Crisis Financiera de 2008: Causas, Consecuencias Y Situación Actual Del Sistema Financiero
Crisis Financiera de 2008: Causas, Consecuencias Y Situación Actual Del Sistema Financiero
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Índice de Ilustraciones
Ilustración I …………………………………………………………………………… 9
Ilustración II …………………………………………………….…………………… 11
Ilustración IV ………………………………………………………………………… 13
Ilustración V ………………………………………………………………...……….. 14
Ilustración VI ………………………………………………………………………… 17
Ilustración IX …………………………………………………………………...……. 42
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Resumen
Los orígenes de la Crisis Financiera de 2008 se remontan más allá de los primeros signos
de la Crisis de las hipotecas subprime en el verano de 2007. Es el resultado de un largo
período de desregularización y liberalización a ultranza que tuvo efectos dramáticos sobre
la economía mundial.
Los bancos de inversión junto con los reguladores jugaron un papel fundamental tanto en
las causas como en las medidas adoptadas ante las consecuencias devastadores. Todo ello
nos conduce a preguntarnos si es posible una nueva crisis a nivel global o si, por el
contrario, el sistema financiero actual es sólido, dejando atrás las deficiencias del pasado.
Abstract
The 2008 Financial Crisis’ origins lay far beyond the first signs that appeared in summer
2007 with the Subprime Mortgage Crisis. The Financial Crisis is the result of a long
deregulation & liberalization period which inevitably ended with dramatic effects among
world economies.
Investment banks, alongside institutional regulators, played an important role both in the
causes and in the measures taken to reduce the devastating impact. All of it drives us to
question if a new crisis on a global scale is possible or if the actual financial system is
solid enough, leaving behind the shortcomings of the past.
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1. Introducción
Son por todos conocidas las consecuencias que supuso la quiebra del sistema financiero
durante la última Crisis Financiera de 2008, distando de las propias de un mero período
de recesión. Esta Crisis tuvo efectos dramáticos para muchos Estados que hoy en día
siguen recuperándose de aquella tragedia tanto a nivel económico como social.
El objetivo principal de este Trabajo de Fin de Grado es transmitir una imagen fiel sobre
la situación del sistema financiero internacional y su relación con la Crisis Financiera de
2008.
A través de este trabajo se busca explicar cuáles fueron las causas de dicha Crisis
Financiera y las principales medidas que adoptaron las grandes instituciones financieras
a nivel global para paliar sus efectos tras haber realizado un profundo análisis sobre las
mismas. La finalidad es relacionar aquello con la situación actual del mercado en aras de
identificar como el sistema financiero se ha reinventado para evitar una más próxima que
tardía crisis financiera.
Otro de los objetivos es mostrar las deficiencias del sistema regulador en el control de las
instituciones financieras durante los años previos, así como identificar si a través de las
medidas adoptadas por las distintas instituciones reguladoras (principalmente el Banco
Central Europeo y la Reserva Federal de EE. UU.) durante estos años, el sistema
financiero resulta ser suficientemente sólido y compacto.
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Por último, se pretende dejar constancia de la estrecha relación que aportan los índices
macroeconómicos con respecto a los años previos a una recesión y su análisis bajo las
circunstancias actuales.
Seguidamente se examinarán las medidas adoptadas por los distintos Gobiernos y entes
reguladores con el objetivo de plasmar el contexto actual y poder, por último, responder
a la cuestión planteada en el cuarto apartado, ¿es factible una nueva crisis financiera en
el corto plazo?
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2. Causas de la Crisis Financiera de 2008
Podría pensarse que la Crisis Financiera que tuvo lugar en 2008 fue un accidente y que
no se podía haber previsto con anterioridad. Sin embargo, la realidad es que la Crisis fue
causada por una industria financiera fuera de control.
Sin duda, las principales causas y alicientes de la Crisis Financiera de 2008 tuvieron lugar
en los Estados Unidos de América (en adelante EE. UU.) por lo que se hará énfasis en lo
ocurrido en dicho país en el periodo previo a 2008 y se completará con lo acontecido en
Europa durante ese mismo período.
Después de la Gran Depresión, los EE. UU. vivieron 40 años de crecimiento económico
sin sufrir ninguna crisis financiera. El negocio financiero se encontraba fuertemente
regulado a modo de prevención (entre otros, bajo el Glass-Steagal Act de 1933),
existiendo una escisión entre la banca comercial y la banca de inversión con el objetivo
de evitar que los bancos de inversión pudieran especular con los ahorros de sus clientes y
limitando sus fuentes de financiación al mercado.
Los bancos de inversión que trabajaban con bonos y acciones eran sociedades mucho más
pequeñas de lo que lo son hoy en día, siendo los propios socios los que aportaban el
dinero, por lo que se incrementaba el control y vigilancia sobre el mismo. Desde los años
80, se produce un auge del sector financiero motivado por la flexibilización de las
limitaciones sobre las operaciones de los bancos de inversión.
Entre las normativas más destacadas se encuentran el Riegle-Neal Interstate Banking and
Branching Efficiency Act de 1994 y, sobre todo, el Gramm-Leach-Bliley Act de 1999 que
supuso la mayor expresión de la liberalización a ultranza defendida por Alan Greenspan.
A través de esta última, se derogó parte de la normativa contenida en el Glass-Steagal
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Act de 1933, permitiendo a los bancos ofrecer banca comercial y de inversión
indistintamente.
Con este movimiento se permitió la fusión de CitiCorp y Traveler y abrió el camino para
futuras fusiones de gran magnitud dentro del sector financiero. Asimismo, permitió que
los bancos comerciales pudieran entrar en el negocio de los bancos de inversión y, por
tanto, pudieran asumir más riesgos con los depósitos de sus clientes. (Pineda, 2011)
El propio George Soros hizo una metáfora sobre la desregularización en la que comparaba
los mercados financieros con un buque petrolero.
El culmen del proceso de desregularización llegó con el auge, a finales de los años 90, de
los derivados, productos financieros complejos elaborados por los bancos de inversión, y
que ganaron una importante cuota en demanda dentro del mercado de productos y
servicios financieros.
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activo permitiendo a los banqueros apostar a cualquier cosa, la subida o bajada del crudo,
la quiebra de una empresa o el tiempo que va a hacer esta semana.
Con la aprobación por parte del Congreso de los EE. UU. del Commodity Futures
Modernization Act (CFMA) en el año 2000, el mercado de derivados dejó de estar bajo
la regulación de futuros y se prohibía toda regulación sobre el mismo, limitando aún más
el poco control existente. Tras la aprobación de este Acta, el uso e innovación sobre los
productos financieros complejos aumentó considerablemente. (Stout, 2010)
Cuando en 2001 George W. Bush asumió la presidencia de EE. UU., el sector financiero
era muy rentable, poderoso y más concentrado que nunca. Este mercado estaba controlado
por cinco bancos de inversión (Morgan Stanley, Goldman Sachs, Lehman Brothers,
Merrill Lynch, y Bear Stearns), dos conglomerados financieros (Citigroup, JP Morgan &
Chase), tres compañías de seguros (AIG, MBIA, AMBAC) y tres agencias de rating o
calificación (Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch). Para unirlos a todos estaba el
securization food chain (titulización de la cadena alimentaria), un nuevo sistema que
conectaba billones de dólares en hipotecas y otros préstamos con inversores por todo el
mundo. (Gallant, 2019)
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Ilustración I. Titulización de la cadena alimentaria
En condiciones normales, las hipotecas son concedidas por entidades locales que reciben
un pago mensual de sus deudores y al tardar una hipoteca varios años en amortizarse,
estas entidades son cuidadosas con los pagos que recibían (minimizando reinversiones de
los mismos). En términos simples, cuando una persona solicita un préstamo, la persona o
entidad que presta el dinero confía en que ese préstamo sea devuelto y su beneficio se
limita al interés pactado. (Tardi y Scott, 2020)
En primer lugar, los prestamistas concedían las hipotecas u otros préstamos (como
aquellos para la compra de un vehículo, educación, etc.) a los propietarios o solicitantes.
