Filosofía: Material de Estudio - 5to Año "Instituto Moderno de Educación Integral" Uegp #74
Filosofía: Material de Estudio - 5to Año "Instituto Moderno de Educación Integral" Uegp #74
2023
LA FILOSOFÍA
La filosofía interpela la realidad, formula preguntas sobre todo lo que existe y conocemos,
sobre la totalidad. Esta capacidad de hacerse preguntas, de cuestionar lo dado es lo que se
denomina “problematización”, es decir, plantear en problemas, cuestiones o preguntas sobre
aspectos del mundo. Por eso, en filosofía se habla comúnmente de “problemas”: el problema de la
verdad, de los seres humanos (el problema antropológico), del conocimiento, del arte, del bien y
del mal, de la política, etcétera.
La filosofía no acepta las verdades establecidas, la “naturalidad” del mundo, el orden de las
cosas, sino que los cuestiona, mira por debajo de ellos, lee entre líneas, formula una y otra vez
preguntas sobre aquello que la mayoría de las personas dan por establecido. Vuelve a descubrir el
mundo con los ojos de un niño, pone a prueba todos sus supuestos y presupuestos e inventa
nombres que resignifican las cosas que ya conocemos; crea conceptos.
La filosofía se ha desarrollado desde el siglo IV a.C. hasta la actualidad y las personas que se
dedicaron a ella, los filósofos, fueron redefiniéndola en cada época histórica, ofreciendo nuevas
respuestas a viejos o nuevos problemas. Cada respuesta se presenta general-mente como un nuevo
interrogante.
En este sentido, la filosofía también ha actuado, durante la historia, como una metáfora de
las relaciones de poder dominantes.
La antropología ha descubierto que todo ser humano tiene una necesidad básica primitiva
o atávica, es decir, común a todos los de su especie, de aprehenderlo todo, de atrapar el mundo, las
cosas, la naturaleza y hasta a sus congéneres a través de las palabras. De esta manera, el ser humano
nombra el mundo, creando un universo de sentido y significado. Esta necesidad es más vital que
intelectual. El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss explica en su obra El pensamiento salvaje
(1962) que los pueblos primitivos son los más preocupa-dos por clasificarlo todo y conocer la razón
de todo, es decir, entender todo.
¿Qué significa esta necesidad de “ver claro”, de entenderlo todo, de asignar una palabra
para cada cosa? Significa no tanto un deseo de conocimiento, sino una necesidad de
apaciguamiento; más que un producto de nuestra curiosidad, es el resultado de nuestra ansiedad;
más que expresión de nuestro interés por el mundo, es producto del miedo que éste nos causa.
Ahora bien, para hacer filosofía conviene reconocer que no podemos comprenderlo todo.
A menudo se cita como frase inaugural de la filosofía la expresión de Sócrates: “Sólo sé que
no sé nada”. En efecto, la filosofía bucea en las explicaciones, pero no concluye ni culmina. Es más
bien la inquietud, la eterna búsqueda del pensamiento insatisfecho.
La utilidad de la filosofía
Tales fue uno de los sabios de Mileto (siglo VII a.C.), que Aristóteles considera como el
primer filósofo. De él se narran dos anécdotas. La primera es que pasaba mucho tiempo
contemplando los astros, el Sol y las estrellas. Un día Tales estaba mirando el cielo y por descuido
se cayó en un pozo. Una joven de Tracia que pasaba por ahí, se burló entonces de su preocupación
por conocer las cosas del cielo, cuando ni siquiera se daba cuenta de lo que tenía a sus pies.
La segunda anécdota cuenta que unos conocidos, advirtiendo la pobreza de Tales de Mileto,
le reprocharon la inutilidad y la falta de rentabilidad de la filosofía. Él, sin embargo, gracias a sus
conocimientos de astronomía, logró prever una buena cosecha de aceitunas cuando aún era
invierno. Con el poco dinero que tenía, consiguió alquilar los molinos de aceite de Mileto y de Quíos.
