Actividad Expropiatoria
Actividad Expropiatoria
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ACTIVIDAD EXPROPIATORIA (I)
El derecho de propiedad, uno de los derechos reales, se estudia en Derecho civil. Es por esto
que conviene recordar lo que determina el Código Civil de Cataluña: (art. 541-1.)
Concepto.“1. La propiedad adquirida legalmente otorga a los titulares el derecho a usar de
forma plena los bienes que constituyen su objeto y a disfrutar y disponer de ellos.”
Entre los intereses individuales, el uso y disfrute de una vivienda o de unos terrenos por su
titular. Entre los segundos, por ejemplo, la obligación de dedicar una parte de los terrenos
privados que se urbanizan a vivienda social. Esto es, el propietario puede urbanizar y
edificar los terrenos con destino a vivienda; pero lo edificado o una parte, no podrá
destinarse a cualquier tipo de vivienda, sino a uno que debe cumplir determinados
parámetros de superficie y calidades y venderse o alquilarse por unos precios máximos.
A) Evolución histórica
Un sugerente comentario sobre la génesis y uso del concepto de dominio eminente que
servirá como justificación de la expropiación forzosa, se encuentra en la lección XXVII del
libro del profesor José Esteve Pardo, que lleva por título Lecciones de Derecho
Administrativo (ed. Marcial Pons, 8ª edición, 2018). Igual interés tiene el tratamiento que el
mismo autor hace de la afirmación del derecho de propiedad en las primeras constituciones
fruto de las revoluciones burguesas, así como la evolución de la legislación española hasta
llegar a la vigente ley reguladora de la expropiación.
En una primera aproximación podemos decir que, históricamente, han sido dos las
concepciones de la institución que se han sucedido en el tiempo: la individualista y la social.
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1) Concepción individualista
Inspirará las constituciones españolas de 1837, 1845, 1869 y 1876. Se recogerá en las dos
primeras leyes de expropiación forzosa españolas, de 1836 y de 1879.
2) Concepción social
-Uno de los instrumentos para hacer cumplir la función social de la propiedad: expropiación
sanción;
B) Concepto
Siguiendo al profesor Luciano Parejo en sus Lecciones de Derecho Administrativo (ed. Tirant
lo Blanch, 9ª edición, 2018) podemos decir que la expropiación es:
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sujeto pasivo de dicha potestad. Ese negocio es formal, en la medida en que requiere la
presencia y actuación de una AP y el ejercicio por ésta de la potestad a través de un
procedimiento legalmente determinado y para un objeto preciso: la privación singular de
una situación jurídica de contenido patrimonial protegida por el ordenamiento (a título de
derecho subjetivo o de simple interés legítimo) y regida por el Derecho privado o común ( lo
que excluye los bienes de dominio público y los comunales, sujetos –incluso por prescripción
constitucional- a un régimen de Derecho público mientras dure su afectación, es decir, su
sujeción a dicho régimen). “
Una ejecución en que deberán tenerse en cuenta los sujetos, el objeto y la causa. Sujetos o
elemento subjetivo, personas intervinientes; objeto, derechos sobre los que recae la
expropiación y que se transfieren de su titular al sujeto que los precisa para llevar a cabo el
interés general; causa o justificación habilitante a la que ya hemos hecho mención.
A) El expropiante
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Es importante remarcar que otras administraciones públicas, englobadas en el sector
público institucional (art. 2.1.d) y 2 de la LRJSP), para las que el territorio no es un
elemento constitutivo, como por ejemplo los organismos autónomos, las entidades públicas
empresariales o las sociedades mercantiles con mayoría de capital, incluso el 100%, público,
carecen de ese poder exorbitante. No pueden imponer la transferencia de la titularidad de
un bien o derecho mediando una compensación o indemnización, en que la expropiación
consiste.
Si un ente público no territorial precisa obtener bienes o derechos, que no puede adquirir
contractualmente, porque por ejemplo su titular se niega a contratar, no podrá expropiarlos,
sino que deberá solicitar de otro ente con potestad expropiatoria, normalmente el ente
territorial con el que está vinculado, que lo haga y le transmita lo expropiado. Esto nos
introduce en el segundo elemento subjetivo.
