19/8/2020 A Contratiempo | Relatorías: Saber, práctica, oficio y profesión musical
Coloquio La Música como Profesión - Diálogos Interdisciplinarios
Línea temática en el coloquio La Música como Profesión: Saber, práctica, oficio y profesión musical
Daniel Enrique Sanabria T.
Centro de Documentación Musical, Biblioteca Nacional de Colombia
Fecha: 23 de abril de 2015
Lugar: Bogotá, Universidad Externado de Colombia. Teatro Bloque A
Panelistas:
Jorge Franco Duque, asesor de Mincultura para la dimensión de investigación.
Carlos Rojas, músico, investigador y gestor musical independiente, líder del grupo Cimarrón.
Ligia Ivette Asprilla, pianista e investigadora musical, coordinadora editorial revista A
Contratiempo.
Ponentes:
Humberto Galindo Palma, Andrea Hernández Guayara, Conservatorio del Tolima, Grupo Aulos
Franklin Emir Torres & Carolina Saavedra Universidad de Ibagué, Grupo Unidere y Grupo
Ginnova
Dinamizador: Jaime Quevedo U., coordinador Centro de Documentación Musical.
Con este panel se buscaba abordar desde diversas experiencias los conceptos que definieron el título de la línea dentro
del coloquio, dada la actualidad e importancia que en diversos colectivos musicales se le ha venido dando al tema. Cada
uno de los invitados tiene una importante trayectoria en sus campos de trabajo respectivo, o en la combinación de varios
de ellos. El maestro Jorge Franco ha venido desarrollando importantes actividades desde la dimensión de investigación
del Plan de Música para la Convivencia del Ministerio de Cultura, pero a través de su vida ha participado del mundo
académico y del sector productivo, al haber sido alumno de grandes maestros antioqueños, catedrático y productor
musical y discográfico. La maestra Ligia Asprilla ha desarrollado importantes trabajos de investigación en el campo de la
pedagogía y la enseñanza de la música, caracterizándose por la simbiosis entre diversos universos de la música, desde
lo tradicional a lo clásico. Por su parte, Carlos Rojas expresa la voz de aquellos músicos de base tradicional que han
llegado a niveles muy importantes de desarrollo de su oficio y que además cuenta con la experiencia que le ha brindado
la contrastación de la labor como músico en el contexto internacional en lo que algunos llamaron en su momento la
“Word music”. Estos tres perfiles se nos presentan como algunos de los más adecuados para el tratamiento del tema
sobre el saber, la práctica, el oficio y la profesión musicales.
Para Jorge Franco, el saber es un proceso individual y colectivo para adquirir conocimientos sobre cualquier tema. En el
caso musical es muy evidente la relación entre esos saberes individual y colectivo, existiendo sobre el tema infinidad de
posiciones, teorías y estudios, por lo que no es posible hablar del saber sin relacionarlo con la filosofía, la pedagogía u
otros múltiples campos del conocimiento humano.
Las prácticas se relacionan con la acción, buscando en principio impactar los sentidos de las personas, sobre todo las
que tienen que ver con lo interpretativo, que constituye tal vez la primera entrada a la música. Pero las prácticas tienen
otras acepciones relacionadas con la especialización de ciertas actividades musicales, por lo que también se habla de
prácticas productivas, prácticas investigativas y otras, en torno a la música.
Frente al oficio y a la profesión hay un debate de corte ideológico. Es ampliamente conocido cómo se crearon las
escuelas de artes y oficios, asignando al oficio una categoría de menor consideración social, y a las artes una más
elevada; cuando se confrontan oficio y profesión resulta que la cosa va por el mismo camino. Pero tanto las profesiones
como los oficios tienen algo en común, y es una relación con la actividad laboral. No se puede decir que el oficio y la
profesión estén ligados “per se” a una actividad productiva con fines económicos, pero con seguridad sí tienen que ver
mucho con las actividades laborales.