En cuanto llegó la temporada, los subalquiló al precio que quiso y reunió una suma considerable de
dinero para demostrar que es fácil para los filósofos hacerse ricos cuando quieren, pero que ése no
es el fin de la filosofía. Estas representaciones de la filosofía provienen del mundo clásico y fueron
referidas por Platón (Teeteto, 174 A) y Aristóteles (Política, 1259 A).
Visiones de la filosofía
“La filosofía —así, en singular— no existe. Esta palabra no significa más que amor al saber.
Expresa una actitud, un anhelo, un estado de ánimo: el deseo de llevar nuestro conocimiento hasta
sus últimos límites. No es, pues, un saber concreto y transmisible sino una actitud espiritual: en
ocasiones ésta se puede sugerir y aun encaminar, cuando preexiste una disposición espontánea. Se
adquiere así el hábito de dar al pensamiento una dirección determinada, a vincular el caso particular
a conceptos generales, a ver en el hecho más común un problema, a empeñar el esfuerzo de la
mente en una contienda con lo desconocido, a superar la limitación individual. [...] Si se hace de la
filosofía un cuerpo de enseñanzas sistematizadas, se descubre un conjunto de teorías elaboradas al
margen del proceso histórico de la humanidad. [...] Cada generación continúa la obra de sus
predecesores, pero también la altera y la transmuta; conserva el viejo término tradicional, pero
modifica su sentido y su concepto. [...] Desde luego no existe la filosofía; existen numerosas escuelas
y posiciones filosóficas. Son productos del proceso histórico y solamente en su proyección histórica
se aplican y se coordinan.”
Después de demostrar que todos son filósofos [...] se pasa al segundo momento, el de la
crítica y el conocimiento, esto es, se plantea el problema de si: ¿Es preferible [...] ‘participar’ de una
concepción del mundo ‘impuesta’ mecánicamente por el ambiente externo, [...] o es mejor elaborar
la propia concepción del mundo de manera consciente y crítica, y [...] escoger la propia esfera de
actividad, participar activamente en la elaboración de la historia del mundo, ser el guía de sí mismo
y no aceptar del exterior, pasiva y supinamente, la huella que se imprime sobre la propia
personalidad?”
Antonio Gramsci, El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Crocce, Bs. As, Lautaro, 1962.
La historia de la filosofía
Mito y logos
A partir de la historia de Deméter y Perséfone, los griegos explicaban las estaciones del año
y los ciclos de la naturaleza. Se servían de este tipo de relatos o mitos (del griego mýthos, relato,
palabra) para interpretar simbólicamente los fenómenos de la vida y explicar los orígenes y los
misterios del universo. Los mitos se transmiten oralmente de generación en generación y son la
forma más primitiva de explicar el mundo. Alrededor del siglo IX a.C., Homero enlazó en narraciones
(poesía épica) algunos de esos mitos y a partir del siglo VIII a.C., fueron recopilados por Hesíodo.
Hemos dicho que, según Aristóteles, la filosofía se desarrolló en la primera mitad del siglo
VI a.C., con Tales, uno los sabios de Mileto. Comenzaron entonces a elaborarse explicaciones
racionales (en griego, lógos) de la realidad que se distinguen de los elementos mágicos propios del
mito. Sin embargo, Tales tomó elementos mitológicos para explicitar su teoría. Por ejemplo, los
griegos creían que todas las cosas tenían su origen en el dios Océano y la diosa Tetis. Por su parte,
Tales señalaba que el principio de todas las cosas era el agua. Pero la diferencia con los relatos
míticos es que Tales basaba su supuesto en el hecho de haber observado que el alimento de todos
los seres es húmedo y que el calor vive de la humedad y que las semillas de todas las cosas son
húmedas. También Tales había notado que el agua es uno de los elementos de la naturaleza que
más formas puede adoptar. Tales usó la observación y el pensamiento y no la imaginación. Eso
distingue a la filosofía del mito, aunque este último no es abandonado por completo.
