La violencia de género es un problema social que afecta a muchas personas, incluso
en comunidades alternativas como las parejas swinger y cukhold. Aunque estas
comunidades se caracterizan por la promoción del consentimiento mutuo y el respeto,
no están exentas de situaciones de violencia de género.
En nuestra sociedad, aun cuando no es común hablar de relaciones de pareja
alternativas están presentes y, cada vez más, se popularizan en las redes sociales
como Twitter, Facebook y Telegram, por mencionar algunos de los medios más
utilizados para difundir clubes, contactos, citas e información relacionada con
estas prácticas.
El tema se convierte de interés para el derecho penal cuando se suscitan
situaciones que traspasan el ejercicio de la libertad sexual y se acompañan actos
de violencia contra la pareja. Por ello, en este trabajo se pretender aproximarse a
una realidad que no puede ignorarse, dado el impacto que tiene la violencia digital
como una forma de violencia a la intimidad con carácter sexual y que ahora se hace
patente en los tribunales especializados de violencia de género, lo que exige mayor
preparación para las autoridades encargadas de la investigación y sanción de los
delitos, así como de una mayor socialización para prevenir la violencia que pasa
desapercibida por encontrarse inmersa en una práctica de inicio, o aparentemente,
consentida.
En las siguientes páginas se presentarán los aspectos más relevantes de las
relaciones swingers y cukhold y las formas en que se han popularizado en nuestra
sociedad, particularmente en esta ciudad fronteriza, en contraste con las
manifestaciones de violencia de género en sus vertientes de violencia sexual y
digital, para finalizar con la reflexión de los nuevos retos que se presentan para
los operadores del sistema de justicia penal que participan de los órganos
especializados de investigación de los delitos e impartición de justicia penal con
enfoque diferenciando de género y combate a la violencia contras las mujeres.
DESARROLLO
1. Relaciones swingeres o liberales: antecedentes, evolución y su práctica social.
Las relaciones swingers han sido un tema controversial y tabú en la sociedad,
aunque su existencia ha sido documentada desde hace muchos años. Si bien se
desconoce con exactitud dónde y cuándo surgieron las primeras relaciones sexuales
liberales, algunos estudiosos indican que existe evidencia de que ha habido
intercambios sexuales entre matrimonios desde hace siglos en diferentes culturas
del mundo como la romana y la egipcia (Platón, 360 a.C.; Herodoto, 440 a.C.). Sin
embargo, las primeras comunidades swingers más organizadas surgieron a mediados del
siglo XX en Estados Unidos y Europa (Urbiola, 2010).
Durante los años 50 y 60, el movimiento hippie promovió la idea de la libertad
sexual y la exploración de las relaciones íntimas sin ataduras convencionales, lo
que propició el desarrollo de las primeras comunidades swingers en los Estados
Unidos. A mediados de los años 70, las relaciones swingers se hicieron más
conocidas a raíz de la publicación de la novela "The Velvet Underground" de Pauline
Reage, que relataba las experiencias de una pareja que se involucraba en
actividades sexuales con otros miembros de su círculo social. En los años 80 y 90,
los swingers abordaron las tecnologías emergentes como Internet y las redes
sociales para conectarse y formar comunidades. Los sitios web de citas en línea y
las redes sociales permitieron a los swingers entrar en contacto con otros miembros
de la comunidad en todo el mundo y facilitaron la creación de grupos y eventos
(Ídem).
En la actualidad, el movimiento swinger ha evolucionado significativamente. Las
comunidades se han vuelto más numerosas y diversas, y pueden incluir personas de
distintas edades, géneros, orientaciones y parejas abiertas. De igual manera, las
preferencias sexuales hoy son más diversas que en el pasado y los swingers pueden
identificarse como cis-género, transgénero, pansexual, queer, entre otros .
