ÍSGRIMA
DEL SABLE
CONSIDERACIONES SOBRE EL DUELO
ADKLARDO SANZ
MADRID
IMPRENTA DE PORTANET
CAUZ DE LA LIBERTAD, N Ú M , 2 9
1886
'i
ESGRIMA DEL SABLE
CONSIDERACIONES SOBRE EL DUELO
/.'
ESGRIMA
DEL SABLE
CONSIDERACIONES SOBRE EL DU
POK
DON ADELARDO SANZ
/<
MADRID
IMPRENTA DE FORTANET
CALLI DI LA LIBERTAD, N Ó M , 2 9
1886
ES PROPIEDAD DEL AUTOR.
PRÓLOGO.
A esgrima es el arte que nos en-
seña á herir al adversario evitan-
do que él nos hiera; para llegar
á dominarla no bastan las más
felices disposiciones corporales,
es necesario además la paciencia, la
docilidad, la memoria, la reflexión y
la teoría unida á una larga práctica.
Es uno de los ejercicios que reúnen más
7 ^ ' atractivos, tanto en sus relaciones con la
parte física, como con la intelectual; contribuye
poderosamente al desarrollo del cuerpo, da á los
miembros la elasticidad, la gracia y la fuerza que
PROLOGO.
constituyen la belleza viril, cultiva la vivacidad y
la rectitud de la inteligencia. ,—
Los caracteres violentos se modifican por el
influjo de esta continua lucha llamada «W^f, en
la cual la voluntad trabaja constantemente enfre
nando los arrebatos violentos.
El asalto da lugiar á las má[Link] observa
ciones; en él se revela el carácter de cada uno,
audacia ó timidez, franqueza ó astucia, orgullo ó
modestia, todos los matices del carácter se mues
tran en las peripecias de la lucha, pues hasta la
persona que más se domine siente la influencia
del amor propio. Unos, dominados por irreflexiva
furia se precipitan como ciegos sobre el arma
inmóvil de su adversario; otros, serenos, mode
rados, llenos de un ardor reflexivo é inquebran
table, no dejan nada á la casualidad buscando
para destruirlos los planes del contrario, adivi
nándolos á veces por medio de esa intuición que
es el privilegio de los verdaderos tiradores.
Los buenos tiradores son raros, el amor propio
trastorna á muchos hombres y les hace incapa-
PROLOGO.
c^^áe toda combinacióh razonada; en su mayor
número ejecutan maquinalmente los ataques y
paradas sin tomarse el trabajo de formar un plan
determinado; otsros'son vtctimas de una incurable
timidez que les impide desenvolver' [Link]/ío
su inteligencia y sus facultades físicas.
No es [Link] medio dei destrucción, sino
que por el contrario, sirve de escudo lá nuestra
conservación personal. Es una triste verdad, pero
no por ello menos cierta^ la tendencia del hombre
á mostrarse tanto más agresivo con sus semejan-
tes cuanto menos peligros presente ^k., agresión,
ó sea dicho en otros términos, á abusar de la
debilidad; por medio de la esgrima nos hacemos
fuertes contra la agresión y disminuimos las pro-
babilidades de que se verifique ASÍ quieres ¿apaz.,
prepárate para la guerra.* L;
Nos sería fácil probar qiie como todas las artes
nacidas de lá reflexión,; la esgrima predispone á
los nobleá ¡sentimientos y tíontribuyé €n gran
parte al mejoramiento físico y moral; así, la higie-
ne y la filosofía son sus compañeras, la una y la
PRÓLOlQO-
otra pueden haqer de, ella, una provechosa ¡aplif.
CaciÓn. , ^^ _ ^ ,._ ,..,,,.. . . . - i ^ i . .. . , . ; Í . . ; ; .
El hombre qiae^se dedica á la. .esgríoia f(prí5kljec^;
notablemente sus músculos y a,dquiere un»: salud
á toda prueba que 4esa£(^, l^s maypr^ íf^^igasv
adquiriendo también [Link] fría y esa segwir
dad que duplican la bravura, cpaJidad tan. ensal-
zada en todas las naciones y á [Link] el pueblo
español rindestciji ferviente,pylto SWi^ llega,hasta
á admirar el ..crinifin si.^l, cometerlo .^u i ajájtor >
arriesga la vida de un modo que imfM;esione esa
fibra de las imaginaciones meridionales [Link]-.
ble al entusiasmo por la valentía: buena, prueba
de ello [Link] la. admiración que se profesa
al tipo del Tenorio,, tipo¡qi).e después jd^ todo es
el de un malvado. ; , ...\ ,¡
perrnitirnos yn^ digresión [Link]^taííligjefaflneRtei
de ella así ,cpmo del ¡honor, que suele; ser su ,verr
dadero origer). ,, , i, ,, > ,
.Rh^)SKlfef?írtiSW^ i^^-^^nor - ^ . el,^ei;^,d€ «e» i
estimadp de bs,hp;nljres^ e^„el.5caf4cter distiitfiv©
de :las --más'stíKdasr y sublimes virtudes; sus gér-
menes existen en el fondo del alma, en él se en-
cierran lá p^dbidád, la generosidad y la grandeza
deálfná; «^e-iés el véi'dádeto' honor, pero ésa
süsc€|>tíbitidád (^TiisqiaiHosá, esa orgullosá preven-
ción ^üe nós'lleN^á á crééf nuestra; honra atacada,
niliesiro éintít propio 'ofendido' pÓi^ uiila mirada ó
una ©pinióti'értiitida dé üH itóódÓ'iricifénsívo,' no
esel hoftoi- sino él^ ^quijotismo nácídó de las pre-
ocupaciones y de los rñalos sentimientos.
^El véítfadéí^ hótiof no'depende 'cíe'tiempos,
lugares í'rii^pt^dcü^c'iones; líiéne 'iu'origen en el
corazón del hombre jltóto y én la iregía inalterable
d«^ « i s deberes, nadie puede •arrébátarnoslb sí
nítóóttós Aiismós no nos idekhonraniOs, pues nues-
tro honor no reside en nadie qué ño sea uno
misnidi'el hbhói- és, pUéSi"'i2Í"¿'eñtimiento 'de íin
coíááórt''él»e\rádo'qüe: ffetlné'^ tó gi'actó^emiñérite '
todos los darátétéfeá'idéWjtífetícíS moral:''''" '"'
La bravura es el complemento del'honor, y
tiene como-^té, dos mbdos de niáñiféstárse, uno
verdadero y otro falso; lá bravura qiie Üimaná
lü PRÓLOGO.
del verdadero honor, es el sublime sentimiento
que eleva al hombre hasta el punto de hacerle
despreciar el peligro é inmolar la vida en aras
del deber: del falso honor nace esa bravura que
debiera llamarse ferocidad, por la cual un hombre
arriesga su vida contra la de sus semejantes aun
cuando la razón no le asista, impulsado por un
instinto sanguinario; la primera nos aproxima á
la divinidad, la segunda nos rebaja al nivel de las
bestias.
La esgrima ha caminado desde su nacimiento,
de lo simple á lo compuesto, hasta adquirir su
más alto grado de perfeccionamiento; la tendencia
moderna es á simplificarla de la parte innecesaria
que en sus teorías han introducido unos y otros;
estoy conforme con esta tendencia y procuraré
seguir en este tratado el sistema que me parezca
menos complicado y más comprensible.
PARTE PRIMERA.
La esgrima del sable.
L sable es un arma interesantí
sima y digna bajo todos concep
tos del más escrupuloso estudio.
Forzoso es convenir en que si
juzgamos por la esgrima que ge
neralmente se practica, tanto en la
mayor parte de las salas de armas
' como en los asaltos públicos, veremos
representados el arte y la elegancia por
el florete ó la espada, mientras que los
tiradores de sable no nos muestran, salvo honro
sísimas pero escasas excepciones, más que el
desprecio á los golpes y alardes de fuerza mus
cular casi siempre injustificados, pero admirados.
14 ' PARTE PRIMERA.
aplaudidos y muchas veces reídos por el públicb
profano.
Existe una razón poderosa para que anden fes-
casos de arte los tiradores de sable, razórt que
envuelve una culpa de la que ellos solos son res
ponsables y de ningún modo el arma á qué se de
dican; consiste en el estudio incompleto y breve
que de ella hacen creyendo que saben ejecutar
los pocos golpes de verdadera aplicación'que en
el sable existen, en cuanto tienen ligeras nociones
de ellos, fundándose en que siendo estos golpes
de fácil comprensión y naturales, por decirlo así,
hay que dejar hacer á la naturaleza: nada es más
difícil en esgrima que el sacar partido de lo sen
cillo; desde la primera lección tira el principiante
el golpe recio:, y á pesar de esto y de comprender
perfectamente iá fnddle de este golpe, nó tocará
con él hasta trabajarlo mucho y llegar á ser un
buen tirador, cosa que no se adquiere sin tiempo
y estudio; pues bien, muchos tiradores de sable
creen qué coii'treinta lecciones y sin calentársela
cabeza pueden echarse por esos mundos de Dios
LA ESGRIMA DEL SABLE. 15
á;dar pstacazos; .qomo ]o créenlo hacen, y este
error suyo degenera en perjuicio del arte, pvies de
aquí provienen esos juegos defectuosos, en los que
existe, sobretodo, d desconocimiento absoluto de
la parada.
Como el tirador desconoce la parada verdade
ra, brisca siempre el parar cqn Ja distancia, pero
se equivoca, le cierran la distancia más de lo qye
ha previsto y r&súta.^ golpe doble; algunos rom
pen exageradamente para evitar esto, y dan el ri
dículo espectáculo de un hombre dando enormes
saltos atrás y descargando sablazos en^elfSÚdo la
más de las veces.
,, Como el sable es un arma relativamente fácil,
y e n [Link] la práctica hace mucho, ha habido
hombres que á fuerza de un jejercicio enteramente
mecánico han llegado á sobresalir entre los que
liguen el anterior sistema y ^e han, .^^stituído
eUf. maestros,, di^jauyít especie he tenido .ocasión
de [Link] ejemplares, sobre todo en las
capitales de provincia; estos maestros forman cada
imo su antro aparte, y allí llenan á sus discípulos la
PARTE PRIMERA.
cabeza de ideas absurdas, procurando al mismo
tiempo que no tiren sino entre ellos, á nn de evi
tar que por medio de la comparación se conven
zan de que van por un camino falso; les dan unas
cuantas lecciones para que adquieran soltura en
el brazo, les recomiendan que peguen fuerte y que
no tengan miedo á los palos, y hecho esto, ni si
quiera continúan dándoles lección, sin la que es
imposible llegar á ser tirador; este método es,
después de todo, bastante descansado para el
maestro, pero sumamente peligroso para el discí
pulo que de este modo desconoce su verdadera
fuerza en armas, y si por su desgracia va al terre-
no, puede aspirar todo lo más á hacer un golpe
doble si es que queda en disposición de con
testar después de tocado y el adversario no se
retira ó cierra la distancia á tiempo, según el
caso.
La esgrima del sable, bien entendida, tiene mu
cho de la de espada; no llegará á la elegancia
convencional y algunas veces hasta afectada del
florete, pero es en cambio más real y más viril.
LA ESGátMA DEL SABLE. 17
121 cáíc¿Io (íébíé^ existir ácáso aún más en el juego
del sable: que en el del florete, pues especialmente
la parada no se presta á los movimientos envol-
ventes de las cbhtrái que, tomadas con rapidez,
hacért'sé'párehmiicnas Veces golpes con paradas
rto juzgadas, ló cuál no sucede en el sable.
' l i á ttlkño ó élbfazS debe ser la tase dé todas
riuéstras'^ cóhibiriácítínfes efe ataque, bíen sea para
rocar'^fe'n 'ellos realmente, lo cual es más fácil que
en el resto del cuerpo, por ser los puntos más avan-
zados, ó si pretendemos algo más que un golpe
al'bfaizo, para buscar una paradai de res/uesía jf
tótá^ al Cuerpo en MVOL contrarespuesta. Por medio
dé^í*^petidós ataques á la mano podemos llevar al
á^riffifho del'cbntrihcánte la fdéa de que es este el^
punto dónde pensamos Híéríf; coií lo cual descui-
aara acaso el cuerpo por retirar alguna vez la
mano, este es el momento oportuno de cerrar la
diStáiítíá' y átá¿áf i^éstidltkméiíté al cuerpo.' "^^
'•Ei6áíí)antc>s^c^i^itte debe ^^principalmente
su atencióií el tirador de sable son los golpes de
tieittpo^Xos ataques falsos., el conociriiiento de la
i8 PARTE PRIMERA.
distancia y la parada y contestación; el juego del
sable debe ser poco complicado con objeto de
evitar los golpes de tiempo, que tienen una gran
de importancia y darán siempre excelentes resul
tado sobre los tiradores que finten mucho, espe
cialmente tomados al brazo; pero no los golpes
de tiempo rutinarios que se ejecutan tirando al
bulto sobre cada movimiento del antagonista, sino
dirigidos de tal ó cual modo en relación con lá
actitud en que se halle el brazo del contrario al
hacer la finta ó movimiento sobre el cual quere
mos tomar el tiempo.
Como en esgrima cada movimiento tiene otro
que lo contraresta, para combatir los golpes de
tiempo existen los ataques falsos que ponen al
adversario en la incertidumbre y le colocan en
uno de estos dos casos, ó de tomar el tiempo
sobre un ataque falso, en cuyo caso, si el qufe
hizo el falso ataque llevaba prevista la parada
como debía, puede ejecutar una magnífica i-es-
puesta, ó de despreciar el falso ataque, y eiitón-
ces el que ataca puede cerrar la distancia con el
LA ESGRIMA DEL SABLE. 19
pié izquierdo en vez de replegarse en guardia y
tirar realmente al cuerpo.
No hablo de otro caso que también se puede
presentar si se trata de uno de esos llamados ti-
radores que tienen por sistema saltar siempre
atrás sobre cada ataque falso ó verdadero que se
les dirige, pues esto no tiene aplicación en la Sala
de armas donde bien pronto se llega á una pared
ó á un mueble, y en el terreno sería ridículo, que
es de lo que más huye un hombre que se bate;
en efecto, el hombre que va al terreno es porque
tiene en más el respeto que quiere merecer res-
pecto á sus semejantes que el deseo de la propia
conservación, es porque quiere demostrar que
tiene la bravura suficiente para arriesgar la vida
en defensa de su honor, de su patria ó de los
suyos. ¿Consigue este fin el que corre hacia atrás
injustificadamente sobre cada amaga del contra-
rio? El que tal hace, especialmente siendo el
ofendido, si no tiene miedo lo demuestra mal; el
romper es, no splo útil, sino necesario en muchas
ocasiones, pero no es lo mismo tomarlo como
20 PARTE PRIMERA.
recurso que adoptarlo como sistema, una cosa es
retirarse para evitar un golpe imprevisto ó para
reorganizar una combinación fracasada, y otra el
huir á cada momento.
El conocimiento de la distancia es una de lafe
cualidades más preciadas del tirador, y el qué al
sable se dedique, debe procurar poseerla á toda
costa, estudiando al mismo tiempo los recursos
que existen para engañar sobre este punto al ad-
versario; uno y no de escasa importancia es la
movilidad calculada de ambas piernas que consti-
tuye lo que se llama la guardia volante.
La parada es un elemento esencial en la esgri-
ma; el hombre debe poner más cuidado en con-
servar su vida que en acabar con la del adversa-
rio; el espíritu de las armas lo quiere y el espíritu
de conservación lo impone,: á pesar de esto, no
me cansaré de repetir que la parada está muy
abandonada por casi todos los tiradores de sable
y hasta que no haya tiradores que sepan parar no
habrá verdaderos tiradores de sable. La contes-
tación es necesaria después de la parada, es su
LA ESGRIMA DEL SABLE. 2t
complemento, y aun en el caso de que no llegue
evita los redobles que instintivamente hace el con-
trario si no se le contesta; hay que tener en cuenta,
además de esto, que por medio de la contesta-
ción se producen generalmente los golpes graves,
según veremos más adelante.
El sable es, en resumen, el arma blanca más
completa que hoy existe; al sable, pues, deben
dedicarse con preferencia las personas que estén
por lo práctico y los que deseen conocer el ma-
nejo de un arma, que después de todo, es la
empleada casi siempre en España, en los lances
de honor.
^
De las facultades del tirador.
E refiero á las condiciones que es
más conveniente reúna el que á
la esgrímase dedique para llegar
á sobresalir en este ejercicio.
Las facultades que más contri
buyen á formar un excelente tira
dor, son el golpe de vista, la sangre
fría y la velocidad que se encuentran
naturalmente bastante desarrolladas en
algunos individuos, pero que no llegan
á su total desenvolvimiento sin la ayuda del
estudio.
La velocidad representa un papel tan impor
tante en la esgrima, que el tirador más concien-
DE LAS FACULTADES DEL TIRADOR. 23
zudo, que todo lo tenga pensado y previsto, será
tocado más veces que él toque por un hombre sin
cálculo, pero que tenga doble velocidad; es nece
sario , pues, trabajar sin descanso por adquirirla,
teniendo en cuenta que si existe la velocidad
natural, esta llega á un grado infinitamente supe
rior cuando se la cultiva.
El conocimiento de la distancia, el dominio del
cuerpo ó aplomo, la precisión, la oportunidad y
la armonía (fundamento de la velocidad), solo se
adquieren con el continuo trabajo.
La precisión es la exactitud de la ejecución,
es ejecutar como se debe; ejecutar cuaii^o se
debe, es la oportunidad.
Según un notable autor, la oportvmidad es una
condición intelectual y la precisión una condición
física que contribuyen igualmente al éxito en la
esgrima.
( L a oportunidad es un don de la naturaleza que
el maestro desarrolla, pero que no puede dar;
mientras que la precisión se adquiere con la prác
tica y la observación.
24 PARTE PRIMERA.
Frecuentemente se ve con claridad el momento
oportuno y cuando se quiere tocar, en el mo
mento dado, se tira demasiado pronto ó dema
siado tarde por falta de dominio sobre el cuerpo
ó aplomo, lo cual demuestra la importancia de
esta facultad, puesto que aun los hombres mejor
organizados necesitan unir á sus condiciones natu
rales, esta que solo se conquista por medio del
trabajo.
La unión de las ^ u l t a d e s físicas éintelectu^es
anteriormente mencionadas, conducen al ideal que
el tirador debe buscar, la comprensión rápida y
exacta y la ejecución veloz y precisa.
• ^
El sable.
EBE constar de tres partes; la hoja,
la empuñadura y la guarda.
La hoja que se compone de la
espiga ó parte que sé introduce
en la empuñadura y dé la. i hoja
propiamente dicha, debe ser ligera-
mente curva, cortante en la última
mitad de la parte convexa llamada
filo y en el últiniíÍi;|ercio de la parte cón-
cava llamada c©ntrafilo: conviene que
sea poco flexible.
La empuñadura y la guarda forman el puño
del sable; el lomo de la empuñadura no debe ser
redondeado, sino plano para que pueda colocarse
26 PARTE PRIMERA.
sobre él firmemente el dedo pulgar; la guarda
debe ser lisa sin rebordes ni calados.
La hoja se debe considerar dividida para la
ejecución de los golpes y las paradas en tres par-
tes iguales que llevan el nombre de fuerte el ter-
cio próximo á la empuñadura, medio el del centro
y débil el de la punta. Con el fuerte se han de
ejecutar en lo posible las paradas y con él débil
los ataques y sus fintas.
El peso del sable de combate debe acomodarse
á la fijerza del que ha de esgrimirlo, lo impor-
tante es que esté bien en mano, que la punta
maniobre con facilidad, pues no siempre resulta
jnás pesado en la mano un sable que pesa más
que otro, colocado en una balanza: en general
el sable resulta tanto más pesado cuanto más
separado está del puño el centro de gravedad que
por término medio debe estar á tres dedos.
La longitud del sable debe ser de 0,98 m. en
total, de los cuales corresponden 84 á la hoja
propiamente dicha y 14 al puño.
Manera de coger él sable.
L sable debe sujetarse en la
mano perfectamente, pero sin
rigidez, extendiendo el dedo pul-
gar sobre el lomo dé la empu-
ñadura sin tocar la ^guarda, y los
otros cuatro dedos unidos abarcando
en la posición natural la empuñadu-
ra. La mano debe estar firme en los
ataques y paradas aun ' cuando nunca
dura hasta el punto de contraerse;
^
Primera posición.
(/^^^^^^ív ENiENDO cogido el sable como
y^fr^^WS® anteriormente se indica, colocar
j > ^ § ^ g 3 * ' ^ ^ los dos talones el uho contra el
¥ ^ ^ ^ ^ S ^ r ^ otro, el derecho delante del iz-
jj^ffl^njfj^ quierdo, los pies formando es-
^ ^ ^ ^ ^ ^ é ^ cuadra, la punta del pié derecho en
iÑ^íf^^ la dirección del adversario, las pier-
'^^^^^ íMis extendidas, el cuerpo^, derecho
f^v^ vueltoi'tte tres cuartos hacia el adversa-
^ ^ A ) rio, la mano que sostiene el arma colo-
cada aJ nivel de lo alto de la cabeza y en prona-
'íáón («ñas abajo), el brazo extendido, la vista
hacia el ádvéí^ario y la mano izquierda sobre la
cadera d41 "mismo lado.
Saludo.
OLOCADO en primera posición,
traer la empuñadura del sable
frente á la bocla" con "la. punta
arriba y en seguida bajar ^a^ma
extendiendo el brazo de modp
que la punta quede cerca del-^elo y
la mano en pronación; este irmvi-
miento tiene por objeto saludar al
contrario. Si se trata de [Link] pú-
blico, debe saludarse también á 4?r€scha
é izquierda volviendo la manp, á la altura,(^
hombro con el brazD en semiflexíón, en pr:o-
nación y supinación respectivamente. Estos tres
3° PARTE PRIMERA.
movimientos pueden hacerse por el orden de
consideración que nos merezcan aquellos á
quienes se saluda y volviendo siempre la vista
hacia ellos.
Segunda posición ó en guardia.
ESPUKs de haber saludado, ade
lantar el- pié derecho á sesenta
centímetros del izquierdo, ó co
locar el izquierdo á sesenta cen
tímetros detrás del derecho, fle-
xionando las piernas de modo que
el peso del cuerpo descanse sobre
ellas por igual; al mismo tiempo se
plega él brazo derecho colocándole en
una de las guardias que más adelante
indicamos en el artículo De las guardias. Con
esto quedamos en la segunda posición ó en guar
dia como suele decirse. Se dice que se ha caído
32 PARTE PRIMERA.
en guardia adelante^ en el caso primeramente
indicado, y en guardia atrás en el segundo;
generalmente se cae en guardia adelante, pero
en la duda de poder ser atacado bruscamente,
debe caerse en guardia atrás, con \o cual queda
mos á mayor distancia del adversario, lo que
hace más difícil una sorpresa. Como es natural,
la guardia debe ser más ó menos abierta, según
la estatura del tirador.
