Identidad
Identidad
CONFERENCIA ABIERTA:
PARTE I
Concepto de identidad.
INTRODUCCIÓN: REFLEXIONES PRELIMINARES.
Así entonces hay una identidad como totalidad, como universo, que
incluye varias partes o subsistemas:
El tema que nos ocupa en esta segunda parte de esta tema que hoy
compartimos es ¿Qué sucede cuando por algún o algunos
motivos un sujeto no logra ese sentimiento de unidad personal
que es la identidad?....,no es difícil imaginarnos que se crea en el
mismo un gran dilema existencialporque no se puede no ser,
entonces si no se puede ser lo que se quiere se elige el camino
de ser lo contrario a lo que se debiera ser (por naturaleza, deseos,
impulsos naturales) o lo que los demás esperan que seamos.
Antiguamente había un refrán popular que circulaba en las familias
cuando se decía de alguno de sus miembros “es la oveja negra de la
familia”…La intención era marcar que en algo esa persona no era igual
al resto, algunas veces para bien porque poseía algún talento
especial, otras porque era todo lo contrario para mal ej. Un delincuente
en una familia muy honrada, alguien que abandono sus estudios y
rechaza estudiar en una familia de profesionales etc.
a) de lo que es,
2) El trabajo de existir en una posición Indecisa (el niño que fue dejando
atrás) que progresa hacia la Exogamia (salida de la familia hacia el resto
del mundo) y regresa hacia la Endogamia (revalorar a la familia pero
desde otro lugar, no como un niño dependiente de sus padres sino como
un adulto con su propia individualidad pero buscando una integración
con ella).
propia persona) es decir incluye a otras personas, a cosas del ambiente, a una
situación o a un proyecto.
[1]
Licenciada en Psicología (Universidad de Buenos Aires)
Perito Grafóloga
El individuo que se constituye por sí mismo como genialidad –práctica cuya cultivación está
implícita, si no explícita, en el mensaje de Schopenhauer- identifica primero el daño que representa
el carácter masivo y homogenizante del principio de realidad en todas sus formas; emite un juicio
clínico respecto a la mayoría de los hombres que se sienten “compensados y satisfechos con la
realidad presente ”. La mirada clínica de la genialidad después se torna hacia su sí mismo en la
meditación, momento definitorio del pensamiento, y logra el “olvido de la propia persona y sus
intereses”, y así “la objetividad máxima, es decir, la objetividad del espíritu” .
Para Schopenhauer la única posibilidad de obtener lo singular y lo excepcional en la existencia es
por medio de una liberación simbólica efectuada en el pensamiento; liberación no sólo del principio
de realidad, sino también de la realidad profunda, de la Voluntad, la “cosa en sí… constante e
inmutable” . Esta liberación del pensamiento, un “conocimiento liberado” , la definimos como
‘simbólica’ en un sentido ontológico, pues en tanto que pensamiento, puede efectuar únicamente
una liberación parcial de la realidad única de la cosa en sí. El pensamiento emancipado adopta la
situación ontológica del signo, del gesto, de la simulación y el simulacro (elementos que
conformarán nuestra noción de lo ‘simbólico’ en la ‘libertad simbólica’); es decir, el pensamiento es
un residuo excedente ante una supuesta integridad nouménica de la Voluntad. Detallaremos más
adelante cuáles son los aspectos específicos de esta ‘liberación simbólica’.
Por el momento diremos que dicha liberación, efectuada por la negación de la voluntad de vivir,
significa para el sí mismo pensante, o el “puro sujeto [ante] la voluntad” una emancipación de los
procesos cuasi-naturales de reificación y asimilación social cuyo resultado ontológico es la
producción socio-técnica de individuos. Contra esta noción de la fabricación en masa del individuo,
Schopenhauer postula el “puro sujeto”, el caso singular, desasimilado y excepcional, como la
instancia de una vida emancipada del principio de realidad social y sus imposturas.
El problema de la homogenización de la realidad humana la enfrentamos en la contemporaneidad,
si observamos el aplanamiento de las posibilidades afectivas que son consecuencia del
sometimiento de la vida a los preceptos de la economía. Incluso una lectora mexicana de filosofía
puede discernir esta estandarización de la afectividad y la realidad entumecida que se produce
como efecto: si la Voluntad schopenhaueriana fuese buscada hoy en nuestro país no podríamos
más que maravillarnos ante el dominio generalizado de su expresión como voluntad de vivir en su
aspecto menos singular, en su pasividad y paralizante regularidad, traducida como una coerción
que se ejerce sobre toda forma de trabajo y creación por el principio de realidad de la economía y
por sus tecnologías de planificación global. Porque el valor relativo a nosotros mismos lo
encontramos en el idealismo, es decir, somos nosotros mismos los que construimos la realidad.
Debemos pues, enfatizar no sólo la importancia historiográfica de las contribuciones
schopenhauerianas, sino las posibilidades de la implementación de este pensamiento en la vida
contemporánea, como contra-agresión a las enfermedades colectivas de grandes sectores de la
cultura y la realidad occidental.
Schopenhauer dirige una mirada clínico-ontológica hacia la realidad, y cree discernir lo que el
pensamiento filosófico ha sugerido al conocimiento humano en muchas instancias: que la realidad,
captada como es, es una e idéntica consigo misma.
Su unidad reside en que es imposible, ontológicamente, hacer particiones en la manera que es.
Por más que se hable del atomismo y/o comunidad de la intersubjetividad, parece incorrecto creer
literalmente que cada individuo es ‘un mundo’. Por otro lado cada individuo parece ser el resultado
de un proceso intelectual de individuación: el individuo se discierne entre la sociedad de acuerdo a
convenciones; de la misma manera puede ser erradicado en tanto que individuo de acuerdo a
convenciones. La más clara pluralidad se muestra en la vida animal, pues nacen, crecer y mueren
entidades vivas que reflejan la condición ontológica humana. Aún así el juicio ontológico que
percibe la amplitud de la realidad encuentra a todas las cosas contenidas en un conjunto que es
más que la suma de sus partes. Estas cosas contenidas son materia y ésta es actividad en el
mundo de la representación.
Aparte de ser única, la realidad es idéntica, pues sus diferentes manifestaciones nunca pueden ser
pensadas de manera aislada: cada reificación proviene de la misma realidad, y así lo diferente
tiene una ‘realidad’ fenoménica, pero no nouménica. Estas son las premisas de Schopenhauer: su
mirada filosófica es trascendentalista y siente una necesidad impuesta por el pensamiento para
reconocer la ipseidad de lo real, de la cosa en-sí. Los conceptos del individuo y lo diferente, lo
social y lo fenoménico juntos conforman un esquema intelectivo, y un sistema de reificación
general que podemos, con Freud llamar, el principio de realidad. Pero de acuerdo al legado
discursivo kantiano, la realidad en-sí difiere de las distinciones de este principio en sus múltiples
versiones: psicológico, social, histórico, económico, científico-tecnológico y filosófico. Para
Schopenhauer todas estas diferencias constituyen, precisamente por ser manifestaciones de una
única realidad, una identidad de la cosa en-sí, que funge como origen expresivo de ellas. Ahora
examinemos las determinaciones específicas de la cosa en sí de acuerdo a Schopenhauer.
En un giro trascendentalista, ‘vida’ es para Schopenhauer una interpretación de la cosa en sí, cuyo
nombre, Voluntad, es ‘enigmático’ porque no parece haber una mejor palabra para designar lo que
es activo, en movimiento, inquieto, y animado, no sólo en lo fenoménico, sino en el sentido
profundo y general de la existencia: la existencia misma esta ‘viva’, pero no significa que su
esencia sea la vida, sino lo que le subyace, la Voluntad. Debemos entender Voluntad como
‘esencia’ de la realidad en un sentido aristotélico: Voluntad es lo que hace del ser lo que es y no
otra cosa.
La jerarquía metafísica que es la causa de los cambios inmanentes del principio de realidad
comienza, argumentativamente, con la vida humana, que no es más que un ejemplo de la vida en
general; ésta esconde la Voluntad; y ella a su vez, esconde la nada. Desde la perspectiva práctica,
entonces, se conjura un terrible fantasma ontológico, efectuado en el pensamiento de
Schopenhauer: que lo nouménico en el fondo oculta la nada, y que la existencia humana, por lo
tanto, no es más que un frenesí de crueldades fortuitas sin fin. “El hombre se asemeja a un reloj al
cual se le ha dado cuerda y camina sin saber porqué” nos dice Schopenhauer.
La reificación de la cosa en sí, lo que pretendería definir y constituir lo ‘cósico’ del ser de la
realidad, media a través de la Voluntad hacia la nada, no hacia el ser; no está claro qué es lo que
es, en el sentido filosófico académico tradicional, al final de ‘El Mundo como Voluntad y
Representación’: es precisamente en el pensamiento frenético, que encuentra su imagen en la
nada y oscila hasta definirla el fondo y el abismo del ser, que la manera en que funge la protesta
schopenhaueriana contra el principio de realidad, desmantelando este en su carácter teórico de
‘principio’, y uniendo el pensamiento a la vivencia. Sin embargo, si el fondo de las cosas es la
nada, la vivencia misma queda puesta en cuestión; uno preguntaría si el discurso
schopenhaueriano entero no es más que una aparición efímera y falsa en tanto que pensamiento.
Comprender que este mundo tiene un carácter ilusorio, nos hará ver que no es lo mismo
comprender éste, como un conjunto de experiencias. Schopenhauer mismo nos responde con una
forma de liberación del terror metafísico de la voluntad que aprovecha el poder de un tipo
específico del pensamiento que, si no está dotado de ser con certeza, sí es una afirmación singular
única en la realidad: la negación de la voluntad de vivir.
Pues la negación de la voluntad de vivir es una forma avanzada de la conciencia que es una auto-
superación del yo en tanto que conciencia; o sea es una forma de pensamiento, la meditación, que
supera y reprime la realidad de la conciencia mediante una volición contra la voluntad de vivir – es
decir un doblez en la Voluntad misma. En este sentido el pensamiento se afirma implícitamente en
Schopenhauer como un poder, una fuerza, una realidad ontológica, que, aunque no puede superar
a la Voluntad misma, puede mediante la emisión portentosa de signos, gestos, simulaciones y
simulacros noéticos, puede negar el principio de realidad mismo. Debemos percatarnos que la
negación del yo en tanto que conciencia (es decir, la negación del agente principal de la voluntad
de vivir) es la negación de aquello que constituye el principio de realidad. La supresión del yo es
una desasimilación social, pero también una desasimilación del pensamiento, en tanto que volición,
de la regularidad y la realidad profunda indiferenciada de la Voluntad. Esta disposición
desublimada del individuo pretende emanciparlo incluso de la especie humana, negando toda
voluntad de supervivencia y propagación.
En nuestro país las exigencias del trabajo con el pensamiento de Schopenhauer han encontrado
un público sensible y receptivo, consciente del valor de las revelaciones captadas por el pensador
alemán; un público dispuesto a admitir que la autoridad de estas revelaciones recae sobre la
persona que fue Schopenhauer y que dicha autoridad es confirmada en cada una de las vidas y los
anhelos intelectuales más profundos de sus lectores contemporáneos. Esta recepción positiva
existe en nuestro país porque Schopenhauer se dirige a sensibilidades afectivas muy reales en la
comunidad filosófica mexicana; esta es la primera verdad de su pensamiento en nuestro entorno
humano
LA IDENTIDAD CULTURAL EN LA OBRA DE ARTE.
APROXIMACIONES A SU ESTUDIO
RESUMEN
El arte, por su forma y contenido, constituye un medio idóneo para reflejar elementos culturales con
los que las masas se identifican.
La bibliografía que contiene estudios teórico-metodológicos pertinentes para una investigación
sobre la relación de la identidad cultural con la obra de arte –aún cuando es rica–, se encuentra
dispersa, y no está organizada por autores ni por materias, igualmente en muchos de los casos es
de difícil acceso; por demás no existe un material referativo que contenga una compilación de las
ideas esenciales abordadas desde distintas ciencias, oportunas para el estudio de esta temática.
Todo esto dificulta la comprensión armoniosa por parte del investigador. Dicha situación justifica la
realización del presente trabajo referativo titulado: La identidad cultural en la obra de arte.
Aproximaciones a su estudio.
La pesquisa responde al problema de investigación: ¿Cuáles referentes teórico-metodológicos
serían recurrentes para demostrar el contenido de la identidad cultural de determinado ente social
en sus creaciones artísticas? Y pretende de manera general identificar las posiciones teórico –
metodológicas en diferentes ciencias, que evidencian una relación entre la identidad cultural y el
arte; y, específicamente, compendiar los presupuestos teórico–metodológicos de las ciencias
afines al arte, y con estos corroborar el reflejo de la identidad cultural en la obra de arte.
Mediante esta investigación se encontraron premisas en diferentes ciencias afines al arte, que
permiten afirmar que la identidad cultural de determinado ente social encuentra su reflejo en sus
creaciones artísticas.
INTRODUCCIÓN
La identidad cultural, está siempre en recreo y enriquecimiento por influencias que pueden venir de
muchas fuentes, entre ellas el arte, con su carácter social, en tanto síntesis, conocimiento,
descubrimiento, y revelación de los aspectos esenciales de la realidad, que se transmiten en forma
de imágenes artísticas.
El arte cumple las funciones de comunicar, educar y formar valores, donde el hombre puede
adquirir visiones, concepciones y conocimientos relacionados con su arraigo cultural y su identidad,
que permiten la conservación de elementos socioculturales necesarios para compartir un mismo
espacio cultural y de pertenencia. Visto que toda producción artística es, por su contenido, popular,
atractiva, estética y seductora de grandes multitudes, entonces deviene importante medio para el
conocimiento y reflejo de la identidad cultural de toda región.
Como una necesidad psíquico-social y estética, la obra de arte, expresión genuina de la especie
humana, ha sido una equilibrante y reguladora operación a través de la cual el artista penetra en el
mundo, lo transforma y somete a una constante superación. En ella queda materializada su
actividad transformadora, su ideología, sus puntos de vista, y su conocimiento cultural.
La vinculación, en la vida cotidiana, del creador, su obra y el público, eleva considerablemente su
afectividad en la formación de la conciencia de identidad cultural en la población.
El tema de la presente investigación resulta de interés en la etapa histórica que se está viviendo,
donde la globalización cultural se muestra como una real amenaza y desafío a las culturas e
identidades nacionales de los pueblos.
Numerosos especialistas han abordado la problemática de esta investigación desde diferentes
aristas, aportando presupuestos teóricos de significativo valor.
Antonio Banfi, desde “Filosofía del arte” (1967), considera que la estructura social brinda al artista
las condiciones determinantes de la creación artística.
Arnold Hauser mediante “Fundamentos de la Sociología del arte” (1975), sostiene que a pesar de
cuanta fantasía y extravagancia entran por sus puertas, el arte está tan indisolublemente ligado a la
realidad como la ciencia, si bien de otro modo; sus creaciones se apoyan siempre sobre los
cimientos de la realidad, aunque a veces sigan un plan extraño a la misma.
Por otra parte, A. Egórov en su libro “Problemas de la estética” (1978), plantea que el artista
representa la vida en forma de imágenes artísticas, expresando en ellas las opiniones sociales y
estéticas de una determinada sociedad o clase.
Mientras que Vigotski en “Psicología del arte” (1987), se refiere a que los propios sentimientos que
despierta la obra de arte son sentimientos socialmente determinados.
Las formulaciones teóricas de estos autores resultan de gran interés, puesto que se consideran
punto de partida para una investigación que tenga que ver con la relación entre el arte y la
identidad cultural de agregados sociales.
No obstante, la bibliografía que contiene estudios teórico-metodológicos pertinentes para una
investigación de este tipo, –aún cuando es rica–, se encuentra dispersa y no está organizada por
autores ni por materias, igualmente muchas veces es de difícil acceso; por demás, no existe un
material referativo que contenga una compilación de las ideas esenciales abordadas desde
distintas ciencias, oportunas para el estudio de esta temática. Todo esto, indiscutiblemente,
dificulta la comprensión armoniosa y coherente por parte del investigador, de los aspectos teóricos
contenidos en numerosas disciplinas que guardan relación respecto al asunto. Dicha situación
inspira a la aspirante a la formulación del siguiente problema de investigación: ¿Cuáles
referentes teórico–metodológicos serían recurrentes para demostrar el contenido de la identidad
cultural de determinado ente social en sus creaciones artísticas?
Objetivo general: Identificar las posiciones teórico–metodológicas en diferentes ciencias, que
evidencian una relación entre la identidad cultural y la obra de arte.
Objetivo específico:
Idea a defender:
Las ideas sobre el condicionamiento y contenido social del arte, abordadas desde las
ciencias Sociología del arte, Historia del Arte, Psicología del Arte, Filosofía del arte y la
Estética, conducen a entender la relación existente entre la identidad cultural y las
creaciones artísticas .
El método revisión bibliográfica, que sirvió para compilar los puntos de vista de los autores
más importantes desde diversas ciencias, sobre el tema del contenido y el
condicionamiento social del arte, y la relación entre la identidad cultural y creación artística.
