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Divulgación Científica: Retos del Siglo XXI

Este documento discute los nuevos desafíos para la divulgación científica en el siglo 21. Señala que a pesar del gran impacto de la ciencia y la tecnología en la sociedad, el público general tiene poco conocimiento sobre estos temas. Los periodistas científicos juegan un papel clave en explicar conceptos científicos al público de manera accesible. El documento también analiza las similitudes y diferencias entre el trabajo de los científicos y los periodistas, y destaca la necesidad de promover una compre
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Divulgación Científica: Retos del Siglo XXI

Este documento discute los nuevos desafíos para la divulgación científica en el siglo 21. Señala que a pesar del gran impacto de la ciencia y la tecnología en la sociedad, el público general tiene poco conocimiento sobre estos temas. Los periodistas científicos juegan un papel clave en explicar conceptos científicos al público de manera accesible. El documento también analiza las similitudes y diferencias entre el trabajo de los científicos y los periodistas, y destaca la necesidad de promover una compre
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NUEVOS ESCENARIOS Y DESAFÍOS PARA LA DIVULGACIÓN DE LA CIENCIA

Manuel Calvo Hernando

Copérnico, en su prefacio dedicado al Papa Pablo III Farnesio, decía: "Las matemáticas sólo se
escriben para los matemáticos". Por el contrario, el siglo XIX, un matemático, Gorgonne, afirmaba:
"Nadie puede enorgullecerse de haber dicho la última palabra sobre una teoría, en tanto no la pueda
explicar en términos sencillos a cualquiera que encuentre en la calle". Como dice Le Lionnais, al
comparar estas dos afirmaciones, la verdad debe hallarse entre estas dos posiciones extremas.

INTRODUCCIÓN

Entre tanto como nos falta por conseguir en este siglo XXI, y después de lo hemos avanzado es las
últimas centurias, las sociedades del Tercer Mileno se enfrentan con un objetivo importante, porque de
su incumplimiento se puede derivar grandes daños. Se trata de la necesidad de hacer partícipe a la
sociedad del conocimiento científico, de sus beneficios y de sus riesgos y de promover un diálogo
razonable entre quienes tienen a su cargo la actividad científica, y el resto de los ciudadanos.

En las actas del coloquio internacional Quand la science se fait culture (Montreal, 1994), se subraya
un hecho inquietante: No hay en Europa políticas de difusión de la ciencia, aunque en el último decenio,
esta cuestión se ha convertido en una preocupación explícita en la mayor parte de los países y de la
Comisión Europea.

Al mismo tiempo, la reunión de Montreal tomaba conciencia de que el porvenir económico e industrial
depende de una explotación eficaz de la ciencia y la tecnología. Por esta razón urge desarrollar programas
y políticas de comprensión pública del conocimiento.

A todo ello debe añadirse una actitud positiva de la gran prensa europea, que consagra espacios,
generalmente semanales, a la ciencia y la tecnología. Y probablemente lo hacen no sólo por prestigio y
por servicio al público, sino también porque, como ha mostrado el profesor Pierre Fayard, de la
Universidad de Poitiers, la ciencia "vende" en Europa si se presenta de un modo periodístico. Para llegar
a esta conclusión, Fayard hizo un estudio de 18 diarios procedentes de nueve países europeos (1993).

Análisis recientes sobre la ciencia y los científicos, actualizan la paradoja, ya advertida por Carl Sagan,
de que en una sociedad cada vez más influida por la ciencia y la tecnología, el ciudadano de a pie sepa
tan poco sobre estas cuestiones, a pesar de que actúan directamente sobre su vida individual y colectiva.

Es curioso que ni siquiera en las democracias se suele tener en cuenta esta necesidad de promover la
comprensión pública de la ciencia, justamente para mejorar y enriquecer la democracia. "La ciencia
alimenta a la política" (Reuniones Filosóficas de la UNESCO, 14-17 marzo 1995). El ingeniero peruano
Tomás Unger, destacado divulgador científico, encarece la necesidad de tener en cuenta que el sistema
democrático se basa en la cantidad y no en la calidad del voto, y que la única manera de hacerlo funcionar
mejor es elevar esta calidad.