De un tratado publicado recientemente por un
eminente maestro, tomo las»siguientes observa
ciones sobre la guardia:
«Inclinar el cuerpo demasiado adelante ó atrás
son dos defectos, no solamente anti-estéticos, sino
perjudiciales; en el primer caso, se expone la
parte alta del cuerpo á los golpes del adversario
y se carga demasiado la pierna derecha que no
tiene ya su libertad de acción para el á fondo;
en el segundo caso, se carga demasiado sobre la
pierna izquierda, lo cual hace la retirada casi im
posible, expone la parte baja del cuerpo, retarda
la respuesta y el desenvolvimiento (á fondo) en
SEGUNDA POSICIÓN Ó DE GUARDIA. 33
los ataques todo el tiempo que es necesario para
colocar el cuerpo aplomado por igual sobre las
dos piernas.
»Lá utilidad de plegar las piernas es indiscuti-
ble, sin esta condición no Hay velocidad.
»Se ha pretendido que la rodilla izquierda debía
estar perpendicularmente respecto á la punta del
pié, nosotros no somos de esta opinión, éáta posi-
ción hace salir la cadera izquierda perfilando el
cuerpo y por esto mismo destruye el auxilio de
los ríñones y hace arquear la pierna izquierda.
»Para que el peso del cuerpo quede bien repar-
tido sobre las dos piernas, y la cadera izquierda
entre de modo que el cuerpo se presente de tfés
cuartos, es necesario que la perpendicular de la
rodilla esté delante y ligeramente dentro respedto
á la punta del pié; debe evitarse, sin embargo,
que la rodilla entre, ha de estar en línea con la
cadera [Link] talón izquierdo.» '
viv
Marchar.
STANDO en guardia, adelantar el
pié derecho de veinte á treinta
centímetros, según la estatura
del tirador, avanzando una dis-
tancia igual el izquierdo inme-
diatamente después sin cambiar nada
en la posición de la guardia.
El que marcha se aproxima al
enemigo y se expone, por consiguiente,
á sus golpes; la marcha, debe pues, ser
rápida é imprevista para el contrario, y debe
hacerse por medio de pequeños pasos.
Romper.
STAKDO en guardia, llevar atrás
el pié izquierdo de veinte á trein
ta centímetros, según la estatura
del tirador, siguiendo el derecho
este mismo movimiento de ma
nera que no cambie en nada la po
sición de la guardia.
En ciertos momentos puede verse
el tirador demasiado cerca de su con
trarío y comprender que el romper natu
ralmente no le basta para desembarazarse; en
estos casos conviene traer el pié derecho junto al
izquierdo ó más atrás que el izquierdo, siguiendo
36 PARTE PRÍMERA.
este el movimiento atrás instantáneamente de
manera que se quede en guardia; este movi
miento debe hacerse con la mayor rapidez posi
ble, de modo que resulte un salto atrás.
Cerrar y abrir la guardia.
ARA aproximarse y retirarse del
contrario existe, además de los
movimientos anteriormente des
critos con los nombres de mar
char y ^ romper^ el método de
abrir y cerrar la guardia que es lo
que se denomina guardia volante.
El trasporte fácil y rápido del pié
derecho atrás, asegura la parada de los
golpes dirigidos á la pierna; en cuanto á
la evolución del pié izquierdo, tiene una impor
tancia estratégica de primer orden; puede, sin
que el cuerpo se mueva, adelantarse ó retirarse
aumentando así ó disminuyendo la extensión de
38 PARTE PRIMERA.
la guardia, y por consiguiente, engañando al
adversario sobre la distancia que nos separa
de él.
Este género de guardia, á la vez sólido y
móvil, es uno de los más preciosos auxiliares del
ataque y de la defensa.
Tercera posición ó á fondo.
STE movimiento, conocido tam
bién con el nombre de desenvol
vimiento^ sirve para que nuestro
golpe alcance á la mayor distan
cia posible y se ejecuta adelan
tando el pié derecho todo cuanto sea
posible sin que el talón avance más
que la rodilla, al mismo tiempo que el
brazo dirige al contrario un golpe cual
quiera, teniendo en cuenta que deben
ser simultáneas la terminación del golpe con el
brazo y la del afondo con las piernas.
Es preciso tener el cuidado de que no caiga la
parte alta del cuerpo hacia adelante, pues este
«ftM-
40 PARTE PRIMERA.
defecto hace perder el equilibrio al cargar la pierna
derecha con todo el peso del cuerpo, haciendo al
mismo tiempo levantar el pié izquierdo que debe
ser el punto de apoyo para el desenvolvimiento y
resultando de esto que es casi imposible volver á
la guardia.
Debe hacerse al ir á fondo el menor ruido
posible con el pié derecho el cual ha de partir
casi rozando el suelo; la razón de ello está en que
el mayor ó menor ruido se produce por levantar
más ó menos el pié derecho; cuanto más levante
mos el pié más nos separamos de la línea recta y
es axiomático que la línea recta es la más corta
para llegar de un punto á otro.
El talón debe tocar al suelo, el primero cuando
adelantamos el pié derecho, aunque de un modo
casi imperceptible.
Es de la mayor importancia que la pierna
izquierda se extienda completamente.
Volver á la guardia.
STE movimiento puede efectuarse
de dos modos, atrás y adelante;
para volver á la guardia atrás
se plega la pierna izquierda con
la ayuda de la presión de los rí-
ñones y de la cadera izquierda tra-
yendo el pié derecho á una distancia
de 50 ó 60 cm. (según la estatura
del tirador), en la posición de la guar-
dia; este es el método natural y que
generalmente debe usarse: ^^zx^. volver á la guar-
dia adelante se traerá el pié izquierdo hacia el
derecho quedando á la misma distancia de 50 ó
60 cm. en la posición de la guardia; este moví-
42 PARTE PRIMERA.
miento resulta peligroso y solo se emplea para
ganar terreno al frente contra el adversario que
ha retrocedido mucho sobre el ataque.
En cualquiera de estos dos casos, al ejecutar
las piernas su movimiento, el brazo se plega
viniendo á la guardia que creamos más conve-
niente.
Cuando presintiendo un gran peligro quere-
mos colocarnos inmediatamente fuera de distan-
cia, se puede traer el pié derecho adonde estaba
el izquierdo ó más atrás, por medio de un esfuerzo
vigoroso de la pierna derecha y los ríñones, si-
guiendo el pié izquierdo este movimiento de
retroceso todo lo simultáneamente posible y que-
dando en la posición de la guardia; esto se llama
volver á la guardia por salto atrás.
De la distancia.
E dice que estamos á distancia
cuando estamos separados del ad
versario por un espacio que nos
permite tocarle sin marchar sobre
él con la extensión del á fondo
solamente.
Un tirador toma su distancia cuan
do se aproxima al contrario por medio
de la marcha ó de la aproximación del
pié izquierdo.
Romper la distancia es retroceder de modo
que no nos alcance un golpe tirado á fondo: la
distancia se rompe en tres circunstancias princi
palmente: I.* Cuando nos sorprende un ataque
44 PARTE PRIMERA.
sin estar dispuesto á la parada: 2.^ Cuando des-
pués de un ataque ó de una respuesta el adver-
sario queda tan cerca que dificulta nuestra con-
testación: 3.* Cuando queremos atraer al contra-
rio para atacarle sobre su marcha.
Estando fuera de distancia no se debe respon-
der á los movimientos del contrario.
Es de gran importancia el conocimiento de la
distancia y adquirir el hábito de ganarla y rom-
perla, engañándola con oportunid|id y cuidando
ál mismo tiempo no ser engañado.
De las lineas.
E llama linea en esgrima el espa
cio comprendido entre un lado ú
otro del arma y el límite del
cuerpo.
La linea no se determina por
el contacto de los hierros, sino por
su posición respectiva haya ó no con
tacto.
En la esgrima del sable reconozco
cinco líneas; de encima, de dentro alta,
de dentro baja, de fuera alta y de fuera baja; la
línea de encima no existe en el juego de la es
pada.
Las líneas altas no pueden estar claramente
46 PARTE PRIMERA.
determinadas más que cuando las puntas están
hacia arriba, así como no pueden estar claramente
determinadas las líneas bajas más que cuando las
puntas están hacia abajo.
Si se quieren dirigir golpes en las líneas bajas,
es conveniente hacer preceder estos ataques de
amenazas de estocada y fintas altas; cuando el
adversario acude á estos puntos es el momento
de tirar en las líneas inferiores.
De las guardias.
AY quien cree que colocarse en
guardia es tomar una posición
que nos ponga á cubierto de to
dos los golpes, así como otros
llaman guardia á cualquier posi
ción más ó menos fantástica y
que muchas veces deja el cuerpo ab
solutamente descubierto; en mi opi
nión, la guardia debe cubrir una línea, y
es, por consigfuiente, la posición de una
parada.
A continuación tratamos de las paradas y ve
remos que existen la de primera, segunda, ter
cera, cuarta y quinta como principales; el que se
48 PARTE PRIMERA.
coloca en una de las posiciones de estas paradas,
está ^w guardia en primera, en segunda^ en ter
cera, en cuarta ó en quinta respectivamente.
No todas las guardias son igualmente reco
mendables, la de tercera es la que mayores
ventajas ofrece, siguiendo en importancia la de
segunda y la de cuarta; como en el juego del
sable es conveniente cambiar á.^ guardias para
variar la posición de la mano y no dar al contra
rio un punto fijo que sirva de base á Sus' ataques,,
pueden emplearse todas las guardias concediendo
siempre la predilección á la de tercera.
La guardia de segunda permite descansar el
brazo más que ninguna otra; la de cuarta es útil
para incitar al contrario á tirar al brazo por fuera
si se nota en él esta tendencia, y poder enviarle
una buena contestación juzgada.
PARTE SEGUNDA.
Del ataque.
TAQUE es un movimiento ó con
junto de movimientos por me
dio de los cuales tomamos la
iniciativa de la ofensiva sobre
el contrario tratando de herirle;
puede ser simple y compuesto. Debe
hacerse con la mayor decisión cuando
nos figuremos conocer lo que hará el
adversario sobre nuestro ataque, pero
es conveniente para adquirir este cono
cimiento, que al ataque verdadero preceda ^ falso
ataque, del cual trataremos más adelante.
• f
Ataque simple.
I. ataque simple ó -Se velocidad
es aquel que hacemos tirando
frañciímente en una linea descu-
bierta y tratando de herir ^n
ella antes de que el contrario
la cubra. Del ataque compuesto se
tratará más adelante.
Debe darse la predilección al «/«-
que simple por resultar menos e^pidésto
á ios golpes de tiempo, y hasta como
preparación de los golpes compuestos es grande
su utilidad. ' ' '
Deben atacarse frecuentemente las partes más
avanzadas del cuerpo del enemigo (Jtie suelen ser
ATAQUE SIMPLE. 53
la mano y la rodilla; los afondo forzados son pe-
ligrosos en el juego del sable; en el florete y
espada tienen la ventaja de que el tirador pre-
senta al hacerlos poca superficie de frente á los
golpes de punta, pero como al sable puede
tirarse por dentro y por fuera, de corte, esta ven-
taja queda también anulada, por consiguiente con-
viene ser muy cauto al atacar á fondo^ no inclinar
al hacerlo la parte superior del cuerpo, y' quedar
siempre dispuesto para la retirada, volviendo á
la guardia como se ha indicado anteriormente.
Ya hemos tratado de las diversas maHéraS-de
ganar la distancia por medio de pequeña^ imar-
chas y por la aproximación del pié izquierdo al
derecho; de este modo se consigue con un medio
fondo^ el efecto que produciría xya fondo completo.
Hay que tener en cuenta que eladversarip pUede
aítacar sobre las marchas, y que s<xp muchos los
que tiran sobre cualquier m0viínien¡t0,,-qye, se
haga, con razón ó sin ella; es conveniente^ ¡ pinas,
marchar pr^venWo para tomar una parada en
caso de ataque sobre la marcha. ,v ,. • ,
De la parada.
A parada es la acción de evitar
con nuestra arma el golpe que
nos dirige el adversario; se pue
de también parar rompiendo la
distancia, pero esto que se llama
paraf con la distancia no es real
mente una parada.
La parada debe proteger las reti
radas y no deben, en general, servir de
parada las retiradas.
Sí se para á pié firme, la respuesta será más
segura en la mayor parte de los casos, pero
resulta mucho más difícil el evitar el golpe.
A pesar de la grandísima importancia que tiene
DE LA PARADA. 55
la parada, especialmente si se la considera unida
á la respuesta, hay muy pocos tiradores de sable
que sepan parar; la mayor parte de ellos tiran de
continuo sobre los ataques en vez de pararlos; no
me cansaré de repetir esto ni de recomendar los
falsos ataques con objeto de parar y contestar.
Debe procurarse no abrir las paradas, ó lo que
es lo mismo, tratar de que no vayan más allá del
límite del cuerpo; una parada ancha dificulta el
venir á una segunda parada si fuera engañada la
primera; á veces una parada no defiende el
cuerpo por demasiado ancha ó abierta.' -
Después de haber atacado, las piernas deben
volver á la posición de la guardia cuando se trata
de parar.
ifij. > i f : i ¡i )Ú)íi(> ¡
vii..i-ifn (!•-
ifiíici !,-'t>;(|
M Í;ÍI;-ÍÍM
Del juego de ataque y del de par5^4^v
¡-M> 1'^
OS aficionados discuten continua-,
mente sobre las ventajas yjles:,
ventaja^ del juego de atacar y
del de parar y responder; nad,^
puede decirse en absoluto i;e^;-,,
pecto á esto, pero yo creo que hay,
hombres que por su estatura, por ^i\
energía y condiciones de velocid^^c^v,,
parecen creados por la naturaleza p^a,,i
tomar la iniciativa, mientras que otros,
por falta de estatura ój^or rigidez natural que
hace poco espontáneos sus movimientos, encuen-
tran muy difícil el ataque decidido.
Indudablemente dos hombres colocados en las
JUEGO DE ATAQUE Y DE PARADA. 57
condiciones que acabamos de enumerar, están
en mejores condiciones para atacar el primero y
para parar el segundo, pero hay que tener en
cuenta lo mucho que significa el trabajo en
esgffíftía y puede considerarse corno regla gene-
ral que, por rígido y pequeño que un hombre sea,
es raro que no llegue á dominar relativamente
estos inconvenientes si trabaja con constancia. El
tirador debe procurar completarse cuanto'le sea
posible en el ataque y en la parada, y estando
equilibrado en ellos, no dar más importancia al
utio que á la otra, escoger con cálculo et 'mo-
mento favorable para el ataque ó la parád^ y no
obeécafsíe en atacar ó parar caprichosamente ó
pbí ¿Óstühibré adquirida, sino aprovechando la
opórttjnidad qué existe siempre para lo unpió
lo otro. ' .. ••,^
Golpes por dentro, por fuera, encima
y de punta.
os golpes simples anteriormente
definidos pueden tirarse de uno
de estos modos, por dentro, por
fuera, por encima y de punta; los
primeros se dirigen á la parte
izquierda del cuerpo del adversario ó
sea en la línea de dentro, llevan el
nombre de cuchilladas y son el mo
vimiento natural, por decirlo así, para
tirar un golpe, la hoja del sable va al
efectuarlos en sentido horizontal y la mano en
sw'pinación; los segundos se dirigen á la parte
derecha del adversario, siendo al contrario de las
cuchilladas, en esto y en que se tiran con la mano
GOLPES POR DENTRO, POR FUERA, ETC. 59
en pronación; el movimiento no es tan natural
como el de la cuchillada y lleva el nombre de re-
vés; los golpes por encima, ó sea los que se dirigen
verticalmente sobre el adversario, no pueden ser
considerados como cuchilladas ni como reveses,
puesto que la mano está al ejecutarlos en posi-
ción media, ni en pronación, ni en supinación, y
la colocación de la mano es como ya hemos
dicho: uñas abajo para el revés y uñas arriba
para la cuchillada; estos golpes son conocidos
con el nombre de golpes á la cabeza^ aunque no
con mucha exactitud, puesto que también pueden
venir sobre los hombros.
Los golpes de punta ó estocadas son como su
nombre lo indica los que tiramos de punta contra
el adversario; pueden tirarse en las cinco líneas
en que hemos considerjido dividido el cueqpo,
aun cuando fácilmente se compjrendlerá qué la
estocada encima es absurda.
Las paradas de estos gtJpes son cinco, una
para cada línea, pues con la misma parada se
evita el golpe de cprte que el de punta.
Golpes ascendentes.
E tiran por medio de cuchilladas
y reveses',1 diferenciándole única-
mente de los anteriores en que no
se dirigen horizontalmente sino
l:^ de abajo á arriba; no merecen un
estudio especial pero conviene tener-
los presentes para cubrir bien el codo
én las paradas, pueá el cod& est¿el
(|ue coffé especialmente peligro tí^^^es-
tos'golpes:^ -" v . --
Suelen dar resultados empleados como goí^s
•de tiempo^ pues dXfintar dS^o^ se levanta general-
mente la mano más arriba que el codo, con lo cual
queda este sin la defensa de la guarda del sableí.
Golpe bey ó por dentro ó en primera.
STE golpe se ejecuta dirigiendo
una cuchillada al cuerpo del con-
trario debajo de láu:intura; el
moviniiento de. rotacim*. '^'éóel
puño efectúa debe ser ícWbllo
ceñido posible, teniendo en c u ^ t a
qué el golpe ha de llevar la fuerza
necesaria para, que hiera con vji€¿b^n-
^ cía. El brazo que debe estar recogídissil
principiar el golpe, ha d« ,qu.e4ar ferfec-
í*,n4ente:exiteadído £il ternünariq. , , i, ,,..;. „
m
Parada en primera.
STA parada se toma colocando
el sable con la punta hacia abajo
y el filo hacia la izquierda, de
modo que nos cubra la parte
baja de este lado; el brazo semi-
tendido y el puño á lá altura de la
tetilla, de modo que se pueda ver
por encima.
Debe procurarse parar con el tercio
fuerte del sable, pues así se evitará el
golpe del contrarío sin poner mucha fuerza, el
brazo no quedará contraído, y podrá enviarse la
respuesta con facilidad.
Golpe bajo por fiíera ó en segunda.
STE golpe se ejecuta dirigiendo
un revés al cuerpo del contrario
debajo de la cintura; el movi-
miento de rotación que el puño
efectúa debe ser todo lo ceñido
posible teniendo en cuenta que el
golpe ha de llevar la fuerza necesaria
para que hiera con violencia. Él bra-
zo que debe estar recogido al principiar
el golpe, ha de quedar perfectamente
extendido al terminarlo ( i ) .
(I) Doy esta forma monótona á las definiciones de los
golpes y paradas con objeto de que su doctrina quede bien
fija en la memoria.
Parada en segunda.
STA parada se forma colocando
el sable con la punta hacia abajo
y el filo hacia la derecha, de
modo que cubra la parte baja de
este lado: el brazo tendido, aun-
que no exageradamente, y el puño
colocado algo más bajo que la tetilla.
Debe procurarse parar con el ter-
cio fuerte del sable, pues así se evitará
el golpe del contrario sin poner mucha
fuerza, el brazo no quedará contraído, y podrá
enviarse la respuesta con facilidad.
Golpe alto por fuera ó en tercera.
STE golpe se ejecuta dirigiendo
un revés al cuerpo del contrario
más arriba de la cintura; el mo-
vimiento de rotación que el puño
efectúa debe ser todo lo ceñido
posible, teniendo en cuenta que el
golpe ha de llevar la fuerza necesa-
ria para que hiera con violencia. El
brazo que debe estar recogido al prin-
cipiar el golpe, ha de quedar perfecta-
mente extendido al terminarlo.
W¿
Parada en tercera.
STA parada se toma colocando
el sable con la punta hacia arri-
ba y el filo hacia la derecha de
modo que cubra la parte alta de
este lado; el Brazo plegado y el
puño colocado á la altura de la tetilla.
Debe procurarse parar con el ter-
cio fuerte del sable, pues así se evi-
tará el golpe del contrario sin poner mu-
cha fuerza, el brazo no quedará con-
traído, y podrá enviarse la respuesta con facilidad.
Observación, Lo mismo en esta, que en todas
las paradas, se debe procurar hacerlas con el ter-
PARADA EN TERCERA. 67
cío fuerte del sable; de modo que las paradas
deben bajarse ó subirse algo según la dirección
del arma contraria: por ejemplo, si nos tiran un
golpe alto por fuera á la altura de los ojos, de-
bemos levantar más el puño en la parada que
si nos tiran este mismo golpe á la altura de la
tetilla.
Golpe alto por dentro ó en cuarta.
STE golpe se ejecuta dirigiendo
una cuchillada al cuerpo del con-
trario más arriba de la cintura;
el movimiento de rotación que el
puño efectúa, debe ser todo lo
ceñido posible, teniendo en cuenta
que el golpe ha de llevar la fuerza
necesaria para que hiera con violen-
cia. El brazo que debe estar recogido al
principiar el golpe, ha de quedar per-
fectamente extendido al terminarlo.
Observación. Aun cuando considero la línea
de la cintura como la divisoria de los golpes altos
GOLPE ALTO POR DENTRO O EN CUARTA. 69
y bajos diciendo que los primeros se han de tirar
encima de la cintura y los segundos debajo, los
golpes á la cintura deben de considerarse como
bajos y evitarlos con las paradas bajas igual
mente.
Parada en cuarta.
STA parada se toma colocando
el sable con la punta hacia arriba
y el filo hacia la izquierda, de
modo que cubra la parte alta de
este lado; el brazo plegado y el
puño á la altura de la tetilla.
Debe procurarse parar con el ter-
cio fuerte del sable, pues así se evi-
tará el golpe del contrario sin poner mu-
cha fuerza, el brazo no quedará contraí-
do, y podrá enviarse la respuesta con facilidad.
m
Golpe encima ó en quinta.
STE golpe se ejecuta levantando
la punta del sable y dirigiéndola
verticalmente sobre el cuerpo
del contrario; el movimiento que
el puño efectúa debe ser todo lo
ceñido posible, teniendo en cuenta
que el golpe ha de llevar la fuerza
necesaria para que hiera con vio-
lencia.
No le doy el nombre de golpe d la
cabeza, con el cual es generalmente designado,
porque puede tirarse también sobre los hombros
y sobre el brazo.
L
Parada en quinta.