El método histórico–lógico, que sirvió para resaltar el ascenso, según el progreso epocal,
de los referentes teóricos respecto al problema de la identidad cultural.
El método de inducción–deducción, que valió para inferir ideas generales a partir de la
evaluación de autores diversos.
El método análisis–síntesis, el cual permitió penetrar en la esencia del mensaje de las
obras de arte a partir de los presupuestos teóricos.
La observación.
Entrevista no estructurada a artistas y a expertos en la línea de investigación, que
sirvieron para comprobar el grado de relación entre el arte y la identidad cultural
comunitaria.
Se considera que el tema tratado en este trabajo, tiene gran significación tanto teórica como
práctica, ya que se hacen inferencias sobre el contenido de la identidad cultural en el arte, sobre la
base de la aplicación estricta del concurso de las ciencias. Asimismo, con este trabajo se logra
poner a disposición de investigadores, profesores, estudiantes, y otras personas involucradas con
el tema, un material actualizado y útil para la profundización y el estudio de la temática tratada.
La presente investigación se limitará a un capítulo titulado El condicionamiento y contenido social
del arte: Reflexiones desde las ciencias, que evidencian una relación entre la identidad cultural y la
obra de arte. Aquí se analizan los planteamientos sobre el contenido y el condicionamiento social
del arte, desde las ciencias Sociología del arte, Historia del Arte, Psicología del Arte, Filosofía del
arte, y la Estética.
DESARROLLO
Epígrafe 1.1 El condicionamiento y contenido social del arte: Reflexiones desde las ciencias, que
evidencian una relación entre la identidad cultural y la obra de arte.
Numerosas ciencias han abordado el problema del condicionamiento y contenido social del arte
bajo ángulos diferentes y por vías diversas. El problema de la relación entre el arte y la vida social
ha desempeñado siempre un papel muy importante en todas las literaturas que han alcanzado
cierto grado de desarrollo. Un programa algo completo de lecturas debe, pues, explorar en varias
direcciones y abarcar tendencias diversas y hasta opuestas; de ahí que las sugerencias que aquí
se hacen no se limiten a una sola escuela de pensamiento. De otro lado, se indican estudios de
lectura relativamente fácil junto a investigaciones más difíciles, pensando en lectores con grados
diferentes de preparación.
Habida cuenta de estas consideraciones, se recurre a los referentes teórico–metodológicos de las
ciencias afines al arte, para mostrar un arsenal previo de conceptualizaciones y de ideas
sugerentes para una investigación que tenga que ver con el reflejo de la identidad cultural en la
obra de arte.
La Sociología del arte es una disciplina de las ciencias sociales que estudia el arte desde un
planteamiento metodológico basado en la Sociología. Su objeto es el arte como producto de la
sociedad humana, y analiza los diversos componentes sociales que concurren en la génesis y
difusión de la obra artística. La Sociología del arte es una ciencia multidisciplinar, recurriendo para
sus análisis a diversas disciplinas como la Cultura, la Política, la Economía, la Antropología, la
Lingüística, la Filosofía, y demás ciencias sociales que influyen en el devenir de la sociedad. Entre
los diversos objetos de estudio de la Sociología del arte se encuentran varios factores que
intervienen desde un punto de vista social en la creación artística, desde aspectos más genéricos
como la situación social del artista o la estructura sociocultural del público, hasta más específicos
como la comercialización del arte. Son muchos los autores que se han encargado de demostrar el
condicionamiento y contenido social del arte, desde esta ciencia.
El libro “Sociología del arte”, escrito por el historiador de arte Arnold Hauser, destaca el contenido
social del arte, dando lugar a un enriquecimiento de la bibliografía relacionada con la Historia del
Arte y el análisis del mismo en el pasado. Estructurado en dos partes independientes entre sí, la
primera es una presentación de la disciplina con sus contenidos y enfoques. La segunda parte
contiene una amplia gama de temas y propuestas en pintura, escultura y arquitectura, en un
recorrido por diferentes culturas y lenguajes. El arte, en su relación indirecta de tipo estructural con
la sociedad, y dentro de su relativa autonomía, refuerza o critica una situación social. Exposición
que, unida a la de los efectos sociales que condicionan el arte, antecede al análisis de las
condiciones sociológicas de la existencia de las obras y sus efectos en el siglo XX.
La segunda parte del libro de Hauser estudia la influencia de algunas condiciones sociales y
menciona, entre otras, la política, las formas de cultura, los sectores sociales. Este estudio,
marcado por la relación numerosa de autores, escuelas y ejemplos, da al lector la posibilidad de
familiarizarse con los artistas y sus obras; y, como novedad, se dedica una sección a los temas de
la falsificación y destrucción de obras de arte.
También Hauser, en su libro “Fundamentos de la sociología del arte”, sostiene que todo arte está
condicionado histórica y socialmente. Plantea que el arte constituye el sustrato del comportamiento
estético normativo sólo cuando está en conexión con la totalidad de la vida concreta, práctica e
indivisible, cuando se convierte en el vehículo de la expresión y en el medio de la intuición del
‛hombre completo’, cuando consigue encerar dentro de sí la suma de experiencias derivadas de la
práctica existencial e incorporarla a las formas homogéneas de sus representaciones.
El fenómeno estético en su sentido propio es la vivencia plena que el hombre completo obtiene de
la totalidad de la vida; es el proceso dinámico en el que el sujeto creador o el receptor se identifican
con el mundo, con la vida real y vivida; y no es la obra de arte real objetiva, cosificada, desprendida
del sujeto. La obra de arte en sí, el producto artístico como creación, cerrada y armónica,
representa, en realidad, una interrupción del proceso estético vivo, interrupción que se produce
inevitablemente en cuanto a la conexión artística entre idea y valor se le arrebata el fundamento
objetivo de la vivencia y se prescinde de la función que ésta está destinada a cumplir en la vida de
los hombres.
El arte refleja la realidad del modo más perfecto, vivo y penetrante mientras persevera en sus
rasgos más patentes; en cuanto renuncia a estos, sus representaciones pierden la fuerza
evocadora de efecto inmediato.
Hauser sostiene que a pesar de cuanta fantasía y extravagancia entran por sus puertas, el arte
está tan indisolublemente ligado a al realidad como la ciencia, si bien de otro modo; sus creaciones
se apoyan siempre sobre los cimientos de la realidad, aunque a veces sigan un plan extraño a la
misma.
Por otra parte, las más antiguas creaciones del arte que se conocen, las pinturas de las cuevas de
la remota edad de piedra, constituyen el arquetipo y muestrario de la actividad artística:
representan los medios de una práctica, que servía para procurar el sustrato cotidiano, y proceden
de cazadores primitivos, que vivían en un mundo de puros intereses prácticos y tenían que
acomodarse a unas circunstancias en las que la obtención de alimentos exigía todos sus
esfuerzos.
Arnold Hauser sostiene que el impulso artístico, se manifiesta según la medida de las necesidades
sociales y se expresa en formas que responden a esas necesidades. No hay espontaneidad que,
sin relación con el medio social interhumano, sin cometido o efecto esperado, conduzca a la
producción de obras de arte; pero, sin impulso artístico, y sin capacidad creadora, tampoco hay
motivo eterno, ocasión o necesidad que haga aparecer obras de arte, estilos o corrientes estéticas.
El interés subjetivo de la creación artística, la voluntad y capacidad de expresión, no se pueden
separar de las condiciones sociales ni tampoco se pueden deducir de ellas.1
Arnold deja entender que el individuo y la sociedad son inseparables, tanto histórica como
sistemáticamente. La sociedad se compone de individuos y éstos son sus únicos representantes, al
igual que sólo puede haber individuos dentro de una sociedad.
Los artistas, como los demás hombres, son seres sociales, productores y productos de la sociedad,
esto es, que ni son completamente independientes o autónomos, ni tampoco de antemano
desarraigados y enajenados. Un artista se convierte en tal en el curso del enfrentamiento con la
tarea condicionada histórica y socialmente que busca interpretar y resolver a su modo.
En el libro “El arte desde el punto de vista de la Sociología”, Guyau se refiere a que la emoción
artística, es, pues, en definitiva la emoción social que hace sentir una vida análoga a la del hombre
y aproximada a la del hombre por el artista: Al placer directo de las sensaciones
agradables(sensación del ritmo, de los sonidos o de la armonía de los colores), se une todo el
placer que se obtiene del estímulo simpático de la vida en la sociedad de los seres imaginarios
evocados por el artista.
Este autor deja entender que el arte es una extensión, por el sentimiento, de la sociedad a todos
los seres de la naturaleza, y hasta a los seres concebidos como sobrepujando a la naturaleza, y
hasta a los seres ficticios creados por la imaginación humana. La emoción artística es,
esencialmente social; tiene por resultado ensanchar la vida individual haciéndola confundirse con
una vida más amplia y universal. El fin más elevado del arte es producir una emoción estética de
carácter social. El artista, representa una condensación de la realidad.
J. Plejanov, es autor del libro “Cartas sin dirección. El arte y la vida social”. En este libro se
investiga el problema del surgimiento y desarrollo del arte en las esferas iniciales de la sociedad
humana. El análisis de numerosos datos concretos referentes a los períodos iniciales de desarrollo
de la humanidad le permite al autor llegar a la conclusión de que en la sociedad primitiva el arte
dependía directamente de la economía, y que la fuente primaria de las necesidades espirituales de
los hombres (comprendidas las estéticas) radica en las condiciones materiales de vida. Además,
Plejanov examina los problemas, el lugar y el papel del arte en la sociedad y la relación que guarda
con el movimiento de liberación; el realismo, como el método artístico más fecundo. Hace una
crítica circunstanciada a la teoría del “arte por el arte” y le contrapone la misión social del arte.
Mediante estas ideas se evidencia el carácter social del arte.
Por su parte Álvarez y Ramos en su libro “Circunvalar el arte”, sugieren que la investigación cultural
sobre un grupo social puede aportar conocimientos importantes, válidos, en determinada medida
para el conjunto de la sociedad, lo que es posible porque la relación entre sociedad, grupo e
individuo se muestra como una relación dialéctica, es decir, como una relación en que los
elementos se influyen mutuamente.
Plantean que la cultura se transmite en la medida en que los sujetos de una sociedad y la sociedad
misma se la apropian de manera creativa, remodelándola de manera constante y como una
esencial tarea colectiva e individual; y que una característica de la cultura es su profunda, continua
y dialéctica evaluación. Pues no se trata, en general, de un fenómeno estático (a pesar de la
importancia que en ella tiene la conservación de valores), sino un proceso sujeto,
permanentemente, a transformaciones. Con relación a esto, los autores plantean que el artista
trabaja, en general, en términos de mensajes y enunciados y de algún modo, puede decirse que
moviliza una “lengua”, un sistema codificante, sobre el cual puede ejercer o no transformaciones
sustanciales.
Los autores señalados consideran la visión de la obra de arte como “ente sistematizado, es decir,
cargado de significado, que la subraya como factor semiológico, es decir, de comunicación. Sin
embargo, el arte no es sólo una realidad objetiva, sino es un proceso configurante de la realidad y
se crea en esa conexión con un mundo a la vez objetivo y subjetivo.” 2
Según Fulvio Fernández M., el libro “Pintura y sociedad” (1951), que más tarde se reestructuraría
en “Sociología del arte” (1970), del sociólogo Pierre Francastel, estudia un aspecto particular del
vasto campo de las relaciones entre el arte y la sociedad. El autor del libro toma como punto de
partida un análisis de la pintura italiana delQuattrocento 3 y demuestra la imposibilidad de
comprenderla cuando se erige en principio, el valor objetivo y permanente de una determinada
figuración perspectiva del espacio. Este autor fue partidario de la especificidad del lenguaje
plástico, del análisis de las creaciones más que del contexto social, por lo que su posición estaba
entre la sociología del arte y la historia social del arte. Francastel, inspirándose en la obra del gran
historiador alemán Erwin Panofsky, constituye uno de los intentos más ambiciosos y coherentes
por elaborar una sociología del arte digna de ese nombre -y capaz de reivindicar un carácter
científico-, ya que considera las obras de arte como el producto de una actividad problemática.
Este sociólogo describe la sociología del arte como “uno de los instrumentos mediante los cuales
se trata de conocer mejor las necesidades de la sociedad. Se considera que el artista traduce,
mediante su lenguaje particular, una visión del mundo común de la totalidad de la sociedad en que
vive. Es únicamente en términos de necesidades y difusión como se aborda el estudio de la obra
de arte”4
Además, para este autor, el estudio de un cuadro debe abordarse desde dos planos:
“(...) el de la cultura general de una época y el de la capacidad artística del creador, tan raras veces
capaz de engendrar un esquema original de pensamiento (…) He aquí (…) la necesidad de
considerar los sistemas de comunicación como esquemas inventados en función de una conducta
humana de carácter temporal y momentáneo, pero originada en un medio histórico dado (...)” 5
Para lograr esta aproximación, es necesario incluir en el proceso de conocimiento desde la
investigación sobre las técnicas que el artista utilizó para su realización, hasta el descubrimiento y
comprensión del conjunto de puntos de vista que, sobre el hombre y el mundo, el pintor trata de
plasmar en su creación.
En su Sociología del arte, desarrolla una visión de largo alcance sobre el surgimiento en el
Renacimiento de un nuevo espacio pictórico caracterizado por el redescubrimiento de la
perspectiva euclidiana (geométrica) en virtud de la cual el cuadro es identificado con una ventana a
través de la que el público puede ver un nuevo mundo, un mundo unitario que rompe de raíz con
las separaciones medievales. Además, explica cómo el nuevo modelo evoluciona lentamente al
tiempo que lo hace la propia sociedad hasta que emerge un periodo de transición en el que la idea
espacial que surgió en el Quattrocento es progresivamente redefinida hasta acabar con ella
definitivamente dando lugar a una nueva concepción plástica.
Para Francastel, el arte no sólo es un puro placer estético, sino una producción social en una
estrecha relación con su ambiente político, religioso y científico.
El arte se relaciona con la sociedad en cuanto la observa, analiza y construye para ella unos
lenguajes que la muestran en sus aspectos constitutivos relevantes incorporando en este quehacer
necesidades funcionales. El trabajo de los artistas en suma ha construido formaciones colectivas e
individuales que con el correr del tiempo, la información y opciones culturales han trasuntado en
obras artísticas. La relación arte y sociedad, viene dada desde el principio de la vida. El medio
ambiente, el entorno, y contenedores de la existencia dotan al arte de significados, pero también
construyen herramientas, estructuras y eventos que se establecen como relevantes para los
grupos humanos presentes, del mismo modo que los seres humanos en comunidad, generan una
pertenencia y representatividades. La sociedad con estas cargas y distribuciones de roles, que
muchas veces determinan a los géneros, construye formas de representación a lo largo de la
historia, mostrando la evolución de la misma, posibilitando el observar las identidades que habitan
geografías, influenciando a las estéticas y otras manifestaciones que siguen y continúan con una
gran carga espiritual, en las identidades personales y colectivas.
La corporalidad acoge y desplaza a estas identidades y surge en los grupos, casi sin exclusión, la
necesidad de diferenciarse, para lo cual, los símbolos, colores, diseños y adornos significativos
juegan un rol relevante. En casos notables guardan una profunda relación con el entorno,
propenden a reunificarse con el medio que los rodea. Dicho proceso origina una parte de la
identidad cultural, que estaría constituida por un desarrollo más complejo de la existencia,
planteamientos filosóficos y psicológicos.
1.1.2 El punto de vista de la Historia del Arte.
La Historia del Arte procura un examen objetivo del arte a través de la historia, clasificando
culturas, estableciendo periodizaciones y observando sus características distintivas e influencias.
Desde el ámbito social, esta ciencia se ocupa de estudiar el medio o contexto social, político y
económico donde se desarrolla una obra. Intenta explicar la obra de arte y la acción del artista en
función del contexto y se interesa pues en contratos, mentalidades y condicionantes en la obra de
arte. En esta línea ha tenido muchos teóricos, donde se destaca Arnold Hauser.
La “Historia Social de la Literatura y el Arte”, de 1951, es la obra más conocida y de mayor difusión
de Hauser. Abarca desde la Prehistoria hasta el siglo XX combinando una prosa atractiva y de fácil
lectura con vinculaciones sociológicas a veces un tanto forzadas. Es necesario leer la obra con
atención, en ciertos casos, el autor comete el error de elegir arbitrariamente sus ejemplos de obras
y artistas para que encajen en su teoría. Su análisis no parte de las obras para luego elaborar una
teoría en base a sus conclusiones, sino que presupone condicionantes sociológicos que provocan
la aparición de un determinado tipo de arte. En este libro, Hauser estudia el pasado como medio de
comprender el presente. En general, el autor considera que el arte, a partir del Paleolítico, y hasta
el arte moderno, es considerado como el florecimiento siempre imprevisible, pero condicionado por
el ambiente y una complicada combinación de premisas económicas y sociales.
