El rey Candaules en Elogio
de la madrastra
de Mario Vargas Llosa
MARíA SllVINA
'. PERSINO
"
logia de la madrastra (1988) se concentra en la vida ministro Giges de Jacobo Jordaens (1648). El cuadro re-
E íntima de Rigoberto y Lucrecia, esposos para quie-
nes su lecho conyugal es fuente de placer y f:mta-
sías eróticas. Se trata de los primeros meses de matrimo-
presénta la escena en la que Candaules y su primer minis-
tro, ambos escondidos, espían el cuerpo desnudo de la rei-
na, a punto de entrar al lecho conyugal.
nio entre una atractiva mujer de cuarenta años y un viudo El origen de este relato está en las Historias de Heró-
bien establecido económicamente. Foncín, el hijo de Ri- doto, donde se cuenta el reinado de Candaules, último
goberto y su difunta esposa, profesa por su madrastra una de la estirpe de Hércules. 1 Muchas veces, ~l rey de Lidia
admiración sexual que no la dejará indiferente. Lucrecia ,elogiaba a su esposa frente a su favorito Giges. Ella era,
y el púber Foncín acabarán unidos en una aventura eró- insistía, la mujer más bella de la tierra: "(El rey] dijo a Giges
tica que el marido-padre descubrirá hacia el fin de la no- lo siguiente: 'GigeS" como creo que, pese a mis palabras,
vela. La historia se alterna en el texto con la narración no estás convencido de la belleza de mi mujer (porque en
de las fantasías sexuales de los personajes y reproduccio- realidad los hombres desconfí¡m más de sus oídos que de
nes pictóricas, algunas de las cuales tienen un contenido sus ojos), prueba a verla desnuda'" (1, 92). Así, Giges es
erótico. convocado por el rey para admirar el cuerpo de su esposa
En el primer capítulo de la novela se narra un encuen- en su dormitorio. En el relato de HeI:ódoto, a pesar de los
tro sexual entre Rigoberto y Luctecia; en el segundo, las cuidados de Candaules, la reina descubre la presencia es-
fantasías eróticas imaginadas por los esposos durante su condida de Giges, pero calla y cumple con su papel. Lue-
juego amoroso. Rigoberto, como otras veces, propone a go, en busca de venganza, manda a llamar al ministro y
la mujer una identidad o situación imaginaria que acre- le da a escoger entre morir o matara Candaules. Giges opta
ciente el gozo. En este caso, en la culminación del placer, por el homicidio y, escondido por la reina en el mismo
Rigoberto se identifica con Candaules, el rey de Lidia, sitio desde donde la espiara aquella noche, asesina al rey
y ante la pregunta de Lucrecia de "¿quién soy?", el esposo y ocupa su lugar en el trono y en el lecho conyugal. Esta
le responde: "La esposa del rey de Lidia", frase con la que historia es recreada por Theofile Gautier en su novela El
se cierra el capítulo (23). Sigue entonces uno titulado rey Candaules, donde se introducen algunas variaciones
"Candaules, rey de Lidia", en donde un narrador, Rigo- interesantes, como por ejemplo la presencia de dos ele-
berto encamando a Candaules, relata y comparte con su mentos mágicos. El primero es un anillo encontrado por
esposa la fantasía erótica anunciada. La transición entre
la trama básica y la imaginaria-erótica -primer y segun-
do capítulo, respectivamente-- se produce a través de la 1 Max Milner en On est prié de fermer les yeux: le Tegard interdit analiza
en detalle el desarrollo de esta leyenda en relat05 anteriores y en la novela
primera imagen visual incluida en el libro: la reproduc-
de Gautier (106-115). Existe, asimismo, una recreación dramática de An-
ción de Candaules, rey de Lidia, muestra su mujer al primer dréGide.