Tratándose de música, esas categorías están igualmente asociadas con algo fundamental como es lo creativo y lo
recreativo. También están asociadas con otros procesos como la apropiación y transmisión del conocimiento, por lo tanto
con la educación y con la formación, y por supuesto con los mecanismos de validación de los saberes asociados a las
profesiones en muchos casos. Y por último, estas categorías están también relacionadas íntimamente con las políticas
públicas, en tanto construcciones que hacen mancomunadamente el estado, las comunidades, la academia y el
mercado.
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Valdría la pena reflexionar y preguntarnos qué se diría hace 300 o 400 años sobre estos temas del saber, de las
prácticas, de la profesión, relacionadas con la música. Qué se diría en Colombia hace 50 años o 100 años; seguramente
el conocimiento que tenía la sociedad con respecto a los temas del saber o del conocimiento musical o de los temas de
la política pública era muy diferente al que hoy tenemos. Pero también estas categorías están atravesadas por otras
relaciones que tienen que ver con el mundo desarrollado o en desarrollo, las hegemonías del conocimiento o la
colonialidad, e igualmente con las hibridaciones culturales; no se puede sacar de contexto lo que pasa con las regiones
colombianas y sus relaciones con las ciudades capitales, o lo que sucede en un país centralista como el nuestro, donde
la mayoría de las oportunidades de educación superior las concentra la capital, o las inter-relaciones que se dan con el
contexto global en el mundo contemporáneo. Por lo tanto hablar de saber, hablar de prácticas, hablar de profesión, tiene
unos ejes de reflexión que van más allá de los enunciados mismos.
Para ilustrar un poco el tema, el maestro Franco expone dos experiencias. En primer lugar, desde el PNMC 1 , entre
muchas otras cosas, se ha venido siguiendo, apoyando y recopilando lo relacionado con las formas de apropiación,
investigación y creación que hoy hacen personas jóvenes en el Pacífico Sur colombiano. Hay un movimiento que ha
venido provocando, estimulando y acompañando una organización, que es la Red de Formadores e Investigadores del
Pacífico Sur. Desde el proyecto piloto para la formación de investigadores musicales, este colectivo de siete personas
viene haciendo una caracterización de las escuelas comunitarias de música. De allí han salido unas investigaciones muy
importantes referidas a su escenario de vida y las formas como estas músicas se apropian y cumplen con unas funciones
sociales. Estas personas trabajan muy seriamente esa investigación, tienen sus propias rutas para investigar, utilizan
tecnología reciente en sus entrevistas a las personas mayores que han mostrado el camino de esas prácticas musicales
y lo sintetizan en lo que pudiéramos llamar investigación-creación, en una serie de eventos donde recrean todos esos
temas vinculados con la espiritualidad y la religiosidad; allí es donde se evidencia cómo se viven las prácticas, cómo esas
prácticas no son neutras o imparciales sino que están comprometidas con unos escenarios, con unas reflexiones
actuales de la vida, y cómo muestran caminos diferentes para la investigación, pero sobre todo, cómo conservan esa
característica creativa y recreativa de las prácticas musicales.
El otro tema está más referido a la experiencia de su formación personal, en tanto que tuvo la oportunidad de que buena
parte de su formación musical la hiciera con músicos extra-académicos, con un gran sentido de la responsabilidad del
estudio. Fue discípulo del maestro León Cardona, del maestro Luis Uribe Bueno, quienes orientaban y revisaban sus
composiciones y arreglos musicales; también fue discípulo del maestro Jesús Zapata. Y en el campo de la investigación,
trabajó con la profesora Maria Eugenia Londoño, con quien fundaron en 1992 el grupo Valores Musicales en la
Universidad de Antioquia. De estos maestros conserva el conocimiento adquirido en distintas prácticas, así como el que
proporcionó la experiencia de ellos en la producción musical, pues tanto el maestro Luis Uribe como el maestro León
Cardona, fueron directores artísticos de las más importantes empresas disqueras en su momento, o sea, estuvieron
vinculados activamente con el sector productivo. Pero sobre todo le da un gran valor de su experiencia con esos
maestros, el reconocer en su labor una simbiosis entre lo creativo, lo ético y lo político. Ellos fueron personas que se
desempeñaron en cargos públicos muy importantes y que tuvieron a su cargo proyectos de políticas públicas igualmente
importantes –por ejemplo, el maestro Luis Uribe fue el creador del Programa Departamental de Bandas en Antioquia-, y
consideraban lo político en el sentido de lo público como el objeto de ese disfrute del arte y de esos retos en el campo
creativo e investigativo. Como reflexión final, el maestro Franco deja la siguiente pregunta: ¿Cómo puede la academia
hoy integrar la formación, la creación y la producción en beneficio de la profesión?
