Hace varios domingos empezamos el recorrido del Señor camino a Jerusalén donde debía ser glorificado.
En el
Evangelio de hoy ya está llegando y se enfrenta a la ciudad con esa vista impresionante al templo desde en el Monte
de los Olivos. A lo largo del camino ha ido entregando su enseñanza, sobre todo ha entregado su propuesta de
hombre nuevo y de mundo nuevo a través del servicio a los demás.
Frente al esplendor y majestuosidad del Templo, el Señor anuncia el advenimiento de un mundo nuevo, que nosotros
sabemos llegará con su Pascua. Y el lenguaje que utiliza es apocalíptico, para señalar el término de una era y el inicio
de una nueva. Es un lenguaje común en esa época, donde se suele describir la caída y destrucción de Babilonia como
el término del mundo antiguo y el advenimiento de Jerusalén como el tiempo nuevo. Nosotros rápidamente lo
interpretamos como el fin del mundo, o incluso como una descripción de los tiempos actuales. Y es cierto, pues es el
fin del mundo viejo, el de los criterios mundanos, y es el nacimiento del hombre nuevo. Los términos empleados de
destrucción, guerra, terremoto y peste dicen relación con ese corazón viejo que debe morir para dar paso a una nueva
vida en Cristo. Es el mundo que gime con dolores de parto, pues debe morir para nacer de nuevo.
Han pasado dos mil años y nos preguntamos qué pasó con esa promesa, ¿era sólo un sueño? Pareciera que todavía
siguen gobernando en este mundo el corazón egoísta, competitivo, violento y abusador. Vemos nuestra realidad
presente, con toda la injusticia que vivimos y también con su violencia, y podríamos creer que la propuesta del Señor
era solo una ilusión. Son los que quieren perpetuar el mundo antiguo. Pero no es así. No se trata de que cambien las
instituciones, las leyes o los gobernantes. Ese no es el mundo nuevo si es que no cambia nuestro corazón. Es con
nuestras vidas como debemos testimoniar este hombre y este mundo nuevo. De manera que quienes vean nuestra
vida comprendan lo que es un mundo realmente humano.
Que la misma crisis social que estamos viviendo nos motive a cambiar nuestro corazón y a dar testimonio de lo que
Cristo hace en nosotros. Sabemos que eso nos significa incomprensión y burla, es parte de ese orden antiguo que se
niega a morir y no quiere transformarse. El Reino de Dios comienza aquí y ahora, y nosotros somos parte de él.
Antífona de entrada Cf. Jer 29, 11. 12. 14
Dice el Señor: Yo tengo designios de paz y no de aflicción. Invóquenme y los escucharé y pondré fin a su cautiverio.
Gloria
ORACIÓN COLECTA
Señor y Dios nuestro, concédenos vivir siempre con alegría bajo tu mirada, ya que la felicidad plena y duradera
consiste en servirte a ti, fuente y origen de todo bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Para ustedes brillará el sol de justicia.
Lectura de la profecía de Malaquías 3, 19-20a
Llega el Día, abrasador como un horno.
Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el Día que llega los consumirá, dice el Señor de los
ejércitos, hasta no dejarles raíz ni rama.
Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos.
SALMO RESPONSORIAL 97, 5-9
R/. El Señor viene a gobernar los pueblos.
Canten al Señor con el arpa y al son de instrumentos musicales; con clarines y sonidos de trompeta aclamen al Señor,
que es Rey.
Resuene el mar y todo lo que hay en él, el mundo y todos sus habitantes; aplaudan las corrientes del océano, griten
de gozo las montañas al unísono.
Griten de gozo delante del Señor, porque Él viene a gobernar la tierra; Él gobernará el mundo con justicia, y los
pueblos con rectitud.
SEGUNDA LECTURA
El que no quiera trabajar, que no coma.
Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 3, 6-12
Hermanos:
Les ordenamos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que lleve una vida ociosa,
contrariamente a la enseñanza que recibieron de nosotros. Porque ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo.
Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes, y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario,
trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes. Aunque
teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar.
En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma. Ahora, sin embargo, nos enteramos
de que algunos de ustedes viven ociosamente, no haciendo nada y entrometiéndose en todo. A éstos les mandamos y les
exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse su pan.
EVANGELIO
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Lc 21, 28
Aleluya.
Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Aleluya.
EVANGELIO
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 21, 5-19
Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús
dijo: “De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”.
Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?”
Jesús respondió: “Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”,
y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario
que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin”.
Después les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en
muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán
ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque Yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que
ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los
matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a
la constancia salvarán sus vidas”.
Credo
LITURGIA EUCARÍSTICA
(Ver Ordinario de la Misa)
ORACIÓN DE LOS FIELES
Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras súplicas y acoja con bondad nuestras peticiones:
Para que el Señor, el único que puede inspirar y llevar a término los buenos propósitos, multiplique el número de fieles que,
abandonando todas las cosas, se consagren exclusivamente a él en la vida religiosa, roguemos al Señor.
Para que Dios, al que han de servir los poderes humanos, conceda a los jefes de las naciones buscar la voluntad divina,
temer a Dios en el cumplimiento de su misión y acertar en sus decisiones, roguemos al Señor.
Para que Dios, que ha creado los alimentos para los seres vivos, mire con misericordia a las criaturas que en distintos
lugares pasan hambre y les conceda el alimento necesario, roguemos al Señor.
Para que el Señor, que nos ha dado el mandamiento nuevo del amor, nos dé fuerza para amar a nuestros enemigos y
para cumplir su precepto de devolver bien por mal, roguemos al Señor.
Dios nuestro, principio y fin de todas las cosas, que quieres reunir a toda la humanidad para formar el templo
vivo del Cuerpo de tu Hijo, escucha las oraciones de la Iglesia suplicante y haz que, a través de los
acontecimientos, alegres y tristes, de la propia vida, mantengamos firme la esperanza de que, sufriendo con
perseverancia, ganaremos la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, que esta ofrenda sea agradable a tus ojos, nos otorgue la gracia de servirte con amor, y nos obtenga
los gozos eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión Sal 72, 28
Mi dicha es estar cerca de Dios, y poner mi refugio en el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después de haber recibido los dones pascuales te pedimos humildemente, Señor, que la Eucaristía que tu Hijo nos
mandó celebrar en su memoria aumente la caridad en todos nosotros. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.