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Starlight First Duty Part One

"Starlight: First Duty" es una historia corta de Cavan Scott, ambientada durante la Era de la Alta República como parte de la iniciativa editorial Star Wars: La Alta República. La primera parte se publicó en Star Wars Insider 201 el 30 de marzo de 2021 y la segunda parte se publicó en Star Wars Insider 202 el 27 de abril.

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Starlight First Duty Part One

"Starlight: First Duty" es una historia corta de Cavan Scott, ambientada durante la Era de la Alta República como parte de la iniciativa editorial Star Wars: La Alta República. La primera parte se publicó en Star Wars Insider 201 el 30 de marzo de 2021 y la segunda parte se publicó en Star Wars Insider 202 el 27 de abril.

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Regresamos al Faro Starlight en la primera parte de un nuevo relato corto de

The High Republic historia del autor Cavan Scott.


Starlight
Primera tarea
(Primera parte)
Cavan Scott
Esta historia forma parte del Nuevo Canon.

Título original: Starlight: First Duty: Part One


Autor: Cavan Scott
Publicado originalmente en Star Wars Insider #201
Publicación del original: 17 marzo 2021

232 años antes de la batalla de Yavin

Traducción: Mario Tormo (para La Biblioteca del Templo Jedi)


Portada: Gavri-VA
Revisión: Bodo-Baas
Maquetación: Bodo-Baas
Versión 1.0
11.04.21
Base LSW v2.22
Star Wars: Starlight: Primera tarea: Parte uno

Declaración
Todo el trabajo de traducción, revisión y maquetación de este relato ha sido realizado por
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propiedad intelectual de Lucasfilm Limited.
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LSW 5
Cavan Scott

Dramatis personae
Velko Jahen – Administradora, soikana, mujer
Okana – Enfermera, ovissiana, mujer
Estala Maru – Jedi, kessuriano, hombre
Rodor Keen – Controlador, Jefe de Operaciones de la República en la estación, humano
Ghal Tarpfen – Jefa de Seguridad, mon calamari, mujer
Doctor Gino’le – Jefe de operaciones médicas de la estación, anacondan, hombre
Ceeril – Embajador de Rion, skembo, hombre

LSW 6
Star Wars: Starlight: Primera tarea: Parte uno

Respira, maldita sea. ¡Respira!

V elko Jahen agradecía que nadie pudiera escuchar la conversación que se


sucedía en su cabeza mientras la lanzadera salía del hiperespacio.
La espigada soikana de piel plateada había pasado gran parte de su vida en las
enfangadas trincheras de su planeta natal, esquivando disparos de blásters y evadiendo
droides remotos. Había pasado horrores que la acompañarían por siempre y demostrado
valentía sin igual, y con todo aquí estaba, una veterana del conflicto soikano, anonadada
por la imagen de una reluciente estación espacial.
Era, por descontado, la estación espacial más hermosa jamás creada, desde su
luminoso disco central hasta la majestuosa torreta Jedi coronada con la reluciente linterna
que daba nombre a la instalación: Faro Starlight.
Velko había estado viendo holos del Starlight, incluso estudió los esquemas, pero
nunca se había dado cuenta de lo mucho que la estación se parecía a un reluciente sable
de luz, girando firmemente, en la vasta extensión llena de estrellas que suponía la
frontera.
—Estás muy lejos de casa, Vel —se dijo en voz baja mientras el transbordador
pasaba a través de las enormes puertas del hangar. Por supuesto, poner tantos parsecs
entre ella y Soika había sido en gran parte el motivo para presentarse al cuerpo
administrativo de la República, y así huir de los fantasmas de su pasado. No. Eso no era
del todo cierto. Ella estaba aquí para servir a la República, y ¿dónde mejor que en lo que
era el símbolo de la luz y la esperanza en los márgenes de la galaxia conocida?
Eso no impidió que Velko se sorprendiera cuando se abrió la escotilla de la lanzadera.
Había mucha gente. Mucho ruido. Se agarró a la barandilla de seguridad, tratando de
centrarse, tal y como Dagni le había enseñado. Aunque el entorno no podía ser más
diferente al que ofrecía la batalla de Soika. Para empezar el olor era mejor, todo tan
nuevo y brillante. Su impecable uniforme de la República era más elegante que sus
antiguas ropas de insurgente. Su largo pelo blanco, generalmente anudado en una coleta,
ahora estaba recogido de manera inmaculada en un apretado moño triple que le había
llevado la mayor parte del día de ayer poder dominar. Y luego estaba la atmósfera. No el
aire en sí mismo, que era lo suficientemente fresco. No, era el sentimiento de emoción
que impregnaba el lugar, la sensación de que todo era posible.
—¡Administradora Jahen!
Velko se volvió al oír la voz. Una ovissiana de piel verde se abría paso a través de la
multitud, con una sonrisa casi tan ancha como los cuernos amarillos que salían de su
cabeza.
—Bienvenida a Starlight. El Controlador me pidió que viniera a buscarla.
Velko notó cómo se ponía firme ante el rango de Rodor Keen, fruto de su formación.
Incluso la Fuerza de Liberación Soika respetaba la cadena de mando.
—¿Está el Controlador en el centro de operaciones? —preguntó Velko.