STA parada se toma colocando
el sable algo más alto que la
cabeza con el filo hacia arriba y
en posición casi horizontal, aun-
que más alto el puño que la
punta, de modo que estemos cubier-
tos de los golpes que puedan dirigir-
nos de arriba á abajo; el brazo ple-
gado sin rigidez.
Debe procurarse parar con el tercio
fuerte del sable, pues así se evitará el golpe del
contrario sin poner mucha fuerza, el brazo no
quedará contraído, y podrá enviarse la respuesta
con facilidad.
Golpes de punta ó estocadas y sus paradas.
os golpes de punta tienen una
importancia capital en la esgrima
del sable, por la gravedad de las
heridas que pueden producir; se
tiran en las cuatro líneas alta y
baja de dentro y de fuera, y sus
paradas serán las correspondientes á
la línea á que van dirigidas.
Debe tenerse presente al tirar una es
tocada, que el contrario puede romper lo
necesario para dejarla corta y tirar sobre vuestro
brazo que queda á su alcance; fuera de este peli
gro, la estocada es un golpe excelente, el más
importante si las piernas parten al efectuarlo con
corrección.
Paradas especiales.
ON las paradas anteriormente in
dicadas pueden evitarse todos
los golpes que se nos dirijan al
cuerpo con un sable, pero aun
cuando no me ocupe dé gran
número de paradas fantásticas, cuyo
uso ofrece graves inconvenientes, creo
deber mencionar las siguientes que
pueden aplicarse con éxito en muchas
ocasiones.
Pavada de primera alta. Se toma lo mismo
que la de primera ya descrita, con la diferencia
de que en lugar de colocarse lá mano á la altura
PARADAS ESPECIALES. 75
de la tetilla, se ha de colocar á la altura de la
cabeza de modo que podamos ver por debajo del
brazo y que el sable cubra la parte alta del lado
de dentro. Después de tomar esta parada se
acude con más facilidad á las de las líneas bajas
que habiendo tomado la de cuarta.
Parada de semicírculo. Esta parada es en
general poco segura, pero puede sustituir venta
josamente á la de primera después de haber
parado tercera., sobre la finta de revés bajo
cuchillada baja. También es preferible á la de
primera para contestar por estocada.
Esta parada se toma colocando la mano á la
altura de la tetilla, la punta del sable baja, el filo
hacia la izquierda, y el brazo semi-tendido, de
modo que cubra la parte baja del lado de dentro:
la mano en supinación.
Parada de segunda alta. Esta parada es
poco firme, pero puede sustituir á la de tercera
en los casos en que el revés no va decididamente
J
76 PARTE SEGUNDA.
alto ó bajo; la ventaja de esta parada, así como
de la primera alta^ es la de acudir con suma
facilidad desde ellas á las de quinta^ segunda y
primera cubriendo, por consiguiente, con pron-
titud el cuerpo. La posición de la mano en esta
parada es la misma que en la segunda, pero hay
que plegar el brazo levantando el puño á la altura
de la cabeza y doblar hacia abajo la muñeca de
modo que estemos cubiertos en la línea alta de
fuera. La posición es bastante molesta para sos-
tenerla algún tiempo.
PARTE TERCERA,
De las fintas.
E llama. ^n¿a al movimiento por
medio del cual fingimos tirar en
una línea con objeto de que el
adversario se cubra en ella de-
jando descubierta la en que pen-
samos tirar realmente; debe hacerse
sin ir d fondo y generalmente sin
movimiento de cuerpo; es necesario
mucho aplomo al hacer las fintas y que
la mano las ejecute de un modo indepen-
diente del resto del cuerpo.
\jd& fintas deben hacerse con el brazo recogido
en la esgrima del sable, excepto las de estocada
que consisten precisamente en la extensión: Prí-
8o PARTE TERCERA.
mero, porque así conservamos la mano y el brazo
más seguros contra los golpes de tiempo; segun
do, porque así es más difícil embrollarse con el
sable del contrario; tercero, porque solo de este
modo puede partir el golpe con la fuerza su
ficiente.
Ataque compuesto.
s el que consta de una ó varias
fintas y del golpe llamado final
en el que tiramos al cuerpo. El
ataque compuesto puede ser á
piéfirmey marchando. Es ataque
compuesto á pié firme el que hacemos
sin mover el pié izquierdo, yendo
solamente á fondo con el final. Es
ataque marchando., aquel en que mar
chamos mientras s& finta; el objeto de
esta marcha debe ser el de ganar la distancia
que el adversario nos hace perder al parar rom
piendo, de modo que solo debe emplearse contra
los que rompan al parar; hago esta advertencia
S2 PARTE TERCiERA.
porque es bastante general el hacer los ataques
marchando fuera de distancia para entrar en ella
mientras se finta marchando, lo cual está mal
hecho; las fintj,s fuera de distancia son inútiles
porque el tirador debe despreciar todos los movi
mientos reales ó fingidos hechos desde donde no
se pueda alcanzar al cuerpo; resultan además
peligrosas porque cuando se marcha debe irse
prevenido contra golpe de tiempo^ y el que lx\.zx-
&í7\.fintandoes más difícil acuda á la parada que
el que marcha con la mano dispuesta á parar.
Cualquier ataque coinpiiesto puede hacerse á
pié firme y marchando; sentado este principio,
indicaremos los golpes compuestos de dos movi
mientos que suelen dar más resultado, pues aun
cuando cualquier y?;í/« puede combinarse en ellos
[Link]í««/cualquiera, no todas las combinacio
nes ofrecen las mismas probabilidades de éxito;
en general advertiremos que no es conveniente
fintar una cuchillada y finalizar por cuchillada^
y fingir un revés y finalizar por revés^ pues en
estos golpes no lleva el sable la fuerza suficiente
ATAQUE COMPUESTO. «3
para producir un golpe serio aun en el caso de
tocar; en los golpes de filo y contra-filo, no
sucede como en los de punta, en estos conviene
que los movimientos sean sumamente ceñidos y
basta aproximar la punta al cuerpo del enemigo
en la seguridad de que penetrará con el solo
impulso del peso de nuestro cuerpo; en aquellos
no basta aproximar el sable, es preciso que ^'aya
con la violencia suficiente para que hiera.
Del aplomo.
NA de las condiciones más im
portantes del tirador, y que no
se adquiere sin el más escrupu
loso estudio, es el aplomo ó
dominio sobre el cuerpo, tanto
en el ataque, como en la parada y
respuesta; en efecto, si el cuerpo se
precipita al hacer un movimiento, es
imposible hacer bien dos ó más cuando
son necesarios.
Hay tiradores que, después de haber parado,
marchan sobre su adversario, aunque este perma
nezca á fondo ó se levante lentamente, por no
saber contener el movimiento natural del cuerpo
DEL APLOMO. 85
que quiere ir hacia adelante; otros tienen el
hábito de tirar después de una parada aun cuando
no encuentren el hierro^ y claro está que si no
lo han encontrado en la parada van á fondo
acaso en el momento en que tienen delante la
punta, precipitándose sobre ella por no saber
retener el cuerpo; no hay que olvidar que el en
cuentro del hierro enemigo debe ser siempre el
que indique el momento de la respuesta.
En las marchas es igualmente necesario el
aplomo con objeto de poder parar si al efectuar
las se nos ataca.
1
Grolpes de dos movimientos.
ON los que se componen de una
finta y del movimiento en que
realmente tiramos al cuerpo lla-
mado yí;/^'/.
A continuación citamos los
que realmente pueden practicarse.
Desde la finia en primera ó de cu-
chillada baja. Estando el adversario
descubierto en la línea baja de dentro ó
de primera, puede hacerse estayf?//^ y terminar
por el golpe en tercera ó revés alto., también se
puede terminar en segunda ó revés bajo y en
quinta ó golpe encima ejecutando una rotación de
muñeca que haga venir nuestro sable por la dere-
GOLPES DE DOS MOVIMIENTOS. 87
cha para terminar el golpe en qtttnta sin tropezar
en la parada de h. finta.
Desde Infinta en segunda ó de revés bajo. Es-
tando el adversario descubierto en la línea baja
de fuera ó de segunda., puede hacerse esta finta y
terminar con la estocada en la línea alta del
mismo lado, volviendo la mano uñas arriba para
ejecutar este movimiento; se puede, terminar tam-
bién con un golpe encima y con la cuchillada alta
ó en cuarta.
Desde-ía finta en tercera ó de revés alto. Es-
tando el adversario descubierto en la línea alta
de fuera ó de tercera., puede hacerse ^[Link]
terminar con la estocada en la línea baja del
mismo lado, volviendo la mano uñas abajo al eje-
cutar este movimiento; se puede terminar también
con las cuchilladas alta y baja.
Desde la finta en cuarta ó de cuchillada, alta.
Estando el adversario descubierto en la línea alta
88 PARTE TERCERA.
de dentro ó de cuarta^ puede hacerse esta finta
y terminar por revés alto ó revés bajo.
Desde la finta en quinta b de golpe encima.
Estando el adversario descubierto en la línea de
encima ó de quinta^ puede hacerse esta finta y
terminar por la estocada en segunda con la mano
en pronación; puede terminarse también por el
revés alto y por el revés bajo.
Desde la finta de estocada. Estando el adver
sario en una guardia alta puede hacerse la finta
de estocada baja con la mano en p^onación y
tirar la estocada alta con la mano en supinación;
puede también terminarse con el golpe encima y
con la cuchillada alta.
Estando el adversario en una gfuardia baja
puede hacerse \z. finta de estocada alta con la
mano en pronación ó supinación y terminar con la
estocada baja con la mano en pronación.
Estando el adversario en guardia alta ó baja
fuera ó sea en tercera y segunda respectivamente,
GOLPES DE DOS MOVIMIENTOS. 89
puede hacerse la finta cié estocada dentro con la
mano en supinación y terminar con los reveses
alto ó bajo.
Observaciones. "Las,fintasdeben hacerse bien
marcadas y no abusar de ellas, pues si se ataca
siempre por golpes compuestos, acabará el adver-
sario por no atender á hs finias aun cuando
estén bien hechas ó por tomar un tiempo so-
bre ellas.
La finta, según un conocido autor, es una
mentira, y por consiguiente es un lenguaje; el
lenguaje ha de ser comprensible, puesto que la
primera condición para conversar es hacerse
entender; entre tiradores*experimentados pueden
emplearse las fintas vivas y precisas en la seguri-
dad de que serán comprendidas, pero id á enga-
ñar con la mentira de las fintas á un hombre
qufe no las comprende ó que está resuelto á no
hacer caso de ellas y tirar sobre todos vuestros
• movimientos; con festa clase de tiradores siempre
serán peligrosos los ataques compuestos.
Ataques marchando.
L tratar de los ataques com-
puestos expliqué .los ataques
marchando^ solo me resta aña-
dir que los golpes de dos movi-
mientos, anteriormente indica-
dos, así como los de tres que más
adelante indicaré, deben hacerse mar-
chando cuando el adversario rompa
al tomar las paradas correspondientes á
nuestras yfw/^j.
U
Paradas de los golpes de dos
movimientos.
E ejecutan también "por medio de
dos movimientos de parada que
corresponden á los de la finta y
el fitial. Ejemplo: sobre la finta
del golpe encima y final del re
vés bajo debe pararse quinta y se
gunda.
Cuando se ve claramente que el
contrario va á hacer un golpe de dos
movimientos, puede tomarse el tiempo
sobfe el primero, como indicaremos al tratar de
los golpes de tiempo, pero en caso de duda sobre
si atacará por un golpe simple, se debe acudir
siempre á la parada.
Golpes de tres movimientos.
STos golpes se componen de dos
fintas y un final: el tirador está
más expuesto en ellos á los gol
pes de tiempo, que en los ante
riormente indicados, pero cuando
se hacen con oportunidad dan exce
lente resultado.
A continuación apunto los que en
cuentro más practicables:
Fintas en primera y tercera, final en cuarta.
Fintas en primera y tercera, final en primera.
Fintas en primera y tercera, final la estocada
en segunda.
GOLPES DE TRES MOVIMIENTOS. 93
Fintas en primera y segunda, final en quinta.
Fintas en primera y segunda, final en cuarta.
Fintas en segunda y de estocada en tercera,
en supinación, final estocada en segunda.
Fintas en segunda y quinta, final estocada en
segunda.
Fintas en segunda y quinta, final en tercera;
este golpe puede terminar al codo alcanzando al
contrario sobre su parada en quinta.
Fintas en tercera y cuarta, final en segunda.
Fintas en tercera y cuarta, final en tercera.
Fintas en cuarta y segunda, final en cuarta.
Fintas en cuarta y segunda, final en quinta.
Fintas en cuarta y tercera, final estocada en
segunda.
Fintas en cuarta y tercera, final en cuarta.
Fintas en quinta y de estocada en segunda,
final en quinta.
Fintas de estocada en segunda y de golpe en
quinta, final estocada en segunda.
Fintas de estocada en segunda y de golpe en
quinta, final golpe en tercera.
94 PARTE TERCERA.
Fintas de estocada en segunda y de golpe en
quinta, final en segunda.
Fintas de estocada en segunda y tercera en
supinación, final estocada en segunda.
Paradas de los golpes de tres
movimientos.
E toman igualmente por tres mo
vimientos que corresponden á los
de las fintas y el final. Si se com
prende de antemano que el con
trario Ya á hacer un golpe de tres
movimientos, se le debe tomar un
tiempo sobre la primera finta; este
tiempo se debe tomar sin ir afondo^
si es posible, rompiendo inmediatamente
parando, y si hay que ir á fondo porque
la distancia á que se halle el contrario lo haga
necesario, volver á la guardia con salto atrás
parando.
PARTE CUARTA,
De la respuesta.
E llama respuesta el golpe que
se dirige al contrario después de
una parada; por medio de ella
deben dirigirse los golpes decisi
vos la mayor parte de las veces.
El juego de respuesta tiene la ven
taja de que resulta poco fatigoso para
el que lo emplea, y practicándolo con
malicia, cansa mucho al adversario.
La respuesta es más difícil que el ata
que, puesto que para efectuarla hay que parar
primero, y la parada puede haber exigido tal
grado de fuerza que los músculos se contrai-
100 PARTE CUARTA.
gan y la hagan muy costosa ya que no im
posible.
Las respuestas, como los ataques, pueden ser
simples y compuestas; pueden también hacerse á
pié firme y maí-chando.
•••• iíf ^^•
Respuesta simple.
s la que se hace por medio de
un golpe simple, y es la que
tiene mayor aplicación siendo
también .la más segura; la res
puesta compuesta, si se repite
con frecuencia, da lugar al tiempo
por estocada que más adelante estu
diaremos.
Pueden practicarse en respuesta cual
quiera de los golpes simples y compues
tos aun cuando no todas son igualmente ventajo
sas; es preferible contestar después de la parada
ás. primera^ con la estocada baja en pronación ó
con los golpes en quinta y cuarta^ después de la
102 PARTE CUARTA.
parada en segunda, con la estocada en segunda
ó con los golpes en quinta y cuarta; después
de la parada en tercera, con las estocadas en se-
gtmda y tercera en pronación ó con los golpes en
quinta^ cuarta y primera; después de la parada
en cuarta^ con la estocada en cuarta en supinación
ó con los golpes en tercera y segunda; después
de la parada en quinta^ con la estocada baja en
pronación, ó con los golpes en quinta, cuarta y
primera.
La respuesta por estocada es más rápida y
produce golpes más graves que cualquiera otra,
por lo cual recomiendo se estudie con cuidado;
los tiradores de sable la practican poco, sin duda
porque resulta menos natural que otras respues-
tas, hasta que se tiene en ¿a mano.
^
Respuesta compuesta.
s la que se hace por medio de
un golpe compuesto; no debe
practicarse sino cuando se tiene
seguridad de que el contrario
irá á la parada, pero aun así no
debe componerse generalmente de
más de dos movimientos. Las res
puestas de dos y tres movimientos
marchando, desconciertan bastante al
que después del ataque se retira algo
descompuesto, pero exponen al que las hace á
los tiempos por estocada.
Contra-respuesta.
s la respuesta que sigue á la pa
rada de una respuesta, el enca
denamiento del ataque, parada,
respuesta y una ó varias contra
respuestas, es lo que se llama en
esgrima frase de armas; cuando una
frase se va descomponiendo y tiende
á degenerar en cuerpo á cuerpo, se
debe saltar atrás para evitarlo, estando
dispuesto á parar ó á reanudar la ofen
siva, según la conducta del contrario; \i. frase de
armas es tanto mejor cuanto más larga y cuanto
más precisos y vivos los golpes y paradas que la
componen.
Golpes de tiempo.
L golpe de tiempo es [Link]
simple que se hace sobre un
ataque compuesto del contrario,
hiriéndole mientras i\ finta; se
llama así porque su objeto es
tocar al adversario ganando tietiipo
sobre su movimiento; puede em
plearse también sobre un ataque
simple cuando este se hace muy ancho,
tardando mucho en ejecutarlo, y dando
lugar, por consiguiente, á que el contrario tire en
menos tiempo, pero siempre resulta expuesto.
Para hacer uso de los golpes de tiempo venta
josamente, es necesaria la mayor oportunidad, y
• ^
io6 PARTE CUARTA.
como esta oportunidad no puede existir sin el
dominio absoluto del cuerpo que parte demasiado
pronto ó demasiado tarde si carecemos de él; se
deduce de esto que no pueden ser ejecutados
sino por tiradores ya hechos; nada significa que
uno de esos malos aficionados que practican sis
temáticamente el golpe de tiempo sobre todos
los movimientos de su contrario, logre casual
mente tocar uno limpio después de haber sido
tocado antes diez veces; su método es malo, y
así deben hacerlo comprender á sus discípulos los
buenos maestros, recordándoles que la esgrima
es el arte .que trata de herir al adversario evi
tando que él nos hiera.
Nada más brillante y más seguro que un golpe
de tiempo bien tomado; nada, prueba mejor la
ausencia de cálculo que este mismo golpe hecho
sin oportunidad; siempre está lo sublime cerca de
lo ridículo.
. ^
Los tiempos al bra^o.
UN cuando pueden tomarse los
golpes de tiempo al cuerpo, no
son estos los que merecen mi
predilección, y solo recomendaré
los tiempos al brazo^con excep-
ción del tiempo por estocada que á
continuación explicaré.
El tiempo al brazo se toma tirando
sobre la mano ó brazo del contrario en
i^ el momento en que este hace wva,finia^
dirigiendo el golpe al lado donde esté más des-
cubierto; suele levantarse la mano al hacer las
fintas altas y el puño del sable no cubre el ante-
brazo, este debe ser entonces el punto donde se
""">
io8 PARTE CUARTA.
ha de tratar de herir; al tirar es preciso ir afondo
si el contrario está á una distancia que así lo
exija, pero si es posible alcanzarle desde la posi
ción de la guardia con la simple extensión del
brazo, debe preferirse esto; en el primer caso,
debemos volver inmediatamente á la guardia con
salto atrás parando al mismo tiempo; en el
segundo caso, debemos dar un salto atrás
parando también al mismo tiempo inmediata
mente después de haber tirado; estás recomenda
ciones deben practicarse en ambos casos aun
cuando hayamos tocado, para evitar que nos
hiera el final del golpe del contrario si no se
detiene.
Tiempo con estocada.
ABiDO es que la línea recta es la
más corta entre dos puntos;
ahora bien, como al tirar un
golpe de corte describimos una
curva, y al tirar un golpe de
punta tiramos recto, siempre resulta
rá más breve esto último que lo prime
ro; no es, sin embargo, sobre los gol
pes simples el caso en que yo recomenda
ré el tiempo con la estocada; este debe
tomarse sobre los ataques compuestos, y especial
mente sobre los compuestos marchando. Cuando
el contrario marcha, si le tocáis con la estocada
• ^
PARTE CUARTA.
á fondo^ el golpe debe ser terrible y las distan
cias quedan tan cerradas, que aun cuando termi
nase su golpe después de focado^ solo os alean-
xana con el tercio fuerte ó con el medio de su
sable, los cuales no son á propósito para herir.
Paradas de los golpes de tiempo.
UERTO que el golpe de tiempo se
efectúa por medio de un golpe
simple, su parada debe ser la
que corresponde al golpe simple
por medio del cual se toma el
tiempo. Es una prueba de habilidad
el excitar al contrario á que tome un
ü'empo^ parárselo y enviarle una con
testación; pero si se ha de intentar tal
empresa hay que contar con una veloci
dad igual, por lo menos, á la del adversario, y
también, con el conocimiento del golpe que se
nos dirigirá, pues si esperamos el ^^ÜÍ^Í de tiempo
en una linca y nos lo toman en otra, tocará casi
seguramente.
Golpes á la mano y al brazo.
os golpes á la mano y al brazo
son de una importancia capital
en la esgrima del sable, hasta tal
punto, que puede admitirse como
regla general comenzar siempre
el combate atacando al brazo ó la
mano; debe tirarse además frecuente
mente á estos puntos avanzados para
contener los ataques decisivos del con
trario teniéndole continuamente inquieto
sin gran exposición por-nuestra parte.
Durante las ligeras escaramuzas producidas
por los ataques á la mano, deben estudiarse las
tendencias del contrario para buscar el mejor
GOLPES Á LA MANO Y AL BRAZO. 113
medio de combatirle; si rompe ó salta atrás exa
geradamente, si tira sobre todos los movimientos
ó si tiene predilección por alguna respuesta de
terminada, lo cual podría servirnos para acudir
con seguridad á pararla y enviar una contra
respuesta al cuerpo, que, como todos los golpes
anteriormente juzgados, habría de tener grandes
probabilidades de éxito; todo esto debe tenerse
en cuenta.
Los golpes á la mano y al brazo sé ejeeutaii
del mismo modo que los al cuerpo, es decir; por
medio de cuchilladas y reveses, aun cuando hay
un golpe que si bien puede emplearse cómo los
demás para tirar al cuerpo, se reserva casi exclu
sivamente contra la mano; este golpe es el
contra-filo.
• ^
El contra-filo.
STE golpe se hace con la parte
del sable que lleva dicho nom-
bre, adelantándolo más allá de la
parte que queremos herir y retir
rándolo luego con fuerza hacia
nosotros, cortando al hacer este mo-
vimiento la muñeca ó los dedos .del
adversario. Suele dar resultado con^
tra los tiradores que colocan el brazo
demasiado extendido.
^
Grolpes sobre la retirada de la mano.