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La ciencia y la tecnología influyen en las estrategias industriales y las transforman, modifican las
economías nacionales, prolongan la duración de la vida media de las personas, actúan sobre la
demografía de los países, superar las diferencias fronterizas utilizando las comunicaciones por satélite y
facilitando los viajes y el turismo. En una palabra, todas las actividades humanas han sido y son
transformadas por la actividad científica y tecnológica, y casi siempre en beneficio del individuo y de la
sociedad.

A pesar de todo ello, el gran público, esa mayoría silenciosa que en los países democráticos influye en
el poder político y en sus cambios, vive relativamente pasivo a esta fuerza y a estas posibilidades de la
ciencia y de la técnica.

La ignorancia científica de los ciudadanos se pone de manifiesto con frecuencia, aunque trasciende más
la de los periodistas, por el carácter público de sus escritos e intervenciones. El director de un programa
deportivo radiofónico decía esta perla, en una entrevista publicada en Diario 16 (Madrid, 20 enero 1995):
“Nunca he creído en las estrellas; son cuerpos opacos que brillan cuando las ilumina el sol".

DESAFÍOS DEL SIGLO XXI

Para afrontar estos problemas que se plantean en el principio de siglo, vamos a examinar aquí algunos
desafíos y problemas que se plantean al iniciarse este siglo XXI.

Antes, parece necesaria una visión de conjunto basada en un análisis de la UNESCO donde se
analizan las rupturas, los riesgos y los desafíos que oscurecen el horizonte del siglo XXI. Las rupturas
se deben a la historia contemporánea del planeta: evolución de la economía y de la sociedad mundiales,
con fuertes tendencias que nadie controla y sin ningún sistema que permita regular, como la presión
demográfica; la interdependencia planetaria de las acciones públicas y privadas y los múltiples aspectos
del progreso científico y tecnológico.

En cuanto a riesgos, se señalan la pérdida de rumbo de los países pobres, la marginación de los excluidos
del progreso, la fragmentación de las naciones-estado, el peligro de destrucción del planeta. Los desafíos
consisten en la necesidad de poner la ciencia y la tecnología al servicio de la humanidad y del desarrollo
y de construir la civilización del tiempo libre; asumir la globalización respetando la diversidad, y hacer
posibles las condiciones políticas de un dominio nacional e internacional los problemas y aspectos de
evolución compleja.

En el campo de la educación, tan relacionada con el Periodismo Científico, el estudio de la UNESCO


llama la atención sobre cinco necesidades urgentes para afrontar algunos de los problemas actuales:

- Desarrollar las posibilidades de aprender, para lo cual son necesarias las nuevas tecnologías. -
Conseguir una enseñanza de calidad adaptada a las necesidades de la sociedad.
- Búsqueda de la igualdad.
- Nuevas perspectivas y dimensiones internacionales. La noción de "política internacional de la
educación, que podría utilizarse en los sectores económico, comercial e incluso científico, no
existe todavía.
- Problemas de costos.

RETOS DESDE EL PERIODISMO CIENTÍFICO

Uno de los problemas permanentes en el Periodismo Científico son las relaciones entre científicos y
periodistas. Hay analogías y objetivos comunes en el trabajo de unos y de otros. Por ejemplo:

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1. La difusión de la tarea científica.
2. Unos y otros sirven a las dos grandes fuerzas del mundo actual: la comunicación y el
conocimiento.
3. El servicio a la comunidad.
4. El intercambio de servicios mutuos: ciencia para comunicadores y comunicación para
científicos.

Otra semejanza entre científicos y periodistas consiste en que su objetivo final es observar y describir
los detalles de cuanto sucede. Cuando más fina sea la observación y más detallada la descripción, mejor
será el trabajo de ambos. Prigogine ha dicho que la medición es un modo de comunicación.

También ambos colectivos se asemejan por el carácter lúdico de su trabajo. Yo me he divertido


trabajando en periodismo a lo largo de mi vida y hay testimonios de que grupos de investigación en el
mundo han acometido trabajos desde esta perspectiva ilusionada. "Lo que nos vamos a divertir", decían
el Nobel Jean Dausset y los integrantes del grupo de investigación al iniciar un trabajo relacionado con
el genoma humano, y añadían: "Nos divertimos y seguimos divirtiéndonos" (Cohen).

