabajador infatigable (ibídem. Pág.
88).
83
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26.
84
El pony islandés es pequeño y macizo, con una cabeza grande. Su alzada oscila entre 120 y
130 cms. Es una raza sufrida, inteligente, dócil, independiente y con un fuerte instinto
hogareño. Su andadura habitual es una ambladura cómoda y rápida, con la que puede cubrir
grandes distancias. (Hartley Edwards, E. 1981. Opus cit. Pág. 82).
85
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26.
86
Ibídem. Pág. 26
87
Raza originaria de Alemania y Polonia. Con un carácter encantador, activo, inteligente y leal.
Su cabeza es ancha entre los ojos y afilada hacia el hocico. Su cuello es prolongado y fuerte,
su cruz prominente y su cavidad torácica amplia. Posee unas extremidades resistentes y unos
pies excelentes. Sus movimientos son sueltos y rápidos (Silver, C. 1977. Opus cit.Pág. 154).
50
corporal. El posterior aumento físico de la forma occidental lo atribuye Nobis a la
emigración de formas orientales hacia Occidente 88. Efectivamente este caballo que
poblaría la zona euroasiática durante el Paleolítico daría lugar al Equus ferus ferus o
primitivo tronco salvaje de época mesolítica, que cuando terminó la última glaciación
formaría dos troncos o ramas, uno en Solutré (Francia), en el abrigo occidental al que
se denominará Eq. ferus solutrensis, y que otros autores denominan céltico o gálico,
con una talla entre 136 y 137,5 cm., e incluso algunas formas más pequeñas 89. La otra
forma salvaje de la Europa oriental y central, se extendía sobre todo por el sur de
Rusia. Esta forma es la que se agranda, favorecida por la benignidad del medio, dando
lugar a subespecies como el Eq. ferus gmelini, llamado posteriormente Tarpán;
caballo que se extendería después hacia el Este y, más, hacia el Oeste 90. De esta
forma caballar se han encontrado restos en el noreste de Siberia datados en el
comienzo del Mesolítico. Resumiendo, parece que a partir del Eq. ferus ferus se
formarían las subespecies salvajes de las que descenderían todas las razas
posteriores de caballos 91.
Así pues, cabría preguntarse ¿qué aspecto tendría en aquellas fechas el
antepasado de nuestro caballo? De acuerdo con los restos que han sido hallados en
los yacimientos y con las representaciones que de ellos dejaron los hombres del
Paleolítico, sabemos que no tenían mucha alzada, que su perfil era panzudo, que
tenían una cabeza voluminosa con el hocico claro, que su capa era abundante en
pilosidad y de crinera hirsuta, y que sus patas, en muchos ejemplares, presentaban
rayas al estilo de las cebras 92.
El protagonista de nuestro trabajo, y del que parece que no están nada claro sus
ancestros, pertenece, según la taxonomía de Linneo 93, al:
Reino: Animal.
Filo: Cordados.
Clase: Mamíferos.
Orden: Perisodáctilos.
Familia: Équidos.
88
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26.
89
Ibídem. Pág. 27.
90
Ibídem. Pág. 27.
91
Ibídem. Pág. 27
92
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.): El significado del Arte Paleolítico.
Ministerio de Cultura. Madrid. 2005. Pág. 110.
93
La taxonomía de Linneo clasifica a todos los animales en diferentes niveles jerárquicos,
comenzando originariamente por el reino y terminando en la especie. Nosotros nos ceñimos al
sistema linneano por ser el único que, al día de hoy, cuenta con la aprobación de la comunidad
científica universal. (Nota del autor)
51
Género: Equus.
Especie: Equus caballus 94.
1. 2. DOMESTICACIÓN.
94
Fuentes García; F. C y otros. Opus cit. 2006. Pág. 23.
95
“…lo más socorrido a la hora de ordenar la prehistoria es acogerse a la conocida
sistematización de las <edades>, que comienza con la Edad de la Piedra, una larguísima etapa
que se inicia hace más de un millón de años, en su mayor parte ocupada por un casi eterno
Paleolítico(<Antigua Edad de la Piedra>) y culminada por el revolucionario Neolítico (<Nueva
Edad de la Piedra>), a partir de hace unos ocho mil años, en que se desarrollan las primeras
culturas de pastores y agricultores. Le siguen, a partir del tercer milenio, antes de la Era, las
cada vez más evolucionadas edades del metal, en las que se escalonan la Edad del Cobre, la
Edad del B ronce y la Edad del hierro. (…) El final de la Edad del Bronce se adentra ya, en
nuestra Península y, en general, en la Europa occidental, en el primer milenio, en el que pronto
se inician las culturas de la Edad del hierro. …” (Bendala Galán, M: Tartesios, iberos y celtas.
Pueblos, culturas y colonizadores de las Hispania antigua. Ed. Temas de Hoy. Madrid. 2000.
Pág. 17 y 18).
96
López, P (Ed): El Neolítico en España. Ed. Cátedra. 1988. Pág. 341.
97
Ibídem. Pág. 341.
98
VV. AA: Animalario. Visiones Humanas sobre mundos animales. Ministerio de Cultura. 2005.
Pág. 27.
99
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 27.
100
Ibídem. Pág. 27.
52
No se sabe la época de la domesticación del caballo, aunque parece que la
domesticación de animales es un hecho anterior a la práctica de la agricultura. En la
cueva de Nerja (Málaga) en un nivel de transición de Epipaleolítico al Neolítico, ya
existe el cerdo doméstico 101. “…Normalmente en las cuevas andaluzas estudiadas, la
domesticación se extiende al buey, oveja, cabra, cerdo, perro y conejo, siendo dudoso
el caballo, que por sus escasos restos resulta difícil de asignarle un carácter doméstico
o salvaje…” 102. Así pues, si la mayoría de las especies domésticas aparecen como
tales en el Neolítico. “…La domesticación del caballo es un caso discutido, dado que
no se dispone de criterios morfológicos para distinguir entre las formas domésticas y
silvestres. La bibliografía especializada tiende a considerar que su domesticación se
produce en la Edad del Bronce y que, probablemente, no estuvo dirigida a su consumo
cárnico, sino a su utilización como animal de prestigio. …” 103.
101
Jordá Cerdá, F. y otros: Historia de España. Prehistoria. Ed. Gredos. Madrid. 1989. Pág.
155.
102
Ibídem. Pág. 155.
103
Vega Toscano, G. y otros: Historia de España 3º Milenio. La prehistoria. Ed. Síntesis.
Madrid. 2006. Pág. 130.
104
VV. AA. 2005. Opus cit. Pág. 28
105
Ibídem. Pág. 28.
106
Ibídem Pág. 28.
53
transformarlos… .” 107. Por lo tanto, parece que si el hombre consume, en este caso al
caballo, consume también domesticación, o lo que es lo mismo, su poder sobre el
animal 108, así “…aún cuando sirva también para otra cosa la acción de domesticar
contiene su propio fin, como corolario, construyendo el animal, el hombre se construye
a sí mismo, elabora su cultura, se civiliza…” 109.
Si podemos explicarnos el proceso domesticador como necesidad psíquica del
hombre, también podemos atribuir a dicho proceso causas más materialistas; por lo
que la domesticación de plantas y animales sería un invento tendente hacia la mejora
de las condiciones de vida de los humanos 110. Efectivamente, para Gordon Childe
“…la agricultura y la ganadería no aparecen como meras innovaciones conceptuales,
[…], sino como respuestas adaptativas a los problemas de subsistencias planteados
por el medio ambiente…” 111. Sin embargo, para autores como Graham Clark o Eric
Higgs “… La domesticación de plantas y animales es una adaptación ecológica,
explicable, por tanto, en términos biológicos…” 112. En definitiva, la revolución neolítica
es, para ambos, un cambio tecnológico, en el que la producción de alimentos es, en
términos evolutivos, intrínsecamente superior a la caza-recolección 113.
Sin embargo, otros autores, como Sauer, parecen encontrar causas religiosas en
el proceso domesticador de los animales; así, muchos especialistas creen que los
primeros intentos de domesticación no fueron debidos a motivos económicos, sino a
motivos religiosos, que fueron los que realmente condujeron al hombre a intentar la
cría de los animales. Y una de estas razones sería, ciertamente, el totemismo, que de
forma esquematizada podríamos definir como “un sentimiento de fraternidad entre el
hombre y el animal debido, en parte, a la creencia de un origen común. …” 114.
107
Ibídem. Pág. 28.
108
Ibídem. Pág. 28.
109
Ibídem. Pág. 28.
110
López, P (Ed). 1988. Opus Cit. Pág. 14.
111
Ibídem. Pág. 27.
112
Ibídem. Pág. 28.
113
Ibídem. Pág. 28.
114
Graven, J: El hombre y el animal. Ed. Plaza & Janes. Barcelona. 1970. Págs. 56 y 57.
54
jerarquías zoológicas de sus distintos hábitats 115. Claro que si este autor apunta que
las domesticadas serían aquellas especies que ocuparan una posición inferior en el
rango de las jerarquías de las especies salvajes, contra esta opinión se puede
argumentar que esto no siempre es cierto, como confirma el hecho de que la liebre
sea expulsada de los ecosistemas que comparte con los conejos, y haya sido esta
última especie la elegida por el hombre para su domesticación. Este hecho puede
explicarse porque, como veremos más adelante, no sólo el rango jerárquico determina
la elección de las especies factibles de domesticar. En el caso concreto del conejo, la
elección pudo deberse, tal vez, a su elevada tasa de proliferación y al precoz
desarrollo de los gazapos.
Otro factor que pudiera determinar la domesticación de los animales salvajes es
el que va ligado a la estructura del grupo social; así los grupos particularmente
favorables para el proceso son los conformados por animales de grandes
dimensiones, como los caballos; que estén fuertemente jerarquizados, como los
grupos de los lobos, que obedecen al macho y a la hembra dominantes; y aquellos en
que machos y hembras coexisten todo el año, como los rebaños de bovinos. En
contrapartida, los grupos ligados a un territorio específico y en los cuales machos y
hembras no conviven todo el año, no son candidatos ideales para someterlos al
proceso de la domesticación 116. En los vivares de conejos, machos y hembras
conviven sin mayores problemas; por lo que el gregarismo de determinadas especies,
como el de los caballos, lobos o bovinos, al que hemos aludido antes, el de las ovejas,
o el de las cabras, parece que fue un factor de importancia a la hora de elegir las
especies domesticables.
115
Ibídem. Pág. 51.
116
Ibídem. Pág. 52.
55
No debemos dejar de considerar el factor de la rapidez, ya que los animales muy
rápidos, muy ágiles o de fuerzas físicas superiores a la del hombre deben ser
descartados de la domesticación. 117. Pero contra la rigidez de estos factores, tenemos
el ejemplo del caballo que es muy rápido y mucho más fuerte que el hombre. O el caso
extremo del elefante asiático, lento pero de gran fortaleza. Tampoco serían aptos para
la domesticación aquellos animales que son excesivamente agresivos ni los que llevan
una vida solitaria.
No menos importante que el anterior es el comportamiento sexual del animal. La
promiscuidad sexual, el dominio inmediato del macho sobre la hembra favorece la
domesticación. Por el contrario “…Es ampliamente admitido que las parejas
indisolubles que, por consiguiente, limitan las posibilidades de adaptación de los
animales son un obstáculo para nuestros proyectos. …” 118. Con un carnero pueden
cubrirse varias merinas, que, tras el apareamiento, no conservan ningún vínculo con
su pareja sexual.
El factor reproductivo no carece de importancia, de cara a la proliferación de la
especie domesticada. Los animales domésticos tienen que reproducirse, por lo
general, en espacios muy reducidos que pueden entrar en conflicto con su propia
etología; y bajo situaciones que, sin duda, los condicionan psicológicamente. Ejemplo
de ello es el gato, que no puede llevar a cabo su proceso reproductivo sino dispone de
espacio suficiente para ello. 119. Respecto a los trastornos psicológicos, sabemos que
la cautividad produce en ciertas especies trastornos endocrinos tan importantes como
para explicar su esterilidad 120.
Respecto a la relación entre los padres y su descendencia es importante hacer la
distinción entre aquellas especies que reconocen de forma innata a su prole y las que
lo hacen al comienzo de la vida y por un corto período de tiempo, ésta última forma de
reconocimiento será la única que favorecerá el proceso de domesticación 121; porque
“…si los padres no aceptan a los jóvenes cachorros sino a la vista de características
especiales muy estrictas, en particular dibujos o coloridos, esta desconfianza podrá
constituir un obstáculo importante. …” 122. Cuando la gallina acepta criar a los polluelos
de distintos colores e, incluso, a los de otras especies, como los de perdices o pavos,
es una buena candidata para el proceso domesticador. La yegua doméstica acepta sin
117
Ibídem. Pág. 55.
118
Ibídem. Pág. 54.
119
Ibídem. Pág. 56
120
Ibídem. Pág. 56
121
Ibídem. Pág. 54.
122
Ibídem. Pág. 54.
56
ninguna reticencia a su potrillo, nazca con la capa negra, castaña, alazana o pelo de
ratón. Además es condición indispensable para la domesticación de una especie que
las crías de los animales domesticables alcancen pronto su desarrollo.
Dentro de la aptitudes instintivas del animal, deseables para llevar a buen puerto
la domesticación, es necesario hacer hincapié en la distancia de huida, que para
Hedeger, es la distancia a partir de la cual el animal no tolera la cercanía del hombre y
emprende la huida 123. El hombre reduce o anula esta distancia mediante el proceso de
“amansamiento”.
El de la alimentación es otro de los factores a tener en cuenta. Sobre todo es
necesario que su alimentación sea fácil de conseguir 124, como la de los herbívoros, la
de los granívoros o la de los omnívoros, y que no entre en conflicto con la del homo
sapiens, “…por lo que no se domestican apenas las especies cuyos hábitos
alimentarios estén próximos a los de los hombres, en razón al riesgo de concurrencia;
el caso del perro y del cerdo son, a este respecto, excepciones aparentes, pues en
realidad no parecen desarrollarse más que en la medida en que se nutren sólo con los
desechos del hombre. …” 125.
Vistos los factores que condicionan la domesticación, no debemos dejar de
reseñar que los ejemplos contrarios a los señalados abundan, por lo que se hace
necesario “…alabar la prudencia de Halle cuando dice: “es necesario hablar de
tendencias antes que de imperativos absolutos”…” 126.
1. 2. 3. Períodos de la domesticación.
123
Ibídem. Pág. 55.
124
Aunque hoy pueda parecernos una tarea ardua el poder alimentar a nuestros animales
herbívoros en nuestras ciudades de varios millones de habitantes, durante aquellas épocas, el
abastecimiento lo ofrecía, con más o menos abundancia, el ecosistema a la vuelta de la
esquina. (Nota del autor).
125
Margueron, J. C: Los Mesopotámicos. Ed. Cátedra. Madrid. 1996. Pág. 114 y 115.
126
Graven, J. 1970. Opus cit. Pág. 55.
57
estadio cuando el hombre intenta domesticar el mayor número posible de animales de
una determinada especie, con el fin de crearles dependencia de él 127.
3º). Es el tercer estadio donde el hombre comienza su trabajo de selección,
esforzándose“…en acentuar los caracteres que juzga más beneficiosos. Por otra
parte, nos damos cuenta de que se lograron resultados prácticos, miles de años antes
de toda idea científica sobre la genética. …” 128.
4º). Y en el cuarto estadio, el proceso de selección avanza activamente, llegando
el ganadero a obtener un animal “…tan distinto de su antepasado salvaje, que el
acoplamiento entre unos y otros es imposible y, a la vez, resulta indeseable. En este
último período alcanza gran preponderancia toda consideración económica, la cual
condiciona la vida entera de la especie, ya sea cuantitativa y cualitativamente, tanto
por la forma como por varios importante motivos. …” 129.
Cavalli-Sforza puntualiza que la domesticación de plantas y animales, como
proceso biológico, implica modificaciones genéticas en las especies que se
domestican y de conducta en los grupos humanos, así como modificaciones en los
ecosistemas en los que se lleva a cabo el proceso 130. Si las modificaciones genéticas
que conlleva la domesticación parecen obvias, tal vez no lo sean menos las
modificaciones que se operan en la conducta del homo sapiens, que pudo descubrir
pronto “…que resulta más rentable controlar el crecimiento de los animales
comestibles que cazarlos indiscriminadamente. La prolongada convivencia de
hombres, animales y plantas en hábitats tan restringidos permitiría la acumulación de
experiencia necesaria para hacer de las prácticas de control artificial del crecimiento
de los recursos la base de un nuevo sistema económico. Por su parte las especies
domesticables se ven favorecidas biológicamente por su nuevo estatus dentro del
nicho ecológico humano, llegando a depender cada vez más de su asociación con el
hombre para asegurar su supervivencia. …” 131.
Nos parece necesario, igualmente, resaltar los cambios que se operan en los
ecosistemas sobre los que se asienta el proceso domesticador, ya que “…en efecto,
las prácticas agrícolas suponen la sustitución artificial de la flora silvestre por una o
varias especies, que el agricultor defiende de sus competidoras. El cultivo, por otra
parte, ofrece un apoyo adicional a la domesticación de los animales, a los que se
puede suministrar el alimento que ellos mismos no pueden adquirir en un entorno
127
Ibídem. Pág. 62.
128
Ibídem. Pág. 62.
129
Ibídem. Pág. 62.
130
Citado. López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 14.
131
Ibídem. Pág. 26.
58
progresivamente desertizado, permitiéndoles pastar en los rastrojos de los cultivos, e
incluso proporcionándoles parte del excedente de las cosechas […], lo que refuerza a
la larga el régimen de dependencia mutua. …” 132. Por ejemplo, cuando el hombre tala
una superficie forestal para sembrar cereales, está favoreciendo a los équidos que
prefieren el terreno desarbolado, donde proliferan las herbáceas. La domesticación
fue, con seguridad, concebida como una sustitución de la caza y con un fin
esencialmente alimentario; y en concreto la del caballo podría haber ocurrido en época
histórica o tal vez antes, cuando los hombres necesitan servirse de la fuerza animal
para el transporte; es decir, cuando los intercambios de mercancías toman una
amplitud tal que hacía necesaria la utilización de un medio más eficaz que el
transporte por medio del simple arrastre humano. …” 133.
La acción del hombre debe satisfacer, ante todo, que los animales que nos
interesa domesticar sobrevivan, tanto como individuos particulares y como especie; y
en la consecución de esa supervivencia, destaca, por su importancia, la reproducción
de esas especies, “… puesto que de ella dependen, a la vez, el mantenimiento de las
especies animales domésticas y la multiplicación y la selección de los animales en
función de las necesidades humanas…” 134.
Así, para alcanzar el estado de la domesticación, los animales requieren de
ciertos cuidados y entre los que se deben dispensar a las especies que se pretenden
domesticar, buscando su supervivencia, no es poco importante el de proporcionar a
los mismos la alimentación necesaria para que puedan desarrollarse de forma
apropiada. Otro de los cuidados imprescindibles que se han de proporcionar a la
cabaña doméstica es el de su protección contra las agresiones externas, como las de
los depredadores o las de la intemperie; o contra las que pueden provenir del propio
grupo, como, por ejemplo, los combates de los sementales por la cubrición de las
hembras del rebaño 135. Por la importancia de estos cuidados, J. Barrau considera
“…que el estadio más avanzado de esta domesticación se alcanzaría cuando algunas
de estas tres exigencias vitales no se pudieran satisfacer sin la asistencia humana, sin
la mediación del trabajo humano…” 136.
132
Ibídem. Pág. 26.
133
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 132.
134
VV. AA. 2005. Opus cit. Pág. 27.
135
Ibídem. Pág. 28.
136
Citado. Ibídem. Pág. 28.
59
Si a las exigencias de los animales candidatos a la domesticación, enumeradas
anteriormente, podemos considerarlas como vitales, no debemos dejar de mencionar
otras técnicas de relación con ellos, que tienen por objeto la familiarización y el
amansamiento o la doma de esos animales y que, por tanto, favorecerán esa
domesticación; por ello, “… en la mayor parte de los casos, este dominio representa, a
la vez, la condición necesaria y el efecto de la domesticación. Así, no se puede hacer
que se reproduzcan en cautividad, ni nutrir o conducir animales que no están
familiarizados con el hombre. Todavía menos, se les puede pedir que trabajen sin
haberles hecho sufrir previamente un adiestramiento específico, a veces muy forzado.
En el polo opuesto, el hecho de ser nutridos y manipulados por el hombre, “familiariza”
a los animales; del mismo modo, el trabajo constituye la prolongación indispensable
del adiestramiento…” 137.
137
Ibídem. Pág. 28
138
Ibídem. Pág. 29.
139
Ibídem. Pág. 29 y 30.
60
Y entre las técnicas inmateriales de sujeción de los animales, tal vez la manera
más eficaz con la que cuenta y contarían los primeros domesticadores era la
distribución de alimentos: granos para las aves de corral, sal para los herbívoros,
carne para los carnívoros; y, aprovechando la “glotonería” de los caballos, zanahorias
o sustancias dulces para ellos 140. No menos eficaz que la técnica anterior es el
contacto con los animales, mediante las caricias o la emisión de sonidos que les
resulten agradables, como los silbidos suaves. Por ejemplo, todos los criadores de
caballos conocemos la afición de los mismos hacia las palmaditas suaves, los abrazos
en su cuello, las caricias alrededor de sus ojos, o el rascado suave con los que los
agasajamos: “…la influencia que el hombre ejerce así sobre el animal es tanto más
fuerte cuando se ejerce durante el período denominado de ``impronta´´[…], (período
sensible de unas semanas o meses, según las especies, durante el cual el animal
joven se muestra especialmente receptivo a los diferentes elementos que componen
su entorno inmediato, natural y social)…” 141. Por ejemplo, en los primeros tiempos de
la relación entre hombres y caballos, aquellos descubrirían las ventajas derivadas de
no espantar las piaras para tenerlas a mano y poderlas cazar, procurando, incluso,
alimentarlas con grano para que las manadas no se alejasen; para terminar
levantando cercas que las mantuvieran cercanas a sus campamentos y, a la vez,
defendieran a las yeguas y sus crías de los ataques nocturnos de las fieras 142.
Otra excelente técnica de sujeción inmaterial es la del cambio de los líderes
naturales de los rebaños. Los primeros domesticadores sabrían beneficiarse del
instinto gregario de herbívoros, como los caballos, que los impulsa a mantenerse
agrupados y a seguir a sus líderes naturales (congéneres) o artificiales (los hombres).
Todos los criadores de caballos sabemos que para manejar una piara de yeguas (por
ejemplo para cambiarlas de cerca) sólo tenemos que conducir del ronzal a la yegua
que ocupa la cúspide de la pirámide social del grupo, a la que toda la piara seguirá sin
dificultad; pero si pretendemos llevar a cabo esta acción sin que la conductora sea la
líder, el grupo no seguirá a la que llevamos de la mano, sino que permanecerá
inamovible al lado de la líder o siguiendo las evoluciones de la misma. Conducción de
los rebaños que “…será igualmente facilitada por el cambio de los líderes naturales del
ganado (macho dominante o hembra experimentada) por sustitutos: hombres
(pastores) y/o animales familiarizados con el hombre y destinados a entrenar a sus
congéneres (carneros o machos cabríos castrados llamados coquins –pillos- en
140
Ibídem. Pág. 30.
141
Ibídem. Pág. 30.
142
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 48.
61
Francia; cabestros en España, elefantes domesticados para la captura de elefantes
salvajes en Asia del Sudeste, etc.)…” 143. Así pues cuando un ganadero distribuye
avena a sus caballos, está realizando otras labores, además de alimentarlos; está
familiarizándolos con él, logrando su apego, haciéndolos dependientes de él.
1. 2. 6. Producción de excedentes.
143
VV. AA.. 2005. Opus cit.Pág. 31.
144
López, P (Ed).. 1988. Opus cit. Pág. 13.
145
Ibídem. Pág. 32.
146
Citado. Ibídem. Pág. 32.
147
ibídem. Pág. 337.
148
Lara Peinado, F: La Civilización Sumeria. Ed. T. Gráficos Peñalara. Madrid. 1999. Pág. 13.
62
adoptar el nuevo sistema de subsistencia basado en la agricultura y la ganadería, o
dicho de otra forma, el tránsito del Epipaleolítico (Geométrico) hacia el Neolítico 149.
Sin embargo aunque los especialistas de este período parecen encontrar
ventajosas las prácticas de la ganadería y de la agricultura; otros, como Ruíz-Gálvez,
parecen dudar que fuera así, ya que, según esta autora, antropólogos y
paleopatólogos declaran que “volvernos campesinos no nos sentó nada bien. Nuestros
antepasados campesinos no sólo trabajaban más que sus abuelos cazadores-
recolectores sino que, encima, vivían peor: las infecciones se volvieron más
frecuentes; contrajeron enfermedades como las anemia y el paludismo, antes
seguramente desconocidas; descendió la calidad de la alimentación y aumentaron los
problemas de hambruna y malnutrición endémica, especialmente infantil, debido a la
pobreza en nutrientes de la mayor parte de los cultivos básicos y a la frecuencia de
años seguidos de malas cosechas; la talla media descendió en Europa occidental de
1,704 para los hombres y de 1,567 para las mujeres del Paleolítico Superior, a 1,673 y
1,541 respectivamente, para sus descendientes neolíticos. Y la tendencia, como
veremos, continuó. El desgaste dentario, las caries e infecciones bucales, se volvieron
más frecuentes, etc. La maldición bíblica “ganarás el pan con el sudor de tu frente” no
pudo ser más exacta, y las cosas no parecen que mejoraran en la Edad del Bronce.
150
…” .
1. 3. LUGARES DE DOMESTICACIÓN.
149
Sanchidrián, J. L: Manual de Arte Prehistórico. Ed. Ariel. Barcelona. Pág. 364.
150
Ruiz-Gálvez Priego; M: La Europa Atlántica en la Edad del Bronce. Ed. Crítica. Barcelona.
1988. Pág. 126.
151
Harris, M: Introducción a la antropología general. Alianza Ed. Madrid. 1983. Pág. 157.
152
El Creciente Fértil es “…un semicírculo de tierras fértiles, de regadío, adecuadas para el
asentamiento agrícola y urbano, se extiende desde Palestina hasta Mesopotamia, limitando al
sur (por el lado cóncavo) con el desierto sirioarábigo y al norte (por el lado convexo) con las
tierra altas anatólicas, armenias e iraníes. Pero, si se observa con más detalle, la realidad es
más compleja, y el entremezclamiento de las distintas zonas ecológicas está mucho más
articulado. Las tierras altas están surcadas por cuencas que reproducen en pequeño los
caracteres del Creciente Fértil, y las tierras de regadío están interrumpidas por cordilleras
menores y franjas desérticas; las propias mesetas áridas están jalonadas de oasis y surcadas
por los uadis. La discontinuidad ambiental es un rasgo estructural de Oriente Próximo, y un
dato importante desde el punto de vista histórico, porque supone que regiones con recursos y
63
otros lugares; y esto es precisamente lo que se ha cuestionado recientemente, y para
ello son varios los argumentos que se aducen, entre los que destacan la escasa
densidad de población de aquella área nuclear como para permitir una colonización de
zonas adyacentes, o la ausencia, en Europa, de indicios que testimonien los titubeos
propios de los primeros asentamientos de aquellos supuestos colonos primigenios. 153.
Aunque es de suponer que, tal vez, hubiera pequeños grupos de colonos que
transmitieran a los grupos locales los nuevos conocimientos, probablemente a través
de intercambios comerciales de productos como, por ejemplo, la obsidiana 154.
Otros autores no están de acuerdo con un único lugar como principio del proceso
domesticador y se inclinan por la posibilidad de que pudieran ser varios los puntos del
Planeta en los que se inició este proceso. Efectivamente, la domesticación de cabras,
ovejas, cerdos y vacas sería un lento proceso de experimentación, que se
desarrollaría de forma independiente en distintas regiones del mundo y, tal vez, de
forma paralela al proceso agrícola 155. Desde la Antropología, Harris se pregunta si se
domesticó primero el trigo y la cebada o se domesticaron las cabras y las ovejas, para
responderse a sí mismo que no se puede dar una respuesta categórica, porque tanto
los animales como las plantas e, incluso, la gente que dependía de ellos, formaban
parte de un único proceso 156. En esta dirección apunta también Lara Peinado cuando
puntualiza que “…en estas zonas del Próximo Oriente, junto a focos geográficos de
otros continentes, se logró la domesticación de determinados animales que irían
asociados a la caza (entre ellos el perro), así como las primeras experiencias
agrícolas, consecuencia natural, también, de la recolección de los cereales
silvestres…” 157.
1. 4. ESPECIES DOMESTICADAS.
Charles Cornevin, al final del siglo XIX, definió al animal doméstico como
“…aquél que forma parte de la casa, domus, está sometido al dominio de un dueño al
cual le da sus productos y sus servicios, se reproduce en su estado de cautiverio
voluntario y da vida a los hijos que, como él, están sujetos al dominio y servicio del
158
Citado. Graven, J.. 1970. Opus cit. Pág. 31.
159
Citado. Ibídem. Pág. 32.
160
Ibídem. Pág. 32.
161
Aydon, C: Historia del Hombre. Ed. Planeta. Barcelona. 2009. Pág. 50.
162
López, P (Ed).1988. opus cit. Pág. 344.
163
Bernabeu, J. y otros: Al Oeste del Edén. Ed. Síntesis. 1995. Pág. 85.
164
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 344.
65
campamento se les podía enseñar a seguir a un líder humano. En el caso del lobo, los
experimentos de cría que se llevaron a cabo durante muchas generaciones dieron
lugar a una especie totalmente nueva- el perro-, un animal del que cabía esperar que
no se comiese a las ovejas, y que además evitaría que fueran los lobos quienes se las
comieran. …” 165.
1. 4. 3. Domesticación de la vaca.
165
Aydon, C. 2009. Opus cit.Pág. 46
166
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 341.
167
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 84.
168
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 342.
169
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 85.
170
López, P (Ed).1988. Opus cit. Pág. 342.
66
del Neolítico 171. Algunos estudiosos defienden la posible domesticación del uro en
lugares distintos: “…todo parece indicar que la primera domesticación del uro se
realizó en el sureste de Europa hacia el 8.500[…]. En Asia Menor, basándose en la
talla de los restos también se ha identificado el buey hacia el 8.000 BP en Bucrás, pero
algunos autores retrasan su aparición hacia el 7.5000 BP. …” 172. En la Europa central
y oriental se ha constatado la utilización del ganado vacuno y del arado desde el V
milenio en adelante y los bueyes castrados desde el VI a. C.; en el Próximo Oriente se
documenta el arado desde el 3.000 a. C 173. Lo que sí parece seguro es que el buey
estaba domesticado en el V milenio a. C. y que desde ese momento se utilizó como
animal de tiro para arrastrar todo tipo de carga, como el arado o el carro; su enorme
fuerza supuso un gran avance en el transporte que hasta ese momento debía limitarse
al simple arrastre humano 174.
No fueron los caballos los únicos équidos por los que el hombre se interesó; en
Oriente el animal de transporte por excelencia fue el asno, que podría haberse
domesticado al final del Neolítico o poco después y al que los antiguos consideraban
171
Ibídem. Pág. 342.
172
Bernabeu, J. y otros.. 1995. Opus cit. Pág. 87.
173
Champion, T. y otros: Prehistoria de Europa. Ed. Crítica. Barcelona. 1996. Pág. 176.
174
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 132.
175
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 342.
176
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 85.
177
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 343.
67
inteligente y obstinado 178. El asno daría nombre a todos los équidos que vendrían
detrás, así el caballo se llamaría asno de montaña; el onagro, asno del desierto; y el
mulo, asno principesco 179. Este animal de la estepa fue pieza de caza regular en el VI
milenio a. C. en Umm Dabagyah (Irán septentrional), pero una vez domesticado se
empleaba para el transporte a corta distancia y, hasta la domesticación del camello,
para los intercambios de mercancías a larga distancia, como demuestran los textos
que citan caravanas de varios cientos de asnos 180.