En la segunda fase, los prestamistas (o entidades locales) vendían estos préstamos a los
bancos de inversión, deshaciéndose del riesgo que corrían en caso de que el mismo no se
amortizara. Asimismo, estas entidades gozaban de un importante beneficio contable ya
que, al vender las hipotecas, reducían sus niveles de pasivo (aumentando además la
liquidez) y podían conceder nuevos préstamos y mantener la cadena en constante
movimiento.
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su hipoteca, el pago no era recibido por la entidad local con la que había contratado en
primera instancia, sino por inversores de todo el mundo. (Conley, 2019)
Asimismo, los bancos de inversión contrataban a agencias de rating para que calificaran
las CDOs que estaban vendiendo a sus inversores. El problema es, que lejos de ajustarse
a la realidad, muchas de estas CDOs recibían una calificación AAA (triple A) que es la
más alta posible y, por ende, la más segura. Además, las agencias de rating, a las que
pagaban los bancos de inversión, no tenían ninguna responsabilidad si sus calificaciones
resultaban ser erróneas. (Menezes y Rodil, 2012)
He aquí donde surge uno de los grandes problemas, ya que los inversores (muchos de
ellos desconocedores siquiera de que era una CDO) creían que los productos que
adquirían eran muy seguros y ofrecían una alta rentabilidad, por lo que eran de lo más
atractivos.
Otro de los grandes problemas, surge en torno a los créditos o hipotecas subprime. Una
hipoteca subprime es aquella que es concedida a prestatarios que gozan de una baja
calificación crediticia y, por ende, tienen menor capacidad para repagar el préstamo
concedido, provocando en muchos casos el impago. (Banco de España, 2017)
Los bancos de inversión, en vez de crear un sistema de productos derivados con una
calificación acorde a su riesgo, prefirieron apostar por los créditos subprime ya que
llevaban asociado un tipo de interés más altos (lo que los hacía más atractivos) y se les
otorgaba la misma calificación que a productos con una seguridad mucho mayor. Esto,
junto con un incremento en los tipos de interés estatales, condujo a un crecimiento masivo
de los créditos abusivos donde los deudores se veían obligados a contraer créditos
subprime que no podían repagar, entrando un círculo vicioso de precios e intereses
alcistas.
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2.3. La burbuja (2001-2007)
Paul Krugman defendía que para llegar a una situación de déficit comercial es necesaria
una entrada de capital equivalente para su financiación, lo que puede provocar una bajada
en los tipos de interés y conducir a la creación de burbujas.
Fuente: Elaboración propia con datos del Board of Governors of the FED.
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En Europa, durante la década previa a la Crisis Financiera, el tipo de interés no sufrió una
variación tan fuerte como en Estados Unidos. Si que es cierto que tras la burbuja
tecnológica se adoptaron medidas para reducir gradualmente el tipo de interés del Banco
Central Europeo (BCE) hasta el 2%. No obstante, tal y como aconteció en Norteamérica,
los tipos de interés fueron aumentando hasta el pinchazo de la burbuja (en 2008 el tipo de
interés era de 4,25%
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Banco Central Europeo (BCE)
La bajada de los tipos de interés provocó que cientos de millones de dólares entraran cada
año en la cadena de titularización. Con la facilidad para conseguir la concesión de una
hipoteca, junto a la bajada de tipos de interés, comenzó un proceso que haría cada vez
más atractivo comprar una vivienda. Esto provocó que entre 2001 y 2006, el porcentaje
de hipotecas formalizadas con créditos subrprime (sobre el total de hipotecas concedidas
cada año) se cuadriplicara (alcanzando el 23,5% en 2006). (Menezes y Rodil, 2012)
Esto alimentaba un círculo vicioso que causó que los precios de las viviendas se
dispararán y los tipos de interés subieran, conduciendo a la mayor burbuja económica de
la historia. En el periodo entre 1996 y 2006, los precios de la vivienda casi se duplicaron.
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Ilustración IV. Precios de la vivienda en Estados Unidos
La última gran burbuja inmobiliaria data de finales de los años 80, que ya provocó una
recesión relativamente grave, aunque el aumento de los precios en términos relativos fue
bastante inferior.
Fue el apetito del sector financiero lo que condujo al resto de la sociedad a entrar en esta
espiral de precios en la que todo estaba permitido. Las bonificaciones en Wall Street y la
concesión de créditos subprime se dispararon durante la burbuja inmobiliaria.
Los beneficios de las instituciones financieras se dispararon, hasta tal punto que en 2006
el 40% de los beneficios del índice S&P 500 provenían de estas entidades. En palabras
del periodista jefe de economía del Financial Times, Martin Wolf, “estos ingresos y
beneficios no eran reales, era dinero creado por el sistema que habían desarrollado y
eran contabilizados como ingresos. Visto en perspectiva, se trataba de un gran sistema
no solo nacional sino global, un esquema ponzi a gran escala.”
Durante la burbuja inmobiliaria, los bancos de inversión pidieron más préstamos para
adquirir más créditos y así poder desarrollar más CDOs. Esto derivó en que el nivel de
apalancamiento de los bancos aumentara considerablemente hasta niveles casi
insostenibles.
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En 2004, Henry Paulson (presidente del Consejo de Goldman Sachs) ayudó a realizar
fuertes presiones sobre la SEC (U.S. Securities and Exchange Commission) para que ésta
aumentara el límite de apalancamiento permitido, ayudando a los bancos a aumentar la
cantidad de dinero que pedían prestado. La SEC accedió a levantar el límite y esto
permitió que los bancos pudieran arriesgar en mayor medida. (Pineda, 2011)
Fuente: Elaboración propia a partir de Informes Anuales de las compañías (Yale Case
Study)
Sin embargo, el apalancamiento no era la única causa que avocaba al sistema financiero
al fracaso. AIG, la compañía de seguros más grande del mundo estaba comercializando
una enorme cantidad de derivados denominados Permutas de Incumplimiento Crediticio
(más conocidas como Credit Default Swaps o CDS).
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Para los inversores que ostentaban CDOs, el funcionamiento de las permutas era el
siguiente. Las CDS actuaban como un seguro sobre el impago de las CDOs, pagando los
inversores una cuota trimestral a AIG. A cambio AIG, en caso de que la CDO fuese mal,
se comprometía a compensar a los inversores las pérdidas. (Pinsent, 2020)
Sin embargo, al contrario que en un seguro normal, los especuladores podían adquirir
CDS a AIG para apostar en contra de CDOs que no poseían. En líneas generales, con un
seguro solo puedes asegurar cosas que poseas y una única vez. El universo de los
derivados permite que, si un propietario asegura un bien, cualquiera que lo desee pueda
asegurarlo.
El problema aparece cuando el seguro tiene que entrar en acción porque lo que se haya
asegurado ha sufrido algún tipo de deterioro. En ese caso, las pérdidas en el sistema
aumentan exponencialmente ya que no solo se tiene que compensar al propietario del
bien, sino que deberán compensar a todo aquel que lo haya asegurado también.
A mayor inri, como no existía regulación sobre el mercado de CDS, AIG no tenía
obligación de apartar una cantidad de dinero para hacer frente a posibles pérdidas que
surgieran. No obstante, en caso de que la CDO no se repagara, AIG estaría en riesgo ya
que tendría que devolver dinero tanto a inversores como a especuladores.
Durante esta época de bonanza económica, AIG recompensaba a sus trabajadores por
asumir grandes riesgos. En la mejor época, éstos generaban rentas y beneficios lo que
derivaba en bonificaciones salariales. No obstante, esto llevaría a la compañía a la quiebra
con el tiempo ya que se trataba de un sistema de compensación distorsionado. (Pineda,
2011)
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En 2007 los auditores de AIG encendieron las alarmas ya que se percataron de la situación
dramática en la que se encontraba la compañía, aunque ésta en muchas ocasiones se
negara a que se investigaran las cuentas de su división financiera.
A finales de 2006, los grandes bancos de inversión (siendo el mayor exponente Goldman
Sachs) decidieron no solo comercializar CDOs tóxicas, sino que empezaron a negociar
contra ellas activamente a la vez que públicamente seguían defendiendo que se trataba de
inversiones seguras (con ratings AAA asimilándolas a las Letras del Tesoro americano)
y de gran rentabilidad.
La forma en la que estos bancos de inversión apostaban de forma oculta en contra de las
CDOs, motivados por la caída del negocio inmobiliario, era a través de las CDS a modo
de especuladores. Entonces, en caso de que las CDOs fallasen, estos bancos recibirían
dinero por ello.