Esta pregunta y sus múltiples respuestas van a estar gravitando, no solo en el desarrollo de este debate, sino en todo el
coloquio, evidenciando que al parecer estos son algunos de los aspectos más álgidos de la problemática actual del
campo musical. La maestra Ligia Ivette Asprilla va a ampliar significativamente el tratamiento del tema, enfocándose en
una reflexión sobre la investigación y su impacto en la formación y en el ejercicio profesional del músico. Este análisis se
puede hacer desde dos miradas: desde afuera y desde adentro del campo musical, porque dependiendo de la
perspectiva hay una percepción muy distinta del proceso de investigación en la música.
Desde afuera del campo musical, la investigación se percibe como una demanda de las instituciones a los maestros y los
estudiantes, pero también de entidades como el Ministerio de Educación Nacional a las instituciones educativas y a los
programas. A su vez, el MEN 2 da respuesta a los planes sectoriales, concretamente al plan sectorial de educación, que
se inscribe en el plan de desarrollo. Este plan es resultado de presiones, negociaciones e intereses de múltiples actores.
Por una parte, hay sectores de la sociedad civil y de grupos alternativos, pero por otra parte están las limitaciones de los
recursos disponibles, los pactos, los convenios o acuerdos que se hayan suscrito internacionalmente, el programa del
gobierno de turno y muy fuertemente, las injerencias de los organismos financieros internacionales. Si se obvian todas
las mediaciones, se puede decir que hay una relación muy fuerte entre la educación y el plan de desarrollo. Al retomar
una investigación que hicieron Marta Lucía Herrera, investigadora antioqueña, y Raúl Infante Acevedo, publicada en el
año 2004 en la revista Nómadas y que puede consultarse vía Internet 3 , los autores estudian esa relación en Colombia
entre 1970 y 2002, señalando tendencias que cubren más o menos 10 años. La década del 70 correspondió a lo que
ellos llamaron la utopía del desarrollo, porque se creía que estos países no estaban subdesarrollados, sino en vías de
desarrollo. De ese sueño se despertó pronto y en la década de los 80 se dijo que no había un desarrollo que pudiera
llevar a nuestros países a niveles de los llamados países del primer mundo, pero se podía impulsar un crecimiento con
equidad, al cual aún algunos políticos se refieren. Esa década del 80 termina efectivamente con un gran crecimiento,
pero no con equidad, sino con un fenómeno muy marcado de concentración de la riqueza. Y llegó a la tendencia de los
planes de desarrollo que más interesan en este momento a partir de los 90, que es la del estado eficiente. Esta es una
tendencia en la cual los organismos financieros pasan de una financiación para el desarrollo a una financiación
empresarial y comercial para países como Colombia, con intereses muy altos.
Se deja aquí la referencia bibliográfica, para manifestar que muchas de las políticas con las estamos familiarizados hoy
en día, provienen de esa tendencia de los planes de desarrollo vigentes en nuestro país desde la década de los 90, la del
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estado eficiente. Allí se enmarcan los procesos de registro calificado y de acreditación de calidad, que han elevado el
nivel de los programas educativos, pero que también han generado cierta estandarización allí donde había una gran
diversidad de modelos educativos; allí se inscribe el famoso modelo de formación por competencias, que además ha
generado muchísimos debates, y también esa idea central que plantea la investigación como un factor decisivo en la
calidad de la educación. Entonces, cuando se mira la filiación de la idea de articular la investigación a los programas de
arte y específicamente a los de música, produce sospechas, incluso rechazo, entre algunos maestros.
