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El Viento Del Norte y El Sol: Moraleja

El Viento del Norte y el Sol discutieron sobre quién era más poderoso y decidieron probarlo haciendo que un caminante se quitara su abrigo. El Viento sopló con fuerza pero el hombre se aferró más a su abrigo, mientras que los suaves rayos del Sol lo hicieron sentirse cómodo hasta que se quitó el abrigo. El Sol demostró ser más poderoso con gentileza en lugar de fuerza.

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El Viento Del Norte y El Sol: Moraleja

El Viento del Norte y el Sol discutieron sobre quién era más poderoso y decidieron probarlo haciendo que un caminante se quitara su abrigo. El Viento sopló con fuerza pero el hombre se aferró más a su abrigo, mientras que los suaves rayos del Sol lo hicieron sentirse cómodo hasta que se quitó el abrigo. El Sol demostró ser más poderoso con gentileza en lugar de fuerza.

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El Viento del Norte y el Sol

El Viento del Norte y el Sol tuvieron una discusión sobre cuál de los
dos era el más fuerte y poderoso. Mientras discutían vieron a un
caminante que llevaba puesto un abrigo.
—Esta es la oportunidad de probar nuestro poder y fortaleza —dijo
el Viento del Norte—. Veamos quién de nosotros es lo
suficientemente fuerte como para hacer que este caminante se
quite el abrigo. Quien lo logre será reconocido como el más
poderoso.
—De acuerdo—dijo el Sol—. Comienza tú.
Entonces, el Viento comenzó a soplar y resoplar. Con la primera
ráfaga de viento, los extremos del abrigo se agitaron sobre el
cuerpo del caminante. Pero cuanto más soplaba el Viento, más
fuerte el hombre sujetaba su abrigo.
Ahora, era el turno del Sol y él comenzó a brillar. Al principio sus
rayos eran suaves; sintiendo el agradable calor después del
amargo frío del Viento del Norte, el caminante se desabrochó el
abrigo. Los rayos del Sol se volvieron más y más cálidos. El hombre
se quitó la gorra y enjugó su frente. Se sintió tan acalorado que
también se quitó el abrigo y para escapar del ardiente sol, se arrojó
en la acogedora sombra de un árbol al borde del camino. ¡El Sol
había ganado!

Moraleja: La gentileza y la amabilidad ganan donde la fuerza y la


fanfarronería fallan.

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