Los milesios
Heráclito de Éfeso
Heráclito de Éfeso (aproximadamente entre 530 y 440 a.C.) sostiene que el origen de todas
las cosas es el fuego. Pero, además, señala que todas las cosas están en movimiento. De él, se suele
recordar la idea de que no podemos bañarnos dos veces en el mismo río, para significar que la
realidad fluye y que nada permanece igual, sino que hay cambio permanente. En realidad, el
fragmento de su obra que ha subsistido dice: “Para los que entran en los mismos ríos, corren aguas
diferentes, y las almas son exhaladas de la humedad”.
Heráclito también se refirió al logos (discurso, relato, palabras, razón), como aquello que es
eterno y común y que puede definirse como la ley del mundo en perpetua evolución que se conoce
a través del lenguaje. Y pese a que es común, la multitud vive como si cada uno tuviera su propia
inteligencia.
Los sofistas
Los sofistas enseñaban a los jóvenes atenienses a ser “sabios” (sophoi), es decir, a tener el
conocimiento necesario para participar en los asuntos de la polis. Se presentaban como maestros
de sabiduría o de virtud, es decir, del arte de vivir, y como maestros de retórica, es decir, del arte
de persuadir mediante el discurso.
La sofística no fue un movimiento homogéneo y uniforme. Los rasgos en común que pre-
sentaba eran la crítica negativa del pasado, la insatisfacción y la intolerancia de los límites que la
tradición imponía a la actividad del pensamiento y a la voluntad humana, y la fe en la razón y la
palabra.
Entre los sofistas figuran Gorgias de Leontinos, Hipias de Elide, Pródico de Ceos, Protá-goras
de Abdera, Antifonte y Sócrates.
Para los sofistas, la utilidad es el criterio básico de la moral individual y pragmática. La moral
no puede fundarse en ilusiones como una naturaleza humana definible, un orden del mundo
exterior al hombre que lo incluye o un más allá divino. Solo existen individuos y esos individuos solo
pueden tener opiniones.
Sócrates
Sócrates (470-399 a.C.) nació y vivió en Atenas. Pasaba la mayor parte del tiempo
discutiendo en las calles, los gimnasios y los banquetes, suscitando la simpatía de muchos (ejercía
una poderosa fascinación en sus oyentes) y una clara hostilidad en otros.
Critón
En el diálogo Critón o De lo que hay que hacer, Sócrates se halla preso y condenado a beber
cicuta (veneno que utilizaban los atenienses como método de ejecución). Critón ha sobornado al
guardia de la cárcel donde Sócrates espera su muerte, e intenta convencerlo de que huya junto a él
de la ciudad.
Has de saber, mi querido amigo Critón, que estas cosas son las que creo escuchar. [...]
Obremos de ese modo, puesto que el dios nos guía por ese camino.”
Platón
Platón nació en 427 a.C. y murió en 347 a.C., en Atenas. Su nombre era Aristocles pero lo
llamaban Platón debido a sus anchos hombros (éste es el significado de Platón en griego). Provenía
de una familia noble; su madre era descendiente del famoso gobernante de Atenas Solón (594 a.C.)
quien dejó sin efecto las rigurosas leyes draconianas e introdujo una serie de reformas en la
organización de la polis que precedieron a la reforma democrática de Clístenes (507 a.C.).
En 407 a.C., Platón conoció a Sócrates, quien sería su gran maestro y junto al que per-
manecería hasta su muerte en 399 a.C. Pese a las críticas que Platón formuló a los sofistas e incluso
a Sócrates, éste tuvo una influencia innegable en el pensamiento de Platón.
Luego de la muerte de su maestro, Platón realizó una serie de viajes, en primer lugar,
probablemente a Egipto, y luego a Italia meridional y sucesivos periplos a Sicilia.
Fundó su propia escuela, la “Academia”, que recibió ese nombre porque estaba ubicada en
un gimnasio, en las afueras de Atenas, dedicado a un héroe llamado Academo. Entre otros,
Aristóteles estudió en ella.