No se trata de satanizar estas políticas. Se trata de comprender que responden a una tendencia general, a un conjunto
de intereses, a un conjunto de políticas que han ido quedando plasmados en los planes de desarrollo y en los planes
educativos de Colombia. Pero ¿qué pasa cuando se mira desde adentro de la música? Desde esta perspectiva la
investigación no aparece como un requisito, sino como una práctica de relevancia indiscutible. La investigación demanda
una transformación profunda en los modelos de formación de los músicos y en su ejercicio profesional, no solamente en
las maneras de actuar de los músicos, sino también en los ámbitos de desempeño que estos han tenido tradicionalmente
disponibles. Pero, ¿de qué investigación se está hablando? Es mejor no perder mucho tiempo en la discusión de si la
investigación debe estar o no estar, pues la investigación ha estado en las artes siempre, pero ha estado a manera de
prácticas articuladas a las dinámicas de creación y a las fuentes de placer de los artistas. La pregunta es si debe ser
explícita, si debe formalizarse, y si esa explicitación y esa formalización deberían conducir a la adopción de esquemas
propios de otras áreas, por ejemplo los de las ciencias duras o las ciencias sociales. Con seguridad no. Debemos hablar
de la creación-investigación, la creación como categoría mayor de la producción de conocimiento y la investigación como
una de las formas que esa creación puede asumir.
Cuando se estudia la historia, incluso la prehistoria de la humanidad, se observa que la creación es la categoría mayor
de la producción de lo novedoso, mientras que la investigación, tal como se concibe hoy en día, se consolidó de manera
relativamente reciente en lo que se llamó la ciencia moderna. Entonces esa creación-investigación que todos
entendemos de manera diferente, podría definirse en un momento como una indagación que realiza un artista, en este
caso un músico, desde su práctica musical y creativa, desde su práctica pedagógica o desde su práctica comunitaria y
social. Es un tipo de investigación que no solamente permea sino que permite refundar, reestructurar, repensar,
reconstruir esas prácticas a partir del conocimiento reflexivo.
Si se analiza la investigación frente a la práctica musical propiamente y creativa, habría que decir que la investigación
puede partir de esa práctica, pero no solamente en torno a las obras, también en torno a otros elementos de su esquema
de creación, a contextos de la creación, a procesos de la creación, a la relación de la música con otras artes o con otras
áreas del conocimiento. Entonces puede surgir desde la práctica, pero no tiene por qué circunscribirse a ella. Hay que
pensar que las disciplinas son compartimentos, y que las especialidades profesionales son compartimentos aún más
pequeños y más constreñidos. La maestra no cree que haya una investigación que pueda hacerse solo como intérprete,
y otra que pueda hacerse solo como compositor u otra que sea propia del musicólogo. Ese tipo de autolimitación remite
un poco a los animales que han permanecido mucho tiempo en cautiverio y cuando se les deja libres, aún estando en un
gran espacio, recorren el mismo pequeño circuito que recorrían en la jaula, porque hay un acondicionamiento general
que no les permite visualizar que hay un territorio abierto y libre que pueden recorrer. El conocimiento es eso, es un
campo abierto, y una especialidad profesional, sea la de intérprete, la de compositor, o la de musicólogo, es aún más
restringida que las disciplinas (la música, la danza o el teatro), y no tenemos por qué circunscribir nuestra acción a esas
especialidades. Si se piensa desde allí la investigación, entonces exigirá de los músicos nuevas formas de socializar
nuestros trabajos, que ya no son solamente el recital, o la conferencia, sino que articulan las prácticas, los objetos, las
obras musicales y el conocimiento.
Obsérvese ahora otro ámbito de investigación, como son las prácticas comunitarias. Efectivamente, un investigador
puede acompañar, liderar o integrarse a procesos que adelantan las comunidades tradicionales sobre su patrimonio
cultural y musical en general, ampliando su campo de acción, dada la responsabilidad social que tiene de producir y
generar propuestas innovadoras y transformadoras de las realidades sociales a través de la investigación.