LSW 7
Cavan Scott

La ovissiana rio con un contagioso trino.


—Eso quisiera. Está en el centro médico.
Los ojos de Velka se fijaron en la bata que su nueva compañera llevaba puesta, tan
impecable como las paredes del hangar.
—¿Se encuentra bien?
—Sí, por supuesto. La presión aún no ha podido con él. —La sonrisa de la ovissiana
vaciló un instante—. Eso no significa que no esté dando la talla en su trabajo.
Simplemente que… Bueno, lo verás cuando lleguemos allí.
Se adentraron apresuradamente hacia otro corredor igualmente atestado.
—Soy Okana, por cierto.
—Eres médico.
—Enfermera junior. Llevo aquí tres días. Parecen tres semanas.
—¿Tan mal está la situación?
—Oh, no. Para nada. Simplemente ha sido mucho. —Las mejillas de Okana se
tiñeron de esmeralda.
—Lo siento, no te estoy tranquilizando, ¿verdad? Mis formas atendiendo camas no
suelen ser tan malas, te lo prometo.
Velko mostró lo que esperaba que fuera una sonrisa tranquilizadora.
—Lo estás haciendo bien. Debo admitir que me siento un poco abrumada.
Entraron en un turboascensor que estaba parado y las puertas se cerraron suavemente
tras ellas. Okana apretó un botón y la cabina comenzó a moverse por el conducto.
—No te preocupes. Se pasa pronto, o eso me han dicho…

***
Si la plataforma del hangar había sido sobrecogedora, el centro médico del Starlight era
simplemente alucinante, especialmente para alguien cuya experiencia en instalaciones
médicas habían sido hospitales de campaña cubiertos de barro (y sólo la Fuerza sabe de
qué más). Velko nunca había visto tantos pacientes, ni siquiera en el apogeo de la
insurgencia. Okana la condujo a través de una sucesión aparentemente interminable de
salas impecables, personal médico y droides revoloteando de un paciente a otro. Vio a
amanin, elomin, boltrunianos y humanos mientras pasaban corriendo, incluso un par de
esbeltos hassarianos; uno acostado en un estabilizador de huesos y el otro suspendido en
un tanque de bacta, con un respirador de amoníaco sobre su largo hocico.
—Hay tantos.
—¿Pacientes o salas?
—Ambos. —No pudo evitar sorprenderse con los médicos, manteniendo la calma
ante tal sufrimiento—. ¿Son todos del Gran Desastre?
Okana asintió.
—¿Los Surgimientos? Si. ¿Puedes imaginártelo? En un minuto estás viviendo la vida
con normalidad y el siguiente están lloviendo escombros directamente desde el