Por su parte, Hans Sedlmayr, en su libro “El arte descentrado”, se refiere a que en teoría, ya ha
sido reconocida la posibilidad de utilizar el arte como instrumento para ahondar en la interpretación
de una época. Señala que en 1939, René Huyghe formuló con toda claridad este principio:
“El arte es para la Historia lo que, desde el punto de vista del psiquiatra, es el sueño (del hombre
individual) (…) Para muchos, el arte no es más que una diversión al margen de la vida real. No se
dan cuenta de que muerde en el mismo corazón de la vida y pone de manifiesto sus secretos no
intuidos; de que constituye la confesión más directa y franca, por ser la menos premeditada. En el
arte aparece sin máscara alguna el alma de una época; ésta se busca a sí misma gracias al arte,
revelando los prejuicios, la sensibilidad y las obsesiones de las gentes.”6
El autor de este libro se refiere a que el tema artístico está muchas veces dictado por la sociedad
que lo financia. Por ejemplo: El arte y la arquitectura de Egipto, dominado por el Estado y las
concepciones religiosas, utilizaban como motivos la glorificación del faraón y la vida después de la
muerte. En la piadosa Europa medieval, la mayor parte de las artes visuales y el teatro trataban
temas cristianos. En el siglo XX en los países totalitarios el arte oficialmente reconocido había de
estar al servicio del Estado.
La Psicología del Arte es el ámbito psicológico que estudia los fenómenos de la creación y la
apreciación artística desde una perspectiva psicológica.
En su libro “Psicología del Arte”, Vigotski dedica una parte de éste a la crítica de los puntos de vista
unilaterales acerca de la especificidad de la función humana y social del arte. Este autor se
muestra contrario a reducir el arte a su función propiamente cognoscitiva, gnoseológica. El análisis
de la estructura de la obra de arte representa el principal contenido de la Psicología del Arte de
Vigotski, y para ello no se abstrae del contenido, sino que lo penetra. El objeto principal del libro
son las obras literarias, pero siempre enfatiza en el contenido y condicionamiento social del arte en
general.
Este autor plantea que “los propios sentimientos que despierta la obra de arte son sentimientos
socialmente determinados. La pintura egipcia confirma perfectamente lo dicho. En ella la forma (la
estilización de la figura humana) realiza evidentemente la función de comunicar el sentimiento
social, del que el propio objeto representado carece y que el arte se lo transmite.” 7
Vigotsky además, dice que no existe ninguna diferencia entre la psicología individual y la psicología
social, ya que todo proceso superior en el hombre individual es al mismo tiempo, y desde el
principio, un proceso social. No conviene confundir, por tanto, la psicología social con la psicología
colectiva.
Este autor sostiene por otra parte que el arte tiene un carácter social, y el hecho de que su acción
se efectúe en un individuo aislado no significa que su esencia y raíces sean individuales. El arte
representa una técnica social del sentimiento, un instrumento de la sociedad, mediante el cual
incorpora a la vida social los aspectos más íntimos y personales del ser.
Puesto que surge de la realidad y va dirigido a ella, el arte estará íntimamente determinado por la
estructura fundamental que adquiera la vida.
Por lo general los psicólogos han tratado de explicar lo que conlleva las capacidades artísticas a
través del reflejo de las características internas del individuo, como por ejemplo el talento. Sin
embargo, para los sociólogos de lo artístico son los apoyos y las limitaciones institucionales que se
dan en la producción cultural, las que determinarían estas capacidades artísticas. Pero, en lo que
sí están de acuerdo tanto psicólogos como sociólogos es en la importancia de los elementos
sociales que influyen en la determinación de reconocer o no tanto el trabajo como al artista.
La Filosofía del arte es una parte de la filosofía que se ocupa fundamentalmente del problema del
arte, así como también del problema estético, el cual es abordado por la Estética.
En “Filosofía del arte”, Antonio Banfi sostiene que la situación social determina en grado sumo la
articulación de la artisticidad [sic] en las diversas artes y en los diversos géneros, en las diversas
formas en cuanto estos no son simples esquemas clasificadores y referencias críticas tradicionales
sin direcciones de la transfiguración artística en su función humana concreta.
Este autor le considera importancia a la acción que ejerce la vida social sobre el sujeto artístico. En
efecto la función social del arte se refleja sobre la posición social del artista, ya sea en general en
cuanto tal, ya sea en especial, según el arte específico que ejerce. De la posición social depende
en gran parte la conciencia que tiene de sí el artista. La estructura social brinda al artista las
condiciones determinantes de la creación artística.
Es válido destacar que Banfi afirma que:
“Cada grupo social acentúa un horizonte propio de sensibilidad y un propio sistema de significados
sensibles, correspondientes a su modo de vida, a su trabajo, a las formas de atención y de
observación de la sensibilidad que convienen a su carácter y a su posición. No cabe duda de que
cada sociedad, y con frecuencia cada estrato social, tienen no solo una atmósfera espacial y
temporal, sino también una atmósfera pictórica y sonora. El arte da a todas las formas de la vida
humana un sello si no de eternidad, al menos de vitalidad ideal que penetra y reaviva sus
estructuras sociales.” 8
Es importante saber, a través de las ideas de este autor, que aún cuando los artistas puedan ser
genios únicos movidos por unas energías creativas propias, también son en gran parte un producto
de la sociedad en la que viven. Los recursos físicos de la sociedad en que vive el artista
condicionan el medio con el que trabaja. El medio que utiliza un artista condiciona el estilo de su
trabajo.
La Estética aborda el difícil problema de la belleza y de su relación con los objetos artísticos y de
éstos con la naturaleza y el hombre.
El libro “Problemas de la Estética” de A Egórov, se basa en discernir y esclarecer las leyes a que
obedecen el desarrollo estético y artístico, guiado por los principios marxista–leninistas del análisis
de los fenómenos estéticos. Estos principios impregnan todo el libro desde el comienzo hasta el fin,
concretándose según el carácter de la materia tratada y de las cuestiones que se estudien. La
intención del autor es dar una explicación teórica de la esencia de los fenómenos estéticos.
A. Egórov destaca que en los trabajos realizados por Vladimir Ilich Lenin se pone de relieve en sus
diferentes aspectos, las leyes a que se subordinan todas las formas de la conciencia social y entre
ellas el arte; que en su obra “Materialismo y Empirocriticismo” Lenin demostró que el origen de las
imágenes artísticas hay que buscarlo en la realidad viva; que las sensaciones humanas y las
imágenes artísticas son el reflejo de las cosas, de los fenómenos y acontecimientos del mundo
objetivo. Por consiguiente, la objetividad de las imágenes artísticas no reside en que el arte las de
por realidad, sino en que encierran algo vital, objetivo.
Las tesis de Lenin sobre la correlación del objeto y el sujeto en el proceso de conocimiento de la
realidad dan la clave para comprender el reflejo artístico. Aquí Lenin deja entender que la creación
artística no se puede marginar de la vida; que el papel transformador del arte en la sociedad viene
condicionado por su capacidad de reflejar verazmente la realidad; que la imagen artística no es
reflejo inherente especulativo ni contemplativo pasivo de los fenómenos de la vida.
El arte, sirviéndose de la diversidad de medios y procedimientos de crear imágenes artísticas,
descubre la esencia de los acontecimientos, fenómenos y caracteres representados, conservando
al sistematizarlos la riqueza de rasgos individuales del objeto. El arte ha de comprenderse en su
desarrollo, como reflejo del mundo objetivo y producto específico de las relaciones sociales, de las
necesidades candentes de la sociedad en su dinámica histórica; que admitiendo la existencia de
leyes objetivas de la creación artística y la vinculación del artista a las condiciones de la vida
social, se puede valorar correctamente la importancia de su personalidad en el progreso artístico
de la humanidad.9
Se estima que el arte es siempre síntesis, conocimiento, descubrimiento, y revelación de los
aspectos esenciales de la realidad en forma de imágenes artísticas. Desde tiempos remotos, estas
formas presentan diversos grados de generalización; unas muestran la realidad, sus relaciones
esenciales con lo concreto, inmediato, cotidiano y empírico, y otras lo expresan en formas
generalizadas al máximo, a través de la cual los rasgos de la realidad corriente, empírica, se
traslucen débilmente.
La Historia del Arte prueba de manera irrefutable que la auténtica innovación empieza allí donde el
artista descubre nuevas facetas en los fenómenos de la realidad en la vida del pueblo; allí donde
representa verazmente y con claridad los aspectos esenciales y las principales tendencias de la
vida.
El autor antes mencionado, se refiere que al describir los caracteres y fenómenos concretos de la
vida, el arte presenta un cuadro acabado de la realidad en imágenes artísticas, influyendo en todos
los aspectos de la vida espiritual de los hombres. Lo determinante en el arte es el contenido
ideológico, la verdad artística que refleja la verdad de la vida. En función de esto, las obras de arte
comportan un carácter histórico. Describen la vida de los hombres y revelan su conciencia en cada
época, aunque, por regla general, rebasan por su importancia los límites de esa época si presentan
un gran valor ideológico y artístico.
A. Egórov plantea además, que las leyes del arte no pueden comprenderse al margen de la
historia, pues no se dan al hombre en la “contemplación viva” directa. Sólo se pueden descubrir en
el curso de la creación artística y ser comprendidas e interpretadas como suma y deducción de la
historia de la sociedad en la que el arte es parte integrante de la cultura humana.
Además aclara que el artista representa la vida en forma de imágenes artísticas, expresando en
ellas las opiniones sociales y estéticas de una determinada sociedad o clase, y que la misión
específica del arte es formar el alma humana mediante la representación de la vida en forma de
imágenes artísticas, a la luz de determinados ideales ético-estéticos, satisfaciendo y desarrollando
las necesidades estéticas y los gustos artísticos de los hombres.
CONCLUSIONES
A lo largo de este trabajo, se desarrollaron las principales ideas desde las ciencias Sociología del
arte, Historia del Arte, Psicología del Arte, Filosofía del arte y la Estética con relación al contenido y
al condicionamiento social del arte, donde se encontraron premisas que permiten afirmar que la
identidad cultural de determinado ente social encuentra su reflejo en la creación artística del
territorio.
Por tal razón, la investigación corroboró el contenido de la identidad cultural en la obra de arte,
apoyándose en los presupuestos teóricos de autores diversos desde ciencias afines a la temática
tratada.
RECOMENDACIONES
Se recomienda:
BIBLIOGRAFÍA
Sin embargo, cuando un Artista deja de ser Artista es precisamente cuando deja
de llamarse Artista a si mismo y sus objetivos no son artísticos.
“Una imagen dice más que mil palabras, y una cultura sin arte
tiende a desaparecerse en su tiempo, porque es a través de la
expresión del hombre que somos testigos del momento”.
INTRODUCCIÓN
Partimos de sostener -como hipótesis inicial- el rol social, político y educativo del arte: su rol en
la construcción de la corporalidad del sujeto y de su identidad individual y colectiva. Por ello
sostenemos que el arte constituye una práctica de producción no solo cognoscitiva sino también
de índole política.
Creemos que las prácticas estéticas actuales en artes del movimiento, que parten de enfoques
holistas del cuerpo -aquellos que hacen énfasis en los procesos de auto-conciencia corporal-,
promueven un cambio en la experiencia y significación de la corporalidad en los artistas-docentes
y participantes. Se producen modos perceptivo-kinésicos, emotivos y gestuales de uso del cuerpo,
generando vínculos, sentidos y valoraciones inter-subjetivas que trascienden las concepciones
hegemónicas dualistas del sujeto (la escisión mente-cuerpo) que la modernidad llevó a consolidar
y que aún siguen vigentes en las prácticas sociales actuales.
El presente trabajo toma para el análisis de estas hipótesis iniciales, experiencias docentes
propias en el campo de la danza-expresión corporal y la promoción de derechos, vinculadas a la
temática del arte como herramienta de integración, construcción de identidad y transformación
social.
Con este trabajo esperamos contribuir a una reflexión crítica acerca de la función cognoscitiva,
social y política del arte en general y de la danza -con enfoques holistas del cuerpo- en
particular, en la construcción de identidad tanto individual como colectiva; su importante
función en la promoción de vínculos humanos y contextos sociales más sanos, cooperativos e
inclusivos.
1- MARCO TEÓRICO:
Tomaremos como ejemplo a la Danza- Expresión Corporal, que según Patricia Stokoe es una
concepción de Danza, Danza al alcance de todos. Este lenguaje artístico se nutre de diversas
fuentes y disciplinas de trabajo corporal conciente: la eutonía, el feldenkrais, el tai-chi y otras
disciplinas, así como también de diversas técnicas dancísticas. En su metodología y fundamentos,
el ser humano es considerado de naturaleza multidimensional, una integralidad mente-cuerpo-
espíritu-emociones-entorno. El ser humano es Cuerpo considerado como una totalidad integral. El
cuerpo es además, y siguiendo el paradigma hermenéutico, un constructo social y
político. Afirmamos entonces, que los cuerpos son espacio tanto de explotación, expulsión y
control, como espacios para la creatividad, el goce y la vida autónoma.
La antropología social del cuerpo – según Le Breton - parte de un enfoque que no considera al
cuerpo como un mero hecho natural-biológico sino que constituye una forma moldeada por la
interacción social, el hombre no es el producto de su cuerpo sino que él mismo produce las
cualidades de su cuerpo en su interacción con los otros y en su inmersión en el campo simbólico.
La corporeidad se construye socialmente.
La visión biomédica occidental y moderna, parte de una visión mecanicista del cuerpo, que
termina disociándolo de la persona, del cosmos, de los otros y por ende de sí mismo. El cuerpo
según la sociología y antropología del cuerpo en cambio, no se distingue de la persona. El cuerpo
es el lugar y tiempo en el que el mundo se hace hombre inmerso en la singularidad de su historia
personal, terreno social y cultural en el que abreva la simbólica de su relación con los demás y
con el mundo.
La identidad es una necesidad básica del ser humano. Poder responder a la pregunta de ¿quién
soy yo? es tan necesario como el afecto o el alimentarnos. La identidad tiene que ver con nuestra
historia de vida, que será influida por el concepto de mundo que manejamos y por el concepto de
mundo que predomina en la época y lugar en que vivimos. Por lo tanto, hay en este concepto un
cruce individuo-grupo-sociedad, por un lado, y de la historia personal con la historia social, por el
otro.
Winnicott afirma que los seres humanos vivimos nuestro proceso de desarrollo psíquico y de
personalización, a través del vínculo con el ambiente y los demás, determinando así el desarrollo
tanto de la salud como de la enfermedad. El recién nacido depende decididamente del contacto
con otro cuerpo para integrarse y dar curso a su desarrollo y considerando un medio “facilitador”
con buenas oportunidades para que esto suceda se halla la figura de un cuidador/madre que
conoce y satisface las necesidades corporales de su bebe proporcionándole lasprimeras
experiencias del placer y también de displacer. La influencia del ambiente en el que se desarrolla
un niño es evidente. Un niño que crece en un grupo familiar que le brinda una respuesta
suficientemente empática podrá adquirir, a medida que su maduración se lo permita, una
estructura psíquica que progresivamente le permitirá salir del estado de dependencia (acorde a
cada edad), y hacerse cargo de sí mismo, conquistando su propia autonomía, reconociéndose
valioso y capaz de construir un proyecto de vida propio.
Esta reciprocidad supone que sin la entrada del otro y su “sostén”, el cuerpo/psique-soma del
bebé no podría constituirse en sujeto. En esta intervención simultánea del otro radica el vínculo
o el lazo social inherente a nuestra condición humana y a nuestra existencia. Este vínculo se
nutre de los procesos de empatía y entonamiento afectivo.
Definimos por población en situación de vulnerabilidad psico-social a la población que padece
fragilidad psíquica por haber sido privada de sus derechos elementales, ha sido desatendida en
sus necesidades psico-sociales básicas: seguridad afectiva, económica, protección, educación,
tiempo de dedicación, comida, agua potable, trabajo y salud. La situación de vulnerabilidad se
dá por una falla en la contención ( familiar y/o comunitaria) y el no garantizarse el efectivo
acceso a los derechos humanos fundamentales, quedando esa persona en situación de riesgo
social.
El rol del facilitador es el de fortalecer al sujeto que ha sido privado de sus derechos, generando
espacios de pertenencia y participación.
Para lograr esto, el facilitador debe:
a- En primer lugar, poder desarrollar habilidades para conectarse con las personas con las cuales
trabaja:
Proveer límites, ser firme - que no es lo mismo que ser autoritario- en el ejercicio de la
autoridad.
b- En segundo lugar, debe poder desarrollar la capacidad para estar conectado con su “sí
mismo”, en su rol docente y como persona:
Capacidad de espera, tolerancia. No interpretar todo lo que percibe, ser testigo sin juzgar.
Aceptar el cuestionamiento del propio rol , los límites del propio conocimiento y el asombro de
descubrir a otro ser en su totalidad.
Conectarse con su propia experiencia corporal conciente y aceptar sus propios deseos y
emociones.