Lo incomprensible de esta situación es que los propios bancos que vendían esos
productos, compuestos de hipotecas subprime entre otros, decidieron que no debían optar
por avisar a los clientes de que ya no creían en los productos financieros que estaban
comercializando, sino que optaron por seguir haciendo dinero a costa del riesgo de otros.
Cabe destacar que en 2007 Goldman Sachs empezó a comercializar CDOs diseñadas
exclusivamente para que cuanto más perdiera el cliente, más ganase Goldman Sachs a
través de las CDS.
Pero Goldman Sachs no era el único banco de inversión que realizaba este tipo de
prácticas, sino que se volvieron comunes en la industria bancaria. Otros bancos de
inversión como Lehman Brothers, Morgan Stanley, JP Morgan, así como fondos de
inversión como Tricadia o Magnetar también apostaban en contra de CDOs que ellos
mismos habían diseñado para ganar miles de millones de dólares que a la vez perdían sus
clientes. La situación no hizo sino empeorar ya que las CDOs seguían vendiéndose a los
clientes como inversiones muy seguras con el rating más alto posible. (Pinsent, 2020)
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2.3.3. Papel de las agencias de rating
Para cerrar el capítulo de causas de la Crisis Financiera, debemos hacer mención expresa
al papel fundamental que desempeñaron las agencias de rating en la caída del sector
financiero.
Las tres principales agencias de rating a nivel global (Moody’s, Standard & Poors y Fitch)
ganaron miles de millones de dólares otorgando calificaciones seguras a productos
financieros de alto riesgo. Al igual que los bancos de inversión, las agencias de
calificación también aumentaron sus beneficios considerablemente durante el período de
la burbuja.
Las agencias de rating eran las encargadas de dar el visto bueno a los productos que
ofrecían los bancos a sus inversores, por lo que si ellos consideraban que la inversión era
arriesgada debía ser calificada como tal y, por tanto, llevarían un tipo de interés más alto
para compensar el riesgo soportado por el cliente. (Menezes y Rodil, 2012)
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no podían cumplir con su trabajo de forma lúcida, ya que no eran capaces de determinar
el riesgo real de los productos.
El problema surge cuando las agencias de rating comienzan a otorgar calificaciones AAA
a productos financieros que llevan asociado un riesgo alto de impago. El porqué de esta
práctica es única y exclusivamente el beneficio que podían obtener de ello. Desconocían
el verdadero riesgo de los productos y aun así decidieron ser partícipes del entramado
para lucrarse. (Oliete, 2012)
Los bancos de inversión acudían a las agencias de rating para que éstas calificaran sus
productos, ofreciéndoles altas sumas de dinero en caso de que el producto financiero
obtuviera una calificación de AAA. No obstante, en caso de que no les fueran otorgadas
dichas calificaciones no obtendrían ningún beneficio y los bancos acudirían a otra
agencia.
Muchos se preguntan por qué las agencias de calificación no decidieron alertar a los
organismos supervisores de lo que estaba acaeciendo. No obstante, habría sido suficiente
con que hubieran comunicado a los bancos de inversión que iban a ser más estrictos con
sus estándares o que realmente desconocían el riesgo de los títulos que estaban
calificando. De esta forma, hubiera cesado inmediatamente la disponibilidad de fondos a
los solicitantes de riesgo.
Por último, cabe destacar algo tan inaudito como que la defensa de las agencias de rating
durante los procesos judiciales, a los que se vieron sometidas por sus actuaciones, estaba
basada en que las calificaciones AAA eran simplemente opiniones e indicaciones. Por
tanto, alegaban que los inversores no tenían por qué seguirlas.
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3. Consecuencias de la Crisis Financiera
Mediado el 2007, en EE. UU. aparecieron los primeros síntomas de la Crisis Financiera
en un sector del mercado hipotecario, las ya mencionadas hipotecas subprime o de alto
riesgo.
Para poder realizar un análisis detallado de las consecuencias, habrá que indagar en las
mismas por períodos temporales para poder crear una línea temporal que nos ayude a la
hora de observar que medidas adoptaron los diferentes Gobiernos para paliar sus efectos.
Para poder mostrar de forma detallada las consecuencias a nivel internacional que tuvo la
Crisis durante este periodo de tiempo, tanto antes (con los primeros signos del verano de
2007) como inmediatamente después de la caída generalizada del mercado. Las mismas
se agruparan en función del ámbito económico sobre el que produzcan sus efectos.
Los acreedores no eran capaces de vender los préstamos a bancos de inversión, que
querían alejarse lo máximo posible de estos activos motivados por el cambio de tendencia
en el sector inmobiliario. Los acreedores fueron los primeros en pagar los platos rotos, ya
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que cuando los créditos empezaron a ir mal, muchas de las entidades acreedoras
quebraron.
Con el repunte de la percepción del riesgo, el mercado de las CDOs colapsó (los activos
financieros bajaron bruscamente de precio), dejando a los bancos de inversión con miles
de millones de dólares y euros en créditos, CDOs y bienes inmuebles a los que eran
incapaces de dar ninguna salida.
Según avanzaba la caída en el precio de los activos inmobiliarios y sus derivados, las
instituciones financieras se vieron obligadas a llevar a cabo un proceso de
desapalancamiento a través de la liquidación de activos (financieros e inmobiliarios) ya
que se encontraban atrapados entre altos niveles de deuda y pasivos y una fuerte escasez
de capital, a la vez que eran incapaces de deshacerse de los préstamos. El proceso de
desapalancamiento y descapitalización, motivado por la falta de liquidez, provocó un
descenso de los precios más intenso y generaba nuevas pérdidas. (Mathiason, 2008)
En EE. UU. la Crisis Financiera sorprendió tanto al Gobierno liderado por Bush como a
la Reserva Federal (liderada por su presidente, Ben Bernanke). En una reunión del G7
celebrada en febrero de 2008, el secretario del Tesoro de EE. UU., Henry Paulson
(antiguo presidente de Goldman Sachs), durante una rueda de prensa afirmó que las
previsiones eran de mayor crecimiento y que no habría recesión. La realidad no obstante
es que la recesión había comenzado casi medio año antes con las caídas de bancos
menores en octubre de 2007.
La bajada del precio de los activos provocó que se vendieran a pérdidas, lo que generó
que el valor de los activos fuera inferior a las obligaciones. En términos absolutos, esto
quiere decir que el patrimonio neto de los bancos pasó a ser negativo y éstos insolventes.
Esto provocó que la citada convulsión se tradujera en una verdadera crisis de liquidez,
resultando en sucesivas quiebras de entidades financieras.
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La primera gran caída de un banco de inversión se produjo en marzo de 2008 cuando Bear
Stearns se quedó sin liquidez y fue adquirido por JP Morgan con la ayuda de los millones
inyectados por un fondo de salvaguarda de la Reserva Federal.
El primero de sus soportes vitales falló, lo que tuvo importantes efectos secundarios sobre
el sistema financiero. A raíz de la bancarrota de Lehmann Brothers, el mercado de valores
perdió 750 millones de dólares por la deuda adquirida con este banco. Asimismo, el
fracaso de Lehmann también ocasionó una caída en el mercado de pagarés del que las
empresas dependen para pagar ciertos gastos necesarios para su supervivencia, como las
nóminas de sus empleados.
Por otro lado, AIG debía 13 mil millones de dólares a los poseedores de las permutas
(CDS) que hemos tratado anteriormente y no tenía liquidez suficiente para pagarles. La
caída de AIG, el 17 de septiembre de 2008, fue determinante ya que era considerada otra
pieza clave del sistema financiero. (Álvarez, 2010)
Con el rescate a AIG, los poseedores de permutas, con Goldman Sachs a la cabeza
(recuperó 14 mil millones), recibieron 61 mil millones de dólares. Tanto Paulson como
Bernanke obligaron a AIG a devolver el dinero sin rebajas a los poseedores de permutas
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(la gran mayoría ostentadas por los propios bancos de inversión) y a renunciar al derecho
a demandar a los bancos de inversión por fraude. El rescate total costó 150 mil millones
de dólares a los contribuyentes. (Congressional Oversight Panel, 2010)
A pesar de todas las intervenciones que se llevaron a cabo, los mercados seguían cayendo
y el miedo a una recesión global se extendía. El sistema financiero y de crédito estaba
totalmente detenido (no era posible pedir ni dar créditos), lo que provocaba que, sin flujos
de caja, cualquier empresa fuera incapaz de realizar inversiones o hacer frente a pagos.