Respecto al caballo, “…parece que su domesticación acontece durante el
período Neolítico, encontrando las primeras muestras de haber sido utilizado por el
hombre en los yacimientos de Umm Dabaghiyab, Hassuna, Samara y Tellas Hallaf, en
la Alta Mesopotamia. …” 181. Pero cuando el caballo parece alcanzar una importancia
capital, fue alrededor del IV milenio antes de Cristo, y sobre todo en la Edad del
Bronce 182. Y sería el pueblo hurrita, especializado en la cría y doma del caballo del que
parece que dependían para todo, especialmente para la guerra, en la que utilizaron el
carro de combate ligero, el que primero domesticó y reprodujo el caballo 183. Champion
apunta el III milenio a. C. como la fecha de la domesticación del caballo en Europa 184.
Pero adelanta un milenio esa fecha para la cuna de su domesticación: “…todas las
evidencias conservadas nos hacen pensar que éstos équidos fueron domesticados por
primera vez en las estepas del sur de Rusia a comienzos del cuarto milenio y que su
uso se extendió hacia occidente. …” 185. Evidencias de doma de caballos aparecen en
la cultura de Botai, en el norte de Kazajstán, hacia el 3.500-3.000 a. C., donde se
supone la existencia de caballos estabulados, como parecen demostrar los hoyos de
postes de corrales, las heces de caballo y los elevados porcentajes de fósforo del
suelo, que aparecieron en el yacimiento; además, se han localizado allí estrías de
bridas en siete premolares de caballos 186.
En la historia de los pueblos que viven en la estepa, esa extensión interminable
de amplios pastizales que se prolonga desde las costas del mar Negro hasta China,
destaca la relación del hombre con el caballo. En el sur de Rusia existen pruebas
evidentes de la gran revolución que estaba a punto de llegar: la domesticación del
178
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 133.
179
Ibídem. Pág. 133.
180
Ibídem. Pág. 133.
181
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 28.
182
Ibídem. Pág. 28
183
Ibídem. Pág. 28.
184
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 183.
185
Ibídem. Pág. 276.
186
Almagro-Gorbea, M: Historia militar de España. Prehistoria y Antigüedad. Ed. Laberinto.
Madrid. 2009. Pág. 42.
68
caballo; un animal esencialmente distinto a las dóciles criaturas que se estaban
domesticando en otras zonas; ya que la domesticación del mismo acarrearía
profundas consecuencias en el desarrollo posterior de la historia de la Humanidad 187.
Así, si el pequeño y resistente caballo salvaje de Asia central fue domesticado
alrededor del año 4000 a. C., y criado en grandes manadas, durante dos mil años, con
el único fin de obtener de él carne y leche, no sería hasta el 2000 a. C. cuando los
pueblos al sur del mar Caspio, en lo que hoy es el norte de Irán, inventaran la
equitación 188.
La domesticación produce profundos cambios en la anatomía de los animales,
de los que no está ausente la mano del hombre; así, en el caballo y“…a partir del
momento de su domesticación se va a producir, según opinión de diversos autores,
una gran variabilidad en la especie con profundas transformaciones plásticas, que
probablemente fueron favoreciendo el nacimiento de las numerosas razas 189 hoy
existentes, diferenciadas por las modificaciones impuestas por la mano del hombre y
por los agentes del medio ambiente en que cada raza se desarrolla. …” 190. Buen
ejemplo de la variabilidad que se produce en las especies domesticadas nos lo ofrece
la oveja, cuyos cambios morfológicos se pueden observar en los ejemplares de la fase
Bus Mordeh, en el ya citado yacimiento de Ali Kosh; así, si en principio el interés de la
cría de ovejas debió ser la obtención de su carne, con el paso del tiempo debió
producirse un cambio en la dirección de la selección, encaminado hacia la obtención
de una capa del pelo beneficiosa para la obtención de la lana 191. Profundísimos
parecen los cambios propiciados por la domesticación que, para los caballos de
Przewalski y el Tarpán, Lión nos los describe así: “…los componente neolíticos de
ambas razas iniciaron un progresivo desdoblamiento que no tendrá verdadera
importancia hasta que comenzada la domesticación del caballo por los alrededores
del año 2000 a. C. y su expansión, hacia el 1.800 a. C., arriben al Asia Meridional y
Occidental, Europa y África; desdoblamiento en el que influyó muy decisivamente la
profunda modificación experimentada por los caballos en su organismo como
consecuencia del violento cambio que en sus vidas representó la domesticación.
187
Aydon, C. 2009. Opus cit. Pág. 64.
188
Ibídem. Pág. 197.
189
Para Clutton-Brock, raza “…es el producto de un proceso de selección artificial de
caracteres, que no necesariamente responden a una estrategia para su supervivencia, sino que
se favorecen por el hombre por razones económicas, estéticas o rituales, o porque aumentan el
status social del propietario. …” (Citado. Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 28).
190
Ibídem. Pág. 28.
191
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 84.
69
…” 192. Entonces, la introducción de la equitación propiciaría un cambio de estrategia
en la cría de los caballos, dejándose de valorar factores como la cantidad de leche que
las yeguas eran capaces de producir, para apreciar sobremanera cualidades como su
resistencia, su velocidad o su capacidad de maniobra 193. Modificaciones que afectaron
no sólo al organismo de los animales sino también a su comportamiento; cambios
favorecidos, sin duda por la inevitable selección artificial; por ejemplo, respecto al
caballo, cuando el hombre eliminaba, utilizando como alimento, a aquellos caballos
que por falta de nobleza resultasen menos útiles o más incómodos de manejar, pudo
sustituir con los caballos de buen carácter a los pesados bueyes que arrastraban sus
carretas desde que, procedente de Mesopotamia, llegara la rueda a las estepas 194.
Así, si el caballo fue criado, en un principio, como fuente de proteínas, sus
criadores se dieron cuenta que ese animal servía para mucho más que para saciar su
hambre. Así, parece que “…Ya en torno al 4000 a. C., los nómadas de Europa oriental
y de Asia central habían logrado domesticar caballos, pero durante mucho tiempo
éstos constituyeron únicamente una fuente de alimentación. Abastecían de carne y de
leche al grupo, pero a sus primeros propietarios no se les habría ocurrido la
posibilidad de cabalgar sobre ellos igual que no se les habría pasado por la cabeza la
idea de cabalgar sobre una vaca. …” 195.
Cuando las gentes del norte de Irán, se decidieron a desplazarse sobre ellos,
pronto se percataron de lo útil que sería su utilización en las batallas, de forma que la
tradicional práctica de criar caballos que fueran fáciles de manejar se invirtió pronto,
para criar animales que fueran fuertes y rápidos. Así, antes de 1500 a. C., las tropas
de caballería pasaron a ser un componente de gran importancia en los ejércitos de
toda la media luna fértil; caballeros que comenzaron a inspirar terror en las
comunidades campesinas, desde Europa Oriental hasta el occidente de China 196.
Además, como la hierba era un don que la naturaleza regalaba a estos pueblos en
abundancia, estas gentes no tenían dificultad para mantener grandes manadas de
caballos que criarían en función de su velocidad y resistencia para el trabajo.
Por otra parte, tener que vivir a lomos de sus caballos implicaba también que
todos los hombres, mujeres y niños fueran jinetes en potencia, que pudieran ponerse
en movimiento en cualquier momento 197, por lo que “…el caballo abrió un amplio
abanico de posibilidades a los pueblos nómadas, entre ellas el saqueo de riquezas y la
192
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 23.
193
Aydon, C. 2009. Opus cit. Pág. 197.
194
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 48.
195
Aydon, C. 2009. Opus cit. Pág. 80.
196
Ibídem. Pág. 80.
197
Ibídem. Pág. 80.
70
captura de prisioneros mediante nuevas estrategias bélicas basadas en la velocidad.
…” 198. La importancia de la domesticación del caballo fue tal, que si no fue la causa
determinante de que los pueblos nómadas de las estepas se pusieran en marcha para
conquistar Occidente, al menos, no cabe duda de que favoreció esa conquista. Hecho,
el da la domesticación, que Lión sitúa en el Neolítico y “…cercano al año 2000 a. C.
antes del cual “nada induce a pensar que hubiese sido utilizado ni como animal de tiro
ni, mucho menos, como animal de silla”, y a partir del cual le encontramos,
exclusivamente, enganchado al carro de guerra. …” 199.
Cabría preguntarnos cuáles fueron las causas que incitaron a estos pueblos
orientales a trasladarse hacia Europa. Parece que los pueblos de las estepas, desde
Hungría hasta Mongolia habitaban en viviendas fijas y practicaban la agricultura 200,
ambos aspectos incompatibles con el nomadismo; pero al final del tercer milenio o
principios del segundo parece que se produjo una profunda alteración en el clima que
empujó a los habitantes del Ártico hacia el Sur, donde entraron en contacto con los
mongoles, que habitaban la estepa oriental; y donde se produjo, a su vez, una gran
sequía, que dejó sin pasto la estepa y los obligó a huir para escapar de la muerte.
Pero, tan“…sólo el hecho de que estos acontecimientos hubiesen sido inmediatamente
precedidos por el perfeccionamiento del empleo militar del carro, a partir de ahora
arrastrado por caballos, pudo convertir su emigración en arrolladora conquista. …” 201.
A medida que avanzaba el proceso domesticador se iba depurando la técnica de
la equitación e incorporando nuevos descubrimientos que harían más eficientes los
servicios que el caballo prestaba a su dueño. Por ejemplo, la combinación del caballo
y los metales posibilitó la existencia del carro de guerra ligero. “…Entre los años 2000
a. C. y 1500 a. C., muchos pueblos del suroeste asiático desarrollaron distintos tipos
de vehículos que podríamos considerar carros. Pero, de entre ellos, la versión ligera
de dos puestos y dos ruedas que desarrollaron los nómadas de las estepas podía ser
considerada un arma mucho más eficaz en la batalla que los toscos carros de cuatro
ruedas utilizados por los habitantes de la llanura. Este carro ligero, en conjunción con
los arqueros a caballo que eran capaces de disparar flechas mientras cabalgaban a
gran velocidad, revolucionó el concepto de la guerra. Los ejércitos ahora podían
trasladarse rápidamente a lugares muy retirados, lanzando ataques contra ciudades
desprevenidas con una superioridad que resultaba hasta el momento inimaginable.
198
ibídem. Pág. 198.
199
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 50.
200
Ibídem. Pág. 53.
201
Ibídem. Pág. 53.
71
…” 202. Estas gentes de las estepas, y en concreto el pueblo chino, nos regaló la
equitación, la idea del carro y otro invento de no poca transcendencia: el estribo 203. De
aquella zona parece proceder el arnés con una cincha pectoral o barriguera, que llegó
hasta nosotros hacia el 200 a. C. y que facilitó enormemente la tarea de arrastre de
carros. Posteriormente, en el siglo I a. C., los chinos volvieron a incrementar aún más
la capacidad de trabajo de los caballos de tiro, al idear la collera que todavía utilizamos
para los enganches; dispositivo que no se vería en Europa hasta pasados mil años y
cuyo desarrollo no sólo revolucionaría el transporte terrestre sino que impulsaría
sobremanera la productividad de la agricultura china 204.
202
Aydon, C. 2009. Opus cit. Pág. 81.
203
Ibídem. Pág. 91.
204
Ibídem. Pág. 134.
205
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 51.
206
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 350.
207
Ibídem. Pág. 349.
208
Ibídem. Pág. 352.
209
Ibídem. Pág. 352.
72
carga y monta, ya que en nuestra península no existen suficientes datos que permitan
asegurar que en épocas anteriores había sido domesticado 210.
Pero la domesticación de équidos ¿llegó a España desde otros lugares o surgió
independientemente en nuestro país? Según Uerpemann, el conocimiento de la
domesticación de los équidos pudo llegar del Oriente Próximo, donde ya se practicaba;
pero, por otra parte, la posible domesticación de este animal en la península se
deduce del hecho de que los restos encontrados se hallan en un biotopo distinto al
suyo natural 211. No debemos, por tanto, dejar de señalar que son varios los
yacimientos españoles en los que parece constatarse la temprana domesticación de
los caballos, por lo que no debemos descartar, como posible, que “…la domesticación
del caballo habría comenzado en la Península antes que en Europa central y de
manera independiente con respecto a los centros de domesticación del este de
Europa. Es una posibilidad que debe ser confirmada cuidadosamente en razón de su
importancia. …” 212, sobre todo si tenemos en cuenta la ausencia del agriotipo del
mismo 213.
La idea de la Península Ibérica como centro independiente de domesticación de
los caballos no es nada nuevo. En efecto, Antonius fue uno de los primeros en apuntar
que en España pudo haber existido un centro de domesticación independiente y en los
años 1938, Ángel Cabrera, y en el 1944 Skaffe, apoyaron de nuevo esta idea 214.
Parecen apoyarse en el descubrimiento por el abate Breuil de unas pinturas en Sierra
Morena, pertenecientes al Neolítico, en las que aparecen tres seres humanos
desnudos, un hombre y dos mujeres, que conducen un caballo cada uno, ayudados
por una cuerda. Es de resaltar que tanto los caballos como los hombres tienen una
expresión tranquila, que excluye una escena de caza 215.
En cuanto a otras regiones españolas, los distintos yacimientos arqueológicos
constatan la presencia de restos de caballos desde el Paleolítico al Neolítico pero,
probablemente, de especímenes salvajes, que se cazaban para destinarlos al
consumo humano. La única excepción dudosa, que debemos reseñar, es la de
Botiquería de los Moros, en la que los restos del caballo hallado en el nivel
210
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J: Historia de España. Prehistoria. Ed. Espasa
Calpe. Madrid. 2004. Pág. 189.
211
López, P. (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 352.
212
Ibídem. Pág. 352.
213
Ibídem. Pág. 352.
214
Graven, J. 1970. Opus cit. Pág. 71.
215
Ibídem. Pág. 71.
73
perteneciente al Epipaleolítico, “…indican un tipo evolucionado, algo menor, pero
similar a los del Magdaleniense final o Aziliense. …” 216.
216
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 364.
217
Graven, J. 1970. Opus cit. Pág. 141.
218
Ibídem. Págs. 141 y 142.
219
ibídem. Pág. 144.
74
aunque en el caso del caballo, este cambio fisiológico no parece haberse producido; la
yegua actual pare todos los años, mientras que sus ancestros paleolíticos lo hacían
cada dos años. A esto debemos añadir que si las hembras del Paleolítico alcanzaban
una edad reproductiva de 16 años, las de hoy pueden sobrepasar los 25 años de
producción 220.
No menos importantes que las variaciones fisiológicas son las relativas a la
psique o al comportamiento de los animales domésticos, por lo que, tal vez, el hombre,
a lo largo de su relación con el caballo y aunque todavía no hubiese descubierto la
equitación, eligiese como reproductores a aquellos animales que fuesen más dóciles y,
por lo tanto, de más fácil manejo.
220
Gamble, C: El poblamiento paleolítico de Europa. Ed. Crítica. Barcelona. 1990. Pág. 125.
75
76
2: EL CABALLO EN LA PREHISTORIA Y EN LA EDAD
ANTIGUA.
(Ovidio).
2. 1. INTRODUCCIÓN.
221
Ovidio: Fastos (Ed. de Marcos Casquero, M. A.). Editora Nacional. Madrid. 1984. Pág.177.
222
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 82.
223
Ibídem. Pág. 82.
224
Gamble, C. 1990. Opus cit. Pág. 120.
225
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 231.
77
competir para su obtención, como, por ejemplo, la hiena que era el principal
depredador de las manadas migratorias de caballos 226.
Es probable que todos los animales, por encima de una talla mínima, hayan sido
consumidos por el hombre en la Prehistoria; unos mediante la caza y otros, como los
grandes vertebrados hasta la aparición de los útiles de caza, mediante las prácticas
carroñeras 227. Pero, tal vez, el hombre sólo pudo dominar verdaderamente la gran
fauna desde finales del Paleolítico y justo en el momento en el que dispuso de objetos
cortantes suficientemente largos y resistentes y de armas arrojadizas eficaces.
Período a lo largo del cual las piezas cazadas están constituidas principalmente por
mamíferos de tamaño pequeño o medio, como los ungulados que viven en rebaños,
los ciervos, los renos, las cabras montesas, o los caballos, que constituyen la gran
mayoría de los fósiles conocidos en la actualidad 228. Buena prueba de ello son los
abrigos de Selva Pascuala (Villar del Humo, Cuenca) y El Polvorín (Puebla de
Benifasar, Valencia) en los que aparecen équidos lanceados 229.
226
Ibídem. Pág. 122.
227
Garanger, J (Ed): La prehistoria en el Mundo. Ed. Akal. Madrid. 2002. Pág. 122.
228
Ibídem. Pág. 122.
229
Delgado Linacero, C: Juegos Taurinos en los albores de la Historia. Ed. Egartorre libros.
Alcobendas (Madrid). 2007. Pág. 72.
230
Encinas Guzmán, M. R: Apuntes de Antropología Físico-Biológica. Universidad de
Extremadura. Curso 2002-2003.
231
Marvin Harris cita a Butzer, advirtiendo que estos términos son tan polémicos que deberían
dejar de utilizarse (Citado por Harris, M. 1983 opus cit. Pág.102.).
232
Ibídem. 1983 Pág.102.
233
Ibídem. Pág. 400.
234
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág.197.
78
interglaciares, más cálidas; y, por último, fauna banal, que es aquella que es
indiferente al clima 235. El caballo pertenece a este último grupo. Claro que aunque el
caballo sea una especie más o menos inmune a las condiciones relativas a las
temperaturas, ello no quiere decir que factores ambientales como la cubierta de nieve
o la disponibilidad de alimento, en invierno, no afectaran a su ciclo biológico 236. El
caballo, junto con otras especies, como los grandes bóvidos, los cérvidos, los jabalíes
y los grandes carnívoros, aseguraron la permanencia del reino animal durante el
Pleistoceno 237.
Durante el Cuaternario parece que había una gran pluralidad de paisajes, por lo
que podemos suponer que la fauna era tan variada como variados eran los distintos
hábitats planetarios que podían ser habitados por el hombre y por las diferentes
especies de animales que dependían de la variedad de los ecosistemas, a los que,
lógicamente, debían adaptarse. 238. Ecosistemas dependientes, además de a los
accidentes del terreno, a las diferentes zonas climáticas. Y en Europa, podemos
distinguir cuatro zonas principales:
1º) Zona atlántica, que caracteriza el clima marítimo de la costa oeste, con
veranos frescos e inviernos suaves y muy lluviosos.
2ª) Zona de Europa central y oriental, que disfruta de un clima continental
húmedo propiciado por la masa de tierra asiática, parecido al de la Europa costera
occidental y con inviernos extremadamente fríos.
3ª) Zona norte de Europa, donde hallamos características subárticas, con
veranos cortos y frescos e inviernos largos y fríos.
4ª) Zona de la Europa mediterránea, donde el clima se caracteriza por veranos
calientes y muy secos e inviernos suaves y lluviosos 239.
Esta última región, sobre la que más tarde se asentaría el corazón del Imperio
Romano se caracteriza por una vegetación arbórea capaz de soportar las prolongadas
sequías veraniegas, tales como la encina, el alcornoque, el olivo, el castaño y el
ciprés. Esta climatología mediterránea impuso el cultivo de los cereales, que podían
crecer durante los inviernos húmedos y suaves y ser cosechados en primavera. Con
los distintos animales, adaptados a diferentes condiciones ambientales, vivieron los
caballos, adaptados, a su vez, a las condiciones que les proporcionaban las llanuras
herbáceas y los, posteriormente, domesticados rastrojos.
235
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 82.
236
Gamble, C. 1990. Opus cit. Pág. 127.
237
Garanger, J (Ed). 2002. Opus cit. Pág. 118.
238
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 84.
239
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 25.
79
Las especies de équidos más habituales en aquellos ambientes cuaternarios
eran: el caballo céltico o caballo de las praderas (Equus caballus celticus), el caballo
árabe (Equus caballus libicus), el caballo del bosque (Equus caballus typus), el tarpán
(Equus Przewalsky) y el asno (Equus asinus) 240. Coetáneos de estos équidos y
adaptados a los diferentes ambientes, vivía una fauna tan variada como los bóvidos:
bisonte (Bison Priscus) o el uro (Bos primigenius); los capridos: cabra montés (Capra
Aegagrus Pyrenaica) o el antílope saiga (Saiga Tartarica); los cérvidos: corzo
(Capreolus capreolus), el ciervo (Cervus Elaphus), el gamo (Dama dama), el alce
(Cervus alce) o el reno (Rangifer Tarandus); los proboscídeos: elefante de piel
desnuda (Elephas Antiquus) o el mamut (Elephas primigenius); los félidos: león de las
cavernas (Felis leo), el lince (Felis lyns pardina) o el gato montés (Felis silvestres);
hiénidos: hiena (Crocuta crocuta); úrsidos: oso pardo (Ursus arctos) o el oso de las
cavernas (Ursus spelaeus); cánidos: lobo (Canis lupus) o el zorro (Vulpes vulpes);
mustélidos: nutria (Lutra lutra), el tejón (Meles Meles) o el turón (Mustela putorius);
esciúridos: hámster (Spermophilus citillas) o la marmota (Arctomys bobac); Castóridos:
castor (Castor fiber); lepóridos: conejo (Oryctolagus cuniculus), y arvicólidos: ratón
campestre (Arvicola terrestris) o el lemming (Myodes lemmus) 241.
240
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 83.
241
ibídem. Págs. 83 y 84.
242
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
243
Ibídem. Pág. 77.
244
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 137.
80
las condiciones de sus hábitats, por ejemplo quemando los bosques para aumentar las
áreas de pasto, no es menos cierto que dicha influencia, la mayoría de las veces,
debía ser de carácter negativo por la sobredepredación sobre los ecosistemas que
habitaban 245.
Aunque la más larga de las edades prehistóricas muestra gran diversidad local;
en general se admiten tres subdivisiones:
1º) Paleolítico Inferior, dominado por una sencilla tecnología, como bifaces sobre
núcleos y útiles sobre lascas.
1º) Paleolítico medio, con un amplio y refinado repertorio de útiles y puntas sobre
lascas.
1º) Paleolítico superior, donde aparecen numerosos instrumentos y artefactos de
marfil, hueso y asta 246.
Entre todo el elenco de piezas disponibles, parece que el bisonte, el caballo, el
ciervo y el reno fueron las cuatro: “…especies en torno a las cuales se organizaron las
estrategias de explotación del paleolítico. Fueron la solución al problema de qué comer
al que se enfrentaron las poblaciones humanas que habitaron los espacios
abiertos…” 247. Cuando por distintas causas estas especies disminuyeron en los
ecosistemas habitados, se incluyeron a la cabra montés, al alce y a otros animales
dentro de la dieta regular, justo cuando los recursos más básicos como el bisonte, el
caballo, el ciervo y el reno, escasearon 248.
Pero es evidente que para dar caza a estos animales se necesitaría una cierta
especialización; una estrategia específica, que comprendiera ojeadores, trampas e
instrumental especializado, de piedra o de madera. La caza era, además, una
actividad de riesgo cuando se pretendía matar a determinadas especies peligrosas,
por lo que requería una planificación previa y la ejecución de ese plan por grupos de
cazadores experimentados 249. De su peligrosidad nos habla el hecho de que la causa
más habitual de muerte entre aquellos homínidos eran los traumatismos, bien debidos
a accidentes de caza o a enfrentamientos entre ellos 250.
Arpones, azagayas, propulsores, arcos y flechas componían el equipo de estos
cazadores paleolíticos. Cuando los buriles perfeccionaron su potente borde y su
afilada punta, eran capaces de modelar la piedra y la madera, para dotar a las puntas
fabricadas con estos materiales y con las astas, el hueso o el marfil, de un gran poder
245
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 150.
246
Ibídem. Pág. 138.
247
Gamble, C. 1990. Opus cit. Pág. 123.
248
Ibídem. Pág. 129.
249
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 176.
250
Ibídem. Pág. 213.
81
de penetración; además, la presencia de pequeñas ranuras en los arpones facilitaba el
empleo de venenos o sustancias que potenciaban el efecto de los mismos 251. Las
azagayas se fabricaban con esquirlas de las astas de los renos y de los ciervos
machos, que quedaban esparcidas por el campo, tras las mudas invernales de éstos.
Los propulsores tenían como misión prolongar el impulso arrojadizo del brazo humano;
se sostenían por un extremo mientras que en el otro se encajaban las azagayas o los
venablos, que impulsados por una gran fuerza centrífuga, alcanzaban grandes
distancias. De asta y datados en 14.000 años de antigüedad son los de la cueva
francesa de La Placard (Charente). Con este artefacto el cazador podía buscar el
sustento en solitario al mismo tiempo que evitaba exponerse al peligro inherente a la
proximidad de las bestias 252. Alejamiento del peligro que favoreció todavía más el
empleo del arco y la flecha; procedimiento de caza que está atestiguado a partir del
Mesolítico, aunque no podemos descartar que no se utilizara en tiempos anteriores,
como parecen demostrar las posibles puntas de flecha de la cueva española de
Parpalló (Gandía, Valencia), datadas en 20.000 a. C. La flecha, más rápida y certera
que el venablo, poseía un mayor poder de penetración; además, el cazador podía
aumentar la distancia de seguridad entre él mismo y el animal, por lo que
inmediatamente pudo convertirse en el arma imprescindible de todo cazador 253. Los
arcos más antiguos se han hallado en Europa oriental y septentrional y fueron
elaborados con maderas flexibles, como la del tejo; utilizándose fibras vegetales o
tendones de animales como cuerdas; las flechas fabricadas de madera se remataban
en su extremo hiriente con una punta de silex o de obsidiana y se equilibraban en el
opuesto con unas plumas que evitaban el desvío en su trayectoria; eran las armas
favoritas de los cazadores mediterráneos debido a su eficacia 254.
Además de estas armas, tal vez, se utilizaran otros sofisticados instrumentos de
caza, como las redes; así parecen demostrarlo las cuevas paleolíticas donde se
muestran signos que tal vez representen animales atrapados en redes, como los de
Altamira, El Castillo y La Pasiega (Cantabria) 255. Otros yacimientos evidencian el
empleo de otras técnicas cinegéticas; en el de Solana de Zamborino, en la depresión
de Guadix-Baza, se han encontrado evidencias de la intervención humana en la
obtención de recursos: una fosa de paredes verticales y cinco metros de longitud, que
los estudiosos han interpretado como una trampa. Este lugar, al borde de un lago de
251
Delgado Linacero. C.2007. opus cit. Pág. 37 y ss.
252
Ibídem. Pág. 38 y ss.
253
Ibídem. Pág. 39.
254
Ibídem. Pág. 39 y 40.
255
Ibídem. Pág. 40.
82
época pleistocena, estaba conformado por estepa y bosque abierto y existen signos de
que, en aquellos lugares, se cazaban caballos, cérvidos y uros 256.
La supervivencia de los grupos de cazadores-recolectores se basaba, además
de en la recolección de vegetales, en el desarrollo de técnicas cinegéticas 257; técnicas
cinegéticas que después se aplicarían en la caza del hombre, durante el desarrollo de
las guerras. Así, el ejército tiene su fundamento en la guerra; y ésta podemos definirla
como la lucha entre individuos, bien de un mismo grupo o de grupos diferentes 258.
Ya en el Paleolítico Medio se constatan evidencias de comportamientos
violentos, en Fontechévade (Charente, Francia) y en Skhull (Monte Carmelo, Israel),
con heridas contusas e incisivas que originaron la muerte de los individuos que las
presentaban; se constata, igualmente, la existencia de proyectiles alojados en los
huesos de los individuos, como son los casos del niño de la Cueva Grimaldi (Liguria,
Italia) que presenta un proyectil alojado en una vértebra y el de la joven de la Cueva
de San Teodoro (Sicilia, Italia) que presenta una punta de flecha en la pelvis, datados
el primero en el 23.000 y la segunda en el 12.000 a. C 259.
256
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Págs. 76.
257
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 24.
258
Ibídem. Pág. 23.
259
Ibídem. Pág. 24.
260
Para la península ibérica.
83
“despiece o matanza” (kill sites) y son frecuentes tanto en África, como en Europa o
Asia.
Son pocos los yacimientos excavados en España que han aportado muestras de
fauna capturada en el Paleolítico inferior, aunque son bien conocidos los de Solana de
Zamborino (Granada), Áridos 1 y 2 (valle del Jarama) y Torralba y Ambrona (Soria).
Además, parece lógico que, en esta actividad, los hombres del Paleolítico inferior
compitieran con otros depredadores y también aprovecharan los restos de animales
muertos de forma natural o en sus combates con los de otras especies 261. Estos
últimos yacimientos españoles son dos estaciones achelenses que están situadas en
la vía natural de comunicación entre la Meseta y el valle del Ebro. En un paisaje
conformado por un ecosistema de carácter fluvial y pantanoso, durante el Paleolítico
inferior hay evidencias de que fue utilizado como cazadero, cobrándose piezas como
elefantes, caballos, ciervos, bóvidos y rinocerontes. Los restos de los grandes
mamíferos conservan signos de la intervención humana, como el descarnado y la
extracción de material óseo 262. En el de Cúllar de Baza I (Granada) encontramos al
arcaico Equus sussembornensis, junto a especies propias del paso del Pleistoceno
inferior al medio, como Equus stenonis 263. Si aquí sólo hemos citado al caballo, parece
que estos cazadores paleolíticos depredaban sobre un amplio espectro de especies de
distintos tamaños. Por citar un yacimiento, la Cueva del Castillo, ofrece un buen
ejemplo del modelo de caza diversificada en especies, tan habitual entre los hombres
del Paleolítico inferior, que comprende desde los habituales grandes animales como
rinocerontes, elefantes, uros, bisontes y caballos, hasta los medianos como rebecos y
cabras, y varios animales de talla menor como liebres, tejones o erizos 264. Por citar
otra región española, aunque los estudios de fauna llevados a cabo en Cataluña no
son muy numerosos, sabemos que desde el Paleolítico inferior al Magdaleniense, las
especies más cazadas allí, eran el caballo, el ciervo, los bóvidos, la cabra, el asno y, a
mayor distancia el jabalí, el bisonte y el conejo. En tres yacimientos catalanes
predomina el ciervo, mientras que en otros los cazadores parecían estar
especializados en la caza del caballo 265. Como vemos, entre la fauna que
proporcionaba el sustento de aquellos cazadores se encuentran grandes mamíferos, lo
que nos induce a pensar que en sus correrías cinegéticas estos cazadores utilizarían
trampas o fosas hacia las que conducirían a los animales acosados; por ejemplo se ha
261
Eiroa, J. J. 2003. Opus cit. Pág. 176.
262
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 90.
263
Barandiarán, I. y otros.: Prehistoria. Historia de España. Ed. Ariel. Barcelona 2005. Pág. 52.
264
Ibídem. Pág. 52.
265
López, P (Ed).1988. opus cit. Pág. 354.
84
sugerido que los grupos que acampaban en Solana de Zamborino (Granada) pudieron
utilizar estrategias como el incendio de matorrales para asustar y encaminar a los
animales hacia los apostaderos donde aguardaban los cazadores 266.
En Italia, en la región de Venosa, al sur de Basilicata, en un yacimiento que se
fue colmando a lo largo de Pleistoceno, se han encontrado numerosos restos de
caballos (Equus stenonis), de grandes bóvidos y de cérvidos. Los restos óseos
encontrados tenían las diáfisis muy fragmentadas, lo que parece demostrar que
habrían sido partidas por percusión; además, la presencia, en algunas de ellas, de
estrías de descarnado y de restos de raspados ha permitido pensar en la posible
existencia de labores de desollado 267. En la misma Italia, a veinte kilómetros al
Noroeste de Roma, en el yacimientos de Castel di Guido, los restos óseos
descubiertos pertenecen a bóvidos, caballos (Equus caballus) y ciervos. Cercano a
este se encuentra el yacimiento de La Polledrada, en el que los restos hallados
corresponden a grandes mamíferos, como elefantes y bóvidos y algunos restos de
caballos y de ciervos 268.