El estudio sociológico de las relaciones swinger es un tema que ha sido objeto de
debate y controversia en diferentes contextos sociales (Urbiola, 2006). Aunque en
los últimos años ha ganado cierta aceptación y se ha promovido la libertad sexual,
el mundo swinger sigue siendo un tema tabú en muchas sociedades. Por lo tanto,
abordar este tema desde una perspectiva sociológica resulta fundamental para
comprender las dinámicas de esta práctica y su impacto en las relaciones
interpersonales.
El concepto de swingerclub se refiere a la práctica de intercambio de parejas
sexuales de forma consensuada, donde los participantes pueden experimentar con
diferentes formas de disfrutar el sexo. En este sentido, esta práctica implica la
eliminación de los limites monogámicos impuestos por la sociedad, lo cual puede
generar controversias y prejuicios (Ídem).
Un aspecto importante en el estudio de las relaciones swinger es comprender la
forma en que se llevan a cabo dentro de esta práctica las relaciones
interpersonales, esto es, la forma en que se establecen acuerdos, normas y límites
entre las personas que participan. En este sentido, algunas investigaciones
resultado de la práctica de terapias sexuales y de pareja han demostrado que la
comunicación y el consenso son elementos clave para que estas relaciones no
destruyan las relaciones estables y monogámicas existentes (Martínez, 2020).
Por otra parte, es importante enfatizar el papel que juegan los valores y las
normas sociales en la explicación del fenómeno sexual swinger. En algunos países,
como en los [Link], existe una amplia cultura consumista que fomenta la exploración
sexual y que ha contribuido a la popularidad de estas prácticas sexuales. Mientras
que, en otros países, aún existen tabúes y prejuicios que hacen difícil la
aceptación social de la actividad swinger.
El estilo de vida swinger se refiere a una forma de relaciones sexuales en la que
dos parejas intercambian socios con el consentimiento de ambas. Esta práctica se ha
vuelto cada vez más popular entre las parejas heterosexuales y homosexuales, y
ofrece, para sus participantes, una variedad de beneficios, como mayor satisfacción
sexual, emocional y mental.
Como todas las prácticas sexuales, las relaciones swingeres o de intercambio de
parejas puede presentar riesgos o situaciones problemáticas, como enfermedades de
transmisión sexual y el estigma social.
Andrea Martínez (2020), psicóloga de la Universidad de Deusto y terapeuta sexual en
Avance Psicólogos, explica que una relación swinger o liberal es un compromiso
consensuado entre dos personas para tener relaciones sexuales casuales con otras
personas.
Estas relaciones se llevan a cabo de forma recíproca, es decir, ambos miembros del
compromiso pueden tener relaciones con otras personas. Se trata de una relación
abierta en la que hay un acuerdo tácito de respeto hacia las relaciones que los
miembros del compromiso mantienen con otras personas.
Considerada dentro del grupo de estructuras relacionales “no monogamias éticas”,
como relaciones abiertas implican un pacto de no exclusividad, el cual puede ser a
nivel sexual, romántico o de ambos, según el tipo que se acuerde. Las relaciones
swingeres se caracterizan en mantener una exclusividad romántica, pero eliminan la
exclusividad sexual, a diferencia de las relaciones poliamorosas que involucran
relaciones afectivas con otras personas; no obstante, siempre se realizan en pareja
los encuentros sexuales con otras personas (Jenks, 1985).
Para el adecuado funcionamiento de toda relación se necesitan reglas, las parejas
swingeres no son la excepción, puesto que no se trata de hacer todo lo que les
plazca. Algunas de las reglas que se identifican en este tipo de relaciones, se
describen en la investigación sobre prácticas heterosexuales de riesgo que en 2013
realizó la Facultad de Salud, Medicina y Ciencias de la Vida de la Universidad de
Maastricht a cargo de la Dra. Anne-Marie Niekamp y son las siguientes:
• Establecer límites claros antes de iniciar una relación swinger. Esto incluye
establecer límites sobre el tipo de relación que ambas partes están dispuestas a
tener y los tipos de actividades sexuales que están dispuestos a practicar.