Finalmente, el ámbito pedagógico. Nuevamente se hará una referencia a una investigación, que es la de Eduardo
Corredor y Julieta Ramírez de la Escuela de Administración de Negocios de Bogotá 4 , quienes a su vez retoman un
trabajo que hizo la UNESCO de 2009 llamado “Tendencias contemporáneas en formación musical” que estudia los
espacios profesionales del músico en Colombia. La UNESCO se preguntaba por qué los músicos en Colombia están
enseñando, y mencionan que son principalmente los músicos académicos los que trabajan en docencia y no tanto en las
practicas del campo profesional de la música y que muchos de ellos se desempeñan incluso en cargos públicos. La
UNESCO concluye que falta muchísimo desarrollo de la industria cultural musical en Colombia y apertura de espacios de
desempeño para los músicos. Pero si se piensa la pedagogía, no como reemplazo del ejercicio musical, sino como
complemento, se establece una condición ideal para el país, en donde se necesita una generalización de la educación
musical en la edad temprana, incluso desde la primera infancia, y donde se requieren pedagogos y gestores culturales.
Lo que no se requiere son pedagogos que crean que la pedagogía es apropiar acríticamente los métodos de iniciación
musical que han propuesto los europeos en el siglo XX, métodos que son por cierto referentes muy importantes. Pero allí
no se agota la pedagogía; se requieren pedagogos que desde la investigación puedan generar propuestas pertinentes,
innovadoras y conectadas con la realidad de las comunidades en las cuales se van a trabajar esos modelos.
Se concluye entonces con la siguiente reflexión: Darwin se preguntaba por qué la presencia de la música en todas las
culturas, cuando al parecer no es vital para la supervivencia de la especie humana, intuyendo él mismo una respuesta
que investigaciones recientes han afianzado: la música es el primer lenguaje del bebé y tiene incluso efectos en la etapa
prenatal, pero también, cuando se ha estudiado el lenguaje musical respecto a la estructura de los lenguajes de otras
especies, investigaciones recientes están postulando que de la música surgió el lenguaje verbal, es decir, que la música
fue el primer lenguaje tanto en la especie humana, como en el niño pequeño. Esa importancia de la música para la vida
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nos dice que es más una disciplina o una profesión. La música es un contexto de desarrollo y aprendizaje y ello nos dice
que no solamente es posible educar en la música, sino vivir en la música, y de esa perspectiva se derivan un gran
conjunto de acciones que podemos abordar los músicos frente a la sociedad.
La última intervención del panel correspondió al maestro Carlos Rojas Hernández, quien, retomando elementos de las
anteriores, centró su reflexión en el tema de los programas de profesionalización que se han ofrecido a través del
programa Colombia Creativa en diversas universidades del país. El maestro Rojas, como exponente de la música de
tradición popular, inicia su intervención señalando su camino personal en la música.
En su caso personal, la creación como centro o como campo mayor de desarrollo, atraviesa toda su experiencia de vida,
y alrededor de este centro ha habido otra serie de desarrollos, búsquedas e investigaciones, que a su vez se han puesto
al servicio de ese campo mayor que es la creación. Como músico tradicional de joropo de la región de los llanos,
proviene de la práctica misma, y como casi todos los músicos tradicionales, se encontraron la música como accidente o
como algo que no podían eludir por el contexto mismo en que crecieron. La mayoría descubrió la música de una manera
absolutamente natural, y el camino que llevó a algunos como el maestro Rojas a esos desarrollos profesionales que
quizás se han alcanzado, no siempre fue determinado de una manera consciente, sino generado más bien en el
serpenteo de las circunstancias que la vida va abriendo y que lo llevaron a hacer ese esfuerzo por necesidad o por
obligatoriedad.
Hay en ese camino una serie de cambios y de transiciones de lo que significa la apropiación del saber, entendido como
conocimiento básico, como la materia fundante en la que uno comienza a desempeñarse como músico, hasta
transformarse en elementos de oficio y más adelante en elementos de profesionalidad o de profesión. Y la reflexión que
se propone en este panel se centra en una pregunta que atañe a muchos músicos que están comprometidos en un
proyecto muy importante para la educación musical, como es el proyecto de profesionalización que se ha impulsado
desde el programa Colombia Creativa.