LSW 8
Star Wars: Starlight: Primera tarea: Parte uno

hiperespacio. Los hospitales están atestados desde aquí hasta Vjun, si es que siguen
existiendo. Los peores casos los envían aquí, la operación habitual al parecer…
La ovissiana la llevó a través de un último par de puertas corredizas, casi chocando
con dos hombres que Velko reconoció por el informe que le habían enviado para leer
antes de su llegada. El kessuriano era el Maestro Jedi Estalu Maru, resplandeciente con su
atuendo de templo, y a su lado un astromecánico rechoncho naranja y blanco. El humano
era quien Velko esperaba que le diera la bienvenida en el hangar: Rodor Keen, jefe de
operaciones de la República en Starlight y su superior directo.
—Controlador —dijo, extendiendo una mano a modo de saludo—. Soy Velko
Jahen…
—Mi nueva ayudante —respondió Keen, y le devolvió el gesto con un apretón firme
pero nada hostil—. Me alegro de conocerla al fin.
Las connotaciones del comentario la tomaron por sorpresa.
—Vine tan pronto como recibí la comunicación, señor.
Keen levantó una mano en señal de disculpa.
—Y no quise ofender, Administradora —dijo—. Las cosas han estado un poco
agitadas aquí últimamente.
—Starlight está funcionando a pleno rendimiento —protestó Maru—. He estado
monitoreando cada departamento de manera constante.
—Con una eficiencia inquebrantable —confirmó Keen, haciendo obvia la tensión
entre los dos. Velko podía adivinar por qué. La estación era co-administrada por
funcionarios de la República y la Orden Jedi, un símbolo de la armonía entre las dos
grandes instituciones y, si nos guiamos por sus reputaciones, se sabía que tanto Keen
como Maru eran prácticos. No era necesario tener poderes empáticos para sentir la
frustración de Keen mientras el Jedi continuaba, aparentemente ajeno al efecto que
estaban teniendo sus palabras:
—De hecho, he identificado ciento setenta y tres mejoras que se podrían hacer, desde
la sección de ingeniería de Cah Norne hasta los protocolos de seguridad de la estación.
—¿Mejoras? Me gustaría escucharlas.
Todas las miradas se volvieron hacia la mon calamari que estaba observando desde
una habitación cercana. Vestida con un uniforme de seguridad, con un bláster enfundado
colgando de su cadera, se movía como un targon enjaulado.
—Ah, Jefa Tarpfen —dijo Maru—, tenía la intención de repasar mis propuestas con
usted. No debería tomarnos mucho tiempo. Sólo una hora o dos.
La mon cala cruzó sus musculosos brazos.
—¿Eso es todo?
—Administradora, le presento a nuestra Jefa de Seguridad, Ghal Tarpfen. Es una
recién llegada, como usted.
La mon calamari apenas le dedicó un saludo, estaba concentrada en Keen.

LSW 9
Cavan Scott

—Controlador, toda esta sección es un incidente diplomático a punto de


desencadenarse. Tenemos pacientes de territorios en guerra uno al lado del otro, sin saber
qué le hará el uno al otro en cuanto recuperen la conciencia.
—Desafortunadamente, el Gran Desastre prestó poca atención a las fronteras políticas
—dijo Maru, mostrando un dominio del sarcasmo que sorprendió a Velko—. Pero es por
eso para lo que estamos aquí, para aliviar las tensiones que puedan surgir.
Tras él, un astromecánico emitió un sonido de alarma.
—Kace-setentayocho tiene razón, Maru. Tú y yo tenemos tareas pendientes de
realizar en otra parte —le recordó Keen al kessuriano antes de agregar un apresurado—:
por separado.
Como respuesta, Maru sacó un datapad de su túnica.
—Tonterías. Puedo monitorear las operaciones tan fácilmente como lo haría en el
centro, y si la mariscal Kriss me requiere…
—No es necesario —interrumpió Keen, hablando antes de que Tarpfen pudiera
provocar su propio incidente diplomático—. A fin de cuentas tenemos a la
Administradora Jahen…
—¿Yo? —dijo Velko, deseando instantáneamente que su voz no hubiera sonado con
un chillido—. Pero creía que ¿trabajaría contigo?
¡Por el sable de un Jedi! ¿Podría haber sonado más necesitada?
Keen ya estaba caminando hacia la puerta.
—No te preocupes, pronto te cansarás de verme. La Jefa le explicará lo que debe
hacer. ¿Maru?
El Jedi no mostró signos de seguir a su homólogo de la República, no hasta que KC-
78 le dio un nada sutil empujón.
—Sí, sí, gracias amigo mío —murmuró el Jedi mientras se dejaba guiar fuera de la
sala—. Espero con ansia nuestra pequeña charla, Jefa Tarpfen. Que la Fuerza le
acompañe.
—La necesitaré —murmuró la mon cala, mirando con el ceño fruncido como se
alejaba el kessuriano.
—No es como yo esperaba —aventuró Velko con una sonrisa, recibiendo en
respuesta una mirada lo suficientemente fría como para congelar lava.
—Eres soikana. ¿Una soldado?
—Solía serlo.
—¿Como parte de la Unión Livtak?
—No. Luché para la Alianza Gagic.
Tarpfen frunció el ceño, estudiando las escamas plateadas que se alineaban en los
afilados pómulos de Velko y los ojos lilas que compartía con el resto del clan Jahen.
—Lo siento. Pensé que, simplemente por tu color de…
—Mi padre era Livtak, pero mi madre era Gagic.
—Debe haber sido complicado.

