El Horror Sublime en La Novela El Exorcista de William Blatty
El Horror Sublime en La Novela El Exorcista de William Blatty
FACULTAD DE HUMANIDADES
LICENCIATURA EN LITERATURA
CALI
2018
1
EL HORROR SUBLIME EN LA NOVELA EL EXORCISTA DE WILLIAM BLATTY
LICENCIADA EN LITERATURA
DIRECTOR
FACULTAD DE HUMANIDADES
LICENCIATURA EN LITERATURA
CALI
2018
2
DEDICATORIA
Dedico este Proyecto de Grado a mi familia; a mis padres, quienes con esfuerzo
hicieron posible mi educación; mi hermana, quien estuvo cultivando mi enseñanza
con sus consejos. A ellos, mis pilares fundamentales de mi vida, mil gracias.
3
AGRADECIMIENTOS
4
ÍNDICE
PAG.
RESUMEN………………………………………………………………………. VII
INTRODUCCIÓN………………………………………………………………. 8
MARCO TEÓRICO……………………………………………………………. 11
5
2.3.3.2 Terror / Horror…………………………………………………………... 50
2.3.3.3 La obscuridad…………………………………………………………… 50
2.3.3.4 El poder………………………………………………………………….. 53
2.3.3.5 Vastedad, infinitud, uniformidad………………………………………. 54
2.3.4 Los sentidos en la aparición de lo sublime………………………………. 55
2.3.4.1 La luz y el color…………………………………………………………. 55
2.3.4.2 Los sonidos y el estruendo……………………………………………. 56
2.3.4.3 Olor y sabor……………………………………………………………… 57
2.3.4.4 La prontitud……………………………………………………………… 57
3. EL HORROR TIENE UN NOMBRE SAGRADO…………………………….. 58
3.1 BIOGRAFÍA……………………………………………………………………… 58
3.2 LA NOVELA EL EXORCISTA…………………………………………………. 59
3.3 ARGUMENTO DE LA NOVELA………………………………………………. 60
3.4 EL HORROR SUBLIME EN EL EXORCISTA………………………………. 61
3.4.1 El mal contra el mal…………………………………………………………. 61
3.4.2 El que quiera ver que vea…………………………………………………... 66
3.4.3 Al borde del abismo…………………………………………………………. 69
3.4.4 El abismo: un espacio sin límite……………………………………………. 76
3.4.5 La inexorable caída………………………………………………………….. 78
3.5 LO SUBLIME EN EL EXORCISTA…………………………………………….. 80
CONCLUSIONES…………………………………………………………………….. 82
BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………
83
6
RESUMEN
7
INTRODUCCIÓN
Todo ser natural, entre ellos los hombres, sienten las señales físicas que su propio
organismo envía con relación al peligro, el miedo. Más aun, se sabe que todo
organismo vivo, está dispuesto a proteger su vida, y que para ello es que su
cerebro se configura. El cerebro tanto instintivo como cultural tiene una única
regla: sobrevivir. El miedo a morir hace parte de ese cerebro reptiliano. Cuando a
las personas les da miedo morir o sufren un sobresalto que los hace tener una
sensación cercana a la idea de muerte sienten miedo. Este miedo cuando se
patologiza se puede convertir en una fobia, que llevada al extremo logra
desencadenar la muerte.
Según expone la TMT, la Teoría de Gestión del Terror, inspirada por los estudios
de Ernest Becker (1924-1974), todo comportamiento humano está expuesto a una
motivación: el miedo. El miedo permite a los seres humanos, que a diferencia de
los animales que cuentan con el mecanismo de evitar la muerte (viven en el
presente), proyectan lo que son (la realidad) y lo que serán (imaginar el futuro).
Análogamente, vivir es una suerte: la muerte vive entre los vivos. Sea para
cualquiera, afortunado o infortunado, más allá de lo que vive diariamente, está
soportando la imparable idea de morir. Aunque estas sean dos ideas opuestas:
infortunado o afortunado, son parte activa y significativa de la vida, o vivir por vivir
y dejar que la vida fluya de forma temporal, no son más que ideas que intentan
darle un sentido a los pensamientos conflictivos que nos transmite la creencia de
morir. Por lo tanto, éstos dos sentidos no dejan de ser posibilidades que permiten
crear realidades alternativas: alejarnos de la muerte.
El miedo es la fuerza que impulsa a todo ser vivo a sobrevivir. En su ensayo, ―La
Literatura de Horror‖ de H.P Lovecraft (1890-1937), expresa que el miedo es una
de las emociones más antiguas del ser humano, es la que nos permite avanzar o
declinar. Lo anterior es por lo que ver o leer literatura de horror nos permite
purificar la conmiseración y el miedo. No sólo lo dice la literatura, la filosofía
8
también. Aristóteles lo explica a través del concepto de catarsis. La psicología
interviene con sus estudios, y expresa lo mismo: el género de terror y horror se
convierten en un tipo de liberación de pasiones: compasión y miedo. Del mismo
modo, lo explica Edmund Burke cuando habla de las penas sociales y las penas
individuales. Las sociales llevan al placer en las cuales la compasión tiene una
cercanía con la empatía y la simpatía, mientras que el miedo es una pena
individual.
Las afectaciones que más se recuerdan son las que se impregnan en la memoria
con una afectación emocional de miedo. A dichas afectaciones, cuando están
cercanas a la muerte y se recobra el sentido, es lo que Edmund Burke llama la
sublimidad o lo sublime. Lo sublime es pues, la afectación placentera cercana a la
muerte que se vuelve deleitosa por la sensación de salvedad que se produce
cuando se pasa dicha afectación. La mayoría de las formas que provocan esta
sensación deleitosa o placer sublime son de carácter horrífico, pues son ellas las
que llevan al límite las sensaciones de los seres humanos.
9
como posibilidad de sentir un efecto de los sublime o una afectación que inunde
los sentidos y los desborden.
10
se sienten pequeños ante la inmensidad de las fuerzas sobrenaturales que lo
desbordan.
MARCO TEÓRICO
El primer libro trabajado fue el de Noël Carroll llamado La filosofía del horror o las
paradojas del corazón. Si bien el libro se basa más en las producciones fílmicas,
se complementa con la literatura cuando es el caso. El autor define el horror de
manera muy cercana al concepto de Lovecraft y posteriormente aborda algunos
enigmas de las emociones estéticas, incluida la paradoja de horror. Hay tres
aspectos de su teoría que son de particular interés. El primero es su análisis de
qué cualidades o cualidad deben tener los monstruos del horror para afectar a la
audiencia de la manera apropiada. El segundo es la cuestión de identificar las
emociones particulares que provocan estos monstruos. El tercero es sobre lo que
el autor llama la paradoja del horror. Los seres humanos sienten la necesidad de
buscar historias e imágenes que produzcan sentimiento de angustia o pena. A ese
sentimiento paradójico, él lo va a llamar Art-horror, que nos más a la necesidad de
búsqueda de elementos que produzcan miedo.
Además, el libro hace una historiografía de la literatura de horror. Lo que llama la
atención de dicha historiografía es el método que sigue para llevar paulatinamente
el concepto de horror hasta la época contemporánea. En se sentido, realiza varios
análisis que sirven de ejemplo para soportar el concepto de Art-horror.
El segundo texto es el de H.P. Lovecfrat titulado El horror sobrenatural en la
literatura. En este libro Lovecraft examina los inicios de la literatura de horror,
11
especialmente desde la novela gótica hasta su contemporaneidad. El autor estudia
el desarrollo del género a través de escritores como Ambrose Bierce, Nathaniel
Hawthorne y Edgar Allan Poe, a quien dedica un capítulo entero.
El siguiente texto es De lo Sublime atribuido a Longino, traducido Oyarzún, el texto
es de carácter fragmentario de manuscritos correspondientes al Codex Parisinus
2036 del siglo X, de ahí que la labor filológica sea de suma importancia al
momento de traducir y reconstruir el pensamiento de Pseudo-Longino. La
atribución del tratado a Casio Longino, orador del siglo III d.C., hecha en la
primera publicación del texto en 1554 se mantuvo durante los siglos XVII y XVIII,
momentos de mayor influencia del escrito, que fuera considerado fundamento de
la estética y la crítica literaria junto con la Poética de Aristóteles y el Arte Poética
de Horacio. El uso del adjetivo ―Sublime‖ responde a un establecimiento histórico
del término y a su uso figurado de alto o elevado.
La importancia del texto de Longino es que sigue la estructura de los textos de
retórica, pero hace comentarios literarios que ejemplifican los aspectos formales
de lo Sublime. Lo que permite leer el texto como una propuesta estética y teórica
del concepto de lo Sublime como grandeza en tanto forma como de sentido en los
textos literarios. De aquí se desprenden los mecanismos o fuentes de lo sublime
que parten de la potencia expresiva como fundamento; luego, la capacidad de
concebir grandes pensamientos y la emoción vehemente y entusiástica
corresponden a cualidades innatas al poeta, mientras que las figuras y la
expresión noble se pueden adquirir por medio del arte, sin embargo, todo ello se
supedita a la composición digna y elevada, que encierra a las anteriores.
El siguiente libro es el del Edmund Burke que se llama Indagación Filosófica Sobre
El Origen De Nuestras Ideas Acerca De Lo Sublime Y De Lo Bello. Para Burke, los
orígenes de las ideas respecto de lo bello y lo sublime, pueden ser entendidas
gracias a sus estructuras causales. Lo sublime tiene una estructura causal que no
responde a la de la belleza. Su causa formal es entonces la pasión del miedo
(especialmente el miedo mortuorio), la causa material es igualmente ciertos
12
aspectos de algunos objetos como la vastedad, lo infinito, la magnificencia, etc. Su
efecto es la tensión de los nervios provocados por el estado de sublimidad.
Otros textos que ayudaron a la comprensión de los conceptos fueron:
El cine de horror en México de Saul Rosas. En este texto el autor hace una
historia del cine de horror de su país y observa cómo las producciones y el público
han modificado la forma de entender el imaginario del cine horrífico.
El horror en el cine y en la literatura de Norma Lazo. En este texto la autora se
interroga del por qué las personas sienten una atracción inexplicable por este
género. Además, al igual que Carroll, hace su reconstrucción de la literatura y cine
de horror.
