1.
CONOCIMIENTO, CIENCIA Y EPISTEMOLOGÍA
Esther Díaz
En nuestra cultura, la idea misma de tratar a la ciencia como una realidad cultural, comparable a las
demás realidades culturales, tropieza conjuertes resistencias. Hay quienes se sienten molestos y a veces
aun escandalizados por todo lo que se arriesga al poner en duda el carácter sagrado de la ciencia. Pierre
Thuillier, El saber ventrílocuo
El conocimiento es una manera de relacionarse con la realidad, u n modo de interpretarla, de dar cuenta
de ella. Se expresa en proposiciones que describen objetos o estados de cosas que existen, que existieron
o que podrían existir. Es decir que el conocimiento describe, explica y predice. Porque quien puede
describir un hecho y explicar de qué manera ocurre puede al mismo tiempo predecir bajo qué condiciones
se podría producir un hecho similar en el futuro, o retrodecir cómo se habrá producido en el pasado.
Describir es enunciar las características de un objeto u estado de cosas, explicar es relacionar los motivos
que producen o permiten un hecho, predecir es anticipar un hecho antes de que se produzca, y retrodecir
es explicar cómo ocurrió. Por ejemplo, un campesino describe las particularidades de ciertas tormentas
que le tocó vivir, después establece relaciones entre la temperatura, la densidad de las nubes, la violencia
del viento y la agitación de los animales en los minutos previos a aquellas tormentas. Finalmente, predice
que dadas las condiciones (meteorológicas) reinantes, en ese momento, se está por desatar una tormenta
similar a las que él experimentó anteriormente. Éste es u n ejemplo de conocimiento de sentido común. Si
se traslada el ejemplo de Ja tormenta al dominio del conocimiento científico los pasos parecen similares:
u n experto describe las características de las tormentas que suelen producirse en determinada época del
año, luego explica las causas que provocan ese tipo de tormenta y, por último, predice que, dadas las
actuales condiciones meteorológicas, en pocas horas más se producirá una tormenta semejante a las
descriptas. Ahora bien, en principio, los dos tipos de conocimiento tienen cierta similitud. Pero en
realidad difieren en varios sentidos. Una de las diferencias fundamentales es el modo de legitimación de
cada uno de esos saberes. Todo conocimiento requiere cierta legalidad que lo haga creíble y confiable.
Necesita alguna instancia que lo garantice. En las prácticas cotidianas se suelen validar los conocimientos
apelando a la experiencia propia o ajena. En las distintas prácticas profesionales, los conocimientos se
legitiman por medio de títulos habilitantes. En cambio, en el conocimiento científico la legalidad
proviene fundamentalmente de la precisión y de la coherencia de las proposiciones, asícomo de la
contrastacion entre lo que enuncian esas proposiciones y la realidad empírica a la que se refieren. Este
segundo requisito no siempre logra cumplirse plenamente. No obstante, si u n conocimiento aspira a ser
científico, debe aspirar también a alguna clase de contrastacion empírica. Resulta evidente que tal
requisito no es exigible para las ciencias formales (pues su objeto de estudio no es empírico) ni para
buena parte de las ciencias sociales y de algunos desarrollos contemporáneos de las ciencias naturales,
donde suelen darse imposibilidades éticas o materiales de validación empírica.
1. CONOCIMIENTO DE SENTIDO COMÚN Y CONOCIMIENTO CIENTÍFICO
La adquisición de conocimientos confiables acerca de muchos aspectos de la realidad comenzó con la
especie humana y, en cierto modo, recomienza con cada vida humana. En alguna medida, en cada nueva
generación y en cada nuevo ser se repite la historia de la especie. Es decir, cada individuo se ingenia para
asegurarse las habilidades e información adecuadas para sobrevivir, desarrollarse y relacionarse con el
medio y con otros individuos. Los testimonios arqueológicos dan cuenta de que los seres humanos,
anteriormente a cualquier vestigio de conocimiento científico, ya manejaban gran cantidad de
información acerca de su medio natural, de las sustancias alimentarias, de la manera de convertir materias
primas en refugios, vestidos o utensilios. Además, desde el conocimiento cotidiano (o vulgar, o de sentido
común) produjeron fuego, se procuraron medios de transporte y de comunicación. Aprendieron incluso a
gobernarse, a desarrollar estrategias guerreras y a construir relatos con los que interpretaban los misterios
del cielo y de la tierra.
En esos relatos el hombre arcaico divinizaba las fuerzas de la naturaleza. El viento, la lluvia, los ríos, las
estrellas, el frío, el calor y los demás fenómenos naturales eran dioses o efectos producidos por los dioses.