Los diálogos
Platón escribió diálogos en los que expuso sus ideas a través de los personajes. En ellos
aparecen Sócrates, otros sofistas, amigos de Platón y personalidades de la época.
En los diálogos de madurez, aparecen la doctrina de las ideas y la doctrina del conocimiento
o reminiscencia. El procedimiento argumentativo más importante es el empleo de hipótesis. Son
fundamentalmente Fedón, República, Banquete o Simposio y Fedro.
Los diálogos tardíos, en los que el diálogo es menos intenso; son más metodológicos y la
figura de Sócrates está desdibujada. Ellos son: Teeteto, Parménides, Sofista, Político, Filebo, Timeo
y Leyes.
El eje central de la obra de Platón es la doctrina de las ideas. Por “idea” o “éidos” Platón
entiende el aspecto, la forma o el carácter común que tiene un conjunto de cosas cuan-do es
aprehendido por la inteligencia. Éidos en griego significa “forma” o “configuración de algo”. Si bien
el término original ha sido traducido como “idea”, lo que nos hace pensar en un concepto, para
Platón el significado de éidos era el de una característica o forma común que puede ser aprehendida
por el pensamiento.
Las ideas o formas son comunes a un conjunto de entidades, son universales. Son realidades
verdaderas y únicas. Y, al mismo tiempo, son modelo (“paradigma” o arquetipo) o punto de
referencia de las cosas sensibles, es decir, de aquellas que podemos percibir con los sentidos. Platón
sostiene que las cosas sensibles son imágenes o copias de las ideas. Por ejemplo, el caballo es caballo
porque participa de la idea de caballo que es la que establece los parámetros de aquello que
podemos considerar tal; una mesa será mesa porque participa de la idea de mesa, que también fija
los parámetros de lo que se considera mesa. Y lo mismo puede decirse de los seres humanos y de
sus características.
Platón establece dos tipos de relación entre las cosas sensibles y las cosas inteligibles o
ideas: una de participación (méthexis) o presencia y otra de imitación (mímesis).
Con la doctrina de las ideas, Platón divide la realidad en dos mundos: el mundo de las ideas
o mundo inteligible y el mundo de las imágenes, apariencias o copias de las ideas o mundo sensible.
En el último vivimos los seres humanos. El mundo de las ideas está más allá de nosotros, es decir,
es “trascendente”. Entre todas las ideas, la idea soberana es la del bien.
Entonces, para Platón el mundo o la realidad queda dividido en dos: el mundo inteligible o
de las ideas, trascendente, y el mundo sensible o de las apariencias, terrenal, donde vivimos los
seres humanos. Esta división de la realidad y el conocimiento será decisiva en toda la historia de
Occidente y de la filosofía.
La doctrina del conocimiento o reminiscencia
El filósofo rey
Platón creía que los filósofos eran los más capacitados para gobernar la polis ya que eran
ricos en virtud y sabiduría y habían contemplado la verdad. Sostenía que ellos estaban des-tinados
a mandar, es decir, a ser gobernantes de una polis bien gobernada. Este sistema fue denominado
“sofocracia” (de sophós = sabio y cratos = gobierno) e influyó en muchas de las ideas políticas de
Occidente hasta nuestros días para legitimar gobiernos elitistas, es decir, de pocos, que se
consideran a sí mismos los mejores y más aptos para gobernar.
Aristóteles
Aristóteles nació en 383 a.C., en Estagira, Macedonia, polis que había sido colonizada por
los griegos. En 367 a.C. viajó a Atenas y estudió con Platón hasta la muerte de éste. Diógenes Laercio
cuenta que Platón lo llamaba “la inteligencia” (noûs). Discrepó en gran medida con las ideas
filosóficas de su maestro. Organizó y amplió el pensamiento filosófico heredado.
