Había una vez una pequeña mariposa llamada Luna que se sentía muy insegura por ser
diferente a las demás mariposas. Luna tenía alas de diferentes colores y patrones, lo que la hacía
destacar entre las demás. Un día, un niño la vio volando en el jardín y exclamó: "¡Mira qué
hermosa mariposa!" Luna se dio cuenta de que su diferencia era lo que la hacía hermosa y única.
A partir de entonces, Luna voló con confianza y felicidad, sabiendo que su singularidad era algo
especial que la hacía destacar.