Cabe agregar que no podemos brindar a otros lo que no ha pasado por el propio cuerpo. Ser
facilitador de procesos de identidad individual y colectiva no es fácil y menos cuando se trata de
la promoción de derechos de los sujetos que han sido vulnerados. Es fundamental el propio
trabajo personal del artista-facilitador. Necesitamos conocernos más a nosotros mismos para
conocer los procesos grupales e intervenir correctamente. Necesitamos aumentar nuestra
capacidad de escucha, la capacidad para captar atmósferas, aceptar posiciones diversas y hasta
contradictorias. Necesitamos saber convivir con nuestros miedos e inseguridades, reconocer
nuestras debilidades, ser más humildes y auténticos.
Función del arte en la gestión de procesos de construcción de identidad. Las artes del
movimiento como prácticas de producción política y cognoscitiva. Su rol en la promoción de
vínculos humanos y contextos sociales más sanos, cooperativos e inclusivos:
Creemos que los nuevos sujetos y movimientos sociales, están configurando formas alternativas o
contra-hegemónicas de organización política y cultural que suponen la construcción de otro tipo
de poder . En la medida que estos procesos involucran la producción de discurso sociológico y
político, rescatando y re-significando viejos términos y categorías que habían sido encajonadas y
desechadas por el pensamiento único o hegemónico.
Es por ello que resulta importante estudiar los modos en que se configuran y reorganizan las
creencias y conocimientos sobre el cuerpo en nuestras sociedades, y comprender las formas en
que estas ideas se articulan en las prácticas y luchas sociales; ya sea generando estrategias de
resistencia o bien legitimando las relaciones de dominación. Analizar estos procesos culturales en
los distintos contextos, en este caso vinculado a las artes del movimiento, constituye un desafío
epistémico y político ineludible.
El rol del bailarín-docente-facilitador puede ser un importante sostén y co-creador de este nuevo
vínculo con el sujeto que ha sido vulnerado en sus derechos, como facilitador de este nuevo
proceso de crecimiento, promoviendo un ambiente más propicio para que el sujeto pueda reparar
aquello que no tuvo en etapas tempranas del desarrollo y en la construcción de su identidad
tanto personal como colectiva. Transformando así la actividad estética en intervención no solo
cognoscitiva sino también político-pedagógica.
La meta general del programa es lograr la restitución de los derechos de los participantes,
apuntando a su emancipación y autonomía como personas. Para ello se intentan rescatar sus
propios recursos vinculares, promoviendo el desarrollo de actitudes, valores y habilidades,
reconstruir redes vinculares y grupales, promover la resignificación de los vínculos, y colaborar en
la reconstrucción de su identidad e historia, protegiendo al sujeto de la vulneración de sus
derechos.
En el taller de expresión corporal-danza hubo, durante los dos años en que se desarrolló la
experiencia, una oscilación de participantes entre 40 a 10 por semana, según la época del año.
Elijo este caso pues lo considero representativo de lo que se puede lograr desde la expresión
corporal-danza con personas que han sufrido graves violaciones a los DDHH y que – como en este
caso- se sienten atraídas por participar en un taller de esta naturaleza. El informe rescata el
proceso individual de la persona elegida, si bien su proceso se fue dando dentro de situaciones
grupales e individuales.
Es una joven de 18 años, que ha padecido serias situaciones de abuso y abandono, por lo cual
muestra actitudes rígidas y defensivas, a su vez corporalmente se la vé muy descuidada. En la
primera etapa dentro del taller, mostraba un gran monto de ansiedad, mucha necesidad de
hablar, predisposición a la tarea pero rigidez, estereotipos respecto del bailar, sin embargo a su
vez mostró una relativa rápida apertura hacia propuestas novedosas para ella, y a medida que fue
logrando confianza conmigo y consigo misma, fue compartiendo sus problemáticas más personales
y los motivos de su estar allí, a su vez que lograba descubrir nuevas maneras de expresarse a
través del movimiento y de encontrarse consigo misma y los demás.
A través del folklore logra trabajar los contenidos de E.C. (conciencia corporal, movimiento,
expresión, comunicación y creatividad)
Se ríe, le gusta, disfruta. Se suelta en el uso del espacio total del taller. Progresa en sostener la
mirada y la comunicación con el otro, en no darle la espalda al otro, hace giros que le agregan
expresividad a la danza que antes no hacía, copia algunos giros, capta mejor el ritmo y enriquece
su lenguaje al bailar.
Puede bailar con otros y ella motivó a que otra compañera baile.
Suele hablar de las otras chicas, muestra preocupación por los demás.
En algunas oportunidades le pido que me cuente lo que sintió bailando: Alguna vez dijo recordar
al padre y eso no le gusta tanto, contó por ejemplo que el padre se emborrachaba; siente
tambien “diversión, alivio, alegría; me gusta bailar, me encanta”.
Participó también de un trabajo de senso-percepción con pelotas en el piso, capta las consignas,
si bien habla en el ínterin de los temas que le preocupan, también logra progresivamente el irse
soltando y simplemente disfrutar de la danza o del encuentro consigo misma, sin necesidad de
hablar tanto desde lo verbal.
Suele ser muy respetuosa, colaboradora, cariñosa. Siempre me ayuda a llevar el equipo de
música, entre otras actitudes.
A veces llega contándo las zonas del cuerpo que le duelen y trabajamos sobre eso.
En cierta oportunidad, trajo a escondidas una bombilla para que yo se la esconda, porque la usan
varias compañeras para fumar “porro” y ella se lo quiere sacar ( interpreto que ha logrado
establecer un alto grado de confianza conmigo).
El 11/11 me contó que la madre ejercía la prostitución y la obligaba a ella y le daba droga, ella
no quería ( se largó a llorar contándome todo esto).
Ese mismo día, siendo que se cumplía casi un mes y medio de haber ingresado al taller, puedo
resaltar algunos de sus logros: se saca los zapatos al llegar, me pide y ayuda a colocar la alfombra
para bailar. A su vez me cuenta que se lavó los pies y que se le están curando los hongos que
tenía.
El 12/11 hicimos una actividad de ritmos sobre la espalda de otro, quien tiene que responder con
gestos de manos, pies y cara ( en ese orden), le encantó, se rió tanto que le salieron lágrimas;
luego de este juego bailó con mucha más soltura. También hicimos un ejercicio de flexibilización
de la columna que le permitió encontrar nuevos movimientos, ella misma notó la diferencia y me
lo dijo; en otras oportunidades me pidió volver a hacer ese ejercicio.
El 23/11 hicimos un trabajo de vibratorias, ella manifestó tener nuevos dolores, le expliqué que
cuando uno tiene el cuerpo mas presente toma conciencia de sus dolores, que estaban antes pero
que no te dabas cuenta, ella escuchó atentamente.
En este trabajo de vibratoria, Anahí se acordó de un sueño: “que iba al baño y empezaba a brotar
sangre debajo del inodoro y se inundaba de sangre; ella pedía ayuda gritando”.
Este mismo día en otro horario hicimos un trabajo sobre impulsos, uno le mueve el brazo al otro
desde el impulso, que puede ser fuerte o suave y el movido puede decidir si dejar el brazo en
peso muerto, si cortar el movimiento o si continuarlo; le encantó, se reía mucho, “ me encanta
este juego” me dijo. Luego cerramos con un trabajo de columna y uno de respiración,
quedándose muy tranquila.
También se compenetró en un trabajo con telas, primero explorando la tela ( textura, forma,
color, temperatura, etc), luego generando movimientos suaves o fuertes con la tela y observando
lo que le pasa al propio cuerpo con esos movimientos y hasta transformarse en la tela. La ví muy
concentrada en el trabajo sobre lo suave, rodó por el piso, se acariciaba con la tela, luego se
interrumpió y no pudo seguir trabajando en lo propuesto, me empezó a contar que se fugó el
martes a la noche y volvió borracha; que ella quiere el traslado, que no puede dejar la droga,
que no le gusta el hogar convivencial donde está, pero que quiere seguir viniendo a los talleres.
Me suele contar cuestiones personales, luego de haberse entregado a algún trabajo de conciencia
corporal. Además manifestó quererme “como si fueras mi mamá” dice que es porque habla
conmigo todo y me cuenta sus intimidades.
Cuenta que se sigue fugando y que se hizo amiga de un chico de la "Favela" ( barrio marginal de
La Plata) que toma alcohol y fuma porro.
El 9/12 participó en una actividad en la que trabajó los sentidos extero-ceptivos a través de la
percepción de un objeto ( rama con flor ), tiene que percibirlo primero con los 4 sentidos menos
la vista, que queda para el final. Ella pone cara de emoción cuando se llevó la rama a la piel de
la cara y del brazo, también cuando le sintió el perfume; en otros momentos se ríe, sobretodo
con el sonido; pensó que las flores eran amarillas y cuando abrió los ojos descubrió que eran
blancas.
Le pedí que escriba sobre lo sentido: “ cosquillas en las manos, emoción, recuerdo de una amiga
que le acariciaba la cara, perfume del ex-novio, sonido raro”.
El padre la violó a los 11 años, ella quedó embarazada y su hija quedó en custodia del tío.
Además la madre la prostituía y le enseñó a consumir drogas. A la madre no la pueden ubicar,
ella no la vé hace 5 años. El juez fue recientemente a la casa del tío a contarle la verdad sobre el
padre, a raíz de lo cual el tío le puso una denuncia y ahora el padre está preso. Me aclaró que
ella en su momento no quiso denunciarlo. Le avisaron que pronto vá a ver a su hija – que ahora
tiene 7 años-, cuando la trasladen a Mar del Plata y se largó a llorar cuando me contó todo esto.
Me contó que tiene fecha de comparendo el viernes 17/12, parece que vá a poder ver finalmente
a su mamá también. Cuando me cuenta estas cosas que la emocionan me abraza y llora.
Análisis acerca del impacto que ha tenido esta experiencia: Logros, dificultades e
interrogantes surgidos.Cambios que produjo la participación en el taller de expresión
corporal-danza:
Creo que son muchos los logros, por un lado, hubo en general continuidad de participación por
parte de los beneficiarios y una positiva evolución en sus desempeños. De los 40 participantes
semanales que tuve durante los meses de octubre 2003 a noviembre del 2004 y los 10
participantes semanales entre diciembre 2004 y junio 2005; tengo informes que dan cuenta de la
evolución positiva de 28 casos, cuya permanencia generalmente fué de 3 meses dentro del
taller de manera relativamente continua, los restantes 22 casos, fueron participantesocasionales
o que vinieron por un período muy breve, por diferentes motivos que no detallo aquí.
Las dificultades en general han tenido que ver con cuestiones institucionales. Problemas edilicios
y estructurales: las condiciones poco aisladas del calor, del frío y de la lluvia del salón, en
muchos casos impidieron la normal realización de la actividad del taller.
Otra dificultad fue el poco estímulo que desde la institución se les brinda a los varones para que
participen del taller de E.C., convalidando modelos culturales que multiplican ciertos prejuicios
sobre el valor de lo corporal y lo expresivo en el género masculino. Otra dificultad en la tarea es
el trabajar con poblaciones con tanta movilidad, diversidad y cambio ( fugas, ausencias,
traslados, cambios en la ruta de tratamiento, etc), por un lado implica algo que está previsto en
la metodología de taller y en el trabajo con poblaciones vulnerables, esto es, el ir
adaptando/adecuando diariamente los contenidos a las necesidades del grupo de beneficiarios,
pero por otro lado el gran interrogante es ¿cómo profundizar en los procesos educativos, que
generalmente quedan truncos por esta alta movilidad?. Hay una dificultad para hacer un
recorrido y profundización de los procesos iniciados y por ende, dificultad para trabajar un
sentido de pertenencia y de grupalidad.
En cuanto a los logros obtenidos, en primer lugar, las representaciones/prácticas previas del
propio cuerpo que manifiestan los participantes al incorporarse por primera vez al taller,
podemos mencionar que suelen mostrar diferentes modalidades de: desconfianza, resentimiento,
actitudes agresivas y defensivas, rigidez y estereotipos respecto de lo que es bailar para
ellos; corporalmente se presentan muy descuidados; e ingresan con altos montos de ansiedad y
mucha necesidad de hablar.
En general, a medida que van logrando mayor confianza conmigo y consigo mismos, van
descubriendo nuevas maneras de encontrarse en quietud y de expresarse a través del
movimiento, a la vez que van re-construyendo y re-significando su propia historia de vida.
En cuanto al caso tomado aquí como paradigmático, se pudo ver cómo esta joven que habiendo
padecido serias situaciones de abuso y abandono, por lo que muestra actitudes defensivas, logra
ir ampliando su capacidad comunicativa (tanto verbal como no verbal), reconstruyendo su propia
historia de vida y re-significando sus vínculos internos, a su vez que va logrando mayor
expresividad y creatividad a través del movimiento. También se observa cómo fue disminuyendo
sus altos montos de ansiedad, logrando permanecer también en silencio y/o en quietud,
concentrada en sus sensaciones corporales. A su vez, durante su evolución dentro del taller,
empieza a mostrar preocupación por los demás compañera/os, pudiendo salir de su problemática
individual y compartiendo con otros. Encuentra en el taller un espacio de contención y escucha,
que seguramente ha fortalecido su propia capacidad de autocontención. A su vez encuentra
momentos de bienestar y de alegría, que en su vida cotidiana son escasos, a través del bailar y
del conectarse con el propio cuerpo y con los otros, reemplazando de manera positiva, durante el
espacio de taller, el uso de otro tipo de satisfactores destructivos ( como lo son la droga o el
alcohol). Por otra parte, esta joven fue recuperando y redescubriendo su propio cuerpo, desde un
lugar placentero, con lo cual se intenta reparar sus previas vivencias de abuso y abandono.
Lamentablemente no he podido hacer un seguimiento de la evolución del caso analizado luego de
que fuera trasladada, por razones externas a mi voluntad.
Este enfoque de trabajo de y desde el cuerpo, con esta mirada holista del mismo,
tiene consecuencias tanto subjetivas como epistemológicas, ya que parte de la revalorización de
la propia corporalidad del facilitador y de la realidad de los participantes, incorporando a los
beneficiarios en el proceso participativo, como algunos de los ejes centrales en que se basan las
estrategias pedagógicas que se propone.
Genera así determinado tipo de vínculos .sanadores, constructivos, reparadores- entre facilitador
y participante.
Por otra parte la danza, desde estos enfoques holistas y concientes, permite a través del
movimiento y el encuentro inter-personal, descubrir nuevos vínculos, redescubrir la continuidad
del ser en movimiento y la vivencia de ser una totalidad mente-cuerpo.
B- Experiencia de Extensión comunitaria dentro del Depto. de Artes del Movimiento, IUNA
( Instituto Universitario Nacional de Arte) Jornadas “ Cuerpos del Exilio”, 1º y 2º edición
(2007-2008):
Descripción de la experiencia:
En la Semana del exilio de 2006 organizada por COEPRA ( Comisión de Exiliados Políticos de la
Rep. Argentina), nos conocimos algunas personas que somos hijas e hijos de exiliados políticos de
la última dictadura militar. Así comenzamos a juntarnos. Desde ese momento realizamos
actividades de recuperación de la memoria histórica, acompañando reivindicaciones y marchando
en defensa de los derechos humanos.
En este marco, nos conocimos Victoria Lagos y quien suscribe , descubriendo que además de
unirnos la experiencia de ser “hijas del exilio”, participábamos ambas del IUNA, Depto. de Artes
del Movimiento. Victoria en su calidad de estudiante de la Licenciatura mención Expresión
Corporal, y yo como docente de la cátedra Fundamentos de la Expresión Corporal.
Para la Semana del Exilio 2007, decidimos organizar una jornada de extensión comunitaria, que
nos representara dentro de nuestra institución, así surgió “Cuerpos del exilio I”, jornada que se
realizó el 19 de junio del 2007: La actividad fue pensada dentro del marco de los Derechos
Humanos, recalcando que el Exilio es una violación a los mismos y que para quienes lo hemos
padecido dejó sus marcas en nuestros cuerpos. Curiosamente somos muchos los que hemos
encontrado nuestro lugar en las distintas expresiones artísticas y desde allí transformamos esa
experiencia dolorosa en algo nuevo, creativo y enriquecedor para otros. Por ello creímos
importante contextualizar estas jornadas dentro del marco institucional del Instituto
Universitario Nacional de Arte, Depto de Artes del Movimiento “Maria Ruanova”, institución que
nos contiene profesional y humanamente.
La propuesta consistió en realizar un abordaje artístico para reflejar la historia del Exilio
Argentino en la última dictadura militar. Nuestro objetivo además, fue convocar a toda la
comunidad de Artes del Movimiento y la comunidad en general, a participar de esta jornada de
arte y debate sobre el exilio, en torno al eje “Cuerpos del Exilio” y su resonancia en la sociedad
actual y en la comunidad artística en particular.
Por ello invitamos a todos los estudiantes y docentes del IUNA a presentar sus trabajos. Recibimos
el apoyo de diversos colegas de Artes del Movimiento: Julia Pomiés, directora de la revista Kiné;
Susana Kesselman, eutonista y escritora; Raquel Guido, docente; Susana Gonzalez Gonz,
directora del Grupo Alma de Danza Integradora; Aurelia Chillemi, docente, bailarina, directora
del grupo de Danza Comunitaria “Bailarines Toda la Vida”. Se presentaron obras de estudiantes,
docentes e invitados.