Estas palabras de Dodd en agosto de 2007, durante una reunión con los dirigentes del
Tesoro y la Reserva Federal, anticiparon lo que estaba por venir. Ya en julio de 2007, los
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procedimientos abiertos de ejecución por impagos de hipotecas alcanzaron los 180.000
(el doble que en el mes inmediatamente anterior). La dramática subida de los tipos interés
provocó que las familias fueran incapaces de repagar sus préstamos bancarios.
A principios de 2010, el número de embargos en EE. UU. se había disparado hasta los
seis millones. Una de las secuelas de que una vivienda sea embargada y posteriormente
salga a subasta pública, es que el precio de las viviendas de los alrededores baja. Esto en
términos globales, se tradujo en que el precio de las viviendas se redujera drásticamente
(véase Ilustración IV). (Riera, 2020)
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La recesión se aceleró y pronto se extendió a nivel mundial. La interconexión entre las
economías de todo el mundo, el efecto riqueza negativo y la acentuación de la
incertidumbre ocasionaron una reducción prolongada del gasto y una recesión en países
desarrollados, que posteriormente se trasladó a las principales economías emergentes.
El PIB mundial sufrió un retroceso del 0,1% (3,4% en países desarrollados), el más grave
desde la Segunda Guerra Mundial. Al igual que con el desempleo, las políticas adoptadas
por el Gobierno de EE. UU. permitieron que, a partir del 2010, el PIB creciera
positivamente. Mientras tanto, los países de la Unión Europea sufrieron posteriores
involuciones en el crecimiento de este indicador.
En esta nueva situación, tras las primeras consecuencias de la Crisis, los principales
Gobiernos y organismos a nivel internacional introdujeron medidas para intentar paliar
los efectos del derrumbe de la economía global en 2008. En el siguiente apartado, se
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mostrará las medidas adoptadas en relación con los datos que se han aportado en el
período anterior y los nuevos que se aportarán para este periodo.
Si bien se puede apreciar una diferencia notable en la rapidez con la que EE. UU. solventó
(en cierto modo) la situación, en Europa los países no fueron capaces de hacer frente a la
Crisis con tanta premura.
La Crisis que experimentó la Zona Euro englobaba aspectos de una crisis de deuda
soberana, del sistema bancario y del sistema económico en general.
• Por último, los grandes rescates a entidades financieras que tuvieron que afrontar
los bancos centrales, acabaron por debilitar las economías tras la burbuja
inmobiliaria.
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Otro aspecto que podría ser tenido en cuenta como origen del problema es la complejidad
estructural que supone gestionar una moneda única de la que forman parte Estados con
muy diversos niveles de desarrollo económico y político y con estructuras económicas de
lo más variopintas, sin existir una unión fiscal entre ellas. Este “collage” provocó una
escisión dentro de la Unión Europea entre los países del norte de Europa (Reino Unido,
Alemania, Francia, etc.), que se vieron menos afectados por esta Crisis, y los del sur de
Europa (España, Portugal, Grecia, etc.), a los que la recesión golpeó con mayor dureza.
El detonante fueron las tensiones provocadas en torno a la Crisis fiscal griega que pronto
se extendió a la deuda soberana de los países que se encontraban en una situación de
vulnerabilidad fiscal, financiera o con unas peores perspectivas de crecimiento. Es
importante referirse a los tres riesgos (bancario, soberano y macroeconómico) de forma
conjunta ya que, solo así, se puede entender como la fuerte interacción entre ellos pudo
generar un crecimiento generalizado en las primas de riesgo de los países afectados, entre
los que podemos destacar a España. (Banco de España, 2017)
No obstante, apareció un nuevo frente en Irlanda, donde la salud de los bancos fue
empeorando y, debido a su implicación en el sistema fiscal, en el segundo semestre de
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2010 se produjeron nuevas tensiones en los mercados. Irlanda, al igual que sucedió con
Grecia a principios de año, se vio obligada a ser rescatada en noviembre de 2011 por la
Unión Europea (en adelante UE), el Fondo Monetario Internacional (en adelante FMI) y
tres países (Reino Unido, Dinamarca y Suecia).
El siguiente en requerir de asistencia por parte de la UEM fue Portugal en mayo de 2011,
mientras que en Grecia el plan de acción tuvo que ser revisado ante el empeoramiento de
su situación macroeconómica y se sometió a un segundo rescate por parte de la Troika
(UE, BCE y FMI) en octubre de ese mismo año. Grecia, Irlanda y Portugal suponían el
6% del PIB de la Zona Euro, por lo que creció la preocupación. (Hewitt, 2011)
Un caso que resulta cuanto menos sorpresivo es el de España. Los niveles de deuda
pública en el año 2010 (justo antes del inicio de la Crisis del Euro) suponían un 53% del
PIB, situándose muy por debajo del resto de países europeos (tanto del norte como del
sur) lo que le alejaba del riesgo de default. Sí que es cierto que España fue incapaz de
mantener los niveles de déficit público y los principales bancos nacionalizados requerían
de fuertes rescates.
Existió gran discrepancia entre el BCE y el Gobierno español, ya que éste último quería
evitar un rescate a España y que se interviniera directamente a los bancos en apuros. El 9
de julio de 2012, tras unos duros meses para la economía española en los que destaca la
“semana negra” encabezada por Bankia, se aprobó el rescate por parte del FEEF a través
del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria español (FROB). (Banco de España,
2017)
El último país en ser intervenido fue Chipre (que contaba con un agujero bancario que
equivalía al 60% de su PIB) en marzo de 2013.
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en torno a la reestructuración de la deuda del sector privado. Esto supuso que a mediados
de 2011 se produjera una nueva revisión al alza de las primas de riesgo con respecto al
bono alemán, llegando a afectar a países que se habían visto menos dañados en el pasado,
como es el caso de Francia y Bélgica.
No cabe duda de que la Crisis de la Zona Euro, en los años posteriores a la Crisis Mundial
de 2008, tuvo una destacada influencia a nivel macroeconómico, ya que podemos
observar (a través de los principales indicadores) como las economías europeas tardaron
más en recuperar la estabilidad (por ejemplo, el crecimiento del PIB, véase Ilustración
VIII). También tuvo repercusión en el ámbito social, donde la tasa de desempleo se
disparó en los países más afectados y se extendió por toda Europa. Todo esto provocó
que se frenara en seco la evolución de la Zona Euro hacia un nuevo periodo de bonanza
económica.
EE. UU. cerró el año 2010 con el mayor crecimiento económico en los cinco años
anteriores (el PIB creció un 2,9%). La realidad es que el dato no es del todo indicativo ya
que, tras el declive del año anterior, la mayor parte de las economías consiguieron paliar
los daños a través de distintas medidas. Sin embargo, sí que es cierto que, al contrario que
Europa, EE. UU. fue capaz de mantener el ritmo de crecimiento y desde 2009 ha
conseguido mantener una racha constante de crecimiento del PIB sin altibajos (con un
crecimiento anual cercano al 2.5%, véase Ilustración VIII). Dos de los indicadores más
ilustrativos de este crecimiento fueron el aumento en las exportaciones (8,5% en 2010) y
en el gasto residencial (3,4% en 2010). (EFE, 2011)
28
El propio presidente Obama, al conocer los resultados, señaló que EE. UU. había sido
capaz de abandonar el periodo de recuperación (tras la recesión más profunda que se
recuerda) hacia la fase de expansión en el ciclo económico.
La política monetaria de EE. UU. obtuvo sus frutos con el aumento del consumo y de la
inversión que ayudaron al crecimiento del PIB. Las medidas expansivas con la reducción
de los tipos de interés (situándolos en torno al 0%) y la generación de una ligera inflación
(que fue reduciéndose a lo largo de los años) contribuyeron al aumento en la producción
norteamericana. Estas dos medidas también tuvieron sus frutos sobre los hogares ya que
a muchos de ellos les permitieron desendeudarse.