El hombre, entonces, se relacionaba con el mundo desde los esquemas de un pensamiento mítico. Recién
en el siglo vil a. de C. se comenzó a constituir el pensamiento racional. En ese momento aparecieron, en
distintas regiones de Grecia, algunos pensadores que intentaron dar respuestas no míticas a los enigmas
de la naturaleza. Entonces se dejó de apelar a las fuerzas sobrenaturales para explicar los fenómenos. Se
comenzaron a establecer las bases de nuestra actual racionalidad. Es verdad que hasta la modernidad no
hubo ciencia, en el sentido actual del término. Pero también es cierto que la condición de posibilidad de la
ciencia moderna fue la conformación histórica del pensamiento racional. Pero si bien la ciencia responde
al pensamiento racional, no todo pensamiento racional es científico. La filosofía, por ejemplo, es una
disciplina racional, aunque no es ciencia. En la vida cotidiana tratamos de pensar racionalmente, aunque
no siempre lo hacemos según las reglas del conocimiento científico, cuya racionalidad está
específicamente delimitada por ciertos parámetros preestablecidos. El conocimiento propio de la ciencia
es riguroso, pero limitado. Sus propias exigencias internas lo restringen. Es disciplinado y preciso, pero
no puede dar cuenta de la multiplicidad de la existencia. Porque atiende fundamentalmente a los aspectos
cuantificables y medibles del mundo. El conocimiento científico se caracteriza por ser: 1. descriptivo,
explicativo y predictivo, 2. crítico-analítico, 3. metódico y sistemático, 4. controlable, 5. unificado, 6.
lógicamente consistente, 7. comunicable por medio de un lenguaje preciso, 8. objetivo, 9. provisorio.
1. Descriptivo, explicativo y predictivo. El conocimiento común del hombre arcaico le permitía saber, por
ejemplo, que ciertos cuerpos (piedras, troncos o animales muertos) no podían ser arrastrados por u n solo
hombre, pero sí por varios. No obstante, el conocimiento común ignoraba los motivos de ese hecho. A
veces se buscaban explicaciones. Pero las respuestas eran quiméricas (por ejemplo, "un dios lo quiso así")
o animistas ("esa piedra «desea» ser arrastrada por varios hombres"). Por otra parte, el manejo del
lenguaje articulado posibilitaba describir los hechos, aunque del modo que se acostumbra describir
comúnmente; es decir, sin exigencia de precisión y con apreciaciones valorativas. El conocimiento
científico, en cambio, describe con exactitud y trata de abstenerse de juicios de valor. Deduce sus
explicaciones a partir de un sistema de leyes. Por ejemplo, para dar cuenta de u n hecho como el recién
mencionado (arrastrar cuerpos) se apelaría a las leyes de la mecánica newtoniana. Por otra parte, si se
realizaran las mediciones y los cálculos pertinentes, se podría llegar a determinar incluso cuántos hombres
serían necesarios para el traslado del cuerpo en cuestión. 2. Crítico-analítico. El conocimiento científico
se caracteriza por la crítica y el análisis. Analizar es separar distintos elementos de una totalidad
estudiada, y criticar es examinarlos detenidamente a la luz de argumentos racionales. El conocimiento
científico explícita entonces los fundamentos de sus afirmaciones por medio del análisis, la interpretación
y el juicio. De este modo, no solamente es crítico de sí mismo, sino que se expone a la crítica externa.
Permite así que cualquier persona que maneje la información pertinente pueda poner a prueba lo
enunciado. El conocimiento cotidiano también puede ser crítico. Pero la crítica suele no ser rigurosa y
resultar así inapropiada. Por ejemplo, en Chile, a fines de 1970, se registraron altos índices de
desocupación. Diez años más tarde, esos índices se redujeron sensiblemente. Desde una opinión
apresurada se podría considerar que en ese país hubo una admirable mejora laboral. Sin embargo, los
estudios crítico-analíticos de los economistas políticos demuestran que, si bien es cierto que en Chile bajó
el desempleo, también es cierto que bajó la calidad del empleo. Hay más gente ocupada, pero sin
garantías de estabilidad laboral, con bajos sueldos y asistencia social precaria (o sin ella). 3. Metódico y
sistemático. "Método" etimológicamente significa "camino para llegar a una meta". En un sentido más
amplio, el método es la sucesión de instancias que se cumplen para alcanzar u n objetivo. El conocimiento
común utiliza diversos métodos para obtener distintos fines. Las revistas del corazón, por ejemplo,
proponen "métodos para adelgazar" o "para broncearse" o "para cocinar". Pero esos métodos suelen ser
aleatorios y circunstanciales. El método científico, por el contrario, sigue procedimientos que responden a
una estructura lógica previa. Se trata de un sistema de relaciones entre hipótesis y derivaciones empíricas
organizadas y clasificadas sobre la base de principios explicativos. Por lo tanto, los métodos científicos se
articulan sistemáticamente en las estructuras de las teorías científicas. Es decir, cumpliendo cierto orden e
integrándose a la totalidad de la propuesta teórica. 4. Controlable. A veces, las personas que ven luces
extrañas en una ruta oscura y solitaria aseguran haber divisado platos voladores. Eso turma parte del
conocimiento cotidiano, una de cuyas características es -justamente- no ser controlable. Es decir, no
establecer parámetros que permitan verificar sus afirmaciones o refutarlas. En el ejemplo propuesto, es
evidente que se trata de hechos aislados, sin posibilidad de ser insertados en un sistema idóneo de
comprensión y con pocas posibilidades de validación empírica (excepto alguna foto o filmación). En el
proceso del conocimiento científico las cosas parecen ocurrir de distinta manera. Las proposiciones
científicas son controlables por elementos de juicio fácticos. Por ejemplo, en la época en que se conocían
sólo siete planetas, se observó que el séptimo -Urano- se desplazaba de una manera anómala respecto de
lo que debería ser su órbita. Algunos investigadores explicaban el fenómeno por la probable presencia de
u n octavo planeta. Este supuesto era controlable, pues con la información y la tecnología adecuada sería
posible corroborar o rechazar la hipótesis, como ocurrió realmente cuando se orientó convenientemente u
n telescopio y se confirmó la presencia de u n planeta hasta entonces desconocido: Neptuno. 5. Unificado.