DEMÁS de las ventajas ya indi^
cadas que se consiguen tirando
frecuentemente al brazo y á
la mano, debemos recomendar
también algunos golpes cuyo
origen está en dicho procedimiento y
que se practican del modo siguiente:
la mayor parte de los tiradores, cuan
do se ven frecuentemente atacados á la
mano, tienen la costumbre de retirarla
hacia el cuerpo sin parar, dejando pasar el golpe
solamente; en este caso, después de haber lan
zado el golpe á la mano haciendo un á fondo
corto, en lugar de volver á la guardia se debe
ii6 PARTE CUARTA.
cerrar adelante con el pié izquierdo mientras
nuestro brazo se recoge, y volver á partir á fondo
tirando al cuerpo esta vez, pues habremos ganado
mucha distancia; estos movimientos deben hacerse
perfectamente unidos, sin vacilación y sin el me
nor tiempo de espera entre ellos: de este modo
pueden combinarse los siguientes movimientos,
según las condiciones en que se halle el adver
sario:
Comenzar el á fondo corto con la cuchillada á
la mano para terminar cuando la retire, con el
golpe á la cabeza; comenzar con la cuchillada á
la mano para terminar con las cuchilladas alta ó
baja; comenzar con el revés á la mano para ter
minar con los reveses alto ó bajo. El sable debe
efectuar un movimiento circular.
Retirar la pierna.
s este un movimiento al cual no
se ha dado toda la importancia
qué realmente tiene y que sin
embargo ofrece bastante interés;
la causa de ello está en que no
se tira á las piernas en la mayor
parte de las Salas de armas, ya por-
' • que los golpes en esta parte suelen
ser dolorosos, ó ya porque cuando el
tirador los hace suele inclinaráe dema-
siado hacia adelante, resultando su actitud poco
estética; por estos motivos sin duda desdeñan el
golpe á la pierna los tiradores correctos en gene-
ral: no son estas, sin embargo, razones suficien-
ii8 PARTE CUARTA.
tes para descuidar un género de golpes que. son
de los más fáciles de recibir y no de los menos
dolorosos en el terreno práctico: los dos inconve
nientes anteriormente apuntados dejan de serlo
desde el momento en que el tirador se provee de
una espinillera convenientemente rellena y coloca
el tronco del cuerpo perfectamente derecho, pues
no hay ninguna necesidad de inclinarse para tirar
á la pierna: mi opinión es que este golpe debe
tenerse en cuenta como cualquiera otro, y para
evitarlo, aparte del empleo de las paradas bajas,
debo citar también el movimiento de retirar la
pierna ó pierna atrás ^ con algunas modificacio
nes en el antiguo sistema de practicarlo.
El movimiento á&pierna atrás debe efectuarse
trayendo el talón derecho junto al izquierdo y
empleando nuestro sabía que en este tiempo no
se ocupa de la parada, en tirar sobre el brazo del
adversario el cual ha de entrar en nuestra dis
tancia al tirar su golpe que dejamos corto. Todo
lo que sea retirar la pierna derecha más atrás del
punto donde está la izquierda como recomenda-
R É t l R A R LÁ PIERNA. 119
'batt'lloSántígtiós*; i éS' perjudicial porque quita
akatice al golpe que tiramos y nos coloca en una
posición desfavorable por falta de aplomo, para
fomper ó íl'a_/íj»íjí?; es además inútil, pues si el
sable enemigo va más allá del susodicho punto,
aun cuando se retirase indefinidamente la pierna
derecha, tocaría en la izquierda: lo importante en
esté golpe es el no equivocarse al juzgarlo en
cuanto á la distancia, pues como no hacemos más
parada que retirar la pierna sobre el ataque del
contrario, si está á distancia debe tocar puesto
que quedamos completamente descubiertos.
^ ' : 1 '• )i , • ; • ' . 11 > ' , ' !Í i'
Tirar á golpe pasado.
E tira á golpe- pasado cuando en
lugar de parar un, golpe del sable
contrario, lo dejamos pasar si es
que ha atacado fuera de distan
cia, ó nos retiramos para que
pase si atacó á distancia, y en el mo
mento de haber pasado tiramos á
cualquier parte del cuerpo del ene
migo. La mayor parte de los tiradores
que emplean este recurso lo toman como
sistema y no paran sino con la distancia, saltando
atrás y tirando sobre todos los ataques; esto
expone al golpe doble siempre que se ataque bien
al cuerpo, y como el objeto de la esgrima es el
TIRAR Á GOLPE PASADO. 121
tocar y no ser tocado, resulta defectuoso tal pro
cedimiento que repetimos puede admitirse sola
mente como recurso en ocasiones determinadas,
pero debe rechazarse en absoluto como sistema:
habiendo bastáttte desproporción de estatura
puede ponerse en práctica por el tirador más alto
con mayores probabilidades de éxito que entre
tiradores de la misma talla.
El golpe anteriormente descrito, retirando la
pierna, es un caso del tirar á golpe pasado y el
más práctico seguramente.
El falso ataque.
s un ataque cualquiera hecho sin
intención de tocar y con objeto
de incitar al contrario á una pa
rada ó á un tiempo^ para enviarle
una contestación después de ha
berle parado; también se emplea
para dormir al adversario que rompe
sobre todos los movimientos, ó para
estudiar su juego á fin de ver la parada
que le es más familiar ó la respuesta que
ejecuta con mayor fecilidad.
La extensión del á fondo en el falso ataque
debe ser casi completa cuando tratamos de buscar
una contra-respuesta, para que el adversario con-
EL FALSO ATAQUE. 123
teste francamente creyendo verdadero el ataque;
si tiene por objeto incitar para que nos tomen un
tiempo, el afondo debe ser mucho n)ás corto; en
los demás casos se debe pronunciar más ó menos
según el contrario sea más ó menos impre
sionable.
Aun cuando el falso ataque es muy útil, no
debe prodigarse, pues si se prodiga, pierde su
eficacia, el contrario desconfía y no para ni ataca
sobre él.
Del redoble.
E llama redoble la acción de vol
ver á tirar después de haber ti
rado al cuerpo del contrario^ en
lugar de venir á la parada;
puede hacerse en ataque y res
puesta; se emplea contra los que rio
contestan, y puede ejecutarse desde
la posición del á fondo si el redoble
se hace por un golpe 'simple, y cerrando
con el pié izquierdo si se hace por medio
de un golpe compuesto.
Antes de ejecutar un redoble se debe estar
convencido de que el adversario no contestará.
Recomiendo especialmente los redobles por
estocada en una ú otra línea.
Del cuerpo á cuerpo.
L cuerpo á cuerpo es la posición
en^que se: encuentran dos tira-
dores cuando las distancias se
cierran de tal modo que po
drían tocarse con la mano;
cuando se llega á esta posición, el
arte de la esgrima tiene mucho
de pugilato, por consiguiente Tiay
que evitarlo, pues resulta anti-estétíco
y azaroso.
En los cuerpo d cuerpo suele llevar la ventaja
el que toma resueltamente la iniciativa.
El tirador que tenga conciencia de su fuerza
126 PARTE CUARTA.
en armas, debe procurar siempre evitarlo, excep
ción hecha de algunos rarísimos casos en que
resulta más peligroso ir atrás que cerrar decidi
damente la distancia.
De las llamadas.
LAMADA es un golpe dado con el
pié en el suelo; antiguamente se
empleaban las. llamadas como
fintas, hoy, tío se practican más
que en el áaludo compuesto que
lleva el nombre de la muralla.
Perjudican la rapidez del ataque de
quien las emplea y no sirven realmen
te sino para que el adversario esté más
prevenido: deben, pues, suprimirse, como
deben suprimirse en la, esgrima todos los movi
mientos inútiles.
Bl molinete.
L brazo tendido horizoñtalmen-
te con la mano en posición de
tercera^ describir bajando la
punta arcos de circulo de dere-
cha á izquierda ó de izquierda á
derecha quedando la mano al termi-
nar cada uno de ellos en la primitiva
posición. Es un excelente ejercicio
que da vigor á la mxrilecá haciéndole ad-
quirir al mismo tiempo la flexibilidad de
que nace la verdadera fuerza en los golpes de
corte.
Salidas de linea.
ONSiSTEN en colocarse en un
momento dado fuera de la posi
ción frente á frente del adversa
rio. Como preparaciones del [Link]-
que las encuentro inútiles por lo
menos, puesto que para seguir 5"énte
á frente del que las hace basta-con un
ligero movimiento.
Su aplicación está indicada contra los
tiradores que se precipitan á la csurera
sobre su contrario.
Del desarmé.
o sgí ^sbejhfrgrj |íl fi|dversario
que ha dejado escapar su sable
de la mano; esta es la regla ge
neral, pero hay ocasiones en
que no puede evitarse, tales son
aquellas en que él mismo se desarma
al tirar, chocando contra vuestra pa-
rada^y teniendo pensada una respuesta
simple, no podéis contenerla. E n l a Sala
de armas no se cuentan los golpes sobre
desarme; en caso de duelo, los padrinos deben de
intervenir, si hay tiempo para ello, ó hacer cons
tar en el acta si ha habido felonía como explica
remos más adelante.
PARTE QUINTA;
1»«
/'T^
liny iH 1
l,il- ,•)!; .••|;:!¡ ,'Olíl'.-!
i;'^
Del asalto.
La lección es el estudio ¿el arte, el
asalto convierte este estudio en há-
bito de combate.
L asalto debe significar la repre-
sentación del duelo; es la lucha
en que dos tiradores ponen en
práctica los golpes y paradas
aprendidos, procurando tocar al
adversario y evitando ser tocado por
medio de todos los recursos físicos é
intelectuales.
Existen dos clases de asaltos: el con-
vencional ó de estudio y el de interés ó
práctico; en el primero, ponemos en práctica
razonadamente la lección, dándonos cuenta del
por qué de nuestros movimientos y de los del
134 PARTE QUINTA
!,,;!.
contrario, procediendo con cierta confianza'^ no
exenta de precaución, pero que excluye todo mo-
vimiento desordenado; este asalto sera siempre
más útil al tirador que desee nacer progresos que
el asalto de interés ó práctico, en eTcual se trata
únicamente de salir del peligro del momento por
cualquier medio posible y en el que un tirador
que esté sin formar completamente apela á los
movimientos instintivos tan contrarios a ía razón
y al arte.
Estos dos asaltos son idénticos en el fondo,
pero tiene cada uno de ellos su tendencia pecu-
liar; el uno representa lo verdadero y eí otro Ib
convencional. Aun cuando existen enemigos en-
carnizados del convencionalismo, hay que tener
en cuenta que sin admitir lo convencional, no des-
arrollará nunca un tirador todo sus medios; buena
prueba de ello tenemos en la posición de la
guardia; nadie ha encontrado práctica la posición
de las piernas en flexión la primera vez que le
han colocado en ¿lia, y sin embargo, esa flexión
admitida primero convencionalmente, nos da
D E L ASALTO. 135
. / . I M I J O ::lT:.!/r! ____.
luego la [Link] la extensión del á fondo; la
un °i;s.a£nfKn Kri^«D aoo oijn;.Hi«')-..:r!'i Y.'.'H, ;j<, ; •
lección es corjvencional; suprirnidla, que cada uno
tire como le indique la práctica y veréis al cabo
:j"iqrrr>frí jriíj-í o J t ó t í s J ^ Í .oí:u.!i;'-Í:;, •- •;,! r,,/
de dos años de asaltos 1Q que se adelanta con la
práctica solamente.
No hay más que un camino para lleg-ar á ser
fuerte tirador; este camino comienza en los áridos
príncipips de la lección, y por la amena senda del
asalto convencional nos conduce á la meta del
asalto práctico; tales principios dejarán de ser
matemáticamente exactos el día en que fuera de
ellos se forme un tirador de primer orden; hasta
ahora no se ha presentado este caso. ,
rur!¡ -jiti) yy.íl ,<.)fri. j ; ;;f'fpi''ir!:! ^ i i ^ i :^: > <(i!jí;Nrí.•:;;.!
El asalto no es una improvisación continua, es
preciso que el cálculo preceda á esta improvisa-
iV -mi^ yj^ y.i 's-:> ^ O Í Í Í ^ W K ' Í ^}f:> • ) 1 J m->ir--[
ción, pue§ en todo género de lucb^a la qabeza
')t'í.'>i-;'_TÍ] 1,1 jjaiJc/iriq oDiriJrio3fi:j j;ri ÍÜ-Í'.Í! .J^IL-'UJ: .•
debe obrar antes, que el brazo. Si vuestro adver-
•:)i '.ci:: ^í'V . o t y u u i q iú fiO!X-.>li íiv' •:K;n-^;r ^,0! :>ii
sario no responde al cálculo que habéis ideado,
\:{)-/\: I i.c--:: .•^^i•ín'!;^,^l itict "V iU,*' A • i!ij-:\!'i. ••; I¡-,Í;
entonces es cuando la improvisación y la, espon-
136 PARTÍ: QUINTA.
taneidad deben guiar; cpmenzad por calciílar, la
improvisación vendrá por sí sola. _ .j ,
El asalto no debe ser un recreo para sobrelle-
var lo trabajoso de la lección, sino la aplicación
de lo que en la lección se aprende, tratando el
tirador de formarse un juego segu;"9,9í),haciepdo
golpes de capricho y acostumbrándose á ejecutar
lo que haría en un lance serio; este principip, por
racional que parezca, se ve frecpentemente ol-
vidado. . .,
Es preciso al mismo tiempo no tener un juego
fijo, es decir, de un número limitado de golpes,
siempre los mismos, sobre cualquier adversario;
ha de tenerse en cuenta que nuestro juego debe
ceñirse al juego del contrario, y que sobre un
contrario darán resultado ciertos golpes que
resultarán inútiles y hasta peligrosos con otro.
El hombre de mucha estatura debe atacar á
pié lirme, aprovechándose de la ventaja que le da
Í)ÉL ASALTO. 137
Su taHa para conservar SU adversario á distancia
y atacarle sobre las marchas.
Es conveniente romper un paso corto al parar^
pof este niédfó se nos facilita la parada y no se
';^kjiKlf¿á *ía respuesta; conviene emplear el paso
cortó atrás, especialmente cuando nuestro contra-
rio iios es desconocido.
Ddae responderse lo menos posible á hiS fintas
y á Ids falsos ataques.
*
* *
Con los tiradores que atacan corriendo, debe
tomarse el tiempo sobre su marcha, pero si
corren haciendo el niolinété, hay que cortarlo por
medio de un movimiento de nuestro sable mar-
i38 PARTÍS-QUISSfTA.
chando al hacerlo si .es;-necesánki, pü€8ríe^<ís
táradores, que esperan s©iKf»0^sqbi5ésiuaíaq^í
se suelen desorienta ali» enbóirfraarfeeüicercai.y
rompen descompuestos, en I oityc/momento ^ se
les delje atacar; si no rojjipein,!debemos-idar
un saltói atrás y tomarles'elfstáíémpoiMsi Jmarpban
de nuevo.
-i Haiy-que desccmfiar dei los tiradores! que pom-
pen continuamente; esta retirada puede ser un
lazo para'atacarnos sobre la marcha; además de
esto, debe tenerse presente que la retirada puede
convertirse, cuando menos se piense, en un
ataque brusco viniéndose encima.
. ' • b "•: .• '.•• : ~ , • - ,.:,i ) - i;ri ;,!if.,-.,, ¡ . v:í
••••, •• •'•••• '>•> •'• '•'"'•.• í ' ^ , : ' ) i ; I !••".' l i f ^ ' - ^ i r : •-: ',^, r..>í!it. I
- Respecto á la devolución-del terreno en la &ila
de armas, creo que debe concederse ¡una ó d<>s
veces, dirigiendo al antagonista algún ataque
falso antes de la segunda devolución para saber
./ímLUtóÁaíT©,^'
m
qtíéíhasee^fviátid«ise^«EOífa) sueíé (Jecírse entre la
espaíd* y k'paredi pues «Í necesario t ^ e r en
xmmt&>qü&imtimdez <M ua tirador suele conver
tirse» fenfitemeridad icuando se íve en un < caso
esdtremo, y ^ á la persecución íslcii sucede uü
cuerpo á cuerpo líeni^ de violencias y peKgros.
* *
No debemos quejarnos nunca del juego del
adversario; «i nos> disgusta dema^ado debe busi-
carse un pretexto; y áar por terminado el asaitol
.* .
En el asalto ha de tirarse con calma pero debe
ponerse al mismo tiempo cierta ambición y amor
propio, á fin de tirar con vigor; el excesivo des
cuido f y frialdad peí'judicají'los adelantaraieritos
4 é l d i s c í p u l o : í-^ i'-):! n.> • -^..í^í; «t.-p * -•: • • ; : , ; - .?í>
•..-i,:,' -• ' - ' - - - .•;.-í;*-.:. '-•'• ,:'\IM\''-- ,-^.=:>\>'/
I40 PARTE. QUINTtA.
Debe volverse i la guardia, p^.rg.i^dp,,; aun
cuando hayamos ¿oca^o,j^ara.,hd.}^\t^af^p ^ 9^?|P
de que el adversario pudi^r?, r^jsppn^er ,t?[Link]
herido. . ,
Frecuentemente las faltas del enemigo nos
colocan en una situación más peligrosa que los
golpes meditados y ejecutados correctamente;
temiendo esto presente, hay que acostumbrarse á
saber combatir todos los juegos por extrava-
gantes que parezcan, pues tanto los regulares
como los irregulares, presentan sus dificultades
especiales: para conseguir esto, es preciso no
dejarse sorprender, y por consiguiente, aparte de
la precaución de caer en guardia atrás,,para evi-
tar un ataque inmediato, debeinps estudiar desde
el primer momento al contrario, tratando de
cof^prender lo que sabe y lo que quiere; lo que
sabe se comprenderá acaso en la manera de caer
en guardia; lo que quiere se verá en el modo con
que; tome la iniciativa ó con que responda á los
¿EL ASALTO. 141
ser el comienzo de la
mayor páfícé de los asaltos con tiradores cuyo
jüégóhoá es *í5iéscoñocido. Según las consecuen-
cias que saquéis de vuestro tanteo, debéis decidi-
ros á tomar la ofensiva, á observar todavía ó á
excitarle para que os ataque.
Terminaré esta serie de consideraciones sobré
el asalto con las siguientes advertencias tomadas
en parte de alguhos concienzudos tratadistas de
esgrima:
'• «ErátiWor propio, el deseo exagerado de íomr
son' lói3''m"ayóreá obstáculos para hacer pronto
«í^/Zo Mn grkves inconvenientes para el prihci-
piartte; la generalidad de los discípulos pueden co-
rneñzarlos después de dos meses de lección, tenien-
do ciiidado de corregir COTÍ ella y los consejos del
rtraestro, los defectos qtíe el asalto hace contraer,
y sí las lecciones y consejos no bastan,-debe sus-
penderse durante ocho ó quince días^ eí deseo dé
142 PARíTRiQümirA.
evitar estas, suspensiones,.'serA^itiár-ide jertíniulo
para tirar con íegulaifidaddc,/ in&f oijmoij 1:71,ÍÍ
Siguiendo con asWuid&d lasufeccíones d e un
buen [Link] mayoría de ¡josj tiradoresJlegát
rán, en un año de trabajci diario^ á la fíMsrstaoBn
esgrima de la mayor parte de los 1 maestros I de
sable; en un año más debe llegarse é, primera
fuerza, siempre que la» condiciones físicas éinte^
lectual^ no sC/opongfin á elloi La deocióa déaih
buen maestro es necesaria, pues.:-siguiendo dn
mal método, no se llega jamás á sobresalir en
esgrima. :•:
. La vivacidad ó penetracióii de la vista es una
condición importante en el a r t e . d e la esgrima;
alguí[Link] se sirven de effa exclusivaínente
para la ejecución de sus, ataquesi y pairadas; sin
embargo, debe combinarse: su acción - con lía del
isacto^ el.qálculo; cutaildOrl^s^rmás no se juntan
eailaposición de las guardias, la vista es la que
debe indicamos dóod^.aitacaremos ó dónde aencí-
mos!atací^QS,.p€ffo,al,^l^wai7de)bemos cakaalai- la
p a p d a q u e tomaremos [Link]^á la guardia, pues
JMíj'mw^o:^ 143
uhx-cbMe&tkcMn dé-vémiúaá llega, antes de que
haya tiempo para verla •Venir. Cuando se empeña
una./rase'(/iíiW^pia^, ¡el tacto^ del sable enemigo
debe' sétvirtíokipíLtk Comprender las líneas dónde
uno y otfoéstafflOS'cubiertos ó deseübiertds.
• • La» rwarchasí deben efectuarse á > pequeños
pasos .%dosc}afr'' 'rs^dez y nunca ácompasadj^-
merité sinof^á rntervalosdesíje^ales y tratando d e
disimukí el monient<ií e n q u e se van á dar, con
objeto de evitar el ser atacado sobre la marcha
que es xmo d e los ataques más difíciles d e
parar. •'1 ; ' '
Aíites d e hacer un ataque: decidido^ procurar
por iBídio d e falsos ataques conocer las iritewcío-
nesv 1 ^ / adversario yendo 'prevenido al hacer Uxi
ataquds .falsos á replegarse en guardia parando,
si somos'atacados sobre ellos. 1 •:
i Se; d e b e dar la preferenfeia á los gí^lpés simple*
•sofjreí los G(Mrftpiíestói¿,5'5Nífcñtí^e los compfuefetOB
ppeferii?'lofe á pi^'fiíme&'\(Á'M'kyckaMd.'' 'i'
' Bebemos sieíiíipré éRrnaséai-ariniteS'tt'as'inten'-
cioneái tratando d e Mtét cre^P alf!oóntraríéf''q**é
144 PÁtcrU ^ t i # i * Á .
estamos á la parada, feííandó pélrt¿áriibs"áfe(ía> y
viceversa. •-M!-,i.|.,i<.a .-«.i. ,-;,„j uíü[Link].i
Siempre que el adversario'' ó^'á^é lití iríóhiéritS
de reposo, aprovechadlo' pái^ tfáiár itiiiifediatá-
mente vuestro plan de atódcjué'^iáe'fénísa.'" ' '
Debe atacarse mucho sobrélas'Aiát^éhásí.''''''
No se debe redoblar por instífttó sitto por dál-
culo, cuando Comprendemos que el enemigo iio
responde; ^^^ - - -^PLÍX. -OÍ.- nü.h^ü-.on.
El hombre vigoroso debe hacer ataques'tfétíií
didos, el hombre débil ha'd'e confiar especial-
mente en su astüca. •
Si tuestro adversario es tfmidó, atacádle
vigorosamente y esto acabará de ponerle en
desorden.
Guando el sable del enemigó está inmóVif, con-
viene batirlo antea dfc lahlzáráé al ataqué 'Con
objeto de descompoitéflélátñáho y evitar que
parta con una estocada ú oth>' golpe simple sobre
vuesti'o ataque.