El héroe de las mis caras de Joseph Campbell describe, desde la mira
estructuralista, las coincidencias entre el simbolismo de los sueños y ciertos
elementos característicos de los mitos. El texto inicia con diversas referencias a
las mitologías diversas de varios grupos culturales. Ello le permite establecer
elementos en común como para todo héroe como: la partida, la iniciación, la
apoteosis y el regreso. Los mitos se terminan por racionalizar, pero no pierden su
efecto colectivo.
13
1. ORIGEN DEL MIEDO
1.1 LA BIOLOGÍA
Sin embargo, hay situaciones en las cuales hay un bloqueo total de cuerpo. La
corteza cerebral no responde frente a una situación peligrosa, en lugar de tener
respuestas entre la red neuronal; el sistema se inunda con hormonas que inhiben
1
HÜTHER, Gerald, Biología del miedo. El estrés y los sentimientos, trad. Jorge B. Moreno, Barcelona,
Plataforma, 2012, p. 43
14
las reacciones corporales. La oxitocina y la dopamina no puede obstaculizar la
función de la corteza prefrontal que son las hormonas que controlan la parálisis del
miedo.
Pero existe un nivel superior del miedo, ese que no puede contenerse en las fibras
nerviosas de la corteza cerebral porque se nos presenta una situación
amenazadora tal, que no contamos con referencias previas para procesarla ni
para generar una estrategia creíble de salida en el cerebro. Es un bloqueo total de
vías de escape para una solución, ni siquiera imaginada. En este atropello, la
biología corporal produce hormonas que aceleran la sensación de obstrucción
haciendo que el miedo inicial se convierta en desesperación, impotencia y
desvalimiento. La reacción de estrés se vuelve incontrolable y en vano seguimos
buscando una salida milagrosa que muy raras veces se presenta. No nos queda
más remedio que aceptar nuestro destino.
Las palabras Horror y Terror son usadas de manera muy ligera, pero sus
significados son completamente diferentes. El miedo, como lo dice E. Burke, se
siente tanto en el terror como en el horror. El miedo es su sustrato. Otra cualidad
que modifica nuestros estados de indiferencia es la prontitud y el imprevisto, pues
15
altera los estados de lo cotidiano. De la misma línea es Saúl Rosas Rodríguez,
para quien el miedo es algo que se da por la ruptura de nuestra cotidianidad. ―La
reacción natural puede variar de mil maneras: Desde un grito, una carrera
acelerada, hasta la defensa inmediata en forma violenta hacia aquello que ha
alterado nuestro esquema consciente.‖2 El miedo al ser un sentimiento arquetípico
se cimenta a partir de imagen, dichos, palabras, que van permitiendo su fortaleza
desde la niñez.
2
ROSAS, Rodríguez Saul. El cine de horror en México, Buenos Aires, Lumen, 2003. Pág. 26.
3
LAZO, Norma. El horror en el cine y la literatura. México, Paidós, 2004. Pág. 37.
16
aunque nos asusta, también nos atrae‖.4 Paz sigue caracterizando el horror como
un afán de:
―participar de ese algo, es un sentimiento que nos hace ver que aquello
dañino y desconocido es también fascinante. Es un sentimiento que nos
domina e impide la huida, actúa sobre nuestro inconsciente y nos
inmoviliza (…) es algo que no es como nosotros, un ser que es también
el no ser. Y lo primero que despierta su presencia es la estupefacción.
Pues la estupefacción no se manifiesta en forma de terror –el echarse
hacia atrás– el horror nos paraliza porque su visión es insoportable y
fascinante al mismo tiempo. Y esa presencia es horrible porque en ella
todo se ha exteriorizado.‖5
1.3 LA LITERATURA
1.3.1 El Mito y el Horror. No hay una fecha exacta sobre la aparición del horror
antes de considerarse un género literario. Lo que sí se puede afirmar es que el
horror nace casi de manera paralela al nacimiento del hombre. Joseph Campbell
(1904 -1987) en su libro, El Héroe de las Mil Caras (1949), dice que el mito es la
entrada secreta sobre la que se vierten ―las manifestaciones humanas. Las
religiones, las filosofías, las artes, las formas sociales del hombre primitivo e
histórico, los primeros descubrimientos, científicos y tecnológicos, las propias
4
Ibid. P. 50.
5
Ibid. P. 50.
17
visiones que atormentan el sueño, emanan del fundamental anillo mágico del
mito.‖6
El origen del horror nace entonces del mito. El hombre ha tratado desde las
antigüedades de encontrarle explicaciones a los distintos fenómenos del mundo;
ante estas explicaciones se enfrentan a miedos, pesadillas, historias surgidas del
inconsciente. El miedo a lo desconocido prevalece en cada época. El humano
inventa e imagina seres inexistentes según su vivencia y, aunque haya quienes no
sientan horror, sí sienten terror. Terror a lo natural, a lo material, lo vivo.
En la cultura occidental, quizá el primer mito que se emparenta con el miedo del
horror es el mito del dios Pan. Cuenta el mito que lo primero que escuchó Pan
cuando llegó a la tierra fueron los gritos de su madre al verlo. Ella horrorizada no
resistió la imagen de aquella bestia que había engendrado y se escapó para no
ser encontrada. La cara de Pan era humana, pero nació con barba y dos
pequeños cuernos. Su torso y sus brazos eran los de cualquier bebé, pero tenía
patas de cabra y terminaba con sus respectivas pezuñas, que hacían que el dios
saltara en vez de caminar. Hermes, su padre, lo envolvió en una piel de liebre y lo
llevó al Olimpo, donde fue acogido por Dionisio. También se cuenta que fueron los
mismos dioses quienes le dieron el nombre de Pan, que en griego significa ―todo‖,
pues a todos ellos, al mismo tiempo, ese bebé insólito les había alegrado el
corazón
Pan, sin embargo, no ocasionaba lo mismo en los mortales. El dios tenía por
costumbre perseguir a las ninfas de los bosques, que al verlo llegar huían por su
carácter grotesco y lascivo. Muchas de ellas no tenían éxito en la fuga porque el
fauno era ágil y astuto, pero sobre todo era silencioso y aparecía de pronto, sin
que nadie pudiera anticiparlo, lo que inspiraba un horror repentino. Los ruidos
extraños que se producían en montañas y valles y que, además mortificaban a los
pobladores y asustaban a los caminantes se le atribuían a él.
6
CAMPBELL, Joseph, El héroe de las mil caras. Psicología de los mitos, México, FCE. 1972. Pág. 11.
18
Se cree que la palabra pánico tiene su origen en la palabra Pan. Sus
connotaciones provienen de las cualidades y atributos de ese ―Todo‖: La agilidad,
el silencio, la llegada repentina, la imagen grotesca. Panikon se llamaba a ese
terror súbito causado por Pan, con lo que podría decirse que ninfas, pobladores,
caminantes y persas sufrieron ―panikones‖ por su causa.
De los hijos de Ares: Fobos y Deimos, occidente heredó dos conceptos: Fobos da
origen lingüístico a la palabra fobia. Deimos también se conoce en griego como
metus, que significa miedo, pero también meticuloso, amedrentar. Ambos hijos de
Ares, dios de la guerra, tienen como propósito abrirse paso en el carruaje de su
padre para mostrar los horrores de la guerra y con ello amedrentar a los humanos.
Siendo más preciso, estos seres y monstruos son el propio ser humano. El
carácter ―monstruo‖ es una máscara. Desde la cultura griega a la creencia de la
Medusa, se interpretaba a lo femenino como derrota, humillación y pecado. Por
ello, eran más los monstruos femeninos que los varones. Medusa, la
19
representación misma de la feminidad, propinaba sexualidad en su mortalidad, y
debió pagar su castigo, por parte de Atenea, al no ser humilde por su belleza, ser
un monstruo. Temida y odiada.
Cuando Roma ataca a Grecia prevalecen sus creencias por encima a las ideas de
los griegos; Afrodita es Venus, Zeus es Júpiter, Hera es Juno, Hades es Plutón.
Por tanto, el mito se repite en cada historia, las personas lo hacen así. La esencia
del mito es revivir7. El horror conjunto al mito cumple un rol en el bagaje cultural,
sea desde lo oral o escrito, es redefinir la realidad cultural. De generación en
generación hemos conocido por boca u escrita la aparición de monstruos,
vampiros, brujas, etc. Estos seres nos han acompañado desde la antigüedad
hasta ahora. Sus épocas los modifican, ya no hay fantasmas que vagan entre las
calles sino en los sistemas electrónicos; la aparición de la tecnología ha permitido
que sean grabados, vistos en televisores, fotografías (psicoimágenes),
escuchados (psicofonías), hasta de páginas ―malditas‖ que abren puertas
dimensionales al otro mundo.
La gran incógnita es, si el mito es un hecho sagrado, un rito cultural, ¿por qué los
monstruos y lo ajeno al bien es considerado un mito? ¿Son también estos seres
hechos sagrados? Solo los seres mitológicos, creídos desde una cosmogonía
cultural, pueden considerarse como hechos sagrados; originados de forma directa
por lo divino y puro. Sin embargo, las creencias cuando son referidas desde la
Edad Media hasta acá no cumplen con el requisito de lo sagrado. A estas
7
BLANCO, C. (2006). Ensayo sobre el Terror. A Parte Rei: Revista de Filosofía, N° 36.
20
digresiones, el monstruo y las creencias sobrenaturales de la Antigua Grecia, al
igual que las referencias indígenas, africanas, etc., tienen una categoría colectiva
fuerte y compartida, en algunas son ciertas, en otras, no.
Lo que los griegos construyeron con metáforas en sus relatos, Occidente se tardó
en investigar para dar el veredicto de certeza. Cuando un animal, entre ellos el
hombre, por alguna contingencia del destino pasaba por una situación de peligro,
se activaban las alarmas que obligaban a luchar contra el peligro o perecer. El
pensamiento científico, que representa todo en el lenguaje, racionalizó lo que los
relatos contaban.
8
JUNG, Carl, Arquetipos e Inconsciente Colectivo. Barcelona, Paidós, 1970. Pág. 21.
21
conocer la verdad. Viene la razón y lo científico. Aquí cada sujeto decide en qué
creer.