Si durante el largo período de tiempo del Paleolítico inferior, en el que vivieron el
Homo habilis y el Homo erectus el ritmo de la evolución cultural fue lento, con la
aparición del Homo sapiens arcaico, parece que ésta comenzó a dejar atrás a la
evolución biológica de los homínidos; despegue cultural que pareció producirse a partir
de hace unos 100.000 años 269. Probablemente, la diferencia entre un estadio y el otro
estribe en la capacidad para comunicarse, a través de un lenguaje plenamente
desarrollado. No obstante, no debemos dejar de reseñar que, durante aquella
larguísima etapa del Paleolítico Inferior, el género Homo había aprendido a cazar, a
construirse abrigos, y a usar el fuego 270.
2. 3. 2. Paleolítico Medio (desde hace 95.000 años hasta hace 35.000) 271.
266
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 52.
267
Garanger, J (Ed). 2002. Opus cit. Pág. 276.
268
Ibídem. Pág. 277.
269
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 136.
270
Ibídem. Pág. 141.
271
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 76.
272
Ibídem. Pág. 76.
85
en Europa. Contra lo que se ha venido creyendo hasta ahora, parece que este
homínido: “…poseía una gran habilidad para la elaboración de utensilios,
extraordinario conocimiento del medio, capacidad para la construcción o adecuación
de los lugares de habitación y buenas dotes para la caza y la recolección. …” 273. Estos
moradores de aquellos tiempos y ambientes eran cazadores y recolectores que, para
la caza, utilizaban trampas y lanzas armadas con puntas líticas. En cuanto a las piezas
abatidas, cazaban ocasionalmente grandes mamíferos, como mamuts y rinocerontes
lanudos; pero las más frecuentemente eran animales de menor envergadura, como
renos, bisontes, caballos, uros, ciervos, cabras monteses o sarrios, además de
pequeños roedores 274.
Si las técnicas de caza de los hombres de Paleolítico Inferior eran muy simples;
por el contrario, los musterienses del Paleolítico medio parece que cazaban en grupo,
ojeando a los animales, separándolos de la manada y, finalmente, abatiéndolos 275. En
el abrigo de Axlor (País Vasco), en un paisaje montuoso, situado a más de 300 m. de
altitud, en un territorio caracterizado por pendientes y cortados del terreno, debió
resultar fácil capturar grandes ungulados, asustándolos, acorralándolos u obligándolos
a despeñarse por los barrancos; además, la abundancia de bosques y de praderas en
las cercanías del yacimiento, aseguraba a los grupos que lo habitaban, una gran
variedad de recursos animales disponibles 276. Entre su variada despensa se cuentan
ciervos, cabras monteses y grandes bovinos, en grandes proporciones; y en menor
cantidad (8,9%), los caballos; le siguen, en una proporción menor, los renos, corzos,
jabalíes, liebres y conejos 277. El ciervo, para España y su región cantábrica, es una de
las capturas más abundantes; lo mismo sucede en L´Arbreda (Serinya, en la provincia
de Gerona) donde el ciervo es seguido de un asno salvaje, de los bóvidos y en menor
cantidad del caballo. Especie, esta última, que sin embargo es la más representada en
el Duc de Torroella (Girona) y en Cueva Horá (Granada). En el citado yacimiento de
Axlor (Guipúzcoa) se detecta un cambio en las especies más capturadas desde los
niveles inferiores (ciervo, cabra) a los superiores (caballo, bóvidos), lo que podría
explicarse como un posible retroceso del bosque. En la cueva de Amalda, también en
el País Vasco, los restos más frecuentes pertenecen al sarrio o rebeco, pero la
273
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 197.
274
Ibídem. Pág. 197.
275
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 71.
276
Ibídem. Pág. 72.
277
Ibídem. Pág. 72.
86
equivalencia en carne proporcionada por bóvidos, ciervos y caballos, supera a la de
aquellos 278.
Además del riesgo que entrañaba la caza, estos hombres del Paleolítico Medio
debían superar el hándicap que suponía defenderse de los numerosos y peligrosos
grandes depredadores, como leones, leopardos, osos, hienas y lobos 279. Aunque el
Paleolítico Medio europeo esté ampliamente relacionado con los neandertales, en
otros lugares este período se asocia a otros Homo sapiens arcaicos, que serían los
que en su transición hacia el moderno Homo sapiens, impulsarían el despegue cultural
de la humanidad 280.
Parece que fue durante el Paleolítico Superior, para España entre el 35.000 y el
12.000 a. C. 282, cuando tuvo lugar la expansión y el predominio del Homo sapiens
sapiens 283. Los modos de vida de los hombres de esta etapa variaron notablemente,
respecto a tiempos anteriores, a causa del mayor desarrollo tecnológico en las
industrias líticas y óseas, de la organización de los grupos y del perfeccionamiento de
las estrategias de caza 284, pero continuaron practicando la caza, la pesca y la
recolección 285.
En la Europa del Este, por citar algún ejemplo, los hombres paleolíticos de
Mezin-Menziric construían sus cabañas con los huesos de los grandes animales que
habían consumido, como los del mamut, que era el animal predominante,
acompañados de los de otras especies, como, en particular caballo y reno, pero
también rinoceronte lanudo, bisonte y oso 286.
Modos de vida evolucionados que llegaron de la mano del mayor desarrollo de la
inteligencia que “…procuró avances como la habilidad tecnológica y amplió la cultura
humana, generando el arte, la lengua y la religión. La evolución cultural, según este
punto de vista, depende de la evolución biológica y en particular del desarrollo del
cerebro. …” 287. Claro que la evolución cultural dependiente de la biológica no es la
278
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Págs. 126 y 127.
279
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 197.
280
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 143.
281
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 76.
282
Ibídem. Pág. 76.
283
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 201.
284
Ibídem. Pág. 213.
285
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 149.
286
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.).2005. Opus cit. Pág. 31.
287
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 33.
87
única causante del cambio en este período, sino que ésta evolución cultural debe ser
entendida como el resultado de la interconexión de muchas variables, como las del
hábitat, la subsistencia, la demografía y la organización del grupo 288.
Llegados los hombres a este estado de desarrollo, la caza del Paleolítico
Superior ha sido presentada por algunos especialistas como una actividad colectiva,
que había que organizar minuciosamente y que requeriría coordinación por parte de
los cazadores más avezados en la actividad 289. Parece que estos cazadores
paleolíticos eran buenos conocedores del hábitat en el que se movían y de la fauna
que lo habitaba, conociendo sus costumbres, sus migraciones y su época de cría. Por
ejemplo, en yacimientos del norte de España y de Francia está documentada la caza
de ciervas con sus crías, lo que demuestra un perfecto control de la biología de la
fauna 290.
El instrumental de piedra y de hueso del período muestra una gama muy
variada de tipos de proyectiles e instrumentos para la caza y la pesca. Muchos de
estos útiles estaban diseñados para ser utilizados guardando la distancia con el
animal, mediante el empleo del propulsor y del arco, que parece que fueron
instrumentos decisivos para la economía paleolítica, al minimizar los riesgos de la
caza, con la modalidad de tiro a distancia 291. Quizá, el desarrollo de la inteligencia
propició la utilización de un utillaje cinegético más sofisticado, cuando se realizaban
labores cinegéticas. Parece que en el Paleolítico Superior se inventó el propulsor, que
permitió mayor alcance y más precisión en la técnica predatoria. Pero tal vez “…fue la
invención del arco, en el Solutrense o Magdaleniense, una de las mejoras técnicas
más destacadas de la humanidad, hasta el punto de haberse convertido en un
elemento de referencia para las sociedades tradicionales y en un valor mitológico
asociado a la caza, la fecundidad y la virilidad, llegando al mundo clásico como
atributo de Cupido, Venus y los tutti Apolo y la cazadora Diana. …” 292.
Con respecto a etapas anteriores, la actividad depredadora de estas poblaciones
incluiría modificaciones, como la progresiva especialización cinegética, la captación
del sustento en los aledaños de los yacimientos y la utilización de recursos poco o
nada explotados hasta entonces 293, aunque no dejarían de moverse en busca de los
rebaños migratorios, cuyas costumbres parece que no ignoraban. Estos campamentos
de caza, ubicados en las vías migratorias, se caracterizan por la aparición exclusiva de
288
Ibídem. Pág. 34.
289
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 213.
290
Ibídem. Pág. 213.
291
Ibídem. Pág. 213.
292
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 24.
293
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 156.
88
los restos óseos de las especies que eran el objetivo de su caza 294, que se apresaban
con equipamiento y estrategias de caza tan diversificadas como las especies que se
querían abatir 295.
Respecto a España y, probablemente en toda la cuenca mediterránea, la
diversidad de hábitats acogería diversas especies de ungulados en sus espacios
abiertos, como caballos, uros y bisontes; en zonas de bosques, ciervos, corzos y
jabalíes; y en los roquedos, cabras monteses, rebecos y sarrios 296. En el interés
mostrado por la caza de las distintas especies influiría, entre otros factores, la cantidad
de carne y de otros recursos utilizables, como pieles o huesos, obtenidos con cada
pieza. Si tenemos en cuenta que la proporción aprovechable sobre el animal es de un
50 ó 60%, obtendrían: de un uro o un bisonte, una media de 400 kg de carne; de un
caballo, 180; de un jabalí, 120; 100 de un ciervo; 55 de un reno; 50 de una cabra
montés; 22,5 de un rebeco/sarrio; y 12,5 de un corzo 297. Por lo que podemos imaginar
que, quizás, este sería el orden de preferencia en sus capturas.
J. Altuna estudió los restos de seis yacimientos vascos, generalizando los
resultados para todo el frente cantábrico. En todos predomina la caza del ciervo; se
especializan en la de la cabra y el sarrio, en zonas de roquedos; y son siempre
escasos los restos de reno, jabalí, caballo y corzo. Aunque estos cazadores parecen
decantarse por los animales adultos, no desdeñan las crías de caballo (potrillos de
Santimamiñe) ni las de ciervo (cervatillos de Ekain) 298. Por el contrario, en otros
ambientes, como el del yacimiento del frente mediterráneo de la Arbreda (Gerona),
desde el Paleolítico medio hasta que concluye el superior, domina la caza de animales
de pradera sobre los de bosque o los de roquedo. Aquí predomina la caza del caballo,
con un 63,7 de los restos; los siguen ciervo, uro, corzo y, en menor proporción, cabra
montés, jabalí y elefante 299.
Como podemos ver, la técnica cinegética, a lo largo de las diferentes etapas
paleolíticas, se va especializando con el fin aumentar su eficacia; de modo que todas
las sociedades del Paleolítico Superior usaban, para conseguir su sustento, armas
arrojadizas eficaces y trampas 300. Armas arrojadizas que estaban guarnecidas de
puntas hirientes de silex, hueso o marfil; además en España y en el norte de África,
294
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.). 2005. Opus cit. Pág. 47.
295
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 98.
296
Ibídem. Pág. 98.
297
Ibídem. Pág. 98.
298
Ibídem. Pág. 99.
299
Ibídem. Pág. 99.
300
Gordon Childe, V: La evolución social. Ed. Alianza. Madrid. 1973. Pág. 83.
89
desde muy pronto, se utilizó el arco para lanzarlas 301. También, en algunos casos, la
situación de los campamentos, parece probar la modalidad de batidas y caza
colectiva 302. Por otra parte, hay algunos indicios de cierta especialización en la caza de
una clase particular de animales, Así, un noventa y nueve por ciento de los huesos de
una cueva croata, habitada por auriñacienses, son de oso; de mamut son los huesos
que predominan en los campamentos de Gravettia y de Moravia, en el sur de Rusia y
en la Europa central; y en Solutré, en la Dordogne, se encontraron restos de 100.000
caballos 303.
2. 3. 4. El arte en el Paleolítico.
Si en las primeras etapas, la relación del hombre con los animales era la del
cazador con su presa, o la de los competidores, por los distintos hábitats en los que
vivían ambos; posteriormente, los animales fueron aprovechados por el hombre como
fuente de materias primas para la realización de diversos tipos de útiles, y como fuente
de inspiración, para la realización de actividades estéticas y culturales 304.
Pero, ¿qué es el arte? Lo podríamos definir como la expresión material de la
belleza ideal, que tiene como finalidad satisfacer la necesidad humana de contemplar
lo bello. El arte sirve, en fin, para deleitar con la hermosura el ánimo de la persona que
lo contempla. Para Rafael Lapesa, el “…arte es la actividad espiritual por medio de la
cual crea el hombre obras con el fin de belleza…” 305. Para él… “todo ser humano, por
rudo e ignorante que sea, experimenta la necesidad de crear en forma bella sus
imaginaciones, ideas o sentimientos; esa necesidad se satisface gracias a la creación
artística. …” 306. Pero no todos están de acuerdo a la hora de definir el arte; y para
algunos estudiosos del mismo, éste ni tan siquiera existe. Es el caso del Ernest H.
Gombrich que declara que “…No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas.
…” 307.
Desde la antropología, Marvin Harris, puntualiza que para Alexander Alland, el
arte es “…un juego con la forma que produce algún tipo de transformación-
representación estéticamente lograda… .” 308. Según este antropólogo, el juego es un
301
ibídem. Pág. 82.
302
Ibídem. Pág. 83.
303
Ibídem. Pág. 83.
304
Garanger, J. (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 120.
305
Lapesa Melgar, R: Introducción a los estudios literarios. Ed. Anaya. Madrid. 1972. Pág. 7.
306
Ibídem. Pág. 7.
307
Gombrich E. H.: Historia del Arte. Ed. Alianza. Madrid. 1992. Pág. 15.
308
Harrris, M. 1983. Opus cit. Pág. 478.
90
aspecto gratificante de la actividad humana que no se puede explicar por sus
funciones utilitarias; la forma afectaría a la organización espacial del juego artístico; lo
estético apuntaría a la capacidad humana para expresar placer ante la obra de arte; y,
por último, la transformación-representación haría referencia al aspecto comunicativo
del arte 309. El artista realiza la obra de arte a imagen de ciertas formas preexistentes y
su tarea consiste en replicar dichas forma sirviéndose de elementos culturales
estandarizados, como el color, los sonidos o las formas familiares, que les son gratos
a los destinatarios de la obra 310.
Claro que si el arte es la expresión material de la belleza, todavía nos queda
definir a ésta. Platón la definía como la luz y el resplandor de la verdad; mucho más
cercano a nosotros, Esteban Moreu la definió como “…aquella virtud que tienen ciertos
objetos de causar en nuestro ánimo una emoción agradable, desinteresada, pura, que
impresiona todas nuestras facultades, y singularmente la sensibilidad y la fantasía.
…” 311. Belleza es, entonces, el apelativo que empleamos para definir el placer
espiritual que nos proporciona la contemplación de la obra de arte.
Una de las novedades con las que nos agasajaron los hombres del Paleolítico
fueron sus representaciones artísticas, posibilidades estéticas que los investigadores
del siglo XIX, que las descubrieron, no podían sospechar 312. Y consideraremos
representaciones artísticas a aquellas que son originales y que fueron pensadas y
creadas para transmitir o comunicar algo, que representen un fondo simbólico y que
no se crearan con una intención meramente utilitaria 313. Por lo que consideraremos
arte a aquellas “…piezas figurativas y aquellas marcas, señales o signos repetidos
sobre distintos soportes que mantengan un mensaje codificado de carácter simbólico.
…” 314.
Pero no debemos olvidar que el arte y la tecnología interactúan con frecuencia,
por lo que, a lo largo del Paleolítico, por ejemplo, es difícil discernir dónde acaba el
arte y dónde empieza la tecnología 315.
La aparición del arte figurativo, hace aproximadamente 40.000 años, coincide
con el poblamiento del Homo sapiens sapiens, y parece ligado al progreso biológico de
nuestra especie; aunque es muy posible que las primeras manifestaciones artísticas
309
Ibídem. Pág. 478.
310
Ibídem. Pág. 482.
311
Moreu Lacruz, E: Fundamentos de cultura literaria. Ed. Católica Casals. Barcelona. 1927.
Pág. 7.
312
Tuñón de Lara, M. y otros: Historia de España. Introducción. Primeras culturas e Hispania
romana. Ed. Labor. Barcelona. 1994. Pág. 60.
313
Sanchidrián J. L. 2005. Opus cit. Pág. 31.
314
ibídem. Pág. 31.
315
Harrris, M. 1983. Opus cit. Pág. 480.
91
se sitúen en una fecha muy anterior, y que la relación que parece existir entre la
evolución cerebral del hombre y la aparición de la creación artística tengamos que
retrasarla hasta el Paleolítico Medio o incluso el Paleolítico Inferior 316. Desde la
Antropología, para Harris, “… la repentina aparición de un arte representativo y
decorativo a finales del Paleolítico Medio y principios del Superior proporciona una
nueva prueba de que el despegue cultural estuvo asociado a la transición del Homo
sapiens arcaico al Homo sapiens sapiens. …” 317. El control que los hombres del
Paleolítico Superior sobre las técnicas de fabricación de útiles, en distintos materiales,
se reflejó en el dominio de su arte ritual 318. En cualquier caso, este arte conocerá su
apogeo en la Europa Occidental durante el Magdaleniense 319.
Pero, ¿por qué pintaban aquellos hombres? El problema fundamental del arte
paleolítico es el de su significado; tal vez el tema más investigado de toda la
prehistoria y el más enigmático aún en nuestros días 320. La primera hipótesis en la que
se pensó, y que aún cuenta con muchos adeptos, es la denominada “el arte por el
arte”, que compara la mentalidad de los artistas primitivos con la de los niños, y
considera que no hay una función específica en estas manifestaciones artística, sino
que se trata de un medio de expresión por necesidad psicológica.
No obstante, la teoría más popular es la defendida por S. Reinach y H. Breuil,
que consiste en considerar que este arte tiene connotaciones mágicas para sus
autores, de tal modo que la representación de un animal propiciaría su abundancia en
el medio ambiente y su caza 321. Tal vez, las pinturas europeas del Paleolítico Superior,
desempeñarían un papel transcendental en los rituales mágicos religiosos,
encaminados a controlar los movimientos migratorios y las pautas reproductoras de los
animales representados 322; por lo que Harris afirma que la historia de la etnografía y
del arte no se pueden separar de la historia y la etnografía de la religión 323 y que arte y
religión satisfacen las mismas necesidades psicológicas 324. Posteriormente, autores
como A. Laming-Emperaire y A. Leroi-Gourhan, sostienen, tras diversos análisis, que
316
Garanger, J. (Ed). 2002. Opus cit. Pág. 404.
317
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 149.
318
Ibídem. Pág. 148.
319
Garanger, J. (Ed.). 2002. Pág. 406.
320
Vega Toscano, G. y otros. 2006. Opus cit. Pág. 105.
321
Ibídem. Pág. 105.
322
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 485.
323
Ibídem. Pág. 485.
324
Ibídem. Págs. 493 y 494.
92
los recintos donde se pintaban las obras eran santuarios “…donde los primitivos
artistas exponían una visión dual del cosmos, basados en la asociación-antagónica de
dos principios: femenino (bisontes-mujeres) y masculino (hombres-caballos)...” 325.
Este último autor creía, además, que el hombre paleolítico expresaba, mediante sus
pinturas, ideas referentes a la organización natural y sobrenatural del mundo vivo 326.
Algunos consideran la creación artística como un medio de reafirmación del
poder a través de esa representación de actividades especiales que reflejan el
prestigio social. Por ejemplo para Bertilsson, las escenas de arado, en vez de
representar los elementos normales de un culto a la fertilidad, podrían representar
elementos y expresiones de gran importancia ideológica para la sociedad local 327.
Otros consideran que al decorar sus moradas, estos hombres primitivos
pretendían domesticar sus asentamientos, al transformar el espacio natural caótico del
exterior en un espacio interior culturalmente organizado; o que estas imágenes
pretendían educar a los miembros más jóvenes del grupo, al compartir, aquellos que
ya se habían enfrentado con éxito a los problemas, sus experiencias con los
demás. 328. O era, tal vez, un mecanismo de integración social, que reforzaba la
solidaridad del grupo, al crear un entorno simbólico donde se negaba la separación
espacial entre cazadores y su presa, produciendo la ilusión de controlar la naturaleza y
aliviando las ansiedades que una caza infructuosa podía producir a sus gentes 329.
Mírcea Elíade habla “…de una solidaridad mística entre el cazador y su presa,
entendida como la capacidad del primero para ponerse en el lugar del otro, asumiendo
que la muerte es parte de la lucha de ambos por la supervivencia. Esta solidaridad
desvela el parentesco existente entre las sociedades humanas y el mundo animal.
…” 330.
Llegados a este punto, cabría preguntarse si tenían, los hombres del Paleolítico,
capacidad para experimentar placer a través de la contemplación de la belleza o si tal
vez sólo pretendían crear fórmulas mágicas que le facilitaran la captura de las piezas.
De lo que no parece caber duda es de que las creaciones estéticas de los hombres del
Paleolítico Superior instauraron una forma de expresión del universo interior de sus
artífices que hasta entonces no se conocían, reflejando no sólo su mundo circundante
sino también unas estructuras mentales capaces de transmitir ideas; la vida y la
325
Citado. Vega Toscano, G. y otros. 2006. Opus cit. Pág. 105.
326
Citado. Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 116.
327
Citado. Harding, A. F.: Sociedades europeas en la Edad del Bronce. Ed. Ariel. Barcelona.
2003. Pág. 337.
328
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.). 2005. Opus cit. Pág. 166.
329
Ibídem. Pág. 166.
330
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 29
93
muerte se plasman en figuras de animales moribundos; el peligro y la amenaza, en las
afiladas astas y colmillos de uros y mamuts; y la belleza de la Naturaleza, en las
manadas de animales como ciervos y caballos pastando en los prados 331.
Si el arte paleolítico se extiende por toda Europa, hasta Siberia y Palestina, por
el Líbano, llegando hasta África del Sur; el arte que se ejecuta sobre las rocas de las
cuevas y abrigos, restringe su área de expansión, extendiéndose por Portugal,
España, Francia, Alemania, Italia, República Checa, la Antigua Yugoslavia, Rumanía,
Rusia; siendo zonas muy ricas Portugal e Italia, pero destacando, sobre todas ellas,
España y Francia 332. Como vemos, el arte rupestre se concentra en el occidente
europeo, habiendo escasos yacimientos fuera de esa zona, aunque no sabemos si
esta circunstancia se debe a la ausencia de arte parietal en esas zonas, a que no se
ha investigado en ellas, o a si, tal vez, esa ausencia se debe a falta de conservación
de las obras 333. Sanchidrián puntualiza que geográficamente, los enclaves con arte
rupestre paleolítico se restringen a los 150 lugares de Francia; los mismos,
aproximadamente, en la Península Ibérica; cerca de 20 en Italia; 1 en Bosnia-
Herzegovina; 1 en Rumania: y 2 en Rusia; por lo que el fenómeno figurativo parietal
continúa siendo característico de la Europa suroccidental 334. Y la selección del lugar
sobre el que se ejecutaran las pinturas y los grabados irían acompañados de un ritual
cuyas normas se conservaron y transmitieron a lo largo de los tiempos 335.
Si la principal manifestación artística de aquellos primeros hombres era la
pintura, con la que cubrían el interior de sus cuevas, en Europa occidental la zona más
importante de este arte pictórico rupestre es la cántabro-aquitana; y dentro de ésta,
donde la pintura llega a su punto culminante, es en la cueva de Altamira, en Santillana
(Santander) 336. Todo el santuario fue pintado hace unos 15.000 años y en él aparecen
bisontes, caballos, ciervos, toros y cápridos, entre otras figuras 337.
En Italia contemplamos manifestaciones parietales caracterizadas por su
expresividad y repartidas de forma desigual; con la máxima concentración en Sicilia y
331
Ibídem. Pág. 27.
332
Ibídem. Pág. 109.
333
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 293.
334
Ibídem. Pág. 293.
335
Barandiarán, I y otros. 2005. Opus cit. Pág. 130.
336
Angulo Íñiguez, D: Resumen de Historia del Arte. Ed. Raycar. S. A. Madrid. 1981. Pág. 14.
337
Vega Toscano, G. y otros. 2006. Opus cit. Pág. 106.
94
en la zona meridional de la península y pocos yacimientos en el norte. 338 Ubicada en el
norte y procedente del Paleolítico Superior Inicial es la cueva del Caviglione (Liguria,
noreste de Italia) en la que aparece grabada la figura, muy parca, de un caballo 339. En
el sudeste de Italia, y probablemente del Gravetiense 340, podrían datar las pinturas de
la cueva Paglicci (Apulia) en la que aparecen tres caballos, únicamente, perfilados, sin
detalles internos, con cuerpos masivos y desproporcionados con respecto a sus
cabezas y con las extremidades apenas esbozadas 341. Estas pinturas son las únicas
aparecidas en este país, ya que las demás imágenes rupestres están confeccionadas
mediante la técnica del grabado 342.
Parece lógico que animal tan atractivo fuera escogido como modelo por los hombres
prehistóricos.
338
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 294.
339
Ibídem. Pág. 294.
340
Período más reciente del Paleolítico Superior Antiguo, 35.00 a 20.000 a. C. aprox. (Ibídem
Pág. 13).
341
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 296.
342
Ibídem. Pág. 296.
95
El tema preferido eran distintas especies de animales, seguidas de las figuras
humanas. Estos animales eran, sobre todo, los grandes herbívoros que les
proporcionaban el alimento fundamental. En las representaciones plasmadas durante
el Paleolítico, los caballos “…están casi omnipresentes en todos los lugares y etapas,
tomando sobre sí el papel del animal más número de veces plasmado. Son
identificados por la forma de la cabeza y la crinera, y obtienen convenciones
regionales y cronológicas notables. Como los équidos de crines escalonadas,
mandíbulas arqueadas y morros planos de algunos yacimientos solutrenses del
Mediterráneo. …” 343. Por tanto, el caballo es una de las especies más comunes en el
arte rupestre, destacando por el realismo de su figuración; en concreto, para la zona
cantábrica, el caballo supone aproximadamente un 22% de todos los animales
representados 344.
Claro que los animales más importantes, a la hora del aporte calórico a la
comunidad, no son los preferidos por los artistas para plasmarlos en sus pinturas, por
lo que la conexión entre los animales más representados y las presas de caza no
concuerda con los datos proporcionados por las excavaciones arqueológicas. Por
ejemplo, es notable que durante la etapa de mayor producción pictórica, el
Magdaleniense o período final del Paleolítico Superior, fuera el reno el principal
alimento de los habitantes de Europa occidental, pero, sin embargo, este animal
aparece rara vez representado, siendo más comunes animales como caballos,
bisontes y toros 345.
Para España y en las distintas regiones en las que se ha dividido su arte parietal:
cantábrica, centro, nororiental y andaluza; las representaciones zoomorfas son las
más representadas, siendo el caballo la especie estrella, seguida del bisonte 346.
Dentro de las muestras pictóricas de la Península Ibérica, en las que se representan
caballos, no podemos dejar de mencionar los de Ekain (Guipuzcoa) y los de Tito
Bustillo (Ribadesella, Asturias), en los que se cuidan especialmente los detalles de
pelaje y crines, así como las cebraduras de sus patas 347. Para el sitio de Ekain no
podemos dejar de reseñar que hay una notable divergencia entre las representaciones
pictóricas de los caballos en sus paredes (un 57,6% pertenecen a la representación
del mismo) y los restos que atestiguan su inclusión en la dieta (sólo el 0,3% de los
343
Ibídem. Pág. 234.
344
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.). 2005. Opus cit. Pág. 110.
345
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 44.
346
Vega Toscano, G. y otros. 2006. Opus cit. Pág. 103.
347
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 114.
96
restos hallados) 348; por lo que no podemos dejar de preguntarnos si ya en aquellas
fechas, el caballo era algo más que un simple abastecedor de proteínas.
Evidentemente, como apuntamos antes, no debemos olvidar que parece que no existe
una relación directa entre la importancia del animal como abastecedor de la despensa
y como modelo a representar.
Las pinturas las realizaban en las partes profundas de las cuevas, lejos de la
entrada y de la luz, debido, probablemente, a su carácter secreto 349. Y los
representados, como hemos apuntado, eran animales grandes de la fauna cuaternaria,
como bisontes, caballos, cérvidos y, más raramente, renos y mamuts 350. Los
colorantes eran pigmentos minerales que, generalmente, se encontraban dentro de las
mismas cuevas y los distintos estilos pictóricos eran muy variados, yendo desde las
sencillas figuras negras de los caballos de Pech Merle (Cabrerets, Francia) hasta los
policromados caballos de Lascaux (Valle de Vézere, departamento francés de
Dordoña); en una fase avanzada del paleolítico superior destacarán las figuras
naturalistas del Salón Noir de Niaux (Francia) 351.
Ahora bien, no todas las pinturas se resguardaban en el interior de las galerías;
por ejemplo en el Levante español, las pinturas más tardías ofrecen importante
novedades, como decorar enclaves a plena luz y con figuras humanas que aparecen
definidas y desempañando un importante papel; ahora el artista “…crea escenas de
caza, guerra y, al parecer, danzas rituales, con frecuencia de gran desarrollo. Su estilo
es mucho más esquemático. …” 352. A éstas, debemos añadir las novedosas escenas
de actividades agrícolas y pastoriles 353. Los animales representados en el arte
levantino pueden aparecer representados en solitario, en manada, paciendo, parados,
o corriendo; aunque lo normal es que formen parte de un conjunto de caza, en el que
los cazadores aparecen disparando sobre ellos (los de la Cueva dels Cavalls, en la
Valtorta); también pueden aparecer heridos o muertos (rumiante de la Tortosilla); con
348
Ibídem. Pág. 116.
349
Tuñón de Lara, M. y otros.1994. Opus cit. Pág. 60.
350
Ibídem. Pág. 60.
351
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 115.
352
Angulo Íñiguez, D. 1981. Opus cit. Pág. 15 y 16.
353
Beltrán, A: De cazadores a pastores. El arte rupestre del Levante español. Ed. Encuentro.
Madrid. 1982. Pág. 28.
97
el cuello colgante (cierva del prado de las Olivanas); o despeñándose verticalmente
(caballo de la Araña) 354.
La fauna que se representa es indiferente al clima, no apareciendo especies
ultrapirenaicas, “…cosa que tiene mucha importancia en relación con la supuesta
datación paleolítica del arte levantino. …” 355. La especie más representada es el
ciervo, al que siguen en importancia la cabra montés, el toro y el jabalí. Mucho más
raros son los équidos; y menos representados que éstos, los corzos, la gamuza, los
cánidos y las aves 356. Fuera del ámbito levantino buena muestra de los grabados al
aire libre son los de Siega Verde (Salamanca) y Foz Côa, (Guarda, Portugal) donde
una vez más están ampliamente representados los caballos 357.
Las piedras también fueron el soporte para grabar distintas figuras, como frisos
esculpidos, que representan a distintos animales. Entre éstos destaca el friso de los
caballos de Cap Blanc (Marquay, en el departamento francés de Dordoña), esculpidos
en la roca calcárea del abrigo rocoso, datado en el Paleolítico Superior tardío (15.000
a. C.) 358.
Pero el arte parietal, pintado o grabado, realizado sobre las paredes de las
cuevas no era el único. Aquellos hombres del Paleolítico también realizaban arte
mobiliar, que comprende aquellos objetos que se pueden mover o transportar,
realizados generalmente sobre materiales duros de origen animal, como hueso,
cuernos de ciervo, dientes, marfil, etc. Este arte mueble consistía en pequeñas
estatuillas realizadas, además de en materiales de origen animal, en piedras blandas
o barro cocido; los más representados son los animales, entre los que destacan los
mamuts, renos, ciervos, caballos, bisontes, etc 359. Son varios los yacimientos que
presentan este tipo de piezas, entre los que podemos mencionar La Marche (Francia),
con más de 1.500 piezas; el de Gönnersdorf (Alemania), con más de 500; pero el
yacimiento que más piezas de este tipo de arte presenta es el Español de Parpalló
(Gandía, Valencia), con más de 6.000 360. El valor fundamental de esta cueva radica en
que la secuencia cronoestratigráfica de sus piezas artísticas recorre el Paleolítico
354
Ibídem. Pág. 28.