• Respetar los límites de los demás. Es decir, cada socio debe respetar los
límites de los demás y no intentar presionar o persuadir a otra persona para que
haga algo que no está cómoda haciendo.
• Mantener una comunicación adecuada entre los socios. Esto significa que los
socios deben estar abiertos y honestos con respecto a sus deseos y límites, así
como a sus preocupaciones y temores.
• Prácticas de seguridad sexual. Los socios deben usar protección adecuada
cuando tengan relaciones sexuales con otros y evitar las prácticas sexuales de
riesgo.
• Respetar los sentimientos de los demás. Tener en cuenta los sentimientos de
los otros socios o parejas y tratar de minimizar el daño que pueda causar su
relación swinger cuando se presenta celotipia.
2. Relaciones cukhold, orígenes y comportamiento en la sociedad.
El cuckhold (también conocido como cuckolding) es una forma de relación consensual
que involucra a una pareja en la que uno de los miembros juega el papel de cónyuge
dominante (también conocido como "el cornudo") mientras que el otro miembro juega
el papel de cónyuge sumiso (también conocido como "la cuckquean"). El cónyuge
dominante normalmente se asegura de que el cónyuge sumiso se relacione con otros de
una manera específica, como mirar, dejarse mirar y/o tener relaciones sexuales.
Esta relación se suele basar en la confianza, el respeto y la comunicación.
Las relaciones cuckhold son aquellas en las que una persona está en una relación
con otra persona que acepta o incluso fomenta la infidelidad con otras personas.
Esta relación se caracteriza por establecer una relación de poder triangular entre
el cónyuge, el cónyuge infiel y el tercero. El cónyuge "cuckhold" permite el
comportamiento infiel y a menudo se siente excitado por los detalles de la
infidelidad y el contacto con el tercero (Sagarin, et al 2009).
Es decir, las relaciones cuckold son relaciones donde una persona permite a su
pareja tener relaciones sexuales con otras personas. Estas relaciones pueden ser
consensuales o no. A menudo hay una jerarquía entre los participantes, con el
cónyuge principal siendo el único con derecho a la exclusividad sexual. El cónyuge
secundario generalmente se ve como inferior y no tiene derecho a formular reclamos
de compromiso. Esto significa que el cónyuge secundario puede tener relaciones
sexuales con el cónyuge principal, pero el cónyuge principal no se compromete a
ningún tipo de compromiso con el cónyuge secundario.
Según explica William McKibbin, profesor de psicología de la Universidad de
Michigan (2011), las reglas de una relación cuckold varían de pareja a pareja, pero
hay algunas reglas básicas que generalmente se aplican. Estas son:
• El marido cuckold o el esposo cuckold (llamado "el cornudo") es consciente y
acepta que su pareja está involucrada en una relación sexual con otra persona.
• El marido cuckold se abstiene de tener relaciones sexuales con su pareja
durante el tiempo en que ella está involucrada con la otra persona.
• El marido cuckold acepta que su pareja tenga relaciones sexuales con la otra
persona y no se involucra en la relación sexual.
• El marido cuckold puede participar de forma pasiva, como un espectador,
durante las relaciones sexuales de su pareja con la otra persona.
• El marido cuckold puede estar presente durante la relación sexual de su
pareja con la otra persona, pero no participa.
• El marido cuckold y su pareja deben estar de acuerdo con todos los términos
de la relación cuckold antes de empezar.
• El marido cuckold acepta los términos de la relación cuckold como una forma
de satisfacer sus necesidades emocionales y sexuales.
Para comprender el cukhold, es necesario entender una realidad presente en la
historia humana: “el cornudo existe”. Según un metaanálisis publicado en el Journal
of Epidemiological Community Health (Vol. 59, No. 9), alrededor del 4 por ciento de
los niños en todo el mundo son engendrados por alguien distinto al hombre que cree
ser el padre.