Por último, EE. UU. apostó fuertemente por mejorar la tasa de desempleo y, si bien es
cierto que su política monetaria no llegó a alcanzar todos los efectos deseados, sí aportó
una solución rápida y eficaz a este problema (reduciendo el 9,8% registrado en 2010 hasta
el 4,9% en 2016, a un ritmo de casi 100 puntos básicos anuales).
29
4. Medidas adoptadas por los principales Gobiernos y organismos
internacionales
Ante el incremento de las tensiones en los mercados a nivel global, las principales
autoridades monetarias decidieron actuar (en algunos casos de forma conjunta como en
las reuniones del G-20 o la creación en 2009 del Consejo de Estabilidad Financiera)
elaborando planes de actuación basados principalmente en inyecciones de liquidez ante
la pobre situación del mercado. Sin embargo, también se pueden apreciar importantes
diferencias en el enfoque de los distintos países, lo que ha provocado diferentes realidades
tras el colapso de los mercados.
Es por ello por lo que en este apartado se mostrarán los bloques de medidas separados
por zona geográfica, distinguiendo los planes de actuación en EE. UU. y en Europa.
EE. UU. fue el primer país en sufrir los efectos de la Crisis Financiera, en parte porque
se podría decir que fueron los causantes y en parte porque fue el lugar donde se detonó la
situación.
Desde 2008, las medidas que se adoptaron con el fin de aliviar la situación se podrían
resumir en tres grandes frentes:
• Paralización de embargos
30
4.1.1. Medidas de política monetaria (Troubled Asset Relief Plan)
Como era de esperar, la Reserva Federal fue la primera en actuar. Ante los primeros
síntomas detectados en el verano de 2007 en el mercado interbancario, La Reserva
Federal decidió reducir los tipos de interés del 5,25% al 2% (entre septiembre de 2007 y
abril de 2008, apenas siete meses). (Andrews y Calmes, 2008)
A la par, con el fin de proveer de capital y asegurar que los bancos pudieran acceder a
financiación, se optó por aumentar las operaciones de mercado abierto, como en el caso
de los Term Auction Facility (TAF). Asimismo, se decidieron flexibilizar las condiciones
de apalancamiento y riesgo necesarias para acceder al crédito. No obstante, la Reserva
Federal aprobó nueva regulación para incrementar el control sobre los bancos de
inversión, aumentando así los límites de reservas de capital para evitar falta de liquidez.
(Pineda, 2011)
Junto con los recates a varias instituciones financieras que previamente hemos detallado
(véase apartado 3.1.2.) y una nueva bajada de los tipos de interés (hasta el 1%) por parte
de la Reserva Federal, el 3 de octubre de 2008, el Congreso de EE. UU. aprobó el
Troubled Asset Relief Program (TARP). Este programa permitiría al secretario del Tesoro
desembolsar hasta de 700 mil millones de dólares en la compra de activos tóxicos
vinculados a créditos hipotecarios (MBS) y se encargaría de darles salida mediante
pública subasta. Este programa de intervención (que supuso la medida más destacada de
este periodo) fue desarrollado con el objetivo de que las instituciones financieras pudieran
normalizar sus cuentas deshaciéndose de los activos tóxicos que abundaban en sus
balances y así poder devolver la confianza y liquidez a los mercados. (Webel, 2011)
A finales de octubre, ocho grandes instituciones financieras recibieron fondos como parte
de este plan, entre las que destacan Bank of America, Goldman Sachs, JP Morgan Chase
& Company, Citigroup y Morgan Stanley. En noviembre otras 44 compañías recibieron
inyecciones de fondos.
31
En diciembre de 2008, la Reserva Federal adoptó una medida histórica rebajando de
nuevo, y por última vez, los tipos de interés hasta un rango de 0-0,25%.
En febrero de 2009, cuando Obama llegó a la presidencia de EE. UU., decidió introducir
nuevas medidas. Apoyado sobre la base del TARP, elaboró un Plan de Estabilidad
Financiera (FSP, por sus siglas en inglés), con el objetivo de seguir apuntalando el
mercado financiero y aumentar el flujo de crédito. Asimismo, aprobó un rescate (con
parte del dinero restante del TARP) por valor de 800 mil millones de dólares.
• Stress Test and Capital Assistance Program (CAP), imperativo para recuperar la
confianza en el sector bancario y afianzar el sistema financiero.
• Plan de Viviendas para reducir el número de embargos y evitar que los deudores
perdieran sus casas.
Otras de las medidas que adoptó Obama fueron el rescate de la industria automotriz
estadounidense (destacando dos compañías emblemáticas como Chrysler y General
Motors), así como la introducción de planes de recuperación diseñados para pequeñas y
medianas empresas.
Por último, como medida de choque, en julio de 2010 se aprobó el Dodd–Frank Wall
Street Reform and Consumer Protection Act. Los principales objetivos de esta medida
fueron: (Pineda, 2011)
32
• Proteger a los consumidores de los costes de los rescates a entidades financieras
y de las prácticas abusivas en créditos, préstamos e hipotecas.
Un ámbito que generó una importante cuota de atención, ante la gravedad de las
consecuencias de la Crisis, fue el hipotecario.
Con la llegada de Barack Obama, el Tesoro americano anunció que se destinarían 50 mil
millones de dólares del TARP para frenar el creciente número de procesos de ejecución.
Asimismo, en febrero de 2009, se aprobaba la Iniciativa de Estabilidad para los
Propietarios (con un presupuesto de 275 mil millones de dólares), que se trataba de un
plan destinado a ayudar a más de nueve millones de familias a hacer frente al pago de sus
hipotecas.
33
4.1.3. Reactivación de la economía y apoyo a los contribuyentes
Otro de los focos principales, y de mayor complejidad en cuanto a medidas se refiere, fue
la estimulación de la economía. Para ello el Congreso de los EE. UU. aprobó en febrero
de 2009 el American Recovery and Reinvestment Act (ARRA) que, según varios expertos,
ayudó a evitar una segunda recesión y motivó el crecimiento económico. A través del
mismo se pretendía introducir medidas de gasto público para el aumento de las
prestaciones por desempleo, así como importantes inversiones en salud, educación e
infraestructura durante los dos años siguientes hasta finales de 2010. No obstante, el 37%
del plan se emplearía para las reducciones de impuestos, otro de los grandes focos que
hemos destacado. (Weller, 2012)
Las políticas adoptadas por los organismos gubernamentales durante el inicio de la Crisis
permitieron a EE. UU. llegar en una situación mucho más favorable. Aún con el existente
escepticismo generado a su alrededor, los dos programas instaurados (TARP y ARRA)
consiguieron evitar que los mercados colapsaran por completo (TARP) y entraran en una
nueva recesión (ARRA) respectivamente, en los momentos temporales en los que fueron
ejecutados.
Este programa acabó por completar la política iniciada por Obama desde su llegada a la
presidencia, fortaleciendo una economía en ciernes. Los efectos producidos por los tres
programas fueron más que satisfactorios (aunque tuvieron sus críticos) en las diferentes
etapas.
34
También podemos destacar que el TARP permitió que se redujera la prima de riesgo entre
los tipos de interés de las hipotecas y la tasa libre de riesgo del U.S. Treasury bond, algo
que fue normalizándose en los planes sucesivos. Asimismo, a través del TARP, en
diciembre de 2008, se consiguieron paliar las expectativas de deflación que eran
constantes desde el estallido de la Crisis y se inició un periodo de inflación en la economía
que se confirmó y estabilizó con el ARRA (en marzo de 2009). (Weller, 2012)
Esta situación de mayor renta per cápita favoreció que los hogares comenzaran a
desendeudarse desde mediados de 2010 (donde el ratio de endeudamiento sobre renta
disponible bajó un 3% con respecto al semestre anterior), algo que se consolidó con las
últimas medidas introducidas en diciembre de ese mismo año.
No obstante, cabe mencionar que, si bien los despidos se redujeron ya desde el ARRA, la
creación de empleo no se estabilizó hasta la llegada de las medidas del Tax Relief,
Unemployment Insurance Reauthorization, and Job Creation Act. Como ya hemos
destacado, todas estas medidas provocaron que, a partir de 2010, la tasa de desempleo se
redujera desde un 9,8% hasta el 4,9% registrado en 2016.