¿Qué significa profesionalización para las personas que provienen del campo de las músicas tradicionales, que
provienen de saberes ancestrales que en algunos casos se han transformado en oficio vital porque exigen una entrega
de tiempo significativo? Lo que estos músicos tienen claro es que dicho tiempo se ha puesto al servicio del desarrollo de
unas técnicas, del conocimiento de unos repertorios, de la definición de unos estilos y de la comprensión de unas
estructuras musicales, lo cual ha grabado en ellos la impronta del oficio; de saberse capaz al interior de un estilo y de
resolver lo que se requiere para reproducir repertorios de dicho estilo.
Se define entonces el oficio como un conjunto de saberes, de destrezas y de competencias, de capacidades para inter-
relacionar repertorios propios con repertorios ajenos, para construir nuevos repertorios que hagan de la creación la
práctica central de nuestro trabajo. Aparecen además allí otros elementos que conducen a la pregunta de cómo se
genera conocimiento para acrecentar el oficio y desarrollar ese saber básico del cual proviene el músico tradicional, y en
ese camino muchos se han encontrado con el auxilio de oficios desarrollados en otros contextos, algunos de ellos
académicos.
A los músicos que provienen de ese contexto de la tradición se les ofrece en este momento, para la definición como
profesionales, el camino de la profesionalización a través de los programas que frecen diversas universidades que han
acogido el programa Colombia Creativa. Esta profesionalización es entendida como la posibilidad de acceso a un saber
académico para apoyar ciertos desarrollos en el oficio, tales como técnicas o metodologías que permitan ordenar el
oficio, para poder hacerlo mucho más sólido desde el punto de vista conceptual. Pero la profesionalización toca con un
problema fundamental y es la pregunta sobre qué es lo “academizable” del saber tradicional. Para poder acceder al título
profesional de la música hoy en día en este país se requiere una validación académica, pese a que hay muchos que
están luchando desde hace tiempo para que esto no se haga de esta manera.
La reflexión final se resume entonces en una pregunta: ¿De qué manera entiende la academia ese proyecto de
profesionalización que se le propone como salida a los músicos tradicionales? ¿Apoyaría sus saberes y sus realidades
tanto creativas como de trabajo?
Como se puede apreciar, en las tres exposiciones se abordó una multiplicidad de temas asociados a la línea temática. No
obstante, la actualidad y sensibilidad del tema de la profesionalización del músico tradicional o de oficio, mediante el
acceso a los programas de Colombia Creativa, hizo que este fuera el centro del debate y a la postre las preguntas y
reflexiones en torno a ellos, quedaran en el imaginario de los asistentes como la principal inquietud, dado el alto impacto
que tienen en la práctica cotidiana de la música y sus relaciones con la vida laboral y el ingreso económico de sus
cultores.
Se destaca por parte del maestro Jorge Franco, que el tema de los proyectos de profesionalización de Colombia Creativa
se ha expresado en algunas de las conclusiones de encuentros regionales de investigación. En ellos se ha preguntado
por qué si la academia se ha mantenido a espaldas de las músicas tradicionales, ahora se abroga el derecho de
certificarlas. Por otra parte, en esos mismos encuentros se ha planteado también la propuesta de por qué no
desacademizar las artes, dándole a lo creativo un sentido al margen de lo académico, pues se ha considerado que la
academia ha enfatizado más en la repetición, dejando de lado la creación, alejándose además de los procesos
productivos de la música y limitando la acción del músico al campo interpretativo.