No dudar nunca 'al atacáí ó ¡aíl parar, las vaci-
laciones son m'tiy'pelig'rosasv'''i
DEjLjrASALm.; 145
^ Es,,u5ia píi^eb% 4^,Íi;a]3Ílídad fingir inquietud
tomando paradas rompiendo, y cuando el contra-
rio, trate 4^ e^aij?ir|as marchando, tomarle un
go]|}e de,¡tiempo, ^obr,§ su marcha. ;
Én las respuestas como en los ataques debe
preferirse lo n^s breve,
,Los,ataques,!i;í^, seguros son aquellos que se
híLcen cuando el adver^rio está combinando un
movimiento; estos ataques se llaman sobre pre-
paración.
El que sabe economizar sus fuerzas y conser-
var la sangre fría, tendrá siempre mucha ventaja
sobre el que pare aceleradamente ó rompa ó
ataque injustificadamente soi>re el más pequeño
movimiento.
Cuando el eneinigo se descubre con intención,
se debe desconfiar, pero aprovecharse también si
notamos que se descuida algp.
Los golpes de tiempo defcien tomarse con en-
tera decisión, pues de este modo resultan menos
peligrosos y tienen más probabilidades de éxito.
Estad siempre con cuidado contra los golpes
146 PAR;j:E/QyiíiTA-
de tiempo y tr^[Link] pyitar|fI,Q^ ¿•í!í^?7>í?^<?j.^p¿^¿7.
En el asalto da á, .-K^c^ep^ r^^i|]t^,^p^p__grq^^^
casual y acaso no lo dé otro qupj^^^t^^Jpje^ calcu-
lado; á pesar eje estq, hay.j^y^ p|:^rj^¡e]j;ipf;^lo
que se hace,,pues no e5tac^},s^gffr£im^^f,^|l,£^^,
probabilidades en favor del que camine á ciegas.
Es necesario habituarse á combatir con sangre
fría y decisión no siendo indiferente ni rabioso;
esperar con calma la oportunidad, y cuando se
presente, ejecutar con la mayor decisión.
Si os equivocáis al juzgar una parada ó un
ataque, hay que saltar atrás paca reponerse, pues
quedarse á distaffcia, sería" iíaft peligroso como
estar en una batalla sin;municiones delante del
enemigo.
Dad la acción al tercio débil del sable cuando
ataquéis, y al tercio fuerte cuando paréis.
Procurad con cuidado no tirar fuera de dis-
tancia, pues además de fatigarse en balde, se
está expuesto á ser tocado.
No se debe contestar sin haber terminado la
parada.
•ÓÉÍ:'Í^£T6: 147
'•!^í''li'aééi*'''üh' a'áaltó'cóh ürí tirador descono-
cido/ eií^ífiíézád'póf suponer que alcanza desde
utíá"gra¡n'<3íst:ánciá!'i ""
'^Ño Vacáis ééí'éí ú^kko lo que razonablemente
H'áblá'Hdo e!s ¡mpractícable en un lance serio.
'= u, , . ) / -'_•)] •)? . l / / ! . u ) j 5 f l -rj:"'!,!'.!]
De los zurdos.
AS personas que se sirvan de
la mano izquierda para tirar al
sable, tendrán en igualdad de
circunstancias una notable ven-
tája*s®btfe|^á' que se sirven de
la derecha, -W cuál no tiene otra ex
plicación sino la falta de costumbre
de tirar con zurdos; el juego resulta
desarmonizado y hace bastante novedad
.' ver venir las cuchilladas al lado derecho
y los reveses al izquierdo.
La falta de costumbre es la única razón de la
dificultad que dan los zurdos, y como prueba de
esto, haremos notar que cuando dos zurdos se
DE LOS ZURDOS. 149
encuentran en lugar de armonizar su juego, como
parece natural, se les ve contrariados por carecer
también de la costumbre de tirar entre ellos.
Un diestro que tire continuamente con zurdos,
llegará á adquirir contra estos su mayor fuerza
en armas, y se verá dificultado cuando tire con
quien se sirva, como él, de la mano derecha.
"ífl • ! - . . • . ;
¡ '.'Ir)"!:/'! 1
•'.'-;-}\!<'i\>
;! •.', i'iiilj iV
•^í'iíiii^ '-I >; ohiiMíj iiiji ij.i'iü .íi>nK,nj:i5
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Kí i'i'\ j:t
.;Í;"!'>; ¡ír-iÍTíf' 'ijij" !i(>:i ¡•'AKUI.JÍ
!jil')(l!,i.-.ílj';..;^ •/•!!)
El ávteW
Sí perseguís el duelo, fomentaréis
e¡ asesiniiej ' '• ' •''•'.*••
{}í.-4mSba^l L duelo «&¡[Link] entre; .dos
personas bajo condiciones , pre-
viamente estipuladas,
A pesar de jos rudos ataques
de que ha sido objeto, es una ne-
cesidad social existienda en las con-
diciones actuales y seria ^Itainepte
social sí se ocuparan de regiainen-
tarlo convenientemente las personas que
pueden darle carácter legal.
MCffparece estar viendo el asombro de las
personas formales:Znt^ la idea de legalizar, el
duelo como otra institución cualquiera, y ? hasta
EL DUELO. 151
conozco sin oírlo, el cúmulo de vulgares argu-
mentos con que pretenderán anonadar esta idea,
que seguramente juzgarán descabellada; unos se
escudarán para r e 9 j j ^ ^ ^Wuelo con la religión,
que les ordena la humildad y el perdón de las in-
jurias, lo cual no les impedirá, como en muchos
casos se ha visíci,Hemplear con la mayor soberbia
venenosas calumnias é insultos groseros reñidos
de todo punto con las doctrinas evangélicas;
btr6s díráft que lel hecho de batirse^ nada aprueba
y q u é m u t h á á veces es el ofendido el que sale
peor librado,'lapoiyátídóige en la tan errórlesE^cÓmo
exténdíák teotík de qtie son hs ,pfQvp^pt<és y
Ibs 'íháQleWtes los'que saben manejar íátáTarmas;
•"^feñé'éfl'se^idáei gremio- <íe los queilK>t|o lo
"átté^kn íá golpes kísi' alguien me faltaV >¿licen
estos, le doy ürtaípalizá^yse acabó;» ¡Bien pen-
sadol pero... ¿y si'élqiie ha faltado esmás|aerte,
y sobre el insuIttyJoS^nhíeffe'las <»sttlIas?^<^ton-
t ices le pego att tiro poi^ía e^Ida;»íBonitó arre-
glo! Solo tiene -tí inéonvetíieftte de seí tan fácil
ert teoría como impracticablfe éW la vida real.
152 PABITEl'QUINTA.
Llevar anteJos tribUaalesfal que< peisijefeíadeies
Jo que corresponde,^x)fáffl[^ri!(^lg»ínos^)y[esiiina
determinación [Link] 6aéti3fipc«iqiieHhay
asuntos en que los tribunales resultaniiiiipqtenbés,
por SU; índole espeeial^ í [Link] i ser ^ [Link]ór
número imponibles de probar.üu oírioo tuininint
Es digno de meditarse elip^i^queibiaríaiimi
hombre que fu<?se ante el i juez patar: reclamar
contra un impertinente que la ü[Link]íor se
sentó ^n el teatro al la¡do:ii)8:fUiseñoJraá.quien
galanteó de un modo extraiEM?dtnariaimente (faáu-
roso y con el que d marido no/yino á las maños
por encontcarlo suraaraenteiifornído»; temiendo
hacer; im papel completamente ridículo. ¿No ¡se
asemejaría al niño que llorando se queja^ájBu
madre de que le ha pegado otro niño dodur edad?
Semejante conducta serí[Link].c^eiíiin;hombre
de corazón.' •.'. - p • ;?: '-i,-! ••••¡O'i M-.
)'> Lo .mejor en todosmestos casosi seifíaotenbr
grandeza de alma; al que ¿nosí abofetea lunaxmd-
jilla pre^atarle la. otfa, ¡y slí q*if> osf-^infsmb,
rejxenderle dulcenteiriie] i aprovechando tan ppbpi-
'ELfpüEIiO.M 153
afliahwstsiíknpaD^ éacboitarleid amotal prójimo y
Bdjrespctttáíiíe^Iprincipíios-sociales; par de^racia,
mdestipsDi^niadoá prójimd«véí« excluir las sensi-
bles 3 pqógiraaSi/ijetti vekrdeíientonar alabanzas en
hooEudú' que itan "cuerdattaente se condujese, le
mirarían como un cobarde sin dignidad que no
' isabe Mcecfe ÍE8fp$tár de fsa^ semejantes, y el que
'noisábe hffce|seíespétar,'^es despreciado de todos.
<r' -E2i'«espe£ó>'üiiiutuo [Link] base de toda
sociedad bien organizada, y d hombre que está
dii^uestoiiá.arriesgaarsu vida contra la del que le
ofenda, Se - conquista = foirzosatticsJíe este» respeto
hasta; tíd pQ«tov<4ue auflf cuando' s a ^ a vencido en
k ooh^ieQÜayíquedaeniJtotsiiiri^igar^ esto tiene una
darísfritaiBxpKcadónjí d hombre á quien? se ofende
ianisu:hoára-yino procura lavíw cx)n la sangre del
que le ultrajó lamancha inferida, indica'q¡aei;ietíe
en poco esta honra ó que estima la vid» 'QO 'más
ide>ioique puede pefínitírséle á uií bombreí de
honor;! pero ¡ddsdé éí imomentser en qué «embate
demuestra qíte estima es-más suhbíwa' que^^áu
yfda^ y, si sale vencido ;sufriará;físicánientecomíC! en
154 PARlFÉ"^UÍíl[TA.
cualquiera d e ' las 'ení6fmeidadés-^-iqüiei'íSpi%áíe
mundo se padecenípeird 'qüledafá'Ii}tí|»iáí^í•jtíy^-
-pleto su dignidad. "'^'•ÍÍ-^'" «'' "íicÜfloiq liUlohKtlí
'• Sin embargo, sería' más MjBítífelctorió't'quíSMel
•ofensor pagase su culpaV'cort \0^uii>se r&pfitttltí&,
'hasta donde futra posfblé, la 'brutal ^OMi-ía^Jque
por desgracia se presenta actuateetitéi'cOrtdeíttá-
siáda- frecuencia antC'nosotros^ para^c^fe^guir
esto, él hombre que vive en soéiédad'déb^íéióttb-
cer el> manejo dé unarma queíeifflrva de sálvk-
-gfuardia contra una agresíótt de cualquier género,
y que le permita llevar al terreno «1 mayor
número posible de; probabilidades •favórabíé&!'
En este punto se presenta una cuestión que he
visto resolver algunas veces en España ¿óntra
todos los principios de lo justo y dé lo íógfco,
fundándose los qué tal hicieron ^ ' l a - falSá^ Idea
de establecer entre los contendientes una iguáWad
que después de todo es contraría á las leyes de
la naturaleza; me r e f i ^ al caso en que el ofen-
dido domina un arma y por esta causa no le per-
miten elegirla para duelo; esto es absurdo y
./:iUhiG\jmQ- 155
^J§eptrí^rQíl^ceRt0J,tanfintí^nto se r ^ e r e á la idea
,<íe. q^»^jeJ,i(|H0tQ,sefe lfti>ba*edel respeto mutuo; es
irracional prohibir al ofendido servirse del arma
¡;quq!Coaií)5€ijp4wí|j»e «Ir,ofensor se escude con su
lignoí^ncia; 4Lqu^ la hace que la pague, como
vulgaifíiiepte §e-dice, y el que ofeada, que arrctó-
iajoyij#):VQ?jj^taMecido este: orden de ¡deas, ni el
(hpm^í-iPPfet^lvo quedaría á merced de un inso-
liente,, ni cualquier grosero de los que tanto abun-
•
dan se perpiitir/a ofender por el solo gusto de ha-
cerlo, como í algunos lo hacen, en la duda de en-
contrar donde nueiHís lo aperasen t^a severa
MejoTf ^erfa,que la, ofensa no existiese, pero
cpimo no vivimos entre ángeles, liay que convenir
en que el duelo es un línal necesario, una necesi-
dad social» . !. i
m'
• ^
J'-<' ¡U J.:!' ::)HH')A -íH/ioi;)A>i3aiai4o:)
Cónsidertícioíies de vaíids áutófés'''
^ acerca deí-duei04 -^-P -^nníiiíoq
;i ¡\i Í:-'I.Í.1''I;
uiERE combatirse id' duelo /gaKi-
ralmente ooQi la idea del hombre
brutal y vanidoso que creería an-
meter una cobardía reconoeiéndo
sus errores y que se bate á cada
momento por cuestiones ridiculas de
amor propio, con el duelista ;de; profe-
sión que nó existe hace < siglos;! estos
grandes duelistas > solo han existido > en
épocas en que la irritación política consi-
deraba como una gloria el destruir á sus coriciu-
dadanos en > coaibates Ksúigulares cuando no «m
poable hacerio sobre- ¡el. campO; de-! batalla; aun
CONSIDERACIONES ACERCA DEL DUELO. 157
bajo el punto de vista de la humanidad, era pre-
ferible que los odios políticos se manifestasen de
este modo; pues si no hubieran tenido la libertad
de batirse lealmente, se hubieran matado á trai-
ción;»; ¿c^.^i^^l e^^<^^.jnú^ \q^.é.mmQ,si esjtas luchas
políticas que se .l|i:^HGen por el duelo, acaban
pronto, y hombres que se hubieran considerado
toda su vida como enemigos irreconciliables, se
tienden la mano frecuentemente después del com-
bate y se devuelven su estimación.
Las mujeres i anatematizan continjiamente. el
duelo sin [Link] [Link],de^rec^rt
aii'hom'bre quei'Ho sabe ó no tíene-j^-^-^'^.ér de
• • 'í^-X •
defenderlas. - ••1 -^ "k*:,"
..' Alguiíois de los que han escrito [Link]|L^
sé habían vanagloriado antes, de haber vertg|.fSp
en algún encuentro su honor ultrajado, y han
vuelto á batirse después de escribir contra los que
>E8íc^ persuadido)dé queájí» el dudo'loB'hottt'
bres se volverían- chisa3M)Sos [Link] cómt>
la mayor parte de k s mujeres lo son «¡ntre tJHa^
í58 ^ '•'•"-'' ^ -.-tSAÉti^^ílMl^P^^^^^^^'S^^^
juzgad él estado de ü«a''sOCiMyá' dtíftd<í''sc?'^l:a¿'¿^'
ticaran tales costumbres.--'^'''-•'• ^''^' í^'f^^^í-^M '^^K'
La sociedad ño í)Üédé i ítór¿éi^"g''ífó|fóííé^,"grMf'
debe saber qüe^el hxwiibre'inéáiiáií^üe^fídhbi'W'
vida por una cuestiórí de'dfgHÍifed "j^J&téoiiklfWW
expondrá jamás en aras ád interés pmmr^' "^
Un país debe buscar siempre *á'forniárIós'
hombres dándoles la destreza y el valói*'necesa-
rio para defender la patria éri \oá moméiittís dé
peligro; no se consegtíitó seguramente ^ í é bbjétd
con las leyes represivas contra el duelo.
El duelo es un progreso de la civilización con-
quistado sobre la barbarie; es el combate de los
bravos reglamentado por el honor y la lealtad.
Nadie se bate por el gusto de mortificar' á su
semejante, el que va á un duelo expone stl \adá y
nadie segnuramente tiene giisto en expibnerláí'
Algunas veces se ha hablado de'establecer tri-
bunales de honor á fin de reglamentar los duelos
legítimos é impedir en lo que fuera posible los
que rio tuvieran raárÓn dé áei* suficiente: si estos
tribunales existiesen, los jueces harían compren-
CONSIDERACIO>íf;g !A,GEÍiCA DEL DUELO. 159
deí/rflp^rn<?.,^l^n\>m,4^^-ii¿r M , h o m V e s por
una palabra mal sonante,«dichas veces ei? yn;
^(^&ntQ,á^xólev^^^^mpr&^^ ó por otros
njjg!ti,yp^ íÍe,ejfig^jig?poi:tancía, tales como esos
atnofffSfde baj\o vuielo ,que perjudican á la digni-
dad de Ip^.que tienen la debilidad de considierar.
l(}^,fa.n^.0Lr^yUr^,di}élo; este tribunal procuraría
á |gs jC9,m)b^tiéntes hoii|tM"es especiales que sirvie-
ran de^psitigos para asegurar la honorabilidad y
la imparcialidad del combate.
Tocios pstamos,.eJípuestos á esa, dura ii^^esidací •
d^^afiriesgar Ja vida para vjjngar una ofensa, una
injuria. Els un asymto de bastante importancia en
la existencia para que sea arreglado según lo
quieren las formas de la delicadeza y de][,^^rficho.
Ej^plo%,sii}.,f.e,^?^lí',¡r,epei^jdos, pos piTjeban (^da-
día^ la necesidad, de, es^bíecei;Io, de un modo^
formal y de evitar así faltas que comprometen la
existencia de ijn amigo y asesinatos que se cree
i6o PARTE QUINTA.
deber pasar en silencio para no arrojar sobre las
familias el deshonor de una recriminación.
Es bueno, moral y saludable que haya una
jurisdicción para todos los casos, bien numerosos
por cierto, á los que no alcanzan las jurisdiccio
nes ordinarias.
Se puede ser un villano, un infame, el último
de los miserables, y permanecer, sin embargo,
fuera de la acción- del Código.
Una infinidad de insultos, de impertinencias,
de calumnias, de tiranías y de opresiones intole
rables y odiosas, se cometerían todos los días á
la vista de los magistrados, si no hubiese en todas
partes donde se encuentra un hombre de corazón
una justicia apreciadora de estos casos, justicia
que se levanta frente al calumniador ó al inso
lente con un arma en la mano; esta temida jus
ticia mantiene la urbanidad de las «elaciones y
de las conveniencias sociales, sin contar con que
CONSIDERACIONES ACERCA DEL DUELO. i6i
ds la salvaguaridia de la parte más inviolable
y santa del honor de las familias.
Cuando dos ó varias naciones no pueden en-
tenderse sobre un punto litigioso, acuden á las
armas buscando fuera de las leyes el medio de
hacerse justicia ellas mismas.
La base sobre que descansa la inmoralidad del
duelo consiste en el acto de tomarse la justicia
por su mano, pero este acto se ve sancionado
por la costumbre. ¿Se habrían engañado todos los
siglos que se han sucedido desde el origen de
esta costumbre sin aboliría.'* Nosotros encontra-
mos en el silencio á que en esta cuestión se han
resignado los más prudentes legisladores, una
especie de certidumbre en que la defensa de
ciertos derechos y de algunos intereses debe que-
dar confiada al cuidado de cada uno.
i62 PARTE QUINTA.
La defensa del duelo está en la continuidad de
su existencia á través de los siglos y en la impo
tencia de las leyes y de los moralistas para des
truirlo, á pesar de sus reiterados esfuerzos.
*
* *
Este punto de honor, algunas veces quimérico,
puede tener la ventaja de sostener cierta sensibi
lidad de alma, más generosa y más potente que
el simple deber.
Observaciones sobre el duelo.
UN cuando en general. no con-
viene ir al terreno con la idea
de hacer un juego determinado,
sino que el vuestro debe ceñirse
al juego del adversario, por
esto mismo es conveniente pensar en
sus condiciones físicas y morales; su
conocimiento de la esgrima, su esta-
tura, su fuerza, su agilidad, su tempera-
mento, su irascibilidad ó su sangre fría,
todo esto debe servir de base á vuestro plan al
empezar el combate, sin perjuicio de modificarlo
según las circunstancias.
Es de advertir que no debe observar la misma
164 PARTE QUINTA.
conducta un hombre cuando es el ofendido que
cuando es el ofensor; quédese para aquel el iniciar
los ataques decididos y los golpes expuestos; el
ofensor, hasta como por cuestión de delicadeza,
debe evitarlos en lo posible, y si las peripecias
del duelo le hicieran asestar un golpe mortal, no
debe al menos haberlo buscado.
Para el duelo á sable sin estocada, deben em
plearse sables sin punta; no basta la recomenda
ción que se haga á los contendientes de no ser
virse de ella bajo ningún pretexto, pues aun suce
diendo todo correctamente, puede uno de ellos
herirse él mismo, y siempre se presta á comenta
rios desagradables una herida de punta en un
duelo al sable sin estocada.
M
OBSERVACIONES SOBRE EL DUELO. 165
LA ELECCIÓN DE HORA.
Generalmente los duelos se verifican por la
mañana á una hora extemporánea, lo cual tiene
varios inconvenientes; en primer lugar, la madru-
gada es molesta para la inmensa mayoría de las
gentes y hace que los combatientes se levanten
en mala disposición, tanto de espíritu, como de
cuerpo, entre otras razones, porque aun cuando
un hombre sea sereno y no tema al peligro, la
¡dea de que ha de despertarse á una hora que no,
le es habitual, hace que su sueño no sea tranquilo,
y por consiguiente no le proporciona el reposo que
necesita; además, el ver á ciertas horas de la ma-
ñana, reunidos algunos hombres que no tienen
costumbre de madrugar, despierta las sospechas
de la justicia y de la familia de los interesados,
lo cual es por demás desagradable. Creo que la
hora preferible es la de la caída de la tarde.
i66 PARTE QUINTA.
MÉDICOS.
Deben llevarse dos, pues si solo va uno y re
sultan heridos los dos antagonistas, corren peli
gro de ser curados el uno con demasiada preci
pitación y el otro demasiado tarde.
ACTAS.
Deben constar en un acta, suscrita por los
padrinos, las condiciones en que ha de tener
efecto el lance y la manera con que han de resol
verse los incidentes que pudieran sobrevenir en
el combate; todo esto de un modo claro y minu
cioso, con el objeto de que no haya en lo posible
suspensiones sobre el terreno; esta recomenda
ción, por natural que parezca, se ve casi siempre
descuidada. A continuación indicamos los puntos
principales que deben constar en esta acta ante-
OBSERVACIONES SOBRE EL DUELO. 167
rior al encuentro. En la segunda acta debe indi-
carse el día y la hora en que tuvo efecto el com-
bate, su duración, la naturaleza de las heridas que
se produjeron, y los incidentes importantes, si
los hubo.
ARMAS.
Los contendientes deben llevar cada uno un
par de sables y hay la costumbre de tomar el
segundo par cuando se inutiliza el primero, gene-
ralmente designado por la suerte; esto se presta
á mala fe por parte del dueño del segundo par,
que puede tratar de inutilizar las armas del con-
trario para servirse de las suyas. Encuentro pre-
ferible que, á ser posible, cada uno se sirva de
sus armas habiéndolas reconocido los padrinos el
día antes para que no haya ventajas por una ú
otra parte.