LSW 10
Star Wars: Starlight: Primera tarea: Parte uno

—Realmente no. Padre desertó tan pronto como se dio cuenta de lo que estaban
planeando los Livtak. —Velko juntó las manos deseando cambiar de tema—. Entonces,
¿dónde me necesitas?
Echó un vistazo alrededor de la sala y agradeció la cálida sonrisa que recibió de
Okana. La enfermera junior estaba ayudando a un anacondan que Velko reconoció por
sus archivos como el Doctor Gino’le, el jefe de operaciones médicas de la estación, un
cirujano brillante que había injertado extremidades cibernéticas en su cuerpo de serpiente
para cuidar mejor a sus pacientes. En este momento, le estaba administrando medicinas a
un medosleano tumbado. El enorme ser, parecido a una medusa, se extendía no sobre
uno, sino sobre dos catres de trauma.
—Puedes empezar por ahí —dijo Tarpfen, apuntando con su pulgar membranoso a la
habitación tras ella—. Buena suerte.
—¿Con qué?
—Ya lo verás.
El jefe pasó rozándola en dirección a un cubículo en el lado opuesto de la sala,
dejando a Velko donde estaba.
—Perfecto. Excelente. Me encargaré entonces.
Mordiéndose el labio, Velko se volvió y se apresuró a entrar en la habitación
encontrando a un skembo de rostro áspero acostado en una camilla médica, con sus dos
cortas piernas magna-escayoladas. A su lado había un impresionante droide
guardaespaldas, con cada uno de sus cuatro brazos equipados con un blaster montado
sobre un conjunto de tenazas de aspecto igualmente mortal.
—¿Quién eres? —Exigió el skembo con una voz como si estuvieran haciendo
gárgaras con rockrete.
—Mi nombre es Velko Jahen —respondió, aún sin saber lo que se suponía que debía
hacer. Se dirigió hacia la cama, deteniéndose bruscamente cuando el paciente de piel
rocosa chilló alarmado.
—Se supone que debes esperar junto a la puerta.
—¿Junto a la puerta?
—Sí. Para protegerla.
Velko se desplazó nerviosamente, muy consciente de que el guardaespaldas la estaba
mirando con su único fotorreceptor brillante.
—Creo que ha habido un error. No soy un guardia. Iré a buscar…
—¡No! —gritó el skembo, alargando su extensa lengua para coger una uva del cuenco
de la mesilla anexa a la cama—. Me prometieron un guardia en todo momento y, sin
embargo, me han dejado solo durante horas.
—Tiene su droide —señaló Velko, limpiándose de la mejilla una pepita de uva que le
había salpicado desde la otra parte de la habitación.
—¡Pero me hicieron drenar el gas de sus blásters! No se permiten armas en la sala, a
menos que seas personal de Starlight. —Sus ojos amarillos se posaron rápidamente en su
cintura—. Tú tienes un bláster ¿no?

LSW 11
Cavan Scott

Velko separó las manos a modo de disculpa.