El sentido común no busca principios generales que den cuenta de todas y cada una de las afirmaciones
acerca de la realidad. No ocurre lo mismo con las ciencias, donde se busca cierta unificación de los
conocimientos. La unificación a veces toma la forma de un sistema deductivo. Y puede darse el caso de
que unos pocos principios basten para demostrar varios fenómenos, como en la explicación del
movimiento mecánico de la física newtoniana. Es verdad que actualmente el conflicto entre las teorías
tradicionales y los nuevos paradigmas científicos ha dejado un tanto desactualizado el ideal científico
moderno de explicar la mayor cantidad de fenómenos con la menor cantidad de leyes posible. No
obstante, sigue vigente la idea de que los saberes deben unificarse dentro de cada disciplina científica. Se
trata, en esencia, de manejar un mismo sistema de signos, de acordar cierto tipo de métodos y de
consensuar significados. (>. Lácticamente consistente. La física matemática se estableció bajo el ideal (le
ui ía sistematización lógica rigurosa. Todas las proposiciones de la ciencia debían ser formalizables. Esto
es, pasibles de ser traducidas a relaciones ciilrc signos vacíos de contenido (abstracciones de lo empírico).
En la i Modernidad temprana, se llegó a proyectar una matematización universal de la naturaleza. Y no
sólo de la naturaleza, también del espíritu. Baruch de Spinoza (1632-1677) escribió su obra máxima -La
ética- "al modo matemático". La fe en el "modo matemático" de conocer era tan fuerte que cualquier
análisis teórico que se pretendiera sólido debía responder al método formal para aspirar a ser reconocido
en la episteme de su época. I loy se acepta que no todas las proposiciones de la ciencia son formalizuhh's.
Pero se sigue exigiendo rigor lógico. No ya en el sentido de formalización absoluta, sino de coherencia
interna y validación empírica de las teorías. 7. Comunicable por medio de un lenguaje preciso. El
lenguaje corriente describe, valora, expresa sentimientos, creencias y opiniones. Además, los términos del
lenguaje ordinario suelen ser vagos, en el sentido de que lo designado no está claramente determinado
(por ejemplo, "mucho", "poco", "viejo"). Y a veces son también ambiguos; esto sucede cuando los
términos tienen más de u n significado ("vela", "banco", "banda"). El lenguaje científico, por el contrario,
busca comunicar eliminando la ambigüedad, es preciso. Asimismo, se propone eludir la vaguedad y ser
unívoco. Trata también de no valorar, es neutro. Y pretende informar. A estos postulados tradicionales del
lenguaje científico se agrega otro, relativamente nuevo, pero implacable: la ciencia -hoy- se expresa en
idioma inglés. Éste es el imperativo reinante para solicitar becas en el extranjero, publicar en las revistas
científicas de mayor prestigio, asistir a eventos académicos internacionales o ingresar en redes
informáticas con fines científicos. 8. Objetivo. Se considera "objetivo" lo que logra acuerdos
intersubjetivos. Paradójicamente, aunque objetivo es lo contrario de subjetivo, algo es tanto más objetivo
cuando más coincidencias intersubjetivas obtenga. En principio, esto es así tanto en el conocimiento de
sentido común como en ciencia, si bien en esta última se impone una exigencia más. Las conclusiones a
las que llega u n investigador deben ser tales que sea posible volver a producirlas. Los enunciados de la
ciencia deben formularse de manera que otros Investigadores puedan reproducir el experimento y
someterlo a prueba experimental, para confirmarlo o refutarlo. La concepción científica positivista parte
del supuesto de que los datos del conocimiento, desde las proposiciones simples a las teorías complejas,
tienen propiedades y características que trascienden las creencias y los estados de conciencia de los
individuos que las conciben y las contemplan. Es decir que esas propiedades no sólo existen y valen por sí
mismas, sino que también se las puede conocer. Actualmente se impone la elaboración de criterios más
amplios de objetividad, en función de múltiples desarrollos científicos en los que se tiene en cuenta el
azar, la indeterminación, la evolución, la incertidumbre, las catástrofes, el caos y, en el caso de las
ciencias humanas, los innumerables conflictos de lo social. 9. Provisorio. Las leyes científicas son
proposiciones de alcance universal. De ellas se deducen consecuencias observacionales, a partir de las
cuales se pueden derivar enunciados observacionales. Estos enunciados tienen alcance singular. Por lo
tanto, son factibles de ser contrastados con la experiencia para determinar su valor de verdad.
