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Hace Veinte Años: Recordando La Edición Del Tumbo de Celanova

Este documento resume la historia de estudios sobre la documentación medieval del monasterio de Celanova, Galicia. Destaca las contribuciones de investigadores como Sánchez-Albornoz, Sáez, Valdeavellano y Carzolio, quienes analizaron estos documentos en el siglo XX. También describe las transcripciones realizadas por el autor de este artículo de los más de 500 documentos contenidos en el Tumbo de Celanova, con el objetivo de publicar una edición completa.

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Hace Veinte Años: Recordando La Edición Del Tumbo de Celanova

Este documento resume la historia de estudios sobre la documentación medieval del monasterio de Celanova, Galicia. Destaca las contribuciones de investigadores como Sánchez-Albornoz, Sáez, Valdeavellano y Carzolio, quienes analizaron estos documentos en el siglo XX. También describe las transcripciones realizadas por el autor de este artículo de los más de 500 documentos contenidos en el Tumbo de Celanova, con el objetivo de publicar una edición completa.

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miscelánea de ar te e cultura

Rudesindus 10/2017. ISSN: 2255-5811. Páxinas 77-82

Hace veinte años: recordando


la edición del Tumbo de Celanova
José M. Andrade Cernadas

rudesindus
La documentación altomedieval del monasterio de Celanova fue siempre obje-
to de atracción e interés. Se trata, como se comentará a continuación, de una docu-
mentación numerosa para esos siglos iniciales de la Edad Media y de una calidad
informativa más que sobresaliente.
Por estas razones los historiadores la han venido prestando atención desde hace
mucho tiempo pero, particularmente, desde principios del siglo XX. Podríamos
comenzar mencionando a Eduardo de Hinojosa, que fue uno de los padres de la
moderna Historia del Derecho y que se valió de varios documentos celanovenses
en algunos de sus estudios institucionalistas.
Es obligado seguir mencionando a uno de sus discípulos como fue Don Claudio
Sánchez-Albornoz. En la prolífica, casi torrencial, producción académica del
medievalista abulense (conviene recordar su ascendiente gallego por vía materna
reflejado en su segundo apellido, casi siempre olvidado: Menduiña) no es difícil
encontrar referencias a documentos de Celanova: ya sea en sus trabajos sobre los
contratos de arrendamiento, en los dedicados a los siervos y libertos, a la hora de
estudiar a los pequeños propietarios libres en el Reino de León, o cuando se preo-
cupó por la organización territorial de la España altomedieval en sus commissa y
mandationes. También recurrió a la documentación celanovense cuando acometió
sus análisis del precio de la vida, la moneda y el sistema fiscal del Occidente hispá-
nico anterior al siglo XII. Es obvio, por consiguiente, que la documentación celano-
vense fue siempre una de sus principales fuentes de información. Incluso, en
alguna ocasión, llegó a dedicar algún trabajo monográfico a la documentación de
Celanova como en su “Seis documentos judiciales del siglo XI del monasterio de
Celanova”, contribución publicada en 1976.
En su exilio argentino, entre otros muchos materiales, Don Claudio tenía una
reproducción fotográfica del Tumbo de Celanova y, sin duda, su propia transcripción
de la documentación en él contenida que, aunque nunca llegó a ver la luz pública y
editada, existía sin ningún género de dudas y él se refirió a ella en varias ocasiones.

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Otro hito académico en el manejo y difusión de la documentación altomedieval