Filipo de Macedonia lo convocó como maestro de su hijo Alejandro Magno, a quien educó
hasta el 336 a.C., año en que Alejandro sucedió a su padre. Luego, regresó a Atenas donde fundó
una escuela que recibió el nombre de “Perípatos” que quiere decir “paseo” porque Aristóteles tenía
la costumbre de enseñar paseando por los jardines. También recibió el nombre de “Liceo” debido a
que sus edificios eran vecinos a un pequeño templo dedicado a Apolo Licio.
Con la muerte de Alejandro Magno en 323 a.C., se produjo en Atenas una reacción
antimacedónica por lo que Aristóteles fue acusado de impiedad, es decir, de desconocer el poder
superior de los dioses, y debió abandonar la polis. Murió en 322 a.C.
Obras
Generalmente, las obras de Aristóteles o “corpus aristotélico” se reúnen en los siguientes grupos.
❚ Obras lógicas que reciben el nombre de Organon (que significa instrumento o herramienta) y
comprenden varios libros: Sobre las categorías, Sobre la interpretación, Primeros analíticos,
Segundos analíticos, Tópicos y Refutaciones sofísticas; y los tratados la Poéticay la Retórica.
❚ Obras de filosofía natural como la Física, el Tratado sobre el cielo, Sobre la generación y la
corrupción y el tratado sobre meteorología; los tratados de psicología, de los cuales el más
importante es Sobre el alma; y un conjunto de escritos menores denominados Parva Naturalia.
❚ Escritos metafísicos que comprenden un conjunto de catorce libros y que recibieron el nombre de
Metafísica.
❚ Obras sobre ética y política, de las cuales, las dos más importantes son la Ética Nicomáuea y la
Política.
Aristóteles definió la filosofía como la ciencia de las primeras causas o de los primeros
principios de todo lo que hay, de la realidad. Para eso, en la Metafísica, revisa las ideas desarrolladas
hasta ese momento sobre este enfoque. Señala que los milesios, entre fines del siglo VII a.C. y
principios del VI a.C., son los primeros en filosofar, cuando buscan el origen o arkhé de las cosas en
los elementos naturales. Luego llega a su maestro, Platón. Pero, al examinar el concepto de éidos,
Aristóteles critica la separación que Platón estable-ce entre una cosa y la idea que le corresponde,
entre el mundo sensible y el mundo de las ideas, o entre una cosa y su sustancia (ousía) o entidad,
como él la llama. Para Aristóteles, una cosa no puede estar separada de su sustancia o entidad
porque si está separada, no puede ser conocida ni explicada.
La filosofía se ocupa, además de las causas primeras de la realidad, de la sustancia.
Aristóteles entiende la sustancia o ousía como “lo que es en tanto que es” (“tò ón he ón”). Ousía
significa la calidad de ser, el hecho de ser y no el hecho de ser esto o aquello determinado. Se puede
traducir entonces como sustancia, entidad o esencia.
❚ como materia, es decir, como el sustrato primero de cada cosa, aquello de donde proviene y que
permanece en ella; aquello de lo que la cosa está hecha; y
❚ como forma, es decir, como determinación esencial de la cosa, lo que hace que sea lo que es.
Materia y forma hacen que la sustancia sea determinada, numéricamente uno, siempre
sujeto de predicación y que no tenga contrario. Por ejemplo, en la fabricación de una silla de
madera, se pasa de algo que es madera (materia) al objeto silla (forma).
La ética
Para Aristóteles, los actos del ser humano deben tender a un fin último o bien supremo que
es la felicidad (eudaimonía). Las características más importantes de la felicidad son que la elegimos
por ella misma y nunca por otra cosa, y que consideramos a la felicidad como algo que se basta a sí
mismo y que incluye en sí todo lo deseable en la vida. Según Aristóteles, la felicidad es una actividad
del alma de acuerdo con la virtud (areté) y se alcanza en la vida contemplativa.