Ahora bien, el hecho de que u n enunciado observacional se revele como verdadero no autoriza a afirmar
que la ley de la cual se derivó también lo sea. Porque un enunciado observacional se remite a un caso
particular, en consecuencia, es testeable con la experiencia. Pero la ley, en tanto universal, nunca puede
ser chequeada con la experiencia. Por lo tanto queda abierta la posibilidad de que alguna nueva
contrastación empírica la refute. Veamos u n ejemplo. Los gigantescos árboles llamados secoyas
pertenecen a la especie vegetal más grande de la Tierra. Cada uno de ellos requiere un promedio de 1.130
litros de agua por día para alimentarse. Sin embargo, sus raíces son poco profundas en relación con las
enormes dimensiones de su tronco, ramas y follaje. ¿Cómo este somero sistema de raíces puede absorber
agua y nutrientes suficientes para soportar tamaño crecimiento? Esto se explica porque un hongo
diminuto infecta las raíces de la secoya y hace penetrar miles de millones de finas extensiones capilares
dentro del suelo alrededor de las raíces. El hongo obtiene la nutrición que necesita del árbol, y, a su vez,
ayuda a éste a absorber el agua que necesita. En función de este ejemplo, se podría enunciar la hipótesis
"todas las secoyas tienen pequeños hongos adheridos a sus raíces". De este enunciado, que evidentemente
es universal, se pueden derivar consecuencias observacionales, en el sentido de que, si se llegan a
descubrir nuevos árboles de secoya, las raíces de esos árboles tendrán pequeños hongos adheridos. Se
puede suponer que en u n remoto bosque de California se descubre una nueva secoya, a la cual se le
puede aplicar el enunciado observacional "esta secoya tiene pequeños hongos adheridos a su raíz". Luego
se realizan las pruebas pertinentes. Si se corrobora el enunciado observacional (que es singular) éste será
verdadero. Pero ello no hará verdadera la hipótesis, porque ésta es universal. Y no existe manera de
contrastarla con todas la secoyas que existieron, que tal vez existen (además de las conocidas) y que
existirán. La provisoriedad del conocimiento científico se manifiesta también con el surgimiento de
teorías rivales que se imponen a las anteriores, no por haber sido refutadas empíricamente sino porque la
comunidad científica así lo decidió.
2. CIENCIA
El conocimiento científico no es una entidad abstracta sin anclaje en lo real. Está registrado en
publicaciones, grabaciones, protocolos, conclusiones de investigaciones, bancos de datos, unidades y
redes informáticas, así como en las aplicaciones concretas de la ciencia. Se genera en las prácticas y los
discursos do la comunidad científica. Además, está relacionado con el resto de la sociedad. Por
consiguiente, "ciencia" es un término de mucho mayor alcance que "conocimiento científico". El
conocimiento científico, entonces, forma parte de la ciencia. Pero la ciencia es más abarcativa, pues
comprende también las instituciones gubernamentales y privadas que invierten en investigación
científicotecnológica, las universidades e institutos de investigación, las editoriales de temas científicos y,
por supuesto, la comunidad científica, que está constituida por investigadores, editores, periodistas
especializados, divulgadores científicos, docentes, alumnos, técnicos, metodólogos y epistemólogos. El
término "ciencia" comprende varios sentidos. Sin embargo, hay dos que interesan especialmente aquí.
Uno de ellos es de mayor extensión: se refiere al conocimiento que cada época histórica considera sólido,
fundamentado y avalado por determinadas instituciones. El otro sentido es más preciso: alude al
conocimiento surgido entre los siglos xvi y xvii, cuyos fundadores fueron Copérnico, Kepler, Galileo y
Newton,' entre otros, y que, junto con las instituciones en las que se h a desarrollado, y se desarrolla,
constituye la empresa científica. El paradigma inicial de esta ciencia (la moderna) es el físico-matemático.
Hacia fines del siglo xvín otras disciplinas, como la química, la biología y las ciencias sociales fueron
logrando también su inclusión en el terreno de la ciencia. 2 Durante el siglo xx aparecieron -y actualmente
siguen apareciendo- nuevas disciplinas científicas. Se puede discutir la independencia o pertenencia
científica de algunas de las nuevas disciplinas, sea porque se las considere prolongaciones de ciencias que
ya existían, o porque se entienda que no pertenecen a la ciencia sino a la técnica; tal es el caso de la
informática. De todos modos, en la episteme actual ya no parece posible separar la ciencia de la
tecnología, aunque tal separación resulte eficaz con fines de análisis. 1. Nicolás Copérnico vivió entre
1473y 1543, Johannes Kepler entre 1571y 1630, Galileo Galilei entre 1564 y 1642 e Isaac Newton entre
1642 y 1727. 2. A las ciencias sociales se las suele catalogar como "débiles" epistemológicamente, y a la
biología y a algunos desarrollos posnewtonianos de la física, así como a ciertos aspectos de la química, se
los denomina "semidébiles". En oposición a esto, la física-matemática es llamada "fuerte", entre otras
cosas, porque sus proposiciones son formalizables y corroborables con la experiencia; es decir que
cuentan con respaldos epistemológicos fuertes o positivos. También en este sentido se le dice "ciencias
duras" a las naturales y "blandas" a las sociales.