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U NIVERSIDAD DE MÉxICO
Giges, que vuelve invisible a la persona que lo lleva, y es tadores en vouyeurs de la escena. Según Poorter, la son-
mediante este artilugio'que al matar a Candaules y sedu- risa de la reina relativiza la antigua historia y le sustrae su
cir a la reina (aquí llamada Nyssia) su impunidad queda carácter trágico (238).
asegurada. Este anillo mágico proviene de la breve narra- La expresión de la reina se reitera en otra obra de Jor-
ción del segundo libro de La república, donde Platón re- daens que también pone en escena una mirada transgre-
fiere la historia de un modo muy distinto: la culpabilidad sora sobre una mujer desnuda: Susana y los ancianos. El
de Candaules como exhibicionista de su propia esposa espectador de este cuadro capta en la Susana de Jordaens
está ausente (37 y 38). En esta versión es Giges quien es un gesto que ella esconde a los ojos de sus perseguidores, una
juzgado moralmente cuando, aprovechándose del anillo sonrisa que distorsiona el sentido original de la historia
mágico, se vuelve invisible, seduce a la reina y mata al rey. bíblica, al expresar cierta complacencia y ningún disgus-
El otro elemento mágico introducido por Gautier es un to frente a los apremios sexuales de los que es objeto.
talismán poseído secretamente por Nyssia, que agudiza Debo apuntar que la representación del tema de Can-
de manera extraordinaria la percepción visual de quien lo daules por parte de Jordaens resulta singular dentro de la
tenga, lo que justifica el descubrimiento del engaño por tradición nórdica a la que pertenece. Uno de los graba-
parte de la reina. dos que ilustraba un libro de versos de Jacob Cats parece
Desde Heródoto, se caracteriza al rey como un vani- ser el antecedente directo inspirador de Jordaens, aun-
doso;tlue "posee" la mujer más bella del mundo y desea que en el grabado el aspecto moralizante cobra gran in-
.demostiatl~, Para ello, recluta la mirada de un tercero. tensidad al mostrar en un recuadro interior la muerte de
·Max Milner'comenta que el Candaules de Gautier, al per- Candaules, consecuencia de su proceder errado. Allí, l~
ih~ecer pasivo frente a su mujer desnuda, ejerce el vo- mismo que en las posteriores representaciones de Franz
" '
y~~ismo a través de los ojos de su ministro; voyeurismo van Mieris, el Viejo, y Eglon van der Neer, la reina des-
~'~l 'fnismó: vedado precisamente por su legítima condi- cubre horrorizada la mirada escondida de Giges. Sólo la'
ción aé inarido (114 y 115). El relato francés también con- obra de Jacob van Loo representa a la reina en la misma
sewa urla característica esencial de la reina, el pudor, que actitud provocadora que en la de Jordaens, pero sin la pre-
Heródoto había explicado a sus lectores griegos dicien- sencia del rey ni de Giges. Por último, las dimensiones de
do que para los. hombres y mujeres de Lidia, y para todos la pintura de Jordaens (193 x 157 cm) resultan sin prece-
los pueblos bárbaros, mostrarse desnudos era un acto par- dentes, teniendo en cuenta la audacia del tema.
ticularmente vergonzoso. Es un pudor que cobra expre- En Reading Rembrandt: Beyond the Word lmage Oppo-
sión cuando la reina descubre al voyeur. sitian Mieke Bal analiza el concepto de focalización en
, Me ha parecido necesario dar un panorama general la obra pictórica, ligado a la mirada de los personajes en la
de las diferentes narraciones verbales sobre esta historia escena. En este sentido, ¿cuál es el juego de miradas pues-
con el objeto de ref1exionarsobre todo acerca del modo en to en escena en Candaules, rey de Lidia, muestra su mujer
que varía la interpretación de la conducta de Candaules. al primer ministro Giges? El cuadro representa la mirada"
Quisiera ahora incluir en este contexto el cuadro de Jacobo ilegítima de Giges, y además inscribe, mediante la mira..,
Jordaens presente en Elogio de la madrastra, como otra narra- da de la reina, una mirada externa a la obra, la del especta-
tiva que relata la historia del rey de Lidia. A mediados del dor. En efecto, si la distribución de la luz hace del cuerpo de
siglo XVII, el pintor representa esta escena que, desde prin- la reina el centro de atención de la escena, el movimien-
cipiosdel siglo XVI, había sido objeto de recreaciones en to de su cuerpo, lo mismo que su mirada, desplazan el foco
la literatura, la pintura y la ópera. A simple vista, hay dos hacia el observador externo. En principio, la mirada de
diferencias fundamentales introducidas por el cuadro: una, la esposa que se extiende fuera de la escena invita al vo-
el papel deCandaules, quien en la escena de Jordaens no yeurismo del espectador. Sin embargo, creo que el modo '.
está con la reina sino escondido junto a su ministro; otra, el en que el cuadro de Jordaens incorpora la mirada del ob"
gesto insinuante y cómplice de la reina. En este sentido, servador externo es ambivalente. La mirada puramente'
Nora de Poorter, estudiosa de la obra de Jordaens, explo- voyeurista estimulada por la reina queda problematizada:....