El profesor de psicología de la Universidad de Michigan, William McKibbin, PhD,
afirmó en la convención anual de APA de 2011 que los seres humanos parecen haber
evolucionado para ser principalmente monógamos, con algunas infidelidades
ocasionales. Lo que calificó como “un golpe doble", puesto que "no solo no tienes
tus propios hijos, sino que estás dedicando tu tiempo, energía y recursos a los
hijos de otro hombre". Para defenderse del “cuerno”, los hombres han desarrollado
una variedad de defensas comportamentales y biológicas
En un estudio, publicado en Comparative Psychology, el profesor McKibbin y sus
colegas encontraron que los hombres con mayor riesgo de ser cornudos (medido por la
proporción de tiempo que pasaron lejos de sus parejas) se volvieron más interesados
en tener relaciones sexuales con sus parejas. También encontraron a sus parejas más
atractivas y se involucraron en más comportamientos de "protección de pareja", por
ejemplo, la monopolización del tiempo de sus parejas en una fiesta.
Este efecto fue independiente del tiempo transcurrido desde que la pareja tuvo
relaciones sexuales por última vez, por lo que no fue solo el resultado de un deseo
acumulado, y fue moderado por la confianza que un hombre tenía en que su pareja no
lo engañara.
Esta línea de investigación es controvertida pero importante porque puede ayudarnos
a comprender mejor y prevenir la coerción sexual y la violación, como una forma de
venganza ante la infidelidad; en ese sentido, se encontró que los hombres que se
sienten en riesgo ante una infidelidad presionan más a sus parejas para tener
relaciones sexuales.
Estos hallazgos, junto con investigaciones anteriores que muestran que los hombres
cuckhold producen más espermatozoides, empujan con más vigor y están más
interesados en los orgasmos de sus parejas que los hombres cuya pareja no ha tenido
la oportunidad de engañarlos, lo que sugiere que la competencia espermática ha sido
común a lo largo de la historia humana. McKibbin afirma que, el engaño como parte
de las relaciones monogámicas ha estado presente durante mucho tiempo.
Ante esta realidad una relación consentida cukhold parece una solución; puesto que
no hay engaño si el marido está presente o consiente que su pareja sostenga sexo
con otros hombres.
Al respecto, la Asociación Estadounidense de Psicología (2011), “las relaciones
cuckold presentan una serie de ventajas para los participantes. Estas incluyen el
hecho de que los miembros de la pareja se sienten libres para experimentar con
diversos roles sexuales, una mayor intimidad entre los miembros de la pareja, una
mayor comprensión de la diversidad sexual y un mayor conocimiento del cuerpo del
otro. También puede mejorar la comunicación entre los miembros de la pareja,
permitiendo una mayor expresión de deseos y necesidades sexuales.” (APA, 2011).
Las relaciones cukhold ofrecen una serie de beneficios que pueden ser explicados de
la siguiente manera (Dhir, 2018):
Establecen límites claros: las relaciones cukhold establecen límites claros, lo que
permite a ambos miembros de la relación comprender mejor sus roles. Esto facilita
la creación de un ambiente de respeto y confianza.
Estimulan la comunicación: la comunicación es un factor esencial para mantener una
relación satisfactoria. Estas relaciones estimulan una comunicación abierta entre
los miembros, lo que les permite conectar y comprender mejor sus necesidades.
Fortalecen la intimidad: al establecer límites y establecer una comunicación
abierta, las relaciones cukhold promueven una mayor intimidad entre los miembros.
Esto permite que ambos miembros se sientan cómodos y conectados.
Ayudan a mejorar la confianza: la confianza es uno de los pilares fundamentales de
cualquier relación. La confianza se construye a través del respeto, la comprensión
y la comunicación. Estas relaciones contribuyen a mejorar la confianza entre los
miembros de la relación.
