Surge el imperialismo de Estados Unidos
Las condiciones que alcanzó Estados Unidos en la última década del siglo XIX y la primera década del siglo XX
propiciaron que esa nación se consolidara como potencia mundial.
Tales condiciones fueron:
Exitoso desarrollo agrícola e industrial. La Revolución Industrial dejó como saldo una elevada oferta de
productos que demandaban nuevos mercados.
Inversión en una armada naval. Estados Unidos tomó conciencia de la necesidad de proteger sus costas.
En consecuencia, invirtió en buques de guerra. Esos barcos fueron distribuidos en sitios estratégicos del
orbe, lo que permitía defender, con facilidad, su territorio o lugares de su interés en cualquier posición del
planeta.
Algunos de los barcos de guerra que Estados Unidos utilizó desde finales del siglo XIX fueron Maine, Texas, Indiana,
Massachussets, Lowa y Wisconsin.
Adquisición de territorios en el Pacífico. A fin de mantener influencia en Asia, Estados Unidos adquirió
territorios como Hawái (1898) e instaló bases navales en lo que hoy se conoce como Samoa
Estadounidense.
Reactivación de la doctrina Monroe y del destino manifiesto. Los gobernantes de la época difundieron la
autopercepción de superioridad y se hizo énfasis en la misión de Estados Unidos de civilizar otros pueblos.
Además, se reforzó la noción de impedir a las potencias europeas que se involucraran en el continente
americano.
Otro aspecto que contribuyó con el imperialismo estadounidense fue el pensamiento político de su presidente,
Teodoro Roosevelt. Según sus ideas, Estados Unidos era una potencia y debía comunicar esa hegemonía al resto del
mundo. Por ello, en 1903, emitió la política conocida como “gran garrote”. En ella establecía el proceder de Estados
Unidos hacia las naciones vecinas (América Latina); su posición se resumía en la siguiente frase: “Habla suavemente,
lleva un gran garrote y llegarás muy lejos”.
En 1904 añadió, a la doctrina Monroe, el corolario Roosevelt. El corolario decía: “Una nación que se comporta bien
social y políticamente no debe temer ninguna interferencia por parte de Estados Unidos. Una mala conducta crónica
o la ausencia de orden [en un país] puede causar la intervención en estos sitios de los Estados civilizados, en apego a
la doctrina Monroe. En esos casos, Estados Unidos actúa como una potencia policiaca internacional”.
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Teodoro Roosevelt era el vicepresidente de William McKinley y lo sustituyó cuando fue asesinado, en 1901. Roosevelt es, hasta la
fecha, la persona más joven que ha ocupado el cargo de presidente de Estados Unidos. Tenía 42 años.
Esos argumentos políticos justificaron la intervención de Estados Unidos en diversos países de Latinoamérica con el
fin, según su posición, de establecer el orden político o económico. A inicios del siglo XX, esa situación ocurrió en:
Venezuela. El país tenía deudas con Alemania e Inglaterra que reclamaban su retribución, pero el presidente
Cipriano Castro se negó a pagar. En respuesta, los europeos establecieron un bloqueo naval en los puertos
venezolanos (1902). Estados Unidos sirvió como mediador en el conflicto y en febrero de 1903 se levantó el
bloqueo. En 1908, los estadounidenses apoyaron una conspiración contra el presidente Castro, por lo que
llegaron a la costa venezolana en barcos de guerra.
República Dominicana. Esa nación te nía una elevada deuda externa y, para solucionar el problema, sus
gobernantes permitieron, en 1905, que Estados Unidos nombrara un funcionario en su aduana nacional. Este
distribuía un 55 por ciento de los ingresos para el pago de la deuda externa, y el restante 45 por ciento para
los gastos de la República. En poco tiempo, Estados Unidos controlaba el comercio, el transporte de
pasajeros, la producción de azúcar y, en gran medida, la política estatal.
Nicaragua. En 1905, el presidente José Santos Zelaya estableció un gobierno dictatorial que derrocó una
revuelta conservadora apoyada por los estadounidenses. En 1909, el conflicto entre conservadores y liberales
se hizo insostenible, por lo que desembarcaron marines en el Caribe nicaragüense; esto provocó la renuncia de
Zelaya. Además, en 1912, el presidente Adolfo Díaz solicitó la ayuda de Estados Unidos para controlar a la
nación centroamericana. En consecuencia, desembarcaron 2700 marines en el país. Esa ocupación se mantuvo,
con algunas interrupciones, hasta 1933.