B) El beneficiario
En los términos utilizados por el Reglamento ejecutivo de la LEF (REF en adelante) es “el
sujeto que representa el interés público o social para cuya realización está autorizado a instar
de la Administración expropiante el ejercicio de la potestad expropiatoria y que adquiere el
bien o derecho expropiados” (art. 3 REF).
Lo pueden ser sujetos públicos, por ejemplo ADIF para la construcción de una línea férrea;
pero también privados, así IBERDROLA para instalar una línea de distribución de energía
eléctrica. Puede darse la circunstancia de que beneficiario y expropiante coincidan, como
sería el caso, de un Ayuntamiento para construir unos nuevos depósitos de agua, para el
servicio de suministro a la población que gestiona directamente.
C) El expropiado
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Cataluña, administración institucional o ente instrumental (beneficiario), solicita su
expropiación al Departamento competente en materia sanitaria de la Administración de la
Generalitat (expropiante). El expropiado será el propietario X; pero imaginemos que éste
otorgó un contrato de arrendamiento rústico a favor de una sociedad Y. Serán expropiado
tanto el propietario X como la sociedad Y. La LEF establece el procedimiento a seguir para
que los derechos de ambos se respeten.
El expropiado, como ya sabemos (art. 33.3CE) tiene derecho a recibir una indemnización
compensatoria de la privación patrimonial. Es por esto que se le otorga un protagonismo en
su determinación. Sería la otra cara de la moneda en relación con el beneficiario.
La fijación del justiprecio se tramitará con lo que se denomina “pieza separada – una parte
diferenciada dentro del expediente expropiatorio- encabezada por la exacta descripción del
bien concreto que haya de expropiarse”. Tanto a los propietarios (art. 26.2 LEF) como a los
arrendatarios (art. 4.1) se les abrirá un expediente individual al efecto de determinar la
indemnización. En cambio, los restantes expropiados obtendrán la indemnización de la
fijada ya sea para el propietario, ya para el arrendatario, con el que tienen la relación en la
que se fundamenta su derecho.
El REF (art. 6.2) lo expresa con estas palabras: “Los titulares de derechos o intereses sobre el
bien expropiado, salvo los arrendatarios rústicos o urbanos, no percibirán indemnización
independiente, sin perjuicio de que puedan hacerlos valer sobre el justo precio derivado de la
expropiación principal.”
Debe tratarse de derechos de los que se pueda resarcir a su titular mediante una
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indemnización, por ejemplo, una patente.
En todo caso, no son expropiables los derechos de carácter personal, como los derechos
de la personalidad (filiación, paternidad,..) o los derechos fundamentales y libertades
públicas. Ambos pertenecen a la categoría de “res extra comercium”. Como excepción, se
entiende que determinados derechos vinculados a las personas tienen un contenido
estrictamente comercial, patrimonial, que sí permite su expropiación. Así, por ejemplo, el
derecho a la imagen de espectáculos y acontecimientos deportivos.
Al tratar de los sujetos hemos comentado que son los bienes y derechos expropiables los
que determinan al expropiado y no al revés. Es por ésta razón que la titularidad de un
bien por parte de la Administración no determina que en todo caso no sea expropiable.
Dependerá de la naturaleza jurídica del mismo.
Los bienes de las AAPP se clasifican en bienes de dominio público -que se encuentren
afectados al uso general o al servicio público-, que no son susceptibles de expropiación,
y bienes patrimoniales, que sí lo son. La regulación de unos y otros la encontramos en la
Ley 33/2003, de 3 de noviembre, del Patrimonio de las Administraciones Públicas.
La expropiación forzosa es un negocio causal. Se justifica por la existencia de una causa. Así
lo exige la Constitución (art. 33.3) al decir “de utilidad pública o interés social”. La referencia
“de conformidad con lo establecido en las leyes” del mismo precepto, interpretada a la luz del
rol jugado por los parlamentos a partir de las revoluciones burguesas como garantes de los
derechos de los ciudadanos, significativamente del de propiedad, ha llevado a exigir que la
causa esté establecida en una norma con rango de ley, con carácter previo a proceder a la
expropiación.
A) Requisito previo
La LEF (art. 9) dispone: “Para proceder a la expropiación forzosa será indispensable la previa
declaración de utilidad pública o interés social del fin a que haya de afectarse el objeto
expropiado.”