En este orden de ideas, el Rito pasa a tomar una fuerza sobrenatural, pues se
hace a escondidas. Vale la pena recordar en Romeo y Julieta, la ley de Mantua
castigaba con la pena de muerte a quien hiciese pócimas y hechicerías. En cierto
modo, las creencias cosmogónicas pierden su fuerza en muchos pueblos. No todo
mundo cree en Alá, sino en un Dios. Hay quienes no creen en Alá ni en un Dios,
sino en la razón. Las creencias se desfragmentan. A pesar de que en algunas
culturas la religión es impuesta, muchos de éstos (dentro de la misma) no la creen
real.
Más arriba se había expresado que los tiempos hacen cambiar la creencia que se
tenía de los monstruos y seres sobrenaturales, y que éstos, a su vez, transforman
sus ―poderes‖, ―máscaras‖ y ―formas de castigo‖. El hombre de manera
consecutiva altera sus pensamientos, estructuras y condiciones de vida. No
obstante, el miedo no cambia. Cambian son sus maneras de mostrarse.
22
un miedo natural del mismo, podemos decir que el mito como producto del miedo
es el mismo horror a lo que desconocemos.
23
1.3.3 El Romanticismo. La corriente del Romanticismo investigó a fondo la
literatura gótica, que se inspira en el oscuro de sentimientos delirantes y eróticos,
maquillada de un fosco de morbosidad. Este exponente alcanzó un gran esplendor
en el siglo XIX, llegando a desarrollar impulsos narrativos de un juego mórbido con
el inconsciente. Como todo movimiento artístico que logra germinar, aparece
reaccionando contra los movimientos o cánones anteriores. El movimiento
romántico no va a ser la excepción y se yergue sobre a la imposición de la razón
ilustrada, la normativa artística que establecía parámetros grecolatinos y la
didactización de una moral que se pondrá en entredicho por su carácter dogmático.
En ese marco el romanticismo se hace libre. Empieza a sobresalir la sensibilidad
pasional e individualista que va a ver al mundo por los sentidos y los sentimientos.
No obstante, esa pasión individualista no puede ser entendida de manera
peyorativa, pues ese espíritu busca los ideales del mundo que no fueron
alcanzados por medio de la razón y el progreso.
El horror hace gala con toda sus semantización, adquiere un lugar de privilegio en
Europa, obteniendo los matices propios de cada región. De este desarrollo se
desprenden dos tradiciones, que posteriormente se fusionaran para dar paso al
relato de horror. La primera es la inglesa, que se caracteriza por ―lo sobrenatural y
macabro.‖9 La segunda de origen alemán, que Llopis denomina ―raíz negra del
9
LLOPIS, Rafael, Historia natural de los cuentos de miedo, Madrid, Júcar, 1972. Pág. 45.
24
cuento de miedo‖, cuyas características son ―la fantasía poética y el humorismo
melancólico.‖10
Entre los autores alemanes que se embarcaron en los paradisíacos caminos del
horror se encuentran a E.T.A. Hoffmann (1776-1822), cuya obra más obscura es
Los Elixires del Diablo (1815-1816.). Sus obras de ficción, de horror y de suspense,
que combinan lo grotesco y lo sobrenatural con un poderoso realismo
psicológico. Heine escribió sobre él:
―Sus libros son los más notables de nuestro tiempo. Todos llevan el
sello de lo extraordinario... En Los elixires del diablo se contienen las
cosas más terribles y espantosas que puede imaginar el espíritu
humano. ¡Cuán débil nos parece El Monje de Lewis, que trata el mismo
tema! En Gotinga, un estudiante se volvió loco tras leer esta novela.‖11
―El relato trata de exponer la fuerza que tiene el hecho de que la gente
común no crea en los vampiros; de ahí que Lord Ruthven se aproveche
de esta situación para cometer sus actos sanguinarios. Otra de las
armas de Ruthven es su gran capacidad de seducción y su efectividad
como lo que es, un vampiro, que destaca en el cruel final del relato.‖12
La historia logró un éxito importante y dio inicio a toda una tradición de relatos de
vampiros, incluyendo la novela más conocida de este género: Drácula (1897), del
10
Ibid. P. 45.
11
E.T.A. Hoffmann. En Wikipedia.
12
John Pollidori. En Wikipedia.
25
irlandés Bram Stocker (1847-1912). La segunda novela más importante es
Frankenstein de Mary Shelley (1797-1851). El personaje principal se caracteriza
como un ser muy sensible que por su condición se ve imposibilitado para amar y
es esa razón por la que se vuelve cruel. De este personaje se ha hecho diversas
interpretaciones. Pero más allá de ello, al final hay una redención por la
aceptación del castigo por la maldad cometida.
13
CARROLL, Noël, Filosofía del Terror o Paradojas del Corazón, Ed. Antonio Machado. España, 2005. Pág. 18.
26
psique de los personajes y se sale de las convenciones clásicas donde se
recupera el equilibrio o la balanza de los poderes.
La figura más representativa de esta época fue Joseph Sheridan Le Fanu (1814-
1873), quien en sus historias ―frecuentemente situaba lo sobrenatural en medio de
la vida cotidiana, donde la persecución de víctimas corrientes e inocentes era
cuidadosamente observada y era objeto de una elaboración psicológica que daría
la pauta para muchas de las obras género.‖14 Con Le Fanu, la literatura de horror
alcanzó su máximo esplendor. Sin embargo, hay historias de otros autores que
fueron muy importantes para el género como ―Henry James, Edith Warton,
14
Ibid. Pág. 19.
27
Rudyard Kipling, Ambrose Bierce, Guy de Maupassant, Arthur Machen, Algernon
Blackwood, Oliver Onion y otros.‖15
15
Ibid. Pág. 19.
28
atemorizada, como del batir de unas alas negras o como el arañar de unas formas
del otro lado del límite último del universo conocido.‖16
El horror cósmico, además de la impactante pero sutil carga de miedo también es
repulsivo y curioso. En palabras de Lovecraft:
Lo que hace sublime esta condición de miedo que propone Lovecraft es que va en
detrimento de la cultura materialista occidental y se acerca a las culturas orientales.
Las personas con un alto grado sensibilidad sabe tomar distancia de las
fatuidades de la vida y puede alcanzar un nivel de conciencia alto que le permita
tener conocimiento de las leyes de naturales. La filosofía de Nietzsche en la Gaia
ciencia y la de Jung en sus arquetipos es muy cercana a la idea de horror cósmico
que expone Lovecraft.
16
CARROLL, Noël, Filosofía del terror o paradojas del corazón, Ed. Antonio Machado. España, 2005. Pág. 209.
17
LOVECRAFT, H. El horror sobrenatural en la Literatura, Editorial Valdemar Gótica, Madrid, 2010. Pag. 14.
29
sociedad fueron importantes porque ellos representaron la más ficción y más
macabra originaria del Reino Unido, y a la vez, que fue el último florecimiento del
horror de la isla hasta 1980, cuando Clive Baker Pregonero (1952) y James
Herbert (1943-2013) surgieron como escritores de horror.
En 1911, Gastón Leroux (1868 -1927) escribió El fantasma de la Opera. Una obra
que revolucionó la intención narrativa, haciendo que el mundo sintiese simpatía
por el demonio y por el mal. La obra está inspirada en hechos reales y en la
novela Trilby (1894) de George du Maurier (1834-1896), y combina elementos
de romance, terror, drama, misterio y tragedia. La historia trata sobre un ser
misterioso que aterroriza la Ópera de París para atraer la atención de una
joven vocalista, a la que ama. En la década de los 20‘s y 30‘s se hicieron
populares las historias de horror en la radio y en el cine, haciendo que el público
consumiera más de este tipo de narrativa. Se empezaron a adaptar obras
como: Frankenstein (1818), Drácula (1897), la Momia (1989), Dr. Jekyll y Mr. Hyde
(1886), o de historias urbanas, como lo fue la Casa de cera (1953).
18
Shirley Jackson. En Wikipedia.
30
En 1959, Robert Bloch publicó su novela Psycho, que fue un gran éxito de ventas
tras su publicación. El autor fue galardonado con el premio a una vida de trabajo
en 1975.
31
El exorcista se basa en un exorcismo efectuado en 1949, y del que Blatty escuchó
hablar en 1950, cuando recibía clases en la Universidad de Georgetown, un centro
dirigido por sacerdotes jesuitas. El exorcismo fue parcialmente realizado en Mount
Rainier, Maryland1 y Bel-Nor, Misuri. Varios periódicos locales informaron del
sermón que un sacerdote dio a un grupo de aficionados en parapsicología, y en el
que éste afirmaba haber realizado un exorcismo sobre una joven de trece años
llamado Regan Mannheim, tras un largo proceso que llevó más de seis semanas
antes de terminar el 19 de abril de 1949.
32
2. LA ESTÉTICA DE LO SUBLIME.
El estudio más antiguo que se tiene sobre lo sublime, como ya se dijo arriba, se le
atribuye a un tratadista y retórico griego llamado Longino. El texto lleva el título en
griego de Peri Hypsous, traducido al español como De lo Sublime.19
19
Para efectos de este trabajo se utilizará el libro de Longino titulado De Lo Sublime de editorial Editores
Metales pesados y traducido por Eduardo Molina C y Pablo Oryazun.
20
PSEUDO-LONGINO. De lo Sublime, Ediciones Metales Pesados, Santiago de Chile. P 25.
33
su efecto en la audiencia y en la dificultad de los juicios ―porque el discernimiento
literario es el cumplido resultado de mucha experiencia‖.21
La cita anterior se lee que lo sublime tiene tres aspectos. El primer aspecto de
creación que conlleva al ejercicio del pensamiento. El segundo aspecto es la
emoción con la que se recibe el discurso creado. El tercer aspecto tiene que ver
con la técnica o elementos de estilo y composición para la elaboración de un buen
discurso. Los dos primeros de carácter subjetivo. El último que remite al lenguaje y
su técnica es de carácter objetivo.
21
Ibid. P. 30.
22
Ibid. P. 31.
23
Ibid. P. 33.
34
primera fuente nos remite a la persona que crea, el artista, quien debe tener
condiciones naturales para crear. En otras palabras, el artista nace con el talento o
genialidad artística para concebir las obras o las producciones artísticas. Para
Longino la técnica se puede aprender, pero el genio es natural. La segunda fuente
es la ―emoción vehemente‖. Dicha emoción se plantea para el auditorio y un
fundamento subjetivo emparentado con la catarsis aristotélica, no en el sentido de
purgación, sino en el sentido de dejarse llevar o colmar por la emotividad de la
grandeza que habita en la palabra.