168 PARTE QUINTA.
VESTIDO.
En el duelo al sable los contendientes deben
desnudarse de cintura arriba; sin embargo, no
hay grave inconveniente en que se dejen puesta
una camiseta ceñida al cuerpo si así lo convinie-
sen por el frío ó por cualquier otra causa; el uso
de la camisa no debe permitirse, especialmente
en los duelos con estocada. El pantalón y el cal-
zado deben ser de modo que permitan la mayor
facilidad en los movimientos. El uso del guaate
común está permitido siempre que pueda ofre-
cerse otro al adversario, á menos de haber esti-
pulado lo contrario.
RECONOCIMIENTO DE LOS COMBATIENTES.
Como es posible que alguno de los conten-
dientes lleve sobre sí algo que le defienda de los
OBSERVACIONES SOBRE EL DUELO. 169
golpes, los padrinos que quieran cumplir sus de
beres con escrupulosidad, deben hacer reconocer
á su ahijado por los padrinos del contrario, con lo
cual, sin herir la delicadeza de aquellos, se les
pone en el caso de que inviten á practicar igual
reconocimiento con su propio ahijado.
DEVOLUCIÓN DEL TERRENO.
Este, como los anteriores y posteriores detalles
indicados, debe constar en el acta de que hemos
hecho mención, pero como regla general debe
tenerse presente que, como el que marcha se
expone más que el que rompe, no se le debe exi
gir la devolución del terreno al que lo haya
ganado.
DESCANSOS.
También debe establecerse de antemano si los
combatientes han de descansar después de cierto
170 PARTE QUINTA.
número de minutos, ó cada vez que se sienta
cansado uno de ellos, ó no descansar absoluta-
mente hasta dar por terminado el lance.
CUERPO A CUERPO.
Cuando dos hombres llegan al cuerpo á cuerpo
en un duelo al sable, sería conveniente hacer
cesar el combate, pero como es imposible sujetar
las manos de los contendientes al mismo tiempo,
lo más práctico es convenir de antemano en
admitirlo, ó en que cada vez que se produzca se
dará á los adversarios la voz de ¡atrás! y ellos
deberán saltar atrás ó salir de línea; en este
caso, es prudente retirarse parando por si el con-
trario no pudiese ó no supiese contener un golpe
sobre la retirada.
OBSERVACIONES SOBRE E L DUELO. 171
LA MANO IZQUIERDA.
La costumbre de servirse de la mano no arma
da, es censurable, y debe prohibirse su interven
ción en el combate.
Se comprende el uso de la mano izquierda, en
los tiempos primitivos del duelo, durante los cua
les se admitía, entre otras costumbres desleales,
la de coger la espada enemiga con dicha mano;
pero hoy que nuestro duelo es leal y franco, á
pecho descubierto, no se comprende cómo un
autor notable ha podido defender el uso de la
mano izquierda diciendo: «No se puede forzar á
»un combatiente, y todavía menos al que no sabe
»esgrimir, á contraer el compromiso de dejar de
»servirse de la mano no armada; esto sería quitar
»un recurso al más débil, y el agresor que acepta
»contra su voluntad la elección que del arma
»blanca ha hecho el ofendido, podrá decir: yo no
»sé esgrimir, al tomar una espada en la mano os
172 PARTE QUINTA.
«prevengo que emplearé todos los medios que
»juzgue útiles á mi seguridad, tiraré de punta, de
»plano, y hasta heriré con la guarda si la posi-
»ción me lo previene para mi garantía, solamente
»me obligo á no herir, á mi enemigo desarmado
»si me apoderase de su arma ó si cayese á tierra.»
Estos argumentos se destruyen con las si
guientes palabras del mismo autor: «El duelo no
»es un encuentro fortuito, es un combate conven-
»cional reglamentado según las costumbres y los
»hábitos de nuestra existencia social.» Si se
admite hoy el duelo, es por lo que tiene de caba
lleresco el espectáculo de dos hombres que tratan
de herirse sin recurrir para su defensa á medios
innobles ó ridículos. Si se trata de dar mayores
medios de defensa al que desconoce la esgrima,
debe admitirse el uso de la mano no armada para
apoderarse del arma enemiga, y una vez admitido
el herir al adversario teniendo cogida su arma,
debe también admitirse herirle cuando está caído
y tratar, por consiguiente, de derribarlo con la
zancadilla ó por cualquier otro medio; creo ocioso
OBSERVACIONES SOBRE EL DUELO. 173
el hacer notar cómo quedaría por este camino la
caballerosidad de los lances de honor.
Admitida la intervención de la mano izquierda
para evitar un golpe, no creo que la sensación que
produzca el hierro en ella, dado el caso de ha
berse apoderado de él, fuera lo bastante para que
un hombre encolerizado é inexperto en armas se
dominara y no tirase al cuerpo de su adversario.
Si se admitiese el uso de la mano'izquierda,
casi nunca se sabría si se había desviado ó si se
había cogido el arma enemiga, y constituyendo
esto último una felonía, conviene quitar el peligro
quitando la ocasión y prohibir en absoluto la in
tervención de la mano izquierda.
A otros tiempos, otras costumbres.
SUSPENSIÓN Y CESACIÓN DEL COMBATE.
Aparte de los casos de devolución del terreno
y de descanso de los combatientes anteriormente
indicados, el duelo debe suspenderse momentá-
174 PARTE QUINTA.
neamente por rotura de arma, caída ó desarme
de uno de los contendientes; y momentánea ó
definitivamente por heridas, según la gravedad
de estas y de las causas del duelo.
Respecto á la suspensión ó cesación del com
bate por violación de las reglas del duelo, están
perfectamente explicadas en los siguientes párra
fos que copio de El arte del duelo:
«La falta á las reglas establecidas ó á los usos
en materia de duelo, motiva la suspensión provi
sional ó definitiva del combate. Hay, según los
casos falta ó felonía; una llamada al orden ó la
persecución judicial, son la consecuencia de estas
infracciones ligeras ó graves.
La lucha será momentáneamente suspendida
por una infracción ligera, como el hecho de
hablar con las armas en la mano. En las infrac
ciones más graves, como no detenerse á la voz
de los testigos y parar con la mano izquierda, la
lucha podrá reanudarse después de una severa
reprimenda de los testigos, siempre que estas
acciones no hayan tenido resultados funestos para
OBSERVACIONES SOBRE EL DUELO. 175
la parte adversa. Así, el que continúa el combate
sin obedecer inmediatamente la orden del juez
de campo, se hace acreedor, por la primera vez
á una reprimenda; pero si ha herido á su adver-
sario después de esta señal, el combate debe sus-
penderse; en este caso, ha habido violación grave
de las reglas del duelo.
La suspensión definitiva de la lucha se pro-
nunciará sin apelación por los testigos, cuando
un combatiente haya herido ó querido herir á un
adversario visiblemente desarmado ó caído en
tierra, ó también si persiste en encarnizarse sobre
su adversario ya herido, á pesar de las observa-
ciones de los testigos.
Partir antes de la señal inicial de ¡adelante^
señores! que sigue á la colocación en guardia, no
motiva la cesación definitiva del combate sino en
caso de herida ó de reincidencia por parte del
delincuente.
Una amonestación severa debe dirigírsele, así
como la advertencia de que en el caso de reinci-
dir perderá el derecho de continuar.
176 PARTE QUINTA.
El hecho de arrojarse sobre su enemigo y dé
cogerle la mano ó el cuerpo, está sujeto á las
mismas distinciones; la llamada al orden por la
primera vez, la cesación del combate por la
segunda, sin perjuicio de la persecución judicial
que podría entablarse en caso de que esta in
fracción fuese seguida de herida ó de muerte.
Hemos dicho que anteriormente al encuentro,
los campeones deben ser objeto de un examen
minucioso; el que lleve una coraza cualquiera,
será rehusado inmediatamente como adversario,
y excusado es decirlo, sin perjuicio de hacer
público el proceso verbal y de sus consecuencias.
Si durante la lucha el arma se falsea tocando á
uno de los combatientes, este debe ser recono
cido inmediatamente por los testigos que tienen
el deber de darse cuenta del motivo de esta par
ticularidad. El duelista culpable de fraude, deberá
ser inmediatamente rehusado y entregado á los
tribunales.
Todas las veces que el combate se suspenda
por infracción á las reglas del duelo, los dos tes-
OBSERVACIONES SOBRE EL DUELO. 177
tigos próximos á los combatientes se aproxima
rán á ellos, les harán romper, se colocarán á su
lado para impedir toda colisión. Los otros dos
mandatarios conferenciarán aparte para saber si
hay ó no lugar á continuar la lucha.
En caso de que el combate no continúe por
violación grave de. las reglas del duelo, debe ex
tenderse inmediatamente un proceso verbal" deta
llando los hechos, firmado por los cuatro testigos,
sin perjuicio de llevar al delincuente ante los tri
bunales si hay lugar á ello.
El honor obliga á los testigos de la parte
contra la cual se eleve una queja de contraven
ción ó asesinato, á declarar la verdad y á no tratar
de disminuir la culpabilidad de su cliente, bajo
pena de pasar por cómplices del felón y de ser
tratados como tales.
El hombre más honrado del mundo puede
equivocarse respecto á la moralidad de otro, y la
confesión de su propio error no le hará perder
nada de su honorabilidad.
ADVERTENCIA.
Como complemento á las consideraciones sobre el
duelo, anteriormente apuntadas, creo conveniente
insertar á continuación el Código del Duelo, por el
Conde de Chatauvillard; obra admitida exclusiva
mente para reglamentar lo que concierne á los lan
ces de honor, y que por estar su edición agotada,
resulta de muy costosa adquisición para aquellos á
quienes les es necesaria.
CÓDIGO DEL DUELO.
~~>
CAPÍTULO I.
De la ofensa.
I." En una querella traída por una discusión, si la
injuria llega, es el injuriado ciertamente el ofendido;
pero si la injuria es seguida de un golpe, el que recibe el
golpe es el ofendido. El que toca, pega; así no establece
mos aquí una serie de diferencias. Responder á un bofe
tón con un golpe que ocasionase una herida grave, no
constituiría que el ofendido fuese el que hubiera recibido
la herida, sino el que primeramente ha sido tocado.
2.° La injuria grave constitaye suficientemente la
ofensa, y aun cuando se haya podido responder á ella por
otra injuria, es el primero que la ha recibido el que sigue
como ofendido.
3.° Si á una cosa impolítica se responde por una inju
ria, si el agresor se pretende ofendido, ó si el que ha reci
bido la injuria se pretende ofendido, no debe dudarse en
remitir á la suerte todas las contingencias del encuentro
que debe resultar de estos debates.
4.° Si no hay injuria, sino que seguidamente de una
discusión en que las reglas del saber vivir y de la educa
ción se han seguido al pié de la letra, uno de los antago
nistas pide explicaciones, este no toma por ello el papel
de agresor ni el que las da el de ofendido. Todas las
" : >
i84 CÓDIGO D E L DUELO.
contingencias de este encuentro deben someterse á la
suerte.
5.° Si se envía un cartel sin razón suficiente, es cier-
tamente quien envía el cartel el que es el agresor, y los
testigos, antes de permitir el combate, deben pedir razón
suficiente de él.
6." El hijo puede tomar la defensa de su padre, de-
masiado débil para responder á una ofensa, si el adversa-
rio está más próximo á la edad del hijo que á la del padre,
teniendo este 60 años por lo menos; se pone en el lugar y
condiciones de la persona ofendida y se aprovecha de sus
derechos. El hijo no puede mezclarse en el asunto de su
padre si este es el agresor.
7.° Puede haber ofensas graves que traen con ellas la
necesidad de una represalia inmediata; pero en regla
general, es necesario siempre evitar estas pendencias
donde la violencia sola puede arrastrarnos. No hay nece-
sidad, para batirse, de tener una lucha, y una lucha trae
necesariamente un duelo á muerte.
8° Hay diferentes grados en las ofensas, que clasifica-
remos así: ofensa; ofensa con insulto; ofensa con golpes ó heri-
das. En estos tres casos, el ofendido no tiene los mismos
privilegios.
g." El ofendido, elige las armas, que vienen por esto
á ser las del agresor.
10." El ofendido, con insulto graye, elige su duelo y
sus armas.
11." El ofendido, con golpes ó heridas, elige su duelo,
sus armas, sus distancias, y puede exigir que su adversa-
rio no»se sirva de armas que le pertenezcan; pero él debe
en este caso no servirse de las suyas.
i2.<' La elección del duelo, no puede hacerse sino en-
tre los duelos legales; si se quisiera recurrir á los duelos
DE LA OFENSA. 185
excepcionales, que pueden ser rehusados hasta por el
agresor, sería necesario el consentimiento mutuo de los
combatientes y un proceso verbal, además de lo conve-
nido respecto á esto entre los testigos.
CAPITULO II.
De la naturaleza de las armas.
Hay tres géneros de armas legales: la espada, la pis-
tola, el sable.
I." Toda otra arma es de convención recíproca, y hasta
el sable puede ser rehusado por el agresor, si es oficial
retirado, y si no es á propósito para servirse de él: puede
siempre ser rehusado por un individuo del estado civil-(r).
2." Las armas deben ser de tal naturaleza que puedan
servir en duelo.
CAPÍTULO III.
Del duelo y del reto.
i,° Cuando el cartel ha sido pedido, el que lo pide,
sea el ofendido ó el agresor, debe dar, en cuanto le sea
posible, su nombre y sus señas, y el que los recibe debe á
(1) En España sucede respecto á este punto, que el arma rehusada algunas
veces es la espada por exigir su esgrima mayores conocimientos de los que
aquí se tienen. La costumbre hace ley.— (N, del T.)
i86 CÓDIGO D E L DUELO.
su vez responder á este reto, con sus señas y su nombre.
2.° Los dos adversarios deben buscar en seguida sus
testigos y enviarse recíprocamente el nombre y las señas
de dichos testigos.
3.° Si los adversarios se dan cita, si convienen en las
armas (cap. iv, art. 7,°), es una precipitación censurable,
puesto que no cambia nada en la naturaleza del asunto,
sino es para agravar el peligro de tal encuentro; ó hacerlo
irrisorio con tardías explicaciones.
4.° El honor no puede sufrir ninguna mancha en la
declaración de un error por parte del que realmente lo
hubiera tenido. Si el que ha insultado da reparación suñ-
ciente, si esta reparación puede anular la ofensa, según el
dicho de los testigos del mismo que ha hecho la injuria;
si estos testigos declaran que en igual caso ellos se darían
por satisfechos, y que eStán dispuestos á firmarlo; si el
que ha calumniado escribe una carta de reparación bien
explícita, el que ha dado la reparación, si esta no es acep-
tada, no toma ya el papel de agresor, y las armas se so-
meten á la suerte; pero, de un golpe no hay excusa posi-
ble. Estas reparaciones no son válidas sino hechas delante
de los testigos reunidos (cap. iv, art. 3."). Es necesario
siempre evitar que esta especie de arreglos tengan lugar
sobre el terreno, á menos que, por su posición social,
haya habido imposibilidad para los testigo» de encon-
trarse antes.
5.° Sin embargo si, las armas en la mano, le parece
bien á uno de los combatientes presentar al otro excusas
válidas que los testigos de la parte contraria reciban como
buenas, la censura no puede caer sino sobre el que las ha
presentado.
6.° Si son los testigos quienes, sobre el terreno pre-
sentan estas excusas en el lugar y puestos del combatiente
DEL DUELO Y DEL RETO.. 187
que ellos asistan, la censura, si hay lugar á ella, recaería
sobre ellos solos; pues este último debe deferencia á sus
opiniones; ellos se han hecho responsables y garantes de
su honor.
7.° Ningún cartel puede ser enviado colectivamente.
Si un cuerpo, una asociación, una reunión cualquiera de
muchos individuos ha recibido un insulto, no corresponde
al cuerpo, á la asociación ó á la asamblea, sino el derecho
de enviar uno de sus miembros para vengar este insulto.
Un cartel en nombre colectivo es siempre rehusable y
corresponde al que le recibe, escoger entre los que le pre
sentan, ó pedir que la suerte designe á uno de ellos.
8.° Sería entender mal los deberes de la amistad, del
parentesco, aun cuando fuese en grado fraternal querer
tomar venganza del que, defendiendo su vida con honor,
hubiese tenido la ventaja sobre el amigo, el pariente ó el
mismo hermano del que quisiera tomar de ello venganza
por medio de un reto; podría asimilarse á la familia que
osara aprovecharse de los beneficios de la ley y persi
guiese injustamente.
9.° Todo duelo debe tener lugar dentro de las 48 horas,
á menos de una convención contraria por parte de los
testigos,^
CAPÍTULO IV.
De los testigos; de sus deberes en generaL
i.° Los testigos deben ser dos para cada uno de los
combatientes para el duelo al sable y á la'pistola. Un tes
tigo para cada uno bast^ para el duelo á la espada; pero
siempre es mejor, si fuera posible, tener dos testigos.
188 CÓDIGO DEL DUELO.
2.° Los testigos del que pide el cartel deben buscar á
los del adversario, ó darles cita para fijar las condiciones
^el combate.
3." Los testigos deben juzgar de la necesidad ó de la
inutilidad del lance, decir su opinión respecto á ello á la
persona que representan, según el art. 4.% cap. iii. Des-
pués de haber consultado con el campeón que ellos asis-
ten, á fin de no dejar escapar ninguna probabilidad que le
s6a ventajosa, deben reunirse, esforzarse para arreglar el
asunto si es susceptible de arreglo; discutir entre ellos las
armas, las distancias, fijar la hora de la cita y advertir de
ello á los combatientes. Deben también convenir, confor-
mándose á las reglas establecidas, sobre todos los puntos
que pudieran presentar alguna dificultad sobre el terreno.
4." Los testigos no son segundos; cada segundo debe
tener sus testigos, si es bajo este título como han sido
elegidos por su amigo.
- 5.* Ningún testigo debe aceptar un duelo inmediato.
És un asunto nuevo que no es ya, de ningún modo, de la
misma naturaleza.
6,° El deber de los testigos consiste en arreglar las
cosas de modo que haya la menor desventaja posible para
el que ellos acompañan; sin embargo, deben ser justos,
equitativos y corteses los unos con los otros.
7.° Si el asunto se presenta sobre un caso grave, si el
insulto es patente, si ho piíede haber en él discusión sobre
las armas, si cada uno de los combatientes es apto para
servirse de ellas, la cita dada ya y aceptada, el duelo
escogido por los dos adversarios, los testigos llamados
pueden consentir en lo ya convenido, velar por k ejecu-
ción legal del combate, que tiene lugar sin otra formali-
dad, pero según las reglas prescritas en el capítulo pri-
mero dé cada arma.
DE LOS TESTIGOS; DE SUS DEBERES, ETC. 189
8i° Debe evitarse [Link] más de diez minutos sobre
el terreno sin que Jos combatientes vengan á las manos,
g.° Los testigos deben declarar en primer lugar cuáles
son las armas que ellos eligen, y conformarse con los artí-
culos 9.°, io.° y 11.° del primer capítulo. ,
io.° Los testigos del insultado, si se trata de la espada,
pueden pedir qi^e el hierro se pueda desviar con la mano
izquierda. Los testigos del agresor tienen el derecho de
aceptar ó rehusar esta demanda. (Véase cap. v, art. 14.°)
ii.° Los testigos del agresor pueden rehusar, si se
trata de la pistola, el duelo á la señal, si este campeón no
ha cometido hacia su antagonista ningún acto de vio-
lencia,
12.° Los testigos deben convenir entre ellos, si se
detendrá á los combatientes para hacerles tomar aliento.
13.° Deben convenir entre ellos sin dar parte á su
amigo, si el combate terminará á la primera herida dada
ó recibida; la gravedad del asunto, ó su poca importancia,
debe ser en esto su guía.
14.° Si se pondrán guante de Sala de armas ó algo que
rodee la mano, aparte de un cordón; un guante ordinario
es siempre permitido.
15.° Los testigos no deben nunca declarar entre ellos
que el duelo es á muerte; pero pueden declarar que con-
vendrá reanudarlo si se trata de un asunto grave, y tam-
bién cambiar de armas si el insultado está en el caso
del ii.° artículo del primer capítulo..
i6,° Los testigos pueden rehusar la espada si se trata
de un hombre lisiado de modo que no pueda servirse de
ella, á menos que el insultado no esté en el caso del artí-
culo 11." del primer capítulo.
17.° Los testig9S de un tuerto pueden rfehusar la pis-
tola, á menos que él sea el agresor, y que el insultado
igo CÓDIGO DEL DUELO.
esté en el caso de los artículos lo." y ii.° del primer capí-
tulo. Los testigos de un hombre que haya perdido el
brazo derecho, pueden rehusar el sable 6 la espada, á
menos que él sea el agresor, y que el insultado esté en el
caso d d art 11." del primer capítulo.
i8.° Los testigos del hombre que haya perdido una
pierna, pueden rehusar el sable 6 la espada, á menos que
él sea el agresor y que el insultado esté en el caso del ar-
tículo 11." del primer capítulo. Pero si los testigos son los
que rehusan, los del insultado^ en tal categoría, eligen
entre los duelos á la pistola, su duelo y sus distancias.
xg." Los testigos de un joven no deben nunca dejar
que se bata con un hombre de más de 6o años de edad, á
menos que el joven haya sido golpeado por el que ha
pasado de la edad de los combates. Es necesario también
que este último le envíe por escrito el cartel 6 su acepta-
ción al cartel. Su rehuse á escribir equivale á un rehuse
de duelo, y todos los testigos reunidos levantan respecto
á esto, un proceso verbal que debe bastar al honor ofen-
dido del joven.
20.° Los testigos deben, si el asunto tiene lugar contra
las reglas, levantar un proceso verbal y perseguir al autor
de la infracción, ante los tribunales, por todas las vías del
derecho que estén en su mano.
21." Los testigos de la parte contra la cual se eleva
una queja por contravención 6 asesinato, están obligados,
por su honor, á declarar la verdad. Por otra parte, esta
falta no puede recaer sobre ellos á menos que hayan pres-
tado su ayuda, lo cual no es de suponer.
22.° Los testigos deben suspender el combate con
riesgo y peligro suyo, si se aperciben de que hay contra-
vención á las reglas establecidas ó de que se ha producido
herida.
DE LOS TESTIGOS; DE SUS DEBERES, ETC. 191
23." Los testigos pueden siempre suspender un com
bate, por consentimiento entre ellos, cuando los dos cam
peones se han batido bravamente; esto depende de su
voluntad, pero más aun de la nataralfea del asunto.