Cabe destacar que luego de esta jornada hemos sido convocadas a presentar dos obras propias -
presentadas en las jornadas “Cuerpos del Exilio”- en distintas Instituciones y espacios:
-Dirección de Derechos Humanos de la Municipalidad de Morón. Moron, Pcia. Bs. As. Septiembre
de 2007.
-Ciclo “Identidad y Memoria”. Organizado por el IUNA Depto. Artes del Movimiento “Maria
Ruanova” y Aurelia Chillemi, destinado a mostrar los trabajos de aquellos coreógrafos dedicados
a la temática de los derechos humanos y la memoria. Hotel Bauen, C.A.B.A. Octubre de 2007.
- Encuentro Artístico Nacional “El Arte como herramienta de lucha política”. Organizado por:
Grupo literario “Los del Fondo” de la Biblioteca Popular José Murillo; “Biblioteca Popular San
Marcos Sierras” y la Sección literaria “ No Todo Es Verso” de la Agencia de Noticias Rodolfo
Walsh. San Marcos Sierras, Pcia. de Córdoba. Del 07 al 10 de Febrero de 2008.
Bailarines, coreógrafos y docentes de danzas ( del IUNA y provenientes de otros espacios formales
y no formales, así como artistas del interior del país - La Plata, Santa Fé- y otros tantos como:
Demián Ariel Frontera (Miembro fundador del Grupo Alma, integrante del proyecto Mundo Alas
que dirige León Greco)- Susana González Gonz , directora del Grupo de Danza Integradora “
Todos Podemos Bailar”- Aurelia Chillemi , directora del grupo de Danza Comunitaria “ Bailarines
toda la Vida”.
Recibimos además el apoyo permanente del Depto de Artes del Movimiento del IUNA.
Análisis acerca del impacto que ha tenido esta experiencia de extensión comunitaria:
Si bien resulta difícil establecer de manera precisa el impacto obtenido con este tipo de
jornadas, dado que fueron apenas dos eventos, sí podemos compartir algunas de las
repercusiones que pueden dar cuenta tangencialmente de dicho impacto.
Vale como ejemplo compartir con uds. algunas de las tantas devoluciones, reflexiones y
conclusiones que recibimos -a posteriori del evento- de parte de los artistas que participaron de
las jornadas:
Marina Santi, Soledad Delbo, Juan Enriquez, Pablo Enriquez, Fernando Coronel
Entre otras cosas cabe destacar el análisis producido por personas y artistas que no padecieron el
exilio, y que sin embargo a través de la actividad, lograron sentir empáticamente lo que puede
vivir alguien que es expulsado de su país. Al mismo tiempo establecen una interesante analogía
entre el exilio y otras formas de exclusión social y manifiestan “Mientras regresábamos a nuestras
tierras (…) empezamos a sentir (…) que otros se habían adueñado de lo que es nuestro…. Nos
preguntábamos si así era el despertar de los que debieron marcharse a la fuerza... Si se
asemejaba a eso, somos varios millones de exiliados, de desterrados, de "ajenos". “. Asimismo ,
el hecho de que la temática los motivó a crear una obra especialmente para este evento, no deja
de ser un dato a destacar..
Todas las reflexiones que recibimos a posteriori del encuentro, dan cuenta de la importancia que
tuvo para ellos la jornada y la repercusión personal en reforzar la esperanza de que un mundo
mejor es posible si sostenemos este tipo de redes.
En primer lugar observamos que hubo una excelente respuesta de parte tanto de la comunidad
artística del IUNA como de la población en general. Tanto en propuestas creativas, como en
disposición a la reflexión y al debate. Lo cual no deja de ser una clara señal de la necesidad de la
comunidad toda de participar en ámbitos de discusión, reflexión y producción relativos a nuestro
contexto e historia, dando cuenta además de la importante función social del artista hoy. Todas
éstas situaciones constituyen en sí mismas espacios de pertenencia y de inclusión.
En segundo término, estas jornadas también tuvieron personales repercusiones en quienes las
organizamos, como experiencia artística, comunitaria y personal de vida.
Las jornadas fueron “excusa” -en mi caso- para crear mi propia obra de danza en relación a mi
experiencia del exilio, obra que no solo creó una especial comunicación con los públicos en donde
fue presentada, sino que además representa una especie de cierre a una larga etapa de des-exilio
en mi vida.
Cito aquí algunas de las reflexiones que surgieron a partir de la segunda edición de “Cuerpos del
exilio”
“Bailar nuestra historia y la felicidad de haber encontrado ésta, mi vocación, radica en que
encontré una coherencia total entre cuerpo, historia, sueños, luchas, identidad, militancia, dolor
y amor... ¿cómo no entregarme por completo?! Ante la violencia vocacional que sufren la mayoría
de los jóvenes, yo hallé más que eso...hallé un espacio común; un lugar en el mundo... tras años
de no haber pertenecido a ningún lugar o de no poder decir de dónde venía, y mucho menos de
poder compartir con otros mis anhelos más profundos... Crecí, maduré sentimientos y
pensamientos, ideas... me confirmé ideológica y políticamente... antes mi cuerpo no podía
“decir” todo esto y creo que ahora está más libre de todo, y hasta palabras le pude encontrar a
todo lo que la vida me puso delante... las palabras vinieron a mi de repente y ahora me dan su
silencio, el más sabio... Yo que venía de la teoría, andaba errante y abandonada de ese alimento
espiritual que es el arte... desnuda de mi danza... "
Victoria Lagos, Hija del Exilio, estudiante de Danza-expresión corporal, IUNA.
“Poder expresar a través de la danza nuestras historias, poder generar a partir de ello una
reflexión colectiva sobre cuestiones que nos afectaron y afectan directamente, poder a partir de
esto ser multiplicadores de una propuesta que es artística y es social, que es cultural y es
educativa. Revisar el concepto de identidad y de raíces, revisar el sentido de lo que hacemos
como profesionales de la Danza, como docentes, como estudiantes, como artistas. Revisar un
periodo de la historia argentina que sigue influyendo en nuestro presente y nunca fue
debidamente discutido en forma colectiva.
Junto a la necesidad de construir el presente, juntando los pedacitos de lo que quedó, sin negar
el pasado, sin perder la memoria, pero poniendo el eje en la re-unión, la comunión, el re-
encuentro y sobre todo, el permiso de la búsqueda de ser personas auténticas, sensibles,
humanas, la libertad de disentir, de no estar de acuerdo, la libertad de manifestarse en totalidad
en el encuentro con el otro, sin el cual uno-yo-vos no existiríamos, la libertad de construirnos
como artistas de todo lo humano.
Todo esto es lo que nos guía en la apuesta a que Cuerpos del Exilio siga creciendo”.
Podemos concluir entonces que este proyecto “ Cuerpos del Exilio” como actividad de extensión
comunitaria dentro de un marco universitario, ha tenido una excelente respuesta por parte tanto
de la comunidad artística del IUNA como de la comunidad en general. Dando cuenta de la
necesidad de continuar promoviendo este tipo de espacios de producción artística, debate y
reflexión.
Pudimos observar ante la cantidad de artistas que se sumaron a la convocatoria, que este espacio
responde a una necesidad de la comunidad artística -ligada a la danza- de contar con espacios
que permitan el desarrollo de propuestas creativas relacionadas con la reconstrucción de la
memoria y la identidad colectivas, y que den pertenencia e inclusión a aquellos que desde su
trabajo cotidiano sostienen la importante función social del arte.
Por otra parte, como dijimos, estas jornadas tuvieron especial repercusión personal en quienes
las organizamos. El proyecto “ Cuerpos del exilio” nos permitió de alguna manera reafirmar
nuestra identidad personal y se ha constituido en fuente de pertenencia e identidad colectiva.
Sin duda todo esto reafirma la hipótesis de este trabajo, en relación al valor de la danza y las
prácticas estéticas con enfoques holistas del cuerpo, como herramientas de construcción de
identidad tanto personal como comunitaria, y su importante función social transformadora.
3- ALGUNAS CONCLUSIONES:
En todas estas experiencias de aplicación de la Danza -con enfoques holistas del cuerpo- a la
tarea educativa y en la construcción de identidad -individual y colectiva- aparece el gran desafío
de poder comprender al otro y propiciar dichos procesos de crecimiento.
Analizando esta capacidad de poder ponerse en el cuerpo de alguien que padece diversas formas
de exclusión social, de disociación y fragmentación, nos surgen algunos interrogantes: ¿Cómo
decodificar lo que el otro necesita?, ¿ Cómo ser bailarin-docente-facilitador y lograr una actitud
empática y una capacidad para entonar afectivamente con las personas en situación de
vulnerabilidad? ¿ como hacerlo si no pudimos previamente pasar por nuestros propios cuerpos
estas vivencias?
Creo necesario destacar la importancia del rol del artista-docente en la gestión de procesos de
inclusión y pertenencia social, su tarea será la de facilitar procesos de cambio y de construcción
de identidad, promoviendo ambientes propicios para el desarrollo personal y colectivo, a través
de estrategias tanto individuales como grupales y comunitarias. Quizás estos procesos colaboren
en la co-creación de una noción comunitaria e inclusiva de identidad coletiva, superando ciertos
“ nacionalismos” rígidos y apuntando más a la idea de un “ sí mismo colectivo” o un “nosotros”
que contemple la diversidad y que respete el impostergable derecho humano a una vida digna
para todos.
Sin duda la Danza y las diferentes disciplinas corporales, no resuelven ni resolverán el problema
social del hambre y la injusticia social, pero a través de procesos de crecimiento personal y
colectivo como los ejemplificados en este trabajo, sí pueden constituirse en una herramienta
muy importante a la hora de formar personas autónomas, concientes y capaces de elegir caminos
más saludables en la construcción conjunta de una vida para si y para su comunidad. Superando
dualismos cuerpo-mente disociantes, que la modernidad y el capitalismo supieron construir y que
aun siguen vigentes en los modelos de enseñanza-aprendizaje y en la construcción de
identidades.
Con este trabajo esperamos haber contribuido a una reflexión crítica acerca de la función
cognoscitiva, social y política del arte en general y de la danza -con enfoques holistas del
cuerpo- en particular, en la construcción de identidad tanto individual como colectiva; su
importante función en la promoción de vínculos humanos y contextos sociales más sanos,
cooperativos e inclusivos. Constituyéndose así en una práctica de producción no solo
cognoscitiva sino también de índole política.
Para comprender la relación que existe entre voluntad de poder y arte consideramos
necesario pensar, de acuerdo con Vattimo1, la oposición entre arte y ciencia que permanece vigente
a lo largo de todo el pensamiento filosófico de Nietzsche2.
En el aforismo 146, el artista aparece como alguien que tiene una moral más débil que el
pensador con respecto a la verdad. Asimismo, todo lo que el arte tiene de incierto y extremo, es
decir, el sentido de lo simbólico, aparece reconocido, en aforismos sucesivos, como características
de una época que coincide con la infancia de la humanidad.
Ahora bien, esta oposición que Nietzsche establece en esta obra entre arte y ciencia es
fundamental, en la medida en que los elementos de esta oposición permanecerán idénticos en toda
su obra.
Lo que cambiará es básicamente la jerarquía que se establece entra ambas categorías, pues
en el período que se abre con el Zarathustra, el arte deja de ser pensado como un hecho superado,
para convertirse en el eje de descripción de la voluntad de poder, elemento central de la vida, que
posee una primacía absoluta con respecto a las pretensiones científicas de verdad.
Esta revalorización del arte, entonces, es un elemento del pensamiento nietzscheano que se
desarrolla a la par de su pensamiento genealógico, y es a la luz de la crítica a la moral y la
metafísica que el filósofo hallará la noción de voluntad de poder como creación artística.
“Si para vivir necesitamos sólo de la mentira, entonces la voluntad de
poder es arte y nada más que arte. Él es el gran posibilitador de la vida,
en tanto se instituye como afirmación de la existencia en medio de una
realidad que ha sido desprovista de su valor”4
En primer lugar, niega la existencia de una cosa-en sí, de una verdad trascendente que
exceda este mundo fenoménico y que habría de hallarse en un imperceptible mundo ideal.
Paralelamente, reniega de todo valor absoluto, se sitúa más allá del Bien y del Mal, y plantea que
todo sistema moral está sustentado sobre valoraciones perspectivísticas que dependen de las
distintas condiciones de existencia.
En efecto, la disolución de ese otro mundo verdadero, único, hace posible que haya otros
mundos, que ya no pueden calificarse de falsos en la medida en que no existe la categoría de
verdad (y por ende tampoco de ausencia de verdad).
Se trata de una pluralidad que sólo se encuentra en relación consigo misma. Aquella
Verdad y Unicidad que era su opuesto, y que la definía limitándola en su identidad correlativa,
como mera oposición o carencia, es desterrada y la multiplicidad de la existencia recupera así su
dinamismo, su posibilidad de cambiar.
Así, para el último Nietzsche, tanto lo que llamamos nuestra representación como nosotros
mismos somos una creación de la voluntad de poder; esa representación y nosotros no tenemos
nada detrás salvo voluntad de poder. Lo que cambia es, básicamente, el sentido del ser, el
significado del hay: a partir de la ontología nietzscheana no hay un mundo como representación y
cosa en sí –ni como representación ni como voluntad- sino como mera ficción artística de la
voluntad de poder.
La conexión entre arte y emociones supera de este modo aquella función meramente
catártica que había sido caracterizada en Humano, demasiado humano. En la medida en que el artista
es un niño, vive también las pasiones y emociones a la manera de los niños y los primitivos, con
violencia e impetuosidad. El fenómeno mismo de la inspiración se liga a estos mecanismos
emocionales del arte; efectivamente, la inspiración no es otra cosa que fuerza creadora,
voluptuosidad y voluntad de poder. El artista es aquel niño que descubre el santo decir sí de la
creación.
En este sentido, ninguna de las formas que ha tomado la cultura en la tradición moral-
metafísica que Nietzsche busca desenmascarar en sus obras, tiene una posición tan ambigua y
ambivalente como el arte. El arte es a la vez pasado y futuro, y fundamento de la vida misma: así lo
enseña la afirmación de que no hay felicidad sin placer del absurdo, es decir, sin arte, invención,
máscara.
El arte difiere entonces de todas las formas de la mentira metafísica sobre la cual se han
erigido todos los sistemas morales trascendentales y reactivos: la creación artística excede
precisamente esta caracterización porque, a diferencia de aquéllas falsificaciones, se presenta como
juego, excepción, suspensión provisional de las leyes de la jerarquía social y, en general, del
principio de realidad que se produce en las fiestas.
De este modo, el arte es más auténtica que cualquier otra expresión humana en la medida
en que Nietzsche encuentra en él todo el valor de la apariencia, de lo que no pretende ir más allá de
la superficie en busca de una cosa-en-sí inexistente. La supuesta Verdad no es, en el fondo, ella
misma, otra cosa que una fábula: pero a diferencia del arte, es una fábula que huye de sí misma y
también de la vida.
Así, todos los caracteres con los que había sido descalificado el arte en Humano, demasiado
humano, a fin de distanciar la actividad artística de la única y valedera «seriedad» del conocimiento
científico de la verdad, cambian de valor y significado cuando, precisamente, Nietzsche lleva hasta
el punto final su crítica y desenmascara también la fe en la verdad como instancia suprema.
“En este paso permanecen casi todos los caracteres del arte que Nietzsche
ha especificado en Humano, demasiado humano, pero ya no son señal de
regresión (al menos no en el sentido desvalorizador del término), sino
connotaciones positivas de aquella forma ejemplar de exceso que es el arte
y que se desarrollará más completamente en la noción de voluntad de
poder”11.
Así, contra las interpretaciones de corte heideggeriano, que entienden la voluntad de poder
como la extrema manifestación de la organización racional y técnica de la realidad por parte del
hombre –que se convertiría también él en objeto de una planificación total- Vattimo intenta
subrayar el significado de la voluntad de poder como arte.
Esto significa plantear que la voluntad de poder no consiste en constituir un plan artístico
acabado, que establezca una ley propia que debe ser obedecida y cumplida de manera rigurosa:
contrariamente: lo que caracteriza a la voluntad de poder en su alcance esencialmente
desestructurante es que consiste en crear siempre nuevas valoraciones, sin aferrarse a las propias
creaciones estéticas y dando forma al propio yo como una obra de arte.
Esto puede observarse con especial claridad en El ocaso de los ídolos, especialmente en el
capítulo sobre «Cómo el mundo verdadero terminó por convertirse en fábula». Básicamente, lo que
Nietzsche establece en esta obra es que no existe una realidad en sí, que permanezca oculta tras los
sentidos engañosos.