En la página 36 del texto de Longino, el autor nos muestra cuáles son los aspectos
para la grandeza de pensamiento. Vale la pena recordar que la grandeza de
pensamiento es el elemento más importante lo sublime. La primera fuente de lo
sublime que hace parte del pensamiento es el carácter noble del orador:
24
Ibid. P. 36
35
Longino muestra la palabra no sólo como una técnica que dota de sentido un
discurso, ni como un hacer noble sino como un fenómeno para la producción
estética de una obra. El orador es un artista que modifica o mueve las pasiones
mediante la sensibilidad de sus palabras al auditorio. En las teorías modernas, las
palabras es la que permite crear universos semánticos que denominamos
literarios.
36
conocer las figuras de construcción y las figuras semánticas para engrandecer el
discurso. Aunque el autor no propone el concepto de la Amplificación dentro de las
figuras literarias, las decidí incluir aquí porque tiene una similitud en la función que
cumple el suspense en las obras literarias. El autor propone que la ―amplificación,
que se da cuando los hechos y los conflictos permiten, de manera periódica,
muchas intercalaciones de preámbulos y pausas, de modo que se suceden en
continuidad grandes expresiones en progresión gradual.‖27 Si bien la cita no se
remite exclusivamente a la suspensión, ésta última toma su origen en esas
intercalaciones, pausas, progresiones que permiten al orador hacer crecer la
expectativa del auditorio.
―El estilo es turbio y las imágenes más bien confunden que intensifican,
y si se analiza con claridad cada uno de estos elementos, de terribles
pasan poco a poco a ser considerados ridículos. Y si en la tragedia,
género por naturaleza majestuoso y que permite la expresión
espléndida, la ampulosidad exagerada es, sin embargo, imperdonable,
tanto más inadecuada es, creo yo, en los discursos que se ocupan de
los hechos verdaderos.‖28
27
Ibid. P. 46.
28
Ibid. P. 25.
37
ser parecer, no hace más que confirmar la bajeza de carácter del orador (en su
defecto del poeta) al ser un adulador de las formas del discurso. Esto último
degrada la majestuosidad y nos lleva a preguntarnos por la genialidad del artista.
Longino continúa explicando esa actitud pobre de carácter en las letras conlleva
un halito de puerilidad o infantilismo. Al respecto se pregunta ―¿Qué es, entonces,
la puerilidad? ¿No es, manifiestamente, un pensamiento académico que, llevado al
excesivo rebuscamiento, desemboca en la frialdad?‖29 La frialdad hace acopio de
lo rebuscado, del artificio. No hay falta de naturalidad ni de ritmo porque sólo se
hace para agradar. En esa misma idea, el autor se refiere a los pasajes patéticos
como un ――falso entusiasmo". Se trata de una emoción extemporánea y vacía allí
donde no se requiere emoción, o de una pasión desmedida allí donde se requiere
mesura‖.30 Se infiere pues que la poesía, la tragedia, la oratoria requieren de la
virtud de la mediocritas, un término medio en el que la razón es la juzga.
―…los bienes y los males suelen provenir de la misma raíz. Por eso lo
que contribuye al éxito de los escritos: la belleza de la expresión, los
giros sublimes y, agreguémoslo, las formas agradables, estas mismas
cosas son el principio y la base del triunfo y también de lo contrario.‖31
29
Ibid. P. 26.
30
Ibid. P. 27.
31
Ibid. P. 30.
38
aquello que tiene un elemento de universalidad; ―En suma, considera cumplida y
verdaderamente sublime aquello que complace a todos en todo tiempo.‖ 32 El juicio
sobre lo majestuoso es compartido por todas las personas, no limitado a tiempo o
lugar. Lo verdadero sublime también posee un elemento intersubjetivo, es decir,
solo el genio puede crear lo sublime, pero es en su experiencia por parte del
receptor que su verdadera sublimidad se demuestra en el tiempo.
32
Ibid. P. 31.
33
Ibid. P. 51.
39
Debido a que el talento natural se equipara con el genio, se puede inferir que,
aunque el genio es una dotación excepcional de naturaleza, también se puede
cultivar su naturaleza por medio de la imitación. La imitación aquí no tiene una
connotación negativa; más bien consiste en tomar la tradición como ejemplo y
luego ir tratando de encontrar el propio camino por medio del talento. El pasado
juzga desde la exegesis de su tradición, pero ello no implica que el genio creador y
su producto no supere y trascienda al pasado. El creador no puede ni debe tener
miedo de su obra. Al contrario, el creador pertenece a una tradición y supera el
pasado en al introducir una experiencia estética original.
Longino promete hablar ―en un tratado aparte‖ sobre la emoción y su relación con
lo sublime en al final de la sección tres, "dado que, a nuestro parecer, ellas forman
parte de los otros aspectos de la literatura y de lo sublime mismo‖ 35. Sin embargo,
la última sección del tratado que considera que las emociones es una de las
lagunas más grandes, completamente perdidas. Por lo tanto, hay que remitirse a
34
Ibid. P. 53.
35
Ibid. P. 99.
40
otras referencias en el texto, donde reacciones tales como entusiasmo,
vehemencia y posesión de dios pasión se exploran, para descubrir una teoría de la
emoción. Además, en la sección XII, Longino ya considera la posibilidad de una
experiencia sublime desprovisto de emociones. Lo anterior es posible por dos
razones principales: en primer lugar, no todas las emociones son sublimes de
manera natural. Hay unas emociones que elevan y no necesitan ser
―amplificadas‖. Los sentimientos que pueden ser amplificados son "pena, pena y
miedo", a pesar de que son emociones, no pueden ser elevados porque por
naturaleza tienen un efecto bajo. En segundo lugar, puede ocurrir una experiencia
sublime sin patetismo ni emoción. Longino desea mantener la independencia de la
primera como una experiencia posible que sale de un gran pensamiento.
36
Ibid. P. 60.
41
prominentes y su reunión en uno solo han producido la obra maestra•
Del mismo modo, me parece, también en la descripción de la tempestad
el poeta elige de entre las circunstancias las más aterradoras.‖37
37
Ibid. Págs. 43 y 44.
42
―momentos negativos (el dolor, el horror y el terror), más que por sus elementos
bellos (deleite, disfrute y goce).‖ 38 Dennis aboga por una teoría empírica de la
sublimidad que sería una fuente de inspiración para la obra de Edmund Burke.
38
MORENO CARO, Omar Camilo. Doran, Robert. Theory of Sublime. Form Longinus to Kant. [en línea],
Septiembre – Diciembre 2017 [revisado en febrero de 2018]. Disponible en Internet en:
http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-00622017000300423.
39
BURKE, Edmund. Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y lo bello.
Traducción Juan de la Dehesa. Alcalá. Pág. 2 (34).
43
Aunque Burke le debe mucho, no sólo a los académicos británicos John Dennis y
también a Longino, sus ideas sobre lo Sublime son originales y sitúan a Burke
entre las figuras cruciales en la historia de lo sublime, lo indispensable de
cualquier estudio del tema. El tratamiento de Burke de lo sublime es largo y
detallado. En el siguiente apartado se dará cuenta de las ideas más
representativas de lo Sublime en la obra de Burke y su importancia con el terror y
el horror.
40
Ibid. P. 2.
41
Ibid. P. 4.
44
que se emplean en los objetos externos, según yo entiendo, son la imaginación y
el juicio.‖42
42
Ibid. P- 4.
45
emparentada con el deseo, que es lo que anima al individuo a la búsqueda o
apetencia de placeres nuevos.
Así, según Burke, la muerte es la mayor amenaza para la vida, es decir, se centra
en nuestro instinto de autodeterminación, preservación, y está acompañada de
43
Ibid. P. 17.
44
Ibid. P. 29.
45
Ibid. P. 32.
46
Ibid. P. 36
46
pensamientos de dolor y terror. En otras palabras, el terror es la consecuencia de
un dolor potencial que amenaza la vida, como resultado es la pasión más fuerte
que podría experimentar. En palabras del estudioso inglés:
"Todo lo que es a propósito de cualquier modo para para excitar las ideas
de pena y de peligro, es decir, todo lo que de algún modo es terrible, todo
lo que versa cerca de objetos terribles u obra de un modo análogo al
terror, es un principio de sublimidad: esto es, produce la más fuerte
moción que el ánimo es capaz de sentir. Digo la más fuerte moción,
porque estoy convencido de que las ideas de pena son mucho más
poderosas que las que nos vienen del placer.‖47
Esta idea es para Burke una idealización del dolor o terror/horror que no proviene
directamente de la eliminación física y real del dolor. Sin embargo, este dolor o
idea de dolor hay que contemplarla a una distancia adecuada al individuo u objeto
y que no lo ponga en peligro, mientras se deleita por el placer que deviene del
peligro. La pregunta que surge es ¿cómo se sabe cuál es límite ideal para no
sobrepasar la línea del placer y la tortura, el placer y autoinfligirse dolor? ¿cuál es
la naturaleza de esta delicia, esta experiencia y hacia dónde conduce? Estas
preguntas no las resuelve Burke, pero afirma que investigará el asunto más
adelante. Lo que llama la atención de este pasaje es que Burke propone otro
47
Ibid. P. 37.
48
Ibid. P. 37.
49
Ibid. P. 38.
47
concepto para la recepción estética y es el de distanciamiento, que va a ser
trabajado posteriormente por autores como W. Iser.
50
Ibid. P. 44.