La causa, por tanto, debe estar establecida en una norma con rango de ley, con anterioridad
a iniciar el procedimiento expropiatorio. Es por esto que se dice que no es tanto una fase de
dicho procedimiento, como un momento necesario y previo al mismo.
B) Fundamento
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los particulares titulares de los terrenos necesarios para ejecutarlo.
Teniendo en cuenta que lo que se considera necesidad social está sujeto a la evolución de la
propia sociedad, podemos decir que es un concepto cuya concreción no es inmutable. En el
siglo XVIII no se hubiera considerado que una piscina pública justificaba una expropiación;
pero en cambio sí unos lavaderos.
En nuestra Constitución, que en este punto reproduce las previsiones de la LEF de 1954, se
adopta un criterio amplio, de considerable deferencia hacia el legislador, al admitir tanto la
causa de utilidad pública como la de interés social. Dos supuestos que no son
intercambiables sino que expresan situaciones distintas.
Las dificultades para muchos ciudadanos de hacer efectivo el derecho a una vivienda digna
y adecuada, proclamado como principio rector de la política económica y social (art. 47.1
CE), ha dado lugar a diversas iniciativas legislativas que han articulado la expropiación
forzosa, en general del usufructo de viviendas desocupadas, como una medida de
intervención administrativa idónea para coadyuvar a su efectividad. En estos casos, la causa
de la expropiación está vinculada al desarrollo del Estado social, por tanto es una causa de
interés social. Además, su justificación radica en el incumplimiento de la función social de
la propiedad.
C) Proceso de determinación
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La mayor parte de expropiaciones tenían y tienen por finalidad la construcción de obras
públicas. La ejecución de las mismas exige la previa aprobación de un proyecto que, hoy en
día, requiere seguir un procedimiento administrativo, a veces largo y complicado. Por esta
razón, se pensó que la aprobación de determinados proyectos, incorporaba
suficientes garantías de que se perseguía una finalidad de interés general, utilidad pública,
que justificaba utilizar la institución expropiatoria. Así, nació lo que denominamos
declaración implícita.
La LEF (art.10) se refiere a estas dos últimas formas de declaración de causa en los términos
siguientes:
“En todos los casos no previstos en el artículo anterior y relativos a bienes inmuebles, siempre
que no se trate de los que con arreglo a esta Ley se regulan por disposición especial, la
declaración de utilidad pública deberá hacerse mediante Ley aprobada en Cortes.”
Una declaración genérica, es la que prevé la Ley 24/2013, de 26 de diciembre, del Sector
Eléctrico (art. 54 y ss.). La declaración genérica requiere un acto administrativo de
concreción de la misma a una instalación concreta, subsumible dentro del tipo general
delimitado en la ley. Así, por ejemplo, el acuerdo del Consejo de Ministros (art. 55.3 LSE)
Junto a la Declaración genérica que se concreta expresamente, hemos visto que también hay
declaraciones implícitas. Se trata de supuestos en que un acto administrativo con una
finalidad, por ejemplo aprobar un proyecto de carreteras, comporta, lleva implícita además,
otra. Es el caso de la aprobación de un proyecto de carreteras, en la redacción dada por el
legislador autonómico en el Texto Refundido de la Ley de Carreteras de Cataluña, aprobada
por el Decreto Legislativo 2/2009, de 25 de agosto (art. 19), así como por el legislador
estatal en la Ley 37/2015, de Carreteras del Estado (art. 12):
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Artículo 19 Decreto Legislativo 2/2009. Aprobación y efectos.
“1. Los estudios y proyectos de carreteras de las redes básica y comarcal de titularidad de la
Generalidad deben ser aprobados por el departamento competente en materia de carreteras.
Los estudios y proyectos de carreteras de la red local deben ser aprobados por el órgano
competente de las diputaciones o de los entes supramunicipales que las sustituyan.
3. La declaración de utilidad pública o interés social, (…) se refieren también a los bienes y
derechos comprendidos en el replanteamiento del proyecto y en las modificaciones de obras
que puedan aprobarse posteriormente.
3. A los solos efectos de la ocupación temporal de los terrenos para la toma de datos y
realización de prospecciones necesarias para la elaboración de los proyectos, la aprobación
de los estudios informativos implicará la declaración de utilidad pública (…).
