Alarico I
Su reinado se sitúa entre 395 y 410, Es conocido sobre todo por su saqueo de
Roma en 410, que supuso un evento decisivo en la caída del Imperio romano
de Occidente. Alarico comenzó su carrera bajo el mando del general godo
Gainas, y más tarde se unió al ejército romano.
En el año 400 Alarico marchó sobre Italia, para ser detenido de nuevo por
Estilicón, quien lo derrotó en Pollentia y Verona, y lo forzó a retirarse a Iliria
(403). Después de la ejecución de Estilicón (407), ordenada por Honorio, el
ejército del romano se disgregó, y Alarico pudo avanzar sin oposición por
Italia.
En el 410 puso sitio a Roma, esperando alcanzar un acuerdo con Honorio que
permitiese a los visigodos establecerse dentro de las fronteras del imperio.
Honorio se negó a negociar y Alarico, enfurecido, ordenó asaltar la Ciudad
Eterna. Roma fue tomada y saqueada, hechos que provocaron una terrible
impresión en el imperio. A continuación, Alarico intentó pasar a África, con la
intención de instalarse allí, pero un temporal se lo impidió, muriendo a causa
de las fiebres pocos días después. Su cuñado Ataúlfo le sucedió en el trono
visigodo.
Nacido en la isla de Peuce en la boca del delta del Danubio en lo que hoy
es Rumanía, la fecha de su nacimiento se discute, dando los estudiosos como
fechas probables el 365/370 y el 375. Pertenecía a la dinastía baltinga de
los godos tervingos. Los godos sufrieron reveses contra los hunos, así que
hicieron una emigración masiva cruzando el Danubio, y guerrearon contra
Roma. Alarico fue probablemente un niño durante este período.
Al comenzar el siglo V, Europa era un tremendo embrollo bélico difícil de
resumir. Alanos, hunos, godos (en todas sus variantes), vándalos, sármatas,
suevos… se enfrentaban a las legiones romanas (occidentales y orientales) en
los campos de batalla de cualquier parte del continente. Hasta que el godo
Alarico arrasó la Ciudad Eterna en el 410 y el imperio se disgregó. Sin
embargo, no se rindió. Roma continuó luchando contra los bárbaros, a
trozos, a jirones, en Germania, Dacia, Hispania, Galia, norte de África, Oriente
Medio… En ocasiones vencían las tribus que acosaban a los romanos, en
otras eran los latinos quienes los derrotaban. Y mientras tanto, decenas o
cientos de miles de muertos en cada enfrentamiento.
Gigantescas migraciones de uno a otro lugar del mundo conocido, entre ellas
un pueblo escandinavo denominado visi —nuestros famosos visigodos—.
Entraron en la Península gracias al boquete que en la frontera habían abierto
poco antes vándalos, suevos y alanos, otros pueblos que también huían —no
solo ya por la presión romana—, sino también de la de los hunos, de los
germanos, de los francos… El emperador había decidido sustituir las legiones
hispanas que defendían el límite peninsular por otras britanas que huyeron
cuando vieron llegar a los bárbaros. Una decisión que cambió, o al menos
aceleró, la historia y que permitió en el 425 que los visigodos alcanzasen
Barcelona, huyendo a su vez de los francos que comenzaban a conformar al
norte el país al que darían nombre. Los visi irrumpieron en tres grandes
oleadas, entre el 497 y el 506, entre el 507 y el 511 y en el 531. Se ignora la
cifra exacta, pero oscilaría entre las 150.000 y 200.000 personas.
“Todo comenzó con los godos”, escribe Soto Chica, “la historia de un reino y
de unos bárbaros que, surgiendo de las nieblas de las leyendas escandinavas
como hijos de un dios furioso, terminaron por erigir un poderoso Estado en el
confín occidental del orbe romano: Spania”.
Además, forzó al Senado a liberar a todos los 40.000 esclavos godos en
Roma. Honorio, sin embargo, rechazó nombrar a Alarico como el
comandante del ejército romano de Occidente, y en 409 los visigodos de
nuevo rodearon Roma.
Religión fue el Cristianismo arriano