48
por el contrario hace que nos acerquemos a ellos, y nos detengamos a
verlos; en tal caso concibo que precisamente que tenemos deleyte o
placer de una u otra especie contemplando objetos de esta clase…
pues el terror es una pasión que siempre causa deleyte, cuando no nos
toca de cerca y la conmiseración nos trae placer porque nace del amor
y de la afección social. La pasión que nos anima a todas las acciones
para las que hemos sido formados por la naturaleza, ya acompañada
por un deleyte o placer, sea cual fuere la materia; y como el Creador ha
determinado que estemos unidos por los vínculos de la simpatía, ha
fortalecidos éstos con un deleyte proporcionado; y más principalmente
donde más se necesita, que es en las desgracias de otros. Si esta
pasión fuera penosa simplemente, huiríamos con el mayor cuidado de
todas las personas y lugares que pudieran moverla... El deleyte que
tenemos en tales casos, impide que huyamos de escenas miserables; y
la pena que sentimos, nos inclina a procurar nuestro procurar nuestro
propio alivio aliviando a los que padecen; y esto antes de todo raciocinio
por un instinto que nos impele a nuestros propios fines sin que
pongamos cosa alguna de nuestra parte.‖51
El anterior pasaje arriba citado pone varias consideraciones a tener en cuenta. Los
seres humanos al ser creaciones de Dios, se nos fue dotado de todos los
elementos pasionales deleitables como los placenteros. En esta medida todo lo
que esté en nuestro haber es una procuración del Creador. Asimismo, Burke eleva
el gusto por las penas de los demás, en justa medida y proporción, a nivel
estético, quitándole el sentido moral, que iría en contravía de los placeres de la
sociedad. De hecho, la simpatía está más cerca a la sensación de sublime, es
decir, al terror o al aspecto temeroso de los fenómenos, pero sin un poco de
deleite es imposible simpatizar con el otro. Sin embargo, el razonamiento de Burke
no queda ahí, también eleva el acto de ver o contemplar objetos que pasen por
una pena a nivel estético, lo que hoy en día se conoce como voyerismo o morbo.
El acto de ver o contemplar por el gusto de la contemplación lleva implícitamente
la curiosidad o la novedad que junto al acto de imitar producen un fenómeno
cognoscente en el individuo.
51
Ibid. Págs. 46 – 47
49
otro hombre, se ve afectado en muchos aspectos, tanto en lo real como en la
modelización de sus formas. Es por este principio principalmente que la poesía, la
pintura y otras artes influyentes transfunden sus pasiones de un pecho a otro.
―En este caso está tan lleno el ánimo de su objeto, que no puede dar
entrada a otro alguno, ni por consiguiente raciocinar sobre lo que ocupa.
De aquí nace el grande poder de lo sublime, que lejos de ser producido
por nuestros raciocinios, nos anticipa y nos lleva arrebatadamente a
ellos por una fuerza irresistible.‖52
Cabe resaltar en este pasaje que Burke, implícitamente, está haciendo una
distinción entre terror y horror. El horror está emparentado con lo que el hombre
52
Ibid. P. 56.
50
no puede racionalizar, es decir, no puede dar una explicación racional a ese
estado del que se vuelve presa. Por otro lado, el terror sería una racionalización
de ese miedo por el cual el cuerpo se siente poseído, pero puede reaccionar,
gracias a la oxitocina como inhibidor del miedo.
En el mismo pasaje, el autor distingue los adjetivos del terror. Ellos son variables
en grado:
53
Ibid. P. 61
51
2.3.3.3 La obscuridad. La obscuridad al ser una privación como el silencio,
la soledad y la vacuidad son terrorífica.54 Este tema lo va a desarrollar Burke en la
Parte IV, secciones XIV, XV y XVI. Burke plantea que la obscuridad aterra porque
obnubila el sentido de la vista y ―se desvanece gran parte de nuestra
aprehensión‖.55 La obscuridad pone al individuo en un estado de imposibilidad o
privación permanente ante cualquier eventualidad un enemigo o un paso al
vacío.56Los individuos pueden ver porque físicamente tienen los ojos dispuestos
para el acto, pero no pueden mirar porque la obscuridad enceguece en la medida
que no permite distinguir las formas. Sin embargo, paulatinamente los ojos se
empiezan a acostumbrar al cambio físico y se amolda a la no luz, pero no a la
sensación de desconcierto que produce la obscuridad.
54
Ibid. P. 86.
55
Ibid. P. 62.
56
Ibid. P. 195.
57
Ibid. P. 198.
58
Ibid. P. 62.
52
La observación que hace Burke sobre las creencias de la cultura popular son
rebajadas a supersticiones, pero les coloca un halito de confianza, en la medida, y
aunque suene poco racional, son creíbles para aquellos individuos. De manera
acertada, el autor irlandés, propone la literatura como otro signo diferente de la
cultura en la cual es posible la existencia de lo sublime. Para él, una cosa es
aclarar la idea y otra cosa muy diferente que mueva la imaginación.59
La idea de este pasaje cobra importancia por la relación que se encuentra con
Longino al tratar de separar los textos pertenecientes a la elocución como los
discursos y los que pertenecen a la fantasía o imaginación. Éstos últimos, para
Burke, son los que hacen que se mueva la imaginación, pues como se vio en el
capítulo de Longino, la imaginación o fantasía es la que permite recrear los
pasajes más sublimes. La obscuridad mueve la fantasía o la imaginación hacia las
fronteras de lo terrorífico y horrífico.
Continuando con esta idea, Burke pone otra premisa que debe ser tenida en
cuenta:
―la descripción más viva que se puede hacer de palabra, da una idea
muy obscura e imperfecta de tales objetos; pero puede mover más esta
descripción que la mejor pintura. Esto se ve probado por una
experiencia constante. El modo propio de expresar a otros los afectos
del ánimo es el de la palabra; los demás modos de comunicarnos son
muy defectuoso‖60
59
Ibid. P. 64.
60
Ibid. P. 64.
61
Ibid. P. 222.
53
Uno de los poetas que mejor hizo uso de las palabras de lo sublime fue John
Milton. Burke lo cita de esta manera:
Esta admirable descripción que hace Milton asombra por los expresivos rasgos y
coloridos de incertidumbre con que acaba el retrato de la Reina de los terrores: La
Muerte. La atmósfera que se teje entorno de la figura y la figura misma se
muestran obscura, lo que permite que su monstruosidad terrorífica sea más
llamativa.
54
o general. La muerte o la imposición de una ley acrecienta el ánimo del individuo
un estado de constante peligro. Eso lo hace sublime.
Con referencia al poder hay que aclarar sobre dos entidades supranaturales que
ejercen una gran influencia en el espíritu humano. Burke habla que sobre la
magnificencia del Dios el hombre no puede hablar, porque su juicio o
entendimiento no puede comprender el poder, la bondad, el amor. Todo juicio o
comentario que se haga desde el razonamiento del hombre quedará incompleto.
Sin embargo, no será así cuando se pasa a describir la naturaleza de Satanás. Ya
arriba se vio cómo para el investigador, Milton es uno de los escritores entiende su
ser y lo describe de una manera sublime.
63
Ibid. P. 74.
64
Ibid. P. 89.
55
veces como sea posible en unidades más pequeñas o tener su efecto contrario.
Por esa inconmensurabilidad el infinito es un terror/horror deleitoso.
65
Ibid. P. 91.
56
de los objetos o la obscuridad misma. Las expresiones de luz de improvisto como
el rayo iluminan los objetos que están en la completa obscuridad por segundos,
haciendo que las formas que se muestren sean terroríficas por sus distorsiones al
ojo. Lo anterior, también produce que la obscuridad se vea más abarcadora que
los pequeños momentos de luz. El ejemplo poético que proponer Burke de
Shakespeare ―y pone en derredor el tono excelso / la augusta majestad de las
tinieblas.‖66
La luz como productora del color nos otorga los colores que produce los efectos
de grandeza o de lo sublime. Asegura el investigador que los colores vivos no son
los que denotan la grandeza de las cosas, por dichos colores son generadores de
una belleza simple y superficial. Opuestos a esos colores vivos, se tienen los
colores obscuros y grises son los que son los que se imponen tanto en cuadros
históricos como en momentos de peligro deleitoso.
2.3.4.3 Olor y Sabor. Las ideas de grandeza que constriñen al olor y sabor son
pocas, debido a su naturaleza. Los hedores intolerables y los sabores amargos
son los propicios para el deleyte, pues cargan directamente sobre el órgano del
sentido. Sin embargo, hay que tener en cuenta con la exageración de las formas
66
Ibid. P. 102.
57
en la descripción de una imagen que se proyecte sobre este sentido porque se
puede caer en una idea baja sino se tiene dignidad en su composición. ―Las cosas
terribles siempre son grandes; pero las que tienen cualidades desagradables, o las
que son realmente algo peligrosas, con tal que el peligro se supere con facilidad
son odiosas‖.67
Con este apartado se termina la descripción que hace Burke sobre los Sublime.
Se puede considerar el examen que hace Kant en su tercera crítica para hablar de
lo sublime. No obstante, hay una diferencia entre los postulados kantianos y los de
Burke. Para Kant, lo sublime, que se divide en matemático y dinámico tiene una
implicación en los sentimientos. Por otra parte, para Burke, lo sensible apunta a
los sentidos. La diferencia técnica, si se puede considerar así, radica en que el
filósofo alemán indaga sobre los conceptos fenoménicos, mientras que para el
autor irlandés sus indagaciones apuntan a lo empírico.
67
Ibid. P. 113.
68
Ibid. P. 106.
58
3. EL HORROR TIENE UN NOMBRE SAGRADO
3.1 BIOGRAFÍA
59
años sesenta colabora habitualmente con el director Blake Edwards escribiendo
los guiones para algunas de sus películas.
Otras obras de importancia del escritor son su autobiografía I`ll Tell Them I
Remember You (1973), Twinkle, Twinkle, Killer Kane(1979), Legión (1983)
y Demons Five, Exorcists Nothing (1996).
W. P. Blatty Murió el 12 de enero de 2017 a la edad de 89 años en Bethesda, un
suburbio de Washington D. C. Blatty había pasado en Washington los últimos
años de su vida y falleció en un hospital cercano a su casa.
60
una explicación a la extraña "enfermedad de la niña": ha sido poseída por una
fuerza demoníaca que sólo podrá ser anulada por medio de un exorcismo. Dos
sacerdotes encargados de realizar la operación se verán obligados a arriesgar sus
propias vidas para expulsar al diablo del cuerpo de la niña y salvarle así la vida.
La adaptación del libro al mundo del cine obtuvo tanto éxito en la década de los
setenta que a los pocos años apareció una fallida continuación: El hereje (1977),
que no poseía ni la fuerza ni la profundidad de su predecesora, probablemente
porque William P. Blatty no participó en la creación del guion cinematográfico.
El guion de la versión cinematográfica consiguió un Oscar muy polémico en 1973.
Aunque escribió varias novelas en la línea de ésta, algunas de las cuales también
fueron llevadas al cine, ninguna llegó al estado de culto de El exorcista. En 1983
Blatty escribió Legión, la novela que sigue a El exorcista, donde, con una trama
detectivesca, el autor continúa planteando las cuestiones religiosas, teológicas y
filosóficas que le han preocupado durante toda su vida. En 1990 el propio Blatty
dirigió la versión cinematográfica de Legión en El exorcista III.