—Me temo que no. Solo soy una ayudante y…
El skembo no la dejó terminar.
—Esto es intolerable. ¿No sabes quién soy? —Al menos la salvó de volver a
sonrojarse por tener que responder dándole la solución él mismo—. ¿Ceeril? ¿Embajador
de Rion?
—Ah, sí, por supuesto —dijo, como si eso lo explicase todo.
—Se me prometió protección cuando me trajeron aquí. Hay hassarianos en el centro
médico. Los he visto con mis propios ojos.
Al menos eso aclaraba las cosas. Los hassarianos y los skembo habían sido rivales
durante siglos, aunque ninguno de los hassarianos de color lila con los que se había
topado antes podrían suponer algún tipo de amenaza en su condición.
Velko estaba a punto de tratar de calmar los temores del embajador cuando sonó un
estruendo procedente del pabellón exterior, seguido de una sirena ensordecedora.
—¿Y ahora qué está pasando? —gritó Ceeril mientras Velko salía por la puerta.
—Voy a ver.
—¡No! No me dejes —gritó el embajador—. ¡Se supone que no se me debe dejar
solo! ¿Qué pasa con los hassarianos?
Pero la amenaza hassariana, real o imaginaria, era la menor de las preocupaciones de
Velko. Delante de ella, el medosleano se había levantado de su cama repulsora, y tenía
sus extremidades alrededor del cuello tanto de Okana como del serpenteante cirujano.
Tarpfen ya estaba abalanzándose hacia adelante, con su bláster desabrochado.
—No dispare —gritó Gino’le antes de que el jefe de seguridad pudiera disparar—.
Está teniendo una reacción al tratamiento. No sabe lo que hace.
—Necesitamos estabilizarlo —gruñó Okana con una voz casi irreconocible mientras
señalaba violentamente hacia el suelo.
Los ojos de Velko se detuvieron en una jeringuilla que yacía fuera del alcance de los
médicos.
—La aguja, ¡ahí!
—La veo —dijo Tarpfen, abalanzándose hacia el antídoto mientras el gigantesco
paciente convulsionaba. Un tentáculo salió disparado y golpeó a la mon cal en la cabeza.
Voló hacia atrás, con su cráneo impactando bruscamente contra una camilla médica
cercana.
Velko no se detuvo a ver cómo estaba la jefa, ni siquiera cuando Tarpfen cayó al
suelo. Con una extremidad extendiéndose hacia ella, Velko corrió hacia adelante,
dejándose caer por debajo del tentáculo para recoger la inyección al pasar. Tratando de
no pensar en el horrible traqueteo que emanaba de la garganta de Okana, rodó hacia
arriba y clavó la jeringuilla en la coronilla del medosleano, presionando el émbolo. La
cánula emitió un silbido y el medosleano se destensó. Su cuerpo rígido se desinfló como
un globo y los tentáculos se aflojaron alrededor del cuello de los médicos.
—Gracias —jadeó Okana, liberándose y mirando a Gino’le—. ¿Está bien Doctor?

LSW 12
Star Wars: Starlight: Primera tarea: Parte uno

—Muy bien, Enfermera —dijo la serpiente, examinando a su paciente, que roncaba


levemente a través de su vocoder.
Velko se apresuró hacia Tarpfen, que estaba intentando usar el extremo de la camilla
médica para incorporarse.
—Guau —dijo, mientras la mon cala se inclinaba hacia adelante—. Eso sí que fue un
buen golpe.
—Y una buena voltereta por tu parte —reconoció Tarpfen, agarrando los brazos de
Velko para estabilizarse. Velko se permitió disfrutar del cumplido mientras el doctor
Gino’le se acercaba corriendo, con las piernas de metal repiqueteando en la cubierta.
—Oh querida, querida, querida —gruñó, apuntando el flash de un sensor médico a los
ojos de Tarpfen—. Una conmoción cerebral de nivel nueve si no me equivoco. Vas a
necesitar algo de tiempo en un rejuvenecedor, Jefa.
—Demasiado trabajo por hacer —arrastraba las palabras Tarpfen, tratando de pararse
sobre sus propios pies con poco éxito—. Cuentan conmigo.
—Oye —dijo Velko—, puedo ocuparme de todo por aquí. Incluso del embajador
Ceeril. Gracias por eso, por cierto. Es… bastante especial.
Tarpfen ofreció una sonrisa como de boxeador noqueado, aunque Velko creyó que
era genuina, que se desvaneció en cuanto se escuchó un grito. Antes de que ninguno de
ellos pudiera detenerla, la jefa había empujado a Gino’le a un lado y se tambaleaba hacia
la habitación de Ceeril, donde una paciente rodiana miraba estupefacta a través de la
puerta, con una mano tapándole la boca.
Tarpfen tropezó cuando alcanzó el umbral de la puerta, pero Velko la atrapó.
—Tranquila ahora.
—No pierdas el tiempo preocupándote por mí. Preocúpate por él.
Velko echó un vistazo y tragó saliva. El guardaespaldas del embajador estaba tirado
en el suelo, había un enorme agujero donde debería estar su cabeza, pero eso no era lo
peor.
El propio Ceeril estaba tirado sobre la cama, con la cabeza hacia atrás y la boca
abierta, y una columna giratoria de humo que salía de la herida de láser en el centro de su
pecho.

CONTINUARÁ…

LSW 13
Cavan Scott

El siguiente número de la revista Insider, el 202, que está previsto para finales de mes
nos traerá la conclusión de este relato. Si os habéis quedado con ganas, os recordamos
que los dos anteriores relatos, que forman parte de una misma historia, los tenéis ya
traducidos: Starlight: Vamos Juntos.

LSW 14

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