35
Si bien existió gran escepticismo alrededor de las medidas introducidas, incluso de voces
tan sonadas como el Prof. Raghuram Rajan (director del FMI), el Gobierno de EE. UU.
no dudó en afirmar que el plan fue un éxito salvando más de un millón de empleos,
ayudando a estabilizar la situación de los bancos y restaurando el acceso al crédito.
(Pineda, 2011)
Muchos de los problemas a los que se vieron sometidas las economías europeas son
similares a los experimentados en EE. UU., no obstante, los países europeos no contaban
con la ayuda de un banco central que adquiriera la deuda pública como hizo la Reserva
Federal de EE. UU. (también ocurrió algo similar en Reino Unido). Por ello, los países
europeos en apuros tuvieron que acudir a la UE en busca de un rescate bancario.
Para analizar las medidas adoptadas por la UE y los países europeos más importantes, se
dividirá la temática en apartados por lapso temporal para discernir entre la Gran Recesión
de 2008 y la Crisis de la Zona Euro de 2010.
36
económicas y los diferentes grados de intensidad con los que la Crisis afectó a algunos
países (sobre todo los países del sur de Europa).
El plan fue ideado con una vigencia de dos años (2009 y 2010) y con un presupuesto de
200 mil millones de euros (un 1,5% del PIB europeo) compuesto en su mayor parte por
las aportaciones de los estados miembros y solo en menor medida por financiación de la
UE.
Las principales medidas versaban sobre política monetaria, apoyo al crédito y al sistema
financiero, así como medidas de índole más social.
Sorprendentemente, el BCE, en julio de 2008, elevó los tipos de interés hasta el 4,25%.
Sin embargo, desde octubre hasta finales de 2008, se llevaron a cabo tres recortes
históricos (sobre todo el de diciembre de 75 puntos básicos) y consecutivos de la tasa de
interés hasta situarla en el 2,5%. En los meses posteriores, motivado por un contexto de
descenso de las presiones inflacionistas (como reflejo directo del recrudecimiento de la
Crisis Financiera y del deterioro de las perspectivas económicas), el BCE rebajó los tipos
de interés hasta alcanzar el 1% en mayo de 2009. (EFE, 2008)
37
de subastas a tipo fijo con adjudicación plena por lo que los bancos tenían plena
disponibilidad de liquidez.
En Europa (al igual que en EE. UU.), durante este primer período de recesión también
fueron comunes los rescates a grandes instituciones financieras nacionales, por lo que se
tratarán los rescates más destacados para ver cuál fue el modo y grado de intervención de
los distintos Gobiernos nacionales. (Pineda, 2011)
En Alemania, el 5 de octubre de 2008, Hypo Real Estate (una de las mayores entidades
financieras no solo de Alemania sino de Europa) lidió con la posibilidad de entrar en
bancarrota, ya que el acuerdo de rescate acordado por el Ejecutivo alemán y un grupo de
bancos de inversores para inyectar 35 mil millones de euros se rompió de la noche a la
mañana. Ante la inminente apertura de los mercados, el 6 de octubre el Gobierno acordó
un plan de rescate de 50 mil millones de euros (aportados en su mayor parte por el Estado
alemán). El rescate, sin embargo, no fue suficiente para evitar que sus acciones cayeran
un 44% en bolsa ese mismo día.
38
El Benelux también experimentó los efectos de la Crisis. El mismo 5 de octubre de 2008,
el banco francés BNP Paribas acordaba la compra del 75% de las operaciones del grupo
financiero Fortis en Bélgica y del 67% en Luxemburgo. No obstante, el acuerdo no fue
ratificado por los accionistas por lo que el proceso fue detenido por un Tribunal de
Apelaciones de Bruselas en diciembre de 2008. En enero de 2009 se alcanzó un nuevo
acuerdo por el que BNP Paribas solo adquiría el 10% del negocio de seguros y asumía el
12% de los activos de alto riesgo de la entidad. En Holanda, fue el Gobierno holandés el
que se hizo con el control de las operaciones de Fortis.
Para poder acometer la reestructuración del sistema financiero y deshacerse de todos los
activos tóxicos, los países optaron por apoyarse en entidades nacionales especializadas
ya existentes o por crear nuevas.
39
En Francia, también en octubre de 2008, se introdujo la Société de Financement de
l’Économie Française (SFEF), un fondo que era propiedad al 66% de los principales
bancos franceses, siendo el otro 34% del Estado francés. El fondo funcionaba a través de
la emisión de valores garantizados por el Estado francés (a modo de préstamos a los
bancos) a cambio de activos tóxicos que tenían las entidades bancarias. A cambio de
entregar estos préstamos, la SFEF marcaba cual era el uso que las entidades de crédito
debían dar a esos fondos. (Woll, 2014)
En España, se esperó hasta junio de 2009 para la creación del Fondo de Reestructuración
Ordenada Bancaria (FROB). A través del FROB, el Gobierno español llevó a cabo
numerosas intervenciones con el objetivo de gestionar los procesos de reestructuración
de entidades de crédito y contribuir a reforzar sus recursos propios en los procesos de
integración. En cuanto a la reestructuración, el plan adoptado contaba con tres fases:
(Banco de España, 2017)
• La entidad bancaria debía buscar una solución privada para resolver sus
problemas
• Solo en caso de que no fuera capaz, podía diseñar un plan de actuación con ayudas
de los Fondos de Garantía de Depósitos que debía ser aprobado por el Banco de
España
En cuanto al refuerzo de los recursos propios, el FROB pretendía estimular los procesos
de fusiones y adquisiciones de instituciones bancarias con el fin de mejorar su eficiencia.
Ante los primeros síntomas de la Crisis de deuda soberana que arrancó en Europa a
principios de 2010, tanto la Unión Europea como los Estados a nivel individual decidieron
tomar cartas en el asunto para evitar sumergirse en un nuevo período de recesión
económica.
En cuanto a las medidas adoptadas por la Unión Europea, se puede discernir entre
medidas de emergencia ante la situación de crisis y medidas a largo plazo.
40
Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF)
Con una creciente preocupación y tras varios meses de negociación a principios de 2010,
el 9 de mayo se aprobó la creación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF),
con una vigencia hasta 2013, con el objetivo de dar apoyo financiero a los Estados
miembros más necesitados de asistencia y salvaguardar la estabilidad del sistema
financiero europeo. El FEEF constaba de un paquete de rescate financiero por parte de
los países de la Unión Europea (440 mil millones), del Fondo Monetario Internacional
(250 mil millones) y del Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera (a través de
préstamos hasta un total de 60 mil millones) valorado en 750 mil millones de euros.
El funcionamiento del FEEF era simple, el Fondo presta capital a los Gobiernos
nacionales consiguiendo la financiación necesaria en los mercados financieros a través de
la venta de bonos u otros instrumentos de deuda sujetos a negociación. Con los fondos
captados el FEEF adquiría deuda soberana tanto en los mercados primarios como
secundarios. Las condiciones que ofrecía el FEEF a los Estados incluyen un tipo de interés
cercano al 2% y una maduración superior a los 15 años, lo que beneficia tremendamente
a los Estados que soliciten financiación. (Banco de España,2017)
La introducción del FEEF y del MEEF en menor medida (introducido en enero de 2011
y que únicamente sirvió de apoyo al programa del FEEF), junto con el anuncio de que la
Crisis griega no se contagiaría a otros países, provocó una tendencia positiva en la
economía europea que no tuvo un largo recorrido y fueron necesarias nuevas medidas.
El 26 de octubre de 2011 tuvo lugar una Cumbre del Euro en la que se convinieron
diferentes medidas con el objetivo de mejorar la situación de la economía europea.
Entre las medidas cabe destacar un acuerdo con el fin de reducir la tasa de endeudamiento
griega en la que contribuyeron distintos Estados miembros y que suponía una quita
nominal equivalente al 50 % de la deuda soberana griega en manos de inversores
privados.
Asimismo, se acordaba un reforzamiento de los recursos del FEEF (en torno a un millón
de euros) así como un conjunto de medidas destinadas a aumentar la confianza en el sector
bancario facilitando el acceso a financiación de estas entidades y aumentando el nivel
41
obligatorio de capitalización de los bancos hasta el 9% con plazo de junio de 2012.