del monasterio fundado por San Rosendo lo constituye, sin lugar a dudas, Emilio
Sáez. Hombre clave en los estudios medievales de la España de la posguerra, estuvo
vinculado, desde el principio con la historia de Celanova y con el análisis de su
documentación. De hecho su tesis doctoral llevaba por título “Colección diplomá-
tica del monasterio de Celanova”. Dicha tesis fue defendida en la entonces Univer-
sidad Central de Madrid en 1948 y había sido realizada bajo la dirección de su
maestro Antonio de la Torre. Aunque no publicó la tesis (pese a anunciarlo reitera-
damente a lo largo de su fructífera vida) Sáez contribuyó poderosamente al estudio
del mundo rosendiano y, especialmente, de Celanova y de su documentación.
Baste mencionar dos de sus trabajos más conocidos y, aún hoy de consulta obliga-
da: “Notas al episcopologio minduniense del siglo X” (1946) y, muy especialmente,
su “Los ascendientes de San Rosendo. Notas para el estudio de la monarquía astur-
leonesa durante los siglos IX y X” (1948)
Ya en la década de los setenta dos discípulos de Sánchez-Albornoz, Luis García
de Valdeavellano y María Inés Carzolio publicaron trabajos centrados, esencial-
mente, en la documentación del monasterio rosendiano por antonomasia. Valdea-
vellano, discípulo desde los tiempos previos al exilio de Don Claudio, Catedrático,
primero de Historia del Derecho y, posteriormente, de Historia de las Instituciones
Políticas, publicó un conocido y recurrentemente citado trabajo sobre el renovo, es
decir sobre la práctica del préstamo en especie practicado por los poderosos alto-
medievales y que encuentra en los documentos de Celanova una de sus principales
canteras informativas. Hay renovos documentados en otras colecciones documen-
tales, es cierto, pero seguramente en ninguna del mismo modo que en el Tumbo de
Celanova.
María Inés Carzolio, por su parte, es una de las discípulas que el maestro de
Ávila hizo en su largo exilio argentino. La tesis de esta investigadora fue, precisa-
mente, un estudio histórico sobre el dominio del monasterio de Celanova, parte
del cual se vio publicado en sucesivos artículos aparecidos en la revista Cuadernos
de Historia de España. Destaca, además, el estudio monográfico dedicado a uno de
los personajes que, tras el propio San Rosendo y algún abad especialmente longevo
y activo, como pudo haber sido el caso de Aloito, está mejor documentado en la
colección celanovense: me refiero al prepósito Cresconio quien vivió entre los
siglos X y XI, nos dejó varias decenas de documentos así como unos cuantos inven-
tarios de adquisiciones en los que, a veces, junto a información de tipo patrimo-
nial, nos encontramos con muchas otras de tipo político y jurídico, cuando no
incluso de naturaleza personal y autobiográfica.
En la historiografía de la España anterior a la transición existe una figura inelu-
dible: la del historiador no profesional, o carente de formación académica especí-
fica pero con importantes aportaciones al conocimiento y divulgación histórica.

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Hace veinte años: recordando la edición del Tumbo de Celanova

Muchos se ocuparon del estudio de la historia altomedieval y también ellos pusie-


ron su mirada y atención en la documentación de Celanova. Casos como el del
gallego de Ribadavia, Manuel Rubén García Álvarez o del leonés Justiniano Rodrí-
guez, son insoslayables a la hora de trazar una completa, cabal y justa huella de las
investigaciones realizadas a partir de la documentación de nuestro monasterio.

rudesindus
Ambos publicaron varios trabajos centrados, específicamente, en Celanova, en San
Rosendo y en su familia.
Ya en la década de los ochenta, y previos a la edición del Tumbo, no debemos
olvidar las tesis, relativamente próximas en el tiempo de su defensa, de Amancio
Isla, leída en la Universidad Complutense, y de Carlos Baliñas, en la de Santiago.
Los dos trabajos se centraban en el análisis de la Galicia altomedieval, aunque
adoptaban enfoques diferentes. En ambos casos, sin embargo, la documentación
celanovense, por su propio protagonismo, era parte esencial del material de traba-
jo de estos dos investigadores.
Y ahora me van a permitir que hable de mi propia experiencia personal. Cuando
Ermelindo Portela, mi Director de Tesis y maestro, me propuso como tema el
monacato benedictino en la Galicia de los siglos XI al XIII, definimos nuestro ámbi-
to de investigación a partir de cuatro monasterios y sus respectivos documentos:
Samos, Pinario, Antealtares y Celanova.
Parte de ese material estaba publicado, parte me fue facilitado por transcripcio-
nes de colegas (es de justicia recordar, agradecido, la generosidad de Fernando
López Alsina) pero otra parte, no menor, había que transcribirla y ahí fue cuando
comenzó mi contacto con la documentación del Tumbo.
Acabada la tesis en 1992, decidí asumir la tarea de transcribir integralmente la
documentación del Tumbo (para el doctorado solo había trabajado con los docu-
mentos de los siglos XI y XII) pensando, quizá, en publicarla en su momento, y
totalmente convencido de la necesidad de su edición integral por la cuantía y cali-
dad de su contenido.
No soy capaz de decir cuánto tiempo me llevó la tarea de transcripción de aque-
llos más de quinientos documentos copiados en folios escritos en unas hermosas
y claras letras carolinas pero con un latín, a veces, enrevesado y complejo, en docu-
mentos no siempre fáciles de comprender. La transcripción se hizo, en lo esencial,
sobre una vieja pero excelente reproducción fotográfica de los 198 folios del Tumbo
que estaba depositada en el archivo documental del entonces Departamento de
Historia Medieval de la USC. Obviamente no faltaron las visitas al AHN de Madrid
para trabajar con el original. A veces por faltar fotografías de algunos folios; en
otras para ver si el cotejo del original me aclaraba partes que resultaban especial-
mente difíciles de transcribir; finalmente para hacer una somera, aunque creo que
útil, revisión física del códice y de su estructura interna. Ello permitió dar una des-