Hay asimismo diferencias entre científicos y comunicadores, sobre todo en lo que se refiere al concepto
de noticia y al tiempo que transcurre, o debe transcurrir, entre la realización del trabajo (científico o
periodístico) y su entrega al público.

PERIODISMO CIENTÍFICO: EXPLICAR EL UNIVERSO

En última instancia, los problemas del periodismo científico se derivan de la obtención de datos
(fuentes) y de la capacidad de expresión y de transcodificar el mensaje científico para que lo entienda
las personas no especializadas. Estamos en la Era de la Ciencia y, por tanto, el reflejo de la actualidad
científica y tecnológica en los medios informativos es, o debería ser, la Gran Noticia, la explicación
diaria del Universo, el instrumento de participación de la gente en esta singular aventura de la especie
humana que es el conocimiento científico y sus aplicaciones técnicas.

Debemos tener en cuenta que, gracias a los avances del conocimiento, muchos millones de personas
disfrutan de unos niveles de salud y bienestar que hace sólo un siglo o menos aún, solamente podían ser
alcanzados por los poderosos de la Tierra. Pero ni los conocimientos, ni la cultura, ni el bienestar, ni la
riqueza, ni la información, están distribuidos equitativamente. La mitad de la población mundial vive
todavía sometida a las antiguas y penosas servidumbres de la inseguridad, la pobreza y la ignorancia.

LA ACTITUD DEL COMUNICADOR

Es misión del comunicador de la ciencia ayudar a la gente a combatir sus miedos, originados en
la violencia, el urbanismo salvaje, la erosión del paisaje y del orden precario y vulnerable que la ciudad
impone hoy al ser humano. Si el siglo XX nació entre la desesperanza y se vio acosado por grandes males
durante su adolescencia y madurez, en su vejez pareció haber caído en el caos.

Señalamos aquí un grupo de desafíos referentes a la actitud del comunicador ante la divulgación del
conocimiento: uno de ellos es la tendencia a simplificar en exceso, como consecuencia de la necesidad
de resumir con prisas o por falta de espacio. Otras veces, se debe a nuestra propia confusión entre un
estudio que presenta pruebas concluyentes y un análisis que simplemente sugiere una hipótesis para ser
investigada. Pocas cosas son simples, en la naturaleza y en la vida y, sobre todo, en el ser humano. Por

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otra parte, se suele olvidar que la ciencia es incierta y provisional. Debemos tener presente que un
científico, para buscar o entender algo, propone generalmente una hipótesis y luego trata de probarla por
medio del experimento o la observación. Si la prueba apoya con firmeza la hipótesis, entonces ésta puede
convertirse en una teoría o más aún, en una ley de la naturaleza. Recuérdese una frase de autor anónimo:
El único problema sobre algo seguro es la incertidumbre.

EL DIVULGADOR DE LA CIENCIA

¿Cuáles son las principales cualidades de un divulgador? La primera es la amenidad. La segunda, la


universalidad. Una persona que está hablando del código genético le comenta al público que el hombre
tiene tantos genes, que están estructurados de esta manera, pero un divulgador conecta ese material
genético con problemas éticos o policíacos, y así le da un carácter universal, lo liga con disciplinas
aparentemente distintas.

Otra cualidad importante es la claridad. Un divulgador puede ser confuso porque no entiende lo
que está divulgando, y ahí los periodistas y los divulgadores científicos tienen un grave desafío.
Cuando leo la explicación que da un periodista de algún estudio publicado en una revista científica, a
veces me doy cuenta de que no lo entendió.

Como ha escrito el profesor Fayard (1994), la divulgación introduce "un mínimo de epistemología".
Hoy más que nunca, las sociedades tienen necesidad de una visión panorámica, que les permita entender
el mundo en su diversidad global, pero también en sus aspectos particulares y concretos. Enriquecer esta
mirada, alimentar sus interrogaciones y aprender de los demás son hoy la base del movimiento de la
cultura científica. Y parece necesario superar un tipo de divulgación de la ciencia limitado
tradicionalmente a públicos ya motivados por contenidos científicos (Fayard, 1994).