ra la interpretación que el pintor hace de la historia de a partir de otra mirada focalizadora dentro de la obra, l¡t
Candaules y adjudica gran importancia a la mirada de la cual ejerce un efecto poderoso en el espectador y su mó?"":' .
reina que apunta fuera del cuadro y convierte a los espec- do de observar el cuadro. Me refiero a la mirada del reyi~'"
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U NIVERSIDAD DE M tXICO
Candaules desde las sombras del ángulo superior derecho. ,del representado en el cuadro. Candaules excluye com-
Ésta no se dirige a Giges -mirón autorizado--¡ ni a su pletamente el efecto de absorción desde el momento en
mujer -tantas veces mirada y admirada por él- sino al . que --como propuse antes-- no existe contacto alguno
verdadero intruso en la escena y mirón no-autorizado: el entre las miradas de los tres personajes en escena y, ade-
contemplador externo. Los ojos del rey, lo mismo que el res.- más, la vía hacia el [Link] externo es doble, a través de
to de su cuerpo, apuntan al espectador externo a la escena. la mirada de~rey y de la rema. En esa doble convocación
De esta manera, hay un recorrido que tiene en sus eXtremos visual, la mirada celosa del marido es captada por el es-
dos miradas que se dirigen, separada pero simultánea'- pectador como un llamadci de atención sobre el carácter
mente, al observador fuera de escena (rey --» especta- transgresivo de su actividad voyeurista. Así, el contem-
dor; reina --", espectador). Giges, el voyeur interno a la plador se et'lfrenta'-con dos voluntades en conflicto, dos
escena, es delatado por una mirada adicional: la del perro, [Link] lo interpelan, la de la reina y la del rey; se·
representado en el foco de luz de la escena que también debate entre responder a una, invitadora a la transgresión,!
\. ¡t 1
incluye a la reina. Así se establece otro circuito que, atra~' o fa otra, reprobatoria. [Link]~na promueve y ce~ ~
vés de Giges, lleva la mirada del espectador nuevamente un tiempo el ejercicio del voyeurismo.
al cuerpo desnudo (perro --", Giges --", reina) para Una vez planteado el diálOgo entre el relato clásico
encontrarse descubierto, una vez más, por la misinísima '1 el cuadro de ]ordaens, deoeríamos extender el circuito
reina. 2 a la fantasía erótica (le Elogio de la madrastra. Es decir,
Michael Fried, al estudiar cierto periodo de la pintura preguntarnos sobre la posible significación de ciertas dis-
francesa del siglo XVIII, utiliza dos conceptos que·podnan· torsiones que -el telato de Varg(lS LloSa opera' en relació~
ser útiles a estas reflexiones. Según él, hasta mediados de - con las otras naÍtativas--verbal ypict6ri~deltey Can-
ese siglo, la mayor parte de la pintura occidental tendía daules. Si la escena pintada por Jordaens establece varia-
a lo que él llama "absorption"; cada personaje debía apa- ciones.imP9rtantes respecto de la h~toriaoriginal, pos-
recer inmerso en cierta respuesta psicológica frente a lo tulo que éstas -saltarido treS siglos- se rontmúan en la
sucedido en la escena, y en relación visible con los otros recreación verbal de Elogio de la madr(1$tTa. Así, mi hipó-
personajes, si los había (8-70). Explica Fried que ésta mo- tesis es que el lugar [Link] novela retoma y recrea su his-
dalidad pretendía excluir la existencia de un observador toriaes la obm. de J~rdaens, aon lo que prolonga su inter-
externo a la escena. En el Candaules, en cambio, lo mis- pretación pictórica.