Aprovechamos para recordar, una vez más, que la causa no se agota en el momento de poner
en marcha el procedimiento, sino que ha de perdurar una vez finalizado y ocupados los
bienes objeto de la expropiación. En caso contrario, el expediente se quedaría sin cobertura
y el expropiado podría ejercer su derecho de reversión. A él nos referiremos más adelante.
El iter jurídico a través del cual va a concretarse cada operación expropiatoria, es decir, el
procedimiento administrativo en el que se va a ejercer la potestad expropiatoria reconocida
por el ordenamiento jurídico a una administración, debe articular las dos dimensiones de
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esta institución. La de instrumento al servicio de las políticas públicas y la de garantía de los
derechos de los ciudadanos.
1. El procedimiento general
“La Ley de 1879 adopta la estructura de cuatro períodos: declaración de utilidad pública,
necesidad de ocupación, justiprecio, pago y toma de posesión. Estos cuatro períodos
corresponden a los cuatro momentos lógicos que cabe descubrir en la operación jurídico-
administrativa, que lleva consigo: a) su autorización; b) su aplicación a un bien o derecho en
concreto; c) la fijación de la indemnización, y d) la consumación de la relación que se establece
entre la Administración y el expropiado por el pago y la toma de posesión. (…)”
3-Las alegaciones que se hayan presentado en ese período, se valoran y se resuelven por el
expropiante que describirá en la resolución detalladamente los bienes y derechos a que
afecta la expropiación (…) “designando nominalmente a los interesados con los que hayan de
entenderse los sucesivos trámites” (art. 20 LEF).
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La omisión de la relación de bienes o derechos se ha considerado por los tribunales causa
de nulidad (art. 47.1.e) LPC) “Los actos de las Administraciones Públicas son nulos de pleno
derecho en los casos siguientes: e) Los dictados prescindiendo total y absolutamente del
procedimiento legalmente establecido (…)”
Es por esto que tiene todo el sentido que no pueda omitirse la relación y su exposición al
público en algún momento de la tramitación, en aquellos procedimientos en que la
necesidad de ocupación se entiende implícita en, por ejemplo, la declaración de utilidad
pública. Así en la aprobación definitiva de proyectos de carreteras (art. 12. 2. Ley 37/2015)
que hemos reproducido parcialmente sólo referido a la utilidad pública y que ahora
copiamos en su literalidad:
“2. La aprobación definitiva de los proyectos de carreteras del Estado implicará la declaración
de utilidad pública y la necesidad de ocupación de los bienes, modificación de servicios y
adquisición de derechos correspondientes, a los fines de expropiación, de ocupación temporal
o de imposición o modificación de servidumbres. No obstante, en el mismo acto de aprobación
provisional podrá declararse la urgencia del proyecto, en cuyo caso, dicha aprobación
definitiva implicará la urgencia a los fines de expropiación”.
“4. La aprobación del proyecto de construcción no requerirá la realización previa del trámite
de información pública previsto en los artículos 18 y 19.1 de la Ley de Expropiación Forzosa,
salvo cuando aquélla llevara consigo la necesidad de modificar el proyecto de trazado que con
carácter previo hubiera sido sometido a información pública y aprobado definitivamente
(porque se ha sometido a información una fase previa denominada proyecto de trazado).
Cuando no existiere proyecto de trazado, será el proyecto de construcción el que haya de ser
sometido a información pública.”
Que el bien inmueble o finca remanente una vez practicada la expropiación sea de
explotación anti-económica, es una de los supuestos de hecho que puede dar lugar a una
alegación de fondo. Este supuesto previsto en la LEF (art. 23) permite al expropiado
solicitar que se le expropie la totalidad de la finca. Una solicitud que debe ser resuelta
motivadamente por la Administración, teniendo en cuenta no sólo el interés del solicitante
sino el interés general que tiene confiado administrar.
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económicos directos sobre la cosa expropiable. De este modo, la referencia a interesados
de la LEF coincide con el concepto de interesado establecido en la LPAC (art. 4.1. b) “Los
que, sin haber iniciado el procedimiento, tengan derechos que puedan resultar afectados por
la decisión que en el mismo se adopte.”