24.° Los testigos provocados por otros testigos por
algo relacionado con el duelo á que asisten, si tienen
razón en la discusión que da lugar á este nuevo reto,
tomarán el puesto del ofendido, según el art. i i . ' del pri
mer capítulo.
25." Un padre, un hermano, un hijo, un pariente, en
fin, en primer grado, 00 puede ser testigo de su pariente
ni contra su pariente.
CAPÍTULO V.
Del duelo á la espada.
:." Llegados sobre el terreno, los adversarios no deben
tener entre ellos ninguna explicación, siendo sus testigos
los delegados de sus poderes, y si por ignorancia de lo
que debe hacerse, se reuniesen y tomasen una decisión
cualquiera, puede ser considerada por los testigos como
nula y no acaecida.
2." Los testigos, después de haberse entendido sobre
el terreno más igual para los campeones, y más á propó
sito para el combate, marcan los dos sitios de los conten
dientes á una distancia mayor de dos pies, de la que sería
necesaria para que se tocasen las puntas de las espadas
estando Afondo los adversarios.
3.° Estando elegidos los sitios por los testigos lo más
igualmente posible, se sortearán.
iga , CÓDIGO DEL DUELO.
4." Cuando los combatientes están en su puesto» los
testigos miden .las armas, que deben ser iguales.
5.° Las hojas de las espadas no deben, en ningún
caso, ser cortantes ni melladas.
6." Se invita á los combatientes á despojarse de sus
ropas, y deben descubrir su pecho de modo que deje ver
á los testigos que no existe ningún cuerpo extraño qtíe
pueda parar una estocada. Un rehuse de su parte, equi-
valdría á un rehuse de combate.
7,° El insultado puede siempre servirse de sus armas,
si estas son propias para el combate, y si está en el caso
del II.'artículo del primer capítulo.
8.° Si por imprevisión las armas no fuesen iguales, la
suerte decidiría de la elección, á menos que la diferencia
fuera demasiado grande y el arma inadmisible para un
combate de este género.
9.° El pañuelo, con el cual el combatiente se rodee la
mano, no debe colgar; los testigos de su adversario, des-
pués de habérselo hecho presente, pueden requerirle para
que se lo quite y no se sirva sino de un cordón.
10." Si se ha convenido en usar guante de armas,
puede servirse de él uno de los duelistas aun cuando el
otro rehuse ponérselo; pero si no se ha llevado más que
uno, ninguno debe tener esta ventaja.
II." Cuando los combatientes está[Link] á frente, el
testigo designado por la suerte debe hacerles presente las
condiciones adoptadas para el combate, á fin de que no
se separen de ellas bajo pretexto de ignorancia. Después
de esta declaración, dará la señal con esta sola palabra:
/adelante!
12.° Si antes de esta señal las espadas se han tocado ó
juntado por la voluntad sola de los combatientes, esta
demostración equivale á la señal; pero el que primera-
DE LOS TESTIGOS; DE SUS DEBERES, ETC. 193
mente ha avanzado es censurable, y los testigos indistin-
tamente pueden decírselo.
13.° Los testigcÉístán armados cada uno con una es-
pada ó un bastón quíí#?ndrán con la punta baja; se colo-
can de csda lado de¿¿fes combatientes mirando atenta-
mente, y dispuestos á suspender el duelo si se efectúa fuera
de las reglas ó si hubiere herida.
14.° En todo duelo á la espada, para evitar que uno
de los combatientes pueda desviar con la mano izquierda
el arma de su adversario, está prohibido parar con esta
mano á menos de una convención (art. io.°, cap. iv).
15.° Si uno de los combatientes desvía el hierro de su
adversario con la mano izquierda y el convenio no se
hubiese hecho expresamente, el testigo de la parte perju-
dicada puede pedir que la mano del contraventor se sujete
de modo que no pueda volverlo á hacer.
16.° Plegarse, enderezarse, echarse á la derecha, á la
izquierda ó hacia adelante, romper, dar vuelta alrededor
de su adversario, está en las reglas del combate.
17.° Herir á su adversario cuando está desarmado,
cuando está en tierra, cogerle la mano ó el cuerpo^ coger
su espada con la mano, está fuera de las reglas de este
duelo.
18.° Un combatiente está desarmado cuando su espada
ha salido visiblemente de su mano ó se ha escapado de
ella.
19.° Cuando uno de los combatientes declara estar
herido ó uno de los testigos, cualquiera que sea, se aper-
cibe de ello, el combate debe suspenderse inmediatamen-
te, hasta que plazca á su testigo decir: continimd. No debe
hacerlo sino después de tener el consentimiento del com-
batiente herido. (Véase Deberes de los testigos.)
20." Si el herido, después de la suspensión del comba-
'3
194 CÓDIGO DEL DUELO.
te, continúa cruzando el hierro con precipitación ó se
arroja sobre su adversario, esto equivale á su asentimiento
de continuar el combate, pero sus testigos deben detenerle
de nuevo y reprenderle. Si después de la suspensión del
combate y de haber declarado que hay herida, el que está
intacto se arroja á su vez sobre su adversario, todos los
testigos deben detenerle y debe considerarse que ha obra-
do contra las reglas de este duelo.
21." Si uno de los testigos en los casos precitados, ó
viendo la fatiga de los campeones, levanta el bastón ó la
espada, esto equivale á su asentimiento de suspender. El
testigo de la parte adversa puede decir alto, y los comba-
tientes rompen un paso para cesar. Pero deben permane-
cer siempre en guardia, aun en el caso de que uno de ellos
crea haber herido á su adversario.
22." Si uno de los dos combatientes es herido ó muerto
fuera de las reglas del combate, los testigos deben atener-
se á los artículos 20.° y 21.° del cap. iv.
CAPITULO VI.
De los duelos á pistola.
Hay muchos duelos á pistola, pero una regla común á
todos es que la distancia más corta ha de ser de 15 pasos,
que el guión de las armas debe estar perfectamente sujeto,
y que no debe haber entre estas armas una diferencia de
más de 15 líneas en el largo del cañón. Es preferible, y
los testigos deben desear en esta suerte de encuentros, que
las pistolas de combate no sean rayadas y que las armas
sean de la misma naturaleza.
DUELO Á PISTOLA, Á PIÉ FIRME. 195
Duelo á pistola, á pié firme.
i.° Los testigos matean lo más igualmente posible
los puestos y las distancias, que deben ser de 15 á 35
pasos.
1° Después de haberse escogido los puestos, lo más
igualmente posible, se sortearán,
3.° Las armas deben ser iguales y del mismo par de
pistolas; sin embargo, puede convenirse anticipadamente
que cada uno se servirá de las suyas.
4.° El insultado, si está en el caso del art. ii.° del
cap. I, puede servirse de sus armas, pero dando una de
ellas á su adversario, que puede aceptarla ó pedir otras, ó
en este caso, servirse de las suyas.
5.° En el caso del artículo que precede, aquel á quien
pertenecen las armas debe ceder la elección de ellas á su
adversario, á menos que cada uno no tome las suyas pro
pias. De otro modo los testigos deben sortear entre ellos
cuál de los dos campeones será el que elija entre las armas
destinadas á este combate.
6.° Los testigos deben cargar las armas con la más es
crupulosa atención y estando todos presentes. Cada uno
de ellos, si es el mismo par de pistolas el que sirve para
el combate, debe dar á su parte adversa la medida de su
carga, comparando con la misma baqueta el contenido de
las pistolas. De otro modo, se cargan delante de los cua
tro testigos y la una después de la otra.
7.° Uno de los testigos de cada uno de los combatien
tes conduce á su amigo al puesto que la suerte le ha de
signado por suyo.
8.° Si las distancia&.se han fijado á 35 pasos, el insul-
196 CÓDIGO DEL DUELO.
tado, si está en los casos del art. lo." y ii.° del cap. i,
tira el primero. Si las distancias son más cortas los testi-
gos sortean entre ellos para saber cuál de los dos campeo-
nes tirará el primero.
9." Los testigos se aproximan al combatiente adversa-
rio antes de fijar los puestos, y este último está obligado á
hacerlos ver que ningún cuerpo extraño puede defenderle
de la bala: su rehuse equivaldría al rehuse del duelo.
10." Los testigos se colocan todos del mismo lado.
II." Después de colocados los testigos, uno de ellos,
designado por la suerte, dice á los combatientes cuáles son
las convenciones del duelo; después dirá: preparaos.
12." Después de la palabra «preparaos» que previene
para la señal, añade para dar esta señal: tirad.
13.° Los tiros que fallen se cuentan como tirados, á
menos de convenir en lo contrario.
14.° Si hay herida, el herido puede, si tiene fuerza
para ello, tirar sobre su adversario; si no lo ha hecho des-
pués de dos minutos pierde este derecho.
15." Cuando se han disparado los dos tiros sin que
haya herida, y el duelo continúa, se vuelven á cargar
las pistolas del mismo modo que antes.
16.° Si uno de los combatientes es herido ó nauerto
fuera de las reglas del combate, los testigos deben ate-
nerse á los artículos 20.° y 21.° del cap. iv.
Duelo á pistola, á voluntad.
Las cosas deben pasar del mismo modo que en el ante-
rior, salvo derogar el art. 8." del Duelo á pié firme; los
combatientes son colocados á 25 pasos vueltos de espalda
el uno respecto al otro; la señal se da con la sola pala-
DUELO Á PISTOLA, MARCHANDO. 197
bra ¡tirad! y entonces los combatientes se vuelven y tiran
cuando les parece.
Duelo á pistola, marchando.
i.° Llegados sobre el terreno, los testigos marcan las
distancias, que deben ser de 40 á 35 pasos; dos líneas
deben tirarse igualmente entre estas dos distancias, que
deben estar separadas la una de la otra de 20 á 15 pasos;
de este modo, cada combatiente puede marchar diez pasos.
2.° Después de haber elegido los sitios lo más igual-
mente posible se sortearán.
3.° Las armas deben ser iguales sobre poco más ó
menos y mejor si son del mismo par de pistolas, á menos
de que no se haya convenido anticipadamente que cada
uno se servirá de las suyas.
4.° El insultado puede servirse de sus armas si está en
el caso del art. ii.° del cap. i, con la obligación de dar la
otra igual á su adversario, que puede rehusarla en este
caso y servirse de las suyas.
5.° Que los testigos estén de acuerdo en dejar á los
combatientes servirse del par de pistolas perteneciente á
uno de ellos, ó que uno de los combatientes esté en la cla-
se del artículo que precede, el propietario de las armas
debe siempre dar la elección á su adversario.
6." Los testigos deben cargar las armas los unos de-
lante de los otros. Cada uno de ellos debe hacer ver á su
parte adversa la medida de su carga, introduciendo la ba-
queta en el cañón.
7.° Los testigos conducen á su amigo al puesto que le
ha designado la suerte.
8." Los testigos juegan á la suerte cuál de los dos com-
198 CÓDIGO DEL DUELO.
batientes elegirá arma, á menos que estén en los casos de
los artículos 4.° y 5.° del presente capítulo.
9." Los testigos se acei'can al combatiente que es su
parte adversa y este debe mostrarles que ningún cuerpo
extraño puede defenderle de la bala. Su rehuse equivaldría
al rehuse del duelo.
10.° Los testigos, después de haber puesto las armas
en manos de las partes contendientes, se colocan del mis-
mo lado.
11." El testigo designado por la suerte, recuerda á los
combatientes las convenciones del duelo, y después da la
señal con la palabra: adelante.
12." Los combatientes marchan, si así les parece, pero
deben marchar recto, el uno sobre el otro; están obligados
á llevar verticalmente su pistola al marchar; pueden apun-
tar deteniéndose, y también sin tirar, volver á marchar
después, llegar hasta la línea trazada por un bastón ó un
pañuelo entre las distancias, sin traspasarla nunca; tirar
desde su puesto antes de marchar, tirar después de haber
marchado, tirar cuando bien les parezca.
13.° Se puede siempre disparar sobre su adversario
cuando no se ha tirado; se puede también avanzar hasta
la línea trazada; pero el adversario no está obligado á
avanzar, sea que él haya recibido el disparo ó que no lo
haya recibido.
14.° El que ha tirado debe esperar el disparo de su
adversario en la inmovilidad más perfecta; sin embargo,
este último no debe emplear más de un minuto de inter-
valo en avanzar y tirar.
15.° El herido puede tirar sobre su adversario, pero,
si no lo ha hecho, no tiene más que un minuto para hacer-
lo , á contar desde el momento en que ha sido herido, y
dos minutos si ha caído.
DUELO Á PISTOLA, MARCHANDO. 199
16.° En esta especie de duelo se pueden dar dos pisto
las á cada uno de los ^ ^ r s a r i o s , pero los testigos no
deben consentirlo más q^gsuando uno de los combatien
tes se encuentra en el casd del art. 11." del primer capítulo.
17.° Si se conviene en dar dos pistolas á cada uno de
los combatientes, el mismo par no puede servir á uno solo,
cada uno tiene una pistola de cada par. Sin embargo,
bajo su demanda precisa, pueden servirse cada uno de las
suyas por consentimiento mutuo si no hay oposición por
parte de los testigos.
18.° Los testigos, si las cosas suceden como consta en
el art. 16.° del presente duelo, no pueden suspenderlo sino
después de haberse disparado los cuatro tiros, á menos
que haya habido un herido; el combate debe entonces
necesariamente suspenderse, y el herido, si no ha tirado
simultáneamente al recibir la herida, no debe hacerlo,
teniendo en cuenta que su adversario, pudiendo tener la
segunda pistola cargada, tendría una grandísima ventaja
sobre él, aun aguantando su fuego. .
19.° Si el duelo continúa, se cargan las armas lo
mismo que antes; pero no puede continuar si uno de los
dos está heridoi aun cuando lo solicite el combatiente
herido, á menos de que los testigos no juzguen que está
apto para el combate.
20." Si uno de los combatientes es herido ó muerto
fuera de las reglas del combate los testigos deben obrar
según los artículos 20.° y 21.° del cap. iv.
Duelo á pistola, á marcha interrumpida.
I." Llegados sobre el terreno, los testigos marcan las
distancias que deben ser de 50 á 45 pasos. Dos líneas
200 CÓDIGO D E L DUELO.
deben trazarse igualmente entre estas distancias que han
de estar separadas la una de la otra, de 20 á 15 pasos; de
este modo cada uno de los combatientes puede marchar
quince pasos.
2.° Después de haber elegido los puestos lo más igual-
mente posible, se sortearán. La suerte decide igualmente
cual de los dos. campeones elegirá entre las armas desti-
nadas á esté combate.
3.° Las armas deben ser desconocidas para los com-
batientes y del mismo par de pistolas.
4.° Los testigos deben cargar las armas delante los
unos de los otros; cada uno de ellos debe hacer ver al tes-
tigo adversario la medida de su carga, introduciendo la
ii\ baqueta en el cañón.
,« * j 5.° Los testigos conducen á su amigo al puesto desig-
^^f *,/ nado por la suerte.
^»^MV/' 6'° ^°^testigos se aproximan al combatiente adversa-
•• '' rio, y este debe hacerles ver que ningún cuerpo extraño
puede defenderle de la bala. Su rehuse equivaldría al
rehuse del duelo.
7.° Los testigos dan las armas comenzando por el
que la suerte ha designado como el que debía escoger
entre ellas.. .
8." Los testigos ocupan sus puestos del mismo lado.
9." El testigo designado por la suerte, dice á los com-
batientes las convenciones del duelo, después da la señal
con la palabra ¡adelante!
10." Los combatientes marchan el uno hacia el otro;
pueden marchar en zig-zag no alejándose, sin embargo,
más de dos pasos de cada lado de la línea recta que les
conduce á la línea intermedia; pueden marchar recto á
este punto, detenerse, permanecer en su puesto si lo juz-
gan más ventajoso, apuntar sin tirar, incluso marchando.
DUELO Á PISTOLA, Á MARCHA, ETC. 201
detenerse y tirar, pero hecho el primer disparo, los dos
campeones deben quedar en sus puestos.
í i . " Aquel de los dos campeones que no ha tirado,
puede hacerlo, pero sin avanzar.
12.' Él que ha tíaído debe esperar el fuego de su
adversario en la inmovilidad más absoluta, pero el adver
sario no tiene más que medió minuto para hacer fuego; si
deja pasar este lapso de tiempo, los testigos deben hacerle
bajar su arma.
13." El herido puede tirar sobre su adversario, pero
no tiene más que un minuto para hacerlo, á contar del
tiempo en que ha caído.
14.° Si el duelo continúa, las cosas deben suceder
como anteriormente se ha dicho; pero, no puede continuar
si hay un herido, á pesar de las instancias del herido, á me
nos del consentimiento de sus testigos.
15.° Si uno de los combatientes es herido ó muerto
fuera de las reglas del combate, [Link] obrarán
según los artículos 20.° y 21.° del cap. iv.
Duelo á pistola, en lineas paralelas.
I." Llegados sobre el terreno, los testigos trazarán dos
líneas paralelas á 15 pasos la una de la otra, teniendo
cada una de 35 á 25 pasos de largo.
2." Después de haber elegido los puestos lo más igual
mente posible, serán sorteados. La suerte decide igual
mente cual de los dos campeones será el primero que
escoja entre las armas destinadas á este combate.
3.°' El insultado puede servirse de sus armas .si está
en el caso del artículo 11.° del primer capítulo, dando otra
202 CÓDIGO D E L DUELO.
igual á su adversario que puede rehusarla y servirse en
este caso de las suyas.
4." Si los testigos están de acuerdo en dejar á los com-
batientes servirse de un par de pistolas que pertenezca á
uno de ellos, ó uno de los combatientes está en el caso
del artículo que precede, el propietario de las armas dará
la elección entre ellas á su adversario.
5." Cada uno puede servirse de las propias armas si lo
hubieran convenido los testigos; no siendo así, las armas
han de ser iguales poco más ó menos, y mejor aún, del
mismo par,
6." Los testigos deben cargar las armas unos delante
de otros. Cada uno de ellos debe hacer ver al testigo ad-
versario la medida de su carga, introduciendo la baqueta
en el cañón.
7." Los testigos conducen á sus amigos al puesto de-
signado por la suerte. Estos puestos están á la extremidad
de cada línea paralela, el uno frente al otro.
8.° Los testigos se aproximan al combatiente adversa-
rio, y este les hace ver que ningún cuerpo extraño puede
defenderle de la bala. Su rehuse equivaldría á un rehuse
de duelo.
9.° El testigo designado por la suerte se aproxima á
los combatientes y les recuerda las convenciones del
duelo.
10." Los testigos dan las armas y ocupan su puesto
diseminándose, es decir, dos testigos adversarios detrás de
un combatiente, y los otros dos, detrás del otro; se coloca-
rán inversamente de manera que estén al abrigo del fuego
y á distancia de suspender el lance si fuera preciso. El
designado por la suerte da la voz de ¡adelante!
II." Los campeones marchan, no el uno hacia el otro,
sino cada uno en la dirección de la línea que le ha sido
DUELO Á PISTOLA, EN LINEAS, ETC. 203
trazada, á voluntad, de modo que, siguiendo esta línea, se
encuentran necesariamente á 15 pasos hayan marchado
ó.se hayan detenido.
12.° Aquel de los campeones que quiera tirar, debe
detenerse, pero puede detenerse sin tirar y marchar des-
pués que su adversario ha tirado. Cada uno puede tirar á
voluntad.
13,° Si uno de los campeones es herido, puede tirar
sobre su adversario que no está obligado á avanzar, pero
no tiene para hacerlo más que dos minutos á partir del
momento en que ha caído.
14.'. El que ha tirado primero debe esperar el fuego
de su adversario en la inmovilidad más absoluta. Sin em-
bargo, este no debe tardar más de medio minuto en avan-
zar y tirar; no haciéndolo así, los testigos deben hacerle
bajar su arma.
15.° Si el duelo continúa, las cosas deben suceder
como ya se ha dicho. No puede continuar si hay un
herido, á menos que sus testigos consientan en ello según
su demanda.
i6.° Si uno de los combatientes es herido ó muerto
fuera de las reglas de este duelo, los testigos deben obrar
según los artículos 20." y 21.° del cap. iv.
Duelo á pistola, á la señal.
I." El duelo á la señal es el que requiere más aten-
ción, pues se trata de la vida y el honor.
2.° Llegados al terreno, los testigos marcan lo más
igualmente posible los puestos y las distancias que deben
ser de 35 á 25 pasos.
3. ° La elección de los puestos se sortea.
204 CÓDIGO DEL DUELO.
4.° Es preciso servirse, tanto como sea posible, de
armas desconocidas para los campeones, pero del mismo
par de pistolas. El insultado, si está en el'caso del artí-
culo i I." del primer capítulo, puede servirse de sus armas
con la obligación de dar una de ellas á su adversario, que
puede tomarla ó rehusarla y servirse en este caso de las
suyas.
5.° Los testigos deben cargar las armas los unos de-
lante de los otros, y cada uno de ellos debe mostrar á su
parte adversa la medida de su carga introduciendo la ba-
queta en el cañón.
6." Después de haber sorteado los puestos, los testigos
conducen á sus amigos al que le ha sido designado.
7." La elección de armas, si se trata del mismo par de
pistolas, se sortea, á menos que cada uno de los comba-
tientes , por convención recíproca, se sirva de las suyas
con el consentimiento unánime de los testigos.
8.° Uno de los testigos del insultado, si el insultado
está en el caso del art. 11. ° del primer capítulo, es el que
debe dar la señal; pero debe darla con intervalos de tres á
nueve segundos ó de dos á seis segundos: es decir, tres
segundos entre cada palmada, que produzcan nueve se-
gundos para las tres, ó dos segundos entre cada palmada
que produzcan seis para las tres. No hay obligación de
hacer saber á los testigos adversos la elección que se ha
hecho entre estos dos modos de dar la señal.
9." Si el insultado no está en el caso del art. i i . " del
cap. I, los testigos sortean quien dará la señal.
io.° La señal, en el caso de los artículos que prece-
den ( I ) , se da por medio de tres palmadas, á iguales dis-
(l) Debe querer decir «el artículo que precede».—("iV. del T.)
DUELO Á PISTOLA, Á LA SEÑAL. 205
tandas las unas de las otras, en el intervalo de dos segun-
dos á seis segundos para IQS tres golpes.
ii.° Los combatientéi así que hayan recibido sus ar-
mas, deben montarlas y tenerlas con la boca del canon
hacia el suelo, esperando la señal.
12." A la primera palmada, los combatientes deben
levantar el arma; á la segunda y hasta la tercera, apuntar;
á la tercera, tirar simultáneamente estén ó no estén en
línea de tiro.
13.° Si uno de los combatientes dispara antes de la
tercer palmada ó medio segundo después de ella, se le
juzgará hombre sin fe, y si mata, un asesino. Si tira antes
de la tercer palmada, su adversario puede tomar todo el
tiempo que quiera para apuntar y tirar sin escrúpulo.