La novela El exorcista de William Blatty se inscribe entre las fronteras de una
novela del horror cósmico. Su composición dramática radica en la eterna lucha del
hombre con las fuerzas sobre naturales del bien y el mal, con un marcado dominio
de la ideología del dogma católico. En sus páginas, personajes delgados como el
papel luchan de una manera casi heroica con espíritus que escapan a su
comprensión y control.
3.4.1 El mal contra el mal. Desde que inicia la novela se encuentra el carácter
sublime del espacio. El vasto desierto de Irak en la que cae el sol de manera
inclemente. Un ambiente de puro agotamiento en el que, además, se están
realizando excavaciones para recuperar elementos de la antigua civilización de
61
Mesopotamia. La idea de recuperar nos pone en evidencia los millones de años en
que los hombres han habitado la tierra, haciendo que la condición de vastedad
como lo dice Burke y Lovecraft, termine amilanando la noción de grandeza que
tiene el ser humano.
69
BLATTY, William, El Exorcista, Ed. Mosaico, México, 2001. Pág. 4.
70
Ibid. P. 5.
62
Las fuerzas sobrenaturales con las que inicia la novela están más allá de la
comprensión superficial de los seres humanos. Es una lucha tan desigual, como el
duelo de Acab (rey de Israel) con la gran ballena blanca. Esa es la antesala de lo
El que le va a suceder. Para aumentar la tensión de las fuerzas sobrenaturales del
bien y del mal, el narrador muestra a un curdo con aspecto desagradable su rostro
posee la condición del mal pues tiene los ―dientes podridos‖ como si su aspecto
fuese la tragedia del mal o como si el mal tuviese el estado de insalubridad. La
maldad crece y él la puede sentir cuando el señor de ropa caqui (el padre Merrin)
se aleja en el jeep. El curdo siente un estado de indefensión, se siente apresado
por la soledad.
El bienestar disminuye para él. Es el pequeño eufemismo para decir que el mal lo
tiene en sus manos. La soledad para el curdo no es una pena positiva. La soledad
es todo lo contrario, es un vacío que cubre todo el ser de este personaje que es
descrito de manera miserable. La soledad aquí adquiere tres significados. El
primero, la soledad material. El cuerpo queda desamparado sin ninguna
compañía. La segunda es una soledad mental. El sujeto queda con ―la extraña
sensación de haber perdido algo‖. La tercera soledad es la espiritual. La
protección y el bienestar que le daba el sacerdote no la tener más. La idea mítica
de la religión, católica en este caso, cada vez cobra más importancia, quizá,
advirtiendo al lector que un peligro inminente va a llegar.
Más tarde, en el inventario, el padre Merrin (el hombre de caqui) se queda mirando
un objeto extraño. La preocupación que siente es trasportada al ambiente ―había
algo‖ que no lo dejaba de preocupar. Era la cabeza del ―demonio Pazuzu,
63
personificación del viento del Sudeste‖, lo particular de la cabeza es que estaba
perforada. La intención era quitarle el mal al mal. Con ello la cabeza funcionaría
como un amuleto o tótem que representa un escudo protector frente al mal: ―El
mal contra el mal‖. La concepción del mal se modifica. El mal que se le hace al
mal no es el bien dentro de la teología, sino otro mal peor porque no sana, si no
que daña. Esta concepción va en contravía de las enseñanzas de las sagradas
escrituras. Además, se nos da a conocer también algo acerca de la crisis espiritual
de Merrin. Éste tiene dificultadas para sentir (por oposición a querer) amor por los
demás, especialmente cuando son deformes y están enfermos (el terreno especial
de Pazuzu). Ello ha llevado a Merrin a preocuparse por su fe.
64
―De repente lo abrumó una certeza. Lo supo.
―Aquello se acercaba. Clavó la vista en el polvo.
―Sombras con vida. Oyó opacos ladridos de jaurías salvajes que
merodeaban por las afueras de la ciudad. La órbita del sol comenzaba a
caer detrás del borde del mundo.
―Se bajó las mangas de la camisa y se abrochó los puños: se
había levantado una brisa helada. Venía del Sudoeste.‖71
71
Ibid. P. 7.
65
En el aspecto sintáctico, los enunciados refuerzan la idea de vastedad, obscuridad
e imprevisto que ―siente‖ el sacerdote. La ciudad se amplía para el sacerdote, que
se ―abrió paso‖ por los suburbios; él va hacia las fronteras. Una de las fronteras
de la antigua Mesopotamia era el río Tigris. En las ruinas, por donde camina el
padre Merrin, ve a Pazuzu, un demonio ruin. La ruindad no es solamente lo
deteriorado sino lo que hace daño. Se le refuerza al lector ese degradamiento
espacial y espiritual. Este último con la idea del presentimiento que después se
vuelve certeza. El sacerdote sigue su camino y pasa por un puente que cruje al
ser pasado. ¿Qué hay debajo? Fango y ¿qué hay más debajo? Una ciudad
cubierta por sangre descompuesta, porque ―polvo eres y en polvo te has de
convertir‖. Las ruinas no es lo más bajo, sino la muerte que esconden esas ruinas.
Para dar una sensación de vastedad, el sentido del oído se ve representado con
los ladridos de los perros que asustan al sacerdote. Esas descripciones son
horrorosas, pues esconden la muerte y las sensaciones que ésta puede producir
en el inclemente calor del desierto. Un aire denso que huele a putrefacción y mal.
Lo que pretende W. Blatty es tratar de mostrar que el horror puede ser visto con
realismo.
3.4.2 El que quiera ver que vea. El capítulo primero empieza con un enunciado
ambiguo. El horror pasa inadvertido ―como el maldito y fugaz destello explosiones
solares‖. Los rayos del sol que históricamente son una fuente de luz y de vida
inagotable, aquí toman una connotación ―del horror mismo‖. Además, no se sabe
de quién está hablando si el narrador, el padre Merrin o del padre Karras, pues no
se dice quién tenía que relacionar ese acontecimiento con el horror ―de lo que vino
después‖. El narrador hace una advertencia de lo que va a suceder para seguir
generando el suspense necesario para el improvisto.
66
La primera parte se titula El Comienzo. Empieza a mostrarnos los espacios en los
que se va a desarrollar la historia. Ellos son: la casa, la iglesia que queda al lado,
el campo de la Universidad de Georgetown. La casa, al igual que los castillos
medievales góticos, está cargada de fenómenos paranormales o sobrenaturales
que son los que producen el horror cósmico que hace sentir curiosidad por saber
qué esconde ese ser demoniaco. Más adelante, la novela se va a concentrar en la
casa como un símbolo de miedo y de muerte. En oposición a este espacio, está la
iglesia. Un espacio físico en el que habitan los representantes de Dios; espacio
que se conoce como la casa de Dios y una institución que guarda la moral y
predicamentos de Dios. Separa a estos dos espacios una escalera. La frontera
simbólica de ascenso o descenso donde van a ocurrir las muertes del cineasta y el
sacerdote.
67
descripciones no son las únicas que ralentizan el tiempo en función del espacio,
sino que los propios enunciados, usados por su autor, William Blatty, como la
sucesión de fechas, como si su novela fuese una crónica, tiene la pretensión de
que su obra cobre un estatus de realismo. De esta manera puede presentar un
acontecimiento de horror sobrenatural en un espacio tiempo real.
68
La madre no le presta atención y la deja mucho tiempo sola, siendo criada por los
mayordomos y una profesora pagada de tiempo de completo.
Estos capítulos funcionan como una subtrama, se centra en lo que podría llamarse
el retorno de la represión. Independientemente de las formas de horror, lo más
perturbador de la historia es la forma de aprovechar los miedos y ansiedades del
mundo real de los miembros de su audiencia, interpretándolos de manera
exagerada y horrible. Un ejemplo quizás obvio es la ansiedad que experimenta
cada padre en algún momento por un niño enfermo, el terror y la impotencia que
se siente cuando ninguna medicina o remedio aliviará el sufrimiento del
niño. Corolario de lo anterior, se puede afirmar que todo lo que se vea como
fenómeno que dañe las formas y el buen proceder o las buenas costumbres de las
familias norteamericanas es visto como malo. La transformación de la niña en
bestia no sería otra cosa que los cambios de la pubertad a la adolescencia de los
niños y en su afán por aconductarlos son medicados para que no se salgan de los
límites establecidos de una sociedad que establece los mecanismos de
producción como patrón.
69
3.4.3 Al borde del abismo. La segunda parte de la novela se conoce en unas
traducciones como Límite o Borde, pues es en éste que los personajes se ven
obligados a actuar en contra de sus propias creencias. En el primer capítulo, el
padre Karras es avisado por su tío debido a que su madre está ingresada en un
hospital psiquiátrico ya que el edema de su pierna le afectó a la cabeza,
sintiéndose dolida por verse allí, sin que él la pueda llevar a ningún otro sitio por
carecer de recursos económicos. Al finalizar el capítulo, la madre del sacerdote
muere. Esto refuerza la culpa del padre, pues el abandono de él hacia ella es por
seguir su vocación. Este tipo de duda para Dios es un sinónimo de debilidad que
va a aprovechar el demonio para ingresar en la mente (por demás débil) del
sacerdote.
70
―Chris se cubrió los ojos con la mano temblorosa.
—¡Oh, Jesús, Jesús! -exclamó con voz ronca-. Doctor, ¿qué ―es‖ esto?
Los movimientos cesaron de repente, y la niña empezó entonces a
retorcerse de un lado a otro, con los ojos en blanco.
—Me está quemando... ―¡Me quema!‖ -gemía Regan-. ¡Oh, me quema,
me quema...!
Rápidamente, sus piernas comenzaron a cruzarse y descruzarse.
Los doctores se acercaron, uno a cada lado de la cama. Sin dejar de
retorcerse y agitarse, Regan arqueó la cabeza hacia atrás, dejando al
descubierto una garganta hinchada y turgente. Comenzó a decir entre
dientes algo incomprensible, en un tono extrañamente gutural.
—...―eidanyoson... eidanyoson‖... Klein se inclinó para tomarle el pulso.
—Bueno, vamos a ver qué pasa, pequeña -le dijo con dulzura.
De repente se tambaleó, aturdido y vacilante, a causa de un tremendo
golpe descargado por el brazo de Regan, al tiempo que ella se
incorporaba en la cama, con la cara contraída.