Y precisamente a este juego de hacerse valer de interpretaciones sin “hechos”, o sea, a este
juego de configuraciones simbólicas que son resultado de juegos de fuerza y que se convierten ellas
mismas en agentes del establecimiento de siempre nuevas configuraciones de fuerzas, es a lo que
Nietzsche llama el mundo como voluntad de poder. Se trata precisamente de un mundo que es como
«una obra de arte que se hace por sí misma».
Ahora bien, ¿por qué Vattimo caracteriza como «destructuración» a la voluntad de poder
concebida sobre la base de este modelo artístico? De acuerdo con su propio análisis, porque incluso
en los fragmentos de las últimas obras nietzscheanas el arte -modelo de la voluntad de poder- no es
pensado sólo en términos de «gran estilo», de «forma» cerrada, acabada, completa. Contrariamente,
se trata de una impetuosidad de pasiones, tal como había sido caracterizado el fenómenos artístico
enHumano, demasiado humano.
Es por eso que mediante la referencia a estos modelos del modo nietzscheano de considerar
el arte, tanto en el período de Humano, demasiado humano, como en el período posterior al
Zarathustra, Vattimo intenta ponernos en guardia ante el frecuente error de pensar que voluntad de
poder significa, en primer término, voluntad de forma, de definición, y, por consiguiente, también
de orden. Tal es el error de la interpretación heideggeriana.
Esta esencia, por otra parte, se encuentra sustentada por el autor en el análisis de un largo
fragmento escrito por Nietzsche en el verano de 1887 titulado El nihilismo europeo.
Así, Vattimo analiza que el descubrimiento de que no hay valores eternos, estructuras
naturales estables, sanciones definitivas garantizadas por Dios, y que, por el contrario, todo es lucha
de fuerzas, produce un movimiento en el que, como escribe Nietzsche, «los fracasados» sucumben
precisamente porque, si reconocen sin velos ni ilusiones la situación de lucha en que se encuentran,
o salen de su sometimiento a los poderosos a través de una lucha victoriosa, o bien, por una suerte
de neurosis, se comportan de tal modo que obligan a los poderosos a exterminarlos.
Entendemos entonces que a partir del descubrimiento de que los valores morales no son
otra cosa que posiciones de la voluntad de poder, tanto de los fuertes como de los débiles, es
imposible mantener intactas las jerarquías sociales, pero tambien la jerarquía interna de los sujetos
individuales, que descubren en sí mismos fuerzas en lucha y organizaciones siempre provisionales.
Por eso, los textos en los que Nietzsche niega que la voluntad de poder sea voluntad, en el
sentido psicológico del término, no sólo se dirigen contra el equívoco que confunde su doctrina con
la de Schopenhauer; sino que también buscan combatir toda identificación de la voluntad de poder
con la voluntad del hombre metafísico, libre, responsable organizador técnico del mundo objetivo.
En la voluntad así concebida, tal como ha sido pensada por todas las interpretaciones
heideggerianas, no hay lugar para el arte; y no se explicaría entonces la constancia con la que
Nietzsche ha indicado, en sus apuntes, la voluntad de poder como arte.
Todo el alcance destructurante del arte en los textos tardíos y los fragmentos póstumos se
concentra en torno al funcionamiento del arte como vigorizador de las emociones.
“¡El arte y sólo el arte! Él es el magno elemento que hace posible la vida,
que seduce la vida, que estimula la vida.
El arte como única contra-fuerza superior a toda voluntad de negación de
la vida, como lo anti-cristiano, lo anti-búdico, anti-nihilista por
excelencia.
El arte como la redención del cognoscente, -del hombre que percibe, quiere
percibir, el carácter pavoroso y problemático de la existencia; del hombre
trágicamente cognoscente.
El arte como la redención del hombre que obra, -del hombre que no sólo
percibe, sino vive, quiere vivir, el carácter pavoroso y problemático de la
existencia; del hombre trágicamente militante, del héroe.
El arte como la redención del hombre que sufre – como camino a estados
donde se quiere, transfigura y diviniza el sufrimiento; donde el
sufrimiento es una modalidad del gran éxtasis”19
2 La incitación de lo oscuro
Por el arte nos aproximamos a la destrucción y al caos sin sucumbir —del todo—
a su vértigo.
Para Nietzsche, la obra de arte es esa delgada línea, esa fisura que conecta-y-
separa la fuerza dionisíaca con y de la forma apolínea. Un equilibrio asaz precario.
La tragedia griega transita en ese límite, esforzándose por no caer a uno o a otro
lado. Es el discurso en el momento en que el discurso parece desfallecer o estar
de sobra, la calma en el corazón de la catástrofe, la afirmación de la vida en el
colmo de su inanidad. Si es arte, la línea aún no se ha quebrado: ni la figura
desprovista de ese horror ni la fuerza despojada de su forma pueden cristalizar en
la obra de arte. Dionisos es inasequible, la muerte no tiene una forma “propia”
según la cual podría ser representada, la noche nunca puede verse.
Casi todas las religiones —y, por supuesto, las filosofías— han intentado hacer lo
mismo: desviar, en su propio beneficio, en favor de la comunidad, en nombre de la
reconciliación, la faz nocturna y bárbara de lo divino. Este empeño desemboca,
habitualmente, en una traición y en un olvido. La alteridad de la que emerge todo
sueño de unidad y de identidad es —al menos en la imaginación— completamente
borrada. Es en virtud de ello que tanto la religión como la filosofía —es decir: la
política— han procurado someter al arte a su designio común: a saber,domesticar
a la bestia.
El arte se deja guiar menos por la imitación de modelos ejemplares que por una
abierta alteración de los moldes recibidos. “La ‘alteración’ de la forma humana”,
subraya Warin, “que se encuentra presente en el arte es, al mismo tiempo, la
desintegración de la forma luminosa y el retorno nocturno a lo bajo y a lo ‘podrido’,
pero también el surgimiento del alter, de lo otro, de lo sagrado que jamás se deja
reducir a lo mismo, que jamás se deja pensar ni racionalizar”[6].
4 La ruptura heideggeriana
La poesía es un sacrificio en el
que las palabras son víctimas.
Georges Bataille,
La experiencia interior
5 Lo sagrado profanado
6 La verdad de la mentira
¿Cuál es el reverso de la estrategia del alma? ¿Qué clase de proyecto podría
desactivar o resistir al imperio del proyecto?
Es la falta constitutiva lo que les exige un relleno sanitario que entonces —y para
siempre— toman por “verdad”.
El arte es la cruz formada por la instauración del mundo —la apertura del claro— y
la retirada de la tierra —su clausura. La obra de arte es este advenir de la
tierra en el mundo. Es su choque, la chispa que brota de esa colisión. El arte no es
un “reflejo” —más o menos distorsionado— de la verdad, sino supuesta en obra.
Por lo mismo, reducirlo a los “efectos sensibles”, reducirlo a objeto de una
“estética” equivale, según Heidegger, a olvidar y desdeñar todo lo que el arte tiene
deesencial.
Para Heidegger, hay el artista, hay la obra y hay, desde luego, un tercer elemento
gracias al cual ambos se sostienen: el arte. Este planteamiento, aparentemente
inocente, tiene como finalidad romper la especularidad metafísica entre el objeto y
el sujeto. El arte no se agota en la subjetividad del artista y tampoco se halla
íntegramente en su creación objetiva. El arte remite a un modo del ser. Por
supuesto que las obras de arte son “cosas” —como el carbón y la leña, como los
rifles y los sombreros, como el cepillo de dientes o las patatas—, pero son cosas
que no se agotan en su mero carácter de cosas. Heidegger comienza admitiendo
que la obra de arte es una cosa que recibe algo añadido, un suplemento que la
convierte en alegoría o en símbolo de otra cosa[24].
Como el concepto de “cosa” es todo menos evidente, es preciso preguntarse si es
posible pensar las cosas sin exponerlas al atropello. El simple paso del griego al
latín constituye una traición a la experiencia originaria de lo que serían las cosas.
La respuesta de Heidegger vuelve a presentarse con nitidez: lo que hace el arte
es conceder campo libre a la cosa para que se muestre su carácter de cosa[25]. Y
esta concesión no es algo que corresponda, dice Heidegger, a la mera sensación.
“Las cosas están mucho más próximas de nosotros que cualquier sensación”.
Nunca oímos “ruidos puros”, sino el rechinar de una puerta, el motor de un auto, el
ladrido del perro, los pasos en la azotea. Hay que esforzarse por encontrar el
punto en que la cosa reposa en sí misma.
Esto es imposible mientras imaginemos que las cosas son lo mismo que los
utensilios. Imaginar esto es fácil porque incluso la Biblia propone una relación
instrumental —por más que no sea “artesanal”— del Creador con su obra.
Heidegger intenta zafarse de esa consideración instrumental de la cosa para
abrirse a lo que en la obra de arte se encuentra expuesta. La cosa no es ni una
sustancia provista de accidentes, ni la unidad de diversas sensaciones, ni una
materia provista de forma. Cosa, utensilio y obra (de arte) pertenecen a
dimensiones completamente diferentes. Y su mezcla impide pensar lo que cada
uno tenga que ver con el ser.
El arte tiene que ver con la verdad del ser. En primer lugar, ha dejado de
concebirse primordialmente por su vínculo con la belleza. Enlazado con la verdad
del ser, el arte no es ni intemporal ni accidental: es historial. El arte constituye
unaconstelación de la verdad —un nudo de ser y tiempo—, de modo análogo a la
constelación de la verdad que se pone en obra en la instalación técnica del
hombre. Esta última emerge bajo el signo de la producción. ¿Cuál es el horizonte
del arte? Justamente, el de la develación de la esencia de las cosas. La esencia
del utensilio, según se apuntó, aparece solamente en esa dimensión no-utilitaria
en que se yergue la obra de arte. La obra no imita a la naturaleza, pero tampoco
se reduce a la instancia de la cultura. La obra revela lo que son las cosas. Pone en
obra a la verdad.
11 Emplazar al emplazamiento
NOTAS:
[3] Ibíd., p. 262
[11] “La función del concepto es formar una especie de caja de resonancia que pueda
articular el juego de la imaginación”, Hans-Georg Gadamer, La actualidad de lo
bello, Paidós, ICE/UAB, Barcelona, Trad. A. Gómez Ramos, 1991, p. 65. La escisión o
ruptura aludidas en el texto tienen que ver con la exigencia de legitimación del arte una vez
que éste ha quedado “huérfano de lo divino” — cuando el arte renuncia explícitamente a
seguir siendo vehículo de ideas o signos que estarían en otra parte (es decir,
fundamentalmente, en la esfera de la religión).
[12] “La esencia de la experiencia temporal del arte consiste en aprender a demorarse. Y tal
vez sea esta la correspondencia adecuada a nuestra finitud para lo que se llama eternidad”,
H. -G. Gadamer, loc. cit., p. 110
[13] Ibíd., p. 112
[14] “Lo que se expresa es la escisión entre el arte como religión de la cultura, por un lado,
y el arte como provocación del artista moderno, por el otro” Ibíd., p. 37. El paso del siglo
XIX al XX es el de ladesincorporación del arte respecto de su comunidad de origen. En
breve, es precisamente la experiencia del desarraigo lo que marca el arte del siglo XX.
[15] Ib., p. 40
[16] Ib., p. 42
[17] Ib., p. 86
[18] Ib., p. 87
[19] Ib., p. 91. “Con otras palabras: la obra de arte significa un crecimiento en el ser”.
[20] Ib., p. 96
Autor: Carlos Girón
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Publicado: June 28, 2013
Friedrich Nietzsche es uno de los autores más reconocidos y admirados. Sobre todo por
aquellos que no le han leído. Autor complejo, enigmático, fragmentario e incendiario. Sus
textos son provocadores, sumamente estimulantes para el lector, pero es fácil permanecer
bajo el embrujo de la forma sin reparar en el contenido. Precisamente estos dos conceptos
entran en juego en estas líneas para explorar, muy brevemente, eso que conocemos como los
dionisíaco.
¿Qué es lo dionisiaco? Hay, al menos, un par de abordajes posibles ante esta pregunta que
retumba en el oído nietzscheano como pulso de un tambor que marca el ritmo de El
nacimiento de la tragedia. En primera instancia, bien podemos adoptar la perspectiva
arqueológica, es decir, la de aquel que se da a la tarea de excavar esperando que en la
profundidad de las ruinas se encuentre el secreto, la esencia o el origen que permita entender
esta deidad sustantivada. Excavar esperando desenterrar el auténtico sentido griego de lo
dionisíaco: revivir Grecia reconstruyéndola hallazgo tras hallazgo, vestigio tras vestigio. Pero
hay algo de mistificación, algo de anhelo romántico que se cuela en esta manera de arremeter
la empresa. ¿Dónde está realmente Grecia?
Lo que importa es, ante todo, no permitir que las capas del polvo del pasado oculten la fuerza
de lo griego. Que su serena jovialidad, su Heiterkeit, no quede opacada por la mirada del
arqueólogo, que el impulso que dotaba de un santo resplandor a aquella época logre iluminar
todavía ante nuestros ojos: el resplandor del bailarín, del santo decir sí, del que ríe y se recrea
en el juego de la transvaloración. Se trata, según las palabras del alemán, de “ver la ciencia
con la óptica del artista, y el arte, con la de la vida…” (Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la
tragedia) Resulta curioso que para asestar la última puñalada a la metafísica se tenga que
recurrir a un concepto que destila a cada paso aroma metafísico: la vida.
Pero el concepto no viene solo, sino que viene a presencia por mediación de una actividad
particular, a saber, el arte. La ciencia debe apreciarse desde la óptica de esta actividad
creativa, desde un punto que permita atender al principio dinámico y dinamizante de toda
actividad –segunda posibilidad de abordaje de la pregunta inicial. Esto no puede
comprenderse del todo sin atender al rival y auténtico demonio empecinado en posar una
nube sobre este santo principio al mismo tiempo que busca desviarnos del camino. Este
“genio maligno” se encuentra en la moral que, también, debe ser transfigurada por la mirada
plena de fuerza y vida. “¿Qué significa, vista con la óptica de la vida, –la moral?…” (Friedrich
Nietzsche, El nacimiento de la tragedia).
Tras cada paletada de tierra se devela un poco más de la ruina, se levantan más nubes de
polvo con la insinuación de lo griego detrás de ellas. ¿Cómo apropiarse del significado de eso
que destella detrás del polvo? ¿Cuál es la mirada adecuada para dejar que esa forma
insinuada se revele en todo su esplendor? Y hablamos ya de revelación, de ese elemento
imprescindible de lo religioso que no es sino pista, migaja de pan arrojada en un bosque para
que los niños encuentren el camino de regreso. Pero los cuervos astutos de la moral están
prestos a perdernos, a esparcir las migas por senderos diversos y sembrar así la confusión.
Sólo la mirada del que ha aprendido a fundirse con el paisaje, del que es capaz de recrear
constantemente el camino, del guardabosque que no ve ya laberintos que esconden
minotauros sino caminos en cada rincón, solo él será capaz de vencer la trampa moralina. El
secreto es simple: hay que escuchar al bosque, pues la vida susurra a cada instante el camino
que lleva de vuelta a su regazo.
Quizá podamos entender así que “el arte –y no la moral– es presentado como la actividad
propiamente metafísica del hombre” (Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia).
Realizar una actividad artística implica abrir una ventana en el mundo para refrescarle con el
aire de la vida. El arte no traiciona la fuerza de la vida, sino que permite su expresión de
manera libre, esto es, posibilita un encuentro con ella en la medida en que le brinda forma.
Pero, ¿es la vida el contenido detrás de la forma? Es aquí donde el juego entre lo apolíneo y
lo dionisiaco cobra importancia. Las fuerzas dionisiacas son puro impulso vital, vida
magmática fundiéndolo todo e infundiéndose en el todo, mientras que lo apolíneo viene a
imponer la mesura, la forma que contiene y modela lo que de otro modo sería un apetito
insaciable. El asunto es que la forma no devore a la vida, que no la oculte a tal grado que sea
imposible reconocer ese impulso haciéndola devenir nada más que piedra.
El artista se opone así a la voluntad de ocaso, a ese “odio al «mundo», la maldición de los
afectos, el miedo a la belleza y a la sensualidad, un más allá inventado para calumniar mejor
el más acá, en el fondo un anhelo de hundirse en la nada, en el final, en el reposo, hasta
llegar al «sábado de los sábados»” (Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia). Es
necesario comprender la esencial amoralidad de la vida para verle sin miedo ni reparo, para
que mengüe el reinado de la forma cárcel, de la forma moral, y advenga la paradójica forma
magma o forma que es a la vez impulso (Trieb). Por ello reír, danzar, decir sí en santa
afirmación es fundamental para encontrar algo más que vestigios mudos tras la polvareda de
la excavación. Grecia debe vivir entre nosotros porque solo se encuentran a la espera de que
el anticristiano, el artista, desate las fuerzas dionisiacas dormidas tras la nube moral que hoy
le relega a ser un objeto de vitrina: muerto y superado.