El periodista científico puede glosar y exaltar la tarea, a veces oscura y dolorosa, del hombre de ciencia,
hablar de la soledad estimulante del científico y de su alegría de "encender una antorcha en el oscuro
calabozo, un astro en el cielo oscurecido, un faro a la orilla del mar tenebroso". Están asimismo a
disposición del periodista las descripciones del clima fecundo y entusiasta de las comunidades
universitarias e investigadoras, como la Universidad alemana de Gotinga, el Instituto de Altos Estudios
de Princeton y tantos y tantos otros centros de investigación. En mi libro Viaje al año 2000 se describen
varios de estos lugares en EEUU.

He aquí un ejemplo, entre muchos. En 1920 -una época de florecimiento de la investigación básica-
Werner Heinsenberg inició en Munich sus estudios de física teórica. En aquellas fechas, junto con el
inglés Ernest Rutherford (1871-1937), el danés Niels Bohr (1855-1962) y los alemanes Max Plank
(1858-1947), Albert Einstein (1879-1955) y Max Born (1882-1970) se registró una auténtica revolución
en la concepción de los átomos como elementos de la materia y de las relaciones entre ellos.

Pero todo exige, por parte del investigador, estar en condiciones de escribir para el público. En un
informe a un centro científico, Huxley insistía en una idea que hoy está plenamente vigente, aunque
generalmente incumplida:

"Quisiera que fuera obligatorio un curso de literatura y composición inglesas para los
estudiantes de primer año de ciencias, y creo que de todas las licenciaturas. Me parece
deplorable ver que tantos científicos hagan que sus escritos resulten ridículos para el mundo en
general, o incomprensibles para quienes trabajan en la misma materia, por causa de su
ignorancia y desprecio de los elementos de la composición inglesa" [Clark, Ronald W.:
"Semblanza de Sir Julián Huxley"."Revista de Occidente", Nº 3 (tercera época), Madrid, Enero
1976].

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Quienes disfrutan cada día con la tarea de hacer ciencia, que son los más, consideran que ello tiene un
gran encanto y que por esto, existe una cierta obligación de transmitir este placer. ¿Por qué insistir en
que parezca que es algo casi mágico, producto de inspiraciones divinas o sobrenaturales, o algo que
cualquiera puede hacer en cualquier parte? Penetrar en el corazón de las cosas -incluso en el de las más
pequeñas, en el de una brizna de hierba, como dijera Walt Whitman- produce un tipo de excitación y de
alegría que parece muy posible que, de todos los seres que pueblan este planeta, sólo puedan
experimentarla los seres humanos. Somos una especie inteligente, y un uso adecuado de nuestra
inteligencia nos produce placer... Comprender es un cierto tipo de éxtasis (Sagan, 1981).

La divulgadora científica norteamericana Natalie Angier habla del agridulce privilegio de escribir sobre
ciencia para el consumo general y, refiriéndose a un conocido escritor científico, John Horgan, de
Scientific American, subraya que su gran valor es conseguir que "sientas" que entiendes desde la teoría
de las supercuerdas hasta la topología matemática, o cómo distinguir el caos de la complejidad. Te hace
"sentir que lo entiendes", aunque no lo entiendas ("The Job Is Finished", en The New York Times book
review, 30 junio 1996). Para un científico, la descripción en el lenguaje llano es una medida del grado
de comprensión alcanzado (Heisenberg, 1901).

A las semejanzas entre el trabajo de los científicos y el de los periodistas, podría añadirse la necesidad
de estar preparados para sorprenderse. Haldane decía que el universo no sólo es más raro de lo que
suponemos, sino de lo que podemos suponer. Cuando se discute la construcción de nuevos telescopios
o aceleradores, nadie presuma de ser lo suficientemente listo como para imaginar por adelantado las
cosas que el nuevo instrumento va a descubrir (Dyson). Por esta razón, algún científico se ha llamado a
sí mismo "especialista de lo impredecible". Pero esta es también la especialidad del periodista, su gloria
y su servidumbre.

¿ES POSIBLE DIVULGAR LA CIENCIA?

Y finalmente, una interrogación inquietante. ¿Es posible la divulgación? Es esta una pregunta
que tanto científicos como periodistas nos hemos formulando más de una vez, desde su primera
exposición en el Coloquio del Centro Internacional de Enseñanza Superior de Periodismo de
Estrasburgo, sobre el papel de los medios informativos en la divulgación de la ciencia.