3. EPISTEMOLOGÍA
El artista concibe y realiza obras de arte, el crítico de arte las analiza. Algo similar ocurre con la ciencia.
El científico concibe y construye teorías científicas, el epistemólogo reflexiona sobre ellas. La
epistemología es una disciplina filosófica. Se la denomina también filosofía de la ciencia. Desde su
origen, "epistemología" remite a "teoría del conocimiento científico" o "reflexión sobre la ciencia". Y en
ese sentido amplio siempre ha representado una preocupación filosófica. Sin embargo, la epistemología -
tal como hoy se la entiende- es una reflexión filosófica especializada, que se ha consolidado como
disciplina con peso propio. Se puede decir entonces que la filosofía siempre reflexionó sobre el
conocimiento en general y que en la modernidad comenzó a reflexionar sobre el conocimiento científico
en particular, pero no contaba con avales suficientes como para erigirse en doctrina teórica independiente.
Por el contrario, en los primeros decenios del siglo xx la epistemología o filosofía de la ciencia se afianzó
como disciplina autónoma, dentro del campo de la filosofía. 3 En 1929, u n importante grupo de filósofos y
científicos formaron una asociación de reflexión sobre el conocimiento científico que se denominó
Círculo de Viena. Sus integrantes se asumían a sí mismos como empiristas o positivistas lógicos. Este
grupo de estudiosos se plantearon el objetivo de fusionar todas las ciencias a partir de la unificación del
lenguaje. Su marco teórico referencial era una concepción científica del mundo. El medio para lograr su
objetivo era producir análisis lógicos del lenguaje, que incorporaran las técnicas y métodos de la lógica
matemática. Se trataba de clarificar el lenguaje de la ciencia y se pretendía asimismo que cualquier
disciplina que aspirara a alcanzar el nivel de ciencia debía regirse por el método de las ciencias naturales.
Para estos pensadores estas ciencias representan el paradigma de lo científico. Aproximadamente diez
años después de su fundación, el Círculo de Viena se fue disolviendo como grupo autónomo. Pero se
expandió por Europa y, sobre todo, por Estados Unidos. A las corrientes actuales herederas de esa
tradición se las denomina "neopositivistas". Pero este término, así como el término "positivismo",
requieren algunas aclaraciones. 3. Se puede comparar este lugar ganado por la epistemología dentro del
espacio filosófico con el lugar que la pediatría ha logrado en el campo médico. La medicina siempre se
ocupó de la salud de los niños, pero en los límites de su preocupación general por la salud de los
individuos. El niño era simplemente un adulto en potencia. Ahora bien, durante el siglo xx, las prácticas y
los discursos de los médicos preocupados específicamente por la salud de los niños, más una
preocupación por los mismos en el dispositivo social en su conjunto, posibilitó que la pediatría, hoy,
aunque sigue perteneciendo a la medicina, constituya una disciplina específica con cierta autonomía.
El positivismo fue una doctrina filosófica originada en Francia por Augusto Comte (1798-1857), quien
consideraba que la historia de la cultura ha pasado sucesivamente por tres estadios: el teológico, el
metafisico y el positivo. En el estadio teológico, el hombre explicaba los fenómenos por medio de la
intervención de seres divinos. En el metafisico, los explicaba por medio de ideas racionales, pero
abstractas. Finalmente, en el positivo (que corresponde a la modernidad), los fenómenos se comienzan a
explicar a partir de las relaciones invariantes que guardan entre sí (leyes). Y se rechazan las explicaciones
que no se atengan a lo que puede verificarse positivamente. Es decir, por medio de la confrontación
empírica. Pero la tradición anglosajona, que derivó en lo que hoy se conoce como neopositivismo, no se
reconoce heredera de Comte.4 Entre estas corrientes se destacan los empiristas y positivistas lógicos del
Círculo de Viena, por un lado y, por el otro, el racionalismo crítico de Karl Popper (1902-1994). 5 Pero
mientras los espistemólogos desde el continente europeo (y luego también desde Estados Unidos)
fraguaban lo que resultó la epistemología hegemónica durante casi cincuenta años, en Inglaterra
maduraba lo que hoy se conoce como "filosofía analítica". Su origen teórico se remite a Bertrand
Russell(1872-1970).6 Más de medio siglo ha transcurrido desde que se libraron esas batallas del espíritu.