Haití. El país se hallaba endeudado por recurrir, con frecuencia, a préstamos internacionales. En 1915, Estados
Unidos compró acciones del Banco Nacional de Haití, entidad que recibía y guardaba los ingresos de las
aduanas nacionales; así, de manera indirecta, Estados Unidos controló los ingresos de Haití. En julio de 1915,
desembarcaron en la isla dos regimientos de marines; su objetivo era asegurar la instalación en el poder de
Phillipe Sudré Dartiguenave, quien se encargó de desarrollar una política favorable a los intereses de Estados
Unidos. La presencia estadounidense en ese país caribeño se prolongó hasta 1934.
IMPORTANTE: A partir de ese año, el presidente de Estados Unidos, William H. Taft, promovió una nueva política exterior,
ideada por Teodoro Roosevelt, conocida como la diplomacia del dólar. Esta consistía en comprar a los países europeos las
deudas de las naciones latinoamericanas para, de esa forma, controlar su desarrollo económico y político según los intereses de
los estadounidenses.
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EL CASO CUBANO:
Los cubanos procuraban independizarse de España desde 1868 cuando se libró la guerra de los Diez Años. No
obstante, el levantamiento no dio el resultado esperado.
En 1895, el tenso ambiente en la isla provocó una nueva guerra. El movimiento se planeó como una revuelta
simultánea en diversos lugares. Sin embargo, la rebelión fue controlada por las fuerzas realistas en ciertos sitios. En
otros, especialmente en el occidente del territorio, el motín ganó espacios.
La guerra se volvió muy violenta, y el gobierno español reaccionó agrupando a los civiles en algunos poblados y
confiscando sus bienes. El establecimiento de esas reducciones, donde la población sufrió tratos inhumanos, pretendía
presionar a los revolucionarios del occidente para que se rindieran.
Por su parte, el ambiente en Estados Unidos también estaba agitado, pues los intereses comerciales de este país en la
isla fueron muy perjudicados con la guerra. Muchas plantaciones de azúcar propiedad de estadounidenses fueron
destruidas, por lo que el comercio bajó considerablemente.
A pesar de lo anterior, el gobierno estadounidense declaró, al inicio del conflicto, su neutralidad. Sin embargo, luego se
dio a conocer que en realidad Estados Unidos dialogaba secretamente con España para comprar la
isla. El negocio no fructificó y pronto, los estadounidenses cambiaron su discurso.
A principios de 1898, el cónsul de Estados Unidos en Cuba solicitó un barco de guerra para proteger los intereses de
los estadounidenses en la isla. Acto seguido, arribó el barco Maine, aunque no hubo desembarco. Ese navío estalló y
provocó la muerte de sus tripulantes. Aun cuando las circunstancias no estaban claras, ese acontecimiento precipitó la
entrada de Estados Unidos en el conflicto.
En abril de 1898 Estados Unidos realizó la declaratoria de guerra y entró con todo su poderío en Cuba; en agosto se
firmó el armisticio. Los estadounidenses aprovecharon el conflicto de Cuba y atacaron otras posesiones españolas
(Puerto Rico y Filipinas).
Con la firma del Tratado de París, en 1898, España perdió sus últimas colonias; Estados Unidos obtuvo derechos sobre
los territorios recién liberados y se inauguró como potencia imperialista. Al finalizar la guerra, el gobierno
estadounidense estableció la ocupación militar en Cuba, al mando de John R. Brooke.
El 21 de febrero de 1901 se promulgó la Constitución Política de Cuba; documento que incluyó la controversial
enmienda Platt. Dicha normativa contenía disposiciones que respaldaban el derecho de Estados Unidos a intervenir
militarmente en la isla. Algunos de los puntos eran:
El gobierno de Cuba permitirá la intervención militar de Estados Unidos, en caso de que la independencia de la
isla se vea afectada, o si la población y sus propiedades corren algún peligro.
El gobierno cubano venderá o arrendará a Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones
navales en ciertos puntos de su territorio, con el fin de que Estados Unidos pueda proteger la independencia de
Cuba, así como al pueblo cubano.
Otra consecuencia de la presencia estadounidense en Cuba fue el establecimiento de tarifas preferenciales para sus
productos. Esa medida generó grandes ganancias a Estados Unidos, no así para Cuba, pues la tarifa preferencial no se
aplicó en ambos sentidos.
La presencia de Estados Unidos en la isla también atrajo una gran inversión de capital. Eso se reflejó en la mejora de
los servicios públicos, el auge de la producción agrícola, en particular la de caña de azúcar, y la minería; además, en la
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construcción de vías de comunicación y en el transporte, como el ferrocarril.