355
Ibídem. Pág. 29.
356
Ibídem. Pág. 29.
357
Barandiarán, I y otros. 2005. Opus cit. Pág. 114.
358
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 113.
359
Ibídem. Pág. 101.
360
Sanchidrián J. L. 2005. Opus cit. Pág.117.
98
Superior en su casi totalidad, lo que permite observar, objetivamente, la evolución
artística en la zona; posibilidad imposible de llevar a cabo en otros yacimientos, ya que
si éstos contienen cientos de objetos, los mismos sólo proceden de un único
período 361.
Modelado en arenisca fue el caballo de bulto redondo, de factura muy realista y
representado en actitud de reposo, del Magdaleniense Medio de Duruthy (Aquitania,
Francia); en cambio, de marfil es el caballo descubierto en Les Espélugues (Lourdes,
Francia) 362. Esculpido en asta de ciervo y perteneciente al estrato magdaleniense es el
bastón de mando hallado en Pendo Escobedo (Camargo, Cantabria); está decorado
mediante incisión con varias cabezas de caballo, y parece que estos bastones eran
usados por el hombre del Paleolítico Superior como símbolo de jerarquía y poder 363.
De Bruniquel, Francia, procede el propulsor de azagaya trabajado en asta que
representa a un caballo corveteando 364. Del suroeste de este mismo país es el bastón
de asta de la Madeleine (Tursac, Dordoña) adornado con la figura de un caballo 365.
Este arte mueble está mucho más extendido que el rupestre, pudiéndose enmarcar en
un arco que incluiría en uno de sus extremos a Andalucía y en el otro a Siberia 366.
361
Ibídem. Pág. 153.
362
Ibídem. Pág. 146.
363
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 144.
364
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 61.
365
Ibídem. Pág. 114.
366
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 293.
367
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
368
Ibídem. Pág. 77.
369
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 250.
370
Ibídem. Pág. 250.
99
nuevas condiciones climáticas extremas, por lo que, tal vez, la idea de la extinción del
caballo en el Postglaciar no parece ser exacta, máxime cuando la especie continúa
presente hasta llegar al Neolítico; época donde continua su caza y, tal vez, se
comienza su domesticación 371.
La caza mayor reportaba el aporte proteínico más importante a los hombres del
Mesolítico. En gran parte de Europa el ciervo parece la pieza de caza más importante
durante esta etapa, sustituyendo al reno que, en general, lo fue en época paleolítica. A
aquel se unen a lo largo del Mesolítico otras especies, como el caballo, el uro, el alce,
el jabalí, el íbice y el corzo, pero cuando llegamos a finales del Mesolítico el caballo se
va rarificando en los yacimientos europeos 372. Dirección en la que apunta Bernabeu,
cuando señala el descenso de los grandes ungulados como el caballo y el uro, desde
finales del Tardiglaciar, en beneficio de las piezas del Holoceno inferior: el ciervo, la
cabra montés, el rebeco, el corzo y el jabalí 373. Para darles caza, los hombres del
Mesolítico aprovecharían las nuevas técnicas cinegéticas del arco y la flecha, que
habrían heredado de sus antepasados paleolíticos; y cuyo uso ya se habría
generalizado. “…El uso habitual del arco tuvo repercusiones de enorme importancia y
obligó a diseñar proyectiles adecuados que ya contaban con elementos de dirección y
estabilización aérea, como alerones y plumas, tal y como vemos en las pinturas
rupestres, y en los que se había cuidado la compensación del equilibrio entre el
extremo distal (punta) y el astil, para asegurar la trayectoria rectilínea de tiro tenso. A
esto se unieron otras técnicas de caza, como el lazo, la honda, las trampas, las redes,
las nasas, etc. …” 374. El arco más antiguo de los encontrados hasta el momento
procede de la turbera de Stellmoor (Hamburgo), de la cultura de Ahrensburg
(Mesolítico) y está confeccionado con madera de tejo u olmo. Parece que este arma
fue un recurso de caza habitual en el Mesolítico, como demuestran los hallazgos del
pantano de Holmgaard (isla de Zeeland, Dinamarca) 375.
En el IX milenio a. C. culminó la serie de profundos cambios ambientales que
alteraron las condiciones en las que se habían desarrollado las comunidades
cazadoras que habitaron durante la última glaciación. Su sistema de vida se vio
forzado a terminar, produciéndose nuevas y variadas adaptaciones económicas y
sociales, debidas a la modificación de los ecosistemas, al atemperamiento de la
climatología, a la expansión de los bosques y a la consecuente mayor diversidad
371
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 395.
372
Garanger, J (Ed). 2002. Opus cit. Pág. 449.
373
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 203.
374
Eiroa, J.J. 2003. Opus Cit. Pág. 250.
375
Ibídem. Págs. 151 y 152.
100
faunística 376. En líneas generales, en Europa, podemos valorar a esta etapa de
transición entre el Paleolítico y el Neolítico como una época de tránsito entre las ricas
culturas del Paleolítico superior y las del Neolítico. Por lo que, ya al final del
Epipaleolítico y a principios del Neolítico es muy posible que en un mismo territorio
convivieran dos formas opuestas de entender la existencia; frente a los neolíticos
cargados con su bagaje doméstico, los epipaleolíticos que poco a poco “…irán
asumiendo los nuevos planteamientos y comienzan a neolitizarse a través de un
proceso de aculturación en el que adoptan, al principio, la cerámica y algún animal
doméstico para concluir siendo absorbidos definitivamente, y generalizarse, hasta hoy,
el sistema campesino como base de la alimentación. …” 377.
Si algunos prehistoriadores consideran al Mesolítico como una etapa de
decadencia o degeneración cultural, debido a que durante su etapa se produjo un
intenso cambio ecológico, tal vez olvidan que durante su transcurso no cesó la
vitalidad de la innovación cultural. Así, la evolución cultural no sólo no sufrió un parón
sino que fue una época en la que se ensayaron nuevas técnicas para sacar el máximo
rendimiento a los ecosistemas alterados por los cambios naturales 378.
2. 4. 1. El arte en el Mesolítico.
376
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 127.
377
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 369.
378
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 151 y ss.
379
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 359.
380
Ibídem. Pág. 363.
381
Ibídem. Pág. 257.
101
puede identificar, pues a causa de lo esquemático de los diseños algunos de los
animales representados son difíciles de identificar 382.
La sucesión estilística entre el realismo de etapas anteriores y el esquematismo
futuro quedan patentes en distinto yacimientos, como los italianos, que si en esas
fechas proporcionan, en un primer momento, piezas con motivos realistas, pronto
comienza a notarse la coexistencia con representaciones esquematizantes 383.
382
Ibídem. Pág. 357.
383
Ibídem. Págs. 363 y 364.
384
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
385
Ibídem. Pág. 77.
386
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 274.
387
Bohannan, P. y Glazer, M: Antropología. Lecturas. Ed. McGraw-Hill. Madrid. 2001. Pág.32.
388
Ibídem. Pág.36.
389
Ibídem. Pág.36.
102
de la raza humana, ya que “…empezando de cero en conocimiento y experiencia, sin
fuego, sin lenguaje articulado y sin artes, nuestros progenitores salvajes dieron la gran
batalla, primero por la existencia y luego por el progreso, hasta que estuvieron seguros
de los animales feroces y aseguraron una subsistencia permanente. …” 390.
El estado inferior de barbarie comienza con el arte de la cerámica y finaliza con
la domesticación de los animales, en el Este. El estado medio de barbarie comienza
con la domesticación de animales y acaba con la invención del proceso de fundición
del hierro. El estado superior de barbarie dio comienzo con la manufactura del hierro y
finaliza con la invención del alfabeto fonético y el uso de la escritura 391. Este período lo
marcan cuatro acontecimientos de importancia relevante: la domesticación de
animales, el cultivo de los cereales, la arquitectura, y el proceso de fundición del
hierro.
Por último, es estado de civilización comenzó con el uso del alfabeto fonético y la
producción de literatura 392. Este período se alargaría hasta nuestros días.
Caminando desde el Paleolítico y llegados al Neolítico el arco y las flechas se
convirtieron en arma fundamental, que prolongaba la extensión del brazo humano,
multiplicando, además, su fuerza; con lo cual se podían abatir piezas más grandes,
más lejanas y más peligrosas, sin correr riesgos 393; incluido el propio hombre. La
primera evidencia, aceptada mayoritariamente, de la existencia de la guerra se halla
en el norte de Irak, en el yacimiento de Quermez Dere “…que data de
aproximadamente el 8000 a. C. […] , tiene mazas y puntas de proyectil, y otros dos
yacimientos unos 1000 años más recientes tienen un gran muro defensivo, mazas y
esqueletos asociados con puntas de flechas. Lenta e irregularmente, en los siguientes
3000 años, la guerra se extendió por Oriente Medio. En torno al 4300 a. C., en la costa
sur de Turquía, en Icel, nos encontramos con un verdadero fuerte –más que una aldea
amurallada- que fue destruido un siglo después y fue reocupado por otra población de
cultura distinta. Pero en muchos lugares donde hay señales de que la guerra estaba
presente –una maza esporádica, por ejemplo- no parece que hubiese mucha lucha
real. No hasta que el desarrollo de las ciudades-Estado en el II milenio a. C. haga que
la guerra de verdad se convierta en algo habitual. …” 394.
390
Ibídem. Pág. 53.
391
Ibídem. Págs. 36 y 37.
392
ibídem. Pág. 37.
393
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 28.
394
Souza de, P (Editor): El mundo antiguo en guerra. Una historia global. Ed. Akal. Tres Cantos
(Madrid) 2008. Pág. 17.
103
2. 5. 1. El nuevo concepto del neolítico.
395
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 273.
396
Ibídem. Pág. 273.
397
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 75.
398
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 368.
104
extremo más occidental del Mediterráneo; extensión propiciada, probablemente, por
medio de movimientos demográficos apoyados en la navegación, en los contactos y
en la trasmisión de ideas 399.
Tres fueron los ejes principales desde los que se introdujeron y extendieron los
nuevos recursos a lo largo y ancho de Europa: desde Grecia y los Balcanes, hacia el
Noroeste; desde el Mediterráneo, hacia el Oeste; y desde los Cárpatos, hacia las
estepas del Este 400. En la zona del Mediterráneo occidental, la colonización agrícola
directa se limitó, desde el comienzo o mediados del séptimo milenio, solamente, al sur
de Italia y, con seguridad, en el resto de la zona el proceso fue de cambio gradual por
parte de las comunidades locales 401. Este es el lugar en el que se desarrolló la
civilización de la Vieja Europa, que no fue uniforme en todas sus regiones pero que
tenía rasgos característicos distintos de los que luego traerían consigo los
indoeuropeos venidos de las estepas 402. Las adaptaciones económicas y sociales que
se habían llevado a cabo en el período postglaciar, durante el Mesolítico, fueron
sustituidas entre el VII y el V milenios a. C. por una economía que se basaba en el
cultivo de los cereales y en una ganadería incipiente 403. Para las culturas desarrolladas
en la cuenca mediterránea, debemos tener en cuenta que “… El Mediterráneo ha sido
el punto de unión de oriente y occidente, de África y de Europa. A través del
Mediterráneo se han difundido ideas, pueblos, plantas y animales, lo que demuestra
que los habitantes ribereños siempre han mantenido unas relaciones más o menos
estrechas pero constantes desde la Prehistoria…” 404.
2. 5. 3. Economía de subsistencia.
399
Ibídem. Pág. 368.
400
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 143.
401
Ibídem. Pág. 144.
402
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 74.
403
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 159.
404
Bernabeu, J. y otros.1995. opus cit. Pág. 163.
405
Ibídem. Pág. 91.
105
el predominio corresponde a los herbívoros silvestres, como los antílopes, los bóvidos,
y los ciervos 406.
Durante el Natufiense 407, la dieta vegetal es complementada por las actividades
de la caza especializada y variada según los distintos hábitats, así, en la áreas
costeras y en las cubiertas por la vegetación mediterránea, la especie predominante
es la gacela, mientras que las cabras y los caballos apenas tienen significación o están
ausentes; pero esta proporción se invierte si consideramos los yacimientos situados en
las áreas estépicas y desérticas, donde las cabras y los caballos son los que
presenten un mayor porcentaje de participación 408. Los équidos también están
presentes como piezas de caza en el yacimiento de Jarmo, en los Zagros iraquíes,
cuya base económica la constituía la agricultura (trigo, cebada, lentejas) y la ganadería
(cabras y en menor medida, ovejas), completándose el aporte proteínico con la caza
de bóvidos, suidos y équidos 409.
Con una agricultura y una ganadería incipientes, los humanos no dejaron de
abatir a las grandes presas que le proporcionaban su sustento, como demuestran
varios yacimientos españoles. En el neolítico antiguo catalán, los restos del caballo
aparecen en distintos yacimientos, como Cova Freda (Cobaltó), Esquerda de Ies,
Fonmajort, Cueva III de les Quimeres y Can Montmany de Pallejá 410. En el Neolítico
avanzado y para la misma región, el caballo sólo aparece en la Cova Verda 411. En el
Neolítico antiguo aragonés no aparece la domesticación de animales, como se pone
de manifiesto en Botiquería y Costalena. La caza parece basarse allí en el ciervo y el
412
conejo. . Por lo que respecta al País Valenciano, ya hemos mencionado el hecho de
la posible domesticación del caballo en época mesolítica en Cova Fosca, ya que
“…sólo el équido que se constata en el estudio de la fauna parece fuera de su biotopo
adecuado, por otro lado, pudo haber sido llevado allí con fines distintos de los
alimenticios. ..” 413. El caballo era semejante a los del Bronce 414, o sea, un ejemplar en
el que se habían operado ya los cambios derivados de la domesticación. En el
Neolítico antiguo andaluz son importantes los restos de animales salvajes, que decaen
406
Ibídem. Pág. 91.
407
“…El Natufiense toma su nombre del barraco de Natuf, donde en 1982 Garrod excavó la
cueva de Shokba, definiendo por primera vez esta industria. En la actualidad, los hallazgos
atribuibles al natufiense cubren Israel, Líbano, Siria y Jordania, alcanzando el valle medio del
Eúfrates. …”. (Ibídem. Pág. 100).
408
Ibídem. Pág. 105.
409
Ibídem. Pág. 122.
410
López, P (Ed).1988. Opus cit. Pág. 359.
411
Ibídem. Pág. 360.
412
Ibídem. Pág. 365.
413
Ibídem. Pág. 368.
414
Ibídem. Pág. 368.
106
hacia el final de esa etapa y vuelven a ser significativos al comienzo del neolítico final,
hecho que Uerpmann relaciona con el auge de la agricultura. Se constata la presencia
de ovicrápidos, la importancia del ciervo entre las especies salvajes, y la presencia del
caballo y del Equus hydruntinus 415. El caballo está presente, también, en los
yacimientos andaluces de Carigüela, Castillejos, Nerja, e Higuerón 416.
Pero los hombres de aquellas épocas tenían más preocupaciones que la de
conseguir el sustento a base de la agricultura, la ganadería o la caza de animales.
Ahora, con el nacimiento de la agricultura y la ganadería se le presentan a los Homo
sapiens sapiens, nuevos problemas; por un lado en la zonas que comparten con los
herbívoros salvajes, especialmente los ciervos, pero también el corzo, el uro y el jabalí,
los agricultores se verán obligados a eliminarlos, a fin de proteger sus campos 417; y por
el otro, deben seguir compitiendo con los depredadores, que están interesados en las
mismas piezas de caza que ellos; por lo que, por ejemplo en las culturas pastoriles, si
bien es escasa la inclinación hacia la caza de sus practicantes, se verán obligados a
defender los rebaños de depredadores como el zorro, lobo o el lince 418.
415
Ibídem. Pág. 388.
416
Ibídem. Pág. 386.
417
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 206.
418
Ibídem. Pág. 206.
419
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 367.
420
Ibídem. Pág. 367.
107
progresivamente su influencia sobre el medio natural, por lo que su acción debe ser
considerada desde ese momento como un factor morfogenético más, que influirá
profundamente en las áreas vinculadas a los lugares donde habita 421. Para Champion,
el impulso de la producción agrícola se debió a causas sociales como la búsqueda del
mayor prestigio derivado de la obtención de una gran cantidad de alimentos 422. Para
las zonas mediterráneas se constatan cambios en las estrategias de explotación del
territorio, dado que tanto la agricultura como la ganadería necesitan de amplios
espacios libres de árboles para instalar los campos de cultivo y las praderas para el
ganado. Si durante el Neolítico antiguo, los cambios detectados en la fauna y en la
flora no son de gran importancia, como indican los análisis medioambientales, que no
encuentran indicadores de degradación antrópica, durante el Neolítico medio sí que se
constatan los primeros desequilibrios. Por citar un ejemplo, en el sur de Francia y en
Cataluña se observa una reducción progresiva del bosque 423. En el Levante español y
según distintos análisis antracológicos y polínicos llevados a cabo en este lugar y en
distintos yacimientos, se señala, para la época que nos ocupa, un fuerte proceso de
deforestación, tal vez, de origen antrópico; acción del hombre que puede adivinarse
por el análisis del polen efectuado en la cueva de la Sarsa, donde se pone de
manifiesto cómo el polen arbóreo es bajo, mientras que las herbáceas están indicando
la presencia humana, señalada por determinadas plantas, invasoras de los espacios
abiertos después de la intervención del hombre 424.
Pero no sabemos por qué se produce este cambio, más o menos drástico, entre
los modos de vida neolíticos y las etapas anteriores, aunque son distintas las teorías
que tratan de explicar el origen de dicho cambio:
1). La teoría del oasis, defendida por V. Gordon Childe, R. Pumpelly y A.
Toynbee, postula que las comunidades paleolíticas y mesolíticas se vieron obligadas a
asentarse en las zonas más fértiles y abundantes en agua, ante el deterioro ambiental
producido por el cambio climático del Holoceno. En estos oasis de refugio fue donde
iniciaron el modo de vida sedentaria, que propició la práctica de la agricultura y de la
ganadería. Posteriores estudios, en especial el llevado a cabo por R. Braidwood en
Qalat Djarmo, en los montes Zagros, pusieron de manifiesto que en las vertientes de
421
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 206.
422
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 205.
423
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Págs. 186 y 187.
424
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 377.
108
estos montes, en el este de Anatolia y los territorios de levante en Siria y Palestina,
“…las comunidades mesolíticas habían iniciado el cultivo de cereales y la cría de
ganado doméstico en fechas muy tempranas y fuera de los territorios considerados
como oasis culturales. …” 425. Ante esta evidencia, hubieron de buscarse otras teorías.
2). La teoría de la presión demográfica fue defendida por E. Boresup, y postula
que las innovaciones técnicas, económicas y sociales neolíticas fueron consecuencia
de la presión demográfica, y que el espectacular aumento de la población fue
propiciado por la vida sedentaria y la necesidad de obtener nuevos recursos para el
mantenimiento de la población ascendente 426.
3). La teoría del área nuclear de R. Braidwood, que se apoya en evidencias
arqueológicas, dice que el origen del Neolítico aconteció en las áreas ecológicamente
favorables, en las que previamente existían, en estado salvaje, las especies vegetales
y animales que se domesticarían. Lugares situados, para el autor, en las tierras altas
del este de Anatolia, en las vertientes montañosas de los montes Taurus y Zagros, y
en las tierras del norte de Iraq, a las que él denomina “área nuclear” 427. Allí, según
Braidwood, se daban las premisas ecológicas y tecnológicas adecuadas para que se
iniciase el proceso, además del nivel suficiente de desarrollo cultural 428.
4). La teoría de las zonas marginales de L. Binford, K. Flanery y J. Perrot, admite
contenidos de las teorías precedentes, como el de las áreas nucleares, pero se centra
en la presión demográfica ejercida sobre zonas periféricas. Según el autor, las
deficiencias alimentarias y las privaciones que se producían en la periferia hicieron
necesaria la promoción de nuevas estrategias de abastecimiento 429. Según esta teoría
fue necesario cambiar ciertos aspectos del medio físico; no dándole excesiva
importancia a la invención de la agricultura y la ganadería 430.
5). La teoría ideológica es la contribución de J. Cauvin. Sin rechazar las ideas de
las teorías precedentes, valora sobre todo el comportamiento humano. Para este
autor, “…Los protagonistas del proceso, conscientes de las necesidades surgidas del
aumento de población y de la necesidad de obtener más recursos para mantenerla, se
adaptan ideológicamente a través de los mecanismos psicológicos que van formando
una concepción cósmica en la que la creación de mitos, divinidades y creencias
425
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Págs. 276 y 277.
426
Ibídem. Pág. 276.
427
Ibídem. Pág. 277.
428
Ibídem. Pág. 277.
429
Ibídem. Pág. 277.
430
Ibídem. Pág. 277.
109
actúan como incentivos de sus acciones, de tal manera que “el nacimiento de las
divinidades y el nacimiento de las agricultura” guardan una estrecha relación. …” 431.
Por separado ninguna teoría puede explicar un proceso tan complejo, sin
embargo parece que todas aportan ideas muy fundamentadas, que debemos tener en
cuenta 432. De ellas, pues, podemos sacar las siguientes ideas fundamentales:
- Que el proceso, de forma independiente, ocurrió en diversas
partes del mundo.
- Que para que se produjese esta revolución sería necesario un
cierto desarrollo cultural y tecnológico y un medio ambiente adecuado.
- Que el proceso fue lento, diacrónico y desigual; y, que en todos
los sentidos, requirió una larga etapa de experimentación.
- Que una vez logrado dicho proceso no hubo regresión y los
logros que se obtuvieron, se expandieron por todas partes 433.
Con la aparición de la domesticación de los animales, en el Neolítico, aparece el
nuevo utillaje necesario, por ejemplo, para conducir los caballos montados, como
bocados, riendas o arneses para el tiro; siendo en cualquier caso el utillaje necesario
para la ganadería mucho más restringido que el necesario para otras actividades como
la agricultura, la construcción de las viviendas o el necesario para la pesca 434.
Domesticados ciertos animales, esta domesticación repercute en la economía de
los grupos hispanos del Neolítico, para el que podemos señalar “…que en un primer
momento el ciervo, el caballo o el uro continúan suministrando la mayor cantidad de
carne, complementándose los porcentajes de las especies domésticas y salvajes o
dominando lo segundo con escasa diferencia. …” 435. Por lo que parece que se puede
afirmar que, desde el punto de vista dietético, las especies salvajes son más
importantes que las domésticas, en los momentos iniciales del Neolítico 436. Para el
resto del Mediterráneo europeo, la situación es bastante parecida a la de nuestro
país 437.
El Neolítico, en todas las regiones, supuso una gran transformación de la
existencia humana. El gran paso dado desde los pueblos igualitarios, que se
organizaban en bandas y aldeas, hacia las formas de vida campesinas, con el
consiguiente pago de rentas e impuestos, transformó completamente el modo de vida
431
Ibídem. Pág. 277.
432
Ibídem. Pág. 278.
433
Ibídem. Pág. 278.
434
Ibídem. Pág. 332.
435
López, P (Ed).1988. Opus cit. Pág. 397.
436
Ibídem. Pág. 398.
437
Ibídem. Pág. 401.
110
de los hombres primitivos. Transformación que se debió a ciertos procesos evolutivos
en los que se dieron determinados pasos, como la aparición de grandes hombres, de
jefes, y, finalmente, de reyes y emperadores 438.
En el Neolítico medio español parecen acentuarse las diferencias entre las
especies domésticas y las salvajes a favor de las primeras, atestiguándose el
predominio de animales jóvenes sobre adultos en algunos yacimientos como Or y
Montbolo, lo que podría indicar una estructura ganadera más avanzada 439.
Llegados a los momentos finales del Neolítico peninsular, los porcentajes de las
especies salvajes consumidas son mínimos, exceptuando Andalucía, donde parece
apreciarse un resurgir de la caza; resurgimiento que algunos autores explican
asociando este fenómeno con un auge de la agricultura, por lo que se haría necesario
sacrificar a los animales que pudieran dañar los campos 440.
2. 5. 6. El arte en el Neolítico.
438
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 319.
439
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 404.
440
Ibídem. Págs. 405 y 406.
441
Sanchidrián J. L. 2005. Opus cit. Pág. 368.
442
Beltrán, A. 1982. Opus cit. Pág. 84.
443
Sanchidrián J. L. 2005. Opus cit. Pág. 276.
444
Ibídem. Pág. 386.
111
disolventes naturales como el agua, la miel, la resina o diferentes grasas animales 445;
y cuyo rasgo más destacable es el abandono del criterio naturalista de etapas
paleolíticas. La tendencia hacia lo esquemático, en la pintura rupestre levantina, llega
a crear un estilo totalmente nuevo, en el que las pretendidas formas naturales
terminan por convertirse en simples signos, tan distantes de lo real, que, para saber lo
que representan es necesario conocer las diversas etapas de su evolución. Por
ejemplo, la figura humana se representa como una circunferencia a la que atraviesa un
rasgo vertical, que a veces se bifurca para representar las piernas; o la cornamenta del
ciervo se convierte en unos rasgos alargados con forma de peine 446.
La figura humana es la protagonista de las composiciones, de tipo monocromo, y
en las que predomina ampliamente el empleo de los rojos y, en casos pocos
frecuentes, el del negro. Representan “…numerosísimas escenas de caza (La
Valltorta, Castellón), de lucha (Nerpio, Albacete; Morella, Castellón), de tipo agrícola
(Dos Aguas, Valencia) o pastoril (Cañada del Marco en Alacón, Teurel), de recolección
(La Araña de Bicorp, Valencia), de domesticación (Tío Campano y Doña Clotilde,
Albarracín) e incluso algún jinete (Abrigo IX del Cingle de la Gasulla, Ares del
Maestre). …” 447.
También los soportes sobre los que se asienta este arte, cambian. Aunque se
siguen utilizando los naturales, como cuevas, abrigos o afloramientos rocosos, hacen
también su aparición las realizadas sobre estructuras construidas por el hombre, como
sepulcros o menhires 448. Las pinturas se siguen plasmando sobre estos monumentos,
pero los cuadrúpedos representados en algunas de ellas no son reconocibles, por lo
que no podemos saber si se trata de caballos; es el caso del zoomorfo esquemático
pintado en el dolmen de Fontao (Portugal) 449.
Para España, la edad de los metales abarca desde el 2000 al 500 a. C 451. Y
llegados a este punto no podemos dejar de preguntarnos cómo habían llegado las
especies domésticas, partiendo del Próximo Oriente, hasta nuestras tierras, donde
parece que no existían los ancestros salvajes de la mayoría de esas especies; por lo
445
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 67.
446
Angulo Íñiguez, D. 1981. Opus cit. Pág. 17.
447
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 262.
448
Ibídem. Pág. 259.
449
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág.489.
450
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
451
Ibídem. Pág. 77.
112
que las prácticas agrícolas y ganaderas debieron ser introducidas en Europa de algún
modo. Si tomamos como centro Jericó, y la datación de los distintos yacimientos
mediante el C-14, se constata un claro escalonamiento cronológico en sentido este-
oeste, por lo que parece que la expansión de la agricultura en Europa, se debió
producir al ritmo constante de 1 km al año. Si suponemos que el movimiento se inició
hacia el 9.000 BP, éste llegaría al extremo occidental del Mediterráneo hacia el 5.000
BP 452.
Respecto a nuestro país no podemos dejar de reseñar, como señala Harrison, la
importancia del componente ganadero en las economías peninsulares, como delatan
los análisis polínicos de Las lagunas de las Madres y El Acebrón, que muestran el
descenso del polen arbóreo como resultado de las labores antrópicas, con vistas a
favorecer los hábitats de dehesas, más adecuados para la manutención del ganado 453.
En general, la actividad económica aumenta. Se cultivan trigo, cebada, leguminosas y
lino; se crían caballos, bóvidos, ovejas, cabras y cerdos, aunque en la dieta no ha
decaído la importancia de las especies salvajes, como el ciervo, el jabalí o la liebre 454.
En cualquier caso la domesticación, iniciada en el Neolítico, sigue su ritmo ascendente
consiguiéndose nuevas especies como el caballo, ajeno al biotopo circundante, y que,
según parece, en la fase II de los Catillejos de Montefrío, yacimiento de transición
hacia el Calcolítico es ya doméstico, lo mismo que en el Calcolítico pleno 455. Su
presencia está constatada, además, en los poblados portugueses, en los almerienses
de Almizaraque, Campos, el Barranquete y Tabernas; y en los granadinos de Cerro del
Culantrillo y Cerro de la Virgen de Orce 456.
Ya en pleno Eneolítico y en la transición desde el Neolítico, parece constatarse
que las especies son las mismas que en el período anterior, con un afianzamiento de
la actividad ganadera, delatado por la diferencia acusada de los porcentajes entre las
especies salvajes y las domésticas 457. Aparecen animales con una talla menor 458 que
sus agriotipos salvajes, coincidiendo los más robustos con el Neolítico antiguo y los
menos robustos con etapas más avanzadas 459. Llegados a la Edad de los Metales, el
caballo aparece como especie doméstica, aunque sigue estando presente en la dieta
452
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Págs. 235 y 236.
453
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 319.
454
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Págs. 291 y 292.
455
Jordá Cerdá, F. y otros. 1989. Opus cit. Pág. 212.
456
Ibídem. Pág. 212.
457
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 407.
458
Como vimos en el capítulo primero, los animales domésticos, en las primeras etapas del
proceso, sufren una disminución de tamaño con respecto a su agriotipo salvaje (Nota del
autor).
459
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 408.
113
humana. En lo relativo a las actividades ganaderas en la Edad de los Metales, se
observa un descenso de la presencia de especies salvajes en los yacimientos, aunque
no desaparecen del todo; la cabaña ganadera la integran ovicápridos, bóvidos y cerdo,
apareciendo como nueva especie doméstica el caballo 460.
Si durante el Calcolítico o Edad del Cobre, que para la Península Ibérica abarca
desde el 2500 al 1700 a. C 462, los bóvidos y los équidos eran domésticos, el
instrumental agrícola al que se uncirían seguiría siendo de piedra, con probables
utensilios de madera, y, tal vez, con la introducción del arado y del uso de la tracción
animal 463. Durante esta época ya está confirmada la presencia, en España, del caballo
como especie ganadera: “…En cuanto a las especies ganaderas, la proporción de los
restos óseos de las diferentes especies ponen de manifiesto algunas novedades. En
líneas generales se observa un descenso de la presencia de especies salvajes, pero
nunca desaparecen del todo; la cabaña ganadera está integrada por ovejas, cabras,
bueyes, cerdo y, como novedad, el caballo. …” 464. La presencia del caballo en este
período no se limita a la de simple proveedor de proteínas, sino que ya parece ser
importante su papel como animal de tiro; junto al buey, el caballo desempeñaría una
importante aportación como animal de tracción de arados y carros 465. Mientras que,
probablemente, los bueyes fueron utilizados para tirar de las carretas, los caballos se
utilizarían para tirar de los carros ligeros. “…El hallazgo de elementos de arnés desde
el Bronce Antiguo en adelante parece una prueba irrefutable de que el caballo fue
utilizado como animal de tiro y seguramente también de monta, al comienzo del primer
milenio BC, los nuevos elementos de arnés de Europa oriental parecen reflejar que en
esa época se usó en la guerra, debido a su rapidez de movimientos, y probablemente
montado. …” 466. El tiro era, en principio, doble, con asnos primeros y a partir del final
del III milenio o al principio del II, caballos; si como sucede en el bronce de Tell Agrab
el carro está tirado por cuatro animales, parece que sólo los situados en el centro
460
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 318.