—¡Esta puerca es ―mía‖! -rugió con voz estentórea-. ¡Es ―mía‖! ¡Aléjense
de ella! ¡Ella es ―mía!‖.‖73
73
Ibid. P. 76.
71
abismo o barranco. Esa imagen es una premonición de lo que va a suceder con el
sacerdote.
En este mismo capítulo muere Burke, el director de cine. Cuando Chris MacNeil
regresa a casa, no encuentra a Sharon (tutora escolar de la pequeña Regan) y se
da cuenta que las ventanas del cuarto de su hija están abiertas. Cuando regresa
Sharon de comprar unos medicamentos, le dice a la madre que salió un momento
para comprar unas medicinas, dejando a Burke, el director de la película, que
había acudido a su casa, al cuidado de la niña. Pasado unos minutos llegó un
amigo de la actriz para informarle que Burke había muerto en las escaleras de
detrás de su casa, donde al parecer se cayó rompiéndose el cuello. Los ataques y
las convulsiones se vuelven más constantes para Regan. Chris observa como la
pequeña Regan baja las escaleras de su casa como si de una araña se tratara, a
cuatro patas y con el cuerpo boca arriba.
El capítulo siguiente comienza describiendo el tratamiento médico al que va a ser
sometida Regan MacNeil. En vista de la poca eficacia, las mujeres deciden llamar
al doctor Klein, quien trata de hacerle una hipnosis, pero lo que descubre es la voz
del demonio.
72
—Digamos...
—Si quiere decir ‗sí‘, haga un movimiento afirmativo con la cabeza. Lo
hizo.
—¿Está hablando en un idioma extranjero?
—Digamos...
—¿De dónde viene?
—Soid...
—¿De dónde dice que viene?
—Soidedognevon.
El psiquíatra pensó durante un momento; luego intentó otro modo de
afrontarlo:
—Cuando yo le pregunte, contésteme con movimientos de cabeza.
¿Entiende?
Regan asintió.
—¿Tienen sentido sus respuestas? -le preguntó.
—―Sí‖. —¿Es usted alguien que Regan haya conocido antes?
—―No‖. —¿De quién haya oído hablar?
—―No‖. —¿Es usted una persona que ella inventó?
—―No‖. —¿Es usted real? —―Sí‖.
—¿Parte de Regan? —―No‖.
—¿Alguna vez fue parte de ella?
—―No‖.
—¿A usted le gusta ella?
—―No‖.
—¿Le disgusta?
—―Sí‖.
—¿La odia?
—―Sí‖.
—¿Por algo que ella hizo?
—―Sí‖.
—¿Usted la culpa por el divorcio de los padres?
—―No‖.
—¿Tiene algo que ver con los padres?
—―No‖.
—¿Con un amigo?
—―No‖.
—Pero la odia.
—―Sí‖.
—¿Está castigando a Regan?
—―Sí‖.
—¿Quiere hacerle daño?
—―Sí‖.
—¿Matarla?
—―Sí‖.
—Si ella muriera, ¿moriría usted también?
—―No‖.
La respuesta pareció turbarlo, y bajó la vista, pensativo. Los muelles de
la cama crujieron cuando se cambió de lugar. En la asfixiante quietud, la
73
respiración de Regan parecía salir de unos pulmones pútridos. Allí. Y,
sin embargo, lejos. Lejanamente siniestra.
El psiquíatra levantó de nuevo la vista y la clavó en aquella horrenda
cara contraída. Sus ojos brillaban agudos, especulando con las
posibilidades.
—¿Hay algo que ella puede hacer para que usted se vaya?
—―Sí‖. —¿Me lo va a decir?
—―No‖.
—Pero...
Bruscamente, el psiquíatra abrió la boca, asombrado y dolorido, cuando
se dio cuenta, con horrorizada incredulidad, de que Regan le estaba
apretando los genitales con una mano tan fuerte como una pinza de
hierro. Con los ojos desmesuradamente abiertos, luchó por librarse. No
pudo.
—¡Sam, Sam, ayúdeme! -dijo, desfalleciente.
Desconcierto. Confusión.
Chris se levantó y fue a encender la luz.
Klein se adelantó corriendo. Regan, con la cabeza inclinada hacia atrás,
se rió diabólicamente; luego aulló como un lobo. Chris oprimió el
interruptor de la luz. Volvióse. Vio como la película granulada y titilante
de una pesadilla en cámara lenta: Regan y los médicos retorciéndose
sobre la cama en una maraña de brazos y piernas en movimiento, en
una refriega de gestos, respiraciones entrecortadas y juramentos; el
aullido, el ladrido y la horripilante risa; Regan relinchando; luego se
animaba la escena, y la cama se agitaba, era sacudida violentamente
de un lado a otro, mientras Chris observaba, impotente, que su hija
ponía los ojos en blanco y emitía un penetrante aullido de terror, que
emergía de la base de su columna retorcida.
Regan se arqueó y cayó inconsciente. Algo atroz abandonó la
habitación.
Durante un momento de tensa expectación, nadie se movió. Luego,
lenta y cuidadosamente, los médicos pudieron liberarse, al fin, de su
grotesca postura y ponerse de pie.‖
Las imágenes que se presentan en esta escena conciben el horror no sólo por la
aparición de la voz corpórea del demonio. Claro fenómeno de fuerzas
sobrenaturales que ponen entredicho la razón del hombre. La escena contiene el
horror deleitoso que ponen al límite del paroxismo los nervios de los personajes y
que es trasmitido a los lectores. Ante los cambios físicos que muestra Regan en
su rostro su madre se siente muy afectada que ―ahoga un grito‖ por la parálisis del
miedo. Aparentemente esta parálisis no es una afectación total porque después la
madre se recupera y empieza a hablar con su hija. Al momento el psiquiatra
empieza a conversar con la posesión de Regan. En realidad, lo que se puede ver
74
aquí es un conflicto de dos dogmas. El enfrentamiento del dogma de la fe y el de
la ciencia se disputan un cuerpo y un alma.
Sin embargo, el juicio y la cordura quedan en duda por la ausencia de respuestas
para el mal de la niña. En este momento, lo inexplicable se toma la mente. La
estrategia discursiva es llamativa. Al desprestigiar los caminos de la ciencia
solamente queda el poder de la fe. Ante la inexplicable aparición de los síntomas,
lo sublime entra en escena como voces inarticuladas de hombres o los chillidos de
los animales que representan la naturaleza. ―Todas las modificaciones del sonido
pueden producir sublimidad.‖74
En el capítulo quinto aparece el teniente William F. Kinderman, encargado de
investigar la muerte de Dennings. El detective acude a ver al padre Karras, al que
le informa de que este apareció muerto con la cabeza dada la vuelta mirando
hacia atrás, creyendo que el crimen está relacionado con la brujería, y, dado que
en la iglesia hubo una profanación anteriormente, cree que puede haber alguien
que él conozca capaz de cometer ambos crímenes. Lo que es paradójico es que el
detective, que se apega los razonamientos lógicos, encuentre lógico los temas de
la brujería.
74
BURKE, Edmund. Ob. Cit. P. 109.
75
hacer un hombre muy fuerte, no pensando que una muchacha, de solo 12 años y
enferma pudiera hacerlo.
Tras la marcha de Kinderman, Chris acude a la habitación de su hija tras escuchar
extrañas voces, encontrando al entrar en la habitación cosas volando mientras la
niña se clava un crucifijo en la vagina gritando con voz demoniaca "deja que Jesús
te folle", tras lo que golpea a su madre, haciendo que los muebles se muevan para
impedir al servicio entrar en la habitación.
Pazuzu al poseer el cuerpo de Regan, puede hacer con éste lo que desee.
Adviértase que se posee el cuerpo, mas no la mente. Regan sigue luchando
contra él. El cuerpo al ser la habitación del alma debe estar cuidado y lo más
pulcro posible. El cuerpo de Regan es virginal, no ha tenido contacto con el sexo
opuesto, tampoco ha sido mancillado con algún otro acto pecaminoso. Quizá por
esto la escena de la masturbación de Regan se hace muy trasgresora. La primera
trasgresión se da en la medida que una pequeña de once años se masturba con
un crucifijo delante de la madre. A pesar de que Chris, madre de Regan, sea una
mujer liberal, no deja de ser un acto en contra de la moral social, pues la
masturbación es un conocer del cuerpo a nivel personal. En ese mismo sentido, el
acto sólo se le muestra a la madre para mostrar el nivel de corrupción de un
cuerpo. La segunda trasgresión radica en el objeto con que se masturba y hace
daño con el crucifijo. La cruz no sólo es el símbolo que representa la muerte de
Jesús por los pecados del mundo, sino la salvación de las almas que están
contenidas en el cuerpo. El crucifijo, al volverse un objeto de fetiche sexual, se
rebaja su condición de objeto de salvación y se vuelve un objeto de condena moral.
La tercera transgresión, se da en el nivel corporal. El crucifijo lastima el cuerpo de
Regan. La cruz al perder todo su valor espiritual queda vacío de significado y
sentido para volverse un objeto cortopunzante con el cual Regan se corta las
piernas y se lacera su sexo.
76
La salvación ocurre como un milagro. La salvación sería el placer que se siente
después de esa pena vivida. En otras palabras, el milagro es un deleyte al
recuperar las sensaciones que otrora se sintieron.
Chris MacNeil desesperada, porque no ha obtenido respuestas claras por parte de
los médicos, acude al padre Karras, que se muestra escéptico, negando conocer
la existencia de los exorcismos, inclinándose a la búsqueda de respuestas en las
enfermedades mentales, confirmando así su fe por la ciencia. Con las dudas del
caso, accede a ver a la niña, a quien encuentra con un aspecto físico muy
deteriorado, estando llena de heridas auto infligidas y atada a la cama. Ante el
sacerdote, la niña habla con una voz masculina afirmando ser el demonio y
comienza un diálogo, que más que un dialogo normal es una emulación a las
tentaciones que le provoca el demonio a Jesús el Cristo.
77
Eres astuto como un zorro, Karras. ¡Si pudiera estar aquí Herodes para
disfrutar de esto!
—¿Qué Herodes? -preguntó Karras con los ojos entornados. ¿Hacía un
juego de palabras aludiendo a Cristo, que había llamado ―Zorro‖ a
Herodes?