Aristóteles expuso estas ideas en la Ética nicomáquea, obra inconclusa que recibió ese
nombre porque su hijo Nicómaco se encargó de editarla. Aristóteles escribió también otras dos
éticas: la Ética eudemia (que toma su nombre de su discípulo Eudemo de Rodas) y la Gran ética o
Gran moral cuya autenticidad todavía está en discusión.
“Si la felicidad es una actividad de acuerdo con la virtud, es razonable [que sea una actividad]
de acuerdo con la virtud más excelente, y ésta será una actividad de la parte mejor del hombre. Ya
sea, pues, el intelecto ya otra cosa lo que, por naturaleza, parece mandar y dirigir y poseer el
conocimiento de los objetos nobles y divinos, siendo esto mismo divino o la parte más divina que
hay en nosotros, su actividad de acuerdo a la virtud propia será la felicidad perfecta. Y esta actividad
es contemplativa. [...]
Tal vida, sin embargo, sería superior a la de un hombre, pues el hombre viviría de esta
manera no en cuanto hombre, sino en cuanto que hay algo divino en él; y la actividad de esta parte
divina del alma es superior al compuesto humano. Si, pues, la mente es divina respecto del hombre,
también la vida según ella será divina respecto de la vida humana. Pero no hemos de seguir los
consejos de algunos que dicen que, siendo hombres, debemos pensar solo humanamente y, siendo
mortales, ocuparnos solo de las cosas mortales, sino que debemos en la medida de lo posible,
inmortalizarnos y hacer todo esfuerzo para vivir de acuerdo con lo más excelente que hay en
nosotros; pues, aun cuando esta parte sea pequeña en volumen, sobrepasa a todas en poder y
dignidad. Y parecería, también, que todo hombre es esta parte, si, en verdad, ésta es la parte
dominante y la mejor; por consiguiente, sería absurdo que un hombre no eligiera su propia vida,
sino la de otro. Y lo que dijimos antes es apropiado también ahora: lo que es propio de cada uno
por naturaleza es lo mejor y lo más agradable para cada uno. Así, para el hombre, lo será la vida
conforme a la mente, si, en verdad, un hombre es primariamente su mente. Y esta vida será también
la más feliz.”
Epicuro
Epicuro nació en la isla de Samos a finales de 342 a.C. o a principios de 341 a.C. Como era
hijo de ciudadanos atenienses, en 321 a.C. debió trasladarse a Atenas para cumplir con el servicio
militar. Se dirigió luego a Colofón donde decidió continuar sus estudios de filosofía, y más tarde a
Rodas. En 311 a.C. se trasladó a Mitilene para ejercer como maestro público y luego a Lámpsaco
donde consiguió formar un grupo de amigos en el que se contaban algunos de sus más queridos
discípulos. Finalmente, en 306 a.C. volvió a Atenas donde fundó una escuela que recibió el nombre
de “El Jardín” en la que pasó el resto de su vida. Epicuro murió en 270 a.C.
De Epicuro se han conservado su Testamento, cartas, entre las que se destacan las Cartas a
Heródoto (física), a Fitocles (meteorología) y a Meneceo (cuestiones éticas y teológicas), las
Máximas capitales, las Exhortaciones (Gnomologio Vaticano) y fragmentos de obras y car-tas como
Sobre la naturaleza.
La angustia de muerte
La búsqueda de la felicidad
Epicuro procura que el hombre sea feliz. Para eso, propone la filosofía como remedio
(phármakon) capaz de contrarrestar las cuatro causas que encadenan al ser humano al sufrimiento:
el temor a los dioses, a la muerte, al dolor y a las ideas falsas sobre lo que constituye el bien. La
filosofía es concebida como buen juicio y se brinda a todos los seres humanos: varones, mujeres,
libres y esclavos.
El hombre sólo puede ser feliz si es libre. La libertad, unida al conocimiento del mundo
natural, permite al hombre vivir sin estar sujeto al ciclo de la casualidad, estableciendo a partir de
sí la iniciativa de la acción. La formulación de estas ideas se encuentra en la Carta a Meneceo.