No obstante, en estas relaciones abiertas que hemos comentado es posible que se
generen situaciones que escapan al consentimiento que necesariamente debe estar
presente en el pacto; también es posible que la presión o manipulación de la pareja
pueda ser lo que genere un consentimiento viciado para participar en estas
prácticas.
3. Parejas alternativas en la sociedad mexicana actual
No hay manera de saber exactamente cuántas parejas swinger o cukhold hay en México,
ya que la mayoría son discretos acerca de su estilo de vida. Sin embargo, se estima
que hay al menos unos pocos miles de ellos en todo el país.
Si bien existen datos estadísticos oficiales sobre las relaciones de pareja y
estado civil en México, no se profundiza en las prácticas sexuales que puedan tener
como dinámicas consentidas.
Al respecto, cabe señalar que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía
publicó en febrero de 2021, con base en el Censo de Población y Vivienda 2020,
información sobre el estado civil de las personas y los tipos de relaciones de
pareja en México; de lo que se obtuvo la siguiente información:
De las personas de 15 años y más 38% está casada, 30% es soltera y 20% vive en
unión libre. En materia de nupcialidad, en 2019 se realizaron 504 923 matrimonios
legales; de estos 501 327 fueron de parejas de distinto sexo y 3 596, de parejas
del mismo sexo. Entre los años 2000 y 2019 la relación divorcios-matrimonios casi
se quintuplicó, al pasar de 7 a 32 divorcios por cada 100 matrimonios.
Por sexo, destaca que el porcentaje de mujeres ex unidas (separadas, divorciadas y
viudas) es mayor al de los hombres, sobre todo en aquellas que están viudas (8%
respecto a 3% de los hombres).
La trayectoria en el tiempo indica que de 2000 a 2020, el porcentaje de la
población casada ha disminuido 11 puntos (de 49 a 38%). En tanto que la población
en unión libre aumentó nueve puntos porcentuales (pasó de 11 a 20%) y la ex unida
se incrementó de 9 a 12 por ciento. La población soltera permanece casi sin cambios
(31% en 2000 contra 30% en 2020).
En los matrimonios heterosexuales, el promedio de edad a la que se casan los
hombres es a los 33 años, mientras que las mujeres se unen legalmente en promedio a
los 30 años. Otra forma de visualizar la edad de los contrayentes es comparar con
la edad de la pareja al momento de la unión; en los matrimonios heterosexuales, en
el 65% de los casos, el hombre tiene mayor edad que su esposa, en 24% es menor y en
11%, ambos cónyuges tienen la misma edad.
Por otra parte, la Secretaría General del Consejo Nacional de Población (SGCONAPO),
en 2019 elaboró un estudio sociodemográfico de las relaciones de pareja en México.
Con base en las proyecciones de población de ese año se obtuvo que residen en el
país 126.6 millones de personas, de las cuales el 51 por ciento son mujeres y el 49
por ciento son hombres; de acuerdo con ello, las relaciones de pareja en México son
caracterizadas por la diversidad de sus formas, y son influenciadas por factores
sociodemográficos como la edad, el sexo, el estado civil, la educación y la
situación socioeconómica.
Lo que es evidente es el cambio que con el tiempo han sufrido las relaciones de
pareja, con un aumento de la edad promedio de la unión, la disminución de los
matrimonios prematuros y el aumento de la educación y el nivel socioeconómico de
los mexicanos. Estos cambios han contribuido a una mayor estabilidad en las
relaciones de pareja, con los cónyuges mostrando un mayor nivel de compromiso,
fidelidad y satisfacción.
De acuerdo con el estudio en mención, la edad de los mexicanos al formar su primer
noviazgo es cada vez más temprana, mientras que la edad al contraer matrimonio es
cada vez más tardía. El estudio también refleja que el coeficiente de soltería ha
aumentado en los últimos años y que la tasa de divorcio continúa siendo alta.