Pero como el tiempo todo lo transforma, actualmente los descendientes teóricos de esas corrientes son
aliados.7 Es obvio que entre ellos existen disensos, sin embargo logran acuerdos en: 4. Uno de los motivos
de autodenominarse "positivistas lógicos" fue diferenciarse de los positivistas de viejo cuño (o comteano).
Los allegados al Círculo de Viena le agregaron la palabra "lógico" a su empirismo, para distinguirse del
empirismo tradicional representado, fundamentalmente, por John Locke (1632-1704) y David Hume
(1711-1776). También en este sentido, Popper le agrega "crítico" a su racionalismo, para tomar distancia
del racionalismo tradicional representado paradigmáticamente por Rene Descartes (1596-1650). 5. Los
integrantes del Círculo de Viena creyeron encontrar la respuesta a la mayoría de sus problemas teóricos
en el Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Pero el gran filósofo nunca
los reconoció como interlocutores, ni reconoció las interpretaciones que los empiristas-positivistas
hicieron de su obra. Por su parte, Popper disentía con aspectos fundamentales del pensamiento de
Wittgenstein, y también con muchas de las propuestas lógico-metodológicas del Círculo de Viena. 6. El
más fuerte referente doctrinal de los analíticos, también en este caso, es Wittgenstein, a pesar de que el
propio Wittgenstein no aceptó las interpretaciones que primero Russell y después los analíticos hicieron
de su obra. El ideal de los analíticos era encontrar un lenguaje lógicamente perfecto que, a diferencia de
los lenguajes naturales, contara con una simbolización exacta que hiciera transparente la estructura lógica
de los hechos, vale decir, del mundo. 7. Se trata de empiristas y positivistas (tradicionales y lógicos),
racionalistas (tradicionales y críticos) y filósofos analíticos.
- la convicción de que la razón humana se reduce a los límites de la racionalidad científica, - la exigencia
de unificar y formalizar el lenguaje de la ciencia, - la prescripción de la neutralidad ética de la ciencia, - el
mandato de que la epistemología debe concentrarse en la estructura lógica de las teorías sin atender a los
problemas de la relación cienciasociedad, - la determinación de u n solo método para todas las ciencias.
Respecto de este último punto acuerdan también en que las disciplinas sociales deben reducirse al método
de las ciencias naturales si aspiran a ser reconocidas como ciencia (esto es reduccionismo). Por todo ello,
y de manera genérica, se los denomina neopositivistas. Actualmente existen otras corrientes en
epistemología que consideran que no se puede reflexionar sobre la ciencia sin tener en cuenta su historia.
A partir de la reflexión sobre ella consideran que también es importante estudiar de qué manera los seres
humanos concretos inciden en la aceptación o el rechazo de las teorías, más allá de su pertinencia teórica.
Existen asimismo posturas críticas a la racionalidad positiva. 8 Éstas estudian la ciencia relacionándola
directamente con el resto de lo sociocultural. Hay además pensadores críticos que, sin estar enrolados en
ninguna escuela o asociación, prefieren reflexionar sobre la ciencia como un fenómeno integral, sin
limitarse únicamente a su aspecto metodológico- formal. En general, se puede decir que todas las posturas
opuestas al neopositivismo, aun con sus grandes diferencias teóricas, encuentran puntos de coincidencia
en que la reflexión sobre lo científico debe sobrepasar la mera reflexión sobre estructuras vacías de
contenido y coinciden asimismo en defender la independencia metodológica de las ciencias sociales y su
nivel científico. 8. No se debe confundir "racionalidad positiva", o "racionalidad positivista", o
"racionalidad científica" con "racionalidad" o "razón" en general. Si se quiere hacer ciencia o filosofía, o
entenderse con otros sujetos por medio de argumentos, forzosamente, se lo hace desde la razón (o
racionalidad). No es a la razón como facultad para conocer y relacionarse a la que se considera
cuestionable desde una posición que critica al neopositivismo. (Este discurso, por ejemplo, intenta criticar
el neopositivismo, pero pretende ser racional y trata de mantenerse dentro de las reglas de la racionalidad
para que pueda ser entendido.) Lo que se cuestiona es que los parámetros establecidos para la ciencia
como racionalidad (y que en los laboratorios pueden ser muy efectivos) son demasiado estrechos para
abarcar la multiplicidad de lo real. La propuesta seria que en lugar de pensar una racionalidad científica
extendida a toda comprensión humana posible, habría que pensar en una racionalidad histórica que
abarque también los aspectos no mensurables de la existencia.