No obstante, Ligia Asprilla plantea la sinergia entre la academia y la práctica tomando como referencia las escuelas
pitagórica y empírica de los griegos, que por métodos aparentemente antagónicos llegaron a las mismas conclusiones en
el caso de la escala natural de la música. Por tanto, concluye que la contraposición entre academia y empiria es ficticia,
pues los avances investigativos han demostrado que hay múltiples caminos para llegar al conocimiento musical, siendo
la academia uno de ellos. Se hace referencia a una propuesta que se ha pensado para la región del Pacífico, consistente
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en la participación de maestros tradicionales de la región como profesores visitantes en programas de universidades
como la de Nariño o la del Chocó, quienes en dicha calidad podrían transmitir el conocimiento generado por su
experiencia a los estudiantes de música. Este tipo de experiencias ha sido exitoso en países como Brasil.
Por su parte, en la experiencia de los músicos provenientes de la región de los llanos orientales que han participado en
los programas de profesionalización, se evidencia que estos no han aportado nada a sus saberes en el campo creativo, o
por lo menos no se ha hecho evidente, según Carlos Rojas. Pareciera que estos programas apuntaran a unos propósitos
distintos a los que requieren los participantes en función de su práctica cotidiana, en la que no se reflejan de ninguna
manera los conocimientos que han adquirido en las clases. Pese a que en la base de los programas está la necesidad de
establecer un diálogo de saberes que se da mediante la apertura de la universidad a los conocimientos tradicionales, en
la práctica los beneficios de dicho diálogo no se expresan de ninguna manera en el oficio del músico, el cual viene
desarrollándose exactamente igual a como se hacía antes de acceder a los programas de profesionalización. Esto
conduce a pensar que algo está fallando en el diseño de los programas, pues parecen estarse entregando a los
participantes unos contenidos que no necesitan.
Evidentemente, es difícil pensar que la universidad ha cambiado al plantear el ejercicio de profesionalización como una
apertura o como un cambio de paradigma, pues sigue siendo profundamente rígida y discriminatoria. Lo que se hizo tal
vez fue un ejercicio político mediante el cual la universidad obraba como certificadora de conocimientos, adicionándole a
los participantes algunos elementos de investigación, pero sin plantearse devolver a las comunidades de origen de los
participantes la síntesis de las experiencias del paso de estos por los programas. Se sigue sustrayendo al conocimiento
local en aras de una universalidad, que muchos análisis contemporáneos ya han puesto en cuestión.
Surge la pregunta por parte de Rubén López-Cano a quienes cuestionan los programas de profesionalización, sobre
cuáles serían los contenidos esperados por parte de los músicos que acceden a ellos.
Carlos Rojas plantea que esa es la pregunta que seguramente se deben estar haciendo de buena fe las universidades,
pero al parecer no han encontrado la respuesta. Esta debería pasar por un ejercicio investigativo profundo que pudiera
desentrañar las particularidades y la mecánica interna de las músicas tradicionales en sus contextos, para extraer de allí
los parámetros para un programa de estudios que pueda enriquecerlas en sus prácticas cotidianas.
En resumen, la principal conclusión del panel se centra en la necesidad de profundizar acerca de los contenidos y las
posibilidades de los programas de profesionalización, a partir de la evaluación de la experiencia tanto institucional por
parte de las universidades que lo han desarrollado, como a nivel de los egresados de dichos programas, en aras de
encontrar un punto medio que permita cumplir las expectativas académicas, prácticas y patrimoniales de todos los
actores.
Con la presentación de la ponencia Dinámicas de formalización en el sector musical del Tolima, presentada por un grupo
de investigación del Conservatorio del Tolima y la Universidad de Ibagué, se complementan las exposiciones de la línea
temática de Saber, práctica, oficio y profesión musical. Esta ponencia toca un tema socialmente muy importante en la
vida de los músicos populares, como es el del trabajo en la calle o en eventos sociales. La ponencia presenta los
avances de la investigación en algunos de los municipios considerados, mostrando estadísticas sobre el tema que
seguramente contribuirán de manera significativa en la formulación de propuestas que apoyen el diseño de políticas
públicas para el sector. El presente número de A Contratiempo incluye el texto de dicha ponencia.
1. Plan Nacional de Música para la Convivencia
2. Ministerio de Educación Nacional
3. Puede consultarse en el siguiente
enlace: [Link]
4. Puede consultarse en: [Link]
Colombiana#scribd
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