El número de matrimonios entre 2005 y 2015 se redujo en un 24.4%. Esto se debe a
los cambios en la estructura de la familia moderna como el matrimonio entre
personas del mismo sexo, la aceptación de la paternidad fuera del matrimonio, el
aumento en el número de divorcios y la mayor cantidad de jóvenes que viven solos.
Además, el tiempo compartido con la pareja ha disminuido, especialmente en los
hombres.
Las relaciones de pareja se han vuelto más informales, puesto que los mexicanos que
viven juntos sin estar casados aumentaron entre los años 2000 y 2015.
Cabe destacar de dicho estudio que la proporción de mexicanos que viven solos ha
aumentado desde el 2000 y que la tendencia a vivir solos es más común entre las
mujeres. Se estimó que 93.0 por ciento de las mujeres de 15 años y más ha tenido al
menos una relación sexual. De las cuales, 40.1 por ciento tuvo su primera relación
sexual antes de los 18 años; y aproximadamente casi la otra mitad de las mujeres
(48.3 por ciento) fue entre los 18 y 24 años y 8.4 por ciento a los 25 años o más.
Por otro lado, del total de mujeres de 15 años y más, 43.9 por ciento ha tenido
incidentes de violencia de pareja a lo largo de la relación. Entre las adolescentes
y jóvenes (15 a 24 años), el porcentaje es de 40.3 por ciento, y en hablantes de
lengua indígena el porcentaje aumenta a 46.1%.
De lo que se pudo apreciar es que la información estadística oficial no brinda un
panorama cierto de las relaciones o prácticas sexuales en México.
De cualquier modo, las redes sociales como Facebook, Twitter y Telegram se
han convertido en los medios populares para conectar con estos estilos de vida, de
tal manera que, con la intención formar un panorama real sobre las dinámicas de
parejas alternativas en nuestra sociedad es posible acudir a estas redes y entender
que, al menos en lo que significa interés por estas relaciones se superan decenas
de miles entre las cuentas con más seguidores.
A nivel mundial destaca la comunidad Swinger en Twitter @WooSXRedSocial con 27,385
seguidores, en contraste el Club Swinger México @lib_swinger con 31,669 seguidores;
en ciudad Juárez, existen diversas cuentas de parejas swingers entre las que
destacan con más seguidores @Jazminyjorge2 (j&[Link]) con 7,660 y @SwingersJRZ
con 2,844.
En cuentas de Twitter y Facebook dirigidas a cukhold se promocionan a las esposas
y, en ciudad Juárez estas cuentas pueden alcanzar hasta los 2000 seguidores.
4. La violencia de género en las relaciones alternativas swingeres y cukhold
La violencia en las relaciones de pareja cada vez se intensifica y diversifica, con
mayor incidencia es la que sufren las mujeres por parte de sus parejas hombres.
En el estudio realizado por el Consejo Nacional de Población (2019), el tipo de
violencia que más prevalece entre las mujeres de 15 años y más por parte de sus
parejas a lo largo de la relación, es la violencia emocional (40.1%), caracterizada
principalmente por: indiferencia (29.5%), intimidación y acecho (24.8%), y
degradación emocional (22.1%). Le sigue la violencia económica o patrimonial
(20.9%), conformada por: chantaje o control económico (17.4%) e incumplimiento de
la responsabilidad económica (14.9%). En tercer lugar prevalece la violencia física
(17.9%), en la que las mujeres señalan haber experimentado principalmente:
empujones o jalones de cabello (13.8%), bofetadas (11.3%) y golpes con el puño o
con objetos (8.1%). Finalmente por violencia sexual (6.5%) que considera: violación
(5.5%) y abuso sexual (4.0%).
La violencia de género en las parejas swinger puede manifestarse de diversas
maneras, como la coerción sexual, el control emocional y la violencia física. En
algunos casos, los hombres pueden imponer su voluntad y exigir que sus parejas
participen en actividades swinger sin su consentimiento, lo que puede ser
considerado como una forma de abuso sexual. También puede darse el caso de que
algunas parejas exijan a sus compañeros sexuales actos que no están de acuerdo,
poniéndoles en situaciones incómodas o forzándolos a hacer algo que no quieren.