4. CONTEXTO DE DESCUBRIMIENTO Y CONTEXTO DE JUSTIFICACIÓN
Con fines de análisis suele afirmarse que la producción y posterior validación de las teorías científicas
responden a dos ámbitos diferentes: contexto de descubrimiento y contexto de justificación. El contexto
de descubrimiento comprende la manera en la que los investigadores arriban a sus conjeturas, hipótesis o
afirmaciones. Este contexto se inscribe en el devenir personal del científico, en sus relaciones de poder,
sus sueños, sus fantasías y en todo aquello que pueda influir en la enunciación de sus teorías. El contexto
de justificación, en cambio, abarca todo lo relativo a la validación del conocimiento científico; por lo
tanto, se refiere a la estructura lógica de las teorías y su posterior puesta a prueba. Desde este punto de
vista se puede decir que se trata del contexto propio de la objetividad. En este contexto se instrumentan
los medios para llevar a cabo las investigaciones. Es aquí donde se desarrolla la metodología. Mientras la
epistemología reflexiona sobre la ciencia en general, incluyendo también el análisis de los métodos, la
metodología dispone las técnicas y procedimientos para la realización efectiva de la investigación
científica. Otra manera de referirse a estos ámbitos del saber científico es imaginar que existen dos
historias de la ciencia: una externa y otra interna. La historia externa apuntaría a las prácticas sociales y a
toda la infraestructura que sostiene y moviliza a la ciencia, más allá del contenido específico de las teorías
y de sus estructuras. Y la historia interna sería la consideración del conocimiento reconocido oficialmente
como científico, abstrayendo cualquier tipo de relación subjetiva, institucional o de poder. Es evidente,
entonces, que el contexto de justificación corresponde a la historia interna, y el de descubrimiento, a la
externa. También a la historia externa, según esta clasificación, correspondería un tercer contexto, el de
aplicación. Este ámbito es el de la ciencia aplicada o tecnología. 5. LA PROBLEMÁTICA DE LAS CIENCIAS
SOCIALES Uno de los ideales de la ciencia moderna ha sido suministrar leyes universales acerca de las
relaciones entre fenómenos. Las leyes describen, explican y predicen. Señalan las relaciones invariantes
entre los fenómenos. "El hielo flota en el agua" es la enunciación de una ley física. Es asimismo una
consecuencia lógica de que "la densidad del hielo es menor que la del agua", de que "un fluido empuja
hacia arriba un cuerpo sumergido en él con una fuerza igual al peso de la cantidad de fluido desplazado
por el cuerpo" y de otras leyes relativas a las condiciones en las cuales los cuerpos sujetos a fuerzas están
en equilibrio. En este ejemplo, relativamente sencillo, se revela el alcance universal de la ley. Porque cada
vez que se den las condiciones iniciales requeridas (cantidad suficiente de agua, tamaño adecuado del
trozo de hielo y demás requisitos) se volverá a producir el fenómeno designado por la ley que enuncia "el
hielo flota en el agua". Estas características (propias de las ciencias naturales) no son totalmente
extensivas a las ciencias sociales. La pregunta que se impone entonces es ¿existe u n método científico
aplicable a todas las ciencias, sea cual fuere el tema de que se ocupen, o deben las ciencias sociales
emplear una lógica de la investigación especial y propia? Las regularidades estudiadas por la etnología, la
psicología genética, la economía o las demás disciplinas sociales no revisten la necesidad pretendida por
la física newtorúana. En ciencias sociales no se trata de determinismos causales, sino de situaciones
conformadas por múltiples relaciones, por plexos de fuerzas interactuantes. Es allí donde se produce el
sentido que debe ser interpretado por el investigador social. Las ciencias humanas, entonces, no son
exactas, como las formales; no son tampoco causales, como buena parte de las naturales; pero son
rigurosas, como cualquier actividad que se pretenda científica. Desarrollan metodologías específicas.
Pueden interactuar con cualquier otro tipo de ciencia, así como con otras disciplinas sociales. Son ciencias
sociales la historia, la sociología, la psicología, la economía, la lingüística, la criminología, la
antropología, el derecho y todas las demás disciplinas científicas que estudian al hombre, no en tanto ser
biológico, sino en tanto ser poseedor de libertad, inconsciente, habla y cultura. El objeto de estudio de las
ciencias sociales es, hablando genéricamente, el fenómeno humano. Pero, como se verá más adelante, no
existen acuerdos si ese fenómeno refiere al hombre como individuo o a sistemas sociales en los que el
hombre es un emergente en función de la totalidad. Con intención puramente clasificatoria, se puede decir
que el objeto de estudio de las ciencias sociales es el sujeto. Porque el sujeto se encarna en individuos
humanos, pero es una dimensión social, en tanto interactúa con las prácticas de su épocay, a la vez, se
constituye desde esas prácticas. El sujeto es una instancia social. Es una integridad biológica-psicológica-
espiritualsocial. Si se obvian -por el momento- las discusiones internas de los epistemólogos, se puede
decir que las características del objeto de estudio de las ciencias sociales son, entonces: - la capacidad de
tomar decisiones, en tanto ser libre; - el estar sujeto a pulsiones no voluntarias en tanto posee
inconsciente; - el podrí expresarse racionalmente por medio del lenguaje articulado; - el poder interactuar
e incidir en el sistema simbólico social en tanto forma parte de la cultura. El científico social no estudia
(como el de las ciencias duras) a un ser natural que no es artífice de sí mismo, sino a un ser cultural que
tiene la posibilidad de incidir, en mayor o medida, en sus propias condiciones existenciales. Es obvio que
cada disciplina científica social privilegia los aspectos que le interesan en relación con lo humano, tales
como la economía, la conducta, la historia, la educación, los aparatos jurídicos, las relaciones culturales y
ambientales, la comunicación y la política. Los sujetos pertenecemos a la historia. Nos conocemos a
nosotros mismos de manera prerreflexiva a partir del ambiente donde nos constituimos: la familia, la
sociedad y el Estado. Los prejuicios de cada uno forman parte -más que los juicios- de la realidad de
nuestro ser. Cuando accedemos a la reflexión lo hacemos desde la perspectiva de esa comprensión
autoevidente, aunque para desarrollar un análisis sólido haya que atenerse a la estructura de una
metodología cientíñca pertinente. El nexo entre el investigador social y su objeto de estudio es distinto,
por cierto, del de cualquier otro tipo de investigación. En los estudios sociales el hombre desde sí mismo
capta el sentido de las realizaciones humanas y desde ellas interpreta su propio ser.