1) Concepto y elementos
Sabemos que la CE (art. 33.3) exige la compensación para que la expropiación sea
conforme a aquella. Esta indemnización o justiprecio se determinará una vez firme el
acuerdo por el que se declara la necesidad de ocupación (art. 25 LEF). Se trata de una nueva
fase del procedimiento administrativo de expropiación, “pieza separada” en la terminología
legal (art. 26 LEF).
En la medida que toda valoración debe referirse a una fecha determinada, el REF (art. 24)
se inclina por la realidad material al entender que se trata del “día siguiente a aquél en que
haya adquirido firmeza el acuerdo declaratorio de la necesidad de ocupación, con
independencia de la fecha en que la Administración expropiante entienda la correspondiente
diligencia de apertura”.
La indemnización debe ser justa, por tanto debe cubrir el precio del bien o derecho
expropiado, ni más, ni menos. La LEF pretende que el expropiado sea compensado, no que
se vea perjudicado ni beneficiado patrimonialmente. Buscar el precio “justo”, obliga al
beneficiario y al expropiante; pero no está exento de dificultad.
2) Sistemas de determinación
Al efecto de determinar, de encontrar ese precio justo, se articula un procedimiento con tres
momentos sucesivos: acuerdo amistoso o convenio expropiatorio (art. 25 LEF); valoración
contradictoria (art. 29 LEF); y determinación por el Jurado de Expropiación (art. 31 LEF).
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La no resolución del asunto, la fijación del justiprecio, en el primero de ellos en el plazo
preestablecido, da lugar al inicio del siguiente. Igualmente, se inicia el tercero si no se
alcanza un acuerdo en el segundo.
La LEF expresa su preferencia por el acuerdo libremente pactado, al establecer que una
vez transcurrido el plazo previsto para intentar alcanzarlo e iniciado otro momento, ya sea
el de valoración contradictoria o el de determinación por el jurado, se está a tiempo de
lograr un acuerdo amistoso (art.24 LEF). Que el precio se haya pactado no transforma la
expropiación en compraventa, sino que se trata de un supuesto de terminación
convencional del procedimiento (art. 86 LPAC) expropiatorio.
b) Valoración contradictoria
En la LEF (art. 30.1) se dice “La Administración expropiante habrá de aceptar o rechazar la
valoración de los propietarios en igual plazo de veinte días.” Es el REF el que precisa cómo
actuar cuando expropiante y beneficiario sean personas distintas. Concretamente (art.
5.2.4º) dispone: “2º. En el curso del expediente tendrán atribuidas los beneficiarios las
siguientes facultades y obligaciones:
(…)4º Actuar en la pieza separada de justiprecio, a los efectos de presentar la hoja de aprecio
a que se refiere el artículo 30 de la Ley, y de aceptar o rechazar la valoración propuesta por
los propietarios.”
La LEF (art. 32) indica la composición del Jurado provincial de Expropiación que es un
órgano administrativo, no judicial, aunque lo preside un magistrado designado por el
presidente de la Audiencia provincial. Se trata de un órgano especializado, que aunque
encuadrado dentro de la AGE no está sometido a instrucciones jerárquicas, para desarrollar
esta función de valorar los bienes y derechos a expropiar, a falta de acuerdo entre las partes.
Esta no vinculación al principio de jerarquía pretende blindar su objetividad en el desarrollo
de la misión encomendada.
Por reforma del año 2012, en plena crisis económica se aumentó el número de
representantes de la Administración a cuatro, con la finalidad poco disimulada de reducir el
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coste de las indemnizaciones. El equilibrio entre ambas visiones, Administración-Sociedad,
se rompió en beneficio del punto de vista de la Administración.
Al Jurado corresponde, a la vista de las hojas de aprecio formuladas por los propietarios y
por el beneficiario (ya hemos visto la precisión efectuada por el REF para el caso que
expropiante y beneficiario no coincidan), decidir “ejecutoriamente sobre el justo precio que
corresponda a los bienes o derechos objeto de la expropiación” (art. 34 LEF).
Los criterios que cabe utilizar para “descubrir” el valor de un bien, con carácter general,
no sólo con vistas a una expropiación, se pueden basar o bien en valores objetivos o bien
en valores de mercado.