Aprender a escuchar lo dionisiaco que grita en cada manifestación artística y en cada cosa del
mundo, esa es una tarea que implica abandonar la búsqueda de lo original para dar con lo
originario y abrir la puerta a la constante variación de lo mismo. Traducir es variar a partir de la
íntima comprensión de lo vital detrás de lo traducido. La etimología no lo basta al filólogo
sagaz que sabe que algo más late ahí-detrás de un supuesto sentido y sentido su(per)puesto.
A la pregunta por lo que pueda ser lo dionisiaco debe responderse con una sonora carcajada
que haga resonar el magma inmoral que es propio y esencial a la respuesta, es decir, se debe
apelar a la fuerza que, más que una traducción, permitirá una reapropiación de aquello por lo
cual se pregunta. Respuesta de artista, respuesta de perpetua creación que sabe que sólo
haciendo danzar a Apolo se podrá ver que la forma es ya el contenido.
Arte y Cultura han estado íntimamente relacionados a través de la historia y, teniendo en cuenta nuestra
postura hacia una concepción holística del Ser Humano, no podemos separar a su vez ambos de la
Vida, ni a esta del contexto en la que se desarrolla.
Etimológicamente la palabra Cultura proviene de Cultus que significa el cultivo de la tierra. Para Ricardo
Santillán Guemes esto tiene varias implicancias: “la transformación de la naturaleza a partir del trabajo y
los cuidados pertinentes, las relaciones comunitarias, los rituales a los dioses y las fiestas de principio y
fin de cosecha”.[1] De esto podemos deducir dos aspectos íntimamente vinculados: por un lado
hablamos de un espacio definido dentro del mundo y por el otro de la acción comunitaria de habitarlo.
Vemos que la acepción pura del término es clara y está en oposición con las ideas elitistas e imperativas
con las que se suele asociar las manifestaciones culturales hoy en día. Pero fundamentalmente nos
interesa rescatar su vínculo con la vida cotidiana. Esa acción transformadora es parte de la vida de
todos los días y de todos los miembros de la comunidad que, aunque condicionados por el contexto,
tienen la posibilidad dialéctica de influir sobre el mismo.
Reflexionando ahora acerca de Arte, vemos claramente que no está escindido de esta idea de Cultura.
Los rituales con sus características primordiales (la agrupación de distintas manifestaciones artísticas y
la utilización de fuerte contenido simbólico) por un lado, y las fiestas vinculadas a los ciclos en tanto
acontecimientos donde la población participa y se auto-convoca por el otro, son prueba de ello. Con
respecto a su relación con la naturaleza, podemos leer a Vassily Kandinsky “El arte está en un nivel
superior al de la naturaleza. Los principios nuevos…se encuentran en una relación causal con el pasado
y con el futuro. Lo que hoy importa más es saber donde encontrar esos principios…”.[2]
Creemos que estos principios se hallan en el propio ser humano y que, para convertirse en artista, debe
tener acceso a una educación idónea y debe enriquecerse con relaciones sociales aptas, a través de las
cuales indague en su interior. Así podrá luego combinar los recursos innatos concientizados y
valorizados junto a la disposición inmediata de los adquiridos y de esta manera expresarse y
comunicarse a través de la obra de arte. Considerando su contexto contemporáneo, dicha obra de arte
pasa por un momento donde se ha generado una situación inédita según lo afirmado por Humberto Eco,
“una situación abierta y en movimiento”[3]. Esto implica serios desafíos y una problemática compleja,
pero abre las puertas a toda una amplia gama de posibilidades artísticas, tanto para el autor, los
intérpretes y el público.
Sin olvidar la máxima de Augusto Rodin “¡Ser Hombre antes de ser artista!”. [4] , es tiempo de
plantearnos compromiso como Hombres con el Arte y la Cultura para justificar las palabras de Antonin
Artaud: “Protesta contra la idea de una cultura separada de la vida,… como si la cultura no fuera un
medio refinado de comprender y ejercer la vida”.[5]
Dijimos anteriormente que el Arte y la Cultura , íntimamente relacionados entre sí, están fundados
dentro de un espacio definido, un contexto histórico y relaciones sociales características de la
comunidad a la que pertenecen. Dado que se vinculan con la cotidianeidad y el Hombre es partícipe
central del desarrollo de ambos, encontramos que esto se condice con los tres vínculos de la
adquisición de sentimiento de identidad que propone Lola Brickman.: de integración espacial (diferentes
partes del sí mismo), de integración temporal (diferentes representaciones temporales) y de integración
social (proyección e introyección).
Sabemos que, lejos de ideas conservadoras, tanto las manifestaciones artísticas como las culturales se
encuentran en procesos dinámicos en constante devenir. Así, según palabras de la autora podemos ver
el mecanismo de la identidad: “La capacidad de seguir sintiéndose a sí mismo en la sucesión de
cambios forma la base de la experiencia emocional de la identidad”.[6]
Debe existir, según Ricardo Santillán Güemes, una responsabilidad cultural dentro del ámbito político
que debe manifestarse en las estrategias educativas. Es importante respetar la libre expresión de
identidades, fomentando la participación social, la memoria histórica y la creatividad, sin escindirlas de la
vida cotidiana, respetando el pluralismo y la diversidad, para promover lo que el autor llama la identidad
cultural.[7]
El individuo con identidad es en ser humano con capacidad para relacionarse con sus pares desde su
integridad pero que a la vez que mantiene características propias que lo distinguen. Ante el bombardeo
de estímulos externos con la consecuente crisis de valores, creemos necesario el reencuentro con su
cuerpo con todos sus matices y componentes, tanto cognitivos como emocionales, para encontrar un
lenguaje corporal que afiance su personalidad, adaptándose a los constantes cambios.
En nuestro caso específico de la Danza en Argentina debemos sumergirnos en nuestra esencia para
definir nuestra identidad en el arte del movimiento. Creemos que los parámetros culturales europeos y
americanos, sin desmerecerlos, no van a ayudarnos, como tampoco la aventura con el folklore o el
tango. Solo reconociéndonos, sumergiéndonos en nuestro interior pero también teniendo la capacidad
de objetivación crítica, nos encontraremos con la posibilidad de aportar al mundo producciones que nos
representen
Cristina Bulacio
Los sentidos, semejantes entre sí, de los tres últimos vocablos de esta poesía, “eco, olvido, nada”,
señalan en Borges lo inasible de su propio ser. El efecto poético buscado se logra en plenitud con una
técnica sencilla, palabras consecutivas que profundizan, a medida que se las pronuncia, la idea de
finitud, de levedad, de inconsistencia de su ser. Ellas ponen de manifiesto dos situaciones, una
efectiva búsqueda metafísica, no siempre disimulada, y la angustia constante que esta búsqueda –sin
esperanzas– le produce. Ambas notas acompañan el pensamiento borgeano y aparecen toda vez que
éste roza los grandes temas metafísicos: Dios, el tiempo, la identidad personal, la realidad en sí, la
representación, etc. Abordaremos aquí uno de ellos, la identidad personal.
La identidad, núcleo de tensión en el pensamiento filosófico, preocupó al hombre desde sus orígenes
por ese algo de misterioso e irresoluble que conlleva. Él dio origen a la clásica pregunta antropológica
¿qué es el hombre? sin que ninguna de las respuestas ensayadas resultara totalmente satisfactoria.
Como lo vio Kant, la razón teórica no puede demostrar el sustrato metafísico de la identidad porque
ella, la razón, se mantiene alejada del saber que organiza los conceptos del entendimiento.
Recordemos que, en la hipótesis kantiana, son las categorías del entendimiento las que, a través de
éste, construyen el conocimiento de los objetos del mundo. Por el contrario, aquellos asuntos que no
pueden ser alcanzados por los conceptos propios del saber mundano del entendimiento, son
postulados por la razón, y no llegan a ser “objetos” de un sujeto cognoscente. La identidad es de esta
índole. Efectivamente, Kant propone la identidad como un postulado de la razón práctica, exigida por
la inmortalidad del alma. De este modo esclarece el saber filosófico que, a partir de allí, debió
reconocer los límites del alcance de la razón lógica. No todo se resuelve con una buena
argumentación.
El decir poético de Borges logra en este punto una mágica confluencia entre el rigor de los asuntos
estrictamente filosóficos y la belleza y libertad de la ficción. Y la ficción es una vía, no sólo legítima
sino en extremo sugerente, tanto para la literatura como para la filosofía, que permite aproximarnos a
ciertos temas, lindantes con el misterio que comporta lo metafísico. Quizás el gran legado del maestro
sea, junto a sus finas ironías, impecables tramas y elegante prosa, la capacidad de su literatura para
instalarnos, por medio de las ficciones, en la perplejidad; y la perplejidad es, justamente, el estado
natural del filósofo en el inicio de toda búsqueda. Borges dijo que la metafísica, corazón mismo de la
filosofía, suelo nutricio y su núcleo más importante, era “una rama de la literatura fantástica.” Este
pensamiento, irónico para con la filosofía, que pone en cuestión su arraigado prestigio de saber
ancestral, verdadero, evidente, mas allá de la sorna, dice algo del orden de lo verdadero. Por eso
Borges se permite no sólo jugar con ambigüedades, de las que disfruta, sino proponernos paradojas
con las que arrincona al proceso argumentador de la razón. Ha manifestado en sus poesías y en varios
de sus cuentos, como veremos, las dificultades teóricas y, a veces existenciales, de la experiencia de
la identidad personal.
La identidad es una exigencia inevitable del funcionamiento de la razón, eso lo sabe la filosofía; por
eso, ante la experiencia del devenir, la más antigua del sujeto humano, el hombre buscó las
permanencias. Un pensador (Wahl) hace notar que en los inicios del pensamiento abstracto, el
hombre debió enfrentarse con el devenir fenoménico, “cuya idea casi no pudo soportar.” La necesidad
de organizar el mundo circundante por medio de la palabra y del conocimiento, lo llevó a inventar los
conceptos de esencia, sustancia, idea, ser; inventó, así, identidades, abstracciones conceptuales para
nombrar ciertas experiencias últimas de lo real. Si bien la identidad es, a nuestro criterio, una
construcción ficcional del sujeto humano, paradójicamente, sin ella no sería posible ni siquiera pensar.
De ahí la necesidad de reducir la multiplicidad del transcurrir fenoménico del mundo a la unidad y
simplicidad del concepto, y de ese modo, apresar la realidad en las redes racionales a fin de
organizarla. Allí, en este encuentro entre la estructura mental del sujeto humano y el universo que lo
circunda, es donde hace pie el lenguaje. Ahora bien, cuando se trata no sólo de la identidad del
objeto, sino de la de nuestro propio ser, el tema se vuelve más complejo aún.
La filosofía lo ha pensado insistentemente sin haber encontrado soluciones satisfactorias. ¿Qué soy?
¿qué es el yo? ¿somos una unidad sustancial? Recordemos la paradoja que narra Agustín con la
experiencia del tiempo. Mientras lo vivimos sabemos con certeza qué es, pero si nos preguntan sobre
él, sentimos la impotencia de no poder explicarlo; las argumentaciones y el lenguaje mismo resultan
mezquinos para conceptualizar estas experiencias.
En nuestra existencia habitual tenemos la total certeza de ser uno; ese uno se despliega en múltiples
actos y todos refieren a un centro que es el yo. Sin él, no podríamos vivir como seres humanos.
Cuando nos preguntamos por esa identidad, nuestras seguridades comienzan a fallar. ¿Efectivamente,
somos uno y el mismo? ¿Hay identidad en los sueños? La identidad ¿reside en lo mental o en el
cuerpo? ¿Si se pierde la conciencia se pierde la identidad? ¿Es la memoria quien sostiene la
permanencia del sí mismo? El paso del tiempo, ¿afecta a la identidad?
En el prólogo de Ficciones, Borges sugiere, con su ironía habitual, que a veces mezcla en los cuentos
tesis de filósofos como Leucipo o Aristóteles con escritores de ficciones como Lewis Carrol. Sin duda lo
hace porque, y él lo sabe muy bien, las ficciones inquietan, minan solapadamente todo
razonamiento, desafían el principio de realidad y acosan la inteligencia. Las ficciones de la literatura
borgeana, en particular, por esa mixtura de pensamiento filosófico e irrealidad, tienen la virtud de
alertarnos sobre algunas aporías endemoniadas para la razón filosófica, entre ellas, la de la identidad.
En Borges, la obliteración de los límites entre realidad y ficción, y entre filosofía y literatura, cumple
un propósito ―aun cuando no sea deliberado en él― hacer filosofía desde la ficción; con ello no sólo
desconcierta y encanta al lector, además, evidencia que la filosofía contiene múltiples ingredientes de
la ficción.
Al abordar un Borges poeta y un Ricoeur filósofo, nos proponemos mostrar cómo ambos construyen,
con lenguaje, hipótesis con las que sería factible interpretar la experiencia de la identidad personal.
Veremos que las ficciones e ironías de uno se trasvasan en la claridad conceptual y el rigor filosófico
del otro; pero también veremos que ambos abordajes, aptos para iluminar el misterio de la identidad,
son construcciones imaginativas del hombre.
Borges tiene múltiples textos que abordan el tema de la identidad con diversas miradas; “Las ruinas
circulares,” “Everything and Nothing,” “25 de agosto de 1983,” “La Memoria de Shakespeare,” “Ein
Traum,” y “Borges y yo” y varias poesías, entre ellas “Soy” y “Los espejos,” donde se escuchan
algunos rasgos del hombre que son los suyos:
El interés que el tema despierta en Borges y la dificultad de iluminar con la razón este nudo gordiano
de la identidad personal, se percibe desde su obra temprana. Ya en Inquisiciones del año 1925,
escribe, con aquel idioma barroco de entonces, dos artículos sobre el tema “Nadería de la
personalidad” y “La encrucijada de Berkeley.” En el primero de ellos repite en el mismo artículo, en
cinco ocasiones, al inicio del párrafo, una frase corta que será, para el Borges joven, una profesión de
fe. Dice así:
No hay tal yo de conjunto [...] Fuera vanidad suponer [...] a ese conjetural Jorge Luis Borges en cuya
lengua cupo tanto sofisma y en cuyos solitarios paseos los tardeceres (sic) del suburbio son gratos
[...] No hay tal yo de conjunto. Equivócase quien define la identidad personal como la posesión
privativa de algún erario de recuerdos. (El tamaño 94)
En el mismo texto, cuando dejaba España y al amigo entrañable Cansinos Assens, al que –dice– le
hubiera gustado regalarle su alma, tiene este pensamiento:
de golpe, con una insospechada firmeza de certidumbre, entendí ser nada esa personalidad [...] nunca
justificaría mi vida un instante pleno, absoluto, contenedor de los demás [...] y fuera de lo episódico,
de lo presente, de lo circunstancial, no éramos nadie. Y abominé de todo misteriosismo. (99)
De este modo Borges, con gran maestría, logra desestabilizar en unas pocas líneas un asunto de gran
importancia y largamente tratado por la filosofía, la que, a menudo, sintió naufragar todo intento de
encontrar algo a lo que se pudiera llamar yo. Sin embargo, el pensamiento filosófico de Occidente,
infatigable, ensayó caminos paralelos, difíciles de conjugar entre sí, para encarar la identidad. En uno
de ellos se recurre a la sustancia como punto de apoyo de toda realidad. En este caso el yo es
sustancia, lo que es por sí. En el otro, en cambio, se elige el sendero de lo puramente fenoménico, de
la apariencia, de lo insustancial.
Así, si abordamos la identidad personal con categorías objetivas, propias del conocimiento científico,
se abren dos posibilidades. O se postula esa sustancia que se cosifica o nos dejamos llevar por la
fuerza del transcurrir fenoménico, temporal y sólo tenemos estados transitorios. Si optamos por la
sustancia, esto es, una realidad óntica, cerrada, a la que someteremos a una cadena de
razonamientos, el resultado tendrá aires cartesianos. Yo “soy una cosa que piensa”, decía Descartes, y
al hacer del yo una cosa con pensamiento, creyó que le daba la transparencia de la inteligencia. Aun
así, Descartes sintió que lo atravesaba una duda: “[...] la proposición: yo soy, yo existo, es
necesariamente verdadera siempre que la pronuncio o la concibo en mi espíritu. Pero no conozco aún
bastante claramente lo que soy, yo que estoy cierto de que soy” (224). Pero no se detiene allí en su
empeño de encontrar claridad y evidencia; busca entre los atributos del alma uno que sea propio de
ella para poderla aprehender; así, encuentra el que es peculiar del espíritu y dice que el pensamiento
es “un atributo que me pertenece [...]. Yo soy, yo existo: esto es cierto [...] Yo soy una cosa
verdadera y verdaderamente existente; pero ¿qué cosa? Ya lo he dicho: una cosa que piensa”
(Descartes 226).
Vemos entonces que la identidad personal, en la línea cartesiana, sólo alcanza entidad en tanto se
identifica con una cosa: res cogitans. Salvo en términos lógicos y formales, resulta ser informulable.