Además de la violencia sexual, también puede haber control emocional en las parejas
swinger. Los hombres pueden manipular emocionalmente a sus parejas, haciendo que se
sientan inseguras y dudando de su valor. Estas prácticas pueden afectar la
autoestima de las mujeres y hacerles creer que no valen lo suficiente para estar en
una relación saludable y feliz.
En las parejas cukhold, la violencia de género también puede manifestarse de
diferentes maneras. En algunos casos, el hombre puede exigir que su esposa tenga
relaciones sexuales con otro hombre para satisfacer sus deseos. Esta situación
puede ser vista como una forma de violencia de género, ya que no se está respetando
la capacidad de decisión y autonomía femenina.
También puede haber situaciones en las que la mujer sea víctima de violencia física
por parte de su compañero, como cuando él la obliga a mirar o participar en actos
sexuales que ella no desea. De esta forma, el cuerpo de la mujer se convierte en
objeto y no en sujeto de la acción sexual, perdiendo así su libertad y autonomía.
Los riesgos de violencia en una relación cukhold pueden incluir violencia física,
psicológica, sexual y financiera. La violencia puede incluir amenazas, insultos,
agresión, abuso sexual, control de la actividad de la pareja, control de sus
finanzas, aislamiento social, chantaje emocional, violencia física y abuso verbal
(Cabezas, 2015). Un estudio realizado por el Centro de Investigación y Educación en
Derechos Humanos de la Universidad de Costa Rica sobre la violencia de género en el
país encontró que el 37% de las mujeres entrevistadas habían sido víctimas de
violencia en una relación cukhold (López, 2009).
Conviene recordar las formas en que se manifiesta y los tipos de violencia de
género y los parámetros que permiten identificarla. Para ello, tendremos presente
las principales leyes y tratados internacionales dirigidos a combatir la violencia
de género y garantizar el derecho a las mujeres a una vida libre de violencia, no
obstante, es importante subrayar que, los hombres también pueden padecer de la
violencia de género en diversas maneras aunque estas se describen en las leyes
dirigidas principalmente a la protección de las mujeres, con motivo de la realidad
sociocultural e histórica que caracteriza la violencia de género.
La violencia, entendida como un acto abusivo de poder, implica trasgredir los
límites y espacios vitales propios o de otras personas; lo que genera afectación en
la integridad física, psicológica, emocional y social, para sí mismo y los demás
(Hernández, G., 2018, p. 3).
Como podemos ver, definir la violencia en sentido amplio no genera muchos
problemas, pues es fácil identificar los hechos que intencionalmente se dirigen a
lesionar el cuerpo, ya sea por medio de una agresión física como los golpes,
ataques con armas o sustancias químicas, que en muchos casos dejan huellas y
marcas.
Por su parte la violencia que daña la estabilidad emocional es más difícil de
determinar, sin embargo desde la psicología se han establecido métodos para
detectar el grado de afectación en las personas que sufren este tipo de ataques;
acompañados o no de agresión física, los insultos, amenazas, intimidación, abusos
económicos, aislamiento, descuidos, celos, desvalorizaciones, pueden ocasionar
daños y trastornos que impiden a la persona que los sufre funcionar en los ámbitos
público y privado, de tal forma que la depresión, ansiedad, estrés, son algunos
indicadores que desde la práctica forense de la psicología, permiten visibilizar la
violencia a la que ha estado sometida una persona, incluso cuando el yugo ha sido
tan fuerte y constante que, como un mecanismo de defensa, se culpabiliza hasta
normalizar y aceptar los actos violentos (Sánchez, M., 2018).
La ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida libre de violencia,
establece las modalidades y tipos de violencia contra las mujeres.