En el ámbito expropiatorio, entre los primeros, objetivos, los más utilizados por los jurados
han sido los valores fiscales, como por ejemplo los valores catastrales al efecto del impuesto
de bienes inmuebles. Unos valores con los que la Administración calcula la base imponible
y sobre los que aplica los tipos que determinan la cuota tributaria. Estas valoraciones
acostumbran a ser más bajas que las de mercado; pero tienen el atractivo de su certeza.
Los valores de mercado, como alternativa, reflejan lo que se está pagando realmente por
un bien; pero tienen el inconveniente de su variabilidad. Para aquellos bienes o derechos
que cotizan en mercados organizados, como obligaciones y acciones, es más fácil articular
valoraciones objetivas que tiendan a las de mercado. En este sentido, la LEF (art. 40)
dispone:
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llevar a cabo la tasación aplicando los criterios estimativos que juzguen más adecuados, si la
evaluación practicada por las normas que en aquellos artículos se fijan no resultare, a su juicio,
conforme con el valor real de los bienes y derechos objeto de la expropiación, por éste superior
o inferior a aquélla.”
La misma libertad estimativa en la valoración, para hacer uso de los criterios que juzgue
más adecuados, se reconoce al Jurado provincial de expropiación “cuando considere que el
precio obtenido con sujeción a las reglas (…) resulte notoriamente inferior o superior al valor
real de los bienes”
Una vez determinado “el justo precio, se procederá al pago de la cantidad que resultare en el
plazo máximo de seis meses” (art. 46.1 LEF).
De la misma manera, una vez determinada la indemnización, por transcurso de seis meses
sin hacerla efectiva, también se devengará el interés legal correspondiente a favor del
expropiado (art. 57).
Una última garantía de la efectividad del pago se conoce con el nombre de retasación (art.
58). Consiste en la nueva evaluación económica del objeto expropiado, por tanto referida la
valoración a otras coordenadas temporales, si transcurren cuatro años sin que se pague la
indemnización o se consigne. Esta es una garantía que sólo el expropiado puede activar,
solicitándolo efectivamente, para evitar que se le perjudique en el caso de una bajada de
precios o deflación.
La LEF (art. 51) dispone que hecho efectivo el justo precio, o consignado (para el caso que
el propietario rehusara recibirlo o existiere litigio entre éste y la Administración) en la
forma que describe el art. 50, podrá ocuparse la finca.
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El procedimiento de urgencia, acordado por el Consejo de Ministros o el Consejo de
Gobierno de la Comunidad Autónoma, de acuerdo con lo establecido en la LEF (art.52)
habilita a la Administración a la inmediata ocupación del bien que se trate, consignando un
depósito que el propio artículo indica cómo calcular.
Como hemos visto al tratar de la causa por razón de utilidad pública o de interés social,
algunas leyes prevén que esa declaración de la causa lleva aparejada la de la
necesidad de ocupación. Es cierto que siempre se requiere, que en el procedimiento de
declaración conste la relación pormenorizada de bienes o derechos que se pretende
expropiar; pero el requisito previo y la fase inicial de la expropiación se funden en un único
momento, con la finalidad de acelerar el proceso. Estos supuestos no constituyen,
estrictamente, procedimientos especiales, sino una modulación del procedimiento general.
La excepcionalidad del mismo, que obviamente supone una merma de garantías para el
expropiado, aunque no hasta el punto de situarse fuera del marco constitucional, explica
una regulación muy detallada que a continuación resumimos.
- Debe referirse a una obra o finalidad determinada. Este requisito está desvirtuado
en la práctica porque hay demasiadas normas que lo excepcionan.
- Suprime el trámite de la declaración de necesidad de ocupación.
- Pospone la fijación definitiva del justiprecio a un momento posterior a la toma de
posesión del bien o derecho.
• Fases procedimiento:
a) En todo caso, debe darse un trámite de información pública por un plazo de 15 días,
donde se expone la relación de los bienes afectados y los interesados sólo pueden alegar a
los efectos de subsanar posibles errores.
b) Se procede a la declaración de urgencia, que lleva implícita la declaración de
necesidad de ocupación. Esta declaración debe reunir dos requisitos:
- Estar debidamente motivada, con referencia expresa a los bienes afectados y al resultado
de la información pública (art. 56.1 REF).