14.° Si uno de los combatientes ha tirado á la tercer
palmada según la regla, y el otro campeón continúa apun-
tando, los testigos deben arrojarse entre los adversarios
con riesgo y peligro suyos, y hacer [Link] armas; y en
este caso los testigos del que ha obrado según las conven-
ciones, pueden pedir otro duelo y rehusar este; y los tes-
tigos del que continuaba apuntando reprenderle fuerte-
mente y consentir en otro duelo.
15.° El testigo que ha de dar la señal debe antes de
hacerlo decir en alta voz á los combatientes: «Acordaos
señores que el honor exige que cada uno de vosotros tiré
á la tercer palmada, no levante el arma antes de la prime-
ra, y no tire antes de la tercera: voy á dar la señal que
será de tres palmadas.» Después da la señal.
i6.° Si ninguno de los combatientes e^tá herido y el
duelo continúa, todo debe continuar como se ha dicho.
17.° Si uno de los combatientes es herido ó muerto
fuera de las reglas del combate, los testigos se atendrán á
los artículos 20.° y 21.° del cap. iv.
2o6 CÓDIGO DEL DUELO.
CAPÍTULO VII.
Del duelo á sable.
1.° Es preciso que cada combatiente tenga dos testigos
para esta especie de duelo, y uno de ellos debe estar ar-
mado de un sable; los testigos deben procurar que los
combatientes se sirvan de sables corvos, como menos pe-
ligrosos.
2.° Llegados sobre el terreno, los adversarios no deben
tener entre ellos ninguna explicación, los testigos son en
absoluto los que tienen sus poderes.
3." Después de haberse puesto de acuerdo los testigos
sobre el terreno más igual para los campeones y más á
propósito para el combate, marcan los dos puestos á un
pié de distancia de las puntas, calculando las distancias
como si los dos adversarios estuviesen á fondo.
4.° Después de haber sorteado los testigos la elección
de los puestos, conducen á sus amigos al que le ha corres-
pondido.
5.° Para este duelo se sirven ordinariamente de guante
con manopla, pero los testigos del insultado, si este está
en el caso del art. ii.° del cap. i, pueden exigir que no se-
sirvan de ellos. Sin embargo, se considera como adquirido
el derecho de rodearse la mano con un pañuelo ó con un
guante ordinario, el pañuelo no debe colgar.
6.° Si el insultado, en los casos délos artículos 10.°
y ii.° del primer capítulo, quiere servirse de guantes con
manopla, los testigos deben presentar uno igual á su ad-
DEL DUELO Á SABLE. 207
versario, y si este lo rehusa, el insultado puede servirse
de él y su adversario del suyo propio.
7.° Cuando los combatientes están en sus puestos, los
testigos miden las hojas que deben ser iguales. La elección
de arma, si es del mismo par de sables, se sorteq. Si por
imprevisión, las armas no fueran iguales, se sortearían
igualmente, pero si las armas son demasiado despropor-
cionndas para este combate, debe prorogarse.
8.° Sin embargo, derogando el artículo precedente, si
los dos combatientes son de un mismo regimiento, cada
uno se sirve de su propio sable, con tal de que los sables
sean de la misma montura y de la misma naturaleza.
g." El insultado, si está en la clase del art. 11." del
cap. I, puede servirse de armas suyas, con la obligación
de ofrecer otra semejante á su adversario, que puede re-
husarla, y servirse en este caso de las suyas: sin embargo,
si la diferencia de estas armas es desventajosa para el uno
ó para el otro, los testigos deben obviar este inconvenien-
te , sea prorogando el duelo 6 presentando los testigos
adversarios dos pares de sables que convengan á los testi-
gos del insultado. La elección del par corresponde en este
caso al insultado; y en el par adoptado, la elecsción del
sable pertenece á su adversario.
10.° Los testigos, después de haber invitado á los com-
batientes á despojarse de la levita y chaleco, se aproximan
al campeón adversario, y este debe hacerles v^r su pecho
descubierto de modo que tengan la seguridad de que nin-
gún obstáculo puede oponerse á la punta 6 al corte del
sable. Su rehuse equivaldría ai rehuse del combate.
11.° Terminados estos preliminares, el testigo desig-
nado por la suerte explica á los combatientes cuáles son
las convenciones del duelo, y se les entregan las armas
advirtiéndoles esperen la señal.
2o8 CÓDIGO DEL DUELO.
12.° Cuando los testigos están colocados, dividiéndose
á cada lado de los combatientes, el testigo designado por
la suerte da la señal con la palabra: adelante.
13.° Si antes de la señal las puntas de los sables se han
juntado por la voluntad de los combatientes, esta demos-
tración equivale á la señal; pero si uno de ellos la provo-
ca, esta acción es censurable.
14.° Cuando se ha dado la señal, los combatientes se
dirigen golpes de punta, de corte, avanzan, rompen, se
encorvan, dan vueltas, salen de línea, se plegan y toman
las actitudes que crean más ventajosas: tales son las reglas
del combate.
15." Herir al adversario que está desarmado, cuando
ha caído en tierra, cogerle los brazos ó el cuerpo 6 su arma,
está fuera de las reglas del combate.
16." Un combatiente está desarmado, cuando su sable
ha saltado visiblemente de la mano ó se ha escapado de
ella.
17.° Cuando es herido uno de los combatientes, sus
testigos deben suspender el combate hasta que les parezca
volverlo á comenzar.
18.° Cuando, sin que haya herida, uno de los testigos
quiere suspender el combate, lo indica así con una seña al
testigo adversario, levantando su bastón ó su arma, y á su
respuesta afirmativa, por la misma seña, puede suspender
el combate.
19.° Puede haberse convenido anteriormente entre los
testigos, suspender el duelo á primera ó á segunda sangre;
la humanidad y la gravedad del asunto deben guiarles
en esto.
20.° Si uno de los combatientes es herido 6 muerto
fuera de las reglas del combate, los testigos deben ate-
nerse á los artículos 20.° y 21.° del cap. iv.
DUELO Á SABLE SIN ESTOCADA. 209
Duelo á sable sin estocada.
i.° Para e§te duelo deben servirsej siendo posible, de
sables sin punta.
2.° Dos testigos para cada combatiente son necesarios
en este duelo.
3.° Después de haberse puesto de acuerdo los testigos
sobre el terreno más igual para este combate, marcan los
dos puestos á la distancia á que se pondrían los adversa-
rios para tocarlas puntas de sus Sables estando á /o»ífo.
4.° Cada uno puede servirse de guantes con manopla,
á condición de que su adversario lo tenga también ó si
puede ofrecerle otro absolutamente semejante; no siendo
así, las cosas deben ser igualadas por los testigos.
5.° Las armas deben ser de la misma naturaleza,, sin
diferencia alguna, y desconocidas para los dos campeo-
nes; sin embargo, si los adversarios son del mismo íegí-
miento, pueden servirse cada uno de su sable con tal de
que sean de la misma naturaleza y de la misma montura.
6," Los testigos, después de haber sorteado los pues-
tos, conducen á sus amigos al que le ha cabido en suerte.
7.° Los testigos sortean cuál de los dos campeones
elegirá arma.
8.° El testigo destinado por la suerte para dar la
señal, debe explicar á los combatientes las convenciones
de e6te duelo, que son, ao servirse en ningún caso y bajo
ningún pretexto de la punta del sable, y debe declararles
que el honor les obliga á ello.
g.° Los testigos invitan á su amigo para que se des-
poje de su vestido y los combatientes quedan desnudos
14
" ^
210 ' CÓDIGO DEL DUELO.
de cintura arriba. Sin embargo, pueden conservar los
tirantes si están acostumbrados á ello.
10.° Los testigos presentan las armas para que escoja
al que la suerte haya designado, y al presentar la segunda,
deben recomendarles que esperen la señal.
ii.° Dos testigos adversarios se colocan de cada lado
de los adversarios y la señal se da por medio de la pala-
bra ¡adelante!
12." Una vez dada la señal, los combatientes se diri-
gen golpes de corte, evitando herir á su adversario con
golpes de punta, lo cual sería un verdadero asesinato
puesto que no podía estar preparado contra este golpe.
Estirarse, encogerse, avanzar, retroceder, volverse, dar
vueltas y dirigir todos los golpes de corte, no deteniéndose
sino á la voz de los testigos, todo está en las reglas del
combate.
13.° Los testigos deben siempre detener á los comba-
tientes á la primera sangre, á fin de saber si el herido
puede continuar el combate; sus testigos son los que han
de juzgarlo. Se acostumbra á dar por terminado este
duelo á la primera herida.
14." Si uno de los combatientes es herido ó muerto
fuera de las reglas del combate, los testigos deben obrar
según los artículos 20." y 21.'' del cap. iv.
DE LOS DUELOS EXCEPCIONALES. 211
DUELOS EXCEPCIONALES.
CAPITULO vm.
De los duelos excepcionales.
Con sentimiento hablamos aquí de los duelos excepcio
nales, y con la esperanza de hacerlos más raros, recomen
damos á los testigos no permitan recurrir á ellos sino en
casos hasta aquí imprevistos, excepcionales ellos mismos,
y tan raros, que deben ser escrupulosamente apreciados
por ellos. Sin embargo, si la necesidad los ordena, deben,
sin tener presentes las reglas escritas que no están aquí
sino como consulta, hacer un proceso verbal que consti
tuya sus convenciones, y hacerlo firmar por las partes
contendientes después de haberlo firmado ellos mismos.
Ningún testigo está obligado á firmar por la demanda de
los testigos adversarios. Ningún combatiente está obli
gado á aceptar las convenciones hechas ni aun por sus
mismos testigos, ni por consiguiente á firmarlas, porque
el honor puede prescribir arriesgar la vida, pero no ju
garla; finalmente, estos duelos no son nunca forzosamente
aceptables.
El duelo puede ser á pié ó á caballo y de todos modos
y con todas las armas, con tal que laS convenciones se
*:>
212 CÓDIGO DEL DUELO.
hayan hecho por escrito y firmado por los mismos comba-^
tientes. Nadie está obligado á aceptarlas ó firmarlas, y' en
estos duelos convencionales, no pueden existir más reglas
que las escritas por los padrinos, y por duplicado.
En un combate á caballo, los testigos deben estar mon-
tados. Los combatientes, sean cuales fueran las armas
que hayan escogido, se colocan á 25 pasos y marchan el
uno hacia el otro. La elección del terreno y de las armas,
se hace como para los duelos precedentes y descritos en
el primer duelo de cada arma.
No hay primacía para tirar. La señal indica solo el
comienzo del combate.
A la carabina, los combatientes se colocan á 60 pasos.
La suerte decide quien tirará el primero ó la señal se da
con tres palmadas y cada uno tira á voluntad después de
la tercer palmada.
Al fusil, se colocará también á 60 pasos á los comba-
tientes y á 100 pasos si han de marchar. La señal se da
con la palabra ¡tirad! y cada uno tira cuando le parece,
los fusiles deben ser del mismo sistema, y se conviene
anticipadamente si los combatientes pueden volver á car-
gar ellos mismos sus armas para tirar cuando quieran, y
hasta dónde avanzarán si el duelo es marchando.
A la pistola, las distancias son las convenidas en el
proceso verbal del combate, y las distancias pueden acor-
tarse permitiendo aun á los combatientes marchar el uno
hacia el otro hasta llegar á quema-ropa, tirando á volun-
tad. Sin embargo, aconsejamos con un fin humanitario,
no aproximarse más de diez pasos como diremos ahora
en el artículo que hemos creido deber escribir como indi-
cación sobre estos duelos.
Si uno de los combatientes, después de hecha la lectura
de las convenciones del combate, obra contra las reglas
DE LOS DUELOS EXCEPCIONALES. 213
escritas por los testigos, y por consiguiente contra las del
honor, los testigos se atendrán á los artículos 20.° y 21.°
del cap. IV.
Duelo excepcional á pistola, á distancias
más cortas.
i.° Lo repetimos nuevamente, ningún duelo excepcio-
nal es admisible forzosamente, según las reglas del honor.
Las distancias pueden ser de 10 pasos. Aconsejamos á los
testigos no acortarlas más.
2.° Los puestos se sortearán después de elegirse lo
más igualmente posible.
3.° Los testigos cargan las armas unos delante de otros;
deben ser del mismo par de pistolas y desconocidas para
los combatientes.
4.° Los [Link] quién elegirá arma.
5,° Los testigos sortean quién dará la señal.
6." El testigo designado por la suerte para dar la señal
lee á los combatientes las convenciones del duelo.
7.° Los testigos conducen á los adversarios á los pues-
tos designados por la suerte y los colocan de espaldas el
uno al otro.
8.° El testigo encargado de dar la señal, dice á los
combatientes: «Poned atención, señores, en la señal que
voy á dar, y no os volváis de frente hasta que la señal se
dé, preparaos á oiría.» Después hace una pausa.
9.° La señal se da, con la palabra tirad.
io.° A la palabra tjrad, los combatientes se vuelven y
tiran á voluntad. •
11." Si el combate continúa, las cosas deben suceder
como se han descrito en los artículos precedentes.
214 CÓDIGO DEL DUELO.
12." Si las cosas suceden fuera de las reglas del honor
y del proceso verbal, los testigos deben atenerse á los ar-
tículos 20.° Y 21." del cap. iv.
Duelo excepcional á pistola, con una sola
arma cargada.
I." Este duelo no puede proponerse sino en circuns-
tancias extraordinarias, y no es jamás forzosamente acep-
table.
Es ya tomar una enorme responsabilidad el ser testigo
en un duelo excepcional, pero es tenerla aún mayor ser
testigo de este, pues es el más atroz y el más peligroso;
y en vista de molestos y deplorables ejemplos damos estas
recomendaciones, pero declaramos que no aceptaríamos
el cargo y no serviríamos de testigo en semejante combate.
2." Para este duelo deben usarse pistolas no rayadas.
3.° Llegados al terreno, dos testigos adversarios se re-
tiran 50 pasos á lo menos del lugar del combate, á no ser
que puedan estar más cerca, ocultos á la vista de los com-
batientes. Cargan un arma, ponen á la otra el pistón como
si estuviera cargada, y hecha esta operación, hacen seña
á los dos testigos que han quedado cerca de los combatien-
tes para que vengan por las armas. El designado por la
suerte para darlas á los combatientes permanece en su
puesto; el otro las recibe de los que las han cargado, en
seguida las entrega al que ha designado la suerte para
darlas á los combatientes, y las da sin hablar.
4.» La elección de arma se habrá sorteado anticipada-
mente ; el último testigo que las ha recibido se aproxima
á los combatientes teniéndolas detrás de su espalda, y el
que la suerte ha designado que escoja, dice, derecha 6 iz-
DUELO EXCEPCIONAL Á PISTOLA, ETC. 215
quierda,y el testigo le entrega el arma c|ue tiene en la mano
designada.
5." Los dos testigos encargados de tomar las armas,
asisten solos al combate y están armados también; se ade- '
lantan á tres pasos de los combatientes: los otros dos que-
• dan á unos.20 pasos de distancia.
6.*" Es deber de los testigos el llevar á esta especie de
duelo un cirujano, puesto que del combate ha de resultar
una herida de las más graves,
7.° El testigo designado por la suelte lee á los comba-
tientes las convenciones del duelo.
8." Los testigos presentan á los combatientes un pa-
ñuelo que cada uno de ellos tiene por una punta; deben
quitarse su ropa y mostrar su pecho al testigo de su adver-
sario. El rehuse equivaldría al rehuse de este duelo.
9." La señal se da por ipedio de una palmada.
io.° Si uno de los dos tira antes de la señal, el otro
puede sin ningún escrúpulo levantarle la tapa de los sesos
á boca de jarro. Si el que tira antes de la señal mata á su
adversario, los testigos del muerto están obligados á per-
seguir al asesino por todas las vías legales que les sean
posibles.
Duelo excepcional á pistola,
á marcha no interrumpida y en lineas
paralelas.
De todos los duelos á pistola este es el menos peligroso,
y si está colocado fuera de las reglas generales, es porque
puede ser tan desventajoso para uno de los combatientes,
que hace falta necesariamente el asentimiento de todos los
testigos para recurrir á él. Es pues rehusable como duelo
excepcional y exige las mismas formalidades.
2i6 . CÓDIGO DEL DUELO.
1." Llegados al terreno, los testigos trazan dos líneas
de 35 pasos de largo cada una, paralelas y á 25 pasos de
distancia la una de la otra.
2." Después de haber elegido los puestos lo más igual-
mente posible, se sortean. La suerte decide igualmente
cuál de los dos campeones elegirá entre las armas destina-
das al combate.
3.° Las armaá deben ser desconocidas para los cam-
peones.
4.° Los testigos deban cargar las armas unos delante
de otros. Cada uno de ellos debe hacer ver al testigo con-
trario la medida de su carga, introduciendo la baqueta en
el cañón.
5.° Los testigos conducen á sus amigos al puesto que
les ha designado la suerte. Estos puestos están á la extre-
midad de cada línea paralela y frente el uno al otro.
6." Los testigos se aproximan á los combatientes ad-
versarios y estos deben mostrar que ningún cuerpo extra-
ño puede defenderlos de la bala. Su rehuse equivaldría al
rehuse del duelo.
7.° El testigo designado por la suerte se aproxima á
los "adversarios y les lee el proceso verbal del combate.
8." Los testigos entregan las armas y ocupan sus
puestos diseminándose, es decir, dos testigos adversarios
detrás de uno de los combatientes y los otros dos detrás
del otro. Se colocarán de modo que estén al abrigo del
fuego, es decir, á la inversa y á distancia para poder sus-
pender el duelo si fuese preciso; el designado por la
suerte da la señal con la palabra ¡adelante!
g.° Los combatientgs«4Qarchan, no ^el uno hacia el
otio, sino cada uno^w^ftJ^^Spción de la línea que le ha
sido trazada; de mpaoStíSj siguiendo esta línea, se en-
cuentran por lo'meaos flíSk^ (Estancia de 25 pasos.
DUELO EXCEPCIONAL Á PISTOLA, ETC. 217
io.° Los campeones no pueden detenerse; deben mar-
char simultáneamente á la señal, sin detenerse. Para tirar
también deben seguir marchando, marchar después de
haber tirado hasta el fin de la línea, y no esperar el fuego
enemigo sino marchando.
ii.° Si uno de los dos es herido, no tiene para tirar
más tiempo que el que emplee su adversario en llegar al
final de su línea; este último debe llegar, no corriendo,
sino marchando y el combate ha terminado.
12.° Si no hay herido, es costumbre dar por terminado
el duelo á los primeros disparos hechos por una y
otra parte.
13.° Si uno de los combatientes es herido ó muerto
fuera de las condiciones hechas y firmadas por los testi-
gos, estos deben tener en cuenta los artículos 20." y 21.°
del cap. IV.
ÍNDICE.
^ Páginas,
PRÓLOGO . . 5
PARTE PRIMERA.
La esgrima del sable •.. » 13
De las facultades del tirador 22
El sable 25
Manera de coger el sable 27
Primera posición 28
Saludo 29
Segunda posición ó en guardia. . . 31
Marchar 34
Romper 35
Cerrar y abrir la guardia 37
Tercera posición ó á fondo 39
Volver á la guardia 41
De la distancia 43
De las líneas 45
De las guardias 47
220 ÍNDICE.
PARTE SEGUNDA.
Páginas,
Del ataque 51
Ataque simple * 52
De la parada 54
Del juego de ataque y del de parada 56
Golpes por dentro, por fuera, por encima y de
punta , . 58
Golpes ascendentes 60
Golpe bajo por dentro ó en primera 61
Parada en primera '.... 62
Golpe bajo por fuera ó en segunda...; 63
Parada en segunda 64
Golpe alto por fuera 6 en tercera ... 65
Parada en tercera ,....". 66
Golpe alto por dentro ó en cuarta 68
Parada en cuarta 70
Golpe encima-ó en quinta 71
Parada en quinta • 72
Golpes de punta ó estocadas y sus paradas 73
Paradas especiales 74
PARTE TERCERA.
De las fintas, 79
Ataque compuesto 81
Del aplomo 84
Golpes de dos movimientos 86
Ataques marchando. 90
Paradas de los golpes de dos movimientos 91
Golpes de tres movimientos 92
Paradas de los golpes de tres movimientos 95
ÍNDICE. 221
PARTE CUARTA.
Páginas.
De la respuesta. gg
Respuesta simple loi
Respuesta compuesta 103
Contra-i'espuesta 104
Golpes de tiempo 105
Los tiempos al brazo Í07
Tiempo con estocada log
Paradas de los golpes de tiempo 111
Golpes á la mano y al brazo 112
El contra-filo 114
Golpes sobre la retirada de la mano,, 115
Retirar la pierna. 117
Tirar á golpe pasado 120
Del falso ataque , 122
Del redoble 124
Del cuerpo á cuerpo 125
De las llamadas 127
El molinete 128
Salidas de línea i2g
Del desarme , "130
PARTE QUINTA.
Del asalto 133
De los zurdos 148
El duelo 150
Consideraciones de varios autores acerca del duelo. 156
Observaciones sobre el duelo 163
La elección de hora, 165
Médicos 166
" ~ ^
222 ÍNDICE.
Páginas.
Actas , ,.....,.., , i66
Armas 167
Vestido.. 16S
Reconocimiento de los combatientes 168
Devolución del terreno ; 169
Descansos 169
Cuerpo á cuerpo 170
La mano izquierda 171
Suspensión y cesación del combate 173
Advertencia 179
CÓDIGO D E L DUELO.
CAPITULO I. De Inofensa -..;,, .•..,.. ¡,, 183
— II. De la uatiiralezadelaí armas 185
— i n . Del (fíleloy de4 reto, i 185
— IV. De los testigos, de sus deberes en ge-
neral 187
— V. Del duelo á la espada igr
— VI. De los duelos á pistola 194
Duelo á pistola, á pié firme 195
DuelOy^J^íSfcla, á voluntad 196
Duélala ^ d ^ k n marchando 197
Due|« ^ ^ M K < W ) á marcha inte-
Duelová^j^Jíla, en líneas para-
lelas 201
Duelo á pistola, á la señal 203
— VII. Del duelo d sable 206
Duelo á sable sin estocada 209
ÍNDICE. 223
Páginas.
CAPÍTULO VIII. De los duelos excepcionales 211
Duelo excepcional á pistola, á
^ distancias más cortas , , 213
Duelo excepcional á pistola,
con una sola arma cargada.. 214
Duelo excepcional á pistola,
á marcha no interrumpida y
en líneas p a r a l e l a s . . . . . . . . . 215
¿^