En cuanto a las modalidades, se refiere a “[l]as formas, manifestaciones o los
ámbitos de ocurrencia en que se presenta la violencia contra las mujeres”. Así, las
modalidades son:
• Violencia en el ámbito familiar
• Violencia laboral y docente
• Violencia en la comunidad
• Violencia institucional
• Violencia política
• Violencia digital y mediática
• Violencia feminicida
Por lo que hace a los tipos de violencia de género, conforme al artículo 6º de la
mencionada Ley General, encontramos los siguientes:
• Violencia psicológica. Es cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad
psicológica, que puede consistir en: negligencia, abandono, descuido reiterado,
celotipia, insultos, humillaciones, devaluación, marginación, indiferencia,
infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la
autodeterminación y amenazas, las cuales conllevan a la víctima a la depresión, al
aislamiento, a la devaluación de su autoestima e incluso al suicidio;
• Violencia física. Es cualquier acto que inflige daño no accidental, usando la
fuerza física o algún tipo de arma u objeto que pueda provocar o no lesiones ya
sean internas, externas, o ambas;
• Violencia patrimonial. Es cualquier acto u omisión que afecta la
supervivencia de la víctima. Se manifiesta en: la transformación, sustracción,
destrucción, retención o distracción de objetos, documentos personales, bienes y
valores, derechos patrimoniales o recursos económicos destinados a satisfacer sus
necesidades y puede abarcar los daños a los bienes comunes o propios de la víctima;
• Violencia económica. Es toda acción u omisión del Agresor que afecta la
supervivencia económica de la víctima. Se manifiesta a través de limitaciones
encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, así como la
percepción de un salario menor por igual trabajo, dentro de un mismo centro
laboral;
• Violencia sexual. Es cualquier acto que degrada o daña el cuerpo y/o la
sexualidad de la Víctima y que por tanto atenta contra su libertad, dignidad e
integridad física. Es una expresión de abuso de poder que implica la supremacía
masculina sobre la mujer, al denigrarla y concebirla como objeto, y
• Cualesquiera otras formas análogas que lesionen o sean susceptibles de dañar
la dignidad, integridad o libertad de las mujeres.
Cabe mencionar que la violencia digital y mediática empieza a figurar como una de
las modalidades presentes en las relaciones de pareja. Según datos de la Fiscalía
Especializada en Investigación de los Delitos cometidos contra mujeres en razón de
Género del Estado de Chihuahua, tan solo en Ciudad Juárez durante el año 2022 se
recibieron 156 denuncias por delitos relacionados con el envío de imágenes y vídeos
íntimos; en los primeros meses de este año más de 36 denuncias se han recibido ante
el Ministerio Público especializado en género.
La violencia sexual en Internet se refiere a los abusos, amenazas y acoso sexual
realizados a través de tecnologías de la información y la comunicación. Los packs,
también conocidos como "pornografía del ciberacoso", se han convertido en una forma
de violencia sexual en línea. Estos packs contienen imágenes y videos que contienen
contenido sexual explícito o explícitamente amenazante destinado a humillar a la
víctima. Esta forma de violencia va en aumento, provocando consecuencias físicas,
mentales y emocionales graves en las personas afectadas. Se recomienda que se lleve
a cabo una educación en línea adecuada para prevenir este tipo de violencia, así
como la aplicación de legislación más estricta para castigar a los perpetradores.
La relación que se encuentra entre las formas de violencia y las relaciones de
pareja alternativa se encuentra en estos espacios virtuales donde la mayoría de las
imágenes que se comparten, aparentemente con consentimiento, solo muestran a las
mujeres y no a los hombres, lo que lleva a cuestionar y generar una importante
reflexión sobre la violencia de género que se ejerce en estas relaciones, pues de
tratarse de relaciones simétricas la exposición de hombres y mujeres guardaría una
proporción más equitativa y no lo que se aprecia con una relación de 95% de
exposición femenina contra un 5% masculina.