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cripción de lo que pudo haber sido el origen de la composición de este cartulario.


Esa parte analítica no puede ser entendida, en modo alguno, como un auténtico
análisis codicológico. Una definición, a todas luces exagerada, y fuera de mi alcan-
ce en aquel entonces y, sin duda, todavía hoy en día.
Siempre estuvo claro que los documentos del Tumbo deberían de ser editados
en el orden en el que estaban dispuestos en el propio códice y no siguiendo un cri-
terio de ordenación cronológica, como era relativamente habitual en la edición de
documentación procedente de cartularios en aquellos años. El motivo para seguir
este criterio era entender, como hoy sostiene la inmensa mayoría de los investiga-
dores de este ámbito, que, más allá de los documentos transcritos en él, los tumbos
o cartularios son documentos en sí mismos. No son una mera recopilación de
copias sino que, por encima, o mejor dicho en paralelo, a ella, hay criterios de
selección, ordenación y, no lo olvidemos, manipulación de los documentos que, en
sí mismo, pueden arrojar luz para conocer los motivos específicos y las finalidades
más concretas que animaron a los encargados de llevar a cabo este tipo de compi-
laciones. Llegado a este punto, quiero rendir un sincero y emocionado recuerdo de
Don Manuel C. Díaz y Díaz quien tanto me animó en esa tarea, y en ese concepto
de edición, y que llegó incluso a supervisar una parte de las transcripciones que
realicé.
Tampoco quiero olvidar que cuando se acercaba el momento de dar por rema-
tada la tarea conté con la ayuda de dos amigos y compañeros, sin los cuales no
habría sido capaz de poner fin a los índices que acompañan a la edición: Marta
Díaz Tíe y mi fraternal compañero de actividad docente y académica, en el doble
sentido (universitaria y rosendiana), Francisco Javier Pérez Rodríguez.
Finalmente, en la primavera de 1995, la edición, publicada por el Consello da
Cultura Galega, vio la luz. Hubo, incluso, gracias a la amabilidad de Antonio Piñeiro
y del Concello de Celanova, con su Alcalde de entonces, Antonio Mouriño, a la
cabeza, una presentación del libro en Celanova. Un acto sencillo pero muy emotivo
que recuerdo con gran alegría y gratitud.
La edición no es obra de un paleógrafo sino de un historiador que trabajó con
entusiasmo pero sin todos los fundamentos necesarios de los peritos en la edición
de fuentes medievales y, quizá, hay que reconocerlo, un tanto urgido por premuras
de tiempo. El resultado es una edición íntegra de la documentación del Tumbo tal
y como está dispuesta en el códice, útil para los historiadores pero con fallos y
gazapos que creo no le restan utilidad y funcionalidad a la obra pero que, obvia-
mente, deberían de haber sido evitados.
Años después Carlos Sáez publicó, por fases, la colección documental de Cela-
nova llegando hasta el año 1006. Lo hizo valiéndose del trabajo previamente reali-
zado por su padre, el ya fallecido Emilio Sáez, enriquecido con su propia

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Hace veinte años: recordando la edición del Tumbo de Celanova

aportación como Catedrático de Paleografía que era. A diferencia de la edición del


Tumbo, aquí los documentos se ordenan siguiendo un criterio cronológico y aña-
diendo la escasa documentación celanovense que nos ha llegado en tradición
ajena al códice (un único documento). Difiere de mi edición en la contabilidad
documental (Sáez distingue, acertadamente, varios documentos distintos conteni-