461
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
462
Ibídem. Pág. 77.
463
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 317.
464
Ibídem. Pág. 318.
465
Ibídem. Pág. 319.
466
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 147.
114
trabajan mientras que los dos laterales están allí como remonta 467. De la Edad del
Cobre conocemos el arco de Meare Heath (Somerset, Inglaterra) de alrededor del
3.000 a C., de 2 metros de altura y fabricado en madera de tejo, elástica y resistente a
la vez 468, que probablemente fuera un arma de guerra.
2. 6. 1. 1. Uso de la rueda.
Hablando de tiros debemos detenernos en el que, tal vez, sea el elemento más
importante del carro, la rueda. En Europa aparece en la Edad del Cobre, siendo varios
los lugares en los que está documentada la presencia de ruedas de madera y de
discos, desde Ucrania hasta Holanda y Dinamarca 469. Estas ruedas formaban parte,
probablemente, de carros agrícolas, de los que hay algunas reproducciones en
Hungría y Rumanía, con laterales o armazón alto. Primeras ruedas que parecen
proceder de yacimientos de comienzos del tercer milenio BC; y, a mediados del
segundo milenio, se encuentran representaciones de carros y ruedas de disco en los
Cárpatos, en contextos del Bronce Antiguo 470. Otros autores adelantan la existencia de
carros en la Europa templada al IV milenio a. C.; no obstante, “...la evidencia más
antigua que se conserva de la existencia de carros en Europa se remonta a finales del
cuarto milenio. Una conocida copa en forma de carro se encontró en el yacimiento de
Budakalasz, Hungría, del grupo de Baden, y en zonas pantanosas del noroeste de
Europa se han encontrado ruedas sólidas de madera datadas c. 2850-2400 a. C.
…” 471. Margueron adelanta el descubrimiento de la rueda al VI milenio a. C., una
revolución en la cuestión del transporte y cuya invención no puede entenderse como
un simple fenómeno accidental, pues la misma plasma todo un conjunto de conceptos;
además, la utilización del rodillo y del torno del alfarero forman parte de los mismos
mecanismos mentales, y no parece que se deba a la casualidad el que los
mesopotámicos los pusieran a punto al mismo tiempo, marcando así el punto de
partida de una nueva tecnología que propiciaría la fabricación de recipientes y los
transportes; en ambos casos, el descubrimiento permitió la mecanización de la
actividad 472. En cualquier caso la aparición de la rueda modificó por completo el
transporte; ya se podía circular por rutas que antes no eran asequibles; se podían
467
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 210
468
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 34.
469
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 172.
470
Ibídem. Pág. 172.
471
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 219.
472
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 208.
115
transportar pesos mucho mayores que los que puede cargar un animal o un portador
humano sobre sus espaldas; se multiplicó el potencial de actuación en proporciones
incalculables, por lo que, tal vez, parece que la invención de la rueda fuera el fruto de
la imperativa necesidad de facilitar los intercambios, a los que propició inmediatamente
un gran impulso 473. Maciza al principio y, por tanto pesada, poco después del año
2.000 la iconografía ya atestigua la aparición de los radios, lo que la aligeró de peso;
para evitar el desgaste de las llantas, pronto se guarnecieron de gruesos clavos 474.
2. 6. 1. 2. El carro ligero.
La aparición del carro ligero, con seguridad, tuvo que ver con la necesidad de
trasladarse más rápido y conseguir una mayor movilidad en la batalla. Los primeros
modelos aparecen en las tumbas de Pozo de Micenas. Con la aparición de la rueda de
radios, probablemente, se buscaría reducir el peso del vehículo, sin afectar
materialmente a la solidez; ejemplos antiguos de lo que parecen ser ruedas radiales
aparecen en el sur de las estepas rusas de la región Volga-Urales, en Georgia y
Armenia, y en el II milenio, se encuentran vehículos de ruedas radiales 475.
Con la unción de los animales al carro se ampliaron las redes de intercambio en
época prehistórica, porque con los carros aparecen los caminos y las arterias de
comunicación, dando pruebas de ello los hallazgos de improntas de pezuñas de
bóvidos y de restos de ruedas que se conservan entre la estructura de trackways del
norte de Alemania (a partir del III milenio a. C); además, los carros contribuyeron a la
aparición de marcadas diferencias jerárquicas, porque la posesión del mismo y de los
bueyes debió de ser símbolo, ya en épocas tan tempranas, de prestigio y de rango
social elevado 476. Para estos bóvidos se calcula una media de 3,7 km/hora, lo que
supone un total por jornada de, aproximadamente, 25 km; por el contrario, el caballo
puede moverse a mayor velocidad, ya que uncidos a un carro ligero, un tiro de
caballos, usando alternativamente el paso y el trote, es capaz de recorrer entre 50-60
km/día 477. El caballo aparece en diversas partes de Europa durante el Bronce Antiguo,
utilizándoselos al principio por su carne; pero equipándolos enseguida para tirar de los
carros 478.
473
Ibídem. Pág. 209.
474
Ibídem. Pág. 210.
475
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 174.
476
Ruiz-Gálvez Priego; M. 1988. Opus cit. Págs. 92 y 93.
477
Ibídem. Pág. 93.
478
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 176.
116
2. 6. 2. Edad del Bronce (desde el 1700 al 1300 a. C) 479.
479
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. Pág. 77.
480
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 32 y ss.
481
Ibídem. Pág. 176 y 177.
482
Ibídem.
483
Ibídem. Pág. 178.
484
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 333.
485
Ibídem. Pág. 333.
117
riqueza 486. Pero, además de cómo símbolo de riqueza, el caballo ya en aquellas
tempranas fechas pudo ser utilizado como moneda de tributo. Es el caso del poblado
de Peñalosa, en Baños de la Encina (Jaén), sobre el que sus excavadores
argumentan que la abundancia encontrada de caballos se podría explicar más como
acumulación por tributo que como cría voluntariamente excedentaria 487.
En el Bajo Aragón, en el yacimiento de La Loma de los Brunos (Caspe,
Zaragoza), los análisis polínicos señalan que la estepa boscosa había sido roturada
por el hombre; apareciendo cereales y sus hierbas asociadas, así como una
disminución del bosque 488. Parece que estos agricultores practicaban una economía
mixta, con una cabaña variada y poco numerosa de ovejas, cabras, cerdos, vacas y
caballos; apareciendo, además, la gallina, que, probablemente, fue introducida en la
Península por los fenicios alrededor del siglo VIII 489.
Datado en el Bronce final, podemos mencionar el yacimiento gerundense de La
Fonollera, en donde la presencia del caballo, sobre la fauna predeterminada, es de
5,5%. Pero es en el País Valenciano y, en concreto en Barranco de la Gasulla, en Ares
del Maestre (Castellón de la Plana), donde aparece ya el caballo portando a su jinete,
en una pintura en la que se representa a un caballero tocado con un casco y sujetando
las riendas del caballo; escena que se interpreta como la representación realizada por
un artista de un jinete que posiblemente perteneciera a las gentes de los Campos de
Urnas, pobladoras del cercano valle, y que se podría fechar sobre el siglo VII a. C 490.
Signo que parece evidenciar que en aquellas fechas, el caballo, era ya un animal
plenamente domesticado. Respecto al País Vasco, restos de caballos aparecen en los
yacimientos de Zatoya y Los Husos, pero en ninguno se confirma su domesticación,
por lo que es dudoso que fuera doméstico en el Eneolítico y Bronce y seguro que lo
fue en el Hierro 491.
Durante este período, el arma más emblemática era la alabarda que utilizada
desde el caballo y auxiliada por la inercia de la velocidad, permitía un golpe más
eficiente 492. Durante esta etapa, junto al desarrollo de las fortificaciones evoluciona el
desarrollo tecnológico del armamento, llegando el hombre a crear armas tanto
ofensivas como defensivas, que se han venido utilizando durante casi 3000 años hasta
486
Ibídem. Pág. 333.
487
Ibídem. Págs. 333 y 334.
488
Ibídem. Pág. 492.
489
Ibídem. Pág. 492.
490
Ibídem. Pág. 519.
491
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 392.
492
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 45.
118
la invención de las armas de pólvora 493. Junto a la alabarda, ya citada, se crearon la
lanza y la espada, que fue la que evolucionó como arma carismática del jefe 494.
La Edad del Hierro 496, que para España abarca desde el 1300 hasta el 500 a.
C 497, es la más reciente de las etapas de la Prehistoria europea, por lo que la
posibilidad de datar materiales y yacimientos aumenta considerablemente, respecto a
tiempos anteriores. La transición entre el Bronce final y los principios de la Edad del
Hierro coinciden con un cambio relevante, dentro del Holoceno. El período Subboreal
se caracterizó por un grave empeoramiento climatológico que tuvo graves
consecuencias para las poblaciones europeas, que observan como sus hábitats,
invadidos ahora por la lluvia y el frío, se transforman, avanzando considerablemente
los bosques y aumentando los márgenes glaciares 498. La consecuencia lógica de este
cambio atmosférico es la disminución de la práctica agrícola hasta en un 50%; además
la estación de crecimiento de los sembrados se reduce, debido al descenso térmico, lo
que provoca una disminución importante de la producción agraria 499. Este cambio
importante parece que no afectó sobremanera a la zona mediterránea, donde los
análisis de sus suelos, sedimentos, fauna y polen, parecen revelar un ambiente
bastante similar al que disfrutamos ahora 500.
Esta época se caracterizó por su gran inestabilidad. Se empezaron a usar armas
y escudos de hierro, se adoptó el caballo para los desplazamientos, se emplearon
carros de cuatro ruedas y de dos para la guerra; y la utilización del nuevo metal fue
493
Ibídem. Pág. 52.
494
Ibídem. Págs. 52 y 53.
495
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. Pág. 77.
496
“…La hipótesis de que el hierro fue llevado desde Occidente por los <<pueblos del mar>>
(que salieron victoriosos porque sus armas eran de hierro, mientras que las de los pueblos de
Oriente Próximo era de bronce) se ha venido abajo al quedar demostrado que la difusión de los
objetos de hierro, lenta y progresiva, avanzó de Oriente Próximo hacia Europa, siguiendo una
dirección contraria a la de los <<pueblos del mar>>. Fue precisamente en Oriente Próximo
(Mitanni, Kizzuwatna, y Siria) donde, durante el Bronce Tardío, se empezó a experimentar la
elaboración del hierro. No se trataba únicamente de hierro meteorítico, puro y fácil de trabajar
(de hecho, desde una época muy antigua se hacían pequeñas joyas con él), sino también del
hierro de fusión, extraído del mineral férrico, lo que requería unos conocimientos técnicos e
instalaciones más avanzados. …”. (Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 502).
497
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
498
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T: La Edad del Hierro. Ed. Síntesis. Madrid. 1997. Págs. 16
y 17.
499
Ibídem. Pág. 17.
500
Ibídem. Pág. 17.
119
fundamental para la fabricación de armas y máquinas de guerra 501. En la Edad del
Hierro, la guerra se limitaría a las luchas entre castros y clanes rivales y a pequeñas
razzias relacionadas con el robo de ganado, pues por la demografía de los castros de
la época podemos suponer que el número de guerreros difícilmente superaría el
centenar, lo que excluye los combates multitudinarios de, por ejmeplo, las Guerras
Celtibéricas contra Roma en el siglo II a. C 502. Generalizadas las armas de hierro, el
arte de la guerra sufrió una auténtica revolución, que se debió no sólo a la dureza de
este metal sino a su abundancia; es mucho más abundante que el estaño que se
necesita para la fabricación del bronce. Abundancia que hizo posible producir grandes
cantidades de armas, ofensivas o defensivas y a un coste asumible no sólo por los
grandes reyes del mundo antiguo sino también por ciudades o modestos mandatarios.
En realidad, cualquiera podía armar un ejército siempre que dispusiera de suficientes
hombres 503.
No obstante la vida de los habitantes de la zona mediterránea se desarrolla, en
cualquier caso, en un medio muy frágil, donde los suelos son poco productivos,
prontos a la erosión y con fuertes pendientes, lo que los convierte en muy vulnerables
a los fuegos y a las lluvias torrenciales 504. La vegetación variada de tiempos anteriores
queda reducida al pinar, especie resistente y rápida en cuanto a su regeneración; es,
también, el momento de la expansión de la encina, el olivo y el viñedo 505.
En la zona levantina de España, en territorio ibero, se encontraba el caballo
entre las especies objeto de cría, debiendo ocupar una posición preeminente entre las
mismas, derivada de la organización social y militar de los iberos; así lo confirman las
fuentes que a las noticias de que la caballería ibérica actuaba en todas las guerras del
siglo III a. C., unen la gran cantidad de bocados de caballo que han aparecido en las
necrópolis y en las representaciones de la cerámica de su doma y adiestramiento 506.
En Italia hay, a principios de la Edad del Hierro, una gran diversidad cultural,
destacando dos zonas por su importancia. La primera es la de los latinos y los
etruscos, que se desarrolla en el centro-norte de la península; y la segunda es la de
las culturas de Golasecca y Este, en el área norteña que más tarde ocuparán ligures y
vénetos 507. Hallazgos de arneses de caballos y de carros, en los yacimientos
501
Pounds, N. J. G: La vida cotidiana. Historia de la cultura material. Ed Crítica. Barcelona.
1992. Pág. 64.
502
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 76.
503
Barreiro Rubín, V: La guerra en el mundo antiguo. Almena Ediciones. Madrid. 2004. Pág. 12.
504
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 17.
505
Ibídem. Págs. 17 y 18.
506
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Págs. 510 y 511.
507
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 26.
120
funerarios de Ca ´Morta o en la segunda tumba de guerrero de Sesto Calende,
muestran que el caballo era plenamente doméstico en esta época en el norte de
Italia 508. Lo mismo podemos decir con respecto al poblado de Hallstatt en Austria o el
de Sticna en Eslovenia, que cazaban ciervos, corzos y jabalíes; y entre sus especies
domésticas se encontraban bóvidos, ovejas, cabras, cerdos, el caballo y el perro 509. En
otras zonas de Europa, como Bohemia, aparecen los carros en los ajuares de los
enterramientos, como es el caso del descubierto en la necrópolis de Hradenín 510. El
carro aparece también en las tumbas del túmulo de Hochmichelle, en Alemania. En la
tumba principal, saqueada en la antigüedad, aparecen dos difuntos acompañados de
un carro; en una de las tumbas secundarias, aparecen un hombre y una mujer que
está recostada sobre la caja de un carro de cuatro ruedas 511. El carro aparece, pues
como uno de los objetos presentes en muchas tumbas de buena parte de Europa.
Artefacto que, para Pounds, pudo tener su origen en las llanuras del Oriente Medio, tal
vez al comienzo del III milenio a. C. Para este autor, aquellos carros tendrían ruedas
macizas de madera y seguramente tiraban de ellos bueyes u onagros. Desde el
Oriente Medio, los carros se difundirían hacia las estepas rusas, donde se enganchaba
a ellos el ya domesticado caballo de przewalski. Este carro de cuatro ruedas que
también se difundió hacia el oeste era una obra de complejo ensamblaje en la que, a
finales del período de las culturas de Hallstatt y de la Tène, empezaron a usarse
ruedas con radios recubiertas de llantas de metal. Al mismo tiempo, los celtas
construyeron un carro de dos ruedas, más ligero y más rápido que el de cuatro. Lo que
sabemos sobre los carros, se lo debemos a los hombres de la Edad del Bronce y a su
costumbre de incluir maquetas de los mismos en las tumbas; tal vez porque el carro
se convirtió, además de en máquina de guerra, en indicativo de posición social, y,
como tal, se colocaría en las cámaras funerarias de sus aristocráticos difuntos 512.
Ahora cabría preguntarnos cómo llegó esta cultura del caballo a la Europa
templada, como se difundió dicha cultura. Si como antropólogos sabemos que la
enculturación hace referencia a la transmisión de la cultura de una sociedad por vía
generacional de la misma; la difusión designa el traslado de los rasgos culturales
508
Ibídem. Pág. 26.
509
Ibídem. Pág. 13.
510
Ibídem. 1997. Pág. 32.
511
Ibídem. Pág. 36.
512
Pounds, N. J. G. 1992. Opus cit. Pág. 65.
121
desde una sociedad a otra distinta; por lo que se puede afirmar que la mayoría de los
rasgos culturales presentes en las diferentes sociedades se han originado en una
sociedad distinta 513. Parece que dicha difusión fue traída por la irrupción de pueblos
procedentes de las estepas de Europa oriental y de las costas del mar Negro. Parece
que estos grupos, denominados traco-cimerios, formarían contingentes de guerreros
fuertemente armados que se desplazarían a caballo y que alcanzarían la zona de los
Alpes orientales a través de Hungría 514. Su llegada a nuestras tierras estaría
provocada por factores medioambientales negativos, como sucedería después con
otros pueblos invasores (escitas, sármatas y hunos) 515. Los cimerios traerían con ellos
una metalurgia del hierro de inspiración caucásica aplicada a objetos funcionales,
nueva técnica metalúrgica con la que contribuirían a deshacer las redes tribales que
manejaban la distribución del cobre y el estaño en la Europa bárbara. Presencia, la de
los cimerios y la de la metalurgia del hierro, que prueban los nuevos rituales de
enterramiento y la inclusión, entre los ajuares de los difuntos, de bocados de caballo
de estilo oriental 516.
Avanzada la Edad del Hierro y en plena época de La Tene, el modelo de
enterramiento cambia desde el túmulo a las fosas de cubierta plana; pero las tumbas
siguen siendo de notable riqueza, como la de Hünsruck-Eifel, en cuyos ajuares son
frecuentes los carros de dos ruedas 517. Nuevos modelos de carros que se generalizan,
llegando hasta las islas Británicas, donde lo más llamativo de sus enterramientos son
los carros de dos ruedas, en los que se ha pretendido ver una influencia continental 518.
Pero si el carro es el elemento comúnmente enterrado con los guerreros, en la tumba
tracia de Kaloyanova, fue el caballo el que acompañó al guerrero en su morada
eterna 519.
También conocemos el temprano desarrollo de las ciencias veterinarias por el
célebre código de Hamurabi, rey de la primera dinastía babilonia (hacia 1900 a. C.),
cuyos artículos 224 y 225 “…determinan no solamente la remuneración que
corresponde a un veterinario por haber cuidado a un buey o a un asno sino también la
indemnización que el propio veterinario entregaría al amo por haber matado a alguno
de los mencionados animales, tratando de curarlos. …” 520. Este código parece probar
513
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 127.
514
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 41.
515
Ibídem. Pág. 41.
516
Ibídem. Pág. 41.
517
Ibídem. Pág. 45.
518
Ibídem. Pág. 58.
519
Ibídem. Pág. 59.
520
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 43.
122
que por aquellas fechas, el caballo, no era conocido en Mesopotamia, ya que el código
no lo nombra; sí hace referencia a la cura de los onagros, los primeros animales que,
al parecer, se uncieron a los carros, que incluían brebajes compuestos por sustancias
medicinales como el vino de dátiles, la cerveza, la mirra, y las trementinas y
cántaridas 521.
2. 6. 4. 1. El arte en metal.
521
Ibídem. Pág. 43.
522
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 459.
523
Ibídem. Pág. 478.
524
Ibídem. Pág. 512.
123
en Mérida, considerada una obra maestra de los primeros artesanos de este metal;
encima de la caja de un carro de cuatro ruedas, se representa a un jinete con lanza y a
un perro que persiguen a un jabalí 525. Fechado en el siglo VI a. C., algunos creen que
es la imagen de un dios, lo mismo que el carro de Almorchón, que representaría a la
misma deidad, y ha sido datado en fecha algo posterior al de Mérida 526. Del mismo
metal es el carro del Collado de los Jardines en Santa Elena (Jaén), que representa un
tiro en el que los caballos muestran gran realismo 527.
De hierro son los sencillos bocados que han aparecido en la Ría de Huelva,
mientras que la pátera de Tivissa (Tarragona), es de plata y representa en sus
cuadrigas a Heracles, Hermes y Dionisos, cada uno acompañado por otro
525
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 440.
526
Blázquez, J. M. y otros: Historia de España Antigua. Tomo I. Protohistoria. Ed. Cátedra.
Madrid. 1988. Pág. 371.
527
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 485.
124
personaje 528. En oro está realizada la diadema de Ribadeo (Lugo), que representa a
dos guerreros, uno a pie y el otro a caballo 529.
En la época de la Tène, cultura perteneciente a la Edad del hierro, aparece un
nuevo estilo artístico, aplicado a objetos metálicos de calidad y cuya temática suelen
ser los motivos geométricos; también aquí aparece representado el caballo junto a
otras figuras animales, como toros, jabalíes, ovejas, perros, ánades y aves rapaces,
que se mezclan con las figuras geométricas características de este período 530. Buena
prueba de este arte es la funda de espada encontrada en una tumba de Hallstatt, en la
que podemos ver una escena de guerreros de infantería y a caballo portadores de
lanzas y escudos 531.
Cuando los griegos introdujeron la moneda en todo el Mediterráneo, el mundo
ibérico comenzó a acuñar piezas en distintos metales y en las que los caballos
ocupaban con frecuencia una de sus caras; unas veces representando caballos
alados, como el dracma de Ampurias que representa a Pegaso y que se exhibe en el
Museo Arqueológico de Girona 532; y otras, como la procedente de Velilla de Ebro
(Zaragoza), montado por un guerrero que porta una hoja de palma 533. Una palma,
motivo comúnmente representado en las cecas ibéricas y celtibéricas del valle del
Ebro, es lo que porta el jinete representado en el reverso del denario de Secaiza 534.
Parece que estas monedas imitan modelos clásicos, como el resto del arte celta, al
que muchos consideran ecléctico, por incorporar elementos de los pueblos vecinos,
como etruscos, griegos, iberos o romanos 535. Las staterai de Filipo II de Macedonia, a
la que podemos considerar como el dólar de la Edad Antigua, que fue moneda muy
apreciada en la Antigüedad y que conoció un amplio período de circulación,
presentaban en el anverso una cabeza laureada de Apolo y en el reverso una biga 536.
En las emisiones de las cecas de los pueblos celtas encontramos temas que ya
habían sido tratados en la iconografía monetaria clásica, como son las liras, las
palmetas, los jinetes lanceros, o los caballos 537. Las emisiones de Emporion son
imitadas en Aquitania y en el centro de la Galia, uno de cuyos motivos es el caballo
528
Ibídem. Pág. 433.
529
Ibídem. Pág. 588.
530
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 65.
531
Ibídem. Pág. 66.
532
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 347.
533
Ibídem. Págs. 513.
534
Cano Borrego, P. D: Los Celtas. La Europa del Hierro en la Península Ibérica. Ed. Sílex.
Madrid. 2002. Pág. 45.
535
Ibídem. Pág. 69.
536
Kruta, V: Los Celtas. Ed. Edaf, S.A. Madrid. 1977. Pág. 79.
537
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 70.
125
coronado por Victoria 538. La tipología del jinete lancero de la Hispania Citerior parece
copiada de las monedas acuñadas por Hierón II de Siracusa tras su victoria sobre los
mamertinos 539. Citado el pueblo celta, de los indoeuropeos, en general, es necesario
destacar, como apunta M. Alexander, que aunque no podemos saber si producían
objetos artísticos en materiales perecederos como la madera, la piel o los textiles, es
probable que, en general, fueran poco inclinados a expresarse de forma visual 540. No
obstante, parecen ser caballos los modelos que decoran los cetros, uno de los pocos
objetos artísticos que encontramos de los pueblos indoeuropeos, y que se asocian al
culto de dicho animal541.
No podemos dejar de reseñar al caballo como símbolo de estatus aristocrático
en las sociedades antigua y como un elemento de máximo valor en la guerra, de ahí la
frecuencia de sus arreos en las tumbas más ricas 542. Así, en la meseta española, en
tierras celtíberas, no faltan las tumbas en las que aparecen arreos de caballo junto al
equipamiento del guerrero, como lanzas o cuchillos 543. Respecto a la zona occidental
de la meseta y a la fachada atlántica, también encontramos enterramientos que
contienen elementos relacionados con el uso del caballo; en las tumbas de Las
Cogotas, al parecer una sociedad fuertemente jerarquizada, aparecen armas
profusamente decoradas con incrustaciones de hilos de plata, arreos de caballos y
escudos 544. Procedente de Celtiberia es el caballito de Calaceite (Teruel) que unos
consideran un quemador de incienso y otros la base de un brasero, así como
numerosas fíbulas de ese metal, que servían para sostener las vestiduras, y que
representan, entre otros animales, a los caballos. De la misma procedencia es el
bocado de hierro, articulado y terminado en anillas, que se conserva en el Museo
Arqueológico Nacional de Madrid. En este nuevo metal se siguen fabricando las
fíbulas, que en numerosos ejemplares, reproducen la figura del caballo, como la
procedente de Libierna (Burgos) 545.
2. 6. 4. 2. El arte en piedra.
538
Ibídem. Pág. 75.
539
Ibídem. Pág. 76.
540
Citado por: Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 149.
541
Ibídem. Pág. 148.
542
Barandiarán, I y otros. 2005. Opus cit. Pág. 882.
543
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 200.
544
ibídem. Pág. 215.
545
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 657.
126
El arte de esta etapa no desdeñó la piedra como soporte de las numerosas
representaciones de las que son protagonistas los atractivos caballos; es el caso de la
estela ibérica que se conserva en el museo de Burgos y que representa un jinete
portando una lanza y con su caballo al galope 546. En piedra caliza está realizada la
estela de Osuna, datada entre los siglos II y II a.C., que representa a un jinete con
gran realismo 547.
Anterior a ésta (primera mitad del siglo V a. C.) son las figuras en piedra arenisca
de Porcuna (Jaén) en las que aparecen representados dos guerreros a caballo, en
lucha. Las estelas extremeñas que Almagro dató en la Edad del Hierro, pero que
parecen pertenecer al Bronce Final, tienen grabadas figuras humanas muy
esquemáticas, carros de dos ruedas y otros distintos objetos como armas, cascos o
escudos. Este estudioso les atribuyó un carácter funerario, con el que discrepan otros
autores que, sin negar esa utilización en algunas, ven en ellas marcadores territoriales
546
Ibídem. Pág. 439.
547
Ibídem. Pág. 470.
127
de vías de paso de ganado y mercancías 548. Para Juan A. Barceló las estelas del
sudoeste de la Península Ibérica tuvieron su origen en el siglo IX a. C. y su final tuvo
lugar en el VIII s. C., poco tiempo antes de la llegada de los fenicios a Hispania, siendo
contemporáneas del Bronce final 549. Este mismo autor señala la posibilidad de que
estos monumentos tengan como finalidad el conmemorar la victoria en alguna batalla
o el lugar en el que un guerrero importante ha caído. Según él, se trataría de
cenotafios, en los que no se grabaría el ajuar sino la panoplia de combate y algunos
objetos personales 550, como el carro tirado por caballos.
548
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 82.
549
VV. AA: Tartessos. Arqueología protohistórica del Bajo Guadalquivir. Ed. Ausa. Sabadell.
1989. Pág. 203.
550
Ibídem. Pág. 205.
128
3. DOMA Y DIFUSIÓN DEL CABALLO DESDE LOS PUEBLOS
DE ORIENTE.
La tierra, para Homero, era un disco rodeado por el gran río Oceanos, cubierto
por la bóveda celeste y que descansaba en las columnas que sostenía Atlas; se
dividía en dos partes, el lado del día y el de la noche; estando en la primera Grecia,
Tracia, Egipto, Italia y la Atlántida e isla flotante de Eolo 552. Este mundo lo agrandaron
autores como Hecateo de Mileto, que agregó Libia; o Pytheas de Massilia que recorrió
la parte norte de Europa hasta Irlanda 553. Pero cuando este mundo conocido se
agrandó fue “…como consecuencia de las expediciones de Alejandro Magno, que
dieron a conocer el Asia occidental hasta la India. Su almirante Nearco, al mando de
treinta navíos tripulados por más de dos mil hombres, recorrió el país de los arabitas,
en la desembocadura del Indo, y de los oritas, en la región inmediata; se detuvo en la
Gedrosia, cuyas costas encontró ocupadas por los ictiófagos –comedores de pescado-
y, atravesando la Carmania, remontó el Eufrates y llegó a Susa (Petra). …” 554.
Habitantes de estos últimos parajes eran los indoeuropeos, pueblos para los que
contamos con una fuente de información excepcional: los Himnos del Rigveda. Parece
que fueron recopilados antes del 1.000 a. C. y se transmitieron oralmente y en ellos se
habla de caballos, de carros de guerra y de la conquista de un país que parece ser la
India por parte de las heroicas tribus de los aryas 555.
551
Lucrecio Caro: De la Naturaleza II. CSIC. Madrid. 2001. Pág. 121
552
Vera, F: Historia de la ciencia. Vol. I. Editora Regional de Extremadura. Mérida (Badajoz).
2000. Pág. 145.
553
Ibídem. Pág. 145.
554
Ibídem. Págs. 145 y 146.
555
Renfrew, C: Arqueología y Lenguaje. La cuestión de los orígenes indoeuropeos. Ed. Crítica.
Barcelona. 1990. Pág. 19.
129
Hipótesis sobre el origen de estos pueblos hay varias; para Lachmi Dhar (1930)
serían de origen indio; en el oeste del Turquestán (Asia) los sitúa Wilhelm Koppers,
basándose en las semejanzas entre las lenguas indoeuropeas y las altaicas; en la
importancia del caballo basó sus argumentos, en 1949, Wilhelm Schmidt
argumentando que estos pueblos habían llegado a Europa desde el este 556. Y Childe
no duda cuando define las estepas del sur de Rusia como la cuna de los
indoeuropeos: “…Tras analizar todas las demás regiones de Europa, volvemos a los
estepas del sur de Rusia. Su clima y rasgos fisiográficos, como argumentaba de forma
convincente Otto Schrader, se corresponden admirablemente con los caracteres de un
país de origen ario […] estos nórdicos de la estepa fueron pastores, puesto que se
encuentran huesos de animales en los kurganes. Los restos incluyen no sólo ovejas y
bóvidos, sino también huesos de ese peculiar cuadrúpedo ario, el caballo […] Los
pueblos de las tumbas de ocre también poseían vehículos con ruedas como los arios,
dado que en una de esas tumbas se ha encontrado la representación de un carro
modelado en arcilla. …” 557. Efectivamente, aunque no existe acuerdo sobre el origen
de estos pueblos, parece que el lugar más probable, como cuna de los indoeuropeos,
son las estepas del sur de Rusia 558; lugar de origen que es propuesto, también, por la
arqueóloga Marija Gimbutas, que excavó en aquella zona yacimientos pertenecientes
a la Cultura de los túmulos y que ella denominó Cultura de los kurganes 559. Cultura
que, según la arqueóloga, se desarrolló desde el V milenio a. C. y mostró una gran
tendencia expansiva; en este milenio un primer movimiento migratorio alcanzó a
Europa en sus zonas danubiana y balcánica; en el milenio siguiente penetraron en
Transcaucasia, Irán y Anatolia, además de una segunda penetración en Europa
central; y, por último, en el tercer milenio (entre 3.000 y 2.800) tuvo lugar una nueva
penetración hacia el Egeo y el Adriático y quizá hacia Egipto y Palestina, penetración
que no supuso la indoeuropeización permanente de estos dos últimos territorios 560.
Este V milenio fue, tal vez, el momento de máximo esplendor de la civilización de la
Vieja Europa, pero también fue “…el principio de su ruina. A partir de 4.400 a. C.,
aquella hermosa cultura se convirtió en el objetivo de los pastores bárbaros de las
estepas, que la alcanzaron en una serie interminable de incursiones y de razzias a lo
largo de casi dos milenios…” 561.
556
Ibídem. Pág. 37.
557
Citado. Ibídem. Pág. 38.
558
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 39.
559
Ibídem. Pág. 40.
560
Ibídem. Pág. 41.
561
Ibídem. Pág. 85.