En la reunión se examinaron los temas siguientes:

- ¿No supone la divulgación una simplificación y, por lo tanto, una deformación de la realidad
científica?
- ¿Es preferible confiar esta tarea a periodistas profesionales con formación científica o, por el
contrario, a científicos que posean un lenguaje periodístico?
- ¿Son los mismos los sistemas y métodos de divulgación en los diferentes países? - ¿Están
adaptados a los niveles de cultura de diversos públicos?

En todo caso, hay algunas respuestas, no muchas, a la pregunta de si es posible divulgar la ciencia.
Aquí voy a apoyarme en alguien con la doble autoridad de biólogo y escritor, el profesor francés Henri
Atlan y también en las afirmaciones, siempre ponderadas y razonadas, del que fue científico y escritor
Carl Sagan. Son varias las ideas básicas que Atlan expone en distintos capítulos de su libro Questions de
vie. Entre le savoir et l`opinión, y Sagan en El mundo y sus demonios.

1. El investigador no puede prescindir de la divulgación. Si quiere que su trabajo sea


comprendido tiene que transmitir el modelo, si es posible (si no es demasiado técnico), o un
modelo simplificado. Si pretendemos que la ciencia no sea aburrida y, sobre todo, que no

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exija demasiado esfuerzo, entonces no es posible divulgar. La ciencia no es obligatoriamente
aburrida cuando se hace un esfuerzo..., ¡pero sin esfuerzo no puede transmitirse!

2. Por otra parte, la ciencia es una cuestión social. No se debe hacer una excesiva separación
entre los científicos por una parte y los ciudadanos por otra. La comunicación es
indispensable. Las aplicaciones de la ciencia inciden en nuestra vida diaria. Y la necesidad
de comprenderla es legítima.

3. El discurso del científico frente a su interlocutor tendría que ser del tipo "Todo ocurre como
si, sobre todo no crea que en realidad es así". O bien: "Las cosas pueden presentarse así", "Es
una forma de representación que nosotros utilizamos", "Es lo que observamos".

4. Atlan duda de que la divulgación sea posible en todos los casos. A un investigador no se le
puede exigir que, además de su trabajo, explique a los demás lo que hace. Sería lo ideal, pero
no se requieren necesariamente las mismas cualidades para trabajar, reflexionar sobre la
propia disciplina y explicar de manera comprensible lo que uno hace. No puede pedirse que
todas estas cualidades tan diferentes estén reunidas en una sola persona.

5. Naturalmente, hay problemas, aunque la mayoría puedan afrontarse: trampas del vocabulario,
desviaciones del significado de vocablos y expresiones, etc

Para Atlan, si los científicos practicaran una comunicación a contracorriente, sin tener en
cuenta el afán del público por lo maravilloso (reforzado por ellos mismos y por los medios
de comunicación), quizá entonces, alertados por las dificultades de la utilización del lenguaje,
no caerían tanto en la trampa.

En realidad, como dice el biólogo, habría que contar, sí, bellas historias y añadir: no crean
que las cosas ocurrieron así.

6. Otro de los problemas consiste en la utilización de imágenes que el lector poco avisado puede
confundir con la realidad. Hay que advertir al público -y a veces a los propios científicos que
trabajan en otras disciplinas- de que las teorías cambian cada cinco años por término medio
y de que la verdad en ciencia es provisional, hasta que sea desplazada por otra mejor.

7. Hay que insistir en el riesgo de la divulgación simplificadora. Es unos de los problemas de


este esfuerzo por mostrar al público la ciencia de un modo tan simple que podamos
entenderlo. Pero el conocimiento, y la misma vida son asuntos complejos, y con frecuencia
todavía desconocidos, en parte o en todo.

8. ¿Por qué tiene que ser tan difícil para los científicos transmitir la ciencia? Sagan recordaba
que algunos buenos científicos le decían que les encantaría hacer divulgación, pero que
carecían de talento para ello. Añadían que saber y explicar no son lo mismo.

Para Sagan, el problema es sólo uno: no hablar al público en general como lo haría con sus
colegas científicos, y utilizar el lenguaje más sencillo posible. El científico debe recordar lo
que pensaba antes de entender él mismo lo que está explicando, y señalar los malentendidos
en los que él mismo estuvo a punto de caer.