mo que en otros cuadros de ]ordaens donde se represen- La narración de la fantasía erótica en la novela man-
tan escenas grupales (La adoración de los pastores Y' El rey tiene la doble perspectiva de igrtoranciafconcienciaya
bebe, por ejemplo), quedaría plasmada la configuración establecida por Heródoto en slÍS Historias y continuada
opuesta, que Fried llama "theatricality", y que muestra a un en la tradición posterior: el rey no sabe que la reina sabe,
personaje cuya actitud, desgajada de la unidad del conjun- es dedr'nó ~be que ella ha,visto al voyeur. Es cierto, sin em-
to, reconoce y busca la mirada del contemplador. 3 bargo, que el rey Candaules imaginado por Rigoberto,
Siguiendo esta línea de reflexión, la teatralidaa de habiendo sobrevivido la historia, es capaz luego de dudar
Candaules no podría ser más desafiante, ya que no sola- . retrospectivamente: "hice las cosas sin que mi amada lo
mente da cuenta de un espectador externo al cuadro, sino supiera. Por lo menos ésa fue mi intención, aunque, re-
que además provoca y delata su voyeurismo, duplicación capacitando, hurgando en los resquicios de mi memoria
lo sucedido aquella noche, a veces dudo" (34). Este tes-
quicio de dúda: en Elogio de la madrastra retoma y expande
2 Resulta curioso que los ojos de Giges se dirijan a la cabeza de [Link],
la sonrisa de la reina imaginada por]ordaens, sonrisa que
iluminada a medias, cuando el cuerpo entero y prohibido se le ofrece para su
contemplación, radiante de luz. Sin embargo, esto podría corroborar un ele- transforma el relato en una historia no sólo de voyeuris-
mento importante en la tradición del relato: el hecho de que Giges, wyeur mo sino también de exhibicionismo. Asimismo, el gesto
por mandato real, cumple con las órdenes a pesar suyo. G>mo consecuen-
cia, el espectador externo al cuadro queda, él solo, en el lugar del verdadero
exhibicionista de la mujer y la comicidad provocada por
intruso. la expresión del rostro de Giges en el cuadro se ajustan per-
3 Tengo plena conciencia de que, al utilizar aquí la terminología de
fectamente al tono ligero y la suspensión moral que pre-
Fried estoy simplificando sus sutiles y precisas observaciones. Éstas descri-
ben un proceso paulatino de transición a lo \argo de treinta af\os de la pin- domina en la novela de Vargas Llosa hasta muy avanzada la
tura francesa que reacciona contra el rococó. lectura. Podríamos afirmar sobre Elogio de la madrastra lo
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mismo que comentaba Poorter sobre el cuadro de ]ordaens: rista, ya que el resultado fue, en cambio, la puesta en duda
la sugerida ysugerente complicidad de la reina desbarata la de su masculinidad superior. El esclavo debe ser eliminado
carga moralizante de la historia clásica. Es su sonrisa la que para eliminar con él la amenaza que supone a la autori-
implica, además, una distorsión en el desenlace mismo de dad incuestionable del rey. Luego de borrar toda evidencia
la historia, pues no es posible captar una pizca de morti- de la existencia de Atlas, y con ello, de la primera esce-
ficación o intención alguna de venganza en el rostro de la na, Candaules dispone la segunda escena voyeurista. Re-
reina de]ordaens. En Elogio de la madrastra, el cierre del cordemos que en la pintura de ]ordaens, el reyes origi-
episodio imaginado por Rigoberto también excluye un nalmente otro espectador, doble espía, de su mujer y de
desenlace de usurpación y crimen. su ministro espiando a su mujer. Sin embargo, el Candau-
Además de estos elementos sugeridos en]ordaens, les de Vargas Llosa distribuirá esta vez los papeles de tal
hay otros completamente nuevos en esta versión varga- modo que su ministro Giges sea el mirón, su esposa la es-
lloseana de la historia de Candaules. La escena voyeu- piada y él mismo el exhibicionista y participante del acto
. rista se duplica, puesta dos veces en escena por el rey de sexual. El papel exhibicionista es un elemento nuevo en
Lidia. Candaules llama al esclavo Atlas, personaje in- la representación de esta historia, que vuelve aún más
ventado por Vargas Llosa, y es, él mismo, mirón del acto explícito el deseo de Candaules de exhibirse como hom-
sexual-fallido- de su esposa y el esclavo: "Dudo que bre sexualmente vigoroso. 4 Lejos de arriesgar su superio-
muchos habitantes de Lidia puedan emularme. Una no- ridad monolítica como la primera vez, Candaules se ase- ..
che -estaba ebrio---: sólo por averiguarlo llamé al apo- gura el triunfo al eliminar a todo competidor e instituir .
sento a Atlas, el mejor armado de los esclavos etiopes. una mirada externa que lo acredite: "La tuve así un buen
Hice que Lucrecia se inclinara ante él y le ordené que la rato, gustándola con los ojos y regalándole a mi buen mi-
montara. No lo consiguió." (29) El propósito explícito nistro ese espectáculo para dioses. Y mientras la contem-
de este intento por parte del reyes competir y consagrar- plaba y pensaba en que Giges lo hacia también, esa mali-
se como superior en su vigor sexual. Debemos preguntar- ciosa complicidad que nos unía súbitamente me inflamó
nos quién fue el ganador en este certamen de alarde viril. de deseo" (35).