Una vez vencido el miedo a la muerte, es necesario liberar al ser humano de la sujeción a la
voluntad de los dioses, tarea que deberá desarrollar la física que explica las causas de los fenómenos
de la naturaleza.
Según Epicuro, el bien consiste en buscar el placer y huir del dolor. El más elevado placer
espiritual, el estado de mayor serenidad y plenitud es denominado ataraxía (ausencia de turbación).
Pero Epicuro no cree que esta paz del alma pueda alcanzarse en soledad. Por eso, exhorta a meditar
en compañía de un amigo. La amistad (philía) proporciona al alma una paz tal que deja de ser un
instrumento que contribuye a la felicidad (eudaimonía) para convertirse en la felicidad misma.
Los cafés filosóficos o filo-cafés surgieron hace más de diez años en parís. En ellos, se
devuelve a la filosofía una de sus funciones originales: la del libre pensamiento realizado por cada
persona en diálogo con otras, tal como lo practicaba Sócrates con sus discípulos.
Introducción
[...] Sea cuál sea la cuestión elegida como tema central para cada uno de estos debates —
determinado por el animador o por la mayoría del grupo—, cada persona lo tratará a su manera,
según sus capacidades. [...] Sin embargo, el hecho de esperar el turno de palabra, de respetar la
palabra de los otros, de escuchar la opinión de otra persona hasta el final, incluso si ésta nos molesta
—pero sobre todo si ésta nos molesta—, provocará definitivamente efectos particulares en los
participantes. [...] Existe un punto de partida en todo este asunto que nos remite a Sócrates, a su
comportamiento y a su concepción de la mayéutica. La hipótesis de base de la que se parte es la
creencia de que el espíritu humano es algo fundamentalmente creativo; que nuestra alma es una
“chispa divina” que está “preñada” de unas ideas que habrá que “dar a luz” para que adquieran una
“forma” determinada. El factor principal que permite “dar a luz” a estas ideas se encuentra
principalmente en la conmoción que nos genera la palabra del otro. [...]A esta visión de las cosas se
opone la concepción aristotélica de la tábula rasa. Si como dice el estagirita, la mente es una tabla
sobre la que se inscriben los pensamientos, entonces éstos no surgen mediante un proceso de
creación intrínseco, sino que provienen del exterior.
[...] Han aparecido también talleres, que se celebran en un café, o una biblioteca, o una sala
común, o en otros entornos. Ciertos talleres trabajan con textos de autores como un pretexto para
que surjan diversas problemáticas. El animador deberá aquí añadir a su conocimiento del texto en
cuestión, un sentido especial de ese arte socrático en la formulación de las preguntas que posibilite
el trabajo en grupo. Otros talleres utilizan el principio del “arte de preguntarse mutuamente” entre
los participantes con el fin de profundizar en un tema dado. Cada uno de los participantes propone
una serie de preguntas, iniciándose ellos mismos en la función animadora de la práctica mayéutica.
Otras propuestas consisten en solicitar a los participantes la preparación de una pequeña
introducción para el debate posterior con el fin de que trabajen un poco el tema a tratar y con el
objeto de contar desde el principio con un número mínimo de conceptos clave. Ciertas variantes
más particulares del café filosófico utilizan el recurso de una película con el propósito de generar un
debate. Y lo mismo puede organizarse en un teatro, después de una obra teatral, en la que el
director de escena y los actores sean invitados a participar en un debate. O incluso con personas
invitadas que intentarán, desde su ámbito profesional específico, como el de la justicia, el arte o la
enseñanza, iniciar un debate filosófico con los participantes.
Oscar Brenifier, académico, coordina cafés filosóficos en Francia, y es autor de libros de divulgación filosófica para niños y jóvenes. Es
director de la revista L’Agora sobre didáctica de la filosofía. Traducción de Gabriel Arnaiz. El artículo completo puede consultarse en:
[Link] (1/12/2005)
Preguntas