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- Esta declaración está condicionada a la existencia y retención previa del crédito
considerado suficiente para el pago del justiprecio (art. 52.1 LEF). Este requisito se
introdujo en el año 1997 ante los permanentes retrasos en el pago del justiprecio.
Por otra parte, la Ley estatal del Suelo y Rehabilitación Urbana (aprobada por Real Decreto
Legislativo 7/2015, de 30 de octubre) establece determinadas especificidades del
procedimiento a seguir y de los criterios de valoración del justiprecio (art. 43), en los que
en este momento no es preciso abundar.
La ley, en estos casos excepcionales, no sólo declara la “causa expropiandi”, sino que
concreta el objeto de la expropiación (bienes y derechos necesarios para realizarla,
bienes y derechos que es necesario ocupar) y fija la indemnización. Por tanto, se trata de
una expropiación ejecutada y realizada materialmente por la ley.
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Un ejemplo de expropiación legislativa lo constituye la nacionalización de las acciones del
Banco de España en el año 1962. (Ley 2/1962, de 14 de abril, sobre bases de ordenación del
crédito y de la Banca).
Teniendo en cuenta la imposibilidad de recurrir directamente una ley (salvo los sujetos
legitimados en vía de recurso de inconstitucionalidad), la expropiación legislativa supone
una reducción muy considerable de garantías. En este sentido, desaparece la posibilidad de
recurrir contra la declaración de utilidad pública (posible en el supuesto de declaración
genérica que se concreta en un acto administrativo), de alegar y recurrir contra el acuerdo
de necesidad de ocupación, de intervenir en la determinación del precio justo y de
recurrirlo.
A consecuencia de una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en uno de los
casos derivados de la expropiación de RUMASA, que condenó a España por falta de
audiencia al interesado, al entender que se vulneró el derecho a la defensa e igualdad de
armas, se modificó la Ley orgánica del Tribunal Constitucional previendo que en las
cuestiones de inconstitucionalidad, los demandantes podrían alegar en defensa de su
derecho en la vista ante el Tribunal.
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4. Supuestos en que no procede la reversión
Esta cláusula de salvaguarda de los derechos del expropiado, coherente con la naturaleza
causal del negocio jurídico expropiatorio, se ha visto sometida al test de estrés de la
realidad. El proceso de urbanización vivido en España a partir de los años sesenta del siglo
XX, dio lugar a que terrenos y edificaciones situadas en las afueras de las ciudades, o
directamente en medio del campo, como por ejemplo, estaciones de ferrocarril o cuarteles
militares, se integraran en la trama urbana. A menudo, han devenido parte del centro de las
ciudades.
Esta circunstancia derivada del proceso de expansión urbana, de ensanche de las ciudades,
ha coincidido con cambios en las concepciones de cuál sea la localización idónea de una
estación de ferrocarril o de un establecimiento militar, lo que ha dado lugar a que
determinadas infraestructuras hayan devenido obsoletas y se cerraran. En la lógica de la
LEF, eso supone el derecho de los causahabientes de quienes fueron expropiados varias
decenas de años atrás, a recuperar aquellos terrenos, que ha adquirido un altísimo valor en
el mercado inmobiliario, abonando a cambio las reducidas indemnizaciones percibidas en
su momento y actualizadas con el IPC.
La repetición de esta circunstancia, con un lucro muy considerable por parte de quienes
ejercieron la reversión, llevó al legislador en 1999 a limitar las posibilidades de ejercicio de
ésta. Una limitación que altera la coherencia interna de la ley y que por lo mismo, ha sido
discutida por parte de la doctrina jurídica que ha entendido existían otros mecanismos para
evitar un enriquecimiento, digamos que excesivo, de los favorecidos por este tipo de
reversiones. Por todas, puede verse la crítica que efectuó uno de los autores intelectuales
de la LEF, el insigne profesor Eduardo García de Enterría, en “La Ley de Expropiación
Forzosa de 1954, medio siglo después”, Revista de Administración Pública, n.º 156, (2001),
en las páginas 265 a 268. En síntesis, entiende que la reversión está directamente vinculada
al “contenido esencial” de la propiedad y cuestiona que el derecho de reversión sea de
configuración legal.
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aprovechables por el titular de aquel derecho (el de reversión) o sufrido menoscabo de su
valor” (art. 55.2 LEF)
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