130
Según Lión los“…cimerios, escitas, sármatas, partos y demás pueblos que en el
S. de Rusia y en el Cáucaso fueron los primeros en encaramarse a un caballo y en
crear “sociedades nómadas de jinetes que jugaron un decisivo papel en las batallas”.
…” 562. Llegados estos pueblos al Viejo Mundo, donde existían los caballos, el arte de
la equitación se extendió a una velocidad de vértigo, alcanzando, en apenas un siglo,
a todos los lugares a los que había llegado el caballo 563.
3. 1. 1. Los escitas.
Parece que fueron los cimerios los primeros jinetes que llegaron a Europa,
extendiéndose hasta las estepas del Ponto y a las llanuras orientales de Hungría 564;
pero a los cimerios los expulsaron los escitas de sus territorios. Éstos eran un pueblo
de jinetes que sacrificaban caballos al Sol, a quién adoraban, dando como razón de
tales sacrificios el que, “… al más veloz de los dioses no podía ofrecerse sino el más
veloz de los animales. …” 565. Guerreros a caballo, vivían de sus rebaños y ganados y
transportaban a sus enseres y a su familia en carros 566 . Sobre cómo domaban a sus
caballos queda constancia en el friso de un vaso de plata, destinado a contener el
kumis, procedente de Tchertomlyk, al sur de Kiev 567.
Los escitas aparecieron en los límites asiáticos de la Europa Oriental,
probablemente hacia el I milenio. En sus zonas de origen, asiáticas, habían aprendido
a utilizar el caballo y a trabajar el hierro; conocimientos que les reportaron una gran
ventaja sobre sus contemporáneos, lo que obligó a las grandes potencias de la época
a modernizar sus ejércitos 568. Muchos de ellos permanecieron en el valle del Kubán,
otros avanzaron hacia la Rusia meridional, donde uniendo sus fuerzas a las de sus
amigos del Volga-Don, se lanzaron a la conquista de las tribus que habitaban las
zonas inferiores de los cursos de los ríos Dniéper y Bug 569. Y allí donde llegaba un
escita, lo hacía con su caballo, sus rebaños y su familia; y cuando moría, sus amigos
lo sepultaban, enterrando con él a su corcel y a otras caballerías favoritas, con el fin de
que pudieran servirles en el otro mundo. Por consiguiente, cada tumba escita es una
tumba de caballos, variando el número de éstos según la riqueza del difunto y la
562
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 97.
563
Ibídem. Pág. 97.
564
Ibídem. Pág. 158.
565
Ibídem. Pág. 158.
566
Ibídem. Pág. 158.
567
Ibídem. Pág. 159.
568
Grimal, P: La formación del Imperio Romano. El mundo mediterráneo en la Edad Antigua. III.
Ed. Siglo XXI. Madrid. 1986. Pág. 266 y 268.
569
Ibídem. Pág. 268.
131
localidad en que vivió. Por ejemplo, en las proximidades de los ríos Kubán y Dniéper,
donde los escitas se dedicaron especialmente a la cría de caballos y ganado y donde
se encontraban los mejores rebaños, el número de caballos enterrados con el jefe
puede llegar, a cientos 570.
Parece que el jinete escita usaba calzones de cuero, corazas del mismo material
con escamas metálicas, cascos de cobre fundido o el gorro escita, y grebas parecidas
a las de los griegos; sus armas eran el arco pequeño, una espada corta y una lanza,
que llevaban colgando de su calzón 571. Usaron el oro para confeccionar los arreos de
sus caballos, como los bocados y riendas; pero la verdadera novedad aportada por los
escitas son unos lazos de cuero usados a modo de estribos; innovación que no debe,
sin embargo, ser atribuida a los escitas sino a los sármatas, que parece que fueron los
primeros en usar como estribos estas correas en las que se apoyaban sus arqueros y,
sobre todo, sus lanceros 572.
Estaban gobernados por un rey cuyos cortesanos vivían como señores feudales;
y los demás hombres pertenecían a una clase inferior pero privilegiada, que podía
tener caballos y montarlos; con lo cual cada hombre, además de cazador, podía
convertirse en un guerrero con derecho a una parte del botín que pudiera ganarse en
una batalla en la que él hubiese participado 573.
Plasmaron en su arte, cincelado en oro, plata o bronce y de una belleza y
refinamiento extremo, a sus caballos; es el caso de la decoración de un gran vaso
aparecido cerca de Tesalónica, en cuyo friso, se ven unos escitas que cuidan a sus
caballos 574.
3. 1. 2. Los sármatas.
La tribu de los sármatas era originaria del Asia central y su historia comienza
cuando, en el siglo VI a. C., iniciaron su emigración hacia Occidente. Según Millar, los
sármatas debieron sus victorias a la invención del estribo y, un poco después, a la de
la espuela 575. Parece que recurrieron a estos inventos para dotar a su ejército de una
caballería pesada, que los escritores romanos describen así: jinete y caballo llevaban
armadura, que podía ser de escamas o de placas; el caballero portaba yelmo cónico y
570
Ibídem. Pág. 268.
571
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 161.
572
Ibídem. Pág. 161.
573
Grimal, P. 1986. Opus cit. Págs. 270 y 271.
574
Ibídem. Pág. 273.
575
Millar, F: El Imperio Romano y sus pueblos limítrofes. El mundo mediterráneo en la Edad
Antigua IV. Ed. Siglo XXI. Madrid. 1986. Pág. 262.
132
escudo de madera y cuero; largas lanzas y espadas, adornadas con piedras
preciosas; en este cuerpo sólo podían servir los miembros de la aristocracia 576. El éxito
de esta caballería en combate fue tal que muchas potencias copiaron sus tácticas;
sabemos que Roma incluiría en sus destacamentos a sármatas equipados y montados
a su modo, a los que se les pedía que combatieran según su manera 577.
Respecto a los caballos usados por los sármatas, no se ha podido precisar su
raza; aunque según las excavaciones de Rudenko en los enterramientos helados
altaicos de Pazyryk, fechados entre el siglo V y el II a. C., muestran que aquellos
nómadas usaban tanto caballos ferghana de pura raza (los más apreciados por los
chinos) como el caballo enano de Mongolia.
El grueso del ejército sármata estaba compuesto por arqueros móviles,
ataviados con gorros y corseletes de cuero; parece que es en este cuerpo en el que
lucharían las doncellas, a las que no se le permitiría casarse hasta que no hubiesen
matado a un enemigo, en combate 578. En sus enconadas luchas contra la potencia
romana, los sármatas llegaron a adoptar el arco huno, ya que creían que las victorias
conseguidas por éstos en su marcha hacia el oeste se debían a este artilugio 579. Arco
tan eficaz contra la caballería pesada que, en el siglo II d. C., durante un
enfrentamiento con Roma, los sármatas sustituyeron a esta caballería por arqueros
montados provistos de la ballesta huna que, como los partos, disparaban hacia
atrás 580. Caballeros sármatas tan eficaces que Vanio, rey de los cuados, además de
su guardia personal de soldados de infantería, se protegía con una caballería de
yazigos 581.
Al contrario que los escitas, los sármatas no enterraban con ellos a sus caballos,
limitando su presencia dentro de las tumbas a sus ricos arreos y, a veces, a los
cráneos o los cascos de los équidos; entre los arreos encontramos bocados de oro y
plata, decorados con motivos geométricos, su técnica artística preferida 582.
3. 1. 3. Los hititas.
Los hititas fueron los primeros en usar los carros de guerra en grandes
cantidades, como ocurrió en la batalla de Kadesh. Éstos eran ligeros, con ruedas de
576
Ibídem. Pág. 262.
577
Ibídem. Págs. 262 y 263.
578
Ibídem. Pág. 262.
579
Ibídem. Pág. 267.
580
Ibídem. Pág. 267.
581
Ibídem. Pág. 274.
582
Ibídem. Págs. 263 y 264.
133
seis radios, y el número de sus tripulantes aumentó a tres. Incremento que pareció ser
un simple pretexto para que en cada carro de los reinos vasallos o aliados, luchase un
soldado hitita; tercer ocupante del carro que, con el tiempo, pasó a ser un simple
bracero, que con sus miembros extendidos y sujetos a los bordes del carro, servía de
apoyo a las espaldas de los otros dos guerreros 583. En las batallas, cuando el carro
quedaba inutilizado o se atascaba, desuncían los caballos, saltaban a sus lomos y
huían a todo galope; no continuaban combatiendo a caballo, lo que podemos
interpretar como prueba de su poca seguridad y destreza como jinetes 584.
Posiblemente, las primeras noticias de los hititas como jinetes nos las proporciona la
tumba del faraón Seti I (1318-1301 a. C.), en Tebas; en una escena en la que el faraón
combate y derrota a los hititas, se representan seis carros hititas y tan sólo dos hititas
a caballo, lo que podría demostrarnos la pequeña proporción de jinetes existentes
entonces en sus ejércitos 585.
La estructura del pueblo hitita era de tipo militarista, en la que los guerreros
estaban exentos de pagar cualquier tipo de contribuciones y, además, recibían
terrenos y esclavos para trabajarlos, con la finalidad de asegurar el mantenimiento de
sus familias 586. En concreto, las unidades de carros eran el arma en la que servía la
aristocracia, ya que sólo ellos poseían medios para afrontar los elevados gastos de
fabricación y entretenimiento de los carros y la reposición de los caballos 587. De la
misma forma que el modo de conducción de los équidos, a base de anillas nasales, se
había heredado de la conducción de bueyes, también se heredó de ellos la forma del
atalaje; pero se diseñó una horquilla que adaptaba el yugo a los hombros de los
caballos, sujetándose todo el conjunto con una anchas correas que pasaban por el
cuello y el pecho de los animales 588. La díada carro-caballos se completaba con los
guerreros, cuya arma estrella era el arco compuesto, de cuya esmerada construcción
nos habla este texto de Ugarit: “…Los más estupendos fresnos del Líbano, los más
vigorosos nervios de los toros salvajes, los más estupendos cuernos de las cabras
monteses, [los más vigorosos] tendones de los jarretes del toro, las más espléndidas
cañas de los vastos cañaverales entrégalos a Kôtaru-Hasisu y que haga un arco para
Anatu, … .” 589.
583
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 83.
584
Ibídem. Pág. 84.
585
Ibídem. Pág. 85.
586
Ibídem. Pág. 84.
587
Ibídem. Pág. 84.
588
Quesada Sanz, F: Ultima ratio regis. Control y prohibición de las armas desde la Antigüedad
a la Edad Moderna. Ed. Polifemo. Madrid. 2009. Pág. 75.
589
Citado. Ibídem. Pág. 77.
134
Si las más antiguas escenas de jinetes cabalgando son las de los relieves
palaciales de los escitas y de Mesopotamia y la mayoría de las representaciones más
antiguas de la práctica de la equitación parecen posteriores al 1.220 a. C.; entre los
hititas, los relieves que muestran guerreros a caballo son todos del período hitita
reciente 590. En cualquier caso parece evidente que los pueblos indoeuropeos aparecen
asociados históricamente a la utilización del caballo como máquina de guerra; con la
salvedad de que si algunos de esos pueblos emergen en la historia luchando sobre el
carro tirado por caballos, como hititas, indios o griegos; otros lo hacen montándolo, y
dominándolo mediante el bocado, como los iranios, en Oriente, y los latinos, germanos
y celtas, en Occidente. Por ejemplo, llama la atención que dos pueblos tan cercanos
por su lengua y su cultura como el indio y el iranio discrepen en este punto, como
parece demostrar el hecho de que en época histórica, los iranios (medos, persas,
escitas) monten el caballo para combatir, mientras que los indios, tal como reflejan los
Vedas, lo hagan en carro y sólo excepcionalmente monten a la grupa 591.
Entre los años 1000 y 700 a. C., en los estados neohititas, se da un aumento
demográfico, al parecer debido a las condiciones favorables debidas al desarrollo
tecnológico de la Edad del Hierro. En los valles del Taurus se dan unos recursos
mineros y forestales que son esenciales, mientras que Cilicia y Capadocia crían
caballos en las ciudades orientales de Armenia y en los Zagros 592. Por I Reyes (10, 28)
sabemos que los caballos que compraba el rey Salomón provenían de Cilicia y, a
juzgar por sus descendientes, tenían “…perfil fronto-nasal rectilíneo, cabeza cuadrada,
ojos a flor de cara, ollares finos y dilatados, orejas pequeñas, cuello recto, cruz
saliente, dorso y riñones rectos, grupa horizontal y carnosa, nacimiento alto de la cola,
cola en trompa, moderada redondez del costillar, tendones limpios, articulaciones
anchas, espejuelos poco marcados y cascos de anchura media, …” 593.
3. 1. 4. Los egipcios.
590
Renfrew, C.1990. Opus cit. Pág. 164.
591
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 114.
592
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 580.
593
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 115.
135
carro 594. Si el carro sufría un accidente, sus ocupantes saltaban por su parte posterior,
abierta, y desenganchaban los caballos para saltar a lomos de los animales 595. Estos
carros de guerra se sumaron al ejército egipcio durante la dominación de los hicsos y
parece que se usaban como apoyo a la infantería, que era mucho más numerosa, ya
que la densidad de población de Egipto no ofrecía problemas al reclutamiento de
hombres 596.
Egipto fue uno de los centros desde los que se irrdadío la cultura hacia
Occidente.
Los carros egipcios eran muy ligeros y estaban pensados para la persecución de
los enemigos que huían después de ser derrotados por la infantería; llevaban tras ellos
unos corredores que atacaban a estos guerreros enemigos o recogían a los
594
Montet, P: La vida cotidiana en el Egipto de los Faraones. Ed. Argos Vergara. Barcelona.
1983. Pág. 194.
595
Ibídem. Pág. 194.
596
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Págs. 15 y 16.
136
compañeros heridos; y, en las batallas, colocados en los flancos, la principal misión de
los carros consistía en completar el triunfo de la infantería 597. Con la llegada a Egipto
de los mercenarios griego, el carro ganó en robustez y pasó a colocarse en el centro
de la batalla, aguantando la carga de los carros enemigos; parece que fue en tiempos
de la llegada de los griegos cuando se introdujo la caballería en el ejército egipcio 598.
El uso del carro estaba, además, ampliamente extendido fuera del ámbito militar.
Los aristócratas como Huy, príncipe de Kuch, formaban parte de los privilegiados que
iban montados en carros cuando eran convocados a palacio, salían a pasear o iban a
visitar sus extensos dominios 599. Y es que parece, como muestran las dos o tres
únicas representaciones que los artistas egipcios nos han dejado de jinetes
cabalgando, que los egipcios no solían cabalgar 600. Desde que se generalizó en Egipto
el uso del carro, cuando los señores iban a cazar, lo hacían en él, provistos de su arco
y flechas 601. Los relieves de Medinet-Habu representan a Ramsés III en su carro,
cazando leones, toros salvajes y antílopes. En uno de ellos, bajo el vientre de los
caballos, un león herido, y vuelto de espaldas, intenta con sus garras arrancarse la
flecha que el faraón le ha clavado en su pecho 602.
Igualmente lo utilizaban cuando iban de paseo, como hace Amenhotepsisé,
segundo profeta de Amón, que lo hace en su carro elegante y sólido, realzado por
figuras en relieve y en altorrelieve, del que tiran dos caballos, desprovistos de frenos y
anteojeras. Los otros arneses son dos grandes bandas de cuero, una rodeando el
cuello y la otra rodeando el cuerpo del animal, y un cabestro, al que van sujetas las
riendas. Amenhotepsisé, que viaja sin caballerizo, conduce por sí mismo, erguido en
su carro 603.
A pesar del uso preferente del carro, parece que los príncipes egipcios recibían,
además, clases de equitación, como Amenhotep II, hijo y sucesor de Tutmosis III, que
se adiestró como remero, arquero y jinete 604 y carrero. Amenhotep amaba a los
caballos; su padre le dio el más hermoso tronco de los mismos que tenía en su cuadra
para que los cuidara, los domara, los adiestrara, los ejercitara y los fortificara; y el
joven príncipe estimulado y ayudado por Rechef y Astarté, dioses del país de
procedencia de los équidos “…hizo de ellos caballos sin parar, infatigables, mientras él
597
Ibídem. Pág. 16.
598
Ibídem. Pág. 16.
599
Montet, P. 1983. Opus cit. Pág. 105.
600
Ibídem. Pág. 105.
601
Ibídem. Pág. 112.
602
Ibídem. Pág. 177.
603
Ibídem. Pág. 144.
604
Ibídem. Pág. 174.
137
mantenía las riendas, por mucho que fuera el tiempo transcurrido. Jamás se detenían
a tomar resuello durante una larga carrera. …” 605. Según un cronista de su reinado,
éste faraón fue un gran amante de los caballos, con los que se deleitaba desde joven;
era perseverante en su doma y en conocer su comportamiento; no tenía rival ni en las
carreras ni en el campo de batalla. Sabía de caballos más que nadie y, por la crónica
que ensalza a Amanhotep parece que la doma y el cuidado de los caballos no era un
arte indigno del propio faraón 606. Su carro egipcio, como era costumbre, iría
profusamente adornado con palmitas y animales desafiantes y sus arneses decorados
con discos de oro, la cabeza de los caballos adornada con un almirez de donde
brotarían flores artificiales o plumas de avestruz, y las anteojeras grabadas con la
imagen de Sutek, señor de los caballos 607.
Los caballos eran deseados por los amigos y anhelados para uno mismo.
“…Montas en lujoso carruaje, el látigo de oro en tus manos. Tienes riendas nuevas.
Potros de Siria van enganchados. Negros corren ante ti, según tus indicaciones. …” 608;
por lo que en Egipto un “… guerrero de cuerpo entero ama a sus caballos, e incluso
ama a cualquier caballo más que a su propia persona. …” 609. Los ama como Ramsés
III, que no confiaba a sus oficiales el comprobar si sus caballos se hallaban en buenas
condiciones; así, con su indumentaria de gala, con su bastón y su fusta, rodeado de
sus portasombrillas y portaabanicos, y seguido de sus oficiales, se acerca a la gran
cuadra de palacio donde, uno tras otro, inspecciona a los caballos que los caballerizos
sostienen de las riendas 610. Grandes guerreros que amaban tanto a sus caballos como
Pianki, el vencedor del príncipe Nemarot, que sintió una inmensa tristeza cuando entró
en Chmunu y visitó las cuadras del vencido, viendo a los caballos exhaustos y
famélicos; sintió al mismo tiempo cólera y compasión al ver el estado en el que se
hallaban aquellos hermosos animales: “…Tan cierto como que yo veo y amo a Ra, y
que mi nariz florece en vida, que el haber hecho padecer hambre a los caballos
entristece mi corazón más que todos los males que ha hecho tu ruindad. …” 611.
Cuando los caballos entraron en Egipto se produjo una gran demanda y tan solo
los potentados, entre los particulares, tenían caballos, que alojaban separados de
bueyes y asnos, teniendo más importancia que las propias personas 612. Debido a la
605
Ibídem. Pág. 176.
606
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 76.
607
Montet, P. 1983. Opus cit. Pág. 193.
608
Ibídem. Pág. 144.
609
Ibídem. Pág. 175.
610
Ibídem. Pág. 176.
611
Ibídem.Pág. 175.
612
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 71.
138
escasez de caballos en Egipto, parece que las cuadras reales eran las encargadas de
abastecer de animales los troncos que debían comprar los guerreros, compra que
llevó a la ruina a no pocos nobles, que podían gastar en su adquisición toda su
fortuna; situación a la que llegaban debido a la preponderancia social que se adquiría
con su posesión 613. Escasez de caballos que allí parece endémica y, aunque los
reyezuelos tributarios de los faraones, como los de Palestina o Siria, le mandaban
caballos como el más preciado de los presentes, las bajas sufridas en campaña eran
difíciles de reponer; por ejemplo durante el extenso reinado de Tutmosis III, sólo un
millar de caballos entraron en Egipto, procedentes de los tributos de Asia Menor y
aunque el número de los obtenidos como botín de guerra fue superior, no bastaban
para cubrir las necesidades del ejército 614. No obstante, algunos ganaderos egipcios
criaban a los animales que consideraban amigos del hombre, entre ellos al caballo,
que en las praderas no se mezclaban con otros animales 615.
Cuando estos animales llegaron a Egipto, su presencia tuvo su reflejo inmediato
en el arte rupestre de las zonas, cuyos artesanos dibujaron carros y caballos desde el
siglo XIV al XII a. C 616. Por ejemplo, la primera mención sobre los carros y los caballos
en Libia es un texto egipcio del palacio de Karnak, de 1229 a. C., escrito durante el
reinado de Merne-Ptah 617. Hacia 1.200 a. C. y de la mano de los Pueblos del Mar 618,
tiene lugar una nueva línea de penetración del caballo en África, ya que algunas tribus
de estos pueblos, cuando fracasaron en sus ataques a Egipto, se desviaron hacia las
regiones del Sahara siguiendo una ruta que los llevó hasta el Níger, a lo largo de la
cual dejaron abundantísimas representaciones de innegable influencia micénio-
minoica 619. El movimiento de estos pueblos del mar, que era la última consecuencia de
los movimientos iniciados en las estepas rusas por los indoeuropeos, se ve, además,
reflejado en las crónicas de los faraones, como esta de Ramsés III, grabada en el
templo de Medinet Habu, en la que podemos percatarnos de la importancia dada a
aurigas y caballos: “ …organicé mis fronteras…armé contra ellos a príncipes, jefes de
guarnición y guerreros. Preparé la entrada de los ríos en forma de muralla con navíos
bien equipados de proa a popa de valientes guerreros armados. Las fuerzas de carros
613
Ibídem. Pág. 71.
614
Ibídem. Pág. 76.
615
Ibídem. Pág. 105 y s.
616
Ibídem. Pág. 103.
617
Ibídem. Pág. 104.
618
“…Cretenses, aqueos y otros muchos pueblos, procedentes de las islas y costas
mediterráneas, efectuarán con diversa fortuna sucesivos desembarcos en África y Asia Menor
cuyo resultado fue la terminación de la supremacía de hititas y egipcios y la implantación de un
orden enteramente nuevo. …” (Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 102).
619
Ibídem. Pág. 104.
139
estaban constituidas por los aurigas más hábiles y veteranos; los caballos volaban con
gran empuje, dispuestos a triturar entre sus cascos a los extranjeros…” 620.
Avanzado el tiempo, deja el ejército egipcio de estar constituido por soldados de
recluta temporal y se crean unidades de soldados profesionales; profesionalización
demandada por la necesidad de practicar continuamente con carros y caballos, y que,
a su vez, conlleva la jerarquización del ejército 621. Ahora los tent-heteri, soldados de
caballería de las unidades de carros, constituían la tropa más distinguida, superior
socialmente, y a cuyos oficiales se premiaba con oro, tierras y esclavos y se les
instruía con la enciclopédica formación de los escribanos reales 622 Guerreros que
contaban con otras ventajas, proporcionadas por su condición de caballeros, como las
que obtenían en las raciones alimenticias de pan, carne de buey, pescado, legumbres,
vino y dulces, que componían la ración normal; pero, además, disfrutaban de raciones
suplementarias de trigo y carne 623.
3. 1. 5. Los asirios.
620
Ibídem. Pág. 106.
621
Ibídem. Pág. 75.
622
Ibídem. Pág. 75.
623
Ibídem. Pág. 75.
624
García Castro, J. A. y Antona del Val, V (Comisarios científicos): La guerra en la antigüedad.
Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. fundación Caja de Madrid. Madrid
1997. Pág. 188.
625
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 17.
626
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 149.
140
Parece que las unidades de carros asirias se dividían en escuadrones de 53
vehículos, lo que equivale a 106 personas (aurigas y combatientes) 627. Combatientes
extremadamente eficientes, en algunos casos, como el de Rusa I (734-714), usurpador
y sucesor del rey urarteo Sarduri II, que presumía de haber conquistado él sólo su
reino, con la única ayuda de su auriga y de sus caballos 628. La hazaña es memorable,
sobre todo si tenemos en cuenta que el ejército de Urartu, en campaña, se dividía en
carros, jinetes e infantería. Pero el número de los carros, a pesar de ser profusamente
representados en la iconografía urartea, era reducido y de escasa utilidad en territorios
abruptos. Parece que el ejército urarteo contaba, sólo, con un centenar de carros,
varios miles de jinetes, y unos veinte mil infantes; ejército adecuado a los recursos
demográficos locales, pero incapaz de competir con el gran ejército asirio 629.
Los asirios también utilizaban la caballería, arma con la que parece que
comenzaron a batallar durante el reinado de Tukulti-Ninurta II (hacia 900-800 a. C) 630.
Al principio montaban sobre el caballo dos jinetes; uno conduciendo al animal y el otro,
manejando un arco desde la grupa del équido; después (hacia el 700 a. C.) cada
caballo lo montaba un sólo jinete que llevaba armadura, lo mismo que el caballo 631. El
uso de la caballería entre los asirios parece estar relacionada con la poca capacidad
para maniobrar de sus carros; caballería que tenía como misión cargar contra las
unidades enemigas y perseguirlas, cuando huían; y también se les encomendaban
tareas como arrasar cosechas, destruir ciudades o cortar comunicaciones 632. La
aparición de su caballería parece estar relacionada con la influencia de los pueblos
iranios que se enrolaban con frecuencia en los ejércitos asirios, con la maniobrabilidad
de las monturas en los terrenos escarpados en los que los carros no podían
maniobrar, y con el hecho de que los caballos resultaban más baratos que el conjunto
vehículo-caballos 633. Por estas razones los jinetes fueron aumentando en el ejército
asirio, en detrimento de las unidades de carros; por ejemplo en la batalla de Karkar, la
caballería asiria estuvo constituida por 4.800 carristas, 1.200 carros y 12.000 jinetes 634.
Los jinetes aumentaban proporcionalmente, y lo seguirían haciendo hasta la total
extinción de las unidades de carros 635.
627
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 637.
628
Ibídem. Pág. 664.
629
Ibídem. Pág. 667.
630
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 19.
631
Ibídem. Pág. 19
632
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Págs. 149 y 150.
633
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 19.
634
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 150.
635
Ibídem. Pág. 150.
141
Los asirios colocaban sus carros y su caballería en primera línea de combate; los
carros debían abrir la batalla, la caballería tenía la misión de mantener y ampliar las
brechas abiertas por los carros, y la infantería debía infringir el golpe mortal al
enemigo 636. Este ejército asirio fue vencido por los medos que dirigía el rey Ciaxares, y
la clave del éxito de los medos radicaba en la movilidad y maniobrabilidad de su
caballería, contra la que no tenía nada que hacer un ejército preparado para atacar
enemigos estáticos 637.
Los caballos de los asirios provenían de Cilicia y de Armenia, lugares en los que
parece que existían excelentes ganaderías, noticias en las que concuerdan los anales
sirios y el Nuevo Testamento 638. Además, los asirios criaban sus propios caballos
sobre todo en la zona del lago Urmia y en toda el área comprendida entre el oeste de
Irán y el este de Anatolia 639. Los caballos armenios los cita Jenofonte 640 en la
Anábasis, cuando él mismo y Crisofo le preguntan al jefe de una aldea armenia quién
criaba los caballos del país; a lo que el interrogado les respondió que los pequeños y
fogosos caballos armenios eran un tributo destinado al rey de Persia 641. Además les
enseñó a envolver los pies de los caballos con un saco para que no se hundiesen en
la nieve, cuando tenían que atravesarla 642.
Una muestra de la apariencia de estos caballos, nos la proporcionó el pintor que
decoró el salón del trono del palacio de Till-Barbsib, en las que aparecen troncos de
caballos de variadas capas, como blancos, castaños, negros, rosados y azules, sin
que podamos descubrir el significado de tal fantasía. No obstante, la existencia de
caballos ruanos, pero sobre todo de castaños y alazanes en Asiria, plasmados en
estas pinturas, parece demostrar que en Mesopotamia, y desde mucho tiempo atrás,
existían caballos de estirpe przewalski, que portaban las capas de pelo rojo 643. Los
jinetes que montaban sobre una simple manta o estera y sin estribos, portaban un arco
y un escudo más pequeños que el de los infantes; calzaban botas altas que se ataban
636
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 19.
637
Ibídem. Pág. 20.
638
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 150.
639
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 458.
640
Jenofonte (c. 428-354 a. C.) fue un escritor griego, autor de gran encanto pero de frescura
defectuosa. Luchó con Ciro el Joven en la batalla de Cunaxa y, tras el arresto de los generales,
fue uno de los que tomó el mando de los Diez Mil, a los que llevó de vuelta a Grecia. Su
actividad literaria fue diversa y de oscura cronología. Por su interés para esta obra, destacan su
Hipparchikos (sobre el mando de la caballería) y su Sobre la monta de caballos. (Speake, G:
Diccionario Akal de Historia del mundo antiguo. Ed. Akal. Tres Cantos (Madrid). 1999. Pág.
215)
641
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 701.
642
Ibídem. Pág. 701.
643
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 151.
142
por delante y vestían una túnica y una casaca de cuero cubierta de placas
metálicas 644.
Con la subida al trono de Sargón II (721 a. C.) alcanza su máximo apogeo el
imperio asirio; en sus campañas militares recibe los tributos de los reyezuelos, como el
rey de los maneos que le ofreció caballos de tiro con sus aurigas 645. Tan sólo el rey de
Urartu, Rusa I, le presenta batalla y es vencido con una sola carga de la caballería
asiria; el rey, muertos sus caballos, tuvo que abandonar el carro y saltar sobre una
yegua, con la que emprendió la huida 646. Con Asurbanipal (669-629 a. C.) llega el
momento más glorioso del imperio asirio; en una de sus expediciones saqueó Susa en
donde se apropió de caballos que portaban bocados de oro; y cuando conquistó
Tebas, capturó valiosos corceles africanos que trasladó a Asiria 647.
3. 1. 6. Los persas.
Los persas aparecen atestiguado por vez primera como súbditos de los asirios,
pasando posteriormente al control de Media, pero bajo las órdenes de Ciro vencieron a
los medos y heredaron su imperio 648. Eran indoeuropeos de vigor sin igual y frugales;
no comían lo que querían sino lo que podían, se vestían con pieles y no bebían vino;
los más afortunados comían camellos, asnos bueyes y caballos asados al horno 649. La
caballería persa constaba de dos tipos de jinetes: los que no llevaban ni armaduras ni
protecciones y los que llevaban ambas defensas, que se llamaban catafractas; los
primeros, caballería ligera, fueron los predominantes durante las primeras etapas del
imperio y los segundos aparecieron hacia el 350 a. C. y, cuando cayó el Imperio,
continuaron con los seléucidas, los partos y los persas sasánidas 650; tipo de caballería
que se vio favorecida por el desarrollo de las razas de caballo pesadas 651.
Los persas fueron los primeros que armaron a sus carros con guadañas, pero
dieron la máxima importancia a sus escuadrones de jinetes que, maniobreros y ágiles,
fueron la auténtica base de su poder 652. Sobre la eficacia de estos carros falcados,
escuchemos a Lucrecio: “…Dícese de los carros falcados que a veces, en la refriega,
humeantes de sangre, siegan tan instantáneamente los miembros, que se ve palpitar
644
Ibídem. Pág. 151.
645
Ibídem. Pág. 154.
646
Ibídem. Pág. 154.
647
Ibídem. Pág. 156.
648
Speake, G. 1999. Opus cit. Pág. 289.
649
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 163.
650
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 23.
651
Ibídem. Pág. 23.
652
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 163.
143
en el suelo la parte arrancada del tronco, sin que, a pesar de ello, el alma del guerrero
pueda sentir el dolor; tan rápido ha sido el golpe; y al mismo tiempo, absorbida la
mente en el ardor del combate, con lo que resta del cuerpo anhela pelea y matanza, y
a menudo, entre los caballos, no se da cuenta de que las ruedas con sus hoces
voraces le han arrancado la izquierda y con ella el escudo; mientras se afana en
escalar un muro, no siente que su diestra ha caído. Otro intenta levantarse con su
pierna cortada, mientras a su lado en el suelo mueve aún los dedos el pie moribundo.