(Consejo de la Unión Europea, 2011)
Ilustración IX. Evolución de los tipos de interés del Banco Central Europeo (2006-2019)
Por otro lado, dentro de la política monetaria del BCE (con el objetivo de mantener la
inflación por debajo, pero cercana al 2% anual), es sin duda destacable la figura de los
42
tipos de depósitos. Mientras que en 2009 los tipos de interés del BCE se fijaban en torno
al 1%, los tipos de depósitos podían rondar el 4%. No obstante, con la Crisis de deuda
soberana en la Zona Euro, los tipos de interés bajaron gradualmente hasta situarse en el
0%. Por su parte los tipos de facilidad de depósitos pasaron a ser negativos mediado el
2014 y actualmente si sitúan en -0,4%. (Banco Central Europeo, 2018)
Otra de las medidas adoptadas por el BCE fue, entre finales de 2011 y 2012, la creación
de una línea de crédito cuyo montante total ascendió a un billón de euros. Se llevaron a
cabo operaciones de liquidez a largo plazo (LTRO), con préstamos concedidos a tres años
con una tasa de interés muy favorable (0,15%) para prevenir que el sistema financiero
europeo colapsara.
La realidad es que de nuevo el objetivo que se había marcado el BCE con la introducción
de esta medida era que los bancos reanudaran la concesión de créditos a pequeñas
empresa y familias, sin embargo, esto no sucedió. Por ello, en 2014, el BCE decidió
iniciar una nueva campaña de inyecciones de capital a las entidades bancarias (con plazo
hasta 2018) pero con la condición de que se reanudara la concesión de crédito a la
economía real.
La última medida adoptada por el BCE para paliar la Crisis de la Zona Euro fue el
programa Quantitive Easing (QE) en marzo de 2015. Este programa consiste en la
compra, por parte del BCE, de bonos emitidos por las entidades bancarias, lo que
incrementa el precio de esos bonos y genera liquidez en el sistema bancario. Esto produce
43
que los tipos de interés se reduzcan y los préstamos se abaraten lo que permite a empresas
y particulares solicitar más préstamos y pagar menos por sus deudas.
Por último, la Comisión Europea presentó el primer informe anual del Mecanismo de
Alerta, que estaba diseñado para detectar y corregir posibles situaciones de riesgo en el
ámbito macroeconómico.
44
5. ¿Es factible una nueva crisis financiera en el corto plazo?
Para poder analizar la posibilidad de que se esté avecinando una nueva crisis financiera,
existen numerosos indicadores que nos pueden ayudar a examinar la situación actual de
las economías y del sistema financiero en general y dilucidar si dicha posibilidad puede
materializarse en el corto plazo en las economías que se han analizado a lo largo de este
trabajo, la estadounidense y la europea.
Sin duda, Estados Unidos fue uno de los países que más rápido consiguió evadir un
proceso lento de recuperación económica a través de una política marcada por un fuerte
intervencionismo político.
45
incremento del paro estructural en los últimos años, no se espera un crecimiento alto de
la tasa de desempleo. (Federal Reserve, 2019)
Por otra parte, la inflación está fuertemente controlada por la intervención de la Reserva
Federal en el mercado y se espera que se mantenga constante en los próximos años. Hoy
en día la Reserva Federal está más preocupada de potenciar el crecimiento económico
que de mantener fija la tasa de inflación. (U.S. Bureau of Economic Analysis, s.f.)
En lo referente a los tipos de interés, tras la reunión celebrada el pasado 3 de marzo ante
el auge del COVID-19, la Reserva Federal decidió por sorpresa rebajar los tipos de interés
medio punto hasta situarlos en un rango entre 1-1,25%, por los riesgos que éste plantea
para la economía. No obstante, aunque desde el Gobierno no se esperan incrementos hasta
2021, el presidente Donald Trump ya ha tenido encontronazos con la Reserva Federal
previamente debido a que desde el Gobierno de EE. UU. consideran que sería ventajoso
reducir un punto porcentual los tipos de interés con el objetivo de ser más competitivos
ante los países de la Zona Euro (que los mantienen en el 0%) y otras economías
emergentes. Algunas voces ya aseguran que durante los próximos meses la Reserva
Federal podría bajar los tipos de interés al 0% debido al brote del COVID-19. (U.S.
Bureau of Economic Analysis, s.f.)
Como hemos comentado previamente, la economía de EE. UU. transmite una imagen de
solidez y estabilidad de la que gozan pocas economías mundiales, sin embargo, tras esa
fachada se esconden posibles causas de una futura crisis financiera.
En primer lugar, la política comercial exterior del Gobierno estadounidense puede llegar
a ser un problema para la economía a nivel mundial. Las conocidas Trade Wars (Guerras
comerciales) que mantiene abiertas con China y otros países, así como restricciones para
la migración, la inversión extranjera y la transferencia de tecnología, podrían tener
profundas implicaciones en las cadenas de suministros globales, aumentando el riesgo de
stagflation (que se produce cuando se desacelera el crecimiento y sube la inflación). Este
46
riesgo acabará por provocar que la Reserva Federal tenga que incrementar de nuevo los
tipos de interés. (Roubini y Rosa, 2018)
La Guerra comercial entre EE. UU. y China es uno de los conflictos que más preocupan
a las economías mundiales al tratarse de los dos países más poderosos del mundo. Esta
guerra se inició en marzo de 2018 cuando el Ejecutivo norteamericano decidió imponer
aranceles por valor de 50 mil millones de dólares a los productos chinos bajo el argumento
de que China tenía un historial de prácticas desleales de comercio, a través de la continua
devaluación de su moneda (que supone un hecho innegable) para mantener su poder como
exportador y había cometido el robo de propiedad intelectual. En represalia a esta medida,
el Gobierno de la República Popular China aprobó la imposición de aranceles a más de
120 productos estadounidenses.
Tras estos primeros compases, los ataques de una economía a otra no cesaron (entre los
que cabe destacar el ataque de Google a Huawei de mayo de 2019) hasta diciembre de
2019 cuando en una cumbre del G-20 ambos países declaraban una tregua de aranceles.
En enero de 2020 se firmó un preacuerdo que todavía no ha llegado a buen puerto y las
negociaciones siguen su curso ante la atenta mirada del resto de países.
Por otro lado, en el caso de EE. UU. debemos destacar otro elemento que es la inversión
de la llamada curva de rendimientos o "curva de yield". Este fenómeno lo que nos muestra
es que hoy en día los bonos del Gobierno de EE. UU. tienen un mayor rendimiento a dos
años que el de los bonos a 10 años. La explicación se resume en que los inversores
prefieren tener un retorno de su inversión asegurado por ser a largo plazo y desconfían de
las perspectivas cortoplacistas de la economía donde los efectos de las políticas de
estímulo fiscal ya se pueden dar por concluidos. (Roubini, 2019)
47
En último lugar, debe destacarse que, bajo la presidencia de Trump, se ha abogado por
favorecer de nuevo la desregularización en torno a los mercados financieros. Durante la
campaña electoral Trump se comprometió a revocar la regulación adoptada tras la Crisis
de 2008 en torno a los mercados, y en 2018 ratificó el Economic Growth, Regulatory
Relief and Consumer Protection Act, una normativa promovida para relajar o suprimir la
regulación existente.
Por todo ello, el riesgo de que se produzca una desaceleración económica en EE. UU. es
cada vez más probable. El clima de crispación existente en la economía norteamericana
no solo a nivel nacional sino internacional, junto con el período que se prevé sin
crecimiento económico provoca que ésta no sea tan fuerte y estable como aparenta.
5.1.2. Europa
El caso europeo, no difiere en gran medida del americano. Si bien es cierto que la Zona
Euro tardó más tiempo en superar la anterior Crisis, la situación durante los últimos años
se ha estabilizado a través de la intervención estatal y de la Unión Europea.
Por otro lado, el Banco Central Europeo ha mantenido sus tipos de interés constantes en
torno al 0% desde 2017 y los tipos de facilidad de depósito se sitúan en -0,4% en la
actualidad. En marzo y abril del 2020, ante el brote del COVID-19, el BCE decidió no
bajar los tipos de interés y dejar abierta la posibilidad a futuros cambios en el segundo
semestre del año. Sin duda las actuaciones del BCE distan, una vez más, de la política
adoptada por su homólogo estadounidense (la Reserva Federal).