Aunque aparentemente fue Candaules el victorioso, ya que La redistribución de las reponsabilidades, es decir, de
el esclavo no pudo lo que él sí, es posible especular que la las culpas y los castigos, en el relato sobre el rey Candaules
experiencia, en verdad, ha resultado frustrante para el rey. presentado en Elogio de la madrastra, tendrá implicaciones
Si se tiene en cuenta el discutible saber popular que ase- significativas en la interpretación de la novela como tota-
gura la relación directa entre el tamaño del órgano sexual lidad. Recordemos que el mensaje moralizante en Heró-
masculino y la masculinidad de su poseedor, la imposi- doto no pone el énfasis en la figura de .Giges como usur-
bilidad de Atlas de consumar el acto sexual con Lucrecia pador sino en el castigo ejemplar que Candaules recibe
podría muy bien deberse no a su falta de vigor, sino preci- tras haber violado la intimidad de su propio lecho conyugal.
samente a su masculinidad. En efecto, se hace alusión al En cambio, en la escena adicional creada por la fantasía
tamaño desmesurado de su miembro viril en las palabras de Rigoberto, siguiendo en esto la breve alusión hecha
de Rigoberto/Candaules: Atlas es "[Link] armado de por Platón, el castigado es el voyeur obligado, y no aquel
los esclavos etiopes" (29). que ha organizado la escena voyeurista, es decir, el rey. Es
Esta hipótesis se ve confirmada por el destino final de posible entender que esta modificación obedece a las
Atlas, quien, luego de esta experiencia, es decapitado por necesidades del género erótico que busca representar un
orden de Candaules. La ejecución, tanto como la modi- mundo regido por el principio del placer sexual y despro-
ficación en la organización de la segunda escena voyeuris- visto de preocupaciones morales que no estén en función
ta, están animadas por el explícito deseo del rey de com- de intensificar el erotismo. En otro nivel de interpreta-
pensar a su esposa por la supuesta mortificación ocasionada
4 El psicoanálisis ha relacionado la tendencia exhibicionista con el .
en la primera escena. Dice Rigoberto/rey: "me juré a mí
.temor a la impotencia. Freud explica que cuando existe una fijación en con-
mismo no volver a someterla [a Lucrecia] a prueba seme- ductas preliminares a la copulación ("preliminary sexual aims") -por
jante" (34). Sin embargo, se puede entrever que los moti- ejemplo voyeurismo y exhibicionismo- dicha fijación debe ser entendida
como resultado de una temida limitación -impotencia, peligro, costo eco-
vos reales -y "reales" en sus dos sentidos- son otros. nómico, porejemplo-para alcanzar la copulación ("the normal sexual airo")
Candaules acaba de fracasar en su deseo de goce voyeu- (''1bree essays on sexualiry", 153 y 154].
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UNIVERSIDAD DE MÉxICO
ción, la distorsión de la historia de Candaules es un jue~ placentero que eran ella, la vida, como asomando y desa~
go irónico, ya que el final feliz imaginado ahora por Ri~ , pareciendo en un espejo que pierde su azogue, se delinea-
goberto será reemplazado, al cabo de la obra, por un final ba a ratos una carita intrusa, de ángel rubicundo" (22).