Una cabeza segada de un tronco caliente y aún con vida, conserva en el suelo un
rostro animado y los ojos abiertos, hasta que ha rendido todas las reliquias del alma.
…” 653.
Sus caballos, arios, eran originarios de Media y Capadocia. De Media procedían
unos caballos tordos, casi blancos, y de gran alzada, que los persas tuvieron como
sagrados y cuyo uso reservaban para los reyes, para los generales de caballería y
para sus carros sagrados; los llamaban nisios y pasaron a la posteridad por su capa,
por su belleza y por la armonía de sus proporciones; eran eumétricos rectilíneos y,
probablemente, de mayor alzada que los medos de Bactriana y Fergana, famosos
caballos celestes por cuyo deseo, los chinos emprendieron su primera gran expedición
bélica hacia occidente 654.
Bellos caballos nisios que, a veces, parecían influir, incluso, en las sucesiones
reales. Así, cuando el rey Ciro II el Grande murió en la región del lago Aral en una
expedición contra los escitas 655 (528 a. C.), lo sucedió su hijo Cambises II (528-522 a.
C.), que invadió Egipto, proclamándose faraón; y a éste lo sucede Darío I, sucesión en
la que, según Herodoto, no tuvo poco que ver su caballo, ya que “…Al parecer los seis
<<grandes de Persia>> habían pactado entre sí reconocer por rey a aquel, de entre
ellos, cuyo caballo fuese el primero en relinchar tras la salida del sol. Ciro se las
arregló para que la víspera del día fijado su caballo cubriese una yegua en un lugar
por el que habrían de pasar juntos y a caballo, lugar que su montura reconoció y no
dejó pasar sin relinchar enérgicamente tal y como esperaba Ciro. …” 656.
653
T. Lucrecio Caro. 1997. Opus cit. Pág. 147.
654
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus Cit. Pág. 164.
655
“…Los escitas eran jinetes de origen indoeuropeo, originarios del Turkestán. En el siglo VIII
a. C. desplazaron a los sumerios y se extendieron por Asia Menor. Luego fundaron un reino de
inspiración aqueménida que llegó a dominar hasta Irán y Mesopotamia y se mantuvo
relativamente independiente hasta el siglo segundo de nuestra era, lo que no le resultó nada
fácil pues tuvo que defenderse de los ataques de los nómadas en sus fronteras del norte y de
los romanos por el oeste. …” (Eslava Galán, J: Julio César, el hombre que puso reinar. Ed.
Planeta. Barcelona. 1995. Pág. 118).
656
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 166.
144
Finalmente Persia no logró detener la invasión de Macedonia, acaudillada por
Alejandro Magno; y tras la muerte del macedonio pasó a formar parte del imperio de
los seléucidas 657.
1. 1. 7. Los partos.
Los partos procedían del Asia Central; y fue durante el siglo II cuando el Próximo
Oriente vio la ascensión de la Partia, tras el ocaso del Imperio Seléucida 658. A los
partos, herederos de los medos y de los persas iraníes, los conocieron los romanos
por las noticias desalentadoras que llegaban a sus ejércitos; de ellos se oía decir
“…que eran hombres de quienes, si perseguían, no había como librarse y, si huían, no
había como alcanzarlos; que sus saetas eran voladoras y más prontas que la vista y
que, de las armas de los coraceros, las ofensivas estaban fabricadas de manera que
todo lo pasaban y las defensivas a todo resistían. …” 659. Noticias que no parecían
657
Speake, G. 1999. Opus cit. Pág. 289.
658
Grimal, P. 1986. Opus cit. Págs. 279 y ss.
659
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 239.
145
exageradas, ya que los jinetes partos eran extremadamente hábiles; se protegían,
hombres y caballos, con corazas y mallas de hierro y se armaban con largas lanzas,
para cuyo empleo se apoyaban en los estribos, que ya conocían 660. La mayoría de los
jinetes partos eran arqueros a caballo que habían sido adiestrados a disparar en
movimiento, movilidad que los convertía a ellos en un blanco difícil para los enemigos;
además, nunca se enfrentaban al enemigo en combate singular a no ser que la victoria
estuviese cantada 661.
Los catafractarios iban pertrechados, al igual que sus monturas, de pesadas
armaduras; pertenecían a la aristocracia, único estamento que se podía permitir el
sufragar equipo tan costoso y, a veces se decidían a la lucha cuerpo a cuerpo
auxiliados por sus lanzas (kontos) 662. En el campo de batalla disparaban los arqueros
contra el enemigo, antes del ataque de los catafractarios; jinetes ligeros y pesados,
que podían llegar a ser eficazmente devastadores sino fuera porque su principal
problema estribaba en que los ejércitos partos no solían contar siempre con un buen
equilibrio entre ambas fuerzas o no estaban bien dirigidas. No obstante, y a pesar de
la aparición de tropas auxiliares en los ejércitos de otros pueblos, parece que ningún
otro ejército de esta época pudo compararse con los mejores ejércitos partos en este
tipo de lucha 663.
Dión Casio los clasifica como formidables en la guerra; “…Los partos no hacen
uso del escudo, pero sus ejércitos consisten en arqueros y lanceros montados, la
mayoría con armadura completa. Su infantería es pequeña, constituida por los
hombres más débiles; pero también éstos son todos arqueros. La tierra, al ser llana en
su mayor parte, es excelente para criar caballos y muy adecuada para montar a
caballo; en cualquier caso, incluso en la guerra, llevan amplias manadas de caballos,
así que pueden utilizar caballos distintos en diferentes momentos, pueden cabalgar
con rapidez desde una gran distancia y retirarse lejos también rápidamente. …” 664.
3. 1. 8. Los chinos.
660
Ibídem. Págs. 239 y 240.
661
Goldsworthy, A: Grandes generales del ejército romano. Campañas, estrategias y tácticas.
Ed. Ariel. Barcelona. 2008 (A). Pág. 315.
662
Ibídem. Pág. 315.
663
Ibídem. Pág. 315.
664
Citado por: Souza de, P (Editor). 2008. Opus cit. Pág. 173.
146
excavaciones realizadas en Siao-Touen, cerca de Ngan-Yan que fue la capital de los
Schang, donde han aparecido los más antiguos restos de caballos en territorio chino;
monturas a las que se obligó a acompañar a sus jinetes en su último viaje 665.
Con la llegada de los caballos a China nació un orden militarista, cuyo arquetipo
era el guerrero de carro; orden que tenía como principal hándicap la falta de caballos,
propiciada por la escasez de pastos 666. Estos primeros guerreros de carros se
desplazaban sobre artefactos de madera, con caja de mimbre de forma rectangular
(1,20 por 1,50 metros); con un yugo que se apoyaba sobre el cuello de los caballos y
cuya tracción se efectuaba por medio del collarín; y unas ruedas de 1,50 metros de
diámetro, fabricadas de madera ensamblada y con finos y numerosos radios 667.
Además de estos carros ligeros, parece que las unidades chinas contaban con carros
pesados, con la misión de reforzar el ataque de aquellos y de constituir una barrera
contra la huida de los cobardes 668.
Habían de pasar 10 siglos aproximadamente para que el Extremo Oriente tuviera
tratadistas que se ocuparon de los caballos, como Ou-tsé, Lou-tao y sobre todo Sun-
Tzu, que escribió su Arte Militar alrededor del 500 a. C 669. Por ellos conocemos la
extraordinaria importancia que se concedía al caballo: “…Los caballos, para ser
buenos, deben ser cuidados con esmero, es necesario mantenerlos allí donde los
pastos son de buena calidad; en invierno conviene defenderlos de los fríos rigurosos y
en verano de los calores excesivos. En todo tiempo su ración no debe ser ni
abundante ni escasa pues ambos extremos tienen inconvenientes. La hora del pienso
debe ser fija e invariable así como la de abrevar; no pasará día sin cepillarles y
almohazarles […]. Su crinera y su cola permanecerán cuidadas porque la limpieza
impide las enfermedades y les mantiene frescos y dispuestos para todo. Conviene
acostumbrar sus oídos a toda clase de ruidos y sus ojos a toda clase de objetos; los
caballos indóciles no pueden ser más perniciosos en el ejército y, en general, no debe
permitirse a los caballos correr sin motivo. Debe obligárseles a mantener un trote largo
y acostumbrarles a obedecer cualquier indicación, bien para avanzar o retroceder, bien
para volverse a derecha e izquierda. …” 670.
No faltan, en sus escritos, las alusiones a la equitación. De los jinetes dicen que
deben estar bien entrenados y con sus caballos acostumbrados a ellos; señalándose,
además, que cada caballo tendrá su brida, su silla y su bocado, no
665
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 63.
666
Ibídem. Pág. 63.
667
Ibídem. Pág. 63.
668
Ibídem. Pág. 135.
669
Ibídem. Pág. 134.
670
Ibídem. Págs. 134 y 135.
147
intercambiándoselos sin motivo 671. Ni alusiones al esmerado cuidado que debe
dispensárseles: “…Los caballos que no comen sino buenos pastos, que no beben sino
agua dulce y clara, que no pastan jamás sino a la misma hora y en igual cantidad, que
no se fatigan sin necesidad, que reciben siempre las mismas atenciones, que hacen a
diario moderados ejercicios y desarrollan un trabajo constante, serán vigorosos y
podrán rendir, en su ocasión, los servicios más esenciales. …” 672. El culmen de las
recomendaciones en cuanto al trato con el que se ha de agasajar a los caballos, nos lo
muestra el párrafo siguiente: “…Ocasiones habrá en que los jinetes echen pie a tierra
y lleven sus caballos de la brida porque siempre es preferible que los hombres sufran
cualquier cosa a que los caballos sean fatigados en exceso. Cuanto mejor cuidéis
vuestros caballos, mejor os servirán cuando de combatir ante el enemigo se trate. Si
observáis cuanto aquí os digo, podrán haceros atravesar el mundo si necesario fuere.
…” 673.
Hacia el 222 a. C., el príncipe Cheng, del estado de Ch’in, debido a su excelente
preparación que incluía un absoluto dominio del arte militar de la caballería, se impuso
a sus enemigos 674. Unificó el territorio, creó el primer imperio, autodenominándose
[Link]-ti (primer emperador), dio comienzo a la construcción de la Gran Muralla y
aisló a los unificados chinos de los pueblos pastores nómadas 675. Consiguió para su
ejército un poder ofensivo abrumador pero fue también responsable del traslado
masivo del ganado caballar chino al valle del Yang-tsé, tal vez para resguardarlo de
las depredaciones de los pueblos fronterizos; pero sin embargo las tierras bajas y
cenagosas del valle del río aceleraron la rápida degeneración del caballo chino,
debiendo los sucesores de Huang-Ti enfrentarse a grandes problemas para tratar de
contrarrestar las nefastas consecuencias del gran error del primer emperador 676.
Durante su reinado comenzó a utilizarse una pequeña pieza de cuero a modo de silla,
que completó con el bocado y las bridas, el equipo del jinete chino 677.
Al inepto hijo de Huang-Ti lo sucedió un oficial sublevado de su ejército que
instauró la dinastía Han (202 a. C.); se hizo llamar Han Kao-tzu y tuvo que luchar
contra los numerosos enemigos que rodeaban su imperio 678. Los que habitaban al
norte y al oeste de China, a los que generalmente se les llamaba tártaros, vivían a
671
Ibídem. Pág. 135.
672
Ibídem. Pág. 135.
673
Ibídem. Pág. 135.
674
Ibídem. Pág. 135.
675
Ibídem. Pág. 136.
676
Ibídem. Pág. 136.
677
Ibídem. Pág. 136.
678
Ibídem. Pág. 136.
148
caballo, trasladándose con sus rebaños en busca de pastos y dedicándose a efectuar
continuas incursiones en territorios chinos con sus escuadrones a caballo 679. Vecinos
de China, por el norte, eran los mongoles, buenos guerreros pero sobre todo
excelentes jinetes que basaban su industria en el caballo, cuya carne apreciaban
mucho, especialmente la de las yeguas jóvenes; la grasa de su panza era una
auténtica golosina que, salada e introducida en trozos de intestino, se ahumaba y
almacenaba; con el cuero de los caballos fabricaban correas y con las crines sedales
muy resistentes y recias cuerdas con las que construían sus yurtas 680. También
apreciaban sobremanera la leche de las yeguas, que aunque proporcionaban poca en
cada ordeño, podían ordeñarse hasta seis veces al día, extrayéndoles un total de unos
dos litros a cada una, aparte de la que consumía el potro; con ella se confeccionaban
bebidas excitantes y muy alimenticias, parecidas al kumis de los kazakos; para ello
colocaban la leche fresca en sacos de cuero que se cerraban por el cuello después de
introducir un palo con el que se batía la leche durante horas para dejarla agriar durante
cuatro días 681. Los mongoles de la estepa ansiaban las tierras que lindaban con la
misma, por lo que en sus razzias atacaban a los pueblos sedentarios y, una vez
destruidos, convertían sus tierras en pastos para sus caballos; además dificultaban la
cría caballar de los chinos con su costumbre de no deshacerse jamás de las yeguas ni
de caballos enteros; en las raras ocasiones que comerciaban con China les vendían
sólo caballos castrados 682. Para proveerse de buenos pastos para sus caballos,
dejaban secar naturalmente el forraje al sol estival en vez de segarlo en verde 683. Los
mongoles hiung-nu eran eficientes guerreros a caballo, cuyos movimientos
envolventes y ataques repentinos, convertían en ineficaces a las unidades de carros
chinas; su caudillo Mao-touen, soberbio jinete, atrapó al emperador chino Liu Chi, que
hubo de pagar cuantiosos tributos para recuperar su libertad 684.
El sucesor del emperador Liu Chi fue Wu-ti, que se propuso mejorar la cría
caballar y deshacerse del enemigo tradicional; para ello concibió la idea de aliarse con
los yue-tché, a los que los hiung-nu había expulsado del Altai 685. Estos yue-tché,
procedentes de Pamir, eran una amalgama de iranios y tocarios, que se habían
establecido en el sur del Altai y habían introducido el nomadismo entre los
679
Ibídem. Pág. 137.
680
Ibídem. Pág. 138.
681
Ibídem. Pág. 138.
682
Ibídem. Págs. 138 y 139
683
Ibídem. Pág. 139.
684
Ibídem. Pág. 139.
685
Ibídem. Pág. 139
149
mongoles 686. Para ello, Wu-ti, envió una embajada que presidió un brillante oficial de
caballería, Chang-kien, que no consiguió la alianza pero que regresó con amplia
información sobre la raza caballar existente en Bactriana, donde habían sido forzados
a establecerse los yue-tché, lo que supuso una honda transformación de la cría
caballar en China 687. Desde el regreso de Chang-kien de Bactriana, el emperador
chino se marcó como objetivo primordial adquirir muchas cabezas de los
excepcionales caballos cuyas extraordinarias cualidades ensalzara Chang-kien y con
cuya posesión imaginaba factible la tarea de lograr su preponderancia sobre los hiung-
un 688.
El lugar de origen de estos caballos eran, además del reino de Jokand en
Fergana, las regiones de Sogdiana y Bactriana; tenían sangre aria como el tarpán y
eran los caballos medo-persas, cuyas características hicieron cambiar la morfología
del caballo chino a partir de Wu-ti 689. Se envió una primera embajada a Fergana, con
la misión de comprar caballos, pero fracasó, fracaso que estimuló los deseos del
emperador, al que le llegaron noticias de que “…Jokand tiene caballos maravillosos en
la villa de Eul-che, pero los ocultan y se niegan a darlos al emperador exclama el
cronista Su Ma-tsien; se populariza la idea de que los “caballos celestes”, así se les
conoce ya en China, tiene la propiedad de sudar sangre, propiedad que heredan sus
productos. …” 690. Esta primera expedición militar china hacia el reino de Jokand, a
través de las estepas, compuesta por sesenta mil hombres, treinta mil caballos y diez
mil bestias de carga, buscaba los ansiados caballos de aquel reino; y cuando después
de asediar su capital (101 a. C), los militares chinos emprendieron el regreso, llevaban
consigo varias decenas de caballos escogidos, diez mil sementales y un número
indeterminado de yeguas preñadas; pero las muchas dificultades que ofreció el
regreso del ejército, obstaculizado por tan numeroso botín, fueron la causa de que
poco más de un millar de cabezas llegasen a su destino. Con ellas se inició una nueva
e importante etapa de la cría caballar en China 691. Wu-ti se percató de que las
ciénagas del Yang-tsé, a donde como sabemos los había relegado [Link]-ti, no
eran idóneas para la cría de caballos y ordenó la expropiación de amplias zonas del
noroeste del país, en cuyas tierras ordenó la siembra de alfalfa y hierba mu-su, que se
habían importado de Occidente. Para evitar que los caballos, que tanto les habían
costado conseguir, salieran de las manos oficiales, gravó la posesión de vehículos
686
Ibídem. Pág. 136.
687
Ibídem. Págs. 139 y 140.
688
Ibídem. Pág. 140
689
Ibídem. Pág. 140.
690
Ibídem. Pág. 141.
691
Ibídem. Pág. 141.
150
tirados por caballos a los particulares; al mismo tiempo asignó precios muy altos a los
potros e intensificó las importaciones de asnos, mulos y camellos, para que fueran
utilizados como animales de tiro 692.
Estos admirados caballos celestes eran muy superiores a los mongoles que se
criaban en el valle del Yang-tsé, debido a su alzada, a su resistencia y a la dureza de
sus cascos 693. En sus zonas de origen, los sementales permanecían en estado salvaje
y las tribus arias obtenían sus potrillos dejando sus yeguas en el campo, para que
fuesen cubiertas por ellos. Recientes estudios parecen indicar que la causa más
probable por la que sudaban sangre es debida a un determinado parásito que se
instalaba bajo la piel de su espalda y su cruz y que les provocaban minúsculas
hemorragias; parásito del que, con frecuencia, se contagiaban las madres y sus
crías 694. El poderío militar de China aseguró zonas inmejorables para la cría de estos
caballos, como las regiones de Ordós y Kasún; pero los caballos celestes debieron
enfrentarse a la competencia de los caballos mongoles tunguses y kirguises, que
impusieron sus caracteres dominantes, reflejados en las estatuillas de terracota de los
Tang, caballos reconocibles por su perfil hiperconvexo y a los que algún autor ha
considerado que sobresalen entre los corceles de todos los tiempos y de todas las
razas 695.
A los chinos debemos el que, alrededor del cambio de Era, adoptaran el primer
arnés racional para enganchar los caballos al carro; gracias a este nuevo atalaje se
empezaron a aprovechar al máximo las fuerzas del caballo, por medio de un
verdadero petral que se sujetaba a la articulación humero-escapular, sin entorpecer la
respiración del caballo 696.
692
Ibídem. Pág. 141.
693
Ibídem. Págs. 141 y 142.
694
Ibídem. Pág. 142.
695
Ibídem. Pág. 142.
696
Ibídem. Pág. 142.
697
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 111.
151
caballo fue la zona de lo que hoy es Rusia occidental, en torno al 3.000 a. C., no hay
evidencias de que en esas primeras etapas se utilizara para la monta. Para Renfrew,
la primera evidencia clara del caballo montado procede de representaciones de
caballos y jinetes pertenecientes al II milenio a. C., aunque admite que las quijeras de
hueso decorado, de Eslovequia y Hungría, pueden retrotraer la equitación a fechas
anteriores al 2.000 a. C. Existen evidencias de carros de guerra tirados por caballos en
el Próximo Oriente que se pueden fechar en torno al 1.600 a. C., y vestigios de carros
tirados por caballos o bueyes que adelantarían esta fecha mil años 698. Quesada Sanz
adelanta estas fechas hasta el IV milenio a. C.; defendiendo que parece probable que
por aquellas tiempos el caballo hubiera sido empleado para la monta en las regiones al
Norte del Mar Negro; autor que retrasa la aparición de vehículos de ruedas en las
mismas regiones hacia el 3.500-3.000 a. C699.
Si uno de los primeros usos del caballo fue como animal de carga, su
importancia debió ser crucial en el desarrollo de una economía móvil, como la del
pastoreo nómada, en la que los pastores que controlan los rebaños de cabras, ovejas
o bóvidos, debían trasladar con ellos todos sus enseres 700. Utilidad a la que habría que
sumar la del aporte cárnico y abastecedor de leche. 701 Como recurso bélico no parece
ser utilizado en el campo de batalla desde el principio de su domesticación, como
demuestra el arte figurativo, que no ofrece imágenes de guerreros a caballo hasta
fechas más tardías, como el arte de los escitas o los relieves de Asiria. La causa de su
ausencia en el campo de batalla parece residir en que no es posible para un jinete
conducir y dominar a un caballo y, a la vez, combatir, si no es gracias al recurso del
bocado. Y este artilugio, aunque parece que era utilizado ya en Ucrania desde
principios del III milenio a. C.; según D. Anthony y D. Brown, parece que se
perfeccionó y difundió hacia las estepas entre el 2.000 y el 1.500 a. C., llegando hacia
1.500 al Oriente Próximo y en el I milenio a. C. a Europa 702. Claro que el no disponer
de bocado no significa que el caballo no pudiera ser utilizado como montura; ya que
estos animales pueden ser montados y conducidos sin el mismo, aunque con menos
eficacia. El poder desplazarse sobre estos rápidos animales concedería a los
indoeuropeos invasores cierta superioridad frente a las pacíficas comunidades
neolíticas, desconocedoras de la cultura del caballo 703. En estos largos
desplazamientos, los indoeuropeos utilizarían sus vetustos y pesados carros de cuatro
698
Renfrew, C. 1990. Opus Cit. Págs. 117 y 118.
699
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 66.
700
Renfrew, C. 1990. Opus cit. Pág. 118.
701
Ibídem. 163.
702
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 111.
703
Ibídem. Pág. 111.
152
ruedas macizas, tirados con seguridad por bueyes y poco adecuados para su
utilización en el campo de batalla; sólo cuando inventaron la rueda de radio y
descargaron al mismo de buena parte de su peso, pudieron sustituirse los bóvidos por
los équidos; nuevo tiro que proporcionó al artilugio la velocidad de maniobra necesaria
para su utilización como máquina de guerra 704. Uso militar que podría ser una
consecuencia derivada de su utilización como vehículo de transporte 705.
Así, parece lógico que, desde la iniciación de los conflictos bélicos entre los
hombres, el caballo ha sido su más fiel auxiliar y compañero en el campo de batalla 706.
Igualmente, parece comprobado que tras domar el caballo, los pueblos de las estepas
iniciaron la invasión del mundo con sus caballos uncidos a los carros y que habrían de
pasar cuatrocientos años para que aparecieran los primeros jinetes en la Historia 707. A
la confusión respecto al uso del caballo por los ejércitos contribuyen hechos como la
llegada de algunos pueblos, como los celtas, que se presentaron ante nuestros ojos
montados a caballo y combatiendo sobre carros 708. Además, como entre estos
pueblos, hacia 1700 a. C., convivieron carros y jinetes, ello ha contribuido a crear la
idea engañosa de una remota antigüedad para el arte de la equitación y la posible
simultaneidad de ésta con el uso de los caballos uncidos a los carros 709. El tránsito del
conductor de los caballos desde el carro a jinete, se efectuó, según Biederman, en
Eurasia, en las zonas próximas a Europa 710, por lo que parece que la cultura del jinete
es una evolución relativamente tardía respecto a la del carro y cuyos orígenes se
sitúan en el primer milenio, estando precedida en el segundo milenio por la de
conductores de carros” 711. Estos ejércitos tenían la misión de hacer las guerras, que
en las comunidades de Oriente, “…correspondía al patrón heroico en el que tan sólo
los nobles o jefes tribales combatían en enfrentamientos que escasamente
sobrepasarían la idea de razzia, siendo especialmente con la monta y la caza como
demostrarían sus habilidades y fuerza obteniendo el coeficiente de prestigio necesario
para reafirmar el derecho que, por origen, les asistía para ejercer las funciones de
gobierno. …” 712. Buen ejemplo de ese tipo de nobles habían sido los hapiru orientales,
704
Ibídem. Pág. 111.
705
Ibídem. Pág. 112.
706
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 95.
707
Ibídem. Pág. 95.
708
Ibídem. Pág. 96.
709
Ibídem. Pág. 96.
710
Ibídem. Pág. 97.
711
Citado. Ibídem. Pág. 98.
712
Gracia Alonso, F: Roma, Cartago, Íberos y Celtíberos. Ed.. Ariel. Barcelona. 2003 (A). Pág.
45.
153
llamados maryannu, establecidos en el área del Levante sirio-palestino, una
aristocracia militar especializada en el combate con los carros de guerra 713.
Tan importante era el papel del caballo en los ejércitos de aquellos tiempos que
los reyes no dejan de mencionarlos en su correspondencia. “…Entre los grandes reyes
hay intercambio de augurios e informaciones sobre la propia salud, que incluye al rey,
a su familia, a los grandes del reino, e incluso a los carros y a los caballos… .” 714.
Buena prueba de esta correspondencia entre cortes es la que envió Salmanassar I al
rey de Ugarit, en la que aquel explica su guerra contra el rey de Khatti; de cómo dio la
orden a sus guerreros de vestirse sus corazas y subir a los carros; de como enganchó
él mismo sus propios tiros; y de cómo infringió una tremenda derrota al rey de Khatti,
que se vio obligado a huir 715.
Además, parece que la práctica de las carreras de carros es tan antigua como la
aparición del carro como instrumento de guerra. Se sabe que “… los mitanios, los
aqueos y los hititas, eran grandes aficionados a las carreras de carros, que celebraban
a lo largo de una pista recta y con recorrido de ida y vuelta tras girar en torno a una
marca. …”716. Los jóvenes guerreros mitanios, llamados “marias”, fueron célebres en el
Viejo Mundo debido a las carreras de carros que celebraban, idénticas a las descritas
por el Rig-Veda 717.
3. 3. 1. Morfología.
Parece que los caballos eran pequeños, de alzada entre 120 y 130 cm. Se
preferían sementales enteros, lo que debía generar no pocos problemas de manejo,
cuando se tratara de ejemplares territoriales y de fuerte carácter. Lión, por el contrario,
indica que los arios, que guardaban sus caballos en establos y los trababan mientras
pastaban, preferían los caballos castrados y las yeguas para engancharlas a sus
tiros 718.
713
Ibídem. Pág. 66.
714
Liverani, M. 1995. Opus cit.Pág. 373.
715
Ibídem. Pág. 465.
716
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Págs. 61.
717
Ibídem. Pág. 73.
718
Ibídem. Pág. 61.
154
Las descripciones de los caballos que los arios introdujeron en la India se hallan
en el Rig-Veda: “…tenían la cabeza y el cuerpo de color castaño claro que se
obscurecía hasta convertirse en pardo sobre el vientre y las patas, a la manera del
caballo salvaje de las estepas llamado Przewalski. …” 719. Por su descripción, este
caballo parece idéntico al que se extendió por China y Asia Oriental y al que se
propagó por Mesopotamia y llegó hasta Egipto muy cruzado con el ario, dando lugar al
caballo berberisco, al mismo tiempo que sus ramas orientales fueron los antecesores
de los manchurianos, kirguises, magiares, etc 720. Desde la utilización del caballo como
máquina de guerra, es lógico que todos los estados dieran suma importancia a la cría
de dicho animal. Herodoto nos habla sobre la importancia de la cría caballar en
Babilonia, cuando dice que había, además de los caballos destinados a la guerra,
ochocientos caballos padres y dieciséis mil yeguas, y que cada semental cubría veinte
yeguas 721.
3. 3. 2. Entrenamiento.
Entre los estados de Oriente, una de las principales preocupaciones era la del
entrenamiento de estos animales, para que evolucionaran con efectividad y no se
asustaran ante las situaciones extremas de las batallas. Y precisamente, basándose
en una técnica superior en cuanto al uso del caballo fue como los mitanios pudieron
conseguir cierta preponderancia sobre los demás estados indoeuropeos 722. Los hititas,
habitantes del país de Hatti, más allá del Cáucaso, consiguieron la alianza con los
mitanios; enemigos a los que vencieron mediante una acertada política de
matrimonios; trajeron con ellos sus caballos de tipo ario que en Anatolia proliferaron
extraordinariamente y más extraordinariamente en Cilicia, en cuyos campos agrícolas
predominaba la producción de pastos 723. Aunque muy familiarizados con el caballo, los
hititas pusieron especial interés en aprender de los mitanios los conocimientos
técnicos referentes a la cría, a la doma y al entrenamiento de los caballos de carrera,
introduciendo ellos mismos notables mejoras y llegando a crear, en Cilicia, unas
yeguadas cuya fama se prolongó hasta épocas tan posteriores como las de Salomón
(950 a. C.) y Herodoto (480 a. C.), en las que seguían abasteciendo de excelentes
719
Ibídem. Pág. 60.
720
Ibídem. Pág. 60.
721
Ibídem. Pág. 165.
722
Ibídem. Pág. 73.
723
Ibídem. Pág. 79.
155
caballos arios a los pueblos de la Antigüedad 724. Reputados caballos que fueron objeto
de exportación durante siglos 725 y que alcanzaban un precio extraordinario, si los
comparamos con los de otras especies; entre los hititas “…un caballo para enganchar
al carro ligero tenía gran valor; se pagaba por él trescientos gramos de plata, en tanto
que el mejor buey de labor sólo valía ciento cincuenta; un asno o una vaca, setenta y
un carnero, solamente treinta. … 726.
De suma importancia es el texto aparecido en Hattusas, en tablillas de barro
cocido, sobre hipología 727. Es el método de doma de los caballos del mitannio Kukkuli,
en el que se describe, con todo detalle, un sistema para entrenar caballos a lo largo de
siete meses, de modo que, al final de la doma, los caballos pudieran mantener un
trote acompasado, tirando del carro durante largas distancias 728. Está datado en el
1350 a. C., en él se dan normas sobre la alimentación y los ejercicios convenientes
para los caballos que han de uncirse a los carros de guerra 729. Kikkuki fue coetáneo de
Subililuima y de su yerno Mattiwaza y era, probablemente, un Escudero Mayor del
Estado que daba a sus alumnos hititas instrucciones sobre el adiestramiento de los
caballos; y que con seguridad llegó a Mitani como mercenario expatriado por sus
conocimientos ecuestres 730.
Detengámonos un instante en los aires en los que trabajaban estos caballos.
Según el texto, que no hace mención ni al trote ni al paso, sólo se utilizaba el galope
para los recorridos cortos; utilizándose, para los recorridos largos, el paso de
andadura 731. Este texto del mitanio coincide con las representaciones ecuestres que
nos han dejado los pueblos del Cercano Oriente 732. El galope lo representan los hititas
lo mismo que los egipcios, con los pies en tierra y las manos replegadas, como en un
salto; mientras que el paso en ambladura se refleja fielmente 733. Este es “…aquel en
que el caballo desplaza al tiempo las extremidades del mismo lado, moviéndose por
bípedos laterales. Este paso, que puede ser aprendido por el caballo pero que se
presenta de forma ingénita en algunos tipos caballares, era frecuente entre los tipos de
Asia, …” 734.
724
Ibídem. Pág. 79.
725
Ibídem. Pág. 106.
726
Ibídem. Pág. 79.
727
Ibídem. Pág. 80.
728
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 76.
729
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 80.
730
Ibídem. Págs. 80 y 81.
731
Ibídem. Pág. 81.
732
Ibídem. Pág. 81.
733
Ibídem. Pág. 81.
734
Ibídem. Pág. 81.