48
Es cierto que los datos ofrecidos no conducen a un severo optimismo, pero es innegable
que la situación ha mejorado con respecto a años atrás. No obstante, la realidad es que
Europa ha entrado en un período de estancamiento económico, la fragilidad de la Zona
Euro es cada vez más palpable y existen causas que podrían conducir a una nueva recesión
económica.
Si a nivel internacional existe una guerra comercial abierta entre EE. UU. y China (con
la que podría verse fuertemente afectada), en Europa cohabita una situación similar con
el Brexit del Reino Unido. Hoy en día, la situación ya está normalizada (han pasado tres
años desde que se aprobó el Brexit) y las negociaciones para alcanzar acuerdos
económicos entre la Unión Europea y Reino Unido han seguido su cauce por lo que se
espera que se anuncien antes de que venza el plazo a finales de año (si el COVID-19 no
lo impide). Si bien se está aportando mayor claridad a las relaciones comerciales que
unirán la UE con los británicos, sigue existiendo una gran incertidumbre sobre la posición
del Reino Unido, una vez ya ha abandonado oficialmente dicho organismo el pasado 31
de enero de 2020.
Otra de las situaciones que preocupa dentro de Europa, son las políticas monetarias y
fiscales que están lejos de solucionarse. Los ministros de la Eurozona pretenden llevar a
cabo una serie de reformas con el objetivo de sanear la situación económica de los países,
profundizar en la unión bancaria y reforzar la estabilidad de la Zona Euro. Estas medidas
incluyen una reforma del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), la adopción de
unos presupuestos para la eurozona y la creación de un fondo de garantía común.
No obstante, existe recelo ante estas medidas, especialmente desde gobiernos populistas
en países como Italia y España. Las políticas de estos gobiernos pueden conducirles a una
dinámica en cuanto a la deuda pública muy dispar a la seguida por el resto de los países
de la Eurozona. Asimismo, cuentan con la oposición de países como Alemania y Países
Bajos que no quieren pagar por los errores de otros. (Roubini & Rosa, 2018)
49
se ven sometidos los países europeos (teniendo que prestar especial atención a las
decisiones del Gobierno de Trump) pueden llegar a confirmar los temores de quienes
opinan que nos encontramos ya en pleno proceso de desaceleración económica.
Parece claro que la intervención de los Gobiernos en el sector bancario durante la última
Crisis Económica fue suficientemente rotunda, dejando poco margen a los bancos para
actuar y, por ende, para ser los causantes de una nueva crisis económica a nivel global. A
pesar de ello, hoy en día existen otros muchos factores que podrían conducir, si no lo han
hecho ya, a una nueva recesión.
Es por ello, que considero que las economías europeas más fuertes (Alemania y Francia)
deberían liderar a la UE hacia un mayor crecimiento económico y una posición global
más competitiva. Eso fortalecería la unión política, reduciría el número de euroescépticos
y garantizaría un sitio en la mesa con los mayores poderes internacionales para poder
formar parte de la toma de decisiones.
En un plano más internacional, me considero en línea con lo aportado por algunos de los
principales economistas a nivel mundial, como el Prof. Nouriel Roubini o el Prof.
Raghuram Rajan. Creo que mientras EE. UU. y China lleguen a un acuerdo comercial;
mientras el Brexit se resuelva de una forma satisfactoria para ambas partes; mientras no
se inicie una nueva guerra en Oriente Medio entre EE. UU. e Irán; y mientras los bancos
centrales sean capaces de aportar soluciones rápidas y eficaces a problemas que surjan, la
posibilidad de una nueva recesión es menor.
Creo que no sería justo no incluir en esta reflexión la pandemia internacional que es hoy
en día el COVID-19 (también conocido como coronavirus) y que sin duda se trata de la
causa más tendente a provocar una nueva crisis económica y que podría alterar el orden
50
económico mundial en base a los efectos que pueda tener en los distintos países (EE. UU.
podría ser uno de los más damnificados, junto con España).
La rápida propagación del coronavirus con sus implicaciones para la salud pública, el
comercio y sobre todo la actividad económica en muchos países lo convierten en un factor
de riesgo. Los expertos médicos consideran que lo más probable es que el virus alcance
su pico de contagios en mayo (a excepción de algunos países asiáticos), pero la
desescalada en el confinamiento y la vuelta a la normalidad puede retrasarse varios meses
y producirse de forma heterogénea en las diversas economías en base a las estadísticas
manejadas en cada país.
A mayor retraso en la vuelta a la normalidad, peores serán los efectos la estabilidad y las
condiciones financieras globales (y ya no tanto sociales) que deberán afrontar las distintas
economías.
Con la fragilidad económica de muchas economías, es poco viable que sean capaces de
contener la situación con unos niveles de consumo tan bajos y una alarma social tan
elevada. Asimismo, los niveles de endeudamiento de muchos de ellos son poco
alentadores (como en el caso de España), ya que privan de poder adoptar las medidas
necesarias para dar una respuesta contundente, sanear sus déficits y cuidar la salud pública
y económica de sus ciudadanos.
A día de hoy, es difícil predecir cual será la situación económica dentro de uno, tres o seis
meses, ya que dependerá en gran medida de cuando se produzca esa vuelta a la
normalidad económica y social. Sin duda, hemos entrado en un período difícil para las
economías mundiales y requerimos de una coordinada y rápida actuación de los
Gobiernos y principales organismos internacionales que no pueden quedarse impasibles
ante esta situación.
51
Por último, me gustaría concluir tratando la situación económica española, que considero
merece una mención aparte.
En relación con el coronavirus, es uno de los focos a nivel global en contagios y decesos,
así como uno de los primeros países en establecer el confinamiento ciudadano. A nivel
político, la falta de capacidad de reacción del Gobierno, sumada a la de capacidad
económica y de liquidez, ante una crisis sanitaria global como la que estamos viviendo,
nos deja un futuro poco alentador. Todo ello ha quedado reflejado en las fuertes caídas
experimentadas por los valores del IBEX35, destacando la mayor caída de su historia
(14,06%) acontecida el pasado 12 de marzo.
Ante lo mencionado, habrá que estar a la espera para comprobar la eficacia del plan de
estímulo adoptado por el Poder Ejecutivo español (junto con los adoptados por parte de
la UE y el BCE) para rescatar a la economía, así como los efectos sociales y demográficos
que esta crisis sanitaria pudiera provocar.
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6. Conclusiones
Como se ha relatado, las economías mundiales han sufrido una fuerte recesión en su
crecimiento en los últimos años, desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en EE. UU.,
que repercutió sobre el funcionamiento del sistema financiero global y los principales
indicadores macroeconómicos. Bien es cierto que los efectos más graves tuvieron lugar
en aquellas economías más expuestas al sector inmobiliario o con una posición crediticia
más arriesgada lo que provocó un mayor perjuicio en las mismas.
En cuanto a las medidas adoptadas por los entes reguladores en los distintos focos de
estudio, el análisis practicado sobre la materia nos muestra la contraposición en cuanto a
eficacia entre EE. UU. y Europa. La política intervencionista del Gobierno de EE. UU.
favoreció sobremanera la rápida recuperación económica a través de la fijación de límites
en cuanto a la actuación de ciertos operadores del mercado financiero.
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consiguió paliar los efectos de forma precoz, prestando apoyo económico y relajando las
condiciones de financiación.
En cuanto a la relación de la Crisis Financiera de 2008 con el estado actual del sistema
financiero global y las economías estudiadas, se han extraído dos conclusiones
principales.
Por una parte, en cuanto a las posibilidades de que la industria bancaria sea la causante
de una nueva crisis económica, éstas se han reducido, dada la estricta regulación y control
a los que se ve sometida. No obstante, políticas como las promovidas por Donald Trump,
mostrando signos de liberalización a ultranza en el sector financiero, pueden poner en
duda esta afirmación.
Aunque el origen de la Crisis Financiera de 2008 pueda distar del actual (al encontrarnos
ante una crisis sanitaria), la realidad es que las consecuencias pueden ser similares dadas
las ya mencionadas posiciones crediticias y la falta de liquidez y de capacidad de reacción
de muchos países, entre ellos España.
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