-Hubo dos Herodes. ¿Te refieres al rey de Judea?
—¡Al tetrarca de Galilea! -espetó con furia y punzante desdén; luego,
bruscamente, volvió a sonreír y a hablar con voz siniestra-. ¿Ves cómo
me han alterado estas condenadas correas? Quítamelas y te adivinaré
el futuro.
—Muy tentador.
—Es mi fuerte.
—Pero ¿quién me asegura que ―puedes‖ adivinar el futuro?
—Soy el demonio.‖
Sin embargo, en el anterior pasaje las tentaciones se las provoca el padre Karras
al demonio, lo que le otorga a este último la fe de Jesús, convirtiendo a su vez la
falta de fe y la duda del sacerdote en un elemento de castigo.
En sus siguientes visitas Karras trata de establecer la veracidad de la posesión.
En una de esas visitas a ver a Regan le echa agua que dice que es bendita, ante
lo que la muchacha se retuerce diciendo que le quema, mientras habla en un
idioma desconocido, pese a que, según reconoce el propio Karras, el agua no
estaba realmente bendecida. Luego Chris le confiesa que su hija mató a Dennings.
Tras haber grabado su voz, Karras consulta con un experto que le indica que el
extraño idioma hablado por la niña era su propio idioma, pero hablado al revés. De
esta manera se llega al final del primer capítulo.
En el segundo capítulo de la tercera parte, el padre Karras sigue viajando a la
casa de los MacNeil. Una noche Sharon llama a Karras y le muestra el cuerpo de
la muchacha, observando que sobre su piel aparece escrito "ayuda‖. Todos estos
sucesos llevan a Karras a hablar con el obispo para decirle que desea hacer un
exorcismo, recomendándole este que lo haga otro sacerdote con más experiencia
que le acompañe, siendo propuesto para ello el padre Merrin, que está en Boston
y que tuvo en el pasado otra experiencia en África 10 años atrás.
78
3.4.5 La inexorable caída. El capítulo primero de la cuarta parte (que no lleva
nombre) comienza con la resolución de Kinderman por encontrar al responsable
de la muerte de Burke Dennings. Kinderman está convencido que la muerte del
director está relacionada con las profanaciones de la iglesia. En su búsqueda de la
verdad y en aras de no sonar tan esotérico, el detective hipotetiza varias
soluciones para el caso.
Luego aparece Merrin, quien desea empezar de inmediato. Así que manda a
Karras por lo necesario para el exorcismo. Comienza la sesión tratando de evitar
conversar con el demonio y de hacer caso a lo que sucede a su alrededor, como
los vómitos, insultos o como el hecho de que la cama comience a elevarse en el
aire le distraiga, aunque no puede hacer que Karras actúe tan fríamente cuando le
dice que es un mal hijo, pese haberlo advertido antes de la sesión.
En la escena ocurren situaciones dramáticas y horríficas. El ambiente se torna
gélido, mientras los muebles se mueven, las paredes se agrietan, los sacerdotes
son lanzados con fuerza una y otra vez, dejándolos son fuerza física, incluso
Regan gira su cabeza 360 grados, para más tarde levitar. Durante la sesión y
como un observador, junto a la niña aparece Pazuzu.
Durante un receso, y mientras Merrin descansa Karras se queda en la habitación
con Regan, primero la ver como si fuera Burke, luego como si fuera su madre,
quien trata de responsabilizarlo por su muerte. Al volver al cuarto, Merrin se da
cuenta de lo que sucede, le ordena salir. Merrin se enfrenta con el demonio, pero
debido a la edad y los sobresaltos el sacerdote fallece de un ataque al corazón.
―Dominado por la confusión, se encaminó a la cocina. Karl no
estaba. Sólo Chris. Sentada a la mesa mirando... ¿un álbum? Fotos.
Recortes de papel. No podía verle la cara, porque tenía la frente
apoyada en las manos.
—Perdón -dijo Karras suavemente-. ¿Está Karl en su dormitorio? Ella
negó con la cabeza.
—Ha salido a hacer un recado -murmuró con voz ronca, voz de llanto-.
Ahí tiene café, padre. Se filtrará en un minuto.
Cuando Karras miró el indicador luminoso de la cafetera eléctrica,
oyó que Chris se levantaba de la mesa, y, al volverse, la vio
salir apresuradamente, desviando la cara. Escuchó un tembloroso:
—Perdone.
79
Su vista se posó en el álbum. Se acercó a mirarlo. Instantáneas.
Una niñita. Sintiendo una aguda congoja, Karras se dio cuenta de que
aquélla era Regan: aquí, soplando velitas de un pastel de
cumpleaños: allí, sentada sobre un muelle del lago en ―shorts‖ y
camisola, haciendo un gesto alegre con el brazo ante la cámara. Tenía
una inscripción en la camisola:
―Campamento‖.. No pudo distinguirlo bien.
En la página contigua, una hoja de papel, pautado con lápiz y
regla, contenía un manuscrito de niño:
Si en vez de barro solamente, pudiera tomar las cosas más
bonitas, como un arco iris, o las nubes, o el canto de un pájaro, tal
vez entonces, queridísima mamá, si pudiera juntarlas todas, podría
hacer de veras una estatua tuya.
Y debajo de los versos: ―¡Te quiero! ¡Feliz día de la madre!‖ La firma,
escrita en lápiz, decía: ―Rags‖.
Karras cerró los ojos. No podía soportar aquello. Volvióse
cansinamente y esperó que se filtrara el café. Cabizbajo, se agarró al
mármol de la cocina y volvió a cerrar los ojos. ―¡Ciérrale la puerta!‖,
pensó. ―¡Ciérrale la puerta a todo!‖ Pero no podía, y mientras oía el
sordo ruido del café que se filtraba, las manos comenzaron a
temblarle, y la compasión creció hasta convertirse en ciega furia
contra la enfermedad y el dolor, contra el sufrimiento de los niños y
contra la monstruosa y ultrajante corrupción de la muerte.
―Si en vez de barro solamente‖ ...
La furia se agotó; ahora era pena e impotente frustración.
... ―las cosas más bonitas‖ ...
No podía esperar que se filtrara el café. Debía irse... debía hacer algo...
ayudar a alguien... intentar...
Salió de la cocina. Al pasar por el vestíbulo, miró hacia dentro.
Chris estaba en el sofá, llorando convulsivamente; Sharon la
consolaba. Él desvió la vista y se dirigió a la escalera; oyó que el
demonio injuriaba histéricamente a Merrin.‖
80
Dennings. En ese momento, Chris y Sharon suben a la habitación de Regan tras
escuchar el estrépito, a la niña llorando y pidiendo ayuda junto al cadáver de
Merrin, observando la ventana destrozada. Ante el estruendo formado los vecinos
se arremolinan junto a la escalinata, llegando también el padre Dyer que llega a
tiempo de administrarle los últimos sacramentos.
La tercera parte es la caída definitiva. Se podría pensar que es la caída del mal
sobre el bien. También se podría pensar que es la institucionalización del dogma
cristiano sobre la representación luciferina. Sin embargo, lo que sucede es todo lo
contrario. La victoria del mal no es haber salido del cuerpo de Regan, que
simboliza la ingenuidad; la victoria de Pazuzu se da también en tres niveles. La
primera victoria es la total destrucción de Merrin, sacerdote que representa la
sabiduría de la verdadera fe religiosa. La segunda victoria, el suicidio de Karras, al
no poder exorcizar a la pequeña Regan, lo que hace es, en medio de su
desesperación y poca fe, pedirle al demonio que lo posea para así lanzarse a la
ventana. La tercera victoria es sobre la Iglesia, institución que es una ramera o
puerca que lleva en sus raíces el mal.
81
Debido a estos orígenes, la búsqueda de toda idea opuesta al dogma divino era
considerada dañina para la espiritualidad del hombre. Así las creencias o la
información que acercara a luzbel o lucifer tenían un tinte condenatorio. Por tal
motivo, las creencias religiosas del género del horror satánico mantienen sus
poderes de invocación del miedo a través de la capacidad de conmocionar y
espantar a las personas de fe. Este género utiliza el miedo a lo sobrenatural, lo
inexplicado y miedo a la impotencia o como lo llama Lovecraft, el horror cósmico.
La sublimidad en El Exorcista se hace presente y el lector lo puede sentir (más en
la película) por la atmósfera que construye William Blatty en su novela. Desde un
comienzo la iconografía mostrada en Panzuzu como si fuese un ser corpóreo,
pero a su vez etéreo confronta al lector frente a una posible presencia. Los
sacerdotes temen al mal que habita en la casa de los MacNeil encarnada en el
cuerpo de Regan. La posesión sobrenatural y satánica no puede ser explicada o
entendida.
La habitación, que funciona como un continente, es un espacio vasto en el que la
impotencia de los personajes se manifiesta frente a la portentosa fuerza del
demonio. El frío de la habitación, quizá el mismo frío condenatorio que Dante
describe en el cogito infernal, es el de que describe Blatty y causa esa sensación
que paraliza, como hace el frío, los nervios. Todos los personajes que entran a
esa habitación se sienten así, casi al borde de la muerte.
Sin embargo, lo que más aterra a los receptores de la novela (recordando la
actividad de pensamiento de Longino) es que lo demoníaco es real, y la idea de
que las fuerzas sobrenaturales más allá de nuestro control puedan afectarnos,
incluso hacerse cargo de nuestros propios cuerpos. Éste es el punto clave de la
obra. Lo sublime no está en las formas grotescas que presenta la novela como la
diarrea, el vómito, los golpes o las voces chirriantes o guturales. El punto clave es
catequizar y concienciar a los seres humanos de que no son merecedores del
amor de Dios.
Dios como amor, como bondad y perdón nunca aparece. Su ser se queda
inclemente en las alturas, mientras el demonio ataca cada vez más y con más
82
fuerza hasta llevar a la muerte a los sacerdotes. La tierra es el paraíso del
demonio porque el hombre siempre le tuvo miedo a Dios.
CONCLUSIONES
83
La curiosidad es el primer estadio del miedo racional o sobrenatural. Ésta como
fenómeno estético es la que hace posible, no sólo la búsqueda de sensaciones
más fuertes y cercanas a la muerte, sino que la hace que todos los individuos
sientan la necesidad de aprender y aprehender de todos lo que la tierra da, así ello
lleve a la muerte o a un placer sublime.
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84