9. Sagan cita algunos escollos potenciales: el exceso de simplificación, la necesidad de ahorrar


calificaciones (y cuantificaciones), dar un mérito inadecuado a los muchos científicos
implicados y trazar distinciones insuficientes entre analogía útil y realidad. Deben buscarse

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soluciones de compromiso. El gran divulgador desaparecido afirmaba que hay una selección
natural de metáforas, imágenes, analogías y anécdotas. Con el tiempo, uno se encuentra con
que puede llegar casi a cualquier parte si camina por un sendero bien pavimentado que el
público pueda recorrer.

Todo lo que hemos dicho podría condensarse en una frase. La divulgación es un mandato de la sociedad,
de la justicia y de la ética, para que todos quienes estamos afrontando esta serie de desafíos a los que
hemos dedicado nuestra intervención, es decir, comunicadores, científicos, docentes, ingenieros y otros
diversos tipos de profesionales comprometidos en la responsabilidad que todo esto implica, seamos
capaces de PONER LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE TODOS.

El Periodismo Científico tiene la obligación social de hacer todo lo posible por que la ciencia y la
tecnología no sirvan sólo para el enriquecimiento cultural y el beneficio práctico de algunas naciones o
de ciertas sociedades privilegiadas, sino para todo el género humano.

Uno de los servicios que la divulgación científica puede prestar es contribuir a la construcción de una
sociedad científica, que sea consciente de lo que está ocurriendo en su propio seno, o al menos que se
aproxime lo más posible a este conocimiento; que pueda tener una idea de hacia dónde vamos y cuál
podría ser su grado y tipo de participación en su desarrollo. Cada uno de nosotros tiende a saber más
sobre menos cosas, como consecuencia de la super especialización. Pero parece necesario restablecer el
equilibrio, porque una especialización llevada a sus últimas consecuencias podría llevar a nuestra especie
al riesgo de extinción, según parecen enseñarnos la biología y la antropología. Y el equilibrio sólo podrán
restablecerlo los generalistas, con la herramienta de las humanidades, y especialmente los educadores y
los periodistas que acerquen los saberes de la minoría al conocimiento de sectores más amplios de la
sociedad.

No se trata, por supuesto, de que quienes hemos asumido el riesgo de trabajar en esta especialidad
creamos estar en condiciones de dar respuestas definitivas, pero sí de razonar algunas de ellas, de tantear,
de dar algún paso hacia adelante, de tener presente que nuestra tarea es procurar que el público comparta
el conocimiento y no la ignorancia y acelerar nuestras reflexiones y comportamientos para evitar que se
cumpla la inquietante profecía del mexicano Roger Bartra: "Habrá que esperar decenios, y quizá siglos,
para que la divulgación sea un hecho".

Las nuevas tecnologías remiten a una relación cada vez más incestuosa entre información y marketing.
Por otra parte, el periodismo científico necesita reaccionar frente a la pseudociencia, so pena de asistir
al florecimiento de una actitud contraria a la ciencia, y a la búsqueda de explicaciones fantásticas en vez
de hacerlo a través de la inteligencia y la razón. Cada idea nueva ha de ser examinada críticamente. El
periodismo científico no puede incorporarse, bajo ninguna hipótesis, a esta nueva y antigua moda, que
podría inspirar, por ejemplo, una nueva ola de pureza genética, como en los tiempos del holocausto. Es
necesario separa la ciencia de la ficción.

En definitiva, los desafíos de la divulgación científica en el siglo XXI son graves, porque se vinculan a
ellos poderosos intereses, situados en los campos de la ciencia y en la industria y de la comunicación
(Wilson da Costa Bueno, Os novos desafios do jornalismo científico).

BIBLIOGRAFÍA

Bordieu, Pierre: Sobre la televisión, Anagrama, 1997.


Bueno, Wilson da Costa, Os novos desafíos do jornalismo científico, edición mimeografiada.
Calvo Hernando, Manuel: Manual de Periodismo Científico. Bosch, 1997.

7
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Cohen, Daniel: Los genes de la esperanza, Seix Barral, 1994.
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