LA VIDA Y LA MUERTE COMO INDICADORES ECONÓMICOS A lo largo de este libro, se transcriben
fragmentos de un artículo proveniente de la investigación económica. En ellos se refleja, mínimamente,
la complejidad de fuentes y técnicas utilizadas para llevar adelante una investigación, así como los
supuestos ideológicos en los que se sostiene. En todos los casos el subrayado en esos fragmentos me
corresponde, y apunta a destacar aspectos relacionados con la reflexión general del libro y con la
específica de cada capítulo. E.D. A la economía no le conciernen sólo la renta y la riqueza sino también
el modo de emplear esos recursos como medios para lograr fines valiosos, entre ellos la promoción y el
disfrute de vidas largas y dignas. Pero si el éxito económico de una nación se juzga sólo por su renta y por
otros indicadores tradicionales de la opulencia y de la salud financiera, como se hace tan a menudo, se
deja entonces de lado el importante objetivo de conseguir el bienestar. Los criterios más convencionales
de éxito económico se pueden mejorar incluyendo evaluaciones de la capacidad de una nación o una
región para alargar la vida de sus habitantes y elevar su calidad. Aunque el mundo, en su globalización,
conozca hoy una prosperidad sin precedentes, no han desaparecido las bolsas de hambruna y malnutrición
crónica. Lo mismo en países industrializados que en el Tercer Mundo siguen siendo endémicas
enfermedades que pueden desarraigarse, muertes que son evitables. Detrás de esos problemas hay
siempre una razón económica. Complementando los indicadores tradicionales con estadísticas que se
refieran más directamente al bienestar, pueden evaluarse de manera fructífera las ventajas y las
deficiencias de enfoques económicos alternativos. Por ejemplo, un país puede tener un producto nacional
bruto (PNB) per cápita mucho más alto que el de otro y, al mismo tiempo, una esperanza de vida muy
inferior a la de éste cuando los ciudadanos del primero no pueden acceder con facilidad a los recursos
sanitarios y educativos. Los datos de mortalidad permiten enjuiciar la política seguida y reconocer
aspectos cruciales de la penuria económica en ciertas naciones o en grupos concretos dentro de las
naciones. Que las estadísticas de mortalidad son un instrumento muy útil para el análisis socioeconómico
se ve con sólo examinar algunos problemas de distintas partes del mundo: las hambrunas, que a veces se
dan incluso en lugares donde no falta el alimento; la baja esperanza de vida, frecuente en país con PNB
alto; las mayores tasas de mortalidad para las mujeres que para los hombres en zonas de Asia y África y
los ínfimos porcentajes de supervivencia de los afroamericanos en comparación no sólo con los blancos
de Estados Unidos sino también con los habitantes de países paupérrimos. Las estadísticas de mortalidad
calibran mejor la penuria económica que las magnitudes de renta y recursos financieros. La evaluación de
la economía en términos de vida y muerte puede hacer que se preste atención a cuestiones apremiantes de
la economía política. Este enfoque ayudará a que se comprendan mejor los problemas de las hambrunas,
las necesidades sanitarias, la desigualdad entre los sexos, así como los de la pobreza y los de la
discriminación racial incluso en las naciones ricas. La exigencia de ampliar las miras de la economía al
uso para que en sus planteamientos quepa la economía de la vida y la muerte no es menos aguda en
Estados Unidos que en el África subsahariana azotada por el hambre. (Extraído de "La vida y la muerte
como indicadores económicos", en Investigación y Ciencia, Madrid, julio de 1993. Amartya Sen, docente
de la Universidad de Lamont, enseña también economía y filosofía en la de Harvard. Tras formarse en
Calcuta y Cambridge, dio clases en Delhi, Londres y Oxford. Ha presidido la Sociedad Econométrica, la
Asociación Económica Internacional y la Asociación Económica de la India, y es hoy presidente electo
de la Asociación Económica Americana Su interés como investigador se centra en las teorías de la
elección y la decisión sociales, la economía del bienestar y lajilosq/ía moral y política.)