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dos en uno principal), en la calidad de los regestos (mucho mejores los suyos) pero
entiendo que en la transcripción no se encuentran diferencias sustanciales entre
ambas ediciones.
En cualquier caso, los investigadores han dispuesto, desde hace unos años, de
ambos instrumentos para trabajar sobre la extensa y rica documentación celano-
vense, lo que ha permitido nuevas líneas de investigación que, total o parcialmen-
te, han utilizado la documentación de Celanova en cualquiera de las dos ediciones.
Así cabe destacar la monografía que sobre Ilduara, la madre de San Rosendo y
cofundadora del monasterio de Celanova, realizó Mª del Carmen Pallares. Un tra-
bajo que vino a poner de manifiesto la riqueza, cultura, independencia y autono-
mía de las grandes damas de la aristocracia altomedieval galaica, ejemplificadas en
el singular caso de Ilduara Eriz.
Ermelindo Portela, por su parte, trabajó con la documentación celanovense
para proseguir y profundizar en su análisis de las villae de los siglos IX y X y de la
sociedad campesina que las habitaba. Parroquias actuales como Rabal, Bobadela,
Amoroce o Cañón, por mencionar solo cuatro casos, están extensamente docu-
mentadas en el Tumbo en piezas datadas en los siglos X y XI y que le han permitido
trazar al maestro compostelano una vibrante, vital y académica radiografía de la
sociedad de aquellas aldeas en los tiempos de San Rosendo.
La rica cultura material de la familia de Rosendo y del propio monasterio ha
quedado reflejada en no pocos de los documentos del Tumbo: así, por ejemplo, la
vajilla, utensilios o piezas de tela de procedencia iraquí, bizantina o cordobesa o el
colmillo de elefante que también tenemos testimoniado y que imaginamos forma-
ba parte del tesoro del monasterio. Pero también las referencias al modesto ajuar
de los pequeños monasterios e iglesias cuyas huellas documentales están también
contenidos en la documentación de Celanova, han sido material imprescindible
para sólidos trabajos como el de Xaime Varela sobre el léxico cotidiano de la Galicia
altomedieval.
Trabajos de perspectiva arqueológica espacial, como los llevados a cabo por
José Carlos Sánchez Pardo, o análisis sociales como el estudio, aún en marcha, de
Marcos Fernández sobre la esclavitud y dependencia en el Noroeste en la Alta Edad
Media, deben buena parte de su razón de ser a la enjundiosa y numerosa docu-
mentación de Celanova.

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Las ediciones de la documentación celanovense han permitido que nuestro


monasterio y su huella documental sean bien conocidos, también, fuera de nues-
tras fronteras. Por ejemplo, Wendy Davies ha empleado extensamente la documen-
tación de Celanova para hacer sus trabajos sobre las donaciones piadosas y, más
recientemente, acerca de la documentación y realidad judicial hispánica del siglo
X. A este respecto conviene dar ahora un dato: dejando de lado Cataluña, cuya rea-
lidad documental es absolutamente singular en el conjunto peninsular, Celanova
ocupa el tercer lugar en la clasificación de instituciones con mayor número de
documentos conservados anteriores al año 1100, solo superada por Sahagún y San
Millán de la Cogolla. Por ello no es nada extraño que otros medevalistas foráneos
como Robert Portass o Jeffrey Bowman conozcan y hayan manejado la documen-
tación de Celanova en varios de sus trabajos.
El Congreso Internacional San Rosendo a sua Época, celebrado en un año tan
significativo para nosotros como el 2007, puede considerase, también, un reflejo de
muchas de las investigaciones que, al menos en parte, se han visto favorecidas por
las ediciones de los documentos altomedievales de Celanova.
Con la edición por parte de otra querida compañera, Beatriz Vaquero, de la
colección documental de la Celanova bajomedieval, los historiadores disponemos
de algo aún realmente inusual en el panorama de los estudios medievales y monás-
ticos: una edición casi completa de la documentación de un monasterio desde su
fundación hasta los tiempos de la Reforma de los Reyes Católicos.
Trazar la historia de una institución como ésta, de las gentes que tuvieron con-
tacto y relación con ella, de su impacto en la sociedad, en la política, en la econo-
mía y en la espiritualidad, es ahora, afortunadamente, algo más fácil que hace
veinte años. En consecuencia, todos quedan invitados a intervenir en esa maravi-
llosa disciplina en permanente construcción y revisión llamada historia.

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