Si, por el contrario, nos encaminamos por la otra vía y nos adherimos a la propuesta de Hume –el
fenomenismo de la conciencia como testimonio de una ausencia de identidad–, todo amago de algo
permanente y estable se evapora en infinitas impresiones, ninguna de las cuales tiene la suficiente
entidad para cobijar al yo. Puestos a decidir cuál es la posición de Borges entre estas opciones,
creemos ―lo sostuvimos en Los escándalos de la razón en Jorge Luis Borges (Bulacio)― que nuestro
autor se deja seducir por las tesis de Hume, pero, también lo señalamos, no se adhiere de modo
taxativo a ninguna posibilidad definitiva. Dice Hume:
Cuando vuelvo mi reflexión sobre mí mismo nunca puedo percibir este yo sin una o más percepciones;
es más, no puedo percibir nunca otra cosa que las percepciones. Por tanto es la composición de éstas
las que forman el yo [...] Además de percepciones, tendréis alguna noción de yo o sustancia? [...] ¿Es
el yo lo mismo que la sustancia? [...] Y si son cosas distintas, ¿en qué se diferencian? (635)
En esta línea de puro fenomenismo, Borges escribió en “Nueva Refutación del tiempo:”
Lo repito: no hay detrás de las caras un yo secreto, que gobierna los actos y que recibe las
impresiones; somos únicamente la serie de esos actos imaginarios y de esas impresiones errantes.
¿La serie? Negados el espíritu y la materia, que son continuidades, negado también el espacio, no sé
que derecho tenemos a esa continuidad que es el tiempo. (Obras 761)
Sueños e identidad
Desde ese lejano libro de 1925, del que renegó más tarde, el tema nunca fue abandonado por Borges
―lo retoma constantemente en poesías y ensayos―, reaparece con fuerza en “Las ruinas circulares,”
en Ficciones. El personaje de este sugestivo cuento es un sacerdote que se propone engendrar un hijo
con el material de sus sueños; lo logra en interminables noches en las que su corazón lo siente crecer
y, a puro amor y voluntad de padre, transformar su condición onírica en verdaderamente humana, y
logra insertarlo en la realidad. La narración comienza con unas palabras llenas de misterio: “Nadie lo
vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango.” Ese
hombre, anónimo, un sacerdote que habla una lengua no contaminada de griego, concibe una
empresa a la que Borges describe como: “no imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un
hombre, quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad” (Obras 451). Con ese
único propósito en su vida sueña intensamente a lo largo de incontables noches; sueña partes de su
cuerpo, los huesos, las vísceras, un corazón que late, caluroso, secreto, granate, del tamaño de un
puño cerrado, sueña también cada uno de sus cabellos. Tiene éxito en su empresa, el hijo es ahora
real, con una sola restricción, el fuego no lo quemaría. Lo educa y lo envía lejos para que él no sepa
nunca que es, apenas, el sueño de otro.
Pero, hay un secreto: ese hijo, apenas un sueño, sin identidad, que en realidad es nadie, con toda la
apariencia de un ser sustancial, por ser de consistencia onírica e hijo del Dios del fuego, nunca sería
alcanzado por las llamas. Ése es el secreto de un padre y hacedor. La paternidad le exige ocultarle al
hijo tamaña verdad que lo destruiría. Ese hijo jamás debería saber que el fuego no le haría daño
porque no es real. Pero, como a veces en la existencia misma, en los cuentos de Borges hay fatales
coincidencias. Pasado el tiempo, un incendio rodea al sacerdote y éste teme, no por su vida, sino por
la del hijo, porque si él muere, el hijo también morirá pues dejará de soñarlo. Cuando el fuego lo
acorrala se da cuenta de que no lo quema y, en ese acto, se descubre a sí mismo como una ilusión,
como un eco de otra identidad; él, todopoderoso en tanto creador, era, apenas, el sueño de otro. Dice
el narrador: “Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y
lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él
también era una apariencia, que otro estaba soñándolo” (455). En Borges no sabemos si existe un
soñador original. Hay un encadenamiento sin fin de soñadores que sueñan a otros y en ese sueño le
otorgan su ser. La condición no sólo de criatura, en tanto su ser lo debe a otro, sino de soñado, que
nos sugiere Borges, tiene algo de abismático y fantasmal sobre la que vuelve en un poema erótico de
1976:
Ein Traum
Lo sabían los tres
Ella era la compañera de Kafka
Kafka la había soñado
Lo sabían los tres
Él era el amigo de Kafka
Kafka lo había soñado.
Lo sabían los tres
[...]Kafka se dijo:
Ahora que se fueron los dos, he quedado solo.
Dejaré de soñarme. (Obras IV:154)
Ya por los años 60, en El Hacedor, había abordado el asunto con entusiasmo. En “Everything and
Nothing,” recurre a la figura de un actor para mostrar esa terrible potencia ―exclusiva del hombre―
de poder representar otras identidades ya que, él mismo, no es una realidad sustancial. El actor es
Shakespeare y fue, en sucesivas máscaras, Otelo, Hamlet, Ricardo III, Macbeth, etc. Borges avanza
hacia el borde del abismo y lo describe así: “Nadie hubo en él; detrás de su rostro [...] no había más
que un poco de frío, un sueño no soñado por alguien.” La condición de actor, del personaje, le
permitió ser alguien en cada representación llevada a cabo a lo largo de su vida, pero nadie en su
intimidad. Al morir, agotado de tanto anonimato, le ruega a Dios ser uno y yo, clama por su identidad,
a lo que Dios le responde: “Yo tampoco soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi
Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estás tú, que como yo eres muchos y nadie”
(Obras 803). Registremos que el pedido del actor es de ser uno y yo, es decir, dos niveles de realidad.
Un primer nivel donde la identidad tiene que ver con lo biológico, con lo corpóreo, esto es, ser uno,
individual y consistente; y un segundo nivel en el que el yo se puede interpretar como esa necesidad
de encontrase a sí mismo en las decisiones, en la libertad de toda elección y seguir siendo el que se
es. En este personaje-actor del relato “Everything and Nothing”, esa necesidad de ser fiel a sí mismo,
de permanecer en el transcurrir temporal, es frustrada por la palabra divina. Dios, que todo lo sabe
por su omnisciencia, que todo lo puede por su omnipotencia, que es dueño de la verdad, Dios en
persona, le confirma que su angustia, la de no ser uno y yo, es la misma que él tiene de ser, en
cuanto divinidad, Everything and Nothing, muchos y nadie.
Como es habitual en Borges, también aquí hay una referencia a los textos sagrados ―que conocía
muy bien―, cargada de escepticismo, porque la Biblia narra otra historia, una historia de fuerte
identidad, del carácter monolítico de lo divino. Recordemos que Dios dice a Moisés: “Soy el que soy.”
En textos como los estudiados, se hace evidente por qué la filosofía recurre a la literatura ignorando
sus aparentes diferencias. Sin duda, las razones que avalan este recurso a lo literario y a la ficción son
múltiples, pero quizás una de las más contundentes sea ésta: sólo en el campo de la poética es
posible pensar acerca de y actualizar ciertas realidades que, por su complejidad, escapan a los
conocimientos emparentados con los mecanismos de la argumentación y la pura objetividad.
En cualquier caso el problema de la identidad es una paradoja porque todo nuestro ser la reclama, la
presiente y la vive; sin embargo, cuando es llevada al plano teórico, se disuelve entre las manos. Si la
identidad en Borges exige un núcleo existencial que muerda la realidad, y la existencia es sólo el gesto
de un soñador que, a su vez, es soñado por otro, no hay ninguna garantía de esa realidad. ¿Dónde se
detiene esta cadena? ¿Cuál es la verdadera prueba de la existencia real y por tanto el corazón de la
identidad? Y entonces, una nueva pregunta filosófica sale a nuestro paso: ¿qué es la realidad? Un
laberinto. Así lo dirá nuestro poeta y, puesto que el universo es un laberinto, indagar sobre la
identidad personal es un modo de ingresar en otro laberinto, más íntimo y secreto. En este laberinto
de la identidad personal, será la metáfora de los espejos, y sus múltiples reflejos, la que nos revelará
un inicio de verdad. A veces creemos haber apresado lo real, la identidad, para constatar, al fin, que
no hay salidas posibles, no hay un algo sustancial, un suelo firme que nos ofrezca la permanencia tan
ansiada. A pesar de todo, contra toda evidencia, este es un inicio de la verdad: somos, efectivamente,
un yo.
Identidad y narración
Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del
café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las
convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo
me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. (Obras 808)
En cuanto a la primera recordemos el texto, citado más arriba, también de un actor, en “Everything
and Nothing,” para notar que hay una dualidad en nosotros mismos que Borges la experimenta en su
propia existencia y la quiere expresar con esta metáfora de la representación actoral. Actuar un papel
es simular, engañar, hacer creer y también, imaginarnos otro. Diría Borges, vivimos como si
creyéramos que somos uno y yo. En nuestra existencia habitual tenemos la falsa certeza de ser una
unidad que se despliega en el tiempo, en múltiples actos, y todos se refieren a un centro que es el yo;
sin esta certeza no podríamos vivir, pero ¿no será sólo una ilusión? o ¿por el contrario, esta ficción es
lo verdaderamente importante? En cuanto a la frase “yo vivo, me dejo vivir”, tiene un tono de
sinceridad, de humildad, como si esos fueran los rasgos de su verdadero yo; identidad menos
pomposa, menos notoria que la del Borges público, pero necesitada de ese personaje para ser alguien,
para justificarse. Extraña idea en Borges, justificarse ¿ante quién? Y aquí viene en nuestro auxilio
aquella frase de “El milagro secreto” en la que Hladík le dice a Dios: “Si de algún modo existo, si no
soy una de tus repeticiones y erratas, existo como autor de ‘Los enemigos’. Para llevar a término ese
drama, que puede justificarme y justificarte, requiero un año más” (Obras 511). Así, le ruega a ese
Dios, de cuyas preferencias literarias “poco sabía,” según él mismo lo confiesa, una prueba de no ser
insustancial, sólo un error de la creación, una mentira; de ser alguien que merezca terminar su obra.
¿Será entonces que nuestro Borges necesita justificarse ante Dios para ser “alguien,” un yo, una
sustancia? ¿Será ésta su búsqueda más intima?
Volvamos a Ricoeur. El filósofo postula, para marcar los caracteres de la ipseidad, la fidelidad a sí
mismo. Esta fidelidad a sí supone el desafío al tiempo que todo lo modifica, apuesta a poder
perseverar en su ser. Ser fiel a sí mismo significa mantenerse en las decisiones, elecciones y
promesas en un futuro, en un tiempo aun no presente, en un por-venir. La ipseidad y la mismidad son
el resultado de un juego entre naturaleza y libertad que le permitirá al hombre ―en cuanto ipse―
estar radicalmente abierto al mundo y al tiempo. Recordemos que Ricoeur en Soi-même comme un
autre, publicado en 1987, se inspira en Heidegger en cuanto la ipseidad es, como el Dasein, aquel ser
que no puede ser objeto. El Dasein es un ser abierto y en cuanto tal, interpreta y se interpreta a sí
mismo y, en esa tarea, se relaciona con el mundo y con los otros.
En “Borges y yo”, escrito siete años antes de este trabajo de Ricoeur, se insiste en esta línea:
Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy) [...] Hace años yo traté de librarme de él
y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y el infinito, pero esos juegos son de
Borges ahora [...] Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
(Obras 808)
De nuevo la dualidad de una identidad misteriosa y compleja. “He de quedar en Borges,” dice, y al
decirlo recordamos que ese Borges era el vanidoso, amante de la fama y el éxito, el que representa
papeles de personajes que no son él mismo; “he de quedar en Borges no en mí,” y aquí el mí habla de
ese yo secreto y misterioso que somos cada uno, imposible de comunicar, imposible de llevar a las
palabras; esemí íntimo es el que muere conmigo, el absolutamente peculiar que hace que cuando un
hombre muere, muera todo un universo.
Por el contrario, cuando Borges afirma que no quedará en él, “si es que alguien soy,” hace un
comentario irónico a la opinión corriente para la cual, sin duda, siempre será más importante el
Borges autor que este yo íntimo, silencioso, que se fastidia con los blasones de los triunfos. Se
despliega, así, ante el lector, la sutileza de un yo creador, libre, en el que adivinamos una infatigable
tarea de construirse temporalmente lejos de la condición de hombre público y exitoso.
Identidad e interpretación
Pero aquí no termina la complejidad de este asunto para así, al menos, aproximarnos el tema de la
identidad. La comprensión y la consecuente interpretación de sí, necesaria para el cumplimiento de la
identidad personal, en caso de ser posible, tiene un paso más: la narración. Entonces, “sólo se puede
pensar en responder a la pregunta por el ¿quién?, la ipseidad, con un relato, el relato de lo que cada
hombre ha hecho y sobre todo, de lo que ha hecho consigo mismo” (Arregui-Basombrío). En la frase
final de esta cita, creemos, reside el secreto de Borges y de todos nosotros. Lo que cada hombre “ha
hecho consigo mismo.” Porque con el relato no sólo nos interpretamos, sino que nos inventamos a
nosotros mismos. Y en la auto-interpretación cabe una fuerte cuota de ficción.
Esta palabra, ficción ―quizás demasiado fuerte―, cobra sentido si recordamos que Platón expulsó de
su República a los poetas en tanto hacedores de ficciones; fueron considerados seres peligrosos
porque su arte no era mimético ―copia de las ideas eternas y perfectas― sino un simple reflejo, una
apariencia, un fantasma, en definitiva, una ficción. A Platón lo inquietaban los productos de la
imaginación las creaciones libres, porque con ellas el hombre inventa y se inventa, peligrosamente, a
sí mismo, lejos de las normas establecidas, copias, a su vez, de tradiciones ya existentes.
Ahora bien, ¿no son acaso libres invenciones la poesía, la pintura, la música, la novela, el ensayo, la
ética y hasta la investigación científica? ¿No son todas estas formas de la cultura historias
imaginativas ―no miméticas― contadas entre nosotros para así construirnos a nosotros mismos? ¿No
son ellas las que crean, a través de los relatos, los lazos necesarios para encontrar, no sólo nuestra
identidad personal, sino también cohesión, solidaridad y justicia como sociedad? Pensada
cuidadosamente, toda ficción puede ser fecunda para una cultura; es una creación del espíritu al que
éste dota de sentido y le atribuye una función en el contexto cultural. De allí que se pueda hablar de
una verdad de la ficción, salvando a esta sugestiva palabra de su carga de ligereza e irrealidad. El
lenguaje de las ficciones esconde en sus pliegues alusiones que juegan a multiplicar sus significados y
alcances, a zonas en las que las utopías harán posible el encuentro del hombre consigo mismo.
Así, termina el relato en el que Borges nos muestra, con detalles, la imposible identidad personal, de
una manera fuerte y socarrona: “No sé cuál de los dos escribe esta página.” Entonces: ¿de cuál de los
dos Borges hablamos? ¿Del otro? Sin embargo, aun sin saber casi nada de ese quién, es necesario que
alguien escriba esa página, que nos relatemos, porque sólo en un relato se abre la posibilidad de
contarnos a nosotros mismos quienes somos y, en ese acto, ser eso mismo que contamos. La obra de
Borges tiene un perfil abismal porque ha narrado diversos mundos de ficción que ayudan, con una
aguda mirada, a comprender el nuestro. No busca refugiarse en los grandes principios de la metafísica
tradicional, uno de los cuales es la identidad. Si bien, con profundidad de pensamiento y haciendo gala
de una vasta erudición, ha construido, con aquellas antiguas palabras, un interminable juego de
verdad y ficción. Juego que establece no sólo con el lector, sino consigo mismo. Juego en el que,
veladamente, y en esa paradoja viva que es su existencia, busca con afán, respuestas a los antiguos
interrogantes de los hombres.
Lo que hace Borges con sus ficciones literarias es iluminar aspectos nuevos de la existencia, que sólo
un experimento de pensamiento, como es una ficción, podría hacerlo factible. Por eso la filosofía, la
antropología filosófica, necesita nutrirse de la literatura. Es en el discurso poético que se barrunta la
verdad cuando lleva al nivel del lenguaje aspectos de la realidad humana que no podrían ser dichos
con un lenguaje descriptivo. Sólo con la enunciación metafórica y los significados transgresores que se
esconden en nuestra lengua, es posible realizar esta tarea. Hay en estos textos una condición lúdica
―de la que Borges sabe mucho― que hace posible ese juego entre la escritura de ficción, y la verdad
que busca la filosofía. La realidad, tanto como su propia identidad, son ficciones en él. Y ellas, las
ficciones, son historias, leyendas, reflexiones; en definitiva, presencias, de una ausencia: la realidad.
De allí su agnosticismo, su negativa a aceptar las formas clásicas de las religiones o de las filosofías.
Tiene conciencia de la dificultad de escapar a la representación y así poder aceptar que el universo no
es un caos sino una construcción de los hombres. Si pensamos estos textos de las ficciones
borgeanas desde las convenciones literarias, sabemos que no dicen la verdad porque el pacto con el
lector ya lo anunciaba; son un juego. Sin embargo, a pesar de esa carga lúdica de ironía y
escepticismo, estos textos revelan, precisamente por ser un juego, una fuerte cuota de verdad.