de usurpación que lo muestra sumido en la total infeli~ Cabe señalar una asociaci6n entre esta imagen concebida
cidad. s por Lucrecia'y la de Giges espiando en la escena creada por
La muerte del primer mirón, Atlas, y el final aparen~ Rigoberto: "Mientras la acariciaba la cara barbada de Giges
temente dichoso de la segunda escena (Candaules recibe se me aparecía y la idea de que él nos estaba viendo me
la confirmación del valor estético de su esposa y de su pro~ enfebrecíamás" (35). Laoposici6nentre la "cara angelical"
pia virilidad) refuerzan el poder absoluto y la inmunidad de Fonchito y la "cara barbada" de Giges será relativizada
del rey como actor y a un tiempo director de escena. Ésta en el desarrollo de los hechos que colocarán a Fonchito en
es la "persona" (en un sentido teatral) encarnada por el la posici6n de ángel diabólico. Por otra parte, anticipa la
protagonista de la novela de Vargas Llosa para actuar su distancia entre marido y mujer que, aunque compartien~
fantasía sexual. La posición invulnerable de Rigoberto/ do la misma f~tasía~ divergen en elementos muy signi~
Candaules será subvertida en el desarrollo posterior de la ficativos. Esta [Link] contraste ir6nico magnifica
trama básica, cuando el mirón real-Foncín-ocupe ellu~ el vuelco de suerte en la vida del protagonista. Así, la no~
gar del mirón imaginado por los esposos. El hijo de Rigo~ vela de Vargas Llosa propone una doble lectura, que no
berta ---como Giges-- usurpa el lugar de poder ---el trono, es sólo una lectura de ida y vuelta -reelectura que regis~
el lecho conyugal- y destruye el mundo de su padre. 6 Se tra la ironía- sino también captaci6n de una ~ensi6n irre~
trata tan sólo de un retardo del desenlace de Heródoto, soluble sostenida tanto en el discurso verbal como en el
ya que si bien fue suspendido en la narrativa que Rigoberto' visual: la doble lectura de Lucrecia y Rigoberto.•
imaginó, cobrará vida en la trama básica, es decir, en los
hechos "reales" presentados en la novela. El esposo, aun~
que cree controlarlo todo, desconoce la verdadera natura~
leza de un elemento de la trama básica que él mismo (re)crea Obras citadas
en su fantasía: la presencia del voyeur. El texto juega con
la doble perspectiva que es esencial a la historia. Tanto el Bal, Mieke, Reading Rembrandt: Beyond the Word lmage Oppo.
relato clásico, como el de Vargas Llosa y el del cuadro de sition, Cambrid~e UP, Cambridge, New York, 1991.
Jordaens, pueden leerse a través de los ojos del reY/Rigober~ Freud, Sigmund,-''Three essays on sexuality", en Standard Edition
to, ignorante de la conciencia de su mujer de ser obser~ of the Complete Psychological Works ofSigmurul Freud, vol. VII,
vada o, a través de la mirada de la reina! Lucrecia, quien Hogarth, Londón, 1953, pp. 125·243.
se sabe observada y tiene control de la escena. La mirada Fried, Michael, Absarption and Theatricality: Painting and Beholder
voyeurista se incorpora en este mecanismo de ignoran~ in the Age ofDiderot, University of California Press, Ber·
cia/ conocimiento ya que, en la imaginación del marido, keley, Los Ángeles, 1980.
pertenece a la fantasía y corresponde a personajes de fic~ Heródoto, Historia, trad. y notas Carlos Schrader, Gredos,
ción y, en cambio, en la de Lucrecia, se inspira en su propio Madrid,1977.
hijastro. En efecto, el rostro de Foncín queda grabado en Jacob Jordaens (l593~ 1678): tablauxet rapisseries, catalogo por
la madrastra tras el fugaz momento de excitaci6n er6tica R.~A. D'Hulst, Nora de Poorter yMarc Vandenven, redac-
vivido poco antes en el dormitorio del niño, y así 10 evo~ ciónHans DevisscheryNora de Poorter, KoninklijkMuseurn
ca Lucrecia mientras hace el amor con Rigoberto, a punto voor Schone Kunsten, Amberes, 1993.
de encamar al rey Candaules: "En el fondo del remolino Lampugnani, Rafael, "Erotic Parricide in Vargas Llosa's Elogio
~ la madras'tra", en Antipodas 1, 1988, pp. 209-218.
Milner, Max, On est prié de fermer les yeux: Le regard interdit,
5 En el cierre de la novela, Rigoberto, descubierta la traición y des-
plazado por su hijo en el lecho matrimonial, hace recaer la culpa sobre su es-
Gallimard, París, 1991.
posa, a quien echa de la casa para entregarse a una religiosidad casi mística. Platón, The Repub/ic, trad. Allan Bloom, 2a OO., Harper Collins,
I 6 Rafael Lampugnani señala el modo en que la novela evoca el mito
New York, 1991.
t arquetípico en el que el poder paterno es derrocado y reemplazado por una
dinastía joven, al introducir esta historia en la que Candaules, último des-
cendiente de Hércules, es destruido por Giges (214).
Vargas Llosa, Mario, Elogio de la madrastra, Emecé, Buenos
Aires, 1988.
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