156
El entrenamiento de los caballos comenzaba al llegar la primavera y parece que
en la primera jornada se trataba de descubrir las aptitudes de cada uno de ellos; en
este primer día los caballos debían recorrer, enganchados y al paso de andadura, un
total de veinticuatro kilómetros; más tres carreras cortas, al galope, de 1.400 metros en
conjunto 735. En los tres días siguientes disminuyen las distancias a recorrer, lo mismo
que lo hacen la bebida y la comida que se da a los caballos, con la probable finalidad
de hacerlos perder la grasa superflua 736. El cuarto día, tras recorrer 12 kilómetros al
paso de andadura, se los hace galopar una larga distancia, para hacerlos sudar al
máximo; al llegar a la cuadra, previamente caldeada, se les abriga. Ese día se les da
para beber dos cubos de agua salada y uno de agua de cebada 737. Además, se
someten a una especie de cura, a base de frecuentes baños. Los cinco primeros días
de la doma, los caballos pastan en libertad, pero los diez siguientes se los mantiene en
la cuadra, atados al pesebre para que no se tumben y se les da mucha hierba fresca;
tratamiento laxante que parecía estar encaminado, también, a lograr el
adelgazamiento del animal 738. El día vigésimo primero y los tres que le siguen se
efectúan ejercicios ligeros al atardecer, sin carros y de 600 metros; por la noche se les
da a los caballos hierba fresca en cantidad 739. En los diez días siguientes se someten
los caballos a un ejercicio de 12 kilómetros, al paso de andadura y sin carro; y otro al
atardecer, también al paso de andadura, pero uncidos a los carros; estos ejercicios
irán aumentando paulatinamente su longitud, efectuándose, por el día, paseos largos y
reposados; y por la noche, paseos cortos, pero a paso rápido 740. A partir del día
cuarenta y seis, los caballos empiezan a galopar en distancias cortas que se
aumentarán progresivamente 741.
El texto de Kikkuli relata día a día los cuidados y el entrenamiento de los
équidos, sin olvidar la composición del pienso y los elementos que lo integran, así
como las cantidades de agua, salada o de cebada, que se les habrán de
proporcionar 742. Alimentos para caballos, como el heno, la paja picada o la cebada ya
eran usados en 1350 a. C. Gracias al texto de Kikkuli, ha quedado, para la posteridad,
la constancia de una terminología indoirania relacionada con el adiestramiento de los
caballos de guerra: asvas (caballo); assussanni (criador de caballos); asuwaninni
735
Ibídem. Pág. 82.
736
Ibídem. Pág. 82.
737
Ibídem. Pág. 82.
738
Ibídem. Pág. 82.
739
Ibídem. Pág. 82.
740
Ibídem. Pág. 82.
741
Ibídem. Pág. 82.
742
Ibídem. Págs. 82 y 83.
157
(auriga); maryannu (combatiente en el carro; o babrunnu (marrón-rojo, respecto a la
capa de los caballos) 743.
3. 3. 3. Cuidados.
3. 3. 4. El caballo en la caza.
Las noticias más remotas sobre la caza, entre las monarquías orientales del
Próximo Oriente, se remontan al III milenio a. C. cuando se expandieron la literatura y
el arte sumerio; incursiones cinegéticas reales que, como todas las actividades de los
reyes, estaban imbuidas de un simbolismo y de un significado en concordancia con la
mentalidad de los mismos 746. Muchas de estas correrías cinegéticas tienen lugar a
caballo o desde carros tirados por ellos; “…los cazadores a caballo empleaban un
sistema ideado por los lugareños de los montes Zagros para dar muerte a animales
grandes: el jinete adelantaba con rapidez a la pieza hasta dejarla detrás, a una
prudente distancia de su cabalgadura. Después, totalmente girado hacia ella y sin
dejar de galopar, se aprestaba a dispararle la flecha mortal. Maniobra más sencilla
pero igualmente eficaz, era colocar al caballo a la par que la presa para clavarle la
lanza en la cerviz. …” 747. Ya, desde el período orientalizante, los caballeros
demostraban, con los ejercicios de monta y caza, sus habilidades y su fuerza;
demostración con la que obtenían el coeficiente de prestigio necesario para reafirmar
743
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 359.
744
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 79.
745
Ibídem. Pág. 80.
746
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 118.
747
Ibídem. Pág. 124.
158
el derecho que poseían, debido a sus orígenes, para ejercer las funciones de
gobierno 748.
En Egipto, con la aparición del caballo y su utilización como animal de arrastre,
lo que ocurrió durante la XVIII dinastía (ca. 1500 a. C.), las escenas de caza
abandonan los recintos funerarios y se consolidan en los muros de los templos 749.
La historia general del vehículo para la guerra, del que tiraban los caballos, es
larga y documentada. Los primeros carros tenían cuatro ruedas macizas y se
dedicaban preferentemente al transporte de mercancías. Más tarde apareció el de dos
ruedas, tirado por onagros, que ocupaba un combatiente que se sentaba en él a
horcajadas, y que al tener que conducir y mantener el equilibrio, no podía manejar el
arco o cualquier otra arma con eficacia 750.
748
Gracia Alonso, F: La guerra en la Protohistoria. Ed. Ariel. Barcelona. 2003 (B). Pág. 45.
749
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 132.
750
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 360.
751
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 74.
752
Ibídem. Pág. 74.
753
Ibídem. Pág. 74.
159
que, por ejemplo, hallamos en los carros egipcios y del Próximo Oriente, cuyos ejes
situados en el extremo trasero de la caja aseguraban la máxima estabilidad en los
movimientos bruscos, aún a costa de cargar más peso sobre los hombros de los
caballos que tiraban del mismo 754. A este tipo de carros pertenecen los encontrados en
la tumba de Toutankhamon, al lado de cuya puerta había carros desmontados, con
ruedas de seis radios y de, casi, un metro de diámetro 755; además, a la estabilidad
proporcionada por la localización trasera del eje, habría de sumarse la generada por la
anchura del mismo. La rueda se construía de una sola pieza que se curvaba hasta
hacerla circular, procedimiento que las convertía en extremadamente ligeras y
resistentes; las llantas eran de bronce 756. Estos carros, conocidos en Egipto y Grecia
durante la Edad del Bronce, servían para las paradas de la aristocracia y, a partir del
fin de la época micénica, como carros de carreras; así parece probarlo un fragmento
de ánfora, del siglo XIII a C., encontrado en Tirynthe (Argólida) y en el que podría
representarse una carrera de carros, según parece mostrar la escena de los caballos
enganchados a carros de dos ruedas, cuyos aurigas, sin armas, aguijonean a los
mismos 757.
Carros de guerra de dos ruedas había aparecido por primera vez en Mitanni,
donde parece que fue introducido por la aristocracia indoeuropea de tipo indo-iranio,
que dominaba ese imperio. Como también los griegos de época micénica utilizaran
ese instrumento de guerra, parece que pudiera tratarse de un desarrollo compartido,
en un principio, tan sólo por griegos e indo-iranios; y aunque parece que también los
hetitas combatieron en esa clase de carro, todo hace pensar que pudieran haber
aprendido esa técnica de Mitanni, como parece sugerir el tratado hetita de hipología,
que firma nuestro conocido Kikkuli 758. Mitanni y Hatti, junto con el reino nuevo de
Egipto, la Babilonia casita y Micenas, conforman el conjunto de estados de la Edad del
Bronce pleno que tenía como mejor instrumento ejecutivo a su ejército, cuya arma
principal la componían la letal combinación de un vehículo tirado por rápidos caballos y
unos soldados profesionales, los aurigas, pertenecientes a las clases aristocráticas y
armados con el poderoso arco compuesto 759.
Este vehículo era ya un arma nueva, que en nada se parecía a los primitivos
modelos sumerios. Era un vehículo de dos ruedas con radios, cuatro al principio, y una
754
Ibídem. Pág. 75.
755
Decker, W. et Thuillier J. P: Le sport dans l´Ántiquité. Ed. Antiqua et Picard. Paris. 2004.
Págs. 31 y 32.
756
Lión Valderrábano, R.1970. opus cit.Pág. 61.
757
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 77.
758
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 113.
759
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Págs. 68 y 69.
160
lanza sencilla, del que tiraban dos caballos dominados por un bocado metálico. De
caja pequeña y abierta por detrás, estaba concebido para acomodar, de pie, sólo dos
o tres personas 760. Las primeras imágenes sobre estos carros nos las proporcionan la
colonia comercial de Kanesh (Kultepe, Anatolia), a principios del siglo XIX a. C.; en
donde los caballos son guiados mediante el arcaico sistema de anillas en las
narices 761. Carros que, si al principio, se construyeron en escaso número y se
reservaron para realzar el prestigio de las clases elevadas, en las ceremonias, pronto
se convirtieron en imprescindibles en el campo de batalla 762. Presencia insignificante
en sus albores, según narra, sobre el asedio de Urshu, una obra épica hitita de
tiempos de Hatussil I, en la que se menciona una fuerza de treinta carros en el ejército
del rey hitita, y de ochenta entre los hurritas, sus oponentes 763. Pero estas cifras
aumentaron en los campos de batallas, a medida que pasaba el tiempo; sirvan estos
ejemplos: el faraón Tutmés III (XVIII dinastía, hacia 1.500 a C) capturó a sus enemigos
decenas de carros y cientos de caballos; en su sexta campaña se hizo con 188
caballos y 40 carros; y en la toma de la ciudad de Ullaza capturó 492 prisioneros, 26
caballos y 13 carros 764. El manejo de arma tan vital en el desarrollo de las batallas
exigió una especialización de los guerreros que la manejaban, que se convirtieron en
una élite creciente en el seno de los ejércitos de la época, de los que son buenos
ejemplos los maryannu mitannios 765.
Los carros de guerra tenían múltiples usos: plataforma móvil desde la que lanzar
armas, medio rápido para alcanzar al enemigo que huye, o fuerza de carga contra la
infantería enemiga. Si todos los autores aceptan la utilización del carro respecto a los
dos primeros usos; otros dudan del uso del mismo como fuerza de carga contra la
infantería enemiga, ya que, argumentan, los caballos jamás se lanzarían contra un
obstáculo macizo y quieto 766. Liverani se opone a estos últimos, alegando que las filas
de infantes no eran tan apretadas como para formar un muro macizo ante el que se
plantaran los caballos y que, más bien, serían los infantes enemigos los que huirían
760
Ibídem. Pág. 69.
761
Ibídem. Pág. 69.
762
Ibídem. Pág. 71.
763
Ibídem. Pág. 71.
764
Ibídem. Pág. 71.
765
Ibídem. Pág. 80.
766
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 362.
161
ante el ataque de los carros 767. Así pues, la táctica más habitual en las cargas de
guerra de aquellas fechas, podríamos imaginárnoslas como el ataque de los carros de
un contrincante contra la infantería del enemigo a la defensiva; a los carros atacantes
los seguiría su infantería, mientras que los carros enemigos rodearían a los atacantes
por los flancos 768. Además, parece que el uso del carro no se limitaba a su utilidad en
la propia de batalla, ya que se sabe que los correos escritos en tabletas de barro
cocido, transportados en carros de guerra, recorrían continuamente los caminos de
Siria y Sinaí 769.
Aunque su principal aplicación fue de carácter bélico, lo que supuso una
revolución en la técnica del combate; caballos y carros ligeros se usaron también para
la caza, que con seguridad tenía un importante valor simbólico, pero escaso o nulo
interés político 770. Estas escenas serán ampliamente representas en la iconografía, y
se extenderán desde el Egeo hasta Egipto; lugar este último en el que se convierte en
la representación típica del faraón; y en Siria, carros y caballos, se convierten en
requisito ideal de la heroicidad real 771. Ese es el mensaje que transmiten las
representaciones asirias cuando presentan al rey como capaz de dominar las fuerzas
salvajes de la indómita naturaleza 772. Carros y caballos son necesarios, además, para
adornar todo tipo de aventuras, como la que relata el texto egipcio que describe la
aventura del príncipe que parte hacia tierras lejanas para encontrarse con una
princesa de la que lo separan múltiples obstáculos 773.
767
Ibídem. Pág. 362.
768
Ibídem. Pág. 362.
769
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 74.
770
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 360.
771
Ibídem. Pág. 449.
772
Ibídem. Pág. 593.
773
Ibídem. Pág. 449.
162
textiles 774. En el mismo complejo se encontraba el arsenal de los carros, donde se han
hallado numerosas piezas para su fabricación, además de bocados de bronce
articulados y armas 775. Estos carros se fabricarían con probabilidad en los mismos
palacios, como parecen confirmar las inscripciones de diversas tumbas de Sakkara,
donde se documentan títulos como “Jefe de fabricantes de carros” 776.
Pero probablemente, no todos los reyes construirían sus carros; por ejemplo
para Egipto se piensa que sus carros habrían sido conseguidos mediante botines de
guerra o por compra en talleres extranjeros; argumentación basada en que muchos de
los materiales indispensables en la fabricación de los carros, como la madera de
fresno o la corteza de abedul, no se dan en Egipto 777. Claro que contra esta última
argumentación hablan las evidencias del envío de abundante materias primas a este
país; además, los textos y la iconografía confirman que durante el Reino nuevo, el
Estado comenzó a controlar la construcción y la reparación de los carros de guerra 778.
Además de los talleres encargados de la fabricación de los mismos debieron
existir talleres dispersos especializados en su reparación, como muestra el papiro
Anastasi I del Museo Británico, sobre el taller de reparación de Jaffa, Palestina :
“…Llegas al arsenal; los talleres te rodean por todas partes; se te acercan los
metalúrgicos y los trabajadores del cuero. Hacen todo lo que deseas. Se ocupan de tu
carro, para que deje de estar inútil […] Y ahora marchas rápido a luchar en el campo
de batalla, a realizar las hazañas de un valiente. …” 779.
En los palacios micénicos, como Pilos o Cnosos, nos encontramos el mismo
panorama que en Egipto, aunque a escala más reducida. Es con el nacimiento de la
cultura micénica cuando encontramos, en el círculo A de tumbas de Micenas, estelas
donde aparecen imágenes de carros ligeros, de ruedas radiadas, y tirados por
caballos 780. En Cnosos se han encontrado tablillas relacionadas con los arsenales
donde se guardaban carros enteros y desmontados, y cuyas cifras nos hablan de un
arsenal disponible aproximado de 200 carros, número que parece confirmarse, según
los hallazgos, también para Pilos 781. Parece, pues, que desde mediados del II milenio
a. C, tanto las grandes potencias del Próximo Oriente, como algunas de las menores y
las periféricas, desarrollaron un elaborado sistema de arsenales, establos, talleres de
774
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 95.
775
Ibídem. Pág. 95.
776
Ibídem. Pág. 81.
777
Ibídem. Págs. 93 y 94.
778
Ibídem. Págs. 94 y 95.
779
Citado. Ibídem. Pág. 91.
780
Ibídem. Pág. 100.
781
Ibídem.Pág. 101.
163
producción y reparación centralizados para los carros y las armas asociadas a su
uso 782.
Mantener estas unidades de carros era costoso. Al valor del carro, había que
añadirle el de los caballos, el de las armas ofensivas y defensivas y el de las corazas;
innovación, ésta última, que había comenzado a utilizarse hacia el Bronce Tardío y
que cumplía con la misión de proteger al caballo y a los caballeros; a estos costos
había que sumar el complicado adiestramiento de las bestias 783. Por otra parte, los
palacios orientales debían disponer de suficientes medios económicos para pagar a
los carristas. Y parece que la forma de remunerarles sus servicios era la concesión de
lotes de tierra a cambio del servicio militar; tierras que en muchas ocasiones estos
mismos militares dedicaban a la cría de caballos 784. Las relaciones de solidaridad
entre estos combatientes en carro y el rey, le abrió las puertas de palacio a esta nueva
aristocracia que se sumó al grupo de administradores del monarca, con el que
formaban el núcleo dirigente y por el que gozaban de una posición socioeconómica
privilegiada 785. Esta práctica también llega a Babilonia, durante el período casita,
mediante la que el rey concede a los guerreros profesionales que conducen carros y
caballos importantes propiedades rurales; apareciendo un nuevo tipo de propiedad, las
asignaciones rurales a la aristocracia 786. De los presupuestos necesarios para
mantener estos ejércitos, nos dan fe los textos celebrativos, que aunque puedan ser
exagerados, nos informan sobre la consistencia de las tropas. Sirva como ejemplo la
batalla de Qarqar en la que lucharon los asirios contra los confederados sirios, y donde
estos últimos formaron con 4.000 carros, además de 55.000 infantes, 2.000 caballeros
y 1.000 camelleros 787.
782
Ibídem. Pág. 106.
783
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 362.
784
Ibídem. Pág. 362 y 363.
785
Ibídem. Pág. 363
786
Ibídem. Pág. 476.
787
Ibídem. Pág. 636.
164
Los onagros fueron las animales que engancharon los sumerios a sus carros, ya
que en Sumer no se conocía el caballo 788; eran tiros de dos o cuatro animales, según
se desprende de las representaciones de carros que han llegado hasta nosotros 789,
como la cuadriga de Tell Agraf 790. El asno formaba parte del patrimonio zootécnico del
Oriente Próximo desde la época neolítica, siendo la bestia de carga por excelencia; y
su variedad salvaje, el onagro, por su robustez, era la que se utilizaba para tirar de los
carros de cuatro ruedas 791. El carro de los sumerios era muy primitivo, con un eje
inmóvil que no le permitía maniobrar con rapidez y que requería un terreno llano para
su óptima utilización; lo ocupaban el conductor y el guerrero 792.
Para Liverani el uso del caballo de forma habitual no se produjo hasta el II
milenio a. C., debido a su área de distribución y a las dificultades de su domesticación.
Además, su importancia histórica no fue tan grande como para que apareciera en los
textos de forma destacada; su nombre sumerio anse kurra (burro de montaña) lo
describe como una variante exótica y salvaje del burro 793. Pero el caballo, a mediados
de este II milenio, irrumpe de forma definitiva en Oriente Próximo y se propaga
rápidamente por todo el área, hasta Egipto. “…Se usaba para tirar de un carro ligero
dotado de dos ruedas con radios, construido con una selección de maderas duras. Su
ligereza permitía que un par de caballos uncidos tirasen de un carro en el que cabían
dos personas (un auriga y un arquero), alcanzando una velocidad considerable. …” 794.
El nacimiento del carro de dos ruedas tirados por caballos aparece en el ámbito
iranio, como demuestra el hecho de que la terminología relacionada con este tipo de
doma tan difícil incluya términos y frases indoiranias, que aparecen en el idioma
original en textos escritos en hitita o acadio 795. Si los iranios fueron los creadores de
este artefacto, a medida que iba penetrando en otras regiones como Mesopotamia,
Anatolia o Siria, se iba perfeccionando 796. Parece que, cuando los kasitas,
procedentes de los montes Zagros, conquistaron Babilonia llevaron por primera vez
con ellos los caballos, que sustituyeron al onagro en los tiros de los carros; los
788
Lara Peinado, F. 1999. Opus cit. Pág. 134.
789
Ibídem. Pág. 117.
790
Ibídem. Pág. 196.
791
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 360.
792
Lara Peinado, F.1999. Opus cit. Pág. 117.
793
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 360.
794
Ibídem. Pág. 360.
795
Ibídem. Pág. 360.
796
Ibídem. Pág. 360.
165
mesopotámicos llamaron a los caballos, “asnos de Oriente” y allí proliferaron de tal
forma como para que un rey kasita pudiera, muy poco tiempo después, jactarse de
que los caballos, en su reino, eran comunes como la paja 797.
Parece que la silla la constituían una tela para algunos y, para otros, la piel de
algún animal y que los estribos eran desconocidos 798. Desconocida era, también, la
herradura, pero su desconocimiento no representaba un grave inconveniente, ya que
los caballos han ido perdiendo, con el tiempo y con el uso de herraduras, la dureza
primitiva de sus cascos. Según los experimentos realizados por el Dr. Heck para
conseguir recuperar al primitivo tarpán, que se extinguió hace poco tiempo, entre los
caracteres secundarios presentes en el caballo reconstruido destaca la dureza de sus
cascos, que le han permitido recorrer una distancia tan larga como 1.500 kilómetros
antes de tener el más ligero desgaste 799.
Parece, como ya sabemos, que el honor de ser los primeros équidos uncidos a
los carros pertenece a los onagros y que éstos eran conducidos mediante unas anillas
sujetas a su labio superior o a sus fosas nasales y sobre las cuales actuaban las
riendas; procedimiento que se usó también para conducir a los bueyes que se
uncieron a los carros pesados 800. Pero cuando los caballos comenzaron su expansión
(hacia el 1.800 a. C.) usaban ya bocados de bronce y cabezadas de cuero con
refuerzos y adornos de metal 801. Algunos quieren ver el origen del bocado en la
jáquima, simple cabezada de cuerda, cuyo ronzal del mismo material sirve de rienda;
en la búsqueda de la efectividad, una vuelta de la misma, se llegaría a introducir en la
boca del caballo, práctica que desembocó en la utilización del bocado de metal 802.
En las estepas situadas al norte del Mar Caspio y de los lagos Aral y Balkach,
han aparecido, junto a caballos y sus arneses, las camas de bocado más antiguas que
se conocen, fabricadas en huesos labrados y provistas de un orificio central, en el que
se ajustaba la embocadura de bronce 803. Posteriormente han aparecido en Europa
camas de bocado de factura similar. Poco a poco, las embocaduras rígidas van siendo
sustituidas por los bocados articulados, como sucedió hacia 1.500-1.300 a. C. en
797
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 54.
798
Ibídem. Pág. 100.
799
Ibídem. Pág. 100.
800
Ibídem. Pág. 100.
801
Ibídem. Pág. 101.
802
Ibídem. Pág. 100.
803
Ibídem. Pág. 101.
166
Transilvania, donde aparecieron bocados articulados, como el encontrado en Uioara
(Felsöujvar) que será el que, con pocas variaciones, se extienda por regiones tan
distantes como el oeste de Hungría, el sur de Alemania, el norte de Italia y el este de
Francia. 804. Para sujetar los caballos al pesebre se utilizaban cabezadas de cuadra,
con seguridad, de cuero 805.
Si el carro de dos ruedas radiales y tirado por caballos aparece hacia el 1.800-
1.600 a. C. en las estelas funerarias micénicas (1.600 a. C.), en los relieves hititas
tardíos y en escenas de batallas anteriores al período de al- Amarna en Egipto 806, su
uso parece anterior al del caballo montado; pero no todo el mundo comparte esta
opinión, ya que el romano Lucrecio (94-51 a. C.), por el contrario, sostiene que “…el
uso de montar a caballo con armas, gobernarlo con el freno y combatir con la diestra
fue anterior al de tentar los riesgos de la guerra en carro de dos caballos. Y el tiro de
dos caballos precedió a la cuadriga y al guerrero montado en carro guarnecido de
hoces. …” 807.
Con todo, llegó un momento en que el empleo militar del carro entró en
decadencia, debido, principalmente, a la aparición de la caballería montada, menos
costosa y de más fácil maniobrabilidad. Por ejemplo, durante la llamada Edad Oscura,
en el Egeo y Chipre, gozó de una época de esplendor, en la que siguió siendo el
vehículo de la aristocracia homérica, pero ya no un arma efectiva; parece haberse
empleado como vehículo de transporte para acudir al campo de batalla y, además,
como símbolo de riqueza y prestigio 808. Por ejemplo, la pérdida de este carácter militar
se constata ya en el siglo VIII a. C. en las estelas del suroeste español, lugar donde el
carro ya había perdido su papel militar, pero donde se había realzado aún más una
doble función simbólica; como elemento expresivo del prestigio y la riqueza de los
aristócratas militares, por un lado, y por otro, como símbolo funerario, por su utilización
como vehículo de transporte al Más Allá 809.
804
Ibídem. Págs. 101 y 102.
805
Ibídem. Pág. 101.
806
Renfrew, C.1990. Opus cit. Pág. 164.
807
Lucrecio Caro. 2001. Opus cit. Pág. 121.
808
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 72.
809
Ibídem. Pág. 73.
167
Ahora, los pueblos que habían conquistado el Viejo Mundo hubieron de aprender
con premura el nuevo arte para subsistir, ya que el guerrero de carro se encontraba en
inferioridad maniobrera respecto al jinete, mucho más ágil y con mucha más capacidad
para evolucionar 810. Entonces, parece lógico que cuando el hombre descubrió la
equitación mejoró notablemente el aprovechamiento de los caballos para la guerra, ya
que a la mayor agilidad de los caballos desuncidos y a la mayor rapidez, hemos de
sumar el menor coste, derivado de la eliminación del carro en el campo de batalla;
objeto que desde ahora en adelante quedará relegado a simple vehículo de
ostentación en las paradas triunfales 811.
Una de las misiones especiales encomendadas a los caballeros era la de la
mensajería, misión que parece datar desde los albores del arma, como parece
constatar la carta que se conserva de la ciudad de Mari, en la que se hace referencia a
la peripecia de un mensajero real del rey Zimri-Lim a quién le habían robado el caballo
y diez asnos cargados de enebro 812.
810
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 98.
811
Ibídem. 1970. Pág. 99.
812
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 69.
813
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 262.
814
Ibídem. Pág. 607.
168
estribar, además de en los inconvenientes propios de la climatología adversa, en la
posibilidad de alimentar a las tropas sobre el terreno de batalla con, tan sólo,
apoderarse de las cosechas que se extendían por doquier 815.
Llegados a la etapa final de la Edad del Bronce, se empieza a usar el caballo
para montar en vez de uncidos a los carros, uso que se generalizaría en la Edad del
Hierro. Buen ejemplo del empleo del caballo en aquellas fechas nos lo proporciona
Israel, donde encontramos a su primer rey, Saúl, combatiendo contra los filisteos que
se presentaron en el campo de batalla con seis mil caballos que tiraban de los tres mil
carros filisteos participantes en la contienda; los carros y el hierro, elementos de los
que no disponían los hebreos, determinaron la superioridad de los filisteos 816. A Saúl lo
sucedió David, que conocía el uso de carros y caballos porque los había usado
cuando había militado en las filas de los pulesatas, otro de los Pueblos del Mar;
conociendo pues la ventajas de la caballería. Tras derrotar al rey de Sobá,
arrebatándoles 17.000 guerreros de carro y 20.000 infantes, inutilizó todos los
caballos, excepto los doscientos que reservó para enganchar a los cien carros que
juzgó poder mantener, debido al elevado coste de su posesión 817.
Y ya en la plenitud de la Edad del Hierro (960-920 a. C., aprox.) vivió Salomón
hijo y sucesor del rey David, reinado durante el que recibieron un gran impulso las
grandes obras públicas iniciadas por su padre; rey que, además de construir
monumentos en Jerusalén, organizó centros administrativos y militares a los que
proveyó de almacenes, establos y fortificaciones 818. Con Salomón llegó la Edad de Oro
del pueblo de Israel, cuya economía, basada en la explotación de las minas de cobre y
en un floreciente comercio con los demás pueblos, le permitió costear el caro lujo de
importar, a su reino, carros y caballos por vez primera 819. Desde el punto de vista de la
historia del caballo, muchos autores dan primordial importancia al reinado de Salomón,
ya que las tradiciones árabes sostienen, en sus leyendas, que sus caballos proceden
de los caballos regalados por el hijo de David a la reina de Marib (Saba) 820. Los
caballos de Salomón procedían de Cilicia, los vendía a los egipcios y exportaba carros
a Asia Menor, para los reyes hititas y los de Aram 821. Respecto a los caballos, esto es
lo que podemos leer en Reyes: “…los caballos los traía de Musri (área del Tauro) y
Coa (Cilicia), una caravana de comerciantes del rey compraba a un precio
815
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 144.
816
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 113.
817
Ibídem. Pág. 113.
818
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 522.
819
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 114.
820
Ibídem. Pág. 114.
821
Ibídem. Pág. 115.
169
determinado; una pareja para un carro costaba, al salir de Musri, seiscientos siclos de
plata, y un caballo, ciento cincuenta siclos. Los traían también para los reyes de los
geteos y los de Siria. …” 822. En cuanto a los contingentes que Salomón mantenía en
sus ejércitos, recurrimos a I Reyes (10, 26, 28, 29) en dónde se nos indica que en sus
cuadras se alojaban los caballos necesarios para movilizar un ejército constituido por
1.400 carros y 12.000 jinetes; pero en I Reyes (4, 26-28) se indica que “…Tenía
Salomón en su caballerizas 40.000 caballos para carros y 12.000 de montura, a los
que mantenían los proveedores del rey […] que conducían cebada y paja para
caballos y bestias de carga. …”823. En Tell-el-Muteselim (Magueddo) se han
descubierto las cuadras que construyó Salomón; amplias, de práctico trazado y con
pesebres individuales, podían albergar hasta 450 caballos 824. Los establos estaban
edificados en torno a un gran patio central, con suelo de cal apisonada y cardado, para
evitar que los caballos resbalaran; “…En muchas de ellas se encuentran residuos de
los pesebres y pueden verse aún trozos de las canalizaciones para el agua. Hasta
bajo el punto de vista actual se trata de caballerizas lujosas. Por el extraordinario
cuidado que se puso en su construcción y en su disposición, cabe deducir que en
aquella época los caballos eran muy apreciados. …” 825.
Fueron diversas tribus, como hititas, hurritas, mitanios y habirus, las que hacia
1730 a. C. y procedentes de Oriente, se presentaron a las puertas de Egipto. En
concreto, los hicksos llevaron con ellos a Egipto nuevos elementos de poder, entre los
que destacaban los carros y los caballos, que lograron horrorizar a los egipcios, por
su espectacularidad y por su enorme eficacia en el combate 826. Pero el fin de la
preponderancia hicksa llegó, y lo hizo de la mano de Amosis I, fundador de la XVIII
dinastía y al cual, el destino le reservó la gloria de liberar a su patria de los invasores,
al adoptar la máquina de guerra de los hicksos, el carro tirado por dos caballos 827.
Entre los sucesores de Amosis destaca Tutmosis III, que realizó con unidades de
carros sus punitivas expediciones. Entre sus campañas militares destaca la derrota
822
Gracia Alonso, F. y Munilla, G: Protohistoria. Pueblos y culturas en el Mediterráneo entre los
siglos XIV y II a. C. Ed. Universidad de Barcelona. Barcelona. 2004. Pág. 245.
823
Citado. Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 116.
824
Ibídem. Pág. 116.
825
Ibídem. Pág. 116.
826
Ibídem. Pág. 67.
827
Ibídem. Pág. 70.
170
que le infligió al rey de Kadesh, en Magueddo, donde se presentó en un carro con
adornos de oro y plata. Montado en él y viajando a la cabeza de sus ejércitos,
emprendió una veloz marcha desde Egipto a Magueddo, realizando una demostración
de la movilidad y la esmerada organización de su ejército. Tras la derrota infligida al
rey de Kadesh, le capturó 924 carros y 2.238 caballos; y haciendo gala de su espíritu
irónico, les proveyó de asnos, para que regresasen a sus tierras cabalgando sobre
ellos 828. Los carros que utilizaban estos contrincantes de Tutmosis eran similares a los
empleados por hicksos y egipcios, con ruedas de cuatro radios y arrastrados por dos
caballos; y según el cuenco de oro que se conserva en el Museo Nacional de
Damasco (prefenicio, del siglo XVI a. C.), el arquero llevaba las riendas sujetas a su
cintura, para poder manejar el arco 829. Hicksos y egipcios incorporaron a la lanza de
sus carros un adorno de cobre bruñido y repujado, en forma de abanico, que aunque
parecía el escudo simbólico del auriga, era en realidad un artefacto que reflejaba los
rayos del sol, y servía para deslumbrar al enemigo y asustar a sus caballos 830.
Ramsés II se enfrentó a los hititas a las puertas de la ciudad de Kadesh, en abril
de 1295 a. C. Si la que mantuvo Tutmosis, en Magueddo no se puede considerar
ejército organizado, en la de Ramsés fue la primera ocasión en que aparecen jinetes
en un campo de batalla 831. Sobre el importante papel de la caballería en esta batalla,
escuchemos a Lión: “… No creo que pueda caber la menor duda respecto al papel
transcendental que en esta jornada tuvo la Caballería; el número de carros que en ella
tomó parte, cercano a los 5.000; el movimiento envolvente efectuado por los hititas
hasta la base de partida de una formidable carga de carros, que sorprendió y destrozó
la segunda División egipcia; el rápido traslado de los escu